Categoría: política

  • Mañana vamos a votar, pero ¿qué es un voto?

    Mañana vamos a votar, pero ¿qué es un voto?

    Mañana vamos a votar, pero ¿qué es un voto?

    El día de mañana, primero de julio, los mexicanos saldremos a votar.

    Nos hemos preguntado todo, pero seguramente no nos hemos preguntado ¿qué es un voto?

    Cuantitativamente, un voto individual parecería tener poco valor. Este tiene el valor de uno entre poco más de 50 millones que van a salir a votar. 

    Para que una persona pueda estar segura de que su voto por sí mismo determinó el resultado de la elección, el resultado entre el candidato puntero y el segundo lugar tendría que ser de tan sólo un voto de diferencia. Pero aún así, los 50 millones de votantes podrán sentirse con el mismo derecho de decir que «ellos definieron la elección» ya que también el voto de cada uno de ellos vale uno. Los cincuenta millones podrían decir: «si hubiera votado de otra forma, el presidente sería otro». 

    Si al voto se le trata como «un voto individual», una persona podrá pensar que ni siquiera tiene caso irse a parar a la casilla porque su voto individual no va a definir la elección.

    Pero al final, lo que decide la elección es la suma de todos los votos. Es decir, el voto individual no define una elección, pero ese voto, sumado con todos los demás, sí la definen.

    Por esto es que el atractivo del voto reside en lo cualitativo, no en lo cuantitativo. El atractivo del voto reside en el voto mismo como expresión de un individuo que pertenece a una comunidad, y esa expresión está dada por sus valores, su forma de pensar y su visión del mundo.

    El elector no delibera su voto, como se piensa que debería ser, con base en una minuciosa comparación de las propuestas de los candidatos para determinar quién se desempeñaría de mejor forma. En realidad, el votante opta por una narrativa que vaya en consonancia con sus principios y valores. Las propuestas son parte de la narrativa, pero no son las propuestas por sí solas las que determinan el voto del elector sino lo que dicen en su conjunto y que se adhieren a la retórica del candidato y a su historial para formar dicha narrativa. El voto siempre tendrá un fuerte contenido emocional, no importa que el elector tenga mucha educación o no.

    El voto es una forma de proyectarse y reafirmarse a sí mismo en la boleta. Cuando el elector tacha uno de los recuadros, también está expresando quién es, qué piensa, qué le preocupa y qué no. Por eso es que es un sinsentido decir que los electores que van a votar por cierto candidato son ignorantes o «pendejos». En realidad, su orden de prioridades y su visión de las cosas difiere con el de los otros. Incluso muchos electores podrían optar por un autoritario o xenófobo no por ignorancia, sino porque comulgan con sus retorcidas ideas. Es cierto que hay gente que ejerce un voto más informado que otros, pero en la mayoría de los casos, la decisión tiene como fundamento las prioridades del individuo.

    Dicho esto, no podemos decir que el votante es completamente racional a la hora de elegir a su candidato. Y hasta cierto punto tiene sentido, porque en realidad es una tarea demasiado compleja determinar cómo es que va a gobernar x o y candidato. Son demasiadas las variables que están en juego como para tomar una decisión completamente racional. Las emociones y las generalizaciones funcionan entonces como una suerte de atajo para poder tomar una decisión: «López Obrador es igual a Chávez», «como es priísta, necesariamente nos va a robar». Es decir, el elector no sólo da prioridades a unas variables sobre otras (de acuerdo a su forma de pensar), sino que no las toma todas y las reduce de tal forma que tenga capacidad de interpretarlas. 

    Elecciones 2018, voto

    La sabiduría ciertamente permite tomar un abanico más amplio de variables o evaluarlas de mejor forma (diríamos que su voto tenderá a ser más razonado), pero esto no significa que el sabio termine por despojarse completamente del componente emocional, este sigue estando ahí muy presente. 

    El voto como expresión también explica por qué a una persona le puede molestar que otra vote por otro candidato. Hemos escuchado casos de familias que se han roto por esa razón, cosa que no puede explicarse desde el voto como algo cuantitativo, ya que el voto vale uno entre centenas de miles o millones. Pero sí que se puede explicar desde la perspectiva cualitativa:

    Cuando un individuo vota diferente a otro, tácitamente está expresando que tiene discrepancias ideológicas con el otro y que su escala de valores no es necesariamente igual. La intención de voto tiene un componente tribal: si bien los que simpatizan con el mismo candidato no tienen por qué pensar exactamente igual, sí tienen ciertos puntos en común que provoca que los votantes se aglutinen: los lopezobradoristas, los antiamlo, los priístas y un largo etcétera. Incluso en estos tiempos donde la carga ideológica de los partidos se ha comenzado a vaciar, los votantes siguen viendo a las opciones políticas como una forma de expresión. 

    Es, tal vez, en este sentido, que el voto tiene un valor. El votante no sólo elije individualmente a un candidato (o decide votar en contra de uno de ellos) sino que se expresa y se suma a aquellos que van a votar la misma opción y con quienes tiene varios valores o prioridades en común. Por esto es que las elecciones se suelen polarizar, porque es natural que los votantes terminen aglutinándose entre ellos y formando bandos. Termina siendo una cuestión de pertenencia. 

    En muchos de los casos (no en todos) cuando terminan las elecciones la polarización se reduce, sobre todo en aquellas personas que no son completamente incondicionales hacia alguna opción o candidato, ya que, por más incondicionales sean, son más los valores y las prioridades que tienen en común con sus pares, lo que hace que su sector se fortalezca. Los votantes blandos también forman facciones, pero estas no están lo suficientemente cohesionadas como para que sobrevivan al final de la elección. Ellos posiblemente se terminen olvidando del tema y regresen a su vida cotidiana. 

    Al final, lo que quiere el elector es un mandatario que represente de mejor forma sus valores y su visión del mundo. La narrativa tiene, por tanto, un mayor impacto en el elector que el desglose de las propuestas, ya que esto último termina siendo algo demasiado técnico y hasta «aburrido». Las propuestas funcionan en tanto puedan empatar con una narrativa con la que los electores se identifican. 

    Por eso es que, a pesar de que el voto vale solo un voto, importa tanto. El elector no sólo va a las urnas a elegir, sino a expresarse. 

  • Lo mejor y lo peor de la campaña electoral

    Lo mejor y lo peor de la campaña electoral

    Lo mejor y lo peor de la campaña electoral

    La extenuante campaña electoral que comenzó a finales del año pasado termina el día de hoy, los mítines cesarán y serán clausurados con un pomposo cierre de los candidatos a la Presidencia de la República ante miles de sus feligreses. Los spots ya no aparecerán más en los canales de televisión, sus rostros serán “bajados” de los espectaculares para dar paso a alguna tienda departamental o al anuncio de un nuevo condominio de departamentos. Las luces se apagarán y solo veremos algunos destellos en aquellos rincones que el INE todavía no termina de regular. Los mexicanos viviremos una tensa calma llamada veda electoral, que se supone será un espacio de tres días para reflexionemos y razonemos nuestro voto. Tensa calma porque, después de ella, saldremos a votar para después toparnos con la realidad: con la del candidato que triunfa, con la del derrotado, con la incertidumbre de lo que pasará, o con el júbilo y la alegría.

    Pero, además de reflexionar nuestro voto, también es importante que reflexionemos la campaña, que nos preguntemos sobre la calidad que tuvo ésta, sobre el desempeño de los medios, de los poderes fácticos, de los políticos y de la sociedad dentro de esta. La calidad de las campañas electorales habla mucho del país que las lleva a cabo y todos aquellos que están involucrados. Es una forma de “prueba a nosotros mismos”, de mostrar qué tan a la altura nos encontramos. Por eso es imperativo analizar qué cosas se hicieron bien y qué cosas se hicieron mal. Dicho esto, comenzaré hablando de aquello que me pareció positivo de las campañas:

     

    Lo positivo de la campaña electoral

     

    1.—Verificado y Oráculus

    Verificado fue una iniciativa que es una suerte de continuación y expansión de una herramienta que se creó a raíz del sismo del añó pasado. Con sus virtudes y sus defectos (no estuvo exenta de errores) Verificado fue una herramienta que sirvió para que la sociedad “verificara” la veracidad de la información que consumía en redes sociales. Muchos de derecha e izquierda, desde su disonancia cognitiva, criticaron esta herramienta, unos lo llamaban “VerificAMLO” y los otros decían que era de “la mafia del poder”, lo cual tal vez sea reflejo de que esta herramienta tuvo éxito.

    Oráculus, por su parte, fue un agregador de encuestas sofisticado y que replica de alguna forma el trabajo que hizo Nate Silver en las elecciones de Estados Unidos, donde los usuarios pudimos ver las tendencias de una forma más clara y precisa que las encuestas aisladas. Hasta el día de la elección sabremos qué tan acertada estuvo esta iniciativa de Javier Márquez (que también será responsabilidad de las casas encuestadoras), pero sin duda Oráculus representó una gran evolución sobre la forma en que analizamos las encuestas en nuestro país.

    2.- Foros de opinión y espacios de debate en televisión.

    Es notoria la evolución que tuvieron los medios de comunicación dentro de las elecciones, sobre todo si lo comparamos con sexenios anteriores. Me sorprende, sobre todo, el trabajo que ha hecho Televisa con las mesas de debate entre coordinadores de campaña y los análisis con diversos especialistas tanto de derecha como de izquierda en La Hora de Opinar. Es cierto que las mesas con los coordinadores de campaña tenían un nivel más bien malito y en algunas ocasiones llegaba a ser cansino, pero esto no era culpa del formato sino de los propios coordinadores que aportaban más bien poco. Pero no sólo Televisa hizo un buen papel: Aristegui Noticias o El Financiero hicieron una muy buena cobertura en estas elecciones. Si el televidente quería contrastar ideas o propuestas, tuvo en los medios a un gran aliado. 

    3.- Los formatos del debate del INE

    La mejora en los formatos fue de grandes proporciones. Por fin hubo voluntad política para mejorar esos formatos acartonados a los que nos tenían acostumbrados. Que se pueden mejorar cosas, que si los candidatos se atropellaban con el tipo o que el segundo debate de formato Town Hall solo lo fue a medias: sí, pero también es importante entender que todavía tenemos poca experiencia en estos formatos y es necesario pasar por una curva de aprendizaje. A partir de ahora, los formatos ya no van a volver a ser lo mismo, incluso a nivel local donde poco a poco fueron adoptando, con mayor o menor éxito, estos formatos. 

    4.- El humor

    La campaña es cosa seria, pero eso no significa está mal que de pronto riamos un rato con lo que ocurre dentro de estas elecciones. Ciertamente regresó el programa de El Privilegio de Mandar, pero yo me quedo con un canal llamado Política Piñata, una sencilla pero muy graciosa propuesta de comedia sobre política y elecciones. Los memes, como siempre, también hicieron su papel. 

     

    Lo negativo de la campaña electoral

     

    1.—La violencia

    No podemos esperar que el gobierno nos proteja a los ciudadanos de la inseguridad si ni siquiera puede hacerlo con los candidatos. Tristemente, el crimen organizado y el narcotráfico jugaron su papel en esta contienda con el fin de mantener o extender su área de influencia, lo cual ocasionó que durante estos meses escucháramos noticias de candidatos que fueron asesinados por el crimen

    2.- La terna de candidatos a la Presidencia

    La verdad, la puritita verdad, es que la terna de candidatos que la «clase política» nos ofreció fue bastante pobre. Algunos tal vez más preparados que otros, otros con un mejor diagnóstico que otros, pero la oferta fue bastante mala, sobre todo en el contexto actual del país. Siendo realistas, ni uno de ellos representa una candidatura que esté a la altura de los problemas del país. Entre la continuidad de lo que está mal y el cambio de manufactura dudosa, los ciudadanos tendremos que decidir nuestro voto por alguno de estos candidatos que no hacen más que representar a una clase política decadente.

    3.- Los debates

    Una cosa es el formato de los debates y otra cosa son los debates, cuyo éxito o fracaso depende de la calidad de los candidatos. Los formatos más novedosos solo magnificaron la magra calidad de las candidaturas. Los candidatos se abocaron a atacarse, a ofrecer propuestas populistas y paternalistas y a hacer bromas. De los debates nos quedarán en la memoria aberraciones como «mochar manos» o «Ricky Riquín Canayín». Los candidatos ni siquiera pudieron estar a la altura de los formatos de debate que presentó el INE.

    4.- El papel acrítico de algunos líderes de opinión

    Los sesgos cognitivos no se pueden criticar como tales porque suelen ser parte de nuestra condición con nuestros seres humanos. Así, se entiende que alguna persona no mida a dos candidatos con la misma vara o insista en que «todas las encuestas están amañadas» para pensar que su candidato todavía tiene posibilidades de ganar. Que los líderes de opinión simpaticen con algún candidato y lo muestren está bien, pero más allá del natural sesgo cognitivo que suele acompañar a la simpatía de un candidato, algunos académicos y líderes de opinión han tomado una postura totalmente condescendiente con López Obrador, justificando lo que no tiene forma de justificarse, cuando por su figura de intelectuales deberían, de alguna u otra manera, reconocer las debilidades y errores del candidato (que los tiene, como todos). Esto es importante mencionarlo ya que los candidatos se sostienen sobre sus bases, y no creo que sea sano tener una base sin capacidad de crítica.

    5.- Los influencers

    Todos sabemos que el papel que tiene el influencer en la sociedad (aquella persona que tiene influencia en medios digitales por medio de Youtube y servicios afines) ha venido creciendo no solo en México, sino en casi todo el mundo. Lamentablemente, varios de ellos sólo han contribuido a polarizar el discurso y a desinformar a la opinión pública, además de que las ofertas para poder seguir las elecciones por medio de estos formatos fueron más bien escasas (una de las razones por las que colaboro en «Sin Comentarios»). Callo de Hacha es el ejemplo icónico de lo que digo, un influencer que evidentemente parece estar trabajando al servicio de una corriente política que se encarga de replicar mentiras para desinformar a la población y rentabilizarlo electoralmente. Algo no muy diferente podría decir de Antonio Attolini, aunque al menos el reconoce públicamente que está trabajando para MORENA. 

    6.- Las fake news

    En estas elecciones tuvimos, más allá de los esfuerzos de los medios que se deben reconocer, poco nivel de discusión y debate. En cambio, los mexicanos nos sumergimos en un mar de desinformación que solo envilece el proceso electoral. Facebook y Twitter se llenaron de fake news, que no solo son producto de las estrategias de campaña, sino de la incapacidad de los usuarios de las redes de corroborar la información. Ni hablemos de los grupos de Whatsapp que se infestaron de estos contenidos. A pesar de iniciativas como Verificado que intentó, en la medida de lo posible, contrarrestar este efecto, todavía no hay una cultura donde el usuario verifique el origen de los contenidos que consume y comparte.  

    7.- Trampas e ilegalidades

    Tomando en cuenta que falta esperar el desempeño del INE y el Tribunal para calificar la elección el primero de julio, el papel de las instituciones ha dejado mucho que desear. Que el Tribunal haya otorgado la candidatura al Bronco es una aberración por todas las ilegalidades cometidas. De la misma forma, el papel del Gobierno Federal al utilizar instituciones como la PGR de forma facciosa para atacar al candidato Ricardo Anaya es muy criticable y tan solo es reflejo de la debilidad institucional en nuestro país. 

    Conclusión

    Si pudiera sacar una conclusión de este análisis, entendiendo que una campaña electoral es el reflejo de la vida pública, política y social de un país, diría que tenemos una clase política decadente y a la vez tenemos una sociedad civil que dentro de algunos sectores se encuentra pujante, pero que todavía no ha crecido lo suficiente como para contagiar tanto a la clase política como a la sociedad en su conjunto. Pareciera que los diversos sectores se encuentran en distintas etapas de evolución, e incluso dentro de los mismos sectores vemos discrepancias. La buena noticia es esa, que dentro de la sociedad civil se está gestando un cambio, pero le hace falta consolidarse para, a partir de sí misma, comenzar a realizar transformaciones que ayuden a renovar el quehacer político del país. 

    Tuvimos una campaña de manufactura mediocre a lo que se suma la poca competitividad que hubo dentro de ella (con López Obrador siempre en un inalcanzable primer lugar). Estoy seguro que la gran mayoría de los mexicanos ya quiere que «se acabe todo esto», y creo que las autoridades deberían considerar seriamente en acortar los periodos de campaña, de verdad son extenuantes. 

  • El voto útil y sus recovecos

    El voto útil y sus recovecos

    El voto útil es una de las características más importantes de las elecciones democráticas, sobre todo en las que hay más de dos candidatos contendiendo. Este lo ejerce el elector que saldrá a votar, no por un político con el que esté casado (voto duro), sino por el que le parece menos peor. Es, en cierto sentido, un voto estratégico (lo que no implica que en todos los casos sea racional). 

    Generalmente el voto útil suele concentrarse a favor de un candidato, y este es el que tiene más posibilidades de ganarle al puntero. Muchos electores, a sabiendas de que su candidato favorito no va a ganar, se inclinan por otro, que es el que más les agrada de los otros o el menos peor de los contendientes restantes. Esto no significa que absolutamente todos los votos de un candidato se vayan hacia otro, ni que todos se vayan hacia al mismo, pero sí suelen trasladarse de forma más favorable hacia uno que hacia otro.

    En estas elecciones hay dos modalidades de voto útil: el más grande es el voto anti PRI, compuesto por quienes desean castigar al gobierno actual y sacarlo del poder. El otro es el voto anti AMLO, no tan grande, pero que juega su papel en estas elecciones. Es posible que un elector sea parte de ambos votos al mismo tiempo, es decir, que vote contra el PRI y contra AMLO al mismo tiempo (siendo el beneficiario Ricardo Anaya o inclusive Jaime Rodríguez «El Bronco»).

    Lo que ocurre en nuestra elección es algo sui géneris. Algunos, de forma ilusa, y con una mala lectura del contexto electoral, esperan que el voto útil se concentre en contra de López Obrador. Eso no ha ocurrido porque el voto anti PRI es más grande y porque también parece haber surgido uno en contra de Ricardo Anaya (lo que explica el descenso que ha tenido en las encuestas en las últimas semanas). Entre varios votos útiles el que se impone es el más grande y este es el voto anti PRI.

    Estamos viendo que las campañas de Ricardo Anaya y José Antonio Meade están intentando acaparar el voto útil contra AMLO. Para ello, ambos candidatos están moviendo mar y tierra para convencer al electorado de que van en segundo lugar. Por ejemplo, la campaña de Anaya muestra encuestas en las cuales su ventaja contra AMLO es la más estrecha (aunque en todos casos es muy amplia) y muestra al candidato en un claro segundo lugar. En el caso de José Antonio Meade lanzaron un portal para llamar al voto útil con base en ¡sondeos de Facebook!

    Si esta batalla tuviera que ver con la ambición de alcanzar la Presidencia, las noticias para Meade y Anaya serían muy malas. Ambos se encuentran casi empatados en las últimas encuestas y eso es un problema porque la gente no sabrá a quién orientar su voto útil. Lo más probable es que terminen votando por «su candidato». 

    Fuente: Consulta Mitofsky

    Pero, a juzgar por las encuestas, la batalla por el segundo lugar no tendría el ulterior propósito de alcanzar a López Obrador (menos cuando falta una semana para las elecciones) sino el de obtener la mayor cantidad de votos posibles para obtener más votos en el congreso, gobernaturas y alcaldías. Tal vez sea tarde para aspirar a la Presidencia pero no lo es para acaparar el poder político posible como oposición. Naturalmente las campañas tratarán de convencer a los electores de que todavía pueden ganar la Presidencia para que salgan a votar por ellos y eso se refleje en los votos que realmente están buscando.

    Tal vez por eso el voto útil contra AMLO no va a definir la elección aunque los candidatos insistan en que sí lo hará, y lo hacen así no para evitar que llegue al tabasqueño, sino para quedar lo mejor parados posible con los suficientes accesos al poder para mantenerse vigentes. El PRI no quiere caer en la irrelevancia y Anaya no quiere perder influencia en su partido. 

  • ¿Por quién voy a votar?

    ¿Por quién voy a votar?

    A una semana de las elecciones ya he definido mis votos. A diferencia de ocasiones pasadas, y después de consultarlo con mi cerebro, por fin definí mi voto casi el día de la elección. 

    Dicen que los que escriben u opinan no deberían decir por quién van a votar para que no se preste a malas interpretaciones o se crea que tal columnista simpatiza con x o y partido. En realidad, solo los votos que le daré a Wikipolítica los daré por convicción en un proyecto, los otros son una suerte de voto útil donde no termino de simpatizar por los candidatos que voy a votar pero que me parecen mejores opciones. 

    Empecemos pues:

    Presidencia de la República – Voto nulo.

    Así es, anularé mi voto a Presidente de la República. Hay quienes dicen que es «tirar tu voto» o que es como «no salir a votar». Yo discrepo. 

    Hay dos razones por las que alguien votaría por un candidato: porque simpatiza con él, con su partido o sus ideales, o porque quiere ejercer el voto útil contra otro candidato. Pero yo pienso que el voto útil tiene límites. Uno vota de esa manera por un candidato que no le termina de convencer pero que no es lo suficientemente malo para no votar contra él, pero cuando ya es «suficientemente malo» entonces el voto deja de ser útil.

    Bueno, a menos que el otro candidato sea… Hitler o Mao o una cosa así. 

    A ninguna de las opciones las considero como «no suficientemente malas». López Obrador no me parece una alternativa real de cambio y es una apuesta al pasado. A pesar de que es el único que «conoce al México de abajo» y que aborda temas que la gran mayoría de los políticos ignora, sus soluciones, más bien de corte populista, pueden llegar a ser contraproducentes. Si bien yo nunca he creído esa historia de que convertirá a México en Venezuela, creo que no representa el camino correcto que nuestro país debe de seguir y su postura maniquea (tanto de él como varios de sus seguidores) no es algo que desearía ver en nuestro país. 

    Ricardo Anaya, aunque valoro su ambición por aprender así como su inteligencia, me parece una persona que no es confiable, que no tiene sustancia, no tiene ideales y tampoco me parece una persona honesta. Algunas propuestas pueden gustar y otras no tanto, pero no existe un eje rector que les de forma. Toda su estrategia es de un orden pragmático orientado a la búsqueda de votos y no a un ideario. No sabemos cómo va a gobernar, ni con quien va a gobernar, y dejarle el poder a un hombre con una ambición suficientemente excesiva como para traicionar a todos los que le tendieron la mano no creo que sea una buena idea. La ambición suele ser una virtud en política, excepto cuando se vuelve excesiva o hasta enfermiza (casos como el de AMLO y el del propio Anaya). 

    José Antonio Meade pues… es el PRI, además de que, a pesar de presumirse honesto, se ha insertado en una dinámica sucia y falta de ética y valores como lo ha sido el uso faccioso de las instituciones contra un candidato (Anaya) y demás juegos sucios. Es una persona que tiene experiencia y está preparado en sus áreas como burócrata, pero como político ha sido muy displicente (sobre todo en temas de corrupción) y es parte de una élite política (llámese Videgaray, Ernesto Cordero y demás) más bien corrupta. 

    El Bronco pues… ¡quiere mochar manos!

    Sobre lo de «tirar el voto» diré lo siguiente: prefiero dormir tranquilo sabiendo que no voté por algún candidato u opción que detesto, en tanto que mi voto, si lo vemos desde un punto de vista pragmático y calculador (como quienes insisten en que no «tire mi voto») sólo cambiará el resultado de elección sí y solo sí la diferencia entre el puntero y el segundo lugar es de un solo voto. Al anular mi voto, estoy cumpliendo con mi obligación de salir a votar. En resumen: pesa más mi conciencia tranquila que lo que mi voto pueda incidir en el resultado final.

    El otro argumento en contra de esta postura es que anular al voto beneficia al puntero: las elecciones están en un escenario donde el triunfo de un candidato (López Obrador) está casi decidido y donde percibo que mi voto por alguno de los cuatro candidatos tendría más bien un significado simbólico. Entendiendo que la victoria de AMLO es prácticamente inminente, varios de mis votos irán en el sentido de crear contrapesos hacia su gobierno. 

    Senador de la República – Pedro Kumamoto (Wikipolítica)

    La razón es simple, tengo esperanza en este movimiento y, aunque pudiera llegar a tener discrepancias en algunos temas puntuales y aunque creo que al movimiento le hace falta definirse más ideológicamente, comulgo con la esencia de Wikipolítica y creo que, bien llevado, podría irrumpir de forma agradable en el escenario político. Me parece que en este movimiento hay personas muy valiosas y Pedro Kumamoto es una de ellas.

    La otra razón es que ellos funjan como contrapeso ante el gobierno de López Obrador. No sólo es un voto por Pedro, también es un voto para que MORENA no tenga mayoría en el congreso y tenga contrapesos. 

    Diputado Federal – Rodrigo Cornejo (Wikipolítica)

    Junto con lo que mencioné anteriormente, agregaría que me agrada la visión que tiene Rodrigo Cornejo (o al menos la que le conocí cuando fui a la reunión a la que me invitaron). Hace pocos días tuve la oportunidad de conversar con él y me dejó una agradable impresión, vi en él a alguien que no es conformista, que tiene ambición por aprender para desempeñarse de la mejor manera. 

    Gobernador de Jalisco – Enrique Alfaro (Movimiento Ciudadano) 

    Hay cosas que no me terminan de convencer de este personaje: tiene un talante algo autoritario y no es agradable con quienes disienten con él. Creo que, dejando del lado el tema de los problemas de inseguridad (donde también es responsable el Gobierno de Jalisco presidido por el PRI), creo que es un político muy eficiente, en muchos aspectos gobernó bien la ciudad. La otra opción sería Miguel Castro del PRI, uno de los pocos candidatos de ese partido por los que votaría porque es una persona con una trayectoria limpia, pero se encuentra en un tercer lugar. 

    Votaré por Alfaro porque el candidato de MORENA, Carlos Lomelí, es una persona de muy dudosa reputación, producto de una selección de candidatos muy descuidada y arbitraria de ese partido que tiene como fin llevar a AMLO al poder y no postular a buenos candidatos. También votaré por él porque creo que como Gobernador podrá ser un fuerte contrapeso frente a López Obrador. 

    También creo que dentro de MC, a pesar de tener algunos expriístas o expanistas, hay varias personas muy valiosas y sangre fresca que pueden aportar cosas muy interesantes. 

    Alcalde de Zapopan – Pablo Lemus (Movimiento Ciudadano)

    A grandes rasgos, estoy satisfecho con la gestión e Pablo Lemus en Zapopan (recordemos que los alcaldes ya se pueden reelegir una vez) y votaré por la continuidad. No hay más que decir.

    Diputada Local – Susana Ochoa (Wikipolítica)

    Susana llegará a ocupar la curul que ocupó Pedro Kumamoto. También es alguien que he tenido la oportunidad de conocer y conversar y me parece una persona que puede aportar mucho. Es alguien a quien le veo mucho futuro. El hecho de que una mujer con una visión de avanzada nos represente en la cámara local me parece algo muy deseable. 

    Conclusión:

    Sé que no a «todo el mundo» le gustará mis decisiones, aunque naturalmente no me importa porque votaré por lo que creo que es lo mejor y no por quedar bien con «todo el mundo». Como ha sido mi constante en las elecciones, no tengo la intención de persuadir a la gente a votar por alguien y simplemente comparto las razones por las que votaré por los candidatos que acabo de mencionar. 

     

  • Las elecciones me tienen hasta la madre

    Las elecciones me tienen hasta la madre

    Las elecciones me tienen hasta la madre

    Quiero confesar algo a mis lectores: estoy hasta la madre de las elecciones.

    Hasta hace unos meses, pensé que en las últimas dos semanas iba a estar escribiendo constantemente sobre el tema, de forma apasionada, una y otra vez, para compartir mis lecturas sobre el proceso electoral. Pero si ustedes se fijan, mis dos últimos artículos ni siquiera trataron de ello. 

    En realidad, me ocurre constantemente que cuando quiero escribir algo sobre las elecciones no tengo idea sobre lo que pudiera hablar. Tal vez porque ya analicé demasiado a los candidatos, porque ya hice lo propio con el entorno que rodea a las elecciones, porque siento que ya no hay nada relevante que aportar (y no tiene que ver con capacidades, sino que, día a día, vemos más de lo mismo).

    Creo que mucho tiene que ver la calidad de las candidaturas a la presidencia que tenemos. Muchos de nosotros no estamos entusiasmados con ninguno de los candidatos. Algunos están pensando en ejercer el voto útil, a otros nos comienza a pasar por la cabeza incluso la idea de anular el voto. Muchos queremos un cambio y estamos hartos del sistema político actual, pero las opciones que pretenden representarlo (como Ricardo Anaya y López Obrador) dejan muchísimo que desear.

    Partimos de ahí, de que, a diferencia de las elecciones pasadas, no hay algún elemento que entusiasme. En 2000 era el cambio de régimen (que terminó decepcionando a muchos, ciertamente); en 2006 lo que conmovió fue la cerrada batalla entre AMLO y Felipe Calderón; en 2012 fue el surgimiento del movimiento #YoSoy132 para protestar contra lo que se venía con el PRI. En 2018 no hay nada, y no lo hay porque tenemos una clase política totalmente desprestigiada a la cual remata esa crisis de representatividad que se propaga por todo Occidente.

    Las elecciones se han vuelto muy predecibles. Era predecible que los opositores de AMLO (sobre todo el PRI) fueran a lanzar una campaña de guerra sucia y era predecible que no fuera a funcionar porque estas elecciones trataban sobre un profundo hartazgo y no sobre el miedo. Tal vez la parte más llamativa (si pudiera llamarse así siquiera) fue la guerra entre Anaya y Meade-PRI-Gobierno, pero no era una batalla con el puntero, sino una entre el segundo y el tercer lugar. Hasta el casi inminente triunfo de AMLO se veía predecible. Desde hace tiempo había comentado en este espacio que si ningún partido postulaba a un candidato honorable que representara una ruptura con el ethos político actual, López Obrador no tendría problemas para ganar la elección. 

    Los formatos de debate mejoraron bastante, ciertamente, pero no la calidad de los candidatos a los que les quedó grande el escenario. Los formatos novedosos solo sirvieron para exhibir la pobreza de los candidatos que tenemos, quienes prometen hasta lo que no porque no conocen otra forma de llamar la atención de sus electores. Hemos visto a candidatos con tan poca sustancia que las bromas y las mofas son lo que más queda en nuestro recuerdo. Hemos visto a cierto sector de la clase intelectual despojarse de su espíritu crítico para aferrarse ciegamente a un candidato, aunque para ello tengan que torcer la realidad. 

    El bajo nivel discursivo del debate, tanto por los candidatos, los estrategas de campaña e incluso los electores, es otra razón por la cual las elecciones me tienen hasta la madre. Ver las redes sociales llenas de fake news que muchos se creen a pies juntillas, los rumores falsos, las mentiras y las calumnias, termina por ser cansado. En unas elecciones se definen muchas cosas y parece que nuestro país no está a la altura de su propia circunstancia.

    También es frustante ver la tremenda polarización a cambio de nada, por unos candidatos que poco representan a los ciudadanos. En mi particular punto de vista, me frustra ver cómo personas pierden amigos o se agreden por candidatos a quienes no les importan más allá del voto que van a emitir. Es frustrante la corrección política que parece fomentarse dentro de las discusiones donde criticar a un candidato te garantiza una lluvia de juicios de valor hacia tu persona.

    Estas elecciones no entusiasman. Creo, porque muchos reconocemos, que cualquiera que sea el resultado de las elecciones, los problemas de nuestro país van a cambiar más bien poco. Tal vez nos terminemos dando cuenta que es iluso aferrarse a un simple cambio de mando para esperar un cambio.

  • Acabar con la corrupción

    Acabar con la corrupción

    Acabar con la corrupción

    Hace unos años iba manejando con un amigo a un antro, él me hablaba de Peña Nieto, sobre la corrupción del PRI, los políticos que roban. Cuando llegamos no encontrábamos estacionamiento. Muchos de los automóviles se estacionaban en un camellón prohibido y todos los que estaban parqueados ahí ya tenían la multa en el parabrisas. En eso mi amigo me dijo: -Oye Álvaro, ¿por qué no estacionas el coche en el camellón, le quitas el papel de la multa a un coche y se lo pones al tuyo para que los agentes de tránsito piensen que ya te multaron y no te hagan nada?. Naturalmente yo le dije: -A ver ¿qué no estábamos hablando sobre la corrupción?

    Prometer no empobrece, prometer es fácil. López Obrador ha prometido acabar con la corrupción de forma tan insistente que hasta su frase «vamos a acabar con la corrupción» se ha convertido en una especie de muletilla. Su teoría consiste en que si él es honesto y no es corrupto, entonces nadie lo va a ser.

    Se agradece que él procure no ser corrupto, pero es iluso pensar que la voluntad de una persona se vaya a trasladar a toda la población en su conjunto. ¿por qué? Porque la corrupción es, en gran medida, una respuesta a un sistema que no funciona, a un Estado de derecho muy débil incapaz de hacer valer las leyes. Más que un problema cultural (como bien decía Peña Nieto) es un problema más bien estructural, que ciertamente termina permeando en la cultura y de la cual la sociedad también es corresponsable. 

    Fortalecer el Estado de derecho es una tarea bastante complicada que puede tomar más de una generación y cuya responsabilidad no solo es del gobierno sino de la sociedad misma. Requiere extirpar las prácticas que están impresas en el ethos mexicano y que han sido consideradas por muchos la manera natural de convivir. Es una tarea muy difícil.

    Para acabar con la corrupción también es indispensable una sociedad que critique estas prácticas, y que esa crítica vaya más allá de las simpatías partidistas. Muchos de quienes van a votar por López Obrador lo harán porque están, dicen, hartos de la corrupción, pero al mismo tiempo buscan recovecos y tuercen sus argumentos para justificar las acusaciones de corrupción en contra de Layda Sansores. Si López Obrador adjudicó un proyecto sin licitación a un tercero no es malo, pero si lo hacen sus opositores entonces son de lo peor. Difícil es aspirar a acabar con la corrupción cuando el líder que promete llevar a cabo de esa empresa es permisivo en cuanto a los actos de sus subalternos y más difícil es cuando gran parte de sus seguidores hacen como que ignoran lo que pasa y juzgan los casos con un doble estándar.

    La voluntad de un mandatario frente a la corrupción es muy deseable, pero no es, de ninguna forma, condición suficiente. 

    Y quienes esperan que la simple llegada de una nueva persona a Los Pinos vaya a acabar con la corrupción y vaya a convertir a México a algo parecido a un paraíso nórdico deben de saber que están muy, pero muy equivocados. 

  • ¿Por qué el debate de hoy no cambiará mucho las cosas?

    ¿Por qué el debate de hoy no cambiará mucho las cosas?

    ¿Por qué el debate de hoy no cambiará mucho las cosas?

    En mi opinión, para que Anaya llegara con posibilidades de ganar la presidencia debía haber llegado a este tercer debate con menos de 10 puntos de desventaja promedio en encuestas con respecto del puntero.

    La idea era que hiciera un muy buen debate, que reafirmara que es el segundo lugar de la contienda y que se está acercando a AMLO. Actualmente todavía hay personas que no han decidido su voto porque están esperando a ver si es Anaya o Meade el que estará en condiciones de competirle a AMLO. Un muy buen debate sumado a ese voto que todavía está indeciso (que puede ser parte del «voto oculto») podría acercarlo de forma considerable a AMLO y reducir la ventaja de tal forma que, aunque las encuestas le dieran todavía ventaja a AMLO, pudiera ocurrir que, debido a que las encuestas no son exactas, terminara ganando la presidencia. Si las encuestadoras del cierre de campaña le dieran a AMLO una ventaja sobre Anaya de 4 o 6 puntos, cabría la posibilidad que Anaya en realidad terminara ganando. En ese escenario el «voto oculto» (si es que existiera en favor de Anaya) podría hacer su papel.

    Pero la realidad es muy distinta. Primero, porque la distancia entre Anaya y AMLO no es menor a 10 puntos. Según Oráculus es de 22 puntos en promedio. Segundo, porque los priístas están bien necios y pretenden quitarle el segundo lugar con base en una campaña de desprestigio. Tercero, la campaña de Anaya ha sido bastante mala y se nota una profunda descoordinación entre todos sus integrantes. 

    El PRI, o ya asumió la derrota y prefiere que gane AMLO (muy plausible), o no está haciendo bien sus cálculos. En la primera embestida hacia Anaya antes del inicio de la campaña, lograron detener su crecimiento, pero no fue Meade el que captó lo que perdió Anaya, fue AMLO. ¿Por qué ahora intentar tumbar a Anaya esperando que todo el voto se concentre en Meade si el voto anti PRI es más grande que el voto anti AMLO como lo reflejan todos los estudios demoscópicos?

    En ese estado, el voto antipejista (que dudo que unido le alcanzara) estará completamente dividido. La gente que todavía no decide no sabrá siquiera por quién debe de votar.

    El PRI aspira (o eso dicen) a que Meade se refrende como segundo lugar para que los antipejistas se decidan por él y ocurran muchas combinaciones (muchas de ellas, improbables) para alzarse con la victoria. Estamos a 18 días de las elecciones y la gente sigue pensando, acertadamente, que Anaya va en segundo lugar ¿Cómo le dices a la gente que Meade en realidad va en segundo si la única referencia que tendrán para saberlo son las encuestas del cierre de campaña que salen días después del debate casi al cierre de la campaña? Lo peor para la estrategia del PRI es que este jueves comienza el mundial por lo cual lo que ocurra en las elecciones tendrá menos impacto. ¡Y así el PRI quiere quitarle a AMLO más de una decena de puntos de ventaja!

    Es posible que lo más interesante del video sea el pleito entre Meade y Anaya y no la lucha por la presidencia. Los priístas no sólo quieren quitarle a Anaya el segundo lugar, tienen la intención de destruirlo. 

    AMLO debe estar muy agradecido con el PRI, gracias a ellos va a ser presidente.

  • La banalización de MORENA

    La banalización de MORENA

    La banalización de MORENA
    Foto: Milenio

    En el pasado, si había un movimiento que podía presumir cierta congruencia ideológica, ese era el de López Obrador. El PAN y, sobre todo, el PRI, mientras tanto, estaban invadidos por el pragmatismo excesivo que los fue convirtiendo en cascarones ideológicos. López Obrador presumía un discurso ideológico consistente (estuviéramos o no de acuerdo con él). Por esa razón varios de los intelectuales más importantes en ese momento se aliaron a su movimiento.

    Con MORENA, un partido exclusivamente de él, uno esperaría una extensión y una consolidación de ello: un partido moralmente diferente a los demás, que hace las cosas distintas, pero no es así.

    Dentro de su partido vemos muchas de las prácticas y mañas existentes en los otros. En MORENA también vemos políticos trepadores, chapulines que quieren su hueso y no tanto líderes sociales que luchan por la justicia social. La forma de hacer política en este partido naciente que presume como sus ejes rectores «no robar, no mentir y no traicionar» es básicamente la misma forma de hacer política tradicional.

    Algunos me argumentarán que en MORENA no hay pruebas de «saqueos como los del PRI y el PAN», que eso lo hace un partido honorable, aunque la realidad es que MORENA nunca ha estado en el poder y por lo tanto tenemos pocas referencias para poder hacer una comparación justa con los otros partidos. Pero lo que me llama la atención son las figuras que están postuladas por este partido y que representan lo opuesto a lo que MORENA dice defender. Dejemos del lado a los miembros con posturas políticas tan disimiles como Manuel Espino o Paco Ignacio Taibo II; concentrémonos aquellas figuras impresentables que buscan una alcaldía o una gobernatura, perfiles que en tiempos anteriores eran criticados de forma implacable por muchos de los simpatizantes de López Obrador.

    No me cabe en la cabeza cómo es que un personaje como el Pato Zambrano puede estar postulado por un partido que dice que «hará historia», que se asume como la «cuarta transformación del país». El ex integrante de Big Brother amenazó con «romperle su madre» al candidato de Nueva Alianza por la alcaldía de Monterrey:

    https://www.youtube.com/watch?v=bn7qqA3F92o

    No es la primera vez que el Pato Zambrano hace un papelón de estos en un debate, de hecho es una práctica recurrente de este candidato del cual circulan muchos videos en Youtube donde insulta y pelea a distintos personajes. ¿Por qué un partido que asume tener una calidad moral muy alta y que dice destacar sobre los demás partidos se da el lujo de tener este tipo de personajes?

    Cuauhtémoc Blanco es otra muestra de la banalización ideológica de MORENA. El Cuau es uno de los mejores futbolistas que ha dado el balompié mexicano, pero todos sabemos que su calidad como futbolista tiene poca relación con su calidad como persona, ya que solía insultar y agredir a futbolistas o a periodistas. En el debate que se llevó a cabo en Morelos, el candidato de MORENA a la gobernatura de esa entidad volvió a mostrar quién es realmente. 

    El futbolista, quien aparece constantemente en mítines con Andrés Manuel López Obrador, es recordado no sólo por sus goles, sino por burlarse de los árbitros, hacer festejos polémicos y por agredir por la espalda a David Faitelson. Como político Cuauhtémoc Blanco es sumamente ineficiente e ignorante.

    https://www.youtube.com/watch?v=EwaBVheQ5Bk

    ¿Qué puedo esperar diferente de un partido que ya ha comenzado a adoptar todos los vicios de la clase política, que también incluye a personajes del espectáculo y personajes de dudosa calidad dentro de su partido? Por su naturaleza de partido de izquierda (ahora aliado con el partido más ultraderechista del país), uno puede entender que dentro de esta organización haya algún radical o hasta algún porro (como Gerardo Fernández Noroña). Pero de lo que se está llenando MORENA es de trepadores, de gente que quiere mantener su hueso.

    ¿Y de verdad podemos pensar que el gobierno de AMLO va a regenerar México con las mismas prácticas y los mismos vicios?

    El tiempo es sabio.