Etiqueta: IFE

  • El IFE, inequidad e incertidumbre electoral

    El IFE, inequidad e incertidumbre electoral

    ¿Usted cree que solo López Obrador rebasó los topes de campaña?. Deja le respondo: jaajajjajja, pfftt, wtf, ¿28 de Diciembre? ¿April’s fool? ¿Entonces se acabó el mundo?

    El IFE, inequidad e incertidumbre electoral

    Triste, triste el desempeño del IFE. Los dictámenes no solo dejan dudas, sino que a ojos de muchos (incluyendo los míos) se percibe cinismo. No es que no crea que López Obrador haya rebasado los topes de campaña, no dudo que pudiera haber sido así y por ende debería de corresponderle una sanción a la coalición a la que ya no pertenece. Pero vamos, ¿Quién no vio su ciudad tapizada de propaganda priísta? ¿De dónde salió el dinero para comprar votos?. Una amiga que fue consejera del IFE me comentaba como algunas veces algunas pruebas obvias no pasaban por la forma en que se presentaban y me puso algunos ejemplos. Yo me pregunto entonces si la forma en que el IFE hace sus dictámenes son demasiado torpes (que para decir que solo AMLO rebasó dichos topes es que fueron muy muy, pero muy torpes) a un punto en que su sistema termina boicoteándose por sí mismo, o bien hay algo raro dentro de esa institución.

    Panistas y perredistas no lo pueden creer, dicen que es para Ripley. López Obrador dice que ni siquiera gastó lo máximo permitido en campaña (afirmación que por supuesto, va a tener que comprobar y lo debe de hacer, no solo ante el IFE sino ante su gente) y el PAN dice que por qué a la izquierda sí se le castida y al PRI no. Quisiera imaginar que fue lo que mi amiga lo comentó (que vaya, se me antoja difícil) porque de lo contrario esto sería regresión.

    A mi juicio el IFE no es neutral. Curioso que quien haya demandado más las irregularidades de otro termine siendo el más sancionado. Ambas teorías preocupan, de un lado tendríamos a un IFE ineficiente en sus métodos al punto que no logra sancionar a quien debe sancionar, o bien tenemos un IFE totalmente sesgado, inequitativo, De ambos lados vemos a una institución que no esta funcionando bien. Curioso que con unas elecciones más robustas que las de Estados Unidos no se pueda dar certeza a un resultado.

    Creo lo siguiente. La gente encargada de la campaña de AMLO relativo a los dineros, financiamientos, abogados y demás, se vio torpe e ingenua. Las pruebas que presentaron ante el TEPJF para buscar anular la elección fueron pésimamente presentadas, sí, sobre hechos que sabemos que sí ocurrieron, pero su presentación fue demasiado torpe (que eso no justifica que el TEPJF no haya investigado teniendo la facultad para hacerlo). Bajo esta presunción, entonces uno entiende por qué se logran ver los rebases de topes de campaña de AMLO y no los del PRI, seguramente con abogados y contadores mucho más colmilludos. Bajo este supuesto no se pueden justificar resoluciones como las del IFE o las del TEPJF quienes tienen la facultad de indagar, eso sería un acto «colmillocrático».

    Triste es, que volvamos a decir en la sobremesa que las elecciones no fueron limpias. Se discutirá si es incorrecto el término «fraude» en este caso, que más bien hay que utilizar la palabra «irregularidades» e «inmoralidad». La cuestión es la suciedad de las elecciones que tergiversan su carácter democrático.

    Por cierto, interesante el apunte de Javier Solórzano en su videocolumna. Se le hace extraño que el PAN de Josefina Vázquez Mota ni siquiera se haya acercado al límite de los topes de campaña, lo que sugiere que «no le echaron muchas ganas» en su candidatura. Esto puede generar varias interpretaciones y lo dejo al criterio de mis amables lectores.

  • El IFE y las elecciones estadounidenses

    El IFE y las elecciones estadounidenses

    Querer reafirmar algo (la democracia electoral) haciendo una comparativa con un país desarrollado es algo tonto, porque las circunstancias en las dos entidades son totalmente diferentes. Triste es que dentro de las «instituciones mexicanas» no haya sentido de crítica alguna, porque así a lo mejor que podemos aspirar es a lo que ya tenemos.

    El IFE y las elecciones estadounidenses

    Valdés Zurita, el denostado Presidente del IFE, viajó a los Estados Unidos como observador del proceso electoral donde ganó Obama y se reeligió (y con mayor facilidad de la que se pensaba). Valdés afirmó que la nota de las elecciones fue que Romney reconoció su derrota. Y yo me quedo sorprendido con esa afirmación porque a casi ningún estadounidense le importa eso, y le importan más otras cosas. Valdés Zurita afirma que hay un déficit de cultura cívica a pesar del fortalecimiento del sistema electoral. Una afirmación que se puede esperar de cualquier persona menos del Presidente del IFE.

    El proceso electoral dentro de las urnas (PREP y escrutinio) en México funciona (y es lo único que funciona bien) porque gran parte de quienes hacen funcionar esto son los ciudadanos, ¿Qué eso no es cultura cívica?. Donde veo el déficit es en las instituciones porque su postura ante todas las irregularidades que se vieron fue penosa, y no hubo al menos un sentido de crítica sobre todo lo que pasó. El IFE lo negó todo, la compra de votos, la influencia de las televisoras, las encuestas manipuladas (que de Gallup a GEA-ISA hay un abismo) los rebases de tope de campaña.

    Si Valdés Zurita afirma que Estados Unidos es un ejemplo para México, debería de ser más justo, y mostrarnos que el partido demócrata les entrego iPads y tarjetas de prepago de Saks Fifth Avenue a los votantes para que votaran por Barack Obama. Quiero que Valdés Zurita me demuestre que en Estados Unidos hay un monopolio televisivo que por 6 años impulsó a Barack Obama, al cual casaron con Britney Spears. Quiero que Valdés Zurita me demuestre que las encuestas de Gallup estuvieron «Barackeadas«, quiero que nos lo compruebe. Y ya que lo logre hacer, entonces sí, poder poner a los procesos electorales tú por tú.

    Valdés tácitamente culpa a un sector de la ciudadanía de que la duda exista en México con un proceso electoral más robusto. Pero me pregunto si las instituciones han trabajado tan bien como para que tengan la autoridad moral de reclamarle a la ciudadanía. Un López Obrador no cabría en Estados Unidos porque allá la gente tiene más confianza en las instituciones, porque estas han trabajado mejor que aquí. Aquí cabe bien porque a veces hasta parecieran estar empecinadas en darles la razón, y en ese sentido AMLO muy inteligente sabe captar ese capital político para usarlo a su favor.

    Más bien Valdés debería decir, que si en Estados Unidos pasó lo que pasó en el 2000 con la «victoria» de Bush gracias a su hermano Gobernador de Florida, acá puede ocurrir cualquier cosa. Cierto que en varios puntos discrepo con la postura de López Obrador (no con el diagnóstico, si no con sus formas que no abonan en nada y más que ayudar perjudican), pero creo que esta vez, algunos se mandaron al diablo solitos y el peje no los tuvo que mandar. La comparación es simplemente absurda. Quien más que yo y muchos quisiéramos tener instituciones confiables que no nos hicieran dudar, instituciones que sabemos que están cumpliendo con su papel. Pero lamentablemente estamos en un círculo vicioso donde tanto las instituciones no hacen bien su trabajo, y los ciudadanos las desobedecen.

    Y por cierto. No todos aceptaron el resultado en Estados Unidos. El magnate Donald Trump no aceptó la victoria de Barack Obama, quiere organizar una marcha a Washington y dice que en Estados Unidos no existe democracia. Lo único que faltaría es que lleve águilas calvas como pruebas del fraude y funde su movimiento/partido. Le pondría LATINA, aunque ya sabemos como son los republicanos con los latinos.

  • El asunto de López Obrador y las impugnaciones

    El asunto de López Obrador y las impugnaciones

    Lo probable es que tengamos que tolerar un gobierno posiblemente autoritario de Peña Nieto, y ante ello deberemos prepararnos. Espero no nos acostumbren a usar eufemismos, al grado que le llamemos «gobierno retro», o «gobierno vintage» a un PRI de Peña que no le molestaría en lo absoluto regresar atrás.

    El asunto de López Obrador y las impugnaciones

    Existe la famosa frase de que «el que acusa tiene que probar», y naturalmente en un sistema que funciona debería ser así, y hay un pacto social donde se supone que así deberían de ser las cosas, pero ¿Qué hacer cuando no existen las suficientes pruebas, porque por x o y razón es imposible tenerlas en la mano?. Por ejemplo, en el caso de las impugnaciones de López Obrador. Desde un punto de vista legal sabemos (exceptuando las indagatorias de las tarjetas de prepago), que las pruebas que presentan no son las suficientes, porque por ejemplo, el asunto de la compra de votos es algo prácticamente imposible de probar y cuantificar, se haya dado a la escala que sea. López Obrador podrá presentarnos en su «Expo Fraude», hasta animales, burros, gallinas (sí, así sucedió) que supuestamente fueron parte de la compra de votos. Por ejemplo en el Expo Fraude se presentan vasos, termos, labiales y hasta discos de Peña Nieto, podrán decir que tratan de mostrar el rebase de topes de campaña, pero al menos para mí, lo presentado en esa expo, no me dice nada; y las pruebas de que hubo algunos actos fraudulentos eran las que ya todos conocíamos. Pero al no ser tan contundentes las pruebas, la gente también podría preguntar si AMLO y compañía las están inflando. Ciertamente yo sí creo que el PRI de Peña compró las elecciones (utilizando muchas artimañas), pero también es cierto que varias de estas o son difíciles de probar o las que no son tan difíciles de probar no son causa de nulidad,  y a pesar de que fuera justo, no es ilegal, así lo dice la ley que también aprobó el PRD en la reforma del 2009.

    Si por ejemplo, se sentencia la elección, se dice que las pruebas no son suficientes para anular la elección, lo correcto sería que AMLO aceptara (bajo protesta si quiere), el fallo. Porque aunque no sea justo, así lo dictaminan las reglas del juego. Pero, ¿Qué pasa, por un ejemplo, si en realidad si hubo una compra de votos tal que revirtió el resultado de la elección?, entonces entramos en un dilema. Porque lo justo no siempre es lo legal.  Lo justo nos pediría la nulidad de la elección, lo legal no. Yo, bajo mi criterio, viendo no solo la compra de votos, sino el rebase de topes de campaña (que todos vimos que la propaganda de Peña Nieto fue mucho mayor a los de los otros partidos), el asunto de Televisa; vería justa la nulidad. Pero el problema es que lo legal no siempre es lo justo. Y entonces si el fallo es favorable a Peña, lo correcto sería aceptar el fallo, y buscar, una nueva reforma donde todas estas prácticas fraudulentas, sean tipificadas como eso, y sean causa de nulidad de la elección.

    A mí donde me dejaría dudas el fallo, es en la presunta incapacidad de las autoridades de resolver el asunto de Monex y Soriana, que naturalmente deja sospechas, porque han argumentado que es una investigación que llevaría meses, y resulta que la periodista Carmen Aristegui les está comiendo el mandado. Pareciera que ya hay una respuesta en este asunto, donde la TEPJF fue requerida por la Fepade para resolver los casos de Monex y Soriana, lo cual podría ayudar a resolver toda esta problemática.

    A mi consideración. López Obrador debería enfocarse en el asunto de las pruebas. Los spots y las «Expo Fraude» están demás porque no muestran nada nuevo ni contundente. Para que fuera contundente, tendría que llevar 3 milllones de tarjetas Soriana al zócalo, o bien llevar a los más de 3 millones de personas compradas para que dieran su testimonio; es decir, es imposible. Espero que después del fallo, no se repita el escenario del 2006, más porque ante el advenimiento de un gobierno autoritario, y un pan debilitado, es muy necesaria la presencia de la izquierda, quien deberá trabajar para, evitar una regresión, y para que nunca más se pueda volver a imponer un presidente desde una televisora. Así, los jóvenes del #YoSoy132 deberán enfocarse en buscar la democratización de los medios por medio de la pluralidad, y la reforma educativa que México tanto necesita. El que tan fuerte sea la regresión con el PRI de Peña, sea ligera, no exista o incluso haya un avance, dependerá también, de todos los opositores que somos la mayoría de los mexicanos.

    Aclaro, la compra de la Presidencia, sea insuficiente o suficiente para dar la vuelta a la elección (lo cual ignoro), no se llevó a cabo dentro de la casillas, ni en el cómputo ni en el PREP. El proceso está lo suficientemente blindado como para poder ser violado frecuentemente, es difícil pensar en un fraude dentro de unas casillas que estuvieron muy bien vigiladas. En el PREP se presento alguna que otra irregularidad, más pareciera ser por errores de dedo; pero algo es cierto, existieron más boletas tachadas a favor de Peña Nieto que de los otros dos actores. El problema es como se tacharon esas boletas. Y no, no se trata de hacer caso omiso ante un «cochinero» que pasó, por el contrario, ya se dejó constancia de que pasó, y aunque gane Peña Nieto por la vía legal, deberá estar en nuestras mentes, el como ganó.

  • López Obrador tendrá que aceptar el resultado

    López Obrador tendrá que aceptar el resultado

    López Obrador tendrá que aceptar el resultadoIrregularidades hubieron muchas, y sí, la gran mayoría a favor del PRI, quien no quiera ver y piense que las elecciones fueron totalmente limpias está totalmente ciego. Paradójicamente se utilizaron medios democráticos para impulsar e imponer a un candidato de una forma antidemocrática, al aprovecharse de la pobreza e ignorancia de la gente para fanatizarla, enajenarla y casi casi como si fuera un mecanismo conductual, hacer que un sector de la población votara por Enrique Peña Nieto, esa es una forma de imposición. Pero al final del día Peña Nieto ganó legítimamente, las irregularidades a favor del PRI no alcanzan para dar la vuelta e imponer fraudulentamente un candidato con tres millones de votos de ventaja. Con todas las irregularidades e intentos de manipulación, el proceso en las casillas estuvo blindada gracias a la participación de la ciudadanía y casi todas las anomalías (que por supuesto influyen) se dieron fuera de estas.

    Se han mostrado irregularidades en el PREP donde se le quitan votos al PRD en algunas de las casillas, en cada casilla hay aproximadamente 500 votos, (tal vez un poco más), para alcanzar los tres millones la suma dan 6,000 casillas, pero naturalmente el número de votos que se muestran han sido manipulados y quitados al PRD son menos, digamos unos 100, entonces, tendríamos que hablar de una manipulación en 20,000 casillas, lo que a mí francamente se me hace muy difícil si no es que imposible. Luego hay que sumarle que varias de estas casillas se van a impugnar, lo cual hace más difícil un fraude. En el 2006 si se podía pensar en la posibilidad de un fraude porque la diferencia de Felipe Calderón sobre AMLO era de 300,000 votantes, por lo cual, estaríamos hablando de 2,000 casillas, lo cual ya no se ve tan difícil, pero en este último caso, pensando en que la mayoría de las casillas se instalaron en poblaciones urbanas y por lo tanto ser investigadas, debieron salir muchas más irregularidades.

    ¿Hace mal López Obrador en impugnar? a mi parecer no, porque creo que debe de quedar en evidencia lo sucedido y se deben fincar responsabilidades a aquellos que trataron de manipular e influir en la elección. Pero creo que ya agotados los recursos legales a los que tiene derecho, si los números no le favorecen debe de aceptar el resultado. El IFE tiene la obligación de dar certeza a estas elecciones y creo que no ha hecho un buen papel, sobre todo al no sancionar a un candidato como Enrique Peña Nieto, quien se promocionó durante 6 años en Televisa con recursos que salían de nuestros impuestos, pero esta demanda la debería haber metido López Obrador desde hace tiempo; también se deben investigar los gastos de campaña porque ha quedado más que claro que Peña Nieto rebasó y por mucho el tope de campaña, y por ende deberá aplicar una sanción.

    Hasta ahora, creo que López Obrador no está haciendo nada mal, no es su obligación reconocer los resultados hasta que tenga la total certeza de hacerlo. Lo que hace López Obrador es actuar bajo la vía legal, no es ilegal pedir legalidad por la vía legal, es un absurdo. Gabriel Quadri (palero de Peña Nieto) no puede pedir a López Obrador reconocer los resultados dos horas terminadas las elecciones y en base al conteo rápido (que por más del IFE que sea, sigue siendo la toma de una muestra y no el resultado final). Pero aclaro, una vez agotadas las instancias legales que puede usar, si los resultados no favorecen (cosa que casi seguro que así será), López Obrador deberá aceptar el resultado de la contienda. Hasta ahora a diferencia del 2006, López Obrador no se ha proclamado ganador, ni siquiera ha asegurado que exista un fraude electoral, por el simple hecho de que no ha definido una postura.

    Si con la impugnación López Obrador logra poner en evidencia las manos sucias del PRI, su lucha habrá sido un éxito; pero por el contrario, si con los números en su contra y las instancias agotadas decide descalificar la elección y alega fraude electoral (cuando ahora es mucho más difícil pensar en ello que en el 2006) entonces estaría cavando su tumba y faltando el respeto a aquellos (muchos partidarios suyos) que se esforzaron en que estas elecciones fueran lo más limpias posibles; hasta este entonces veremos si AMLO supo perder o no. Muchas personas alegan fraude (y no solo afines a AMLO) al ver todas estas irregularidades, sobre todo al estar cargadas hacia un partido, pero creo que esto va más por el hecho de que no se ha asimilado la victoria de Peña Nieto, una gran derrota para muchos (y0 me incluyo), y un sentimiento de frustración al ver que en pleno siglo XXI, candidatos así puedan llegar al poder (con todo que ahora somos el hazmerreir de la prensa internacional), y más se entiende con la gente del movimiento #YoSoy132 dado que lucharon mucho para que Peña Nieto no llegara al poder y no lo lograron, además de todas las derrotas que van implícitas con la llegada del candidato (adiós democratización de los medios de comunicación y adiós reforma educativa).

    Sinceramente no creo que pase nada del otro mundo en los días o semanas siguientes. Donde si se podría poner la cosa difícil, es si Peña Nieto a la llegada a la silla presidencial, tiene tentaciones autoritarias, porque con una sociedad más despierta y una juventud más efervescente, quien sabe que podría pasar.

    Por cierto, después de las elecciones, Loret de Mola dijo que las encuestas de GEA-ISA estaban equivocadas, curioso porque todos sabíamos que lo estaban y solo ellos no lo sabían. Con esto queda oficialmente demostrado que estas encuestas estaban infladas a favor de Peña Nieto, y aquellas a las cuales ellos las tachaban de «atípicas» (Uno TV, Berumen, Ipsos-BIMSA) son las que tuvieron la razón. Creo que debería haber una fuerte sanción porque no se vale que nos muestren tendencias con el firme propósito de hacer propaganda electoral y hacernos creer que Peña ya ganó (cosa que de alguna manera si influyó en el resultado).

  • Por unos calzones

    Por unos calzonesHace 2 años, tuve la oportunidad de presenciar las elecciones en Costa Rica, país que me hospeda actualmente, donde me encontré con diferencias tan grandes con México que me costó trabajo procesarlas

    Interesada en conocer cómo funcionaba el sistema electoral en un país ajeno, me uní a amistades costarricenses para poder participar como espectadora, en lo que resultó una de las experiencias más extrañas en mi vida política.

    Mis amistades y yo acudimos a una de las casillas ubicada en la escuela de una ciudad pequeña, llamada Santa Ana, afuera de la cual había varias carpas con mesas de trabajo de militantes de los diferentes partidos que disputaban los comicios federales. ¡Literalmente había casas de campaña afuera de las casillas electorales! La gente portaba estandartes, playeras, calcomanías, banderines; algunos tenían los rostros pintados con los colores propios de su partido, y otros entregaban volantes de sus candidatos a quienes acudían a emitir su voto.

    Aturdida por presenciar tantos actos juntos que conformarían delitos comiciales en mi país de origen, me dejé guiar hacia una de aquellas carpas, donde mis amigos y amigas se registraron y ofrecieron su ayuda voluntaria. La función de los mencionados espacios era el de ubicar y orientar a la gente sobre el padrón electoral, ayudándoles a encontrar su mesa de votación según sus apellidos, e incluso ayudándolos a llegar. Fue en este rubro voluntario en el cual mis amistades se registraron.

    Pronto me encontré completamente inmersa en el frenesí comicial. Dotada de una áspera camisa de tan baja calidad que no podía usarse sin tener otra por debajo (por lo menos para alguien lo suficientemente pudorosa), con el nombre de Otón Solís impreso en ella, nos separamos en varios automóviles y nos dispusimos a movilizar a la gente a sus respectivas mesas de trabajo.

    No sólo llevábamos a las personas que acudían a los toldos, sino que íbamos a otros distritos electorales a responder a llamadas de gente que no tenía forma de llegar a sus respectivas mesas antes de que éstas cerraran. El hecho de que fuera domingo y el servicio de autobuses se hubiese reducido a la mitad, aunado a la enorme distancia que hubieran debido recorrer a pie y por carretera, hacía no sólo lógico este servicio, sino incluso necesario.

    Cuando dieron las 6 de la tarde, y el último votante, que fuimos a recoger hasta Puriscal (algo así como de Tecomán a Cerro de Ortega), tuvo que salir corriendo del auto para poder manifestar su preferencia política, dimos nuestro voluntariado por terminado y nos reunimos para celebrar con un aromático café tico.

    Esa noche fue de profundas reflexiones para mí: ¿Por qué se le permitía a la gente portar propaganda el día de las elecciones? ¿Por qué incluso se le permitía hacerlo fuera de las casillas electorales? ¿Cómo era posible que autorizaran a los partidos a llevar gente a votar? Pensando en eso llegué a algunas conclusiones; las dos primeras preguntas se podían contestar fácilmente: por un respeto a la expresión ciudadana, porque no se le puede negar a las personas el exhibir sus preferencias políticas sin caer en la represión; mientras que el servicio de transporte, aun cuando facultaba a los partidos a acercar simpatizantes y militantes a sus respectivos centros de votación, todos tenían la misma potestad, la cual era ejercida por voluntarios autorizados, que libres de cualquier interés económico ayudaban a las personas a ejercer su derecho ciudadano. Después de desenseñar a mi cerebro lo aprendido en México, dejé de considerar estas prácticas como algo perjudicial, siempre y cuando se mantuviera una equidad en el procedimiento.

    Viendo aquel día en retrospectiva, y comparándolo con el sistema electoral mexicano, puedo darme cuenta de lo rígido que se ha vuelto este último, al grado de llegar a violar garantías constitucionales y de rozar ideales fascistas. Si bien acá en Costa Rica también se impone un tiempo de tregua entre partidos, donde éstos no podrán hacer propaganda en medios de comunicación para darle tiempo al electorado a evaluar sus opciones, las restricciones en dicho país, que se destaca por su democracia, se limitan a los partidos políticos y a los miembros de la junta receptora de votos (funcionarios de casilla), no a los ciudadanos, quienes libremente pueden manifestar sus preferencias de sufragio hasta en el mismo día de los comicios y cerca de las urnas.

    Si bien existen razones de peso por las cuales el Instituto Federal Electoral ha ido restringiendo la propaganda política, las prohibiciones al día de hoy han caído en el abuso, pues no sólo tratan a los ciudadanos como deficientes mentales incapaces de formular o mantener una decisión propia, que puede ser afectada por un diminuto logotipo antes de entrar a su casilla, al grado de cambiar su voto, sino que llegan al extremo de violar la misma Constitución al limitar la libertad de expresión de un ciudadano común.

    La multa de 29 mil 910 pesos que el Consejo General Electoral le impuso a Juan Manuel Márquez, por haber usado el logotipo del Partido Revolucionario Institucional en la pelea que dio contra Manny Pacquiao el 12 de noviembre del año pasado, un día antes de las elecciones en Michoacán, siguiendo lo resuelto por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, expone claramente a lo que me refiero. No sólo la pelea tuvo lugar fuera del territorio nacional, a más de 2 mil 700 kilómetros de distancia del lugar donde al día siguiente se celebraban comicios, sino que el púgil no fungía como funcionario de casilla, ni como parte del comité de campaña del PRI, es más, ni siquiera estaba en el sitio referido, por lo que se le está sancionando simplemente por ejercer su libertad de expresión, lo que va en contra de las garantías individuales especificadas en nuestra Carta Magna.

    Aun cuando el haber portado el logo pudo haber violado el artículo 345 inciso b del vigente Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, ninguna ley puede estar por encima de la Constitución Política mexicana, la cual, en su artículo quinto, protege a los ciudadanos de ser objeto de inquisición administrativa por la manifestación de sus ideas, por lo que la sanción impuesta a Márquez no sólo es injusta, sino también inconstitucional.

    Lo lamentable de lo sucedido es que nuestros institutos obraron en función de lo que dictan las leyes, es decir, el TEPJF formó su resolución conforme a lo que indica el Cofipe, así como el Consejo General Electoral, aunque inconforme, actuó obedeciendo a lo que le ordenaba el Tribunal. Incluso cuando, a mi parecer, los magistrados interpretaron la ley de manera forzada para que ésta aplicara en el caso de la elección michoacana, ya que el boxeador ni siquiera se encontraba dentro del territorio nacional, la responsabilidad del hecho recae en los diputados y diputadas que aprobaron dicho Código, el cual es tan paternalista que cae en la represión de nuestras libertades más básicas, dirigiéndonos lenta pero seguramente a un Estado totalitario.

    Tanto la gente como las autoridades deben de recapacitar en esto y poner los intereses y garantías de los individuos por encima de los de los partidos políticos, respetando el derecho de cada persona a expresarse, no forzando las leyes para emitir sanciones a costa de las libertades de los y las ciudadanas. Si los y las integrantes del Poder Judicial no hacen tal cosa, y si la ciudadanía mexicana cede ante esta clara medida represiva, habremos perdido la batalla por la democracia… y todo por unos calzones.

  • Un calzón manchado de fraude electoral

    A veces creo que nuestras autoridades no tienen abuela, y tal vez si AMLO mandó al diablo a las instituciones fue porque estas en realidad eran muy endebles (y al parecer lo siguen siendo). Pero es que la verdad, los criterios que utiliza la TEPJF para anular elecciones a veces son ridículos y hacen sospechar muchas cosas. Sucede que este tribunal decidió anular las elecciones en Morelia por irregularidades encontradas en el proceso electoral (cuando se anula una elección se da por entendido que hubo algún tipo de fraude). Una de esas «irregularidades» fue el uso del logotipo del PRI en el calzoncillo del boxeador Juan Manuel Márquez cuando perdió de una forma bastante dudosa contra el filipino Manny Pacquiao.

    Esta nulidad es bastante extraña, sobre todo porque si comparamos esto con lo que ocurrió en el 2006 los criterios no coinciden para nada. En este 2011 un calzón anuló unas elecciones. En el 2006 ni el grito de miles de personas que querían el recuento total de los votos (no así la nulidad de la elección) logró su cometido y el TEPJF solo contabilizó el 10% de las casillas, que mostraron una tendencia más favorable a López Obrador. Me pregunto ¿Por qué un calzoncillo es más importante que la intromisión de Vicente Fox en la contienda? ¿Por qué es más importante que el hecho de que Hildebrando, la empresa del pariente de Felipe Calderón tuviera toda la base de datos del electorado mexicano? ¿Por qué es más importante un mugre calzón que todas las irregularidades que se mostraron en las casillas?.

    La nulidad de la elección, sea válida o no, tendrá un cargo al erario, porque implica imprimir nuevas boletas y crear de nuevo toda la logística. Pero recuerdo en el 2006 uno de los argumentos que utilizaban los quesqueanalistas de Televisa y otros «veleta», que decía que no era conveniente el recuento de los votos por capricho de López Obrador, porque las elecciones mexicanas son de las más caras del mundo y tendríamos que pagar ese reconteo con nuestros impuestos. En esto último tienen razón, pero hay que preguntarse por qué son caras. En México una elección es cara, porque el IFE tiene que emitir credenciales para votar, que si bien sirven para otras cosas (como identificación oficial), dichas emisiones corren a cargo del IFE; mientras que en otros países se vota con una credencial de identidad única que no es emitida por el organismo elector de dichas naciones. También es cara por la impresión de las boletas electorales. Pero entonces ¿Por qué nos iba a costar el recuento en el 2006?. Para hacer el recuento no se necesitaban fabricar más credenciales, ni imprimir más boletas. De hecho, habría muchos voluntarios dispuestos a colaborar en el reconteo de todos los partidos y colores.

    Los resultados de no haberlo hecho ahí están. Un presidente que es considerado ilegítimo por la mitad de la población, que dada su ilegitimidad, no ha recibido el suficiente apoyo para el combate contra el narcotráfico. Tenemos una sociedad polarizada (aunque creo que poco a poco eso ha ido sanando), y un López Obrador declarado Presidente Legítimo que siempre buscó poner piedras al presidente (oficial, de facto, como le quieran llamar) solo por venganza y no por buscar el mejoramiento del país, y que en algunas ocasiones lo logró (véase reforma energética). Todo ese circo nos lo hubiéramos ahorrado con el recuento.

    Y esto lo saco a colación no porque quiera comprobar el supuesto fraude del 2006 (y menos tiene caso hacerlo cuando a Felipe Calderón le falta menos de un año), sino porque vienen otras elecciones presidenciales, y con estos criterios tan «mafufos», hay que tener cuidado. Por que si alguien sabe de fraudes electorales, es el partido del candidato que ahorita es puntero en las encuestas, y si ni Televisa ni Salinas logran mejorar esa imagen que va en picada, podría existir algo así como el «Plan B»