Alfonso Cuarón, la diferencia entre el orgullo y el nacionalismo barato Parte 2

3 marzo 2014

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Estaba con una amiga viendo los Óscares. El Óscar que ganó Alfonso Cuarón a mejor director hizo que me sintiera orgulloso de que un mexicano por fin lograra hacer historia y se consagrara como mejor director. Pero como mexicano que tan orgulloso me siento de él, creo que le debo respeto, y como sé que el triunfo es de él, a él es a quien debe reconocerse y a nadie más (a excepción de su equipo, del chivo, de su mamá).

Alfonso Cuarón, la diferencia entre el orgullo y el nacionalismo barato Parte 2

No sé si se dieron cuenta, pero Alfonso Cuarón nunca agradeció a México ni gritó ¡Viva México! Porque no fue México quien le abrió las puertas para ser quien es. El mismo dice que es un cineasta global, hace cine para el mundo. Alfonso Cuarón no es un ingrato con su país, tan no lo es, que en la primera toma de su película Gravity, en la cual se ve un acercamiento al globo terráqueo, aparece la Bahía de Banderas (Puerto Vallarta), Chapala, Guadalajara y Manzanillo. Esa toma fue premeditada, a Cuarón le gusta vacacionar en el occidente del país. Así como no es casualidad que su hermano Carlos Cuarón haya filmado Rudo y Cursi cerca de Manzanillo.

Alfonso Cuarón hubiera sido poco prudente si hubiera afirmado que su premio lo obtuvo gracias a México. Cuarón no ignora sus raíces y se siente orgulloso de ellas, pero sabe que ello no implica reconocer a quien no merece reconocimiento. Es un error colgarse de medallas ajenas, de pensar que “ganó México”, porque no es lo mismo que gane un mexicano a que México gane. No hay que confundir, no hay que apelar al nacionalismo mal entendido. Que James Cameron haya ganado la estatuilla no implicó un éxito para el cine canadiense, que Sydney Pollack sea un director reconocido a nivel mundial no ha convertido a Polonia en la nueva meca del cine.

Cuarón puede significar un ejemplo para los mexicanos. Pero precisamente por esto el triunfo “no es mexicano”, porque Cuarón se sobrepuso a los cánones establecidos de la idiosincrasia mexicana, muchos de los cuales no sólo no le ayudaron, sino que actuaron como piedras en el camino. Debe de significar un ejemplo porque Cuarón ha mostrado que sí se puede, pero ha mostrado que para salir adelante hay que romper con la costumbre, romper con el común denominador que prevalece en México, romper con “eso” que para los que no entienden bien el concepto de nacionalismo creen que se dignifica con el éxito de Cuarón cuando es al contrario.

Cuarón no fue el único mexicano que ganó, también lo hizo el Chivo en mejor fotografía, y la nacida en México, Nyong’o por actriz de reparto en 12 años de esclavitud. A un periodista se le ocurrió hacerle a ella la pregunta más estúpida ¿Cuánto de este premio pertenece a México? Nyong’o respondió que nada, que el premio le pertenece a ella y nada más. Ella no le debe nada al país por haber nacido en México. Esa pregunta tendrá más sentido en una nación fascista o en un comunismo totalitario, pero no en una africana que nació y radicó un tiempo en México, y nada más.

Cuando hablé de este tema en las redes sociales, algún usuario afirmó que era un comentario pesimista y criticaba mi falta de nacionalismo y mexicanidad. Ese individuo se equivoca rotundamente. Mi afirmación es confrontativa, pero no es pesimista, en tanto nunca subestimé el logro de Cuarón ni le quité méritos. Ni tampoco es falta de amor al país, porque quien ama a su país, reconoce sus defectos, y reconoce cuando tiene o no méritos.

Yo me siento muy orgulloso de mi compatriota Alfonso Cuarón. Pero no me siento orgulloso de mi país por su triunfo, porque sé que no tuvo nada que ver en su éxito. No hay que equivocarse, no hay que engañarse, no hay que apelar al nacionalismo mal entendido para crear un imaginario donde se supone, que el triunfo de un mexicano sirve de consuelo para aquellos que sienten que en su país no se habla mucho de triunfos.

Dicen que la verdad duele, pero en este caso duele para quienes han querido otorgar méritos a quienes nunca los tuvieron.

Y no, no se me olvida el conflicto Rusia – Ucrania. Próximamente hablaré de eso, por las repercusiones que puede tener.

Aquí pueden ver el primer artículo

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