
Todos tenemos derecho a la libertad de expresión, pero ello no implica que las demás personas estén obligadas a valorar o a tomar en cuenta nuestros argumentos.
Yo tengo derecho a decir que creo que Bill Gates creó el Covid-19. Nadie debería impedírmelo porque ello va en contra de mis derechos fundamentales, pero la gente está en su derecho a pensar e incluso decir que aquello que he dicho es un argumento absurdo.
Pero si yo exijo a la gente que tome en cuenta mi argumento o que no diga que le parece absurdo entonces soy yo el que está atentando contra la libertad de las otras personas, no solo la libertad de expresión sino de pensamiento.
La libertad de expresión también incluye la libertad del otro a refutar aquello que yo he dicho.
Todos los individuos hacemos juicios sobre ideas, conceptos y argumentos; todos los individuos discriminamos ideas y preferimos algunas sobre otras.
Todos los individuos tenemos el derecho a hacerlo y, de hecho, necesitamos hacerlo. Hacemos juicios de todo los que se nos ponga enfrente para poder funcionar en nuestro entorno.
Es más, todas las corrientes de pensamiento o ideologías consisten en ello, en la prevalencia de ciertas ideas sobre las otras. Así, los juicios le dan forma a nuestro mundo.
Por eso, que todos tengan derecho a argumentar cualquier cosa (en tanto no busque atentar contra la integridad de otra persona) no implica que todos los argumentos deban valer igual o deban ser igualmente tomadas en cuenta.
La búsqueda de la verdad debe prevalecer siempre sobre la aparente susceptibilidad de aquel que se pueda sentir afectado/a porque su idea ha sido puesta en cuestionamiento. Si aquella persona siente su ego dañado porque su idea (y no su integridad) fue puesta en entredicho, es problema exclusivamente de ella.
Pensar que toda idea debe valer igual solo nos llevaría a un relativismo absoluto donde, como todo es valorado igual, no solo no se puede debatir y ni siquiera se puede ampliar el conocimiento (porque conocer algo implica negar su opuesto), sino que no se puede crear orden alguno, ni civilización, ni organización ni se podría hacer ciencia. Un conjunto de ideas que valen igual es casi idéntico a la ausencia de ideas: estaríamos atrapados en un entorno nihilista en el cual no nos podríamos mover.
La verdad es que el ser humano debe valorar y discriminar ideas y conceptos para funcionar e incluso para sobrevivir. Y a veces discutir y pelear por ideas no es cómodo, nadie dijo que lo fuera, y no tendría por qué serlo.






