Nuestra terrible incertidumbre en tiempos del COVID-19

Abr 4, 2020

Seguramente has sentido inseguridad, ansiedad o incluso temor por lo que está pasando. Y es normal, porque estamos frente a una situación inédita donde no sabemos bien en qué va a terminar todo esto.

Nuestra incertidumbre en tiempos de COVID-19

Todos en algún momento nos hemos enfrentado a la incertidumbre, a esa sensación de que no sabes qué va a pasar:

Nos pasa cuando nos vamos a cambiar de ciudad, cuando vamos a entrar a una nueva escuela o trabajo, cuando estamos esperando algún resultado, cuando vamos a pedirle matrimonio a una persona del sexo opuesto. Es una incertidumbre que, en la gran mayoría de los casos, sabemos que tarde o temprano va a desaparecer en el momento en que nos adaptemos a las nuevas circunstancias: asumimos su temporalidad.

Es esa incómoda sensación de que no sabes qué es lo que va a pasar porque no tienes la información suficiente para prever el futuro. Entonces te imaginas demasiados escenarios e incluso sobresaturas a tu cerebro tratando de encontrar una respuesta que te mantenga en calma y que no existe: en algún momento te dices que todo va a salir bien y luego, de pronto, te vuelves más bien pesimista.

Hoy el mundo vive una situación de incertidumbre inédita desde la Segunda Guerra Mundial. A diferencia de las incertidumbres que vivimos en nuestra vida diaria no sabemos cuándo va a acabar. Sabes que la incertidumbre de cambiar de trabajo terminará cuando te hayas adaptado al nuevo, o que la incertidumbre de saber si tu persona amada te dirá que sí o no terminará en el preciso instante en que te dé la respuesta.

Pero con el Covid19 no sabemos siquiera cuándo van a terminar de llegar las respuestas, porque se trata de una incertidumbre temporalmente indefinida. No solo es la incertidumbre per sé, sino aquella otra incertidumbre de saber cuándo la primera incertidumbre va a terminar.

Todos los años podíamos más o menos darnos una idea de cómo sería el siguiente: al menos podíamos decir casi con certeza que sería algo parecido aunque no necesariamente lo fuera, pero asumirlo nos daba tranquilidad.

Pero el día de hoy no podemos hacer eso. No sabemos cómo se va a transformar el mundo. No sabemos si esos equilibrios que mantienen el estado de cosas que asumimos casi como algo dado o natural vayan a resistir.

De hecho, desde tiempo antes estaba sorprendido de que nuestro mundo no hubiera recibido alguna sacudida porque históricamente los cambios tecnológicos derivan en profundos cambios sociales, económicos y culturales; en cambios drásticos e incluso revoluciones o hasta guerras. Y hasta hoy, el orden social, político y económico se había mantenido relativamente parecido. El COVID-19 entonces llegó como una nueva variable que amenaza con sacudir más un orden que ya se está tambaleando.

No es improbable entonces que el orden social cambie, y si lo hace, al día de hoy no tenemos la más mínima idea de la forma y la profundidad del cambio que pueda ocurrir: ¿va a ser para bien o para mal? ¿Veremos un acelerado progreso de la calidad de vida humana o esto nos enfrascará en un conflicto bélico o nos mantendremos más o menos igual? ¿Fortalecerá los valores democráticos y la solidaridad humana o volveremos al nacionalismo exacerbado y al autoritarismo?

Son preguntas que no podrán responderse hasta que la realidad lo haga. Podemos hacer análisis históricos, buscar pistas, patrones, pero nada, absolutamente nada al día de hoy, nos puede dar la certeza absoluta de lo que va a pasar simplemente porque los seres humanos somos pésimos para "adivinar el futuro". Hace 100 años no teníamos casi la más remota idea sobre cómo iba a ser el mundo actual.

No sabemos bien cuántas personas van a fallecer, no sabemos cuándo va a estar disponible la vacuna, incluso no sabemos a ciencia cierta cuánto durará el confinamiento ni sabemos siquiera cómo va a evolucionar la pandemia en unos meses o de qué tamaño va a ser el impacto económico (tan solo podemos prever su existencia). Todo parte de supuestos, de experiencias pasadas que nos pueden dar un norte pero que en sentido estricto no están obligadas a explicar la actual: que si la inmunidad de grupo, que si la pandemia del 2009, que si esto o que si lo otro.

Modelos se han hecho muchos, algunos hasta con inteligencia artificial y las más avanzadas tecnologías. pero la realidad es que la contingencia nos rebasa y muestra las limitaciones de una especie humana que había confiado demasiado en su progreso como para pensar que algo así no podía pasar (con todo y que los progresos tecnológicos son evidentes y hasta palpables en esta pandemia pero no todavía suficientes).

Woman in White Crew Neck T-shirt Standing Beside A Man Holding A Placard Of Coronavirus

Sabemos que no hay garantía alguna de que esos instrumentos (por más sofisticados y geniales sean) nos vayan a dar la tranquilidad absoluta que estamos tratando de buscar en algún lugar. La naturaleza nos hace sentir, con todos nuestros avances tecnológicos, médicos y sociales, como si fuéramos seres primitivos e indefensos. La naturaleza nos dice "quietos" ¿acaso creen ustedes que tienen total dominio sobre mí?

Todo esto genera mucha incertidumbre, y la realidad es que no hay forma de eliminarla porque en algunos casos no hay respuestas claras y en otros no las hay en absoluto. Estamos ante una incertidumbre tal que ha adquirido tintes históricos ya por sí misma. De esta pandemia se hablará en los libros de historia en cien años e incluso más.

Evidentemente, la sensación se vuelve más fuerte si el impacto sobre tu vida cotidiana ha sido mayor; si estás en riesgo de perder tu empleo; si no sabes si tu nuevo emprendimiento va a resistir; qué va a pasar si "se te mete el bicho" porque tus defensas no son buenas o estás dentro de los grupos más vulnerables.

Y si te sientes así no te culpes, es completamente normal. Ante lo incierto, nuestro organismo adopta un mecanismo de alerta para tratar de adaptarse a los cambios, y ello se vuelve más sistemático en tanto el individuo se encuentra dentro de un estado de incertidumbre constante. Grave sería que estuvieras muy tranquilo sabiendo que estás en una situación de riesgo.

Para quienes tenemos un cuadro de ansiedad, esa sensación nos es muy conocida y familiar. De hecho sospecho que ese reconocimiento me ha ayudado a sobrellevar este periodo de forma más tranquila gracias a la experiencia que tenemos a la hora de enfrentar a ese monstruo llamado ansiedad y que es causada, en este caso, por la incertidumbre (es algo que también me han comentado amigos míos que tienen este tipo de cuadros).

Como no podemos eliminar la incertidumbre porque es incluso irracional y contradictorio tener certeza sobre algo de lo que no se tienen elementos, podemos limitarnos a controlarla de acuerdo a nuestras capacidades. Podemos hacer ejercicio en esta cuarentena, buscar distractores, meditar, hacer yoga, leer, rezar, fomentar la convivencia social (gracias a los avances tecnológicos que lo permiten hacer de manera remota), ayudar a otra gente e incluso usar el humor como los mexicanos tan bien acostumbramos a hacerlo. Muchas personas (quienes viven en condiciones más difíciles) no tienen siquiera ese privilegio.

Y ni siquiera tendríamos que recriminarnos por no hacerlo, por no adquirir un hobbie o no haber aprendido algo nuevo. Si bien es cierto que las crisis en algunos casos pueden ser puntos de partida para un gran desarrollo personal, también es cierto que se ha propagado un peligroso discurso de autoayuda donde se le dice a la gente que sonría todo el rato y se le recrimina si no aprende algo nuevo o aprovecha la pandemia para a partir de ahí crear el negocio millonario de su vida. Al final es una crisis, las crisis son difíciles, cuestan trabajo y no todo el mundo tiene el lujo de divertirse y ponerse creativo en la cuarentena. Muchas personas sobrellevan las crisis de forma distinta y habrá que respetar ese proceso.

Son tiempos difíciles los nuestros: estamos en el momento de mayor incertidumbre desde el fin de la Segunda Guerra Mundial; estamos frente a la incertidumbre más globalizada de la historia; estamos frente a algo inédito en algunas dimensiones. Ello es difícil y angustiante. Saca a las personas de su zona de confort que en esta era posmoderna ya era lo suficientemente líquida para ahora sumirlas en una incertidumbre profunda y angustiante.

Pero el ser humano si algo sabe hacer es superar sus tragedias, y no creo en lo absoluto que esta sea la excepción.

Porque llegará el momento en que podamos sortear la crisis como siempre lo hemos hecho, y espero con todo mi corazón que a partir de esta crisis nos volvamos mejores humanos, construyamos un mundo y una sociedad mejor.

[adinserter block=3]