Categoría: películas

  • ¿Por qué Danaerys Targaryen se está volviendo mala?

    ¿Por qué Danaerys Targaryen se está volviendo mala?

    ¿Por qué Danaerys Targaryen se está volviendo mala?
    Foto: HBO

    Contrario a lo que muchos comentan en las redes, a mí no me sorprende para nada el plot twist de Danaerys Targaryen.

    Inician spoilers:

    Aunque ciertamente estas temporadas ya no están basadas en los libros, creo que acertaron en mostrar su lado oscuro. A estas alturas dejarla como heroína ya habría sido algo incómodo. Game of Thrones no es una película de Disney, es una serie que si por algo destaca es por mostrar la naturaleza humana tal cual es, una que es imperfecta y donde la frontera entre buenos y malos se ve algo más difuminada que en las películas hollywoodenses.

    Desde temporadas antes ya se percibía cierto mesianismo en Danaerys, producto de la creencia de que ella estaba destinada a ser reina. Iba de ciudad en ciudad liberando esclavos, pero no parecía ser una liberación auténtica, ya que muchos de ellos terminaban al servicio de su reina como soldados, a quien ellos sentían que le debían algo y a quienes ella seducía con su retórica. Ella desde un inicio fue a liberar pueblos para ir construyendo un ejército que le permitiera, junto con sus dragones, tomar el poder en King’s Landing; el discurso liberalizador parecía, aunque no fuera siquiera algo consciente para ella en un principio, algo retórico. Posiblemente, dentro de su fuero interno (el personaje), sí había al principio un deseo noble y genuino, pero al engrandecer su ejército y al acumular poder, fue atravesando esa difusa línea entre lo noble y la mera ambición de poder.

    Por ello su frustración al llegar a Westeros, donde las diferencias culturales que explican el rechazo de la gente hacia su figura harían más difícil la idea de que el pueblo legitimara su reinado. No soportó que Jon Snow fuera heredero al trono y ha intentado asegurar (dada la reticencia de Jon Snow) de que no se vea tentado a ello, no soportó que no recibiera la admiración de los pueblos de Westeros y, en conjunto con el asesinato de otro de sus dragones y de su sirvienta Missandei (porque técnicamente eso era), le hizo perder la cabeza y decidió masacrar al pueblo de King’s Landing. Fue ahí donde cualquier atisbo de nobleza desapareció, fue ahí donde el poder la corrompió (emulando de alguna manera a su padre, de quien heredó su locura potencial). No me parece algo improvisado (con todo y que las últimas temporadas sí han tenido algo de improvisación en algunos sentidos) sino que me parece que fue algo que más bien se fue cocinando desde el principio de la serie si se le pone atención.

    Daenerys tiene algo de eso que tienen los «liberadores revolucionarios» que se convirtieron en déspotas al llegar al poder, que ante el miedo y la paranoia de que este les sea arrebatado, son capaces de deshumanizarse y de atentar contra los demás, incluso contra aquellos que juraron defender. Desde hace varias temporadas yo ya sentía algo de incomodidad con la idea de que fuera ella la que llegara al trono porque ya se percibía cierta arrogancia y algunos signos de megalomanía que me hacían dudar si, al estar sentada en dicho trono, sería capaz de mantener sus ideales y no caer en un régimen despótico.

    Y afortunadamente, Game of Thrones no es una película de Disney. Que no se convirtiera en la heroína del cuento tal vez no haya gustado a muchos, pero eso es lo que le da el toque de originalidad de la serie, al hacer a los personajes más humanos.

  • Un análisis de la política de Game of Thrones

    Un análisis de la política de Game of Thrones

    La política en Game of Thrones
    Foto: Entertainment Weekly

    Game of Thrones es una de las series más exitosas de todos los tiempos, y tiene razones de peso para serlo: básicamente es una recreación muy realista de la condición humana de la Edad Media. Con todo y los elementos fantásticos que le añaden a la serie como los dragones, los white walkers y demás, expresa de mucho mejor forma dicha condición humana que muchas películas que han tratado de abordar la época desde una perspectiva meramente histórica.

    Y es debido a este realismo que vale la pena hacer un análisis de la política de Game of Thrones, que refleja mucho de la condición humana y que nos ayuda a entender nuestra naturaleza como seres humanos.

    Un gran acierto de la serie y que le da una dosis de realismo es su negativa a polarizar a los personajes en héroes y villanos, polarización que en la vida real suele tener meras funciones retóricas e ignora la complejidad de las dinámicas sociales. Si bien, uno puede concluir que los Stark tienden a ser los buenos y los Lannister los malos, tampoco puede concluir que los Stark son siempre incorrompibles o que los Lannister son malos del todo. Daenerys Targaryen, quien sería una de las «heroínas» de la trama, muestra algunos rasgos que se balancean entre el heroísmo y la ambición desmedida típica de los políticos carismáticos. En algún momento, Sansa se deja arrastrar por su ambición, lo cual le trae consecuencias nefastas como esposa de Joffrey y después de Ramsay Bolton. De la misma forma, podemos ver que Cersei Lannister, quien sería una de las villanas, puede mostrar algunos rasgos de humanismo y compasión (tal vez los únicos dos personajes de quienes no se podría decir eso son el sádico Ramsay Bolton y Joffrey, cuyo personaje fue inspirado en Calígula). Y no sin olvidar a todos aquellos personajes que mantienen una postura muy ambigua tal que es difícil clasificarlos en «buenos» o «malos».

    Esta ambigüedad, que tampoco es lo suficientemente excesiva como para que el espectador no pueda tomar partido, es lo que hace atractiva a esta serie y la separa de las obras del montón. Nos muestra que los seres humanos, por más míticos puedan aparentar, son imperfectos y vulnerables. Más que nada, Game of Thrones habla de la condición humana en su lucha por el poder y por tener el control de lo público y lo político, es el ser humano en acción, como diría Hannah Arendt, y que está representado en el trono de hierro.

    Otro gran acierto de la serie, y que ayuda a desmitificar ese romanticismo que la industria del cine le ha dado a la era medieval con los castillos y las princesas, es que nos muestra a un ser humano mucho más violento que el que conocemos actualmente: sangre por doquier, descabezados, batallas sangrientas por el honor, traiciones que cuestan vidas. En este contexto aplica muy bien la frase de Clausewitz en su libro De la Guerra quien decía que «la guerra es la continuación de la política por otros medios». Básicamente, la violencia y la política están íntimamente ligadas y rara vez hay una desconexión entre ambas, la guerra es el medio más típico para resolver diferentes políticas. En este sentido podemos reconocer los avances que nuestra especie, que en general es mucho menos violenta que la que narra la serie (y que es un retrato casi fiel de la sociedad medieval), ha hecho a través de la historia.

    Podemos ver también varios tipos de liderazgos en la serie y que explican mucho de la forma de hacer política, desde aquel que apela mucho a las narrativas, a los símbolos y que tiene un tufo mesiánico como el de Daenerys Targaryen (quien desea acabar con la esclavitud y detener la «rueda de conflictos»), hasta otro más heróico como el de Jon Snow, un hombre que si bien no es sumamente inteligente es capaz de ponerse en riesgo cuando sea necesario. No sin olvidar aquel generalmente bienintencionado pero pragmático y calculador como el de Tyrion Lannister, al que se suma otro igualmente pragmático pero malévolo y despiadado como el de Littlefinger (su conversación con Varys en la que dice que el caos es una escalera es épico), o el de Cersei, que si bien trata de ser despiadado, puede sucumbir ante los vaivenes emocionales y sin olvidar otro tipo de liderazgos más intelectuales como los de Varys, quien sin tener que pelear nunca, puede influir en el curso de los acontecimientos. Y no está de más mencionar el liderazgo del valiente Samwell (quien sí está dispuesto a pelear a pesar de su complexión física) quien con su conocimientos y análisis es capaz de influir sobre Jon Snow, el de Sansa, que está basado muy en su carácter, que forjó a partir del dolor que sufrió producto de sus malas decisiones iniciales.

    Esa negativa a polarizar la trama en meros héroes y villanos es la que le da permiso a la serie de recrear el pragmatismo inherente a la política y la separa de cualquier obra del montón. Después de una cruenta batalla con los wildlings en el muro de hielo en la que vencen, Jon Snow llega a la conclusión de que tiene que tejer una alianza con ellos para poder vencer a rivales superiores (incluso intenta hacer lo mismo con la Casa Lannister para combatir con los white walkers), algo muy parecido a la alianza que tejieron Churchill y Roosevelt con Stalin para vencer la gran amenaza que representaba la Alemania Nazi de Adolf Hitler. En Game of Thrones podemos ver en general una política muy calculadora y pragmática, más realista y honesta. Mas que aquella idealista y mítica típica de cualquier obra hollywoodense.

    Game of Thrones también acierta al mostrarnos que en la vida real los buenos no siempre son premiados y los malos no siempre sucumben. La boda roja de la temporada 3 fue difícil de digerir por parte de los espectadores, la forma en que Robb Stark, su amada y su madre eran asesinados sin piedad provocó angustia en muchos (aunque eso dio pie para una muy dulce venganza perpetrada por Arya algunas temporadas después). Incluso, en el tiempo en que escribo este texto (apenas ha salido el segundo episodio de la octava temporada) muchos no están seguros si los buenos se quedarán en el trono, que tal vez el mal vencerá, algunos dicen que los white walkers no han sido bien comprendidos y que tal vez no sean tan malos como pensamos. Vaya, hay muchas teorías producto de una serie que se esmeró en mostrar la condición humana tal como es, una muy compleja que no puede resumirse en dicotomías.

    Y para concluir, no está demás advertir de los reacomodos políticos en toda la serie que le dan otra dosis de realismo, los cambios de bando (Tyrion Lannister o Theon Greyjoy) son un ejemplo de ello. Tampoco las recreaciones de las batallas donde los productores parecen haber estudiado bien sobre estrategias y tácticas de guerra. La fantasía, paradójicamente, le da aún más realismo a la serie. La serie no se burla de las supersticiones de los medievales, sino que las muestra como la sociedad medieval las veía y las vivía, como algo que consideraban cierto. Incluso la conflictiva relación entre Iglesia – Estado que existió en parte de era medieval queda impresa en el conflicto de los Lannister y High Sparrow, líder de la religión dominante (High Septon) a quien Cersei empoderó hasta volverse un problema y verse en la necesidad de hacer explotar su templo.

    Game of Thrones es, al final del día, una serie de entretenimiento. Pero es lo suficientemente buena como para poder sacar conclusiones muy interesantes sobre la política medieval y la condición humana. Este es uno de sus más grandes éxitos y una de las razones por las cuales se ha convertido en una de las series más importantes y épicas de la historia.

  • Los Oscar, Hollywood y la agenda política

    Los Oscar, Hollywood y la agenda política

    Los Oscar, Hollywood y la agenda política

    Es completamente natural y entendible que haya un «sesgo izquierdista» (progre o liberal en el término estadounidense de la palabra) en el cine. Es entendible por varias razones:

    Las personas progresistas tienden a ser más abiertas al cambio, les gusta experimentar con lo nuevo, son más creativas, son menos metódicas y, en cierta medida, más desordenadas. Son menos disciplinadas (no en el sentido de que no se esfuercen, sino que son menos apegados a seguir estructuras y a autorregularse emocionalmente). Las personas conservadoras, por su parte, suelen ser más cuadradas, más tradicionalistas, más metódicas y más disciplinadas.

    Dicho esto, es muy entendible que sea a los progresistas a quienes les atraiga más el cine, la televisión y las artes. Eso no quiere decir que a un conservador no le pueda atraer (si no Clint Eastwood no haría cine), pero la proporción de los conservadores que se sienten atraídos por el cine siempre será mucho menor.

    Es entendible porque el cine y la televisión generalmente requieren expresión, experimentación y alejarse de la conformidad. Lo que no es innovador tiene pocas posibilidades de tener éxito. También el cine funciona como parangón para hacer crítica social (cosa que se les da mucho más a los liberales que a los conservadores).

    Por esto es común ver que sea en la televisión donde se promuevan cambios a las estructuras sociales como el matrimonio igualitario y la integración de los gays, y eso explica que los sectores conservadores generalmente suelan tener muchos recelos de los contenidos que se muestran en la televisión o en el cine a los cuales acusan de inmorales. Esto no ocurre porque exista una «gran conspiración» creada desde lo más recóndito para acabar con los valores morales, ello se explica tan solo por el hecho de que, al tener una mayoría liberal dentro del cine, básicamente buscarán reflejar e impulsar sus ideas liberales, lo cual hará que estas ideas tengan más visibilidad que las conservadoras (las cuales, a su vez, tienen más eco en otras instituciones y formas de organización como Iglesias, organizaciones familiares, escuelas creadas por organizaciones religiosas para influir sobre las élites de ciertos países).

    Entonces, en las películas y nominaciones de los premios Oscar, generalmente siempre habrá una inclinación hacia lo liberal y progresista. Veremos más actores y películas con un toque progresista que obras conservadoras. Y si quienes buscan refutar esta idea diciendo que hace varias décadas las películas eran más conservadoras, esto no ocurre porque los liberales hayan «cooptado» a Hollywood, sino que esas películas ahora vistas como conservadoras por nosotros tendían a ser liberales en sus tiempos.

    Pero independientemente de esta natural inclinación, hay algo cierto que algunos reclaman, y es que no es poco común que en los Oscar las motivaciones políticas influyan a la hora de nominar o premiar a actores o filmes, de hecho creo que esto se ha vuelto más marcado con Donald Trump ya que el activismo se ha vuelto más marcado. Ello se vuelve un problema porque por un lado buscan darle más visibilidad a las minorías (lo cual de entrada no me parece mal), pero en varios casos sí suelen darle más preferencia a ello que al mérito, y eso puede llegar a ser contraproducente porque puede demeritar la premiación y que, a la larga, esa intención de visibilizar a grupos antes ignorados termine generando resultados opuestos a los buscados.

    Los premios que ganaron los mexicanos en este año en general no estuvieron influenciados por este sesgo, pero sí vimos otras premiaciones donde a los organizadores les dio más por premiar a lo que iba conforme su agenda sobre el mérito. Un ejemplo de ello para mí es el caso de Remi Malek (que tiene orígenes egipcios y que interpretó a un cantante como Freddie Mercury que era homosexual y murió de SIDA), quien si bien hizo una muy buena actuación en Bohemian Rhapsody, no merecía tanto el premio como Christian Bale quien interpretó a Dick Cheney en Vice.

    Los organizadores deben de tener mucho cuidado con ello, porque si bien es entendible que quieran darle más visibilidad a grupos minoritarios, demerita que unos premios que se deberían regir por el éxito terminen afectados por el impulso de una agenda o por la corrección política. Deberían, a mi parecer, preocuparse más por impulsar carreras de actrices y actores de esas minorías para que su condición de minoría no sea ningún problema para crecer en Hollywood en vez de premiar a alguien por el simple hecho de ser afroamericano o gay.

    Es cierto que el cine es una vía poderosa para influir culturalmente en la población, pero cuando se trata de impulsar una agenda y supeditarla al mérito, la gente lo ve, lo nota y lo percibe. Y, por ejemplo, tal vez habría sido muy injusto para Yalitza Aparicio (cuya nominación si me parece merecida) que ganara el Oscar solo para visibilizar a las indígenas, que ciertamente suelen ser las clases más oprimidas de nuestro país.

  • Bohemian Rhapsody (reseña)

    Bohemian Rhapsody (reseña)

    Bohemian Rhapsody (reseña)

    Siempre que me dicen que alguien va a hacer «algo» relacionado con Queen, mis alarmas de profundo escepticismo se prenden. Y es que si alguien quiere emular a Queen, lo debe de hacer de forma magistral si no quiere que a su obra se le considere un insulto, o pregúntenle a Kanye West

    Cuando supe que esta película iba a salir, me comencé a preguntar si iba a estar a la altura de lo que es Queen, porque si vas a hacer una película sobre Queen no puedes hacer cualquier cosa. Temí que fuera a ver una película mediocre que me hiciera revolcar en mi asiento porque en las redes habían opiniones muy encontradas: a algunos les había gustado y otros se habían decepcionado. Afortunadamente, Bohemian Rhapsody (que además carga con el peso del nombre de una de las canciones de rock más importantes de la historia) pasa la prueba.

    Lo que tenemos en Bohemian Rhapsody es una muy buena película, que está a la altura del prestigio de la banda, aunque no le alcanza para considerarse una película memorable y considerarla como «la película de Queen», lo cual explicaré más adelante.

    INICIAN SPOILERS

    Más allá del grato detalle de la típica fanfarrea de Fox tocada por Brian May y Roger Taylor, la película comienza un tanto floja, pero afortunadamente se compone rápidamente y logra involucrarnos, sobre todo, en el personaje de Freddie Mercury que es muy bien interpretado por Rami Malek.

    Aunque Malek no se me termina de hacer tan parecido físicamente (cosa que sí sucede con los otros personajes que son casi idénticos), este inconveniente queda resuelto con la magistral interpretación que hace del cantante de Queen. Malek tuvo que aprender a moverse no solo como Freddie, sino como quienes lo influyeron (Liza Minelli, David Bowie, etc). El resultado fue maravilloso y a quienes nos gusta Queen sentimos que estábamos viendo al propio Freddie Mercury. 

    La recreación del Live Aid se me hizo excepcional con todo y que el público de pronto llegaba a parecer un poco irreal (vaya, tienes que emular un concierto en un estadio que ya fue demolido hace más de una década). Pero son detalles que se perdonan y que se pasan por alto al ver todo lo demás. Basta compararlo con el video original del Live Aid para ver el cuidado que le dieron a todos los detalles. El tratamiento que le dieron al audio al mezclar las interpretaciones originales del Live Aid con cánticos del público hechos específicamente para la película fue demasiado bueno. Para quienes nunca tuvimos la oportunidad de ver a Queen en vivo, nos acercaron mucho a ello. 

    Aún con los cambios hechos a la historia original (Freddie no conoció a Jim Hutton en una fiesta sino en un bar) y que no se le dio tanto vuelo a la parte «decadente» de la historia de Freddie, creo que sí lograron mostrarnos algo más de la vida privada del cantante: su relación con su familia, su homosexualidad, el hecho de que en muchas ocasiones se sentía solo. Algo que se agradece es que nos hayan hablado un poco del proceso creativo de la canción Bohemian Rhapsody, y aunque evidentemente no es algo que se pueda explicar abiertamente dentro de una película que dura dos horas, sí nos narraron, aunque fuera de forma un tanto superficial y con las limitaciones naturales de un largometraje, no solo la parte creativa sino los conflictos que había dentro de la banda y los roles que cada músico tenía dentro de ésta.  

    Lo difícil de llevar a cabo una película biográfica es hacerla de tal forma que cautive al narrador. Si la película se apegara en exceso a la realidad difícilmente funcionaría ya que la vida real tiende hacer un tanto más aburrida, por ello es que es imperativo ajustar la narrativa e incluso agregar un poco de fantasía de tal forma que el espectador se mantenga entretenido durante las dos horas que dura la obra. En este sentido funcionó y nos dieron un filme que nos garantizará no aburrirnos. Evidentemente, estas modificaciones a la historia real fueron hechas con ese propósito y no por el desconocimiento de la historia de la banda ya que Brian May y Roger Taylor fungieron como productores. En la película se incluyeron cosas que realmente no ocurrieron pero que funcionaron muy bien: por ejemplo, el representante de EMI nunca existió, pero a través de éste, buscaron interpretar los conflictos que la banda tenía con las disqueras. Sin embargo, creo que tampoco implicaba permitirse varias de las imprecisiones históricas que esta película tiene, sobre todo para quienes querían conocer cómo es que se formó la banda y que considero debieron ser un poco más apegadas a la realidad.  

    Me hubiera gustado también conocer un poco más de lo que sucedió con la banda entre el Live Aid y la muerte de Freddie Mercury, lo cual fue completamente omitido y que, al parecer, trataron de encajar de forma muy breve a la hora en que Freddie recibe su diagnóstico y cuando le comunica al resto de la banda que fue diagnosticado con SIDA como si hubiera ocurrido antes del Live Aid (cuando en realidad ocurrió después). 

    Todo esto explica que la película sea muy buena pero que no le alcance para ser memorable. Si bien, la participación de Brian May y Roger Taylor en la producción ayuda en cierto sentido a la creación de esta obra (basada en sus testimonios y no en ocurrencias o chismes), también provoca que la película sea un tanto complaciente con la historia de la banda en tanto están interesados en que la historia narrada ahí no afecte el legado de Queen.

    Pero aunque no sea una película que pueda ser calificada como memorable, sí creo que es una película que vale la pena y que pasa la prueba de hacerle justicia al prestigio de la banda. Es una película que vale la pena ir a ver (incluso si no eres muy fan de Queen).

    Cosas que me gustaron:

    • La película es entretenida y consistente (no te vas a aburrir, te lo aseguro).
    • La interpretación de Freddie Mercury.
    • La recreación del Live Aid (sobre todo el audio).
    • La vida privada de Freddie Mercury.
    • El proceso creativo de Bohemian Rhapsody (la canción).

    Cosas que no me gustaron:

    • Excesivas imprecisiones históricas.
    • La historia es un tanto complaciente.
    • Que omitieron casi por completo los últimos años de Freddie Mercury.

    Puntuación: 4 de 5

  • Luis Miguel, la serie que te dejó babeando frente al televisor, en cinco escenas

    Luis Miguel, la serie que te dejó babeando frente al televisor, en cinco escenas

    Escena 1: ¿Por qué pegó tanto esta madre?

    Nunca, desde antes de llegar a los 20 años (esa época en la que muchos de los millennials no habían ni nacido o estaban lo suficientemente pequeños como para comprender la realidad) había visto algún programa del cual toda la gente hubiera estado tan al pendiente. Esa época en que el final de la telenovela o el noticiero de Jacobo se volvía un tema de conversación obligatoria.  

    Con la llegada del cable, pero sobre todo, del Internet, ese fenómeno se comenzó a diluir. Es hasta extraño escuchar gente en la calle hablando de «lo que pasó en la novela» cuando antes era tema de conversación nacional. Las opciones de consumo son tan variadas y de nicho en muchos casos que ya es extraño que eso ocurra, pero ocurrió, sí, con Luis Miguel.

    El domingo se convirtió en el «domingo de Luismi» incluso en el día de las elecciones. 

    Lo que más me llama la atención de todo es el hype que esta serie tiene dentro de las nuevas generaciones. Si Luismi quería relanzar su carrera después de todos los eventos penosos del año pasado, creo que lo logró y de paso se ganó a un público nuevo. 

    Me es difícil entender por qué ocurrió eso, los mismos productores no se esperaban que la serie, que cuenta la historia (de forma dramatizada y mezclando la realidad con cierta dosis de ficción), tuviera tanto éxito. No sé si fue el personaje de Luisito Rey, que caía tan mal pero que hacía reír con su lenguaje grosero tan lleno de clichés y muletillas que ya se repiten en las conversaciones cotidianas. 

    Escena 2: Lo que ves no es siempre lo que es

    La vida es más aburrida de lo que se proyecta en las cámaras. Estoy seguro de que muchas personas se fueron con la finta de que la vida del cantante ha sido una montaña rusa de emociones. La realidad es que, para que una serie tenga éxito, los escritores y productores tienen que dramatizar la historia de tal forma que tengan al espectador frente a la televisión. Si narraran la vida tal como fue, la gran mayoría ni se hubiera molestado en terminar de ver el primer capítulo. 

    Los propios escritores afirman que la historia no solo está dramatizada, sino que con la realidad se han mezclado algunas ficciones, como un cadete que nunca existió pero que sirvió de argumento central para un capítulo de la serie. La serie no es una biografía en el sentido estricto, sino una dramatización que toma como base la historia del cantante (tomando como referencia libros y hasta revistas de chismes con todo lo que eso implica) y que tiene como fin entretener. 

    Escena 3: La burbuja social

    Hay algo que me llama la atención sobremanera de esa serie. Dentro de la época que abarca (de inicio de los ochenta a inicios de los noventa) ocurrieron muchas cosas en nuestro país que cimbraron a la sociedad: crisis económicas, terremotos y hasta fraudes electorales. El México de ese entonces era menos libre aunque más seguro y se vivía bajo el régimen unipartidista que incluso se trasladaba a la música con la hegemonía de Raúl Velasco, quien tenía la autoridad para decir cuál artista tenía éxito y cuál no. Pero pareciera que eso no tuvo ningún impacto en la vida del cantante. Él estaba más preocupado por las deudas con Hacienda producto de los malos manejos de su padre o de la chica o los amigos que iba a invitar a su casa. 

    No me parece que sea un tema de insensibilidad por parte del cantante, sino más bien propio de algunos sectores sociales del país que parecen vivir ajenos al país mismo. Una cosa era el Luis Miguel, el de las pachangas con sus amigos de dinero que se iban al Baby’O; otra cosa era el México que todos vivíamos. 

    Mientras el país estallaba, él estaba en su casa de Acapulco preocupado por sus problemas. Lo mismo ocurría con la gente que lo rodeaba. Parecía haber una desconexión total con lo que acontecía en nuestro país. No sé si esa haya sido una actitud del cantante o algo característico dentro de sus círculos sociales, o fue algo que omitieron los escritores y que en realidad Luis Miguel sí haya estado al pendiente de eso, aunque este video es un tanto revelador:

    https://www.youtube.com/watch?v=e4HAjs8njkA

    Escena 4: Ese mal necesario llamado Luisito Rey

    La vida es un tanto caprichosa. El «papá de Luismi» se convirtió en una suerte de villano público, pero técnicamente sin su presencia Luis Miguel no hubiera existido. Él fue quien, de alguna u otra manera, impulsó su carrera. El padre, que dentro de un innegable talento escondía una personalidad fría, insensible misógina, violenta y superficial, se convirtió en un mal necesario para su carrera profesional. Y más lo será si es que su personaje de la serie es el que la ha llevado al éxito. 

    Una de las escenas que cimbraron más al público fue aquella donde Luis Miguel tuvo que elegir entre su padre y su madre. Hizo lo primero, pero si hubiera hecho lo segundo, muy probablemente no existiría la serie y Luismi hubiera quedado condenado a ser un artista infantil y nada más. Era, en ese entonces, demasiado chico para manejar su carrera, para lo cual necesitaba la tutoría de sus padres (a lo cual, su padre seguramente se habría negado) en tanto no cumpliera los 18 años de edad. 

    Escena 5: La ironía política

    Dentro de la película hay una ironía que puede resultar un tanto grosera. Sofía Rivera, la hijastra de Enrique Peña Nieto, interpreta a la hija de José López Portillo, en donde se retrata la forma de hacer política de esa época. Una hija de un Presidente que será juzgado sumariamente por la historia interpretando a otra cuyo padre ya fue juzgado por esta. Habría que preguntarnos si esa «coincidencia» lleva implícita esa otra coincidencia donde esas formas no se han ido del todo de la política mexicana, donde si el puesto político o la influencia importa más que el talento para llegar a «lo más alto». 

    También es llamativo que, a pesar del incuestionable talento de Luis Miguel, la cercanía con el poder político fue trascendental para que Luis Miguel fuera quien es hoy. Los «favores» al Negro Durazo para que Luis Miguel pudiera cantar frente al Presidente, la relación con una industria musical prácticamente cooptada por Raúl Velasco. Tal vez no estuvo en el presupuesto, pero estuvo lo suficientemente cerca de él para no estar en el error.  

    Escena extra: Recuérdalo, es una serie

    Y muchos se molestaron por la conclusión de la serie, pero ¿qué no todas las series terminan así a menos de que se trate de la última temporada? ¿Dejándote en suspenso? 

  • 2018, Black Mirror y cuando la tecnología conquiste a la raza humana

    2018, Black Mirror y cuando la tecnología conquiste a la raza humana

    2018, Black Mirror y cuando la tecnología conquiste a la raza humana
    Imagen: Netflix

    Los avances tecnológicos moldean las estructuras sociales. Lo hacen porque precisamente por medio de la tecnología aspiramos a cambiar las dinámicas sociales de tal forma que obtengamos un beneficio (ya sea a nivel individual o colectivo). Pero inclusive los avances tecnológicos y científicos tienen la capacidad de modificar las estructuras sociales de una forma más profunda e inesperada, ya sea para bien o sea para mal. 

    La forma en que nos relacionamos con los demás, los avances de los derechos de la mujer (que difícilmente serían entendidos sin aquellas tecnologías que relegaron a la fuerza bruta como medio de producción en favor del razonamiento y la inteligencia) la creación de riqueza, la educación o las formas de intercambio de información están fuertemente determinadas por los avances tecnológicos. Somos más dependientes de nuestras propias tecnologías de lo que queremos aceptar, la mayor parte de nuestras actividades cotidianas tienen una estrecha relación con ellas. Si prescindiéramos de ellas nos encontraríamos solos ante un entorno salvaje donde los animales volverían a ser una amenaza para nuestra supervivencia. Posiblemente, al no estar adaptados a un mundo primitivo, sucumbiríamos.

    Black Mirror hace una crítica un tanto fatalista de nuestra dependencia con la tecnología en un futuro próximo. Ese fatalismo no es un defecto de la serie, porque no pretende hacer un pronóstico muy objetivo y acertado de lo que pasará (además de que es imposible hacerlo). Por el contrario, es un acierto ya que trata de resaltar los escenarios más negativos (que no dejan de ser posibles) de tal forma que podamos reflexionarlos y evitar caer en ellos. 

    Black Mirror no va muy lejos, rara vez aborda aquel mundo después de la singularidad tecnológica (cuando las máquinas rebasen en inteligencia a los seres humanos) y tal vez su éxito radique en ello: que el mundo distópico que presenta es bastante próximo al mundo actual que hace que la gente se sienta identificada con este. Una persona podría pensar sin ningún problema que en unos años o décadas cuando todavía se encuentre viva y le falte vida por vivir podrá ser alcanzada por un mundo distópico parecido.

    Los escenarios que aborda la serie se ubican más bien en una etapa anterior en el tiempo, más cercano al nuestro; en la cual el individuo ha adquirido una dependencia todavía mayor de la tecnología, donde la inteligencia artificial es mucho más sofisticada, pero donde el humano todavía la domina. Todos los capítulos de la cuarta serie (tal vez podríamos discutir si en el capítulo de Metalhead ya se ha rebasado o no) se ubican en ese contexto: la tecnología está ya muy impregnada en el tejido social pero el humano todavía tiene la capacidad de apagarla.

    La serie no plantea lo que ocurrirá después de la singularidad, sino que intenta exponer los riesgos que los avances tecnológicos podrían tener sobre los humanos ya que estos seguirán modificando y manipulando las estructuras sociales y de convivencia. En Black Mirror vemos una capítulo donde una hija agrede violentamente a su madre porque ella tenía tenía la capacidad, por medio de una tecnología, de violar su intimidad. En Hang the DJ (nombre que toma de la letra de una canción de The Smiths) vemos como la inteligencia artificial ha avanzado al punto de crear una distopía que es en realidad una suerte de mundo virtual que trabaja por debajo de una aplicación parecida a Tinder. 

    Lo que muestra Black Mirror puede ponerles la piel de gallina a muchos, pero los avances en inteligencia artificial actual ya pueden sonar un tanto escalofriantes. Por ejemplo, los buscadores como Google o Youtube ya no utilizan algoritmos (que son pedazos de código que tienen instrucciones precisas que se deben seguir una y otra vez) sino redes neuronales que aprenden solas y que toman decisiones por su cuenta. Así trabajan las recomendaciones de Youtube, por medio de un mecanismo que va aprendiendo y perfeccionando sus funciones con el tiempo sin intervención humana para mostrarle al usuario recomendaciones más atinadas de acuerdo con su historial. Siri, la aplicación del iPhone funciona de la misma manera y también el portal Cleverbot donde un usuario puede tener una conversación bastante fluida con una inteligencia artificial que va aprendiendo y haciéndose más sofisticada a través de todas las conversaciones que tiene a través del tiempo. 

    El escepticismo sobre la inteligencia artificial ha venido aumentando en la medida en que esta comienza a ser más sofisticada y cuando, a través de nuestra experiencia, podemos ser capaces de observar como modifica las dinámicas de convivencia (eres testigo de ello en tiempo real si estás leyendo este artículo en una reunión donde todos están pegados a sus teléfonos inteligentes). La singularidad tecnológica no es algo que tampoco se encuentre ya demasiado lejos e incluso varios expertos vaticinan que esta podría darse en el transcurso de este siglo (aunque hacer un pronóstico así es algo bastante complicado, incluso para los más doctos en la materia). Filósofos como Nick Bostrom han escrito sobre cómo esta podría desarrollarse y las medidas que el ser humano podría tomar para evitar, en la medida de lo posible, que las maquinas terminen conquistando o incluso aniquilando a la especie humana. 

    La singularidad, dice Bostrom, no es algo que ocurrirá de forma paulatina. Considera que, cuando la inteligencia artificial llegue a ese punto, esta podría llegar a crecer de forma exponencial e incluso llegar a dominar a la especie humana apenas instantes después de haber alcanzado dicha singularidad si no se toman las medidas necesarias. Si la inteligencia artificial ya está afectando la forma de hacer política, después de la singularidad la inteligencia artificial podría terminar modificando cualquier forma de relación humana de forma radical y en un periodo de tiempo muy corto.

    Black Mirror apenas parece ser una probada de ello. La serie más bien narra, desde una postura pesimista, la continuación de algo que ya está ocurriendo. La inteligencia artificial pretende mejorar la vida de los seres humanos, pero pocas veces nos paramos en seco para reflexionar en los «efectos colaterales» que esta puede tener: si Facebook nos ayuda a mantenernos en contacto con nuestros seres queridos pero a la vez es capaz de provocar adicción e incluso trastornos mentales cuando se abusa en demasía de la red social, entonces muchas formas de inteligencia artificial podrían tener efectos secundarios que sean adversos. Si la robotización ayuda a proveer de mejores productos y servicios también podría hacer desaparecer muchos empleos. 

    Si la inteligencia artificial se desarrolla a pasos agigantados, entonces habría que ser más precavidos, incluso con las propuestas para ponerle candados y restricciones para evitar efectos colaterales. Un claro ejemplo es el UBI (Universal Basic Income o Ingreso Básico Universal) que se propone que todos los individuos reciban cuando las máquinas ya hagan todo el trabajo que antes hacían los seres humanos. Suena muy atractivo, pero pocos se han puesto a pensar que, cuando un gobierno no obtiene recursos del trabajo de los seres humanos, este suele ser más autoritario y hasta despótico con ellos (prueba de ello son los regímenes que obtienen la mayoría de sus ingresos de los recursos naturales en vez de los impuestos).

    Hay mucho que pensar, hay mucho que reflexionar. Por eso es que se agradece la existencia de series de Black Mirror, aunque dibuje un mundo bastante pesimista y que ciertamente tiene como fin el entretenimiento, pero que logran plantear algunas preguntas importantes dentro de la opinión pública. Porque si bien los científicos, los filósofos y demás expertos estarán mejor preparado para contestarlas, también es importante que la gente de a pie comience a reflexionar. 

  • Coco: Una necesaria reseña y un análisis desde sus más profundas entrañas

    Coco: Una necesaria reseña y un análisis desde sus más profundas entrañas

    Coco. Un necesario análisis desde sus más profundas entrañas

    Tenía un poco de miedo de ver la película. No sabía cómo podría Pixar tratar, de forma exitosa, algo tan valioso y delicado para nosotros (aunque subestimado al mismo tiempo) como nuestras raíces y nuestra cultura. ¿Cómo amalgamar nuestra cultura con una película de fantasía la cual esperas que sea un éxito de taquilla en todo el mundo? ¿Cómo lo podría hacer una empresa de una nación cuya cultura está basada en la simplicidad y no en la complejidad de la nuestra? Para muchos podría sonar imposible como si ya tuviéramos suficiente con la caricaturización de «lo mexicano» como ocurre con el mexicano flojo durmiendo con su sombrero en un nopal o con los Taco Bell que abundan en avenidas norteamericanas. 

    Pero creo que Pixar, a grandes rasgos, lo logró. Podríamos señalar tal vez algunos detalles que pudieron ser mejores, pero en general funciona. No me sentí insultado, de hecho me sentí muy familiarizado porque parece que esta vez un medio de entretenimiento estadounidense sí logró meterse en las entrañas de nuestra cultura y sacar una obra valiosa. La recreación sí me pareció muy mexicana. Me sentí dentro de uno de tantos pueblos tradicionales de nuestro país, y vaya que es un reto mayor cuando se hace por medio de la recreación digital. Pero voy más allá: el mundo de los muertos me recordó también un poco al realismo mágico muy típico de la literatura mexicana y latinoamericana: la fantasía me recordó un poquito más de Pedro Páramo que de los burritos mexicanos del McDonalds. A veces se aprecian algunas «gringadas», pero nada para alarmarse, nada que rompiera con una narrativa bastante decente de nuestra cultura. 

    En un interesante artículo que escribió Ramón Gallegos (un amigo mío) sobre el mismo tema, se señala que muchas de nuestras tradiciones son valoradas dentro de nuestro país hasta que son admiradas en el extranjero. Concuerdo con él cuando dice que de pequeños gozábamos más del Halloween y que el Día de Muertos parecía ser algo hasta impuesto por las instituciones gubernamentales o eclesiásticas para evitar que se perdiera la tradición. En la primaria, los niños gozaban más del Halloween, de disfrazarse y pedir dulces. Y hasta que se rodó Spectre, la película de James Bond, en nuestro país, el desfile de Día de Muertos se volvió una tradición. Allá afuera admiran nuestra cultura y nuestras tradiciones. Al parecer, nosotros no tanto. Nuestra «autoestima colectiva» es lo suficientemente baja como para pensar que lo nuestro es algo muy valioso y único. 

    Por eso es que, sea como sea, se agradecen estas obras que logran recordarnos a los mexicanos lo valiosas que son nuestras tradiciones. Es triste que lo tengan que hacer los extranjeros por nosotros, pero a la vez nos ayuda a recordar el poder que tiene nuestra cultura. Los internacionalistas y politólogos hablan de que México necesita tener una mayor capacidad de influir culturalmente en otros países (eso que llaman «soft power» o poder blando), sugieren reforzar nuestra «marca-país», pero ahí tenemos muchísimos recursos a los cuales parece que ni volteamos a ver, que están en espera de usarse. 

    Es notorio que los escritores se molestaron en entender nuestras raíces cuando, al ver la película, me percaté que habían dejado al lado varios de los clichés «norteamericanos» que siempre se plasman en este tipo de obras para darle una narrativa muy mexicana. A pesar de mostrar un ambiente pueblerino, no se centraron en «lo pobre o lo jodido» como suele pasar con las películas hollywoodenses. Por el contrario, muestran ese color, ese sabor de nuestra cultura, esas peculiaridades de lo más profundo de nuestras tradiciones: lo bello, el talento, los lazos sociales. Entendieron bien la tradición el Día de Muertos, lo que significa esta festividad dentro de nuestra cultura y lo plasmaron muy bien. 

    Y todo esto lo podemos ver desde el inicio, desde la ambientación (casas pueblerinas bonitas, arreglos tradicionales), desde los roles de los personajes, la abuela regañona que carga la chancla y que le da besos al niño, hasta el tío que porta el jersey de la Selección Mexicana o el niño inquieto, o el modelo de familia vertical y sociocéntrico donde lo colectivo importa más que lo individual, donde hay un patriarca (o una matriarca, como en este caso) que dice qué es lo que se tiene que hacer y al cual todos obedecen (y no desde una perspectiva crítica o criticona como podría esperarse).  

    Temía que la obra intentara menospreciar ese «sociocentrismo» y que fuera reemplazado por el individualismo o por una cultura insertada dentro de la posmodernidad donde el placer o el deseo del individuo se deshiciera de todas esas estructuras a las que se siente atado y que le impide el goce. En realidad, quien representa aquello no es el héroe, sino el villano Ernesto de la Cruz, aquel músico que sólo se bastaba a sí mismo. Miguel, el personaje principal, se vio tentado a seguir sus pasos, a dejar sus lazos familiares para buscar su sueño. Con la frase «vive tu momento» Ernesto de la Cruz inspiraba a Miguel. Y si quería vivir su momento, Miguel asumía que tenía que desencadenarse de su pasado, de la familia que lo condenaba a ser zapatero, para llegar a ser músico.

    Pero la trama de la película nos muestra más bien una reconciliación del pasado con lo moderno. Hegel puede sernos de utilidad para explicar esto: su dialéctica histórica tiene tres momentos: la tesis, la antítesis y la síntesis. La síntesis como producto de las dos anteriores. En el caso de Coco, la tesis es la familia de Miguel (junto con sus valores tradicionales y jerárquicos) , la antítesis es su deseo de dejar todo para cumplir su sueño de ser músico, y la síntesis es la reconciliación entre su sueño y sus raíces. Dicho esto, ahora recurriré al héroe que describe Jordan Peterson en su libro Maps of Meaning, el cual es muy útil para explicar esta reconciliación y que a la vez es una muy buena forma de explicar cómo es que las estructuras sociales pueden reformarse sin correr el riesgo de que colapsen:

    Explicado desde un punto de vista muy mitológico, una sociedad determinada oscila entre el orden (representado por Peterson con la figura del padre) y el caos (representado por la figura de la madre). Si una sociedad es excesivamente ordenada se vuelve rígida y termina degenerando, producto de su propia rigidez. A la vez, si una sociedad es excesivamente caótica, degrada porque le es imposible mantener las estructuras que lo sostienen. Se podría asociar la rigidez con el conservadurismo duro, o en el caso de la película de Coco, con un régimen familiar rígido que impide a Miguel seguir sus sueños. Y de la misma forma se podría asociar al caos con su deseo de ser músico y «vivir el momento» La figura y leyenda de Ernesto de la Cruz invitaba a Miguel a sumirse profundamente en el caos, a romper todo orden y lazos sociales que le daban, hasta ese momento, sentido a su vida así como una identidad. Afortunadamente, Miguel asumió el papel del héroe, gracias a quien se da esta reconciliación entre lo tradicional y lo moderno: el orden y el caos. 

    ¿Qué es el héroe según Peterson? No es aquel que se somete al caos, sino aquel que se enfrenta y sostiene una batalla contra él del cual sale victorioso, y gracias a lo cual logra reformar las estructuras a las que pertenece sin el riesgo de debilitar su estructura. Miguel conoció el caos o «lo desconocido» cuando entró al mundo de los muertos para buscar a de la Cruz, su ídolo. Salió victorioso porque, como producto de su enfrentamiento, reconcilio a su familia con su pasado. Gracias a ese enfrentamiento, su familia aprendió a perdonar al tatarabuelo, de quien asumían los había traicionado (cuando en realidad había sido envenenado por Ernesto de la Cruz), lo cual a su vez permitió que su familia le diera el visto bueno para que pudiera convertirse en músico. Gracias a la valentía de Miguel (porque pudo decidir ser cobarde al no seguir su sueño, o de igual manera, al huir para seguir los pasos de quien sería un impostor) pudo conciliar dos de sus más grandes anhelos (lo cual parecía imposible): ser parte de una familia que le tiene cariño y ser músico. 

    Esta reconciliación explica mucho el éxito de la película. Al final, el mensaje es que es posible seguir tus sueños sin olvidar de donde vienes, sin olvidar que fuiste educado por una familia que te dio una escala de valores éticos y morales. Fueron capaces de crear uno de esos finales emotivos muy «estadounidenses» sin dejar del lado ese detalle tan «mexicano». La película recuerda eso que Hollywood a veces llega a menospreciar: que la familia es la base de la sociedad. Esa reconciliación que he narrado es la misma que permite a Pixar poder echar mano de algo tan valioso y delicado como una de las tradiciones mexicanas más importantes para hacer una película que necesita ser económicamente rentable, y que guste no sólo a los mexicanos, sino a cualquier persona de cualquier nación o cultura.  

    Pero esa reconciliación no debería ser solamente parte de una película. A los mexicanos nos falta reconciliarnos con nuestro pasado. Nos hace falta conciliar nuestro pasado con la modernidad, donde podamos aspirar a ser un país moderno y progresista, pero que eso no implique que dejemos nuestras raíces a un lado. Ese, para mí, es el mensaje más importante de Coco, mensaje que posiblemente no tenía la intención de ser emitido de forma deliberada por los escritores, pero que ahí estaba guardado. 

    Por eso es que puedo sentirme satisfecho con esta obra y salir del cine sabiendo que no vi solamente una «caricaturización más» de nuestra cultura. México es mucho más rico que un flojo durmiendo en un nopal o que un taco artificial. Y creo que, por fin, alguien allá afuera logro transmitirlo. 

  • Más Spotlight y menos Padre Amaro, Pink u Obediencia Perfecta

    Más Spotlight y menos Padre Amaro, Pink u Obediencia Perfecta

    Hay algo que no me gusta de las películas mexicanas cuando tratan de hacer alguna crítica sobre un tema controversial (véase Iglesia, matrimonios gay, etc), y es que sus críticas siempre se quedan en lo superficial, abordan el tema «por encimita».  En vez de hacer una buena crítica, introducen escenas polémicas que harán despertar la furia de aquellos sectores que se sienten perjudicados para amplificar el impacto de la obra, y que de esta forma, les garantice una aceptable cantidad de boletos de cine vendidos. No es la dura y determinante crítica la que hace a estas películas, sino las escenas que rasgan las vestiduras de los devotos y estimulan los sentimientos de los detractores.

    Más Spotlight y menos Padre Amaro, Pink u Obediencia Perfecta

    Spotlight es un claro ejemplo sobre como se debería de abordar este tipo de temas, sin pretensiones ni clichés. Si no la has visto, Spotlight básicamente trata sobre unos periodistas de The Boston Globe que tratan destapar una red de pederastia dentro de la Iglesia Católica. Los hechos que muestra la película son mucho más polémicos que El Padre Amaro u Obediencia Perfecta (que también aborda casos de pederastia tomando como punto de partida al infame Marcial Maciel), pero Spotlight no necesitó de una escena polémica o de un jovencito teniendo fantasías sexuales con la Virgen de Guadalupe para crear polémica, y de paso, ganar el Oscar como mejor película.

    Lo que muestra Spotlight son hechos, hechos lo suficiente contundentes que en vez de generar un mar de críticas en el sector conservador por un insulto a su fe (que de todos modos existió en los sectores más reaccionarios), provocó cierta reflexión en la misma Iglesia, institución que en lo general no condenó la obra (no tenía argumentos para hacerlo). Spotlight no busca atacar a la Iglesia por el mero hecho de atacarla o para vender más entradas, simplemente la exhibe (con hechos reales). Que 6% de los sacerdotes de Boston fueran pedófilos es mucho más importante que una escena barata donde «le pervirtieron a la virgencita», o donde el padrecito espera que el pequeño seminarista le haga un blowjob.

    Es decir, Spotlight dio relevancia (a un tema ya relevante) y le dio una dimensión. Generalmente leemos o escuchamos en los medios noticias de padres pedófilos, pero no sabemos bien cuantos, el impacto que este tiene, ni el papel de la Iglesia en aquellos lugares donde ese tipo de actos son frecuentes. Spotlight sí que supo contestar esas preguntas. Spotlight es una película que toda persona que profese la fe católica y miembros de la Iglesia deberían de ver para entender que es lo que está pasando dentro de su institución y luego busquen o promuevan medidas determinantes para combatir ese grave problema.

    El Crimen del Padre Amaro u Obediencia Perfecta más que tomar hechos, se basan en clichés. La crítica de la película del Crimen del Padre Amaro languidece ante la escena sexual con el manto de la Virgen María y los besos de Gael García con Ana Claudia Talancón en la parroquia:

    Obediencia Perfecta fue la oportunidad desperdiciada para hacer un filme sobre Marcial Maciel. Se pudo hacer un gran filme, el tema lo ameritaba. Pero terminaron creando una película pretenciosa. Sí, que toma como partida el caso del fundador de los Legionarios de Cristo, pero llena de clichés, generalizaciones y exageraciones para lograr vender el filme. Me llamó la atención, que por ejemplo, presentaran a los sacerdotes desde un inicio como seres depravados de una forma tan explícita, al grado en que dicha obra parecía ser más bien una comedia que un filme que trata un tema tan delicado como la pederastia. Aunque eso sí, al menos se agradece que ciertas escenas fueran tocadas con una mayor sutileza.

    Al igual que con el Padre Amaro, uno de los momentos «cumbre» de la película ocurre cuando uno de los seminaristas tiene una fantasía sexual con la Virgen de Guadalupe, cosa que en realidad no tendría que ver nada con la crítica que busca hacer esta obra. Spotlight no necesitó de estos clichés para mostrar un mensaje más impactante, y vaya que el caso de los actos pederastas de Marcial Maciel tenían mucha tela de donde cortar.

    Otra película mexicana que cae en este tipo de errores es Pink. La oportunidad de abordar un tema tan polémico como el matrimonio gay quedó tirada a la basura gracias al exceso de estereotipos e incluso prejuicios mostrados en esa obra. Tal parece que el director, Francisco del Toro, no ha convivido mucho con personas con diferente orientación sexual, porque los personajes que aparecen en esa cinta están demasiado estereotipados y presenta por un decir, lo más «vulgar de lo vulgar» del mundo gay como si fuera la norma.

    Al igual que con el Crimen del Padre Amaro y Obediencia Perfecta, la crítica que hace Pink raya en lo superficial,  en clichés y en generalizaciones. Y de igual forma, parece que su propósito es desatar polémica y no tanto fundamentar su crítica en hechos. Y al igual que ocurre con el Padre Amaro, lo único que logrará esta película es reforzar la posición tanto de los que están «a favor» y «en contra».

    Los directores de cine mexicano deberían de aprender de Spotlight, una película donde los productores no se desbordaron en sus propias pasiones y mostraron un producto de gran calidad. Ojalá aprendieran a prescindir del cliché barato y trataran a su público como personas maduras invitándolos a pensar y razonar sobre el argumento que presentan, en vez de caricaturizarlo y sostenerlo con el morbo barato.