Muchos de los que ya me han leído en este sitio conocen mi posición frente al aborto y la adopción entre hijos. Pero caray, déjenme hacer números, a la marcha por la paz, fueron 2,000 personas, a la marcha en favor de la vida fueron 5,000, me llama la atención. No estoy en contra de que un grupo de conservadores se manifieste a favor de la vida y de que se reviertan todas las legislaciones que se han hecho en el DF (matrimonio entre homosexuales, aborto, adopción por parte de parejas gay etc…), pero lo que si me impresiona que en mi ciudad les afecte más ver a dos hombres (o mujeres) besuqueándose en la calle, que ver personas ultimadas por culpa del narcotráfico. La marcha que fué lidereada por Norma Edith Martínez Guzmán dobló en cantidad de gente a la lidereada por la maestra Erika Loyo y la FEU.
Dentro de una democracia, tanto liberales como conservadores tienen derecho a manifestarse. Y creo que nadie debería impedir el libre derecho a estas personas a manifestarse en contra de las reformas que llevaron a cabo en el Distrito Federal. Pero si me preocupan los signos de intolerancia que se muestran en estas marchas hacia los homosexuales (como lo muestra la fotografía principal), lo cual hizo que muchos críticos le llamaran «la marcha antigay«. Podemos debatir sobre el aborto, porque está implicada una vida; podemos debatir sobre la adopción homosexual, porque no hay nada que nos asegure que el hijo vaya a crecer dentro de un ambiente sano (debería en este caso hacerse una seria investigación científica y no dogmática). Pero hablar de no tolerar a los homosexuales per sé, es ya otro tema, y creo que en este caso se estaría tolerando la intolerancia.
Yo no sé si es natural el ser gay, no se si sea una neurosis o sea parte intrínseca del ser humano (siempre han existido homosexuales). pero es un problema que atañe a terceros, y en una sociedad avanzada, se deben de respetar las decisiones de terceros, valga la redundancia; mientras estas no afecten a otras personas. Igual que el ser gay, tampoco se si la homofobia sea una neurosis o un mal que se deba de tratar psicológicamente, porque me pregunto ¿en que afecta ver a una pareja de gays?. Yo lo admito, que cuando veo una pareja de «locas», como les suelen llamar a los gays que son exhibicionistas, me dan «ñáñaras«, pero sé que no están afectando a nadie, ni creo que su comportamiento esté convirtiendo a todo mundo en gay, lo cual me obliga a no entrometerme y a respetar.
Así como muchos en las marchas por la paz reclamaban que se estaban integrando células radicales de izquierda (lo cual sucedió en la marcha de Sicilia), yo reclamaría también la integración de mentalidades retrógradas que quieren eliminar a los gays de la faz de la tierra. Lo cual, lamentablemente nunca van a lograr, porque como he comentado, la homosexualidad siempre ha existido y está bien documentado. Está bien que existan conservadores y liberales y debatan sobre el tema, pero es peligroso cuando se traspasa los límites de la tolerancia. Yo he conocido gente gay, y además de caracterizarse por ser gente muy trabajadora, es gente muy creativa, y claramente, tienen buena sensibilidad, habilidades que pueden ser aprovechadas en aras al mejoramiento de la sociedad.
No puedo estar de acuerdo en muchas cosas de lo que postulan los liberales o de lo que postulan los conservadores, pero para eso creo que existe el debate y el uso de la razón. Es necesario evitar caer en dogmatismos (y hablo para las dos partes), para eso existen la ciencia, la filosofía, la ética y diversos tipos de corrientes que a fin de cuentas sirvan para dignificar al ser humano.
Les comento que a las 8:00 PM habrá una entrevista en vivo con una especialista en equidad de género en www.arvisaradio.com
Siempre me he preguntado si la vida tendrá algún propósito. ¿Valdrá la pena vivirla?, ¿Para qué estamos aquí?. A muchos la religión les otorga una respuesta a esas preguntas, a otros simplemente no nos la otorga y tenemos que pensar en otros métodos para encontrarle el sentido a la vida y no sufrir de una crisis existencial. El famoso logoterapeuta Viktor Frankl dice que el hombre ya no padece de frustraciones sexuales como había afirmado el célebre Sigmund Freud, sino que ahora padece de crisis existenciales. Que según esto la ciencia actual ha reducido al ser humano a algo que está condicionado por factores externos, pero, entonces, ¿donde queda el sentido de la vida?.
Mi país no está bien, mi ciudad tampoco. Todo lo que me rodea me es hostil, la gente se vuelve más agresiva e indiferente hacia uno, uno duda en salir a un antro porque no sabe si le va a tocar el siguiente granadazo, es más, no sabe si el transporte público será incendiado por algunos narcotraficantes que desean llamar la atención. Las noticias sobre el acontecer del país son malas, se sigue hablando de desempleo (excluyendo el sinnúmero de vacantes que genera el narcotráfico) que la economía no está creciendo lo suficiente, al grado de que Ernesto Cordero (el presidenciable «o ex ya» por Felipe Calderón) afirma que con $6,000 pesitos a una familia le alcanza para vivir y para aspirar a adquirir crédito para su casa o su coche (yo gano algo más que eso y de lejos puedo contar con eso que dice Cordero).
Ahora estoy con ánimos de hacer polémica y la voy a hacer. Últimamente he escuchado del aborto y no había publicado nada, pero ahora sí voy a postular mi postura. Y así como en el tema de la adopción de parejas gay, los fundamentos por los cuales me postulo en contra del aborto no son religiosos, sino que son simplemente éticos. La adopción por parte de parejas homosexuales no se me hace algo «grave» y como comentaba, dije que habían cosas más importantes en la vida que preocuparse si las parejas gay adoptan, pero en el caso del aborto, creo que si es un problema grave, porque se trata de la vida de una tercera persona.
