Sobre las mujeres (ligues y demás) parte 10. Aceptando las derrotas.

18 octubre 2010

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Hoy voy a hablar de un tema un poco triste para nosotros los hombres, y es que por más guapos, inteligentes e interesantes seamos, nunca tendremos garantizado el éxito con las mujeres. No importa si tengamos las tablas o seamos unos don juanes, los gustos se rompen en géneros y no siempre seremos atractivo para todo el espectro femenino por más lo intentemos, o por mas librejos de arte de la seducción compremos para aprender a ligarnos a las féminas.

Por experiencia propia.

Ahora yo puedo hablar de viva voz, porque a mí hace poco me tocó aceptar una derrota. Había una mujer que me gustaba mucho, tenía ese no se qué, ¿será el zsa zsa zsu? la había logrado invitar a salir varias veces, pero no lograba hacer que la relación pasara a algo más que una simple amistad. Siempre que la invitaba, la chica accedía, pero al estar con ella veía que nada más no sucedía nada, no se conectaba conmigo. Yo le trataba de decir cosas lindas y cumplidos, sin embargo, nada sucedía, ella empezaba a pintar su raya a pesar de todo.

Quería seguir luchando, pero sin embargo podía salir contraproducente, ya me había ganado su amistad (y que quede claro, yo siempre hice el intento por mostrar algo más que una amistad, para no caer en las redes del “mejor amigo”), debía pensar si valía la pena arriesgar su amistad por algo que tenía posibilidades muy remotas de darse, y fué cuando acepté la derrota.

Asegúrate de haber perdido.

Algo que es muy importante, es que te hayas asegurado de dar tu máximo esfuerzo para llamar la atención de la mujer. La que indica si todavía tienes posibilidades o no es ella, no tú. Muchas veces uno puede caer en la desesperación cuando todavía no tiene los suficientes argumentos, puede ser que un día la mujer en cuestión no estaba de buenas. Pero en mi caso ya habían sido algunas salidas al café, a comer y sin embargo no notaba el más mínimo interés más allá de una simple amistad (de hecho la chava en lo último que estaba interesada era en tener novio). Fué ahí cuando yo ya estaba seguro de que me había tocado perder y decidí dar un paso atrás.

Decirle o no decirle, he ahí el dilema.

Cuando a uno ya le toca perder, tiene dos opciones. Simplemente hacerse a un lado, o bien, confesar los sentimientos a la mujer en cuestión. Yo opté por hacer lo segundo y creo que me fué bien, el resultado era de esperarse, ella no estaba ni lo más remotamente interesada en mí, pero en cambio decidió seguir con la amistad. Las cosas seguirían igual y yo al menos me desahogaba al expresarle mis sentimientos hacia ella. Pero yo creo que el decirle o no a una mujer lo que sientes por ella con el afan de desahogarte depende mucho de la mujer a la que te estás enfrentado, pienso que aquí la intuición juega un papel muy importante.

La ventaja de decirle a alguien lo que sientes (sabiendo que has perdido) es que logras sacar lo que tienes adentro, siempre se siente confortable hacerlo siempre y cuando la mujer comprenda tus sentimientos. Lo malo es que siempre puede quedar la amistad en riesgo, al menos por un tiempo. La mujer naturalmente pondrá una barrera al saber que te gusta y que ella no está interesada, pero si admites la derrota y admites que ella no era para tí, probablemente será cuestión de un tiempo para que la amistad se reestablezca tal y como estaba, si es que estás interesado en su amistad.

El no aceptar las derrotas.

Para aceptar las derrotas se requiere valor, no es una decisión fácil de tomar. Muchos no aceptan cuando no han perdido y siguen insistiendo infructuosamente. Lo malo de todo es que en las relaciones siempre se deben dejar fluír naturalmente las cosas, y normalmente el que no acepta que ha perdido sigue aferrado a su ilusión (aún sabiendo dentro de él que es imposible) lo cual se puede terminar convirtiendo en una obsesión, y al final puede terminar siendo perjudicial para la relación, porque ya no fluye libremente hacia donde se debe de dirigir. Es cierto que en algunas ocasiones sucede que en un principio no hay ningún interés y después si lo puede haber, pero para mí, sería una pérdida de tiempo estar esperando (y mucho más forzando) a que la mujer en cuestión cambie de parecer, porque en la gran mayoría de los casos no está en el hombre cambiar esa variable, más cuando el ha dado todo de sí.

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