Autor: Cerebro

  • Guerra de las corcholatas parte 1: convencer al dedo

    Guerra de las corcholatas parte 1: convencer al dedo

    A partir de la semana pasada, las y los precandidatos de MORENA comenzaron una campaña para llevarse la candidatura que, por lo visto, representa una gran posibilidad para llegar a la silla presidencial.

    Habrá incluso quien, teniendo una visión pesimista de la oposición, afirme que esta se trata de una «final adelantada».

    Esta es una precampaña sui géneris. Primero, porque es a todas luces ilegal. Segundo, porque es lo más parecido que hemos tenido a unas elecciones primarias en México (al menos en la teoría, no tanto en la práctica). Tercero, porque también constituye algo así como un «post-dedazo»: tiene varias similitudes con el dedazo presidencial del PRI hegemónico, pero también representa una suerte de evolución de este ya que las y los candidatos de alguna forma competirán abiertamente por la voluntad del Presidente.

    Para comprender la dinámica de esta precampaña tenemos que comprender dos cosas:

    1. Quien va a tomar la decisión final es López Obrador y no las encuestas que sólo servirán para medir el potencial de las candidaturas.
    2. Esto significa que la pre-campaña va a girar en dos vertientes
      • Mostrar lealtad al proyecto «transformador» de López Obrador
      • Mostrar capacidad para garantizar votos y, así, el triunfo electoral en la elección presidencial.

    AMLO busca garantizar la continuidad de su proyecto, y para ello espera que quien lo haga sea lo más leal a éste y tenga más posibilidades de ganar. Sin embargo, es posible que la persona más leal es quien tenga menos posibilidades y que quien tenga más posibilidades es quien menos le garantice lealtad.

    Y, como en la práctica este dilema parece existir, López Obrador necesitaría encontrar el punto óptimo para satisfacer sus ambiciones.

    Con base en los careos que se han hecho de los candidatos y al comportamiento mostrado en este sexenio, podría atreverme a decir que las corcholatas de la siguiente forma (incluyo a Ebrard, Sheinbaum y Adán Augusto en tanto que dejo fuera a Monreal, Noroña y Velasco, porque me parece que, al día de hoy, los tres primeros tienen posibilidades reales y los otros tres son prácticamente testimoniales, a menos de que ocurra algo imprevisto):

    Claudia Sheinbaum:

    Claudia es la persona que, al día de hoy, tiene una mayor ventaja y por algo se dice que es la «favorita del Presidente». Hoy es quien más posibilidades tiene ganar la elección presidencial ya que así lo muestran los diversos careos que se han hecho.

    Contrario a lo que muchos afirman, no es quien más garantiza la continuidad del obradorismo. Si bien, como Jefa de Gobierno mostró cierta lealtad al régimen en diversos aspectos y discursivamente se ha tratado de mostrar muy leal al Presidente, también es cierto que en algunos temas tomó «su propio camino» como ocurrió con las políticas en torno a la pandemia (más responsables las de ella que las de él). El pragmatismo de Claudia no debe desdeñarse.

    El problema de Claudia es que es una persona con muy poco carisma y ha estado en los reflectores y frente al escrutinio público con mayor frecuencia y no necesariamente de forma positiva. Posiblemente la decisión más inteligente como primer lugar en estas circunstancias sea «nadar de muertita».

    Marcelo Ebrard:

    En teoría, es quien se encuentra más desaventajado porque hoy garantiza menos votos que Claudia (aunque la diferencia es relativamente pequeña) pero, sobre todo, es quien me parece que garantiza menos lealtad a la continuación del proyecto de AMLO. De los tres, Marcelo es quien es más distinto ideológicamente de López Obrador y quien tendría más posibilidades de llevar su presidencia por otro camino.

    Aunque no la tiene fácil, esto no quiere decir que Marcelo no tenga posibilidades. Si Claudia pierde popularidad en el proceso (cosa que no es imposible) y Adán no levanta (cosa que tampoco), posiblemente AMLO podría decidir por él para garantizar la continuidad, aunque no de forma tan precisa, y no arriesgarse a perder con la oposición.

    Adán Augusto:

    Estoy seguro de que López Obrador quisiera que Adán fuera su próximo sucesor: es el más leal de todos, es su amigo, idiosincráticamente es el más similar (incluso comparten orígenes) y hasta se parecen físicamente. El problema es que Adán aparece muy abajo en los careos y ello implicaría arriesgar demasiado.

    La tarea de Adán consiste en levantar desde abajo. A diferencia de los otros dos, Adán se está esforzando en darse a conocer porque de los tres es el menos conocido. Por ello es que ha «tapizado» las ciudades principales con espectaculares que muestran su rostro y que reafirman la lealtad a López Obrador.

    La precampaña

    El inicio de las campañas va en esta tesitura. Los tres insisten ser leales a López Obrador, basta ver la propaganda que están desplegando o las decisiones que pueden bien ser muy polémicas pero que parecieran tener una estrategia bien pensada como la de Marcelo Ebrard al proponer la «Secretaría de la 4T» para que la dirija el hijo de AMLO.

    Otra cosa a tomar en cuenta es el público al que se dirigen. Todos buscan espacios en medios, pero es notorio que Marcelo Ebrard y Adán Augusto buscan darse baños de pueblo: el primero utilizando un «vochito» tal cual Pepe Mujica. Y, aunque a muchos nos pueda parecer un acto de frivolidad, saben que tienen que ganarse al electorado afín a López Obrador al cual le tienen que prometer la continuidad de un proyecto que «ve por ellos» (hago énfasis en las comillas).

    En la siguiente entrega les presentaré un análisis de datos que estoy haciendo sobre las reacciones hacia las corcholatas en Twitter, el alcance que tienen, quienes están tratando de amplificar su mensaje y qué es lo que la gente opina de quienes aspiran a ser la opción de MORENA en la elección presidencial.

    Y vuelvo a recordar sobre la ilegalidad de esta pre-campaña.

  • Claudia Sheinbaum no es un bato, pero…

    Claudia Sheinbaum no es un bato, pero…

    Dicen por ahí que hay un sesgo de género en contra de Claudia Sheinbaum.

    El tema no es nuevo. Preguntarse si las mujeres reciben un trato diferente que los hombres es un tema muy válido.

    Miren. Estaba trabajando un proyecto con la IA donde una de las tareas que realizaba era la obtención de imágenes de distintas profesiones (en una plataforma llamada Leonardo, muy parecida a MidJourney).

    Resultó que en la gran mayoría, estas imágenes mostraban hombres (de 100 profesiones, más de 80). Tan solo en las profesiones muy estereotípicas como enfermería o nutrición se desplegaban mujeres. Incluso al utilizar la palabra «biologist» me mostró hombres siendo que hay más mujeres biólogas.

    Naturalmente, estos modelos están entrenados con un gran base de datos de información en Internet. La gran mayoría de esa información tiene solo unos años de antigüedad y tiende a ser generada dentro de países desarrollados que, en el papel, son más equitativos en cuestión de género que en los países del tercer mundo.

    Es un ejercicio interesante porque logra brincar todas las subjetividades y sesgos culturales o ideológicos que pudiera haber en una investigación típica sobre el tema (que si la investigadora es feminista o que si la encuestada vive en una sociedad donde el machismo está normalizado). La IA solo muestra lo que es más común en toda la información que hemos ido creando a lo largo de estos años.

    Claro está. Si existen esos sesgos, es de esperarse que puedan existir sesgos (muchas veces inconscientes) sobre el trato que se le da al hombre y a la mujer. Y el tema de la política, tradicionalmente dominado por hombres, es un tema que no debe escapar. De hecho hay investigación al respecto que puedes consultar aquí.

    Esta situación nos mete en un terreno fangoso, porque por un lado es muy válido preguntarse si existe un trato diferenciado y si la crítica que se hace a una candidata es diferente a la que se le hace a un candidato.

    Pero, por el otro, es cierto que existe quienes puedan aprovechar esta situación para acallar a aquellos que osen criticar a una candidata mujer. Lo cierto es que tanto los políticos hombres y mujeres deben estar sujetas y sujetos a la crítica y al escrutinio por igual, como bien lo señala Denise Dresser en su columna «maroma machista».

    Por ejemplo, Viri Ríos sugiere entre líneas que quien afirma que Claudia es incompetente está siendo de alguna forma machista, aunque es cierto que también se ha dicho una y otra vez lo mismo de López Obrador. Situación similar ocurre cuando ella afirma que Claudia es un clon de AMLO mientras que a los hombres se les ve como pragmáticos por hacer lo mismo, aunque la misma crítica se le ha hecho a Adán Augusto una y otra vez.

    Llama también la atención que estos días se hayan publicado varias columnas que hablan sobre el mismo tema, lo cual es sospechoso por la cercanía de las publicaciones y por el timing (justo cuando la competencia entre las corcholatas acaba de comenzar).

    Es algo perverso que haya quien quiera montarse en esta problemática con fines políticos, no solo porque trivializa un tema importante, sino porque lo utiliza como escudo para neutralizar y relativizar críticas que bien pueden ser muy válidas así como para victimizar a alguien que forma parte del poder y que debería estar bajo el escrutinio público. Incluso hay quienes ya lo han hecho pero que, cuando el presidente López Obrador denostó a las feministas y canceló los albergues para mujeres, callaron.

    ¿Son las críticas hacia Sheinbaum expresiones de machismo? Tendríamos que desagregarlas ya que es difícil saberlo y es posible que se necesite un contrafactual: digamos, un hombre que tome decisiones similares que Claudia Sheinbaum para ver si existe una diferencia en intensidad o en criterios. También se podría hacer un análisis de discurso en la información y opiniones que la gente arroja sobre la candidata para después compararla con otros casos.

    Pero de ahí no se sigue que se deba denostar cualquier crítica de forma apriorística para acallarla en nombre de un supuesto machismo. El análisis al respecto debería ser riguroso y no uno basado en suposiciones para evitar cualquier crítica hacia la candidata.

  • Chat GPT gobernaría mejor que López Obrador

    Chat GPT gobernaría mejor que López Obrador

    Chat GPT gobernaría mejor que López Obrador

    Le pedí a Chat GPT (versión 4) que creara un programa de gobierno para un presidente que se encuentra en el mismo contexto en el que estaba AMLO en 2018 (presidente de izquierda que ganó la elección gracias a que la gente votó contra el régimen de corrupción anterior).

    Este es el prompt: Eres el nuevo presidente de México, eres un presidente de izquierda que ganó la elección porque la gente votó en contra del régimen anterior sumido en la corrupción. Los problemas que más aquejan al país son el de la seguridad y la corrupción. Dicho esto, elabora un plan de gobierno que abarque lo siguiente: 1) Economía, 2) Salud, 3) Ecología y medio ambiente 4) Combate al narcotráfico 5) Regeneración del tejido social, 6) Relaciones internacionales (en especial con Estados Unidos y con América Latina). 7) Ciencia, 8) Educación y 9) Cultura. Profundiza lo más posible en cada uno de los puntos explicando qué vas a hacer, cómo le vas a hacer y qué quieres lograr con ello para que la gente tenga total certeza.

    Y este es el plan de gobierno:

    Economía
    1. Economía: Crearemos una economía sólida, inclusiva y sostenible. Para ello:
    • Fomentaremos la inversión en infraestructuras y tecnología, generando empleos y creando una economía más competitiva.
    • Impulsaremos la educación financiera y el emprendimiento, con especial énfasis en las zonas rurales y en las comunidades más vulnerables.
    • Implementaremos un sistema fiscal progresivo, donde quienes tienen más, contribuyen más. Esto nos permitirá invertir en servicios públicos de calidad.
    • Trabajaremos en la digitalización y formalización de la economía para combatir la evasión fiscal y fomentar la inclusión financiera.
    • Atraeremos inversiones extranjeras mediante un clima de negocio seguro y previsible, con normas claras y justas.
    Salud
    1. Salud: La salud es un derecho fundamental y trabajaremos para garantizar su acceso a todos los mexicanos.
    • Implementaremos un plan nacional de salud que priorice la prevención y el fortalecimiento de la atención primaria de salud.
    • Aumentaremos la inversión en infraestructura de salud, asegurando la disponibilidad de médicos y enfermeras en todas las regiones del país.
    • Potenciaremos la telemedicina y la digitalización de los servicios de salud para hacerlos más accesibles y eficientes.
    • Fomentaremos la investigación y la producción de medicamentos en el país para reducir dependencias externas y asegurar su disponibilidad y asequibilidad.
    Ecología y medio ambiente
    1. Ecología y medio ambiente: Nuestro país es rico en biodiversidad y recursos naturales y trabajaremos para protegerlos.
    • Implementaremos una política de desarrollo sostenible, asegurando que el crecimiento económico no comprometa el futuro de las próximas generaciones.
    • Fomentaremos la economía verde, promoviendo la producción y el consumo sostenible, así como la inversión en energías renovables.
    • Desarrollaremos un plan de protección de la biodiversidad, preservación de las áreas protegidas y reforestación.
    • Educaremos a la población sobre la importancia del respeto al medio ambiente y la sostenibilidad.
    Combate al narcotráfico
    1. Combate al narcotráfico: Este es un problema complejo que requiere una solución integral.
    • Reforzaremos las capacidades de nuestras fuerzas de seguridad con formación y recursos.
    • Trabajaremos en estrecha colaboración con las comunidades, poniendo en marcha programas de prevención de adicciones y de oportunidades de empleo y educación para los jóvenes.
    • Promoveremos una reforma del sistema de justicia penal para que sea más eficaz y transparente.
    • Colaboraremos con la comunidad internacional para combatir el tráfico de drogas y la corrupción relacionada con el narcotráfico.
    Regeneración del tejido social
    1. Regeneración del tejido social: Una sociedad fuerte y saludable es esencial para el desarrollo de cualquier nación.
    • Desarrollaremos programas de integración social y fortalecimiento comunitario, enfocados en el deporte, la cultura y el arte como herramientas de cohesión social.
    • Implementaremos políticas públicas que fomenten la equidad de género y protejan a las comunidades más vulnerables.
    • Estableceremos programas de apoyo psicológico y asesoramiento para familias en situación de riesgo y para las víctimas de violencia.
    Relaciones internacionales
    1. Relaciones internacionales: Promoveremos relaciones constructivas con todos los países, pero enfocaremos nuestros esfuerzos en fortalecer nuestros lazos con Estados Unidos y América Latina.
    • Con Estados Unidos, trabajaremos para fortalecer nuestra cooperación en áreas de interés mutuo como el comercio, la seguridad, la migración y el cambio climático.
    • Con América Latina, buscaremos la integración regional, fomentando la cooperación en materia de desarrollo sostenible, educación, ciencia y tecnología.
    • A nivel global, defenderemos el multilateralismo y los principios de justicia, derechos humanos y desarrollo sostenible.
    Ciencia
    1. Ciencia: La ciencia es fundamental para el desarrollo y la innovación.
    • Aumentaremos la inversión en investigación y desarrollo, fomentando la colaboración entre universidades, centros de investigación y empresas.
    • Crearemos un marco regulatorio que favorezca la innovación y el desarrollo de tecnología en el país.
    • Fomentaremos la formación en ciencias y tecnología desde la educación básica hasta la superior.
    Educación
    1. Educación: Una educación de calidad es la base de una sociedad justa y equitativa.
    • Aseguraremos que todos los niños y jóvenes tengan acceso a una educación de calidad, independientemente de su ubicación geográfica o situación económica.
    • Fomentaremos la formación de docentes y la mejora continua de los currículos para garantizar la relevancia de la educación.
    • Aseguraremos la conectividad en todas las escuelas y promoveremos el uso de tecnología en la enseñanza.
    • Promoveremos la educación para la ciudadanía, la diversidad, la sostenibilidad y el respeto a los derechos humanos.
    Cultura
    1. Cultura: La cultura es la esencia de nuestra identidad y un motor para el desarrollo social y económico.
    • Fomentaremos la producción cultural local y el acceso a la cultura en todas sus formas, desde la literatura hasta las artes escénicas, la música y las artes visuales.
    • Apoyaremos a los artistas y creadores mexicanos, ofreciendo formación, financiación y espacios de exhibición.
    • Implementaremos programas de educación artística en las escuelas y promoveremos el patrimonio cultural de México en el país y en el extranjero.
    Democracia e instituciones
    1. Democracia e instituciones: La democracia es el pilar de nuestra sociedad y trabajaremos para fortalecerla.
    • Implementaremos reformas para garantizar la independencia de los poderes del Estado y el correcto funcionamiento de nuestras instituciones.
    • Fomentaremos la participación ciudadana en la toma de decisiones, a través de mecanismos como la consulta popular y los presupuestos participativos.
    • Promoveremos la equidad de género y la representación de grupos subrepresentados en los espacios de decisión política.
    • Protegeremos la libertad de prensa y el derecho a la información, elementos esenciales para una sociedad democrática.
    1. Transparencia y rendición de cuentas: La lucha contra la corrupción es una prioridad de nuestro gobierno.
    • Implementaremos un sistema robusto de transparencia y rendición de cuentas para garantizar que todos los recursos públicos se utilicen de manera eficaz y honesta.
    • Promoveremos la formación y la ética en la administración pública para prevenir la corrupción.
    • Trabajaremos en estrecha colaboración con la sociedad civil y los medios de comunicación para detectar y denunciar la corrupción.
    • Implementaremos un sistema eficaz de sanciones para aquellos que cometan actos de corrupción, garantizando que nadie esté por encima de la ley.

    No necesariamente estoy de acuerdo con todo lo que Chat GPT propuso, pero es evidente que su plan de gobierno es mucho mejor que el de López Obrador y podríamos esperar que Chat GPT gobierne bastante mejor este país de lo que AMLO lo ha hechoñ

  • La oposición (partidista) está bien jodida

    La oposición (partidista) está bien jodida

    La oposición (partidista) está bien jodida

    Contrario a lo que dicen los obradoristas, la mayoría de quienes nos consideramos opositores al régimen somos una suerte de huérfanos políticos.

    O sea, no simpatizamos con el PRI, el PAN, MC, o el PRD. Para muchos de nosotros no son algo más que un salvoconducto para frenar la deriva autoritaria de MORENA y para otros, ni eso.

    Basta ver todas las encuestas que se han levantado al respecto. MORENA tiene mucha aprobación y muchos seguidores mientras que los otros partidos se encuentran en un estado lamentable con una gran cantidad de negativos.

    Los partidos de oposición no solo no brillan, sino que son un estorbo, un dique para la construcción de una candidatura que pueda brillar por sí misma y pueda ser competitiva frente a la corcholata destapada (posiblemente Claudia Scheinbaum).

    Hoy, a un año de las elecciones, ya tendría que haber una figura que empezara a llamar la atención y de la cual se empezara a figurar como el o la candidata a la Presidencia y figura ante la cual los partidos comenzaran a cerrar filas. Tendría que existir esa candidatura que trascendiera a los propios partidos.

    Hoy eso no existe. Sí, hay una gran lista de personas que han levantado la mano pero nadie brilla. Existen figuras profesionales y técnicas como Enrique de la Madrid, Claudia Ruiz Massieu o Santiago Creel que lamentablemente no es como que sean personas muy atractivas como candidatos. Luego están aquellas personas que le apuestan a la división y a la confrontación (incluso entre la misma oposición) como Lilly Téllez tratando de posicionarse como una mujer «conservadora de derechas» para luego titubear al respecto al «arrepentirse» de haber firmado la Carta de Madrid.

    Pero el problema no son solo las candidaturas, tal vez estas sean el menor de los males. El gran problema son los propios partidos de oposición. Es inverosímil que un partido que tiempo atrás se ostentó como un partido ciudadano en los tiempos del partido único cierre, en este contexto y en estas circunstancias, las puertas a los ciudadanos. Mientras esto pasa, los pre-candidatos como Santiago Creel y Lilly Téllez se difaman y se atacan con mensajes frívolos (sobre todo de parte de la reportera) que parecen un chiquero o un lodazal y que nada evoca a un sentimiento de unidad.

    Lo peor del caso es que esa pugna por el poder dentro del PAN no queda ahí, porque luego tendrán que negociar con el PRI que, paradójicamente, parece tener mejores perfiles que el partido blanquiazul y que, a su vez adolece de las ambiciones de su presidente Alito Moreno.

    Tampoco queda claro para la ciudadanía que el PRI termine de jugar su papel de oposición. Si bien, en algunas ocasiones se han opuesto contundentemente a las acciones de MORENA, en otras parecen ir un poco más de la mano o han mostrado cierta cercanía.

    Y claro, un papel aparte juega MC que trata de capitalizar el continuo descrédito del PAN y del PRI para en un futuro posicionarse como una nueva alternativa, pero sus últimas acciones no han terminado de generar confianza en la ciudadanía opositora. No pocos le reprocharon no haberse sumado a la alianza: decisión que, a mi parecer, podría ser acertada para los intereses de ese partido en un futuro. El problema es que tampoco han mostrado una oposición contundente frente a MORENA y han tenido un estire y afloje con ese partido.

    Dicho esto, los ciudadanos que se oponen al régimen guardan dudas sobre si el PRI o MC realmente van a jugar el juego de la oposición o los van a terminar traicionando. Tienen más seguridad con el PAN, pero ven una y otra vez cómo los ignoran, les cierran las puertas y hasta los ningunean.

    Y todo esto pasa en un contexto donde los simpatizantes del régimen son mayoría. Es decir, el oficialismo seguiría teniendo cierta ventaja sobre una oposición unida y cohesiva formada por partidos que aprendieron su lección en el 2018 y llevaron a cabo un proceso de cambio. Pero no. no hay siquiera eso, no hubo reflexión, no hubo autocrítica. La gente ve lo que hay: políticos ambiciosos que quieren recuperar su privilegios y cuyo único atractivo es que «es menos malo que el régimen obradorista, pero malo al fin».

    Y pues está pal perro.

  • The Gradient Descent Party – La política y su destino en tiempos de la inteligencia artificial

    The Gradient Descent Party – La política y su destino en tiempos de la inteligencia artificial

    Introducción

    A raíz del hype que están generando los modelos generativos, LLM como Chat GPT, Bard y demás o generadores de imágenes como MidJourney o Stable Difussion, mucho se ha estado hablando de la Inteligencia Artificial en estos días como nunca antes.

    Como comenté tiempo atrás, la IA no es algo nuevo. Las herramientas más sofisticadas como el deep learning ya tienen algunos años con nosotros, pero en esta creciente sofisticación y en el desarrollo de procesadores o servidores que permiten que estas tecnologías tengan un mayor alcance se ha creado un punto de inflexión donde la gente comienza a ver con sus propios ojos cómo la Inteligencia Artificial comienza a penetrar dentro de sus vidas.

    La discusión sobre la inteligencia artificial tampoco es nueva: filósofos como Nick Bostrom o Ray Kurzweil han escrito del tema desde hace bastantes años. Lo que pasa es que, a raíz de los últimos avances, la gente la siente en sus manos y ello hace que se planteen muchas preguntas con respecto a estos avances tecnológicos que fácilmente podríamos considerar más importantes que la invención de la imprenta.

    ¡Vaya época nos tocó vivir!

    Claro, uno de los temas que más vienen a la mente es el de la singularidad o la Inteligencia Artificial General (AGI) en la cual las máquinas van a ser más inteligentes que los seres humanos y sobrepasarán su control. Aquí la discusión tiende a ser mixta: hay quienes se atreven a ponerle fecha y quienes lo ven como algo demasiado lejano como para preocuparse.

    Frente a los avances de la IA, hay reacciones diversas: algunos se inclinan hacia el entusiasmo, pero otros (y tal vez los más) guardan algo de escepticismo como ocurrió con Geoffrey Hinton, el ingeniero de Google que renunció a raíz de los posibles daños que la IA podría causar, Yuval Noah Harari, quien ya había mostrado preocupación unos años atrás en sus libros o Eliezer Yudkowsky, quien plantea también un panorama algo pesimista.

    Claro, esta reacción es natural ante algo que avanza tan rápido, cuyo futuro no se puede predecir y que, por tanto, causa mucha incertidumbre. El escepticismo es natural ante lo desconocido porque ello nos permite, de alguna u otra forma, adaptarnos y tomar medidas ante lo que viene para que así, dentro de lo posible y siempre de forma muy imperfecta, se amplíen los beneficios y se reduzcan las externalidades.

    Y si así no lo hiciere, que el algoritmo me lo demande

    Pero lo que toca en este artículo no tiene que ver con la singularidad que puede llegar en 20 o 500 años, sino con la forma en que los avances en la IA que estamos comenzando a ver va a afectar la forma en que nos organizamos, en que creamos instituciones y hacemos política.

    Si de algo estamos seguros es que, a lo largo de la historia, los avances tecnológicos han traído sacudidas al orden social y a las estructuras de organización humana. Sería iluso que, tras una irrupción tecnológica, nuestra forma de entender al mundo e interactuar con éste se vaya a mantener de la misma forma.

    Internet y las redes sociales son un ejemplo de ello. Estas tecnologías tienen poco tiempo con nosotros y no hemos tenido siquiera tiempo de comprender los efectos que éstas han creado en la política y en la sociedad. Se sabe que las redes sociales tienen un efecto importante en la polarización política actual y que, si bien, la polarización no es efecto directo de las redes sociales, si tiende a amplificarla considerablemente.

    La inteligencia artificial es una irrupción bastante más abrasiva que las redes sociales. Las redes vinieron a modificar los canales de comunicación, interacción y consumo de contenidos, lo cual ya es algo considerable. Hoy se estudian sus efectos en la psique de los individuos, en la pérdida de privacidad, en la confianza institucional y demás. Pero los efectos directos de la inteligencia artificial no se limitan a la comunicación, aunque está claro que la va a afectar de forma considerable. La IA impactará en distintas áreas de tal forma que las redes sociales habrán sido un breve temblor en comparación sobre el terremoto que podría estar por venir. Y eso que aquí estamos considerando a la IA actual: la llamada inteligencia artificial débil y no la inteligencia artificial fuerte o general (AGI).

    ¿Cómo podría afectar la IA a la política?

    Me vienen a la cabeza algunas cuestiones, y muchas están relacionadas con una mayor asimetría de información entre el poder político y los gobernados. Es decir, si no se implementaran los mecanismos pertinentes, podría abrirse una gran brecha entre la información que el poder político conoce y lo que los gobernados conocen de tal forma que el primero podría tener un mayor poder sobre los segundos:

    Lo malo

    Hipervigilancia

    Si algo caracteriza a la IA actual es su carácter predictivo. Los algoritmos de machine learning son capaces de arrojar predicciones con base en un input que puede ser integrado desde una regresión lineal para entrenar a dicho modelo (que puede predecir, por un decir, el precio de una casa con base en la ciudad y la zona en la que se encuentra) hasta una red neuronal que puede arrojar resultados más sofisticados y complejos.

    Dicho esto, los gobiernos podrían verse tentados a establecer mecanismos de hipervigilancia prediciendo la conducta de los ciudadanos. Por poner un ejemplo: si el ciudadano x tiene estas conductas (compra en tal o cual lugar, ha sido multado tantas veces) o estas características (está diagnosticado con depresión, ansiedad o es extrovertido), se puede predecir con cierta precisión que va a realizar tal o cual conducta, por lo cual el gobierno podría tomar medidas preventivas que, a su vez, podrían representar un atentado contra los derechos de dicho individuo.

    Los créditos sociales en China, que otorgan puntos a los ciudadanos hipervigilados a través de su conducta y hábitos, son un temprano ejemplo del alcance que este tipo de estrategias podrían tener.

    Riesgos sobre la libertad de expresión y manifestación

    Las manifestaciones, por lo general, tienen un origen relativamente espontáneo. Ante una situación que incomoda a un sector de la ciudadanía, un grupo de personas o algún colectivo convoca a una manifestación y las personas se unen a ella. Esa espontaneidad guarda un arma de doble filo frente a un gobierno que con ayuda de la IA puede hacer predicciones sofisticadas y con la cual pueden prever manifestaciones antes de que se propaguen de acuerdo al comportamiento de los ciudadanos. Una IA entrenada con extensiva información de manifestaciones históricas puede analizar patrones de conducta y sugerir que en tal circunstancia una manifestación podría ocurrir para evitar que ocurra. La asimetría de información entre el gobierno y los inconformes podría dejar en desventaja a los segundos.

    Algo parecido podría pasar con la libertad de expresión. Un gobierno podría predecir con cierta precisión que tal o cual medida polémica podría generar incomodidad en la población o que la prensa va a abordar el tema. Así, podría anticiparse ante los distintos hechos para evitar que aquellas expresiones en contra del gobierno se expandan. También podría predecir qué tipo de personas o de medios son más proclives a incomodar al gobierno para así tomar medidas preventivas al respecto.

    Degradación de la representatividad política

    En una democracia liberal, el individuo elige a los representantes que tomarán decisiones por ellos. En este supuesto, las personas individualmente evalúan las candidaturas y votan por aquel o aquella que, de acuerdo a su conocimiento, sus tendencias ideológicas y sus necesidades, creen que los va a representar mejor.

    A raíz del marketing político y de estrategias cada vez más sofisticadas que abarcan diversas áreas como la psicología, la publicidad, recientemente el análisis de datos y demás, hay quienes han argumentado que esta dinámica se ha degradado, ya que en vez de dar información relevante al electorado, buscan cambiar su conducta para así obtener más votos. Los estrategas políticos especializan cada vez más su mensaje a las diversas audiencias e incluso, a través de estrategias de hipersegmentación (como ocurrió en el infame caso de Cambridge Analytica), buscan cambiar el comportamiento de la audiencia de tal forma que les resulte favorable a sus necesidades tal cual como si se tratara de una suerte de ingeniería social.

    La Inteligencia Artificial, sobre todo con la ayuda de herramientas predictivas, llevará este fenómeno mucho más allá. A través de estas nuevas herramientas, los estrategas podrán predecir cómo podrían votar tales o cuales personas y podrán también crear modelos que ayuden a diseñar estrategias para orientar el voto de un candidato a otro (vaya, incluso Chat GPT ya es capaz de crear discursos con base en prompts segmentados, aunque todavía puede mejorar su calidad). Más que presentar un proyecto de nación, los estrategas tendrán más incentivos para hacer «ingeniería social quirúrgica» con el fin de ganar elecciones.

    Si los discursos políticos están cada vez más preparados por estrategas de campaña, es posible que estos terminen cada vez más desligados de la mente del candidato y sea una red neuronal la que termine, con base en varios inputs relativos al público objetivo, redactándolos, reduciendo al candidato a un sujeto que se limita a leer lo que aquella máquina redactó. ¿Quién realmente me está hablando? ¿Qué sé realmente del candidato?

    Lo bueno

    Diseño de políticas públicas

    Ello no quiere decir que todo sea sombrío. La IA también puede muy útil para maximizar el bienestar de los ciudadanos. Las herramientas de predicción podrán (y de alguna forma ya lo están siendo) ser muy útiles para crear mejores políticas públicas. Desde dónde construir un hospital o trazar las rutas de autobús prediciendo el comportamiento futuro con respecto a distintos patrones.

    La IA también podrá automatizar muchas tareas que harán que muchas políticas le cuesten menos dinero al erario. De la misma forma, se podrán crear políticas públicas más focalizadas con mayor precisión y menos dinero al entrenar modelos con datos existentes que arrojen distintas estrategias para distintos grupos sociales en vez de crear una gran estrategia que pretenda abarcar todo y que, por tanto, termine siendo ineficiente.

    sípodíasaberse.gpt Más y mejor información para el electorado

    Si bien, comenté que la IA puede representar un riesgo para la representatividad y la democracia, con las medidas pertinentes podría potenciarla. Por ejemplo, los individuos podrían pedir a un algoritmo entrenado con información histórica de un candidato, información que tiene que ver con sus intereses y con lo que espera del candidato por el que quiera votar: «Me importa mucho el empleo ¿qué me puedes decir sobre las medidas que ha tomado el candidato X al respecto a lo largo de su trayectoria y qué resultados ha obtenido«. Así, también podrá contrastar posturas de una forma mucho más rápida, sin que le quite mucho tiempo y esfuerzo y sin necesidad de ser un experto en el tema. Así, los ciudadanos podrían ahorrarse campañas insulsas y frívolas tomando decisiones con base en información factual.

    Igualmente, los algoritmos pueden ayudar para hacer fact checking de forma más precisa, inmediata y veraz. Un algoritmo entrenado con inmensas cantidades de información podría responder se forma prácticamente inmediata si aquello que dijo la candidata o el candidato es verdadero o falso al tiempo que presenta la fuente con la información original para que el individuo pueda corroborar lo que el candidato dijo.

    Conclusión

    Como los seres humanos somos terribles para predecir el futuro, lo más que podemos hacer al respecto es plantear escenarios hipotéticos para pensar qué mecanismos o regulaciones podríamos implementar para evitar que las nuevas tecnologías se nos salgan de las manos, sobre todo con la IA que, si bien todavía está muy lejos de ser «consciente» y de «superar al ser humano», sí representa un salto cuántico en materia de predicción y procesamiento de información.

    ¿Va a ser beneficiosa para la humanidad o va a ser catastrófica? Eso depende de nosotros, los seres humanos, de los mecanismos y controles que adoptemos al respecto. Es absurdo pensar que debamos evitar el progreso tecnológico y que debemos parar los avances al respecto, sin embargo sí es muy importante canalizar estos avances para evitar que a través de éstos se atente contra los individuos, se les oprima, se les limite sus derechos y, por el contrario, para que fortalezca la democracia, la libertad y el bienestar de los individuos.

    Seguramente me faltó plantear muchas cosas en este artículo. El tema de la IA es muy extenso y tiene demasiadas implicaciones. Sin embargo, no quería dejar la oportunidad de expresar mis inquietudes sobre la relación de los avances de la inteligencia artificial con el quehacer político, lo cual será muy trascendental para nuestra especie en el futuro no muy lejano.

  • El intrigante discurso de la Lilly Téllez

    El intrigante discurso de la Lilly Téllez

    A muchos no nos agrada mucho Lilly Téllez. No nos agrada como política y tampoco nos agrada su postura conservadora.

    Pero algo ha de reconocerse. Es la opositora que, al día de hoy, ha creado el discurso más consistente y ha puesto a las «corcholatas opositoras» la vara un tanto más alta.

    No es que sea un gran discurso: se sigue percibiendo cierto acartonamiento y se sigue percibiendo que es producto de una estrategia marketinera. Más bien es que los discursos en la oposición han sido tan pobres que el de ella llama la atención.

    Los discursos de la oposición han tratado de ser un «atrápalotodo» tratando de quedar bien con todos sin quedar realmente bien con nadie: el discurso opositor ha estado lleno de lugares comunes, sin posiciones claras, llenas de titubeos, pronunciamientos acartonados de tal forma que siempre caen en las rejas del discurso oficial.

    Si en algo «innova» Lilly Téllez (lo pongo entre comillas porque solo aplica para el caso de la oposición mexicana) es que muestra un posicionamiento más claro: yo soy de «derecha moderna» (concepto que trata de convertir en slogan), defiendo la vida, la familia, el estado limitado. El discurso trata de ser provocador y algo políticamente incorrecto: al menos fue lo suficiente para generar conversación en Twitter.

    Claro, el discurso de Lilly Téllez no tiene mucha sustancia, es algo superficial, pero naturalmente sabemos que el grueso de los electores no son científicos políticos y posiblemente no se percaten de los profundos huecos en el análisis político de la ex conductora de televisión.

    A una persona estudiada le parecerá algo irrisorio decir que el Reino Unido es un ejemplo de «derecha triunfante» dado que la derecha torie y la izquierda laborista se han alternado el poder, cosa que ocurre en la gran mayoría de los países desarrollados, pero si López Obrador ha rediseñado de forma tan absurda conceptos como liberalismo y conservadurismo y mucha gente ha aceptado estas arbitrarias definiciones, no deberíamos pensar como algo imposible que haya gente que compre estos conceptos tal como los promueve Lilly Téllez. Al final, es mera retórica, y la política en la práctica suele construirse así: no es gratuito que los discursos simplones y triviales que apelan a las emociones muchas veces suelan ser exitosos.

    Al parecer, Téllez trata de emular de forma algo tímida a las «nuevas derechas», en especial suena a la primera ministra italiana Giorgia Meloni (y no tanto a Le Pen) o a un Vox descafeinado: Tanto Téllez como Meloni son mujeres y conservadoras, y seguramente sus estrategas vieron ahí una oportunidad para posicionarla.

    Ciertamente, el discurso de Téllez sigue lejos de ser incendiario y difícilmente podría catalogarse de extremista o de «ultraderecha», aunque haya quienes insistan que es así. Téllez se muestra como una derechista conservadora a secas y con ideas algo arcaicas en la vertiente social, pero, al parecer, no existe algún discurso xenófobo o nacionalista que caracteriza a estas nuevas derechas populistas.

    ¿Acierta Téllez con su discurso?

    Contrastar la noción de un Estado limitado con la imagen de un Estado grande e inoperante puede resultar en una perspectiva interesante. Mientras se enfoca en mejorar el sistema de salud, una agenda que a menudo no se considera prioritaria para las ideologías de derecha, apuesta por el desarrollo económico y la seguridad, temas que siempre son relevantes para la población. A partir de esta comparación, se puede destacar las diferencias entre ambos enfoques y contrastarlos con el régimen actual.

    Sin embargo, no sé si en el contexto actual lo más acertado sea apelar a la vertiente conservadora-progresista que ya está generando rechazo en un sector de la población. Aunque en nivel estatal MORENA ha empujado algunas causas progresistas (como el aborto), lo cierto es que se vuelve dificultoso terminar de catalogar al obradorismo como progresista (en el sentido woke estadounidense) como para contrastar con éste en este rubro. López Obrador ha sabido ganarse al votante conservador popular con su simbología religiosa, sus alianzas con diversos colectivos religiosos y con su discurso moralizante en tanto ha tenido una relación muy ríspida con el feminismo.

    Tampoco sé si es lo más acertado apelar a la vertiente izquierda – derecha y definir esos conceptos de forma torpe como ella lo hace. Tendría sentido si la gran mayoría de los izquierdistas simpatizaran con López Obrador, pero la realidad es que no son pocos los arrepentidos.

    Abrir estas vertientes puede generar problemas. Dividir a un voto opositor heterogéneo, donde hay tanto votantes conservadores como progresistas, y donde es imperante sacar a votar a los más indiferentes, muchos de los cuales son jóvenes y que tienden a ser más progresistas que la gente mayor puede ser un gran problema. Lilly Téllez difícilmente le arrebatará votos de ese «conservadurismo popular» a López Obrador y tendría que conformarse con un sector de la oposición y no necesariamente con toda. El obradorismo estaría muy contento con un escenario así.

    Lilly Téllez acierta al tomar posturas un tanto más claras que sus compañeros opositores, parece mostrar que tiene convicciones un tanto más firmes (tal vez no demasiado dado el acartonamiento que se sigue percibiendo), pero tal vez la estrategia no sea la adecuada en el contexto actual. El o la candidata de oposición tendrá que encontrar una fórmula donde convoque a los opositores sin alienar a una parte de este sector, y hacerse muy conservador o muy progre no parece ser una gran idea. Posiblemente tendría que enfocarse en lo que a la gran mayoría de la gente le preocupa en la actualidad: la economía, la seguridad, la salud y la democracia. Antes que izquierda vs derecha, la vertiente más importante debería ser aquella entre la democracia y el autoritarismo, entre futuro vs pasado.

    En lo particular, figuras como Enrique de la Madrid, Mauricio Vila o Claudia Ruiz Massieu me parecen perfiles bastante más aptos para que nos gobiernen, pero no han logrado encontrar una fórmula o un discurso que los ayude a posicionarse. Lilly Téllez logró dar un paso más allá al presentar un discurso más consistente, pero nada más. Sin embargo, tal vez este paso ayude a que las demás candidaturas aceleren el paso para que logren construir un discurso más coherente o sensato que no solo les ayude a ganarse la candidatura, sino que les permita competir con quien sea candidato o candidata del régimen.

  • ¿Sí podía saberse?

    ¿Sí podía saberse?

    No somos seres racionales que nos emocionamos, somos seres emocionales con capacidad de razonar

    Humberto Maturana

    Ahí en las redes sociales, y sobre todo en Twitter (para variar), hay una férrea, acalorada y polarizante discusión sobre la «responsabilidad» que tienen aquellas personas que votaron por López Obrador y hoy se arrepintieron.

    Esta se desató básicamente por algunas columnas publicadas como las de Genaro Lozano o la de Jorge Volpi (quien tuvo la osadía de señalar a los opositores como principales culpables de la desgracia de este gobierno). En ellas, hay una insistencia en deslindarse del hecho de que su voto en las urnas pudo no haber sido la mejor achacando todo a la idea de que fue López Obrador quien traicionó a todos, se traicionó a sí mismo y se «derechizó».

    De aquí salieron varias discusiones. Unas señalan la arrogancia de estos periodistas e intelectuales quienes, por medio de sus columnas, parecen afirmar: «yo no me equivoqué porque soy inteligente, fue AMLO el que me traicionó». Otras van más allá y hasta responsabilizaron a los que votaron por AMLO de la desgracia, como si no fuera suficiente arrepentirse sin ser sometidos al paredón.

    Estas discusiones siempre tienden a gravitar a la siguiente pregunta: ¿sí podía saberse? ¿Si podía deducirse que el gobierno de López Obrador sería tal y como lo estamos viendo?

    El tema es complejo y requiere matices. Es cierto que los seres humanos somos torpes para pronosticar el futuro. Son tantas las variables inmiscuidas que nuestra mente simplemente no tiene la capacidad de hacerlo, pero ello no quiere decir que no podamos hacer algunas aproximaciones que puedan incrementar la probabilidad de que hagamos una buena elección. De lo contrario, votar por un político sería prácticamente lo mismo que seleccionar a uno de forma completamente aleatoria.

    Por ejemplo, el sujeto que va a elegir entre las distintas opciones puede estudiar los patrones que un dado político muestra, ya sea de su personalidad, su trayectoria política, su rectitud, sus convicciones ideológicas. Cuando se analizan estas características en retrospectiva y se compara con la forma en que el político elegido está gobernando, se verá que hay cosas que sí empatan. Hay alguna coherencia entre el hecho de que AMLO haya mandado al diablo a las instituciones y no haya reconocido derrotas con su afán de destruir instituciones autónomas y concentrar la mayor cantidad de poder. De igual forma, a nadie sorprende que Trump haya desconocido el triunfo de Biden si se analiza su discurso populista y polarizante.

    Cuando la gente va a votar, tiende a ser más emocional de lo que está dispuesta a reconocer. Si la gente no tiene el tiempo (y ni la capacidad cognitiva) de analizar a cabalidad todas las variables, entonces estará limita a utilizar atajos heurísticos que le ayuden tomar una decisión acertada y los cuales están condicionados por preferencias ideológicas, suposiciones, prejuicios y demás, así como por diversos impulsos emocionales producto de su entorno. Claro está, por menos preparado esté el sujeto en cuestión o menos interés tenga en el asunto, los atajos heurísticos serán más simples o frívolos, y por más lo esté, tenderán a ser más sólidos, pero siempre de alguna u otra forma falibles.

    Como los atajos heurísticos siempre pueden fallar a no, es posible que un atajo heurístico más sólido falle en tanto otro más débil no lo haga. Por ejemplo, una persona que haga una sobresimplificación del siguiente tipo «AMLO es de izquierda, nos va a convertir en Cuba y nos va a quitar nuestras propiedades, ergo, no voto por él» podrá decirse que hizo una buena elección al no votar por él, pero ello no significa que haya hecho una elección medianamente razonada. Por el contrario, sabemos que está equivocada porque no hay señales de que nos estemos convirtiendo en Cuba.

    En cambio, una persona que votó por López Obrador al razonar que la clase política vigente está muy corrompida (lo cual es cierto) y que López Obrador representaba la única alternativa de cambio (lo cual es parcialmente cierto) podrá decir que llevó a cabo un razonamiento un poco más sólido que el primero (tampoco es que mucho), pero, a diferencia del primero, se arrepintió. Posiblemente la molestia que tenía con el estado de cosas actual o sus inclinaciones ideológicas hicieron que tomara menos en consideración las alertas (red flags, como se dice popularmente ahora) que empataban con aquello que hoy le molesta.

    Es cierto que habían varias señales que podían sugerir lo que hoy está ocurriendo. Tal vez con excepción de la militarización y el ataque a la ciencia, había referencias a la forma actual de gobernar de López Obrador y es cierto que estas se subestimaron. A pesar de ello, me parece un despropósito culpar a las personas que votaron por López Obrador por lo ocurrido dado que:

    • No hubo algún dolo en su forma de votar y no deseaban que ocurriera lo que hoy ocurre (tal vez con excepción de quienes se «arrepintieron» porque no les dieron lo que les prometieron desde el poder).
    • Se diluye la responsabilidad que debe recaer sobre el Presidente, su gobierno y quienes aplauden sus actos.
    • En una democracia la gente es libre de votar por quien quiera e incluso de equivocarse.

    Pero, sabiendo que existían varias señales que empatan con la forma de gobierno actual, podemos deducir que su elección no fue la más acertada y que la configuración de los atajos heurísticos de los votantes hoy arrepentidos falló. Algunos opinadores e intelectuales se niegan a reconocerlo ya que consideran que eso pone a su prestigio en tela de juicio y por ello han decidido asegurar que fue AMLO el que se traicionó a sí mismo y el que se «derechizó». Debe señalarse que no aceptar ello implica no retroalimentarse de su decisión, lo cual evitará que tengan un mayor conocimiento en elecciones futuras con el riesgo de ser proclives a volver a optar por personajes similares, ya que si «AMLO se traicionó» entonces fue producto de su voluntad y solo se necesitaría, ceteris paribus, que el nuevo político tenga otra voluntad diferente para sí ser ese «socialdemócrata danés».

    Otra cosa es que aquellos que «acertaron» no votando por AMLO también pueden ser proclives a fallar y arrepentirse en un contexto dado porque también operan bajo atajos heurísticos. Que hayan «acertado» esta vez y en este contexto no implica que lo hagan en el otro. Incluso es posible que en otro contexto dado, quienes fallaron acierten (que en retrospectiva piensen que su voto fue el correcto) y que quienes acertaron fallen (que se arrepientan de su voto).

    Las únicas personas que nunca correrán el riesgo de fallar en absoluto son aquellas que sepan abstraer a cabalidad todas las variables y logren neutralizar por completo sus emociones e inclinaciones ideológicas: o sea, nadie.

  • El fin del mito de Dalai Lama, o por qué Game of Thrones es la versión posmoderna del Señor de los Anillos

    El fin del mito de Dalai Lama, o por qué Game of Thrones es la versión posmoderna del Señor de los Anillos

    Los seres humanos entendemos el mundo a través de relatos. Es gracias a ellos que somos capaces de poder dar forma y simplificar una realidad que suele ser demasiado compleja y caótica para nuestra capacidad de entendimiento. A través del relato podemos navegar en la realidad sin ahogarnos.

    Los seres humanos construimos una identidad tanto personal (el relato de mi vida) como social, nacional, cultural, internacional gracias a los relatos que nos contamos, y, a través de ellos, es que le damos sentido a la existencia de instituciones, organizaciones, naciones y demás forma de organización humana.

    Pero dichos relatos suelen, en el mejor de los casos, ser imprecisos. Por ejemplo, el relato de nuestra vida personal está ligada a nuestra memoria, la cual no necesariamente almacena una réplica exacta de lo acontecido sino que, además de numerosas cuestiones orgánicas, está afectada por sesgos implícitos que van desde un sesgo de selección (recordamos lo que consideramos más importante y olvidamos muchas otras cosas que consideramos no son importantes pero que podrían ser lo suficiente relevantes para explicar nuestro pasado de mejor forma) hasta el hecho de que solemos hacer una «reinterpretación de lo sucedido» que está condicionado por creencias, paradigmas y demás subjetividades. Basta ver cómo recordamos un acontecimiento en diferentes etapas a lo largo del tiempo, cómo es que no lo recordamos de la misma forma y lo reinterpretamos una y otra vez. Esto, sin mencionar las afectaciones y traumas psicológicos causados por los propios eventos del pasado que tergiversan la forma en que evaluamos aquellos hechos. ¿Es más importante recordar los hechos de forma objetiva, o recordar cómo es que los vivimos y sentimos al respecto?

    En cuanto a los relatos colectivos, pasa algo parecido. Ya no se trata de un fenómeno psicológico sino sociológico (aunque lo psicológico nunca termina de estar ausente porque no dejan de ser mentes humanas las que, intersubjetivamente, interpretan el pasado) y uno donde las dinámicas de poder cobran gran relevancia. Si en lo personal, nuestra historia le da forma a nuestra identidad, lo mismo pasa con las organizaciones colectivas. La razón de ser de un país o una institución no solo tiene que ver con la función que cumple dentro de una comunidad dada, sino que es explicada y justificada por su historia, o más bien por el relato que nos contamos y el que consideramos como «la historia».

    En la construcción de organizaciones colectivas, desde aquellas más nobles hasta las más inhumanas, existen dinámicas de poder: quienes forman parte (en todos los niveles) depositan un interés personal en ellas. Personalmente consideran que es de su conveniencia pertenecer a ellas en vez de no hacerlo (aunque en la realidad esa creencia no siempre esté sustentada). Básicamente se trata de un esfuerzo colectivo que implica cierta cooperación para satisfacer las necesidades individuales. Dado que muy rara vez las organizaciones colectivas son completamente horizontales y siempre muestran algún grado de jerarquía, entonces las diferentes personas tienen diferentes roles que no solo se explican por la función que su rol funge, sino por las distintas necesidades de los propios individuos que tratan de ser satisfechas por los distintos roles.

    Para que la gente decida ser parte de una organización o interactuar con ella, esta debe tener cierta cohesión, la cual no solo se construye a través de las estructuras organizativas y operacionales, sino a través de los relatos. Esto se vuelve muy importante cuando la organización en cuestión es lo suficientemente grande como para que la proximidad de las relaciones personales no puedan sostenerla. Dichos relatos explican el por qué de la organización, por qué es importante, por qué es valiosa y por qué un individuo debería formar parte de ésta. Sin un relato, una organización no se sostiene.

    Entonces, dado que los relatos son importantes para mantener una cohesión dentro de alguna organización, se vuelve indispensable construir uno lo más atractivo posible para que los individuos se sientan identificados con éste. Las aventuras idílicas, los héroes y los mitos funcionan muy bien en este sentido y está en el interés de quienes ostentan el poder de la organización dada promoverlos.

    Así, aparecen en escena los héroes de la patria, las figuras políticas o religiosas a las que se les adjudica una benevolencia suprahumana. Quienes conforman o aspiran a conformar el statu quo engrandecen a ciertos personajes y satanizan a otros porque dicha configuración los coloca en un mejor lugar. Esta práctica ocurre tanto en las más sangrientas dictaduras como en las democracias más plurales. En las organizaciones siempre existirá una minoría que ostente gran parte del poder (ateniéndome al principio de Pareto) y esa minoría, ya sea política, económica, intelectual o de cualquier otra índole, buscará mantener el estado de cosas en tanto las mayorías formarán parte de porque consideran que pertenecer les conviene. La minoría entonces debe persuadir a las mayorías para que pertenezcan y la legitimen.

    Aquellas mayorías pertenecen no sólo por razones instrumentales sino por una cuestión de identidad: yo «soy mexicano», yo «soy católico», yo «soy de Occidente» o «yo trabajo para Google» y ello implica compartir de alguna u otra forma el relato que sostiene a la organización. ¿A qué viene esto el Dalai Lama?

    Nuestros tiempos se caracterizan por la deconstrucción de estos personajes y relatos. Nosotros, como contemporáneos, nos hemos vuelto más escépticos ante estos elementos que sostienen los pilares de las organizaciones, sobre todo en su versión más idealizada y mitificada. Nos hemos preguntado si su mitificación o idealización corresponde con los hechos y nos hemos dado cuenta de que por lo general no ocurre así. Hemos descubierto que la realidad dista de aquella clara distinción entre el bien y el mal típica de obras como El Señor de los Anillos y se parece más a Game of Thrones donde no existe una clara distinción y donde los matices abundan.

    Incluso, el acto de mitificar se ha convertido en un defecto. Criticamos a quienes adulan e idealizan exageradamente a algún político o líder religioso; asumimos que están (auto)engañados, cuestionamos su criterio.

    El lamentable acto del Dalai Lama implica la destrucción de un mito. ¿Cómo una persona tan elevada y tan sabia es capaz de cometer un acto aberrante? Muchos se preguntan. Tal vez la respuesta resida en que, en esa mitificación, suele omitirse que se trata de un simple ser humano tan imperfecto como nosotros y hecho de la misma materia que nosotros y que, por lo tanto, puede fallar. Tal vez las personas que idealizamos como perfectas no lo sean tanto y algunas incluso sean capaces de decepcionarnos profundamente.

    Muchos de esos relatos que nos contamos están llenos de esas imperfecciones e inconsistencias. El individuo contemporáneo, al ser más escéptico, será más exigente al respecto. Ello puede ser algo paradójico. Si la gente tiene mayor capacidad o disposición para comprender que los ídolos y mitos no lo son tanto, si la vara «está más alta», entonces será un tanto más difícil construir relatos para levantar y sostener organizaciones porque dichos relatos serán sujetos a cuestionamientos que el propio relato tendrá que saber responder para sostenerse.

    ¿Cómo crear relatos e historias que den cohesión a las organizaciones humanas en un estado donde los individuos abordan con escepticismo dichos relatos? Es una duda muy razonable en tiempos donde la gente ya no cree en los políticos ni en la democracia en un tiempo en el que, paradójicamente, nuestra especie puede presumir estar, con algunos bemoles, en el mejor punto histórico de su desarrollo.