Categoría: sociedad

  • Nietzsche, The Joker, el Chat GPT y los recovecos de la inteligencia artificial

    Nietzsche, The Joker, el Chat GPT y los recovecos de la inteligencia artificial

    Nietzsche: ¡Bienvenido al estudio, Joker! Es un placer tenerte aquí.

    The Joker (interpretado por Joaquin Phoenix): Gracias, es un honor para mí estar aquí.

    Nietzsche: Quería hablar contigo sobre tu filosofía detrás de tus acciones. ¿Podrías describírmelas?

    Joker: Claro, en última instancia, mi trabajo es cuestionar el sistema y la sociedad en la que vivimos. Creo que la gente está conforme con su vida monótona y necesitan un choque para despertar.

    Nietzsche: Entiendo, pero tus acciones son violentas y perjudican a muchas personas inocentes. ¿No crees que eso va en contra de tus objetivos?

    Joker: La violencia es necesaria para llamar la atención y hacer que la gente piense. Además, creo que la vida en sí misma es violenta y cruel.

    Nietzsche: Sí, he escrito mucho sobre la vida como lucha y la lucha por la existencia. Pero también he escrito sobre la importancia de la creatividad y la autodeterminación en la vida.

    Joker: Exacto, y eso es precisamente lo que estoy haciendo. Estoy creando algo nuevo y desafiando la sociedad a través de mis acciones.

    Nietzsche: Pero ¿no crees que hay otras formas de desafiar la sociedad y cuestionar el sistema sin causar tanto sufrimiento y dolor?

    Joker: Claro, pero la gente no escucha a la gente que habla suavemente. La gente necesita una sacudida, un golpe en la cara para despertarse.

    Nietzsche: Entiendo tu punto de vista, pero creo que la verdadera transformación social solo puede lograrse a través de la autodeterminación y la creatividad, no a través de la violencia y el miedo.

    Joker: Eso es muy idealista, pero respeto tu opinión. Al final, cada uno debe encontrar su propio camino para hacer un cambio y cuestionar el sistema.

    La conversación que acabas de leer fue generada por Chat GPT 3, un proyecto de OpenAI que tiene 175 mil millones de parámetros de machine learning y que fue entrenado con cantidades enormes de texto. La imagen que le acompaña por otra tecnología de OpenAI llamada Dall-E que también está entrenada con un montón de información y que genera imágenes con base al texto que le envíes. En este caso escribí «Nietzsche interpretando al Joker». No es un dibujo tomado de Internet (aunque parezca uno real), es una ilustración generada por máquinas en la que no intervino ningún ser humano.

    Estas nuevas tecnologías están sacudiendo a la opinión pública. Chat GPT 3 ganó más de un millón de suscriptores en apenas cinco días (cosa que ninguna red social puede presumir al día de hoy) y por ahí algún periodista tuvo la osadía de decir que se trata del invento más importante desde la rueda (algo exagerada en mi opinión pero que explica el impacto social que la inteligencia artificial está generando).

    No es que la Inteligencia Artificial (IA) sea algo nuevo, de hecho nació en 1956 como disciplina científica. Esta existe desde hace varias décadas y, de hecho, ya pululaba de forma un tanto más discreta en la cotidianeidad (aplicaciones y demás) desde hace ya unos años. Las redes neuronales, como las conocemos hoy, tienen algo más de 5 años pero su génesis e historia se remonta a bastante tiempo atrás.

    La cuestión es que en estos meses el desarrollo de la IA ha marcado un punto de inflexión de tal forma que ha comenzado a entrar de forma agresiva en nuestro mundo cotidiano amenazando con revolverlo todo. Las redes sociales, que tienen ya casi dos décadas en nuestras vidas, no han terminado de sacudir el entramado social en el que nos desempeñamos: todavía no sabemos bien cómo utilizarlas, todavía no nos acostumbramos a la revolución en cuanto a canales de comunicación se refiere y se publican cada vez más papers que tratan de explicar su relación con la polarización política. Pero las redes sociales son un tema menor si lo comparamos con la IA.

    Y es que si estamos viendo un punto de inflexión, no hemos ni de lejos llegado al punto más álgido. Esto apenas comienza. Estos son los primeros «pininos» de lo que viene. El Machine Learning se volverá más sofisticado y la potencia computacional se incrementa ridículamente (amén de las computadoras cuánticas mucho más potentes que serán más relevantes al pasar el tiempo) de tal forma que la IA tendrá un alcance muchísimo mayor.

    Le pasé a Dall – E el nombre de mi blog y me entregó esto. Totalmente generado por la IA.

    Lo previsible es que este tipo de tecnologías generen emoción y, a la vez, mucha incertidumbre. ¿Qué empleos van a desaparecer? Dicen que Chat GPT acabará con los copywriters mientras que MidJourney o Dall-E «echará a la calle» a los artistas digitales. No lo sabemos a ciencia cierta, es posible que eso ocurra o es posible que más bien potencie y lleve a otro nivel el desempeño de estos profesionales. Es cierto que si a Chat GPT le pido escribir un post para Facebook me lo escribe de forma bastante decente, pero todavía no tienen ese factor humano para comprender los contextos (por más le diga que es un post de una empresa exportadora dirigida a gerentes generales). Tal vez algún copywriter use esta tecnología para ahorrarse la parte más «talachera» a la hora de escribir contenidos para que él luego se encargue de contextualizarlo y ese tiempo ahorrado le sirva para llevar a cabo actividades creativas que ayude a potenciar su trabajo.

    Algo parecido puede ocurrir con los artistas digitales. Ciertamente, MidJourney es capaz de crear cosas visualmente impresionantes, y si yo fuera un ilustrador digital una parte de mí se sentiría amenazada.

    Pero también es posible que un artista digital podría ayudarse de estas herramientas para llevar a cabo sus obras, obtener bocetos o ideas a partir de peticiones a la IA para después echar a volar su creatividad. No es que me parezca ilegítimo que los copywriters o los ilustradores se preocupen, es sano y normal. Solo que, a estas alturas, no sé si la IA sea capaz de sustituir la parte más creativa.

    Para quienes estamos cercanos del ámbito de la programación la herramienta es más interesante que amenazante porque nos hace la vida más fácil en muchos sentidos. Si tenemos problemas para resolver algún problema, uno le pregunta a Chat GPT y, en muchas ocasiones, nos da la respuesta indicada. Aún así, la herramienta se encuentra muy lejos de sustituir a los programadores y desarrolladores y tal vez pasen décadas para ello, pero esto no significa que Chat GPT no pueda presumir de una gran potencia en el terreno de las ciencias exactas. Es más, puede llevar a cabo de forma muy decente y asombrosa peticiones random que incluya código y filosofía como «explícame el utilitarismo de Bentham en Python»

    Claro. Estas herramientas, por más asombrosas que sean, no son perfectas. Cuando le pides a MidJourney que te cree una ilustración, te puede mostrar una obra que se puede confundir con una fotografía real hasta que te das cuenta que una mano tiene diez dedos. Chat GPT no es muy preciso y fiable cuando le pregunto sobre personajes más locales o académicos de México. También he visto casos donde académicos exponen que algunas teorías no las explica de la mejor forma o son imprecisas. Es decir, uno todavía tiene que ser cauteloso con la información que recibe de Chat GPT y verificarla en fuentes confiables para no llevarse una desagradable sorpresa.

    La IA trae, de alguna forma, el mismo dilema que presenta el desarrollo tecnológico aunque en una capa más sofisticada. A lo largo de la historia, el desarrollo tecnológico ha destruido empleos pero ha creado otros y, de la misma forma, ha llevado a otros a otro nivel. Una persona que hacía operaciones a mano para llevar la contabilidad y hacer cálculos posiblemente se sintió amenazado cuando la calculadora apareció (y ya no hablemos del Excel), pero ciertamente el empleo de contador sigue existiendo: más bien es que este se ha renovado y ha cambiado un poco de forma de tal forma que el contador de hoy es más productivo que el de hace 100 años y no desempeña exactamente las mismas tareas (aunque no pocos ponen en tela de duda su permanencia en el futuro).

    La IA traerá seguramente cambios sociales más abrasivos que los generados por las redes sociales (parece que no es buen tiempo para ser tradicionalista). Apenas salió el Chat GPT y ya hay una gran preocupación por los profesores que ven que sus alumnos hacen sus tareas con esta herramienta, aunque al mismo tiempo otros le están «dando la vuelta» y encontrando fines didácticos que sirvan a sus estudiantes.

    Un dilema más importante que pueden plantear estas tecnologías se encuentra un peldaño más arriba:

    Alguien tuvo la idea de preguntarle a Chat GPT cómo podríamos complementar a los humanos con robótica sin necesidad de sustituirlos y la propia IA planteó un argumento muy importante: dijo que es importante que estas tecnologías no deberían ser utilizadas para reemplazar a los trabajadores humanos en tareas que requieren habilidades cognitivas, emocionales o creativas que son únicas de nuestra especie.

    Esto es importante, porque hay una gran pero difusa diferencia entre la máquina que está al servicio del humano y el humano que termina estando al servicio de la máquina. Es un dilema que se han planteado muchos filósofos como Nick Bostrom, quienes afirman que más temprano que tarde se alcanzará la singularidad donde las máquinas se volverán más inteligentes que el ser humano y completamente autónomas, lo cual suelen ver con algo de escepticismo y preocupación.

    La talacha siempre ha sido sustituible. Los avances tecnológicos están eliminando los trabajos más mecánicos en los que la Generación Z no se quiere emplear porque no le da ningún sentido a su vida y los nuevos empleos requieren más solución de problemas y creatividad por parte de los individuos. ¿Qué pasaría si la máquina termina haciendo todo eso que al ser humano le hace sentir pleno?

    https://www.youtube.com/watch?v=mnDAy75GuT8

    Si de algo hemos sido afortunados es de haber tenido la capacidad de visualizar escenarios apocalípticos en esta cuestión. Por más trivial que pueda sonar, películas como Terminator, Matrix o la serie Black Mirror insertaron estas preocupaciones en el discurso colectivo y cotidiano. Es una ociosidad oponerse al desarrollo tecnológico, y más si se hace por medio de una falaz nostalgia por el pasado, pero sí es sano cuestionar estos avances de tal forma que los seres humanos seamos capaces de construir nuevas normas, marcos éticos y reglas del juego para que los beneficios de estas nuevas tecnologías que se introducen sean los mayores y los efectos colaterales los menores.

    ¿Qué efecto ejercerá el auge de la Inteligencia Artificial en nuestras vidas? Si todavía no terminamos de dimensionar el efecto que las redes sociales han generado, entonces debemos comprender que es muy complicado saberlo.

    Pero sabemos que estos avances irrumpen sobre todo el entramado social, económico y hasta político. Podemos estar seguros de que creará una fuerte sacudida, pero no sabemos bien a bien cómo. Y los cómos no solo los determinará la IA, sino nosotros, los seres humanos. Fuimos capaces de utilizar la bomba atómica para matar a cientos de miles de personas pero también para proveer energía limpia a muchos países y, de forma paradójica, la existencia de las armas nucleares ha evitado muchos enfrentamientos armados. Mucho del futuro al respecto será escrito por el ser humano quien será capaz de tomar decisiones trascendentes con respecto al uso de estas nuevas tecnologías.

    Resumen de este artículo (generado por Chat GPT):

    OpenAI es un proyecto que utiliza tecnologías de inteligencia artificial para crear sistemas como Chat GPT 3, un modelo de lenguaje que ha generado más de un millón de suscriptores en apenas cinco días. Este desarrollo ha impactado en la opinión pública, ya que la IA está comenzando a ser parte de nuestro mundo cotidiano y puede revolucionarlo. Aunque la IA existe desde hace décadas, el desarrollo actual marca un punto de inflexión y solo es el comienzo de un futuro incierto. Hay incertidumbre en cuanto a qué empleos desaparecerán, pero es posible que también potencie y lleve a un nivel superior el desempeño de profesionales como copywriters y artistas digitales. La IA todavía no tiene el factor humano para comprender contextos, pero tal vez sea utilizada por profesionales para ahorrarse tareas tediosas y dedicar más tiempo a actividades creativas.

  • Siente orgullo: fue una histórica marcha por la democracia

    Siente orgullo: fue una histórica marcha por la democracia

    La histórica marcha por la democracia

    Este domingo se dio en las calles de muchas ciudades del país una de las mayores expresiones democráticas de los últimos años, y dentro de un contexto donde en muchos países (incluido el nuestro) existe una suerte de regresión democrática que preocupa no solo a los especialistas de lo político, sino a todas las personas que comulgamos con los valores democráticos, la libertad de expresión y los derechos humanos.

    En una época donde López Obrador, Donald Trump y Jair Bolsonaro descalifican al árbitro electoral, millones de mexicanas y mexicanos salieron a las calles para defender a un instituto autónomo que, con sus imperfecciones, nos ha garantizado la libertad de poder escoger a quienes queremos que nos gobiernen (así es, en 2006 no existió ningún fraude). Incluso en 2018 la gente decidió votar por López Obrador ante el justificado descontento con la corrupción del régimen pasado y todos los votos se respetaron. Los obradoristas dicen que el INE permitió su victoria porque fue tan apabullante que no le quedó de otra, pero lo cierto es que, en ese supuesto, habría de esperarse que «manipularan el resultado» para restarles mayoría en las cámaras y eso no ocurrió. Todo se respetó.

    Por más que moleste al régimen, la manifestación fue diversa: ahí se vieron banderas LGBT al tiempo que otros gritaban «Cristo Rey». Por más insista el régimen en que los marchantes eran «conservadores, corruptos, clasistas y racistas», la realidad es que había ciudadanos de todos sabores y colores: una masa tan heteromorfa que es imposible de estigmatizar bajo una sola etiqueta.

    A las calles se lanzaron más personas de lo esperado. Abarrotaron las calles principales de muchas ciudades. La marcha fue nacional, el día de cumpleaños del presidente. Los abyectos al régimen, en un acto de desesperación, utilizaron Twitter para descalificar a la marcha y señalar a los manifestantes como «pendejos» o «corruptos». Era notorio que muchos de los tuits eran scripts preestablecidos. Incluso algunos de quienes presumían «matizar» o no ser dogmáticos, se prestaron a ese juego. La realidad es que ni así lograron afectar al vendaval de personas que se manifestaron para evitar que el gobierno cooptara a una de las instituciones con mayor aprobación. Ni siquiera lograron colocar sus hashtags por encima de los que utilizaron los manifestantes:

    El régimen se sintió avasallado porque esta vez no pudo minimizar ni poner en ridículo a la oposición: ésta (y tal vez por vez primera) lo rebasó. Hoy no fueron las ridículas marchas de FRENA y las casas de campaña voladoras. Hasta hace poco el régimen podía presumir un poder convocatoria bastante mayor al de su contraparte: hoy, entre las calles llenas de manifestantes y el Zócalo cada vez más necesitado de acarreados para el Grito de Independencia, dicho supuesto parece quedar en duda.

    En estos 4 años de gobierno, no se había visto tanta desesperación por parte del régimen. La agresividad de los abyectos (como los nombrara Carlos Bravo Regidor) tan solo mostró el éxito de esta marcha, en la cual, José Woldenberg, un hombre genuinamente de izquierda y uno de los luchadores por la democracia más comprometidos e históricos, dio un discurso memorable.

    Claro que México tiene muchos problemas que van desde la inseguridad hasta la desigualdad o la deficiente cobertura de salud (agravada por este gobierno), y es posible que algunas personas argumenten que algunos en la manifestación sean parte de alguna de las problemáticas que se señalan: que si fue la señora de las Lomas que discrimina a la señora del aseo, algún empresario que no paga impuestos o algún político sin honorabilidad (Elba Esther Gordillo), pero incluso, si uno quiere combatir esas problemáticas, necesita un árbitro que garantice que las y los ciudadanos podamos votar por el proyecto de nación que queramos. En este sentido se vuelve hasta necesario marchar con quienes disentimos en lo sustancial, pero que coincidimos en que es necesario este árbitro para que compitamos y podamos dirimir nuestras diferencias. Negarse a manifestarse por la democracia bajo un supuesto de purismo ideológico se vuelve un sinsentido porque no son esas diferencias las que están en juego, sino una coincidencia. Que esta heterogeneidad de pensamientos haya estado presente es una buena noticia en un entorno de sociedades cada vez más polarizadas.

    Es difícil pronosticar que va a pasar después del domingo, pero sin duda lo ocurrido este día por sí mismo es un éxito. El régimen contaba con una oposición tibia y cabizbaja (producto, claro, de la pusilanimidad y autocomplacencia de los partidos en los cuales la gente no se siente representada), pero hoy la oposición ciudadana le sacó un muy buen susto al gobierno en turno, lo preocupó, lo hizo sentir inseguro: los medios nacionales (en especial aquellos que no tienen un compromiso con el régimen) con sus contundentes planas así como los medios internacionales que abordaron lo ocurrido y le dieron cierta importancia, tan solo reflejan el éxito: de la gente que salió a las calles para garantizar que México siga siendo un país democrático.

    Si salvamos al INE, la gente podrá seguir votando por quien quiera: podrá seguir «equivocándose». Porque eso es lo bello de la democracia.

    Hoy fue un día histórico, por más que el régimen pretenda minimizar lo acontecido y afirmar que solo fueron 10,000 manifestantes (afirmación completamente inverosímil si tomamos la documentación fotográfica). Hoy se respiró un poco de democracia en un país cada vez más asfixiante.

  • El hombre más guapo del mundo

    El hombre más guapo del mundo

    El hombre más guapo del mundo

    No existe algo así como una belleza objetiva y universal.

    Algunos, sobre todo en aquellos sectores conservadores, desearían que así fuera. Pensar que los paradigmas con los cuales perciben al mundo no son necesariamente universales o absolutos, y a veces sean más bien contextuales, hace que algunas personas sientan incertidumbre al respecto.

    Si bien, creo que existen algunos rasgos o patrones universales en la construcción de lo que es bello (en el caso de las personas, la simetría o aquellos rasgos que denoten que una persona es sana podrían jugar algún papel), la verdad es que muchos factores culturales y subjetivos influyen sobre aquello que decimos que es bello o que esta persona es bella y posiblemente estos últimos pesan más que los primeros. La evaluación de la belleza termina siendo una cuestión más bien personal que universal.

    Mis predisposiciones personales; mi concepción de la realidad; posiblemente hasta mi misma genética; la cultura en la que estoy inmerso; lo que es más similar a lo que me es familiar sobre aquello que me puede parecer más ajeno, lejano o extraño; la influencia social o los medios también juegan un papel para decir que tal persona es más bella que otra. A veces, incluso la misma presión social puede ganar cierta relevancia: si esto es lo aceptado como bello, entonces me acoplo a ello para sentirme incluido en el grupo. Si esto no es aceptado como bello, entonces no voy a mostrar admiración por ello. Si tal persona tiene una pareja que es considerado o considerada como bella por la sociedad, ello le puede traer más réditos sociales.

    Es más, quienes comparten una misma cultura no tienen necesariamente las mismas preferencias y a veces a uno no le interesaba mucho la chava por la que babeaban los pubertos en la secundaria. La percepción de la belleza entonces no es algo universal, es una asignación personal que está influida por el contexto en el que la persona se encuentra.

    Los cánones de belleza ni siquiera han sido constantes a lo largo del tiempo. Antes, el estereotipo de belleza de la mujer era una que estaba más bien un poco más «llena» para luego pasar a ser el de una mujer voluptuosa. Claramente los cambios culturales influyeron en la mutación de estos cánones.

    Al parecer, no a mucha gente le agradó la idea de que Kim Nam-Joon fuera más votado que Henry Cavill como el hombre «más guapo del mundo» (más allá de que estas encuestas hechas en Twitter no cuentan con rigor alguno para poder determinar que es representativa de toda la especie humana). ¿Cómo ese «niño coreano» es más guapo que Cavill, tan hermoso y tan mamado?

    Es simple: la gente tiene distintos gustos, los cuales, además, están influidos por el entorno en el que se encuentran. Es posible, por ejemplo, que a los coreanos o asiáticos tiendan a sentir más atracción por Nam-Joon mientras que los occidentales tiendan a sentir más atracción por Cavill.

    Que muchos se indignen porque más gente haya votado a Kim Nam-Joon por encima de Henry Cavill solo refleja la existencia de la subjetividad en la belleza. Si la belleza fuera universal, entonces tendríamos que encontrar un consenso con respecto de estas dos personas que físicamente son muy distintas y solo tendría que haber disputas cuando los «contendientes» sean físicamente parecidos.

    Pero no es el caso. Ambos son demasiado diferentes. No puede existir un estándar de belleza universal e incluso de aquí puede deducirse que es un despropósito buscar al «hombre más guapo del mundo».

  • Contra la tauromaquia

    Contra la tauromaquia

    Contra la tauromaquia

    La tauromaquia es una práctica que se ha vuelto muy polémica en tiempos recientes, y en este sentido, estoy muy seguro que mi opinión al respecto va a generar polémica y puede que moleste a más de alguno. Sin embargo, quise aprovechar este espacio para expresar mi sentir contra esta práctica que, por más milenaria o cultural sea, me parece aberrante y que considero debe desaparecer.

    No me voy a centrar del todo en la discusión actual, que si dicha práctica debe estar prohibida o no: por lo general, quienes apelan a la libertad para defender estas prácticas (generalmente desde una postura conservadora) suelen abogar por actos prohibitivos en otros rubros. Argumentaré por qué esta práctica me parece aberrante.

    Primero, antes que nada, hay que recordar que el punto culmen de esta práctica es la muerte del animal por razones de ocio o entretenimiento y ello es muy fácil de abstraer. Muchos de los pro-taurinos argumentan que quienes nos oponemos a esta práctica no la conocemos bien, no conocemos la tradición, la cultura o el «arte» que existe detrás. Que si el traje de luces o el movimiento del torero, pero nada de ello niega la realidad: la muerte de un animal por placer.

    La tauromaquia refleja el dominio del hombre sobre la bestia, lo cual en sí no es malo: tenemos capacidad de dominio de los animales porque tenemos mayor inteligencia que ellos. Sin embargo, la civilización humana es una que con el tiempo va evolucionando, y si algo hemos aprendido con el tiempo, sobre todo en las sociedades más civilizadas, es el respeto por el entorno de tal forma que el ser humano maximice la satisfacción de sus necesidades generando el menor impacto posible en el ecosistema. Es imposible no causarle un daño, pero, sí es posible lograr que la afectación será mucho menor si satisfacemos nuestras necesidades de esta forma.

    No se trata, aclaro, de tomar una postura especista radical, sino una postura más bien consciente y pragmática. Es cierto que todas las especies se matan unas a otras para sobrevivir, pero el ser humano, al ser dotado de una inteligencia superior, puede encontrar formas de sobrevivir sin tener que sacrificar su calidad de vida, al tiempo que adquiere un respeto por el entorno cada vez mayor. Como nuestro ecosistema no es infinito, el respeto por éste se vuelve cada vez más necesario a largo plazo incluso para nuestra misma satisfacción de necesidades.

    Posiblemente seguiremos prescindiendo de la vida de los animales para alimentarnos, pero es cierto que algunas personas han reducido su consumo animal (y otras incluso la han eliminado) con el fin de reducir el impacto sobre estas especies. También es cierto que los avances tecnológicos pueden hacer que estas prácticas vayan induciendo el menor sufrimiento posible a las distintas especies. Esta relación de nuestra especie con el animal, cada vez menos violenta, nos obliga a prescindir de las prácticas más innecesarias que lleve a la muerte de los animales: y por sentido común sabemos que ni la tauromaquia ni la caza son necesarias para nuestra satisfacción de necesidades primarias.

    Un argumento de los pro-taurinos es que esta industria genera empleos y alimenta bocas, lo cual es cierto, pero en esa argumentación olvidan que el dinero que se gastaba en asistir a estos espectáculos se gastará en otras formas de entretenimiento, en ropa o en dispositivos electrónicos que tendrán una mayor demanda y, por tanto, generarán más empleos. Claro, este argumento puede servir para implementar políticas públicas para que, en caso de que estas prácticas desaparezcan o se prohiban, el impacto sobre la gente perjudicada sea menor, pero no sirve para justificar la existencia de esta práctica. Si la justificación es esta, entonces la innovación sería criticable ya que los nuevos productos desplazan a los viejos junto con los empleos que estos últimos generaban. De igual forma, bajo este mismo supuesto, podría justificarse la prohibición de Uber en aras de mantener los empleos de los taxistas.

    Otro argumento tiene que ver con la libertad de elección. Se argumenta que al prohibir la tauromaquia se pierden libertades. Que se defienda la libertad de elección y decisión del ser humano no implica que absolutamente todo esté permitido y vivamos en una suerte de anarquía donde todos los hombres tienen derecho a hacer todo (como diría Hobbes). Nadie en su sano juicio considera que es un acto de libertad de expresión que una persona maltrate y violente a un perro o un gato en la calle por diversión.

    También argumentan que si la tauromaquia desapareciera, desaparecería con ello el toro de lidia. Ello podría ocurrir así porque la existencia de este toro se explica por la intervención humana. Sin ella, esta raza de toro podría no seguir existiendo. Que una raza de alguna especie se extinga no es per sé algo malo: ello ha ocurrido un montón de veces y forma parte del equilibrio del ecosistema. El problema ocurre cuando una raza o especie se extingue producto de la intervención humana porque ello habla de la afectación que nuestra especie causa a nuestro ecosistema. Dicho esto, si esta raza desapareciera, no ocurriría por la intervención humana, sino por la decisión del humano de no intervenir. El animal (el toro) no desaparecería. Por otro lado, ello no quiere decir que no se puedan tomar acciones para preservar a esta raza si así hay quien lo deseé.

    Se argumenta, además, que estos toros tienen una «gran calidad de vida» antes de ser llevados al ruedo, pero ello podría ser análogo a justificar, por ejemplo, la esclavitud de una persona bajo el argumento de que en su infancia se le alimentó muy bien para que después se convirtiera en un esclavo fuerte y más eficiente. La «gran calidad de vida» no es producto de la bondad de aquellos que son parte del negocio de la tauromaquia. Ocurre más bien porque ello es útil para tener toros competitivos y físicamente saludables que satisfagan el negocio de quienes están involucrados en éste.

    Añaden que por qué la preocupación por los animales cuando muchos seres humanos son asesinados, como si tuviéramos derecho a maltratar a los animales hasta que haya cero asesinatos en la tierra. Claro está que para nuestra especie velar por nosotros mismos es prioritario sobre los animales, incluso para nuestra supervivencia: podemos matar a un animal si amenaza nuestra integridad o si necesitamos alimento, pero una cosa no excluye a la otra. Cualquier persona decente está de acuerdo que matar a un ser humano (a menos que sea por defensa propia) es una aberración, incluso las guerras nos parecen menos «románticas que en el pasado porque valoramos más la integridad de los seres humanos», quien salga de esta concepción (que crea que está bien matar a alguien) es mirado con muchísimo recelo y se le considera una amenaza. Matar a un gato por diversión (aunque sea menos preocupante que el caso de nuestra especie) ya es visto de manera similar. ¿Por qué la tauromaquia debería tener un trato diferente? ¿Porque es una tradición o es «cultura»?

    Y por cierto, el argumento de la cultura y las tradiciones me parece el más endeble. La sociedad es dinámica y cambiante, no es estática. Una tradición debe mantenerse en tanto esta sea útil en el contexto en el que se encuentra y enaltezca al ser humano. La tauromaquia no cumple con ninguna de ambas cosas. Las tradiciones deben revisarse periódicamente de tal forma que se mantengan aquellas que sean útiles para la sociedad y desaparezcan aquellas que sean nocivas, perjudiquen al individuo o su entorno. Ciertamente, algunas personas argumentarán que la durabilidad de las tradiciones pueden darnos una pista de su eficacia y utilidad, pero ello no siempre ocurre así y prácticas que nos han acompañado en la mayor parte de nuestra historia humana hoy nos son repudiables, como la esclavitud.

    Si una tradición se va a defender, se debe dar una justificación para su defensa que va más allá de su simple condición de tradición. Si la separación de poderes en Estados Unidos se considera una tradición por los Padres Fundadores y esta idea resulta funcional en nuestros tiempos (cosa que lo es) entonces debe mantenerse y defenderse (por cierto, en Estados Unidos, país de libertades, la tauromaquia que implique el daño o la matanza de un animal está prohibida), pero si no es útil o es nociva, como ocurre, por un decir, con el duelo o el sacrificio humano en las sociedades indígenas, entonces debe desecharse. Defender las tradiciones por el mero hecho de ser tradiciones nos condenará al estancamiento como especie.

    Tampoco podemos justificarlo bajo la idea de la identidad cultural. Dudo que en México la tauromaquia (como lo puede ser más en España) sea uno de los elementos más importantes de nuestra cultura. Además, muchas de las prácticas o actitudes que daban identidad a nuestra cultura se han vuelto obsoletas o simplemente han desaparecido, al tiempo que se mantienen muchas otras que dignifican a nuestro país y hacen que los individuos nos sintamos orgullosos de nuestra nación.

    Para finalizar, si bien la tauromaquia es una manifestación cultural, no se puede considerar un arte. Que Picasso o algunos otros artistas hayan pintado o escrito sobre la tauromaquia no la convierte en un arte (arte, en todo caso serían sus obras) de la misma forma que la guerra no es arte por el hecho de que se haya escrito mucha poesía o se hayan pintado muchos cuadros alrededor de ella. Es cierto que pueden haber expresiones estéticas alrededor de la práctica que puedan ser ligadas con lo artístico, pero de igual forma no podemos considerar al futbol un arte en el sentido estricto porque las empresas que fabrican los jerseys buscan que éstos sean estéticos, agradables a la vista o expresen algo (por ejemplo, elementos que expresen algo de la ciudad donde reside el equipo). No podemos considerar arte los movimientos de los toreros así como no consideramos arte en el sentido estricto las gambetas de Leo Messi por más las admiremos.

    La tauromaquia es una práctica bárbara, donde la matanza del animal es el momento cumbre en esta práctica, la culminación del dominio del individuo sobre la bestia quien se vuelve triunfante: las luces, los protocolos, el colorido y los símbolos que dan identidad a esta práctica y bajo lo cual se justifica su condición de tradición y cultura, se vuelven accesorios a este crucial momento.

  • ¡Oye Failtelson! El merecimiento es una construcción social

    ¡Oye Failtelson! El merecimiento es una construcción social

    ¿Quién merece algo y quién no?

    Ayer, muchos aficionados y opinadores (Failtelson) andaban indignados porque el Real Madrid (equipo al que no le voy) ganó haciendo solo dos tiros a gol mientras que el Liverpool hizo más de 10 y dominó casi todo el partido. ¡Qué injusto! ¡El Madrid ganó injustamente! ¡Liverpool mereció ganar!

    Pero el Madrid fue justo y merecido campeón porque en el futbol quien gana es quien mete los goles y no quien remata más o tiene más posesión del balón. Esto último son recursos para ampliar las posibilidades de ganar, pero no dice nada sobre quién ganó.

    Resulta que cuando los individuos queremos obtener algo tratamos de optimizar nuestras habilidades y capacidades, y empleamos un mayor esfuerzo para lograr tal o cual resultado. Así, se esperaría que quien haga un mayor esfuerzo y tenga un mayor desempeño, tenga mayores posibilidades de obtener el triunfo.

    De alguna forma educamos a la gente para que haga un mayor esfuerzo porque ello genera mejores resultados tanto individuales como sociales. Reconocemos a quienes emplean un mayor esfuerzo y muestran mayor talento porque esperamos gente que obtenga «más cosas» en la sociedad y ésta se beneficie en su conjunto. Así, relacionamos los instrumentos (esfuerzo y desempeño) con los resultados.

    De igual forma, las empresas (o equipos, o lo que sea) eligen a personas con un mayor desempeño o talento porque las probabilidades de obtener mejores resultados son más altas. No es un tema de merecimiento, sino de interés mutuo (si me esfuerzo tengo más probabilidades de tener éxito y si yo contrato a gente que se esfuerza, tengo más probabilidades de obtener tales resultados).

    Pero de estas dinámicas, los individuos asumimos que quien merece la gloria es quien tuvo un mejor desempeño o talento, y eso es un error.

    Quien merece algo es quien obtuvo el éxito en un entorno de reglas justas y punto. Lo demás es irrelevante.

    Con reglas justas me refiero a que no se haga trampa y que dichas reglas no beneficien arbitrariamente a unos sobre otros (por influencias, prejuicios de género y un largo etc).

    Si el otro se esforzó más o «dominó más» es irrelevante, a menos que el juego de reglas determine al triunfador con base a dicho desempeño (como a veces pasa en el box).

    Si el compa que es menos talentoso que tú y tiene un mejor trabajo o gana más dinero empleando menos esfuerzo que tú, ello no es injusto. Si la suerte benefició a la otra persona y a ti no, ello tampoco es injusto.

    Pensar en que mereces algo porque le echaste ganas genera una mentalidad mediocre, porque entonces esta arrogancia evita que te replantees la estrategia. Peor aún, que te prives de hacerlo cuando ya tienes muchos elementos (esfuerzo y talento) que hacen que la posibilidad de tu éxito sea más probable.

    Dicho esto, si te esforzaste mucho, no te fue bien y nadie hizo trampa en el proceso, ello no es culpa de nadie. Lo único que toca es replantear tu estrategia.

    Si te esforzaste mucho y te la partiste, está muy bien que te sientas contigo mismo, a pesar de que no lo hayas logrado, pero ello no implica que le puedas exigir al mundo que te dé lo que crees merecer.

  • El estilo conflictivo de gobernar la Ciudad de México

    El estilo conflictivo de gobernar la Ciudad de México

    El estilo conflictivo de gobernar la Ciudad de México

    Generalmente, las grandes ciudades suelen ser más liberales. Como señalaba el economista Edward Glaeser, ahí las personas viven más en el anónimato que en los pequeños pueblos donde son observadas y juzgadas por la comunidad.

    La Ciudad de México es una ciudad muy grande y su sociedad es más liberal (en el sentido progresista) que la de cualquier otra ciudad. Hay tanta gente que puedes perderte entre ella.

    Pero la forma en que la política se despliega en la capital sufre de una aparente fuerte contradicción producto de la desigualdad que existe en esta ciudad. La CDMX para nada es homogénea, más bien es muy heterogénea. Aunque más liberal que las otras ciudades, coincide con las otras en que la cultura liberal se expresa como una U invertida a lo largo del espectro socioeconómico. Es decir, las clases altas suelen ser conservadoras, las clases medias suelen ser las más liberales y las clases bajas todavía más conservadoras y religiosas que las altas.

    El liberalismo clasemediero muestra una combinación de valores liberales clásicos (creencia en la democracia, la separación de poderes, contrapesos, libertad de expresión) y progresistas (apoyo a causas LGBT, feminismo, ecologismo): una suerte de socialdemocracia o socioliberalismo. Conforme se desciende en la posición social, estos valores liberales clásicos parecieran a ser progresivamente reemplazados por la idea de un Estado más intervencionista y protector mientras que los valores progresistas van pasando progresivamente a ser reemplazados por ideas un tanto más tradicionalistas. En el caso contrario, cuando se asciende a la posición social, los valores liberales clásicos toman mayor predominancia: la idea del libre mercado, por poner un ejemplo, y estos se combinan con una postura social cada vez más conservadora (aunque muy posiblemente en menor grado que en otras ciudades del país).

    De la misma forma, tanto más se baja de posición social, la relación paternalista y asistencialista comienza a manifestarse.

    Claro que esto es una generalización y no implica que todos los individuos sigan este patrón. Aún así, en este oscilar de posturas ideológicas de forma gradual es posible encontrar personas (sobre todo de clase media-alta) que combinan valores progresistas en lo cultural con el libre mercado mientras que otras (sobre todo en la clase media) defienden esos mismos valores progresistas acompañados de discursos más críticos con el capitalismo.

    Así, la CDMX pareciera dividirse en microculturas que van desde Las Lomas (gente de clase alta con valores más tradicionales), Polanco (algo más progresista que la primera), el eje Roma-Condesa (la zona más progresista por excelencia de la ciudad y tal vez del país), o zonas más populares como Iztapalapa donde los gobiernos tejen muchas redes clientelares y donde tiene lugar el muy típico viacrucis.

    Dentro de todas estas tendencias, el progresismo-liberal y el paternalismo viejopriísta parecen ser aquellas que pueden ser más capitalizables políticamente por el número de personas que las abrazan. Estas expresiones, que en muchos sentidos pueden ser contrarias (la primera burguesa y la segunda popular) se entremezclan para dar forma a los gobiernos que están al frente de la ciudad.

    Así, cada régimen de la CDMX que pasa, aspira a ser un régimen de avanzada a la Copenhague, a la vez que emula al populismo latinoamericano y al paternalismo priísta. Estas dos visiones opuestas conviven de tal forma que la frontera entre ellas se vuelve muy difusa.

    Los plebiscitos y referendums que se llevan a cabo en muchas colonias a veces quieren parecerse a alguna política suiza pero luego parece tomar la forma de esos plebiscitos que tanto se hacen en países como Venezuela o Bolivia. El gobierno construye ciclovías a la vez que refrenda pactos con los taxistas para mantener cuotas de poder político. La misma Claudia Scheinbaum parece tratar de hacer cierto equilibrismo entre el progresismo capitalismo y el conservadurismo de su patrón y de quien dependen sus aspiraciones políticas: Andrés Manuel López Obrador.

    La CDMX, tan gay-friendly y guadalupana a la vez. Con un PAN del que se rumora está jugando al progre para aspirar a arrebatarle la capital a MORENA y con una jefa de gobierno que porta en su vestimenta a la Virgen de Guadalupe para atraer la simpatía de las clases populares.

    Así, en una ciudad tan heterogénea, los gobiernos (todos denominados de izquierda desde que Cuauhtémoc Cárdenas ganó las elecciones) terminan siendo una expresión muy sui géneris. A veces se dicen de izquierda porque «dan dinero a los pobres (para tejer redes clientelares)» o porque defienden los derechos de la mujer: dos izquierdas completamente distintas y que pertenecen a tradiciones muy disimiles.

    Y, mientras tanto, este liberalismo de las grandes ciudades coincida con una profunda desigualdad, los gobiernos tendrán muchos incentivos para jugar este juego en apariencia contradictorio, porque ello les es rentable electoralmente, porque el votante mediano se encuentra en medio de esa contradicción.

  • En contra de la malicia

    En contra de la malicia

    En contra de la malicia

    Más de una vez me han dicho: «Álvaro, deberías tener más malicia».

    Siempre he estado rotundamente en contra de esa sugerencia y siempre lo estaré.

    No es lo mismo tener malicia que saber defenderse. Tener malicia implica que, si en una comunidad es común que la gente saque ventaja de otras o se meta la pata, tú debes jugar al juego si no quieres que te jodan y puedas sobrevivir en el ambiente.

    ¿Por qué se hace sugerencia? Es simple, por desconfianza.

    Si la gente desconfía de sus pares, entonces adoptará mecanismos a través de los cuales buscará protegerse. La malicia implica cierta proactividad (y no en el buen sentido), porque si las demás personas juegan al juego, si tú quieres destacar y quieres crecer en ese ambiente, entonces debes embarrarte en el lodo.

    Pero esta dinámica implica un problema de acción colectiva ya que un ambiente en el cual todos tienen que proteger sus espaldas y atacar, la cooperación se vuelve mucho más complicada y ello tiene consecuencias nefastas no solo a nivel micro (en mi persona o mi lugar de trabajo) sino en el macro: en la sociedad, país o región.

    América Latina es la región del mundo (sí, por encima de África) donde la gente desconfía más de los demás: no solo de los desconocidos, sino de su familia inclusive:

    Para que existan instituciones fuertes y justas en una sociedad, la cooperación es muy importante. Si la gente no confía en los demás y no está dispuesta a cooperar, entonces dicha sociedad tendrá instituciones débiles e injustas.

    Si la gente considera que las instituciones son débiles e injustas, entonces será más proclive a saltárselas para sobrevivir. Si apegarme a la ley y a las instituciones no me funciona para satisfacer mis necesidades entonces tengo que brincármelas. Si en el nivel personal hay que «embarrarse en el lodo», a nivel macro habría que hacer lo mismo, tengo que «jugar al juego».

    Dicho esto, podemos asumir que si en una sociedad la gente desconfía de los demás, no podrá construir instituciones sólidas y por lo tanto no podrá confiar en ellas. Los datos en este sentido son reveladores. América Latina también es la región que menos confía en sus instituciones.

    América Latina es la región que menos confía en el Congreso, en las elecciones, en el gobierno, en la justicia, los partidos y la policía. Esta relación entre confianza personal e institucional es consistente en todas las demás regiones con excepción de Asia Oriental, donde la gente confía más en las instituciones que en las personas.

    No tener instituciones fuertes es un gran problema, de acuerdo con Van der Meer, la confianza política funciona como el pegamento que mantiene el sistema integrado y como el aceite que lubrica la maquinaria política. La confianza política e institucional permite promulgar legislación controversial que sea positiva para la sociedad (por ej, medidas impopulares que beneficiarán a la gente en el largo plazo), participación en las urnas, disposición para pagar impuestos y apoyo en asuntos internacionales.

    La confianza política e institucional es importante para el desarrollo, ya que da más certidumbre a las personas que deseen poner un negocio o invertir en un país. Es revelador el estudio que hizo Robert Putnam en Italia donde descubrió que en la región norte, ahí donde hay más prosperidad económica y mayor participación ciudadana, existe una mayor confianza interpersonal que en la región sur, menos próspera, con relaciones políticas más clientelares y donde precisamente surgieron las mafias italianas.

    La cuestión es que se trata de un círculo vicioso:

    Si no confío en las demás personas ni en las instituciones entonces tendré incentivos para «tener más malicia» y pasarme las leyes por encima. Pero si decido tener «más malicia» y decido pasarme las leyes por encima, entonces estoy cooperando para que exista menos confianza interpersonal e instituciones más débiles que hagan que más personas decidan hacer lo mismo.

    Como bien afirman Nathan Nunn y Leonard Wantchekon, los efectos culturales de la desconfianza pueden expandirse a lo largo de los años, como descubrieron en África, donde las regiones donde existía mayor comercio de esclavos tienen mayores niveles de desconfianza interpersonal (el comercio de esclavos hacía que la gente desconfiara más de sus pares y estuviera menos dispuesta a cooperar con ellos ya que podían ser vendidos como esclavos por sus amigos o familiares). Evidentemente, en América Latina existen razones históricas que explican la desconfianza interpersonal (por ejemplo, la colonización), pero ello no quiere decir que uno no pueda hacer nada ni poner su grano de arena:

    Romper esa idea de la malicia no implica ser ingenuo ni dejarse «tragar por el sistema». Posiblemente le dé al individuo, en el corto plazo, más réditos ser «malicioso» que aprender a defenderse manteniendo sus valores y principios personales, pero en el largo plazo será una persona más honorable y sabrá que habrá puesto de su «de su parte» para contribuir con una mejor sociedad.

    Al final, tener malicia implica perpetuar aquello que no nos gusta: una sociedad injusta, con instituciones que no funcionan bien y donde las personas se sienten inseguras en su relación con las otras.

  • Vigilar y Cancelar a Quadri

    Vigilar y Cancelar a Quadri

    Para que una causa sea buena es condición necesaria que sea noble, mas no suficiente.

    No estoy de acuerdo con la postura de Gabriel Quadri. Sin embargo, de igual forma tampoco puedo estar a favor de la actitud del conductor de CNN al correrlo, ya no solo por mis principios liberales, sino porque en ese ámbito de la búsqueda de la inclusión ese tipo de actitudes terminan siendo muy contraproducentes.

    En ese programa todo salió mal. El propio Gabriel Quadri llegó predispuesto al programa y no mostró la más mínima empatía por la diputada transexual a raíz del sufrimiento y el abuso del que ha sido sujeta por su identidad de género (quien tampoco es que haya mostrado una muy buena actitud). El conductor, quien debería haber sido una suerte de moderador, terminó corriendo a Gabriel Quadri del programa.

    Nada salió bien, nadie se detuvo a hacer un alto y pensar. Las tres personas, en un desplante mecanicista, se pusieron en automático y todo inevitablemente colapsó.

    Prejuicios al Quadrado

    Pensemos. ¿Qué habrá pensado Gabriel Quadri después de que el conductor lo corriera (o como decimos ahora, que lo cancelara)? Si de algo estamos seguros es que ello no lo llevó a una reflexión alguna. Por el contrario, seguramente se sintió alienado y reforzó la postura que ya tenía.

    La gente tiene prejuicios por distintas razones. Evidentemente existe gente que siente odio y repudio por los transexuales: ellos son los que están más predispuestos a agredirlos o a excluirlos porque lo hacen de manera completamente voluntaria y consciente, pero no toda la gente que alberga prejuicios (todos los tenemos de una u otra forma, o solo miren al mismo conductor al hacer alusiones a Tepito) tiene esas intenciones. Hay gente que los tiene porque no tiene la información o el conocimiento necesario sobre algún fenómeno, o bien, creció y se familiarizó con una realidad para la cual ese fenómeno le era ajeno y desconocido, por lo cual lo que le es poco familiar le asusta y le genera incertidumbre. Algunas personas dejan que esa incertidumbre se convierta en odio hacia aquellas personas que albergan lo «diferente» o lo que rompe la normalidad, pero muchas otras personas, a pesar de la incertidumbre, comprenden que el hecho de que sea algo poco familiar no le despoja de dignidad: «no comprendo la transexualidad y ello me hace sentir incómodo y tal vez hasta amenazado porque siento que confronta mi idea de lo que la realidad o el orden social debería ser, pero comprendo que, dado que son humanos, son personas dignas por el mero hecho de ser personas y merecen ser respetadas».

    De ahí se sigue que varias de las personas que albergan prejuicios podrían ser persuadidas para que, en mayor o menor medida, los abandonen, y ello ocurrirá cuando tengan información tal que les haga ver que las ideas que tienen de tales o cuales personas eran erróneas. Claro, ello no es una tarea fácil porque implica que la persona se confronte consigo misma, pero podemos estar seguros de que la censura tendrá menos beneficios y será muy contraproducente.

    El problema es que parece asumirse que quien tiene un prejuicio lo hace necesariamente por razones de odio, como si aquella persona tuviera la intención deliberada de querer «atentar contra aquellas minorías» de las cuales alberga prejuicios. De ahí se asume (erróneamente) que cualquier persona que tenga un prejuicio debería ser cancelado, y ello me parece un error.

    Pareciera asumirse que cancelando discursos estos van a desaparecer, porque entonces la gente va a temer expresar sus opiniones por miedo a ser relegado o señalado, fenómeno que se le conoce «la espiral del silencio» acuñado por Elisabeth Noelle-Neumann. El problema es que, dado que dicha gente sigue albergando sus propios prejuicios (nada más no los dice por miedo a sufrir represalias), bastará con que alguien les dé un espacio para que puedan expresarse: movimientos ultraconservadores o de ultraderecha que no solo critican los «cómos» en lo relativo a la inclusión, sino que en muchos casos se opondrán a la inclusión misma.

    Por el contrario, hacer la distinción hará que algunas personas ya no propaguen prejuicios simplemente porque ya no creen en ellos. Las personas que realmente odian a los que perciben como diferentes ya no tendrán en los individuos que se sienten alienados a unos aliados potenciales a través de los cuales fortalecer sus movimientos.

    El infierno que está pavimentado de buenas intenciones

    Otro problema con la censura es el siguiente: las causas nobles no necesariamente derivan en buenos resultados (muchos ejemplos de esto existen a lo largo de la historia). Es importante la forma en que está instrumentalizada la causa y para ello es importante que la causa misma reciba retroalimentación y pueda ser objeto de crítica: si ello no ocurre, se volverá más dogmática, rígida y, por tanto, más ineficiente.

    Criticar las formas no implica oponerse al fondo. Yo bien puedo oponerme a que haya animales al circo pero, a la vez, sé que simplemente aplicar la prohibición sin que haya una política pública bien diseñada podría traer resultados lamentables como, por cierto, ocurrió en la Ciudad de México.

    A veces es difícil distinguir entre aquella persona que alberga prejuicios y aquella persona que simplemente muestra escepticismo hacia las formas: se tiende mucho a asumir que aquella persona que guarda escepticismo es prejuiciosa, lo cual muchas veces no es el caso. Que el ejercicio sea complicado no significa que ese esfuerzo deba abandonarse. Por ejemplo, preguntarse si es buena idea que los transexuales participen en competiciones deportivas de personas del sexo con el que se identifican no es per sé discriminatorio: reflexionar sobre el hecho de que los transexuales tengan franca ventaja física pueda crear un orden de cosas injusto puede ser algo razonable (lo cual, por cierto, fue lo único sobre lo que el conductor pareció reflexionar).

    Si se comprende esto, si se asume que la realidad es muy compleja y que los fenómenos sociales no son tan simples como creemos, entonces podrá abordarse el problema con mucha más inteligencia y asertividad. Muchos podemos considerar la inclusión como algo imperativo, pero ello no significa necesariamente que la ruta propuesta para alcanzarla siempre sea la idónea: ahí es donde la retroalimentación puede llevarnos a construir mejores esquemas y hojas de ruta para que las minorías sean incluidas en la sociedad, para que estén en el centro y no en la periferia.

    Detenerse a pensar no implica tomar una postura tibia o pusilánime, sino más bien una inteligente, madura y pragmática. Se deberá ser duro y determinante con aquellas personas con las que se tenga que ser duro y determinante, pero también se deberá ser empático y persuasivo con aquellas personas con las que se tenga que ser empático y persuasivo.

    Paréntesis: ni todo es cultura de la cancelación ni cancelar no siempre es malo

    Quiero concluir haciendo una acotación. Que reproche el acto de censura y cancelación no implica que en todas las circunstancias ello sea malo. Por ejemplo, es acertado cancelar a aquella persona cuyos dichos tienen la intención de agredir a otra persona o a poner en riesgo su integridad (por ej, que Quadri diga que hay que rechazar o excluir a los trans porque son obra del demonio). Reprochar que se contrate a una persona con antecedentes de abuso sexual o comportamientos denigrantes es acertado ya que dicha persona puede ser una amenaza potencial en muchas formas (claro, a menos que dicha persona haya mostrado un sincero arrepentimiento).

    Tampoco todo lo que se dice que es cultura de la cancelación lo es ni es algo nuevo, pareciera que para algunos sectores cualquier crítica que no les agrada implica una «cultura de la cancelación», para explicar esto les comparto este texto que escribí hace un año.