Categoría: Listas

  • Diez libros que leí este 2020 y que te recomiendo

    Diez libros que leí este 2020 y que te recomiendo

    Este año fue uno muy peculiar y extraño, nos tuvo encerrados a todos y todas en nuestras casitas. También entré a estudiar la maestría en el CIDE (lo cual explica que haya escrito menos los últimamente), pero obviamente no iba a olvidar mi ya clásica lista de diez libros que leí y que les recomiendo mucho que lean. Les traigo una lista muy variada de diferentes temas y géneros:

    1.- Poor economics: a radical rethinking of the way to fight global poverty

    Comienzo con un libro de economía escrito por Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo que habla sobre estrategias para combatir la pobreza extrema en el mundo. Habla sobre lo que ha funcionado y lo que no, y cómo es que muchas veces las «nobles intenciones» pueden acarrear resultados muy lamentables. No es un libro especializado ni se necesita conocimientos en economía para entenderlo.

    Cómpralo aquí en inglés y aquí en español.

    2.- Los detectives salvajes – Roberto Bolaño

    Sin duda, este libro se encuentra en mi top 10 de las novelas que más me han gustado. Esta novela se divide en tres partes: la primera y la tercera son el diario del personaje Juan García Madero, sobre la historia de un grupo de poetas frustrados (Arturo Belano y Ulises Lima) de lo que en la novela denominan realismo visceral y la segunda son fragmentos de testimonios de 52 personajes. Tanto el diario de Madero como los testimonios de los personajes guardan una relación entre sí (a veces sutil) . Es una novela que te atrapa y no te deja soltarla, que a pesar de su larga extensión terminas leyendo en unos días.

    Cómpralo aquí

    3.- The Coddling of the American Mind: How Good Intentions and Bad Ideas Are Setting Up a Generation for Failure – Jonathan Haidt

    Este es un libro muy interesante sobre lo que Jonathan Haidt considera que es un progresivo debilitamiento de las nuevas generaciones (eso que llaman generación de cristal), pero, a diferencia de algunos autores que apelan a estos argumentos de forma muy parcial para promover su agenda conservadora, Haidt es muy ecuánime al delinear sus hipótesis sobre por qué está ocurriendo esto, y queda claro que este fenómeno va mucho más allá de posturas ideológicas.

    Cómpralo aquí en inglés

    4.- La sociedad abierta y sus enemigos – Karl Popper

    Este libro es básicamente una crítica hacia el historicismo teleológico, donde la historia pareciera estar determinada por una suerte de leyes universales (dicho esto, hace una feroz crítica a Marx y Hegel, pero acusa fuertemente a Platón por dar inicio a esta tradición) y defiende la idea de una sociedad abierta, con pluralidad de ideas e intercambio de conocimiento sobre las sociedades cerradas. La organización Open Society de George Soros, por cierto, toma su nombre del libro de Popper, quien fue su maestro.

    Cómpralo aquí en inglés y aquí en español

    5.- El mundo como voluntad y representación – Arthur Schopenhauer

    Hablando de autores que odian a Hegel, me di la oportunidad de leer la obra maestra de Schopenhauer y déjenme decirles que es un must si te interesa la filosofía. Influido por Kant, pero también por la tradición hinduista, Schopenhauer, conocido ya por su pesimismo, expone aquí su metafísica que va desde la teoría del conocimiento y la ontología hasta la ética y la estética. Si bien no es fácil de leer del todo, sí es mucho más amigable que la de su acérrimo enemigo Hegel, quien era más popular en su universidad y tenía bastante más alumnos.

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    6.- Authoritarianism: what everyone needs to know – Erika Frantz

    Tal como lo sugiere el título, este libro trata de ser un compendio sobre el autoritarismo. Frantz no sólo explica por qué el autoritarismo surge, cómo lo hace y cuáles son sus características, sino que nos explica, con evidencia empírica, por qué algunos regímenes autoritarios se mantienen en el poder más tiempo que otros, qué hacen para sobrevivir y de qué forma y con qué frecuencia suelen caer.

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    7.- Cultures and Organizations: Software of the Mind – Geert Hofstede

    Este libro es muy interesante ya que está basado en un extensivo estudio llevado a cabo por Geert Hofstede donde ilustra las diferencias culturales entre los países de nuestro planeta, por qué algunas culturas tienen mayores dificultades para adaptarse o congeniar con otras y cómo estas diferencias culturales se traducen en la construcción de instituciones y organizaciones humanas.

    Cómpralo aquí en inglés

    8.- Temporada de huracanes – Fernanda Melchor

    Este es un libro que ha generado mucho ruido últimamente y no es para menos. Es una muy buena novela que comienza con un cadaver que un grupo de niños encuentran en un canal de agua sucia (como premonición de todo lo que va a seguir): muy cruda y que nos relata una de las peores facetas de la condición humana en un lugar caracterizado por la miseria (no sólo económica, sino social), pero no es pretenciosa, se siente muy honesta y realista, lo cual lo hace aún más dura de digerir.

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    9.- The Age of Capital, 1848-1875 y The Age of Empire, 1875-1914 – Eric Hobsbawn

    Los pongo juntos porque son parte de una serie de libros sobre la historia del mundo Occidental (los que faltan los reseñé en mi post del año pasado). Así de simple: si quieres conocer la historia de Occidente desde la Revolución Francesa hasta nuestros días debes leer los textos de Hobsbawn: muy amenos, fáciles de leer e ilustrativos.

    Cómpralos en inglés aquí y aquí.

    10.- La Peste – Albert Camus

    Este lo leí justo en los primeros días de encierro por la pandemia y debo decir que me impactó. La prosa de Camus no es cualquier cosa, y menos cuando su existencialismo se impregna en una obra que relata la historia (ficticia) de Orán, Argelia, que es invadida por la peste, donde toda la ciudad entra en cuarentena, de donde nadie puede salir y donde los muertos diarios se cuentan a raudales: “Y sé que hay que vigilarse a sí mismo sin cesar para no ser arrastrado en un minuto de distracción a respirar junto a la cara de otro y pegarle la infección. Lo que es natural es el microbio. Lo demás, la salud, la integridad, la pureza, si usted quiere, son un resultado de la voluntad, de una voluntad que no debe detenerse nunca.”

    Cómpralo aquí

    Menciones honoríficas:

    • Antología – Antonio Gramsci
    • On tyranny – Timothy Snyder
    • El Aleph – Jose Luis Borges
    • Pandemics, a very short introduction – Christian McMillen
    • Dear Ijeawele: A Feminist Manifesto in Fifteen Suggestions – Chimamanda Ngozi Adichie
    • Principios de filosofía, una introducción a su problemática – Adolfo Carpio.
    • In Defense of Self: How the Immune System Really Works – William R. Clark
    • In Search of Being: The Fourth Way to Consciousness – G.I. Gurdjieff, Stephen A. Grant
    • The Road to Serfdom – Friedrich A. Hayek
    • On China – Henry Kissinger
    • Talking to Strangers: What We Should Know About the People We Don’t Know – Malcolm Gladwell
    • Altruism: The Power of Compassion to Change Yourself and the World – Matthieu Ricard
    • La ciencia, su método y su filosofía – Mario Bunge
    • La Uruguaya – Pedro Mairal
    • The Revenge of Geography – Robert Kaplan

  • 20 cosas que cambiaron en esta década. Algunas te van a asustar

    20 cosas que cambiaron en esta década. Algunas te van a asustar

    Ya sé, ya sé amigo. Estrictamente la década empieza hasta 2021, pero seamos sinceros: en el 2021 nadie se va a acordar y seguramente lo van a tomar como cualquier cambio de año. Por eso mismo todos están haciendo sus conteos ahora, y por eso decidí escribir esto a inicios de 2020 y no a inicios de 2021.

    Dicho eso, me puse a reflexionar sobre las diferencias entre el mundo en el que vivíamos en la primera década del siglo XXI y las de la segunda década que está a punto de concluir.

    Conforme uno crece pareciera que el tiempo vuela más rápido, pero son 10 años, y en 10 años cambiaron muchas cosas. Cuando uno ve las cosas en retrospectiva, se puede dar cuenta de que el mundo no es el mismo y que ha cambiado de forma considerable.

    Pero ¿en qué ha cambiado? Para esto me atreví a hacer esta lista:

    1) En 2010 la democracia liberal, a pesar de la crisis global que azotó a gran parte del mundo, todavía no estaba siendo profundamente cuestionada y se daba por sentada (aunque se notaban algunos indicios de descontento producto, sobre todo, de dicha crisis). Hoy está fuertemente amenazada por movimientos nacionalistas de derecha e izquierda.

    2) Y hablando de posturas políticas, la sociedad está bastante más polarizada que antes.

    3) Las corporaciones como Facebook y Google eran vistas como fabulosas startups fundadas por emprendedores cool en algún garaje de California y que contrastaban con las antiguas y grises corporaciones del pasado. Ahora son vistas por muchos como poco menos que monstruos que amenazan nuestra privacidad.

    4) En la década pasada las televisoras tradicionales todavía tenían la voz dominante de la información. En esa década surgió Youtube, pero todavía no existía la creación de contenido que hay ahora y las plataformas de streaming estaban básicamente en pañales. Pero en esta década todas estas plataformas crecieron y también surgieron nuevas plataformas informativas en línea que comenzaron a competir con los medios tradicionales. Básicamente, la forma de consumir información y contenidos de forma muy drástica. Cada vez hay menos artistas de Televisa y más youtubers.

    5) Aunque técnicamente se podía comprar en línea incluso desde antes del año 2000, ello era una actividad casi marginal reservada para aquellas personas familiarizadas con la tecnología. Actualmente las compras en línea son el pan de cada día: compramos comida, pedimos un Uber y hasta hacemos el súper en línea de forma cada vez más frecuente. Incluso en países como Estados Unidos varios centros comerciales están comenzando a desaparecer por el cambio de hábitos de consumo.

    6) Si bien el primer smartphone (iPhone) se lanzó en el 2007, fue en esta última década cuando se consolidó su uso, lo que cambió de forma drástica la forma en que nos comunicamos y consumimos información. Tal vez no se equivoquen quienes se atreven a asegurar que el transhumanismo ha comenzado con el smartphone como una extensión de nuestro cuerpo.

    7) A diferencia de la década pasada, donde el debate político se centró más en lo económico, en esta se ha centró más en lo cultural como en lo social. El feminismo, por ejemplo, cobró mucha fuerza (así como crecieron sus detractores de forma correspondiente) al igual que lo hicieron otros movimientos gracias al poder de Internet. No podemos olvidar la evidente expansión de derechos conquistados de colectivos como los LGBT.

    8) En la década pasada se hablaba de Internet como un agente democratizador que pondría la información al alcance de todo el mundo y empoderaría a los ciudadanos. La visión que hoy se tiene de Internet, aunque se sigue reconociendo sus cualidades, es algo más pesimista: hablamos de cámaras de eco, de fake news, de desinformación y sobre la forma en que algunos demagogos han llegado al poder gracias a Internet.

    9) Aunque es una tendencia que se puede rastrear mucho mucho más atrás, la Iglesia Católica ha perdido cierta influencia con respecto de la década pasada, sobre todo en las nuevas generaciones donde el agnosticismo y el ateísmo han crecido. También es cierto que otras organizaciones cristianas, como los evangélicos, han logrado penetrar en varios países latinoamericanos gracias a su cercanía con gobiernos demagogos como los de Jair Bolsonaro, Nicolás Maduro y Andrés Manuel López Obrador.

    10) Con respecto de la década pasada, en el periodo 2010-2020 las corrientes postestructuralistas (aquellas que llaman posmodernas) cobraron mucha relevancia no solo en la academia, sino en el activismo y el discurso público: términos heredados de filósofos postestructuralistas como «normalizar» (Michael Foucault) o «deconstruir» (Jacques Derrida) se han integrado al habla cotidiana, aunque en algunos casos distorsionando su significado original. Es cierto también que estas corrientes ya han mostrado ciertos signos de desgaste en los últimos años.

    11) A inicios del 2000 algunos presagiaban la muerte de la filosofía dado que estaba siendo excluida de algunos programas educativos. Sin embargo, en esta década vimos una suerte de resurgimiento, pero no tanto gracias a la academia, sino a Internet, que se ha convertido en una gran herramienta de divulgación a la cual recurren quienes buscan explicarse el mundo de mejor forma.

    12) Hemos visto el surgimiento de propagandistas jóvenes y no tan jóvenes que promueven corrientes ideológicas y políticas como Ben Shapiro, Agustín Laje, Gloria Álvarez, e incluso gente como Antonio Attolini o Gibrán Ramírez en México. No son intelectuales en el sentido estricto de la palabra (algunos están más preparados que otros), son más bien una suerte de activistas quienes buscan la confrontación. Esto era muy raro en la década pasada.

    13) El rock, que en los principios del milenio todavía tenía mucha relevancia, ha perdido mucha popularidad entre las nuevas generaciones (que prefieren el reaggeton o el rap) y casi se ha convertido en un género marginal.

    14) El streaming sustituyó casi por completo al mp3 que se convirtió en el formato por defecto para escuchar música. Tarde, pero la industria musical logró encontrar darle la vuelta a la piratería sin molestar en lo absoluto a los fanáticos de la música.

    15) En la década pasada no se hablaba mucho de algoritmos (aunque ya se utilizaban de alguna forma y estaban menos desarrollados que ahora). Hoy, en cambio, hay mucha literatura de especialistas preocupados por la forma en que éstos pudieran llegar a controlar nuestra vida diaria en un futuro no muy lejano.

    16) Las plataformas educativas revolucionaron Internet con respecto de la década pasada. Los MOOCS y cursos en línea se han convertido en formas recurrentes para estudiar y actualizarse. Ya no se ve lejano el momento en que terminen casi sustituyendo parte de la educación presencial.

    17) ¡Se me olvidaba! Los memes se volvieron populares. Sí, en la primera década del milenio se compartían algunas imágenes y bromas por medio de cadenas de correo, pero los memes no se popularizaron hasta esta década.

    18) En tanto que la izquierda cultural comenzó a conquistar puestos de poder, la derecha conservadora se volvió rebelde y contestataria. La izquierda comenzó a tomar roles que antes pertenecían al conservadurismo, como la corrección política.

    19) El estreno de Forrest Gump está a la misma distancia de tiempo de la llegada a la Luna que al día de hoy (25.2 años).

    20) Y lo más importante: en la década pasada el Atlas no fue campeón y en ésta el Atlas tampoco fue campeón.

    Para terminar, disculpen si omití algunos otros cambios. Si lo hice fue porque mi cerebro es imperfecto y tiene memoria limitada. Si quieres sugerir algunos escríbelos en los comentarios de Facebook o Twitter.

  • Diez libros que leí este 2019 y que te recomiendo

    Diez libros que leí este 2019 y que te recomiendo

    Diez libros que leí este año y que te recomiendo

    Este año leí muchos libros y muy variados. Algunos más buenos que otros evidentemente. Y como cada año, te traigo mi lista de los diez libros que más me gustaron (más algunas menciones honoríficas). Espero la lista sea de tu agrado.

    Observación: la lista no tiene ningún orden en específico.

    1.- The Oxford History of the French Revolution – William Doyle

    Básicamente. Si quieres aprender sobre la Revolución Francesa, ya sea que no sepas nada, o ya sea que sepas algo pero que quieras profundizar, este es tu libro. Un libro muy completo y concreto.

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    2.- Crítica de la Razón Pura – Immanuel Kant

    No, no es un libro fácil. Si te quieres iniciar en la filosofía no creo que sea buena idea empezar por aquí. Lo tenía 10 años empolvado porque al principio no entendía mucho. Luego, ya con más preparación lo tomé y lo pude comprender y disfrutar, y por ello lo recomiendo, porque creo que comprender la metafísica de Kant es punto de partida importante para conocer todo lo que vino después.

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    3.- Lean In: Women, Work, and the Will to Lead – Sheryl Sandberg

    Sheryl Sandberg, quien se ha hecho un espacio para llegar a puestos de alto nivel en Silicon Valley, y quien es actualmente directora operativa de Facebook, nos cuenta qué es lo que vive una mujer en el día a día para poder trascender profesionalmente, cómo es que tiene que desmontar paradigmas y vencer resistencias mayores que las que generalmente puede vivir el hombre.

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    4.- The Human Condition – Hannah Arendt

    Arendt es una de mis filósofas políticas favoritas y no creo que sea casualidad. En este libro habla sobre las actividades humanas (eso que llama vita contemplativa y vita activa) a través del tiempo para así entender los roles actuales y el contraste entre el espacio privado y lo público.

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    5.- La Sociedad del Cansancio – Byung-Chul Han

    La única pega del libro de Arendt es que por momentos, debido a que han ocurrido muchos cambios económicos, sociales y culturales desde que lo escribió, pueda sonar un poco desactualizado, pero justamente el libro de La Sociedad el Cansancio de Byung-Chul Han puede, de alguna forma, verse como una suerte de complemento o casi como actualización. Este libro hace una muy interesante crítica del rol del ser humano contemporáneo: aquel que ya no es explotado, sino que se explota a sí mismo, aquel que busca tener una «actitud positiva» pero a que la vez parece muchos trastornos mentales.

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    6.- La Esperanza y el Delirio – Ugo Pipitone

    Este es uno de esos libros que no son tan conocidos pero que recomiendo ampliamente a quien le guste la política. Básicamente es la historia de la izquierda en América Latina en todas sus facetas. Si quieres entender sus peculiaridades y cómo se ha manifestado a través del tiempo, este libro es imprescindible.

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    7.- The Age of Extremes: A History of the World, 1914-1991 – Eric Hobsbawm

    Y siguiendo con historia, me parece que este es uno de los mejores libros de la historia de nuestra civilización del siglo XX. En ella Hobsbawm narra detalladamente los acontecimientos ocurridos en este periodo, todas las transformaciones culturales, económicas, sociales y políticas de este siglo.

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    8.- El Concepto de la Angustia – Søren Kierkegaard

    Tal vez pueda ser algo denso, pero es un libro que vale la pena leer. Aquí, Kierkegaard, quien inauguró la tradición existencialista dentro de la filosofía, básicamente explica lo que la angustia es a través del pecado original. Un libro que bien puede ayudarnos mucho explicar la angustia de nuestros tiempos.

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    9.- La Ciudad de Dios – San Agustín

    San Agustín De Hipona, filósofo neoplatónico, es uno de los pilares filosóficos del cristianismo, y como los pilares Occidente están en parte cimentados sobre el cristianismo, entonces es imperativo conocer a San Agustín. No es requisito que creas siquiera en alguna religión para que puedas nutrirte y aprender de este extenso libro que, partiendo de una defensa del cristianismo contra el paganismo, habla sobre temas muy diversos que muestran la esencia del propio cristianismo.

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    10.- Democracia en América – Alexis de Tocqueville

    Hay muchos más libros que habría querido incluir en esta lista, pero decidí, para cerrar, incluir éste. Es un libro muy indispensable no solo para entender la cultura democrática de Estados Unidos, sino las raíces de la democracia en general desde el punto de vista del testimonio de Tocqueville, quien viajó a Estados Unidos para admirarse de su democracia y contrastarla con una Europa que apenas comenzaba a dejar del lado los gobiernos monárquicos.

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    Menciones honoríficas:

    • Madness: a Brief Story – Roy Porter
    • La muerte de Ivan Ilich – León Tolstói
    • La invención de Morel – Adolfo Bioy Casares
    • Ética a Nicómaco – Aristóteles
    • Nordic Ideology – Hanzi Freinacht
    • World Order – Henry Kissinger
    • Hombre y Engranajes – Ernesto Sabato
    • El Liberalismo del Miedo – Judith Shklar
    • Napoleón – David Avrom Bell
    • Free to Choose – Milton Friedman
    • Thinking, Fast and Slow – Daniel Kahneman
    • El Kybalión
    • La Naturaleza Humana – Jesús Mosterín
    • John Locke – Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil
    • How Democracies Die – Steven Levitsky
    • Una historia de Asia Oriental – Charles W. Holcombe

    Sí, son muchos, pero no los podía dejar fuera. Aquí puedes ver todos los libros que leí este año (incluso hay más libros que valen la pena leer y que no alcancé a incluir en esta lista)

  • 6 cosas que debes saber en el #DiaMundialSaludMental

    6 cosas que debes saber en el #DiaMundialSaludMental

    1) Desestigmatizar:

    A diferencia de las enfermedades no psíquicas, los trastornos mentales han estado históricamente estigmatizados básicamente por la falta de entendimiento. Los trastornos habían sido relegados a la periferia de aquello que se considera normal o aceptable, por lo cual quienes padecían alguna de estas enfermedades eran relegados y juzgados. Se les veía con recelo e incluso como personas peligrosas.

    Debemos de comenzar a ver a los trastornos mentales como una enfermedad más. Así como no juzgamos ni relegamos a quien está enfermo del estómago o quien adquirió el virus de la influenza, tampoco lo deberíamos de hacer con aquellas personas que tienen un trastorno mental.

    2) Es más común de lo que crees:

    Los trastornos mentales son más comunes de lo que crees, y más en estos tiempos tan cambiantes e hipercompetitivos. Muchas personas tienen uno y no lo saben por falta de información. 15 de cada 100 mexicanos tienen uno y apenas poco más de dos está bajo supervisión de un especialista.

    3) No es «échale ganitas»:

    A veces se llega a confundir un trastorno mental con un problema de actitud. Si el amigo está arrumbado en el sillón todo el día pensamos que es una persona floja que no quiere superarse. Pero en algunos casos no es un problema de actitud sino producto de un trastorno mental. Trastornos como la depresión y la ansiedad son efectos químicos que necesitan algo más que actitud.

    Por ahí dicen que una persona que padece un trastorno mental no es una persona débil, sino una persona lo suficientemente suerte como para soportar mucho. Y tal vez tengan razón.

    4) Pedir ayuda profesional:

    No es lo mismo platicar con amigos o con familiares que acudir a ayuda profesional. Ellos, por más te quieran, poco podrán ayudarte para aliviarte porque no son los más indicados y porque no tienen la preparación para tratar trastornos mentales (claro, a menos que tu amigo o familiar sea un especialista).

    Si sabes que cuando tienes una enfermedad seria debes ir al doctor y no tomar remedios caseros, ¿entonces por qué deberías tratar los trastornos mentales de forma distinta? Muy probablemente necesitarás un buen psicólogo o un psiquiatra que te recete alguna medicación, y a veces no lo encontrarás a la primera.

    Y recuerda que ello no tiene nada que ver con tu actitud. Los especialistas de la mente no son para «personas débiles». Por el contrario, son para personas fuertes que buscan una salida, pero necesitan dar ese paso que con la actitud y el carácter no es suficiente dar.

    5) Y cuando digo un profesional, digo un profesional:

    Olvídate de los «coaches de vida», «neurocoaches cuánticos», talleres de coaching tipo Mexworks y demás pseudogurús que pululan últimamente. Tienes que ir con un profesional, con un médico, con un psicólogo especializado, con un psiquiatra o un neurólogo según sea el caso.

    6) Ejercicio y entorno saludable:

    Si bien el ejercicio por sí solo no cura ningún trastorno y nunca puede sustituir la atención profesional que el trastorno necesita, tener una vida físicamente activa y vivir en un entorno saludable ayudarán a que el problema sea más llevadero. Así que junto con tu tratamiento, una rutina de ejercicio posiblemente te hará muy bien.

    Estar rodeado de personas que realmente se preocupan y se interesan por ti también serà de mucha ayuda.

  • 10 cosas que debes saber antes de hacer análisis sociales y políticos

    10 cosas que debes saber antes de hacer análisis sociales y políticos

    1) La realidad que percibes y que quieres analizar es necesariamente efecto de una causa o de una multiplicidad de causas. A su vez, cada una de esas causas es efecto de otra causa y así ad infinitum. Ya sea que te preguntes por qué se acabó el papel del baño o por qué tal político ganó las elecciones, todo es efecto de una o varias causas anteriores.

    2) A su vez, un conflicto político o social es producto no solo de una causa, sino de muchísimas causas que conforman esa causa mayor y que es la más visible. Puedo decir: las feministas rompieron unos vidrios porque los policías violaron a una mujer. Pero de ahí se desprenden muchas otras causas: por ej, quienes hicieron eso lo hicieron por distintas razones: tal vez una de ellas era amiga íntima de la víctima y le dolió en lo más profundo del corazón; otra tal vez no tenía relación con la víctima pero se acordó cuando ella misma fue violentada cuando era más jóven y ello le motivó a ir a manifestarse. A la vez, todo ello es efecto de otras causas que están interconectadas dentro de una cadena cuyo inicio tal vez no podamos rastrear.

    3) Casi siempre la discusión política se reduce a un conflicto binario (ricos vs pobres, chairos vs fifís, oficialistas vs opositores). Pero para hacer un buen análisis, habiendo entendiendo los dos puntos anteriores donde todo es un efecto de una diversas causas, se debe ir más allá y ser capaz de ver todos los matices y la escala de grises.

    4) Es imposible dejar de ser subjetivo a la hora de analizar la realidad ya que nuestra interpretación del mundo está construido por nuestra experiencia y nuestro temperamento. Todo análisis es, por definición, subjetivo. Y esto quiere decir que siempre existirá la posibilidad de que alguien más analice o interprete un hecho de tal forma que nunca se te hubiera ocurrido. Peor aún, nuestros sesgos cognitivos también juegan un papel a la hora de hacer estos juicios. Es imposible despojarnos de subjetividades, pero si reconoces que tus juicios son subjetivos y que los sesgos cognitivos están ahí merodeando, será más posible que hagas un análisis más sensato a que ignores todo esto y pienses que tu juicio es objetivo y necesariamente el más acertado.

    5) Sin embargo, los hechos por sí mismos son objetivos. Un descenso del 5% en el PIB, aunque sea interpretado y analizado desde distintas perspectivas subjetivas, siempre será un descenso del 5% en el PIB y no otra cosa.

    6) Siempre, por más que pequeña que sea, hay alguna posibilidad de que estés equivocado. Tómalo en cuenta antes de hacer tus análisis porque eso te ayudará a ser más humilde y te hará más receptivo a escuchar lo que otros dicen. Escucha también a lo que dicen aquellos que hacen análisis desde otras disciplinas distintas a la tuya. Posiblemente te lleves una gran sorpresa.

    7) Todo significante o concepto que resida dentro de la mente de uno (subjetivo) o varios individuos (intersubjetivo) y no pueda existir sin un ser humano que lo conciba o interprete es una construcción social: los significantes, las marcas, el dinero, la cultura y hasta las naciones. Toda cosa que resida fuera de la mente del individuo no es una construcción, sino que es una realidad objetiva como tal, aunque el individuo solo pueda interpretarlo subjetiva y fenoménicamente: una montaña o el sol. Ello siempre debe tomarse en consideración a la hora de hacer análisis.

    8) Para conocer la verdad de la forma más fiel posible, siempre deberá de darse preferencia a un estudio cuantitativo bien diseñado como el que arroja que el 30% de los niños lloraron el día en que fueron por primera vez a la escuela en vez de conformarnos con una estremecedora historia sobre cómo un niño lloró y pataleó en su primer día de clases e inferir de ahí que todos los niños sufren al ingresar a la escuela por primera vez. A la hora de hacer análisis, los datos recogidos por instrumentos diseñados para ello siempre serán más fieles que las historias que apelan a las emociones.

    9) Quien quiera hacer un buen análisis debe saber contextualizar y entender el contexto en el que un suceso tuvo lugar. Por poner un ejemplo, no se puede juzgar de la misma forma a un individuo que tenía un esclavo en el siglo XVIII a alguien que tiene un esclavo en el siglo XXI, dado que las realidades y los paradigmas bajo los que se desenvolvieron eran muy distintos a los nuestros.

    10) Y por último, contextualízate a ti mismo. Entiende que cuando haces un análisis, no lo haces desde una realidad total que te permite llegar a la cumbre de la objetividad porque no tienes acceso a esa realidad total ni tienes sabiduría absoluta que te permita desprenderte de tu contexto. Estás condenado a hacer tus juicios desde tu contexto, desde tu forma de entender el mundo la cual tiene mucha relación con la cultura en la que te desenvuelves. Si quieres tener una visión lo más amplia y menos condicionada posible, tendrás que abrirte, cultivarte más y conocer otras realidades. Aún así, nunca podrás alcanzar la sabiduría total, por lo cual siempre estarás condicionado, de una u otra forma, por tu entorno, por tu cultura y por la forma en que has construido tu realidad del mundo a través de la experiencia.

  • 10 características que debería tener la oposición hacia López Obrador

    10 características que debería tener la oposición hacia López Obrador

    10 características que debería tener la oposición hacia López Obrador

    Primero: En ella no deberían poder participar los políticos de siempre. Esto naturalmente excluye a Margarita Zavala, Felipe Calderón, gente como Javier Lozano y demás miembros de la clase política que fue sacada a patadas en el 2018. Su mera presencia deslegitimaría cualquier movimiento de oposición. Muestra de ello fue el movimiento #HijasDeLaMX (que tuvo el «beneplácito» de la clase política que fue barrida) y que cayó en el desprestigio casi en el momento en el que surgió.

    Segundo: Debe tratarse de una coalición entre diversas corrientes de pensamiento pero que tengan la capacidad de defender el modelo de democracia liberal con división de podres, contrapesos, libertad de expresión, participación ciudadana, Estado de derecho, economía de mercado que esté acompañada de un sistema de seguridad social, que busque combatir los vicios estructurales que derivan en una sociedad injusta e inequitativa (falta de oportunidades, manifestaciones de clasismo o racismo). Dicho esto, esta oposición puede englobar tanto a movimientos de izquierda democráticos (por ejemplo, socialdemócratas), liberales (en el sentido clásico) e incluso corrientes de centro-derecha que coincidan en defender este modelo de democracia.

    Tercero: Debe blindarse ante cualquier injerencia de movimientos de corte populista (de derecha) que pudieran surgir y que busquen aprovechar el descontento de la gente opositora hacia López Obrador para promover una agenda iliberal o, peor aún, autoritaria.

    Cuarto: A partir de la defensa de ese modelo se debe de crear una narrativa poderosa, coherente y contundente que logre contrarrestar la narrativa de López Obrador. Naturalmente este sería uno de los retos más difíciles pero indispensables, y por ello esta oposición debería desligarse de los gobiernos anteriores, lo cual me lleva al siguiente punto:

    Quinto: Deben de ser críticos con los regímenes anteriores y no aspirar a ser una reedición del estado anterior de las cosas. Deben ser oposición de López Obrador, pero también deben ser férreos críticos de los gobiernos anteriores, reconocer lo que se hizo mal de tal forma que puedan ofrecer un modelo nuevo.

    Sexto: Es importante que quienes conformen este grupo (en especial las cabezas visibles) sean gente honorable, reconocida por la sociedad y que no vayan a promover o representar intereses nocivos, ya sean políticos o económicos. Deben saber establecer puentes de diálogo con los diversos sectores pero, a la vez, deben mostrar independencia de éstos.

    Séptimo: Deben de ser capaces de integrar a gente de distintos sectores, de distintas clases sociales y personas que si bien, pueden tener discrepancias en algunas cuestiones políticas, coincidan en su entusiasmo de promover y defender un sistema democrático.

    Octavo: Debe comportarse como una oposición responsable cuyo fin sea velar por los intereses de este país y de todas y todos los ciudadanos que la componen, y no que su papel sea llevar la contra al gobierno nada más por llevarla; mucho menos hacerlo de forma visceral. En este sentido, también debe de ser capaz de reconocer los que desde su consideración sean aciertos del gobierno actual. No debe caer en la tentación de polarizar a la sociedad ni de estigmatizar a quienes piensan diferente.

    Noveno: Debe centrarse no solo en la oposición hacia determinadas políticas del gobierno que se consideren cuestionables, sino que deben estar dispuestos a analizar bien dichas políticas en vez de hacer críticas «por encimita» con base en el primer artículo que vea. Pero sobre todo, debe de ser capaces de plantear alternativas hacia las políticas propuestas y defenderlas.

    Décimo: Debe tener un carácter incluyente y plural, que sea capaz de escuchar a las distintas voces y a los distintos sectores de la sociedad, que no viva en una burbuja y sepa abrirse e incluir a todos los «Méxicos».

  • Los 6 tipos de usuarios de Internet (y por qué no es tan democrático)

    Los 6 tipos de usuarios de Internet (y por qué no es tan democrático)

    Con la llegada de Internet pensamos que la democracia se iba a consolidar. El argumento esa muy sencillo: si la información está al alcance de todos, entonces todos pueden beneficiarse de ella. Gracias a Internet ya no existirían medios unidireccionales que monopolicen la información sin que el usuario pudiera responder o interactuar. Entonces, se decía, la ignorancia cerraría sus puertas para crear una sociedad compuesta solamente de ciudadanos críticos e informados. Nada más falso.

    Los 5 tipos de usuarios de Internet (y por qué no es tan democrático)
    eldiario.es

    Pensamos que la amenaza a esa democratización y posibilidad de compartir conocimiento peligraba gracias a mecanismos institucionales restrictivos como la Ley SOPA. En realidad, parece que la disponibilidad del conocimiento puede ayudar a reforzar la desigualdad -tanto económica como intelectual- dentro de una sociedad porque nuestra capacidad económica y nuestra capacidad intelectual condiciona lo que podemos hacer con dicho conocimiento.

    Ciertamente, Internet ha abierto puertas a aquellos que antes no tenían acceso al conocimiento. Por ejemplo, personas de países en desarrollo que no podrían aspirar a estudiar una carrera -pero que gracias a sitios web como coursera.org o edx.org pueden adquirir conocimiento para especializarse de forma gratuita-, son mejores profesionales con un mejor ingreso. Pero de la misma forma, una persona que antes se encontrara en una posición relativamente cómoda y que no ha podido o querido adaptarse a Internet, puede verse perjudicada. Por ejemplo, personas con trabajos que han sido reemplazados por el desarrollo tecnológico.

    Decía que los seres humanos no nos encontramos en las mismas condiciones. Tenemos distintos ingresos, nacemos en condiciones totalmente distintas, algunos tuvimos más suerte que otros, unos somos más inteligentes o tontos que otros, unos somos más sociables o antisociales que otros, unos tenemos más valores y principios que otros, y algunos tenemos más o menos criterio que otros. Debido a estas diferencias, que pueden ser atenuadas pero nunca eliminadas, es que en el mundo hay ganadores y perdedores. Y de igual forma, hay quienes ganan mucho más con Internet que otros.

    Entendiendo estas diferencias, me atreví a hacer una escala de usuarios de Internet y su papel con la información que ahí se genera. Tal vez pueda escucharse un tanto reduccionista al simplificar el rol del individuo en Internet de esta forma, pero creo que es la forma más fácil de explicar cómo la gente genera o consume contenidos en Internet, y cómo es que estos roles generan una condición de desigualdad:

    1. El capitalista
    2. El influencer
    3. El técnico
    4. El crítico (o informado)
    5. El ingenuo
    6. El ignorante (o anticuado)

    Esta lista está organizada -de mayor a menor- por la capacidad que cada uno tiene para beneficiarse de la información en Internet. A los primeros dos -el capitalista y el influencer- los podemos considerar emisores -es decir, ejercen influencia sobre los demás al emitir o controlar la información-, mientras que los otros tres son receptores de la información. El técnico, por su parte, puede jugar ambos papeles.

    Antes de empezar a describir a cada uno, debo señalar que aunque coloqué al capitalista por encima del influencer, no siempre sucede que el capitalista tenga más poder de influencia que el influencer. Es decir, un influencer podría ejercer más influencia que aquel que tiene algunos millones de dólares para invertirlos en pauta y big data. También se puede dar el caso que el individuo juegue más de un papel. Un influencer que amase dinero gracias a la publicidad en Youtube y lo invierta para tener mayor alcance, podría ser considerado capitalista también.

    También un emisor puede jugar al mismo tiempo el papel de un receptor. Un influencer, por ejemplo, puede ser un crítico, o bien, puede jugar el papel del ingenuo, con lo cual logrará amplificar la desinformación dentro de Internet.

    De igual forma un crítico podría llegar a jugar el papel del ingenuo en más de alguna ocasión. Que suela estar informado no lo hace completamente inmune de caer en alguna trampa.

    Pero aún haciendo estas aclaraciones, el individuo terminará siempre jugando más un papel que los otros. El capitalista será siempre más capitalista que influencer, y el crítico será la mayor parte de las veces crítico y no ingenuo.

    1.- El capitalista

    El capitalista, Donald Trump, Facebook

    El capitalista se encuentra en la punta de la pirámide social: ha amazado mucha fortuna, y así como puede invertir en bienes raíces o empresas, también puede invertir dinero para influir en la opinión pública -de forma positiva o negativa-. No sólo es el capitalista tradicionalmente hablando, sino quien tiene dinero a su disposición, como pueden ser los gobiernos o diversas instituciones.

    Vamos a decir la verdad, quien tiene más dinero tiene mayor capacidad de influir -o manipular- a la opinión pública. Dentro de esta categoría no sólo podríamos considerar a individuos, sino a empresas como tales. Quienes tienen capital pueden invertir en tecnología o infraestructura. Google o Facebook pueden considerarse capitalistas: casi toda la información que circula por Internet pasa por ellos, y aunque, al menos en teoría, tomen una postura neutral con respecto a la información, al modelar la estructura por la cual la información circula, terminan ejerciendo influencia porque condicionan la forma en que el usuario final la consume.

    Un individuo o empresa que tenga la suficiente cantidad de dinero para crear unidades de conocimiento se puede considerar capitalista. Un grupo de accionistas que desarrolle un portal de información en línea y tenga los suficientes recursos para darle una gran exposición también. Un capitalista puede manipular a la opinión pública a su favor. Si un político tiene dinero como para esparcir información falsa a su favor, también es un capitalista.

    El propio Donald Trump -o su campaña- es un capitalista -en este sentido-, y a la vez, también explica el rol capitalista de Facebook -aunque Mark Zuckerberg no simpatice con Trump-. La inversión de la campaña de Trump en Facebook Ads y big data fue esencial para ganar las elecciones. Si Obama mostró que Internet puede darle el triunfo a candidatos progresistas, y si Egipto y Libia demostraron que Internet puede derrocar dictaduras, Trump logró mostrar que Internet también puede ser la vía para el ascenso de algún político autoritario o hasta fascista.

    Básicamente, el equipo de campaña de Trump invirtió una gran cantidad de dinero en pautas. Quienes hemos usado Facebook Ads, sabemos que la infraestructura que tiene la red social es algo enorme, complejo e intrigante. Por ejemplo, la campaña de Trump buscaba disuadir a aquellos sectores que Hillary necesitaba: los blancos liberales idealistas, los afroamericanos y las mujeres blancas. Y lo logró.

    Segmentar la audiencia a la que se quiere llegar -gracias a los custom audiences, los lookalikes y la segmentación por intereses– es algo completamente posible. Si quiero mostrar anuncios a jóvenes de la Ibero considerados de izquierda que mantienen una relación, que tienen una edad de 18 a 22 años de edad, que anden en bicicleta y que además les guste correr, lo puedo hacer. Gracias a nuestra actividad en Facebook -las Fan Pages que te gustan, los contenidos que compartes, cuando publicas que tienes novia o que vas a entrar a estudiar algo-, la red social crea un perfil de nosotros y de cada usuario, de tal forma que les pueda servir a los anunciantes para mostrarte sus productos. Gracias a Facebook, un capitalista puede influir en la población -desde crear consciencia sobre algún tema hasta desinformar por medio de notas falsas para modificar percepciones políticas- y beneficiarse de ello.

    Sólo basta tener mucho dinero para que el alcance sea mayor.

    2.- El influencer

    Fuente: Youtube
    Fuente: Youtube

    El influencer no tiene -necesariamente- la cantidad de dinero que un capitalista tiene, pero tiene la capacidad de ejercer influencia sobre otras personas. Cuando hablamos del influencer, se nos vienen a la mente los videobloggers como Werevertumorro o Chumel Torres. Sí, ellos son un tipo de influencers, pero no son los únicos.

    También lo son las personas líderes en su ramo que han utilizado Internet para amplificar su alcance son influencers. Por ejemplo, los especialistas en marketing digital, psicología, política, o finanzas personales –Sofía Macías por ejemplo- que son muy conocidos por quienes conocen el ramo.

    También los periodistas, columnistas y opinólogos que crearon parte de su reputación fuera del Internet -es decir, en medios tradicionales-, y que gracias a éste han tenido un mayor alcance -lo cual ocurre sobre todo en Twitter-, lo son, porque gracias a Internet ejercen influencia sobre los demás. Por ejemplo, Denise Dresser o Pedro Ferriz de Con deben ser considerados como influencers.

    Muchos influencers no necesitaron de mucho dinero para crearse una reputación tal que les diera la capacidad de influir sobre los demás, pero sí necesitaron de mucho talento, o una gran habilidad para crear un proyecto.

    Los influencers son quienes han tenido una mayor movilidad social gracias a Internet. Mientras los capitalistas ya lo eran, los influencers, en muchos casos, eran personas comunes y corrientes que dieron con la fórmula correcta.

    El influencer también puede modificar o manipular la opinión pública, pero a diferencia del capitalista -quien en muchos casos puede ocultarse-, el influencer tiene que dar la cara, y su reputación queda sujeta al escrutinio público.

    Cuando hablamos de la viralización de un contenido, el influencer juega un papel esencial. Contrario a la creencia general de que los contenidos se viralizan solos como si se multiplicaran como un virus, ésto ocurre gracias a que dicha información llega a uno o varios influencers -que no necesariamente conoces-, y cuando éstos lo comparten, amplifican considerablemente su alcance. El libro The Tipping Point de Malcolm Gladwell, ilustra bien la forma en que el conocimiento se viraliza.

    3.- El técnico

    El técnico
    Funny botanist © Serg Nvns – Fotolia.com

    El técnico es aquel que puede beneficiarse de la información gracias a su especialización en áreas relacionadas con las tecnologías de la información. Un técnico puede ser un data scientist que tiene la capacidad de analizar cantidades de datos muy grandes (big data), un hacker que a través de sus conocimientos en computación puede obtener un beneficio de la información, o un programador que pueda diseñar la arquitectura de sitios e interfases por medio de las cuales se transmita dicha información.

    Los técnicos generalmente no emiten información, pero sí pueden condicionar la forma en que ésta se consume, pueden influir para determinar quienes consumirán determinada información, o bien, pueden tomar decisiones con base en la información que recibe y obtener un beneficio. Un data scientist puede analizar datos de tal forma que con los cruces que haga tenga un mayor conocimiento de un sector de la población, conozca sus hábitos de consumo o incluso su perfil psicológico. Esto le ayudará mucho para influir en dichos segmentos que le interesan y conoce a la perfección.

    El hacker puede manipular los canales de comunicación -para distribuir información, chantajear a gobiernos, empresas o instituciones-, o puede extraer información con el mismo fin, para obtener un beneficio personal, político o ideológico. También puede ser contratado por capitalistas para que le ayudan a sus fines, o bien, pueden atentar contra los intereses de dichos capitalistas.

    El técnico es el único que posee conocimiento especializado en tecnologías de la información, por lo cual, todos los otros tipos de usuarios (excepto el ignorante, quien no accede a Internet) dependen de él. El capitalista, por más dinero que tenga, necesitará de un especialista para poder crear la arquitectura de una unidad de conocimiento, o utilizará un sistema «creado por técnicos» para poder invertir en publicidad digital. El influencer necesita de plataformas creadas por técnicos (como Youtube o Twitter) para poder alcanzar a sus seguidores. Y así también el crítico y el ingenuo también necesitarán de esas plataformas para consumir contenidos en Internet.

    4.- El crítico (o informado)

    Fotografía: Alfredo Cunha
    Fotografía: Alfredo Cunha

    Como mencioné, a diferencia de los primeros dos personajes, el crítico no genera información sino que la consume o la comparte en sus redes -con un limitado alcance-. El crítico es el mejor consumidor de información en Internet y es el más inmune ante la manipulación que pueden llegar ejercer tanto el capitalista como el influencer porque son, valga la redundancia, críticos con la información que reciben.

    El crítico, gracias a su criterio, sabe utilizar la información a su favor. El crítico suele ser educado -aunque pueden darse casos en que una persona con alta escolaridad puede tener menos criterio que uno con menor escolaridad-, y suele tener el hábito de adquirir conocimiento de forma constante.

    El crítico es quien sabe usar mejor todas las herramientas que facilita Internet. Posiblemente busque especializarse gracias a esta herramienta por medio de sitios en educación en línea o haga consultas en buscadores o sitios especializados para solucionar problemas. Además, sabe ser selectivo con la información que consume. El crítico revisa las fuentes de la información que circula en Internet, suele mostrar escepticismo y sabe contrastar información.

    Sin embargo, tenemos que recalcar que el crítico no es perfecto, porque a pesar de su capacidad de contrastar y ser selectivo, puede estar condicionado por sesgos ideológicos -ya sea, preferencia política, religión, políticas económicas- que harán que dé preferencia a cierto tipo de información.

    Otro detalle a señalar es que el tipo de contenidos que un usuario tiene más posibilidad de consumir en Internet, es aquel con el que muestra mayor simpatía. Esto ocurre porque redes sociales como Facebook muestran al usuario contenidos similares a los que suele compartir o con quienes suele interactuar, así generando una cámara de eco. Lo mismo ocurre con Twitter donde el usuario tiende a seguir más bien a usuarios que sigan una línea ideológica similar.

    El crítico es aquel que asumimos en que nos convertiríamos todos, y por eso pensamos que el poder de los capitalistas estaría limitado por la población en su conjunto y la sociedad ya no volvería a ser manipulada, pero no fue así.

    5.- El ingenuo

    El ingenuo
    http://www.academiasidiomas.es/

    A través de la historia hemos aprendido que, en mayor o menor medida, la gente informada y preparada intelectualmente es una minoría dentro de una sociedad dada; mientras que la gente que no lo es, suele ser mayoría. Quizá suene políticamente incorrecto decirlo, pero es una realidad que puede ser fácilmente demostrable.

    De esta forma podemos entender que «el ingenuo» sea el personaje que más abunde en Internet.

    El ingenuo es quien es más susceptible de ser manipulado por quienes emiten la información (capitalistas o influencers). Aunque el ingenuo se conecte constantemente a Internet, no está preparado intelectualmente para absorber la información que recibe. De hecho, no suele utilizar Internet tanto para informarse, sino para divertirse. El ingenuo entra a Internet para estar conectado en Facebook -donde puede recibir información falsa que no tiene capacidad de rechazar-. El ingenuo, por ejemplo, puede dar por válida información que circula como cadena en Whatsapp.

    Si bien, algunos ingenuos suelen ignorar información relevante que pueda malinformarlos -por ejemplo, que no estén interesados en política, y no pongan atención a anuncios o artículos relacionados-, otros pueden pensar que son críticos y apasionarse por diversos temas, pero sin la capacidad de interpretar o contrastar la información que reciben.

    El ingenuo, al igual que el crítico, no sólo consume información , sino que también la comparte; con lo cual puede desinformar a más gente. Pueden existir casos en que un influencer pueda llegar a jugar el papel de ingenuo y compartir información falsa en redes, amplificando su alcance y desinformando a mucha gente sin tener la intención de ello. Supongamos, por ejemplo, que Chumel Torres recibe información sobre un desfalco que nunca ocurrió, e indignado, lo comente en sus redes; información que será dada como verdadera por muchos usuarios de Twitter.

    6.- El ignorante (o anticuado)

    El ignorante (o anticuado)
    http://www.dfiles.me/

    El ignorante es aquel que básicamente no tiene acceso a la información porque no está familiarizado con Internet. Este grupo naturalmente está compuesto principalmente por personas mayores de edad.

    El ignorante también puede jugar el papel de ingenuo o de crítico con respecto a la información que circula en Internet y le llega por medios externos. Por ejemplo, un pariente que le comente sobre cierta noticia que circula en Internet, y el ignorante, al ser una persona leída y cultivada, tenga la capacidad de darse cuenta que esa noticia es falsa.

    Los ignorantes, al no estar conectados, no reciben beneficio alguno de Internet, y por tanto, se encuentran en desventaja frente a los demás. En muchos casos, esa desventaja se puede convertir en menos oportunidades profesionales, rezago, o incluso en cierta exclusión social (que todos los familiares estén conectados menos él).

    Conclusión

    Al darnos cuenta que tanto los recursos económicos, el talento, los roles de cada individuo en una sociedad, y la capacidad intelectual determinan la forma en que cada usuario consume los contenidos en Internet, entonces entendemos por qué tener tanta información en nuestras manos no se ha transformado en esa democratización que tantos esperábamos.

    Más bien, Internet ha cambiado las reglas del juego. Y algo que ha quedado en evidencia, es que nuestras instituciones y nuestras formas de organización se han visto rebasadas por esa súbita cantidad de información que apareció en nuestras manos y que hace menos de dos décadas no teníamos.

    Posiblemente el ascenso de la ultraderecha en Occidente tenga, entre muchas explicaciones, que aquellos que están más informados suelan ser más escépticos con sus gobiernos, haciendo menos atractivas las candidaturas con posturas cercanas al centro político -con lo cual algunos fueron disuadidos de votar-, en tanto que aquellas personas con menos educación y que son más proclives a ser engañados por medio de Internet (véase Estados Unidos y Brexit) vieron en candidatos populistas y demagogos una opción muy atractiva.

    Estoy seguro que con el tiempo podremos saber utilizar Internet y todo el conocimiento que hay ahí de mejor forma, hay indicios de ello. Pero ya no podemos pensar a estas alturas del juego que Internet por sí sólo democratizará al globo terráqueo. Posiblemente fuimos muy idealistas, ahora es muy conveniente tomar una dosis de realidad, y empezar a trabajar desde ahí.

  • 10 puntos para saber qué es ser un intelectual y qué es no serlo

    10 puntos para saber qué es ser un intelectual y qué es no serlo

    Mucha gente asume que es intelectual. Otras podrían serlo, pero ni siquiera usan ese término para describirse ni les ha pasado por la cabeza calificarse como tal. Pero ¿Qué sí es ser un intelectual y qué es no serlo? A continuación podrás saberlo por medio de 10 puntos:

    ¿Qué sí es ser intelectual?

    10 puntos para saber qué es y qué no es ser intelectual

    1. – Leer mucho, hasta que los ojos sangren.

    2.- Leer sobre diversas disciplinas.

    3.- Leer incluso libros sobre aquello que no te gusta y odias. Si vas a criticar algo, tienes que conocerlo.

    4.- Estudiar mucho. Y cuando me refiero a estudiar mucho, me refiero a estudiar mucho.

    5.- Tener la mente abierta, incluso a cosas que pudieran no interesarte, o bien pudieran contradecirte.

    6.- Aceptar que el conocimiento es infinito, y el hombre es finito.

    7.- Respetar a las personas que piensan distinto a ti. La batalla es contra los argumentos, no contra las personas que defienden dichos argumentos.

    8.- Saber que se puede aprender incluso de los que saben menos, en lugar de subestimarlos.

    9.- Dar por sentado que eres falible y te puedes equivocar en tus argumentaciones, aunque al mismo tiempo eres estricto a la hora de plantearlas.

    10.- Debates con argumentos, no con opiniones y suposiciones.

     

    ¿Qué no es ser intelectual?

    pseudointelectual

    1.- Llevar la contraria a algo por llevarla (al sistema, al gobierno). El intelectual, primero lo es, y luego, con su intelectualidad emite una crítica a algún gobierno o sistema. El pseudo-intelectual, primero critica al sistema, y luego asume que es intelectual.

    2.- Tildar de borregos o ignorantes a los demás cuando «no siguen tu onda».

    3.- Hacer juicios ad hominem.

    4.- Creer que se tienen verdades absolutas que se deben de imponer a los demás.

    5.- Asumir, en vez de informarse.

    6.- Opinas para imponer tu verdad a los demás, no para traer un tema a discusión o para persuadir.

    7.- Presumes ser un intelectual. Entonces no lo eres.

    8.- Tu autoestima depende de tu conocimiento, en vez de que éste lo pongas al servicio de los demás.

    9.- No debates, amenazas, insultas y cierras canales de comunicación.

    10.- Solo se informan sobre los temas que les convienen y sobre las corrientes ideológicas con las que simpatizan (cuando lo hacen).