Autor: Cerebro

  • El asunto con el Teletón

    El asunto con el Teletón

    Hace varios años me invitaron a participar a un «focus group» para el Teletón. Un focus group para quien no sepa, es un estudio realizado en un cuarto donde los entrevistados son monitoreados por especialistas que están detrás de un espejo (donde estos pueden ver a los entrevistados, pero no los últimos a los primeros) recurrentemente utilizado por empresas mercadológicas y de opinión. A mí, como mercadólogo de profesión, no me debieron invitar, debido a que sabemos como funcionan estas dinámicas y porque nosotros las utilizamos. Pero ya dentro ahí, se nos preguntó que qué opinábamos del Teletón.

    El asunto con el Teletón

    La mayoría, jóvenes que cumplían cerca de los 18 años de edad, comentaron que el Teletón les inspiraba amor, ternura y demás términos que dos de nosotros, los más grandes, relacionamos con cierta ingenuidad. Yo fui más crítico (y desde una postura moderada), lo cual casi me vale la expulsión de esa dinámica. Lo cual hubiera sido un error garrafal por parte del moderador, porque hubiera terminado sesgando dicho estudio, y porque hubiera parecido más una dinámica para convencer a la gente, que para conocer el valor de la marca «Teletón». Pero todo lo que ocurrió me dejó un poco en claro las divergentes opiniones sobre el Teletón, y es que hay una evidente fricción entre el deseo de ayudar niños, y que quien lo organiza, en gran parte, es una empresa con una reputación tan cuestionada como Televisa.

    Viéndolo desde un punto de vista pragmático, donde el fin, es ayudar a los niños con una discapacidad, no veo tan mal al Teletón. Es cierto que el Teletón es un negocio para Televisa, ¿Por qué? Porque la televisora deduce de sus impuestos lo que ésta aporta para el Teletón y nada más. Televisa no deduce todo lo recaudado, además están las otras empresas que donaron, y también habrá que mencionar a través de la página web, se puede solicitar un deducible de impuestos. En realidad lo que están haciendo no es ilegal, en realidad no están evadiendo ni eludiendo impuestos, porque toda persona que esté dada de alta ante Hacienda puede utilizar ese recurso (yo lo he hecho), puede recaudar, donar dinero y deducirlo, a diferencia de otros recursos como el Régimen de Consolidación Fiscal que sí permite a quienes tienen más, eludir impuestos.

    También está la otra parte, donde Televisa utiliza al Teletón para mejorar su imagen pública. Lo que mueve a Televisa no es necesariamente una sincera ayuda a estos niños, sino más bien el beneficio obtenido. Algún día a Fernando Landeros se le ocurrió que había una muy buena forma en que podía ayudar a niños discapacitados, pero para hacer algo grande, se necesitaba de un respaldo grande, y por eso acudió a la televisora. Seguramente Fernando Landeros observó esa alianza en función del beneficio que obtendrían los niños, mientras que Azcárraga lo vio en función del beneficio que obtendrían ellos mismos. Recordemos que Televisa el año pasado no dio difusión alguna a los Juegos Paralímpicos de Londres donde varios mexicanos tuvieron éxito, y también recordamos otros casos de discriminación ante gente con capacidades diferentes.

    Algo que no me gusta, y que es un rasgo típico de nuestra cultura, es la conmiseración. Muchas veces, en el Teletón, se nos invita a sentir lástima por aquellas personas que tienen algún problema que no les permite desempeñar su vida normalmente. Se nos muestra a una Lucerito llorando, pidiéndonos que nos apiademos, nos cuentan historias trágicas, con el afán de que por más trágica sea la historia, sintamos más conmiseración, con lo cual sentiríamos una mayor responsabilidad de donar. Algo parecido a cuando un niños de la calle llora o hace una cara de sufrido con el afán de que les demos unas monedas. Tal vez así lo hacen, porque es parte de nuestra cultura, porque somos una sociedad todavía dependiente que reacciona ante estímulos de una entidad más grande, y no somos todavía, ciudadanos con la suficiente iniciativa propia.

    Pero lo cierto es que muchos niños se han rehabilitado en los CRIT. Hay muchos casos de personas que se han rehabilitado en estos lugares y que les ha cambiado la vida. Para que funcione «el negocio del Teletón» le tiene que funcionar a los niños también, sino la credibilidad se perdería inmediatamente. Y al final del día, el Teletón termina por ser algo más bueno que malo, donde sí, se puede cuestionar la forma en que algunos lo utilizan, más desde una perspectiva moral que legal. Porque pensemos, imaginemos que Televisa u otra empresa debe de pagar cien millones de pesos en impuestos al gobierno. ¿Cuánto de esos impuestos van a ser bien utilizados? ¿Cuánto de ellos no será usado para financiar campañas políticas dudosas, o el sueldo de diputados que no trabajan? Para mí, preferible que ese dinero se vaya a un CRIT a que parte de éste se pueda ir a un funcionario corrupto.

    Si uno quiere donar, pero no quiere recibir el bombardeo mediático de Televisa, ni que esta empresa la deduzca de sus impuestos, fácil. Puede no prender la tele, y solicitar en la página web su deducible de impuestos por si tiene dudas de como se podría utilizar su dinero.

    ¿Donar al Teletón? Al final puede ser una alternativa. Naturalmente no es la única forma de ayudar. Hay muchas asociaciones civiles que no tienen tantos recursos para hacer campañas mediáticas, y a las cuales también puedes ayudar. Sólo se trata de buscar, de tener iniciativa propia para ayudar a quien tu quieras.

  • Constanza Miriano y las sumisas. Someterse y humillarse ante el varón

    Constanza Miriano y las sumisas. Someterse y humillarse ante el varón

    Si uno lee a Foucault entenderá que entre los seres humanos siempre hay relaciones de poder. Ya sea en un gobierno, en una empresa, o en una familia. Lo que hace Constanza Miriano en su libro «Cásate y sé sumisa» es legitimar y promover el poder tradicional del hombre sobre la mujer. Éste libro, según lo que publica el diario español El País no justifica de ninguna manera la violencia contra la mujer, pero en realidad al promover este tipo de ideas, aplaudidas por el ala más conservadora de la Iglesia Católica, (en tiempos donde su líder, el Papa Francisco I, muestra irse por otro camino muy distinto) se deja de alguna manera la puerta abierta al uso de la violencia, porque si mi esposa debe estar sometida ante mí, luego entonces, pegarle no será tan malo.

    Constanza Miriano y las sumisas. Someterse y humillarse ante el varón

    Este libro fomenta, como ya se habrán dado cuenta, la sumisión (o más bien sometimiento) de la mujer hacia el hombre. El Arzobispo de Granada, perteneciente a una de las alas más conservadoras, dice que el libro «está ayudando a muchas personas» y que está acorde con las enseñanzas de la Iglesia. Pero naturalmente no todos los prelados piensan así. Mario Iceta, el Obispo de Bilbao por su parte, dice que ese libro no refleja lo que piensa la Iglesia y es muy desafortunado. La autora afirma que las mujeres deben aceptar estar por debajo del hombre, sugiere que la mujer debe quedarse en la cocina de la casa, y que las mujeres no deben de discutir con sus maridos.

    Esta autora es directa, le dice a la lectora frases como «en caso de duda, obedece. Sométete con confianza», o «¿Tengo que darle la razón a mi marido aunque no la tenga? Yo diría que sí». Ella dice que la mortificación les gusta a las mujeres porque es para alcanzar un bien mayor, el cual es, acoger a su marido. Y me pregunto si de esta forma el marido corresponderá a la mujer. ¿Si el marido tiene su «nalguita», su affaire, su relación extramarital, la esposa se deberá someter? No lo sabemos, pero no sería raro que esta autora diera una respuesta positiva.

    Este libro naturalmente suma muchas críticas al ser lanzado en un momento donde los humanos hemos superado muchos tabúes y muchas formas de relaciones obsoletas y verticales como las que propone este libro. Este libro tiene como fundamento prejuicios tan rancios que ha ocasionado rechazo inclusive en un sector de la Iglesia Católica y en partidos de derecha como el PP de España. Pedirle a una mujer que se someta a una varón y que su vida dependa de él, es despojarla de su humanidad, es convertirla en un objeto, es restringirle el derecho a su libertad en base a una convenenciera interpretación de los textos religiosos.

    La autora dice que nunca ha sugerido hacer a la mujer menos que el hombre, y cita a San Pablo afirmando que la sumisión es «un regalo y no una imposición». Pero al sugerir que se comporten así, y tomando en cuenta como son las relaciones de poder como nos explica Foucault, en la práctica vemos como sí se pretende hacer a la mujer como menos que el hombre con el fin de que éste tenga un poder absoluto sobre ella, porque se le invita a actuar como tal.

    Es una pena ver este tipo de literatura, y ver como existen personas que todavía viven con ese tipo de prejuicios, sobre todo cuando la persona quien promueve ese tipo de pensamiento es una mujer. Y por cierto, a los varones cada vez nos gustan las mujeres independientes con quienes podamos compartir proyectos, y no mujeres sometidas que nos digan sí a todo, que sólo nos hagan de comer, y se hinquen. ¡Por el amor de Dios!

  • Golpear a una mujer

    Golpear a una mujer

    Golpear a una mujerEl hombre que golpea a una mujer deja de ser un hombre. El hombre golpeador pretende reforzar su machismo y su dominación sobre el sexo femenino, pero termina logrando el efecto contrario.

    Un hombre tiene mayor fortaleza física que una mujer. En la gran mayoría de los casos, el hombre puede dominarla corporalmente. Entonces el hombre, al pelear con una mujer que está en clara desventaja, al agredirla, al chantajearla por medio de su supremacía física, termina convirtiéndose en cobarde.

    Entonces deja de ser hombre, se convierte en un animal. Peor aún, porque si los animales actúan así, lo hacen por instinto. Ni la teoría evolutiva, ni la antropología, ni la psicología, ni la sociología han explicado la violencia física de un hombre hacia una mujer entendida como parte de la dinámica humana.

    Un hombre que golpea a una mujer debería ser despreciado por la sociedad, los hombres deberían tener derecho a golpearlo en clara desventaja del agresor para que entienda por medio de la coerción la situación en que deja a la mujer agredida. Un hombre golpeador debería de perder su honor, su fama, debería de ser discriminado y su único derecho para redimirse sería un profundo arrepentimiento acompañado no sólo de un cambio en su carácter, sino en una participación activa para que terceras personas ya no golpeen a las mujeres.

    La mujer por su parte, estando en franca desventaja física, no deberá estarlo en el aspecto psicológico donde no tiene desventaja alguna. Frases como -Mi marido sólo me pega cuando está borracho, pero es buena persona-, -a pesar de que me pega, me quiere, hacen también de alguna manera cómplice a la mujer, y sin justificar de ninguna manera al hombre que también se convierte en un animal despreciable, la mujer adquiere responsabilidad sobre el problema al permitir que el hombre abuse de ella.

    Una mujer también puede ser injusta, repudiable, y agredir de manera psicológica a un hombre. Pero nunca se podrá comparar con una agresión física donde la mujer, en la mayoría de los casos, no puede oponer resistencia alguna.

    Menos la mujer es un objeto al cual se puede manipular, agredir, exigirle un coito forzoso. Quien hace eso, es quien realidad se comporta como objeto, quien actúa como un individuo alienado sin control de su razón y mucho menos de sus emociones.

    Un hombre golpeador debería ser discriminado, debería ser despedido de su puesto de trabajo, condenado. Una persona que no respeta al sexo opuesto nunca respetará a nadie y buscará estar por encima de los demás. Si el hombre no respeta las leyes naturales, menos respetará las civiles. El golpeador pasa a ser un parásito social. Un ente despreciable. Alguien en quien no se pueda confiar. Y para evitar esta situación de miseria, sólo ese hombre es el que se podrá redimir, tendrá que hacer un profundo examen de conciencia, tendrá que sufrir, tendrá que aprender a pagar por sus injurias, tendrá que subsanar daños, tendrá que pedir perdón poniéndose a la disposición de la persona previamente injuriada con sus fuertes puños y piernas.

    Fin

  • La Presidencia no debe de ser para cualquiera

    La Presidencia no debe de ser para cualquiera

    Varios usuarios se mofaron de un video en Youtube donde aparecía entrevistado el hijo del dueño de la Revista Q (por esa misma revista) con evidentes limitaciones para hablar, con un discurso demasiado simple e ingenuo tratando de convencer a la gente del por qué él quería ser Presidente de la República. Naturalmente el perfil de este joven dista muchísimo de lo que uno esperaría como político. Pero las dolorosas comparaciones de este joven con Enrique Peña Nieto entre los usuarios, no se hicieron esperar.

    La Presidencia no debe de ser para cualquiera

    Es evidente que esta persona no tiene capacidad para aspirar a un cargo de esta envergadura. Y eso me hizo reflexionar hasta llegar a la conclusión de que La Presidencia no debería de ser para cualquiera. Quienes debieran estar al mando de una nación deberían ser personas excepcionales, que logran sobresalir sobre el individuo común. No por nada Hobbes hacía hincapié en la confianza que debería generar el soberano para que el Estado no se desintegrara. Y es que cuando un Presidente no muestra dotes de excepcionalidad, cuando no tiene con qué ser algo más que un individuo común (que es diferente a cuando un político actúa demagógicamente como «uno más del pueblo» para obtener votos), cuando no muestra talento, las dudas empezarán a ceñir su investidura y los cuestionamientos vendrán.

    El hecho de que el famoso sitio de Internet que publica noticias de broma tenga éxito al subir notas cuyos encabezados son «Peña Nieto pidió permiso a la Gaviota para salir a jugar con el granizo» es una muestra del poco respeto que el mandatario genera sobre sus gobernados, y denota limitaciones intelectuales que no se esperarían en una persona con ese puesto. Igualmente el hecho de que López Obrador en el debate electoral no supiera formular una sencilla propuesta económica donde tuvo problemas con las cuentas, mostró al izquierdista como una persona poco preparada. A la panista Josefina Vázquez Mota se le criticaba su poca capacidad de generar empatía hacia la gente.

    Una persona que quiera aspirar a un cargo público de esta envergadura debe de ser una persona preparada, alguien que pueda actuar como estadista, y que busque superarse día a día no sólo tejiendo redes políticas, sino aumentando su conocimiento y experiencia. Ciertamente no todos los políticos que hacen carrera pueden aspirar a estudiar doctorados en universidades reconocidas en el extranjero. Muchos han empezado desde abajo y se han formado inclusive en la pobreza. Pero sí es deseable, que de acuerdo a sus capacidades, se intenten superar, que lean, que conozcan las bases de lo que están haciendo (algo de teoría política básica al menos). No se les pide que sean expertos en todas las ramas de gobierno (que para eso se tiene a un gabinete y asesores) pero que sí tengan nociones básicas de las áreas que los involucran como mandatarios.

    Platón decía que quienes estuvieran frente al poder deberían ser científicos, filósofos, sabios. Que fueran más inteligentes que los demás, porque de esta forma tendrían la capacidad de gobernarlos. Aunque él veía su utopía desde una perspectiva aristocrática, lo ideal es que en un mundo donde la gran mayoría de las naciones pretenden ser democráticas, quienes tengan la capacidad de ser elegidos por el pueblo para gobernarlos, deben de ser hombres capaces, que comprendan la realidad bajo la que están gobernando, y que efectivamente sean servidores públicos que tienen millones de jefes a los que tienen que rendir cuentas. Y así como cuando un individuo lleva su currículum lo más detallado posible, sus diplomas y reconocimientos para poder ser candidato a un puesto de trabajo, los ciudadanos debemos de pedirles credenciales a los políticos por los cuales votamos, exigirles preparación y no promesas de campaña, aunque estén firmadas por notario.

  • Macho Alfa

    Macho Alfa

    De pronto un individuo cree injusto que al otro le vaya mejor que a él si también se ha esforzado y le ha «echado ganas». ¿Por qué esa otra persona es más querida que yo, si soy un pan de Dios? Creen que la bondad y el esfuerzo lo justifica todo (que no sólo se trata de esforzarse, sino como, y para qué esforzarse), que con estas dos cualidades basta para salirse con la suya en la vida. Soy buena persona y le echo ganas ¡Véngase todo para mí!. Y cuando se cree esto, entonces vienen los recelos hacia la gente que le va mejor: -No debe de ser tan feliz, seguramente se está pudriendo por dentro-.

    Macho Alfa

    Falso señores, falso. Las personas autorrealizadas no tienen la culpa de serlo, al contrario, sería una irresponsabilidad no serlo o evadirse ante dicho éxito dadas sus habilidades desarrolladas. En algún momento de mi vida me di cuenta que esas personas, al igual que yo, no van a dejar de usar sus cualidades a su favor. Así como yo tampoco dejo de usar mis cualidades para tratar de sobresalir en las áreas en las que puedo. Al ser humano le gusta superarse y ser lo más apto para satisfacer sus necesidades, y ojo, no significa que con ello queramos «estar por arriba de los demás para verlos de arriba hacia abajo» porque eso puede denotar la artificialidad de dichas cualidades. No implica una competencia donde tenga que pasar por encima de los demás.

    Mucha gente con poca confianza en sí misma suele guardar cierto resentimiento hacia aquellos que «les va bien». En realidad es una forma de autoboicot, debido a que se generan falsas ideas sobre aquellas personas con lo cual crean una sólida e impenetrable barrera. Pero por lo contrario, la gente segura de sí misma suele ser más accesible y tiene una mayor disponibilidad para ayudar y para cooperar. Hay quienes pretenden ser personas seguras y de alguna manera logran tener un cierto éxito, para lo cual pisotean y humillan a los demás. Estas personas en realidad no son tan seguras como lo aparentan ser, porque el afán de pasar por encima de los demás es símbolo inequívoco de algún rasgo negativo, una expresión de inseguridad camuflado por otras cualidades. La gente segura de sí misma sabe distinguir entre estas personas seguras y esas personas que pretenden ser seguras pero no lo son tanto. En parte porque se identifican con el primer grupo, mientras que el otro les causa mucha desconfianza.

    Las personas inseguras, sobre todo las que guardan recelo y se sienten fracasadas, tienen dificultades para notar dicha diferencia. O en algunos casos, por conveniencia, lo omiten, para pensar que toda la gente «exitosa» no lo ha sido de buena fe, y puedan quedarse satisfechos con su mediocridad. Para ellos, si una persona es líder, lo es porque «está manipulando a los demás». Si una persona tiene muchos amigos, lo es porque «es superficial y todos sus amigos también».

    Las personas que sienten valer poco, son las que ante la supuesta impotencia de emerger, critican a los demás, hablan a sus espaldas, o critican constantemente sus opiniones en los comentarios de una red social o blog donde opinen, en un afán destructivo para tratar de convencerse que «esa persona» es igual o más desgraciada que ellos, cuando dentro de ellos les importa mucho dicha persona, tienen una extraña e inexpresable admiración hacia sus cualidades lo cual les provoca molestia por lo cual tienen que estar al pendiente de lo que hacen. Como actuaron como buenas personas y pretendieron «ser justas» (hágase hincapié en la pretensión), creen merecer todo. Pero en realidad quienes tienen la mejor capacidad de adaptarse al entorno, son quienes logran sentirse satisfechos consigo mismos.

    La gente a «la que le va bien» (y me refiero en un aspecto general y amplio y no al económico) lo menos que le importa es en envidiar a las demás personas, tomando en cuenta que siempre habrá gente en una mejor posición que nosotros. La gente a que le va bien se esforzó por tener las cualidades que le permiten satisfacer sus necesidades como ser humano, y gracias a su seguridad y al no tener la obsesión de compararse ante los demás, tiene mayor disposición para compartir sus habilidades con los demás. Se siente orgulloso de sus cualidades adquiridas, que le hacen muy bien a su psique compartirlas para que les ayude a los demás.

    Ese es un Macho Alfa.

  • La palabra de Peña Nieto no cuenta

    La palabra de Peña Nieto no cuenta

    Thomas Hobbes en su Leviatán decía que no se podía fiar de las palabras de los individuos, por lo cual se crearon los contratos. La palabra de un individuo es garantía de poco. En realidad, todas las personas tenemos seleccionados a unos pocos individuos con los que interactuamos y a los que podemos darle a su palabra un fuerte grado de confianza y certeza. En temas de negocios, o en temas donde un conflicto de intereses puede pesar más que «la palabra», es indispensable firmar contratos, pactos, para que en el caso de que uno falle, una autoridad designada pueda mediar para hacer justicia, darle a cada quien lo que le corresponde, y sancionar a aquel que haya quebrantado el pacto.

    La palabra de Peña Nieto no cuenta

    En la práctica sabemos que incluso las autoridades pueden fallar, que se pueden encontrar lagunas, que la ingenuidad puede tener cierto peso. Pero debido al progresivo deterioro de la palabra, fomentado en algún modo también por los políticos, estos mismos, o más bien él, o su equipo, crearon una «novedosa forma» de darle peso a las promesas de campaña sin necesidad de que la gente acuda a su «historial político» para analizar si el candidato tiene palabra o no. En la campaña del 2012, Peña Nieto realizó 266 promesas en las 32 entidades federativas firmadas ante notario, lo cual, ante los ojos de varios ciudadanos, comprometería al entonces candidato a cumplirlas.

    En realidad, el notario se limita a dar fe de la firma de dicho compromiso, y nada más. Enrique Peña Nieto no puede ser sancionado por haber incumplido alguna promesa. Entonces «da lo mismo», porque al final de cuentas, con o sin notario, se puede llevar un registro de las promesas por un candidato. En el primer año, Enrique Peña Nieto lleva cumplidas solamente 4 de 266 promesas firmadas ante notario. Esto aunado a otras que posiblemente no firmó, pero que existe evidencia digital de haberlas hecho. Un caso es cuando se comprometió a dar un trato de excepción a la frontera dentro del régimen fiscal, para después por medio de la Reforma Hacendaria, homologar el IVA de la frontera (que siempre ha sido menor) al nacional.

    Queda claro que la palabra de Peña Nieto no cuenta. Incluso una constante entre sus opositores (de derecha e izquierda) es la fragilidad de su palabra. Un Peña Nieto cuya contracampaña el año pasado fue el «Peña no cumple». Un Peña Nieto que en su limitado léxico como Presidente se encuentra varias veces la palabra «democracia» pero que en las últimas elecciones (sean locales o federales) vimos la sombra de como siempre han manejado los asuntos electorales en su partido. Un Peña Nieto que hizo énfasis en la cultura en las elecciones pero que reduce drásticamente el presupuesto a la Conaculta. Un Peña Nieto que nos trató de convencer del aumento de impuestos a bebidas azucaradas con el fin de eliminar la obesidad para después hacer un drástico recorte a la CONADE.

    Lo último que genera Peña Nieto en sus gobernados es confianza. A pesar de ser de un partido no acostumbrado a convivir con la libertad de expresión, las críticas hacia su gestión por varios columnistas de ideologías diversas son una constante, y varias de ellas hacen énfasis en la poca confianza que su palabra tiene. Y gran parte de ello tiene que ver porque su gobierno nos miente a los mexicanos en la cara, para después pensar que con un spot publicitario de «entonces sí se puede» le demos nuestro voto de confianza.

    La palabra de Peña Nieto no cuenta. No importa si se traten de compromisos firmados ante notario, del «Pacto por México», su promesa de fomentar la productividad, su promesa de incentivar la cultura, de mejorar la educación. Su promesa de acabar con la elusión de impuestos debido a las lagunas del Régimen de Consolidación Fiscal para después crear otro demasiado parecido.

    Es preocupante, y mucho, que los ciudadanos no puedan tener confianza alguna, en quien se supone, debería liderar un barco llamado México.

  • Nos debemos de preocupar por lo verde

    Nos debemos de preocupar por lo verde

    Posiblemente si Peña Nieto hubiera retirado el estatus de Parque Nacional al Nevado de Toluca hace treinta o cuarenta años, no hubiera sido tan criticado como ahora lo es. La gente en este Siglo XXI ve este hecho como un agravio e incluso como un acto de cinismo. Y esto tiene que ver con una creciente preocupación por lo natural, una creciente concientización de los estragos que deja el consumismo exacerbado en un mundo de más de seis mil millones de habitantes debido a los recursos naturalmente limitados que tiene la tierra.

    Nos debemos de preocupar por lo verde

    Soy creyente de que el calentamiento global hasta cierto punto es provocado por un ciclo natural de la tierra, pero de ninguna manera es falso el como los seres humanos estamos afectando nuestra planeta al punto en que pudiéramos poner en aprietos el futuro de las venideras generaciones, e independientemente de la crítica que se pueda hacer hacia la creencia de que el calentamiento es provocado exclusivamente por las «manos» del hombre, de alguna manera, el hecho de que globalmente se empiece a abordar el tema verde es muy importante, porque una postura displicente ante este tema, podría hacer que luego «sea demasiado tarde».

    Décadas atrás, como parte de la propaganda de la Unión Soviética, para mostrar una presunta superioridad sobre occidente, los rusos hacían carteles donde se podía apreciar una fábrica contaminante, que expide fumarolas hacia la atmósfera. En esos tiempos, un cartel así no era mal visto porque lo primero que venía a la mente era la fuerte industria de una nación, la imagen de un estado que evolucionaba a pasos agigantados y producía para satisfacer las necesidades de sus gobernados. Ahora un cartel similar sería creado por alguna organización ecologista para satirizar la forma en que el humano abusa de los recursos naturales de la tierra sin conciencia alguna.

    Ya no son solo los autodenominados «ecologistas» o movimientos como Greenpeace que surgieron debido a este dilema. También nuevos movimientos y tribus sociales incluyen al ecologismo dentro de su ideario. El movimiento hipster es un ejemplo de ello, donde se opta por el uso de transporte alternativo como la bicicleta, o bien el transporte público, en detrimento del automóvil, porque éste, además de no ser inclusivo, expide gases tóxicos que afectan al medio ambiente, siendo que otro tipo de transporte implica una emisión de gases mucho menor o incluso nulo.

    El tema de lo ambiental, de la preocupación de lo verde, empieza a ser parte de la agenda de los gobiernos, aunque en muchos casos tenga un fin más retórico. También aumenta el cuestionamiento de las organizaciones de la sociedad civil ante la construcción de nuevas obras e infraestructura, debido a como esta puede afectar el entorno ambiental, lo que hace que las autoridades se vean cada vez más forzadas a crear infraestructura desde una óptica más ecológica, que va desde una obra sustentable, hasta la reparación de los árboles talados para ejecutar dicha obra.

    Conforme seguimos creciendo como especie, el uso de recursos naturales aumenta. Y tomando en cuenta que los recursos naturales son limitados, debemos empezar a cambiar la forma en que usamos dichos recursos. Se debe combatir también la corrupción que es causante también de esta degradación ambiental, cuyos partícipes saltan las leyes creadas para la preservación del medio ambiente con el fin de obtener un beneficio económico. Pero sobre todo, cada individuo debe de cambiar la forma en que consume, debe buscar alternativas que impliquen un menor consumo para un mismo fin y ser más racional en la forma en que consume.

    No quería dejar de aprovechar el espacio para felicitar al Diario de Colima por su 60 aniversario, y a la vez reiterarles mi agradecimiento por darme un espacio en un gran periódico independiente que meritoriamente se ha posicionado como el mejor de todo el estado. Espero que sean mucho más años, y sigan informando de manera objetiva e indepediente a la gente, en un país donde en muchos casos, los medios son perseguidos por varios intereses.

  • Reflexiones sobre la calificación de México al mundial

    Reflexiones sobre la calificación de México al mundial

    Hoy en mi Fan Page de Facebook, subí una ilustración polémica donde doy a entender que México le ganó a Nueva Zelanda en futbol, pero que los neozelandeses nos ganan en temas mucho más trascendentales. Inesperadamente esta ilustración se viralizó al grado de que hasta el momento en que escribo este artículo, ha llegado a los ojos de 200,000 personas. Los comentarios sobre dicha ilustración fueron muy variados, a favor, en contra, algunos que tal vez no comprendieron bien el motivo de dicha ilustración y creyeron que traté de decir que -es malo apoyar a la Selección- lo cual es erróneo. Pero al final del día se generó debate, que es lo que me interesa.

    Reflexiones sobre la calificación de México al mundial

    Con esta ilustración, con un tono sí, un poco sarcástico, traté de hacer hincapié en el hecho de que no podemos darle prioridad a un deporte sobre las cosas que realmente importan en un país que tiene muchos problemas, los cuales incluso se ven reflejados en la Selección Mexicana (desde directiva, poderes fácticos, jugadores). De alguna forma también lo hice para señalar el conformismo que existe entre la afición, y que de alguna manera refleja nuestra cultura. Me sorprende que parezca que una eliminatoria vergonzosa, producto de las malas decisiones, de los intereses económicos, de la actitud de los jugadores, se olvide con un sólo partido cuyo éxito no se debe a la planeación o a un cambio en las estructuras, sino a una decisión improvisada (entiendo que fue así por la premura del tiempo) que igual salió bien, pudo salir mal (traer al «Piojo» Herrera y a la base del América).

    ¿Es malo apoyar a la Selección? ¿Es malo irle a un equipo? Por supuesto que no. Así como puedo gustar del cine o de la música, otros pueden gustar del futbol. A mí, aunque no demasiado, me gusta. El problema viene cuando esto es un pretexto para evadirse de los problemas que tiene nuestro país. Que siendo objetivos, tiene muchos y hay que ver los indicadores y las estadísticas para constatarlo. Y no es producto de la casualidad que la Reforma Hacendaria haya sido aprobada en la Cámara de Diputados en el momento que se jugaba el partido entre México y Panamá hace pocas semanas.

    Países como Alemania e Inglaterra son muy futboleros, sus aficionados son muy apasionados, como nosotros. Pero hay dos diferencias:

    1.- Ellos no dejan de prestar atención a los temas que importan por ver futbol. Los alemanes pueden ir todas las semanas a ver su equipo en la liga, en la copa, en la Champions League, saberse todas las alineaciones, pero no por ello dejan de estar al tanto de lo que sucede en su país. El futbol no los distrae de las cosas que importan.

    2.- Son exigentes. Exigen que sus equipos tengan un muy buen nivel, sobre todo sus selecciones. Yo no recuerdo haber visto a los ingleses cantar de alegría, por un decir, en un partido en que Letonia o San Marino los esté humillando en Wembley (como sucedió en el partido México contra Honduras en el Estadio Azteca).

    Está bien que la gente vea futbol, que lo siga y se apasione, pero nunca debe de ser pretexto para usarlo como evasión de lo que realmente importa. Y menos debe conformarse con poco, con una selección producto de intereses mezquinos. Tan fácil es como si uno va a ver a un pianista y éste toca mal, uno lo deja de ir a ver. Igual el futbol, es un espectáculo donde el aficionado debería exigir más, donde esa «lealtad» debería estar condicionada al compromiso de quienes integran, ya sea directa o indirectamente la selección.

    Tratar de tener una actitud positiva, ser alegre, no significa evadir los problemas, no significa disfrutar de un triunfo so pretexto de ignorar los problemas que nos rodean. Una persona positiva asume los problemas (por más fuertes que sean, como es el caso de nuestro país) y le sirven incluso como motivantes para tratar de hacer algo por esta nación. Y para cambiar tenemos que aceptar la realidad de nuestro país por más fuerte que sea. Más de un país, que creo que tiene todo para ser un país fuerte y grande.