
En Guadalajara vivimos uno de los días más oscuros.
Todo empezó con el asesinato de Giovanni, quien había sido levantado y asesinado por la policía. De esto escribí hace algunos días. Y si bien ello ocurrió ya hace un mes, la opinión pública se acababa de enterar del hecho.
A raíz de esto, se organizaron una serie de manifestaciones en la ciudad. La primera fue a las afueras de Palacio de Gobierno. Había razones de peso para indignarse.
Las cosas comenzaron a descontrolarse. Algunas unidades de policía fueron incendiadas y lo que a uno le rondaba por la cabeza es que la ola de motines provocada por el asesinato de George Floyd en Estados Unidos había llegado a México. Ambos casos concordaban en ser abusos policiales que derivaron en la muerte de una víctima y que se transformaron en protestas multitudinarias, muchas de ellas pacíficas, junto con otras donde el vandalismo y los saqueos se hacían presentes.
Sin embargo, se puede percibir cuando aquellos que son parte de los motines están ahí producto de la indignación y cuando son "vándalos profesionales" enviados por algún interés específico. Varios de los "vándalos" no se veían precisamente enojados, parecía que estaban haciendo algún trabajo.
Es importante entender el contexto en el que hay una gran tensión política entre el Gobierno Estatal (Enrique Alfaro) y el Gobierno Federal (Andrés Manuel López Obrador). Desde el inicio del sexenio ha habido pique entre ambas figuras, las cuales se acrecentaron con la pandemia donde Alfaro logró capitalizar el conflicto a su favor.
Lo que vimos estos dos días se explica, en gran medida, por este conflicto donde hay muchos intereses políticos en juego: Enrique Alfaro aspira a ser Presidente de la República, mientras que él se ha convertido en una de las muy pocas figuras políticas de oposición en el país que tienen cierto peso. López Obrador está urgido de neutralizar el liderazgo de Enrique Alfaro mientras que este último está urgido de ungirse como el opositor que se opone a la 4T en aras de construir su candidatura a la presidencia y que es es, el día de hoy, una de las muy pocas cartas que la oposición tiene para poder competir en 2024.
No solo eso, Enrique Alfaro es uno de los pocos políticos capaces de construir narrativas que atraigan la atención del electorado, que puedan generar mensajes de esperanza y, por tanto, que puede competir con la poderosa narrativa de la 4T. Para ello tiene agencias de comunicación como Indatcom y La Covacha que fueron cruciales en su ascenso como figura política.
Vaya, hay muchos intereses inmiscuidos en este conflicto y que trascienden los intereses propios de Enrique Alfaro y Andrés Manuel López Obrador.
Estos intereses explican que, después de lo ocurrido el primer día de las manifestaciones donde circularon tanto videos de detenciones arbitrarias así como de un vándalo que cobardemente prendió fuego a un policía, Enrique Alfaro afirmara que esto se había organizado desde los sótanos del poder del Gobierno Federal. Directamente culpó al gobierno de López Obrador por lo ocurrido:
Es posible que el Gobierno Federal haya tenido algo que ver con esto si comprendemos el contexto en el que todo esto se llevó a cabo, hay algunas evidencias que sugieren esa hipótesis. Es posible que Alfaro llegara a tener algo de razón (que algunos de los vándalos hayan sido enviados para buscar deslegitimar a su figura). Lo que tenía que hacer Enrique Alfaro era no caer en la provocación.
El problema es que cayó.
Hasta este momento las cosas no iban tan mal para él. Se ordenó detener a los policías involucrados casi en ese mismo momento para evitar que esto se le convirtiera en su "Ayotzinapa", pero la comunicación de Alfaro no estaba siendo muy asertiva (y no es la primera vez que ocurre). Alfaro pudo comprometerse a combatir de fondo el problema del abuso policial y mostrar empatía, pero no lo hizo y ello generó más bien indignación. Se le veía notablemente molesto ante las cámaras. Mandaba mensajes confusos donde en las ruedas de prensa se veía visiblemente enojado con los manifestantes con los cuales después dijo empatizar.
Uno de los talones de aquiles de Enrique Alfaro es su carácter, es una persona que se enoja fácilmente y que puede perder la cordura. Si el Gobierno Federal tuvo algo que ver con lo ocurrido, seguramente sabían de este detalle y sabían que podían darle "por ahí" para sacarle provecho. Alfaro se estaba volviendo muy incómodo para los intereses del poder político al mostrarse como quien sí estaba actuando de forma responsable ante la pandemia y como quien sí levantaba la voz y "tenía muchos huevos".
El día siguiente fue uno de los días mas oscuros en la historia moderna de la ciudad y, por tanto, uno de los días más oscuros de su gestión. Un día antes, Alfaro, visiblemente molesto, recriminó que se manifestaran también ese dia cuando los responsables ya habían sido detenidos. Era muy visible la molestia del gobernador con la protesta que se llevaría a cabo en la fiscalía.
¿Qué pasó? Nos enteramos que varios manifestantes (inocentes y que no habían hecho nada) habían sido levantados y abandonados en colonias peligrosas por el Cerro del Cuatro (varios de los levantados no han aparecido al tiempo en que escribo esta columna). Algunos fueron golpeados y agredidos (agresiones que fueron documentadas en video) de forma arbitraria por policías vestidos de civiles como lo muestran varios testimonios aquí y aquí. Incluso figuras de talla internacional como Guillermo del Toro mostraron indignación ante lo ocurrido y solicitaron liberar y encontrar a los que fueron arbitrariamente levantados.
Todo esto ocurría mientras en Twitter se promovía el hashtag #AlfaroParaPresidente, uno con un timing muy inoportuno y que fue aprovechado por sus detractores.
¿Cuál fue la respuesta de Enrique Alfaro? Acusar a la Fiscalía de "no haber hecho caso a sus indicaciones" y haber actuado con brutalidad. Básicamente se deslindó de lo ocurrido. El problema es que cualquiera de las dos hipótesis que se pueden esgrimir a partir de sus declaraciones lo dejan mal parado. Una evidentemente sugiere que sí tuvo algo que ver y la otra lo deja ver como alguien que no tiene control de sus fuerzas de seguridad.
Lo triste es que decenas de manifestantes inocentes y pacíficos pagaron el precio de recibir las "balas perdidas" del conflicto entre el gobierno de Enrique Alfaro y el de Andrés Manuel López Obrador. A muchos de ellos les coartaron su derecho a la libertad de expresión, manifestación y movilidad. En un acto de autoritarismo, fueron brutalmente reprimidos por quienes dicen ser las fuerzas del orden y varios de ellos, en el momento que escribo este artículo, no han aparecido:
El conflicto es evidente y basta darse una vuelta por las redes para constatarlo. El alfarismo y la oposición de López Obrador intentan mostrar a un Alfaro que se resistió al "embate autoritario" del Gobierno Federal, narrativa que hasta antes de la manifestación de ayer estaba funcionando relativamente bien. Por el contrario, el pejismo ha tratado de mostrarlo como un intolerante, fascista y represor mientras que se han deslindado completamente de lo ocurrido.
Hasta el día de ayer, la primera narrativa tenía más peso, pero lo ocurrido hoy fortaleció la segunda.
Alfaro pudo salir avante de este conflicto, pudo haberlo capitalizado a su favor, pero lo ocurrido ayer junto con sus imprudentes y confusas declaraciones lo puso en una situación muy comprometedora en aras a sus ambiciones políticas.
Dicen que el que se enoja pierde. Hoy fue Alfaro el que se enojó y el que dejó que las cosas se le salieran de control. Es cierto que en política las narrativas suelen "crear la realidad" y el impacto sobre Alfaro o el gobierno de AMLO dependerá también del trato que se dé a lo ocurrido de forma que se pueda capitalizar. Lo cierto es que en esta batalla por la narrativa, con lo de ayer, Alfaro quedó en desventaja. Hoy mucha gente está muy molesta con él por lo ocurrido y es muy posible que se lo recuerden en campaña (independientemente de que hubiera tenido algo que ver o que hayan actuado así sin su permiso).
Y quienes pagaron los platos rotos por el conflicto fueron personas inocentes.






