Decidí escribir este texto corto porque me llama la atención el grado de deshumanización al que se ha acostumbrado la sociedad mexicana.
La nota es: el Gobierno del Estado abandona un tráiler con cadáveres porque ya no caben en el Instituto de Ciencias Forenses. Mientras acá en México la nota apenas comenzaba a hacer ruido, la BBC y The New York Times ya habían publicado artículos al respecto. No dan cabida que a un gobierno se le ocurra abandonar cadáveres nada más porque les estorban.
Tal vez sea porque ya nos acostumbramos a que el narcotráfico arroje cadáveres de sus víctimas en la calle, tal vez porque ya es común que se publiquen notas que relatan el asesinato en masa de tantas personas en algún evento o algún paraje lejano a manos del narco.
Pero, ante la normalización de la deshumanización habría que decir lo siguiente:
Detrás de un cadáver hay una historia de vida, una vida que sigue en el recuerdo de quienes lo rodearon. Detrás de ese cadáver existió una persona que le dio sentido a la vida de los demás, quien lo procreó, quien fue procreado por él. Cuando se nos muere alguien no buscamos desechar su cuerpo, lo ponemos en algún lugar especial o sagrado, lo enterramos o lo incineramos, para tenerlo cerca a pesar de que ya no esté. Un cadáver es tan valioso que las mismas religiones les dan un trato muy especial. Por ejemplo, la Iglesia Católica exige a sus creyentes que las cenizas (en caso de cremación) queden alojadas en un lugar sagrado y no en las casas de los parientes de los difuntos).
Me parece terrible que el Gobierno de Jalisco abandone cadáveres sin identificar porque ya no caben, porque ya no son útiles. ¿Cuántos de esos cadáveres sin identificar no son de personas que no saben cuál ha sido el paradero de sus seres queridos? ¿Cuántas personas nunca sabrán qué fue lo que pasó con sus padres, sus hijos, sus tíos, sus esposas o esposos o sus amigos porque estos fueron abandonados? ¿Cuántos «círculos» no cerrarán porque el Gobierno tomó la determinación de que esos cadáveres son inútiles, basura, deshecho?
¿Tanto nos podemos deshumanizar que consideramos al cadáver un deshecho o un estorbo?
Qué terrible ese grado de deshumanización, que terrible que a muchos les parezca «normal».
Tiempo atrás, cuando uno se rebelaba contra lo establecido, sentía cierta adrenalina porque sabía que el acto de rebelarse conllevaba un gran riesgo ante una sociedad que le pedía que se cuadrara. Así, cuando uno se iba de pinta de las clases o cuando uno escuchaba con sus amigos de ese «rock pesado» prohibido porque las señoras decían que era del diablo, sentía esa emoción en el pecho. Es como si practicara un deporte extremo con la emoción al límite: sabía siempre que corría el riesgo quedar en evidencia y recibir un castigo ejemplar, pero el premio que recibía, el conocer qué había más allá de ese recuadro que era su vida común y corriente, era una suerte de tesoro, como salir de la matrix.
Pero hoy eso se ha acabado, ya no hay sentido en la rebeldía porque el «ser rebelde» se ha convertido poco a poco en lo establecido. Hemos entrado a una extraña paradoja donde rebelarse contra el status quo es, en cierta forma, el status quo. No hay escapatoria, parece que el sistema ha absorbido al mundo que se encuentra afuera de éste.
Si antes el rock era algo «antisistema», las expresiones que ahora nos pudiesen parecer subversivas son transmitidas en horario estelar en los principales medios de comunicación: así, no es poco común escuchar (y hasta bailar) el reaggeton dentro de los eventos familiares donde los tíos juegan con los sobrinos mientras se escucha música con letras misóginas y de alto contenido sexual. Si me pinto el cabello de verde, si me pongo un arete, si me hago un tatuaje, ya no es rebeldía sin causa sino tan solo una forma de expresión personal. En realidad ya no me estoy rebelando contra nada ni contra nadie porque no hay nadie que me diga si está bien o si está mal.
El rebelde tampoco quiere asumir el costo de ser rebelde, quiere serlo pero no quiere asumir sus consecuencias. Por fortuna para él, ya no hay nadie que lo castigue por ello, ya no hay costo que pagar. Pero para su mala fortuna, es rebelde y en realidad no lo es.
Por tanto, la rebeldía también ha dejado de tener una causa, y menos tiene un significado o un mensaje: los rockeros y los hippies de los años 70 se rebelaban contra la guerra de Vietnam, contra el gobierno, contra un capitalismo «enajenante». Hoy la única rebeldía es el acto de rebelarse contra algo que no tiene forma y menos fondo. Los que dicen rebelarse contra el capitalismo no quieren dejar de consumir café en Starbucks ni tuitear en el iPhone. Los que se rebelan contra las jerarquías no quieren dejar la casa de sus papás.
Desorientados, algunos intentan convertirse en «rebeldes reaccionarios» cuestionando el acto de rebeldía para así, sentir que se rebelan contra algo. Ahí están quienes critican los excesos de los movimientos feministas para que alguien los confronte, o incluso se convierten en «políticamente incorrectos». Pero caen en la misma paradoja, nada más que a la inversa: si los primeros se rebelan cuando rebelarse es lo establecido, los segundos esperan ser rebeldes no siendo rebeldes.
El sistema ha asimilado la rebeldía y, al hacerlo, el individuo ha quedado atrapado. Ya da lo mismo si se rebela o no, ya da lo mismo si trasgrede los esquemas establecidos o no, porque ser rebelde ya no es una transgresión, es un esquema establecido, y también una banda de pop creada por Televisa.
Hace unos días, el Instituto Jalisciense de las Mujeres lanzó un interesante estudio sobre la masculinidad donde se abordaron los roles entre el hombre y la mujer, el machismo, la conducta hacia los homosexuales y demás cuestiones de género. No recuerdo que se hiciera un estudio tan completo al respecto en nuestro país; y si bien éste se llevó a cabo en la Zona Metropolitana de Guadalajara (una entidad urbana, que como cualquier ciudad grande, tiende a ser más abierta y desarrollada que sus contrapartes rurales), sí nos da una luz de lo que está ocurriendo en México.
Cuando lo leí me quedé con dos impresiones: que al menos dentro de los estratos urbanos sí existe una mejoría con respecto a la equidad entre el hombre y la mujer y, a la vez, que todavía hay concepciones bastante preocupantes y que tienen que erradicarse de nuestra cultura, como las siguientes:
– 50% piensa que “da permiso” para que ella trabaje
– 49% considera que hacer piropos a mujeres en la calle es un halago
– 60% señalan que la mujer puede controlar la violencia que reciben del hombre
– 38% dicen que las mujeres no deben de andar solas en la calle
– 53% relaciona el papel de la mujer con labores domésticas.
Anteriormente, he argumentado mi discrepancia con algunos círculos feministas que suelen pintar un escenario donde la mujer está profundamente oprimida por el hombre ya que entonces no podrían entenderse los avances que se han logrado, que son evidentes y que se palpan en el estudio. Son innegables los avances que existen en materia de género y, al menos en mi caso, parece ser que el hombre poco a poco (aunque evidentemente no de forma suficiente) ha comenzado a tomar conciencia sobre el problema. Seguramente las respuestas de algunos hombres en el estudio se habrán contradicho con sus actos (que no quieran ser juzgados o señalados por tener conductas machistas), pero pienso que el discurso de la equidad de género empieza a tener efectos sobre la sociedad y ésta, poco a poco comienza a tomar conciencia sobre el problema que implican conductas que han estado normalizadas y que han perjudicado a las mujeres.
Sin embargo, también discrepo con quienes dicen que ya no hay inequidades entre el hombre y la mujer, y que solo son simples «feministas queriendo hacer desmadre influenciadas por la malévola ideología de género que quiere destruir al mundo». Los problemas que existen en la actualidad siguen siendo bastante preocupantes y todavía hay mucho camino por recorrer. La idea de que una mujer puede llevar a cabo su proyecto de vida de la misma forma que el hombre todavía no termina de penetrar en toda la población.
Es posible que muchas personas (sobre todo las más grandes) no estén dispuestas a cambiar en su modo de pensar, ya que la concepción que ellos tienen sobre la vida y sobre las relaciones sociales está ya muy consolidada. ¿Son ellos malas personas? No, en lo absoluto. Quien tiene ideas que a nosotros nos parezcan arcaicas o retrógradas no es necesariamente una mala persona, de hecho no creo que la mayoría de ellas lo sean, porque ellos crecieron y se desarrollaron con las estructuras sociales de su tiempo.
Pero muchas otras personas sí deberíamos cuestionarnos los roles, la forma en que concebimos a las mujeres, la forma en que nos relacionamos con ellas de tal forma que evitemos que nuestra conducta pueda limitarlas o restringirlas. Muchas de las características del masculinismo ya no tienen razón de ser en una sociedad como la actual. En aquella época en que la fuerza y la violencia eran rasgos necesarios para la supervivencia, podía entenderse la existencia de rasgos que ahora se han vuelto más bien inútiles. En una sociedad como la nuestra, que el hombre no llore solo sirve para reducir la esperanza de vida del género masculino y para que no desarrolle su inteligencia emocional de la mejor forma.
Yo no soy creyente de esta idea heredada del postestructuralismo que sobreestima y generaliza las relaciones de privilegio entre dos entidades opuestas (hombre-mujer, negro-blanco), porque el hombre no necesariamente tiene más privilegios que la mujer en todos los casos. A la mujer se le permite más expresarse emocionalmente que al hombre y eso termina afectando, de una u otra forma, su psique y su integridad emocional. Pero no podemos negar que todavía sigue existiendo una disparidad, por lo que creo que la tarea de nosotros los hombres es evitar que nuestras conductas puedan afectar o limitar la libertad de las mujeres por el mero hecho de serlo.
Muchas de las conductas que refiere el estudio suelen estar normalizadas. Es decir, los individuos son incapaces de darse cuenta del efecto que esas conductas tienen porque crecieron y fueron educados con ellas, con lo que se integraron a su estructura de pensamientos como si fuera algo común y corriente. No creo que sea por medio de ataques o juicios de valor como se pudiera llegar a cambiar estas estructuras sociales sino con estrategias de concientización, de forma que el sujeto comprenda por qué determinadas conductas son erróneas y tienen efectos indeseados sobre la mujer. Es innecesario hacer sentir culpable a una persona por algo que no entiende y que aprendió durante toda su vida que estaba bien.
Pero también es tarea de nosotros tratar de detectarlas. Es simple sentido común: entendemos que una conducta que afecta de forma negativa a algún semejante no puede ser buena, ¿por qué deberíamos pensar que dicho sentido común no puede aplicar con las mujeres? Si se piensa eso es que tácitamente se está aceptando que se concibe a una mujer como si fuera un «ser de segunda», o como «el otro» (como lo llamaba Simone de Beauvoir).
No se pueden negar los avances, pero es innegable que el problema de la inequidad de género no se ha resuelto. El estudio es una muestra palpable de ello (en especial porque fueron hombres los que contestaron los reactivos).
Juan tiene 18 años y es homosexual, y ha decidido que es la hora de llegar a decírselo a sus padres.
«Papá, mamá, soy gay«, dice Juan.
Su papá, Pedro, arranca en cólera y le dice a su hijo: «¡En mi casa putos no! Fuera de aquí, largo.»
¿Qué motivó a Pedro para correr a su hijo? Seguramente tendrá varias razones. Puede ser que vea como un gran fracaso personal el hecho de que su hijo Juan no sea un hombrecito. Seguramente pensará en el juicio social que habrá si los amigos o los parientes saben que tiene un hijo gay. ¿Me van a juzgar? ¿Me van a dejar de hablar?Por varios lados será un fracaso y la hecatombe para mí. Siente que su hijo le falló y no lo puede perdonar.
Juan termina en la calle y se da cuenta que, sin apoyo familiar y solo, tendrá que hacerse una nueva vida. Tendrá que buscar un trabajo donde sobrevivir y grupos sociales que lo acepten tal y como es.
Esto porque a Juan no solo lo corrieron de un lugar físico, sino de todo lo que implica la familia: lo corrieron del amor materno y paterno, lo corrieron de los valores que le dieron en su casa. Juan, en un estado de cólera, dice: «Si quienes me enseñaron los valores me corrieron, entonces esos valores valen madre» y adquiere cierto encono frente a esas estructuras sociales en las cuales creció. Se siente traicionado, le dieron la espalda.
Juan entonces busca lugares donde no sea juzgado y donde la gente comparta su sentir. Así, acude a movimientos como algún colectivo u organización, donde varios de los integrantes pasaron por una historia de vida muy parecida a la de él. Los principios y valores que ahí tienen son muy diferentes a los que aprendió en casa, incluso pueden llegar a ser una suerte de antítesis. Así, Juan empieza a diseccionar y cuestionar fuertemente todas esas estructuras sociales.
Juan y sus nuevos amigos, movidos por el enojo y el rechazo que sufrieron, llegaron a la conclusión de que el mundo es más bien sombrío, donde las jerarquías son más bien opresoras y excluyentes. Así, influenciados por filósofos como Michel Foucault y Jacques Derrida, quienes vivieron una vida muy difícil, llena de resentimientos y bajo la decepción sobre el ser humano que generaron las guerras mundiales (el primero fue discriminado por su condición sexual, y el otro por sufrir la represión del gobierno de Vichy y ser expulsado de su instituto argelino por motivos racistas) lo cual se imprimió en su forma de pensar, decidieron ir contra lo establecido: «las estructuras sociales no sirven, la moral se hizo para oprimir, hay que ir en contra todo eso, hay que deconstruirlo, ¡venganza!«.
Pedro escucha sobre estos movimientos y reafirma su postura ante los gays: ¿ves? Los gays son lo peor, están en contra de las instituciones, de los valores, de la familia. Esto, sin reparar que la gente que, como su hijo, ha entrado a esos grupos porque sienten que esas instituciones y esos valores son los que lo pusieron de patitas en la calle. Pedro, incluso, ante la incapacidad de explicar por qué es que ocurre eso, empieza a creer que se trata de una conjura internacional, del «marxismo cultural y la ideología de género» que busca acabar con la civilización.
Pedro se dejó dominar por el temor: temió el juicio social y lo que considera el fracaso personal (porque su hijo no es un hombrecito). Juan terminó siendo presa del resentimiento. Mientras que Pedro pudo haberse detenido, tratar de entender a su hijo y entender que podía haber un problema con su sistema de creencias, Juan pudo haber hecho lo mismo y llegar a la conclusión de que, por más imperfectos que fueran, los valores que le enseñaron en casa no eran necesariamente malos y que las estructuras no son necesariamente opresivas y que necesitamos de ellas.
Tal vez alguno de ellos pudo haber decidido dominar sus emociones, por más complicado que esto fuera. Esto habría parado el círculo vicioso que llega a un antagonismo cada vez más creciente entre ambas partes: uno piensa que los gays son un cáncer que tiene el claro propósito de destruir a la sociedad; el otro piensa que la familia, los valores o las religiones, son conceptos necesariamente represivos a las que hay que atacar y destruir. Ninguno de los dos tiene razón (aunque suene tentador pensarlo), pero el equivocado concepto que ambos se tienen termina haciendo mucho daño y termina reafirmándose hasta el punto de llegar a los discursos de odio.
Este es tan solo un breve ejemplo de lo que la polarización política es, y cómo la inteligencia emocional y la tolerancia a la frustración pueden ser grandes herramientas para contenerla y lograr vivir en una sociedad más armoniosa. No solo se trata sobre la preferencia sexual de una persona, sino de muchas cuestiones que van desde cualquier choque cultural, temas económicos o cualquier forma de organización.
No siempre vamos a estar de acuerdo ni tenemos por qué estarlo pero, al menos, tendremos la capacidad de vernos a la cara y dialogar.
Tal vez, si nos detuviéramos un poco y empatizáramos antes de juzgar a los demás de forma precipitada y hacer juicios de valor, podríamos entendernos de mejor forma y dejar de odiarnos.
En los últimos días, apareció en redes un video de un repartidor robando mercancía que se viralizó y que obligó a los directivos de Bimbo a dar la cara. Naturalmente, un video así es un golpe duro contra la imagen de la empresa.
Pero después salieron más. Al parecer, ese video empoderó a otros que sabían que les estaban robando mercancía y subieron sus propios videos.
También se hicieron memes que terminaron por estigmatizar al repartidor, ya que se utilizó su figura con motivo de burla. «Los repartidores son unos rateros», fue el mensaje que se propagó por las redes sociales.
En realidad, los repartidores no son especialmente ladrones. Lo que ocurre es que la dinámica de las redes sociales suele generar engaño y confusión.
Es decir, se sube un video de un repartidor robando mercancía a un viejito, todos se ponen a hablar de él, se sacan algunas notas en prensa, se elaboran algunos memes, con lo cual el tema termina dominando la discusión. La repetición (aunque no sea intencionada y sea tan solo producto de la dinámica) magnifica la asociación «repartidor = ladrón». El contenido del video tampoco ayuda mucho a colocar el hecho en su justa dimensión: «La víctima del robo fue un viejito, no tienen madre los repartidores» (nótese el plural).
Y si esto no fuera suficiente, aparecen otros videos de robos de repartidores. La gente dice: ¿ves? Ya hasta se está volviendo una moda.
Pero en realidad, lo que ha ocurrido es que otras personas que han sido víctimas de estos hurtos se animaron a subir sus videos. Se sintieron identificados «¡a mí también me roban!». Vaya, es absurdo que un video ponga de moda entre los repartidores robar mercancía. Por el contrario, seguramente inhibirá a muchos de seguir cayendo en esas conductas porque se han dado cuenta que robar puede tener un alto costo.
En realidad, no podemos saber qué porcentaje de los repartidores de Bimbo son ladrones y, por tanto, es irresponsable estigmatizar a los repartidores y pensar que todos ellos roban. Hasta la fecha me he topado con cuatro de estos videos. ¿Cuántas personas trabajan como repartidores? Decenas de miles como mínimo ¿Cuántas personas que roban no han sido exhibidos? No tenemos ni la más mínima idea. En realidad, no tenemos elementos para siquiera saber si lo que hemos visto es un problema que tenga un tamaño considerable o son pequeñas excepciones a la regla.
Mucho menos hay algo que nos diga que dentro de ese puesto haya muchos ladrones. ¿Cuántos directivos de empresas, gerentes, albañiles, mecánicos, o cuántos profesionales de cualquier giro no cometen actos ilícitos que serían castigados por la sociedad pero que pasan inadvertidos porque no hay una cámara que los esté grabando con las manos en la masa? Y si bien, por un lado veo positivo que estos videos orillen a Bimbo a tomar cartas en el asunto, también estoy seguro que la mayoría de los repartidores son hombres honestos que se ganan la vida llevando a cabo su trabajo. Ellos no tendrían por qué pagar por culpa de aquella minoría que sí lo hace.
El problema no es que se exhiban estos videos. Por el contrario, me parece bien ya que muchas veces los abarroteros no saben qué hacer ante estos hurtos, porque estos videos inhibirá a los deshonestos de seguir robando y porque Bimbo se verá obligado a solucionar el problema que existe dentro de parte de su plantilla. El problema es la interpretación que los usuarios le damos a los contenidos que fluyen por las redes sociales. No creo que sea cómodo para un repartidor que es honesto llegar a la tienda y que algunas personas los vean con cara de sospecha.
Mientras muchos estamos hablando de democracia, de izquierdas, derechas, neoliberalismo, socialismo y demás términos que forman parte del discurso político, otras personas están intentando adelantarse a su tiempo hablando y escribiendo sobre conceptos como transhumanismo, Comunismo de lujo totalmente automatizado, y sí, metamodernismo, que es el que nos interesa en este artículo.
Pero ¿qué es el metamodernismo? Para poder explicarlo tomaré como referencia el libro «The Listening Society» de Hanzi Freinacht. No es el único autor, pero su libro me pareció muy interesante como introducción a este concepto. Sobre esta corriente hay muchos otros autores que tal vez quisieras investigar aquí.
Más que una ideología, el metamodernismo vendría a ser algo así como una etapa del desarrollo humano, una fase cultural o un paradigma filosófico que intenta no tener un carácter utópico. Para entenderlo es importante entender las etapas del desarrollo de nuestra especie que Hanzi Freinacht propone en su libro «The Listening Society«, que van de la etapa arcaica (el ser humano en su estado más primitivo) a la etapa animista (cuando se organizaba en clanes y creía en espíritus), la etapa faustiana (ciudades-estado, guerreros, código de honor), la etapa posfaustiana (creencia en un Dios y una narrativa divina), etapa moderna (sociedades industriales, método científico), y la etapa posmoderna en la cual se desenvuelve el mundo actual (crítica a las grandes narrativas, creencia en verdad como una construcción social, feminismo, veganismo). Básicamente, los teóricos del metamodernismo (al menos como lo entienden Hanzi Freinacht o Ken Wilber) utilizan la dialéctica hegeliana para explicar estas etapas del desarrollo humano.
El metamodernismo podría ser visto como una suerte de superación del posmodernismo (así como el posmodernismo haría lo propio con el modernismo y éste con la etapa posfaustiana). Pero, mientras que las otras etapas suelen rechazarse entre sí, el metamodernismo pretende tomar una posición más conciliadora con ellas y entenderlas como lo que son, etapas del desarrollo humano. El metamodernismo busca crear una síntesis entre el modernismo (tesis) y el posmodernismo (antítesis), lo que quiere decir que puede estar de acuerdo con algunos de los postulados del posmodernismo: temas como equidad de género, respeto por los animales o temas medioambientales. Sin embargo, a diferencia de la era posmoderna, tiene un irrestricto respeto por la ciencia y la creencia de que las jerarquías son necesarias para el desarrollo de la sociedad.
¿Qué es el metamodernismo?. Como dije, es un movimiento estético, una etapa de desarrollo y una ideología política – Hanzi Freinacht
Así como el modernismo se enfoca en el progreso y la ciencia o el posmodernismo funge como una crítica hacia las jerarquías y las narrativas, el metamodernismo tiene como piedra angular el desarrollo humano y el bienestar psicológico. El metamodernismo puede ser crítico con las jerarquías, pero no las niega; puede ser crítico con la ciencia, pero no niega su importancia ni mucho menos desdeña el método científico.
Y como el bienestar psicológico es piedra angular del metamodernismo, éste trata de argumentar todo desde esta perspectiva, desde el ser humano, su nivel de desarrollo y sus capacidades. Ya que tiene una postura conciliadora hacia las distintas etapas del desarrollo es que puede argumentar que, a pesar de que exista una etapa de desarrollo dominante, los seres humanos no se encuentran en la misma etapa de desarrollo, sino que generalmente es un élite la que comienza a avanzar hacia la siguiente etapa y los demás individuos lo comienzan a hacer de forma progresiva (cuyas primeras manifestaciones se empiezan a ver en el arte, como las expresiones renacentistas que antecedieron a la Ilustración o el excusado de Marcel Duchamp que antecedió al posmodernismo).
El urinario de Duchamp cambió la historia del arte, pero también fue un claro aviso de la transición de la humanidad hacia el posmodernismo.
Freinacht cree que los individuos que pueden ser candidatos a comenzar a formar parte de esa «aristocracia metamoderna» se encuentra en lo que él llama «las tres H» (Hipsters, Hackers y Hippies que ya han llegado a las etapas de desarrollo posmodernas, que viven fuera de las estructuras de trabajo tradicionales). Hanzi Freinacht, quien asegura que estas primeras olas metamodernas están comenzando a levantarse en los países nórdicos, menciona que el partido The Alternative en Dinamarca es uno de los posibles candidatos a adquirir esta connotación metamoderna por la estructura que tiene, y asegura que el sistema de partidos que comienza a vaciarse de contenido ideológico y que ha derivado en una crisis de representatividad (porque dice que el espectro ideológico de izquierdas y derechas corresponde a una sociedad industrial que ya ha sido superada) es, de alguna u otra forma, el preámbulo hacia un metamodernismo postmaterialista que se enclavará sí, en un régimen de mercado con un sistema de Estado de bienestar, pero ya dentro de una dinámica humana diferente a la que hemos conocido hasta la fecha.
Freinacht argumenta que, además del IQ como herramienta para medir la inteligencia, el modelo de complejidad jerárquica (MHC) de Michael Laport Commons tiene un papel muy importante ya que éste mide el grado de complejidad cognitiva, es decir, la capacidad que los seres humanos e incluso otras especies de animales tienen para analizar y responder a la información que se les presenta. Mientras que una persona con un orden relativamente bajo solo es capaz de comprender ideas simples, una persona con un orden alto tiene la capacidad de entender sistemas complejos.
Con base en este modelo, Freinacht argumenta que el grado de complejidad cognitiva tiene una fuerte relación con la etapa de desarrollo humano en la que se encuentre un individuo. Por ejemplo, una persona que entienda bien la complejidad del pensamiento posmoderno tendrá una complejidad cognitiva mayor al de una persona que solo llegue a comprender bien la complejidad del pensamiento posfaustiano, mientras que quien tenga un grado de complejidad baja solo podrá entender las etapas de desarrollo humano superiores de forma muy superficial. Eso no implica que no sea posible que quien tenga una complejidad cognitiva muy alta tenga un pensamiento posfaustiano, por un decir. Seguramente Santo Tomás de Aquino o San Agustín tenían un grado de complejidad cognitiva más alto que la gran mayoría de nosotros. Sé que es posible que te aparezcan muchas dudas sobre esta teoría, muchas de las cuales están explicadas en el libro de Hanzi Freinacht.
A esto, Freinacht añade los estados subjetivos (que puede variar desde un estado tormentoso, satisfecho o hasta uno iluminado) a los cuales clasifica en un rango que van desde los más positivos a los más negativos, y también añade la profundidad, es decir, cuántos de estos estados de ánimo hemos experimentado, para así poder llevar a cabo un esquema integral del individuo y entenderlo desde una perspectiva metamoderna. Si quieres conocer más a fondo esta teoría puedes leer su libro o leer este link.
¿Por qué debería interesarte el metamodernismo? Porque si bien creo que algunas de las ideas sobre este concepto son algo extravagantes, percibo algunos de los argumentos algo idealistas y creo que se le puede dar más forma a este concepto (vaya, es un concepto nuevo), es posible que comience a tener relevancia dentro de un número cada vez mayor de gente ya que no solo propone una ideología política (que rebasa el discurso entre izquierdas o derechas) sino una nueva perspectiva para analizar muchos asuntos sociales y culturales basada en argumentos filosóficos y científicos.
Yo no sé si el mundo del futuro será metamoderno, guardo cierto escepticismo en el sentido de que los movimientos de época (vistos desde la dialéctica hegeliana) suelen darse más bien de forma natural y son consecuencia de la evolución de nuestra especie en diferentes ámbitos. No recuerdo que hubiera alguien que dijera «vamos a crear la Ilustración y mover al mundo hacia la etapa moderna» ni alguien siquiera que haya propuesto una «era posmoderna» como tal. Sin embargo, la propuesta tiene su appeal porque hace, a mi parecer, un análisis bastante interesante de las etapas sociales, culturales y políticas de la especie humana.
Todos queremos ser felices ¿si o no? Todos queremos sentirnos autorrealizados, todos queremos tener buenas relaciones, pocos conflictos interpersonales, queremos lograr nuestras metas y objetivos. Eso es algo indudable y hasta necesario desde una perspectiva evolutiva.
De pronto, alguien encontró cómo hacer de estos deseos un negocio. Se dio cuenta que si vendía la felicidad y la autorrealización empaquetada, podría ganar mucho. Así se creó toda una cultura de la autoayuda que iba más allá de cualquier terapia psicológica. Pero, a diferencia de un terapeuta o psicólogo que tiene a su cliente frente a él y cuya tarea es llegar a lo más recóndito de su ser para ayudar a sanarlo, esta cultura de la autoayuda no se enfoca tanto en la técnica para escarbar en la psique, sino en las herramientas publicitarias y propagandísticas para generar una mayor utilidad. El fin de esta cultura de la autoayuda no es sanar, sino vender.
Y después a alguien se le ocurrió hacer seminarios de superación personal porque estas necesidades intrínsecas al ser humano podían hacer que dichos cursos se vendieran solos. Hicieron una estrategia multidisciplinar para ese fin (ojo, con el fin de generar utilidades) agregando conocimientos de psicología y conducta humana, estrategias de mercadeo, cultura new age (abordándola al mismo nivel que un libro de autoayuda promedio de Sanborns), mercadeo multinivel, e incluso entendiendo las estrategias de control social y despersonalización que se han utilizado en los regímenes totalitarios y en las sectas o cultos (aunque las sectas suelen tener un grado de alienación y control más fuerte).
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Aquí es donde se encuentra Mexworks (ahora Worldworks), grupo México Humano, Vive Life Coaching o Executive Success Programs (que presidía Emiliano Salinas) y que tienen antecedentes en cursos como Lifespring o Landmark. Si bien estos cursos no son exactamente iguales, sí comparten la misma esencia y el modelo de negocio es muy parecido. En este artículo yo hablaré de Mexworks, dado que es el curso que yo tomé hace quince años (los tres niveles) y del que puedo hablar desde mi experiencia y lo que vi allá adentro.
Aviso: Sé que muchas personas que están felices con estos cursos van a decir que yo lo estoy criticando desde mi «mala experiencia», que soy pesimista, que no soy dador, que «estoy en mi nerd». Otros van a decir que no conozco bien los cursos (cursé los tres niveles y lo conozco de pe a pa) o que tengo un resentimiento con esa empresa porque «no puedo con mi vida», aunque estoy hablando de un curso que tomé hace 15 años y, sin querer pretender sonar arrogante querido lector, he logrado cosas mucho más grandes que terminar ese curso como para que pienses eso. Este artículo es en general crítico con estos cursos, si no estás dispuesto a leer la crítica y crees que tengo problemas, te recomiendo que dejes de leer este texto ahora mismo. No negaré tu derecho a estar equivocado sobre mi persona.
La intención de este artículo es que la gente conozca de qué constan estos cursos y por qué, a mi parecer, me parecen riesgosos. No niego de forma categórica que existan personas a las que, de alguna u otra forma, les haya ayudado o hayan confrontado alguna cuestión personal. Técnicamente puedo decir que haber entrado al curso me ayudó, pero no por el curso en sí, sino porque todo lo que vi y viví hizo que abriera mi mente y tuviera un espíritu más crítico. Salí espantado de ahí ya que me di cuenta que, con el método correcto, manipular a la gente es mucho más fácil de lo que se piensa. No sólo vi, también estuve sujeto a esa manipulación. No niego que hubo alguna que otra dinámica que me pudo ser útil, pero la realidad es que la mayoría de las personas (al menos, las que conocí), después de terminar el curso, volvieron a caer en los vicios y los errores que los motivó a entrar. El problema es que así como puede existir gente que se haya visto beneficiada de una u otra forma, también hay gente que se ha visto muy afectada, incluso un joven de una generación antes que la mía se suicidó después de tomar este curso. Hablaré más a detalle de todo esto en el artículo.
También trataré de ser muy cuidadoso y en este relato no expondré a ninguna persona en específico. Si bien contaré algunas anécdotas, me centraré más bien en la esencia de estos cursos y su funcionamiento.
Entrar a Mexworks
¿Cómo llega uno a estos cursos? En la gran mayoría de las ocasiones se llega por invitación de otra persona que te habla maravillas del curso, de cómo le ha cambiado su vida, que ya es otro, que ya es una persona dadora, responsable, libre etc. Así fue como yo entré. Quienes te invitan se sienten felices, se sienten realizados, sienten que su vida ha dado un brinco, que su «yo» de antes, ese que tanto destestaban, ha quedado en el pasado. Naturalmente, si uno no tiene idea de qué trata el curso, puede ser muy tentador. Si esa persona se siente muy bien, si se ve mucho mejor de como se veía antes, entonces es porque el curso algo bueno ha de tener: habrá que probarle.
En mi caso, me invitaron a uno de los eventos de introducción que hacen para los «enrolados». Dentro de este evento no parecía haber nada que saliera de lo común, aunque la actitud de la gente, que se muestra muy feliz, entusiasmada y contenta, de pronto puede llamar un poco la atención. Pero es posible que uno, que nunca había escuchado de estos cursos, no sospeche nada. Si quien lo invita no está desesperado por enrolar o no haya percibido su conducta como alienada en las últimas semanas, habrá pocas resistencias para decidir entrar al curso, en tanto se tengan los recursos económicos para pagarlo (en mi caso, a mí me lo pagó una tercera persona).
Si comparamos a los cursos como Mexworks con la terapia psicológica profesional es como si comparáramos la comida chatarra con la saludable. La comida chatarra te quita el hambre de forma mucho más rápida, pero nunca te va a dar los nutrientes que la comida saludable sí te da.
Los cursos no son nada baratos. No recuerdo el costo exacto que hace 15 años tenían, pero de acuerdo con su página web, en la actualidad el primer curso (el Intro) cuesta $6,200 MXN, y si tomas los tres cursos torales terminas desembolsando cerca de veinte mil pesos (aunque, si pagas todo de golpe, te dan el precio especial de $16,490 MXN). Todo esto sin contar los talleres especiales como el Máster que tienen otro costo. Pero tu amigo te convencerá que es un curso que cambiará tu vida ¡por un precio menor a tu nuevo iPhone X!
En Mexworks están convencidos (eso al menos dice en el flyer que te obsequian) que la experiencia será casi tan importante como tu matrimonio o tu mayor éxito profesional. Dudo mucho que logre tener ese alcance, pero lo que vas a vivir ahí dentro no es cualquier cosa. También mantienen cierta secrecía, el enrolado nunca te dirá como es el curso porque si sabes «pierde el chiste». Te dicen que es un proceso, que confíes.
El modelo de negocio
El principal negocio de Mexworks consiste en la trilogía de cursos que venden (el Intro, el EIP y el GAP). De los tres, el Intro es el que les presenta una mayor derrama económica ya que es al que más personas asisten (cuando asistí, estaba compuesto por aproximadamente 150 personas, En el EIP éramos aproximadamente 80 divididos en dos cursos simultáneos, y en el GAP éramos como 40). El GAP es el más barato, pero esto tiene una razón de ser, porque es el nivel donde los participantes van a enrolar a las personas para ingresar al Intro. Prácticamente todos los participantes del Intro fueron enrolados por un participante del GAP.
Los cursos tienen una particularidad. Cuando estés ahí dentro no la vas a pasar bien, vas a sufrir una fuerte sacudida emocional. Pero siempre que termines cada nivel te sentirás empoderado, feliz, con ganas de comerte al mundo. Eres, de alguna u otra forma, una herramienta de venta; porque, como decía, ver a una persona que se sienta contenta y autorrealizada atrae y ese estado ayuda mucho a la labor de venta de cursos que te prometen autorrealizarte y ser más feliz. Se procura que el sufrimiento y el trance se viva ahí dentro, en secreto y en privado, y que la felicidad y la algarabía sea la que se muestre al exterior.
Dicho esto, el Intro y el EIP son los niveles donde la organización obtiene la mayoría de sus utilidades y el GAP funciona básicamente para atraer gente al Intro, formando así un ciclo entre las diversas generaciones que es el que forma el modelo de negocio.
Aunque el cheque para Mexworks es muy grande, no escatiman en gastar lo menos posible. El único gasto que le implica un seminario es la renta de un salón de hotel (donde se suelen llevar a cabo, sobre todo los del Intro), los gastos de papelería y similares (para las actividades) y los honorarios del coach, que es quien dirige los cursos. Todo el staff está compuesto por ex-participantes. No hay nadie más, no hay psicólogos ni hay personal de apoyo contratado.
El Intro
El Intro es el primero de los tres cursos que componen la trilogía. Es el «menos pesado» de los tres, aunque también implica cierto desgaste emocional, quiebres y llantos. Te citan a una hora en específico y tienes que ser muy puntual. Cuando llega la hora comienza a sonar el soundtrack de Space Odyssey, y si no estás en tu lugar cuando la música termine, entonces te pasarán al frente y serás sujeto a un quiebre. Por poner un ejemplo:
Coach: Juan, ¿por qué llegaste tarde? Tu compromiso era estar aquí sentado a las 9:00.
Juan: Disculpe, es que tuve mucho trabajo y el tráfico estaba pesado.
Coach: Esas son puras excusas y es reflejo de que la gente no te importa, que tus problemas son más importantes que los demás.
Juan: Pero a todos nos puede pasar.
Coach: ¿Esa es tu excusa? ¿Esa es la excusa que les das a tus hijos, a tus amigos? ¿Todo puede pasar? ¿Así siempre eres en tu vida? Todo lo que te ocurre lo generas y es tu culpa.
El coach sabe como dirigir el quiebre para tocar el talón de Aquiles de la persona en cuestión, aunque no la conozca. En algún momento, alguna de las acusaciones hará clic en la persona y se comenzará a sentir culpable y miserable, aunque dicha acusación sea arbitraria. Así se establecen las reglas del juego.
La inmersión en el curso se da de forma muy progresiva y cautelosa. Los quiebres, conforme pasan los días, también se comienzan a volver más duros. Hay llantos, sentimientos de culpa (porque todo lo que te pasa en tu vida es responsabilidad tuya y de nadie más, dicen). El coach no se tentará el alma. En los días siguientes son muy pocos los que se atreverán a llegar tarde.
Algo que llama la atención es que en las sesiones siempre hace frío y terminan a altas horas de la noche, no hay comida ni aperitivos. Tienes que dejar tu celular y tus objetos personales en la entrada. Olvida que va a haber galletas o café ahí. En el caso del Intro empezaban a las 9:00 PM y terminaban casi a las 3:00 AM, lo que implica que te desvelarás y dormirás poco (en especial si trabajas o estudias) lo cual tiene un propósito muy claro: al estar desvelado y tener pocas horas de sueño encima, te vuelves más vulnerable emocionalmente y puedes ser sugestionado fácilmente por un tercero.
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Otra cosa que llama la atención es la organización. El curso está dividido en grupos chicos de aproximadamente 7 personas, y cada grupo está comandado por un integrante del staff. Si bien, hay actividades en los que participan todos los integrantes en su conjunto, la mayoría se llevan a cabo en los grupos chicos. Ahí se espera que te abras y que los demás integrantes del grupo te den feedback.
Lo que es preocupante, es que dentro de la sesión no haya psicólogos ni gente con los conocimientos necesarios. Los trances emocionales que vas a vivir ahí no son cualquier cosa, pero dentro no hay especialistas que puedan intervenir ante una eventualidad. Los integrantes del staff (que componen los coordinadores de los grupos chicos) son ex-participantes que han sido invitados a «ser dadores» para que los nuevos participantes transformen su vida como ellos lo hicieron.
Así suelen ser las dinámicas al final de cada curso. Todo es felicidad y algarabía.
Tampoco hay alguna corriente de pensamiento o psicológica que defina el curso. En realidad es un mescolanza de ideas culturales mal interpretadas, cultura new age (sí, te dicen una y otra vez que si lo deseas, el universo va a conspirar para que ocurra), técnicas de control social junto con otras dinámicas que se usan en terapias psicológicas y hasta filosofía japonesa (claro, interpretada de forma superficial). No se percibe alguna línea definida porque lo que importa no es tanto la terapia sino las ventas. También fomentan una «cultura de la causalidad» llevada al extremo. Es decir, no existe el factor suerte, ni el contexto. Todo lo malo que te ha pasado es culpa tuya, si alguien te atropella es porque tú te lo generaste. Mexworks no tiene responsabilidad sobre lo que te pase, tú te lo generas todo.
Lo que se vive en el Intro es fuerte, posiblemente llegues a llorar, te hagan confrontar con tu pasado, con las personas que te lastimaron o las personas que lastimaste; aunque, comparado con los otros dos niveles de la trilogía, no es algo del otro mundo o que parezca que esté muy fuera de lo normal. Cuando el curso se termina sales completamente satisfecho de ahí, sientes que «algo se movió en tu vida», pero el curso está preparado para que así sea y tengas esas sensaciones, te sugestionan para que te sientas en éxtasis. Al final te dicen que eres poderoso, que eres valiente, te abrazas con todos tus compañeros y los calificas con un cuatro, se empieza a crear una atmósfera de hermandad (que se volverá muy densa en los cursos subsiguientes) y que te motivará para que adquieras el segundo curso y le platiques a tus conocidos de la gran experiencia que viviste en Mexworks.
Repiten constantemente que en la vida nada es casualidad. Bueno, nada del diseño de su curso es casualidad.
Al final, parece que no pasó nada aterrador. Cuando lo terminé yo no sentí algo tan anormal o atípico, porque todo se hace con sutileza y con la dosis indicada. Pero es el chiste, irte sumergiendo poco a poco dentro de la dinámica del curso, de tal forma que comiences a aceptar cosas de las que, en circunstancias normales, hubieras renegado o sospechado.
EIP (Experiencia Interpersonal)
Hannah Arendt, en su libro The Origins of Totalitarianism, decía que había que pulverizar la identidad del individuo y crear un estado de hiper-vigilancia para poder implementar regímenes totalitarios como los de la Alemania nazi y el comunismo soviético implantando una identidad que sirva al régimen en el sujeto. Algo así es lo que se comienza a vivir en este segundo curso y que, a la vez, servirá como preámbulo para tener un ejército de enroladores dadores y comprometidos en el GAP.
Naturalmente, lo que sucede aquí no ocurre con la intensidad de dichos regímenes (ni siquiera con la intensidad con la que ocurre en las sectas o los cultos), ni mucho menos tenemos gente asesinando judíos. Pero esas características (la deconstrucción de la identidad y el estado de hiper-vigilancia) se encuentran presentes en este curso. Basta la dosis suficiente de control para lograr el objetivo y que es hacer que la máquina de hacer dinero funcione.
Si estás en Mexworks, dicen, es porque tu persona no está bien. Tu ser antes de Mexworks era oscuro y sombrío, lleno de problemas, miedo, victimización. Tenías una narrativa perdedora y victimizante, egoísta, poco comprometida. Así se crea una distinción entre tu identidad pre-Mexworks y tu identidad post-Mexworks. Incluso puede aparecer un cierto halo de superioridad moral entre los que están dentro del curso y los que están fuera. Como tú te has convertido en una persona dadora, valiente y luchona, al contrastarte con los problemas de tu gente cercana cuyo discurso has comenzado a reinterpretar como victimizante (mi compadre se queja de su trabajo) sientes que te encuentras en otro nivel, lo cual debería motivarte a enrolar a los que más quieres al curso para que ellos también se transformen.
Este curso dura, sin bien recuerdo, cuatro días. Pero, a diferencia del Intro, el curso empieza a las 10 de la mañana y termina en la madrugada. Se duermen muy pocas horas, no se come bien, el frío sigue siendo característico en ese lugar. Con ese contexto, el individuo tiene su defensa muy baja y es fácilmente sugestionable.
En este curso se empiezan a intensificar muchos de los mecanismos de control. Se comienza a construir un lenguaje muy particular que terminan adoptando los participantes. Frases como «como siempre en tu vida» se utilizan para señalar al participante que no lo está haciendo bien y reprenderlo, se crea el personaje del «nerd» que consiste en un estado indeseado. Por ejemplo, si no te quiebras, si te muestras crítico o necio, estás en «tu nerd». Fieles a la causalidad absoluta con una dosis de pensamiento mágico-pendejo, te repetirán una y otra vez que «tú te lo generaste». Quien abandona Mexworks no se sale, se baja, y, como dicen que Mexworks es el reflejo de tu vida, entonces si te bajas de Mexworks te bajas de tu vida. Me llama la atención que, a quince años de haber estado ahí, vea exactamente el mismo lenguaje dentro de quienes toman este tipo de cursos, pongo algunos ejemplos que encontré en Internet.
«Les envio un 4 a todos los amigos que desafortunada se bajaron del barco y asi como dieron ese paso no tiene rumbo su vida.»
«Y soy un gap, y soy fregon y chingon, y enrole no solo a 5 sino a 10 para pasarselos a mis cuates.»
«Como siempre en su (pinche, mediocre, y pendeja) vida, le valio el curso.
Y disculpa asi nos tratan para sacarnos de nuestro pinche nerd, que parte del contrato no comprendes tu…»
«Pendejo cuando menos hubieras puesto tu foto de tu pinche gap, o no lo terminaste como siempre en tu vida, no terminaste tu puto pinche gap, como siempre en tu pinche vida te quieren poner en el pinche centro de atencion, de la pinche victima que eres, de un ser perdedor, cobarde, pendejo en pocas palabras.»
«Tu lo generaste» «Generar» es lograr o provocar que te pase algo, jamás oirás a un mexworkiano decir lo lograste, lo mereces, te esforzaste y llegaste a tu meta, no, solo te dirá lo generaste«.
En este nivel se mantiene el sistema de grupos chicos liderados por un integrante del staff, pero se incluye una nueva característica que funge como mecanismo de control: el buddy.
El buddy será la persona que sea tu compañero durante la etapa de este curso y uno es responsable de lo que pase con el otro. Si uno abandona Mexworks, el otro se tiene que ir. Te dicen que no es cualquier persona, que el universo quiso que esa persona fuera tu buddy, de la cual seguramente muchas cosas te molestan porque son un espejo de tu vida (o como se dice vulgarmente, lo que te choca te checa). Si te parece sangrón, es que seguramente algo hay de eso en tu persona.
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Los clásicos quiebres y los shocks aquí son una constante. Aquí nadie se salva. Mientras que en el Intro podías pasar desapercibido, aquí si no lloras, si no te tuerces sobre tus pesares, es que no estás haciendo bien tu trabajo. Aunque realmente es difícil que no lo hagas, ya que hay dinámicas que difícilmente te van a mantener tranquilo, como la clásica silla caliente que nunca falla.
Esta consiste en una dinámica en la que una persona se pone al centro de un círculo y es criticada duramente por quienes se encuentran en dicho círculo. Los que están en el círculo empiezan a lanzar críticas, muchas veces arbitrarias y sin sentido, pero al ser tan intensa la dinámica y al estar en un estado de sugestión, llega un momento en que te llegas a identificar con algunas de esas duras críticas y te desmoronas. Todos los participantes tienen que hacer ambos papeles: tanto sentarse al centro como criticar a quienes están en el centro.
https://www.youtube.com/watch?v=w1af-lwW7Dw
Además de estas dinámicas, existe otra que supone marcar una distancia entre tu «yo» de antes y tu «yo» posterior y que es la que define al EIP. Se trata básicamente de una puesta en escena que comienza en la calle (sí, hay que salir por los disfraces). La coach divide al grupo grande en unos grupos pequeños que en realidad no tienen que ver con los grupos que ya se habían formado, sino que la coach selecciona porque, de acuerdo a su juicio, los integrantes de cada grupo tienen algo en común: ya sea que piense que no hayan madurado, que tienen miedo al éxito etc. Hay que recordar que «el universo conspiró para que quienes son parte de cada grupo trabajen juntos». Cuando llegan en la noche, después de haber estado todo el día en la calle haciendo algunos retos y consiguiendo todo el material, cada grupo hace su puesta en escena. Al terminar, se hace una especie de ceremonia donde cada uno de los integrantes vive una suerte de transformación. Varios integrantes cargan al sujeto en cuestión mientras este yace acostado sobre sus brazos.
A partir de esta ceremonia todo el dolor acaba, todo es alegría, bailes, motivación. Has trascendido, ya eres otra persona. Ahí acaba el EIP, el júbilo es muy grande y la mayoría decide enrolarse al GAP.
GAP (Great Achievements Program)
En teoría, este nivel consiste en poner en práctica todo lo que aprendiste en los cursos. En la práctica, consiste más bien en ir a vender el curso a tus amigos y seres queridos, porque si no consigues los suficientes enrolados te bajas. O sea, te bajas de Mexworks y te bajas de tu vida. La jerarquización del curso por grupos persiste y aquí fungen como mecanismos de control para asegurarse que todos enrolen.
Esta etapa dura (o duraba cuando yo estuve ahí) tres meses. Naturalmente, me salí al segundo mes porque me pareció poco ético y un abuso. El GAP básicamente consiste ir un fin de semana de cada mes a seminario y los demás días debes de poner en práctica todo lo que aprendiste. Esos tres meses tu vida girará en torno a Mexworks, sin descanso.
La primera actividad del fin de semana es llamada «El grial». Básicamente, de acuerdo a tus miedos y a tu talón de Aquiles, el coach te asigna una actividad que tiene un carácter simbólico. Si, por ejemplo, tienes problemas para ligar, entonces debes ir a los antros y conseguir que 5 mujeres te escriban un poema. Si tienes miedo al éxito profesional, debes cambiar tu camisa con la de un indigente y ponerte a pedir limosna. Estas actividades ayudan más bien poco a combatir esos miedos y mucho a sentirte muy contento contigo mismo por cumplir con la misión. Es importante que la motivación esté a flor de piel a la hora de empezar con todas las actividades que harás durante cada mes.
Todo consiste en una carta compromiso que se determina con base en aquellas áreas que queremos mejorar en nuestras vidas. Argumentan que en tres meses una práctica se vuelve un hábito y por eso prometen que, llevando la carta compromiso a la práctica, todos tus hábitos van a cambiar. Dentro de la carta compromiso está el tema de los enrolados. Te debes comprometer a enrolar 5 personas mínimo durante los tres meses. Porque si tanto te ha servido el curso, sería una contradicción que fueras una persona «dadora y comprometida» y que no lo recomendaras, sería un acto de egoísmo ¿verdad?
En la práctica resulta que el tema de los enrolados es el que más importa y todos los otros compromisos no tanto. Varias personas que concluyeron el curso no terminaron todos sus compromisos, pero aún así los dejaron terminar con la condición de que se comprometieran consigo mismos a terminarlos después. Pero con los enrolados no sucede lo mismo. Si no enrolas, te bajas. Te bajas de Mexworks, y te bajas de tu vida.
Estos tres meses vivirás un estado de hiper-vigilancia con el fin de que enroles. Los 5 enrolados se dividen por meses: el primer mes debes enrolar una persona, el segundo dos, y los otros otros dos. Pero si cumples con tu cuota no terminó todo para ti, ahora te tienes que asegurar que los otros integrantes de tu grupo enrolen y te presionarán para que te pongas a chambear en ello. ¿Y si todos los de tu grupo chico enrolaron? Entonces hay que trabajar para que todos los que no han enrolado de los otros grupos lo hagan.
Al principio, el líder de tu grupo chico (que, de nuevo, es un miembro del staff) te estará llamando varias veces a la semana para preguntarte cómo vas con tu carta compromiso (sobre todo con los enrolados). Tienes también que juntarte cada semana con tu «grupo chico» para ver los progresos. Pero si comienza a pasar el tiempo y no has enrolado, entonces se crea una presión muy asfixiante hacia tu persona. El teléfono suena todos los días, a todas horas. Es posible que vayan a tu casa o incluso a tu trabajo para hacer que enroles.
Perla (Líder del grupo): Juan, ¿cómo vas con tus enrolados?
Juan: Fíjate que me está costando un poco de trabajo convencer a Pepe de que entre.
Perla: Lo que pasa, Juan, es que no estás lo suficientemente comprometido. Y cómo no estás lo suficientemente comprometido, no lo estás generando.
Juan: Pero sí quiero que entre Pepe.
Perla: Esas son tus excusas, sal de tu nerd. Es increíble que no quieras compartir una gran experiencia que ha cambiado tu vida con la gente que quieres. ¿Cuándo fue la última vez que fuiste egoísta con la gente que quieres? ¿Cuándo fue la última vez que decidiste no ser dador con la gente que sí se preocupa por ti? ¿Cuándo Juan? No importa que sean las tres de la mañana, no importa si no tiene dinero. Si lo quieres, encontrarás la forma de generarlo para que esté él ahí en el Intro.
Juan: Tienes razón Perla (dice al borde del llanto) voy a volver a hablarle, v voy a generar el enrolamiento.
Perla: Recuerda que Mexworks es tu vida. Todo en la vida es enrolamiento. Tienes que enrolar al jefe para que te dé un aumento de sueldo. Tienes que enrolar a tu novia para que acepte casarse contigo. ¡Todo es enrolamiento! ¡Genéralo!
Y aquí viene la parte donde yo decidí abandonar el curso, donde me di cuenta de lo que se trataba en realidad (gracias, también, a la ayuda de unos amigos). En la primer semana había enrolado a una persona de forma muy circunstancial. Esa persona, sin que yo hiciera un esfuerzo, me dijo que quería entrarle. Cuando entró, me dijeron que era poderoso, valiente, como si fuera el ejemplo a seguir ¡pero yo no hice nada chingados! A partir de ahí comenzó mi sospecha sobre el método del curso, comencé a investigar por Internet sobre este tipo de cursos de superación personal y ahí me di cuenta qué era en lo que me había metido.
En este punto, hay gente de afuera que te empieza a ver como lejano a la realidad, como si estuvieras enajenado. Algunas personas me dijeron ¿qué onda contigo, qué es eso, una secta? Seguramente no fui la única persona a quien le dijeron eso, pero yo sí los escuche. Recuerden que, a esas alturas, tú estás en otro nivel porque ya cursaste Mexworks y los otros «no lo han vivido», lo ignoran o, peor aún, no tienen las agallas para entrarle.
Como yo ya había enrolado, tenía que ayudar a otros a enrolar. A una compañera le faltaba un enrolado y la llevé con una amiga mía que quería entrar. No tenía que hacer casi nada para lograrlo pero ella estaba tan presionada que comenzó a llorar y mi amiga se asustó ¿un curso donde te hacen llorar para que enroles? Mejor no Álvaro.
La gente estaba dispuesta a hacer lo que fuera para enrolar, yo me sentí utilizado y simplemente dejé de hacer mi chamba. Tenía que enrolar a dos personas y sabía que si llegaba a la segunda sesión sin mis enrolados me iban a sacar. Pero ese era mi propósito, mi casa parecía central de urgencias porque llamaban sin parar, no podía descansar. Le tuve que decir a un amigo que me dejara quedar en su casa a dormir para que no me pudieran encontrar mientras comenzaba la sesión. Mandé una carta a mis compañeros comunicando mi decisión y se imaginarán la respuesta: «eres una víctima», «te estás bajando de tu vida».
Después de Mexworks
A pesar de que me salí, terminé por voluntad propia mi carta compromiso (excepto los enrolados, naturalmente). No fue una decisión fácil. De hecho, de todo el grupo, fui la única persona que se salió por voluntad propia. Todos los demás, o permanecieron, o los bajaron porque no alcanzaron a enrolar (y entraron al siguiente GAP). La sugestión, producto de todos los mecanismo de control, es lo suficientemente fuerte como para tener esa sensación de que lo podía todo, incluso dos meses después de haberme salido.
Cuando la gente termina Mexworks (lo cual no fue mi caso) se le invita a ser parte del staff o a tomar los niveles especiales como el Máster. Lo cierto es que esa emoción, esa que vende y enrola tanto, se disipa con el tiempo. A diferencia de una secta, estos cursos no requieren que estés ahí toda su vida, sino solo mientras les seas útil, y es posible que después de un año después de tomar el curso ya no te requieran.
Pero ¿qué es lo que pasa después? La gente regresa poco a poco a su vida normal, esa «actitud positiva» comienza a desaparecer y varias de las personas llegan a sufrir un bajón emocional que tratan de llenar con otras cosas, porque se genera un sentimiento de codependencia hacia el curso: vaya, necesitas alguien que te esté diciendo que «salgas de tu nerd» y no pongas excusas. Algunas personas entraron a programas parecidos como empresas multinivel y similares donde necesitan que alguien externo a ellos los motive o les diga qué tienen que hacer.
De la gente que conocí, la mayoría retomó los mismos vicios y comportamientos que tenía antes del curso. En realidad, ese «yo post-Mexworks» se fue apagando y regresó el yo original, ese al que Mexworks tanto vilipendió, el que nos vendieron como malo e indeseable. Como mencioné al principio, conocí alguna u otra persona que sí vio alguna mejora en su calidad de vida (aunque no al nivel que Mexworks lo vendía), pero la mayoría regresó a su vida normal de siempre. Hay otra minoría que sí pudo haber quedado afectada, como el caso del joven que se suicidó. Años después me di cuenta que el curso hizo poco con respecto a las expectativas que generaron y que se magnificaron con un sentimiento de éxtasis producto de las técnicas de sugestión.
Conclusión
El curso de Mexworks, a pesar de ser un curso que implica quiebres y una agitación emocional que se vive pocas veces en la vida de una persona, me parece que no cumple con la función para la que supuestamente se hizo: lograr grandes cambios en las vidas de las personas. Es un curso que tiene varios riesgos y que no es ético al influir en la psique de los individuos para obligarlos a enrolar gente.
Si una cosa me llegó a ayudar del curso fue conocer las historias de vida de la gente que estaba ahí. Tal vez eso me ayudó a empezarme a quejar menos de mis problemas y entender que hay gente que tenía más problemas que yo. Curiosamente, creo que el curso hizo un cambio más grande en mi vida que en algunos de los que sí terminaron, porque, debido a que salí asustado, me empecé a informar del tema, empecé a leer mucho y eso hizo que creciera mucho mi curiosidad intelectual. También me hizo valorar lo importante que es el criterio propio, el aprender a pensar y llegar a conclusiones por uno mismo en vez de «dejarse llevar sin cuestionar».
Pero sé que, así como a mí me pudo haber ayudado (mucho por los efectos colaterales y poco por el mérito del curso), yo no podría recomendar este tipo de cursos porque me parecen muy riesgosos y no son éticos, y menos puedo decir que estoy agradecido con ellos. Invertir esos $16,000 en terapias con un buen psicólogo puede ayudar de mucho mejor manera a generar cambios reales que un curso que te da «la sensación» de haberte transformado, cosa que, en la mayoría de los casos, no ocurrió.
¿Es una secta? Yo diría que no, en el sentido estricto de la palabra, porque no cumple con todas las características (no es una religión y no te exige permanecer para siempre, además de que el nivel de enajenación no es tan fuerte). Pero el curso sí tiene varios rasgos sectarios y que pueden constituir un riesgo para la psique de las personas que lo cursan. A continuación mencionaré algunos de las características de este curso que hacen que no sea una opción para considerarlo como una forma de desarrollo personal.
No se puede aplicar una misma receta a un conjunto de personas diferentes porque entonces se obtienen resultados diferentes: En Mexworks el individuo no existe. Los actos de individualismo son reprendidos y los actos grupales son premiados. Casi no toman en cuenta tus particularidades ni tu situación actual (con excepción de las dinámicas que les mencioné, cosa que se hace de forma muy arbitraria). Para todos aplican los quiebres, para todos son las mismas dinámicas. No importa si eres feliz, si tienes un trastorno de ansiedad, o si tu esposo se murió hace medio año. Una dinámica que a una persona pueda ayudarle a superar un problema a otro lo puede inducir al suicidio, y no existe dicha distinción.
No hay especialistas: En las sesiones no hay psicólogos, no hay gente preparada para hacer frente a eventualidades que pueden ir desde un ataque de pánico a un intento de suicidio. Dicho esto, nadie más que el coach sabe cómo funcionan las técnicas que se están aplicando.
Es la comida rápida de la superación personal: El desarrollo personal no es cuestión de una semana ni de tres meses, este dura bastante más tiempo, y eso se puede notar en el hecho de que la mayoría de los participantes regresó a su mundo habitual poco tiempo después de terminar el curso.
Orientado a utilidades y no a las personas: Cierto, un psicólogo también quiere ganar dinero y por eso cobra sus consultas (a veces no muy baratas), pero todos ellos se guían por una ética profesional que en Mexworks no existe (porque no son psicólogos, para empezar) y los psicólogos lo son porque pues, estudiaron psicología porque tenían interés en ayudar a las demás personas. Pero es obvio que la motivación de Mexworks (y en ese sentido están creadas sus dinámicas) es hacer dinero. La integridad y el bienestar de las personas es más bien secundario.
Los riesgos de la irrealidad: Otro problema es que en ese estado de éxtasis al que se te sugestiona, ese estar positivo (recordemos que el estar positivo es un sesgo cognitivo) puede orillarte a tomar decisiones irracionales. Como sientes que lo puedes todo, es posible que te comprometas a hacer cosas que no puedes lograr, que adquieras deudas, que incluso termines lastimando relaciones personales.
Los rasgos sectarios: Manipular a la gente y utilizarla como medio para obtener un fin (vaya, se nota que no han leído a Kant) es algo despreciable y poco ético. Los mecanismos de control y sugestión no pueden ser éticos si no se le dice al individuo qué, por qué y para qué se van a llevar a cabo.
Para concluir, seguramente alguno se preguntará ¿qué hacer si un amigo mío entró y está enajenado? Yo me enfrenté a ese dilema en ese momento e incluso acudí con un psicólogo para que me asesorara. La respuesta es: no tiene sentido que trates de convencerlos, fija tu postura para que la conozcan bien pero no les insistas una y otra vez porque lo único que vas a lograr es lastimar la relación. Tarde o temprano, el efecto pasará y retomarán sus vidas normales. Tan sólo mantente atento en su integridad personal, que estén bien. La paciencia será tu amiga.
Esta es toda mi experiencia, espero que les ayude a conocer un poco más de estos cursos que se han vuelto una moda y que, al mismo tiempo, han generado tanta polémica.
En México hay muchos pobres. Aproximadamente la mitad de la población se encuentra en algún nivel de pobreza.
Varios de ellos habitan en las ciudades. Es difícil no ver a alguna persona en condición de pobreza cuando salimos a la calle. Ahí están afuera bajo el sol tratando de ganarse la vida de la forma que sea.
Pero a pesar de que son tantos, a veces nos parecen muy ajenos a nosotros, que somos una minoría, y que tuvimos el privilegio de tener los suficientes recursos para tener una calidad de vida cuando menos aceptable. Cosa que ellos no tienen.
Tal vez no nos guste ver a muchos en la pobreza, tal vez pensemos que podemos ser ajenos porque muchos deducimos que no tenemos la culpa: nosotros no robamos ni hacemos nada malo como para perpetuar la pobreza. Aunque la omisión y la apatía también cuenta.
Nos han enseñado a ver a los pobres con lástima y compasión, al punto en que algunos de ellos echan mano de estos recursos para obtener algo (dinero, comida) porque básicamente funciona.
También nos han enseñado que el asistencialismo y la caridad ramplona son las únicas formas en que podemos ayudar al pobre. No es que no sirva de absolutamente nada darle comida o unas monedas al que lo necesita, pero eso solo resuelve sus necesidades inmediatas. Horas después de que se haya alimentado, el individuo necesitará que alguien más le de otra cosa, para lo cual tendrá que seguir poniendo en riesgo su integridad al colocar gasolina en su boca para hacer un show en el semáforo rojo.
Muchas de las personas que dieron algo creen o sienten que ya hicieron lo que podían hacer para ayudarlos, ya se sienten contentas consigo mismas o con «el de arriba». Seguramente varias de ellas son bienintencionadas, pero solo es un paliativo, no combate el problema, el pobre seguirá siendo pobre.
Pero la forma en que los individuos ayudamos implica que vemos al pobre como ajeno, que vive en una realidad y en mundo distinto al nuestro. Más que pensar en él como un individuo valioso que merecería al menos tener una mejor suerte, lo vemos con lástima y conmiseración, como pensando en nuestro fuero interno que lo ayudamos porque nosotros no quisiéramos vivir así: ¡qué bueno que no tuve la mala fortuna de ser como él!
Esta idea del pobre como algo muy ajeno, como aquel al que solo se le puede ayudar con paliativos, es lo que derivó en la campaña de Hershey’s llamada #HacerElBienSabeBien. Hablamos de que se puede tener una buena intención y que por lo tanto no podemos criticar moralmente porque al menos tuvieron «la intención de hacer algo bueno», pero no creo que este haya sido el caso.
Primero, me sorprende que una empresa de talla internacional crea que hacer el bien es ir con un pobre a regalarle productos de Hershey’s. Utilizar a la gente pobre como instrumento publicitario (porque no es otra cosa más que esa) no tiene madre. Podría argumentarse que «no tuvieron la intención» o que «no lo vieron de esa forma», pero en ese caso refleja una terrible falta de sensibilidad.
Segúndo, peor aún fue cómo se llevó a cabo la campaña, en la cual «influencers» fueron los que se dieron a la tarea de «ayudar». Ya no solo fueron los publicistas contratados por Hershey’s los que usaron a los pobres como un recurso publicitario; fueron los mismos influencers quienes presumieron en sus redes sociales haber hecho un acto caritativo.
¿Qué costo tiene para los influencers hacer ese acto? Ninguno, en el mejor de los casos el costo del chocolate o del choco milk (esto si es que Hershey’s no se los proporcionó) Pero el costo es mucho menor al beneficio (o bueno, a lo que los influencers pensaron que sería el beneficio): que sus seguidores vieran su «lado humano» ayudando a la gente pobre.
La verdad es que probablemente no les importe nada. Seguramente, después de tomarse la foto, estuvieron más al tanto de los likes que obtenían que de otra cosa.
«No ma!!! Si a huevo, que los influencers se retraten con un pobre y suban la foto a instagram con el hashtag #Hacerelbiensabebien con eso ganaremos un 1% de participación» pic.twitter.com/y5IHV6uVuz
Y esto pasa porque la pobreza es ajena al individuo. Solo le sirve al influencer para presumir que ayuda, solo le sirve al político para que voten por él y abrazarse con ellos para el espectacular que se colocará en la avenida, solo le sirve a la empresa para aumentar sus ventas.
Hershey’s asumió su error y envió un comunicado pidiendo una disculpa, lo cual ciertamente debe reconocerse porque muchas empresas ni disculpas piden e inventan pretextos para no asumir los errores.
Pero el trasfondo es lo que importa, que la gente pobre nos parece muy ajena, que solo se le puede ayudar regalándoles cosas siendo son parte de un país cuyas estructuras les dan muy pocas posibilidades de abandonar su condición, donde el color de piel tiene, de acuerdo a la INEGI, una estrecha relación con el poder adquisitivo. Tal vez de aquí deberíamos partir si queremos ayudarles para que su vida mejore. Ayudar es algo que requiere esfuerzo y sacrificio por parte de quien ayuda; cuando eso no existe, cuando regalar el sandwich que sobró o los 5 pesos que no pesan nada es el máximo «estiramiento» que podemos hacer como humanos, es porque tenemos una gran falta de sensibilidad.
Tal vez todos tenemos un poquito de ese egoísmo que quedó palpado en la publicidad de Hershey’s.