Categoría: política

  • Un análisis de la política de Game of Thrones

    Un análisis de la política de Game of Thrones

    La política en Game of Thrones
    Foto: Entertainment Weekly

    Game of Thrones es una de las series más exitosas de todos los tiempos, y tiene razones de peso para serlo: básicamente es una recreación muy realista de la condición humana de la Edad Media. Con todo y los elementos fantásticos que le añaden a la serie como los dragones, los white walkers y demás, expresa de mucho mejor forma dicha condición humana que muchas películas que han tratado de abordar la época desde una perspectiva meramente histórica.

    Y es debido a este realismo que vale la pena hacer un análisis de la política de Game of Thrones, que refleja mucho de la condición humana y que nos ayuda a entender nuestra naturaleza como seres humanos.

    Un gran acierto de la serie y que le da una dosis de realismo es su negativa a polarizar a los personajes en héroes y villanos, polarización que en la vida real suele tener meras funciones retóricas e ignora la complejidad de las dinámicas sociales. Si bien, uno puede concluir que los Stark tienden a ser los buenos y los Lannister los malos, tampoco puede concluir que los Stark son siempre incorrompibles o que los Lannister son malos del todo. Daenerys Targaryen, quien sería una de las «heroínas» de la trama, muestra algunos rasgos que se balancean entre el heroísmo y la ambición desmedida típica de los políticos carismáticos. En algún momento, Sansa se deja arrastrar por su ambición, lo cual le trae consecuencias nefastas como esposa de Joffrey y después de Ramsay Bolton. De la misma forma, podemos ver que Cersei Lannister, quien sería una de las villanas, puede mostrar algunos rasgos de humanismo y compasión (tal vez los únicos dos personajes de quienes no se podría decir eso son el sádico Ramsay Bolton y Joffrey, cuyo personaje fue inspirado en Calígula). Y no sin olvidar a todos aquellos personajes que mantienen una postura muy ambigua tal que es difícil clasificarlos en «buenos» o «malos».

    Esta ambigüedad, que tampoco es lo suficientemente excesiva como para que el espectador no pueda tomar partido, es lo que hace atractiva a esta serie y la separa de las obras del montón. Nos muestra que los seres humanos, por más míticos puedan aparentar, son imperfectos y vulnerables. Más que nada, Game of Thrones habla de la condición humana en su lucha por el poder y por tener el control de lo público y lo político, es el ser humano en acción, como diría Hannah Arendt, y que está representado en el trono de hierro.

    Otro gran acierto de la serie, y que ayuda a desmitificar ese romanticismo que la industria del cine le ha dado a la era medieval con los castillos y las princesas, es que nos muestra a un ser humano mucho más violento que el que conocemos actualmente: sangre por doquier, descabezados, batallas sangrientas por el honor, traiciones que cuestan vidas. En este contexto aplica muy bien la frase de Clausewitz en su libro De la Guerra quien decía que «la guerra es la continuación de la política por otros medios». Básicamente, la violencia y la política están íntimamente ligadas y rara vez hay una desconexión entre ambas, la guerra es el medio más típico para resolver diferentes políticas. En este sentido podemos reconocer los avances que nuestra especie, que en general es mucho menos violenta que la que narra la serie (y que es un retrato casi fiel de la sociedad medieval), ha hecho a través de la historia.

    Podemos ver también varios tipos de liderazgos en la serie y que explican mucho de la forma de hacer política, desde aquel que apela mucho a las narrativas, a los símbolos y que tiene un tufo mesiánico como el de Daenerys Targaryen (quien desea acabar con la esclavitud y detener la «rueda de conflictos»), hasta otro más heróico como el de Jon Snow, un hombre que si bien no es sumamente inteligente es capaz de ponerse en riesgo cuando sea necesario. No sin olvidar aquel generalmente bienintencionado pero pragmático y calculador como el de Tyrion Lannister, al que se suma otro igualmente pragmático pero malévolo y despiadado como el de Littlefinger (su conversación con Varys en la que dice que el caos es una escalera es épico), o el de Cersei, que si bien trata de ser despiadado, puede sucumbir ante los vaivenes emocionales y sin olvidar otro tipo de liderazgos más intelectuales como los de Varys, quien sin tener que pelear nunca, puede influir en el curso de los acontecimientos. Y no está de más mencionar el liderazgo del valiente Samwell (quien sí está dispuesto a pelear a pesar de su complexión física) quien con su conocimientos y análisis es capaz de influir sobre Jon Snow, el de Sansa, que está basado muy en su carácter, que forjó a partir del dolor que sufrió producto de sus malas decisiones iniciales.

    Esa negativa a polarizar la trama en meros héroes y villanos es la que le da permiso a la serie de recrear el pragmatismo inherente a la política y la separa de cualquier obra del montón. Después de una cruenta batalla con los wildlings en el muro de hielo en la que vencen, Jon Snow llega a la conclusión de que tiene que tejer una alianza con ellos para poder vencer a rivales superiores (incluso intenta hacer lo mismo con la Casa Lannister para combatir con los white walkers), algo muy parecido a la alianza que tejieron Churchill y Roosevelt con Stalin para vencer la gran amenaza que representaba la Alemania Nazi de Adolf Hitler. En Game of Thrones podemos ver en general una política muy calculadora y pragmática, más realista y honesta. Mas que aquella idealista y mítica típica de cualquier obra hollywoodense.

    Game of Thrones también acierta al mostrarnos que en la vida real los buenos no siempre son premiados y los malos no siempre sucumben. La boda roja de la temporada 3 fue difícil de digerir por parte de los espectadores, la forma en que Robb Stark, su amada y su madre eran asesinados sin piedad provocó angustia en muchos (aunque eso dio pie para una muy dulce venganza perpetrada por Arya algunas temporadas después). Incluso, en el tiempo en que escribo este texto (apenas ha salido el segundo episodio de la octava temporada) muchos no están seguros si los buenos se quedarán en el trono, que tal vez el mal vencerá, algunos dicen que los white walkers no han sido bien comprendidos y que tal vez no sean tan malos como pensamos. Vaya, hay muchas teorías producto de una serie que se esmeró en mostrar la condición humana tal como es, una muy compleja que no puede resumirse en dicotomías.

    Y para concluir, no está demás advertir de los reacomodos políticos en toda la serie que le dan otra dosis de realismo, los cambios de bando (Tyrion Lannister o Theon Greyjoy) son un ejemplo de ello. Tampoco las recreaciones de las batallas donde los productores parecen haber estudiado bien sobre estrategias y tácticas de guerra. La fantasía, paradójicamente, le da aún más realismo a la serie. La serie no se burla de las supersticiones de los medievales, sino que las muestra como la sociedad medieval las veía y las vivía, como algo que consideraban cierto. Incluso la conflictiva relación entre Iglesia – Estado que existió en parte de era medieval queda impresa en el conflicto de los Lannister y High Sparrow, líder de la religión dominante (High Septon) a quien Cersei empoderó hasta volverse un problema y verse en la necesidad de hacer explotar su templo.

    Game of Thrones es, al final del día, una serie de entretenimiento. Pero es lo suficientemente buena como para poder sacar conclusiones muy interesantes sobre la política medieval y la condición humana. Este es uno de sus más grandes éxitos y una de las razones por las cuales se ha convertido en una de las series más importantes y épicas de la historia.

  • Ramos para AMLO

    Ramos para AMLO

    Ramos para AMLO

    Me parece un tanto curioso que en la “tuitósfera” se ataque al periodista para defender al político. Ciertamente no es la primera vez: en los años pasados habían quienes defendían a Peña Nieto de los embates de Carmen Aristegui (quien fue despedida de MVS después de exponer el caso de la infame casa blanca) por poner un ejemplo, también llegó a pasar con Calderón y con otros. Lo llamativo y preocupante ahora es que se trata de “las mayorías” (o al menos se hacen identificar así), los que representan al pueblo bueno, esos que dicen ser críticos, y no de una minoría muy fiel, como aquellos férreos priístas que tenían alguna relación con el partido. Cuantitativamente están lejos de ser la mayoría quienes actúan así, pero sí hacen mucho ruido.

    En este contexto, Jorge Ramos tuvo la osadía de asistir a una de las ya clásicas mañaneras de López Obrador para cuestionarlo con su estilo confrontativo sobre el aumento de la violencia en su gestión. Contradijo los datos del Presidente, lo puso en aprietos y las redes sociales ardieron en llamas, comenzando por el bombardeo orquestado por los cercanos a AMLO que dicen estar haciendo «activismo».

    A Ramos, a quienes algunos de ellos admiraban o de menos respetaban hasta el sexenio pasado, le dijeron de todo, que trabaja para Univisión (Televisa), que por qué no critica así a otros gobiernos (vaya, Ramos criticó durísimo al gobierno de Peña Nieto e hizo lo propio con Felipe Calderón). De pronto olvidaron la demoledora entrevista que le hizo a Peña en la cual el ex Presidente no supo decir de qué había muerto su esposa.

    Un día después, López Obrador presumió que su gobierno estaba abierto a los cuestionamientos de la prensa y que no iba a mandar callar a nadie como en efecto lo han hecho otros gobiernos. Ciertamente, AMLO se ha expuesto más que Peña Nieto (y tal vez Calderón) ante las críticas y ciertamente hasta la fecha su gobierno no ha ejercido censura directa contra la prensa. Pero probablemente porque no necesita hacerlo porque «el juego tiene truco».

    Después de autocongratularse por ello, López Obrador insistió a los reporteros que «si se pasan, ya saben lo que va a suceder» como sugiriendo que «yo no voy a hacer nada, pero mis seguidores van a reaccionar con furia así que aguas».

    AMLO sabe que tiene en sus seguidores un arma poderosa para defenderse de la oposición. Tal vez por eso no esté interesado tanto en los métodos que los gobiernos anteriores, lo cual le da a su vez el permiso legitimarse como una figura que es respetuosa de la prensa porque ciertamente el hecho de que AMLO cuestione a la prensa o muestre su desacuerdo no implica por sí mismo un atentado contra la libertad de expresión.

    Sus seguidores más duros, esos que dicen ser críticos y, según las palabras de AMLO, ciudadanos de verdad y no ciudadanos imaginarios, se convierten en un arma política muy poderosa; ya que siempre van a estar ahí linchando a quienes contradigan o cuestionen a López Obrador haciendo señalamientos ad hominem y juicios a priori a quienes disientan en cualquier cosa con la 4ta transformación: que son del PRIAN, que son de Televisa, que vayan por su torta y su Frutsi, o que están vendidos. Esos altos porcentajes de aceptación que el gobierno ostenta junto con la sólida base de simpatizantes que este gobierno tiene se convierte en automático en un arma que busca incidir en la opinión pública a partir de descalificaciones, sin necesidad siquiera de ejercer coerción directa por medio de los brazos del gobierno.

    AMLO podrá presumir que todas las mañanas habla con la prensa y permite que lo cuestionen (amén de la pamba digital que recibirá quien haya tenido la osadía), que él no cierra periódicos ni manda a despedir a opinadores, pero sí tiene un ejército de personas (bots incluidos) con el fin de amedrentar a las voces disidentes para así quitarles autoridad moral y peso a su opinión. Es ese llamado por AMLO pueblo bueno, los ciudadanos de «de veras» los que juegan el papel de censores. No necesitan estar en la nómina, basta simpatizar fervientemente con la Cuarta Transformación.

  • Desmitifiquemos a Julian Assange de forma breve

    Desmitifiquemos a Julian Assange de forma breve

    Desmitifiquemos a Julian Assange de forma breve

    El australiano Julian Assange se volvió famoso allá por inicio de la década por develar mucho secretos de la política occidental. Por medio de Wikileaks, nos enteramos de los trapitos al sol de muchos gobiernos y aprendimos que, ni en los países más desarrollados, eran de lo más confiables.

    Hoy algunos siguen reconociendo su «acto heroico» (bueno, así insisten en llamarlo). Aunque muchos caímos en la trampa, después nos dimos cuenta que el activismo de Assange tenía su «jiribilla». Y es que si eran los gobiernos occidentales los que estaban siendo exhibidos, alguien tendría que beneficiarse, y naturalmente tendrían que ser los gobiernos que prácticamente no se vieron afectados por ello. Por ejemplo: Rusia, China.

    Y por eso no es casualidad que los rusos hayan reaccionado de forma adversa ante la detención de Julian Assange afirmando que su detención atenta contra la dignidad humana.

    No solo eso, el «activismo» de Julian Assange benefició claramente la campaña de Donald Trump. Además de hacer pronunciamientos en contra de Hillary Clinton, publicó mediante su plataforma de Wikileaks un archivo de correos privados suyos para perjudicarla. El activismo de Julian Assange evidentemente tenía beneficiarios.

    Algunos argumentarán que la detención de Assange fue arbitraria, que hay intereses políticos, que Ecuador recibió, ese mismo día de la detención, un préstamo del Fondo Monetario Internacional. Puede que algunos de dichos argumentos sean válidos, pero esos merecen un trato aparte y su existencia no le regresan a Assange una «heroicidad» que nunca tuvo o que nunca mereció.

    Julian Assange nunca fue un héroe. Alguna vez lo llegamos a pensar ingenuamente. Y si bien no hay razones para defender a los políticos que fueron exhibidos por medio de esta plataforma, lo cierto es que a estas alturas, además de poder concluir que regímenes como el de Rusia obtuvo un beneficio de ello, también se puede concluir que algo le deberán los movimientos populistas que han surgido en Europa producto de la crisis de representatividad a la que ayudó a generar Julian Assange, aunque sea un poco, al exponer información confidencial de los gobiernos occidentales.

    La «opinocracia» de Internet, sobre todo en una época donde se hablaba de transparencia y datos abiertos, cayó rendida ante Assange. Vieron su activismo como un acto heroico donde, se creía, se empoderaba a los ciudadanos. Ya vimos que no, tan solo fuimos demasiado idealistas.

    Y tal vez no se necesite más para desmitificar a esta figura, aunque estoy seguros que muchos se resistirán al desengaño.

  • Y si tú fueras político

    Y si tú fueras político

    Sé que te lo has dicho dentro de tu mente: que tú eres una persona más íntegra que los políticos que están en el poder.

    Seguramente te dirás: yo casi no he cometido actos de corrupción, tal vez una mordida al tránsito por aquí, tal vez una factura comprada por acá, nada para escandalizarse.

    Pero ¿estás seguro de que eres una persona más íntegra? Yo me lo pensaría dos veces.

    ¿Cómo sabes si eres una persona más íntegra si no has tenido frente a ti todas esas tentaciones que se les ofrece a los políticos para corromperlos, así como aquellas inherentes al ejercicio de la política?

    ¿En la vida te han ofrecido un moche por una obra? ¿Un moche que tal vez sea suficiente para pagarle la universidad a tu hija?

    ¿Has tenido la oportunidad frente a ti de «asegurar económicamente el resto de tu vida» utilizando de forma discrecional el dinero del erario público? Lo dudo muchísimo.

    Básicamente, decir que eres más íntegro que un político porque nunca has robado lo que ellos han robado es como decir que eres una persona que nunca ha sido infiel porque nunca ha tenido novia.

    La mayoría de las personas no se pueden sentir completamente seguras de que ellas serían muy diferentes si estuvieran en el poder básicamente porque no han estado ahí.

    Bien tienen razón los que dicen que el poder no pervierte a las personas sino que las «amplifica» ya que el poder les da permiso de ser realmente como son ya que, a diferencia de nosotros los de a pie», ellos tienen menos restricciones para hacer lo que quieran. Y dicho esto, puedo esperar que aquel ciudadano común que da una «mordida necesaria» para agilizar el trámite o para que el tránsito no lo multe y le «ayude a ayudarle» sea aquel político que se pasa la ley por encima, roba o se enriquece.

    Tal vez tengas razón al decir que muchos políticos son corruptos (mi intención no es de ninguna manera relativizar sus acciones), pero posiblemente no la tengas cuando sugieras que ellos son, en esencia, mucho más corruptos de espíritu que los ciudadanos de a pie.

    Y tal vez así entenderás que un simple cambio de partido o de figura no va necesariamente a cambiar las cosas de fondo. Tal vez así entenderás que una cambio profundo requiere no solo de la rotación del poder políticos, sino también del papel del ciudadano en el quehacer público, político y social.

    Al menos es una buena noticia, porque si lo piensas bien, tu capacidad de incidir es un poco mayor a la que te habías imaginado.

  • Adiós Estado de bienestar, hola ciudadanos dependientes

    Adiós Estado de bienestar, hola ciudadanos dependientes

    Adios Estado de bienestar, hola ciudadanos dependientes
    Foto: CNN

    Una de las premisas de las izquierdas modernas es el fortalecimiento de la red de seguridad social, o eso que comúnmente conocemos como Estado de bienestar.

    Esta institución, surgida principalmente Europa entre finales del siglo XIX y parte del siglo XX, se presentó como una alternativa evitar radicalizaciones entre los obreros e incluso para que los países mayormente europeos no cayeron en las garras del comunismo. A pesar de algunos embates de la liberalización económica que tuvo lugar a partir de los años 70, este sistema sigue siendo una constante en la gran mayoría de los países desarrollados en los cuales los trabajadores pueden aspirar a tener una pensión, un sistema de salud gratuito, el derecho a la educación, la cultura y un largo etcétera.

    El Estado de bienestar, al tiempo que reduce la desigualdad, también le proporciona al ciudadano una base relativamente firme para poder desarrollar su proyecto de vida.


    Erica Belcher – London School of Economics

    Es cierto que en México el Estado de bienestar es más austero que el que existe en países desarrollados, en gran medida por la más limitada capacidad económica de nuestro país. También es cierto que la redistribución tiene un impacto muy marginal en el combate a la desigualdad. Aún así, tenemos un sistema que ofrece pensiones, sistema de salud (el IMSS, el ISSSTE y el casi desaparecido Seguro Popular) sin los cuales la cruda desigualdad y la pobreza tendrían un impacto aún más profundo en la población. Podríamos además incluir aquí a los programas focalizados como «Solidaridad – Progresa – Oportunidades – Prospera» que buscan combatir la pobreza, entre otros.

    Pero con la izquierda de López Obrador no parece que estemos viendo un fortalecimiento de un Estado de bienestar institucional. Más bien pareciera que se está buscando desmantelar parte de éste con el fin de tejer relaciones de dependencia entre los ciudadanos y su gobierno. Pretender sustituir los programas de guarderías y de refugios para mujeres por transferencias directas es, me parece, una clara muestra de la búsqueda de la consolidación de poder a través de la creación de redes de dependencia dentro de los cuales los beneficiados sientan que «el gobierno les está ayudando y con el cual deberían sentirse agradecidos».

    Un sistema de seguridad social institucional no debería verse nunca como un favor que el gobierno le hace a los ciudadanos, sino como un derecho que dichos ciudadanos tienen y que el gobierno, compuesto por servidores públicos que representan a los ciudadanos, está obligado a proporcionar. El caso europeo es ejemplar en este sentido, ya que, aunque sus sistemas son bastante más robustos que el nuestro, no buscan tejer redes de dependencia entre el gobierno y la ciudadanía como sí lo busca hacer el gobierno de López Obrador y como también lo ha acostumbrado a hacer el priísmo (basta ver el uso que el gobierno de Peña Nieto le dio a Prospera). Si bien los gobiernos en esos lares sí pueden prometer fortalecer o adelgazar el sistema de seguridad social, nunca se concibe como un favor que se hace ni que asumen que la ciudadanía les debe algo (votos y apoyo) con el fin de amasar poder y fortalecer la imagen del líder, de quien se dice, es quien proporciona todos estos beneficios.

    A algunos esta diferencia les puede parecer no muy significante, pero se trata de todo lo contrario. Dicha diferencia es más bien muy determinante por diversas razones: primero, porque esta visión paternalista afecta mucho el diseño de las políticas públicas (haciéndolas mucho menos eficientes ya que los beneficios que los individuos obtienen están supeditados a la creación de relaciones de dependencia que derive en una mayor cantidad de poder en el gobierno), y segundo, porque suelen distorsionar la dinámica misma de la democracia, creando clientelas y movilizándolas para que el gobierno actual busque refrendarse en el poder.

    Mucho se habla del papel que gobierno debe tener en la economía. Si debe tener un papel activo, si debe limitarse a redistribuir la riqueza, o si bien, debe mantenerse completamente ajeno. Pero también es importante debatir cómo es que el gobierno participa. Importa el objetivo que tengan los programas sociales implementados, la postura del gobierno con respecto de ellos y el diseño de las políticas sociales. La diferencia entre un Estado de bienestar constitucional visto por los ciudadanos como un derecho y los beneficios gubernamentales que deben ser agradecidos es enorme, aunque el presupuesto invertido sea similar.

    Tal vez no debamos pensar en el desmantelamiento del Estado de bienestar, pero sí en el cambio de narrativa con respecto a éste. Lamentablemente, la narrativa en la llamada Cuarta Transformación es una que incluye una relación paternalista entre el gobierno y los ciudadanos.

  • La crisis de los wikis

    La crisis de los wikis

    La crisis de los wikis

    En 2015 Wikipolítica había levantado la mano.

    Ante una fuerte crisis de representatividad política, la figura juvenil de Pedro Kumamoto y sus aliados se habían convertido en una suerte de esperanza en la Zona Metropolitana de Guadalajara. Aparecieron como unos jóvenes que veían y entendían la política de una forma diferente al de la deteriorada partidocracia. Kumamoto logró lo que se antojaba imposible: ganarse uno de los distritos más panistas de toda la República Mexicana. Una coyuntura sumamente favorable y una campaña creativa con un toque ciudadano llevaron a Pedro Kumamoto al Congreso de Jalisco.

    Así, Kumamoto se convirtió en un fenómeno no solo local, sino nacional. Varias personas vieron en él y en su movimiento una pequeña luz de esperanza.

    Pero para 2018 las cosas no pintaron tan bien. Aunque en promedio ganaron muchos votos, ninguno de sus candidatos logró ganar, ni Pedro Kumamoto quien se había lanzado para el Senado ni nadie. El «tsunami» llamado MORENA y la maquinaria de Movimiento Ciudadano terminaron por vencer a unos jóvenes que apostaron a una suerte de reedición de la estrategia de 2015 pero más diluida producto del excesivo número de candidaturas. Después de esto entendieron, acertadamente a mi parecer, que tenían que apostar a la conformación de un partido al cual llamarían Futuro, una decisión que no iba a gustar a todos pero que era necesaria.

    Fue en este contexto que explotó la bomba. Ocurrió en el peor momento, en uno en el que la imagen de los wikis ya sufría cierto desgaste por la derrota del año pasado, por una coyuntura que ya no les es favorable (básicamente, la esperanza que la mayoría tiene depositada en AMLO). Alexia denunció a Luis Hernán Saldivar (Boli) ex integrante de Wikipolítica, quien tenía una posición de poder en esta organización, era cercano a Pedro Kumamoto y estaba encargado de la comunicación.

    El testimonio de Alexia es uno muy doloroso. Ciertamente, ante un problema tan grave como el tema de los acosos o las violaciones, ninguna organización, por más noble que sea, está exenta de tener en sus filas a alguna persona que sea capaz de violar a una mujer. Pero lo que hace la diferencia dentro de las distintas organizaciones es la reacción ante dichos eventos y la postura que se tome ante estos: en este sentido, muchas personas se quedaron con la impresión de que los wikis no estuvieron a la altura de las circunstancias y que «dejaron pasar».

    Lo que más comprometió a esta organización fueron las acusaciones que se comenzaron a propagar en Twitter: que algunos ya sabían lo que estaba pasando, que no hicieron lo suficiente, que algunos de sus miembros ya habían sido avisados de las conductas que personas como Boli mantenían dentro de la organización y el hecho de que muchos percibieron la reacción de muchos de sus miembros como tibia y no determinante. Incluso algunos de sus seguidores la señalaron como «política».

    Es cierto que no sabemos a ciencia cierta qué es lo que pasaba por la cabeza de los wikis al enterarse de esta lamentable noticia y cómo los estados de ánimo hayan podido influir a la hora de decidir cómo reaccionar públicamente. Posiblemente no hayan sabido como hacerlo, posiblemente las emociones hayan nublado el juicio de sus miembros. Lo cierto es que la percepción y la forma en que se comunica es algo fundamental y ésta tuvo fallas severas. La percepción pública es esa: que los wikis no estuvieron a la altura. A eso se le suma la indignación que generó en muchas personas el hecho de que dentro de la organización no se haya hecho lo suficiente y que incluso algunas personas (ya separadas del movimiento) hayan llegado a encubrir al violador.

    Futuro (el movimiento de los Wikis que aspira a convertirse en un partido) lanzó un comunicado que lo único que hizo fue empeorar las cosas porque se consideró como una respuesta muy tibia y complaciente ante un evento que debería haber generado una gran indignación dentro de un movimiento que se precia por su lucha por la equidad de género. El comunicado no mencionaba el nombre del violador.

    Después, tanto Wikipolítica como Futuro (con un nuevo comunicado), lanzaron sendos comunicados que ya mostraban una postura más determinante, donde ya narraban de forma más explícita lo sucedido y, en el caso de Futuro, donde anunciaban la separación de los miembros que habrían, de alguna u otra forma, encubierto a Boli.

    Algunos de sus integrantes reaccionaron pero lo hicieron tarde, o porque no se habían animado a dar una declaración inicial, o se habían dado cuenta de que su reacción inicial había generado críticas. Con el tiempo, fueron aceptando varios de sus errores: que no hicieron lo suficiente, que los mecanismos que habían implementado habían fallado como el mismo Pedro Kumamoto explicó:

    El problema para Wikipolítica (Futuro) es que cuando un movimiento se asume como diferente a toda la clase política, automáticamente la vara se coloca en un lugar más alto. Un movimiento percibido como genuino (y sobre todo, uno que apenas está trabajando en construir una narrativa sólida y cuyos miembros todavía no tienen la perspicacia de los políticos tradicionales) es, a la vez, más sensible ante este tipo de sucesos. A un partido como el PRI puede afectarle en poco los escándalos de Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre porque la gente no tiene altas expectativas sobre el PRI en estos temas (y algo similar puede decirse sobre el Partido Verde, el PAN y demás partidos), pero a Wikipolítica en este sentido se le exige una mayor altura moral dadas las expectativas que la gente tiene sobre este movimiento (y que a veces rosan el idealismo).

    Para mucha gente, el hecho de que hayan «dejado pasar» casos como estos y no hayan sido determinantes en su momento, los hace cuestionarse si esa misma falta de determinación será una constante ante cuestiones como la corrupción o el abuso de poder. Estas cuestiones pesan más en un movimiento que está en formación y que aspira a cosas grandes porque como dice el refrán, la gente no va a esperar que un árbol que haya crecido torcido se enderece posteriormente. Ello les obliga a tomar decisiones para corregir el rumbo, a ser autocríticos y, sobre todo, a escuchar las críticas que hacen allá afuera, sobre todo las de esos seguidores decepcionados que están abundando en las redes.

    Preocupante para los wikis también debería de ser el hecho de que se estén percibiendo allá afuera como un movimiento al cual le hace falta construir una narrativa más sólida (lo que incluye definiciones políticas) que muchas veces le cuesta tomar posturas y le cuesta ser determinantes (cosa que se percibió con las declaraciones con relación al aborto, o incluso desde la campaña de 2015 donde no tomaron posturas que los comprometieran) por el simple hecho de que estamos dentro de un contexto político (nacional y global) donde la determinación vende mucho más que la tibieza y la moderación excesiva.

    Allá afuera, la gente define a los wikis como muchas cosas, algunos lo ubican como progresistas, otros como socialdemócratas muy cercanos al centro y otros como «derechistas de closet», y ello ocurre porque cuando un movimiento no se termina por definir, termina permitiendo que sean otros los que lo definan. Lo cierto es que la gente está ávida de líderes que se definan, que tengan un ideario, y en este sentido debería ser urgente para ellos empezar a hablar de definiciones más concretas, incluso si pretenden ser un partido transversal que no quiera apegarse a las definiciones tradicionales.

    ¿Cómo va a afectar este triste evento al futuro de los wikis? No lo sé, y creo que ello dependerá de las decisiones que tomen de aquí en adelante. Considero que la gente tiene razones por sentirse molesta y hasta decepcionada con lo que ocurrió. A la vez considero que dentro de su movimiento hay gente muy valiosa y también sería injusto juzgar a todos con la misma vara. Lo cierto es que los wikis están en un momento muy difícil, en uno en que el desgaste de su imagen es grande, dentro de un contexto donde ante un gobierno como el de López Obrador que tiene más del 70% de aprobación lo cual les implica una coyuntura desfavorable porque la mayoría no están buscando ya alternativas sino que está expectante de la «alternativa que acaba de llegar al poder» (entendiendo que el sentimiento nacional influye sobremanera en lo local).

    Será un reto muy grande mantenerse vigentes. Este es el peor momento para ellos desde que surgieron como movimiento. También es cierto que las crisis bien asimiladas se pueden convertir en oportunidades. Su futuro dependerá a mi parecer de la capacidad de hacer una suerte y profunda autocrítica de lo que ocurrió y de su capacidad de comenzar a ser más firmes en sus posturas y sus convicciones. Si no empiezan a trabajar en ello ahorita luego será muy tarde.

  • El político y el pobre

    El político y el pobre

    El político y el pobre

    La relación entre los políticos y los pobres siempre ha sido muy peculiar, se expresa en diferentes facetas pero rara vez deriva en una empatía que no esté subyugada al poder político.

    La palabra «pobre» y cualquiera de sus derivaciones: «los que menos tienen», «los menos afortunados», aparecen en gran parte de los discursos de los políticos una y otra vez. Incluso los políticos aparecen con los pobres en los medios y en la propaganda. A veces los abrazan y se toman fotografías con ellos.

    Pero en la realidad, la relación suele ser una de desprecio o indiferencia, a veces de forma abierta y en otras ocasiones encubierta bajo el fino manto de la hipocresía.

    «Los pobres son pobres porque quieren», dicen ahí en privado (y a veces en público) algunos de los políticos de derecha que parten de la muy endeble creencia de que, en un país como México, la diferencia entre la riqueza y la pobreza está fuertemente ligada al talento y al esfuerzo, para así justificar su posición privilegiada.

    Pero esos que dicen ser de izquierda y presumen sus credenciales sociales llegan, en muchas ocasiones, a mostrar el mismo desprecio hacia ellos. El discurso de López Obrador donde aseguró que los pobres son como animalitos o mascostas a las que hay que «darles» porque no tienen la capacidad de ganarse la vida por sí solos es patente de ello.

    https://www.youtube.com/watch?v=QqfjO0NCIvg

    Las dos afirmaciones: «que el pobre es pobre por que quiere» y que «los pobres son incapaces de salir adelante», aunque opuestas, son ambas falsas. Ambas reflejan ambas un profundo desconocimiento y un desprecio por la gente que menos tiene.

    Pero más allá del desprecio que la clase política (que vive en una realidad muy diferente a la de ellos) suele tener, también tendríamos que hablar sobre la utilización de la pobreza como objeto político.

    Un pobre aporta mucho menos al PIB que una persona de cualquier otra clase social, son más ignorantes (en esencia, por la calidad de educación que reciben) y son los que menos ejercen sus derechos políticos porque primero tienen que preocuparse por comer. En este sentido, son los menos relevantes para el poder político. Pero resulta que su voto vale igual que el de la persona más rica del país; al menos de forma cuantitativa existe una condición de equidad en el terreno electoral, ya que al formar un gran conglomerado (vaya, en México los pobres son muchos), ellos pueden determinar el resultado de la elección. Es ahí el único momento en que el político se interesa por los pobres.

    Parecería que en este entendido los pobres ahí podrían mostrar su músculo y tratar de incidir en lo político en su beneficio, pero eso no ocurre ya que por lo mencionado anteriormente no están acostumbrados a ejercer sus derechos políticos y raramente están capacitados para ello (no porque no tengan el potencial como seres humanos, sino porque debido a su situación no tienen la oportunidad de desarrollar las herramientas necesarias).

    Ese músculo que podría operar en favor de los pobres opera entonces en favor del poder político. Los políticos, sin mostrar una real muestra de empatía hacia ellos, conocen la situación en que viven los pobres y así buscan lucrar con ella a través de dádivas o relaciones clientelares. Así, muchos gobiernos basan su poder político en la pobreza.

    Pero la realidad es que, en la mayoría de los casos, los pobres les importan poco. Los pobres, para ellos, solo pueden ser un contrapeso al poder si son cooptados por un partido de oposición, lo cual no es algo que suela ser tan común ya que, al no estar en el poder y no poder acceder al presupuesto de la forma en que lo hace el gobierno en turno, la capacidad que tienen para cooptar a la pobreza es más bien limitada. Entonces se limitan a crear narrativas y a pronunciar discursos para prometerles un mayor bienestar en caso de llegar al poder, aunque si eso sucede es muy posible que solo se limiten a repetir, en cierta medida y con algunos ligeros cambios, las estrategias de cooptación del gobierno al cual están sucediendo.

    Pero los pobres poco les importan en realidad, poco se molestan por empoderarlos y por combatir las barreras que no les permiten salir adelante por sí mismos. Se preocupan poco por darles una mejor educación y por darles herramientas. Es más probable que los ignoren o que los hagan codependientes del gobierno o partido para así garantizar su voto en las elecciones venideras.

    Así, para la mayoría de los políticos, la pobreza se convierte cuando menos en un objeto, en la cosificación del ser humano, que pueden utilizar para reafirmar su poder.

  • El absurdo de pedirle disculpas al Rey Felipe VI de España por la conquista

    El absurdo de pedirle disculpas al Rey Felipe VI de España por la conquista

    El absurdo de pedirle disculpas al Rey Felipe VI de España por la conquista

    López Obrador exige al Rey Felipe VI pedir disculpas por la conquista española. Hay que aclarar algunas cosas:

    En la conquista, los españoles conquistaron a los indígenas. Después de eso, muchos se mezclaron. México es producto de esa mezcla que, en algún momento de la historia, se independizó de la Corona Española.

    Desde aquí hay un problema, ya que López Obrador es mestizo y no indígena, tiene ambas sangres. La herencia genética de López Obrador no solo está en el territorio que ahora es México, sino también en España. En este sentido, si AMLO exige disculpas, se podría argumentar que AMLO es parte victimario y parte víctima, no puede desligarse de los conquistadores porque debe parte de su existencia a ellos.

    A más de uno le molestará escucharlo, pero, a menos que sea indígena puro, no puede desligarse de los españoles y no puede sentirse víctima sin dejar de sentirse victimario (si es que se quiere exigir disculpas al Rey de España). No se puede hacer una analogía con el resentimiento que ha existido entre Japón y China a raíz de la Segunda Guerra Mundial, porque Japón y China son los mismos que estuvieron inmersos en el conflicto. En nuestro caso, el conflicto se dio entre la Corona Española y los indígenas, no entre la Corona Española y México; siendo México un subproducto de españoles e indígenas.

    Insisto: México, con respecto a los pueblos indígenas que habitaban este territorio, es «parte conquistador» y «parte conquistado». Nos sentimos orgullosos de los indígenas (a veces de dientes pa’ fuera) pero también hablamos español y estamos occidentalizados.

    Pero esta sola es una parte del absurdo:

    No voy a negar que existieron abusos en la Conquista porque existieron como existían en cualquier conquista de su tiempo. Pero vaya, eso ocurrió hace 5 siglos. Y vaya, si ésta no hubiese ocurrido, los quejosos de ahora ni siquiera habrían nacido para quejarse.

    ¿Tiene culpa el Rey de España por lo que ocurrió hace 500 años, una Corona Española que era en esencia muy diferente a la de ahora, cuya cultura y sus paradigmas eran muy diferentes? ¿Tiene culpa de ello la sociedad española actual?

    ¿Y tenemos el derecho a culpar a España cuando en realidad somos nosotros, los que habitamos este país, los que más discriminamos y relegamos a los indígenas? ¿De verdad tenemos la autoridad moral para hacerlo?

    ¿En qué beneficia que el Rey Felipe VI se disculpe? ¿Cómo beneficia esto a nuestro país? La historia de la conquista, que yo sepa, no está entorpeciendo las relaciones entre México y España (como sí ocurrió entre Japón y China donde este último pidió perdón sin que China se lo exigiera). Por el contrario, las relaciones entre ambos países suelen ser estrechas, no falta recordar aquel momento cuando México le abrió las puertas a los españoles que huían de la Guerra Civil.

    Por el contrario, este tipo de actitudes como la que está sosteniendo López Obrador sí podrían, en dado caso, llegar a deteriorar las relaciones con España.

    El absurdo resentimiento que algunas personas le tienen a España es más bien producto, me parece, de la historia oficial (que siempre tendió a victimizar a nuestro país) junto con una mala interpretación de la historia porque, como dije, una persona que no es indígena no puede desligarse por completo de España, también le debe a España gran parte de su herencia.

    Es absurdo seguirse doliendo por algo que ocurrió hace 500 años, es poco inteligente. Pregúntenles a los japoneses que con sendas bombas atómicas que cayeron sobre sus tierras, prefirieron trabajar desde adentro y desarrollarse que crear una narrativa victimista para tener a quién culpar de sus problemas. Y vaya que Japón tiene muchas más razones para estar enfadados con Estados Unidos que nosotros con España.