Etiqueta: Progreso

  • El camino errado hacia el progreso

    El camino errado hacia el progreso

    Nuestro estimado Presidente Enrique Peña Nieto, ha llegado a la silla presidencial para hacer eso que le llama «mover a México«. Para que México sea competitivo y pueda aspirar a crecer, tiene que romper con todas esas barreras y paradigmas, tanto nacionalistas, como autoritarias y verticales, con el fin de aspirar a ser una democracia liberal, como lo son prácticamente todos los países desarrollados. En la retórica, su paquete de reformas podría ir en ese sentido, pero en realidad el camino trazado no es tan correcto.

    Yo afirmaba que el PRI sólo iba a permitir que México se desarrolle hasta el punto en que no afecte sus intereses. Así ha sido, este PRI es capaz de someter a la industria telefónica a un estadio más cercano a la libre competencia lo cual es plausible. Pero esto se debe a que el predominante Carlos Slim se encuentra ajeno a sus intereses e incluso es opositor de Azcárraga, cuya empresa Televisa ayudó a Peña Nieto a llegar a la Presidencia. Dentro de las reformas vemos avances a medias, pero ha faltado bastante como para considerarlo un paquete revolucionario que cambiará la cara del país. Porque el Revolucionario Institucional basa su fuerza en algunos vicios enquistados, para ellos cambiar a México por completo sería un riesgo, porque aunque ello en el corto plazo le pudiera traer cierto reconocimiento de la población y que se vería reflejado en las urnas en el corto plazo, perderían sus bases, aquello que los hace fuertes.

    Mientras se hablan de avances, se nos presume en los spots como esas reformas van a cambiar nuestra vida, vemos también ciertas regresiones, estadios que considerábamos superados, pero que son parte de la forma de hacer las cosas de éste partido. Por ejemplo, su clara intención de volver a controlar los precios, la posibilidad de censurar medios como Internet en aras de la seguridad, la importancia del Secretario de Gobernación, la alineación total (al menos en la forma) hacia el Presidente, la opacidad y el desdén por la transparencia. 

    No niego que varias de las reformas tienen puntos importantes que puedan abonar para bien. El problema es que sólo van a cambiar a México a medias (y no para bien en todos los casos), porque un cambio verdadero sí o sí tendría que menguar las estructuras que sostienen al PRI, tendría que menguar la corrupción, la opacidad, la ignorancia, la capacidad de acarrear gente.

    El PRI, por medio del Pacto por México, tuvo la oportunidad de hacer reformas que transformaran la cara del país, invitó para esto al PAN y al PRD a participar, tomando en cuenta que ellos no son tan mezquinos como para posponer reformas con las que simpatizan con el fin de la pura búsqueda del poder. Pero esa pose reformadora se limitó a la portada de la revista Time. El problema es que dentro de México se respira otro ambiente, uno más pesimista que demuestra la laceración del estado de derecho, ese México donde el 70% de sus habitantes, según Forbes, creen que el Chapo tiene apoyo del Gobierno. Uno donde el Presidente no es el reformador ni el estadista que sale en las revistas internacionales, sino un bufón del que todos se burlan, y todos humillan en las redes sociales debido a sus constantes tropiezos.

    La economía se mantiene deprimida, el índice de confianza del consumidor sigue cayendo a niveles preocupantes. La gente ya no cree en el gobierno y muchos incluso los comparan más con los delincuentes que con quienes deberían de garantizar un estado de derecho y el bienestar del país. Parece que los manotazos mediáticos ya no le sirven al régimen como antes, el gobierno de Peña Nieto no sabe por donde enderezar el barco, y como no lo sabe, prefiere vender falsas pinturas de un barco en aguas tranquilas y pristinas en el extranjero mientras que dentro del país, el timón está a punto de romperse.

  • Exaltación a la mediocridad

    Exaltación a la mediocridad

    En las elecciones pasadas, tenía una conversación interna. Me decía, sé que hay mexicanos, muchos, con grandes dotes para salir adelante y ¿Dónde están?. Veía a los entonces candidatos y me preguntaba como es que no tenemos algo mucho mejor que eso, los observaba y parecían ser ciudadanos comunes, mediocres, y no mucho más que eso. Incluso décadas atrás en la época del autoritarismo veíamos que muchos presidentes en su vida buscaron aparte del hueso, adquirir conocimiento y habilidades, eran ávidos lectores, estudiosos, ¿Qué está pasando? Esto no ocurre solo a nivel política, ocurre a nivel social totalmente.

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    De alguna manera, esta es una continuación de mi artículo, La Mediocracia Mexicana, pero con un matiz un tanto diferente.

    Oda a la mediocridad. El número de lectores en México bajó de 56% a 46% en México, paradójicamente en una época donde las nuevas tecnologías nos permiten adquirir a costos más bajos (o incluso gratis) libros electrónicos que pueden ser consumidas en una PC o en una tablet. La gente en búsqueda de lo fácil, de lo cortoplacista. Muchos conocidos míos buscan emprender en aquello que sea fácil y deje mucho dinero aunque sea en el corto plazo. Abundan las empresas piramidales y ofertas que te prometen mucho dinero sin hacer casi nada (claro que casi nunca cumplen). Pareciera que la gente quiere sobrevivir y no quiere esforzarse. La gente está perdiendo la cultura del esfuerzo, de la visión a largo plazo, sin pensar en que ello trae más satisfacciones que lo primero.

    Muchos me dirán -Cerebro, no mames, en mi trabajo me hacen quedar tarde y salgo a veces a las 10 de la noche-. No se trata de lo cuantitativo, se trata de lo cualitativo. A esas personas que «trabajan de más» habría que preguntarles que tan bien administran su trabajo, o si se quedan porque «tienen que cumplir». Eso no es esfuerzo, eso es masoquismo. En mi Facebook hay una campaña fuerte en contra de los lunes, cuentan cuantos días faltan para que sea viernes. Lo entiendo en quienes tienen un trabajo que no les gusta (y solo lo entiendo cuando es por necesidad y no por mediocridad), pero muchos dicen estar contentos con su trabajo, hacen lo que decían que querían hacer y están esperando el maldito viernes (y si se combina con la quincena, mejor).

    Cuando uno en la vida tiene una visión a largo plazo, cuando quiere algo, termina disfrutando su trabajo. Sí, a veces es cansado y demandante, pero esas fiestas y «saliditas» de los viernes y sábados terminan siendo lo que deberían ser: Un espacio para descansar (y sí, las salidas al bar o a bailar son una forma de descansar también) y atender otros asuntos, pero terminan siendo lo que son, una «evasión de la realidad que implica la tortura laboral».

    Parece que mucha gente no quiere progresar, la mass media premia la cultura de la mediocridad, programas de televisión con contenido mediocre que no implica el más mínimo esfuerzo mental, no leer mucho porque es de nerds, no interesarse de temas como las ciencias (naturales, sociales, astronomía bla bla) y sí aspirar a tener una vida mundana de la inmediatez. Como ese trabajo de horas extras, este espíritu mediocre provoca más desgaste en el ser humano, ve al trabajo como una tortura, su desempeño es mediocre, y como es mediocre le requiere más horas de su tiempo para sacarlo adelante.

    Que un político no sepa leer y no sepa el nombre de una de las instituciones encargadas de procurar una de sus «promesas más importantes», diga literalmente que Benito Juárez esté vivo y sea cuarentón, que no sepa siquiera hacer bien las cuentas de su presupuesto como candidato y tarde 15 años en terminar su carrera universitaria, todo eso es reflejo de la cultura de la mediocridad. Curioso que lleguen aquellos que parece nunca aspiraron a ser mejores.

    El hombre mediocre y autómata es el más promovido en la sociedad actual. Difícil es poder separarse de toda esta dinámica estandarizadora de hombres masa. Y no es fácil porque requiere esfuerzo entenderlo y separarse de ella.

     

     

  • No es la economía, estúpido

    No es la economía, estúpido

    Mucha gente se pregunta ¿Por qué México no sale adelante? o al menos como debería. Alguna vez comenté que los mexicanos somos un poco fatalistas en nuestra percepción sobre lo que ocurre en el país, donde en todo momento, la frase preferida del mexicano es: -La situación está difícil-, ya sea en momentos de crisis o prosperidad. Pero también es cierto que desde hace mucho tiempo el país no ha tenido un despegue importante e históricamente siempre nos hemos quedado «a medias», en un país que no puede ser comparado con Bolivia, Ecuador o Nicaragua; pero tampoco con Estados Unidos o Noruega.

    No es la economía, estúpido

    ¡No es la economía, estúpido!, México ha transitado por varios regímenes económicos a través de su historia, y siempre se busca aquí la respuesta a todos los males, que la intervención del estado echó todo a perder, que fue el neoliberalismo, el despilfarro, una macroeconomía sana que no se refleja en la microeconomía, dicen. El problema es que se sigue buscando la respuesta, tal cual tecnócrata, en términos puramente económicos, y dentro de este análisis a veces parecen quedar los factores sociales a un lado.

    El cómo se conforman las estructuras sociales en el país, me parece que tiene que ver con nuestros rasgos culturales e idiosincrasia heredada de nuestros ancestros. Curioso es, cómo en cualquier régimen económico, pareciera emularse ese sistema vertical, donde existía una nobleza y un monarca. Así lo fue en esa época cuando el gobierno creó todas esas instituciones para procurar el bienestar de la población, la relación gobierno-gobernado fue totalmente vertical, tal cual monarquía. El presidente típico del ese PRI parecía ser algo así como un rey, un monarca con algunos rasgos de déspota, los cotos de poder eran verticales y rígidos. Ahora en tiempos donde se promueve la propiedad privada y el libre mercado, esta idiosincrasia se adapta a esa realidad. Los líderes sindicales la hacen de monarcas, los gobernadores son unos pequeños déspotas, y algunas empresas privadas que más que acercarse al libre mercado se acercan a las prácticas monopólicas pareciendo emular la nobleza, o rey absoluto del mundo incluso.

    Los progresos que se han visto frente a este problema no sólo tienen que ver con lo económico, más bien tienen que ver con lo cultural. En un mundo globalizado donde el mexicano empieza asimilar otros sistemas de pensamiento, sobre todo aquellos que percibe que funcionan bien. Esta apertura es benéfica porque el mexicano podrá entender aquellos rasgos de otros pueblos que funcionan, tropicalizarlos, adaptarlos, y a la vez mantener aquellos rasgos propios que si funcionan. Más que cartillas morales como afirmaba algún candidato (porque un cambio cultural debería ser promovido y no impuesto), la comparación con otros tipos de cultura para hacer un análisis de lo que funciona y lo que no, nos podría ayudar a ir mejorando esos rasgos que en algún momento significaron un lastre.

    En este siglo XXI se habla mucho de reformas económicas, las cuales se pueden discutir, pero se sigue pensando en que la economía es la solución a todos los problemas, que una reforma fiscal por sí sola cambiará el destino de nuestra sociedad. Algo así como si le diéramos dinero a una persona que arrastra problemas fuertes de autoestima en toda su vida para que lo invierta y de esta forma se haga exitoso y querido por todos.

    Insisto yo en que el desapego de la cultura ancestral del tlatoani, del régimen rígido, paternalista, podrá traernos muchos beneficios, naturalmente el cambio solo puede ser gradual y este consiste en modificar la forma en que se educa a la gente, lo cual se puede hacer solo con las nuevas generaciones, y no con las viejas que ya tienen un patrón de comportamiento establecido.

  • Un freno a las emociones presidenciales

    Un freno a las emociones presidenciales

    Lo que deben de saber antes de echar las campanas al vuelo por dos semanas de «buenas noticias» tricolores.

    Un freno a las emociones presidenciales

    1.- No puedo negar que cuando vi el discurso de la toma de posesión de Peña Nieto junto con el Pacto por México, lo primero que vino a mi mente fue un sentimiento de emoción: -Caray ahí están varias de las cosas que necesita México, la apuesta por la educación, la ciencia y la tecnología- El PRI parecía entender mucho mejor que el PAN lo que se necesitaba para salir adelante. Pero uno debe de aprender a controlar sus emociones y opté por eso.

    2.- No niego, y otorgo el beneficio de la duda de que el PRI pueda hacer un buen gobierno (aunque cueste trabajo). Pero tantas «buenas noticias» en dos semanas, más que un gobierno realmente eficaz, me termina sonando a un fenómeno mediático. Al PRI le urgía ganar legitimidad y credibilidad. Y como los buenos gobiernos se tardan en ver, optaron por el fenómeno mediático. Si algo nos demostraron en dos semanas es que tienen mucho más oficio que el PAN, y preferible es escuchar las palabras «educación» y «ciencia» en vez de «guerra contra el narco». Por eso insisto en que el PRI sí sabe rebasar por la izquierda.

    3.- Algunos están impresionados de como en dos semanas ya no se habla del narco, como si el problema se hubiera terminado. Yo más bien me preocuparía, porque a sabiendas de que un problema así no se puede resolver en el corto plazo, entonces podría pensar en el control de los medios de comunicación principales quienes tienen la consigna de «ya no hablar del narco». Y si fuere así estaríamos hablando de regresión.

    4.- Peña Nieto se presenta como un priísta reformador, dice entender varias de las necesidades, como las de la izquierda. Tiene un paquete de propuestas muy interesantes que ni siquiera había presentado en campaña y que apenas conocimos. Pero también deberemos recordar que ese PRI reformador es el mismo que bloqueó las «reformas que México necesita» durante 12 años. Es decir, que si esas reformas realmente harán progresar al país como presumen, entonces el PRI habría postergado ese progreso por 12 años, lo cual se va a olvidar. Más porque Peña se empecinó a decir que las ausencias de Josefina Vázquez Mota al congreso eran más importantes.

    5.- La reforma educativa es buena, aunque perfectible. Pero se ve un avance. Lo mediático sugiere que los priístas sí pudieron con Elba Esther Gordillo (tal cual quinazo). Se dicen muchas cosas, incluso que hasta el PRI tuvo negociaciones con la maestra. Sea como sea, esto se entiende perfectamente al saber que al PRI no le gusta ser rebasado por los poderes fácticos (ni por Televisa), al PRI le gusta tener el control de todo. Los panistas se vieron rebasados por los poderes fácticos creados dentro de gobiernos priístas, porque no tuvieron el oficio para controlarlos.

    6.- Dicen que quienes no conocen su historia están condenados a repetirla. Carlos Salinas en su tiempo buscó golpes mediáticos, alianzas (concertasesiones), presentarse como el reformador. Un poco parecido al gobierno actual quien tiene a muchos salinistas en el gabinete. Esto no quiere decir que necesariamente vaya a ocurrir lo mismo, o que no exista posibilidad alguna de que este termine siendo un buen gobierno. Pero sí es algo para tomar en cuenta antes de dejar las emociones florecer por una propuesta seductora.

    7.- Paradójicamente, el éxito de este gobierno depende de la oposición. Las posturas tomadas por el PRI en las dos primeras semanas no se explican sin la oposición, desde el PAN, hasta el #YoSoy132. Sin la oposición no habría ningún «Pacto por México» y las medidas tomadas por el gobierno actual serían más discrecionales. Si la oposición entiende el oficio del PRI pensando en el progreso de México, el manejo de fuerzas podría coadyuvar en un desarrollo positivo para la nación. Si no lo entienden podría terminar en no muy buenas noticias.

    8.- ¿Y López Obrador? ¿Alguien ha sabido de él? Buena pregunta.

  • La tecnología se vuelve necesaria ¿consumismo o adaptación al entorno?

    Recuerdo cuando era un niño, que pues mi padre y toda la gente que trabajaba no tenían conexión a Internet, no tenían teléfonos celulares para comunicarse (excepto los más pudientes, porque en ese entonces tener un celular era un lujo), tenían que depender de un teléfono fijo para  comunicarse y si tenían que mandar correos, tenían que escribirlos a mano e ir a las oficinas postales para enviarlos. Realmente con la tecnología de 20 años, las personas que trabajamos ahora no podemos concebir desempeñarnos en nuestras labores de esa forma. Estaríamos en una clara desventaja.

    La tecnología avanza y el hombre se tiene que adaptar a ella para funcionar. Muchos alegan que esto es una postura consumista, pero yo no lo veo tan así; creo que las tecnologías de cierta forma ayudan a desempeñarnos muy bien en nuestro trabajo. Recuerdo hace 7 años que entré como representante de ventas en un negocio, en ese entonces tenía un celular y me era demasiado útil; así como para comunicarme con mis clientes como con mis jefes. ¿Había algún problema?, simplemente hacía una llamada y se solucionaba de una mejor forma. En realidad si no tuviera un celular no podría avisarle a mi cliente si tenía un contratiempo. En realidad más que adquirir una tecnología para consumir, lo hacía para ser más eficiente en mi trabajo.

    Los avances tecnológicos al facilitar nuestro trabajo, naturalmente conllevan un desarrollo económico, porque al ser más productivos gracias a esa tecnología, valga la redundancia, producimos más. Es cierto que las empresas tecnológicas utilizan estrategias de mercadotecnia muchas veces apelando a las emociones para decirnos que debemos consumir su producto; y muchas veces apelan a nuestras necesidades de status y autorrealización. Pero independientemente de todo ello, los avances tecnológicos no dejan de ser necesarios.

    Me puse a pensar en ello, cuando me regalaron un iPhone. El celular que tenía estaba a punto de morir, y en realidad no pensaba gastar en un smartphone de gama alta, dado que como trabajo desde mi casa y estoy conectado a internet, no lo sentía necesario. Naturalmente si me obsequian un iPhone pues no voy a decir que no, lo empecé a utilizar y aun con todo lo anterior de cierta forma me ha ayudado a desempeñarme mejor. Por ejemplo, para estar en contacto con mis clientes (los que tienen iPhone, Blackberry o Android) antes tenía que hablarles o mandarles un SMS, lo cual me costaba dinero y tenia que usarlo para cosas importantes. Pero ahora con una aplicación llamada Whatsapp, puedo mandar mensajes y chatear en línea con mis clientes sin ningún costo, lo cual hace más eficiente mi trabajo.

    Si estuviera en ventas, y trabajara como antes en la calle, un iPhone o un Blackberry me sería de gran utilidad. Y no solo eso, sino que al tener acceso a Internet podría estar mejor informado sobre lo que acontece en mi país y no tendría pretextos al afirmar que el trabajo me absorbe el tiempo. Más cuando un vendedor tiene que esperar en la sala de recepción a veces entre 15 y 30 minutos para que lo atiendan, ahora puede consultar en ese tiempo las principales noticias de los periódicos.

    El consumismo se da cuando la gente adquiere productos que en realidad no son útiles y los compra simplemente por status, estar a la moda, querer aparentar «ser alguien». Y si se dan muchos casos. Pero la existencia de las nuevas tecnologías per sé no tienen la culpa de ello. Simplemente es parte de la evolución del ser humano. Aunque también hay que a fin de cuentas es una evolución «material» lo cual solo debería ser una parte de nuestras vidas y no un todo, como muchos creen que es.

    Ciertamente, estas tecnologías siempre tienen sus «efectos secundarios». Como aquellas personas que se quedan pegadas en sus dispositivos móviles en lugar de disfrutar estar con los amigos (que no es lo mismo estar con ellos, a estar comunicandose con ellos por Facebook o Twitter) o con los familiares. Pero a fin de cuentas facilitan muchas de nuestras actividades y en ese sentido creo que el avance tecnológico es positivo.

  • Adios Wirikuta, bienvenido «el progreso»

    Un insulto a la nación, una estupidez, una mutilación a nuestra cultura, a nuestros antepasados, a nuestras raíces. Eso es lo que acaba de hacer el presidente Felipe Calderón al permitir que mineras canadienses empiecen a cavar minas dentro de Wirikuta, el lugar sagrado de los Wixárika, donde según su tradición, dio origen el universo. Tal vez no crea en eso, igual que dudaría que el mesías que vino a salvar al mundo de la depravación humana y que marcó un antes y un después en el calendario gregoriano, fuera un hijo de un carpintero. Pero no por eso estaría de acuerdo en que derribaran el cerro del Tepeyac o la Basílica de Guadalupe para que construyan un parque tecnológico, o bien porque abajo de ahí encontraron cobre o algún material precioso.

    Felipe Calderón es un cínico. En el 2008 se comprometió con los Wixárika a preservar sus tradiciones y sus tierras; hasta salió vestido como huichol (atuendo que se veía bastante ridículo en el mandatario), pero nada más lo marearon con el billete (que al parecer tiene un efecto más nocivo que el alcohol) y les dio permiso a empresas canadienses para que destruyan el lugar, destruyan nuestras tradiciones. Lo peor es que a la gente no le importa, y no solo porque acabarán con un lugar tradicional, sino por el daño a la naturaleza que generarán esas minas.  Pero todo sea por el progreso, pero hay que preguntarnos ¿cual progreso?.

    Las empresas mineras que excavarán serán canadienses, las cuales se quedarán con parte de la mochada. Y no solo eso, seguro Calderón dirá que con esto se generarán empleos. Claro, empleos muy mal pagados a mineros que seguramente trabajaran en no muy buenas condiciones ¿y que pasará si por alguna razón los mineros quedan atrapados allá en las catacumbas?, como pasó en Pasta de Conchos, los dejarán morir y las autoridades como la empresa se lavarán las manos. Ese es el progreso que habrá para la nación, un progreso tal vez solo para los accionistas de la empresa.

    A Felipe Calderón en su discurso demagógico dice hacer todo por el progreso, inaugura una estela de luz en el Distrito Federal, monumento rodeado de corrupción y que no dice nada, y es por el progreso. Inicia una batalla en contra del narco sin pies y cabeza y dice que es ncesario para el progreso, y ahora esto. Mientras los números dicen todo lo contrario, que el desempeño de Felipe Calderón ha sido el peor en los últimos cuatro sexenios, porque hasta si a Salinas le sumamos lo que hizo crecer al país y le restamos la crisis que provocó, así, le sale ganando a nuestro querido presidente panista que solo ha traído crecimiento de la pobreza (y sus defensores me dirán que la crisis vino de afuera, pero les digo que junto con El Salvador sin más no recuerdo, fueron los países que sortearon de la peor forma dicha crisis), violencia, atentado en contra de los indígenas que seguramente el Presidente desprecia.

    Y este tema a nadie le preocupa, los medios tradicionales no han dicho casi nada de Wirikuta. Más bien lo han hecho los medios alternativos que han surgido en Internet. Ah pero como son «indígenas» no valen. Pero si, quiero ver a esos panistas que defienden su religión católica a capa y espada (porque de una vez hay que decirlo, que esa destrucción del lugar sagrado de los Wixárica es un atentado contra el estado laico) cuando en Italia encuentren petroleo debajo del Vaticano y decidan derribar la Basílica de San Pedro en pos del progreso de Italia, o que hagan lo mismo con Belén. A ver si no pegan el grito.

    Yo con estas cosas, seguramente en el 2012 ni de locos les daré mi voto a los panistas. En 11 años no han hecho casi nada, y nos han dejado un país que tiene crisis en todo. Todo eso que dijeron que sucedería con AMLO en el 2006, está ocurriendo en el sexenio de Calderón. Y lo peor es que si llega el temido Peña Nieto a la presidencia, gran parte será su culpa, porque la gente ya está harta de un partido que prometió el cambio y nos trajo espejitos. Hipocresía total, discriminación hacia las étnias, depravación de la naturaleza, corrupción, guerras innecesarias con el fin de legitimarse porque les dió «cus cus» volver a contar todos los votos, porque posiblemente otra verdad saldría a flote. No tienen moral, no tienen madre, y no, ya no son un partido humanista y subsidiario; son un partido depredador, doble moral y corrupto. ¿Eso es lo que quieres para el 2012? Yo tampoco.

  • ¿Y qué necesitamos nosotros para salir adelante?

    Estimado lector, lo que ocurrió en Japón me impresionó. Fué una tremenda catástrofe la ocurrida en la isla asiática, pero como había comentado en el artículo anterior, los japoneses han sufrido estos males y muchos peores y a pesar de todo salen adelante. Es cuestión de meses para que Japón vuelva a ser el país que era antes de esta devastación. Los japoneses tienen una cultura muy peculiar, ya lo enlistaba un lector de este blog, a los japoneses los caracteriza la disciplina, el trabajo en equipo, el respeto individual y grupal, el amor a la patria, y el amor a la naturaleza y la espiritualidad. Los japoneses tienen una cultura tan fuerte que otras potencias mundiales, como por ejemplo Estados Unidos, han tratado de imitar sus políticas sociales y empresariales. Todos esos conceptos que se escuchan en las empresas como las 5’S, o la Calidad Total vienen de Japón, la tecnología que hacen es la mejor del mundo, son competitivos, pero a la vez respetan su entorno y no dejan que la «competitividad» erosione el tejido social como ocurre en otros países, como Estados Unidos y por supuesto, como México.

    Inicié con Japón como preámbulo al tema por la situación que atraviesan y porque es uno de los claros ejemplos a seguir como nación. Pero vamos a lo que nos interesa. ¿Que necesitamos nosotros para salir adelante? Ya alguna vez en este blog me lo he preguntado, ya he hecho propuestas inclusive en el artículo anterior entrevisté a gente que está haciendo algo por el país desde sus trincheras. México es un caso excepcional, porque es uno de esos países que tiene todos los recursos para salir adelante y no lo logra. Tiene recursos naturales, tiene capital humano suficiente, gente preparada (la cual termina emigrando al extranjero), y al final de cuentas no sucede nada con nuestro país, seguimos sumidos en la mediocridad.

    Victimarios y víctimas.

    En México es algo «chistoso» pero el victimario también es la víctima de las circunstancias, o por el contrario (que viene siendo lo mismo) la víctima se transforma en el victimario. Todos tienen a alguien a quien hecharle la culpa de las desgracias, pero todos somos partícipes de ellas. Por un ejemplo, el patrón se siente víctima de los impuestos «excesivos» que debe de pagar, de las liquidaciones que debe de otorgar a los empleados que despide, pero por otro lado trata de evadir impuestos, de no pagar bien a sus empleados, de explotarlos y hacer que trabajen horas extras, es el victimario convertido en víctima. Pero también esta la otra parte donde el empleado se queja del jefe, pero también hace como que trabaja, se roba artículos de la oficina, llega tarde al trabajo, no rinde lo esperado etc… La víctima se convierte en victimario. Esa relación lo podemos ver en varios ámbitos, con el gobierno, con la ciudadanía, con hacienda, todos somos partícipes del círculo vicioso de la victimez.

    ¿Trabajo en equipo?.

    En México tampoco sabemos trabajar en equipo. Es común la frase (escuchada y aplicada en la práctica) de «el que no tranza no avanza» y eso significa tener que pisotear a alguien más para poder salir adelante. Veamos el papel de México en los deportes olímpicos. Solemos destacar en deportes individuales: Boxeo, caminata, tae-kwon-do, clavados, pero nunca que recuerde hemos ganado alguna medalla en algún deporte de conjunto. De hecho en el fútbol, deporte más popular en México (y por mucho), nunca hemos ganado nada considerable. En los puestos de trabajo siempre hay pleitos y lucha de intereses cuando se trata de pelear por un puesto. Es difícil en México el trabajo en equipo, la gente se tiene que cuidar las espaldas para que no le pasen por encima. Me acuerdo lo que me dijo un reclutador en mi primer trabajo de oficina –Te doy este trabajo para que veas lo difícil que es tener que lidiar con los compañeros de trabajo en una oficina, no pienses que todos van a terminar siendo tus amigos.

    ¿Disciplina?

    El mexicano es trabajador, de hecho yo me niego a creer que es el típico sombrerudo que está dormido en un nopal. Es más, el mexicano trabaja más horas en promedio que las que trabaja un norteamericano o un inglés. En México la Ley del Trabajo contempla 48 horas de trabajo, aunque por lo general se trabajan 45 (Lunes a Viernes y Sábado medio día) o 40 (semana inglesa). El mexicano a diferencia de sus connacionales, trabaja horas extra, eso nos dice que trabaja mucho. Pero una cosa es que trabaje mucho, y otra cosa es que sea disciplinado. Es más, creo que nuestro «exceso de trabajo» se debe a la falta de disciplina. Nosotros no somos disciplinados, es la verdad. La disciplina no caracteriza a los mexicanos, ni la constancia. La verdad es que somos muy irregulares, siempre dejamos todo para el último y somos demasiado lentos (esto lo he comprobado en el ambiente laboral, tanto como empleado de oficina como empresario). Eso nos supone una desventaja ante las demás naciones desarrolladas.

    ¿Amor a la patria?

    Querer a México no significa dar el grito de la independencia o festejar los goles de la selección mexicana de futbol. Significa que diariamente tenemos que pensar en hacer algo por nuestro país y procurar su bienestar. Ser un buen mexicano significa ser responsable con nuestros derechos y nuestras obligaciones, pagar nuestros impuestos, respetarnos mutuamente como ciudadanos, sentirnos orgullosos por nuestra patria y defenderla ¿Acaso hacemos eso? Yo diría que o lo hacemos a medias o no lo hacemos. Por el contrario, sigue habiendo una apatía enorme en torno a los asuntos de caracter nacional, y estamos somatizados con distractores (novelas, futbol, programas de televisión sin relevancia alguna) que hace que no pongamos atención a las cosas que deberíamos de ponerles atención. Decimos querer a México pero en cambio lo maltratamos y lo pisoteamos como si de cualquier cosa insignificante se tratara.

    ¿Y que necesitamos nosotros para salir adelante?. Nos faltan muchísimas cosas, y la verdad es que más bien he expuesto algunos de los obstáculos que no nos dejan salir, pero la respuesta está implícita. Yo me encargo de exponer los problemas, y tu querido lector, tendrás la responsabilidad de deducir (como si fuera tan difícil) qué es lo que se tiene que hacer para que este país avance. Hemos ya hablado mucho de la educación, de un giro de 360 grados en nuestra idiosincrasia, de muchas cosas más, pero ahora lo dejaré a tu criterio. ¿Qué necesitamos nosotros para salir adelante?