Juan tiene 18 años y es homosexual, y ha decidido que es la hora de llegar a decírselo a sus padres.
«Papá, mamá, soy gay«, dice Juan.
Su papá, Pedro, arranca en cólera y le dice a su hijo: «¡En mi casa putos no! Fuera de aquí, largo.»
¿Qué motivó a Pedro para correr a su hijo? Seguramente tendrá varias razones. Puede ser que vea como un gran fracaso personal el hecho de que su hijo Juan no sea un hombrecito. Seguramente pensará en el juicio social que habrá si los amigos o los parientes saben que tiene un hijo gay. ¿Me van a juzgar? ¿Me van a dejar de hablar?Por varios lados será un fracaso y la hecatombe para mí. Siente que su hijo le falló y no lo puede perdonar.
Juan termina en la calle y se da cuenta que, sin apoyo familiar y solo, tendrá que hacerse una nueva vida. Tendrá que buscar un trabajo donde sobrevivir y grupos sociales que lo acepten tal y como es.
Esto porque a Juan no solo lo corrieron de un lugar físico, sino de todo lo que implica la familia: lo corrieron del amor materno y paterno, lo corrieron de los valores que le dieron en su casa. Juan, en un estado de cólera, dice: «Si quienes me enseñaron los valores me corrieron, entonces esos valores valen madre» y adquiere cierto encono frente a esas estructuras sociales en las cuales creció. Se siente traicionado, le dieron la espalda.
Juan entonces busca lugares donde no sea juzgado y donde la gente comparta su sentir. Así, acude a movimientos como algún colectivo u organización, donde varios de los integrantes pasaron por una historia de vida muy parecida a la de él. Los principios y valores que ahí tienen son muy diferentes a los que aprendió en casa, incluso pueden llegar a ser una suerte de antítesis. Así, Juan empieza a diseccionar y cuestionar fuertemente todas esas estructuras sociales.
Juan y sus nuevos amigos, movidos por el enojo y el rechazo que sufrieron, llegaron a la conclusión de que el mundo es más bien sombrío, donde las jerarquías son más bien opresoras y excluyentes. Así, influenciados por filósofos como Michel Foucault y Jacques Derrida, quienes vivieron una vida muy difícil, llena de resentimientos y bajo la decepción sobre el ser humano que generaron las guerras mundiales (el primero fue discriminado por su condición sexual, y el otro por sufrir la represión del gobierno de Vichy y ser expulsado de su instituto argelino por motivos racistas) lo cual se imprimió en su forma de pensar, decidieron ir contra lo establecido: «las estructuras sociales no sirven, la moral se hizo para oprimir, hay que ir en contra todo eso, hay que deconstruirlo, ¡venganza!«.
Pedro escucha sobre estos movimientos y reafirma su postura ante los gays: ¿ves? Los gays son lo peor, están en contra de las instituciones, de los valores, de la familia. Esto, sin reparar que la gente que, como su hijo, ha entrado a esos grupos porque sienten que esas instituciones y esos valores son los que lo pusieron de patitas en la calle. Pedro, incluso, ante la incapacidad de explicar por qué es que ocurre eso, empieza a creer que se trata de una conjura internacional, del «marxismo cultural y la ideología de género» que busca acabar con la civilización.
Pedro se dejó dominar por el temor: temió el juicio social y lo que considera el fracaso personal (porque su hijo no es un hombrecito). Juan terminó siendo presa del resentimiento. Mientras que Pedro pudo haberse detenido, tratar de entender a su hijo y entender que podía haber un problema con su sistema de creencias, Juan pudo haber hecho lo mismo y llegar a la conclusión de que, por más imperfectos que fueran, los valores que le enseñaron en casa no eran necesariamente malos y que las estructuras no son necesariamente opresivas y que necesitamos de ellas.
Tal vez alguno de ellos pudo haber decidido dominar sus emociones, por más complicado que esto fuera. Esto habría parado el círculo vicioso que llega a un antagonismo cada vez más creciente entre ambas partes: uno piensa que los gays son un cáncer que tiene el claro propósito de destruir a la sociedad; el otro piensa que la familia, los valores o las religiones, son conceptos necesariamente represivos a las que hay que atacar y destruir. Ninguno de los dos tiene razón (aunque suene tentador pensarlo), pero el equivocado concepto que ambos se tienen termina haciendo mucho daño y termina reafirmándose hasta el punto de llegar a los discursos de odio.
Este es tan solo un breve ejemplo de lo que la polarización política es, y cómo la inteligencia emocional y la tolerancia a la frustración pueden ser grandes herramientas para contenerla y lograr vivir en una sociedad más armoniosa. No solo se trata sobre la preferencia sexual de una persona, sino de muchas cuestiones que van desde cualquier choque cultural, temas económicos o cualquier forma de organización.
No siempre vamos a estar de acuerdo ni tenemos por qué estarlo pero, al menos, tendremos la capacidad de vernos a la cara y dialogar.
Tal vez, si nos detuviéramos un poco y empatizáramos antes de juzgar a los demás de forma precipitada y hacer juicios de valor, podríamos entendernos de mejor forma y dejar de odiarnos.
En los últimos días, apareció en redes un video de un repartidor robando mercancía que se viralizó y que obligó a los directivos de Bimbo a dar la cara. Naturalmente, un video así es un golpe duro contra la imagen de la empresa.
Pero después salieron más. Al parecer, ese video empoderó a otros que sabían que les estaban robando mercancía y subieron sus propios videos.
También se hicieron memes que terminaron por estigmatizar al repartidor, ya que se utilizó su figura con motivo de burla. «Los repartidores son unos rateros», fue el mensaje que se propagó por las redes sociales.
En realidad, los repartidores no son especialmente ladrones. Lo que ocurre es que la dinámica de las redes sociales suele generar engaño y confusión.
Es decir, se sube un video de un repartidor robando mercancía a un viejito, todos se ponen a hablar de él, se sacan algunas notas en prensa, se elaboran algunos memes, con lo cual el tema termina dominando la discusión. La repetición (aunque no sea intencionada y sea tan solo producto de la dinámica) magnifica la asociación «repartidor = ladrón». El contenido del video tampoco ayuda mucho a colocar el hecho en su justa dimensión: «La víctima del robo fue un viejito, no tienen madre los repartidores» (nótese el plural).
Y si esto no fuera suficiente, aparecen otros videos de robos de repartidores. La gente dice: ¿ves? Ya hasta se está volviendo una moda.
Pero en realidad, lo que ha ocurrido es que otras personas que han sido víctimas de estos hurtos se animaron a subir sus videos. Se sintieron identificados «¡a mí también me roban!». Vaya, es absurdo que un video ponga de moda entre los repartidores robar mercancía. Por el contrario, seguramente inhibirá a muchos de seguir cayendo en esas conductas porque se han dado cuenta que robar puede tener un alto costo.
En realidad, no podemos saber qué porcentaje de los repartidores de Bimbo son ladrones y, por tanto, es irresponsable estigmatizar a los repartidores y pensar que todos ellos roban. Hasta la fecha me he topado con cuatro de estos videos. ¿Cuántas personas trabajan como repartidores? Decenas de miles como mínimo ¿Cuántas personas que roban no han sido exhibidos? No tenemos ni la más mínima idea. En realidad, no tenemos elementos para siquiera saber si lo que hemos visto es un problema que tenga un tamaño considerable o son pequeñas excepciones a la regla.
Mucho menos hay algo que nos diga que dentro de ese puesto haya muchos ladrones. ¿Cuántos directivos de empresas, gerentes, albañiles, mecánicos, o cuántos profesionales de cualquier giro no cometen actos ilícitos que serían castigados por la sociedad pero que pasan inadvertidos porque no hay una cámara que los esté grabando con las manos en la masa? Y si bien, por un lado veo positivo que estos videos orillen a Bimbo a tomar cartas en el asunto, también estoy seguro que la mayoría de los repartidores son hombres honestos que se ganan la vida llevando a cabo su trabajo. Ellos no tendrían por qué pagar por culpa de aquella minoría que sí lo hace.
El problema no es que se exhiban estos videos. Por el contrario, me parece bien ya que muchas veces los abarroteros no saben qué hacer ante estos hurtos, porque estos videos inhibirá a los deshonestos de seguir robando y porque Bimbo se verá obligado a solucionar el problema que existe dentro de parte de su plantilla. El problema es la interpretación que los usuarios le damos a los contenidos que fluyen por las redes sociales. No creo que sea cómodo para un repartidor que es honesto llegar a la tienda y que algunas personas los vean con cara de sospecha.
Todos queremos ser felices ¿si o no? Todos queremos sentirnos autorrealizados, todos queremos tener buenas relaciones, pocos conflictos interpersonales, queremos lograr nuestras metas y objetivos. Eso es algo indudable y hasta necesario desde una perspectiva evolutiva.
De pronto, alguien encontró cómo hacer de estos deseos un negocio. Se dio cuenta que si vendía la felicidad y la autorrealización empaquetada, podría ganar mucho. Así se creó toda una cultura de la autoayuda que iba más allá de cualquier terapia psicológica. Pero, a diferencia de un terapeuta o psicólogo que tiene a su cliente frente a él y cuya tarea es llegar a lo más recóndito de su ser para ayudar a sanarlo, esta cultura de la autoayuda no se enfoca tanto en la técnica para escarbar en la psique, sino en las herramientas publicitarias y propagandísticas para generar una mayor utilidad. El fin de esta cultura de la autoayuda no es sanar, sino vender.
Y después a alguien se le ocurrió hacer seminarios de superación personal porque estas necesidades intrínsecas al ser humano podían hacer que dichos cursos se vendieran solos. Hicieron una estrategia multidisciplinar para ese fin (ojo, con el fin de generar utilidades) agregando conocimientos de psicología y conducta humana, estrategias de mercadeo, cultura new age (abordándola al mismo nivel que un libro de autoayuda promedio de Sanborns), mercadeo multinivel, e incluso entendiendo las estrategias de control social y despersonalización que se han utilizado en los regímenes totalitarios y en las sectas o cultos (aunque las sectas suelen tener un grado de alienación y control más fuerte).
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Aquí es donde se encuentra Mexworks (ahora Worldworks), grupo México Humano, Vive Life Coaching o Executive Success Programs (que presidía Emiliano Salinas) y que tienen antecedentes en cursos como Lifespring o Landmark. Si bien estos cursos no son exactamente iguales, sí comparten la misma esencia y el modelo de negocio es muy parecido. En este artículo yo hablaré de Mexworks, dado que es el curso que yo tomé hace quince años (los tres niveles) y del que puedo hablar desde mi experiencia y lo que vi allá adentro.
Aviso: Sé que muchas personas que están felices con estos cursos van a decir que yo lo estoy criticando desde mi «mala experiencia», que soy pesimista, que no soy dador, que «estoy en mi nerd». Otros van a decir que no conozco bien los cursos (cursé los tres niveles y lo conozco de pe a pa) o que tengo un resentimiento con esa empresa porque «no puedo con mi vida», aunque estoy hablando de un curso que tomé hace 15 años y, sin querer pretender sonar arrogante querido lector, he logrado cosas mucho más grandes que terminar ese curso como para que pienses eso. Este artículo es en general crítico con estos cursos, si no estás dispuesto a leer la crítica y crees que tengo problemas, te recomiendo que dejes de leer este texto ahora mismo. No negaré tu derecho a estar equivocado sobre mi persona.
La intención de este artículo es que la gente conozca de qué constan estos cursos y por qué, a mi parecer, me parecen riesgosos. No niego de forma categórica que existan personas a las que, de alguna u otra forma, les haya ayudado o hayan confrontado alguna cuestión personal. Técnicamente puedo decir que haber entrado al curso me ayudó, pero no por el curso en sí, sino porque todo lo que vi y viví hizo que abriera mi mente y tuviera un espíritu más crítico. Salí espantado de ahí ya que me di cuenta que, con el método correcto, manipular a la gente es mucho más fácil de lo que se piensa. No sólo vi, también estuve sujeto a esa manipulación. No niego que hubo alguna que otra dinámica que me pudo ser útil, pero la realidad es que la mayoría de las personas (al menos, las que conocí), después de terminar el curso, volvieron a caer en los vicios y los errores que los motivó a entrar. El problema es que así como puede existir gente que se haya visto beneficiada de una u otra forma, también hay gente que se ha visto muy afectada, incluso un joven de una generación antes que la mía se suicidó después de tomar este curso. Hablaré más a detalle de todo esto en el artículo.
También trataré de ser muy cuidadoso y en este relato no expondré a ninguna persona en específico. Si bien contaré algunas anécdotas, me centraré más bien en la esencia de estos cursos y su funcionamiento.
Entrar a Mexworks
¿Cómo llega uno a estos cursos? En la gran mayoría de las ocasiones se llega por invitación de otra persona que te habla maravillas del curso, de cómo le ha cambiado su vida, que ya es otro, que ya es una persona dadora, responsable, libre etc. Así fue como yo entré. Quienes te invitan se sienten felices, se sienten realizados, sienten que su vida ha dado un brinco, que su «yo» de antes, ese que tanto destestaban, ha quedado en el pasado. Naturalmente, si uno no tiene idea de qué trata el curso, puede ser muy tentador. Si esa persona se siente muy bien, si se ve mucho mejor de como se veía antes, entonces es porque el curso algo bueno ha de tener: habrá que probarle.
En mi caso, me invitaron a uno de los eventos de introducción que hacen para los «enrolados». Dentro de este evento no parecía haber nada que saliera de lo común, aunque la actitud de la gente, que se muestra muy feliz, entusiasmada y contenta, de pronto puede llamar un poco la atención. Pero es posible que uno, que nunca había escuchado de estos cursos, no sospeche nada. Si quien lo invita no está desesperado por enrolar o no haya percibido su conducta como alienada en las últimas semanas, habrá pocas resistencias para decidir entrar al curso, en tanto se tengan los recursos económicos para pagarlo (en mi caso, a mí me lo pagó una tercera persona).
Si comparamos a los cursos como Mexworks con la terapia psicológica profesional es como si comparáramos la comida chatarra con la saludable. La comida chatarra te quita el hambre de forma mucho más rápida, pero nunca te va a dar los nutrientes que la comida saludable sí te da.
Los cursos no son nada baratos. No recuerdo el costo exacto que hace 15 años tenían, pero de acuerdo con su página web, en la actualidad el primer curso (el Intro) cuesta $6,200 MXN, y si tomas los tres cursos torales terminas desembolsando cerca de veinte mil pesos (aunque, si pagas todo de golpe, te dan el precio especial de $16,490 MXN). Todo esto sin contar los talleres especiales como el Máster que tienen otro costo. Pero tu amigo te convencerá que es un curso que cambiará tu vida ¡por un precio menor a tu nuevo iPhone X!
En Mexworks están convencidos (eso al menos dice en el flyer que te obsequian) que la experiencia será casi tan importante como tu matrimonio o tu mayor éxito profesional. Dudo mucho que logre tener ese alcance, pero lo que vas a vivir ahí dentro no es cualquier cosa. También mantienen cierta secrecía, el enrolado nunca te dirá como es el curso porque si sabes «pierde el chiste». Te dicen que es un proceso, que confíes.
El modelo de negocio
El principal negocio de Mexworks consiste en la trilogía de cursos que venden (el Intro, el EIP y el GAP). De los tres, el Intro es el que les presenta una mayor derrama económica ya que es al que más personas asisten (cuando asistí, estaba compuesto por aproximadamente 150 personas, En el EIP éramos aproximadamente 80 divididos en dos cursos simultáneos, y en el GAP éramos como 40). El GAP es el más barato, pero esto tiene una razón de ser, porque es el nivel donde los participantes van a enrolar a las personas para ingresar al Intro. Prácticamente todos los participantes del Intro fueron enrolados por un participante del GAP.
Los cursos tienen una particularidad. Cuando estés ahí dentro no la vas a pasar bien, vas a sufrir una fuerte sacudida emocional. Pero siempre que termines cada nivel te sentirás empoderado, feliz, con ganas de comerte al mundo. Eres, de alguna u otra forma, una herramienta de venta; porque, como decía, ver a una persona que se sienta contenta y autorrealizada atrae y ese estado ayuda mucho a la labor de venta de cursos que te prometen autorrealizarte y ser más feliz. Se procura que el sufrimiento y el trance se viva ahí dentro, en secreto y en privado, y que la felicidad y la algarabía sea la que se muestre al exterior.
Dicho esto, el Intro y el EIP son los niveles donde la organización obtiene la mayoría de sus utilidades y el GAP funciona básicamente para atraer gente al Intro, formando así un ciclo entre las diversas generaciones que es el que forma el modelo de negocio.
Aunque el cheque para Mexworks es muy grande, no escatiman en gastar lo menos posible. El único gasto que le implica un seminario es la renta de un salón de hotel (donde se suelen llevar a cabo, sobre todo los del Intro), los gastos de papelería y similares (para las actividades) y los honorarios del coach, que es quien dirige los cursos. Todo el staff está compuesto por ex-participantes. No hay nadie más, no hay psicólogos ni hay personal de apoyo contratado.
El Intro
El Intro es el primero de los tres cursos que componen la trilogía. Es el «menos pesado» de los tres, aunque también implica cierto desgaste emocional, quiebres y llantos. Te citan a una hora en específico y tienes que ser muy puntual. Cuando llega la hora comienza a sonar el soundtrack de Space Odyssey, y si no estás en tu lugar cuando la música termine, entonces te pasarán al frente y serás sujeto a un quiebre. Por poner un ejemplo:
Coach: Juan, ¿por qué llegaste tarde? Tu compromiso era estar aquí sentado a las 9:00.
Juan: Disculpe, es que tuve mucho trabajo y el tráfico estaba pesado.
Coach: Esas son puras excusas y es reflejo de que la gente no te importa, que tus problemas son más importantes que los demás.
Juan: Pero a todos nos puede pasar.
Coach: ¿Esa es tu excusa? ¿Esa es la excusa que les das a tus hijos, a tus amigos? ¿Todo puede pasar? ¿Así siempre eres en tu vida? Todo lo que te ocurre lo generas y es tu culpa.
El coach sabe como dirigir el quiebre para tocar el talón de Aquiles de la persona en cuestión, aunque no la conozca. En algún momento, alguna de las acusaciones hará clic en la persona y se comenzará a sentir culpable y miserable, aunque dicha acusación sea arbitraria. Así se establecen las reglas del juego.
La inmersión en el curso se da de forma muy progresiva y cautelosa. Los quiebres, conforme pasan los días, también se comienzan a volver más duros. Hay llantos, sentimientos de culpa (porque todo lo que te pasa en tu vida es responsabilidad tuya y de nadie más, dicen). El coach no se tentará el alma. En los días siguientes son muy pocos los que se atreverán a llegar tarde.
Algo que llama la atención es que en las sesiones siempre hace frío y terminan a altas horas de la noche, no hay comida ni aperitivos. Tienes que dejar tu celular y tus objetos personales en la entrada. Olvida que va a haber galletas o café ahí. En el caso del Intro empezaban a las 9:00 PM y terminaban casi a las 3:00 AM, lo que implica que te desvelarás y dormirás poco (en especial si trabajas o estudias) lo cual tiene un propósito muy claro: al estar desvelado y tener pocas horas de sueño encima, te vuelves más vulnerable emocionalmente y puedes ser sugestionado fácilmente por un tercero.
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Otra cosa que llama la atención es la organización. El curso está dividido en grupos chicos de aproximadamente 7 personas, y cada grupo está comandado por un integrante del staff. Si bien, hay actividades en los que participan todos los integrantes en su conjunto, la mayoría se llevan a cabo en los grupos chicos. Ahí se espera que te abras y que los demás integrantes del grupo te den feedback.
Lo que es preocupante, es que dentro de la sesión no haya psicólogos ni gente con los conocimientos necesarios. Los trances emocionales que vas a vivir ahí no son cualquier cosa, pero dentro no hay especialistas que puedan intervenir ante una eventualidad. Los integrantes del staff (que componen los coordinadores de los grupos chicos) son ex-participantes que han sido invitados a «ser dadores» para que los nuevos participantes transformen su vida como ellos lo hicieron.
Así suelen ser las dinámicas al final de cada curso. Todo es felicidad y algarabía.
Tampoco hay alguna corriente de pensamiento o psicológica que defina el curso. En realidad es un mescolanza de ideas culturales mal interpretadas, cultura new age (sí, te dicen una y otra vez que si lo deseas, el universo va a conspirar para que ocurra), técnicas de control social junto con otras dinámicas que se usan en terapias psicológicas y hasta filosofía japonesa (claro, interpretada de forma superficial). No se percibe alguna línea definida porque lo que importa no es tanto la terapia sino las ventas. También fomentan una «cultura de la causalidad» llevada al extremo. Es decir, no existe el factor suerte, ni el contexto. Todo lo malo que te ha pasado es culpa tuya, si alguien te atropella es porque tú te lo generaste. Mexworks no tiene responsabilidad sobre lo que te pase, tú te lo generas todo.
Lo que se vive en el Intro es fuerte, posiblemente llegues a llorar, te hagan confrontar con tu pasado, con las personas que te lastimaron o las personas que lastimaste; aunque, comparado con los otros dos niveles de la trilogía, no es algo del otro mundo o que parezca que esté muy fuera de lo normal. Cuando el curso se termina sales completamente satisfecho de ahí, sientes que «algo se movió en tu vida», pero el curso está preparado para que así sea y tengas esas sensaciones, te sugestionan para que te sientas en éxtasis. Al final te dicen que eres poderoso, que eres valiente, te abrazas con todos tus compañeros y los calificas con un cuatro, se empieza a crear una atmósfera de hermandad (que se volverá muy densa en los cursos subsiguientes) y que te motivará para que adquieras el segundo curso y le platiques a tus conocidos de la gran experiencia que viviste en Mexworks.
Repiten constantemente que en la vida nada es casualidad. Bueno, nada del diseño de su curso es casualidad.
Al final, parece que no pasó nada aterrador. Cuando lo terminé yo no sentí algo tan anormal o atípico, porque todo se hace con sutileza y con la dosis indicada. Pero es el chiste, irte sumergiendo poco a poco dentro de la dinámica del curso, de tal forma que comiences a aceptar cosas de las que, en circunstancias normales, hubieras renegado o sospechado.
EIP (Experiencia Interpersonal)
Hannah Arendt, en su libro The Origins of Totalitarianism, decía que había que pulverizar la identidad del individuo y crear un estado de hiper-vigilancia para poder implementar regímenes totalitarios como los de la Alemania nazi y el comunismo soviético implantando una identidad que sirva al régimen en el sujeto. Algo así es lo que se comienza a vivir en este segundo curso y que, a la vez, servirá como preámbulo para tener un ejército de enroladores dadores y comprometidos en el GAP.
Naturalmente, lo que sucede aquí no ocurre con la intensidad de dichos regímenes (ni siquiera con la intensidad con la que ocurre en las sectas o los cultos), ni mucho menos tenemos gente asesinando judíos. Pero esas características (la deconstrucción de la identidad y el estado de hiper-vigilancia) se encuentran presentes en este curso. Basta la dosis suficiente de control para lograr el objetivo y que es hacer que la máquina de hacer dinero funcione.
Si estás en Mexworks, dicen, es porque tu persona no está bien. Tu ser antes de Mexworks era oscuro y sombrío, lleno de problemas, miedo, victimización. Tenías una narrativa perdedora y victimizante, egoísta, poco comprometida. Así se crea una distinción entre tu identidad pre-Mexworks y tu identidad post-Mexworks. Incluso puede aparecer un cierto halo de superioridad moral entre los que están dentro del curso y los que están fuera. Como tú te has convertido en una persona dadora, valiente y luchona, al contrastarte con los problemas de tu gente cercana cuyo discurso has comenzado a reinterpretar como victimizante (mi compadre se queja de su trabajo) sientes que te encuentras en otro nivel, lo cual debería motivarte a enrolar a los que más quieres al curso para que ellos también se transformen.
Este curso dura, sin bien recuerdo, cuatro días. Pero, a diferencia del Intro, el curso empieza a las 10 de la mañana y termina en la madrugada. Se duermen muy pocas horas, no se come bien, el frío sigue siendo característico en ese lugar. Con ese contexto, el individuo tiene su defensa muy baja y es fácilmente sugestionable.
En este curso se empiezan a intensificar muchos de los mecanismos de control. Se comienza a construir un lenguaje muy particular que terminan adoptando los participantes. Frases como «como siempre en tu vida» se utilizan para señalar al participante que no lo está haciendo bien y reprenderlo, se crea el personaje del «nerd» que consiste en un estado indeseado. Por ejemplo, si no te quiebras, si te muestras crítico o necio, estás en «tu nerd». Fieles a la causalidad absoluta con una dosis de pensamiento mágico-pendejo, te repetirán una y otra vez que «tú te lo generaste». Quien abandona Mexworks no se sale, se baja, y, como dicen que Mexworks es el reflejo de tu vida, entonces si te bajas de Mexworks te bajas de tu vida. Me llama la atención que, a quince años de haber estado ahí, vea exactamente el mismo lenguaje dentro de quienes toman este tipo de cursos, pongo algunos ejemplos que encontré en Internet.
«Les envio un 4 a todos los amigos que desafortunada se bajaron del barco y asi como dieron ese paso no tiene rumbo su vida.»
«Y soy un gap, y soy fregon y chingon, y enrole no solo a 5 sino a 10 para pasarselos a mis cuates.»
«Como siempre en su (pinche, mediocre, y pendeja) vida, le valio el curso.
Y disculpa asi nos tratan para sacarnos de nuestro pinche nerd, que parte del contrato no comprendes tu…»
«Pendejo cuando menos hubieras puesto tu foto de tu pinche gap, o no lo terminaste como siempre en tu vida, no terminaste tu puto pinche gap, como siempre en tu pinche vida te quieren poner en el pinche centro de atencion, de la pinche victima que eres, de un ser perdedor, cobarde, pendejo en pocas palabras.»
«Tu lo generaste» «Generar» es lograr o provocar que te pase algo, jamás oirás a un mexworkiano decir lo lograste, lo mereces, te esforzaste y llegaste a tu meta, no, solo te dirá lo generaste«.
En este nivel se mantiene el sistema de grupos chicos liderados por un integrante del staff, pero se incluye una nueva característica que funge como mecanismo de control: el buddy.
El buddy será la persona que sea tu compañero durante la etapa de este curso y uno es responsable de lo que pase con el otro. Si uno abandona Mexworks, el otro se tiene que ir. Te dicen que no es cualquier persona, que el universo quiso que esa persona fuera tu buddy, de la cual seguramente muchas cosas te molestan porque son un espejo de tu vida (o como se dice vulgarmente, lo que te choca te checa). Si te parece sangrón, es que seguramente algo hay de eso en tu persona.
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Los clásicos quiebres y los shocks aquí son una constante. Aquí nadie se salva. Mientras que en el Intro podías pasar desapercibido, aquí si no lloras, si no te tuerces sobre tus pesares, es que no estás haciendo bien tu trabajo. Aunque realmente es difícil que no lo hagas, ya que hay dinámicas que difícilmente te van a mantener tranquilo, como la clásica silla caliente que nunca falla.
Esta consiste en una dinámica en la que una persona se pone al centro de un círculo y es criticada duramente por quienes se encuentran en dicho círculo. Los que están en el círculo empiezan a lanzar críticas, muchas veces arbitrarias y sin sentido, pero al ser tan intensa la dinámica y al estar en un estado de sugestión, llega un momento en que te llegas a identificar con algunas de esas duras críticas y te desmoronas. Todos los participantes tienen que hacer ambos papeles: tanto sentarse al centro como criticar a quienes están en el centro.
https://www.youtube.com/watch?v=w1af-lwW7Dw
Además de estas dinámicas, existe otra que supone marcar una distancia entre tu «yo» de antes y tu «yo» posterior y que es la que define al EIP. Se trata básicamente de una puesta en escena que comienza en la calle (sí, hay que salir por los disfraces). La coach divide al grupo grande en unos grupos pequeños que en realidad no tienen que ver con los grupos que ya se habían formado, sino que la coach selecciona porque, de acuerdo a su juicio, los integrantes de cada grupo tienen algo en común: ya sea que piense que no hayan madurado, que tienen miedo al éxito etc. Hay que recordar que «el universo conspiró para que quienes son parte de cada grupo trabajen juntos». Cuando llegan en la noche, después de haber estado todo el día en la calle haciendo algunos retos y consiguiendo todo el material, cada grupo hace su puesta en escena. Al terminar, se hace una especie de ceremonia donde cada uno de los integrantes vive una suerte de transformación. Varios integrantes cargan al sujeto en cuestión mientras este yace acostado sobre sus brazos.
A partir de esta ceremonia todo el dolor acaba, todo es alegría, bailes, motivación. Has trascendido, ya eres otra persona. Ahí acaba el EIP, el júbilo es muy grande y la mayoría decide enrolarse al GAP.
GAP (Great Achievements Program)
En teoría, este nivel consiste en poner en práctica todo lo que aprendiste en los cursos. En la práctica, consiste más bien en ir a vender el curso a tus amigos y seres queridos, porque si no consigues los suficientes enrolados te bajas. O sea, te bajas de Mexworks y te bajas de tu vida. La jerarquización del curso por grupos persiste y aquí fungen como mecanismos de control para asegurarse que todos enrolen.
Esta etapa dura (o duraba cuando yo estuve ahí) tres meses. Naturalmente, me salí al segundo mes porque me pareció poco ético y un abuso. El GAP básicamente consiste ir un fin de semana de cada mes a seminario y los demás días debes de poner en práctica todo lo que aprendiste. Esos tres meses tu vida girará en torno a Mexworks, sin descanso.
La primera actividad del fin de semana es llamada «El grial». Básicamente, de acuerdo a tus miedos y a tu talón de Aquiles, el coach te asigna una actividad que tiene un carácter simbólico. Si, por ejemplo, tienes problemas para ligar, entonces debes ir a los antros y conseguir que 5 mujeres te escriban un poema. Si tienes miedo al éxito profesional, debes cambiar tu camisa con la de un indigente y ponerte a pedir limosna. Estas actividades ayudan más bien poco a combatir esos miedos y mucho a sentirte muy contento contigo mismo por cumplir con la misión. Es importante que la motivación esté a flor de piel a la hora de empezar con todas las actividades que harás durante cada mes.
Todo consiste en una carta compromiso que se determina con base en aquellas áreas que queremos mejorar en nuestras vidas. Argumentan que en tres meses una práctica se vuelve un hábito y por eso prometen que, llevando la carta compromiso a la práctica, todos tus hábitos van a cambiar. Dentro de la carta compromiso está el tema de los enrolados. Te debes comprometer a enrolar 5 personas mínimo durante los tres meses. Porque si tanto te ha servido el curso, sería una contradicción que fueras una persona «dadora y comprometida» y que no lo recomendaras, sería un acto de egoísmo ¿verdad?
En la práctica resulta que el tema de los enrolados es el que más importa y todos los otros compromisos no tanto. Varias personas que concluyeron el curso no terminaron todos sus compromisos, pero aún así los dejaron terminar con la condición de que se comprometieran consigo mismos a terminarlos después. Pero con los enrolados no sucede lo mismo. Si no enrolas, te bajas. Te bajas de Mexworks, y te bajas de tu vida.
Estos tres meses vivirás un estado de hiper-vigilancia con el fin de que enroles. Los 5 enrolados se dividen por meses: el primer mes debes enrolar una persona, el segundo dos, y los otros otros dos. Pero si cumples con tu cuota no terminó todo para ti, ahora te tienes que asegurar que los otros integrantes de tu grupo enrolen y te presionarán para que te pongas a chambear en ello. ¿Y si todos los de tu grupo chico enrolaron? Entonces hay que trabajar para que todos los que no han enrolado de los otros grupos lo hagan.
Al principio, el líder de tu grupo chico (que, de nuevo, es un miembro del staff) te estará llamando varias veces a la semana para preguntarte cómo vas con tu carta compromiso (sobre todo con los enrolados). Tienes también que juntarte cada semana con tu «grupo chico» para ver los progresos. Pero si comienza a pasar el tiempo y no has enrolado, entonces se crea una presión muy asfixiante hacia tu persona. El teléfono suena todos los días, a todas horas. Es posible que vayan a tu casa o incluso a tu trabajo para hacer que enroles.
Perla (Líder del grupo): Juan, ¿cómo vas con tus enrolados?
Juan: Fíjate que me está costando un poco de trabajo convencer a Pepe de que entre.
Perla: Lo que pasa, Juan, es que no estás lo suficientemente comprometido. Y cómo no estás lo suficientemente comprometido, no lo estás generando.
Juan: Pero sí quiero que entre Pepe.
Perla: Esas son tus excusas, sal de tu nerd. Es increíble que no quieras compartir una gran experiencia que ha cambiado tu vida con la gente que quieres. ¿Cuándo fue la última vez que fuiste egoísta con la gente que quieres? ¿Cuándo fue la última vez que decidiste no ser dador con la gente que sí se preocupa por ti? ¿Cuándo Juan? No importa que sean las tres de la mañana, no importa si no tiene dinero. Si lo quieres, encontrarás la forma de generarlo para que esté él ahí en el Intro.
Juan: Tienes razón Perla (dice al borde del llanto) voy a volver a hablarle, v voy a generar el enrolamiento.
Perla: Recuerda que Mexworks es tu vida. Todo en la vida es enrolamiento. Tienes que enrolar al jefe para que te dé un aumento de sueldo. Tienes que enrolar a tu novia para que acepte casarse contigo. ¡Todo es enrolamiento! ¡Genéralo!
Y aquí viene la parte donde yo decidí abandonar el curso, donde me di cuenta de lo que se trataba en realidad (gracias, también, a la ayuda de unos amigos). En la primer semana había enrolado a una persona de forma muy circunstancial. Esa persona, sin que yo hiciera un esfuerzo, me dijo que quería entrarle. Cuando entró, me dijeron que era poderoso, valiente, como si fuera el ejemplo a seguir ¡pero yo no hice nada chingados! A partir de ahí comenzó mi sospecha sobre el método del curso, comencé a investigar por Internet sobre este tipo de cursos de superación personal y ahí me di cuenta qué era en lo que me había metido.
En este punto, hay gente de afuera que te empieza a ver como lejano a la realidad, como si estuvieras enajenado. Algunas personas me dijeron ¿qué onda contigo, qué es eso, una secta? Seguramente no fui la única persona a quien le dijeron eso, pero yo sí los escuche. Recuerden que, a esas alturas, tú estás en otro nivel porque ya cursaste Mexworks y los otros «no lo han vivido», lo ignoran o, peor aún, no tienen las agallas para entrarle.
Como yo ya había enrolado, tenía que ayudar a otros a enrolar. A una compañera le faltaba un enrolado y la llevé con una amiga mía que quería entrar. No tenía que hacer casi nada para lograrlo pero ella estaba tan presionada que comenzó a llorar y mi amiga se asustó ¿un curso donde te hacen llorar para que enroles? Mejor no Álvaro.
La gente estaba dispuesta a hacer lo que fuera para enrolar, yo me sentí utilizado y simplemente dejé de hacer mi chamba. Tenía que enrolar a dos personas y sabía que si llegaba a la segunda sesión sin mis enrolados me iban a sacar. Pero ese era mi propósito, mi casa parecía central de urgencias porque llamaban sin parar, no podía descansar. Le tuve que decir a un amigo que me dejara quedar en su casa a dormir para que no me pudieran encontrar mientras comenzaba la sesión. Mandé una carta a mis compañeros comunicando mi decisión y se imaginarán la respuesta: «eres una víctima», «te estás bajando de tu vida».
Después de Mexworks
A pesar de que me salí, terminé por voluntad propia mi carta compromiso (excepto los enrolados, naturalmente). No fue una decisión fácil. De hecho, de todo el grupo, fui la única persona que se salió por voluntad propia. Todos los demás, o permanecieron, o los bajaron porque no alcanzaron a enrolar (y entraron al siguiente GAP). La sugestión, producto de todos los mecanismo de control, es lo suficientemente fuerte como para tener esa sensación de que lo podía todo, incluso dos meses después de haberme salido.
Cuando la gente termina Mexworks (lo cual no fue mi caso) se le invita a ser parte del staff o a tomar los niveles especiales como el Máster. Lo cierto es que esa emoción, esa que vende y enrola tanto, se disipa con el tiempo. A diferencia de una secta, estos cursos no requieren que estés ahí toda su vida, sino solo mientras les seas útil, y es posible que después de un año después de tomar el curso ya no te requieran.
Pero ¿qué es lo que pasa después? La gente regresa poco a poco a su vida normal, esa «actitud positiva» comienza a desaparecer y varias de las personas llegan a sufrir un bajón emocional que tratan de llenar con otras cosas, porque se genera un sentimiento de codependencia hacia el curso: vaya, necesitas alguien que te esté diciendo que «salgas de tu nerd» y no pongas excusas. Algunas personas entraron a programas parecidos como empresas multinivel y similares donde necesitan que alguien externo a ellos los motive o les diga qué tienen que hacer.
De la gente que conocí, la mayoría retomó los mismos vicios y comportamientos que tenía antes del curso. En realidad, ese «yo post-Mexworks» se fue apagando y regresó el yo original, ese al que Mexworks tanto vilipendió, el que nos vendieron como malo e indeseable. Como mencioné al principio, conocí alguna u otra persona que sí vio alguna mejora en su calidad de vida (aunque no al nivel que Mexworks lo vendía), pero la mayoría regresó a su vida normal de siempre. Hay otra minoría que sí pudo haber quedado afectada, como el caso del joven que se suicidó. Años después me di cuenta que el curso hizo poco con respecto a las expectativas que generaron y que se magnificaron con un sentimiento de éxtasis producto de las técnicas de sugestión.
Conclusión
El curso de Mexworks, a pesar de ser un curso que implica quiebres y una agitación emocional que se vive pocas veces en la vida de una persona, me parece que no cumple con la función para la que supuestamente se hizo: lograr grandes cambios en las vidas de las personas. Es un curso que tiene varios riesgos y que no es ético al influir en la psique de los individuos para obligarlos a enrolar gente.
Si una cosa me llegó a ayudar del curso fue conocer las historias de vida de la gente que estaba ahí. Tal vez eso me ayudó a empezarme a quejar menos de mis problemas y entender que hay gente que tenía más problemas que yo. Curiosamente, creo que el curso hizo un cambio más grande en mi vida que en algunos de los que sí terminaron, porque, debido a que salí asustado, me empecé a informar del tema, empecé a leer mucho y eso hizo que creciera mucho mi curiosidad intelectual. También me hizo valorar lo importante que es el criterio propio, el aprender a pensar y llegar a conclusiones por uno mismo en vez de «dejarse llevar sin cuestionar».
Pero sé que, así como a mí me pudo haber ayudado (mucho por los efectos colaterales y poco por el mérito del curso), yo no podría recomendar este tipo de cursos porque me parecen muy riesgosos y no son éticos, y menos puedo decir que estoy agradecido con ellos. Invertir esos $16,000 en terapias con un buen psicólogo puede ayudar de mucho mejor manera a generar cambios reales que un curso que te da «la sensación» de haberte transformado, cosa que, en la mayoría de los casos, no ocurrió.
¿Es una secta? Yo diría que no, en el sentido estricto de la palabra, porque no cumple con todas las características (no es una religión y no te exige permanecer para siempre, además de que el nivel de enajenación no es tan fuerte). Pero el curso sí tiene varios rasgos sectarios y que pueden constituir un riesgo para la psique de las personas que lo cursan. A continuación mencionaré algunos de las características de este curso que hacen que no sea una opción para considerarlo como una forma de desarrollo personal.
No se puede aplicar una misma receta a un conjunto de personas diferentes porque entonces se obtienen resultados diferentes: En Mexworks el individuo no existe. Los actos de individualismo son reprendidos y los actos grupales son premiados. Casi no toman en cuenta tus particularidades ni tu situación actual (con excepción de las dinámicas que les mencioné, cosa que se hace de forma muy arbitraria). Para todos aplican los quiebres, para todos son las mismas dinámicas. No importa si eres feliz, si tienes un trastorno de ansiedad, o si tu esposo se murió hace medio año. Una dinámica que a una persona pueda ayudarle a superar un problema a otro lo puede inducir al suicidio, y no existe dicha distinción.
No hay especialistas: En las sesiones no hay psicólogos, no hay gente preparada para hacer frente a eventualidades que pueden ir desde un ataque de pánico a un intento de suicidio. Dicho esto, nadie más que el coach sabe cómo funcionan las técnicas que se están aplicando.
Es la comida rápida de la superación personal: El desarrollo personal no es cuestión de una semana ni de tres meses, este dura bastante más tiempo, y eso se puede notar en el hecho de que la mayoría de los participantes regresó a su mundo habitual poco tiempo después de terminar el curso.
Orientado a utilidades y no a las personas: Cierto, un psicólogo también quiere ganar dinero y por eso cobra sus consultas (a veces no muy baratas), pero todos ellos se guían por una ética profesional que en Mexworks no existe (porque no son psicólogos, para empezar) y los psicólogos lo son porque pues, estudiaron psicología porque tenían interés en ayudar a las demás personas. Pero es obvio que la motivación de Mexworks (y en ese sentido están creadas sus dinámicas) es hacer dinero. La integridad y el bienestar de las personas es más bien secundario.
Los riesgos de la irrealidad: Otro problema es que en ese estado de éxtasis al que se te sugestiona, ese estar positivo (recordemos que el estar positivo es un sesgo cognitivo) puede orillarte a tomar decisiones irracionales. Como sientes que lo puedes todo, es posible que te comprometas a hacer cosas que no puedes lograr, que adquieras deudas, que incluso termines lastimando relaciones personales.
Los rasgos sectarios: Manipular a la gente y utilizarla como medio para obtener un fin (vaya, se nota que no han leído a Kant) es algo despreciable y poco ético. Los mecanismos de control y sugestión no pueden ser éticos si no se le dice al individuo qué, por qué y para qué se van a llevar a cabo.
Para concluir, seguramente alguno se preguntará ¿qué hacer si un amigo mío entró y está enajenado? Yo me enfrenté a ese dilema en ese momento e incluso acudí con un psicólogo para que me asesorara. La respuesta es: no tiene sentido que trates de convencerlos, fija tu postura para que la conozcan bien pero no les insistas una y otra vez porque lo único que vas a lograr es lastimar la relación. Tarde o temprano, el efecto pasará y retomarán sus vidas normales. Tan sólo mantente atento en su integridad personal, que estén bien. La paciencia será tu amiga.
Esta es toda mi experiencia, espero que les ayude a conocer un poco más de estos cursos que se han vuelto una moda y que, al mismo tiempo, han generado tanta polémica.
En México hay muchos pobres. Aproximadamente la mitad de la población se encuentra en algún nivel de pobreza.
Varios de ellos habitan en las ciudades. Es difícil no ver a alguna persona en condición de pobreza cuando salimos a la calle. Ahí están afuera bajo el sol tratando de ganarse la vida de la forma que sea.
Pero a pesar de que son tantos, a veces nos parecen muy ajenos a nosotros, que somos una minoría, y que tuvimos el privilegio de tener los suficientes recursos para tener una calidad de vida cuando menos aceptable. Cosa que ellos no tienen.
Tal vez no nos guste ver a muchos en la pobreza, tal vez pensemos que podemos ser ajenos porque muchos deducimos que no tenemos la culpa: nosotros no robamos ni hacemos nada malo como para perpetuar la pobreza. Aunque la omisión y la apatía también cuenta.
Nos han enseñado a ver a los pobres con lástima y compasión, al punto en que algunos de ellos echan mano de estos recursos para obtener algo (dinero, comida) porque básicamente funciona.
También nos han enseñado que el asistencialismo y la caridad ramplona son las únicas formas en que podemos ayudar al pobre. No es que no sirva de absolutamente nada darle comida o unas monedas al que lo necesita, pero eso solo resuelve sus necesidades inmediatas. Horas después de que se haya alimentado, el individuo necesitará que alguien más le de otra cosa, para lo cual tendrá que seguir poniendo en riesgo su integridad al colocar gasolina en su boca para hacer un show en el semáforo rojo.
Muchas de las personas que dieron algo creen o sienten que ya hicieron lo que podían hacer para ayudarlos, ya se sienten contentas consigo mismas o con «el de arriba». Seguramente varias de ellas son bienintencionadas, pero solo es un paliativo, no combate el problema, el pobre seguirá siendo pobre.
Pero la forma en que los individuos ayudamos implica que vemos al pobre como ajeno, que vive en una realidad y en mundo distinto al nuestro. Más que pensar en él como un individuo valioso que merecería al menos tener una mejor suerte, lo vemos con lástima y conmiseración, como pensando en nuestro fuero interno que lo ayudamos porque nosotros no quisiéramos vivir así: ¡qué bueno que no tuve la mala fortuna de ser como él!
Esta idea del pobre como algo muy ajeno, como aquel al que solo se le puede ayudar con paliativos, es lo que derivó en la campaña de Hershey’s llamada #HacerElBienSabeBien. Hablamos de que se puede tener una buena intención y que por lo tanto no podemos criticar moralmente porque al menos tuvieron «la intención de hacer algo bueno», pero no creo que este haya sido el caso.
Primero, me sorprende que una empresa de talla internacional crea que hacer el bien es ir con un pobre a regalarle productos de Hershey’s. Utilizar a la gente pobre como instrumento publicitario (porque no es otra cosa más que esa) no tiene madre. Podría argumentarse que «no tuvieron la intención» o que «no lo vieron de esa forma», pero en ese caso refleja una terrible falta de sensibilidad.
Segúndo, peor aún fue cómo se llevó a cabo la campaña, en la cual «influencers» fueron los que se dieron a la tarea de «ayudar». Ya no solo fueron los publicistas contratados por Hershey’s los que usaron a los pobres como un recurso publicitario; fueron los mismos influencers quienes presumieron en sus redes sociales haber hecho un acto caritativo.
¿Qué costo tiene para los influencers hacer ese acto? Ninguno, en el mejor de los casos el costo del chocolate o del choco milk (esto si es que Hershey’s no se los proporcionó) Pero el costo es mucho menor al beneficio (o bueno, a lo que los influencers pensaron que sería el beneficio): que sus seguidores vieran su «lado humano» ayudando a la gente pobre.
La verdad es que probablemente no les importe nada. Seguramente, después de tomarse la foto, estuvieron más al tanto de los likes que obtenían que de otra cosa.
«No ma!!! Si a huevo, que los influencers se retraten con un pobre y suban la foto a instagram con el hashtag #Hacerelbiensabebien con eso ganaremos un 1% de participación» pic.twitter.com/y5IHV6uVuz
Y esto pasa porque la pobreza es ajena al individuo. Solo le sirve al influencer para presumir que ayuda, solo le sirve al político para que voten por él y abrazarse con ellos para el espectacular que se colocará en la avenida, solo le sirve a la empresa para aumentar sus ventas.
Hershey’s asumió su error y envió un comunicado pidiendo una disculpa, lo cual ciertamente debe reconocerse porque muchas empresas ni disculpas piden e inventan pretextos para no asumir los errores.
Pero el trasfondo es lo que importa, que la gente pobre nos parece muy ajena, que solo se le puede ayudar regalándoles cosas siendo son parte de un país cuyas estructuras les dan muy pocas posibilidades de abandonar su condición, donde el color de piel tiene, de acuerdo a la INEGI, una estrecha relación con el poder adquisitivo. Tal vez de aquí deberíamos partir si queremos ayudarles para que su vida mejore. Ayudar es algo que requiere esfuerzo y sacrificio por parte de quien ayuda; cuando eso no existe, cuando regalar el sandwich que sobró o los 5 pesos que no pesan nada es el máximo «estiramiento» que podemos hacer como humanos, es porque tenemos una gran falta de sensibilidad.
Tal vez todos tenemos un poquito de ese egoísmo que quedó palpado en la publicidad de Hershey’s.
El actor y director Odin Dupeyron se convirtió en mi héroe cuando, en un programa de televisión, acuñó el término «pensamiento mágico-pendejo». Logró englobar en un solo término toda una cultura (si es que se le pudiera llamar así) que invade a nuestra sociedad, una cultura de la autoayuda que se caracteriza por ser frívola, falaz y superficial, que genera muchas ventas pero que apacigua a pocas almas atormentadas.
Esta cultura del pensamiento mágico-pendejo se manifiesta de muchas formas pero tiene algunas constantes: la primera es que apela a las emociones del individuo; busca motivarlo, busca hacerlo sentir bien, que crea que sí puede, que siente que se empodera, que cuando termine el libro de Kiyosaki o concluya el seminario de Deepak Chopra salga a la calle motivado a partírsela. Pero una emoción es eso, una emoción, y tiene fecha de caducidad. Las emociones duran poco, el sujeto no puede estar en éxtasis por un largo periodo de tiempo, de lo contrario terminaría agotado (porque la emoción implica un gasto de energía). Un estado de éxtasis donde el sujeto cree que lo puede todo también lo puede orillar a cometer actos irracionales, ya que en realidad no lo puede todo.
La segunda es que se trata de una filosofía muy superficial. No tienes que entender mucho, no tienes que pensar, vaya. En esta cultura las estrategias y hojas de ruta suelen brillar por su ausencia y, cuando existen, quedan supeditadas a las emociones, al sentimiento de que uno lo puede todo, que basta con cambiar la actitud, con enfocarse, con centrar la atención. Así, la gente no se tiene que preocupar por cultivarse, por tratar de entender cómo funciona el mundo. Lo importante es dejarse llevar, abrirse, no cuestionar (porque dentro de la racionalización, dicen algunos, se podría esconder una suerte de pesimismo), vivirlo. Lo importante no es planear la hoja de ruta para llegar al destino sino jugar con las emociones internas. ¿No estás feliz? ¡cambia el chip! ¡sonríe!
Por medio de la emoción y la motivación, el individuo siente que el método sí le está sirviendo. Esa es una de las razones de su éxito económico aunque sirva más bien para poco. No puedo negar que es grato ese sentimiento de poderte «comer al mundo», pero una cosa es sentir que lo puedes hacer y otra cosa es hacerlo.
Este pensamiento mágico-pendejo es fácil de desmontar: es un pensamiento pseudocientífico que puede tener un carácter materialista, o bien, puede apelar a algunas cuestiones espirituales pero deformadas de tal forma que encajen del producto que se desea vender.
1.- La actitud positiva es bonita, pero es un sesgo cognitivo
Hace unas semanas escribí sobre el mito del vaso medio lleno y el vaso medio vacío, donde explicaba que un vaso a la mitad percibido de una de estas dos formas es un sesgo cognitivo ya que no se apega a la realidad.
El mito de la actitud positiva es una constante dentro de la cultura del pensamiento mágico pendejo, pero ésta es tan solo una distorsión de la realidad. Pero ¿qué es la actitud positiva?
Tomemos como referencia a dos personas que tienen el reto de cortejar a una mujer. Juan se siente inseguro y tiene miedo, se la piensa dos veces. Pedro, en tanto, se siente fascinado con la idea. Pero ¿es una cuestión de actitud? Yo lo pondría seriamente en duda. La inseguridad como tal (y como nos lo han querido vender) no es un defecto, tiene una función muy clara dentro de nuestra psique y dentro de la adaptabilidad del individuo al entorno.
Juan no se la piensa dos veces porque tenga una «actitud negativa», sino porque no tiene las habilidades suficientes para sentirse seguro a la hora de abordar a una persona del sexo opuesto y tiene que ser precavido: dichas habilidades solo se pueden adquirir con la experiencia. En todo caso, tendríamos que hablar de proactividad: es decir, que Juan, a pesar de su natural inseguridad, va, lo intenta, se enfrenta a sus miedos, asume la posibilidad de fracasar y sabe que es parte del proceso. Al final, el fracaso es una experiencia, y el fracaso juega un papel determinante a la hora de construir las habilidades que Juan necesita para abordar a una mujer. Si Juan se mentaliza y piensa que va a tener éxito nada más está sesgando la realidad y es posible que, en dado caso de que fracase, ante las altas expectativas que se hizo, se frustre. En cambio, si él piensa que necesita adquirir la experiencia entonces asumirá el fracaso con más naturalidad. No asumirá el fracaso como una derrota o una vergüenza, sino como parte de la experiencia necesaria.
A mi padre pobre nunca se le ocurrió vender un libro que se llamara Padre Rico Padre Pobre, y por eso es pobre – Robert Kiyosaki
A Pedro se le ve muy relajado, pero no es su «chip mental» lo que hace que se le facilite el trabajo. Lo que sucede es que él ya tiene experiencia abordando mujeres. Pedro, en algún momento de su vida, estuvo en el lugar en el que Juan estuvo, pero fue adquiriendo la experiencia de forma progresiva hasta el punto en que ya le parece un mero trámite.
Pero en la era de la inmediatez y la poca tolerancia a la frustración hablar de «actitud positiva» se vende más fácil que la idea de que el individuo requiere adquirir habilidades y para lo cual se necesita tiempo. Dichas habilidades solo llegan afrontando el fracaso y desarrollando un autoconocimiento personal que tiene que irse trabajando como un músculo (y que, en algunos casos, necesitará apoyarse en alguna terapia psicológica, o incluso en la medicación en dado caso que algún trastorno aqueje al individuo).
Con esto no pretendo negar la necesidad de automotivación, de visualizar las cosas buenas que se podrían esperar si se intenta para que sirva como motor que motive al individuo. Pero se tiene que hacer con base en la realidad, que el individuo sepa que no necesariamente va a obtener lo que desea a la primera; debe saber que es probable que fracase y, que si lo hace, no tiene nada de malo. Por el contrario, habrá adquirido más experiencia.
2.- La falacia del «sé tú mismo».
Este concepto va muy en sintonía con el primero. El «sé tú mismo» implica que, basta con una actitud positiva, con suprimir los miedos y las inseguridades (lo cual es técnicamente imposible) para mostrar esa «personalidad natural» que agradará a todo mundo y que logrará que obtengas lo que quieras. Pareciera asumirse que todos tenemos una personalidad innata (una suerte de Brad Pitt en potencia) que está oculta tras los miedos, los complejos y la actitud negativa del individuo.
Pero la personalidad no es innata. El único rasgo que incide en la personalidad y es innato (tiene orígenes genéticos) es el temperamento, todo lo demás es una construcción. El individuo construye su personalidad con el tiempo, ésta se moldea y se desarrolla con la experiencia, la educación recibida y las vivencias. Dicho esto, el «tú mismo» de una persona insegura y timorata no es ese «Brad Pitt en potencia» sino aquella persona insegura y timorata como tal.
Los planetas no se alinearon, pero sí se alineó el dinero en mi cuenta bancaria – Paulo Coelho
El sé tú mismo funciona porque, de nuevo, implica que basta la mentalidad y la actitud para obtener resultados diferentes. El pensamiento mágico-pendejo tiende a rechazar los sentimientos negativos como el miedo o la frustración ya que, dicen, no dejan que ese sé tú mismo en potencia se manifieste. Pero esos sentimientos no son una enfermedad, tienen una función, y hay que asumirlos y entenderlos para poder autoconocerse. De lo contrario, se caería en el riesgo de terminar siendo presa de ellos (lo cual sí es un problema).
La realidad es que tú eres tú mismo, incluso las «máscaras» y la forma en que te adaptas a cada entorno social hablan de quien eres tú mismo, la forma en que ocultas algunos rasgos de tu personalidad para poder adaptarte a cierto entorno también hablan de quién eres (hasta la gente de la que decimos que es más auténtica lo hace). En este sentido, una persona auténtica no es más que una persona que ha desarrollado las habilidades necesarias para desenvolverse en diversas circunstancias.
3.- ¿En verdad eres único, especial y la vida tiene un tesoro para ti?
Esto lo he escuchado y leído un millón de veces dentro de la cultura del pensamiento mágico-pendejo. Pero veamos.
¿Eres único? Bueno, técnicamente eres único e irrepetible porque no hay algún ser humano que sea exactamente igual al otro. Pero eres único e irrepetible en un mundo donde hay más de seis billones de personas únicas e irrepetibles cuyas conductas y formas de pensar no suelen ser «únicas e irrepetibles» sino que están condicionadas por el entorno y la cultura donde se encuentran.
¿Eres especial? Si un libro de autoayuda le dice a todos sus lectores que son especiales está mintiendo. Ser especial implica ser parte de una minoría que sobresale de cualquier forma de los demás, y estadísticamente, lo más probable es que no lo seas. Además, el concepto puede ser relativo. Seguramente eres especial para tu novia o para tu mejor amigo, pero para muchas otras personas eres una persona irrelevante, incluso algunos te visualizan como un número o una estadística.
Si lo deseas se te dará, pero solo la mitad. Para la otra mitad necesitas comprar la versión premium – El Secreto.
¿La vida tiene un tesoro para ti? Primero tenemos que definir qué es la vida. La forma más fácil de definirla tal vez sea la existencia, es decir, el tiempo que pasa entre que un individuo nace y muere; esa es su vida, y todo lo que se narre sobre su vida ocurre en ese lapso. La vida vista así, es una suerte de manifestación que está dada gracias a procesos físicos y químicos adscritos a las leyes de la física (o la existencia de un alma, desde un punto de vista religioso). La vida es una manifestación, no es un ente, no tiene una esencia (quien la tiene es el ser vivo). La vida no existe, la vida es el acto de existir, por tanto la vida como tal no tiene consciencia y, por tanto, la vida no puede «tenerte ningún tesoro».
¿Y cómo sabes que tiene un tesoro para ti? A muchas personas les va mal, algunos mueren de cáncer, otros viven en la pobreza extrema, a otros los mandan a la guerra y son asesinados. ¿Qué tesoro tenía para ellos? ¿Por qué crees que tú eres lo suficientemente especial como para que la vida te tenga algo? ¿No será que eso que llamas tesoro no es algo que se busca sino algo que se construye a través del esfuerzo, la disciplina y el autoconocimiento?
4.- Los decretos y los secretos
La ley de la atracción es otro de los mitos del pensamiento mágico-pendejo, dice que si deseas algo realmente se te dará, que si tienes pensamientos «positivos» atraerás cosas positivas y si tienes pensamientos «negativos» atraerás cosas negativas.
Empiezo por lo primero: ciertamente, es más probable que obtengas algo si lo deseas que si no lo deseas, pero no es algo que ocurra de forma mágica como asegura la ley de la atracción. Es tan simple: si deseas algo, es más probable que inviertas un mayor esfuerzo para alcanzarlo que si no lo deseas (porque entonces no te importa). Pero la ley de la atracción sugiere que te enfoques, que lo desees con todo para que se te dé. Pero eso es a todas luces insuficiente. No basta con desearlo, es necesaria una gran dosis de esfuerzo, disciplina, y una estrategia adecuada para llegar al objetivo.
Lo segundo es algo ambiguo. Para empezar ¿qué es un pensamiento positivo y un pensamiento negativo? Como dijimos, ambos son sesgos cognitivos. Más bien diferenciemos entre aquellos que tienen confianza en obtener algo y aquellos que no tienen confianza en obtenerlo. Recordemos que, como mencioné allá arriba, la confianza personal está determinada por las habilidades y el autoconocimiento. Naturalmente, una persona con poca confianza va a atraer menos cosas, pero no es algo mágico ni metafísico, sino de una sencilla lógica, porque quien tiene menos habilidades puede hacer menos cosas, y generalmente la gente más atractiva suele ser la quien demuestra una mayor capacidad y autoconocimiento. Volvemos al mismo punto, no se trata de ser positivo o negativo, se trata de desarrollarme como ser humano, desarrollar las habilidades que necesito y conocerme a mí mismo.
Pero la ley de la atracción no lo vende así, sino como una suerte de fenómeno metafísico (en el sentido charlatán de la palabra) en el cual los pensamientos son energías que se rebelan ante las leyes de la física. Por ejemplo, en el partido de México del Mundial de Futbol, un sujeto dijo: «chale, creo que nos van a empatar, no, mejor cállate, estás decretando cosas». Ea realidad los únicos que pueden verse afectados por los pensamientos son los propios futbolistas. Si tienen poca confianza de que van a ganar el partido, posiblemente eso se vea reflejado en el marcador porque esa poca confianza terminará afectando su desempeño, si son «muy positivos» entonces corren el riesgo de caer en el exceso de confianza y obtengan resultados similares. Pero lo que piense el aficionado que está frente al televisor en el otro lado del mundo naturalmente no va a tener alguna incidencia. Esta teoría suele estar tan arraigada que cuando coincide lo que el sujeto pensó a lo que ocurrió, dirá que estaba en lo cierto, pero no es nada más que un sesgo de profecía autocumplida.
5.- La ley de la causalidad
Otra falacia del pensamiento mágico-pendejo, y que considero muy nocivo para la psique, es que todo lo que nos ocurre es producto de nosotros, las circunstancias y la suerte son para los perdedores. La realidad es que las circunstancias y la suerte, en cierta medida, sí juegan un papel.
La ley de la causalidad vende porque al individuo se le cuenta la idea de que es todopoderoso, que él tiene el control absoluto de las cosas. En realidad, estamos hablando de otro sesgo cognitivo llamado la teoría del mundo justo. El individuo, al creer tener el control de todo, piensa que quien hace las cosas bien y se comporta como debe hacerlo atraerá cosas buenas, en tanto quien se porta mal y quien no sigue las reglas atraerá cosas malas. Por eso es que las personas que creen en esta ley suelen repetir hasta el cansancio que el pobre es pobre porque quiere (porque asume erróneamente que todos los pobres son flojos).
Pero, como dije en un artículo anterior, a las personas buenas les puede ocurrir cosas malas y a las personas malas les puede ocurrir cosas buenas. No todo lo malo que te pasa es tu culpa porque la realidad es que no siempre tienes el control de todas las variables que están en juego. Se puede ser excelente, mas no perfecto.
Este pensamiento también niega el fracaso como motor de crecimiento. Imagina que le decimos a Juan (nuestro amigo que es malo para abordar a una mujer) que lo batearon «por su culpa». Se va a sentir muy frustrado y posiblemente piense que es un imbécil. Pero si el entiende que el fracaso es un aprendizaje, que aunque sea Brad Pitt no todas las mujeres van a aceptar salir con él, entonces afrontará el fracaso de una forma más productiva.
6.- La misma gata de Schrödinger pero revolcada
Otra de las prácticas comunes del pensamiento mágico-pendejo es su proclividad por usar a la ciencia, la filosofía y demás ramas del pensamiento de tal forma que termina creando una charlatanería. La física cuántica es un gran ejemplo de ello:
La física cuántica les funciona porque, como opera de una forma muy diferente a las leyes de la física tradicional a las que estamos acostumbrados, suele causar cierto asombro y misterio. Debido a este halo misterioso es que el pensamiento mágico-pendejo saca provecho y la malinterpreta para fundamentar la ley de la atracción.
Por otro lado, el pensamiento mágico-pendejo a veces muestra una faceta cuasi-religiosa. Si interpretamos los textos bíblicos de forma literal, la gran mayoría vamos a deducir que mucho de lo que se dice ahí es falso, pero si la interpretamos de forma metafórica podremos ver que dentro de ella hay toda una filosofía que contiene principios y valores que rigen la vida de muchos creyentes (y, de forma indirecta, de muchos no creyentes ya que gran parte del pensamiento occidental tiene raíces cristianas). Pareciera que el pensamiento mágico-pendejo intentara hacer algo parecido cuando dice «si lo deseas, los planetas se van a alinear y el universo va a conspirar para que ocurra». Pero, a diferencia de las religiones, el pensamiento mágico-pendejo carece de contenido y no tiene sustancia alguna, no tiene ni una enseñanza ni un principio dentro de sus metáforas (y si es que lo son, porque veo que muchas veces se interpretan literalmente o se enseñan así). Tan sólo son un producto de consumo disfrazados de una supuesta filosofía que no tiene fondo pero que le ha permitido a Paulo Coelho vender muchos libros.
Conclusión
El pensamiento mágico-pendejo no sólo es estéril, también puede llegar a ser nocivo porque está planteado sobre una base falaz (y estás tirando tu dinero). Al final, es un producto de consumo que vende bien porque no implica mucho esfuerzo absorberlo y porque es muy fácil de entender.
El pensamiento mágico-pendejo poco te hablará del autoconocimiento, del esfuerzo, de la disciplina y del desarrollo de una estrategia, porque esos términos no venden mucho y pueden tener una connotación negativa como herramienta de ventas. Los creyentes de esta cultura seguramente dirán que soy «negativo», pero nada más fuera de la realidad. Si denuncio estas corrientes de pensamiento es para que la gente sepa que hay otras formas mucho más eficientes para que logren tener una vida plena, pero cuestan más trabajo. Siento decir que la vida no es fácil (aunque en eso reside su atractivo, ya que si fuera fácil sería indudablemente aburrida). Para conocerse a sí mismo y adquirir las herramientas necesarias se necesita esfuerzo y paciencia (porque no se obtienen al instante), es necesario cultivarse intelectualmente (también implica esfuerzo y tiempo) y razonar. La humildad es necesaria para asumirse como un ser humano imperfecto y que no siempre vamos a tener lo que queremos. Incluso para quienes son religiosos, las religiones, bien profesadas, son mucho más útiles que esta cultura light de consumo para tener una mejor calidad de vida a través de la espiritualidad.
Esto no implica que toda la autoayuda sea mala, ni que todos los seminarios lo sean, pero sí es mucha la literatura que vende humo. Hace no mucho, aquí recomendé una lista de libros de autoayuda que considero sí valen la pena.
Cuando te hablen de Paulo Coelho, Robert Kiyosaki, Deepak Chopra, y «gurús» similares, huye. Tal vez no sea el más indicado para decirte como tener una vida plena ya que no soy psicólogo ni especialista. Lo que sé, por experiencia propia de vida, es que todo lo valioso cuesta, cuesta tropezarse varias veces, frustrarse, cuesta abrir la mente, confrontar las ideas propias y la forma de pensar. Por eso es valioso, porque no es gratis, porque es producto de un increíble esfuerzo, y eso ningún gurú de la autoayuda te lo va a dar.
Si eres hombre, imagina que tu hija, tu mejor amiga, tu novia o una mujer a quien quieras mucho viaja sola a otro país. Pronto te enteras que ella fue asesinada por unas personas que trataron de asaltarla.
Te encuentras completamente devastado como es de esperarse si eres una persona que no tiene rasgos psicópatas, accedes a tus redes sociales y, en vez de encontrarte con apoyos y gente que, como tú, clama por justicia, te encuentras a una horda de usuarios diciendo que «fue su culpa porque viajó sola» ¿qué es lo que sentirías? No se sentiría bonito ¿verdad? No sólo por tu estado emocional, sino porque por la memoria de ese ser querido que ya no está.
Bueno, eso es lo que pasó con María Trinidad Mathus Tenorio, mexicana que fue asesinada por dos asaltantes en Costa Rica. Muchas de las respuestas decían que: ¿Por qué viaja sola?”, “Es como ir al Polo Sur sin suéter”, “¿Quién la manda a ir sola a un país así?”
¿Qué es lo que tiene que pasar en una cabeza para que sus prejuicios tomen más importancia que la vida de un individuo y la solidaridad que podría tenerse hacia ella y sus cercanos? Algunas de las respuestas cayeron en la ingenuidad, como aquellas que decían que «para qué se mete al infierno, debió tener más cuidado» (aunque, que recuerde, los índices de criminalidad en Costa Rica son considerablemente más bajos que en México) y otras sí tuvieron una connotación abiertamente sexista.
Pero el sexismo no es la única respuesta a estas actitudes, aunque sí está ligado de alguna u otra forma: una mujer es débil, al ser débil tiene que ser cuidada por un hombre, ergo, no puede viajar sola. En realidad este tipo de prejuicios tienen más bien que ver con un sesgo cognitivo llamado la «teoría del mundo justo«.
Esta es una forma de sesgo donde el individuo llega a pensar que a la gente buena le pasan cosas buenas y a la gente mala le pasan cosas malas. Como buenas o malas no solo se me refiero a la calidad moral de las personas, sino también a la gente que, supuestamente, actúa de buena o prudente manera o es irresponsable. Dicho esto, mediante este sesgo la gente piensa que si es buena, que si es responsable y hace todo de forma correcta, nunca le va a pasar nada malo. A María Trinidad, bajo este sesgo, la mataron porque fue irresponsable a la hora de irse a viajar sola. Y naturalmente dicho sesgo combina con el prejuicio a las mujeres: la mujer no puede irse sola porque es débil y desvalida.
Este sesgo es una forma de protección psicológica. Es una forma de protección a la autoestima porque el individuo así creerá que las cosas buenas que le pasan están bajo su control y, por lo tanto, él tiene mérito sobre éstas: a mí no me asesinaron porque yo no viajé sola. Así, el sujeto piensa que cada quien tiene exactamente lo que se merece: frases como «el pobre es pobre porque quiere» también son producto de este sesgo, o también las personas que recriminan a Dios o un ser superior su sufrimiento porque son buenas personas. El que tiene ese sesgo así se siente mentalmente protegido de sufrir lo que sufren los pobres o de un asesinato como el que sufrió María Trinidad, pero eso es tan solo una falsa ilusión.
La realidad es que a las personas buenas les pueden llegar cosas malas y a las personas malas les puede llegar a pasar cosas buenas. Un hombre que va de viaje (quien supuestamente es más fuerte) puede ser asaltado y privado de su vida casi con la misma facilidad si el asaltante tiene un arma. Una persona rica puede comportarse como si qusiera ser pobre y podrá seguir ostentando cierto bienestar económico mientras que un pobre podrá esforzarse mucho y no abandonar su pobreza ya que el entorno no lo permite o porque no tiene los conocimientos suficientes para llevar a cabo una estrategia que lo pueda sacar de la pobreza.
Asumir que la víctima es su propio victimario es un sinsentido. Nadie en su sano juicio quisiera que se atentara contra su integridad personal. El victimario es siempre quien atenta contra la víctima: el que robó, el que mató, el que abusó. Aunque la víctima no haya tomado las debidas precauciones por reducir la posibilidad que se eso ocurra (por ejemplo, que decida irse por la calle oscura), aunque haya sido imprudente, nunca será la persona culpable sino quien haya tomado la decisión de atentar contra ella.
Decirle a una mujer que su asesinato fue su culpa no sólo es una muestra de sexismo, es un acto insensible, ya no tanto por la víctima, sino por las personas que la rodean y que sufren su muerte.
Imagina que un día decides ir con tu novio o novia, esposa, familia o tus amigos al nuevo centro comercial que tiene varias tiendas de lujo que venden ropa por miles de pesos, que presume una arquitectura moderna diseñada por un arquitecto reconocido, que tiene fuentes de agua, donde la gente acude para comprar la ropa que van a presumir en algún evento social.
Puedes pensar muchas cosas, pero lo último que se te vendría a la mente es que ese complejo se vaya a caer.
Y se cayó. Parte de uno de los edificios que componen la Plaza Arts Pedregal, que iba a ser una suerte de Antara al sur de la Ciudad de México desarrollada por el arquitecto Javier Sordo Madaleno y cuyos cálculos estructurales estuvieron a cargo de Grupo Rioboo (el que había recibido licitaciones directas durante la jefatura de gobierno de AMLO), se vino abajo pocos meses de haberse construido. No era la primera vez que eso ocurría, la construcción ya tenía varias demandas e incluso sufrió un derrumbe durante su construcción por una fuga de agua.
Afortunadamente nadie pereció en el incidente, pero cosa distinta habría sido si en ese momento el centro comercial hubiera estado abarrotado de gente, hablaríamos de una tragedia. Y la indignación se hace más grande si tomamos como antecedente el sismo del año pasado, que se caracterizó por el desplome de algunos edificios relativamente nuevos cuya estructura no había sido bien diseñada.
A espera de que se de una explicación concreta de las causas del derrumbe, es importante hablar sobre la corrupción y la voracidad inmobiliaria que se ha convertido en una constante en este país, donde obtener la mayor cantidad de dinero, independientemente del impacto negativo en el entorno o los riesgos que una obra pueda representar, parece ser la única prioridad.
Muchos de los desarrollos que se levantan en nuestro país se presumen como de primer mundo, presumen tecnologías en la construcción, incluso algunos emulan o intentan emular ciertas edificaciones de países desarrollados. En muchos casos tienen nombres en inglés para vender status, tienen espacios amplios, wi-fi gratis o vistas privilegiadas. Pero estos desarrollos terminan siendo una suerte de burbuja donde el «primer mundo» termina donde comienza la banqueta (si es que esta existe). Gracias a la corrupción y a la displicencia de las autoridades, o a unos planes parciales que no tienen mucho sentido, muchos de estos desarrollos no se integran adecuadamente al entorno donde se encuentran.
Así, vemos edificios de lujo donde no hay banquetas, lujosos centros comerciales a los cuales es casi imposible llegar en transporte público, edificios amontonados que no permiten el paso de la luz porque lo importante era que el desarrollo cupiera sí o sí en el terreno, desarrollos ecológicos que lo que menos tienen es sentido alguno de la ecología.
El caso de Plaza Arts Pedregal fue más allá, porque en los casos anteriores la corrupción y la falta de sensibilidad terminaba en la puerta de la entrada del edificio. Acá se metió y derrumbó parte del propio complejo. Alguien hizo algo mal, ya sea que hayan sido quienes hicieron el diseño del proyecto, quien lo ejecutó o quienes hicieron los cálculos: posiblemente los peritajes lo lleguen a resolver. Pero el mensaje para muchos es claro: en ningún lugar nos podemos sentir completamente a salvo. Este no fue el primer caso, ocurrió también con Galerías Coapa, el Centro Comercial donde dos personas perecieron a causa de los derrumbes ocasionados por el sismo y el cual «están parchando» para rehabilitarlo a pesar de las muy probables fallas estructurales. Ocurrió también en Guadalajara donde, a raíz de los permisos dados de forma cuestionable y la poca vigilancia, Plaza Patria sufrió una fuerte inundación producto de la ampliación del centro comercial y que ocasionó la pérdida de numerosos autos y donde, afortunadamente, nadie perdió la vida.
La voracidad y la falta de sensibilidad con el entorno es un gran problema a todos los niveles que van desde las casas de interés social que son casi inhabitables y poco dignas hasta los desarrollos de lujo que suelen ser muy excluyentes (sobre todo si los comparamos con sus símiles de los países de primer mundo), donde lo único que importa es generar dinero a como dé lugar y donde no importa generar ciudades más vivibles e integradas; donde no importa afectar la vida «allá afuera» con tal de mejorar la vida «allá adentro» (y en el mejor de los casos).
El derrumbe de Plaza Arts Pedregal es tan sólo la punta del iceberg inmobiliario de nuestro país, donde cualquier cosa se vale, donde se puede amontonar lo que sea con tal de vender, donde no importan los riesgos o los demás. Fue un aviso, uno muy claro.
Las etiquetas (esas de las que tanto nos quejamos pero que tanto usamos) juegan un papel importante dentro de la psique humana ya que fungen como una suerte de atajos mentales que nos son útiles ya que la racionalización, si bien es mucho más precisa, suele ser más bien lenta y poco útil cuando se debe hacer un juicio o tomar una decisión donde el tiempo no es lo que sobra.
Pongo un ejemplo: imagina que vas caminando por la calle en un barrio peligroso y, al frente de ti, caminan unos “cholos” que están tatuados, tienen aretes y camisas sin mangas que presumen unos músculos fornidos. Es imposible determinar si estos cholos en específico pueden representar un riesgo para tu integridad ya que no sabes si se dedican a proteger a su comunidad de delincuentes, o bien, ellos son delincuentes. Es imposible hacer un juicio específico de estos cholos porque no sabes quienes son, ni su historia de vida y saberlo te llevaría mucho más tiempo que el que necesites para tomar una decisión acertada. Aquí es cuando las generalizaciones o etiquetas funcionan: tú piensas que los cholos generalmente son personas violentas que ponen en riesgo tu integridad porque así lo has aprendido en tu cultura, por experiencia personal o por los medios de comunicación, y entonces decides cruzar la banqueta para no pasar donde ellos están. Aunque no puedes estar seguro si esas personas representan un riesgo en realidad, es evidente que la decisión mas sensata es evadirlos “por si llegaran a ser violentos”. Es una decisión que lleva muy pocos segundos y donde el inconsciente juega un papel muy importante (a veces al punto en que no siempre sabes a nivel consciente por qué tomaste esa decisión), por eso es que la reacción parece tener un carácter instintivo.
Pero si bien las etiquetas suelen ser atajos mentales que en ciertas circunstancias nos pueden ayudar, también son proclives a contener prejuicios irracionales, algunos de los cuales pueden terminar afectando a terceras personas. Además, el ser humano es proclive a utilizar etiquetas llenas de prejuicios en entornos en los que sí puede ser capaz de emitir un juicio de una persona, idea o cosa mediante un proceso racional con base en los recursos que tiene a la mano. Las actitudes racistas, clasistas y xenofóbicas son claros ejemplos de como esas generalizaciones pueden llegar a mantenerse si no hay voluntad alguna por parte del individuo. Este es el caso de Pedro Carrizales “El Mijis”, el candidato a Diputado Local de MORENA que tanta polémica ha generado estos días.
La reacción de muchas personas ante este candidato que estaba tatuado, y que se hacía acompañar de otras personas tatuadas, tuvo un alto contenido clasista y discriminatorio. Muchos se empezaron a burlar e incluso criticaron a su partido y a AMLO por permitir que se postulara a un candidato con este perfil. Pero en este caso, a diferencia del ejemplo que narré, quien hace el juicio tiene todo el tiempo y todos los recursos para poder hacer un juicio racional con base en los elementos que tiene a la mano. Basta utilizar algún motor de búsqueda o un portal de noticias para conocer la historia de esta persona y darse cuenta que aquello que para muchos es un defecto o motivo de discriminación es reflejo más bien de una virtud: un hombre que salió de graves problemas relacionados con el pandillerismo y que, a través de la política, pretende dar empleos a pandilleros para que se regeneren y se conviertan en hombres de bien. ¿Está «el Mijis» preparado para ser Diputado local? No lo sé, aunque el debate no giró en torno a su preparación, sino a su aspecto, que fue muy relacionado también con esta idea de la «amnistía a los delincuentes».
Las etiquetas nos ayudan cuando necesitamos tomar una decisión rápida, de vida o muerte, donde no nos podemos dar el lujo de utilizar la razón para emitir un juicio por falta de tiempo o recursos, pero es una irresponsabilidad recurrir a ellas por pereza o por la poca disposición a empatizar con las demás personas. Además, deberíamos revisar las etiquetas que utilizamos periódicamente ya que estas pueden contener prejuicios que no tienen relación alguna con la realidad: etiquetas como las de “los pobres son pobres porque quieren”, “todos los ricos son malos” y muchas otras que hemos aprendido dentro de nuestra cultura pero que no empatan con la realidad.
Parte del combate a la discriminación está estrechamente relacionado con la deconstrucción de las narrativas que están contenidas dentro de estas etiquetas. No se debería pretender eliminarlas, sino apegarlas, en la medida de lo posible, a la realidad. Las etiquetas, en tanto que atajos mentales, suelen funcionar más bien de forma inconsciente, al punto en que algún sujeto puede emitir una opinión sobre algún tema de forma racional pero que se contradice con las etiquetas o prejuicios que operan al nivel del inconsciente. Cuando digo que debemos revisar nuestras etiquetas, eso implica que las traigamos al nivel de lo consciente para poder analizarlas y desmenuzarlas de tal forma que no se transformen en actos discriminatorios. Mientras no hagamos eso, nuestros prejuicios seguirán condicionando nuestro comportamiento y seguirán afectando a muchas personas que, sin haber hecho absolutamente nada, son discriminadas e incluso aisladas de la sociedad.