Categoría: temas polémicos

  • Fifís contra chairos

    Fifís contra chairos

    Fifís contra chairos

    Bastó la organización de una marcha para ver cuán polarizado está nuestro país.

    Algunas personas me insistirán en que López Obrador ha polarizado a la nación. No estoy completamente de acuerdo con esa aseveración porque creo que más bien lo que ha hecho es explotar la polarización ya existente, no crearla.

    Quienes dicen eso están aseverando de forma tácita que nuestra población anteriormente estaba unida. ¡Nada más falso! En nuestro país existen dos realidades completamente diferentes y para entenderlas tendríamos que irnos hasta atrás, muy atrás. Tal vez a los tiempos de la colonia.

    La polarización está latente y solo le hace falta una chispa para manifestarse. Está latente en un país donde el color de piel llega a predecir en cierto grado el poder adquisitivo del individuo. Está latente en un país donde la desigualdad es abrumadora y donde la movilidad social es escasa. Quien ignore este problema estructural está siendo intelectualmente irresponsable. 

    ¿Pero saben? Me da gusto que la gente de clases acomodadas se manifiesten. 

    Y me da gusto que se involucren en lo público y que entren a un terreno que les era desconocido. Y considero que en este caso tienen razón en la mayoría de las peticiones que hicieron. Considero acertada la crítica a las consultas a modo de AMLO y considero que el aeropuerto de Texcoco no debería cancelarse.

    El problema, lo que genera indignación no es, creo yo, el mero hecho de la protesta, sino que la gente de arriba sale a la calle con su cosmovisión del mundo, una que pertenece a un México que le es muy ajeno a los demás, y eso se hace palpable.

    Por ejemplo, el hecho de que salieran vestidos de negro a muchos nos generó conflicto. Muchos se cuestionaron por qué entonces muchos de ellos no salieron para manifestarse en contra de la violencia o la matanza de los estudiantes de Ayotzinapa. Tal vez esa pregunta se responda con el hecho de que varios de quienes pertenecen a las clases acomodadas sienten ajeno el otro México (y no quiero generalizar, porque me consta que, al menos acá en Guadalajara, si vi a una que otra persona «privilegiada» sumándose a la marcha por el asesinato de los estudiantes).

    Cierto que hubo quienes salieron con unas pancartas muy desagradables que iban contra la caravana migrante. Pero también es cierto que era una ridícula minoría, y me parece injusto juzgar a toda una marcha por lo que hacen unas pocas personas. Igual de injusto que cuando se decía que las marchas de este sexenio eran violentas por lo que hacían algunos pocos porros (tal vez hasta pagados por el gobierno). De igual forma también otros pidieron no polarizar a la sociedad (aunque ya está polarizada de antemano). 

    En una sociedad tan polarizada como la mexicana, es natural que este resentimiento recíproco se manifieste. Son pocos los puentes tendidos entre los dos Méxicos. Los de arriba son vistos como aquellos privilegiados que no obtuvieron su riqueza por mérito sino por la tranza y la corrupción, los de abajo son percibidos como inadaptados, vagos, güevones y tal vez hasta como delincuentes. Tal vez esas calificaciones sean injustas, pero en un estado de las cosas así es muy fácil que alguien explote esta división.

    Por eso lo más común es el señalamiento de incongruencias en ambos bandos: unos critican que adoraban la libertad de expresión cuando AMLO bloqueó Reforma y ahora critican una protesta porque no están de acuerdo con ella. Otros critican que les valía madre lo que ocurría en el país y se la pasaban criticando las protestas e incluso pedían que se regularan, y ahora insisten en la «participación de la sociedad civil». Posiblemente ambas acusaciones tienen algo de verdad, y son producto más que nada de la misma polarización social, de los dos Méxicos que son tan ajenos. Pero creando una etiqueta binaria para confrontar a las dos entidades no va a ayudar en nada, por el contrario. 

    La realidad es que el conflicto solo se va a terminar al momento en que se tiendan puentes entre los dos Méxicos de tal forma que las fronteras se vayan difuminando y tengamos un solo México. Pero esto implica ir contra parte de nuestra cultura e idiosincrasia, contra nuestros prejuicios históricos, y ello es muy difícil de desterrar. Pero la realidad es que una sociedad tan profundamente dividida tiene menos posibilidades de crecer y desarrollarse que una cuyas divisiones sean más tenues y donde exista comunicación entre las distintas clases sociales (que, por consecuencia, son menos desiguales). 

    El problema es que tender puentes también implica ceder y comprometerse, reconocer que ciertas actitudes y acciones perjudican a los demás y cambiar la conducta y ciertas prácticas. Implica también reconocer conductas muy normalizadas, implica tener un mejor control de las emociones (ya que cuando el individuo se vuelve esclavo de sus pasiones, tiene más razones para odiar y dividirse). Pero sobre todo, y lo que es más difícil de todo, implica tener la voluntad de hacerlo. 

    Dejemos de ignorar el problema, dejemos de decir que la división es una creación de López Obrador, dejemos de hacer como que no pasa nada y dejemos de pensar que no tenemos ninguna responsabilidad. Dejemos incluso de dejar de reconocer que esta división y estos prejuicios afectan incluso a los de arriba (aunque no lo reconozcan) y que por ello se atrincheran dentro de muros, vallas perimetrales y vigilancia. Si esta profunda división sigue, bastará cualquier chispa para que se prenda y para que se destruya la paz, y ahí perdemos todos.

    Y si eso pasa, y si no hicimos nada, entonces no nos quejemos. 

  • Por el bien de todos, primero los Forbes

    Por el bien de todos, primero los Forbes

    Por el bien de todos, primero los Forbes

    Me parece a veces que somos un país un tanto extraño. Pareciera que las prioridades están al revés, que lo que es menos importante es más importante que lo más importante y viceversa.

    Me llama la atención, por ejemplo, que en Guadalajara haya sido más mediática la noticia donde unos jóvenes gratittearon un vagón de la nueva línea del Tren Ligero (hasta el alcalde terminó haciendo un video con ellos para mostrarse jovial y comprensivo) mientras que la noticia donde cinco indigentes fueron asesinados en distintos puntos de la ciudad con una piedra mientras dormían pasó desapercibida. ¿Por qué un vagón, que es eso: un vagón que puede limpiarse, nos parece más importante que la vida de 5 personas que fueron asesinadas impunemente? ¿Por qué incluso las autoridades le prestan más atención al vagón?

    Pero de la que quiero hablar hoy es de la marcha para salvar al aeropuerto de Texcoco. Ustedes saben que yo siempre he estado a favor del aeropuerto de Texcoco, pero la marcha que quieren realizar en la CDMX, al menos como la están planteando, se me hace un absurdo. Y ojo, al criticar esta marcha no estoy poniendo en entredicho su libertad de expresarse, tienen derecho a hacerlo. Pero lo que se me hace esquizofrénico es que pidan ir vestidos de luto. 

    ¿De luto, de verdad?

    ¿En un país donde hay muchas más razones para vestirnos de luto?

    ¿En un país donde muchas familias y comunidades son destrozadas por la violencia y el narcotráfico?

    ¿En un país donde los periodistas son asesinados cada rato?

    ¿En un país donde mujeres y niñas son violadas y asesinadas y donde la noticia se pierde dentro del mar de la cotidianeidad?

    Y si bien considero que el aeropuerto de Texcoco no debería de cancelarse, en la marcha no parece proponerse nada para combatir la corrupción que hay en ese proyecto como revisar los contratos ni mucho menos de pedir que el impacto ecológico sea el menor posible. Me parece más bien un desplante de «es que el aeropuerto está chido, lo diseñó Norman Foster».

    La otra vez comenté en mis redes sociales sobre la responsabilidad que tenían las cúpulas empresariales en la cancelación del aeropuerto. Dije que nunca se habían molestado en socializar bien el proyecto, que parecía que se estaban hablando entre ellos mismos al hablar de términos que la mayoría de la población ni siquiera usa. Fue el colmo que para defenderlo lo hicieran en una reunión de banqueros y no en la obra, junto con los empleados y los trabajadores (que perderán sus trabajos).

    La marcha parece volver a exhibir lo mismo, una clase alta que parece desconectada del resto de México, el «mexiquito» que es ajeno a los problemas del «mexicote» (como diría Ricardo Raphael), que vive en su burbuja, que pocas veces sale de su microcosmos que compone Polanco – Lomas – Santa Fe, donde a López Obrador, muy astuto, no se le ocurrió poner ninguna casilla. De forma injusta AMLO no les dio voz porque ya sabían cómo iban a votar, pero los organizadores de la marcha parecen empecinados a darle la razón: sí, vivimos en una burbuja, por eso es que nos vestimos de luto cuando van a cancelar una «obra chingona» y no por todos los desaparecidos y asesinados.

    Tal vez por eso esta marcha ha recibido más bien burlas y críticas (incluso de varios que, como yo, preferimos el proyecto de Texcoco al de Santa Lucía), porque parece ser una manifestación complaciente, porque con sus atuendos de luto los único que comunican es que desconocen la realidad de las mayorías. Tal vez por eso se entiende que muchos prefieran a AMLO que a los empresarios, porque como sea, AMLO de menos sabe como comunicarse con las masas, para las cúpulas empresariales parecen más bien no existir. Tal vez por eso gran parte de los mexicanos asocia a los empresarios con la corrupción y, por eso, es escéptica ante este tipo de marchas que consideran buscan salvaguardar sus intereses. 

  • Lupita Jones no hizo nada malo

    Lupita Jones no hizo nada malo

    Lupita Jones no hizo nada malo

    Como todos saben, una transgénero de nombre Itzel Aidana Ávila Monreal se decidió quitar la vida después de que Lupita Jones hiciera una declaración donde decía que no estaba de acuerdo con que las transgénero participaran en el concurso de Miss Universo ya que si bien se identifican como mujeres, biológicamente no lo son y eso hace que la competencia no se dé en igualdad de circunstancias. Esto a raíz de la participación de la transgénero Ángela Ponce en Miss Universo.

    A raíz de eso, muchas personas salieron a responsabilizar a Lupita Jones por el suicidio de Itzel. Como Itzel se suicidó y lo que motivó a Itzel a suicidarse fueron las declaraciones de Lupita Jones, entonces Lupita es culpable del suicidio. Es un silogismo que no se sigue porque la conclusión no puede derivarse de sus premisas. 

    Se puede estar de acuerdo o no con la postura de Lupita Jones y puede criticarse el argumento bajo el mismo derecho a la libertad de expresión al que tuvo Lupita Jones para dar su opinión sobre la participación de los trans en Miss Universo. Todo individuo tiene el derecho a utilizar su libertad de expresión en tanto ésta no se use con el fin de agraviar o afectar la integridad de terceras personas. 

    El argumento de Lupita Jones no buscó agraviar a las transgénero. Ella dio a entender que se podía dar una situación de inequidad ya que el cuerpo de una mujer transgénero y una cuyo género corresponde a su sexo son biológicamente diferentes. Desconozco bien todo lo que hay detrás de una competencia de Miss Universo, que dichas diferencias biológicas puedan afectar la alimentación (que es muy importante en estas competencias) o el ejercicio para mantener el cuerpo esbelto, por poner un ejemplo ¿es razón suficiente? No lo sé, pero vale señalarlo para entender que la intención de Lupita Jones no fue de discriminar. Alguna persona me argumentó que Lupita podría tener una aversión «escondida» a los transgénero. Pero en caso de que ésta existiera, Lupita, al ser inconsciente de ello, no tiene la finalidad de agredir a nadie y, en este entendido, tiene el derecho a externar su opinión, la cual desde luego puede ser criticada o rebatida. 

    Lupita jamás hizo un juicio de valor sobre los transgénero. Ella dice que una mujer transgénero no es una mujer biológica y ello es completamente cierto. Una persona transgénero, independientemente de su libertad a identificarse con x o y género, tendría que saber su cuál es su sexo biológico si no quiere meterse en graves problemas, porque este es indispensable para cuando vaya con el doctor o para entender el comportamiento de su cuerpo (si puede o no embarazarse). El sexo biológico no se puede modificar en tanto que es algo que está determinado en la genética y que no puede ser modificado con la tecnología actual a través de alguna operación. 

    Si bien podemos entender que muchas personas transgénero se sienten excluidas o estigmatizadas y eso influye en su psicología, decir que Lupita Jones es la causante del suicido de Itzel es infantilizar a la propia Itzel y negar su libre albedrío. Si Itzel se suicidó es porque ella decidió suicidarse. Lupita no pudo ser culpable del suicidio de Itzel porque, primero, no conoce a Itzel; segundo, porque Lupita nunca tuvo la intención de discriminar a los transgénero u tercero, porque Lupita nunca se imaginó que sus palabras pudieran tener esas repercusiones (ninguno de nosotros lo hubiéramos imaginado). 

    Cierto, los transgénero no deben de ser discriminados ni estigmatizados, pero no podemos llevar la corrección política a estos niveles donde el individuo ya tiene que pensársela dos veces antes de decir cualquier cosa aunque ello no tenga una intención de discriminar. Ese exceso de corrección política es el que, como comenté en mi artículo anterior, ha dado pie al surgimiento de un contradiscurso que sí es abiertamente misógino, racista y homófobo, el cual vemos en figuras políticas como Bolsonaro o Donald Trump.

    Y todo esto, independientemente de que esperaría que este tipo de concursos desapareciera del mapa por su frivolidad. 

  • El aborto, el ITESO y la libertad de expresión

    El aborto, el ITESO y la libertad de expresión

    El aborto, el ITESO y la libertad de expresión

    Hay temas de los que yo no suelo opinar porque considero que no tengo todavía la sabiduría para emitir una postura categórica. El aborto es una de ellas. Si bien estoy completamente convencido de que el aborto moralmente es algo malo, es algo que yo nunca haría ni promovería (máxime cuando es producto de una responsabilidad no asumida), me parece un tema muy complejo argumentar si es algo que deba estar penalizado o no, sobre todo al partir del hecho de que no todo lo moralmente malo necesariamente debe ser prohibido por el Estado. Entonces aquí habría que traer muchas cuestiones hacia la mesa, y en ese ejercicio yo no he definido mi postura, y tal vez no termine haciéndolo desde algún tiempo. No puedo defender o atacar algo donde no tengo una postura definida, sería algo irresponsable para con mis lectores. 

    Pero sé que para definir mi postura entonces debería escuchar los argumentos de ambas partes. La mejor forma de llegar a una conclusión es escucharlas, y de acuerdo a mis convicciones y a mi criterio considerar o desestimar los argumentos que ambas posturas me puedan dar ¿no?

    Dicho esto, ejercer presión para censurar una conferencia opuesta a la postura propia es un acto de censura. La izquierda lo ha hecho. Por ejemplo, reventando conferencias como las del argentino Agustín Laje porque muchas personas no están de acuerdo con él (una cosa es que no simpatice con él y otra cosa es restringirle la libertad de expresión a la que él tiene derecho) y en ocasiones insultando a quienes tienen opiniones distintas. Pero en esta ocasión quien intentó censurar una conferencia fue la derecha. Varios conservadores ejercieron presión en redes para que esa conferencia se lleve a cabo.

    Hay que decirlo de forma categórica, eso es un acto de censura. No podemos relativizar el acto.

    Y como para mí es importante poder escuchar ambas posturas, entonces se debe garantizar que ambas partes puedan organizar libremente conferencias. La censura también es un acto de infantilización del individuo donde consideramos que éste no tiene la capacidad de deliberar por sí mismo y, por ende, debemos restringirle la información a la que puede acceder. 

    Otro argumento que he escuchado de estos mismos conservadores es que el hecho de que la conferencia tenga solamente una postura en pro del aborto es un acto intolerante. Eso es falso, porque en ese caso, lo mismo aplicaría para las conferencias que ellos llevan a cabo en pro de la vida. No en todos los foros deben estar ambas posturas, la pluralidad consiste también en que el individuo tenga acceso a las distintas opiniones.  

    Tampoco es un argumento válido argüir un sesgo ideológico de la institución, ya que en la práctica es difícil que una institución tenga una inclinación política completamente neutral ¿o acaso la UP o la UAG la tiene? Lo que sí debería garantizar una universidad por definición es la libertad de expresión de todas las voces, y también es importante que en una sociedad dada existan alternativas para las distintas formas de pensamiento de tal forma que los padres inscriban a sus hijos en la universidad que se adecue más a sus valores.

    Sí sería un problema que el ITESO no permitiera que unos estudiantes contra el aborto hicieran su conferencia. También lo sería que los estudiantes intentaran reventar dicha conferencia porque no quieren que opiniones distintas a la suya se escuchen. Y sí, yo sé que en varias instituciones universitarias en distintos lados del mundo eso ha ocurrido. Pero así como he criticado a la izquierda anteriormente, en estos artículos hago lo propio con los conservadores por replicar los mismos actos de censura que en otras ocasiones ha llevado a cabo la izquierda.

    Creo que ambas posturas merecen ser escuchadas. Creo también que un acto de censura en una sociedad tan interconectada como la nuestra es algo muy contraproducente, sobre todo porque solo termina amplificando el mensaje de aquello que se quiere censurar. 

  • ¿Cuándo fue que un cadáver se convirtió en deshecho?

    ¿Cuándo fue que un cadáver se convirtió en deshecho?

    ¿Cuándo fue que un cadáver se convirtió en deshecho?
    Foto: Televisa

    Decidí escribir este texto corto porque me llama la atención el grado de deshumanización al que se ha acostumbrado la sociedad mexicana. 

    La nota es: el Gobierno del Estado abandona un tráiler con cadáveres porque ya no caben en el Instituto de Ciencias Forenses. Mientras acá en México la nota apenas comenzaba a hacer ruido, la BBC y The New York Times ya habían publicado artículos al respecto. No dan cabida que a un gobierno se le ocurra abandonar cadáveres nada más porque les estorban.

    Tal vez sea porque ya nos acostumbramos a que el narcotráfico arroje cadáveres de sus víctimas en la calle, tal vez porque ya es común que se publiquen notas que relatan el asesinato en masa de tantas personas en algún evento o algún paraje lejano a manos del narco. 

    Pero, ante la normalización de la deshumanización habría que decir lo siguiente: 

    Detrás de un cadáver hay una historia de vida, una vida que sigue en el recuerdo de quienes lo rodearon. Detrás de ese cadáver existió una persona que le dio sentido a la vida de los demás, quien lo procreó, quien fue procreado por él. Cuando se nos muere alguien no buscamos desechar su cuerpo, lo ponemos en algún lugar especial o sagrado, lo enterramos o lo incineramos, para tenerlo cerca a pesar de que ya no esté. Un cadáver es tan valioso que las mismas religiones les dan un trato muy especial. Por ejemplo, la Iglesia Católica exige a sus creyentes que las cenizas (en caso de cremación) queden alojadas en un lugar sagrado y no en las casas de los parientes de los difuntos).

    Me parece terrible que el Gobierno de Jalisco abandone cadáveres sin identificar porque ya no caben, porque ya no son útiles. ¿Cuántos de esos cadáveres sin identificar no son de personas que no saben cuál ha sido el paradero de sus seres queridos? ¿Cuántas personas nunca sabrán qué fue lo que pasó con sus padres, sus hijos, sus tíos, sus esposas o esposos o sus amigos porque estos fueron abandonados? ¿Cuántos «círculos» no cerrarán porque el Gobierno tomó la determinación de que esos cadáveres son inútiles, basura, deshecho?

    ¿Tanto nos podemos deshumanizar que consideramos al cadáver un deshecho o un estorbo? 

    Qué terrible ese grado de deshumanización, que terrible que a muchos les parezca «normal».

  • Cuando ser rebelde dejó de tener sentido

    Cuando ser rebelde dejó de tener sentido

    Tiempo atrás, cuando uno se rebelaba contra lo establecido, sentía cierta adrenalina porque sabía que el acto de rebelarse conllevaba un gran riesgo ante una sociedad que le pedía que se cuadrara. Así, cuando uno se iba de pinta de las clases o cuando uno escuchaba con sus amigos de ese «rock pesado» prohibido porque las señoras decían que era del diablo, sentía esa emoción en el pecho. Es como si practicara un deporte extremo con la emoción al límite: sabía siempre que corría el riesgo quedar en evidencia y recibir un castigo ejemplar, pero el premio que recibía, el conocer qué había más allá de ese recuadro que era su vida común y corriente, era una suerte de tesoro, como salir de la matrix.

    Pero hoy eso se ha acabado, ya no hay sentido en la rebeldía porque el «ser rebelde» se ha convertido poco a poco en lo establecido. Hemos entrado a una extraña paradoja donde rebelarse contra el status quo es, en cierta forma, el status quo. No hay escapatoria, parece que el sistema ha absorbido al mundo que se encuentra afuera de éste. 
     
    Si antes el rock era algo «antisistema», las expresiones que ahora nos pudiesen parecer subversivas son transmitidas en horario estelar en los principales medios de comunicación: así, no es poco común escuchar (y hasta bailar) el reaggeton dentro de los eventos familiares donde los tíos juegan con los sobrinos mientras se escucha música con letras misóginas y de alto contenido sexual. Si me pinto el cabello de verde, si me pongo un arete, si me hago un tatuaje, ya no es rebeldía sin causa sino tan solo una forma de expresión personal. En realidad ya no me estoy rebelando contra nada ni contra nadie porque no hay nadie que me diga si está bien o si está mal.

    El rebelde tampoco quiere asumir el costo de ser rebelde, quiere serlo pero no quiere asumir sus consecuencias. Por fortuna para él, ya no hay nadie que lo castigue por ello, ya no hay costo que pagar. Pero para su mala fortuna, es rebelde y en realidad no lo es. 
     
    Por tanto, la rebeldía también ha dejado de tener una causa, y menos tiene un significado o un mensaje: los rockeros y los hippies de los años 70 se rebelaban contra la guerra de Vietnam, contra el gobierno, contra un capitalismo «enajenante». Hoy la única rebeldía es el acto de rebelarse contra algo que no tiene forma y menos fondo. Los que dicen rebelarse contra el capitalismo no quieren dejar de consumir café en Starbucks ni tuitear en el iPhone. Los que se rebelan contra las jerarquías no quieren dejar la casa de sus papás. 
     
    Desorientados, algunos intentan convertirse en «rebeldes reaccionarios» cuestionando el acto de rebeldía para así, sentir que se rebelan contra algo. Ahí están quienes critican los excesos de los movimientos feministas para que alguien los confronte, o incluso se convierten en «políticamente incorrectos». Pero caen en la misma paradoja, nada más que a la inversa: si los primeros se rebelan cuando rebelarse es lo establecido, los segundos esperan ser rebeldes no siendo rebeldes.
     
    El sistema ha asimilado la rebeldía y, al hacerlo, el individuo ha quedado atrapado. Ya da lo mismo si se rebela o no, ya da lo mismo si trasgrede los esquemas establecidos o no, porque ser rebelde ya no es una transgresión, es un esquema establecido, y también una banda de pop creada por Televisa.

  • ¿Qué es el posmodernismo?

    ¿Qué es el posmodernismo?

    Seguramente has escuchado esta palabrita en más de una ocasión. Lo has escuchado de algún filósofo, de algún sacerdote o de tu mamá. Seguramente te has percatado de que muchas veces se le pronuncia con una connotación negativa, o bien, para referirse a las corrientes postestructuralistas (yo mismo llegué a caer en el error de utilizarlo con esta connotación). 

    Pero hacer una mejor definición de este concepto nos ayudará a aclarar muchas cosas y entender algunos de los procesos sociales y culturales de nuestra especie, sobre todo en Occidente. Al posmodernismo lo tenemos que concebir en un sentido mucho más amplio, lo tenemos que explicar como una de las eras del desarrollo de la especie humana y no como una ideología. Cuando muchos se refieren al posmodernismo como una ideología, están más bien refiriéndose a ciertas ideologías o corrientes de pensamiento insertas dentro de la era posmoderna, pero que no explican el posmodernismo como un todo.

    Para entender el posmodernismo, primero tenemos que hablar del modernismo, al cual se le suele situar desde el renacimiento pero, sobre todo, de la Ilustración, y hasta entrado el siglo XX. El modernismo apela al progreso y a la idea de un futuro promisorio producto de la Revolución Científica, los avances tecnológicos y el método científico. Dentro de la era moderna también se insertan los valores tradicionales de la democracia liberal como la libertad de expresión, los partidos políticos y la economía de mercado, así como el marxismo tradicional. El modernismo se despojó de la idea de un ser divino al centro para poner en su lugar al hombre y la razón.

    El posmodernismo viene a fungir como una suerte de antítesis del modernismo. Si el modernismo tenía una inquebrantable fe en el futuro y en el hombre, el posmodernismo viene a cuestionarlo todo. Las guerras mundiales y la Guerra Fría nos rompieron esa ilusión de progreso en la ciencia y la razón. La ciencia también podía matar y crear instrumentos masivos de aniquilación humana como nunca antes, la ciencia también podía servir como instrumento de dominación y colonización. El posmodernismo parte de una visión oscura y sombría del ser humano. Ya no sólo hay una verdad divina, tampoco hay ya una verdad objetiva, las relaciones importan e incluso algunos pensadores se atrevieron a afirmar que la verdad literalmente no existe y es una construcción social.

    La postura de Michel Foucault ante las instituciones carcelarias (y todo lo que se le pareciera) es un gran ejemplo de este cambio de narrativa. De un positivismo donde el mundo ya no era más que una gran máquina que operaba bajo determinadas leyes, a uno donde las estructuras no eran engranajes sino instrumentos de opresión. El Estado, el mercado, las instituciones, la prisión y la escuela ya no eran esas entidades que existían para procurar una forma de organización social más justa y eficiente, sino instrumentos para controlar al ser humano y a su cuerpo. Esas entidades que, se decía, procuraban la libertad del ser humano, terminaban restringiéndola. Así, Foucault concibió todas las estructuras y jerarquías sociales como un instrumento de poder y no como una convención o contrato social. 

    Podemos resumir el posmodernismo en tres conceptos: una visión sombría y pesimista de la humanidad, la crítica a las estructuras y jerarquías sociales y el final de las grandes narrativas (en ese orden).

    1.- Una visión sombría y pesimista de la humanidad

    Como comentaba, el posmodernismo se vuelve una suerte de desencanto ante la idea de que bajo el progreso, la ciencia y la razón, el ser humano aspiraría a un futuro prometedor por medio del cual llegaría a satisfacer sus necesidades de mejor forma. Decía también que las guerras mundiales y la escalada nuclear dentro de la Guerra Fría hicieron que la postura de nuestra especie ante el progreso racional y científico se pusiera en tela de juicio. Esto es lo que antecede a los demás conceptos y el punto de partida. Esta nueva percepción, alimentada también por filósofos cuyas historias de vida de desarrollan en consonancia con la modernidad como un problema y no como un beneficio, terminó reemplazando al entusiasmo fincado en el progrezo y la razón. El propio Michel Foucault, quien intentó suicidarse varias veces, conoció el sufrimiento desde niño debido a su atracción por los varones para lo cual su padre lo llevó a un hospital y fuese testigo de la amputación de una pierna para que «se volviera hombre». El argelino-francés Jacques Derrida sufrió la represión del gobierno de Vichy y fue expulsado de su instituto argelino por motivos racistas. 

    2.- La crítica a las estructuras y jerarquías sociales

    Ese pesimismo y esa visión oscura del mundo fue la que motivó a muchos pensadores a crear una filosofía contrapuesta a lo moderno. Si bien, la filosofía crítica de la Ilustración había surgido desde hace tiempo (Nietszche es un gran ejemplo) e incluso casi a la par de la Ilustración, todavía no se reflejaba en ella este aire pesimista, en la cual los conceptos de razón, institución, estructura, jerarquía o progreso tan típicos de la Ilustración debían ser diseccionados y hasta deconstruidos. 

    Como suele ocurrir con cada era humana, las artes suelen ser las precursoras de la era que está por llegar. Así como el renacimiento antecedió a la Ilustración, podemos ver las primeras manifestaciones posmodernas en La Fuente de Marcel Duchamp

    Dentro de la era posmoderna podríamos hablar de tres corrientes filosóficas principales: El existencialismo en donde encontramos a pensadores como Heidegger, Sartre, Simone de Beauvoir, o los escritores como Albert Camus o Fiodor Dostoievski; la Escuela de Frankfurt compuesta por pensadores influenciados principalmente por Hegel, Marx y Freud como Erich Fromm, Max Horkheimer, Theodor W. Adorno o Jürgen Habermas; y por último, el postestructuralismo (corriente a la cual se suele referir comúnmente como «posmoderna») en el cual suele clasificarse a pensadores como Michel Foucault, Jacques Derrida, Jacques Lacan o Gilles Deleuze.

    Todas estas corrientes se caracterizan por cuestionar las estructuras y el status quo prevalecientes y por guardar cierto escepticismo sobre la idea del progeso humano, pero no todas lo llegan a hacer de la misma forma (aunque unas pueden llegar a influenciar a otras, como el caso de Heidegger a Derrida). Las tres son corrientes de izquierda que pretenden cuestionar y transformar. en mayor o menor medida, las bases sobre las que se encuentra cimentada la civilización. Erich Fromm estaba preocupado porque pensaba que en el futuro los hombres se convertirían en una suerte de robots, Heidegger quiso sustituir la relación entre sujeto y objeto hasta en ese entonces vigente en la filosofía por el Dasein (estar ahí, o estar en el mundo), mientras que Jacques Derrida apostó a la deconstrucción o a «mirar la estructura debajo de la estructura».  

    Fue en especial el postestructualismo el que buscó destruir, o bien, deconstruir las estructuras y las jerarquías que consideraba opresivas por medio del lenguaje (podemos tomar como referencia la deconstrucción de las ideas binarias de Derrida como negro-blanco u hombre-mujer bajo el argumento que en una categorización binaria una necesariamente oprime a la otra). De las tres corrientes, esta fue la que adquirió una postura más relativista tanto en lo filosófico como en lo moral. Ya no hay una verdad absoluta ni una verdad objetiva, ya no hay un centro desde el cual agarrarse o tomar como punto de partida, ahora todo tiene una explicación de acuerdo a la relación que tiene con otra cosa.

    3.- El final de las grandes narrativas

    El posmodernismo significa también el fin de todos los «ismos» (ya fuera cristianismo, comunismo o capitalismo) y de las grandes narrativas (como refiere Jean-François Lyotard en su libro «La Condición Posmoderna»). Si bien, algunos de los pensadores (sobre todo dentro de la Escuela de Frankfurt) tuvieron una fuerte influencia marxista, quedaron profundamente desencantados después de darse cuenta de lo que pasaba en la Unión Soviética para poner así al comunismo en conjunto con el fascismo (y no muy lejos al capitalismo) como la gran justificación de su desencanto con el progreso de la especie humana. 

    La crisis de representatividad política que se vive en Occidente tiene parte de su razón de ser en este fin de las grandes narrativas, en donde los partidos políticos se han ido vaciando progresivamente de contenido ideológico al punto en que los electores se muestran inciertos sobre las diferencias entre unos y otros, ya que estos se han vuelto muy pragmáticos. Francis Fukuyama, de forma precipitada, anunció el triunfo de la democracia liberal, pero incluso esta permanece muy incierta. Inclusive los movimientos de extrema derecha que han surgido en Europa no se caracterizan por tener una narrativa contundente que vaya más allá de sus peticiones en torno a la migración o la pérdida de empleos.  

    Legado

    Sería irresponsable hacer un juicio de valor categórico sobre el posmodernismo, empezando porque no es en sí una corriente de pensamiento sino una era en las que nos encontramos insertos, parte de la evolución de la humanidad. De lo que tal vez sí podemos hablar es de su legado:

    En los aspectos positivos, podemos decir que el posmodernismo nos dejó una sociedad cada vez más preocupada por el medio ambiente, que entendió que el desarrollo tecnológico debía tener limitaciones y que había que tomar medidas al respecto (aunque a juicio de algunos pueda ser algo tarde). También encontramos un legado positivo en lo relacionado con la equidad de género o el progresivo reconocimiento de minorías (personas con otra orientación sexual o raza) producto del cuestionamiento de paradigmas y creencias. 

    Este escepticismo que nos lega el posmodernismo se ha vuelto necesario para abordar los avances tecnológicos, sombre todo en el advenimiento del transhumanismo o la inteligencia artificial. Gracias al posmodernismo somos capaces de cuestionar cómo es que un avance tecnológico podría incidir dentro de la sociedad y qué deberíamos de hacer ante las externalidades que estas podrían traer. 

    En los aspectos negativos (me atrevo a decir que en gran medida gracias a las corrientes postestructuralistas) tenemos una sociedad cuya base filosófica y tal vez hasta moral es muy líquida e inestable, ya que si bien la era posmoderna ha sido campeona en cuestionar las estructuras, se ha visto imposibilitada, debido al profundo relativismo de la posmodernidad de los últimos años, de crear una nueva estructura que surja como producto de estos cuestionamientos. Es difícil concebir una nueva forma de estructura social si se asume, como Foucault hace, que en toda estructura con lleva por sí una relación de poder de una entidad sobre otra, o si se considera, como propone Derrida, que todas las categorizaciones binarias son opresivas. Si los cimientos de cualquier estructura son opresivos, entonces es ilusorio poder construir una. 

    Vemos algunas de sus manifestaciones en la supeditación del método científico ante lo que consideran estructuras de poder, así negando cualquier objetividad dentro de la ciencia, que por ejemplo, consideren que cualquier diferencia psíquica que sea ilustrada de esta forma entre el hombre y la mujer es necesariamente una construcción social opresora. Este relativismo y creencia en la manifestación de opresión en cualquier estructura también ha alimentado a los sectores más radicales de causas sociales como el feminismo, ecologismo o colectivo de personas con otra preferencia sexual, creando un discurso muy victimista donde no existe otra alternativa que derrumbar las estructuras y las jerarquías para aspirar a una suerte de justicia social, donde no existe la posibilidad de consensos y entendimientos entre los seres humanos, ya que para estas corrientes toda interacción humana involucra una relación de poder.

    Este relativismo excesivo dentro de algunas de las corrientes posmodernas no solo es denunciado por la derecha, sino que también es criticado por algunos de los filósofos que son parte de la era posmoderna, como la crítica que hace Jürguen Habermas a Derrida y a Foucault en su libro El Discurso Filosófico de la Modernidad, La Modernidad Líquida de Zygmunt Bauman que podría ser considerada una crítica la sociedad actual (el título de su libro es muy revelador al respecto) o incluso Slavoj Žižek, el pensador de izquierdas que, a pesar de estar influido por Lacan, ha decidido mantenerse lejos de esa «ortodoxia relativista». 

    No solo vemos el legado del posmodernismo en el arte contemporáneo, sino también en el cine o en la televisión. Mientras que Los Simpsons es una crítica hacia el modelo de familia tradicional y a la sociedad típica norteamericana, Matrix (muy influenciada por obras como 1984 o Un Mundo Feliz) nos muestra una distopía futurista y Black Mirror nos alerta de los grandes problemas que la tecnología podría traer a la humanidad. También tenemos una fuerte dosis posmoderna en la música popular, en el rock que funge como música de protesta o de crítica social. Y si bien, las iglesias suelen utilizar este término de forma peyorativa para denunciar el relativismo moral, no están necesariamente exentas de los «vientos posmodernistas». La encíclica del Papa Francisco «Laudato Si» muestra una considerable dosis de posmodernismo al mantener una postura escéptica hacia la modernidad enfocándose en cuestiones como el ecologismo, el consumismo, y el «desarrollo irresponsable».

    El mito del marxismo cultural

    Desde hace décadas, ciertos sectores conservadores han mantenido un discurso de que el posmodernismo es una suerte de marxismo cultural en la que se afirma que hay una conspiración marxista para acabar con los valores de Occidente. A esta se le suman otras teorías de la conspiración como «la promoción de la homosexualidad» para reducir la población. Pero si entendemos el posmodernismo como una consecuencia de la dialéctica entre ideas filosóficas, la visión pesimista del mundo y como una consecuencia de filósofos que en su mayoría crecieron bajo una idea pesimista del mundo producto de sus historias de vida, podemos entender que se trata de un tránsito natural de nuestra especie humana y no de una teoría de la conspiración. De la misma forma podemos entender aquello que los conservadores llaman «ideología de género» como una deconstrucción de los géneros como oposición binaria herencia en gran medida del pensamiento de Butler, Derrida y Foucault, e impulsada por sectores sociales que se han sentido excluidos, lo cual los ha motivado a adquirir una postura más beligerante, y no como una política de la ONU para destruir Occidente. No se trata de una estrategia artificial sino de la constante evolución y tránsito de las ideologías que, benéficas o nocivas, influyen en las estructuras nuestra sociedad. Vaya, ni al surgimiento del nazismo se le puede considerar una conspiración sino que se explica en gran medida por muchas razones históricas recientes a su surgimiento. 

    Es cierto que a los teóricos de Frankfurt se les puede asociar más con Marx ya que su influencia es más directa, pero se trata de una dialéctica de ideas consecuencia de la natural evolución filosófica e ideológica de la especie humana y Habermas está lejísimos de proponer una restauración comunista. Últimamente se asocia más el término marxismo cultural con el postestructuralismo, pero sus teóricos están más alejados de Marx que los teóricos de Frankfurt. Foucault recibió críticas por su escepticismo hacia el marxismo y Derrida siempre se mantuvo distante a pesar de las tentaciones

    Estas etiquetas terminan siendo irresponsables porque implica negar de forma categórica todo el pensamiento surgido dentro de esta era. Yo no soy ni marxista ni comunista en lo absoluto, pero vaya que leer a Fromm o a Habermas me ha ayudado mucho a abrir mis horizontes. Incluso Foucault, a pesar de que en lo particular difiera con varios de sus argumentos, tiene otros varios que me parecen muy rescatables. 

    ¿Qué sigue?

    Como cualquier etapa de desarrollo humano, el posmodernismo será remplazado por algún otro. ¿Cuál es? ¿Cómo será? La verdad no lo sabemos y no me atrevería a decirlo porque si algo he aprendido a lo largo de mi vida es que los seres humanos somos muy torpes para adivinar el futuro. Sin embargo, como escribí hace algunos días, me parece particularmente interesante el concepto de Metamodernismo, no tengo idea si en el futuro vayamos a vivir una era metamoderna, pero sí puede ser un punto de partida para «repensar el futuro».

  • Ser hombre y ser mujer en el siglo XXI

    Ser hombre y ser mujer en el siglo XXI

    Ser hombre y ser mujer en el siglo XXI

    Hace unos días, el Instituto Jalisciense de las Mujeres lanzó un interesante estudio sobre la masculinidad donde se abordaron los roles entre el hombre y la mujer, el machismo, la conducta hacia los homosexuales y demás cuestiones de género. No recuerdo que se hiciera un estudio tan completo al respecto en nuestro país; y si bien éste se llevó a cabo en la Zona Metropolitana de Guadalajara (una entidad urbana, que como cualquier ciudad grande, tiende a ser más abierta y desarrollada que sus contrapartes rurales), sí nos da una luz de lo que está ocurriendo en México. 

    Mi intención no es hacer un minucioso análisis de este estudio, pero sí retomar algunas cosas para hablar de los problemas e inequidades que todavía existen entre ambos géneros. También puedes ver un análisis de éste en el programa que tuvimos en Sin Comentarios donde, junto con Susana Ochoa, se analizó el contenido de dicho estudio.

    Cuando lo leí me quedé con dos impresiones: que al menos dentro de los estratos urbanos sí existe una mejoría con respecto a la equidad entre el hombre y la mujer y, a la vez, que todavía hay concepciones bastante preocupantes y que tienen que erradicarse de nuestra cultura, como las siguientes:

    – 50% piensa que “da permiso” para que ella trabaje
    – 49% considera que hacer piropos a mujeres en la calle es un halago
    – 60% señalan que la mujer puede controlar la violencia que reciben del hombre
    – 38% dicen que las mujeres no deben de andar solas en la calle
    – 53% relaciona el papel de la mujer con labores domésticas.

    Anteriormente, he argumentado mi discrepancia con algunos círculos feministas que suelen pintar un escenario donde la mujer está profundamente oprimida por el hombre ya que entonces no podrían entenderse los avances que se han logrado, que son evidentes y que se palpan en el estudio. Son innegables los avances que existen en materia de género y, al menos en mi caso, parece ser que el hombre poco a poco (aunque evidentemente no de forma suficiente) ha comenzado a tomar conciencia sobre el problema. Seguramente las respuestas de algunos hombres en el estudio se habrán contradicho con sus actos (que no quieran ser juzgados o señalados por tener conductas machistas), pero pienso que el discurso de la equidad de género empieza a tener efectos sobre la sociedad y ésta, poco a poco comienza a tomar conciencia sobre el problema que implican conductas que han estado normalizadas y que han perjudicado a las mujeres.

    Sin embargo, también discrepo con quienes dicen que ya no hay inequidades entre el hombre y la mujer, y que solo son simples «feministas queriendo hacer desmadre influenciadas por la malévola ideología de género que quiere destruir al mundo». Los problemas que existen en la actualidad siguen siendo bastante preocupantes y todavía hay mucho camino por recorrer. La idea de que una mujer puede llevar a cabo su proyecto de vida de la misma forma que el hombre todavía no termina de penetrar en toda la población.

    Es posible que muchas personas (sobre todo las más grandes) no estén dispuestas a cambiar en su modo de pensar, ya que la concepción que ellos tienen sobre la vida y sobre las relaciones sociales está ya muy consolidada. ¿Son ellos malas personas? No, en lo absoluto. Quien tiene ideas que a nosotros nos parezcan arcaicas o retrógradas no es necesariamente una mala persona, de hecho no creo que la mayoría de ellas lo sean, porque ellos crecieron y se desarrollaron con las estructuras sociales de su tiempo.

    Pero muchas otras personas sí deberíamos cuestionarnos los roles, la forma en que concebimos a las mujeres, la forma en que nos relacionamos con ellas de tal forma que evitemos que nuestra conducta pueda limitarlas o restringirlas. Muchas de las características del masculinismo ya no tienen razón de ser en una sociedad como la actual. En aquella época en que la fuerza y la violencia eran rasgos necesarios para la supervivencia, podía entenderse la existencia de rasgos que ahora se han vuelto más bien inútiles. En una sociedad como la nuestra, que el hombre no llore solo sirve para reducir la esperanza de vida del género masculino y para que no desarrolle su inteligencia emocional de la mejor forma.

    Yo no soy creyente de esta idea heredada del postestructuralismo que sobreestima y generaliza las relaciones de privilegio entre dos entidades opuestas (hombre-mujer, negro-blanco), porque el hombre no necesariamente tiene más privilegios que la mujer en todos los casos. A la mujer se le permite más expresarse emocionalmente que al hombre y eso termina afectando, de una u otra forma, su psique y su integridad emocional. Pero no podemos negar que todavía sigue existiendo una disparidad, por lo que creo que la tarea de nosotros los hombres es evitar que nuestras conductas puedan afectar o limitar la libertad de las mujeres por el mero hecho de serlo. 

    Muchas de las conductas que refiere el estudio suelen estar normalizadas. Es decir, los individuos son incapaces de darse cuenta del efecto que esas  conductas tienen porque crecieron y fueron educados con ellas, con lo que se integraron a su estructura de pensamientos como si fuera algo común y corriente. No creo que sea por medio de ataques o juicios de valor como se pudiera llegar a cambiar estas estructuras sociales sino con estrategias de concientización, de forma que el sujeto comprenda por qué determinadas conductas son erróneas y tienen efectos indeseados sobre la mujer. Es innecesario hacer sentir culpable a una persona por algo que no entiende y que aprendió durante toda su vida que estaba bien. 

    Pero también es tarea de nosotros tratar de detectarlas. Es simple sentido común: entendemos que una conducta que afecta de forma negativa a algún semejante no puede ser buena, ¿por qué deberíamos pensar que dicho sentido común no puede aplicar con las mujeres? Si se piensa eso es que tácitamente se está aceptando que se concibe a una mujer como si fuera un «ser de segunda», o como «el otro» (como lo llamaba Simone de Beauvoir). 

    No se pueden negar los avances, pero es innegable que el problema de la inequidad de género no se ha resuelto. El estudio es una muestra palpable de ello (en especial porque fueron hombres los que contestaron los reactivos).

    Consulta el estudio completo aquí