Etiqueta: actitud

  • Lo importante no es competir, sino ganar

    Lo importante no es competir, sino ganar

    Recuerdo que en mi infancia estábamos jugando una tanda de penales contra otro equipo (yo era muy malo para el futbol, aclaro). Tenía yo el penal decisivo, pateo el balón, pega en el poste y sale. Yo con una de esas caras sonrientes pero a la vez nerviosas dije, ¡ah que bien, casi entró!. Parecía que esperaba aplausos, pero todos los de mi equipo se me quedaron viendo con cara de -en el vestidor te vamos a partir tu madre-. Mi pensamiento había sido mediocre: ¡Casi! ¡Ya merito! ¡estuvo cerca! Y esas miradas que quedaron en eso, me dieron una lección.

    Lo importante no es competir, sino ganar

    El famoso barón Pierre de Coubertin, fundador de los juegos olímpicos, dijo una frase sumamente tonta: Lo importante no es ganar, sino competir. ¿Por qué tonta? Porque empezando es una frase contradictoria per sé. ¿Qué significa competir? La Real Academia de la Lengua Española nos dice lo siguiente: Competir significa «intr. Luchar, rivalizar entre sí varias personas por el logro de algún fin.» Es decir, uno compite para ganar. Entonces, esa frase que dice lo importante no es ganar, sino competir, se contradice por sí misma porque al decir que lo importante es competir, entonces lo importante es ganar. Si lo importante no es ganar, entonces tampoco sería importante competir. Es como si la frase dijera: -La riqueza económica no es importante, sino ganar dinero.

    Independientemente de la contradicción de la frase, lo que propuso Pierre de Coubertin es una muestra de mediocridad, más propio de un delegado deportivo con sobrepeso de la CONADE que del fundador de los Juegos Olímpicos. Cuando uno va a una competencia, va a ganar. La meta siempre es ganar. Hay quienes no pueden aspirar a una medalla pero aspiran a llegar a las olimpiadas. Podrán decir que lo importante para ellos es «competir», pero en realidad, lograr esa meta es ganar, es un deportista que se impuso sobre los otros deportistas de su país, y el premio es participar en un evento superior. Y al llegar a ese evento el objetivo no es «competir» (en el sentido de Coubertin), sino superar a los atletas que pueda superar. Aunque sepa que será casi imposible ganar el primer lugar, sabe que se sentirá mejor con el quinto lugar que con el noveno.

    Entonces, si le creo a Coubertin. Iré a mi trabajo y no me preocuparé por subir de puesto, por lograr un mejor ingreso; porque lo importante es «tener trabajo». ¿De qué sirve «tratar» si no se logra el objetivo? Todos los seres humanos tenemos una necesidad innata de ser mejores en algo, de redimirnos ante los demás. Puedo ser un pobre deportista, pero me sentiré bien si la gente me ve como una persona inteligente. Podré ser tonto, pero si soy el chico que atrae a las mujeres en la secundaria (o viceversa) me sentiré bien. Quienes no logran sentir que sobresalen en algo, generalmente se terminan sintiendo frustrados y creen que son personas con poca valía. Lo peor, es que los demás los pueden percibir así. No importa en que seas mejor. Puedes ser el mejor empresario, la persona más amable, la persona más apegada a su religión. Pero todos buscamos algo.

    Sí, siempre habrá una persona mejor que uno. Pero el hecho de quedar entre los destacados nos llena de satisfacción. Por eso para unos el éxito de tener las mejores calificaciones en la escuela. Por eso funciona la milicia, porque los militares se esfuerzan para sobresalir y obtener un alto rango. Por eso el capitalismo funciona mejor que el comunismo (aunque dista mucho de ser perfecto, aclaro). Todos tratamos de ser mejores. Los humanos no buscamos ser «iguales», buscamos sobresalir, en lo que sea.

    Por eso considero que la frase de Pierre de Coubertin es absurda. Gracias Vince Lombardi que llegó con su versión editada y más realista. Esa frase de -Lo más importante no es ganar, es lo único- que describe mejor la naturaleza humana.

    Por eso el balón que estrellé en el poste no fue una victoria. El «lo intenté» no sirvió de nada, no se reflejó en el marcador, no significó una diferencia.

  • Exaltación a la mediocridad

    Exaltación a la mediocridad

    En las elecciones pasadas, tenía una conversación interna. Me decía, sé que hay mexicanos, muchos, con grandes dotes para salir adelante y ¿Dónde están?. Veía a los entonces candidatos y me preguntaba como es que no tenemos algo mucho mejor que eso, los observaba y parecían ser ciudadanos comunes, mediocres, y no mucho más que eso. Incluso décadas atrás en la época del autoritarismo veíamos que muchos presidentes en su vida buscaron aparte del hueso, adquirir conocimiento y habilidades, eran ávidos lectores, estudiosos, ¿Qué está pasando? Esto no ocurre solo a nivel política, ocurre a nivel social totalmente.

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    De alguna manera, esta es una continuación de mi artículo, La Mediocracia Mexicana, pero con un matiz un tanto diferente.

    Oda a la mediocridad. El número de lectores en México bajó de 56% a 46% en México, paradójicamente en una época donde las nuevas tecnologías nos permiten adquirir a costos más bajos (o incluso gratis) libros electrónicos que pueden ser consumidas en una PC o en una tablet. La gente en búsqueda de lo fácil, de lo cortoplacista. Muchos conocidos míos buscan emprender en aquello que sea fácil y deje mucho dinero aunque sea en el corto plazo. Abundan las empresas piramidales y ofertas que te prometen mucho dinero sin hacer casi nada (claro que casi nunca cumplen). Pareciera que la gente quiere sobrevivir y no quiere esforzarse. La gente está perdiendo la cultura del esfuerzo, de la visión a largo plazo, sin pensar en que ello trae más satisfacciones que lo primero.

    Muchos me dirán -Cerebro, no mames, en mi trabajo me hacen quedar tarde y salgo a veces a las 10 de la noche-. No se trata de lo cuantitativo, se trata de lo cualitativo. A esas personas que «trabajan de más» habría que preguntarles que tan bien administran su trabajo, o si se quedan porque «tienen que cumplir». Eso no es esfuerzo, eso es masoquismo. En mi Facebook hay una campaña fuerte en contra de los lunes, cuentan cuantos días faltan para que sea viernes. Lo entiendo en quienes tienen un trabajo que no les gusta (y solo lo entiendo cuando es por necesidad y no por mediocridad), pero muchos dicen estar contentos con su trabajo, hacen lo que decían que querían hacer y están esperando el maldito viernes (y si se combina con la quincena, mejor).

    Cuando uno en la vida tiene una visión a largo plazo, cuando quiere algo, termina disfrutando su trabajo. Sí, a veces es cansado y demandante, pero esas fiestas y «saliditas» de los viernes y sábados terminan siendo lo que deberían ser: Un espacio para descansar (y sí, las salidas al bar o a bailar son una forma de descansar también) y atender otros asuntos, pero terminan siendo lo que son, una «evasión de la realidad que implica la tortura laboral».

    Parece que mucha gente no quiere progresar, la mass media premia la cultura de la mediocridad, programas de televisión con contenido mediocre que no implica el más mínimo esfuerzo mental, no leer mucho porque es de nerds, no interesarse de temas como las ciencias (naturales, sociales, astronomía bla bla) y sí aspirar a tener una vida mundana de la inmediatez. Como ese trabajo de horas extras, este espíritu mediocre provoca más desgaste en el ser humano, ve al trabajo como una tortura, su desempeño es mediocre, y como es mediocre le requiere más horas de su tiempo para sacarlo adelante.

    Que un político no sepa leer y no sepa el nombre de una de las instituciones encargadas de procurar una de sus «promesas más importantes», diga literalmente que Benito Juárez esté vivo y sea cuarentón, que no sepa siquiera hacer bien las cuentas de su presupuesto como candidato y tarde 15 años en terminar su carrera universitaria, todo eso es reflejo de la cultura de la mediocridad. Curioso que lleguen aquellos que parece nunca aspiraron a ser mejores.

    El hombre mediocre y autómata es el más promovido en la sociedad actual. Difícil es poder separarse de toda esta dinámica estandarizadora de hombres masa. Y no es fácil porque requiere esfuerzo entenderlo y separarse de ella.

     

     

  • No siempre ser positivo es bueno

    No siempre ser positivo es bueno

    Siempre en la vida nos enseñan que debemos tener una actitud positiva hacia las cosas, que debemos de pensar que siempre va a pensar lo mejor, que los planetas se van a alinear. Pero si el otro polo, la negatividad y el escepticismo existe en los seres humanos, por alguna razón es, posiblemente estas cualidades consideradas negativas tienen su función en la supervivencia del ser humano.

    No siempre ser positivo es bueno

    Sé positivo con aquello que puedas controlar, sé profundamente escéptico con aquello que esté afuera de tu alcance – Cerebro

    Voy a poner un ejemplo (tal vez un poco extremo, pero es para que se entienda). Yo me dedico a desarrollar sitios web y además hago estudios de mercado. Últimamente muchas personas me han hablado para pedirme mis servicios. Si tengo una actitud ingenuamente positiva diré -Claro que sí, seguro que todos los proyectos me van a caer, no hay que ser negativos-. A priori esta actitud se oye muy bien, pero en realidad los resultados podrían ser nefastos. Imagínense que me caso con esa idea, entonces si me la creo, voy a actuar como tal. Si creo que todo va a salir bien, puedo actuar confiado, puedo incluso gastar dinero de más confiando en que los proyectos van a salir, ¿Qué pasa si no salen?. Me veré en muchos problemas.

    Entonces es donde el escepticismo es útil. Como dije en mi memorable frase, es bueno ser positivo con lo que uno puede controlar, porque naturalmente una buena actitud incide en los resultados. Porque la autoconfianza puede determinar el éxito o el fracaso. Pero hay situaciones que no podemos controlar. A los clientes que me hablaron seguramente yo hice mi óptimo esfuerzo para convencerlos, pero normalmente este tipo de decisiones también dependen de la otra persona, es un 50% y otro 50%. En esas ocasiones lo mejor es ser escéptico. Porque no tenemos muchas posibilidades de cambiar las variables.

    En aquellas circunstancias no controlables, que dependen de terceros, es indispensable guardar una postura escéptica porque naturalmente tenemos que aceptar la posibilidad de que las cosas salgan mal. Es más, se vale ser negativo, se vale serlo cuando la posibilidad real de que la cosas salgan mal, sean mayores a las de éxito. Se vale porque al ser algo que no está a nuestro alcance, la postura no incide de ninguna forma. Así si sabemos que las posibilidades son bajas, entonces crearemos una estrategia tomando en cuenta esa realidad. Si creemos que un cliente no nos va a contratar porque no tienen dinero, entonces crearemos un plan para buscar otro cliente.

    Ser escéptico también es bueno para nuestra psique. Si toman una postura demasiado positiva ante un evento, ante un eventual resultado inesperado el descalabro será más doloroso. En cambio, si se tienen expectativas reales y racionales ante tal evento (alguno cuya posibilidad sea escasa por lo cual aplique una postura negativa) entonces habrá mucho que ganar y poco que perder. Si se pierde, se tomará una postura donde ya se sabía que eso podría pasar y se estaba preparado para ello. En cambio si el resultado es bueno, la postura será de sorpresa y más euforia.

    La vida es una estrategia, y la actitud forma parte de esta. Pensar que siempre debemos ser positivos es muy simplista, como si fuera una receta fácil que existe para todos. En cambio si sabemos manejar las emociones, si apelamos a la racionalidad (que es un trabajo más difícil), entonces tendremos mayores posibilidades de éxito.

  • Soy una víctima

    Soy una víctima

    Soy una víctimaSi algo me desespera rotundamente de la gente, es ese juego de victimización en la que cae, no lo niego, alguna vez yo caí en dicho juego y debido a eso se que se siente estar del otro lado, pero por eso mismo, por eso mismo, he llegado a la conclusión de que si algo no quiero, es pedir conmiseración a las demás personas. Caray, víctimas podrían ser los que mueren en un terremoto, quienes padecen de pobreza extrema y mueren de hambre, jóvenes asesinados por el gobierno o por una guerrilla; pero personas que se quejan de la vida y las circunstancias siendo que tiene margen de maniobra en ella, perdonen, pero no se les puede llamar víctimas (a menos que se consideren víctimas de ellos mismos). Una persona que cae en el victimismo busca la conmiseración de las demás personas, que lo apapachen, que le digan pobrecito, que sientan lástima por él. Y la verdad eso para mí es denigrante, rebaja al ser humano a una condición inferior.

    La vida es resultado de nuestras decisiones. Ciertamente las circunstancias pueden afectar el rumbo, por ejemplo que uno pierda un brazo en un accidente; pero aún así, una persona puede decidir si salir adelante o caer en el círculo de la conmiseración, de la degradación humana. En el mundo sobreviven los fuertes y los débiles sucumben, no hay más, esto no tiene que ver con bondad o maldad, sino con fortaleza o debilidad. Algunos preguntarán ¿Y qué de las personas que sufren cáncer o cualquier otro mal?, pues aún así, porque una persona fuerte tendrá más posibilidades de vencer al cáncer que una débil, más que la actitud influye muchísimo en el combate a la enfermedad. Mucha gente cree que con ser buena «ya la hizo» y la vida le hará justicia divina. La verdad que equivocados están, la bondad es un principio, un valor, una convicción,  si muy valiosa y deseable, pero nada más. Y claro que no, no he sugerido que hay que ser malo, por el contrario, pero no hay que esperar que la bondad per sé haga justicia.

    Hace mucho tiempo unos tíos entraron a una iglesia cristiana (de la que eran parte y ahora ya no), y cuando los fui a visitar a su ciudad de residencia, me dijeron que si los acompañaba, yo no tuve problema alguno. Eran de esas iglesias donde alaban a Dios con música de rock y donde todos bailan y cantan. Pero vi a muchos de sus miembros y dije «oh my god». Era de notar que varios de ellos tenían la autoestima hasta el suelo, tenían una vida muy precaria (y no me refiero a lo económico) y creían que por el hecho de que eran buenas personas y estaban cerca de Dios, lo demás se iba a dar por añadidura. Estaban ahí esperando algo que nunca se les iba a dar. La vibra que esparcían era lo suficientemente negativa como para que me acercara a saludarlos. Era gente que a simple vista no tenían las habilidades necesarias como para ser alguien en la vida (o más bien no la han desarrollado). Y si esas personas a pesar de que eran «buenas gentes» causan esa repulsión es que por sentido común, una persona no se va a acercar a otra que no se quiere, que tiene un pésimo concepto de sí mismo, es parte de la naturaleza humana, el hombre se junta con sus pares, y una persona con baja autoestima, solo va a atraer gente, si, con baja autoestima.

    La gente que se considera una víctima de las circunstancias termina siendo indeseable para la sociedad. Ciertamente todos los humanos caemos, nos tropezamos, y a veces en los momentos donde el dolor es agudo, necesitamos el apoyo y el cariño de las demás personas, pero se debe de dar por sentado que una vez que hayamos sido «golpeados» y toquemos fondo, a partir de ahí, deberá haber un esfuerzo para salir adelante. No es lo mismo apapachar a una persona que está triste porque lo acaba de dejar su novia, que a una persona que no se ha podido (o no ha querido) recuperar de un mal momento mucho tiempo después, con el primero hay que ser comprensivo, con el segundo hay que ser duro y determinante. A las víctimas no hay que dejarlas ser víctimas y hay que notarles que han caído en el error, y que si buscamos darles conmiseración, solo las perjudicaremos más y haremos que sigan cavando dentro de su hoyo.

    Estas víctimas no son víctimas, porque su victimez no es causa de los factores externos sino que es una decisión propia, y una persona no se puede autoproclamar víctima, no es una decisión. Esta actitud como mencioné degrada a la integridad de quien toma dicha posición, porque lo vuelve susceptible, lo vuelve débil, hace que pierda su valor, su honor, y pierda el respeto por parte de los demás. Un hombre en su vida debe de ser recto, congruente, bondadoso, pero para que esto tenga un eco en la sociedad, además, deberá ser fuerte.

  • Todo en México es malo, malo, malo

    Todo en México es maloLa crítica (mientras esté acompañada de una segunda fase propositiva o al menos ayude a alimentarla) es buena para el desarrollo de un país o una nación. Sin la crítica ni cuenta nos daríamos de los problemas que tenemos. No se puede proponer sin haber criticado antes, porque entonces la «propuesta» no tendría razón de ser. Cuando escribo en este blog, y hago crítica (que es a lo que me dedico porque digamos, construir desde un blog es algo cercano a lo imposible y para eso realizo otras actividades) siempre espero que los lectores tomen lo que creen cierto y los inspire a hacer un cambio. Si critico a la política o a la sociedad, esperaría que se den cuenta de los problemas que tenemos y por ende exista un motor que haga que mis lectores se lanzen a contribuir para que las cosas cambien, aunque sea desde su trinchera sin hacer obras magmánimas.

    Pero a veces parece que los mexicanos nos ahogamos en la crítica, como si a alguien le dijeran que está pasado de peso y en lugar de ir con un nutriólogo, se encerrara a su cuarto a deprimirse. Y el problema es que dicha crítica no se asimila, no se procesa y entonces terminamos siendo tan pesimistas (ante la ausencia de propuesta alguna) que vemos todo más malo de lo que es. Ciertamente México tiene muchos problemas, no podemos evadir la realidad. Ayer un colombiano me escribió en la Fan Page de Facebook y me dijo que mi blog le gustaba porque los problemas que yo le relato se parecen a los que viven en su país. México tiene muchos problemas como muchos otros países lo tienen. Generalmente nos comparamos con quienes están mejor que nosotros (Estados Unidos, Canadá, Japón, Suecia) y no está mal tomarlos como referencia de que si se puede crecer, el problema es que creemos que somos un país en desgracia, al cual «todo» le sale mal. Y eso creo que nos ha sumergido en una especie de depresión colectiva, que a su vez hace que se generen más problemas ante la pasividad que tomamos, como si todo fuera resultado de las circunstancias.

    Frases como la de «como México no hay dos» que siempre se usa en forma peyorativa, es un claro ejemplo de este pesimismo. Y es curioso que nos sintamos tan desgraciados en diversos temas: Empleo, economía, etc. cuando estamos en realidad arriba de media tabla si hacemos un comparativo con todos los países del mundo. Y claramente no habría que conformarnos, sino aspirar a estar lo más arriba posible de esas tablas, pero sería mejor si lo viéramos como algo positivo, como un reto por el que vamos a trabajar, más que buscar quitarnos una carga de encima. Somos un país mediano con sus problemas, con cierta influencia global (cosa que muchos países latinoamerican0s no tienen), ciertamente la vida política de nuestro país no es la mejor y le falta avanzar mucho, pero esa vida política es un cruel pero real reflejo de la sociedad a la que todos pertenecemos. Si estamos tan preocupados que con la llegada de Peña Nieto regrese la dictadura del PRI, que con Vázquez Mota haya más violencia y otros 60,000 muertitos, o que López Obrador se vuelva loco al sentarse en la silla presidencial, es porque ellos, los candidatos, nunca dejaron de ser mexicanos y ciudadanos, son representativos del pueblo. Y naturalmente se refleja en ellos una idiosincrasia pesimista (además de que llevan a cabo las prácticas comunes de nuestra sociedad como la corrupción, nepotismo), lo cual se refleja en sus políticas públicas.

    Creo que más que preocuparnos por quien va a llegar, deberíamos preocuparnos por no ser tan fatalistas y buscar construir. Tenemos la equivocada idea de que los políticos deben hacer nuestro trabajo, y lo peor, ese tipo de paternalismo se ve reflejado en ellos. Por ejemplo, Felipe Calderón les dijo a las compañías extranjeras a que les ayudara a generar empleos, o a Estados Unidos para que les ayude con la cruzada contra el narcotráfico. Pero falta sentirnos más independientes y más capaces. Si vemos ese México malo, muy malo, es porque nosotros no hemos hecho nada para cambiar la realidad, que a su vez es una percepción distorsionada. Porque si las cosas estuvieran realmente mal, tu no estarías leyendo este artículo.

  • Agraciada vida en medio de las desgracias

    Mi país no está bien, mi ciudad tampoco. Todo lo que me rodea me es hostil, la gente se vuelve más agresiva e indiferente hacia uno, uno duda en salir a un antro porque no sabe si le va a tocar el siguiente granadazo, es más, no sabe si el transporte público será incendiado por algunos narcotraficantes que desean llamar la atención. Las noticias sobre el acontecer del país son malas, se sigue hablando de desempleo (excluyendo el sinnúmero de vacantes que genera el narcotráfico) que la economía no está creciendo lo suficiente, al grado de que Ernesto Cordero (el presidenciable «o ex ya» por Felipe Calderón) afirma que con $6,000 pesitos a una familia le alcanza para vivir y para aspirar a adquirir crédito para su casa o su coche (yo gano algo más que eso y de lejos puedo contar con eso que dice Cordero).

    Se hablan de muchas cosas malas, pero a fin de cuentas son las circunstancias, de aquello que nos rodea, y no es definitivo que por estar rodeado de circunstancias difíciles, necesariamente uno tiene que ser un desgraciado. Los seres humanos podemos construír un mundo positivo y favorable en medio de un ambiente que no lo es. No quiero pecar de falta de humildad, pero quisiera poner el ejemplo de lo que he logrado. Yo al terminar una relación laboral con una empresa que no tenía ningún futuro, me ví en el amplio mundo de los ciudadanos desempleados, no quería volver a vivir más de 6 meses sin encontrar empleo y decidí autoemplearme. Resulta que en mi último trabajo por azares del destino había encontrado había aprendido algo de programación web porque me decidí involucrar en el área, así que cuando salí del trabajo vi más bien un área de oportunidad.

    Sin cesar de buscar empleo, decidí montar mi propia empresa de estudios de mercado (soy mercadólogo) y de diseño de páginas web. Me convertí en un empleado autónomo (o como le dicen popularmente «freelance») y empecé a trabajar por mi cuenta. Al mismo tiempo decidí abrir este blog y comenzar a escribir, los tiempos muertos los decidí usar para leer y cultivarme culturalmente para tener sobre que hablar. Seguí aprendiendo sobre diseño web y mercadotecnia para hacerme un mejor profesionista. Ahora en este inicio de año veo que la vida empieza a dar sus frutos. En la cuestión laboral mi negocio no solo va bien, sino que conseguí un empleo de web en HP (una gran empresa para trabajar) cuyo horario se acopla muy bien para compaginarlo con mi negocio, en lo relacionado con el escribir, me invitaron a participar en el Diario de Colima como columnista y en el Instituto Arnulfo Villaseñor Saavedra, Es decir, actualmente tengo tres áreas en las que me puedo desarrollar, el tiempo dirá cual será la indicada para seguir y darle continuidad.

    Todo eso logré hacerlo en un ambiente adverso, en medio de una crisis económica (2008), ante la pérdida de empleo de mi padre, y ante un problema de ansiedad del cual me he tenido que atender y el cual me ha hecho gastar recursos. Logré crear dentro de mí un mundo positivo dentro de un ambiente adverso donde todas son malas noticias, desempleo, crisis, tragedias, narcotráfico, asesinatos, ingobernabilidad, corrupción y otros problemas más. Con esto quiero decirle a mis lectores que se puede tener una agraciada vida en medio de las desgracias. Las circunstancias externas son un problema, mas no son un impedimento para lograr forjar un propio camino y salir adelante, se trata de soñar a pesar de que nos invitan a tener pesadillas, se trata de salir adelante a pesar de que todos nos quieran tumbar.

    Por eso, querido lector, no todo está perdido. Está muy bien que nos preocupemos por lo que ocurre a nuestro alrededor, pero es importante también preocuparnos por nuestro «yo» interno. Como me decía una amiga, hay que estar bien con uno mismo, para poder estar bien con el mundo. Espero que estas palabras les haya sido de ayuda y sea un aliciente para que ustedes puedan salir adelante, a pesar de las injusticias, a pesar del gobierno, a pesar de lo que no desean que progreses.

  • El Güevón

    -¿Oye Juan?, porque no te vas a ver la TV. -No, es que me da güeva. -Bueno, entonces vete a dormir un rato. -No, es que me da güeva. -Bueno, pues, vete a hechar la güeva. -No, es que me da güeva.

    Si hay algo que me desespera de la gente es que sea floja y güevona. No voy a negar que como todos a uno de pronto me pueda dar una rachita de flojera y de apatía, pero creo que algo que es valorado (o se debería valorar) es que la gente le heche ganas a la vida. Pero da la casualidad que cuando uno empieza a conocer gente, trabaja en alguna empresa, se da cuenta que los güevones abundan. Y a veces lo que me da coraje, es que algún que otro guevón logra trascender de alguna manera en su vida (ya sea por palancas, por ayuda de papi o por alguna otra razón), aunque es tiempo para que estos saquen el cobre y se caigan de su falso pedestal.

    No significa que uno deba de ser matado en la vida y trabajar como negro, también sería un exceso. Pero creo que de cada ser humano se debería esperar que al menos tuviera metas en la vida y estuviera trabajando por ellas. Eso no solo dignifica a la persona, sino que la motiva y le da autoestima, además de que la entretiene y la hace menos propensa a sufrir depresiones o a sentirse mal. Pero hay algunos que parece que no lo entienden. Porque es cierto que trabajar requiere un esfuerzo (hay que levantarse de la cama y ponerse en acción) y sacrificio, pero esto siempre es rencompensado de alguna forma. Por ahí dicen que el sumergirse en la rutina diaria del trabajo (sin excesos) elimina o al menos reduce los malos pensamientos.

    Yo recuerdo, en la empresa que trabajaba, el 50% de los empleados que conformaban la plantilla laboral eran güevones. ¿Cuales eran sus características?, llegaban 15 minutos tarde al trabajo (cuando llegaban temprano), no solo no se esforzaban para llegar a sus metas, sino que ni siquiera las tomaban en cuenta, y lo peor, ni sabían cuales eran. Hacían que trabajaban cuando el jefe estaba presente. Pero cuando este se iba, convertían la oficina en un spa del relax. Prendían su cigarro y se salían al patio a platicar, otro se quedaba jugando y visitando blogs en internet como este, uno más hechaba su buena siesta mientras su amigo lo fotografiaba con su celular y lo ponía en evidencia. Hacían todo lo posible, pero todo por no trabajar, vivían bajo la ley del mínimo esfuerzo.

    ¿Y tenían razones por estar despreocupados?. La verdad que no, uno tenía que mantener un hijo, otro debía estar pagando su carro. Mientras el jefe no se diera cuenta, el cheque quincenal les llegaba al igual que a los que si trabajábamos. ¿Decirle al jefe?, sería un chismoso, ¿concientizarlos a ellos?, probablemente ni caso me harían. Simplemente era tiempo, si, cuestión de tiempo para que los resultados de su esfuerzo cosecharan frutos. ¿Y cual esfuerzo?, cuando su productividad llegaba a ser un cero redondo a pesar de recibir el mismo (o casi el mismo) sueldo que los que si trabajaban.

    Como lo decía, los güevones abundan por doquier. ¿Pero por qué son güevones?. Tal vez les falte un poco de disciplina, orden en sus vidas, pero yo creo que más bien, los guevones tienen el problema de no fijarse metas a largo plazo. Cuando uno no tiene porque luchar, metas que alcanzar, vive al día y bajo la ley del mínimo esfuerzo; busca una vida comodina y disfrutar de los placeres de «hoy» sin importar que pasará mañana. Y es preocupante, porque a pesar de que se dice que el ser humano vive cada vez una vida más acelerada, con sobredosis de estrés y preocupaciones, los güevones siempre encuentran alguna forma de establecer su modus vivendi y salirse con la suya.

    Por eso tengo que decirlo, odio con todas las ganas a ese tipo de gente. Nada más estorba, e incluso llegan a estorbar cuando se cruzan en tu camino. Si conoces a un güevon, dale un sope o un coscorrón, o tal vez una buena patada en el rabo sea la solución. O más bien matarlos a la Swenney Todd (que final tan horrible el de esa película).

  • El Loserómetro 1.0 El método perfecto para saber si eres un loser.

    Para avanzar en la vida, hay que saber donde uno está parado actualmente, conocer tanto las virtudes como los defectos. Muchas veces uno quiere evadir su realidad actual para no angustiarse demasiado, o quiere sentir como que «no pasa nada, me siento bien aunque no sea cierto». La gente sabe que existen muchos perdedores allá afuera, pero los perdedores, o no lo saben, o se quieren hacer como que no lo son, y le pasan la factura, a la vida, a la suerte, a la naturaleza o a Dios, que son los culpables de que estén como están.

    Por eso me he dado a la tarea de crear un sistema con la metodología mas avanzada, que mide el grado «Loser» de las personas que lo contestan, no solo a nivel general, sino en cada área de su vida.

    ¿Cuales son las características de este estudio?:

    1.- El estudio está dividido en diferentes categorías. a) Análisis General: Donde se mide tu nivel de felicidad y motivación b) En la Práctica: Se mide cuanto has disfrutado y vivido de la vida, c) Perfil Psicológico: Se analiza tu mente y tu manera de desenvolverte en la vida d) Profesional: Se mide el éxito en el ámbito profesional, y e) Amor y amistad: Se mide tu nivel de relaciónes amorosas y de amistad.

    2.- El estudio está personalizado de acuerdo a la edad y al temperamento: Sabemos que una persona joven ha vivido menos que un adulto, o bien, hay personas que por su temperamento no son muy sociales, prefieren estar estudiando o investigando, o bien, les encanta salir y divertirse.

    3.- Es a prueba de chaquetas mentales.

    Requisitos:

    1.- Tener mas de 18 años y estar mínimo cursando la carrera universitaria.

    2.- Contestar con sinceridad las preguntas, las respuestas son anónimas, pero si tu quieres publicar tu resultado, eres libre de hacerlo.

    Datos Técnicos:

    El Loserómetro está desarrollado en PHP. Es la versión 1.0, y de acuerdo a tus comentarios y sugerencias (aparte de un riguroso análisis científico), iré mejorando y perfeccionando el estudio.

    PARA PARTICIPAR ENTRA AQUÍ