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  • 3 libros que debes leer para entender la pandemia del #Covid19

    3 libros que debes leer para entender la pandemia del #Covid19

    3 libros que debes leer para entender la pandemia del #Covid19

    Los seres humanos estamos viviendo una pandemia inédita. No es la primera que ocurre evidentemente ni la única de la que hemos sido testigos (el SIDA es un claro ejemplo), pero sí es la primera en su tipo que nos ha tocado vivir a los seres humanos que el día de hoy estamos vivos y cuyo más reciente caso similar es la Gripe Española de 1918.

    Hay muchas cosas que el día de hoy no entendemos porque estamos ante un nuevo virus que tanto las universidades, farmacéuticas, instituciones y gobiernos están tratando de comprender, la incertidumbre es inevitable e irremovible en estos momentos, pero sí podemos aprender un poco más de este fenómeno con base la literatura que tenemos disponible.

    Por esto les recomiendo estos tres libros, que son diferentes entre sí y que nos pueden ayudar a comprender mejor este fenómeno desde perspectivas muy diferentes. La primera desde un punto de vista más social y cotidiano, la segunda desde una perspectiva histórica y la otra desde una perspectiva médica.

    La Peste de Albert Camus

    Basta buscar el nombre del escritor existencialista en Google Trends para ver cómo se han disparado las búsquedas de este autor desde que comenzó la pandemia. La explicación es autoevidente: muchas personas han buscado el libro de La Peste porque es una de las claras referencias cuando se quiere hablar sobre pandemias.

    Esta novela, que tiene lugar en la ciudad argelina de Orán, nos habla sobre la forma en que una sociedad tiene que lidiar con la peste que los ha obligado a ponerse en cuarentena sin saber si van a salir vivos de esa. La epidemia que los invade termina sacando lo mejor y lo peor de las persona y nos muestra cómo es que viven esta tragedia donde están confinados en una ciudad de la que no pueden salir.

    Con todo y el esfuerzo de los médicos que se solidarizan con el sufrimiento de la comunidad y buscan hacer lo posible para acabar con el problema, el bicho permanece por un largo tiempo hasta que de pronto, e forma paulatina, se comienza a retirar. Así, La Peste muestra a un ser humano impotente, rebasado y que no tiene control de su mundo por un microbio que es mucho más pequeño que él pero que ha irrumpido de forma agresiva en su cotidianeidad dominándolo.

    «Y sé que hay que vigilarse a sí mismo sin cesar para no ser arrastrado en un minuto de distracción a respirar junto a la cara de otro y pegarle la infección. Lo que es natural es el microbio. Lo demás, la salud, la integridad, la pureza, si usted quiere, son un resultado de la voluntad, de una voluntad que no debe detenerse nunca.»

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    Pandemics: A Very Short Introduction – Christian W. McMillen

    Si quieres conocer la historia de las pandemias que los seres humanos hemos sufrido a lo largo de la historia para tratar de entender lo que estamos viviendo el día de hoy, este libro va recomendadísimo.

    Es un libro sencillo, de esos que puedes leer en dos días; pero, a pesar de ser breve, es muy conciso y brilla porque explica muy bien el contexto social y cultural en el que ocurrieron las diversas pandemias (la peste, la viruela, tuberculosis, SIDA y demás), cómo es que la gente reaccionó, qué medidas tomaron las autoridades al respecto, qué creencias tenían con respecto a la pandemia que les tocó vivir y, sobre todo, cómo es que moldearon las sociedades a las que azotaron.

    En este libro vas a encontrar muchos puntos en común entre la pandemia que estamos viviendo y las pandemias que se vivieron en el pasado: gobiernos que la subestimaban y no hicieron nada hasta que fue muy tarde (la gripe española), desinformación y un ser humano que se sentía todopoderoso hasta que la pandemia lo azotó y le recordó lo vulnerable que es.

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    In Defense of Self: How the Immune System Really Works – William R. Clark

    Nuestra principal arma para combatir el Covid-19 es nuestro sistema inmune. Si es fuerte, lo vencerá sin problema, si no, posiblemente presentemos síntomas más graves e incluso podríamos terminar en el hospital. Pero ¿cómo funciona nuestro sistema inmune? Éste es un gran libro para comprenderlo.

    El libro no solo explica a detalle cómo funcionan todos los actores que compone el sistema inmune, funcionamiento que es asombroso y tan solo hace que nos maravillemos más por la complejidad de nuestro organismo. Este libro también nos habla tanto de la relación de nuestro sistema inmune con las los virus, bacterias y microbios que crearon las pandemias más mortíferas de la historia, así como de aquellos momentos en el que el sistema inmune se puede ir en contra de nosotros.

    Aunque en algunos detalles está un poco pasado de tiempo (se escribió en la primera década de este siglo y por tanto todavía no aborda los últimos avances del SIDA), es un libro asombroso que nos ayudará a conocer mejor nuestro organismo.

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    Espero les haya gustado esta pequeña lista, son libros que valen mucho la pena.

  • Quería platicarles sobre leer libros

    Quería platicarles sobre leer libros

    Como no sé qué escribir de fin de año, les voy a hablar de uno de mis hobbies favoritos: leer libros.

    1) Este año leí 66 (es lo que más he leído en mi vida) y posiblemente ya no lea una cantidad mayor. Como muchos de los libros que leo son digitales, tengo mi cuenta en Goodreads y ahí siempre subo todo lo que he leído. No me fijo mucho en ponerme metas, nomás leo por gusto y ya.

    2) Eso sí, guardo cierta disciplina a la hora de leer (y eso explica por qué he podido leer tanto). En la mañana, cuando hago bicicleta, me llevo un libro (ahí van 30 minutos). En mi hora de comida, me reservo otros 30 minutos (más 15 de comer y 15 min de siesta aprox). Luego en la tarde, después de terminar de trabajar leo como hora y media o dos horas, aunque no seguidas, sino distribuidas por lapsos. Leo entonces como 3 horas diarias en días normales (que no salga o esté sobresaturado de trabajo).

    3) En fin de semana y domingo leo más (excepto los días en que esté fuera de casa). Ahí leo como 4 horas más o menos distribuidas en el día. Leer más ya se me hace bastante pesado y rara vez lo hago. También, cuando viajo (avión o camión) leo en casi todo el trayecto, o cuando estoy esperando en el aeropuerto o cuando estoy en una sala de espera (afortunadamente puedo leer en mi cel y sincronizar el avance con el Kindle).

    4) La mayoría de los libros que leo son digitales (por precio básicamente y porque los libros clásicos en línea puedes conseguirlos gratuitos en PDF) pero de vez en cuando leo libros físicos porque nunca nada se va a comparar con un libro físico (aunque el Kindle es más ergonómico).

    5) Es raro que no termine de leer un libro, todos los termino (hasta a Hegel lo terminé por más que me costó). Solo tengo como cuatro sin terminar.

    6) Nunca leo más de dos libros al mismo tiempo y casi siempre solo leo uno.

    7) No me gusta subrayar libros físicos ni poner etiquetas, me gusta dejarlos lo más intactos posible. En el Kindle, como es digital, sí que subrayo y hago notas.

    8) Casi siempre que termino un libro, leo reseñas o videos en Youtube para reforzar lo que leí. Si aplica, incluso escribo algún artículo en mi blog que haga referencia a algún contenido del libro en cuestión.

    9) Leo casi de todo y trato de alternar géneros (ej, leo un libro de política, luego una novela, luego uno de historia, uno de divulgación y así). Aunque es un hobbie, intento en cierta medida que lo que lea abone a mi desarrollo personal y profesional.

    10) También trato de leer libros que me confronten para no hacer de mi lectura una burbuja ideológica o bien trato de leer libros muy disímiles entre sí (tuve la osadía de leer Teología del Cuerpo de Juan Pablo II y, acto seguido, El Género en Disputa de Judith Butler) para contrastar dos formas de pensamiento radicalmente distintas.

    11) Amo que me recomienden libros, y también me encanta recomendar. También siempre chismeo cuando alguien está hablando o escribiendo sobre un libro.

    12) Aprendí a leer a temprana edad, y por el contrario, aprendí a caminar tarde (incluso no sé qué aprendí a hacer primero). Así como soy bueno para leer, los deportes nunca se me dieron bien.

  • Diez libros que leí este 2019 y que te recomiendo

    Diez libros que leí este 2019 y que te recomiendo

    Diez libros que leí este año y que te recomiendo

    Este año leí muchos libros y muy variados. Algunos más buenos que otros evidentemente. Y como cada año, te traigo mi lista de los diez libros que más me gustaron (más algunas menciones honoríficas). Espero la lista sea de tu agrado.

    Observación: la lista no tiene ningún orden en específico.

    1.- The Oxford History of the French Revolution – William Doyle

    Básicamente. Si quieres aprender sobre la Revolución Francesa, ya sea que no sepas nada, o ya sea que sepas algo pero que quieras profundizar, este es tu libro. Un libro muy completo y concreto.

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    2.- Crítica de la Razón Pura – Immanuel Kant

    No, no es un libro fácil. Si te quieres iniciar en la filosofía no creo que sea buena idea empezar por aquí. Lo tenía 10 años empolvado porque al principio no entendía mucho. Luego, ya con más preparación lo tomé y lo pude comprender y disfrutar, y por ello lo recomiendo, porque creo que comprender la metafísica de Kant es punto de partida importante para conocer todo lo que vino después.

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    3.- Lean In: Women, Work, and the Will to Lead – Sheryl Sandberg

    Sheryl Sandberg, quien se ha hecho un espacio para llegar a puestos de alto nivel en Silicon Valley, y quien es actualmente directora operativa de Facebook, nos cuenta qué es lo que vive una mujer en el día a día para poder trascender profesionalmente, cómo es que tiene que desmontar paradigmas y vencer resistencias mayores que las que generalmente puede vivir el hombre.

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    4.- The Human Condition – Hannah Arendt

    Arendt es una de mis filósofas políticas favoritas y no creo que sea casualidad. En este libro habla sobre las actividades humanas (eso que llama vita contemplativa y vita activa) a través del tiempo para así entender los roles actuales y el contraste entre el espacio privado y lo público.

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    5.- La Sociedad del Cansancio – Byung-Chul Han

    La única pega del libro de Arendt es que por momentos, debido a que han ocurrido muchos cambios económicos, sociales y culturales desde que lo escribió, pueda sonar un poco desactualizado, pero justamente el libro de La Sociedad el Cansancio de Byung-Chul Han puede, de alguna forma, verse como una suerte de complemento o casi como actualización. Este libro hace una muy interesante crítica del rol del ser humano contemporáneo: aquel que ya no es explotado, sino que se explota a sí mismo, aquel que busca tener una «actitud positiva» pero a que la vez parece muchos trastornos mentales.

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    6.- La Esperanza y el Delirio – Ugo Pipitone

    Este es uno de esos libros que no son tan conocidos pero que recomiendo ampliamente a quien le guste la política. Básicamente es la historia de la izquierda en América Latina en todas sus facetas. Si quieres entender sus peculiaridades y cómo se ha manifestado a través del tiempo, este libro es imprescindible.

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    7.- The Age of Extremes: A History of the World, 1914-1991 – Eric Hobsbawm

    Y siguiendo con historia, me parece que este es uno de los mejores libros de la historia de nuestra civilización del siglo XX. En ella Hobsbawm narra detalladamente los acontecimientos ocurridos en este periodo, todas las transformaciones culturales, económicas, sociales y políticas de este siglo.

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    8.- El Concepto de la Angustia – Søren Kierkegaard

    Tal vez pueda ser algo denso, pero es un libro que vale la pena leer. Aquí, Kierkegaard, quien inauguró la tradición existencialista dentro de la filosofía, básicamente explica lo que la angustia es a través del pecado original. Un libro que bien puede ayudarnos mucho explicar la angustia de nuestros tiempos.

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    9.- La Ciudad de Dios – San Agustín

    San Agustín De Hipona, filósofo neoplatónico, es uno de los pilares filosóficos del cristianismo, y como los pilares Occidente están en parte cimentados sobre el cristianismo, entonces es imperativo conocer a San Agustín. No es requisito que creas siquiera en alguna religión para que puedas nutrirte y aprender de este extenso libro que, partiendo de una defensa del cristianismo contra el paganismo, habla sobre temas muy diversos que muestran la esencia del propio cristianismo.

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    10.- Democracia en América – Alexis de Tocqueville

    Hay muchos más libros que habría querido incluir en esta lista, pero decidí, para cerrar, incluir éste. Es un libro muy indispensable no solo para entender la cultura democrática de Estados Unidos, sino las raíces de la democracia en general desde el punto de vista del testimonio de Tocqueville, quien viajó a Estados Unidos para admirarse de su democracia y contrastarla con una Europa que apenas comenzaba a dejar del lado los gobiernos monárquicos.

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    Menciones honoríficas:

    • Madness: a Brief Story – Roy Porter
    • La muerte de Ivan Ilich – León Tolstói
    • La invención de Morel – Adolfo Bioy Casares
    • Ética a Nicómaco – Aristóteles
    • Nordic Ideology – Hanzi Freinacht
    • World Order – Henry Kissinger
    • Hombre y Engranajes – Ernesto Sabato
    • El Liberalismo del Miedo – Judith Shklar
    • Napoleón – David Avrom Bell
    • Free to Choose – Milton Friedman
    • Thinking, Fast and Slow – Daniel Kahneman
    • El Kybalión
    • La Naturaleza Humana – Jesús Mosterín
    • John Locke – Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil
    • How Democracies Die – Steven Levitsky
    • Una historia de Asia Oriental – Charles W. Holcombe

    Sí, son muchos, pero no los podía dejar fuera. Aquí puedes ver todos los libros que leí este año (incluso hay más libros que valen la pena leer y que no alcancé a incluir en esta lista)

  • El unboxing intelectual de «Hacia una Economía Moral» de AMLO

    El unboxing intelectual de «Hacia una Economía Moral» de AMLO

    El unboxing intelectual de "Hacia una Economía Moral" de AMLO

    Presumen que el libro «Hacia una Economía Moral» de López Obrador es el más vendido, que se convirtió de la noche a la mañana en un superventas. Dicen que en Amazon ya rebasó a Harry Potter como el libro que más se está vendiendo. Y tal vez es evidente por qué ocurre esto, porque se trata del Presidente que tiene, gracias a su investidura, tal poder mediático como para que todo mundo conozca sobre la existencia de su libro. No solo eso, la figura de López Obrador en sí es garantía de ventas, no solo por parte de sus más férreos seguidores, sino por parte de los críticos que leerán con escepticismo (y unos hasta con burla) lo que dicho texto contiene.

    Pero ¿la obra de López Obrador está a la altura de la euforia que ha causado? Para eso decidí leerlo y estas son mis impresiones.

    Mi primera cuestión es ¿cuál era la necesidad de publicar este libro? El libro pareciera una suerte de combinación de libro de campaña con un informe (otro más) y hasta memorias póstumas. Es un libro al cual es difícil entender su utilidad, dado que López Obrador ya nos ha explicado de qué va su ideario, ya nos ha hablado una y otra vez sobre lo que quiere hacer, qué es lo que ya hizo y qué, de acuerdo con él, ya se ha logrado.

    El libro en sí no presenta algo nuevo. Quienes ya hemos leído a López Obrador o hemos estado a su gestión no vamos a encontrar alguna revelación o algo que no supiéramos, todo es como «más de lo mismo», de esa narrativa que López Obrador repite una y otra vez en todos lados. No hay nada nuevo en el aire.

    Pareciera que este libro fue lanzado con mucha prisa. Lo digo por varias razones: por ejemplo, acontecimientos que apenas tienen un mes (como la captura y liberación de Ovidio Guzmán), porque tiene errores de estilo y porque tiene faltas de ortografía imperdonables en un libro (entendiendo que una publicación siempre pasa por correcciones de estilo) tal como sucede en la página 185 donde dice «oprovio neoliberal» (cuando la palabra correcta es oprobio). También podemos ver gráficas que están caducas u obsoletas como ocurre con la que utilizaron para explicar cómo los «gobiernos neoliberales» aumentaron la desigualdad por medio del coeficiente de Gini que solo llega hasta 2012 ¿Cuál era la necesidad de lanzar este libro con tanta prisa? ¿Buscaba el gobierno reavivar la esperanza dentro de un mes tan errático que ya se ha visto reflejado en las encuestas donde la popularidad de López Obrador ha ido a la baja en los últimos días?

    «Hacia una Economía Moral» no es un libro de economía, los economistas no encontrarán nada valioso en él. Lo económico se funde con lo ideológico y solo se manifiesta con las constantes culpas que López Obrador le echa al «neoliberalismo» como producto de todos los males. Pero incluso, al analizar los números, AMLO hace eso que en estadística llaman «cherry picking«. Tomemos la misma tabla de GINI: AMLO dice que gracias al neoliberalismo aumentó la desigualdad, pero omite decir que, en ese mismo periodo neoliberal, dicha desigualdad volvió a disminuir a niveles «preneoliberales» en las gestiones de Vicente Fox y Felipe Calderón.

    Dado que este libro dice «mucho de lo mismo» podría no valer tanto la pena ahondar en la argumentación, pero sí me parece que hay algunas cosas que valen la pena señalar. Hay algo que AMLO introduce en este libro, y es la intención de construir al fraude como arquetipo a través de la historia para posteriormente ligarlo con el neoliberalismo. Es cierto que López Obrador no es alguien que ignore la historia de México, de hecho me parece que sabe bastante de ella, pero a través de ella hace una interpretación de tal forma que abone a su narrativa. Vemos cómo a través del libro construye el concepto del fraude (desde Hernán Cortés hasta el que denunció en el 2006) buscando analogías y paralelismos. Así, liga el saqueo de Hernán Cortés, el porfiriato y lo que él llama el neoliberalismo (de la cual tiene una definición muy propia y particular). El relato victimista y de lugares comunes se repite una y otra vez.

    Es evidente también que el ideario de López Obrador no ha cambiado con el tiempo ni lo ha sometido a actualizaciones, de tal forma que se antoja obsoleto, el mundo ha cambiado pero el concepto que AMLO tiene de él casi no. Por ejemplo, el «crédito a la palabra» típico de algunas políticas actuales es algo calcado de su activismo y su participación en la política desde los años 70.

    López Obrador hace una interpretación muy conveniente de la historia que no soportaría el análisis de un politólogo o historiador serio. Más aún cuando él se asume como juez y parte:

    Fue en el Porfiriato (1876-1911) que se instauró la corrupción que predominó hasta el triunfo de nuestro movimiento.

    AMLO insiste en que el neoliberalismo es lo peor que le podía haber pasado a México. Si bien acierta en algunas críticas, como en las formas turbias en que se llevaron a cabo las privatizaciones, omite la ineficiencia del sector productivo estatal que lamentó que fuera privatizado. Todo aquello que surgió con el neoliberalismo debe ser repudiado y objeto de crítica, incluso las organizaciones civiles y muchas de las figuras que trataron de crearse como contrapesos. Gran parte del libro trata de eso.

    Más curioso es que en la práctica López Obrador haya adoptado parte del recetario neoliberal, sobre todo lo que tiene que ver con el adelgazamiento del sector público (una política de austeridad muy agresiva) y ha buscado mantener una macroeconomía relativamente sana. Incluso se jacta de ello y, a diferencia de otras obras, aquí si establece un distanciamiento con los regímenes de Echeverría y López Portillo a quienes critica por despilfarrar y endeudarse. Es evidente que se trata más bien de una cuestión retórica que práctica.

    A diferencia de otros libros, es posible, por el contexto en que fue publicado, ver las discrepancias entre la retórica y la realidad. El relato de López Obrador podrá ser atractivo a unos, pero su forma de gobernar ha discrepado. Pongo un ejemplo:

    Ya existe un auténtico Estado de Derecho y queremos convertir en hábito la consigna de nuestros liberales del siglo XIX: «Al margen de la ley, nada, y por encima de la ley, nadie».

    En la práctica hemos visto algo más bien distinto, sobre todo porque este gobierno ha acostumbrado a saltarse las vías institucionales. Ahí están los tristes ejemplos de la Ley Bonilla o de las consultas que no están reglamentadas por el INE y cuya instrumentación siempre está hecha para beneficiar la postura del gobierno.

    El siguiente párrafo, que ha formado parte de la narrativa de AMLO se convirtió de la noche a la mañana en una oda al cinismo, sobre todo con relación al evidente fraude en la selección de la nueva ombudsperson de la CNDH:

    Un punto fundamental en este sentido es acabar con la simulación de constitucionalidad tal y como se practicaba en el periodo neoliberal, y acatar puntualmente los límites y las jurisdicciones establecidos en el pacto federal y la división de poderes. Dicho de otra manera, el Poder Ejecutivo no debe inmiscuirse de ninguna forma en las decisiones de los otros poderes, debe respetar las potestades de los niveles estatal y municipal de Gobierno y obedecer las decisiones de la Fiscalía General de la República, el Banco de México, las autoridades electorales y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

    Así también hay otras afirmaciones que hacen un poco de ruido, sobre todo atendiendo a esa obsesión del presidente con el periódico Reforma así como las campañas de bots en contra de este diario:

    Nadie es perseguido o censurado como pasaba en los gobiernos neoliberales.

    En resumen, el libro no trae algo especialmente nuevo que no hayamos visto antes, sobre todo si hablamos de un político que a través de su trayectoria ha tratado de comunicar sus ideales a través de varios libros y otros medios, y que, a través de sus mañaneras y numerosos informes, nos habla cómo es que van las cosas en su gobierno. No es un libro superventas por su originalidad, sino porque se trata de López Obrador, y porque su posición de presidente le da muchos reflectores.

    Y me parece que era muy innecesario lanzarlo. Es insistir en algo que ha se ha dicho en numerosas ocasiones.

    Si quieres conocer más sobre mi análisis de su pensamiento, lee mi reseña de su anterior libro: La Salida.

  • Judith Butler – El género en disputa. Una crítica necesaria.

    Judith Butler – El género en disputa. Una crítica necesaria.

    Judith Butler - El género en disputa. Una crítica necesaria.

    El género ha sido uno de los temas más polémicos en las últimas décadas. Es un tema que también se ha polarizado mucho, que ha generado muchas discusiones (muchas de ellas innecesarias) ya que implica un cuestionamiento de las estructuras sociales.

    Hasta hace poco, la mayoría de nuestras sociedades asumía que el género (el rol) estaba predeterminado por completo por el sexo biológico (de hecho, el término «género» en este sentido es una creación reciente). Es decir, asumíamos que nuestros roles como hombres y mujeres estaban predeterminados por la biología y que la cultura tenía un papel muy limitada, marginal y contingente. Bajo argumentos naturalistas se llegó a argumentar que la mujer no podía votar o que la homosexualidad era una enfermedad.

    En muchos casos, los conceptos y categorizaciones evolucionan como oscilando en un péndulo para después llegar a superarse, casi podría decir que se trata de un giro dialéctico hegeliano (tesis – antítesis – síntesis). Por ejemplo, hace varias décadas se consideraba que el cerebro era un órgano más y que la conducta podía explicarse por un impulsos y respuestas, como lo relataba el conductismo de Pavlov y Skinner (tesis). Después, se le dio al cerebro una posición suprema sobre el resto del organismo: el cerebro era la esencia humana y no lo demás (antítesis) en tanto que ahora hay quienes sin restar importancia al cerebro tratan de explicar cómo es que el resto del cuerpo incide en nuestra esencia como personas (síntesis).

    Algo parecido podría estar ocurriendo con el género que de la tesis se ha trasladado a su antítesis. En nuestros tiempos se trata de deconstruirlo e incluso negar su existencia fuera de lo subjetivo. Aquí es donde entra Judith Butler, quien en 1990 escribió su libro El Género en Disputa. Un libro bastante controversial para su época (Incluso para la nuestra) que me di a la tarea de leer.

    Su propuesta es radical, subversiva y abrasiva. No es radical en el sentido que entendemos el concepto de «feminismo radical» que podría traducirse más bien en misandría o hembrismo, por lo que no vas expresiones de ese tipo en esta obra. Es más bien radical a nivel filosófico, tanto que tiene el atrevimiento de poner «patas pa’rriba» toda la metafísica occidental con el fin de deconstruir y desestabilizar uno de los conceptos binarios torales de nuestra civilización: la idea del hombre y la mujer, y que que va más allá de dar una significación a la forma en que percibimos el sexo, ya que se funde con lo mítico, lo religioso y lo filosófico (lo masculino y lo femenino). Una empresa de ese tamaño no puede dejar de generar polémica.

    Como buena postestructuralista (o posmoderna), veremos desde la primer página un bombardeo de deconstrucciones que tienen como base a Jacques Derrida (a quien casi no menciona pero que se encuentra implícito) y a Michel Foucault. Judith Butler parte de una premisa noble: se pregunta por qué las personas que tienen otra preferencia sexual quedan al margen y fuera de eso que ella llama «el cuerpo» o por qué históricamente la mujer (influida por Beauvoir, a quien luego también cuestiona y deconstruye) ha tenido un papel menor en la sociedad.

    Pero Judith Butler no se queda en la idea de separar al sexo (biológico) del género (cultural), sino que va más allá deconstruyendo esa dicotomía binaria (sexo biológico – género cultural) para llegar a la conclusión de que el sexo mismo es una construcción social (con base en la interpretación que hacemos del sexo) y que el género no puede ser una categoría ontológica, sino meramente performativa. Es decir, Butler considera que uno es hombre o es mujer porque repetimos patrones de conducta que le dan identidad a nuestro género.

    Coincido con aquello que le motivó a plantear su propuesta (la inclusión de otras personas con otras preferencias o identidades sexuales), pero si bien tiene algunos argumentos interesantes, tengo varias dudas sobre su planteamiento, lo cual me parece normal porque considero que la deconstrucción es muy proclive a crear arbitrariedades (de lo cual Butler no está exenta) y me voy a explicar:

    Parto del hecho de que los seres humanos, quienes percibimos la realidad objetiva de forma subjetiva y fenoménica (tomando un poco como referencia a Kant), categorizamos lo que se nos da a nuestros sentidos: una mesa como objeto existe de forma objetiva e independiente del individuo y dicha existencia no depende la actitud que tengamos hacia ella, la cual no va a modificar su forma (desde una perspectiva más realista como la de John Searle), pero la definición de mesa como tal es intersubjetiva y no reside fuera de quien la percibe: nosotros decimos que es una mesa porque tiene cuatro patas (la definición de «mesa» es intersubjetiva pero el hecho de que tenga cuatro patas es objetivo, porque nuestra actitud no hará que el objeto que tiene cuatro patas tenga tres o cinco, pero intersubjetivamente sí se puede aspirar a cambiar la definición de «mesa» de tal forma que desde ahora sea un objeto que tenga cinco patas, por ejemplo).

    Así, con base en ciertos rasgos que percibimos, categorizamos al hombre y a la mujer (el primero es más fuerte físicamente, tiene una voz más grave, tiene un pene, la segunda tiene una vagina, es capaz de embarazarse; y a esto se suman patrones de comportamiento que señalamos como comunes a cada género, independientemente de que puedan tener un origen biológico o cultural). Decimos que el término mujer u hombre (hecho social e institucional) se atribuye a esto que percibo, que existe y cuya existencia en sí misma no depende de mi actitud (hecho bruto). Incluso los roles de género que son culturales y no naturales son hechos brutos objetivos que residen fuera de nuestra mente y que nosotros amalgamamos en los conceptos de hombre y mujer como hechos sociales intersubjetivos.

    Decía entonces que el hombre y la mujer son categorizaciones intersubjetivas con base en fenómenos que percibimos. Dichas categorizaciones también podrían catalogarse como hechos institucionales (que son intersubjetivos, que de ahí se desprenden muchas normas y que no existen fuera de la mente del individuo) que tienen como base hechos brutos (que residen fuera de la mente del individuo). Y esto es importante notarlo porque ello explica el error de muchos críticos de Butler al atacarla de una perspectiva equivocada. Insisten en que su postura es anticientífica, que sí hay diferencias entre mujeres y hombres. Pero me parece que Butler está argumentando desde otra perspectiva diferente de la que recibe los ataques, ya que la suya tiene que ver más bien con los significantes y significados partiendo desde el estructuralismo (o sobre como se construirían los hechos sociales con base en los hechos brutos si tomamos a Searle) al punto que, incluso existiendo algunos factores biológicos, ella podría seguir sosteniendo su argumento.

    En este sentido, proponer otros géneros u otras categorías distintas para identificarnos (incluso su abolición) no sería anticientífico siquiera, en tanto ello se haga con base en la realidad objetiva que percibimos de forma subjetiva (es decir, que no inventemos rasgos que no existen ya que los hechos brutos existen con independencia de nuestra actitud) aunque también es cierto que hay categorías que nos pueden ser más eficientes que otras, y a ello voy más adelante, porque no parece haber alguna propuesta sólida que responda a ello.

    En su obra no va a tratar de contrariar en sí a lo objetivo aunque sí lo va a desestimar, no va a negar las variaciones cromosómicas (XX y XY) ni que una persona tiene un pene y otra una vagina. Ella se va enfocar en los relatos construidos a partir de los fenómenos que se nos presentan, y es en este punto donde encuentro varias discrepancias.

    Algunas de las discrepancias que tengo con Butler son muy parecidas a las que tengo con Michel Foucault (vaya, son filósofos posmodernos), y es la dimensión que le dan a las relaciones de poder. Al igual que la crítica que Habermas hacía a Foucault donde lo acusaba de darle al poder tal dimensión que no hay espacio para el consenso, considero que Butler falla al explicar el género binario casi exclusivamente con base en el poder y a discursos hegemónicos políticos opresores porque dicha insistencia le impide matizar y entender la complejidad de la construcción del género. Lo mismo ocurre con la misma crítica que hago sobre Jacques Derrida, quien afirma que en una categoría binaria necesariamente uno de los elementos es más fuerte que el otro y, por tanto, lo oprime.

    Me parece que detrás de la categorización que hicimos de «hombre» y «mujer» no solo hay razones de poder y razones políticas como Butler afirma, sino también prácticas: un ejemplo es el hecho de que el hombre y la mujer pueden reproducirse, porque saber con quien me puedo reproducir y con quien no ha sido importante para la preservación de la especie, por lo cual sería casi indispensable que una propuesta categorización alternativa pueda, en cierta medida, satisfacer esta necesidad (naturalmente no es necesario que absolutamente todos se reproduzcan ni este argumento puede usarse para excluir o marginalizar a quienes tienen otra preferencia o identidad sexual).

    Es evidente que el género binario es una categorización sencilla porque, incluso prescindiendo de roles culturales o performativos, al individuo le suele parecer relativamente fácil categorizar a sus pares con relación a su aspecto en muchas de las ocasiones. También es cierto que la «sencillez» de la categorización puede dejar del lado la complejidad y excluir a quien no embone dentro de dicha categorización. Butler exhibe este problema en lo que considero es uno de los mejores aciertos de su libro.

    Tampoco creo que el consenso esté completamente fuera de dicha categorización. Sí hay elementos de poder y políticos, pero no explican el todo y ello es importante notarlo. ¿Cómo señalar los elementos inequitativos dentro de la categorización binaria entre hombre y mujer, y sus implicaciones sociales y políticas, sin dejar de poner atención en su practicidad? Ello es un matiz que Butler no hace y lo cual constituye un problema porque excluye opciones alternativas a la desestabilización del género binario.

    Si se quiere proponer otras categorías, habría que pensar también en la practicidad, y ello es lo que hasta la fecha ha brillado por su ausencia. Las personas con otra orientación sexual no han tenido tanto problema para irse insertando, de forma progresiva, al ethos social, porque, si bien suelen diferir el género y lo que se espera que su orientación sea, siguen manteniéndose dentro de la categorización binaria. Pero hemos visto cómo han ido apareciendo decenas de géneros diferentes que solo nos han hecho caer en una profunda confusión por la poca practicidad que implica tomar decenas de géneros en cuenta: al final, un género binario es mucho más fácil de abstraer a la mente que un sinnúmero de géneros que, paradójicamente, en vez de terminar de desestabilizar el género binario como Butler desearía, terminan siendo meros subproductos de éste (donde todos terminan recurriendo a lo masculino o a lo femenino) e inclusive crean inequidades nuevas (una persona con sexo biológico masculino pero que se asigna género femenino contendiendo en una competición donde las demás son mujeres biológicas tendrá una natural ventaja física). ¿Cómo hacer para incluir a distintas expresiones e identidades que no caben dentro del ethos social de una forma práctica? Es una pregunta que habría que responder.

    Después de sus intensas y constantes deconstrucciones, dentro de las cuales se pueden ver algunos argumentos bastantes sensatos al señalar las limitaciones que el género binario puede tener como lo hizo con el caso de Herculine narrado por Michel Foucault junto con otros que incluso no puedo tomar en serio por más empeño le ponga (sobre todo la sección que tiene que ver con psicoanálisis, donde aborda el falocentrismo de Lacan y el Edipo de Freud, que analiza de forma tan literaria y rebuscada), pareciera que deja «abierta la herida que abrió para operar al paciente». Su argumento es que el género debería ser irrelevante porque ontológicamente no existe, pero no deja salida alguna (algo muy constante dentro de las deconstrucciones hechas por filósofos posmodernos). Me parece que esa deconstrucción tan abrasiva que Butler hace del género hace que ella misma se la piense dos veces o se sienta imposibilitada de crear cualquier o proponer cualquier otra categorización: Al caer Butler en esa trampa relativista donde como cualquier relación o jerarquía implica alguna forma de opresión, entonces se encuentra con que le es imposible proponer algún sistema o estructura convincente.

    Deconstrucción no es lo mismo que destrucción. En tanto que una destrucción pulveriza por completo un elemento, la deconstrucción lo disecciona y lo separa por sus partes. El problema es que Butler ha dejado todas esas partes desmontadas y no hemos sabido cómo ordenarlos (no creo que el género sea más fácil de armar que un mueble de Ikea).

    Butler habla de desestabilizar el género binario para que quepan más orientaciones e identidades y no queden relegados a la periferia. Pero no queda claro qué es lo que sigue. Su postura es muy radical y ambiciosa al poner de la cabeza uno de los conceptos torales de nuestra civilización, pero dentro de ese radicalismo no hay una hoja de ruta. Su tesis sería algo análogo a aquellos revolucionarios que vencieron sin dejar rastro del gobierno anterior y que no supieron bien qué hacer al llegar al poder.

    Cuando luchamos por nuestros derechos no estamos sencillamente luchando por derechos sujetos a mi persona, sino que estamos luchando para ser concebidos como personas. – Judith Butler.

    ¿Habría necesidad de desestabilizar por completo el género binario hombre-mujer para que las otras personas quepan? ¿Por qué sería necesario? ¿O bastaría con incluir a los otros sin necesidad de deshacernos de la dicotomía hombre-mujer? ¿Qué ventaja tiene su postura sobre otras más desarrolladas como aquellas que conciben al género no como switches sino como diales o perillas, que me parecen más convincentes y que logran incluir a otras expresiones e identidades sin prescindir del binarismo hombre-mujer, además de que no requeriría una sacudida al ethos social muy fuerte como lo que ello propone (tanto por la radicalidad de su propuesta, como por el hecho de que deja muchas cosas sin resolver)? Comprendiendo los irrefutables y grandes avances que ha tenido la mujer y que en los últimos tiempos ha adquirido mayor relevancia ¿se puede sostener que la existencia de la categorización binaria hombre-mujer siempre va a implicar una forma de opresión? ¿Por qué razón? Si se proponen otras categorías de género distintas a las actuales o su ausencia ¿cómo podrían construirse de tal forma que nos sean prácticas, tomando en cuenta las implicaciones anatómicas y médicas?

    No cabe duda que Judith Butler es una filósofa importante dentro de varios colectivos feministas y LGBT+, su radicalidad y su ambición le dio un espacio en el discurso. Sin embargo, también se vuelve necesario trascender esa posmodernidad (cuyo relativismo y arbitrariedad no permiten configurar sistemas nuevos) y responder todas aquellas preguntas que ha dejado abiertas y sin responder para terminar de hacer ese giro dialéctico que nos lleve a la síntesis.

    Para concluir, quiero decir que esta obra, que es algo densa en su escritura, debe leerse con criterio. Se debe abordar de la misma forma en que uno abordaría a Nietzsche, sin interpretar de forma literal lo que se lee (y que, por lo visto, ocurre mucho con esta obra) sino saber hacerlo entre líneas y contextualizando. Evidentemente, cierta preparación filosófica será muy útil para abordar este libro de mejor forma.

  • La lectura no son carreritas

    La lectura no son carreritas

    Foto de The Incredible Book Eating Boy de Oliver Jeffers

    No son pocas veces cuando escucho a personas presumir el número de libros que leen al año porque sienten que eso los vuelve más importantes o más cultos. Como si el número de libros necesariamente tuviera una correlación directa con la cultura o el conocimiento que están recibiendo.

    Pensar que la lectura es una carrera para ver quien lee más pervierte lo que debería de ser el hábito de la lectura. No solo eso, dichas «carreritas» entorpecen el proceso de adquisición de conocimiento.

    Abrir un libro y leerlo no es cualquier cosa. El lector se va a enfrentar con información o conocimiento nuevo (incluso si se trata de una novela) que le será más útil si lo analiza y le da vueltas. Eso significa que el buen lector se va a detener constantemente en la lectura para poder absorber de mejor forma dicha información. Tratará de reflexionar o, en algunos casos, tratará de encontrar analogías o conexiones con otros conocimientos que ya tiene. No es lo mismo la información que el conocimiento. La información es lo que el lector lee, el conocimiento solo es tal cuando aquella información fue procesada y fue bien asimilada por el individuo. Quien se apresura por leer solo lee información, quien es capaz de detenerse adquiere conocimiento.

    Pero ¿por qué mucha gente insiste en presumir el número de libros que lee?

    Esto sucede mucho con aquellos «gurús del emprendimiento» de calidad cuestionable quienes apuntan toda su energía a su imagen personal como marca ante la escasez de conocimiento de valor agregado. Por ejemplo, el autoproclamado gurú del emprendimiento Carlos Muñoz 11, de quien escribí hace algunos días, presume leer 150 libros al año:

    Más allá de que me parezca inverosímil lo que presume, ya que leer 150 libros al año requiere una cantidad de tiempo que un emprendedor no se podría dar el lujo de leer, la realidad es que muchos de estos gurús presumen leer una gran cantidad de libros para reforzar su imagen de expertos que lo saben todo, que se preparan, que se actualizan.

    Estos gurús insisten en que los entrepreneurs más famosos del mundo leen mucho. Es cierto que los CEO más exitosos tienen el hábito de leer, pero tampoco leen tanto como los pseudo gurús sugieren y lo hacen por placer y para desarrollarse personal y profesionalmente, no por «carreritas». Bill Gates lee 50 libros al año pero también, al estar retirado, no le falta tiempo libre. Mark Zuckerberg, quien seguramente no tiene tanto tiempo libre, lee algo así como 24 libros al año.

    Hay personas que, para acelerar el número de libros que leen, buscan cursos de lectura rápida esperando a que vayan a leer muchos libros al mes. Si bien, es posible aumentar el número de palabras por minuto leídas con entrenamiento, no es posible aumentarlas al punto en que estos aspirantes a lectores voraces aspiran. Muchos especialistas dicen que es improbable poder duplicar la velocidad de lectura y, al mismo tiempo, adquirir la misma capacidad de comprensión. Si alguien presume leer más de 100 libros gracias a que «triplicó su nivel de lectura» ten por seguro que casi no aprendió nada.

    Otra estrategia que sugieren las personas que dicen leer más de 100 libros al año es que no debes leer todo el libro de portada a contraportada sino solo lo más importante para así evitar la «paja». Pero este es un craso error, ya que ¿cómo podemos determinar qué es paja si no lo hemos leído? Si estamos leyendo un libro es porque asumimos que no conocemos a priori su contenido (de lo contrario no tendría sentido). Es posible que esa sección del libro que estés leyendo no te guste o la encuentres aburrida, pero que al acabarlo le encuentres sentido. Dicho esto, no se puede decir qué es paja y qué no lo es si no se ha leído el libro completo.

    Pero ¿para qué la necesidad de leer más libros?

    El año pasado yo leí poco más de 60 libros, lo cual ha sido el mayor número que he leído en mi vida y no creo que esa cifra sea rebasada pronto porque no hay necesidad de ello. La cantidad de libros que leo al año (que pueden ir desde los 15 hasta los 60) varía muchísimo porque depende de muchos factores que no tienen que ver con «carreritas». Varios de ellos los leí en aras de mis aspiraciones profesionales (por lo que aproveché los tiempos muertos de trabajo para seguirme capacitando a través de la lectura), hubo otros que me gustaron mucho y que llegaron a hacer que me la pasara leyéndolos todo el fin de semana. A mi parecer, es la mayor cantidad de libros que yo podría leer por placer y con una buena capacidad de concentración, y eso que tengo cierta velocidad lectora producto del hábito (eso sí, naturalmente releo aquellas partes que no me quedaron claras).

    Con esto, me parece muy complicado que un emprendedor, más uno que presume trabajar del tingo al tango, tenga tiempo para leer 150 libros.

    Luego, hay libros que son muy buenos, que son grandes, y requieren ser repasados una y otra vez. Estorban en la ambición de leer más, pero logran todo lo contrario en la adquisición de conocimiento. Por ejemplo, yo tardé más de 2 meses leer el libro Crítica de la Razón Pura de Immanuel Kant. Por su tamaño (600 páginas) es un libro que me aventaría en poco menos de un mes, pero resulta que ese libro, por su complejidad y porque no es muy fácil de entender, me tuvo leyéndolo varias veces un mismo párrafo y regresando a páginas anteriores del libro para evitar que olvidara conceptos necesarios para entender las secciones posteriores del libro.

    ¿Y qué hay de esas novelas que lees lentamente porque quieres jugar con tu imaginación? ¿Y qué hay de esos libros que te motivan a buscar cierta información por otros medios?

    ¿Y de qué sirve leer cientos de libros que te van a dejar poco? De esos que lees tan rápido porque no tienen casi nada que valga la pena en donde detenerte. ¿De qué te sirve haber leído 100 libros de autoayuda del Sanborns que, en su conjunto, te van a dejar menos que un buen libro?

    No necesitas leer tantos libros para volverte culto o experto, eso déjaselo a los posers, simplemente tienes que saber leer mejor, buscar buenos libros y hacerte un buen hábito de la lectura. Más vale 10 libros leídos y disfrutados que 100 leídos a toda prisa.

  • ¿Por qué la idea de Taibo de subsidiar libros no es buena?

    ¿Por qué la idea de Taibo de subsidiar libros no es buena?

    Ayer me llegaron varias críticas por mi postura hacia la propuesta de Paco Ignacio Taibo II. Como yo soy un defensor de la libertad de expresión y acepto que me critiquen, decidí escribir este artículo como respuesta a dichas críticas y con el cual busco sostener mi opinión.

    Empiezo diciendo que está muy bien incentivar la lectura en la clase media baja como pretende Taibo II, de hecho urge.

    Pero como es algo importante y urgente, no es algo que se pueda dejar a la mera improvisación y ocurrencia. Incentivar la lectura no es algo muy fácil, se requiere de políticas públicas y estrategias focalizadas donde se acerquen los libros a los barrios populares, donde se organicen eventos que incentiven la lectura, donde se abran bibliotecas para que esta gente pueda ir a leer sin ningún problema. Es decir, hay que llevarles la cultura, acercárselos.

    Cualquier política pública que parte de la idea de que «la gente no compra libros porque son caros» no se sostiene y no parece haber evidencia empírica que demuestre que esa sea la razón más importante y no otras. La muestra son los hábitos de lectura en los niveles socioeconómicos que sí tienen el poder adquisitivo, que si bien leen más en general, la verdad es que los números siguen siendo paupérrimos. El 42% de la clase media baja no lee absolutamente nada y entre el 20% y el 25% de la clase media y alta tampoco (y cuando hablo de nada me refiero ningún solo libro al año). Eso no quiere decir que el resto tenga el hábito de la lectura inculcado, sino que «sí ha leído libros», lo cual es distinto.

    Incluso la clase media lee un poco más que la clase alta, siendo que esta última tiene mayor poder adquisitivo. Lo cual también refleja que las diferencias no están necesarias ligadas al ingreso sino a otras razones.

    Y las diferencias que se muestran ahí no se explican necesariamente por el costo de los libros, sino también por muchos otros factores culturales. Uno en el que quisiera hacer hincapié es la calidad de la educación que recibe la gente de clase media baja, la cual es de muy mala calidad, donde los niveles de analfabetismo funcional (que pueden leer pero no comprenden del todo aquello que leen) son preocupantes. Estos problemas suben las barreras de entrada hacia el hábito de la lectura. ¿Por qué no mejor entonces insistir en que la gente que no vive en una posición de privilegio tenga una educación digna?

    Luego viene el gran problema de la ubicación. La gran mayoría de las sucursales del Fondo de Cultura Económica se encuentran en colonias de clase media, media-alta, no en barrios populares. Lo mismo ocurre con otras librerías como Gonvill o Gandhi que venden algunos de los libros del FCE. La mayoría de las sucursales del FCE están en la Ciudad de México. Otras ciudades como Guadalajara, Monterrey y León solo tienen una sucursal y en su conjunto no abarcan toda la República Mexicana. Mucha de la gente de clase media-baja ni siquiera se va a enterar de ello a menos que el gobierno inunde los medios con spots anunciando la medida, y quienes sí se van a enterar más son quienes ya van a las librerías y tienen los recursos para estar comprando libros. La gente con más recursos, que puede desplazarse de forma más rápida y que está acostumbrada a comprar libros en esos establecimientos, naturalmente va a resultar mucho más beneficiada.

    Y la realidad es que los mayores beneficiados son quienes ya tienen el hábito de la lectura y que son de clase media o media alta, son ellos quienes comprarán más libros. Si yo voy al FCE y me percato de que hay varias colecciones de libros con ese descuento, no voy a comprar uno sino varios, mientras que una persona de clase media-baja solo va a comprar uno o dos.

    Entendiendo esto, el subsidio será utilizado más por personas que ya tienen poder adquisitivo que por gente de clase media-baja. La mayor parte del subsidio irá a quienes en realidad no lo necesitan, con lo cual estamos hablando de un subsidio muy regresivo que en vez de crear una sociedad más igualitaria puede terminar reforzando las estructuras vigentes.

    ¿Por qué este subsidio no se emplea de forma focalizada de tal forma que solo se beneficien de él esos sectores a los que se quiere apuntar? ¿Por qué no se utilizan esos recursos para incentivar la lectura de muchas otras formas? ¿Por qué no construir bibliotecas en barrios populares, lo cual además puede servir para regenerar el tejido social?

    No dudo que Paco Ignacio Taibo II tenga buenas intenciones, pero a la hora de gobernar estas sirven de poco si no están acompañadas de un buen plan de acción, el cual brilla por su ausencia.

  • No Taibo, leer no es muy caro

    No Taibo, leer no es muy caro

    Paco Ignacio Taibo II propone bajar el precio de los libros para que la gente lea más. Su tesis es que la gente no lee porque los libros son bien «pinche caros», entonces hay que bajarlos de precio.

    Es cierto que en el Fondo de Cultura Económica (que se llama así por la «economía» como disciplina y no porque los libros fueran baratos) te vas a encontrar algunos libros que rondan los 300 o 400 pesos o hasta más. El año pasado fui a la FIL, me compré solo 3 libros en el stand de la FCE y gasté más de 800 pesos. Eran libros algo especializados pues: uno de la historia de Asia Oriental, otro de política contemporánea y el otro sobre la Cultura Maya. Los precios de esta institución son precios «promedio» de acuerdo al tipo del libro que quieras encontrar y a su edición (naturalmente la pasta dura y las portadas bonitas tienen un costo).

    El año pasado yo leí 62 libros, ¿y ha sido esto una inversión pesada para mí? ¡Para nada! Podría decir que en todo el año no gasté más de $3000 pesos en comprar libros (ni la mitad de lo que cuesta una Playstation). Digamos que pagué algo así como $48 por cada uno. Pero ¿cómo le hice?

    Mi estimado Paco Ignacio Taibo II sienten que «se la están metiendo doblada» a la gente con los precios porque seguramente se refiere a esos libros de pasta dura edición especial o porque no ha visto todas las alternativas que existen para leer a un costo más bajo.

    La gran ventaja de los libros, en comparación con otros productos de consumo, es que se pueden prestar o intercambiar. Tal vez no tengas dinero este mes para un solo libro, pero es posible que un amigo tenga uno que te gusta y te lo preste o se intercambien. También existe la posibilidad de ir a un bazar de libros, que tu papá o tus familiares tengan una colección y te presten alguno.

    Y tampoco es como que en estos tiempos te tengas que cerrar a los libros físicos:

    Por ejemplo, si eres un ávido lector sin un gran presupuesto puedes comprarte un Kindle o un dispositivo similar, es una gran inversión que a poco más de los 20 libros comprados en Amazon se termina pagando sola (tomando como referencia el Kindle Paperwhite que cuesta $2600 aprox). Vale también si tienes un iPad (aunque, a diferencia del Kindle al tener pantalla de luz puede ser bastante más cansado) e incluso si eres capaz de leer libros en tu computadora o en tu celular (a lo cual yo nunca me acostumbré del todo).

    Los libros son mucho más baratos en estas plataformas porque no tienes que cargar con el costo del material físico. Por ejemplo, en Amazon el libro Homo Deus de Yuval Noah Harari cuesta $373 en pasta dura, $333 en pasta blanda y solo $139 pesos en digital. Entre los distintos libros la diferencia de precios puede diferir, pero generalmente la versión digital suele costar desde 30% hasta 70% menos aproximadamente.

    Luego están los PDF. Muchos libros valiosos (sobre todo aquellos que ya son de dominio público) pueden encontrarse de forma gratuita en PDF en la web. Muchos también buscan en torrents (aunque esto puede ser ilegal y yo siempre recomiendo comprar los libros que no son de dominio público). Los sistemas como Kindle te permiten convertir los PDF a su formato de tal forma que los puedas leer como un libro que compraste en Amazon.

    De los 62 libros que leí, algunos los compré en físico; otros los compré en Amazon y otros tantos los descargué en PDF (sobre todo aquellos de filosofía o textos que ya tienen un tiempo). Si todos esos libros los hubiera comprado en la librería, suponiendo que hubiera pagado $250 pesos promedio por cada uno, hubiera invertido $15,500 pesos. ¡Un ojo de la cara!

    Pero gasté tan solo $3,000 pesos y dándome el lujo de comprar alguno que otro en formato físico.

    Ahora, 62 libros son muchos. De hecho leí todos esos porque quise romper mi record pensando en que tal vez después no vuelva a leer tantos. Ahora digamos que una persona que quiere hacerse el hábito de leer puede ponerse la meta de leer 10 libros, que para empezar es una cantidad muy razonable y supera por mucho los 2-3 libros promedio que la gente dice leer en México. Haciendo algo parecido a lo que yo hice (libros digitales + PDF + alguno en físico) podrías gastar solo $500 pesos. Caray ¡hay libros que por sí solos pueden llegar a costar eso!

    Y cultivarte en la lectura no te restringe únicamente a leer libros. En Internet hay mucha literatura y textos valiosos que son de acceso gratuito que te pueden dejar mucho más que cualquier libro de Paulo Coelho con tapa dura y «cositas que brillan».

    Visto así, te podrás dar cuenta que leer, a diferencia de lo que dice Paco Ignacio Taibo II, no es algo de ricos. Solo se trata de saber cómo buscar los libros que tanto quieres leer. No estoy en contra de que lleven a cabo estrategias de precios o algunos descuentos, pero es erróneo asumir que la gente no lee porque los libros son caros. Peor es pensar que de esa forma es que la gente va a adquirir el hábito de la lectura.

    Y si no sabes por donde empezar para adquirir el hábito de la lectura, en este espacio hay varias listas y recomendaciones que he hecho.