En este espacio he escrito sobre los libros que más recomiendo: los que más me gustaron en tal año, los que más me gustaron de ciertos temas o de algunos otros, pero creo que ha llegado el momento de hablar de los peores libros que he leído en mi vida, aquellos que no recomiendo ni por asomo, que no solo son frívolos, sino que propagan mentiras de tal forma que si el lector pretende leerlos para aumentar su cultura o entendimiento le puede resultar contraproducente.
Sin un orden en específico, aquí van:
1.- Hitler ganó la guerra – Walter Graziano
Este es un libro escrito por un economista argentino que parece que vio una oportunidad para vender obras conspiranoides. Su libro, que tiene un tufo un tanto antisemita, básicamente nos habla sobre cómo la élite global controla el mundo y tiene sus manos metidas por medio de una suerte de agentes encubiertos en todas las instituciones y empresas. Básicamente una de esas teorías de la conspiración que suenan muy bonitas pero que no soportan cualquier análisis académico.
2.- El Alquimista – Paulo Coelho
El problema con Paulo Coelho no es su frivolidad, es su deshonestidad intelectual. No creo que Coelho sea un tono o un ignorante, para nada. Simplemente que lo que pretende «enseñar» en este libro que se podría colocar dentro del género de superación personal es absolutamente falso, y estoy seguro de que él lo sabe. Coelho no es una persona que guste de dar entrevistas y lo entiendo muy bien, porque cualquier persona con una cultura mediana podría destrozar este libro que nos insiste en que si deseas algo, el universo va a conspirar para que así ocurra. Mi reseña de este libro la puedes ver aquí.
3.- El libro negro de la nueva izquierda – Agustín Laje y Nicolás Márquez.
Este libro tiene un poco de parecido al primero en cuanto a que tiene un tufo conspirativo en el cual pretenden convencernos de que el feminismo y los movimientos LGBT son en realidad parte de una conjura marxista. El libro está lleno de hombres de paja y sesgos deliberados, las asociaciones son muy forzadas y no soportarían un análisis académico riguroso. Aquí puedes ver la reseña que hice de este libro.
4.- Margarita, Mi Historia
Entiendo bien que el libro de un candidato a la Presidencia no es uno que me vaya a marcar, entiendo que, de una u otra forma, son una estrategia propagandística, pero hasta para eso hay que hacer las cosas bien. Por ejemplo, el libro de La Salida de López Obrador, aunque no concordara con la mayoría de las cosas que ahí se decían, al menos me daba más información para evaluarlo como candidato. Con el libro de Margarita Zavala no pasa eso, está muy mal redactado (casi como si se tratara de un ejercicio de quinto de primaria), no da información al elector y el trabajo de sus editores es pésima. Aquí puedes ver la reseña.
5.- Padre Rico, Padre Pobre – Robert Kiyosaki
A su favor puedo decir que este libro no es tan «horrible» como los anteriormente mencionados. No puedo negar que el lector puede llegar a encontrar alguno que otro tip que le pueda servir. Pero si este libro está aquí es porque, para el furor que generó y que si tradujo incluso en cierto culto a la personalidad de Kiyosaki, esta obra es poca cosa, hay muchas mejores obras para aprender sobre inteligencia financiera. Aquí puedes ver la reseña.
Si has leído algún otro libro que consideres es pésimo, compártelo en mis redes sociales. En Facebook o Twitter.
Este año leí muchos libros. muchos de ellos muy buenos y que me hicieron crecer en lo intelectual y lo personal. Por eso, como ya lo he hecho en los últimos años, les presento los 10 libros que más me gustaron y que les recomiendo que lean:
1.- The Construction of Social Reality – John Searle
Me gustó este libro del filósofo analítico John Searle quien, como el explícito título de su obra da a entender, habla sobre como los seres humanos percibimos e interpretamos la realidad, y como en realidad hay dos tipos de hechos, los que son independientes del observador (objetivos) y los que son construidos socialmente (subjetivos o intersubjetivos) y cuya existencia depende del acuerdo humano y no de la realidad objetiva, como es el caso del dinero.
2.- Las travesuras de la niña mala – Mario Vargas Llosa
Confieso que tenía un poco de temor por leer este libro, ya que había leído anteriormente el libro «El Sueño del Celta» el cual no me agradó mucho. Pero me pareció un muy buen libro, muy divertido cuyo personaje principal, Ricardo, se enamora perdidamente de una niña a la que llama «la chilenita», quien se convertirá en el amor de su vida y con la cual volverá a reencontrarse en varias etapas posteriores de su vida en diferentes lados del mundo y en distintas circunstancias.
3.- 21 Lessons for the 21st Century – Yuval Noah Harari
Este escritor judío se ha vuelto muy famoso por sus libros donde habla tanto de la historia de nuestra especie como de su futuro. En esta obra, Yuval nos habla sobre las lecciones que debemos aprender para el futuro, cómo es que va a cambiar la política, la sociedad, o cómo es que la tecnología va a modificar por completo el tejido social.
4.- Los de adelante corren mucho – Carlos Elizondo Mayer-Serra
Este libro lo leí poco antes de las elecciones y se me hizo muy interesante. Elizondo Mayer-Serra aquí profundiza en el problema de la desigualdad que tanto afecta a nuestro país, el comportamiento de las élites y las oligarquías.
Me recomendaron mucho este libro hace unos meses y la verdad que me pareció muy interesante y provocador. Si te interesa la política, la filosofía o la psicología es altamente recomendable. Freinacht delinea lo que, dice, será el metamodernismo que reemplazará a la era posmoderna en la que vivimos actualmente y la cual se basaría en el desarrollo psicológico del individuo. Si quieres saber más de este concepto puedes leer este artículo mío.
La mente es algo de lo que se habla mucho pero el cual no terminamos de comprender. En algunos momentos de nuestra historia ha sido un órgano subestimado y actualmente suele ser más bien mitificado. En este libro, Fleenor intenta colocar a la mente en una dimensión más justa desde una perspectiva tanto filosófica como biológica.
Y hablando de mentes y cerebros, este libro es una obra muy interesante para entender el cerebro dentro de un contexto político. ¿Cómo evaluamos a los candidatos? ¿Nos fijamos en sus propuestas o en las «grandes narrativas»? ¿Somos realmente objetivos al hacer juicios de los candidatos? ¿Por qué las estrategias políticas basadas en datos y numeralias no funcionan tan bien como las que apelan a las emociones?
8.- The Structure of Scientific Revolutions – Thomas Kuhn
Muchas veces asumimos que la ciencia consiste en conocimiento que se acumula a través de la historia. En este gran libro, Kuhn rechaza esta idea y afirma que la ciencia se construye sobre paradigmas que se mantienen vigentes durante cierto tiempo y que luego se ponen en entredicho para crear paradigmas nuevos sobre los cuales hacer ciencia.
Este es uno de los libros que más me marcaron este año ya que hace una propuesta de organización social que me parece muy sensata y realista. Rawls propone una teoría de la justicia basada fuertemente en la filosofía kantiana que podría resumir en un orden de sociedad justa basada en una condición de equidad imparcial sobre la cual todos los individuos partan y se desarrollen (lo que él llama «posición original).
Este es un libro muy interesante donde Tony Judt narra de forma magistral la historia de Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros tiempos tomando en consideración tanto la política, la economía, así como los cambios culturales que se han dado a lo largo de este periodo.
Históricamente, las mujeres habían estado relegadas de la intelectualidad y no fue hasta hace poco que ellas comenzaron a volverse trascendentes por medio de sus plumas: y lo hicieron muy bien. Haciendo un análisis de todos los libros que he leído, me he dado cuenta que menos del 20% aproximadamente fueron escritos por mujeres y la mayoría de forma reciente (algunos de ellos son mis favoritos de toda la vida). Por eso he decidido hacer este post, para reconocer a aquellas mujeres que a través de su pluma (o su máquina de escribir o computadora) han hecho reflexiones excelsas, o bien, nos han hecho fantasear con sus novelas.
1.- The Origins of Totalitarianism – Hannah Arendt
Esta obra está dentro de mi top 10 de todos los libros que he leído en mi vida, me enteré de la existencia de esta magna obra de la filósofa judía justo cuando Donald Trump ganó las elecciones. Básicamente explica cómo es que los regímenes totalitarios como el nazismo y el comunismo surgieron, cómo se fueron gestando desde hace muchas décadas atrás, cómo es que este tipo de regímenes se establecen y cuáles son sus características.
Esta obra, la principal de la autora inglesa, nos adentra en las costumbres de una sociedad inglesa de principios del siglo XIX en el cual el papel de las mujeres en la sociedad era secundario. Las clases sociales, las relaciones de pareja, los celos, los roles y las tradiciones familiares son narradas de forma excelsa en esta novela donde la llegada del apuesto y opulento Mr Darcy se vuelve el tema central.
Otro de los grandes libros que he leído. Muchos lo consideran la biblia del feminismo. Lo cierto es que este libro marcó un antes y un después ya que puso muy en entredicho el rol de la mujer en la sociedad a quien era visto como «el otro». Beauvoir no improvisa: investiga, indaga, se sumerge en hechos históricos para llegar a su tesis. Dice que la mujer no nace sino que llega a serlo (frase que ha sido sacada de contexto por algunos oportunistas conservadores) intentando desterrar la falsa pero común creencia de que la naturaleza le ha dotado a la mujer un rol secundario.
Uno de los primeros libros que leí en mi vida cuando estaba en la secundaria. La obra me cautivó ya que la propia Ana Frank narra la vida que ella y su familia judía llevaban intentando esconderse de los nazis. Lamentablemente, ella como su familia no lograron salvarse del holocausto, pero gracias a su pluma, tenemos un testimonio directo de los errores del totalitarismo.
Cambiando radicalmente de género, este libro es una buena guía para que los neófitos aprendan a administrar su dinero. Este texto es una muy buena introducción a la educación financiera que tanto falta hace en nuestra sociedad, es muy fácil de entender y muy práctico.
Este libro fue escrito ya varios años antes de lo que ahora consideramos la época de la «posverdad» y las «fake-news», pero nos muestra un México que en realidad no es nada ajeno a ello y exhibe cómo nuestra cultura (sobre todo la política) está tan acostumbrada a la mentira y a la hipocresía.
Esta escritora también es, de una u otra forma, una gran referencia para el feminismo. Está muy enfocada en la relación de la mujer con la literatura y, a partir de ahí, narra y cuestiona los roles de género donde la mujer estaba muy limitada en comparación con el hombre. Dice ella que para una mujer tener una habitación propia era algo impensable para la mujer aún a principios del siglo XIX, a menos que los padres fueran muy ricos o nobles.
Es frustrante porque por más uno lee, más se da cuenta de que es un completo ignorante.
Y así uno entra en un círculo vicioso, trata de paliar esas lagunas de ignorancia leyendo más y más para solo descubrir lagunas más y más grandes.
Imagina que quiero conocer a Aristóteles, lo ignoro, me pongo a leerlo para luego descubrir que también tengo que conocer a Platón, y después a Descartes, a Kant, Hegel, y luego tengo que leer todas las corrientes filosóficas, y luego toda la historia que subyace a esas corrientes, y todo se convierte en un loop interminable. Las lagunas de ignorancia ahora son mares.
Luego uno se compadece cuando un no leído se comporta como si ya lo supiera todo.
Yo digo, pobre tipo, si supiera todo lo que ignora y lo patético que se va a ver en retrospectiva cuando se ponga a leer, le va a dar un patatús.
Porque el ignorante que no lee no se da cuenta de su condición; incluso suele, de una u otra forma, subestimar o relativizar el hecho de que otros saben más por el simple hecho de que no entiende de lo que hablan o hasta le parece aburrido.
A diferencia de él, nosotros, los que sí leemos, sabemos que somos unos completos ignorantes y lo reconocemos. Sabemos que es imposible dejar de ser ignorantes por completo y nos hemos resignado a ello.
El ignorante que no lee es la único en su clase, porque es el único que asume que no es ignorante y que lo sabe todo.
Luego están los snobs, los que se creen intelectuales porque leen mucho, pero en el fondo se saben ignorantes, porque si no creyeran que lo son, entonces ya no tendrían un aliciente para seguir leyendo. Más bien es una pose para disfrazar su falta de autoestima.
Captan ¿no? Uno lee porque sabe que ignora algo y quiere dejar de ignorarlo.
Y entonces uno nunca va a poder quitarse lo pendejo del todo.
Yo tengo varias diferencias con aquello que llaman progresismo y las corrientes llamadas posmodernas (postestructuralistas). Concuerdo con muchos en que las carreras de humanidades dentro de varias universidades están bastante sesgadas y tienen un carácter anticientífico. Si bien es cierto que es algo inherente a las humanidades cierta inclinación a la izquierda y hasta cierto punto no es algo que sea malo, el sesgo se ha vuelto bastante notorio haciendo a esta disciplina poco diversa ideológicamente, como lo advierte Steven Pinker. También pienso que la corrección política ha ido demasiado lejos y que algunos movimientos de izquierda, sobre todo aquellos radicales, han mostrado un matiz bastante intolerante al no permitir que personas que disienten con su forma de pensar hablen o se expresen en las propias universidades. Creo que la izquierda postestructuralista ha llevado el relativismo (que básicamente consiste en definir algo con relación a otra cosa) demasiado lejos al punto que es difícil construir un sistema de valores o de organización nuevo a partir de la deconstrucción que buscan llevar a cabo.
Guardo un profundo escepticismo con estas corrientes que niegan cualquier diferencia biológica en los sexos o roles de género (cuando, a través de la ciencia, podemos advertir algunas diferencias biológicas en combinación, sí, con cuestiones culturales, sociales y del entorno) porque argumentan que cualquier categorización binaria o cualquier diferencia biológica implica necesariamente una opresión. Dicho esto, yo tengo discrepancias filosóficas con algunas corrientes feministas (en especial aquellas radicales), pero aún con las discrepancias que pueda tener, creo en la equidad de género ya que tanto hombre y mujer son igual de dignos, y por lo tanto tienen el mismo derecho a llevar a cabo su plan de vida sin que sean discriminados por su mero género.
Dicho todo esto puedo optar por dos cosas: ser honesto intelectualmente, estudiar estas corrientes para poder desmenuzarlas, o puedo crear una narrativa con tintes conspiranoides para decirle a la gente que se trata de una conspiración marxista o neomarxista que tiene como propósito destruir a Occidente. En este blog yo he optado por lo primero. Agustín Laje y Nicolás Márquez optaron por lo segundo que es lo más fácil y comodino y lo que más vende en los círculos conservadores que suelen ser sugestionados por el miedo. Basta intentar hilar forzadamente distintos acontecimientos que no tienen una relación tan estrecha (o que ni siquiera la tienen) para crear una narrativa que funcione a sus intereses.
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Debo decir que muchas veces he discrepado con los progresistas que han intentado reventar o censurar ponencias. La libertad de expresión debe estar garantizada para todos mientras ella no tenga el fin implícito de agredir o atacar a otras personas. Pero también es cierto que estos dos personajes, como se muestra de forma patente en su libro, hacen afirmaciones que sí van en contra de la integridad de las personas que tienen otra orientación sexual (Márquez dice que los gays son sodomitas y depravados) y, de acuerdo a la paradoja de la tolerancia de Karl Popper, esos argumentos ya no pueden constituir el ejercicio de la libertad de expresión.
El «Libro Negro de la Nueva Izquierda», que tiene en su portada a un «Che» Güevara con los labios pintados frente a una bandera del movimiento LGBT, es una obra que busca criticar a la izquierda pero desde una postura conspiracionista. Su tesis es esa, que el «fantasma del comunismo» sigue vivo y coleando y busca destruir a la sociedad a través del feminismo, los gays, el ecologismo y diversas corrientes progresistas o liberales, como si todo estuviera maquinado. En su libro tratan de ligar absolutamente a toda la izquierda con Marx para crear así un hombre de paja. Saben que el apellido del alemán causa recelo o incluso temor por la nefasta consecuencia de la aplicación (un tanto retorcida) de sus ideas en países como la URSS o China.
En una época donde las izquierdas y derechas se han comenzado a polarizar. Agustín Laje aparece para criticar al progresismo desde una postura polémica que busca incomodar.
El libro no inicia mal, Agustín Laje no es una persona ignorante en lo absoluto. De ciencia política e historia sabe, explica bien lo que es el marxismo y cómo ha evolucionado. El problema es que Laje comienza a acentuar aquellas cosas que le interesan para crear esta narrativa conspiracionista. Recoge a Gramsci, quien buscó promover el marxismo a través de la cultura, para afirmar que todas las batallas culturales de la izquierda son marxistas. También recoge afirmaciones de Mises y otros intelectuales para explicar algo que ocurrió décadas más adelante aunque no tenga conexión alguna con dicha declaración.
Si bien no conozco a todas las feministas de las que hace mención (y que conste que aquí he hecho crítica de algunas ramas del feminismo), sí que conozco a Simone de Beauvoir. En el libro de Laje y Márquez percibo una interpretación muy tramposa de su persona, de sus filiaciones políticas y de sus textos. Laje afirma que Beauvoir es básicamente la fundadora de la «ideología de género» por su famosa frase que dice «no se nace mujer, se llega a serlo». Quienes hemos leído «El Segundo Sexo» podemos advertir que Beauvoir reconoce algunas diferencias biológicas que incide en cada uno de los géneros, y también podemos entender esta frase en el contexto que se publicó su libro (y que queda bien relatado), el cual nos habla de una época donde una postura marcadamente esencialista explicaba los roles de género, donde en varios países la mujer todavía no tenía el derecho a votar y donde muchos pensaban que la mujer debía quedarse en casa y obedecer al cónyuge. Laje dice que Beauvoir es incongruente porque, según él, primero afirma que «la mujer no nace sino que llega a serlo» y después que sí hay algunas diferencias biológicas. En realidad ocurre al contrario, Beauvoir habla de las diferencias biológicas en el primer capítulo y comienza uno posterior con esa frase (que Laje no termina de entender bien). Pero nuestro querido quesqueintelectual argentino ignora esto.
Laje insiste en que Beauvoir es marxista para así forzar el argumento de que el feminismo (de la segunda y tercera ola, las cuales ni siquiera define bien) también lo es, y que «el fantasma del comunismo» amenaza de nuevo. La realidad es que su libro está más bien fundamentado por el existencialismo (heredado de su pareja Jean Paul Sartre) y de marxista tiene muy poco, o al menos yo no noté mucho de esa «lucha de clases». Laje reprocha a Simone de Beauvoir por todo lo acontecido en la China maoísta en la cual creía como si ella supiera lo que estaba ocurriendo en realidad, pero resulta que en esos tiempos gran parte de la intelectualidad marxista (que era abundante por la expectativa de la implementación de un modelo) todavía no tenía conocimiento de lo que había pasado en esos lares.
Agustín Laje no hace distinción entre la Escuela de Frankfurt, la «ideología de género» o el marxismo clásico. Todo ello lo embona en una sola cosa: es el mismo marxismo que, dice, quiso imponerse en la economía, y al no poder hacerlo, buscó hacerlo en la cultura.
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Laje y Márquez asumen que la izquierda es una sola cosa, ignoran las diferencias dentro de ésta para crear una narrativa maniquea. Esto sería equivalente a afirmar que los conservadores son nazis (sí, yo sé que algunos progres se la pasan mencionándolo, de forma igualmente tramposa) porque asumo que «la derecha» es una sola cosa. Ser conservador (mantener el orden de las cosas) o ser liberal (cuestionarlas) no es una maquinación ni una conspiración, es una dinámica que parece ser inherente a nuestra especie y que solo puede ser acallada o reprimida bajo regímenes autoritarios, e incluso se pueden ver manifestaciones de lo que llamamos izquierda antes de Marx no solo en la Revolución Francesa sino en la misma Roma.
Vale la pena decirlo, el estado actual de las cosas es un producto de una dialéctica entre conservadurismo y liberalismo. Por eso, así como critico que en varias universidades haya un sesgo demasiado marcado a la izquierda en las humanidades tal que no permita el disentimiento o un conocimiento mas plural, también critico que Laje y Márquez asuman que toda una postura ideológica sea una anomalía. Y vaya que yo no me considero una persona muy izquierdista ni simpatizo con muchos de los ideales de la izquierda.
Nicolás Márquez es bastante más conservador que Agustín Laje, y desde esa postura alerta sobre la ideología de género que, dice, es neomarxista.
Me llama la atención sobremanera que, hablando de la «ideología de género», Agustín Laje no mencione jamás a Jacques Derrida, quien popularizó el deconstruccionismo y la idea de que las categorizaciones binarias son opresoras, lo cual dio forma a la teoría queer de Judith Butler. No sé si ello tenga que ver con que Derrida siempre se mantuvo distanciado del marxismo y ello pueda entorpecer la creación de esta macabra narrativa.
La realidad es que el postestructuralismo y el marxismo tienen más bien poco que ver. Coinciden en ser movimientos de izquierda pero poco más. Jean-Francois Lyotard, uno de los postestructuralistas más importantes, declaraba el fin de las grandes narrativas, en el cual no solo se inserta al cristianismo o al capitalismo, sino al propio comunismo. Los postestructuralistas muestran más bien desencanto ante el marxismo clásico ante su fracaso. El marxismo y el postestructuralismo coinciden en la esencia de la izquierda en general, en el cuestionamiento del orden existente, pero a partir de ahí encontramos bastantes diferencias: el marxismo es científico y materialista, el postestructuralismo (que encontramos en Derrida o Judith Butler, y de alguna otra forma en Michel Foucault) es más bien subjetivo y relativista. Incluso, entre estas dos corrientes que Laje y Márquez intenta embonar en una «conspiración neomarxista» (la Escuela de Frankfurt y el postestructuralismo) han existido más bien diferencias y pugnas. Un ejemplo de ello es el libro «El Discurso Filosófico de la Modernidad de Jürgen Habermas donde critica y exhibe el relativismo de Foucault y Derrida. Los postestructuralistas no tienen como base a Marx, sino a Hegel, Nietszche o Heidegger.
Pero incluso estamos obligados a hacer una distinción entre la Escuela de Frankfurt y el marxismo clásico. La Escuela de Frankfurt busca rescatar al Marx hegeliano de los inicios, el de la alienación, y no tanto al Marx combativo que tomaron Lenin y sus compinches. La Escuela de Frankfurt nunca buscó instaurar el comunismo, de hecho sus teóricos parten de la desilusión de lo ocurrido en Rusia y China. La Escuela de Frankfurt tiene como base a ese Marx junto con Hegel y Freud, y desde ahí ha buscado hacer análisis y crítica no solo sobre el sistema capitalista, el consumo y las artes, sino también sobre el comunismo soviético. Uno de sus integrantes, el judío Erich Fromm (el cual es citado por grupos conservadores y religiosos no pocas veces por su humanismo), señala que el comunismo solo es viable dentro de comunidades muy pequeñas, en tanto que el de la URSS le parece una abominación. Incluso marxistas modernos como Slavoj Zizek son muy críticos de la cultura de la corrección política que Laje y Márquez achacan a la «ideología de género».
Laje y Márquez señalan a algunas feministas y gays marxistas. Si los hay, pero son muy minoritarios, como minoritario ya es el marxismo en estos tiempos. De hecho, en las manifestaciones de sus movimientos, a diferencia de lo que afirma Márquez, no son muy comunes las remeras del Che ni las banderas comunistas.
Para tratar de hilar esta teoría de la conspiración, Agustín Laje se enfoca en dos cosas: en los perfiles marxistas y en los más radicales, para así afirmar que todo el feminismo, que todo el movimiento gay, es marxista y radical. ¿Existieron gays o feministas marxistas? Sí, ¿existe violencia dentro de los grupos radicales? También. Pero que existan algunos marxistas en las corrientes más radicales no convierte a un movimiento en marxista. Lo mismo podemos decir del movimiento de los negros en Estados Unidos: junto con el movimiento de Martin Luther King coexistieron grupos que no eran tan pacíficos y algunos que tenían influencias marxistas como los panteras negras. ¿Eso significa que todo el movimiento negro era marxista? Si ellos hubiesen escrito el libro en 1970, dirían que la lucha por el derecho de los negros es parte del marxismo cultural y la «ideología de género». Pero tanto Laje como Márquez ignoran estas cuestiones en su libro. De la misma forma, dentro de las feministas de la primera ola (esa ola que aplaude Agustín Laje) también existían corrientes radicales. Un ejemplo es el cuadro de la Venus del Espejo de Vélazquez que fue acuchillado por la sufragista Mary Richardson.
Pero si bien cuidaron estos detalles para sostener su argumento, dejaron pasar otros. Un ejemplo: ellos afirman que lo que llaman «ideología de género» es financiada por la Planned Parenthood (que ciertamente es conocida por lucrar con los abortos), pero luego dicen que Planned Parenthood es financiada por Warren Buffet, Ford Company y la fundación Bill & Melinda Gates. O sea, ¿Bill Gates y Warren Buffet, dos de los capitalistas más ricos del mundo, son marxistas? Ya me confundí. Luego Nicolás Márquez insiste en ligar la ideología de género con el incesto, pone como ejemplo al Partido Popular Liberal de Suecia que promovió el incesto y la necrofilia. Pero resulta que el PPL no es un partido marxista ni socialdemócrata, sino un partido de centro derecha, cuya iniciativa fue promovida por una mujer libertaria llamada Cecilia Johnson bajo argumentos libertarios y no progresistas (y vaya que los libertarios odian a la izquierda).
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Para descalificar cualquier corriente, Laje y Márquez buscan los casos más extremos, radicales y enfermos para hacer pensar que toda la corriente es así. Así buscan crear la percepción de que absolutamente toda la izquierda es depravada y es una abominación con la que deberíamos acabar. Ignoran que dentro de la izquierda hay corrientes moderadas y radicales (vaya que ellos toman lo más radical y oscuro a conveniencia, aunque sea minoritario).
Si los progres fallan al pensar que todo es un constructo social y que la biología no tiene ninguna incidencia, Nicolás Márquez se va a al otro extremo y argumenta que «todo está dado por la naturaleza». Nicolás Márquez arremete contra los gays de quienes dice que deberían de desaparecer de lo público y recluirse en lo privado. A diferencia de Agustín Laje, que si bien despotrica contra algunos de sus movimientos por sus ramas supuestamente marxistas no muestra ningún desprecio ante los gays como individuos, Márquez sí toma una postura beligerante, buscando argumentar, desde una postura esencialista, que los gays son personas enfermas y necesariamente depravadas.
Márquez muestra algunos estudios que afirman que los gays tienen una menor esperanza de vida y suelen sufrir más problemas de ansiedad y depresión. Seguramente varios de esos estudios pueden estar en lo correcto, pero lo que estos estudios no hacen es inferir que eso ocurre a causa de la «anormalidad» de la condición homosexual. Márquez nunca se pregunta qué tanto influye lo social para que los homosexuales desarrollen cuadros de ansiedad y depresión: ¿de verdad no influye en nada que muchos de ellos se hayan sentido relegados, o incluso hayan sido expulsados de sus casas? Para refutar su postura, voy a traer a colación un texto que escribió un amigo mío que es gay, (quien por cierto es muy católico, asiste todos los domingos a misa y se preocupa mucho por su familia), quien ha sufrido mucho porque su orientación sexual le ha traído muchos problemas, y por ello sufre problemas de ansiedad. Mi amigo es una persona trabajadora y tiene una relación muy estable con su ahora esposo.
Nicolás Márquez busca crear esta idea de que los gays están enfermos y son un cáncer. No voy a profundizar en demasía en los argumentos de Nicolás Márquez con respecto a los gays porque creo que basta presentarles una serie de estudios que contrastan con los argumentos que él muestra.
Tanto Laje como Nicolás Márquez son incapaces de entender el contexto en el que se desarrollan todas estas corrientes de pensamiento y que las explican mucho. Hace algunos días escribí sobre lo que el posmodernismo es y por qué corrientes como las de la Escuela de Frankfurt o el postestructuralismo surgieron. Para ellos es mas cómodo hacer un análisis superficial porque su objetivo no es narrarnos la historia de la izquierda moderna y la de estos movimientos sociales, ni siquiera podemos hablar de una crítica bien hecha, sino que pretenden armar una teoría conspirativa para hacer pensar a la gente que todas las causas sociales están maquinadas por los marxistas que quieren «una segunda oportunidad» de probar lo mismo a través de la cultura después del rotundo fracaso en la URSS.
Para dejarnos de conspiraciones, debemos entender que la contraposición entre el conservadurismo y liberalismo (en su vertiente progresista) es inherente al ser humano, y gracias a la dialéctica entre estas dos corrientes es que la sociedad se mantiene en cierto equilibrio. Los liberales (que Laje y Márquez engloban dentro de «la izquierda») buscan cuestionar el orden social y modificarlo; los conservadores, valga la redundancia, buscan conservar el orden de las cosas. Cierto es que un liberalismo muy extremo puede llegar a corroer el tejido social y traer consecuencias nocivas; pero lo contrario también se cumple, un conservadurismo muy extremo termina petrificando ese tejido, con lo cual inevitablemente termina derrumbándose.
Ser de izquierda o derecha (o liberal o conservador, ya que aquí estamos hablando de cuestiones sociales) no es producto de una maquinación, son posturas inherentes al ser humano que tienen que ver no solo con cuestiones de educación o del entorno, sino incluso con la genética que llega a tener cierta influencia. Los liberales suelen hacer más énfasis sobre valores como la igualdad y la justicia, en tanto que los conservadores lo hacen más sobre la autoridad o la pureza. Esta gráfica de Jonathan Haidt ilustra muy bien lo que quiero decir:
Malas noticias para los liberales y para los conservadores, los liberales y los conservadores van a existir siempre. Esa dicotomía no va a desaparecer nunca a menos que sea oprimida por un régimen muy autoritario. Hay quienes argumentan que el discurso de derechas e izquierdas está gastado y caduco. Puede ser cierto, pero lo que está caduco es el modelo de izquierdas y derechas concebidas en la sociedad industrial. Estas dicotomías lo único que hacen es evolucionar a otro plano, ya que son relativas a su contexto.
Las personas liberales suelen ser más bien creativas e irruptoras, las personas conservadoras privilegian el orden y el método. Por eso es que dentro del cine o incluso dentro de las industrias creativas el ambiente es muy progre, en tanto los economistas o gerentes de empresa, por un ejemplo, tiendan a ser personas más conservadoras. Y eso no tiene nada de malo. Por el contrario, sus perfiles les permiten desempeñarse de mejor forma en sus áreas.
¿La izquierda hace lobbying y conforma grupos de presión para impulsar su cosmovisión? Sí, eso es evidente dentro del cine que tiene una inclinación liberal. Si ellos están a favor de la comunidad homosexual, entonces buscan crear personajes gays para que estos tengan una mayor aceptación dentro de la sociedad. Cierto, no todo lo que impulsan tiene por qué ser bueno y es válido discutirlo, por eso es necesario promover la libertad de expresión y el debate. Pero la derecha también hace lobbying y conforma grupos de presión. Una de las formas más conocidas que maneja la derecha es influir sobre las élites de nuestro país (cosa que no siempre hacen bien) a través de sus escuelas o instituciones educativas que tienen una orientación religiosa, esperando que así, en su carácter de élites, ellos influyan sobre el resto de la población. También hacen lo propio en Internet con organismos como CitizenGo y HazteOir.
A esas alturas podemos entender que todo esto que Laje y Márquez intentan encasillar en una sola cosa, es algo más bien muy complejo. Las izquierdas y las derechas no son monolitos, dentro de ellas convergen muchas corrientes distintas. Cierto es que, en el afán de cuestionar el orden social, alguna corriente izquierdista puede proponer alguna medida radical o aberrante (aprovechando que mencionan la pederastía de forma recurrente) pero eso no implica que toda la izquierda comulgue con ella e incluso en varias corrientes hay una férrea oposición a ella. Podemos también cuestionar el marcado sesgo izquierdista de algunas disciplinas, la intolerancia dentro de algunas corrientes de izquierda (pero podemos hacer lo propio con la derecha). Pero ese cuestionamiento del orden nos ha traído los derechos de las mujeres, de los negros, la abolición de la esclavitud, al igual que la postura conservadora ha logrado que estos cambios se lleven de forma más progresiva y no hayan afectado en demasía el tejido social.
Por eso afirmo que este libro de Laje y Márquez, quienes afirman haber acabado con la ideología de género, tiene una muy clara orientación política y tratan de encasillar a toda la izquierda dentro de un discurso antimarxista más propio del siglo pasado. Ellos están en su derecho de publicarlo y promoverlo, yo estoy en mi derecho de criticarlo y eso es lo que hecho en este espacio.
Críticas contundentes a las corrientes posmodernas pero informadas y lejos de un marcado sesgo ideológico las podemos hallar en Jonathan Haidt, Steven Pinker, Alan Sokal, Ken Wilber y hasta Richard Dawkins. Muchas de sus críticas son demoledoras y alertan sobre el sesgo izquierdista en las universidades, pero a la vez, están a favor de la equidad de género y no sostienen de ninguna manera, como hace Nicolás Márquez, que los gays son unos enfermos depravados sodomitas.
Me dí a la tarea de leer el Alquimista porque creí necesaria leer la obra principal de un escritor que forma parte de una corriente de pensamiento (si es que se le pudiera llamar así) que no comparto en lo absoluto.
El libro fue exactamente lo que esperaba que fuera. Básicamente porque la filosofía coelhiana está allá afuera: muchos repiten una y otra vez que si deseas algo el universo va a conspirar a tu favor o que la vida tiene un tesoro para ti. El problema del libro no es que sea literatura light como algunos sugieren. Existe literatura fácil de leer y para principiantes que es muy buena. El problema es que es una literatura pretenciosa que no ofrece nada más que ideas falaces y el reforzamiento de sesgos cognitivos.
Cuando lo leí, lo primero que pensé fue que se trataba de una «versión chafa» de El Principito. El libro de Antoine de Saint-Exupéry es también una lectura fácil y digerible, pero que al leer varias veces encuentras enseñanzas nuevas. El éxito del Principito radica en que es un libro con una gran filosofía dentro de un texto tremendamente simple sin ninguna pretensión (tanto que fue escrito para un público infantil). El Alquimista no lo es, es un libro que pretende tener una filosofía que no tiene, que habla de sabios, de culturas y de misterios, pero que no tiene fondo. El Principito no tiene pretensiones, su simpleza es uno de sus más grandes atractivos, pero también la humildad y la honestidad intelectual del autor. El Alquimista es simple, pero intenta ser grandilocuente. Paulo Coelho nos insiste en que su libro es simbólico y no descriptivo, como sugiriendo que en éste hay una suerte de mitología o sabiduría escondida, como advirtiéndonos que no nos tomemos en forma literal todas las barbaridades y cosas sin sentido que va a decir (aunque en la calle muchos digan que si deseas algo, el universo conspirará para que ocurra).
A grandes rasgos, lo que quiere decir el escritor brasileño con este libro es que sigas tus sueños, lo que siempre deseaste hacer (eso que llama «La Leyenda Personal») como tratando de dar un sentido a la vida del lector. Hasta aquí no podríamos discrepar con él. Todos anhelamos seguir nuestros sueños y autorrealizarnos. Pero esto me parece una obviedad, no dice algo nuevo. En este sentido creo que el libro busca apelar más bien a las emociones, a que lo cierres y digas «sí, voy a seguir mis sueños y nadie me va a estorbar en ellos».
Pero cuando diseccionamos su concepto de seguir los sueños, entonces nos empezamos a encontrar con ideas que más que útiles me parecen nocivas, porque para empezar son falsas y abonan a la generación de sesgos cognitivos: la idea de que si deseas algo el universo va a conspirar a tu favor, y la idea de que la vida tiene un tesoro para ti.
Ciertamente, cuando tú deseas algo con toda el alma, la mente se pone a trabajar para buscar formas con las cuales llegues a dicho objetivo y es más probable que suceda a que si no lo deseas, esto me parece una obviedad. Pero no es que haya algo que conspire a tu favor, simplemente tiene que ver que cuando estás más motivado detectarás oportunidades de forma más fácil, te toparás con ciertas personas con las que pensabas que no te toparías. Y esto no tiene que ver con la «ley de la atracción» sino más bien con que tu mente es más selectiva ya que la has orientado al objetivo que estás buscando. No tengo nada en contra de seguir tus sueños y luchar por ellos (yo lo hago), pero esta frase del universo que conspira lo aborda de una forma completamente errónea.
A diferencia de lo que sugiere el libro, en la vida real mucha gente desea muchas cosas con toda el alma y muchos no lo logran. Se necesitaría ser demasiado pusilánime como para no desear nada en la vida. ¿Qué pasa si yo no tengo la habilidad innata para ser un gran cantante porque mi garganta no da para ello y deseo ser un cantante con toda el alma? ¿Lo voy a lograr solo porque lo deseé? ¿Qué pasa si se atraviesa un accidente en mi camino y ya no puedo realizar mi sueño? ¿Qué pasa si, a pesar de desearlo con todo el alma, resulta que mi estrategia no fue la acertada? ¿Qué pasa si deseas a una persona del sexo opuesto con toda el alma al punto en que te obsesionas con ella? Los seres humanos no somos ilimitados ni somos perfectos como para pensar que con desearlo con toda el alma todo va a llegar por añadidura. El entorno importa, la estrategia, el esfuerzo, la asertividad también. Pero en el libro Coelho sugiere que te estés tranquilo, ya que si lo deseas con toda el alma, el universo va a conspirar para que ocurra, que vas a atraer a las personas indicadas para que esto suceda. El universo, dice Coelho, te pone a las personas y los recursos adecuados en tu camino, tú los atraes. Pero la ley de la atracción es una falacia. Esto tiene que ver con la selectividad de tu mente, porque desear algo con toda el alma, la mente está más al pendiente de potenciales oportunidades que de otra forma ignorarías.
La «filosofía» central del libro en un párrafo.
La idea de que la vida tiene un tesoro para ti es todavía más falaz. Primero, el concepto de vida abordado de esta forma (donde nos encontramos insertos los seres vivos) no es más que un orden de sucesos aleatorios; la vida es una manifestación, no es una entidad y, por tanto, la vida no puede tener un tesoro para ti. En el libro se narra la historia de Santiago que tiene que buscar su tesoro como si fuera algo que ya estuviera dado y que el tiene que encontrar: ¿cómo? Deseándolo tanto para que el universo conspire a su favor.
La realidad es muy distinta: en nuestra vida no hay nada escrito para nosotros. Eso que llamamos sueños se construyen con el tiempo y están muy determinados por la forma en que nosotros percibimos la vida, por el contexto en el que crecemos y nos desarrollamos, por nuestra forma de pensamiento, nuestros principios o nuestros ideales. Al decir que hay un tesoro para nosotros, Coelho está negando que los sueños puedan cambiar con el tiempo; también niega la capacidad que los individuos tenemos de ser flexibles al respecto: hay que ser necios y seguir nuestro sueño porque «ese es el tesoro», diría él. ¿Y qué pasa cuando logramos nuestro sueño y hayamos «el tesoro»? ¿Nos vamos a conformar con él y quedarnos sentados? ¿Y si nuestro sueño no se cumple, no tenemos la capacidad de buscar otro porque ese era nuestra «Leyenda Personal»?
El título del libro «El Alquimista» adquiere un tono algo irónico. Así como la alquimia está completamente rebasada por la ciencia, la filosofía de Coelho está rebasada por el sentido común. Es un libro que, a mi parecer, fue escrito para ganar ventas y en este sentido es un éxito. Coelho encontró un gran mercado en aquellas personas que buscan un sentido a su vida pero que no son ávidos lectores y mucho menos están acostumbrados a leer filosofía. Es un éxito porque apela a las emociones; porque la gente, al leer su obra, se queda con una sonrisa en la cara y se convence de que tiene que vivir sus sueños. La religiosidad combinada con el esoterismo funciona, mezclar a Dios con el universo, la oración con la causalidad absoluta. El genio de Coelho consistió posicionar su filosofía por medio de la repetición. Todos repiten sus frases aunque tengan poco sentido, porque con su componente esotérico convence al individuo de que lo puede todo, de que si se desea algo con todo el corazón las cosas van a suceder. No hay nada más atractivo para el individuo que sentir que sí lo puede todo, que no hay esperanza que se pueda perder.
Pero «sentir» es algo que debería dejarse a las novelas. Los libros de autoayuda (porque este libro lo es de alguna forma) deberían ayudar al individuo a pensar e incluso a confrontarse consigo mismo. Este libro, así como mucha de la literatura de autoayuda, ignora que el ser humano es único e irrepetible; trata a los individuos como iguales, como si todos tuvieran los mismos problemas y pensaran de la misma forma. El Alquimista sugiere una superioridad moral de quienes buscan sus sueños sobre de quienes no lo hacen o no lo logran, pero en la vida real hay quienes fracasan, hay personas que tienen que preocuparse por sobrevivir, hay otras que deben de preocuparse por darle un buen futuro a sus hijos y así son felices. Y no solo eso, sino que también ayuda a alimentar el ego del lector ya que les trata de convencer la idea de que son especiales y que ellos pueden lograr los sueños que pocos logran, así como Santiago fue especial porque él sí lo deseó con el alma y el universo sí conspiró a su favor, se quedó con su tesoro y con su amada Fátima. La realidad es que la mayoría de las personas no son especiales, son personas comunes ¿y tiene eso algo de malo? No.
Si algo puedo decir a favor de Coelho es que, como sea, la lectura es amena. Al menos no es una tortura leerlo como sucede con otras obras que he leído para hacer una crítica de ella. Es un libro que lees en una sentada, bastan tres o cuatro horas de tu tiempo para concluirlo, pero no puedo decir más que eso. Dice el dicho que algo que es popular no es necesariamente bueno, y El Alquimista es la muestra patente de ello.
Ese es el título del libro de Gloria Álvarez Cross, la afamada politóloga libertaria oriunda de Guatemala que saltó a la fama por sus férreas críticas a la izquierda y al populismo latinoamericano, y quien es invitada a muchos foros en distintas latitudes del mundo gracias a la facilidad que tiene para comunicarse y explicar sus ideas.
Pero en su libro no logra responder esa pregunta, ni siquiera se esfuerza en contestarla. Se sobreentiende que si una obra plantea establecier diálogo con quien piensa diferente, este tendría que proponer algún ejercicio para «ponerse en los zapatos del otro» y así poder debatir y persuadir.
En vez de eso, Gloria Álvarez caricaturiza al progresista, le da una sola definición y aprovecha para hacer críticas sobre su incongruencia y sobre las falacias o disonancias congitivas en las que suelen caer. Algunas de sus críticas son válidas y atinadas, pero constantemente cae en las mismas falacias y disonancias que ella misma critica.
Por ejemplo, Gloria Álvarez nos dice que los progresistas ven todo en blanco y negro y no son capaces de ver las tonalidades grises. Pero esa es la misma forma en la que ella los juzga, como si todos los progresistas fueran iguales y pensaran exactamente de la misma forma. Inserta dentro de la misma definición a izquierdistas moderados y radicales; afirma que los progresistas odian a Estados Unidos pero en otras ocasiones dice que admiran a Obama; luego dice que todos admiran a Cuba y Venezuela; después habla del progresismo de la socialdemocracia española que en realidad tiene que ver poco con Cuba. La realidad es que eso que Gloria llama progresismo tiene matices muy diferentes.
El libro empieza muy flojo, incurre una y otra vez en la falacia del hombre de paja por medio de una caricaturización forzada del progresismo. Varias de las actitudes que Gloria menciona son comunes en algunos progresistas, es cierto (y lo notamos acá en México con varios de los simpatizantes de López Obrador), pero ella mantiene una postura un tanto similar de superioridad moral, tratando de mostrar que ella es la que carga con la razón y la verdad objetiva mientras que los otros son ignorantes, hipócritas y cínicos. Gloria los acusa de dogmáticos, pero su crítica parte de una postura también muy ideologizada y dogmática.
La realidad es que las disonancias cognitivas existen dentro de todo el espectro político. El libro Political Brain de Drew Westen muestra cómo tanto los demócratas como los republicanos de Estados Unidos suelen hacer juicios con base en sus afinidades políticas de forma mucho más contundente que en la evidencia. Gloria siente que se está blindado de estas disonancias y toma incluso las inconsistencias del progresismo para hacer juicios de valor. Pero se equivoca.
Al principio parece que le trae «muchas ganas» a los progres. Tanto que termina alabando a Donald Trump:
Trump ha reivindicado la capacidad individual de los ciudadanos para lograr su propia felicidad, de la que la Constitución estadounidense habla. La capacidad de los ciudadanos para decidir sin imposiciones, para gastar su dinero sin que el Estado intervenga en ello, para construir una sociedad en la que nadie determine lo que los demás deben de hacer.
Parece que las vísceras jugaron un papel más importante que la razón, parece que la disonancia cognitiva hizo su chamba en la mente de nuestra querida Gloria. Trump no es un libertario, ni siquiera un promotor del libre mercado. Es un populista de derechas proteccionista dispuesto a cerrar sus fronteras para proteger a los trabajadores estadounidenses de los «malévolos extranjeros». ¿Qué dirá Gloria ahora que Trump ha iniciado una guerra comercial contra México, Canadá y la Unión Europea subiendo los aranceles a varios insumos?
Gloria caricaturiza a un progre como un individuo con ideas obsoletas, flojo, que no lee, que no sabe nada de economía, intolerante, que detesta la cultura del esfuerzo pero a la vez es parte de la burguesía (eso que algunos llamamos izquierda caviar), es hipócrita, cínico, y a la vez suele tener dinero, tanto que algunos son ricos, tan ricos como los que critican tanto. Esa es una caricaturización muy reduccionista porque entonces no se podría explicar por qué hay «progres» que sí tienen abundante dinero, por qué varios de ellos son líderes de opinión, artistas o hasta políticos o burócratas destacados (que para ello se necesitó esfuerzo). Gloria pone en una misma canasta al manifestante que se droga y tarda 10 años en terminar sus estudios y al académico progresista con maestría y doctorado en universidades de renombre que le ha tenido que batallar para obtener una beca y para encontrar una plaza en una universidad de prestigio.
Gloria también ignora que hay muchas personas que toman posturas progresistas en el terreno de lo social pero no en lo económico. Y no me refiero al libertarismo (que concuerda en el terreno del matrimonio igualitario, por un decir) sino que, mientras que defienden el libre mercado en lo económico, sus posturas sociales están muy influenciadas por corrientes que parten del postestructuralismo o de la Escuela de Frankfurt.
A medida que se avanza en el libro, sí se puede percibir cierta mejoría y algunos momentos un tanto lúcidos donde Gloria se centra en algunas tesis muy específicas de los progresistas que exhibe con argumentos. En la parte central hace algunas críticas suyas que valen la pena y que logran salvar un poco su obra, pero al final, en el epílogo, regresa a otra vez a la crítica visceral y reduccionista.
¿Qué puede dejar un libro cuya misión no es dialogar con un progresista sino caricaturizarlo? Creo que muy poco. Este es de ese tipo de obras que solo logran reafirmar las posturas ideológicas de los lectores. Pienso que, aunque cita algunos autores importantes como Tocqueville, Locke, Platón o Friedrich Hayek, entre otros, parece que el libro tiene una base filosófica muy débil. No porque sea un libro fácil de leer (un libro no necesita ser complejo ni pesado para demostrar tener un buen bagaje filosófico), sino porque en el texto a veces falta sustancia, falta «carnita». Gloria recurre a muchos lugares comunes y preconcepciones, y si bien entiendo que este es un libro de divulgación y no uno académico, creo que incluso para el género se queda corto.
No soy muy progresista, tampoco soy libertario y no simpatizo del todo con Gloria Álvarez, aunque me parece una mujer inteligente y agradezco varias de sus críticas a los regímenes populistas en sus videos de Youtube. Tal vez por eso esperaba un poco más de este libro, lamentablemente se queda muy corto si hablamos de una de las principales divulgadoras del libertarismo en nuestro subcontinente.
Dado que este año leí muchos libros (más de 50) muchos de los cuales me agradaron bastante, me costó algo de trabajo hacer la lista anual de los libros que más recomiendo. Tuve que aumentar la lista de 10 a 12 libros y tuve que dejar fuera varios libros que son muy buenos pero que no alcanzaron a estar en la lista (de todos modos los pondré como menciones honoríficas). Esta lista no trata de los mejores libros de 2017 (aunque hay algunos publicados este año) sino de los libros que leí este año, independientemente de su fecha de publicación. Esta lista que les presento no tiene ningún orden en específico:
1.- Superintelligence: Paths, Dangers, Strategies – Nick Bostrom
A pesar de que su lectura puede llegar a resultar un tanto pesada (la redacción de este libro no es muy amigable, creo yo), esta obra es muy interesante ya que analiza a profundidad el advenimiento de la inteligencia artificial, sobre todo cuando ésta supere al ser humano en inteligencia (cosa que podría ocurrir en este siglo). Bostrom no solo habla de los peligros potenciales de ella, sino que también plantea varias estrategias para aminorar los riesgos y ponerla al servicio de la humanidad (no al revés).
2.- Consciousness and the Brain – Stanislas Dehaene
¿Cómo funciona la conciencia? El neurocientífico Stanislas Dehaene intenta responder esta pregunta desde un punto de vista científico explicando el funcionamiento de nuestro cerebro, cómo es que procesa la información y la interpreta. Quienes lean este libro se darán cuenta que dicho proceso es más complejo de lo que parece: por poner un ejemplo, nuestro cerebro tarda un tercio de segundo en interpretar todos los impulsos que recibe (así es, todo lo que ves, oyes y escuchas tiene poco menos de segundo de retraso).
De la posmodernidad, del subjetivismo y el relativismo que ésta acarrea se habla mucho, pero este libro va más allá y rastrea sus orígenes filosóficos (desde Immanuel Kant) para así poder hacer una mejor crítica de esta corriente de pensamiento. También intenta explicar por qué el posmodernismo ha adquirido una gran capacidad de influencia en las últimas décadas y por qué se encuentra muy presente en las humanidades mientras que en la ciencia brilla por su ausencia.
Fiodor Dostoievski es uno de mis escritores favoritos y este libro me volvió a recordar por qué. Esta es la historia de un joven de San Petersburgo que se enamora de una mujer que lo considera a su amigo y lo trata como tal (dicho de otra forma, lo mantenía en la friendzone), mientras que él no sabe como mostrarle lo que siente por ella o no tiene los arrestos para hacerlo. Este libro me pareció bastante triste y un tanto frustrante (por el personaje), pero en ello reside la magia de esta novela corta.
Dicen que esta es la biblia del feminismo, y a la hora de leerlo entendí por qué. Esta es una obra excelsa que narra desde una perspectiva existencialista (vaya, su pareja era Sartre) el rol secundario que ha jugado la mujer a través de la historia, en el cual ha sido condenada a ser «el otro». Este libro es famoso también por su frase célebre «la mujer no nace, se hace» que en ocasiones ha sido sacado un poco de contexto tanto por simpatizantes como por detractores del feminismo.
6.- The Principles of Representative Government – Bernard Manin
Este libro es una joya para entender qué es la democracia moderna y cómo es que llegamos a ella a través de la historia. Este texto, donde Manin contrasta a las formas actuales de democracia con aquella de la Grecia Antigua, es indispensable para los politólogos pero a la vez muy útil para todas las personas que quieran tener algo de conocimiento en política.
7.- The Better Angels of our Nature – Steven Pinker
En este libro Steven Pinker argumenta que la violencia dentro de la especie humana ha ido disminuyendo a través de la historia. Pero la magia de este libro reside en la gran cantidad de conocimientos de los que echa mano para construir su argumento, apela a la esencia del ser humano, recurre a la filosofía, la psicología y la historia para así entregar una obra muy sólida que debe estar en el librero de cualquier aficionado a la lectura.
¿Por qué existen los mitos? ¿Cuál es su función dentro de la historia de nuestra especie? En este gran libro, Jordan Peterson contesta a estas preguntas con base en la neuropsicología y en el pensamiento de psicólogos como Carl Jung o filósofos como Nietszche. Este libro es un tanto confrontativo y creo que es una obra que puede ayudar a entender de mejor forma el papel de las religiones en la civilización humana.
9.- Historia de la Filosofía Occidental – Bertrand Russell
Lo único que separa a esta obra de ser el manual más importante de la filosofía de Occidente es que no abarca gran parte de los filósofos del siglo XX (por la fecha en que fue publicado), pero aún así esta es una obra excelsa sobre la historia de la filosofía que le servirá al lector tener una base filosófica mucho más sólida. Se agradece mucho que Russell hable mucho del contexto histórico de las corrientes filosóficas y que haya tomado con mucho seriedad a la Edad Media y la filosofía escolástica que muchas veces suele pasarse por alto.
10.- Dialéctica sobre la Secularización: Jürgen Habermas y Joseph Ratzinger
De todos los libros, este es el más corto y se lee en poco más de una hora. Pero si lo coloqué en esta lista es no solo por la excelsa contribución de estos dos personajes intelectualmente brillantes pero disímiles (uno de la Escuela de Frankfurt y el otro Papa de la Iglesia Católica) quienes debaten sobre el fenómeno de la secularización (es decir, la pérdida de los símbolos y ritos religiosos), sino porque, a pesar de todo, terminen coincidiendo en muchas cosas.
John Stuart Mill ha sido uno de los filósofos que más influyeron para la creación de lo que llamamos la democracia liberal. Como el título lo dice, Mill habla sobre la libertad, del rol del hombre con el gobierno y sobre la importancia de que el ser humano sea autónomo y libre en tanto no afecte la libertad de los otros. Es un libro relativamente pequeño que todos deberían leer, en especial en estos tiempos donde a veces pareciera que varios de los principios liberales son relegados a un segundo plano.
12.- The Origins of Totalitarianism -Hannah Arendt
Aunque dije que la lista no tendría un orden en específico, sí quise dejar al final al que considero el mejor libro que leí en el año y posiblemente uno de los mejores libros que he leído en toda mi vida. Me atrevo a decir que este es el libro más importante si uno quiere entender por qué los regímenes totalitarios como el nacionalsocialismo y el comunismo surgieron. No sólo habla de la condición del ser humano y recurre a antecedentes históricos, también explica detalladamente cómo es que dichos regímenes suelen hacerse del poder destruyendo todos los lazos sociales de sus habitantes. Puede llegar a ser un tanto escalofriante, pero es un libro que todo interesado en la política debería de leer.
Menciones honoríficas:Calígula y El Mito del Sísifo de Albert Camus, Demian de Herman Hesse, A Room of One’s Own de Virginia Woolf, La Mecánica del Corazón de Mathias Malzieu, Historia de Roma de Indro Montanelli, La Revolución Científica de Ruy Pérez Tamayo, Metafísica de Aristóteles, Trump and a Post – Truth World de Ken Wilber, Liberty, Incorporating Four Essays on Liberty de Isaiah Berlin, The Porn Myth de Matt Fradd. (aquí puedes ver todos los libros leídos en este año).