Todo en México es malo, malo, malo

5 abril 2012

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Todo en México es maloLa crítica (mientras esté acompañada de una segunda fase propositiva o al menos ayude a alimentarla) es buena para el desarrollo de un país o una nación. Sin la crítica ni cuenta nos daríamos de los problemas que tenemos. No se puede proponer sin haber criticado antes, porque entonces la “propuesta” no tendría razón de ser. Cuando escribo en este blog, y hago crítica (que es a lo que me dedico porque digamos, construir desde un blog es algo cercano a lo imposible y para eso realizo otras actividades) siempre espero que los lectores tomen lo que creen cierto y los inspire a hacer un cambio. Si critico a la política o a la sociedad, esperaría que se den cuenta de los problemas que tenemos y por ende exista un motor que haga que mis lectores se lanzen a contribuir para que las cosas cambien, aunque sea desde su trinchera sin hacer obras magmánimas.

Pero a veces parece que los mexicanos nos ahogamos en la crítica, como si a alguien le dijeran que está pasado de peso y en lugar de ir con un nutriólogo, se encerrara a su cuarto a deprimirse. Y el problema es que dicha crítica no se asimila, no se procesa y entonces terminamos siendo tan pesimistas (ante la ausencia de propuesta alguna) que vemos todo más malo de lo que es. Ciertamente México tiene muchos problemas, no podemos evadir la realidad. Ayer un colombiano me escribió en la Fan Page de Facebook y me dijo que mi blog le gustaba porque los problemas que yo le relato se parecen a los que viven en su país. México tiene muchos problemas como muchos otros países lo tienen. Generalmente nos comparamos con quienes están mejor que nosotros (Estados Unidos, Canadá, Japón, Suecia) y no está mal tomarlos como referencia de que si se puede crecer, el problema es que creemos que somos un país en desgracia, al cual “todo” le sale mal. Y eso creo que nos ha sumergido en una especie de depresión colectiva, que a su vez hace que se generen más problemas ante la pasividad que tomamos, como si todo fuera resultado de las circunstancias.

Frases como la de “como México no hay dos” que siempre se usa en forma peyorativa, es un claro ejemplo de este pesimismo. Y es curioso que nos sintamos tan desgraciados en diversos temas: Empleo, economía, etc. cuando estamos en realidad arriba de media tabla si hacemos un comparativo con todos los países del mundo. Y claramente no habría que conformarnos, sino aspirar a estar lo más arriba posible de esas tablas, pero sería mejor si lo viéramos como algo positivo, como un reto por el que vamos a trabajar, más que buscar quitarnos una carga de encima. Somos un país mediano con sus problemas, con cierta influencia global (cosa que muchos países latinoamerican0s no tienen), ciertamente la vida política de nuestro país no es la mejor y le falta avanzar mucho, pero esa vida política es un cruel pero real reflejo de la sociedad a la que todos pertenecemos. Si estamos tan preocupados que con la llegada de Peña Nieto regrese la dictadura del PRI, que con Vázquez Mota haya más violencia y otros 60,000 muertitos, o que López Obrador se vuelva loco al sentarse en la silla presidencial, es porque ellos, los candidatos, nunca dejaron de ser mexicanos y ciudadanos, son representativos del pueblo. Y naturalmente se refleja en ellos una idiosincrasia pesimista (además de que llevan a cabo las prácticas comunes de nuestra sociedad como la corrupción, nepotismo), lo cual se refleja en sus políticas públicas.

Creo que más que preocuparnos por quien va a llegar, deberíamos preocuparnos por no ser tan fatalistas y buscar construir. Tenemos la equivocada idea de que los políticos deben hacer nuestro trabajo, y lo peor, ese tipo de paternalismo se ve reflejado en ellos. Por ejemplo, Felipe Calderón les dijo a las compañías extranjeras a que les ayudara a generar empleos, o a Estados Unidos para que les ayude con la cruzada contra el narcotráfico. Pero falta sentirnos más independientes y más capaces. Si vemos ese México malo, muy malo, es porque nosotros no hemos hecho nada para cambiar la realidad, que a su vez es una percepción distorsionada. Porque si las cosas estuvieran realmente mal, tu no estarías leyendo este artículo.

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