Autor: Cerebro

  • El mito del vaso lleno y el vaso vacío

    El mito del vaso lleno y el vaso vacío

    El mito del vaso lleno y el vaso vacío

    El vaso se te rompió

    Lo has escuchado muchas veces. Te ponen un vaso que contiene exactamente la mitad de agua y te preguntan si lo ves lleno o vacío. El argumento es que si ves el vaso «medio lleno» eres una persona positiva, y si lo ves «medio vacío» eres una persona negativa que debe de cambiar su actitud. Proponen que veas el vaso «medio lleno».

    En realidad el argumento es falso. Percibir un vaso «medio lleno» o un vaso «medio vacío» implica percibir de forma errónea la realidad. En efecto, quien ve el vaso «medio vacío» suele tratarse de alguien negativo, pero quien lo ve «medio lleno» no es una persona positiva, más bien es una persona ilusa.

    La cultura new age nos ha intentado educar con frases como «si lo deseas, se te dará», «si realmente deseas algo, los planetas se van a alinear». En muchas ocasiones pretenden decirte que todo lo que ocurre en tu vida es causal (es decir, todo lo que te ocurre es producto de tus decisiones y nada más) cuando en realidad son dos elementos los que escriben la historia de tu vida: el causal, el que puedes trabajar, y el casual, que consta aquellos factores externos sobre lo que no tienes control alguno.

    El argumento es que si piensas positivo, si tienes una «actitud positiva», que en este lenguaje significaría pensar que las cosas van a suceder porque tú lo decretas tan solo con tu intencionalidad, entonces estarás del otro lado. Eso es totalmente falso, y voy a explicar por qué.

    La actitud positiva es necesaria, pero esta no implica desconstruir la realidad de tal forma que piense que las posibilidades de que algo ocurra son más altas de lo que en realidad son (el vaso lleno). La realidad es objetiva, no es un constructo que pueda estar sujeto a modificaciones y reinterpretaciones. En realidad, para que las posibilidades de éxito sean mayores, es indispensable partir de la realidad o lo más aproximado a la realidad (con los argumentos que tengamos a la mano) para que, a partir de ahí, podamos tomar decisiones. En lugar de hablar de «ver el vaso medio lleno o medio vacío» yo propondría la siguiente categorización basada en el justo medio de Aristóteles:

    Percepción negativa – Percepción realista – Percepción ilusa.

    La actitud positiva no puede ni debe negar la realidad, ¿por qué? Porque si el individuo percibe una versión tergiversada de la realidad, entonces desarrollará su estrategia con base en esa percepción y, como esta no empata con la realidad, lo más probable es que la estrategia fracase. Así como es importante conocer el subsuelo donde se va a levantar un edificio para diseñarlo y que este no se caiga, es importante conocer, en la medida de lo posible y de forma objetiva, la realidad sobre la cual se parte.

    La actitud positiva no es pensar en positivo como se dice, tal vez el término sea inadecuado, pero yo la definiría con base en tres elementos: el autoconocimiento, el esfuerzo y el desarrollo de habilidades. 

    Cuando deseas algo (un empleo, una relación sentimental, una beca, o ganar en un partido de futbol) te darás cuenta que ese deseo consta de una ecuación que contiene algunas variables que tú puedes controlar, otras que no puedes controlar y unas constantes que tampoco puedes controlar, pero que están ahí, que conoces su valor y cuyo conocimiento te puede ayudar a adaptarte de mejor forma al entormo.

    La actitud positiva no consiste en esperar que las variables que no conoces tengan el número más favorable ni mucho menos que las constantes tengan un valor más alto del que en realidad tienen (es decir, ver el vaso medio lleno cuando está a la mitad). La actitud positiva consiste en que aumentes el valor de la variable que sí puedes controlar al mayor grado posible.

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    Para lograr esto, tomamos los tres elementos que he mencionado:

    Autoconocimiento: por mejor te conozcas como persona, vas a ser más consciente de tus habilidades y capacidades. Sabrás de mejor forma en qué eres bueno y en qué no lo eres. Conocerte es indispensable para desarrollar estrategias que te lleven a la meta. Quien se conoce bien tenderá a estar en franca ventaja frente a quien no se conoce a sí mismo.

    Esfuerzo: El esfuerzo es indispensable. Si quieres llegar a una meta no lo vas a lograr con buenos deseos, sino con sacrificio, con la tolerancia a la frustración necesaria que implica dejar los placeres inmediatos para apuntar a objetivos más trascendentales.

    Desarrollo de habilidades: Este elemento necesita de los otros dos: el autoconocimiento para conocer dónde te encuentras actualmente, y el esfuerzo, para desarrollar de mejor forma tus habilidades. Tal vez, en determinado momento de tu vida, te conozcas bien a ti mismo, pero hay áreas en las que no te sientes cómodo y tienes que desarrollar de mejor forma para tener mayores posibilidades de éxito.

    Hecho esto, tendrás más confianza en ti mismo. Pero la tendrás no por deseos positivos inocuos producto de un libro de autoayuda del Sanborns, sino porque tienes argumentos para sentir más confianza en ti mismo, y eso hace que las posibilidades de éxito aumenten.

    No sólo hay que soñar cosas chingonas, hay que trabajarlas

    Pongo un caso propio como ejemplo. Hace unos meses apliqué de último momento a una maestría en Ciencias Políticas del CIDE, la primera etapa consistía de un examen de matemáticas que no era nada fácil. Lo primero que hice fue analizar la realidad hasta donde pudiera. Sabía de antemano que la tasa de aceptación es cercana al 10% y que yo no veía álgebra desde la preparatoria (la constante de la ecuación). A la vez, como la mayoría de las personas que van a estudiar la maestría en ciencias políticas suelen venir de carreras que no llevan muchas matemáticas, entonces es posible que muchos estén en una situación parecida que yo, pero en realidad no lo sé bien y no sé cómo se van a desempeñar (la variable que yo no puedo controlar).

    Tomando en cuenta esto, sin necesidad de decirme: sí, sí vas a pasar. tú puedes, desarrollé mi estrategia. ¿Cuál fue? Qué tenía que partirme la madre estudiando dos semanas: dos horas entre semana y el día entero los sábados y domingos. Para mi sorpresa, pasé el examen. Yo fui consciente de que lo más probable era que, de acuerdo a la información que tenía la mano, no lo pasaría. Pero sabía que la posibilidad de pasar la etapa del examen (entre el 10% y el 20%) si bien era baja, no era imposible. Yo le aposté a mi esfuerzo y a mi talento para aumentar el valor de mi variable y, por tanto, las posibilidades de entrar, y dejé todo lo demás en mano del destino. Si no pasaba el examen no me iba a sentir mal porque sé que hice el máximo esfuerzo posible para que mi variable tuviera el máximo valor posible.

    ¿Qué hubiera pasado si hubiera visto el vaso «medio lleno»? Es posible que si hubiera pensado de antemano que «sí, si lo voy a hacer, sí lo voy a lograr» y eso tal vez me hubiera provocado cierto exceso de confianza. Saber que las posibilidades eran bajas es lo que me hizo tomar la decisión de «romperme la madre». Si, por el contrario, lo hubiera visto medio vacío, simplemente no habría confiado en mis capacidades, me hubiera abrumado y hubiera hecho un mal examen. Acerté al ver exactamente la cantidad de agua que el vaso tenía.

    Desafortunadamente no pasé la etapa de la entrevista por razones ajenas a mí (aunque podía haberme confiado, decidí no hacerlo y decidí prepararme de la mejor forma y hasta viajar para tener una entrevista presencial cuando pudo ser de forma remota). No pasé aunque me preparé de la mejor forma porque asumo que si bien mi esfuerzo influye mucho sobre el resultado, también lo tienen circunstancias ajenas a mí o que desconozco. Por eso es bueno, en estos casos, pedir retroalimentación para saber si uno puede mejorar en ciertos apartados en caso de volver a intentar.

    Wishful Thinking. El sesgo cognitivo disfrazado de actitud positiva

    Esta falsa actitud positiva o «wishful thinking» que dice que la actitud positiva significa «pensar en positivo» y deconstruir la realidad, es algo que se ve de forma constante tanto en la campaña electoral como en el desempeño de la Selección Mexicana. Por ejemplo, antes del Mundial, yo pensé que lo más probable es que México perdiera contra Alemania, la información que tenía a la mano me decía que eso es lo que ocurriría con mayor posibilidad (aunque uno sabe, que no se puede descartar en lo absoluto, por más improbable que parezca, una victoria de México, de lo contrario no hubiera visto el partido), no era una actitud negativa, porque incluso las empresas y organizaciones que se dedican a los pronósticos, pronosticaban algo similar. Ganó México contra Alemania y, como yo percibí un buen partido ante una potencia mundial, subió mi expectativa. Pero esta luego bajó cuando fue goleada por Suecia (al percatarme de que también podrían tener un pobre desempeño) y porque Corea le ganó a Alemania (a quien México le jugó bien, pero donde quedó demostrado que Alemania no venía de la mejor forma).

    Mi aproximación se puede equivocar en un deporte tan caprichoso como el futbol, pero tal vez si hubiese sido excesivamente positivo sobre el partido de México como Alemania, posiblemente hubiese visto el juego como un mero trámite. Tal vez fueron mis pocas expectativas lo que hizo que disfrutara mucho el triunfo.

    Muchos piensan que los aficionados deben tener una buena actitud, que hay que magnificar las victorias y relativizar las derrotas. La realidad es que la «actitud» en realidad no hace diferencia alguna porque los aficionados prácticamente no tenemos injerencia sobre el resultado (siento decirles a los que piensan eso de «deséalo y ocurrirá» o «lo estás decretando» que la realidad es así). La selección va a tener el mismo desempeño si tú piensas que es una basura a que si tú piensas que es el candidato ganar el Mundial.

    Algo muy similar ocurre con las elecciones. A mucha gente no le gusta que diga que es muy probable que gane López Obrador y me sugieren mantener una «actitud positiva». La realidad es que, a menos de que seamos un líder de opinión reconocido o un operador político que puede movilizar centenas de miles de votos, los ciudadanos sólo podemos incidir con nuestro voto y tal vez poco más (que alguien se ponga a convencer a dos o tres personas). La realidad es que nuestro voto es solo uno entre decenas de millones de distintas voluntades cuya mayoría posiblemente no piense igual que a nosotros.

    Es muy posible que quienes quieren aferrarse demasiado a la idea de que su candidato va a ganar, lo vayan a pasar mal el domingo cuando se anuncien los resultados. Los más extremos hasta se van a preocupar por su futuro (con la historia de que nos van a convertir en Venezuela). Si eso ocurre, como he percibido desde hace tiempo, con base no solo en las encuestas, sino en el tono de la elección, lo más probable es que yo esté tranquilo o incluso pueda estar feliz porque AMLO no ganó mayoría en el Congreso (creo que, cualquiera sea el ganador, no es deseable que en un país como México gane mayoría).

    Eso no quiere decir que una persona debe resignarse y no salga a votar (además que es su obligación como ciudadano). Al contrario, si Oráculus dice que la posibilidad de que gane AMLO es del 99.5%, existe una mínima, muy mínima posibilidad de que eso ocurra (es improbable, pero no imposible), y quien no quiere que ocurra, debería votar por su candidato. Pero también debe estar preparado para el hecho de que es muy posible que el resultado va a ser el que no quería.

    Conclusión: Es la estrategia, no la ilusión

    Pero el wishful thinking, eso que muchos tan maletiquetado como «actitud positiva», en realidad no tiene utilidad alguna más que para las utilidades de los libros y conferencias de los pseudogurús que promueven estas formas de pensamiento. Por el contrario, puede convertirse en un lastre para el individuo que se sumerge en él, sobre todo si tiene que tomar decisiones. El individuo debe reconocer que el wishful thinking (pensamiento desiderativo), al igual que el negativismo, son sesgos cognitivos que distorsionan la realidad y que entorpecen la toma de decisiones. Estos sesgos son muy comunes, pero es tarea de los individuos de reconocerlos para poder lograr interpretar de una mejor forma la realidad.

    La «actitud positiva» es algo que tarda más en desarrollarse, no le puedes decir a una persona que nunca ha cortejado a una mujer y vaya a hacerlo con una actitud positiva y esperes que le vaya bien. El ser humano necesita conocerse, necesita tropezarse, necesita experimentar, necesita fracasar de vez en cuando. Los seres humanos no somos perfectos y las ilusiones no pueden, por sí mismas, controlar nuestro destino. Eso es lo que quieren vender los libros, porque suena fácil, suena cómodo, para un mundo donde algo que nunca le falta a la gente son problemas.

    Se trate de elecciones, de selecciones, de becas en el extranjero o de decisiones familiares, el individuo siempre debe partir de una realidad objetiva la cual debe tratar de conocer en la medida de lo posible con las herramientas que tenga a la mano. Los vasos medio llenos o medio vacíos tan sólo son distorsiones de la realidad: el vaso está, en realidad, exactamente a la mitad.

  • Lo mejor y lo peor de la campaña electoral

    Lo mejor y lo peor de la campaña electoral

    Lo mejor y lo peor de la campaña electoral

    La extenuante campaña electoral que comenzó a finales del año pasado termina el día de hoy, los mítines cesarán y serán clausurados con un pomposo cierre de los candidatos a la Presidencia de la República ante miles de sus feligreses. Los spots ya no aparecerán más en los canales de televisión, sus rostros serán “bajados” de los espectaculares para dar paso a alguna tienda departamental o al anuncio de un nuevo condominio de departamentos. Las luces se apagarán y solo veremos algunos destellos en aquellos rincones que el INE todavía no termina de regular. Los mexicanos viviremos una tensa calma llamada veda electoral, que se supone será un espacio de tres días para reflexionemos y razonemos nuestro voto. Tensa calma porque, después de ella, saldremos a votar para después toparnos con la realidad: con la del candidato que triunfa, con la del derrotado, con la incertidumbre de lo que pasará, o con el júbilo y la alegría.

    Pero, además de reflexionar nuestro voto, también es importante que reflexionemos la campaña, que nos preguntemos sobre la calidad que tuvo ésta, sobre el desempeño de los medios, de los poderes fácticos, de los políticos y de la sociedad dentro de esta. La calidad de las campañas electorales habla mucho del país que las lleva a cabo y todos aquellos que están involucrados. Es una forma de “prueba a nosotros mismos”, de mostrar qué tan a la altura nos encontramos. Por eso es imperativo analizar qué cosas se hicieron bien y qué cosas se hicieron mal. Dicho esto, comenzaré hablando de aquello que me pareció positivo de las campañas:

     

    Lo positivo de la campaña electoral

     

    1.—Verificado y Oráculus

    Verificado fue una iniciativa que es una suerte de continuación y expansión de una herramienta que se creó a raíz del sismo del añó pasado. Con sus virtudes y sus defectos (no estuvo exenta de errores) Verificado fue una herramienta que sirvió para que la sociedad “verificara” la veracidad de la información que consumía en redes sociales. Muchos de derecha e izquierda, desde su disonancia cognitiva, criticaron esta herramienta, unos lo llamaban “VerificAMLO” y los otros decían que era de “la mafia del poder”, lo cual tal vez sea reflejo de que esta herramienta tuvo éxito.

    Oráculus, por su parte, fue un agregador de encuestas sofisticado y que replica de alguna forma el trabajo que hizo Nate Silver en las elecciones de Estados Unidos, donde los usuarios pudimos ver las tendencias de una forma más clara y precisa que las encuestas aisladas. Hasta el día de la elección sabremos qué tan acertada estuvo esta iniciativa de Javier Márquez (que también será responsabilidad de las casas encuestadoras), pero sin duda Oráculus representó una gran evolución sobre la forma en que analizamos las encuestas en nuestro país.

    2.- Foros de opinión y espacios de debate en televisión.

    Es notoria la evolución que tuvieron los medios de comunicación dentro de las elecciones, sobre todo si lo comparamos con sexenios anteriores. Me sorprende, sobre todo, el trabajo que ha hecho Televisa con las mesas de debate entre coordinadores de campaña y los análisis con diversos especialistas tanto de derecha como de izquierda en La Hora de Opinar. Es cierto que las mesas con los coordinadores de campaña tenían un nivel más bien malito y en algunas ocasiones llegaba a ser cansino, pero esto no era culpa del formato sino de los propios coordinadores que aportaban más bien poco. Pero no sólo Televisa hizo un buen papel: Aristegui Noticias o El Financiero hicieron una muy buena cobertura en estas elecciones. Si el televidente quería contrastar ideas o propuestas, tuvo en los medios a un gran aliado. 

    3.- Los formatos del debate del INE

    La mejora en los formatos fue de grandes proporciones. Por fin hubo voluntad política para mejorar esos formatos acartonados a los que nos tenían acostumbrados. Que se pueden mejorar cosas, que si los candidatos se atropellaban con el tipo o que el segundo debate de formato Town Hall solo lo fue a medias: sí, pero también es importante entender que todavía tenemos poca experiencia en estos formatos y es necesario pasar por una curva de aprendizaje. A partir de ahora, los formatos ya no van a volver a ser lo mismo, incluso a nivel local donde poco a poco fueron adoptando, con mayor o menor éxito, estos formatos. 

    4.- El humor

    La campaña es cosa seria, pero eso no significa está mal que de pronto riamos un rato con lo que ocurre dentro de estas elecciones. Ciertamente regresó el programa de El Privilegio de Mandar, pero yo me quedo con un canal llamado Política Piñata, una sencilla pero muy graciosa propuesta de comedia sobre política y elecciones. Los memes, como siempre, también hicieron su papel. 

     

    Lo negativo de la campaña electoral

     

    1.—La violencia

    No podemos esperar que el gobierno nos proteja a los ciudadanos de la inseguridad si ni siquiera puede hacerlo con los candidatos. Tristemente, el crimen organizado y el narcotráfico jugaron su papel en esta contienda con el fin de mantener o extender su área de influencia, lo cual ocasionó que durante estos meses escucháramos noticias de candidatos que fueron asesinados por el crimen

    2.- La terna de candidatos a la Presidencia

    La verdad, la puritita verdad, es que la terna de candidatos que la «clase política» nos ofreció fue bastante pobre. Algunos tal vez más preparados que otros, otros con un mejor diagnóstico que otros, pero la oferta fue bastante mala, sobre todo en el contexto actual del país. Siendo realistas, ni uno de ellos representa una candidatura que esté a la altura de los problemas del país. Entre la continuidad de lo que está mal y el cambio de manufactura dudosa, los ciudadanos tendremos que decidir nuestro voto por alguno de estos candidatos que no hacen más que representar a una clase política decadente.

    3.- Los debates

    Una cosa es el formato de los debates y otra cosa son los debates, cuyo éxito o fracaso depende de la calidad de los candidatos. Los formatos más novedosos solo magnificaron la magra calidad de las candidaturas. Los candidatos se abocaron a atacarse, a ofrecer propuestas populistas y paternalistas y a hacer bromas. De los debates nos quedarán en la memoria aberraciones como «mochar manos» o «Ricky Riquín Canayín». Los candidatos ni siquiera pudieron estar a la altura de los formatos de debate que presentó el INE.

    4.- El papel acrítico de algunos líderes de opinión

    Los sesgos cognitivos no se pueden criticar como tales porque suelen ser parte de nuestra condición con nuestros seres humanos. Así, se entiende que alguna persona no mida a dos candidatos con la misma vara o insista en que «todas las encuestas están amañadas» para pensar que su candidato todavía tiene posibilidades de ganar. Que los líderes de opinión simpaticen con algún candidato y lo muestren está bien, pero más allá del natural sesgo cognitivo que suele acompañar a la simpatía de un candidato, algunos académicos y líderes de opinión han tomado una postura totalmente condescendiente con López Obrador, justificando lo que no tiene forma de justificarse, cuando por su figura de intelectuales deberían, de alguna u otra manera, reconocer las debilidades y errores del candidato (que los tiene, como todos). Esto es importante mencionarlo ya que los candidatos se sostienen sobre sus bases, y no creo que sea sano tener una base sin capacidad de crítica.

    5.- Los influencers

    Todos sabemos que el papel que tiene el influencer en la sociedad (aquella persona que tiene influencia en medios digitales por medio de Youtube y servicios afines) ha venido creciendo no solo en México, sino en casi todo el mundo. Lamentablemente, varios de ellos sólo han contribuido a polarizar el discurso y a desinformar a la opinión pública, además de que las ofertas para poder seguir las elecciones por medio de estos formatos fueron más bien escasas (una de las razones por las que colaboro en «Sin Comentarios»). Callo de Hacha es el ejemplo icónico de lo que digo, un influencer que evidentemente parece estar trabajando al servicio de una corriente política que se encarga de replicar mentiras para desinformar a la población y rentabilizarlo electoralmente. Algo no muy diferente podría decir de Antonio Attolini, aunque al menos el reconoce públicamente que está trabajando para MORENA. 

    6.- Las fake news

    En estas elecciones tuvimos, más allá de los esfuerzos de los medios que se deben reconocer, poco nivel de discusión y debate. En cambio, los mexicanos nos sumergimos en un mar de desinformación que solo envilece el proceso electoral. Facebook y Twitter se llenaron de fake news, que no solo son producto de las estrategias de campaña, sino de la incapacidad de los usuarios de las redes de corroborar la información. Ni hablemos de los grupos de Whatsapp que se infestaron de estos contenidos. A pesar de iniciativas como Verificado que intentó, en la medida de lo posible, contrarrestar este efecto, todavía no hay una cultura donde el usuario verifique el origen de los contenidos que consume y comparte.  

    7.- Trampas e ilegalidades

    Tomando en cuenta que falta esperar el desempeño del INE y el Tribunal para calificar la elección el primero de julio, el papel de las instituciones ha dejado mucho que desear. Que el Tribunal haya otorgado la candidatura al Bronco es una aberración por todas las ilegalidades cometidas. De la misma forma, el papel del Gobierno Federal al utilizar instituciones como la PGR de forma facciosa para atacar al candidato Ricardo Anaya es muy criticable y tan solo es reflejo de la debilidad institucional en nuestro país. 

    Conclusión

    Si pudiera sacar una conclusión de este análisis, entendiendo que una campaña electoral es el reflejo de la vida pública, política y social de un país, diría que tenemos una clase política decadente y a la vez tenemos una sociedad civil que dentro de algunos sectores se encuentra pujante, pero que todavía no ha crecido lo suficiente como para contagiar tanto a la clase política como a la sociedad en su conjunto. Pareciera que los diversos sectores se encuentran en distintas etapas de evolución, e incluso dentro de los mismos sectores vemos discrepancias. La buena noticia es esa, que dentro de la sociedad civil se está gestando un cambio, pero le hace falta consolidarse para, a partir de sí misma, comenzar a realizar transformaciones que ayuden a renovar el quehacer político del país. 

    Tuvimos una campaña de manufactura mediocre a lo que se suma la poca competitividad que hubo dentro de ella (con López Obrador siempre en un inalcanzable primer lugar). Estoy seguro que la gran mayoría de los mexicanos ya quiere que «se acabe todo esto», y creo que las autoridades deberían considerar seriamente en acortar los periodos de campaña, de verdad son extenuantes. 

  • El voto útil y sus recovecos

    El voto útil y sus recovecos

    El voto útil es una de las características más importantes de las elecciones democráticas, sobre todo en las que hay más de dos candidatos contendiendo. Este lo ejerce el elector que saldrá a votar, no por un político con el que esté casado (voto duro), sino por el que le parece menos peor. Es, en cierto sentido, un voto estratégico (lo que no implica que en todos los casos sea racional). 

    Generalmente el voto útil suele concentrarse a favor de un candidato, y este es el que tiene más posibilidades de ganarle al puntero. Muchos electores, a sabiendas de que su candidato favorito no va a ganar, se inclinan por otro, que es el que más les agrada de los otros o el menos peor de los contendientes restantes. Esto no significa que absolutamente todos los votos de un candidato se vayan hacia otro, ni que todos se vayan hacia al mismo, pero sí suelen trasladarse de forma más favorable hacia uno que hacia otro.

    En estas elecciones hay dos modalidades de voto útil: el más grande es el voto anti PRI, compuesto por quienes desean castigar al gobierno actual y sacarlo del poder. El otro es el voto anti AMLO, no tan grande, pero que juega su papel en estas elecciones. Es posible que un elector sea parte de ambos votos al mismo tiempo, es decir, que vote contra el PRI y contra AMLO al mismo tiempo (siendo el beneficiario Ricardo Anaya o inclusive Jaime Rodríguez «El Bronco»).

    Lo que ocurre en nuestra elección es algo sui géneris. Algunos, de forma ilusa, y con una mala lectura del contexto electoral, esperan que el voto útil se concentre en contra de López Obrador. Eso no ha ocurrido porque el voto anti PRI es más grande y porque también parece haber surgido uno en contra de Ricardo Anaya (lo que explica el descenso que ha tenido en las encuestas en las últimas semanas). Entre varios votos útiles el que se impone es el más grande y este es el voto anti PRI.

    Estamos viendo que las campañas de Ricardo Anaya y José Antonio Meade están intentando acaparar el voto útil contra AMLO. Para ello, ambos candidatos están moviendo mar y tierra para convencer al electorado de que van en segundo lugar. Por ejemplo, la campaña de Anaya muestra encuestas en las cuales su ventaja contra AMLO es la más estrecha (aunque en todos casos es muy amplia) y muestra al candidato en un claro segundo lugar. En el caso de José Antonio Meade lanzaron un portal para llamar al voto útil con base en ¡sondeos de Facebook!

    Si esta batalla tuviera que ver con la ambición de alcanzar la Presidencia, las noticias para Meade y Anaya serían muy malas. Ambos se encuentran casi empatados en las últimas encuestas y eso es un problema porque la gente no sabrá a quién orientar su voto útil. Lo más probable es que terminen votando por «su candidato». 

    Fuente: Consulta Mitofsky

    Pero, a juzgar por las encuestas, la batalla por el segundo lugar no tendría el ulterior propósito de alcanzar a López Obrador (menos cuando falta una semana para las elecciones) sino el de obtener la mayor cantidad de votos posibles para obtener más votos en el congreso, gobernaturas y alcaldías. Tal vez sea tarde para aspirar a la Presidencia pero no lo es para acaparar el poder político posible como oposición. Naturalmente las campañas tratarán de convencer a los electores de que todavía pueden ganar la Presidencia para que salgan a votar por ellos y eso se refleje en los votos que realmente están buscando.

    Tal vez por eso el voto útil contra AMLO no va a definir la elección aunque los candidatos insistan en que sí lo hará, y lo hacen así no para evitar que llegue al tabasqueño, sino para quedar lo mejor parados posible con los suficientes accesos al poder para mantenerse vigentes. El PRI no quiere caer en la irrelevancia y Anaya no quiere perder influencia en su partido. 

  • ¿Por quién voy a votar?

    ¿Por quién voy a votar?

    A una semana de las elecciones ya he definido mis votos. A diferencia de ocasiones pasadas, y después de consultarlo con mi cerebro, por fin definí mi voto casi el día de la elección. 

    Dicen que los que escriben u opinan no deberían decir por quién van a votar para que no se preste a malas interpretaciones o se crea que tal columnista simpatiza con x o y partido. En realidad, solo los votos que le daré a Wikipolítica los daré por convicción en un proyecto, los otros son una suerte de voto útil donde no termino de simpatizar por los candidatos que voy a votar pero que me parecen mejores opciones. 

    Empecemos pues:

    Presidencia de la República – Voto nulo.

    Así es, anularé mi voto a Presidente de la República. Hay quienes dicen que es «tirar tu voto» o que es como «no salir a votar». Yo discrepo. 

    Hay dos razones por las que alguien votaría por un candidato: porque simpatiza con él, con su partido o sus ideales, o porque quiere ejercer el voto útil contra otro candidato. Pero yo pienso que el voto útil tiene límites. Uno vota de esa manera por un candidato que no le termina de convencer pero que no es lo suficientemente malo para no votar contra él, pero cuando ya es «suficientemente malo» entonces el voto deja de ser útil.

    Bueno, a menos que el otro candidato sea… Hitler o Mao o una cosa así. 

    A ninguna de las opciones las considero como «no suficientemente malas». López Obrador no me parece una alternativa real de cambio y es una apuesta al pasado. A pesar de que es el único que «conoce al México de abajo» y que aborda temas que la gran mayoría de los políticos ignora, sus soluciones, más bien de corte populista, pueden llegar a ser contraproducentes. Si bien yo nunca he creído esa historia de que convertirá a México en Venezuela, creo que no representa el camino correcto que nuestro país debe de seguir y su postura maniquea (tanto de él como varios de sus seguidores) no es algo que desearía ver en nuestro país. 

    Ricardo Anaya, aunque valoro su ambición por aprender así como su inteligencia, me parece una persona que no es confiable, que no tiene sustancia, no tiene ideales y tampoco me parece una persona honesta. Algunas propuestas pueden gustar y otras no tanto, pero no existe un eje rector que les de forma. Toda su estrategia es de un orden pragmático orientado a la búsqueda de votos y no a un ideario. No sabemos cómo va a gobernar, ni con quien va a gobernar, y dejarle el poder a un hombre con una ambición suficientemente excesiva como para traicionar a todos los que le tendieron la mano no creo que sea una buena idea. La ambición suele ser una virtud en política, excepto cuando se vuelve excesiva o hasta enfermiza (casos como el de AMLO y el del propio Anaya). 

    José Antonio Meade pues… es el PRI, además de que, a pesar de presumirse honesto, se ha insertado en una dinámica sucia y falta de ética y valores como lo ha sido el uso faccioso de las instituciones contra un candidato (Anaya) y demás juegos sucios. Es una persona que tiene experiencia y está preparado en sus áreas como burócrata, pero como político ha sido muy displicente (sobre todo en temas de corrupción) y es parte de una élite política (llámese Videgaray, Ernesto Cordero y demás) más bien corrupta. 

    El Bronco pues… ¡quiere mochar manos!

    Sobre lo de «tirar el voto» diré lo siguiente: prefiero dormir tranquilo sabiendo que no voté por algún candidato u opción que detesto, en tanto que mi voto, si lo vemos desde un punto de vista pragmático y calculador (como quienes insisten en que no «tire mi voto») sólo cambiará el resultado de elección sí y solo sí la diferencia entre el puntero y el segundo lugar es de un solo voto. Al anular mi voto, estoy cumpliendo con mi obligación de salir a votar. En resumen: pesa más mi conciencia tranquila que lo que mi voto pueda incidir en el resultado final.

    El otro argumento en contra de esta postura es que anular al voto beneficia al puntero: las elecciones están en un escenario donde el triunfo de un candidato (López Obrador) está casi decidido y donde percibo que mi voto por alguno de los cuatro candidatos tendría más bien un significado simbólico. Entendiendo que la victoria de AMLO es prácticamente inminente, varios de mis votos irán en el sentido de crear contrapesos hacia su gobierno. 

    Senador de la República – Pedro Kumamoto (Wikipolítica)

    La razón es simple, tengo esperanza en este movimiento y, aunque pudiera llegar a tener discrepancias en algunos temas puntuales y aunque creo que al movimiento le hace falta definirse más ideológicamente, comulgo con la esencia de Wikipolítica y creo que, bien llevado, podría irrumpir de forma agradable en el escenario político. Me parece que en este movimiento hay personas muy valiosas y Pedro Kumamoto es una de ellas.

    La otra razón es que ellos funjan como contrapeso ante el gobierno de López Obrador. No sólo es un voto por Pedro, también es un voto para que MORENA no tenga mayoría en el congreso y tenga contrapesos. 

    Diputado Federal – Rodrigo Cornejo (Wikipolítica)

    Junto con lo que mencioné anteriormente, agregaría que me agrada la visión que tiene Rodrigo Cornejo (o al menos la que le conocí cuando fui a la reunión a la que me invitaron). Hace pocos días tuve la oportunidad de conversar con él y me dejó una agradable impresión, vi en él a alguien que no es conformista, que tiene ambición por aprender para desempeñarse de la mejor manera. 

    Gobernador de Jalisco – Enrique Alfaro (Movimiento Ciudadano) 

    Hay cosas que no me terminan de convencer de este personaje: tiene un talante algo autoritario y no es agradable con quienes disienten con él. Creo que, dejando del lado el tema de los problemas de inseguridad (donde también es responsable el Gobierno de Jalisco presidido por el PRI), creo que es un político muy eficiente, en muchos aspectos gobernó bien la ciudad. La otra opción sería Miguel Castro del PRI, uno de los pocos candidatos de ese partido por los que votaría porque es una persona con una trayectoria limpia, pero se encuentra en un tercer lugar. 

    Votaré por Alfaro porque el candidato de MORENA, Carlos Lomelí, es una persona de muy dudosa reputación, producto de una selección de candidatos muy descuidada y arbitraria de ese partido que tiene como fin llevar a AMLO al poder y no postular a buenos candidatos. También votaré por él porque creo que como Gobernador podrá ser un fuerte contrapeso frente a López Obrador. 

    También creo que dentro de MC, a pesar de tener algunos expriístas o expanistas, hay varias personas muy valiosas y sangre fresca que pueden aportar cosas muy interesantes. 

    Alcalde de Zapopan – Pablo Lemus (Movimiento Ciudadano)

    A grandes rasgos, estoy satisfecho con la gestión e Pablo Lemus en Zapopan (recordemos que los alcaldes ya se pueden reelegir una vez) y votaré por la continuidad. No hay más que decir.

    Diputada Local – Susana Ochoa (Wikipolítica)

    Susana llegará a ocupar la curul que ocupó Pedro Kumamoto. También es alguien que he tenido la oportunidad de conocer y conversar y me parece una persona que puede aportar mucho. Es alguien a quien le veo mucho futuro. El hecho de que una mujer con una visión de avanzada nos represente en la cámara local me parece algo muy deseable. 

    Conclusión:

    Sé que no a «todo el mundo» le gustará mis decisiones, aunque naturalmente no me importa porque votaré por lo que creo que es lo mejor y no por quedar bien con «todo el mundo». Como ha sido mi constante en las elecciones, no tengo la intención de persuadir a la gente a votar por alguien y simplemente comparto las razones por las que votaré por los candidatos que acabo de mencionar. 

     

  • Las elecciones me tienen hasta la madre

    Las elecciones me tienen hasta la madre

    Las elecciones me tienen hasta la madre

    Quiero confesar algo a mis lectores: estoy hasta la madre de las elecciones.

    Hasta hace unos meses, pensé que en las últimas dos semanas iba a estar escribiendo constantemente sobre el tema, de forma apasionada, una y otra vez, para compartir mis lecturas sobre el proceso electoral. Pero si ustedes se fijan, mis dos últimos artículos ni siquiera trataron de ello. 

    En realidad, me ocurre constantemente que cuando quiero escribir algo sobre las elecciones no tengo idea sobre lo que pudiera hablar. Tal vez porque ya analicé demasiado a los candidatos, porque ya hice lo propio con el entorno que rodea a las elecciones, porque siento que ya no hay nada relevante que aportar (y no tiene que ver con capacidades, sino que, día a día, vemos más de lo mismo).

    Creo que mucho tiene que ver la calidad de las candidaturas a la presidencia que tenemos. Muchos de nosotros no estamos entusiasmados con ninguno de los candidatos. Algunos están pensando en ejercer el voto útil, a otros nos comienza a pasar por la cabeza incluso la idea de anular el voto. Muchos queremos un cambio y estamos hartos del sistema político actual, pero las opciones que pretenden representarlo (como Ricardo Anaya y López Obrador) dejan muchísimo que desear.

    Partimos de ahí, de que, a diferencia de las elecciones pasadas, no hay algún elemento que entusiasme. En 2000 era el cambio de régimen (que terminó decepcionando a muchos, ciertamente); en 2006 lo que conmovió fue la cerrada batalla entre AMLO y Felipe Calderón; en 2012 fue el surgimiento del movimiento #YoSoy132 para protestar contra lo que se venía con el PRI. En 2018 no hay nada, y no lo hay porque tenemos una clase política totalmente desprestigiada a la cual remata esa crisis de representatividad que se propaga por todo Occidente.

    Las elecciones se han vuelto muy predecibles. Era predecible que los opositores de AMLO (sobre todo el PRI) fueran a lanzar una campaña de guerra sucia y era predecible que no fuera a funcionar porque estas elecciones trataban sobre un profundo hartazgo y no sobre el miedo. Tal vez la parte más llamativa (si pudiera llamarse así siquiera) fue la guerra entre Anaya y Meade-PRI-Gobierno, pero no era una batalla con el puntero, sino una entre el segundo y el tercer lugar. Hasta el casi inminente triunfo de AMLO se veía predecible. Desde hace tiempo había comentado en este espacio que si ningún partido postulaba a un candidato honorable que representara una ruptura con el ethos político actual, López Obrador no tendría problemas para ganar la elección. 

    Los formatos de debate mejoraron bastante, ciertamente, pero no la calidad de los candidatos a los que les quedó grande el escenario. Los formatos novedosos solo sirvieron para exhibir la pobreza de los candidatos que tenemos, quienes prometen hasta lo que no porque no conocen otra forma de llamar la atención de sus electores. Hemos visto a candidatos con tan poca sustancia que las bromas y las mofas son lo que más queda en nuestro recuerdo. Hemos visto a cierto sector de la clase intelectual despojarse de su espíritu crítico para aferrarse ciegamente a un candidato, aunque para ello tengan que torcer la realidad. 

    El bajo nivel discursivo del debate, tanto por los candidatos, los estrategas de campaña e incluso los electores, es otra razón por la cual las elecciones me tienen hasta la madre. Ver las redes sociales llenas de fake news que muchos se creen a pies juntillas, los rumores falsos, las mentiras y las calumnias, termina por ser cansado. En unas elecciones se definen muchas cosas y parece que nuestro país no está a la altura de su propia circunstancia.

    También es frustante ver la tremenda polarización a cambio de nada, por unos candidatos que poco representan a los ciudadanos. En mi particular punto de vista, me frustra ver cómo personas pierden amigos o se agreden por candidatos a quienes no les importan más allá del voto que van a emitir. Es frustrante la corrección política que parece fomentarse dentro de las discusiones donde criticar a un candidato te garantiza una lluvia de juicios de valor hacia tu persona.

    Estas elecciones no entusiasman. Creo, porque muchos reconocemos, que cualquiera que sea el resultado de las elecciones, los problemas de nuestro país van a cambiar más bien poco. Tal vez nos terminemos dando cuenta que es iluso aferrarse a un simple cambio de mando para esperar un cambio.

  • Con Trump ¿dónde jugarán los niños?

    Con Trump ¿dónde jugarán los niños?

    Con Trump ¿dónde jugarán los niños?

    El slogan de Trump, ese «Make America Great Again» siempre apeló a ese Estados Unidos blanco, en el cual las otras razas estaban condenadas a formar parte de la base de la pirámide y a no tener los mismos derechos de los primeros. Eso explica que su gobierno no haya tenido ningún empacho a separar a los niños de sus padres. 

    Las imágenes y videos que circularon por las redes sociales donde había niños enjaulados cubiertos con hojas de aluminio dentro de un almacén o un recinto que había sido abandonado por Wal Mart en Texas son muy crudas. Esas imágenes, que causaron una gran indignación, evocaron a muchos (yo incluido) imágenes de eventos pasados que ya creíamos superados. Pero los seres humanos podemos llegar a ser tan imbéciles como para volver a repetir la historia. 

    A Trump se le debe de llamar por lo que es: un fascista, cosa que los medios de comunicación en Estados Unidos temen hacer. Pero este tipo de medidas no permiten categorizarlo de otra forma. 

    Trump se excusó en la «falta de efectividad y debilidad de los demócratas» con respecto a la seguridad fronteriza. Dijo que era tiempo de «cambiar las leyes» pero no hay ninguna ley que requiera la separación de familias, fue la decisión de la administración Trump de hacerlo. La mayoría de los estadounidenses (incluyendo algunos republicanos) reprueban estas medidas, pero hay quienes, como el fiscal general Jeff Sessions, tienen el empacho de citar la Biblia para justificar estas políticas al decir que «se debe obedecer la ley porque Dios lo ha ordenado con el propósito del orden», un argumento que se utilizó constantemente incluso por los esclavistas de Estados Unidos

    Muchos padres que cruzan la frontera con sus hijos o familia están siendo deportados sin ellos. A los padres los regresan mientras sus hijos permanecen confinados en jaulas donde pasarán meses o años sin que sus padres los puedan ver o recuperar. Los padres tienen dos opciones: que los niños queden bajo custodia de algún familiar en Estados Unidos (evidentemente que resida de forma legal) o que sean regresados a las autoridades del país que provienen (no con sus padres), pero en la práctica esto no siempre sucede así ya que debido a «cuestiones burocráticas» los niños permanecerán detenidos meses o años. 

    Quienes son más afectados naturalmente son los niños. Estos niños seguramente terminarán con severos trastornos psicológicos al haber sido separados de sus padres y ser recluidos en una jaula donde lo único que tienen a la mano son botellas de agua, bolsas de papas fritas y telas de aluminio, donde se encuentran junto con personas desconocidas, donde se sienten inseguros y lo cual seguramente les afectará demasiado en su desarrollo psicoemocional. Seguramente estos niños desarrollarán fuertes trastornos de ansiedad, un escaso control del manejo de sus emociones e incluso podrían llegar a sufrir problemas psicóticos como esquizofrenia en los casos más extremos. No solo los están separando de sus padres, literalmente casi están cancelando su futuro.

    ¿Cuál ha sido la respuesta de las autoridades mexicanas? indiferencia. No hemos visto una postura enérgica de nuestras autoridades, de hecho, Enrique Peña Nieto no ha hecho declaración al respecto y Videgaray lo hizo tarde:

    Parece que Peña está más preocupado por su pellejo y sus intereses en las elecciones que por la forma en que están siendo tratados los niños que migraron de nuestro país y que están sufriendo, lejos de sus padres, por las políticas inhumanas de Donald Trump, quien, seguramente ante la presión y el alto costo político que estas políticas le estaban acarreando, firmó una orden ejecutiva para terminar con la política de separación de familias (que él mismo se sacó de la manga). 

    Trump nos enseñó que los seres humanos podemos ser lo suficientemente estúpidos como para retroceder a un oscuro pasado que ya había sido superado. 

  • México, de la histeria a la historia

    México, de la histeria a la historia

    México, de la histeria a la historia
    Foto: EFE

    A diferencia de lo que piensan algunas personas, yo sí creo que un triunfo como éste es benéfico para la sociedad e incluso para la autoestima nacional. Es importante por varias razones: porque la selección es uno de los pocos elementos que crea una cierta cohesión y orgullo patriótico, y porque en un país donde las malas noticias y la frustración son la constante, una victoria de este tamaño, y que debe ser considerada la victoria más importante de México en la historia de los mundiales, ayuda, aunque sea de forma temporal, a mantener cierta fe, cierta esperanza en su país.

    Las élites políticas de los países lo saben, por eso es que se suele edulcorar la historia nacional de tal forma que los ciudadanos puedan forjar una identidad de la que se sientan orgullosos: los padres fundadores en Estados Unidos, los héroes de la Patria en México, por poner un ejemplo. Las selecciones nacionales fungen para los habitantes de su país como una extensión de esa identidad. Por eso es que los mundiales generan una gran expectación. Los aficionados asisten a las gradas con elementos típicos de su nación: los mexicanos acuden con sus sombreros o sus máscaras de lucha libre, los alemanes con sus cánticos que se pueden remontar hasta la Prusia de hace dos siglos. 

    La narrativa de México en los mundiales es la de un país entrón, que le echa ganas, que no se raja (como diría Octavio Paz) pero que en el momento más importante le flaquea las piernas. El aficionado relaciona dicha narrativa con lo que ve en su país: una nación de gente brava y trabajadora, pero que es incapaz de organizarse, que en los momentos importantes no logra trascender y se queda en la orilla. Por eso se dice que México tiene todos los recursos para ser un país de primer mundo y nada más no lo logra.

    La victoria sabe muy bien por eso, porque rompe de forma contundente con una narrativa mediocre con la que se suele representar a la selección, y de la que se dice, es reflejo de lo que ocurre en nuestro país (independientemente de qué tan certero pueda ser este argumento). Sabe muy bien porque México venció a una selección caracterizada por su disciplina, trabajo en equipo y mentalidad ganadora, precisamente los valores de los que se dice, México carece, tanto como selección como en el ámbito cultural. Haberle ganado a una selección de tales proporciones hace sentir al mexicano muy orgulloso; pero lo más importante, le hace sentir que tiene menos limitaciones de las que creía tener. La victoria es de tales proporciones que casi nadie la pronosticó, y quienes lo hicieron, lo hicieron como consecuencia de un acto de fe ciega más que del análisis de las selecciones y de su historial.

    También sabe bien porque la selección venía muy cuestionada, tanto por su desempeño futbolístico, por las decisiones del técnico, así como por el comportamiento de los jugadores (a quienes se les criticó por contratar escorts). En realidad, los analistas y la mayoría de la afición, tenían pocas expectativas. Algunos se daban con que México no fuera goleado. 

    Festejar esta victoria es muy válido. Sí, técnicamente los artífices de la victoria son los jugadores y el cuerpo técnico y no nosotros, pero una selección va a representar toda una cultura ante el mundo, ante los demás países, ante la prensa. Si no se concibiera a las selecciones nacionales como representantes de naciones, de culturas, de sistemas de creencias, la Copa del Mundo no tendría razón alguna de existir. El Mundial es un escaparate donde los jugadores van a representar a sus países y todo lo que ello significa. 

    Esta victoria es, hasta el día de hoy, la más importante para México en la historia de los mundiales. México nunca había vencido a una potencia de élite en un mundial ni había vencido a Alemania. Hace dos mundiales venció a Francia, pero esa selección venía bastante desdibujada que incluso se había clasificado injustamente. Hoy se enfrentó a una Alemania que tiene una selección de élite, que era (y tal vez sigue siendo), junto con Brasil, una de las favoritas para ganar la Copa del Mundo.

    Festejar este triunfo, producto de un gol de «El Chucky» Lozano, de un primer tiempo donde le dio un baile a los alemanes y de un segundo donde defendieron con sudor y cansancio la ventaja, es completamente válido. Decir que se trata de una distracción «de lo que más importa» es un absurdo. Cualquier persona sabe la real dimensión que tiene este triunfo y nadie en su sano juicio pensaría que un triunfo de estas magnitudes acabará con los problemas de nuestro país. Termino como comencé: es muy sano festejar en medio de un México que habla de corrupción, inseguridad e impunidad, y es sano recordar que México es más que eso.  

  • Acabar con la corrupción

    Acabar con la corrupción

    Acabar con la corrupción

    Hace unos años iba manejando con un amigo a un antro, él me hablaba de Peña Nieto, sobre la corrupción del PRI, los políticos que roban. Cuando llegamos no encontrábamos estacionamiento. Muchos de los automóviles se estacionaban en un camellón prohibido y todos los que estaban parqueados ahí ya tenían la multa en el parabrisas. En eso mi amigo me dijo: -Oye Álvaro, ¿por qué no estacionas el coche en el camellón, le quitas el papel de la multa a un coche y se lo pones al tuyo para que los agentes de tránsito piensen que ya te multaron y no te hagan nada?. Naturalmente yo le dije: -A ver ¿qué no estábamos hablando sobre la corrupción?

    Prometer no empobrece, prometer es fácil. López Obrador ha prometido acabar con la corrupción de forma tan insistente que hasta su frase «vamos a acabar con la corrupción» se ha convertido en una especie de muletilla. Su teoría consiste en que si él es honesto y no es corrupto, entonces nadie lo va a ser.

    Se agradece que él procure no ser corrupto, pero es iluso pensar que la voluntad de una persona se vaya a trasladar a toda la población en su conjunto. ¿por qué? Porque la corrupción es, en gran medida, una respuesta a un sistema que no funciona, a un Estado de derecho muy débil incapaz de hacer valer las leyes. Más que un problema cultural (como bien decía Peña Nieto) es un problema más bien estructural, que ciertamente termina permeando en la cultura y de la cual la sociedad también es corresponsable. 

    Fortalecer el Estado de derecho es una tarea bastante complicada que puede tomar más de una generación y cuya responsabilidad no solo es del gobierno sino de la sociedad misma. Requiere extirpar las prácticas que están impresas en el ethos mexicano y que han sido consideradas por muchos la manera natural de convivir. Es una tarea muy difícil.

    Para acabar con la corrupción también es indispensable una sociedad que critique estas prácticas, y que esa crítica vaya más allá de las simpatías partidistas. Muchos de quienes van a votar por López Obrador lo harán porque están, dicen, hartos de la corrupción, pero al mismo tiempo buscan recovecos y tuercen sus argumentos para justificar las acusaciones de corrupción en contra de Layda Sansores. Si López Obrador adjudicó un proyecto sin licitación a un tercero no es malo, pero si lo hacen sus opositores entonces son de lo peor. Difícil es aspirar a acabar con la corrupción cuando el líder que promete llevar a cabo de esa empresa es permisivo en cuanto a los actos de sus subalternos y más difícil es cuando gran parte de sus seguidores hacen como que ignoran lo que pasa y juzgan los casos con un doble estándar.

    La voluntad de un mandatario frente a la corrupción es muy deseable, pero no es, de ninguna forma, condición suficiente. 

    Y quienes esperan que la simple llegada de una nueva persona a Los Pinos vaya a acabar con la corrupción y vaya a convertir a México a algo parecido a un paraíso nórdico deben de saber que están muy, pero muy equivocados.