Etiqueta: mujeres

  • Las mujeres como accesorio

    Las mujeres como accesorio

    -¡Ponte una falda larga! ¿Cómo puedes salir a la calle así? La gente te va a tratar como un objeto. -¡Una mujer no debe de hablar de política en la mesa, eso es tarea de hombres!. ¡El espacio de una mujer es la casa, una mujer puede cambiar al mundo desde su casa!, -¡Te vi, te vi, navegando en esa página de elcerebrohabla.com, eres una zorra, una puta, una cualquiera, degenerada, no tienes principios!.

    Las mujeres como accesorio

    Se me hace curioso que a una mujer le digan que no puede usar falda corta, que se tape los hombros, porque eso hará que los hombres la vean como un objeto. Caray, pero si históricamente han tratado a las mujeres como objeto, como accesorio de los hombres. Leyendo ese libro de El Espíritu de las Leyes del francesito Montesquieu ese, veo como en la mayoría de las culturas a la mujer le daban menor valor que a los hombres. La mujer ha sido sometida históricamente al hombre, posiblemente en algún momento de la historia funcionó. El hombre tenía que salir a cazar mientras la mujer se quedaba a cuidar a sus hijos. Físicamente el hombre era fuerte y la mujer más débil. El problema es que para sobrevivir en el mundo actual se necesita más cerebro que músculo, y las mujeres tienen cerebro, mucho, con la capacidad de sobresalir al igual que el hombre.

    Un hombre fuerte físicamente en épocas antiguas era signo de admiración, de supremacía. Hoy esa «ventaja» te sirve para ser modelo de comida energética, güarura de alguien importante, o atleta, pero nada más. El cerebro es tan importante que en la actualidad una persona que padece esclerosis múltiple (Stephen Hawking) puede ser un líder intelectual a nivel mundial mientras en otra época hubiera sido matado por deforme.

    Por eso no entiendo el machismo en estas épocas. Todavía en algunos sectores de la población se cree que la mujer se tiene que quedar a barrer y a trapear la casa mientras el esposo «se la raja en el trabajo». Menos entiendo como algunos países de medio oriente no han llegado siquiera al renacimiento, y siguen vistiendo a sus mujeres con un velo tan insultante que solo permite ver sus ojos, incluso países que han tratado de occidentalizar sus gustos como Irán.

    Dicen que la mujer «no debe de enseñar» porque provocan la lujuria en el hombre. Pero históricamente, con o sin ropa, los hombres han tenido fantasías sexuales con las mujeres, o han querido abusar de ellas. Incluso algunos de quienes critican a las mujeres por esta situación, son los mismos que se atreven a culpar a las mujeres por ser violadas y no a los hombres que cometieron la violación. Una forma muy útil para evitar el abuso hacia las mujeres es invitarlas a que se respeten, se valoren, y para eso es necesario dejar la cultura del machismo. En general las mujeres en la actualidad usan «poca ropa» por comodidad más que para pervertir a los hombres. Naturalmente a varias de ellas les gusta tener una buena figura y resaltarla con la ropa, pero haciendo a un lado aquellas que se dedican a la prostitución, no creo que las mujeres se vistan de tal o cual forma para pervertir a los hombres.

    Montesquieu hablaba de las religiones. Decía que la protestante se acomodaba más a la república (ahí el caso de los países europeos), la católica a la monarquía, y la mahometana a los déspotas. Se ven muchas similitudes con los estados actuales y podemos ver que el patrón del que habló hace 3 siglos sigue vigente. Pero lo que me importa aquí son los déspotas árabes, que a diferencia de los estados cristianos, no pasaron por la etapa de la  ilustración y quedaron estancados socialmente (y muchos de esos países también en el sentido económico). Los árabes pueden tener varias esposas, los hombres tienen más ventajas ante la ley, una mujer violada tiene muchos problemas para demandar al violador dado que las leyes favorecen al último. Mientras que en las entidades cristianas (protestantes y católicas) vemos un avance en materia de derechos civiles y donde la mujer tiene cada vez una participación más activa en la sociedad, en las musulmanas se les sigue tratando como objeto, como una de tantas opciones que tiene el déspota para hacerse placer en la noche.

    Triste es que a las mujeres se les vea como accesorio. Tanto la pornografía como el velo, y el sometimiento, denigran a la mujer (paradójico que quienes más condenan la pornografía son también los que someten más a la mujer). Creo que debemos superar como sociedad tabúes y mitos falaces que atentan a la humanidad.

  • De mujeres sumisas a mujeres libres

    De mujeres sumisas a mujeres libres

    En una sociedad patriarcal se espera que el hombre sea el fuerte, el que trabaje, el que salga a traer el pan, mientras que la mujer se debe de quedar en casa a hacer el aseo y cuidar a los niños. Así fue durante un buen tiempo, y de cierta forma así funcionaba. Pero hubo un momento en que los procesos evolutivos nos dijeron que teníamos que ir hacia otro lado.

    De mujeres sumisas a mujeres libres

    Platicaba ayer con una amiga y le decía que hay algo que me atrae mucho de las mujeres:  La actitud. Incluso a veces eso me atrae más que la misma belleza, y miren que a veces eso sin darnos cuenta (o a veces sí) influye en el concepto que tenemos de una mujer.

    En la preparatoria, acababa de ingresar una persona que ahora es mi amigo. En el primer día, otro compañero le preguntó: -A ver, de las mujeres de este salón, ¿quién se te hace la más guapa?-. Mi amigo le dijo. -No, pues Juanita, fíjate que se me hace bonita-. El compañero se sorprendió y le dijo: -No manches, ¿Cómo se te puede hacer guapa Juanita, si está bien pendeja?-. Evidentemente Juanita era una persona con una autoestima muy baja y se notaba tanto en su vestimenta como en su comportamiento, era la chica del salón a quien nadie quería, porque además de ser extremadamente insegura, era cizañosa. Naturalmente a mi amigo se le dejó de hacer atractiva conforme la fue conociendo.

    Antes a muchos hombres les gustaban las mujeres sumisas, sin iniciativa. Aquella mujer que obedeciera, y que se dedicara de educar a los hijos. En este caso las mujeres tímidas (qué no es lo mismo timidez que introversión) podían no preocuparse tanto como ahora por encontrar una pareja. Pero ahora, al menos conmigo veo que ese tipo de mujeres no funcionan. He conocido mujeres bonitas que son inseguras, que tienen una baja autoestima, y realmente veo que eso influye sobremanera.

    En lo particular a mi me gustan las mujeres con iniciativa, con ideas propias, con una autoestima más que aceptable. Muchos hombres machistas no las querrán porque piensan que podrían sentir pasos en la azotea. Yo en lo particular no le temo a eso, yo me sentiría agusto emprendiendo un negocio con quien sería mi mujer, me gustaría estar con alguien que aporte, que sepa compartir (lo cual implica que yo también lo tengo que hacer), con quien pueda platicar de diversos temas (y no preguntarle si ya está la cena), desde temas mundanos, hasta temas de política, filosofía, economía o que se yo. Quisiera que mi mujer fuera de provecho para la sociedad.

    Las mujeres, al ser seres humanos, deben de ser libres. Yo creo que tienen el mismo derecho a buscar un trabajo, a tener un plan de vida, que los hombres. Eso yo lo veo atractivo en una mujer porque creo que podría compaginar conmigo. Incluso en los momentos difíciles, una mujer «más libre» puede ser más apoyo que una mujer que barre, trapea y te hace la cena. Porque una mujer que sepa como está la vida allá afuera, tendrá menos problemas para aconsejar, que aquella que está encerrada bajo cuatro paredes. A los hombres nos conciben como «los fuertes» y al menos en el aspecto físico generalmente así es, pero a la mujer históricamente se le privó de varios talentos que pudieron ser útiles en la sociedad. Una mujer creativa no puede hacer mucho dentro de casa, su creatividad será más útil si la pone la servicio de la sociedad, a que si busca una forma ingeniosa de agarrar el trapeador. Una mujer con don de mando pero confinada al hogar solo usará su virtud para educar a los hijos, pero una mujer libre además de poder educar a sus hijos, lo podrá usar para manejar personal dentro de una empresa, o en gobierno.

    Realmente, a mí me gustan las mujeres que están «al tiro» (tanto como amigas que como algo más), porque si a mí me gusta estar «al tiro», entonces me gusta convivir con gente que procure estarlo.

    ¿Qué opinan?

  • Maquillaje y Photoshop

    Maquillaje y PhotoshopA veces algo que me gusta de no ser mujer, es que no tengo que preocuparme tanto por mi apariencia; simplemente con que me vea arreglado, pulcro y huela bien basta. Con las mujeres es más difícil, porque por su propia naturaleza tienen que ser lo más atractivas físicamente a los hombres; dado que los hombres la verdad, somos más carnales y separamos eso del sexo y el amor, mientras ellas lo juntan todo. A veces el problema es que toda ese «órgano mediático» hace que a las mujeres se les exija de más en cuanto a su apariencia y la verdad no solo termina siendo incómodo, sino que muchas veces no se ven muy auténticas que digamos, y que decir cuando esa mujer que está muy maquillada, de pronto, por alguna razón, aparece sin maquillaje; y el cambio es drástico, no solo por la ausencia de este, sino porque el propio maquillaje deteriora la piel (por más que digan las empresas que eso es falso).

    Una amiga hace tiempo me contaba que se metió a la alberca con otra amiga suya, donde también estaban unos niños que tenían un parentesco con la primera. La segunda (que alguna vez llegué a conocer) se maquillaba demasiado, se arreglaba demasiado bien y se ponía perfume en exceso siempre que salía de casa. En la alberca, naturalmente sin maqullaje, uno de los niños que nunca la había visto en ese estado le dijo: oye, ¿estás muerta?. Imagínense el impacto que recibió esta chava al ver que sin el maquillaje generaba esa apariencia. La ausencia del maquillaje hacía que se viera más mal, de lo bien que el maquillaje la hace ver. Y es que a veces esto genera una dependencia en algunas mujeres, sobre todo porque los estereotipos impuestos son difíciles de alcanzar.

    Muchas mujeres se frustran porque no se pueden ver como tal o cual modelo, y lo peor del caso es que estas modelos están retocadas en Photoshop. La habilidad de los diseñadores con este programa ha avanzado tanto que a veces ya es imperceptible darse cuenta que están editadas. Las mujeres entonces se basan en estereotipos utópicos, que no existen, en modelos que sin esos retoques y sin maquillaje pasarían a ser personas casi comunes y corrientes. Cada imperfección para una mujer es un gran defecto (cierto, no todas pero si cierta mayoría), la «pancita» de más, el lunar que no les gusta como se ve, el pelo que no es tan brillante. Y es que en realidad los hombres no somos tan fijados en esos detalles, y si nos damos cuenta es porque la mujer se preocupa demasiado por esas cosas que se nota. Perdonen por mi vulgaridad, pero el hombre cuando busca a una mujer por medio de sus impulsos genitales, se preocupa de que sea «bonita, tencha pechuga y nalga», todo lo demás es secundario.

    Además también la mayoría de nosotros los hombres, no solo nos fijamos solamente en los atributos físicos de las mujeres, más cuando se trata de buscar una relación seria. Podemos ver a una mujer bonita y nos puede gustar incluso dejando a un lado eso de «la pechuga» o «la nalga», incluso a veces hay gorditas que por alguna u otra razón son atractivas. Y creo que esto tiene que ver con el hecho de que por más que separemos genitalidad y sentimentalismo, la personalidad de la mujer termina por definir el concepto que un hombre se hace de ella. Luego uno ve por qué las mujeres «bonitas y huecas» tienen problemas para establecer relaciones duraderas. O también las mujeres bonitas que son inseguras o tienen baja autoestima terminan no siendo atractivas. Por otro lado hay mujeres que no son muy agraciadas físicamente, pero que por su personalidad terminan siendo atractivas para muchos hombres.

    Por eso, por favor, bájenle un poco a esa pretensión de verse «más bonitas» que las demás. Preocúpense por ser también inteligentes y comprensivas, eso nos gusta mucho a los hombres, y cada vez esa «independencia» nos da menos miedo, con eso de que tanto los hombres como las mujeres ya no somos tan conservadores.

  • Acosadores sexuales

    En realidad no se a cierta ciencia que sienten las mujeres cuando van caminando por las calles y algún hombre le empieza a gritar desde un -hay mamacita chula, estas bien buena- hasta un -vente para que te la acomode acá mamasota rica- (haciendo claro, referencias fálicas). Si invirtiéramos los papeles, los hombres estaríamos encantados de que las mujeres nos gritaran esas cosas, para muchos sería su sueño dorado; es más muchos hasta podrían escoger a cual de estas féminas emisoras de piropos se llevan a la cama. Pero para las mujeres no es así, por muchas razones: Posiblemente por el dominio histórico del hombre, o bien, porque dicen que el hombre tiende a separar el aspecto sexual y sentimental, mientras que para la mujer el sexo y sentimiento va implícito en un todo.

    Si me imagino lo frustrante que ha de ser para una mujer que los hombres las acosen, y basta ver el caso de Nancy, quien era acosada por un hombre en Insurgentes Sur allá en la Ciudad de México, el cual le gritaba de cosas desde su edificio mientras se masturbaba al verla. Si los papeles se invirtieran el hombre iría corriendo al instante a fornicar con su «acosadora», pero en el caso de las mujeres eso les causa más que incomodidad, repulsión y un miedo a que puedan ser atacadas o violadas. Pero quiero ir al fondo y ver que es lo que tienen en la cabeza estos acosadores sexuales. Porque sinceramente yo no me veo ni siquiera aventando piropos en la calle, se me hace denigrante (no solo para la mujer, porque el hombre que los emite también se denigra) y repulsivo.

    Me he preguntado si este tipo de gente está frustrada, Un hombre que acosa a una mujer no es precisamente una muestra de que esté sexualmente pleno. Según el doctor Manuel Poblete Ruiz, analista de esta problemática en el mundo laboral, dice que muchos acosadores sexuales en este entorno suelen tener más de 40 años, casados, con una vida familiar y sexual insatisfactoria, y con una necesidad de autoafirmación y control.  Aunque estoy seguro que muchos otros no han tenido relaciones sexuales en mucho tiempo (o quiza nunca) y prácticamente no tienen éxito con las mujeres.

    Yo personalmente he conocido gente que suele ser incómoda (claro no al grado del acosador de Nancy) para las mujeres, y lo que me he percatado es que efectivamente, no son precisamente exitosos en las relaciones con el sexo opuesto, y de cierta forma se sienten inferiores, ya sea por su aspecto físico o incluso por su nivel socioeconómico. Recuerdo que a uno de esos chavos le dije una vez, -oye, ¿Por qué te la pasas mirando así a esta chava y diciéndole tal y tal cosa si sabes que nunca te va a hacer caso y menos así?-, el me decía, que por eso mismo, que como sabía que nunca le iba a hacer caso, se daba el lujo de aventar miradas insinuosas y piropos a mi gusto, bastante incómodos. Afortunadamente la mujer en cuestión era tan distraída que ni cuenta se dio.

    Y sinceramenta a mi en lo personal me hace sentir muy incómodo cuando voy acompañado de este tipo de personas que voltean y susurran con la boca a la hora de ver caminando unas «nalguitas bien paradas». Se me hace de un pésimo gusto, y para mí no refleja otra cosa más que frustración y unos pésimos modales. Si a mi se me hace incómodo estar con este tipo de gente, no me quiero imaginar lo que sienten las mujeres al ser acosadas por hombres depravados y calenturientos en demasía, como el acosador de Nancy:

     

  • Mujeres criminales

    En días pasados, el periódico The New York Times publicó una nota en donde destacaba la “feminización de la guerra contra las drogas”, haciendo referencia al fenómeno de victimización y criminalización de las mujeres en el narcotráfico en México. The New York Times hace referencia al incremento de 400 por ciento de mujeres encarceladas por delitos federales en México desde el año 2007 y da cuenta de una serie de relatos de mujeres criminales hoy encarceladas en un penal de Ciudad Juárez. Pero la nota, deja muchos cabos sueltos en términos de análisis y evidencias con respecto este fenómeno de feminización del crimen en México. Un estudio del Instituto Mexicano de las Mujeres publicado en 2009 indica que en los últimos 10 años, el número de mujeres en las cárceles aumentó 200 por ciento (cifra que contrasta con 400 por ciento de incremento que menciona el periódico norteamericano) y señala que en 1993 había en los 445 centros penitenciarios del país 230 mujeres encarceladas (4 por ciento de la población total de reos). Los cálculos oficiales estiman que al día de hoy, existen 469 mujeres presas que representan 14.14 por ciento de la población total de reos.

    En México, las mujeres representan 51 por ciento de la población nacional, 52 por ciento del padrón electoral y participan con 33 por ciento de la actividad económica nacional. Según los cálculos oficiales, en nuestro país, existen 4 millones de hogares que son dirigidos por Mujeres Jefas de Familia. Los análisis más recientes indican que durante la década de los noventa, explicar los motivos por los cuales una mujer se implicaba en el crimen tenían un fundamento basado en causas biologicistas y psicologistas, cosa que hoy no es suficiente dado que no existen estudios que nos hablen de los aspectos estructurales de este tema, mucho menos de las implicaciones sociales a largo plazo.

    Hay quienes dicen que las mujeres que se implican en el crimen organizado lo hacen por tener una relación de sumisión con quien las implica, por necesidad y porque al ser el sexo débil, terminan siendo engañadas para ser “mulas, ganchas y burreras” del crimen. Al hacer referencia a las causas actuales de la reclusión femenina, las mujeres hablan de la falta de oportunidades, de las pocas expectativas generales que les brinda la sociedad para salir delante de manera digna, a la vulnerabilidad de la que son objeto por el bajo poder adquisitivo que tienen y a la dependencia emocional que pueden tener con su pareja. Las mujeres presas, han mencionado que la crisis económica y de seguridad social que viven, es un motivo suficiente para “entrarle” al crimen con tal de satisfacer las necesidades de sus hijos. Ello demuestra que las causas no están sólo fundamentadas en la sumisión hacia el varón, sino sobre todo, en las pocas oportunidades que tienen.

    El gobierno federal, no muestra disposición a investigar, entender e incorporar estas causas y razones a una visión de largo plazo que pueda traducirse en políticas públicas diferentes que mejoren la realidad de estas mujeres; solo se dedica a promover, mediatizar y espectacularizar este fenómeno de feminización del crimen. Según El Universal, el gobierno calderonista gastó más de 3 millones y medio de pesos del erario en promover la captura de Sandra Ávila (La Reyna del Pacífico); cosa que demuestra que para el gobierno, la feminización del crimen es un tema de estereotipos, sensacionalismo y simplicidad. No hay duda de que la feminización del crimen es un fenómeno actual y en incremento, pero observarlo con simplicidad política, no aportará a combatirlo y reducirlo.

  • El peligro de la costumbre

    Hace poco más de un año, una profesora de género me pasó un artículo que hablaba sobre el “planchado” de senos, práctica que me pareció aberrante, más aún por las razones por las cuales se ha instaurado.

    En África, más específicamente en Camerún, las madres “planchan” los senos de sus hijas para evitar que éstos se vuelvan voluptuosos y alejar así las posibilidades de acoso sexual o violación. La práctica consiste en calentar al fuego una piedra lisa y después presionar con ella o masajear los incipientes senos de sus hijas, a quienes comienzan a «plancharlas» desde edades tan tiernas como los 8 años.

    Las consecuencias de este hábito van desde el dolor mismo que produce, hasta abscesos, infecciones, cáncer de mama, e incluso la desaparición de uno o ambos senos; pero a pesar de esto, se mantiene como una forma para proteger a las mujeres de la región.

    El “planchado” de senos es considerada una forma de mutilación genital, que al igual que la ablación es ejecutada a las mujeres por las mismas féminas de su familia, mas la persistencia de esta costumbre se origina en una mentalidad machista que sanciona al cuerpo femenino, la cual no se constriñe a un sexo en específico, sino a la creencia diseminada de que son ellas las culpables de su propia victimización.

    Quizás en México veamos este tipo de usos como una aberración fuera de toda lógica, sin embargo, en ciertos lugares, la falta de leyes y de sensibilidad de género ha provocado que se comiencen a instaurar prácticas destinadas a esconder al cuerpo femenino para protegerlo de los depredadores sexuales. En estados como Chihuahua o Tamaulipas, las jóvenes comienzan cada vez más a salir a las calles vestidas con ropas sueltas, sin maquillaje, y con el cabello desarreglado, para alejar así las posibilidades de ser acosadas o violadas, e incluso para evitar convertirse en un número más de las muertas de Juárez.

    El incremento de la violencia, en cualquier país, tiende a exaltar los valores masculinos negativos, consistentes en la agresividad y la discriminación a lo femenino, que fuerza a las mujeres a vivir una situación de agresividad que merma su calidad de vida, quienes, ante la indiferencia de las autoridades, se ven obligadas a negar su propia feminidad con tal de protegerse.

    La guerra siempre ha sido más cruel con el género femenino que con el masculino en todo el mundo, pues ante cualquier situación violenta las mujeres tienen más posibilidades de ser abusadas sexualmente que los hombres, y aun cuando México no está oficialmente en guerra, el estado de emergencia que vivimos se asemeja a uno, y las féminas viven con más temor a ser violentadas.

    El hecho de que ya existan jovencitas que, para poder sentirse a salvo al caminar por las calles de las ciudades en las que viven, tengan que ocultar su sexualidad crea en su subconsciente la idea de que hay algo malo con su género, al grado que debe de ser escondido, negado, porque temen que alguien pueda dañarlas sólo por ser mujeres.

    La Real Academia Española de la Lengua define al terrorismo, en una de sus acepciones, como «dominación por el terror». ¿Qué puede ser más terrorífico que el vivir con un eterno miedo a sufrir violencia tan sólo por existir? ¿Qué no es evidente que en ciertos lugares del país ya se ejerce un fuerte control sobre las mujeres, al grado que tienen que invisibilizarse para poder caminar por las calles en relativa calma?

    El “planchado” de senos y la ablación son costumbres naturalizadas en algunos países de África parar poder ejercer un control sobre la sexualidad de las mujeres, sin importar si la «protección» que esto implica resulta aun más perjudicial para el cuerpo y la psique de quienes la sufren; mas el fenómeno que comenzamos a vivir en México atiende a los mismos principios que esas prácticas, y corremos el riesgo de acostumbrarnos a ellas y por lo tanto, a preservarlas, culpando después a las que no acaten estas reglas no escritas por su propia victimización.

  • Todas somos putas

    PUTAS, santas, brujas y lesbianas son los epítetos que más comúnmente son arrojados a las mujeres para etiquetarlas, e indirectamente negar a la persona que hay en ellas. Santas son las mujeres decentes, las que se cubren su anatomía y cruzan propiamente las piernas al sentarse, colocando los brazos cerca del cuerpo, intentando ocupar el menor espacio posible; es la madre abnegada, la esposa sumisa, la mujer intachable a la cual jamás se le relacionaría con algún acto carnal.

    Las brujas son las intelectuales, las que desprecian su labor como objetos decorativos y reclaman su ciudadanía total, son las que demandan equidad y rechazan a los machos, quienes les devuelven el favor con dicho adjetivo; son las que ofenden al ego masculino con su desdén, apelando a un tipo diferente de masculinidad, son las sor Juana, las Rosario Castellanos, las que ofenden al patriarcado con su emancipación.

    De las lesbianas hay dos tipos: aquellas que escogen serlo porque es ésta su orientación sexual, y a las que les ponen el calificativo en forma peyorativa, sin tener otro sustento que el simple hecho de que dicha mujer sea particularmente brava, que rechace la intimidad con algún hombre, quien la catalogará de esta forma hasta comprobar que prefiere estar con otros varones, con lo que pasará a referirse a ella como bruja o puta; son las que realizan tareas “típicamente” masculinas, aquellas que se dedican a la esfera pública como la política o la seguridad, ámbito que durante mucho tiempo estuvo reservado para los hombres y que aún existen quienes consideran que las féminas que escogen este tipo de profesión es porque comparten sus gustos sexuales.

    Puta es aquella que reconoce su sexualidad y la ejerce, ya sea por gusto propio o por obtener una recompensa, que al final en la mente del macho esto no hace ninguna distinción. Es tanto la trabajadora sexual, como la edecán que con su belleza “decora” los eventos, pues vende su cuerpo en alguna medida, y sus movimientos, gestos o palabras pueden ser fácilmente interpretados como insinuaciones sexuales. Es la mujer-objeto que es juzgada sumariamente desde una única perspectiva, la del observador, que la encasilla en un eterno sujeto pasivo.

    Por eso putas somos todas, no existe un término más democrático en todo el mundo que aquel que se le otorga a una mujer tan sólo por haber nacido con genitales femeninos, pues santa, bruja o lesbiana, una fémina siempre tendrá la potencialidad de convertir su cuerpo en moneda de cambio; aun cuando no reciba ninguna remuneración, el mismo sexo forzado podría ser el pago de una mujer que “pedía” ser violada de acuerdo a las ropas que portaba, o la actitud que ostentaba.

    Esta idea, aunada a la creencia de que los hombres son más sexuales por naturaleza y, por lo tanto, su masculinidad es susceptible de ser duramente criticada o puesta en tela de duda si se niegan a satisfacer sexualmente a una mujer que se les insinúe, es la que alimenta la retórica usada por algunos (y algunas) de que hay mujeres que provocan a los hombres al grado de exponerse a ser vulneradas, la cual ha sido una excusa utilizada por muchos hombres, e incluso por varios de nuestros notables políticos.

    Michael Sanguinetti, un policía canadiense, comentó en un seminario sobre agresión sexual en la Universidad de York, en Toronto, que “las mujeres deben evitar vestirse como putas para no ser víctimas de la violencia sexual”, lo que provocó que miles de féminas de esa ciudad salieran a la calle ataviadas según el estereotipo, para manifestar que la vestimenta no justifica este tipo de agresiones, marcha que ha sido replicada en otras entidades del orbe con el mismo fin, pues la discriminación sexual se ha ejercido como política en todo el mundo, del cual México no es la excepción.

    Para solidarizarse en contra de este discurso, el pasado 12 de junio se realizó una manifestación denominada “La Marcha de las Putas”, que partió de La Palma de Reforma hacia el Hemiciclo a Juárez, donde mujeres mexicanas se vistieron con faldas cortas, tacones y demás prendas típicamente relacionadas con las de las trabajadoras sexuales, para dejar en claro que sin importar el atuendo o la actitud que una mujer emplee, es su deseo de tener o no relaciones sexuales lo que debe respetarse.

    Enarbolando el eslogan de “NO, significa NO”, Minerva Valenzuela, una de las organizadoras, declaraba: “Aunque use medias de red y tacones de aguja: si digo no, significa no. Aunque la apertura de mi falda suba hasta mi muslo: si digo no, significa no. Aunque en cualquier momento decida no consumar el acto sexual: si digo no, significa no. Aunque me ponga una borrachera marca diablo: si digo no, significa no. Aunque baile de forma sensual: si digo no, significa no. Aunque el escote de mi vestido sea tentador: si digo no, significa no”.

    El nombre provocativo de este movimiento tiene la finalidad de apropiarse de un adjetivo que ha sido utilizado como arma para discriminar a las mujeres y deshumanizarlas, ya que una puta es nada comparada con una “mujer decente”, que con su pudor se ha ganado el respeto y la protección de los hombres, pero incluso hasta esta última es susceptible de perder tal grado si su interlocutor percibe en ella un atisbo de deseo, para pasar a formar parte de esa “nada” y volverse vulnerable, además de ser considerada como la culpable de su propia vulnerabilidad.

    Esta doble moral, expuesta como una negociación entre los sexos, donde el fuerte protege al débil, permite que el primero ejerza un control sobre la segunda en el tipo de comportamiento que ésta debiera o no tener para evitar ser transgredida, muy parecido al que los padres despliegan sobre sus hijos o hijas, en el entendido de que no tienen un conocimiento cabal de qué es lo que mejor les conviene, lo que supone una sumisión de las mujeres hacia los hombres, para ser protegidas de ellos mismos.

    Obviamente, no todos los hombres violan, pero si fuéramos a emplear la misma política con ellos, tendríamos que suponer que así como toda mujer es una puta en potencia, todo hombre es también un potencial violador, lo que expone lo ridículo de la teoría, que sin embargo ha sido y sigue siendo usada por funcionarios en todo el país. Ahí está el jefe de Recursos Humanos de Huatulco, Oaxaca, prohibiendo minifaldas y escotes en el ayuntamiento para evitar el acoso sexual. Ahí está el antiguo secretario de Salud de Colima declarando que había “putas tapadas” en el gobierno, quienes además eran las responsables de transmitir las enfermedades venéreas, en un claro ejemplo de la despersonalización que se hace de las mujeres, al ni siquiera considerarlas como parte afectada de la epidemia, sino tan sólo la causa de que los hombres se enfermen.
    En un intento por recuperar el poder que se nos arrebata con estos epítetos, es por lo que estas féminas lo hicieron suyo, buscando demostrar que somos sujetos de derechos, y nuestra voz debe de ser escuchada y respetada, incluso cuando ésta sea usada para pronunciar un simple NO contra un potencial perpetrador, dicho desde unos labios pintados de rojo fuerte.

     

    PUTAS, santas, brujas y lesbianas son los epítetos que más comúnmente son arrojados a las mujeres para etiquetarlas, e indirectamente negar a la persona que hay en ellas. Santas son las mujeres decentes, las que se cubren su anatomía y cruzan propiamente las piernas al sentarse, colocando los brazos cerca del cuerpo, intentando ocupar el menor espacio posible; es la madre abnegada, la esposa sumisa, la mujer intachable a la cual jamás se le relacionaría con algún acto carnal.


    Las brujas son las intelectuales, las que desprecian su labor como objetos decorativos y reclaman su ciudadanía total, son las que demandan equidad y rechazan a los machos, quienes les devuelven el favor con dicho adjetivo; son las que ofenden al ego masculino con su desdén, apelando a un tipo diferente de masculinidad, son las sor Juana, las Rosario Castellanos, las que ofenden al patriarcado con su emancipación.


    De las lesbianas hay dos tipos: aquellas que escogen serlo porque es ésta su orientación sexual, y a las que les ponen el calificativo en forma peyorativa, sin tener otro sustento que el simple hecho de que dicha mujer sea particularmente brava, que rechace la intimidad con algún hombre, quien la catalogará de esta forma hasta comprobar que prefiere estar con otros varones, con lo que pasará a referirse a ella como bruja o puta; son las que realizan tareas “típicamente” masculinas, aquellas que se dedican a la esfera pública como la política o la seguridad, ámbito que durante mucho tiempo estuvo reservado para los hombres y que aún existen quienes consideran que las féminas que escogen este tipo de profesión es porque comparten sus gustos sexuales.


    Puta es aquella que reconoce su sexualidad y la ejerce, ya sea por gusto propio o por obtener una recompensa, que al final en la mente del macho esto no hace ninguna distinción. Es tanto la trabajadora sexual, como la edecán que con su belleza “decora” los eventos, pues vende su cuerpo en alguna medida, y sus movimientos, gestos o palabras pueden ser fácilmente interpretados como insinuaciones sexuales. Es la mujer-objeto que es juzgada sumariamente desde una única perspectiva, la del observador, que la encasilla en un eterno sujeto pasivo.


    Por eso putas somos todas, no existe un término más democrático en todo el mundo que aquel que se le otorga a una mujer tan sólo por haber nacido con genitales femeninos, pues santa, bruja o lesbiana, una fémina siempre tendrá la potencialidad de convertir su cuerpo en moneda de cambio; aun cuando no reciba ninguna remuneración, el mismo sexo forzado podría ser el pago de una mujer que “pedía” ser violada de acuerdo a las ropas que portaba, o la actitud que ostentaba.


    Esta idea, aunada a la creencia de que los hombres son más sexuales por naturaleza y, por lo tanto, su masculinidad es susceptible de ser duramente criticada o puesta en tela de duda si se niegan a satisfacer sexualmente a una mujer que se les insinúe, es la que alimenta la retórica usada por algunos (y algunas) de que hay mujeres que provocan a los hombres al grado de exponerse a ser vulneradas, la cual ha sido una excusa utilizada por muchos hombres, e incluso por varios de nuestros notables políticos.


    Michael Sanguinetti, un policía canadiense, comentó en un seminario sobre agresión sexual en la Universidad de York, en Toronto, que “las mujeres deben evitar vestirse como putas para no ser víctimas de la violencia sexual”, lo que provocó que miles de féminas de esa ciudad salieran a la calle ataviadas según el estereotipo, para manifestar que la vestimenta no justifica este tipo de agresiones, marcha que ha sido replicada en otras entidades del orbe con el mismo fin, pues la discriminación sexual se ha ejercido como política en todo el mundo, del cual México no es la excepción.


    Para solidarizarse en contra de este discurso, el pasado 12 de junio se realizó una manifestación denominada “La Marcha de las Putas”, que partió de La Palma de Reforma hacia el Hemiciclo a Juárez, donde mujeres mexicanas se vistieron con faldas cortas, tacones y demás prendas típicamente relacionadas con las de las trabajadoras sexuales, para dejar en claro que sin importar el atuendo o la actitud que una mujer emplee, es su deseo de tener o no relaciones sexuales lo que debe respetarse.


    Enarbolando el eslogan de “NO, significa NO”, Minerva Valenzuela, una de las organizadoras, declaraba: “Aunque use medias de red y tacones de aguja: si digo no, significa no. Aunque la apertura de mi falda suba hasta mi muslo: si digo no, significa no. Aunque en cualquier momento decida no consumar el acto sexual: si digo no, significa no. Aunque me ponga una borrachera marca diablo: si digo no, significa no. Aunque baile de forma sensual: si digo no, significa no. Aunque el escote de mi vestido sea tentador: si digo no, significa no”.


    El nombre provocativo de este movimiento tiene la finalidad de apropiarse de un adjetivo que ha sido utilizado como arma para discriminar a las mujeres y deshumanizarlas, ya que una puta es nada comparada con una “mujer decente”, que con su pudor se ha ganado el respeto y la protección de los hombres, pero incluso hasta esta última es susceptible de perder tal grado si su interlocutor percibe en ella un atisbo de deseo, para pasar a formar parte de esa “nada” y volverse vulnerable, además de ser considerada como la culpable de su propia vulnerabilidad.


    Esta doble moral, expuesta como una negociación entre los sexos, donde el fuerte protege al débil, permite que el primero ejerza un control sobre la segunda en el tipo de comportamiento que ésta debiera o no tener para evitar ser transgredida, muy parecido al que los padres despliegan sobre sus hijos o hijas, en el entendido de que no tienen un conocimiento cabal de qué es lo que mejor les conviene, lo que supone una sumisión de las mujeres hacia los hombres, para ser protegidas de ellos mismos.


    Obviamente, no todos los hombres violan, pero si fuéramos a emplear la misma política con ellos, tendríamos que suponer que así como toda mujer es una puta en potencia, todo hombre es también un potencial violador, lo que expone lo ridículo de la teoría, que sin embargo ha sido y sigue siendo usada por funcionarios en todo el país. Ahí está el jefe de Recursos Humanos de Huatulco, Oaxaca, prohibiendo minifaldas y escotes en el ayuntamiento para evitar el acoso sexual. Ahí está el antiguo secretario de Salud de Colima declarando que había “putas tapadas” en el gobierno, quienes además eran las responsables de transmitir las enfermedades venéreas, en un claro ejemplo de la despersonalización que se hace de las mujeres, al ni siquiera considerarlas como parte afectada de la epidemia, sino tan sólo la causa de que los hombres se enfermen.
    En un intento por recuperar el poder que se nos arrebata con estos epítetos, es por lo que estas féminas lo hicieron suyo, buscando demostrar que somos sujetos de derechos, y nuestra voz debe de ser escuchada y respetada, incluso cuando ésta sea usada para pronunciar un simple NO contra un potencial perpetrador, dicho desde unos labios pintados de rojo fuerte.

  • 10 razones del por qué los hombres son infieles

    Una de las cosas que al ser humano le duele más es que le pongan el cuerno. Y el número de «cornudos» es bastante alto. Según los estudios que hice, el 47% de los hombres ha sido infiel alguna vez, y el  42% de las mujeres ha sido infiel. Dios mío, casi la mitad. Vemos como en los hombres, la tasa de infidelidad es mayor que en el de las mujeres, por lo cual me dí a la tarea de investigar el por qué el hombre es infiel y de acuerdo a mis fuentes existen 10 razones por las cuales el hombre es infiel. Vamos a explorar una por una.

    1) La falta de inteligencia

    Está demostrado científicamente por la Universidad de Londres (y no una universidad patito o una dependencia de la SNTE), no es ninguna mentira, ni ninguna suposición. La gente poco inteligente es más propensa a ser más infiel: «los hombres inteligentes pueden reconocer las ventajas que les proporciona una relación exclusiva«. Así que ustedes hombres que siempre respetan a su pareja y no les ponen el cuerno son más inteligentes. Los infieles son una bola de p…

    2) El poder provoca infidelidad

    Bueno, ya muchos los sabíamos, pero la gente poderosa suele tener sus mujeres. «Las razones: la sensación adictiva del poder y la constante confirmación de su propio éxito en el área laboral, los lleva a buscar la misma situación fuera de ella, es decir con otras mujeres«. Me brinca un poco porque, pues muchas veces la gente inteligente tiene una mayor facilidad de adquirir poder, y pues el punto uno dice lo contrario. Pero bueno también depende de que inteligencias hablemos, porque la gente que tiene mucho poder tiene más bien «inteligencia emocional».

    3) La rutina diaria

    Mujeres, si ustedes suelen hacer lo mismo con sus hombres en fin de semana, están corriendo un peligro. La rutina diaria causa propensión a que el hombre sea infiel. Es decir, eviten estar todos los fines de semana frente al televisor. No importa si es una buena película del HBO o que se dispongan a acompañar a su pareja a ver la final de futbol. «Estar con otras mujeres les da a los hombres que llevan una relación rutinaria, el sentimiento de ser admirado pues anhelan con urgencia la autoafirmación«.

    4) Diferencia en los salarios

    Este si se me hizo curioso, y algo cínico. Según la Universidad de Cornell en Estados Unidos, los hombres que son dependientes económicamente de las mujeres son cinco veces más propensos a ser infieles. Así que cuidado con ese tipo de sujetos, porque a parte de mandilones, probablemente anden tirándose a otras. ¿Será que mientras la mujer se va a trabajar, el hombre tiene exceso de tiempo libre y aprovecha para andar vagando?

    5) La crisis del tercer año

    Todos sabemos como son las relaciones, al principio todo es miel sobre hojuelas, y luego empiezan a salir los defectitos, las fallas en el caracter y las disputas. Dicen que el 7mo año de la relación es el más crítico. Pero según la Universidad de Göttingen, se dice que el tercer año es cuando mayor tasa de infidelidades hay. Aunque si cabe mencionar que el peligro queda latente hasta el 7mo año, ya después de eso, pueden dormir tranquilos.

    6) La frustración peligra el placer de la pareja

    Si a tu hombre no se le para completamente en el acto sexual, o queda frustrado. La mujer corre el riesgo de que le pongan el cuerno. Si no eres lo suficiente erótica o sensual en el acto carnal, es hora de que te vayas preocupando. Según un estudio, 4 de cada 5 encuestados optó por ponerle el cuerno a su pareja porque estaban insatisfechos sexualmente. Así de claro y contundente.

    7) Vivir en grandes ciudades

    Si vives en un pequeño pueblucho y le pones el cuerno a la fémina en cuestión, corres el riesgo de ser descubierto; en un pueblo los chismes se corren fácilmente. Pero eso no pasa en una gran ciudad, donde te pierdes ante millones y millones de personas. Así que si vives en una gran urbe, vete preocupando, porque tal vez tu hombre te esté poniendo el cuerno, y tú ni en cuenta.

    8) La oportunidad hace al infiel

    Si una mujer se le pone de pechito a tu prometido, novio o esposo, cuidado. El hombre ante la mínima provocación cae, el hombre es cómo un animal sexual. Todos sabemos que es difícil conseguir que una mujer se acueste con nosotros, por eso si nos la ofrecen con facilidades y abonos chiquititos, pues no vamos a desperdiciar la oportunidad.

    9) Miedo a comprometerse

    Todos sabemos que a veces a los hombres les dá miedo comprometerse a tener una relación seria y sólida con una mujer. Eso hace que el hombre a veces busque otro tipo de relaciones. Así que si tienes una pareja que esté titubeando, ten cuidado, porque en una de esas…

    10) El embarazo

    Se me hace un tanto extraño pero según la Universidad de Colorado, cuando la mujer está embarazada y hay problemas de pareja, aumenta la posibilidad de infidelidad. No sé si sea porque pues el cuerpo de una embarazada no es tan atractivo, o tenga que ver el miedo a ser padre, no lo sé, que se yo pero así es.

    Y agrego una más que no viene en el listado original

    11) Las Distancias

    Yo lo sé y lo he comprobado porque conozco varias situaciones que se han dado. Pero es mucho más difícil sostener una relación cuando se vive lejos y eso hace que las posibilidades de infidelidad aumenten. Esto porque con la lejanía es mucho más difícil de que la mujer esté monitoreando los comportamientos del hombre.

    Aquí la fuente original.