Etiqueta: Perdedor

  • ¿Por qué insultas a las mujeres?

    ¿Por qué insultas a las mujeres?

    Pleno Siglo XXI. Sí, y algunos se preguntarán que como le hacen para poder twittear con una piedra y un palo: ¿Cómo no se rompe la pantalla? ¿Cómo su mama les permite usar Twitter y no les dan unos cinturonazos para que aprendan?

    ¿Por qué insultas a las mujeres?

    Caray, es que tantas décadas, siglos de lucha, tanto supuesto progreso y hay gente que sigue pensando estupideces. Posiblemente tengan un IQ muy bajo, posiblemente sus mamás los dejaron caer sin querer cuando eran chiquitos, o tal vez estén ardidos. Tal vez este tipo de personas no tengan éxito con las mujeres y por eso las denostan. Posiblemente las mujeres los ven como unos estúpidos, buenos para nada, inservibles. Pero no es culpa de las mujeres, es culpa de ellos, porque ellos decidieron ser perdedores.

    Seguramente lo más cerca que han estado de una mujer es una revista pornográfica. Seguramente su mejor acto sexual durante toda su vida será esa vez que se masturbaron con una revista Playboy, para después llegar con sus (pocos, muy pocos) amigos a hacer chistes de las mujeres: -Es que Cerebro entiende, todas las mujeres son iguales. -Sí, te entiendo Misogilio Manuelo, todas son iguales por naturaleza; rehuirán de gente tan perdedora y asquerosa como tú. Es uno de los mecanismos que busca procurar la supervivencia de la especie.

    No, no es culpa de ellas, ellas hicieron su lucha, se ganaron su derecho al voto, lograron participar cada vez más en puestos más importantes, comenzaron a destacar en la política. Que haya parias como tú no es su culpa. Que si tú la violaste (porque no encontraste ninguna otra forma para que una mujer se te acercara) no es culpa de su ropa, es solamente tu culpa. Que estés retrasado evolutivamente es solamente tu culpa, eres un ser asqueroso.

    Es fácil crear una personalidad ficticia en Twitter, es fácil crear un nick interesante con un ávatar atractivo para crear misterio, para hacerte el importante. Pero yo sé que detrás de la pantalla que controla a ese usuario que emite insultos y críticas ante el sexo opuesto, existes tú, un obeso, feo, sin personalidad, ignorante, con halitosis (o sea, que te apesta la boca bien feo) cuyo único hobbie es consumir y consumir porno, y cuando tratas de meditar sobre la red de trata de personas (que dudo tengas capacidad de hacer eso) llegarás a la conclusión de que ellas tuvieron la culpa por tratar de verse bonitas y provocativas.

    Porque ustedes me dan asco, ojalá sean cada vez menos. Bola de prejuiciosos y perdedores. PERDEDORES así con mayúsculas. Toma un espejo, mira lo que hay ahí, trata de aguantar 10 segundos sin soltar el vómito y durante ese lapso de tiempo te darás la verdadera razón por la que eres así,

    ¡Perdedor!. Fuera de aquí.

  • El mundo del Don Nadie.

    -Lo recuerdo, era un hombre de no más de 25 años. Había llegado solo al bar donde estábamos platicando unos amigos y yo sobre cierto tipo de aventuras. El venía en un estado relativamente inconveniente, tenía un mal aspecto (desde su vestir, hasta su postura), cargaba una mochila mal cuidada, y lo primero que hizo fué vernos a la cara como esperando que le sacáramos plática, pero la actitud de rechazo de mis amigos no se hizo esperar, y es que esta persona no inspiraba confianza alguna. Me empecé a hacer preguntas en mi cabeza, ¿que tendrá en la cabeza ese tipo que va de bar en bar a alcoholizarse sin compañía de ninguna otra persona?, porque ni siquiera iba a platicar con el bar-tender, sino que había pedido una mesa para el solo, no esperaba a nadie, iba a tener «su peda» consigo mismo. Iba a recorrer los lugares que solemos recorrer con los amigos, pero solo. Y es cierto, hay personas que a veces les gusta estar solas, pero este tipo no parecía querer estar solo, más bien no era una persona querida. Por alguna razón todo mundo lo rechazaba a primera vista.

    Los sociólogos deberían hacer una escala alternativa a la escala social de ricos y pobres. Dentro de cada clase social están los que destacan, los que logran ser alguien, y los que no logran hacer nada y terminan siendo nadie. Generalmente los que destacan son admirados y se caracterizan por sentirse realizados con ellos mismos (no me atrevo a decir que todos son felices porque hay gente que es tan melancólica que hasta el éxito los hace sufrir), pueden estar rodeados de muchos amigos o más bien tener no tantos (hasta un cierto grado de actitud antisocial tolerable) y ser más selectivos, pero se caracterizan por tener lo que quieren. Este tipo de personas que están en la punta de la pirámide social, pueden ser millonarios o pueden vivir en colonias marginales, pero dentro de su clase logran destacar y terminan siendo admirados o reconocidos por la sociedad, muchas veces sin que lo hayan buscado.

    Pero está el otro tipo de personas que se encuentran hasta la base de la pirámide social, y son aquellos que terminan siendo un don nadie en sus vidas. Pocos los conocen, y los que los conocen no tienen buenas referencias de ellos. Suelen ser personas desequilibradas emocionalmente, timoratas, con una muy baja autoestima, y tienen ese algo, esa vibra que hace rehuír a las demás personas, simplemente porque no es cómodo estar con ellos. Solo se acercan a ellos los que tienen una gran fuerza de voluntad para ayudar a ese tipo de personas, ayuda que muchas veces es infructuosa. Se caracterizan por no tener éxito social, no tener suerte fracasar en la búsqueda de una pareja sentimental, no tener suerte en su vida profesional, lo que hace que su vida no tenga ninguna relevancia y terminen siendo nada, al grado de que no logran hacer el suficiente ruido para opacar el sonido de la brisa.

    ¿Por qué los don nadie, lo son?. Habrán muchas teorías, vendrán psicólogos y especialistas a decirme que no recibieron el suficiente amor de sus padres o que, por el contrario, fueron sobreprotegidos. Pero yo más bien creo que el ser un don nadie es cuestión de actitud. Los valientes triunfan en la vida y los cobardes fracasan, los valientes se atreven a enfrentar sus miedos y los cobardes viven, valga la redundancia, acobardados por todos los impulsos que reciben del exterior. Al ser cobardes no creen en ellos y por ende tienen una autoestima baja, no se quieren y creen que no valen. Eso se refleja en la actitud, la expresión corporal lo dice todo, caminan erguidos, no te ven a los ojos cuando hablan, cuando saludan no aprietan la mano y además, esta está sudada. Y refiero a la actitud, porque yo conozco muchas personas que tuvieron infancias difíciles y ahora son personas exitosas. Y si bien creo que el pasado de una persona puede afectar en el presente, no hay nada más que influya que la actitud de la persona hacia la vida.

    Ser un don nadie es estar muerto en vida, porque precisamente venimos a este mundo a «vivir», y el don nadie no se atreve a vivir. Y lo peor de todo es que cuando muera nadie se acordará de él. ¿Entonces como no puede estar muerto en vida si los demás no recuerdan lo que hizo?. Y es que el que logra ser alguien «hace», logra trascender, ya sea por su éxito profesional, por ser un buen padre de familia o por su sentido del humor. El que es alguien dejará huella en su vida, con su propio estilo, podrá tener pocos o muchos amigos, pero cuando se vaya todos se acordarán de él, del don nadie, nadie se acordará.

    Ser un don nadie es estar en la condición más baja de la vida, porque se está para ver un espectador de ella en lugar de formar parte. El mundo del don nadie es un mundo silencioso porque nadie lo ve, es una plaga silenciosa que invade al mundo, pero nadie se da cuenta porque no hacen ruido. Tal vez por eso nadie hace nada por acabar con esa plaga, porque no representa una amenaza para los demás, es una plaga tan timorata y cobarde que prefiere resguardarse en la oscuridad. ¿Y tu, acaso eres un don nadie?.

  • El ganador fracasa, el perdedor no.

    Cada fracaso enseña al hombre algo que necesitaba aprender.

    Charles Dickens.

    Los seres humanos solemos ver a los fracasos como si fueran algo malo. Es más, tenemos miedo de ser unos «fracasados», por que generalmente los fracasos llevan implícito cierta dosis de dolor que a veces no es tolerable para el ser humano, porque tal fracaso puede implicar una pérdida o una desilusión que orillará a la persona a tomar el tortuoso proceso de duelo y asimilación de la pérdida.

    Cuando uno quiere salir de su zona de confort y quiere tomar un riesgo, sabe que existen dos posibilidades: El éxito y el sentimiento de gloria por el cumplimiento del objetivo, y el fracaso que no solo implica el no haber logrado tal objetivo, sino que puede implicar la pérdida de algo que ya se había obtenido antes, como puede ser cierta cantidad de dinero que se invirtió para un negocio.

    Los fracasos duelen, y por eso los seres humanos no siempre queremos arriesgarnos a sufrir uno. Porque creemos que si no logramos el éxito llegaremos a ser unos fracasados. Pero la realidad es todo lo contrario. El perdedor no es aquel que fracasa, sino aquel que siempre se queda en su zona de confort y que no dá un paso adelante para poder obtener algo más. El perdedor cree que si se queda ahí parado no va a sufrir, pero todo lo contrario.

    Alguna vez el perdedor verá como no logra obtener nunca lo que ha deseado, y se sentirá frustrado al igual que el que fracasa, pero a diferencia de este último, el perdedor sentirá un gran sentimiento de culpabilidad consigo mismo, porque el que fracasó al menos podrá de decir que lo intentó, y se puede ir con el honor en alto. El perdedor es el que ha perdido su honor.

    Los ganadores técnicamente son unos fracasados. Ellos fracasan mucho más veces que los perdedores, pero porque se arriesgan más veces, y de esos malos momentos generan la suficiente experiencia como para que luego puedan lograr sus objetivos. Pregúntale a cualquier ganador, y no va a haber alguno que niegue haber sufrido una depresión o un momento de angustia por no haber obtenido lo que quería, no va a haber alguno que no se haya sentido alguna vez derrotado porque no fueron lo suficientemente capaces para poder enfrentar la adversidad. Pero también te responderán que ahora recuerdan con alegría esos momentos, porque fueron jústamente esas ocasiones, donde aprendieron y adquirieron sabiduría para saber resolver sus problemas.

    El que fracasa no es un perdedor, porque los perdedores al no intentarlo nunca fracasan. Los ganadores en cambio, se la pasan fracasando, es más, ya se acostumbraron tanto, que lo ven como parte de su rutina diaria.