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  • Vicente Fox, más grande que Benito Juárez, de estatura

    Vicente Fox, más grande que Benito Juárez, de estatura

    Dentro de todo siento cierta admiración por Vicente Fox, y es que creo que es algo así como un ejemplo para aquellas personas que les afecta el «qué dirán». Me explico, después de que Fox nos decepcionó a muchos como Presidente (no porque gobernara tan mal, que creo que tiene una calificación a medias, sino por las expectativas que generó), empezó a decir tonterías que salen dentro de lo que uno espera de un mandatario. A diferencia de los deslices de Peña Nieto que tienen que ver más con cierta ignorancia y bajo nivel intelectual, Vicente Fox lo hace porque cree que puede decir lo que quiera, incluso aunque los años y el desgaste le cobre factura en su mente. La credibilidad de Fox está hasta los suelos, se ha convertido en un bufón, y parece no importarle, parece no afectarle, el sigue diciendo lo que quiera sin importar que todos se burlen de él.

    Vicente Fox, más grande que Benito Juárez, de estatura.

    Posiblemente Vicente Fox le gane a Enrique Peña Nieto el título del Presidente más tonto de la era moderna en la percepción de los mexicanos. Debido a que Peña Nieto si algo bueno tiene es la disciplina y además de ser prudente, y que poco a poco empieza a aprender a ocultar sus limitaciones cognitivas e intelectuales. Fox, debido a su arrogancia, a sus conflictos personales con ciertos personajes, como López Obrador y Felipe Calderón, que demuestran serios trastornos de la personalidad, además de su megalomanía, dice lo que quiere, tal cual niño caprichoso, «víctima de bullying mediático», pero como si fuera un niño que ríe y se burla cuando todos los demás le propinan una golpiza.

    Parece un tema superficial. Pero creo que es relevante porque de alguna manera, la situación de este personaje refleja un poco lo que ha pasado con la democracia mexicana. Llegó creando muchas expectativas, representó la transición del autoritarismo a la democracia (aunque en realidad no fue su artífice) y ahora apoya cínicamente a aquellos que dijo combatir. Esas alimañas, tepocatas.

    Podemos debatir que tan buen presidente fue Benito Juárez, peor su declaración donde afirma que fue un gran mandatario, mejor que Benito Juárez, suena retador, pareciera estar retando a los ciudadanos, que cada vez son más, que lo critican.  Son palabras que ni él mismo se cree. Igual puede citar a la Biblia (tomando en cuenta que perteneció a un partido conservador) para justificar la legalización de las drogas:

    La prohibición comenzó en el Jardín del Edén, como creemos los católicos, y no funcionó. Dios nos creó libres, incluso para ir en contra de él. Si somos libres, podemos tomar decisiones libres”.-

    Fox representa una transición fallida, que quedó a la mitad, y donde algunos coquetean con las prácticas del pasado. Fox representa la decepción que causa la política a los mexicanos, donde al parecer la palabra de un político vale poco, porque es un político. Fox es representativo del crecimiento del abstencionismo del país, promotor del regreso del PRI de forma pasiva (al mostrar que él no cambió tanto las cosas como prometió) y de forma activa (apoyando a Enrique Peña Nieto). Fox representa a aquel político pragmático carente de ideales donde el fin (su fin y no el de los ciudadanos) justifica los medios. Fox puede en un spot en la campaña del 2000 criticar al neoliberalismo, y luego criticar a cualquier personaje que tenga un gramo de socialista. Puede decir que AMLO es López Chávez (haciendo referencia al venezolano) y pocos días después decir que es un pionero y un ejemplo en programas sociales.

    Fox es un priísta, pero con menos colmillo y más ingenuo. Alejandro Paez Varela cree que Fox no está loco, al contrario de lo que muchos piensan. Yo creo más bien que Vicente Fox siempre ha sido así, nada más que el interés le decía que tenía que camuflarse para engañar a los electores. Cuando dejo de tener esa necesidad, salió el Vicente Fox que todos conocemos. Su presidencia había lo suficientemente menos mala para al menos no retirarse como un bufón, pero su insistencia en atraer la atención y saciar sus conflictos psicológicos, lo han dejado como una versión light de Antonio López de Santa Anna en el inconsciente colectivo mexicano.

    Y curiosamente, las críticas le hacen a Vicente Fox, lo que el viento a Juárez. 

  • Fox el traidor, la alimaña, tepocata, víbora prieta

    Fox el traidor, la alimaña, tepocata, víbora prieta

    Fox el traidor, la alimaña, tepocata, víbora prietaRecuerdo el año 2000 cuando iba a votar por primera vez. Muchos estábamos esperanzados en sacar al PRI de Los Pinos y me sentía afortunado porque solo dos meses de diferencia me dieron la oportunidad para ejercer mi voto. Yo ya había escuchado hablar de Vicente Fox, mis parientes de León Guanajuato nos decían que Fox había gobernado bien, esto cuando todavía casi nadie sabía que iba a ser el candidato del PAN. Tal vez por el hecho de que era un jovencito, de que la mercadotecnia de Fox había sido eficiente y de que si había alcanzado a vivir lo que era el gobierno autoritario del PRI (tenía 12 años, pero recuerdo a la fecha muy bien la crisis del 94, el asesinato de Colosio y muchas otras cosas más), pero la fe en Vicente Fox estaba puesta. Tal vez en ese entonces no conocía bien eso del «populismo», y si creía que Fox iba a hacer crecer el PIB al 7% anual. Recuerdo cuando ganó, estaba viendo TV Azteca y creyendo que podía ganar Labastida (porque eso se comentaba en los medios), aparece en la televisión la primera encuesta de salida que le daba una ventaja considerable a Fox, fue la catarsis, una gran emoción, creí que estábamos haciendo historia, creí que México iba a crecer y mejorar.

    Ciertamente, con el PAN cambiaron algunas cosas, hubo mayor libertad de expresión y la represión disminuyó, se manejó bien la macroeconomía y no volvimos a vivir esas crisis autoinflingidas del PRI, hubo mayor transparencia (insuficiente), pero ahí le paramos de contar. El PAN no solo no acabó con el corporativismo del PRI, sino que los panistas incluso lo aprovecharon, una muestra fue cuando Calderón negoció con Elba Esther Gordillo votos a cambio de plazas en su gobierno. El cambio fue decepcionante para muchos, porque si bien hubo algún avance democrático, este no se tradujo en un beneficio palpable para la sociedad. Hay estabilidad pero no hay mucho crecimiento, países como Brasil le han quitado presencia a México en Latinoamérica y de México ya no se habla mucho, no forma parte de las siglas del BRIC.

    Lo que hizo Fox al abandonar a Josefina y apoyar explícitamente a Peña Nieto habla de un atentado contra la incipiente democracia mexicana, habla de un atentado a sus principios, a su partido, y a la historia del país. Si había algo todavía más incongruente que esas alianzas PAN-PRD era esto. Es irrisorio ver que quien asumió el gobierno del cambio, esté haciendo todo lo posible por regresar al pasado. Dicen que le molestó que Vázquez Mota se fuera de su equipo para irse con el de Calderón, y sabiendo que Fox maneja sus decisiones que rencores (como el que también le tiene a AMLO), prefiere el regreso de lo que combatió que apoyar a una persona a la cual le tiene resentimientos (y luego por qué unos dicen que Fox se parece tanto al Peje).

    Fox no solo no beneficiará a Peña Nieto como el piensa, sino que les dará la razón a aquellos que dicen que la democracia es una simulación. Y es curioso que quien cargó el estandarte de la democracia (o fingió hacerlo) diga que el movimiento #YoSoy132 es un movimiento orquestado, buscando cancelar la posibilidad de todo aquello que el defendió y promovió. Independientemente de que puedan haber intentos de infiltración por parte de algún sector político (la MORENA de AMLO), sabemos que el movimiento es genuino, tan es así que el rector de la Ibero (donde estudió Fox, por cierto), afirmó contundentemente que este movimiento fue organizado por estudiantes legítimamente. ¿Dónde está la congruencia de Vicente Fox?, y0 no la veo. Estos 6 años se dedicó a ponerle piedras en el camino a Felipe Calderón por las rencillas y rencores, y ahora FOX no llama a «sacar al PRI de Los Pinos» sino a traerlos de regreso.

    Fox parece un Santa Ana moderno, uno de los traidores de México, una persona que con todo respeto, pero ya no está bien de sus facultades mentales. La historia no lo va a perdonar, de hecho, ya está siendo dura con él. Fox al terminar su sexenio trató de redimirse y consolidar una mediocre gestión al frente del país (o al menos, no lo que muchos creían que iba a ser) fundando el Centro Fox, para supuestamente desde esa trinchera, contribuir al avance del país. Pero esa institución ha cobijado incluso a Enrique Peña Nieto y lo ha asesorado. Y es una pena ver que a 12 años, tiempo en que se debería empezar a ver consolidado el cambio democrático que nos prometieron, quieran regresar al pasado. Ciertamente tendríamos que ver si el PRI será tan autoritario como antes, o no lo será tanto por los cambios generacionales en la sociedad y por las nuevas tecnologías que no permiten un control tan ferreo como antes, pero no deja de ser una traición a los principios y a la historia de México.

    Con este movimiento, Vicente Fox busca dañar a tres personas a las que le tiene un profundo rencor (y quien sabe por qué), a Josefina Vázquez Mota, a Felipe Calderón, y a Andrés Manuel López Obrador. Y por cierto, aunque ciertamente Calderón ha sido más respetuoso que Vicente Fox del proceso electoral, pareciera que a Calderón no le quita el sueño el hecho de que el sea el antecesor del posible regreso de «los de antes», parece estar más preocupado por convencer a la sociedad de que su gestión fue buena (para lo cual incluso utiliza la campaña de Josefina Vázquez Mota), tal vez su apuesta es que llegue Peña Nieto, haga un «despeñadero» y en el 2018 al hacer contraste entre los dos gobiernos se diga: -Ah, pero Calderón no fue mal presidente, nomás compárenlo con este-.

    Pues Fox es un traidor, y se convirtió en todo lo que criticó, en una alimaña, en una tepocata y víbora prieta.

  • Burlarse de la vida

    Quizás pocas cosas unan tanto a México como sus tradiciones, siendo el culto a la muerte una de las más celebradas en todo el territorio nacional. Desde finales de octubre comenzamos a ver en las casas, escuelas, o instalaciones oficiales, pequeñas edificaciones cubiertas con papel de china picado, donde se colocan coloridas calaveras de azúcar, fruta, flores y pan de muerto, como ofrecimiento a un miembro de la familia o personaje distinguido que se nos adelantó en el camino.

    Paradójicamente, la celebración de la muerte no es otra cosa que un llamado a la vida, donde asumimos que la gente que nos dejó continúa su existencia en alguna otra dimensión, la cual se empata con la nuestra durante los primeros días de noviembre, cuando se corre la cortina entre ambos mundos, lo que les hace posible a los difuntos convivir con sus seres queridos de este plano.

    En todo el mundo, la muerte es reverenciada de una u otra forma. Desde el Día de Muertos cristiano hasta el Samhain pagano de los celtas que dio origen al Halloween, cada cultura ha encontrado la forma de rendir homenaje al misterio máximo de la existencia, que comprende nuestra incapacidad de considerar este fenómeno como el final permanente de nuestra personalidad.

    Como humanos, nuestro instinto de supervivencia nos hace desear una continuidad, y preferimos verla como un tránsito a una vida distinta, donde nos reuniremos con nuestros allegados que se fueron primero y continuaremos juntos el viaje infinito hacia el perfeccionamiento del alma.

    Los y las mexicanas preferimos personificarla, traerla a nuestra vida cotidiana y mofarnos de ella a través de caricaturas, esqueletos de papel maché y rimas ingeniosas llamadas “calaveritas”, donde intercambiamos el miedo a morir por la dicha de la subsistencia. Como afirmaba, el culto a la muerte en México no es otra cosa que un tributo a la vida.

    Sin embargo, los tiempos violentos que estamos viviendo nos invitan a reflexionar sobre este tema. En un país donde la guerra en las calles ha cobrado la vida de alrededor de 50 mil personas (según el poeta Javier Sicilia y su Movimiento por la Paz; la DEA contabiliza 43 mil), la muerte deja de ser un invitado fugaz para convertirse en un temor real al que todos y todas estamos expuestos. Los titulares en los medios hablan diariamente de los decesos producidos, ya sea por combates entre las fuerzas de seguridad del Estado contra miembros del crimen organizado, o por luchas entre cárteles por el control de alguna plaza, siendo los segundos los que más atentan contra el derecho a vivir.

    Las formas en que se ultiman hablan de cómo se ha perdido el respeto al cuerpo humano, de cómo ha cambiado la mentalidad de algunas personas para deshumanizar a sus enemigos, siendo capaces de crímenes atroces donde pareciera que lo importante no es deshacerse de ellos, sino infligir la mayor cantidad de sufrimiento posible antes de hacerlo; enseñorearse de la vida de alguien más donde la empatía se convierte en un obstáculo inoportuno.

    ¿Cómo celebraremos ahora el Día de Muertos? ¿Cómo nos burlaremos confiadamente de “La Catrina”, cuando ella nos ha mostrado su peor cara? ¿Cómo honraremos a la vida cuando el miedo a morir hace que haya quienes se pregunten si no sería mejor pactar con los criminales?

    Hace poco, Vicente Fox, expresidente de México, dijo que pactar con el crimen organizado podía ser un garante de paz; y en entrevista con El Universal criticó el lunes pasado la guerra contra las drogas emprendida por Felipe Calderón, y señala la necesidad de negociar con los narcotraficantes y de brindarles amnistía.

    Con un cinismo insoportable, Fox Quesada parece convertirse en el principal defensor de los traficantes de estupefacientes, olvidando todas las muertes que están detrás de las luchas entre los cárteles por controlar las plazas, y la saña con la cual ejecutan a quienes consideran sus enemigos, siendo algunos de ellos respetables integrantes de la sociedad civil.

    El tema de la legalización de los enervantes podría ponerse en la mesa de discusión, junto con un sistema de prevención y tratamiento, pero hablar de un indulto después de 50 mil vidas humanas perdidas suena insultante, sobre todo viniendo de una persona que estuvo al frente de la administración de México, y que probablemente es directamente responsable de la realidad actual.

    Justo en la víspera del Día de Muertos, el expresidente nos recuerda con su inverosímil propuesta que es muy diferente la tradición mexicana que se mofa de la muerte, a burlarse descaradamente de la vida.

  • Vicente Fox se nos fue

    Miguel de la Madrid hace no mucho tiempo fue entrevistado por Carmen Aristegui en una entrevista por la cual la periodista recibió reconocimientos. El ex-presidente hablaba de la «partida secreta de Carlos Salinas de Gortari» y de que efectivamente en 1988 se había cometido un fraude electoral. Sus aseveraciones estaban lejos de ser una falacia, pero también se notaba que que el ex-mandatario colimense mostraba signos de senilidad a sus 77 años. Esa fue la excusa para que el PRI y en especial Carlos Salinas lo obligara a retractarse y se mostrara al público que dichas declaraciones estaban severamente influídas por su padecimiento.

    No sabemos realmente que es lo que está pasando con Vicente Fox, no es tan grande -de edad- como Miguel de la Madrid,  y sus declaraciones la verdad que, al menos a mí, me provocan un sentimiento de lástima. Primero afirmó que inevitablemente el PRI llegaría a Los Pinos vía Enrique Peña Nieto, cosa que puede ser cierta, pero que no se espera de un mandatario que debería de apoya a su partido, y más cuando él mismo metió las manos de más, en la elección del 2006 a favor del ahora Presidente de la República Felipe Calderón. Pero lo que más llama la atención es que el exmandatario pida una amnistía y negociar con los cárteles de la droga en un momento que ya no se puede hacer eso, dado que estos han emprendido una guerra entre ellos para ganar plazas.

    Podemos criticar muchas de las formas en que Felipe Calderón ha emprendido esta «guerra contra el narcotráfico«, pero en estos momentos pensar en una amnistía parecería algo suicida, más cuando la guerra ya se emprendió. Por eso me brincan las declaraciones de Vicente Fox, y que no solo le hacen daño a su imagen y de paso a la de Felipe Calderón, sino que muchos con estas declaraciones se atreven a afirmar que Fox sí pactó con el narco en su gestión, teoría que agarra más sustento dado que en su mandato salió el Chapo Guzmán de Puente Grande.

    No sabemos a que quiera llegar Fox con estas declaraciones, no sabemos si Vicente Fox se nos fue, o bien, busca ponerle piedras en el camino a Felipe Calderón, dado que en los últimos años, han habido roces entre los dos políticos. Además de esto, Vicente Fox comentó que la censura a la periodista Carmen Aristegui había sido un atentado contra la libertad de expresión (periodista presuntamente censurada bajo presiones de la Presidencia, después de que preguntara al aire al gobierno si Felipe Calderón tenía un problema de alcohol).

    Es triste como un político en el que muchos habíamos confiado, como agente de cambio en el país, termine siendo un hazmerreir, alguien que da pena ajena, cuya imagen se fue deteriorando al tomar la silla presidencial, y terminó por lapidarse al dejar este puesto.

  • El Despojo – Roberto Madrazo

    Calificación: 2 de 5

    Como que está de moda que políticos de reputación dudosa estén escribiendo libros para contarnos su peculiar versión de lo que esta sucediendo en nuestro país, y es más, algunos como Roberto Madrazo se atreven a jugar al demócrata como lo hace en su libro, El Despojo. Un libro donde el ex-candidato priísta para las elecciones del 2006 explica su versión sobre lo que ha venido sucediendo en nuestro país desde la Revolución Mexicana hasta el día de hoy.

    Roberto Madrazo asegura que México siempre ha estado en crisis, a excepción de los años 20 a mediados de los 40 cuando la Revolución se institucionalizó en épocas de Calles y dió sus frutos con el gobierno de Lázaro Cárdenas. Según Madrazo la Revolución empezó a decaer cuando llegó Miguel Alemán dado que este comenzó a manejar su gobierno como si fuera una empresa. A partír de ahí a pesar del crecimiento económico, los ideales de la Revolución Mexicana se empezaron a perder y todo se empezó a convertir en una simulación. En el libro abarca mucho la época de los 60’s cuando el sistema empieza a resquebrajarse, la oportunidad perdida del 65, donde su padre, Carlos Alberto Madrazo intentó infructuosamente luchar por democratizar al PRI, y los sucesos de Tlatelolco.

    Después habla del populismo de los 70’s y del neoliberalismo de los 80’s y 90’s que según el propio Madrazo le han hecho tanto daño a México. Porque a pesar de los cambios estructurales siempre dejaron el sistema vivo, inclusive con Fox y Calderón. Roberto Madrazo afirma constantemente en su libro «México muere mientras el sistema vive«. Las críticas contra el PAN, contra los gobiernos de Fox y de Felipe Calderón son constantes en todo el libro, inclusive compara sus gestiones con las de Miguel Alemán, Echeverría y López Portillo.

    En este libro, Roberto Madrazo es muy crítico con Ernesto Zedillo a quien acusó de operar desde el poder para tratar de quitarlo después del fraude electoral que cometiera Madrazo (quien lo niega rotundamente) en contra de Andrés Manuel López Obrador, y tambien de operar desde ese mismo poder para hacer que Vicente Fox llegara a la presidencia y López Obrador llegara a ser Jefe de Gobierno del Distrito Federal, quienes según Madrazo hicieron un pésimo desempeño en sus respectivos puestos.

    Lo más interesante de este libro está en que uno puede ver como ha operado y opera el SNTE de Elba Esther Gordillo. Como primero fué una herramienta del PRI para ganar votos y a la hora del quiebre, tanto Fox y Calderón lo utilizaron para la misma razón, sobre todo este último quien ganó las elecciones del 2006 gracias al SNTE.

    El libro es una mezcla de la historia de México, donde la Revolución es ensalsada tanto como en la historia oficial. Madrazo se basó en los historiadores como Enrique Krauze para hablar de la historia posrevolucionaria, pero también entra mucho subjetivismo, mentiras y medias verdades por parte de Madrazo. Es claro el rencor que le tiene Roberto Madrazo a Ernesto Zedillo y a AMLO, culpa a Zedillo directamente de la crisis del 94 y a su vez presenta a Carlos Salinas de Gortari como un gran reformador al crear el IFE pero que fué débil a la hora de tratar de tirar el sistema, o la nomenklatura, como le llamaba el mismo Salinas. Según Madrazo, Ernesto Zedillo inició una campaña de desprestigio en contra de Carlos Salinas de Gortari y toda la población se la creyó.

    Al principio del libro, si uno no supiera que está escrito por Roberto Madrazo, creería que tal vez el autor es un demócrata comprometido con el país, pero cuando uno avanza por las páginas de esta obra, las incongruencias y las subjetividades marcadas empiezan a aparecer, al grado de que el texto empieza a marear y algunas cosas empiezan a no cuadrar.

    Roberto Madrazo quiso jugar al demócrata en este libro al ser un crítico del establishment, pero todos sabemos que siempre ha sido parte de él y ha sido uno de los que más han mentido para sacarle el mayor provecho, lo tenemos cuando cometió fraude en las elecciones de Tabasco y cuando hizo trampa en el maratón de Berlín. Y ni que decir, cuando fueron las elecciones del 2006 fué el primero en aceptar la victoria de Calderón y ahora afirma no solo que el panista ganó gracias al SNTE, sino que sugiere indirectamente que se desviaron votos de Madrazo hacia Felipe Calderón, lo que confirmaría un fraude electoral.

    Como dice el dicho, «¿tu le crees a Madrazo?, yo tampoco». Para finalizar los dejo con un video de la opinión de Denisse Dresser, quien aparece citada varias veces en el libro «El Despojo». Dresser más que agradecerle las citas, le dijo en el video de Reporte Índigo, todas sus verdades: