Etiqueta: López Obrador

  • Mi experiencia en la consulta del aeropuerto

    Mi experiencia en la consulta del aeropuerto

    Mi experiencia en la consulta del aeropuerto

    Hoy en la mañana fui a votar por el aeropuerto de Texcoco porque es, con todas sus virtudes y defectos, con todas sus ventajas y problemáticas (que las hay), la opción que a mi parecer más le conviene a nuestro país.

    Sé que con probabilidad AMLO ya eligió la decisión que va a tomar y que la consulta busca legitimarla. Pero aún así quise ir, sobre todo, para conocer el ejercicio. 

    Pero todo el proceso tan solo me confirmó que esta «consulta ciudadana» es una simulación. ¿Por qué?

    Porque no tiene los mecanismos necesarios para garantizar que se respete el voto de los ciudadanos. Ya de por sí la consulta tiene un severo problema de origen que narré en un artículo anterior y que tiene que ver con la metodología y la selección de casillas. 

    Comencemos: a diferencia de lo que dice López Obrador, el voto no es secreto, no hay casilla alguna, votas ahí enfrente de los representantes de casilla quienes ven sin problema por quién votaste, ni siquiera voltean a otro lado cuando tú estás votando y, peor aún, tú puedes ver cómo votan los otros que están al lado de ti. No hay nada que garantice que los representantes no puedan inducir el voto porque solo están esos dos representantes, no hay absolutamente nadie que esté vigilando ese ejercicio. Entiendo que el ejercicio es mucho más austero que una elección organizada por el INE por el presupuesto, pero al menos deberían existir filtros que no existen, ni siquiera que puedas votar en una mesa aparte o en una casilla aunque esté mal hecha e improvisada, no hay nada. Solo son dos representantes que están sentados en una mesa, y una urna, nada más.

    Las boletas no tienen ningún certificado de seguridad. Sí, sé que eso incrementaría el costo del ejercicio. Pero vaya, ni siquiera tienen folio. Pueden ser copiadas en la papelería de la esquina y así seguir siendo consideradas como válidas. 

    Luego, ellos registran en una app tu credencial de elector para que no votes más de una vez. Pero no es algo que esté controlado por ningún organismo autónomo, sino por los mismos organizadores, lo que quiere decir que ellos a su conveniencia podrían dejar votar más de una vez a una persona. Así, MORENA puede llevar acarreados a votar en distintas casillas sin problema porque ellos mismos llevan el registro.

    La tinta indeleble no es indeleble. Bueno, no es tinta indeleble. es tinta de sello. Te dicen, pon tu dedo, pero luego si te vas a lavar las manos este se quita, media hora después de votar ya no tengo tinta en mi dedo. La tinta indeleble hubiera sido un muy buen filtro y que sí ha sido utilizado en consultas ciudadanas de años pasados en las que he participado. 

    En el anverso de la encuesta vienen las ventajas y las desventajas de cada opción que vas a votar, pero me llamó la atención que varias de las desventajas de Santa Lucía son «posibles desventajas»: «posibles impactos negativos en el mercado financiero». Con el de Texcoco las desventajas sí son categóricas. Algunas se sacan de contexto, como el hecho de que el costo del nuevo aeropuerto se está incrementando, pero eso sucede con absolutamente cualquier obra que se construya a varios años porque el costo del material siempre sube. Eso mismo ocurriría con Santa Lucía. 

    Así, así es como se va a hacer política pública en los 6 años que vienen, con consultas que se pueden falsear sin ningún problema.

  • La consulta: mi primer fraude. AMLO

    La consulta: mi primer fraude. AMLO

    La consulta: mi primer fraude. AMLO

    ¿Cómo va a gobernar López Obrador? Su consulta sobre el aeropuerto es un muy buen referente. Todo lo va a consultar (o más bien lo que le convenga consultar), le va a preguntar al pueblo sobre las decisiones importantes.

    Pero en realidad, quien va a tomar las decisiones va a ser él. El voto del pueblo siempre irá en función de lo que él quiere y las consultas estarán creadas con ese propósito. Así, López Obrador buscará legitimar sus decisiones. Él podrá decir que el pueblo fue el que eligió, que el pueblo estuvo de acuerdo con él y, de esa forma, se deslindará de la responsabilidad y del costo político que puedan tomar sus decisiones: ¡a mí no me reclamen, ustedes fueron los que eligieron!

    Las consultas también serán selectivas. Si a López Obrador no le conviene hacer una consulta porque los resultados le serán necesariamente adversos, simplemente no la hará. Las consultas solo le funcionarán siempre y cuando sus resultados puedan empatarse con la decisión que ya haya tomado. Dentro de esta apariencia de «ejercicio democrático» se esconde un instrumento demagógico con el cual AMLO busca congratularse ante el pueblo.

    Dicho esto, la metodología de las consultas no pretenderán representar a la población en su conjunto, sino que estarán diseñadas de tal forma que se pueda garantizar el resultado que López Obrador espera. Esto ha quedado muy claro en la consulta por el aeropuerto y la forma con la que se asignado la ubicación de las casillas. Para comenzar, este artículo ya muestra un fuerte escepticismo hacia la metodología utilizada, la cual, dice Sebastián Garrido, es inconsistente y siembra muchas dudas. 

    Pero basta con «echar una ojeada» a la ubicación de las casillas para percatarnos de las inconsistencias y de la arbitrariedad que hay detrás del método de selección. Llama la atención que dentro de todo el corredor Polanco – Lomas – Interlomas Santa Fe, cuya población es la que suele viajar de forma más frecuente, no habrá una sola casilla. Algo parecido ocurre en Guadalajara (donde evidentemente hay menos casillas por habitante que en CDMX, donde AMLO obtuvo una mayor cantidad de votos) en donde en el corredor Country – Providencia – San Javier – Puerta de Hierro, donde vive la mayor parte de la clase alta de la ciudad, tan solo podemos ubicar una casilla cercana pero cuyo acceso no es fácil ya que se encuentra al otro lado de avenida Patria y esa está ubicada en un barrio popular cerca de la cabecera municipal de Zapopan.

    Fuente: http://mexicodecide.com.mx/urnas-de-consulta/

    Si se le quiere consultar al «pueblo», deberíamos entender como pueblo a todo ciudadano cualquiera que sea su posición económica. Pero lo que estoy viendo es que las personas de clase alta, que son las que más utilizan el avión como transporte, están siendo casi excluidos de esta consulta y se les está obligando a viajar distancias mayores para poder participar. 

    Sesgos como éste no solo se ven dentro de las ciudades, sino también en la selección de municipios. De acuerdo con un ejercicio que hizo el profesor del CIDE Javier Aparicio, la probabilidad de que un municipio participe en la consulta aumenta de forma considerable si en la elección municipal del 2018 ganó MORENA:

    Fuente: https://twitter.com/javieraparicio/status/1054965764694949893

    Es decir, el ejercicio ya está viciado porque parece que se le está dando cierta preferencia a los simpatizantes de López Obrador y a los municipios donde MORENA tiene una mayor capacidad de movilizar gente. De acuerdo a los estudios demoscópicos como el realizado por Consulta Mitofsky o El Universal, una mayoría se inclina por continuar la construcción del aeropuerto de Texcoco. Pero los estudios demoscópicos toman una muestra del universo de la población (lo que debería hacer la consulta ciudadana para establecer la ubicación de las casillas y que no hace), mientras que la metodología de la consulta selecciona la ubicación de forma arbitraria de tal forma que los simpatizantes de AMLO tengan más peso en dicha votación.

    Bien se podría decir que en el estudio demoscópico se le está preguntando a la gente qué opción prefiere y no si va a salir a votar por tal opción (como lo hacen en las encuestas electorales), ya que una consulta no mide la mera preferencia, sino el acto de ir a votar por esa preferencia. Pero en este caso, si los estudios hicieran esa pregunta se verían afectados por el sesgo propio de la consulta, ya que muchas personas que viven en colonias donde no habrá una casilla cercana o quienes viven en municipios donde ni siquiera habrá una casilla probablemente dirán que no acudirán a votar. Lo que refleja el estudio demoscópico es la preferencia de los ciudadanos mexicanos con respecto del aeropuerto con base en una muestra que representa a toda la población.

    Además, en una consulta los organizadores deberían mantener una postura neutral y no deberían incitar a la población a votar por alguna opción. Eso no ha sucedido. Jiménez Espriú está en campaña a favor del aeropuerto de Santa Lucía, mientras que algunos diputados y senadores de MORENA se han mostrado a favor del aeropuerto de Texcoco.  

    No nos hagamos bolas, el propósito último de esta consulta no es dejar que la ciudadanía elija, sino legitimar la decisión que haya tomado el Presidente Electo. La consulta está diseñada para ese propósito, y por más insistan en que nos han presentado los puntos a favor y los puntos en contra, la metodología lo delata. Y no hablar de su innata inconstitucionalidad.

    Y así seguramente ocurrirá durante los próximos seis años, donde López Obrador buscará legitimar sus decisiones a través de consultas aparentemente ciudadanas, dejando recaer la responsabilidad en el pueblo y no en él mismo. 

  • Y López Obrador bajó del altar

    Y López Obrador bajó del altar

    Y López Obrador bajó del altar

    Dicen que para ser político algo hay que tener de cabrón. Y es que dentro de la política se busca el poder así como una empresa privada busca ingresos económicos.

    Y buscar el poder no es algo necesariamente malo. De hecho, la búsqueda del poder es lo que hace que el cuerpo político de una nación funcione. La cuestión no es que lo busquen, sino para qué lo buscan.

    Incluso los políticos honrados deben de tener un tanto de cabronería, necesitan saber negociar, crear consensos, buscar alianzas, jugar con los hilos del poder para poder ejercerlo con mayor cabalidad. Incluso esos políticos honrados, de eso que decimos hay pocos, necesitan aspirar a acaparar poder y saber jugar con sus circunstancias para poder obrar en favor de sus gobernados.

    Cierta cabronería es necesaria para poder desempeñarse bien. Dentro de la política, quien es timorato, quien trata de quedar bien con todo mundo y trata de ser amigo de todos, termina tarde que temprano absorbido y expulsado de ese cuerpo político. Es el astuto, el que sabe calcular bien, el que sabe olfatear muy bien el contexto en el que se encuentra, el que logra sobreponerse. 

    Al final, los políticos son seres humanos comunes y corrientes, no son especímenes especiales, son simples mortales que se comportan de acuerdo al contexto en el que se encuentran insertos. Y como los seres humanos somos imperfectos, no hay nada que garantice que siendo nosotros políticos seamos incorruptibles. Como se trata de un juego de poder, los incentivos para la corrupción son altos. Se necesita mucho tesón para lograr jugar al juego y al mismo tiempo mantener sus principios en pie. En realidad, ese tesón muy pocos lo tienen.

    En la política casi no hay héroes, y de los pocos que hay, la mayoría son productos de la mitología que ha creado la historia oficial o alguna corriente política, y entonces nos quedan poquísimos si es que queda alguno. Hay otros que hacen relativamente bien su trabajo, que no se dejan corromper pero entienden el juego. Muchas veces la población se comporta de forma ingrata con ellos porque no hay una narrativa heroica detrás de ellos, sino simplemente un desempeño eficiente, o porque dentro de su eficiencia como servidores públicos tuvieron que tomar decisiones poco populares, y como las decisiones de los políticos eficientes tienen implicaciones a largo plazo, entonces se corre el riesgo de que el pueblo no les reconozca siquiera el trabajo que se hizo. A ese político eficiente se le recuerda muchas veces como un político gris o hasta pragmático, porque está más enfocado en la técnica y en los fines que en el discurso de masas. 

    El heroísmo político tiene que ver más con los discursos y las narrativas que con la medición de los resultados de las políticas públicas. En este sentido, tanto los simpatizantes de López Obrador como sus detractores suelen equivocarse en sus juicios. ¿Por qué?

    Porque ambos juzgan a López Obrador como si se tratara de una entidad que se mantiene externa a la dinámica de la política. Por ejemplo, los detractores se le van encima a AMLO por su alianza con el Partido Verde para obtener mayoría en el Congreso. Ciertamente, la decisión puede ser criticable (más por el discurso impoluto que manejó AMLO durante tantos años que por otra cosa), pero siendo la opción que MORENA tenía para ganar mayoría, sería absurdo pensar que alguna fuerza política fuera a rechazar un pacto así que le diera una mayor cantidad de poder. Así como el PRI lo ha hecho también, seguramente lo hubiesen hecho los panistas o MC. 

    Los simpatizantes cometen el mismo error al pensar que el discurso va a empatar con la realidad pasando por alto las contradicciones del Presidente Electo producto del manejo un discurso que siempre se mantuvo fuera de la realidad. La narrativa idílica pesa tanto y quieren seguirla manteniendo porque ella es la que les genera el sentimiento de esperanza que se niegan a ver las contradicciones entre el discurso y la realidad. Se niegan a ver que AMLO es, al final, un político acostumbrado a jugar con los hilos del poder, aunque reniegue de ellos en el discurso. 

    Al final, el beneficio o perjuicio que sea AMLO para México no será producto de sus narrativas ni sus discursos sino de los resultados (aunque algunos de quienes han sido ya hipnotizados por dichos discursos podrán ejercer cierto sesgo sobre su interpretación de dichos resultados). Las narrativas sirven mucho para movilizar y convocar, pero no sirven tanto para gobernar. Parece que incluso el propio López Obrador apenas se ha dado cuenta de eso y se ha desdicho de varias de sus propuestas al conocer, desde adentro, las condiciones en las que va a gobernar. 

    ¿Será AMLO un buen presidente? Posiblemente eso lo sabremos hasta terminar su gestión o incluso hasta algunos años después. Aunque, con toda seguridad, tanto sus detractores como sus simpatizantes, ya habrán hecho un juicio categórico de su gobierno.

  • Si te sorprende la alianza entre MORENA y el Verde, es que estás verde

    Si te sorprende la alianza entre MORENA y el Verde, es que estás verde

    Si te sorprende la alianza entre MORENA y el Verde, es que estás verde
    Foto: El Universal

    Hay quienes decían que López Obrador sería como Hugo Chávez. Aterrados, en pánico, nos alertaban: ¡no votes por ese populista! ¡Piensa en tu país y en tus hijos!

    Del otro lado estaban los que nos decían que él era el cambio, la esperanza, que la sociedad civil no importa, que lo que importe es que gane López Obrador.

    Y yo si bien sostuve una postura crítica ante AMLO, aquí en este espacio afirmé que no sería como Chávez, pero que estaría muy lejos de ser ese cambio con el que muchos sueñan (independientemente de si gobierne bien o no). Y creo, a mi parecer que la alianza que se ha tejido entre MORENA y el Verde, es un ejemplo.

    Es muy iluso pensar que con un solo gobierno una nación se va a transformar. Yo no conozco un sólo país de América Latina que se haya transformado radicalmente gracias a un gobierno. No sólo tenemos muy pocos ejemplos de países que se han superado a sí mismos, sino que en los muy pocos que tenemos no podemos afirmar que haya sido el resultado de un solo gobierno.

    Lo más parecido a un país que se superó a sí mismo es Chile. Y digo lo más parecido porque sigue siendo un país subdesarrollado con altos índices de desigualdad; pero lo tomo porque, como sea, es uno de los países más prósperos de la región. Los más derechistas me dirán que fue gracias a Pinochet (que al final fue un dictador y que, como tal, tiene un margen de maniobra mucho más grande que cualquier mandatario democrático), pero esa explicación es, cuando menos, muy insuficiente (amén de toda la sangre y represión que corrió en su mandato). El desarrollo de Chile fue resultado de varios procesos económicos y sociales que se han vivido desde hacia varias décadas y que también incluye a los presidentes después de la restauración de la democracia. 

    Un Presidente puede gobernar bien o mal, las cosas se pueden joder mucho o poco, pero la verdad es que dichas transformaciones se dan de forma muy progresiva y terminan haciéndose realidad y haciéndose palpables generalmente décadas después. Y esto ocurre porque un solo gobierno no tiene la capacidad de reformar todo el sistema, sino que hace lo que puede y lo que le alcanza, para lo cual un solo gobierno suele ser insuficiente.

    ¿Y por qué traigo a colación al Partido Verde? Porque es una clara muestra de la incapacidad que López Obrador tendrá para romper con muchos de los vicios del sistema. Es una alianza reprobable, sí, pero, a la vez, entiendo que es parte de la política. Si MORENA se alía con el Partido Verde puede garantizar la mayoría simple y, así, tener más margen de maniobra y poder para implementar sus políticas. Pero, por otro lado, si MORENA rechazara esa alianza porque ese partido es uno sin ética ni principios, entonces no tendría el margen de maniobra al que aspira a tener de tal forma que tendría mucho menor capacidad para hacer los cambios. 

    Otro ejemplo de lo que digo es la cantidad de miembros cuestionables dentro de su partido. Esto también es muy cuestionable, pero la alternativa (la incapacidad para lograr llenar el barco llamado MORENA) tal vez les habría salido peor y posiblemente ni hubieran llegado al poder. Como partido nuevo, a MORENA no le quedaba más que tomar de «lo que ya había», no tenía la capacidad de crear cuadros nuevos a partir de puros idealistas neófitos de la política sin experiencia alguna (y si es que los encontraban). Dicho esto, es imposible construir algo nuevo.

    Y no sin olvidar que, por más idealista y bienintencionado presuma ser, López Obrador creció dentro del régimen de partido único. Su manera de concebir la política es algo arcaica y más bien algo parecida al del viejo PRI con el que él creció (que abarca desde Lázaro Cárdenas hasta José López Portillo) y naturalmente, como cualquier mano, tenderá a echar mano de lo que ya conoce (incluyendo a políticos del viejo PRI). Si bien, probablemente su gobierno no sea una calca de ese PRI antiguo, si va a tener varios elementos en común. 

    Es decir, no solo son los obstáculos externos, también los internos: la forma en que él y los suyos (muchos también herencia de ese viejo PRI) conciben la realidad y la forma de hacer política. 

    Si AMLO gobierna muy bien (y si es que lo hace, porque también existe el escenario en el que gobierne mal) no vamos a tener un México mucho más desarrollado en seis años (aunque nos pongan en la portada del TIME). Tal vez veremos algunos signos de su buen gobierno como cierto decremento de la inseguridad, estabilidad económica, más empleos (nada del otro mundo), cierta reducción de la corrupción (aunque seguirá siendo un problema) o un crecimiento del PIB mayor al que estábamos acostumbrados (y que posiblemente no sea nada del otro mundo). México seguirá siendo desigual, el narco seguirá existiendo y seguiremos viendo corrupción en el servicio público (aunque AMLO no sea corrupto) Es simple, un sistema tan complejo como lo es un país donde hay muchos intereses y muchos cotos de poder no puede deconstruirse a voluntad propia ni con buenas intenciones. Hay que hacer y saber hacer política para enderezar lo más posible el barco con el fin de que vaya por buen rumbo y, de esta forma, que a largo plazo el país se vaya desarrollando poco a poco y convirtiendo en uno más justo.

    Por eso tal vez sea un error crear demasiadas expectativas en un gobierno, sobre todo unas que van más allá de sus capacidades. 

  • AMLO, lamentamos informarle que su vuelo se ha retrasado

    AMLO, lamentamos informarle que su vuelo se ha retrasado

    AMLO, lamentamos informarle que su vuelo se ha retrasado

    Al Presidente Electo López Obrador se le ve llegando al aeropuerto con su maleta para abordar el vuelo de la aerolínea Vivaaerobus, platica con los otros usuarios que van en el «camioncito» que te traslada de la terminal hacia el avión. En su andar no hay lujos, el tabasqueño se traslada como una persona común y corriente. Sus seguidores aplauden, sus detractores insisten en que es un acto demagogia para darse baños de pueblo. 

    En lo particular, yo no creo que se trate de un acto de demagogia. Si en algo López Obrador es congruente, es en su idea de que el servicio público no debería servir para enriquecerse. Esto mismo explica su política de austeridad y la forma en que él se ha conducido cuando ha estado en el poder (otra cosa es que eso sea insuficiente para evitar que «los otros» no se comporten de la misma manera).

    Su postura es de aplaudir, sobre todo porque rompe con una visión de gobierno oneroso y despilfarrador como el de Peña Nieto. Incluso los libertarios y todos aquellos que creen en un Estado mínimo deberían aplaudir el hecho de que algún político busque poner límites al gasto corriente y a los sueldos onerosos.

    Hasta aquí todo bien.

    Pero luego viene un problema muy serio que López Obrador ignora. Un mandatario no puede comportarse como cualquier ciudadano por el simple hecho de que estará a cargo de un país, ni más ni menos. Muchos de los equilibrios (que mal que bien y deficientes pero existen) dependen de la integridad del Presidente de la República. Si el presidente fuera asesinado, la situación no sería tan fácil como para nada más pensar en un reemplazo y ya; mucho menos en un país como México que está infestado por organismos como cárteles de la droga y similares. Solo basta recordar cuántos secretarios de Gobernación murieron en el sexenio de Felipe Calderón.

    Luego viene otro problema: la eficiencia. López Obrador quiere volar por aerolíneas comerciales porque le parece un exceso usar un avión privado cuya compra implicó un alto costo. Pero un presidente que está gobernando un país se tiene que preocupar por ser muy eficiente en su trabajo, y eso implica tener una logística que le permita desplazarse de un punto a otro con la mayor facilidad. Es dudoso que lo pueda hacer con las aerolíneas comerciales que siempre están sujetas a retrasos (todos los que nos trasladamos en avión sabemos lo que es eso). 

    López Obrador no puede darse el lujo de pasearse como un ciudadano común y corriente y no tener un equipo de seguridad que esté cuidando su integridad en todo momento, tampoco puede sacrificar la eficiencia para adaptarla a su modo de vida. Está muy bien que no quiera comportarse de forma ostentosa, eso es de aplaudirse y reconocerse, pero los mexicanos también necesitamos un presidente cuya integridad física y personal esté protegida y que pueda desempeñar su trabajo de la mejor forma. 

    Algunos de los que López Obrador considera lujos no lo son, son herramientas de trabajo que requiere la Presidencia de la República. Lo que México requiere es un gobierno que funcione y que haga su tarea de la mejor forma en beneficio de sus gobernados. 

  • ¿Y dónde está la oposición?

    ¿Y dónde está la oposición?

    ¿Y dónde está la oposición?

    Es muy sano y deseable que cualquier gobierno, del tipo que sea, tenga una oposición. Esta es el contrapeso natural que vigilará, evaluará y criticará al gobierno en funciones. 

    No sólo es importante que la oposición exista, sino que sea lo suficientemente grande en términos cuantitativos, pero, sobre todo, lo suficientemente fuerte en términos cualitativos. Un sana oposición debe de ser capaz de representar los intereses de quienes mantienen una postura adversa ante el gobierno en funciones, y, naturalmente, se esperaría que piensen en el bien común.

    Ahora que AMLO se convertirá en el presidente de este país, habrá que preguntarnos sobre la oposición que él tendrá. Habrá que preguntarnos si es una oposición fuerte, dura o responsable; o bien, si se trata de una oposición débil y apática. 

    Peña Nieto contó con una fuerte oposición dentro de la sociedad civil, no así dentro de la política con excepción del propio López Obrador y sus huestes (claro, hasta poco antes de comenzar la campaña donde la postura del tabasqueño hacia Peña Nieto cambió radicalmente). Peña contó con una oposición en el Congreso muy displicente que «dejó pasar» escándalos como los de la Casa Blanca o la Estafa Maestra, pero de parte de la sociedad civil y de organismos privados tuvo una oposición que sin duda se convirtió en manifestaciones callejeras, o bien, en cabildeos, presiones y denuncias de organizaciones de la sociedad civil y think tanks

    Parece que la oposición política frente a López Obrador será más bien una muy débil. No sólo porque sus opositores tendrán al oficialismo con mayoría en el Congreso, sino porque están muy desacreditados. Es difícil que, desde una postura moral, el PRI pueda fungir como oposición, ya que no tiene credibilidad. El PAN, si bien tiene algo más de credibilidad que el PRI, ya no es ni de lejos el «partido de oposición» que llegó a ser en los tiempos del PRI. Ahora es un partido dividido, degradado y sumido en pleitos e intereses de unos pocos.

    Una oposición política débil es preocupante. La debilidad de su oposición fue una de las razones por las cuales el gobierno de Peña Nieto pudo sumirse en varios escándalos sin que estos hayan tenido consecuencia alguna. Pero en el caso del gobierno de López Obrador, la debilidad de la oposición no sólo será cualitativa sino cuantitativa. 

    También es preocupante la poca capacidad crítica de muchas de las personas afines a López Obrador (incluidos algunos académicos, activistas o intelectuales), que si bien se puede entender hasta cierto punto que haya un sesgo cognitivo que opere en favor de sus preferencias, preocupa que justifiquen nombramientos demasiado polémicos como el de Manuel Bartlett. Incluso, dentro de los simpatizantes, debería existir cierta capacidad para tomar posturas críticas ante las decisiones que se tomen. Sólo he visto a Tatiana Clouthier y unos pocos más mostrar alguna suerte de disenso. 

    La oposición más firme que podría tener AMLO es la que tiene que ver con los organismos de la sociedad civil y las cámaras empresariales, que si bien han establecido canales de diálogo, también han hecho crítica de varias de sus propuestas. Básicamente se trata del mismo sector que pudo ejercer una presión más fuerte contra el gobierno de Peña Nieto (aquí también podrán incluirse algunos medios digitales y alternativos como Animal Político que hicieron bien su papel en el sexenio pasado), pero si bien la oposición ciudadana es algo muy deseable, no tiene todas las herramientas que la oposición política tiene a la mano. 

    Hasta el día de hoy, no vemos a un sector opositor contundente. Vemos críticas aisladas de opinadores y políticos que en muchos de los casos parecen quedar en un segundo plano ante un López Obrador que sigue mostrando su habilidad para marcar la agenda y convertirse en el centro de atención. Él es el director de la orquesta, la oposición apenas levanta tímidamente la mano para señalar algún error, pero poco la escuchan. 

  • Bartlett. Cuando se caiga el sistema y se vaya la luz

    Bartlett. Cuando se caiga el sistema y se vaya la luz

    Barlett. Cuando se caiga el sistema y se vaya la luz

    El fraude del 1988 fue uno de los primeros recuerdos (si no es que el primer recuerdo) de la política mexicana en mi vida. En ese entonces tenía 5 años y mi madre tenía pegada una calcomanía de Clouthier en su Brasilia. Carlos Salinas de Gortari era el malo, el de los ratas, el del PRI. Me acuerdo que acompañé a mis papás a votar, pero eso era de gente grande y estaba muy chico para votar y, a ciencia cierta, no sabía muy bien qué era un voto. Después, los tíos hablaron de cómo el PRI se había robado los votos y se me quedó esa idea de que eran unos rateros (aunque luego aprendí que no sólo los del PRI lo eran).

    Es bastante curioso y paradójico que, quienes atacaron con más fuerza y ahínco al PRI en este sexenio, son los que están relativizando más el nombramiento de Manuel Bartlett como director de la CFE (curiosamente las mismas siglas tenía el Consejo Federal Electoral que presidía cuando «se cayó el sistema»). Entre los fervientes seguidores de López Obrador tejen argumentos que van desde el «Sí, en ese entonces se equivocó, pero hoy está luchando por la soberanía energética» o hasta el que dice que «la caída del sistema es un mito». 

    Es curioso porque ellos decían que con «el PRI ni a la esquina». Es curioso porque ellos dijeron votar en contra de la corrupción y hacen mutis ante un personaje tan corrupto como Bartlett. Pero es más curioso aún que siendo ellos quienes más han hablado de fraudes electorales, sean ellos quienes relativicen y a veces hasta glorifiquen al oscuro personaje que se encargó de orquestar el fraude que permitió a Salinas (el innombrable y némesis de la izquierda) llegar al poder. Algunos tienen el descaro de decir que cuando llegue a presidir la CFE van a ser muy críticos pero que mientras van a chiflar y aplaudir,  que hay que darle el beneficio de la duda a alguien que no dejó ni de lejos una buena impresión a su paso por la gobernatura de Puebla.  

    La indignación ante tal nombramiento vino más bien de los detractores de AMLO y tan solo de unos muy pocos que, de alguna forma, simpatizan con él. Algunos incluso han tomado una postura beligerante ante quienes cuestionan tal nombramiento: «acepten que perdieron», «su tiempo ya se acabó», «AMLO va a gobernar aunque no les guste». 

    Cierto es que AMLO no es el primer Presidente en nombrar innombrables, lo mismo se puede decir de Peña Nieto, de Calderón o de Fox. El problema es el simbolismo y el mensaje que se envía por el personaje del que se trata. Bartlett es la antítesis del discurso de AMLO o, más bien, de la idealista interpretación que muchos han hecho del discurso de AMLO. Ante el antipriísmo, un priísta de cepa dura; ante la oposición al fraude, el político que orquestó el fraude más importante de la historia moderna de México. Incluso, ante unos medios de comunicación tradicionales que no les abrían espacios, fuertes ataques e intentos de censura en las redes sociales.

    Parece que el PRI solo puede ser sujeto de críticas cuando se le ubica en la derecha política y no en la izquierda. Una izquierda priísta que carga con los mismos vicios que su par derechista: con la trampa, con la corrupción y con el fraude.

    Habrá que preguntarse si esta postura más bien sumisa y complaciente es la que les veremos en estos seis años (incluidos algunos académicos o personas que presumieron formar parte de las filas del activismo): una postura donde al líder no se le cuestiona, donde cualquier crítica conlleva a fuerzas una mala intención no sólo de atacar al líder, sino también a los intereses de la nación. No solo es una postura anti-intelectual, también es una postura peligrosa donde la disensión será apaciguada no sólo por el gobierno sino por unos simpatizantes que se sumarán a las descalificaciones en las redes sociales y espacios similares. 

    Porque les es más fácil reinterpretar la realidad con el fin de que esa «luz de esperanza» no se apague (esa luz que se puede ir con una sencilla caída del sistema en la CFE), con su ingenua creencia de que basta la voluntad de un líder para que el país cambie. Estoy seguro que no todos los que votaron por AMLO lo hicieron pensando en ello, yo conozco muchos que no y que son capaces de sostener una postura crítica. Pero sí hay muchos otros que, siguiendo la tradición vertical y corporativa de nuestro país (aunque sea de forma inconsciente) siguen creyendo que basta la voluntad de un líder, que la voluntad de los ciudadanos, de las leyes, de la democracia o la institucionalidad, no importa tanto. 

  • El Estado soy yo

    El Estado soy yo

    El Estado soy yo

    En las elecciones que acaban de pasar la mayoría de los jaliscienses votaron por Enrique Alfaro como Gobernador de Jalisco. Una de las motivaciones de mi voto fue que no llegara Carlos Lomelí, el candidato de MORENA, quien tiene una larga cola que me pisen. Me preguntaba cómo es que López Obrador, quien dice que acabará con la corrupción y llevará a cabo la «cuarta transformación», había postulado a un personaje tan oscuro como él.

    El electorado jalisciense había hablado: Enrique Alfaro había ganado la gobernatura, hasta ahí todo bien.

    Pero luego resultó que Carlos Lomelí se convertiría en una suerte de «gobernador paralelo» que tendría acceso al presupuesto federal. Tendrá un poder tal que ya se puso a prometer la cuarta línea del Tren Ligero

    ¿Entonces de qué sirvió que yo votara por Enrique Alfaro si su gobernatura va a estar muy acotada por «coordinador estatal»? ¿No es esa una afrenta en contra de la voluntad de nosotros los electores que expresamos nuestra voluntad en las urnas? 

    Uno de los argumentos para el establecimiento de estos coordinadores estatales es evitar que los gobernadores se comporten como caciques, tales como los Duarte o Padrés. La idea es que el gobierno de López Obrador tenga mayor control sobre los gobernadores y, a la vez, que pueda implementar sus políticas dentro de la gran mayoría de los estados en donde MORENA tendrá la mayoría de los congresos locales. Presidencialismo duro y puro. 

    Pero una cosa es acotar los excesos de los gobernadores y otra cosa es amarrarlos de las manos para que el Gobierno Federal pueda tener una gran injerencia sobre los estados. Muchos de los gobernadores se convertirán en meros accesorios quienes estarán condenados a tener un margen de maniobra muy limitado y los cuales no se podrán distanciar mucho de la voluntad que se dicte «desde el centro». De por sí, Enrique Alfaro, quien tendrá mayoría en el Congreso local, ya tendrá problemas al tener a Carlos Lomelí de contraparte (junto con su acceso al presupuesto federal); los que ni siquiera cuenten con eso se convertirán en suerte de gobernadores presenciales o simbólicos.

    Si bien, algo tenía que hacerse para evitar los cacicazgos locales que surgieron a partir del fin del partido hegemónico, me parece incluso un tanto peligroso que el Gobierno Federal vaya a poder concentrar tanto poder al punto de decir qué es lo que se hace y qué es lo que no se hace en la mayoría de los estados. Pero peor aún, eso es una afrenta contra la voluntad de los electores quienes eligieron a un gobernador que, en algunos casos, terminará teniendo un papel meramente presencial, donde estará muy acotado por un Congreso al servicio del Presidente López Obrador. 

    Es paradójico que mientras que AMLO habla de descentralizar las secretarías esté haciendo lo contrario con el poder político, lo cual le quita una gran cantidad de soberanía a los estados, y lo que puede representar un retroceso de muchas décadas en un país al cual le ha costado mucho trabajo crear un sistema de gobierno realmente federativo.

    López Obrador quiere resolver los problemas que aquejan al país como aprendió y como bien sabe: por medio de una forma de hacer política que ya había quedado anclada en el pasado, donde el Presidente maneja todos los hilos del poder desde el centro, donde se considera a la autonomía como una forma de perversión del poder.  

    Y el primer paso para ello fue no respetar la voluntad de nosotros los ciudadanos en las urnas, ya que nuestro voto amenaza en convertirse como algo meramente simbólico.