Etiqueta: Javier Duarte

  • Duarte se salió con la suya, todos se salieron con la suya

    Duarte se salió con la suya, todos se salieron con la suya

    Duarte se salió con la suya, todos se salieron con la suya

    Javier Duarte se ha convertido casi en un mito, en una suerte de anti-héroe. Javidú se convirtió en un villano digno de un cómic de Marvel. 

    Y ello es justo, ya que Javier Duarte es uno de los gobernadores más corruptos y cínicos que ha visto nuestro país en toda su historia. Duarte es también una de las razones por las que el PRI sufrió una estrepitosa derrota que lo dejó al borde de la irrelevancia política. 

    Y como buen villano, los lectores del cómic esperarían que al final recibiera su castigo ejemplar, y así parecía que sucedería. Pero llegó el plot twist, un recurso que no es tan sorpresivo ya que suele ser muy utilizado por el afamado director que todos conocemos y que tantas «películas» ha dirigido en México.

    Ocurrió que Javier Duarte pasará muy poco tiempo en la cárcel y pagará una multa tan pequeña que no alcanza siquiera para comprar dos iPhones de los más nuevos. A Duarte, quien se declaró culpable, le dieron nueve años, de los cuales ya cumplió uno y medio (lo que significa que en 2025 estaría en la calle de nuevo) y es posible que solo sean tres ya que su defensa podrá solicitar su libertad bajo supervisión cuando cumpla la mitad de su condena. 

    En realidad, para Javier Duarte esto significa una gran inversión. Solo perderá unos pocos años de su vida y cuando salga de ahí seguirá disfrutando de parte del dinero que robó a los contribuyentes, aquel que no ha sido ni será requisado por las autoridades, aquel que alcanza para que su esposa Karime viva en unos departamentos de lujo en Londres donde la Reina Isabel es casi su vecina. 

    Vaya, seguirán mereciendo la abundancia.

    Y los agraviados no verán justicia, ni el pueblo de Veracruz ni el fotógrafo Rubén Espinosa. Javier Duarte y Karime Macías quedarán prácticamente impunes ya que el beneficio recibido de sus tropelías terminará siendo mucho mayor que el castigo. La última ya disfruta los recursos del erario y el primero tan solo pagará unos pocos años en una prisión que seguramente tendrá más lujos que las celdas comunes. 

    Al chile la presión ciudadana, al chile las meticulosas investigaciones de Animal Político y Mexicanos Contra la Corrupción que exhibieron todas las tropelías de este infame gobernador. La sentencia es un atropello para quienes lucharon para que se hiciera justicia, la sentencia es un atropello para todos los mexicanos que viven en un país donde la violencia y las desapariciones son la constante.

    Y así no solo se irá Duarte quien es, al final, al que le fue peor (y aún así le fue bien). Los políticos de este gobierno involucrados en casos de corrupción no pisarán la cárcel, no pagarán ni un centavo de multa. Rosario Robles vivirá despreocupada el resto de sus días, Ruiz Esparza también, OHL habrá terminado de hacer sus negocios redondos, el propio Peña Nieto vivirá muy tranquilo ya que el gobierno de López Obrador no hará absolutamente nada para que enfrente a la justicia. 

    Tal vez este gobierno ya se vaya, tal vez el ciudadano promedio se muestre contento con la falsa ilusión que representa la casi desaparición del PRI (como si con la mera desaparición de un partido fuera a desaparecer la corrupción y la impunidad o como si ésta solo fuera exclusiva del partido tricolor). Pero ellos vinieron a lo que vinieron, hicieron su gran negocio con el servicio público y se van con los dividendos obtenidos. Sus hijas salen presumiendo sin empacho sus portadas en el Hola y el Presidente hace un sketch con el comediante en decadencia Chumel Torres para intentar (seguramente sin éxito) que el juicio de la historia no sea tan cruel con él.

    Se salieron con la suya.

  • Duarte, el priminal

    Duarte, el priminal

    Duarte, el priminal

    Una parte de mí celebra la detención de Javier Duarte, otra parte no lo hace.

    La parte que la celebra es esa que observa al ex gobernador más corrupto de la historia ser aprehendido. Un gobernador que acabó con la vida de reporteros y hasta de niños con cáncer; que robó lo que pudo, que se comportó con un dictadorzuelo que hizo lo que quiso: «El Estado soy yo», diría.

    La parte que no la celebra es esa que sabe que la detención de Javier Duarte no obedece al imperio de la ley ni a la impartición de justicia; sino más bien a una jugada de pragmatismo político, de rentabilidad electorera.

    Si uno analiza a los gobernadores cuyos escándalos de corrupción han saltado a la luz encontrará que en la mayoría de los casos, como bien afirma Jorge Zepeda Patterson, sus estados vivieron un cambio de colores en el gobierno: esos gobernadores fueron reemplazados por otros de oposición.

    Así, los nuevos gobernadores tenían grandes incentivos para denunciar las tropelías del anterior. No sólo para constrastar con el partido al que suceden y ganar legitimidad, sino porque cuando los nuevos llegan y se percatan de que las arcas del estado están literalmente vacías tienen que denunciar que fue el gobernador saliente quien dejó las finanzas en un estado deplorable. Así lo hicieron Miguel Angel Yunes (sucesor de Javier Duarte) y Javier Corral (sucesor de César Duarte).

    De la misma forma, los escándalos de corrupción (con excepción de Arturo Montiel, como producto de un conflicto interno en el PRI al ser exhibido por Roberto Madrazo) no son el común denominador en el Estado de México, entidad donde nunca ha existido la alternancia y donde hay menos incentivos por exhibir y denunciar las tropelías de los gobernadores pasados. Los gobernadores de la entidad son «menos escandalosos» porque es más difícil exhibirlos. Están protegidos por sus sucesores.

    Hay quienes se encuentran sorprendidos por la detención, quienes pensaban que el gobierno dejaría libre a Javier Duarte. Yo no lo creí así, yo dije (en mi cuenta de Twitter) que en algún momento él sería detenido porque para el PRI no es rentable mantener libre a un ex gobernador de esa calaña. El partido tricolor perdía mucho más con su exgobernador libre y prófugo que con su detención. Suena paradójico, pero las mismas razones por las que permitieron durante todo un sexenio que Duarte hiciera o deshiciera lo que quiso con su estado, son las mismas razones por las cuales lo detuvieron: pragmatismo político. Javier Duarte era muy rentable desviando dinero a la campaña de Peña Nieto, ya no lo era con los escándalos de corrupción a la vista, tan graves que llegaron hacer escandalosos hasta para muchos priístas.

    No es coincidencia que lo hayan atrapado por estas fechas, tampoco lo es que el padre Solalinde exhibiera al gobierno afirmando hace tiempo que Javier Duarte se encontraba en Chiapas (a unos kilómetros de Guatemala, donde fue detenido) mientras las autoridades se tapaban los oídos (decían que podría encontrarse en Costa Rica, Argentina o hasta Canadá). El gobierno no sólo lo atrapó porque le convenía hacerlo, lo atrapó justo en el momento en el que le convenía hacerlo, cuando necesitaba una bocanada de aire fresco, justo ahí, en la campaña del Estado de México.

    Dentro la jerarquía de poder, cuando los están en el escalón abajo perjudican a los que están en el de arriba, quienes tienen prioridad son los últimos, los más cercanos a la punta de la pirámide. Si ven afectados sus intereses, entonces habrá que sacrificar a quienes están por debajo de ellos. Los de arriba consienten y protegen la corrupción de los que están abajo en tanto eso no ponga en duda la estabilidad de quienes están arriba: «Roba, mata gente incómoda si quieres, pero nada más trata de no hacer mucho escándalo». Bastaba eso, un perfil bajo y la lealtad al partido y al gobierno. Javier Duarte se equivocó al hacer demasiado escándalo.

    El argumento con cual podemos concluir que no se trata de un acto de justicia es muy simple y demasiado fácil de entender:

    Nadie tocó a Javier Duarte durante su paso por el Gobierno de Veracruz. Escándalo tras escándalo, asesinato, robo y hurto, y el Gobierno Federal se hacía de la vista gorda. Tampoco lo hicieron con su mentor Fidel Herrera (porque hay que recordar que Javier Duarte es literalmente una continuación del gobierno de Herrera) ¿Por qué no lo hicieron en ese entonces y sí lo hicieron ahora? ¿Por qué ante el reclamo de la población, por el desfalco, por la muerte de los periodistas, el gobierno de Peña no hacía absolutamente nada? Lo mismo sucedió con los otros prófugos, el PRI los consintió hasta que el costo por consentirlos fue demasiado alto.

    No estamos viendo nada nuevo bajo el sol ni mucho menos a un «nuevo PRI» (que en este caso es, de acuerdo al propio Peña Nieto, el de Javier Duarte, el de César Duarte y el de Roberto Borge). El partido en el poder siempre ha castigado a quienes hacen demasiado ruido y pueden desestabilizar al régimen.

    Enrique Ochoa Reza, el presidente del CEN del PRI, asegura que se recuperará el dinero que Duarte robó. Pero no menciona palabra alguna sobre los reporteros que fueron asesinados ni las vidas que se perdieron dentro de su gobierno. Presumen que Javier Duarte fue expulsado del PRI hace algunos meses, pero omiten decir que el mismo PRI lo consintió hasta ese entonces y que incluso apoyó con recursos a la campaña de Enrique Peña Nieto.

    Lo que queremos no es una detención selectiva de gobernadores, sino la impartición de justicia. Lamentablemente el gobierno actual ha comprometido mucho a las instituciones que deberían sostener a este país. Aunque hagan constantes teatros mediáticos para «intentar convencerlos», la realidad no se puede ocultar con un dedo. 

    Y la realidad es dura, muy dura. 

  • El jersey y las fosas

    El jersey y las fosas

    El jersey y las fosas

    En Internet se creó un debate a partir del trato que los medios le dieron al tema del jersey de Tom Brady robado por Mauricio Ortega, ex director del diario La Prensa, y al de las fosas encontradas en Veracruz y que contenían centenas de muertos (tal vez más). 

    Naturalmente, la nota de las fosas debe de ser la más preocupante (no es lo mismo la vida de más de 200 personas, muchas de ellas posiblemente inocentes, que un futbolista que sufrió un hurto), pero el tema del jersey robado no deja de ser importante lo que refleja. De hecho, a pesar de que se tratan de notas muy diferentes, comparten algunas causas en común: un país con un Estado de derecho demasiado lacerado, falta de valores y una profunda falta de respeto tanto a las leyes o normas como al prójimo (aún cuando la diferencia entre el hurto a Tom Brady y el asesinato de cientos de personas sea abismal).

    La nota de las fosas pasó relativamente inadvertida, no sólo en los medios tradicionales donde la libertad de expresión está cada vez más restringida, sino también en los medios digitales que son más libres y plurales. En el primer caso podríamos apostar que el gobierno pudo haber ejercido presión para difundir lo menos posible la nota; pero el segundo caso, donde si bien tocaron el tema no lo hicieron con tanto ahínco. es más difícil comprender.

    No sólo fueron los medios, también fue la sociedad que pareció tratar de no darle tanta relevancia al tema de las fosas. Pocos hicieron más preguntas y simplemente se limitaron a blasfemar al gobierno de Javier Duarte; porque no hubo manifestación alguna, ni siquiera recuerdo que se organizara una junta de firmas en change.org (el epítome del activismo de sofá).

    Podría pensar que se trata de cierta normalización de la violencia; donde las fosas, los muertos, los desaparecidos (a quienes prácticamente nunca se les hace justicia) se han vuelto parte de lo cotidiano, de las reglas y no de las excepciones. Los mexicanos somos una sociedad tan resiliente, capaz de adaptarse al entorno, que nos hemos adaptado al punto de dar por sentados estos actos inhumanos.

    En cambio, el jersey robado llamó la atención, en parte, porque la noticia llegó en un momento muy sensible, donde el Presidente de Estados Unidos nos acusa de enviar lo peor a su país, a los violadores, los secuestradores; y claro, porque se trata de uno de los jugadores más populares de toda la NFL.  

    Esta noticia ayudó a legitimar el discurso de Trump. Tom Brady, el quarterback de los Patriotas de Nueva Inglaterra, es amigo de Donald Trump, y Sean Spicer, el vocero de la Casa Blanca, no dejó de aprovechar la ocasión para burlarse del incidente. Pudo ser peor: afortunadamente para nosotros, Donald Trump está tan enfocado en el Obamacare (que no pudo tumbar por falta de votos) que no se molestó en aprovechar el incidente para impulsar la construcción del muro. 

    Que el director del diario La Prensa, uno de esos diarios pasquines del PRI, haya aprovechado el privilegio de entrar a los vestidores para robarse el Jersey de Tom Brady (lo cual no hizo en una sola ocasión), es algo que evidentemente, y más en el contexto actual, nos deja la cara roja de la vergüenza. El acto de una sola persona puede hacer mucho daño a la «marca-país». Llama la atención (lo cual responde a la pregunta de por qué sí encuentran un jersey y no a Javier Duarte) que si no fuera por el FBI quien inició la investigación, nada de esto se hubiera sabido y el «periodista» hubiera podido presumir el jersey enmarcado por el resto de sus días.

    Lo correcto es que Mauricio Ortega enfrente a la justicia, lo cual, evidentemente, no va a suceder. Pero lo que es peor, es que al parecer nadie va a enfrentar a la justicia por el tema de las fosas y los más de 250 muertos. Parece que a Tom Brady no le importó tanto el hurto, pero por otro lado, hablar de 250 muertos es hablar también de 250 o más familias mutiladas y laceradas. Posiblemente nunca se sepa que pasó ahí, si se trata del narcotráfico, o el propio gobierno de Javier Duarte haya tenido algo que ver. 

    Y aunque se trate de dos notas muy distintas, podemos fácilmente llegar a la conclusión de que un país con su tejido social en descomposición, con unas instituciones cada vez más corrompidas, puede explicar fácilmente por qué ocurrieron ambas. 

  • Javier Duarte y la muerte del PRI

    Javier Duarte y la muerte del PRI

    Javier Duarte y la muerte del PRI
    Foto: Yahir Ceballos / Proceso

    Ayer no dormí de buena gana. La noticia de que el gobierno de Javier Duarte, acusado por el Gobernador de Veracruz, Miguel Angel Yunes, aplicara quimioterapias falsas a niños con cáncer me indignó, me dejó asombrado. ¿Cómo un ser humano es capaz de hacer eso y quedar impune? ¿Por qué en pleno Siglo XXI un gobernador es capaz de cometer semejante aberración que podemos considerar como una suerte de genocidio? Traté de responder esas preguntas en mi cabeza y luego me pregunté si el entorno tiene algo que ver, si las formas de organización humanas, dadas sus características, pueden hacer que la gente se comporte de tal forma.

    Los seres humanos somos naturalmente imperfectos. Hasta en la organización más loable pueden surgir manzanas podridas, y por otro lado, pueden existir buenas personas dentro de la organización más viciada. Pero la forma en que una institución está compuesta sí es capaz de influir en la forma en que los individuos se comportan. No sólo porque la estructura de una organización atrae a cierto tipo de perfiles, sino por la forma en que ésta opera y se desenvuelve, la escala de valores y las normas -escritas y no escritas- que sus miembros deben seguir.

    Entonces, tomando como referencia a un PRI ideológicamente ambiguo -su doctrina se limita a asumirse como herederos de la Revolución- que no ha superado su carácter patrimonialista, vertical, y de lealtades a un sistema que se rige por intereses y no por principios, puedo entender que dentro del partido puedan surgir personajes innombrables como Javier Duarte. No es que fuera imposible que una figura aberrante de grandes proporciones surgiera dentro de otro partido -sobre todo porque los otros no son ajenos a la descomposición de la clase política-, pero las características que el PRI tiene hacen que esto ocurra de una forma más fácil. 

    Y de aquí me viene otra cuestión, la de si el PRI -un partido donde abunda la corrupción y la ausencia de principios- va a morir, desaparecer, o quedar condenado a la irrelevancia. Mi respuesta es que sí, al menos uno de estos escenarios eventualmente ocurrirá. La voces que en Twitter esperan la «muerte del PRI» por lo ocurrido con Javier Duarte -más todo lo que ha ocurrido con el gobierno actual- podrían verse complacidas. 

    Es cierto, hemos matado muchas veces al PRI, pero si uno analiza el contexto actual con el de los anteriores, se dará cuenta que éste es de alguna forma diferente a el de aquellas otras ocasiones. Otras veces se pensó que ocurriría porque después de 70 años, había salido del poder, y eso lo condenaría a su extinción. Pero hagamos un poco de memoria. 

    El PRI surgió como una «institucionalización de la Revolución Mexicana» -lo cual se me hace contradictorio, porque una revolución busca romper con el estado de las cosas y con las instituciones- y fundado por Plutarco Elías Calles. Su carácter patrimonialista, vertical y asistencialista ha existido desde ese entonces, pero como afirma Francis Fukuyama, no era algo necesariamente malo si lo vemos como una suerte de transición a la democracia -países como Estados Unidos también fueron patrimonialistas antes de consolidar su régimen democrático-, dado que ese patrimonialismo daba mayor movilidad social a quienes menos tenían -El México de ese entonces fue más igualitario que el de Porfirio Díaz-.

    Así, México tuvo algunos gobiernos bajo el PRI, que a pesar de esa condición, pueden considerarse como buenos,  y dentro de los cuales el país mostró altos niveles de crecimiento: desde el socialista Lázaro Cárdenas hasta el capitalista Miguel Alemán y después terminar con el de López Mateos.

    Pero entendiendo este régimen patrimonialista como una transición, entonces tenía que superar su condición para transitar a una democracia. La matanza del 68 fue la primera manifestación de una fricción entre el régimen patrimonialista y la sociedad mexicana que se haría cada vez más grande. Pero en vez de transitar hacia la democracia el PRI resistió y siguió siendo ese partido de favores políticos que se mantuvo primero gracias a la perpetuación del régimen, y luego, ya en un panorama más democrático -el de la nación, no del partido- gracias al voto duro, como una gran reminiscencia de ese patrimonialismo. 

    ¿Por qué vaticino la muerte del PRI? Porque esa fricción entre el partido y la sociedad actual se ha vuelto tan grande que la realidad del partido ya no corresponde con la realidad del México actual, El PRI no sólo no ha superado su condición, sino que se ha corrompido más que nunca. Y a esto, hay que agregar que su voto duro, bajo el cual se seguía sosteniendo hasta hace poco, está envejeciendo.

    Si el PRI regresó en 2012 fue por una combinación de factores: el desencanto con el PAN, el miedo a López Obrador, y el voto duro que todavía ostentaban. El voto duro del PRI es cada vez más pequeño, y el desencanto de la gente con éste partido es mucho mayor que la que había con el PAN hace cuatro años -los encuestadores, dice Leo Zuckermann, dicen que la popularidad de Peña Nieto es de menos del 10% y también que el PAN y MORENA ya son más populares que el PRI-, con lo cual podemos concluir de antemano que el PRI perderá las siguientes elecciones para muy posiblemente no retornar al poder nunca más.  

    Si a todos nos choca la forma en que el PRI busca comunicarse con el pueblo, esa parsimonia y ese «autoaplauso», si odiamos ver a los twitteros priístas repetir lo que les dicen desde arriba que digan, si nos sentimos insultados, es por esa misma razón. Porque los tricolores quieren comunicarse con una sociedad que ya no existe; una sociedad que ciertamente, le falta madurar mucho todavía, pero que ya no creció con el «lo que usted diga, señor Presidente» y que ve tan lejana e irrelevante a «aquella Revolución que les hizo justicia». 

    Eso que los hizo fuertes en el pasado, es lo que los está condenando. Esa fuerza del partido, que a la vez se traduce en una gran sordera; esa lealtad con los suyos que a la vez se traduce en una deslealtad hacia sus gobernados; ese régimen vertical del cual cada vez menos personas quieren ser parte. 

    Como los casos de Grecia e Italia nos han enseñado, los partidos hegemónicos también pueden volverse irrelevantes e incluso desaparecer. El PRI está muriendo y necesita quimioterapia, pero parece ser que, al igual que el ex Gobernador de Veracruz emanado de su partido con los niños con cáncer, se está tratando con agua destilada. Parece que «no entienden que no entienden» y eso los está llevando a una lenta -o ya no tan lenta- extinción.

  • El PRI se renueva, el PRI ya cambió

    El PRI se renueva, el PRI ya cambió

    El PRI se renueva, el PRI ya cambió
    Fotover

    Hace algunos años como candidato, Enrique Peña Nieto explicaba como el PRI era un partido renovado lleno de jóvenes que contrastaban con ese «viejo PRI». Ahí, en el programa Tercer Grado, mencionó nombres como Javier Duarte, César Duarte y Roberto Borge. El nombre de Javier Duarte en esa lista de la «camada de priístas jóvenes» no era gratuito. El veracruzano tuvo un papel importante en el triunfo electoral de Peña Nieto, no sólo porque Duarte fue quien destapó a Peña, como comenta Raymundo Riva Palacio en una de sus columnas, sino por las carretadas de dinero que Javier Duarte «transfirió» a la campaña de Peña Nieto.

    Hoy, Javier Duarte, junto con alguno que otro gobernador ejemplo de juventud para Peña Nieto, es candidato a pisar la cárcel.

    En el PRI parece que se dieron cuenta de la escasez de legitimidad que su partido y el Presidente de la República emanado de éste tienen, saben que el 2018 está cerca, y por lo tanto saben que tendrán que hacer algunos sacrificios (sacrificar a algunos de los suyos) para poder recobrar cierta legitimidad.

    Están ansiosos de que cuando aparezcan los encabezados de «Javier Duarte en prisión» en las primeras planas, gocen una eventual subida en las encuestas y mediciones de popularidad.

    Tener al frente del PRI a un miembro joven como Enrique Ochoa Reza no es casualidad, había que inspirar frescura en un partido tan opaco. Una persona que hable directo y de frente, que se muestre jovial y dinámico -aunque el movimiento de manos no deja de recordar a la clásica oratoria priísta-. Con él al frente, quieren mostrar que son un partido renovado.

    Por eso, es que con Enrique Ochoa Reza, se habían decidido a liderar el combate en contra de la corrupción invitando a los demás partidos a hacer lo mismo con sus propias «fichitas». Ciertamente, todos los partidos, el PRI, PAN, Morena, Movimiento Ciudadano o PRD tienen gente impresentable dentro de sus filas, y cierto es que la postura de los partidos con respecto a ellos no es firme, sino más bien complaciente.

    El PRI condicionó a los demás partidos, lo cual desde un punto de vista pragmático es algo bueno. Los otros partidos tendrían que hacer lo propio si quieren desligarse de la imagen corrupta que gran parte de la sociedad tiene del PRI y de ellos. Si el PAN no hace lo propio con el Gobernador de Sonora, Guillermo Padrés, por poner un ejemplo, y lo cual implica desafiliarlo del partido, el mensaje que le darán a la sociedad es uno muy malo: -Hasta el PRI nos rebasó en materia de corrupción-, eso no es cualquier cosa.

    https://www.youtube.com/watch?v=NdsStc-BWf0

    Pero el problema es el siguiente y trata de una falta de autoridad moral. ¿Qué tanto se le puede creer al PRI cuando el propio Presidente de la República está envuelto en casos de corrupción y conflictos de interés? ¿Qué tanto se puede creer que dejar caer la justicia sobre Javier Duarte es símbolo inequívoco de la renovación del PRI cuando éste desvió dinero del Estado de Veracruz para apoyar a Enrique Peña Nieto?. El mismo Ochoa Reza había negado su simpatía y afiliación priísta cuando quiso pertenecer al consejo general del IFE, siendo que estaba afiliado a este partido desde 1991.

    Naturalmente no son pocos quienes esperan ver con muchas ansias a Javier Duarte en prisión, ni son pocos los que quieren que se haga justicia. Pero no hay que engañarnos, esto no se trata de una renovación del PRI sino de una estrategia con motivos electorales. De hecho, es selectiva, porque toca a Javier Duarte por ejemplo, pero no hace lo mismo con Humberto Moreira. Es la justicia quien debe de castigar a quienes infringen la ley y no el PRI, su presidente o Peña Nieto, porque caerían en los mismos arrebatos autoritarios de Donald Trump.

    En realidad el PRI sigue siendo el mismo de siempre, y el arte de la simulación es una de las cosas que más caracterizan a este partido. Estamos pues, en otra puesta en escena, de esas que tanto gusta ejecutar al partido triculor.

  • La matanza de periodistas en México y la tolerancia a la frustración

    La matanza de periodistas en México y la tolerancia a la frustración

    La tolerancia es una de las características de las sociedades avanzadas. Ser tolerante no significa estar de acuerdo con aquel que piensa diferente, sino respetar su decisión y su diferencia. La tolerancia tiene que ver con la educación y con la tolerancia a la frustración (valga la redundancia).

    Por un ejemplo, si llevamos a nuestro hijo pequeño a la calle o a un centro comercial, y éste ve a una persona diferente a él (por decir, un negro), que no es un común denominador dentro de los círculos de personas que lo rodean; lo normal es que lo mire con extrañeza e incluso haga juicios sobre él. Este tipo de discriminación se puede explicar por medio de nuestra naturaleza humana, es algo instintivo. Pero los seres humanos somos seres superiores a las demás especies de animales, porque por medio de la razón, aprendemos a moderar nuestros impulsos.

    La educación que reciba el niño (tanto por parte de sus padres, de amigos e inclusive medios de comunicación) hará que el niño aprenda a no discriminar al negro. Pero no sólo se trata de la educación en sí, sino del desarrollo a la tolerancia a la frustración y a la capacidad de postergar  impulsos y gratificaciones.

    Yo puedo ir caminando por la calle, y de forma intempestiva, una persona se me cruza en el camino. Yo en mi mente puedo pensar: – Maldito imbécil, me dan ganas de ponerle unos buenos golpes. – Lo puedo pensar incluso si soy una persona que aprende a controlar sus emociones, pero la diferencia estriba en que antes de actuar instintivamente, tendré la capacidad de racionalizar dichas emociones. Al hacerlo podré llegar a la conclusión de que posiblemente el hombre tenía mucha prisa, o que si decido agarrarme con esa persona a golpes, el beneficio que puedo obtener es muy poco comparado con el perjuicio que pueda recibir (que me rompan la madre, o que la policía me detenga).

    Cuando hablamos de sociedades intolerantes, hablamos de sociedades que suelen no estar muy bien educadas y/o que tienen baja tolerancia a la frustración. Basta que se cumpla una de estas dos condiciones para que esto suceda. Por ejemplo, una persona ecuánime puede discriminar o atentar contra otra persona con base en sus rígidas creencias (fácilmente objetables), o bien, una persona muy estudiada pero con muy poca tolerancia a la frustración, puede asesinar con base a la tergiversación de la historia universal que ha aprendido.

    Tolerancia

    Lograr formar una sociedad tolerante no sólo tiene que ver con la cultura o idiosincrasia de una sociedad, también es un trabajo individual. En los países desarrollados se pueden ver manifestaciones de intolerancia, pero al final del día dichos países tienen instituciones que funcionan, gracias en parte, a una sociedad que ha aprendido a ser más tolerante con los demás, que tiene la suficiente tolerancia a la frustración para respetar el triunfo del candidato con el que no simpatiza, y que paga impuestos sabiendo que esa «pérdida» tendrá algún tipo de recompensa, posiblemente no para él, pero sí para la sociedad.

    El hecho de que en México se asesinen periodistas, tiene una estrecha relación con las características y carencias de nuestra sociedad.  Independientemente de las coyunturas que puedan agravar el problema (por ejemplo, la irrupción del narcotráfico), la falta de tolerancia y la ignorancia han provocado que nos demos el lujo de tener políticos que terminen con vidas para que su poder no sea amenazado.

    Rubén Espinosa

    Hasta en el país más desarrollado y democrático, a un político no le va a agradar una dura crítica de algún periodista; posiblemente cuando esté con su esposa en la cama le diga que tiene muchas ganas de darle unos plomazos para que se calle. Pero dicho político se va a contener, porque sabe que eso, de inicio, implicaría una contradicción a sus principios que pregona en público, porque sabe que a la larga habrá un perjuicio mayor a él mismo y a la sociedad que el beneficio que podría obtener, entre otras razones. Dicho político ha entendido que la diferencia es parte fundamental de la sociedad en la que vive y que gobierna, y que incluso gracias a dicha diferencia ha llegado al poder (al poder ser elegido por el pueblo de entre una terna de candidatos).

    Pero en una sociedad atrasada como la nuestra (y tomando en cuenta que no es uniforme, el Distrito Federal o Jalisco tienden a ser bastante más tolerantes que Veracruz o Guerrero, por poner un ejemplo), periodistas como Anabel Flores o Rubén Espinosa pueden ser ultimados porque son incómodos al Gobierno, incluso al punto de que fotografías donde el Gobernador no muestra su mejor perfil sean razón suficiente (cosa que se presume, en el caso de Rubén Espinosa).

    La matanza de periodistas en México y la tolerancia a la frustración

    Cuando tenemos mayor dificultad en postergar gratificaciones, tendemos más a saltarnos las leyes, lo cual se vuelve un círculo vicioso. Porque entonces el individuo se da cuenta que las instituciones no funcionan y por ende, tiene más razones para brincárselas. La única forma de romper esa cadena es postergando gratificaciones, por ejemplo, pensar primero en el país y en las demás personas antes que en el beneficio inmediato. Lo más fácil e inmediato sería darle una mordida al tránsito. Quien ha cometido la infracción vial sabe que tendrá que pagar una cantidad bastante menor al agente de tránsito si lo corrompe que la multa que debería de pagar al Estado. Pero si entendemos que vivimos en una sociedad que queremos que funcione (porque a todos, hasta los más corruptos, nos molesta la corrupción), tenemos que aprender a postergar gratificaciones.

    Javier Duarte podría pensar en su legado, en el amor a su Estado. Pero prefiere lo inmediato, prefiere pensar en como hacerse rico sin importar el juicio que hará la historia de él, posiblemente termine sus días rodeado de dinero, pero su apellido habrá quedado manchado y tal vez esto con perjuicio a sus descendientes que cargarán su apellido. Y a la vez se entiende porque el Gobernador de Veracruz ha crecido en un ambiente (una de las peores facciones de su partido en México) donde se premia la corrupción, la ambición y el autoritarismo. Duarte no tiene empacho en perjudicar a la sociedad (desapareciendo reporteros incómodos) con tal de beneficiarse a él mismo.

    Si queremos entender por qué en nuestro país mueren periodistas, tendemos que entender entonces las condiciones que propician actores políticos o líderes del narcotráfico quienes acaban con la vida de los demás con el fin de obtener un beneficio. No es sólo un problema del Gobierno, también es un problema de todos nosotros. Es un problema de educación, de los valores que le damos a nuestros niños, y sobre todo, que les enseñemos a postergar gratificaciones y a tolerar a aquellos que sean diferentes a ellos aunque disientan (ya sean opositores, religiosos, de raza diferente, de preferencia sexual diferente, de posición económica diferente o postura política diferente).

  • La fotografía de Rubén Espinosa

    La fotografía de Rubén Espinosa

    Rubén, el freelance que trabajaba para la Revista Proceso, y que huyó de Veracruz al Distrito Federal porque decía que empezaban a perseguirlo gente sospechosa. Rubén salía al campo de acción a cubrir protestas o a tomarle fotografías incómodas al infame regordete Gobernador de Veracruz  Javier Duarte, Rubén tenía que tomar muchas decisiones, algunas técnicas como el tipo de lentes que tenía que usar para tomar «esa foto» ¿Un gran angular, un 50mm o ya de plano un zoom?, la apertura de la lente, la velocidad de obturación o el ISO en caso de que estuviera en condiciones de poca luz; tenía que pensar en el encuadre y la composición de la foto. Además de todo eso que ya es muy complejo, Rubén Espinosa tenía que arriesgar su pellejo para «hacer democracia» con su equipo fotográfico y para contarnos a todos una historia.

    La fotografía de Rubén Espinosa

     

    Rubén se la jugó y perdió, no sólo perdió él, perdimos todos, la democracia y la libertad de expresión se llevaron otro revés. Rubén, activista social fotografíó a Javier Duarte en posturas incómodas. En una, que fue utilizada como portada para la revista Proceso, aparece Javier Duarte con una gorra de policía luciendo su panza, en otra sale el mismo Gobernador haciendo una mueca chusca y extraña. A veces a los poderosos más que la crítica, les molesta que los retraten de tal forma que puedan ser objeto de burla. La portada lastimó tanto que el gobierno de Duarte compró a granel la revista para que no fuera exhibida o fuera lo menos vista posible. A partir de que Rubén Espinosa tomó esa fotos, comenzó a ser perseguido y huyó a la colonia Narvarte del Distrito Federal. Creyó estar a salvo, no lo estaba, y fue asesinado junto a 4 mujeres.

    Creo que no es difícil deducir que la orden vino del gobierno de Duarte, #FueElEstado. Esta muerte nos confirma la regresión que estamos viviendo en México y la lucha desenfrenada del gobierno actual contra la libertad de expresión. ¿Se podría esperar que el Presidente Enrique Peña Nieto y su gobierno tomen cartas en el asunto y vayan en contra del autor intelectual de su asesinato? Se vale soñar, recuerdo que cuando en el programa Tercer Grado «cuestionaron» a Peña Nieto por estar en el partido de «los dinosaurios», el se defendió afirmando que en su partido también había jóvenes y vitoreó a Javier Duarte. La tradición antidemocrática del partido que encumbró al Presidente es la que facilita que asesinatos y «ajusticiamiento» de personas que se oponen al gobierno o no piensan como ellos.

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    Ella se llamaba Nadia Vera, activista de Xalapa del movimiento #YoSoy132, fue brutalmente asesinada junto con Rubén y otras tres mujeres más.

    Seguramente harán lo que saben hacer muy bien, dejar que el tiempo pase, mientras vemos en nuestra cara como los espacios para podernos expresar se van acabando. En un gobierno democrático no puede caber que una autoridad mande a matar a jóvenes por el simple hecho de tomar fotos incómodas. ¿Que hará el Gobierno? ¿Al igual que Peña, mandará a poner a uno de los suyos como Virgilio Andrade para que los autoinvestigue?

    Estamos retrocediendo, estas historias ya habían quedado superadas y están regresando. Ya no es solo el narco quien atenta contra los derechos de quienes hacen periodismo, sino el mismo Gobierno, porque #FueElEstado.

    CLbVa-IUsAEPNKG

    Yesenia Alfaro Quiroz también murió, tan sólo tenía 19 años. Fue encontrado desnuda, amarrada, con signos de tortura y el tiro de gracia.

     

    Y lo más triste es que ya parece normal, ya no sorprende.

    P.D. «gobierno» en minúsculas es a propósito.