Autor: Cerebro

  • No, López Obrador no está tonto

    No, López Obrador no está tonto

    Foto: Azteca Noticias

    Diré algo políticamente incorrecto: aunque pueda no tener gran conocimiento en algunas cuestiones, AMLO es una persona sumamente inteligente y con mucho oficio político.

    La gente que hace juicios y análisis bajo el falso supuesto de que es ignorante o es una persona tonta porque habla lento o porque obtuvo calificación de 7 en su carrera de ciencias políticas, está haciendo una mala lectura porque está partiendo de un supuesto falso. Es absurdo pensar que un presidente, que es un político de carrera, no se dé cuenta de lo que todos nos damos cuenta (todo eso que parloteamos a cada rato en las redes sociales), menos teniendo asesores, a todos los medios encima, y diferentes actores tratando de cabildear o influir en su opinión.

    Hay algunas decisiones que nos pueden aparecer aberrantes o engañabobos, pero esto ocurre porque en muchos de los casos no se está dirigiendo al público que lo critica, sino al otro, al de sus fieles seguidores que es al que debe mantener contento porque es en donde basa su legitimidad (la consulta es un gran ejemplo de ello). Muchas decisiones me parece son equivocadas desde lo económico, pero no necesariamente lo son desde lo político; y López Obrador está privilegiando lo político sobre lo económico, al menos al inicio de su mandato. Un ejemplo es el aeropuerto, a muchos de nosotros nos parece, desde nuestra lógica, un craso error, y pienso que desde el terreno económico y comercial lo es. Pero si se ve desde la perspectiva donde necesita fortalecer a ese sector que simpatiza con él, y cuya existencia (debido al tamaño y a la fidelidad) puede bastar para poder gobernar, las cosas pintan un poco distintas. 

    Luego, muchos decimos que varias decisiones que está tomando (sobre todo aquellas que afectan el comportamiento de los mercados) se hacen bajo un supuesto de irracionalidad. ¡Pero claro que AMLO entiende las consecuencias, los costos y beneficios! Máxime que tiene economistas que le asesoran, aunque muchos digamos que muchas de sus decisiones no sean buenas. AMLO sabe que sus decisiones tienen un impacto en los mercados y está asumiendo el riesgo. Claro que sabe lo que todos vemos, con todo y que en su gobierno haya mucha improvisación y mucho trabajo a marchas forzadas (en gran medida, porque se trata de un equipo nuevo dentro de un partido recién formado que todavía no termina de cohesionar, donde todos tratan de meter su cuchara y que busca crear un cambio de paradigma en lo económico).

    Los riesgos de los que muchos hemos alertado (y que no tienen que ver con un supuesto parecido con Chávez) no son producto de su falta de inteligencia, sino de su necedad que le puede llevar a tomar decisiones equivocadas (ser necio no está peleado con la inteligencia, incluso hay quienes se sirven de ella para ser necios) y de ese atrevimiento para supeditar lo económico a lo político.

    Podrás argumentar que AMLO está idiota porque habla lento, repite lo mismo o porque en algunas de sus propuestas económicas no les salen las cuentas, pero no se convirtió en el líder social más importante de los últimos 20 años de la nada, es el único político que tiene una base de fieles que no le cuestionan nada, ahí te tiene repitiendo sus mismas frases una y otra vez: aunque seas opositor conoces y has usado términos como fifí o mafia del poder. Una mente promedio no logra eso, una persona «cualquiera» no logra desde la nada, llegar a la presidencia siendo el político más importante y reconocido de México. Estamos hablando de quien fue el líder social más importante dentro de un país que tiene más de cien millones de habitantes. Sinceramente, no creo que eso sea producto del azar. 

    Por eso, los análisis que hagamos a partir de hoy, no deberían de partir del supuesto de que AMLO es alguien tonto o que no es inteligente. De hacerlo, el nivel de nuestras críticas no serán más elevados que el chat de los tíos de Whatsapp. 

  • AMLO ¿Responsabilidad o crisis económica?

    AMLO ¿Responsabilidad o crisis económica?

    AMLO ¿Responsabilidad o crisis económica?
    Flickr / Presidencia de la República.

    Carlos Urzúa, el secretario de Hacienda en el gobierno de AMLO, es una de las personas que nos dejan respirar cierta tranquilidad porque su apuesta es manejar la economía de una forma responsable. Él es un economista preparado y sensato en medio de un gobierno donde la ocurrencia y la excesiva improvisación afloran.

    El problema es que parece haber una discrepancia entre el conservadurismo fiscal de Carlos Urzúa y todas las «promesas» que se votaron en la segunda consulta que incluyen becas, pensiones, refinerías, trenes. Es imposible llevar a cabo todo lo que se votó en la consulta porque el país no tiene la capacidad económica para ello.

    AMLO tendrá de dos sopas: escuchar a Carlos Urzúa y resignarse a que muchos de los programas y proyectos no se van a llevar a cabo, o bien, prescindir de Carlos Urzúa, al igual que hiciera López Portillo con su Secretario de Gobernación Jesús Reyes Heroles, lo cual puede hacer con un tronar de dedos. Despedir a un Secretario es de lo más fácil, a lo largo del tiempo, los presidentes ponen y quitan miembros de su gabinete de acuerdo al contexto político. 

    AMLO piensa ingenuamente que, al acabar con la corrupción, habrá dinero para todo ello. Cree que todo ese dinero que hasta ahora se roban bastará para financiar todo aquello que AMLO ha prometido y que «el pueblo» ha votado. El problema, además de un mal cálculo de las cuentas, es que la corrupción no va a desaparecer solo con la voluntad del presidente, de hecho no lo pudo hacer cuando fue Jefe de Gobierno (recordemos a Bejarano o a Imaz). Peor aún, la confianza de los mercados para invertir se está deteriorando con las decisiones que el Gobierno Electo ya ha tomado, por lo cual el crecimiento sería todavía menor al pronosticado. 

    ¿Ser responsable en lo económico o quedar bien con sus bases que son las que le dan legitimidad a su gobierno? Apuntar a lo primero podría terminar debilitando su gobierno, sobre todo en las elecciones intermedias cuando muchos de sus fieles, decepcionados porque su gobierno no esté haciendo mucho de lo que «el pueblo» decidió, opten por otra opción. La mejor forma para que AMLO retenga la mayoría en las cámaras es que se vea que «sí está haciendo las cosas» que se vea como avanza el Tren Maya o cómo los estudiantes reciben becas o los adultos mayores pensiones. Apuntar a lo segundo podría implicar una crisis económica. Y, a mi juicio, me parece un poco más probable que AMLO se vaya por la segunda opción que por la primera.

  • No son buenos tiempos para ser violador ¡y qué bueno!

    No son buenos tiempos para ser violador ¡y qué bueno!

    No son buenos tiempos para ser violador ¡y qué bueno!

    No son buenos tiempos para ser violador ¡y qué bueno!

    Aquellas personas que en algún momento violaron o abusaron de una mujer, jamás pensaron que en un futuro relativamente cercano (o tal vez ni tan cercano) sus historias iban a ser exhibidas en público y que su reputación iba a caer hasta el piso. Varios de ellos afirman que es algo injusto porque es algo que «ocurrió hace tiempo», aunque poco meditan sobre la injusticia que sufrió la víctima que vio por tanto tiempo a su victimario impune.

    Creyeron que la impunidad con la que habían gozado era vitalicia, que como en su momento no sufrieron consecuencia alguna entonces ya se habían zafado del problema. Algunos de estos hombres han quedado arruinados, otros han sido despedidos de sus puestos de trabajo o, cuando menos, han sido señalados y, a raíz de esto, su vida no volverá a ser la misma. Insisten que es injusto porque, dicen, no están tomando en cuenta si el otrora victimario cambió, pero la realidad es que si las cosas siguieron su curso normal es porque no hizo nada por resarcir el daño que dicho victimario causó.

    Las propias estructuras sociales se han agitado a raíz de esta ola donde muchas mujeres se empoderaron. También han exhibido cómo muchas instituciones, universidades, empresas o dependencias de gobierno toleraban este tipo de conductas y cúan normalizadas estaban. Al menos, las barreras de entrada para atreverse a violar a alguien serán más altas (ya nada puede garantizar impunidad vitalicia). Las mujeres están cada vez más acostumbradas a exhibir sin pena que fueron víctimas de un acoso o violación, orque recordemos que en nuestra sociedad la mujer violada siempre había sido estigmatizada y señalada como impura. 

    No importa si el acto ocurrió hace 6 meses, hace 2 años o incluso hace 10 años. En algún momento las mujeres decidieron agarrarse los ovarios para hablar de aquellos casos que las habían marcado de por vida. Al ver que otras lo estaban haciendo se motivaron a hacerlo: el hombre que las emborrachó para violarlas, el hombre que las chantajeó sexualmente. Algunas incluso exhibieron la complicidad de la gente cercana, de las autoridades que sabían y no habían hecho nada o que incluso protegieron al victimario ya que éste era una persona importante o tenía un puesto de poder dentro de dicha organización. Esas historias que habían quedado enterradas en lo oscuro, por miedo incluso de las propias mujeres de que fueran estigmatizadas, ahora están saliendo a la luz, la caca sale a flote.

    Nota al pie:

    También es cierto que no deja de ser genuina la preocupación de quienes temen que haya quienes se aprovechen de esta ola para vertir falsas y deliberadas acusaciones con la intención de perjudicar a otra persona que, en realidad, es inocente, ya que se está confiando en la palabra de quienes se presentan como víctimas y nada más. Es natural que se le dé mucho peso a la versión de las mujeres porque son quienes han estado en desventaja en este asunto, pero ¿qué pasa si una mujer quiere acusar a su ex novio de violador porque le tiene resentimiento? ¿cómo corroborar si la mujer está o no mintiendo? 

    También se puede dar el caso que una acusación de acoso o violación se pueda atribuir a un problema de comunicación: por ejemplo, que una mujer no se haya sentido cómoda en una relación sexual porque el hombre fue agresivo a la hora de la penetración o no le agradó la forma en que la «conquistó» pero que el hombre no se haya percatado de eso (por tanto no haya tenido nunca la intención de abusar), y ella lo denuncie públicamente como abuso sexual.

    Estos movimientos también deberían atender estos problemas. Señalar a quienes se quieran colgar de la causa para dañar a un tercero, o que la mujer pueda determinar de forma objetiva que fue violada, que el hombre haya tenido una intencionalidad explícita y no quede en interpretaciones subjetivas vagas que pueden ser atribuibles a problemas de comunicación dentro de los dos involucrados. 

  • Improvisación sobre una presidencia en MX menor

    Improvisación sobre una presidencia en MX menor

    ¿Les soy honesto? Me ha sido difícil seguirle el hilo a López Obrador en estos últimos días.

    Nos lo ha dejado muy difícil a quienes queremos interpretar qué es lo que quiere en realidad. AMLO últimamente ha estado enviando mensajes muy vagos y tan contradictorios que ponen los pelos de punta a más de uno.

    AMLO primero nos decía que se iba a lanzar contra los ex presidentes corruptos, luego prometió la amnistía. Ya como Presidente Electo nos dijo (incluso el mismo día) que sometería a consulta la persecución a dichos ex presidentes corruptos para luego decirle a Carmen Aristegui que no se debe perseguir a los de arriba porque eso significa conspirar contra la estabilidad del país. 

    Nos dijo que regresaría el ejército a sus cuarteles pero después nos dijo que siempre no, que se dio cuenta «cómo estaba la cosa realmente» e incluso dio un paso adelante a la estrategia que ya había seguido Calderón y Peña Nieto. 

    Todo esto sucede mientras los mercados se comportan de forma errática producto de decisiones polémicas suyas o de declaraciones de sus cercanos que luego él sale a desmentir (como el asunto de las comisiones de los bancos). Además, las señales de ambigüedad que AMLO envía no abonan mucho a la causa porque lo único que hacen es generar más incertidumbre.

    Preocupa también su desdén a la eficiencia en favor de la postura ideológica. Por ejemplo, que no quieran a nadie del ITAM en Banxico por la «ideología» de esta institución, sin importar si alguien de ahí pueda tener las credenciales. Tal vez pueda ser cierto que esa institución haya estado sobrerrepresentada y que se quiera dar un cambio de giro a la forma en que opere el Banco de México, es válido. Pero de ahí negar a priori la entrada a cualquier candidato tan solo por su universidad de origen solo refleja el desdén hacia el mérito. 

    Y podemos percatarnos del mismo patrón si hablamos de la postura de sus correligionarios en el Congreso hacia las afores o el mismo asunto del aeropuerto de Texcoco. AMLO siempre ha mostrado un desdén hacia la tecnocracia, pero eso no implica que decisiones tan serias deban de ser tomadas desde la ocurrencia y la improvisación. Que su gobierno apueste a ser más de izquierda no implica que propongan cualquier cosa, sino que quienes estén encargados de los asuntos de economía y políticas públicas sepan lo que están haciendo.

    Yo nunca he pensado (y no pienso) que AMLO vaya a ser un Hugo Chávez mexicano. Mi temor siempre ha tenido que ver con el hecho de que su gestión se vuelva ingobernable producto de la excesiva improvisación, la impulsividad, la ausencia de sentido común cuando se trata de asuntos técnicos o económicos o la desorganización. 

    Y vaya que AMLO está dándole mucha cuerda a mi temor.

    Uno podría haber pensado que esas ambigüedades irían menguando después de la campaña, que ya se iría tomando las cosas en serio conforme se aproximara el día en que reciba la investidura presidencial. Pero parece que está ocurriendo más bien lo contrario, conforme se acerca el día, menos certidumbre genera y amenaza con agravar el problema cuando ya se siente en la silla presidencial.

    Una presidencia basada en la improvisación y en la ocurrencia no es cualquier cosa. así como todos los caminos llevan a Roma, todos pueden llevar a una crisis política y económica, y no es necesario tomar la «ruta de Chávez», la ruta de la improvisación y la ocurrencia también te permite llegar ahí en un corto lapso. Un gobierno así puede traer consecuencias nefastas para el país ya que si algo deberían tener muy en claro es que deben conocer bien el arte que implica controlar todas las variables económicas, políticas o sociales. A veces basta un mal movimiento para que sus consecuencias sean percibidas por toda la población. Si hasta los más estudiosos y los más reconocidos llegan a fallar, ¿qué podemos esperar de políticas públicas que no fueron producto de investigación o rigor alguno? 

    Y estoy de acuerdo con AMLO en que ya no puede haber tantos privilegios al amparo del Estado ni tantos enriquecidos gracias a estos vicios. Pero el problema no es lo que quiera, sino cómo lo quiere hacer. El camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones. 

  • Adios Peña

    Adios Peña

    Adios Peña

    El tiempo pasa rápido, pareciera que fue ayer cuando Peña Nieto había llegado al poder y que sabíamos faltaban seis largos años donde podían ocurrir un montón de cosas desagradables (predicción que no fue muy lejana a la realidad). Pero, conforme uno crece, parece que el tiempo avanza de forma cada vez más acelerada. Ya estamos viendo los últimos días del peñanietismo, de un presidente que no se ha ido formalmente pero que, al parecer, con las cámaras en manos de MORENA y su alejamiento de los reflectores, en la práctica ya ha dejado el poder.

    En pocos días se va un presidente que se despide con una popularidad que se encuentra por los suelos, cuyo desempeño fue diametralmente opuesto al que tuvo como candidato, donde gracias a su figura y a la construcción que se hizo de él como personaje de telenovelas, logró acaparar muchos votos.

    La de Enrique Peña Nieto fue una candidatura que se fue construyendo desde años antes con el fin de que el PRI regresara al poder y tal vez se mantuviera ahí por mucho tiempo. Muchos advertíamos años antes de las elecciones de 2012 que él sería el siguiente presidente, para que con la ayuda de su personaje y de las estructuras del partido, regresaran casi sin problemas, a pesar de las manifestaciones que ocurrieron en su contra, del surgimiento del movimiento #YoSoy132 que ciertamente redujo la distancia que tenía con el ahora presidente electo Andrés Manuel López Obrador; aunque tampoco lo suficiente como para poner su victoria en entredicho, la cual ciertamente estuvo plagada de muchas irregularidades, sobre todo lo que tiene que ver con la compra de votos.

    Pero no es lo mismo ser un candidato que gobernar: fue tan buen candidato como fue mediocre presidente. El de Atlacomulco incluso llegó generando ciertas expectativas con el Pacto por México, pero después se desinfló, en gran medida producto de sus errores y, sobre todo, por los escándalos de corrupción en los que estuvo involucrado.

    Pero no solo eso, durante todo este tiempo vimos a un presidente que parecía estar ausente, que no parecía ejercer ninguna suerte de liderazgo. No vimos nunca a alguien que se pusiera a la altura de su cargo, sino a alguien más bien reactivo ante las circunstancias (y si es que reaccionaba, porque recordemos los tantos días que tardó en dar una declaración alguna sobre la masacre de Ayotzinapa).

    Para la mala fortuna de Peña Nieto, él será recordado más bien por sus tropiezos, por sus errores tragicómicos que dieron vasto material para crear memes y parodias. Posiblemente Peña sea más recordado por el «infraestructochur», por los libros cuyos títulos no recordaba, por «la cogida», por la frivolidad de él y su familia, por la Casa Blanca o por su tesis falsificada que por ser el artífice de unas reformas que, en muchos de los casos, tuvieron problemas en su implementación. Peña quiso convertirse en el presidente transformador, pero su falta de liderazgo y presencia, su involucramiento en actos de corrupción o su displicencia ante la masacre de Ayotzinapa destruyeron todas sus pretensiones. 

    Una vez que has perdido la confianza de los ciudadanos, una vez que ya se han hecho una idea de ti (sobre todo cuando esta es negativa) ya no hay mucho qué hacer. En todo este sexenio, Peña Nieto nunca fue capaz de presentarse ante públicos masivos, con excepción de las primeras ceremonias del Grito de Independencia (ya que las subsiguientes, debido a su escasa popularidad, tuvieron que ser rellenadas con acarreados del Estado de México), incluso parece que vivió todo este tiempo dentro de una burbuja donde solo tenía contacto con sus asesores y su equipo de comunicación que sugerían que se subiera a Twitter una foto con las calcetas para «aclarar el asunto del #Calcetagate».

    Construyeron a Peña para traer al PRI de regreso, pero, a pesar de que lo lograron, ahora el PRI está casi muerto. Peña fue una muy buena inversión a corto plazo, pero una bastante peor a largo plazo. Desde luego varias personas se enriquecieron dentro de su mandato, pero muchas de ellas (excepto las que hayan saltado a MORENA) ya no podrán seguirlo haciendo más. 

    Así se va un presidente que seguramente, al terminar su mandato, desaparecerá del foco público, incluso anunció que dejará la política. Difícilmente tendrá un papel activo como lo tiene Vicente Fox (con todas sus ocurrencias) y ni siquiera como Felipe Calderón que ha mantenido un perfil relativamente bajo pero sin desaparecer de la escena. Tal vez porque, a diferencia de ellos dos, nadie se siente representado por Peña Nieto, nunca ejerció alguna forma de liderazgo, nunca inspiró a nadie. 

    Adiós Peña Nieto, siento decirte que no, nadie te extrañará. Posiblemente ni los que comparen el régimen de AMLO con el tuyo si es que las cosas se ponen mal. 

  • La segunda consulta, maldita consulta

    La segunda consulta, maldita consulta

    La segunda consulta, maldita consulta

    No sé cuál de mis dos sentimientos es el que se está expresando con más fuerza: si la molestia o la profunda preocupación.

    Lo sé es que, al ver el contenido de la boleta de la segunda consulta que se llevará a cabo este 24 y 25 de noviembre, no puedo sentir algo mejor que eso.

    No puedo sentir algo mejor que eso ante este cinismo y el descaro. Y tampoco puedo sentir algo mejor que eso si así es que se va a gobernar, a través de consultas a modo.

    Uno esperaría que mejoraran el diseño de la consulta a raíz de todos los errores metodológicos y de ejecución de la primera. Pero eso no ocurrió. Por el contrario, la boleta da a entender que el diseño de ésta será todavía peor al de la primera, sin ignorar el hecho de que los organizadores van a ser los mismos. 

    En la primera consulta, aunque con un sesgo claro, al menos se ponían los pros y los contras de las opciones que se estaban votando. Aquí no ocurre porque en la boleta solo se habla de los beneficios de los proyectos que se van a votar. Esto va completamente contra la naturaleza de lo que una consulta ciudadana debería de ser, con lo cual lo único que está haciendo es pervertir este mecanismo de participación ciudadana. 

    Peor aún, el anverso de la boleta, que en este caso se ha convertido en propaganda para votar a favor de todas las propuestas, colocan información falsa y engañosa, como afirmar que el Tren Maya no va a tener impacto medioambiental alguno ¿de verdad? Naturalmente, ya sabemos qué resultados van a ganar porque la consulta está diseñada específicamente para ello. Tanto, que el Tren Maya ya tiene fecha de inicio de construcción (y ni siquiera parecen existir estudios técnicos para ello).

    Otro problema que me preocupa es que López Obrador pretenda legitimar y diluir la responsabilidad de sus decisiones por medio de una consulta simulada cuyos resultados ya conoce de antemano. ¿Crisis? Ustedes legitimaron mis decisiones. Si gana el sí en todas las propuestas y AMLO se aferra a «hacer valer la voz del pueblo» entonces estaremos en serios aprietos porque no sé cómo se podría costear la implementación de todos estos programas sociales, proyectos y obras al mismo tiempo, o tendrán que ser de tan baja calidad que hasta el socavón podría ser considerado una obra de ingeniería avanzada comparado con las obras del sexenio que viene. Naturalmente, estos inconvenientes no aparecen en la boleta. 

    ¿Por qué se va a consultar todo? Bueno, porque López Obrador dice que «nuestros adversarios, los conservadores, me están convocando a que yo consulte y pregunte sobre todo«, porque lo critican por usar la consulta para lo que los conviene. López Obrador está usando esta herramienta también para polarizar más a la sociedad y crear un conflicto entre el pueblo bueno y los pirrurris-fifís-mafia-del-poder: nosotros los buenos contra ustedes los malos.

    Esta consulta es una burla, sobre todo al «pueblo bueno» que dice representar, porque le hace sentir que está participando cuando en realidad no va a tener voz alguna en el gobierno de López Obrador: él los hará sentir como si ellos fueran parte de las decisiones y de la historia de la cuarta transformación cuando en realidad serán ignorados por su gobierno. Es como cuando le desconectabas a tu hermanito el control del Nintendo para que sintiera que estaba jugando, pero en realidad no estaba jugando.

    Dicho esto, los de las clases acomodadas, los empresarios (excepto los cercanos y los convocados por él mismo que, dicho sea de paso, son los más impresentables y los que más críticas recibían por parte de los suyos), los medios de comunicación, las organizaciones civiles que no tengan una relación estrecha con MORENA, los columnistas, los técnicos, los especialistas, todos serán ignorados y amalgamados dentro del concepto de «fifí» o de «conservadores». También ignorará a los suyos, pero hará como que les hace caso para que se pongan de su lado. Al final será su voluntad la que decida y nada más. 

    Porque, al parecer, es un gobierno que buscará venganza y no justicia. Se palpa en el aire e incluso dentro de sus cercanos y sus más fervientes simpatizantes y allegados que muestran cierto tufo de superioridad moral. Y gobernar con la venganza suele ser algo muy peligroso. 

  • Polarización

    Polarización

    Estoy de acuerdo en que se deba gobernar pensando en los pobres e incluso que sea prioridad para el gobierno.

    Estoy de acuerdo en que la clase política ha sido, en general, poco sensible ante los sectores menos privilegiados de nuestro país, a los cuales no ven más allá de valores numéricos, o bien ven como votos que se pueden acarrear o si es que les importa en lo más mínimo.

    Estoy de acuerdo en que, de la misma manera, la estructura social no abona mucho para que los pobres tengan oportunidad de dejar su condición. En cuestión de movilidad social estamos más abajo que cualquier país desarrollado.

    Estoy de acuerdo en que parte del sector más privilegiado (aunque no puedo generalizar y decir que todos así son) no lo es por el mérito, por el talento, el trabajo duro o la competencia, sino por los compadrazgos, los favores, etc, y que esa es una de las razones por la cual la movilidad social es casi nula. Por tanto, estoy de acuerdo que ese vicio debe romperse y esos privilegios deben terminar. 

    Pero eso no significa que se deba polarizar a la sociedad y acrecentar un conflicto de clases que ya se muestra latente, menos significa que haya que estigmatizar a dichos sectores y ponerle etiquetas de buenos o malos. Los ricos no son ni más buenos ni más malos que los pobres, la única diferencia estriba en que sus decisiones, buenas o malas, generan un mayor impacto dentro de la población dado que su posición social tienen más poder. Pero la corrupción, la tranza, todo ello existe en todos los niveles socioeconómicos.

    Entendiendo esto, lo que se tiene que hacer es crear un Estado de derecho donde nadie pueda estar encima de la ley, donde la gente de dinero no tenga ninguna preferencia ante la ley, donde quienes tienen dinero lo tengan por mérito y no por favores y donde la estructura social no les impida a los pobres avanzar para abandonar su condición, donde puedan tener las herramientas para superarse y que ahora no tienen como una buena educación, que tengan un techo mínimo.

    No nos engañemos por quienes polarizan a la sociedad. A los que aspiran a la división, como bien decía Orwell, no les importan los pobres, solo odian a los ricos y ya.

  • Fifís contra chairos

    Fifís contra chairos

    Fifís contra chairos

    Bastó la organización de una marcha para ver cuán polarizado está nuestro país.

    Algunas personas me insistirán en que López Obrador ha polarizado a la nación. No estoy completamente de acuerdo con esa aseveración porque creo que más bien lo que ha hecho es explotar la polarización ya existente, no crearla.

    Quienes dicen eso están aseverando de forma tácita que nuestra población anteriormente estaba unida. ¡Nada más falso! En nuestro país existen dos realidades completamente diferentes y para entenderlas tendríamos que irnos hasta atrás, muy atrás. Tal vez a los tiempos de la colonia.

    La polarización está latente y solo le hace falta una chispa para manifestarse. Está latente en un país donde el color de piel llega a predecir en cierto grado el poder adquisitivo del individuo. Está latente en un país donde la desigualdad es abrumadora y donde la movilidad social es escasa. Quien ignore este problema estructural está siendo intelectualmente irresponsable. 

    ¿Pero saben? Me da gusto que la gente de clases acomodadas se manifiesten. 

    Y me da gusto que se involucren en lo público y que entren a un terreno que les era desconocido. Y considero que en este caso tienen razón en la mayoría de las peticiones que hicieron. Considero acertada la crítica a las consultas a modo de AMLO y considero que el aeropuerto de Texcoco no debería cancelarse.

    El problema, lo que genera indignación no es, creo yo, el mero hecho de la protesta, sino que la gente de arriba sale a la calle con su cosmovisión del mundo, una que pertenece a un México que le es muy ajeno a los demás, y eso se hace palpable.

    Por ejemplo, el hecho de que salieran vestidos de negro a muchos nos generó conflicto. Muchos se cuestionaron por qué entonces muchos de ellos no salieron para manifestarse en contra de la violencia o la matanza de los estudiantes de Ayotzinapa. Tal vez esa pregunta se responda con el hecho de que varios de quienes pertenecen a las clases acomodadas sienten ajeno el otro México (y no quiero generalizar, porque me consta que, al menos acá en Guadalajara, si vi a una que otra persona «privilegiada» sumándose a la marcha por el asesinato de los estudiantes).

    Cierto que hubo quienes salieron con unas pancartas muy desagradables que iban contra la caravana migrante. Pero también es cierto que era una ridícula minoría, y me parece injusto juzgar a toda una marcha por lo que hacen unas pocas personas. Igual de injusto que cuando se decía que las marchas de este sexenio eran violentas por lo que hacían algunos pocos porros (tal vez hasta pagados por el gobierno). De igual forma también otros pidieron no polarizar a la sociedad (aunque ya está polarizada de antemano). 

    En una sociedad tan polarizada como la mexicana, es natural que este resentimiento recíproco se manifieste. Son pocos los puentes tendidos entre los dos Méxicos. Los de arriba son vistos como aquellos privilegiados que no obtuvieron su riqueza por mérito sino por la tranza y la corrupción, los de abajo son percibidos como inadaptados, vagos, güevones y tal vez hasta como delincuentes. Tal vez esas calificaciones sean injustas, pero en un estado de las cosas así es muy fácil que alguien explote esta división.

    Por eso lo más común es el señalamiento de incongruencias en ambos bandos: unos critican que adoraban la libertad de expresión cuando AMLO bloqueó Reforma y ahora critican una protesta porque no están de acuerdo con ella. Otros critican que les valía madre lo que ocurría en el país y se la pasaban criticando las protestas e incluso pedían que se regularan, y ahora insisten en la «participación de la sociedad civil». Posiblemente ambas acusaciones tienen algo de verdad, y son producto más que nada de la misma polarización social, de los dos Méxicos que son tan ajenos. Pero creando una etiqueta binaria para confrontar a las dos entidades no va a ayudar en nada, por el contrario. 

    La realidad es que el conflicto solo se va a terminar al momento en que se tiendan puentes entre los dos Méxicos de tal forma que las fronteras se vayan difuminando y tengamos un solo México. Pero esto implica ir contra parte de nuestra cultura e idiosincrasia, contra nuestros prejuicios históricos, y ello es muy difícil de desterrar. Pero la realidad es que una sociedad tan profundamente dividida tiene menos posibilidades de crecer y desarrollarse que una cuyas divisiones sean más tenues y donde exista comunicación entre las distintas clases sociales (que, por consecuencia, son menos desiguales). 

    El problema es que tender puentes también implica ceder y comprometerse, reconocer que ciertas actitudes y acciones perjudican a los demás y cambiar la conducta y ciertas prácticas. Implica también reconocer conductas muy normalizadas, implica tener un mejor control de las emociones (ya que cuando el individuo se vuelve esclavo de sus pasiones, tiene más razones para odiar y dividirse). Pero sobre todo, y lo que es más difícil de todo, implica tener la voluntad de hacerlo. 

    Dejemos de ignorar el problema, dejemos de decir que la división es una creación de López Obrador, dejemos de hacer como que no pasa nada y dejemos de pensar que no tenemos ninguna responsabilidad. Dejemos incluso de dejar de reconocer que esta división y estos prejuicios afectan incluso a los de arriba (aunque no lo reconozcan) y que por ello se atrincheran dentro de muros, vallas perimetrales y vigilancia. Si esta profunda división sigue, bastará cualquier chispa para que se prenda y para que se destruya la paz, y ahí perdemos todos.

    Y si eso pasa, y si no hicimos nada, entonces no nos quejemos.