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  • Ese día en que Uber te traicionó

    Ese día en que Uber te traicionó

    Hasta hace poco defendías apasionadamente a Uber en tus redes sociales, usabas constantemente el hashtag #UberSeQueda porque encontraste que el servicio era bastante mejor al del taxi, en la mayoría de la veces más barato; y los choferes, más amables que los taxistas (los usuarios los califican al término del viaje) te regalaban una botella de agua. No habías visto eso antes en tu vida, no tenías que pelearte por la tarifa y podías pedir el servicio a través de tu teléfono celular.

    Ese día en que Uber te traicionó

    Pero luego te diste cuenta de la existencia de las tarifas dinámicas. Es decir, que Uber amagaba con cobrarte un precio bastante más alto al que solías pagar. Esperabas unos minutos en la esquina para ver si ésta bajaba, en algunas ocasiones tuviste suerte, en otras no. Pero tu divorcio (seguramente temporal) con la marca llegó cuando intentaste tomar uno en la Ciudad de México (o al menos te enteraste). Tomar un Uber del sur de la capital al norte podía salirte bastante más caro que un vuelo en avión en clase económica desde la capital hasta Guadalajara. Entonces Uber te traicionó, posiblemente consideraste que había sido muy «neoliberal» de tu parte idealizar a la marca. Como a una mujer u hombre que idealizaste, sí, porque no le diste la justa dimensión y porque incluso te atreviste a darle un valor moral.

    Si ahora «odias» a Uber, es que en realidad no entendiste bien de que trata esto.

    El objetivo de Uber, como cualquier otra empresa, es ganar dinero. De la misma forma en que lo hacen los conductores que solicitan trabajo ahí, o tú que prefieres pedir una de estas unidades porque son más baratas y es una mejor inversión. No es una empresa «buena o mala», más bien  encontraron un nicho de mercado y lo supieron aprovechar. Uber no es un alma de la caridad, tampoco es un demonio, es una empresa.

    Cuando hablamos de Uber y de los taxis no podemos hacer una separación «buenos o malos», tenemos que hablar de modelos que buscan obtener un beneficio al ofrecer un servicio al consumidor. El modelo de los taxis no evolucionó con el tiempo porque no hubo algún otro que lo orillara a evolucionar, los avances tecnológicos son los que propiciaron el surgimiento de nuevos modelos de negocio.

    El modelo del taxi es obsoleto simplemente porque alguien creó un modelo mejor. El problema con los taxistas no es que sean «malas personas», son más bien personas que no se vieron en la necesidad de innovar o mejorar su servicio porque no había incentivos para hacerlo. Los seres humanos actuamos a través de incentivos, si no hay incentivo alguno para realizar una acción, sencillamente no la vamos a realizar. Por ejemplo, un taxista no te va a ofrecer una botella de agua porque eso no le traerá beneficio alguno (por el contrario, será un perjuicio porque implicaría un gasto económico), así como un escritor no hará pesas en un gimnasio para tratar de ser un mejor escritor, a menos que su mentor le condicione ir al gimnasio regularmente a cambio de recibir lecciones gratis.

    La diferencia entre Uber y un taxi no es moral, es de modelo.

    Un conductor de Uber es más amable, en gran parte porque sabe que si no lo es, los usuarios le darán una calificación baja, con lo cual compromete su trabajo. El conductor de Uber tiene incentivos para ser amable contigo y darte una botella de agua (que no paga). La diferencia entre los taxis y Uber (y similares) son los modelos. Así como tu comportamiento de acuerdo al entorno en el que te encuentres (con tus padres, con tus amigos, con tu novia o novio, o en el trabajo), también el comportamiento del taxista y el de Uber difieren porque el contexto en el que se desenvuelven es distinto. Es psicología básica.

    Taxis vs Uber

    Regresamos al punto en que Uber es una empresa y no un alma caritativa. Ya expliqué cómo la diferencia entre Uber y un taxi no es moral, es de modelo. Entonces desde esta perspectiva debemos entender por qué «Uber» es así, y por qué sus tarifas dinámicas son altas.

    Uber, como empresa privada, trabaja bajo la ley de la oferta y la demanda. Es decir, el mismo principio económico que hace que en la gran mayoría de los casos te ofrezcan un mejor servicio que el de un taxi a menor precio, es el que amaga con cobrarte tarifas estratosféricas cuando la demanda es… estratosférica.

    Para que la demanda sea tan estratosférica como para que Uber cobre más caro que un avión, alguien tiene que distorsionar la economía.

    Mientras las tarifas de los taxis son arbitrarias y controladas por un ente central como el Estado (por medio de una tarifa plana, y eso cuando el taxímetro funcione), Uber establece la tarifa de tal forma que pueda obtener una mayor rentabilidad (de la cual también se beneficia el chofer de la unidad), es decir, si la demanda es baja, y la oferta es alta, el precio será bajo hasta el tope establecido (que es lo que ocurre en la mayoría de los traslados), pero cuando le demanda rebasa a la capacidad de oferta, entonces las tarifas suben para que el servicio sea usado por quienes estén dispuestos a pagarlo (porque no tiene la capacidad de atender todas las peticiones de los usuarios en el momento).

    Las tarifas dinámicas generalmente duplican el precio, o en el peor de los casos, lo triplican; y en la mayoría de esas ocasiones el cliente puede esperar unos minutos para encontrar una tarifa más baja. Esto ocurrió en Guadalajara después de que Uber ofreciera viajes gratis como consecuencia de la manifestación de los taxistas. A partir de ese día, muchos usuarios comenzaron a usar Uber, con lo cual la demanda creció y por lo tanto, en lo siguientes días, la aparición de la tarifa dinámica se hizo más frecuente. Como consecuencia de ello, Uber colocó más unidades en la ciudad, con lo cual, la tarifa volvió a bajar.

    La tarifa dinámica de Uber

    Para que la demanda sea tan estratosférica como para que Uber cobre más caro que un avión, tiene que ocurrir un sinfín de coincidencias que hagan que sin razón alguna la demanda se incremente exponencialmente. O bien, alguien  puede «distorsionar» la demanda, un ente central, como el Gobierno de Miguel Mancera.

    Todos estamos de acuerdo que se debe de desincentivar el uso del auto, el modelo del automóvil ha comenzado a colapsar ciudades en detrimento de la calidad de vida de las personas.

    Sí, Uber es un automóvil, pero por el simple hecho de no ocupar un estacionamiento (es decir, buscar durante decenas de minutos un cajón) significa una menor cantidad de horas-hombre en la calle; a esto hay que agregar el nuevo servicio de carpool que transporta a más gente en menos carros.

    Pero para desincentivar el auto no hay que prohibir su uso como se hace con el ineficiente programa de «Hoy no circula». Hay que dar más razones a la gente para subirse al transporte público; hay que mejorar su calidad, hay que romper algunas concepciones erróneas (como la idea de que el transporte público debe de ser para quien no tiene con qué comprar un carro, o que es muy inseguro), hay que elevar los costos de usar el automóvil (por ejemplo, en Londres se cobra una tarifa especial para aquel que quiera manejar cerca del centro de la ciudad).

    Lo que hizo Miguel Mancera fue distorsionar el propio mercado. Al aplicar el programa «Hoy no circula» a todos los automóviles, mucha gente se dio cuenta que el transporte público apenas tenía la capacidad para trasladarlos (o no lo tomaron porque lo consideran muy malo, no están acostumbrados a usarlo, o de plano está colapsado). Entonces esas decenas o cientos de miles de personas pidieron un Uber, y como consecuencia, la demanda creció a niveles exorbitantes, hasta el punto en que su precio fue más caro que un boleto de avión.

    Uber no te quiso robar ni te quiso ver la cara, de hecho no tomaron decisión alguna y te cobraron bajo el mismo principio de siempre.

    No fue una medida tomada deliberadamente por Uber para «exprimir a los usuarios», simplemente es consecuencia de cómo una distorsión (creada por el gobierno de Mancera al tomar una medida arbitraria) afectó la ley de la oferta y la demanda bajo la cual Uber establece sus precios. En realidad, en vez de indignarse con Uber, los usuarios tendrían que reclamar a las autoridades por tomar una medida tan absurda.

    Es decir, si este tipo de «medidas» no se tomaran, sería prácticamente imposible que Uber alguna vez cobrara una tarifa dinámica tan alta.

    Así que ahora lo sabes y lo reitero. El mismo principio económico gracias al cual puedes viajar en un mejor transporte a un costo más bajo, es el mismo (aunado a una distorsión generada por una entidad central como el gobierno) que elevó los precios de forma estratosférica. Uber no te quiso robar ni te quiso ver la cara, de hecho no tomaron decisión alguna y te cobraron bajo el mismo principio de siempre. En realidad, los verdaderos culpables están en otro lado.

  • Los taxis, su triste y animalesca autoextinción

    Los taxis, su triste y animalesca autoextinción

    Lo voy a poner claro: Yo soy desarrollador web, a eso me dedico principalmente. Imaginemos que tomé un curso hace algunos años por el que pagué una buena cantidad de dinero, y que gracias a éste aprendí HTML, PHP y jQuery (que era lo que estaba de moda hace pocos años); con ese conocimiento pude ganar los suficientes clientes para mantenerme, pero estuve siempre cerrado a esos lenguajes. Pasan por un decir, cinco años, y súbitamente me doy cuenta que ya todos están programando con frameworks trendy como Node.js o Angular.js, que nunca me molesté en aprender y de buenas a primeras me doy cuenta de que me he quedado obsoleto y he perdido ingresos porque los clientes quieren sus proyectos con Node.js.

    ¿Por qué los taxis se están auto extinguiendo?

    En nuestro caso hipotético, imaginemos que en vez de asumir que me he quedado obsoleto, le exijo al gobierno que prohiba a los desarrolladores probar en node.js porque eso afecta a mis bolsillos y porque yo hace años pagué un curso para especializarme en PHP y jQuery. Además de eso, hago manifestaciones «virtuales» hackeando las páginas de los clientes a quienes les desarrollaron aplicaciones web en node.js, los insulto en las redes sociales y los amenazo con ir a golpearlos. ¿Se oye absurdo no? Bueno, eso es lo que pasa con los taxis.

    Los taxistas creen que por haber pagado una placa ya tienen el derecho de poseer el monopolio del transporte público, creen que ello les da el derecho de jodernos a los clientes que queremos un mejor servicio.  Sus argumentos son estúpidos, afirman que los servicios privados son piratas sólo porque no han sido contemplados en el reglamento urbano (por su mera novedad) cuando muchos de los taxis que circulan en las calles son piratas y de ellos no dicen nada. El modelo del taxi se creó para satisfacer las necesidades de los usuarios que deben de transportarse, no para satisfacer las necesidades de los taxistas ni de sus gremios, eso es algo que debe de quedar claro de una vez por todas.

    No, no hay «otro lado de la moneda», los taxistas nunca se esmeraron en mejorar su servicio, peor aún, ni ahora lo quieren hacer ni con ayuda del gobierno, no quieren incorporar tecnología a sus unidades, quieren trabajar «como siempre», con taxímetros alterados, con unidades en mal estado, no quieren mejorar, no quieren hacer esfuerzo alguno, el que Uber y demás modelos privados los orillen a hacer algún esfuerzo lo perciben como un atentado, como una «empresa extranjera ilegal» que quiere quitarle sus honrados empleos.

    Si ellos estuvieran dispuestos a poner de su parte, estaría de acuerdo en que el gobierno de alguna manera les eche la mano para que puedan ser competitivos y de esa manera el servicio de taxis mejoraría en beneficio de la población. Pero no quieren, y si no quieren, deberían de atenerse a las consecuencias. Los taxis podrían mejorar su servicio, podrían incorporar una App o incluso subirse a la aplicación de Uber (como sucede en Estados Unidos donde se puede pedir un taxi por medio de la aplicación), incluso podrían solicitar trabajo en Uber con un sueldo no menor al que perciben actualmente. Entonces no hay manera de ayudarlos, y bajo esa premisa nadie los debería de ayudar.

    Los taxistas responden poniendo en jaque a la ciudad, hacen manifestaciones, bloqueos, destrozan automóviles de Uber y similares porque no les parece. Mientras Uber va a Campus Party a mostrar su tecnología a los geeks, los taxistas cierran las avenidas principales para manifestarse en contra de lo que ellos asumen como «injusto».

    Aquí los taxistas defienden sus «derechos» en las inmediaciones del Aeropuerto de la Ciudad de México. Los gobernantes los apoyan por interés político, más nunca para beneficiar a la ciudadanía

    Sí hay «otra cara de la moneda», pero no a favor de los taxistas. Los choferes de taxis hablan sobre la reducción de sus ingresos y la escasez de trabajo. Sucede que Uber también emplea gente, y que los taxistas traten de boicotear a Uber en aras de defender «su trabajo», perjudican el de los otros y evitan que se creen nuevos empleos. Cuando golpean automóviles privados, están perjudicando económicamente tanto a sus propietarios como a los choferes que los conducen. Creen que el transporte privado les pertenece, creen que es suyo, pero están equivocados, el transporte privado es, como ya dije, para satisfacer las necesidades de los usuarios, no sus necesidades.

    Los taxistas creen que secuestrando y amedrentando van a cumplir con sus objetivos. Pero los taxistas son como una hormiga a la cual se le pisa constantemente, al primer pisotón va a ser mucho alboroto, pero al segundo quedan inertes, y parece que los taxistas ya se han puesto en posición para volver a ser pisados.

    Y por cierto, las autoridades deberían de ser más duras con los taxistas que violentan a los demás trabajadores, los cuales, según ellos, afectan sus intereses. No se vale que destruyan carros (como en el video que está unos párrafos atrás) y que queden impunes, deberían de ser sancionados con todo el peso de la ley. Con estos hechos demuestran una vez más porque muchos de nosotros ya no queremos volver a tomar algún servicio de taxi.

    Para terminar, comparto un muy buen video de una amiga mía sobre el tema:

  • Uber, a pesar de los taxistas

    Uber, a pesar de los taxistas

    Hoy fui caminando a un centro comercial en Guadalajara. Al cruzar una avenida con escaso tránsito, un taxista que se encontraba estacionado aceleró y casi me atropella. Lo miré, y me dirigió una mirada retadora.

    Uber, a pesar de los taxistas

    Hace unas semanas, caminaba por una banqueta en avenida Chapultepec con una amiga, un taxi estacionado aceleró en reversa y estuvo a punto de atropellarla, después de su error todavía nos mentó la madre.

    Ya no puedo relatar como es que los taxistas me cobran de más o alteran el taxímetro porque ya no tomo taxis. En muchos casos son más caros y el servicio es deficiente. No tienen incentivos para ofrecer un buen servicio. Tienen más incentivos para votar por el partido que mantenga sus privilegios.

    En las redes hay muchos casos de problemas que ciudadanos tienen con los taxistas. Uno de tantos: Una mujer grabó infraganti a un taxista que se masturbaba viéndola desde el retrovisor mientras la llevaba a su destino.

    Un amigo me trataba de contradecir cuando defendía a Uber en las redes, -Es que Cerebro, en Uber no son blancas palomitas. Mi amigo tuvo que hurgar en Internet para mostrarme un caso que ocurrió en la India. Mientras, las redes están abarrotadas de altercados con taxistas en México.

    Es simple, el esquema en que trabaja Uber, beneficia de mejor forma al consumidor que el esquema de los taxistas tradicionales. Sobre todo en países como el nuestro, donde los taxistas forman parte de una red de intereses.

    No se trata de dividir entre buenos y malos; ni de afirmar que los conductores de Uber son buenas personas, y los taxistas son malas personas. Simplemente el modelo de Uber es mejor para las ciudades que el de los taxis. El modelo en que el taxi opera no fomenta el buen servicio, por el contrario, tienen muchos incentivos para cobrar de más o hasta para agarrarse a golpes con el cliente que no está satisfecho con el servicio.

    Si los taxistas tuvieron que comprar placas a un precio alto, no es problema de los consumidores, es un problema que debe de gestionar las autoridades.

    Los taxistas afirman que Uber es un servicio pirata cuando hasta hace poco tiempo, poco les importaba que hubieran unidades de taxis pirata en las calles. Simplemente el gremio de los taxis se siente amenazado porque un servicio privado ha sabido satisfacer mejor la necesidad de los consumidores, porque ellos no tuvieron incentivos para mejorar la calidad de su servicio. Eso no es culpa de nosotros los consumidores.

    Qué el gobierno defienda a los taxistas es un atentado contra el consumidor. El monopolio de los taxistas existía porque la iniciativa privada no tenía forma de competir. Ahora que la tiene, los taxistas deberían resignarse a coexistir con Uber. En Estados Unidos lo hacen e incluso el usuario puede pedir un taxi normal a través de la plataforma de Uber.

    No tenemos nada personal contra los taxistas, lo tenemos contra el mal servicio. Si alguien nos ofrece un mejor servicio, el gobierno no debería meter las manos para prohibirlo a favor de unos pocos que quieren que las cosas sigan igual.

    Yo prefiero un conductor que me ofrezca una botella de agua a otro que se masturbe viéndome la cara.

  • Los taxistas tradicionales contra Uber. Privilegios contra progreso

    Los taxistas tradicionales contra Uber. Privilegios contra progreso

    En México, asociamos la palabra taxi con inseguridad, precios altos, mal servicio y hasta con intereses y corrupción. No es que al subirte a alguno de ellos te vayan necesariamente a asaltar, pero es que es difícil esperar una buena calidad de servicio porque los taxistas no están motivados a ello. Su única motivación es sacar la mayor cantidad de dinero posible: Desde procurar tener el mayor número de viajes posible, hasta cobrar de más, ya sea porque no sirve el taxímetro, o porque éste fue manipulado deliberadamente. No se trata de señalar a los taxistas como los malos de la película, más bien es el modelo el cual permite que se comporten así. Un modelo que debe de cambiar.

    Los taxistas tradicionales contra Uber. Privilegios contra progreso

    Si eres una mujer, lo recomendable es que te subas al asiento de atrás (no vaya a ser). Los taxis están mal cuidados: –Seño, nada más cuidado con el asiento porque se mueve mucho. A veces los taxistas le ponen un aroma muy desagradable para que «la unidad huela bonita» (al tiempo en que se olviden proteger sus axilas del mal olor), nosotros los usuarios tenemos que regatear la tarifa: –Mire, es que el taxímetro no sirve, y pos no se puede arreglar. No, no niego que haya buenos taxistas, pero el esquema en el que operan no les obliga a prestar un buen servicio. Si quieres desplazarte rápido (ya sea que no tengas carro, esté en el taller, quieras ser un bebedor responsable para evitar el torito entre otras razones) no te queda de otra más que pedir un taxi, y la suerte decidirá el servicio que tengas. Si el taxista te tira la onda, si huele mal, si te agrede, difícilmente podrás hacer algo.

    Bajo esta realidad se entiende que servicios como Uber afecten los intereses de los taxistas. El esquema de Uber, que no solamente viene a reemplazar a los taxis (no es su prioridad), sino que busca desincentivar el uso del automóvil privado, está muy orientado al buen servicio y está blindado contra tranzas, chantajes y asaltos por parte del conductor. Uber representa una revolución en cuanto a transporte se refiere, gracias a que este esquema de negocio ha sabido echar mano de los avances tecnológicos.

    Basta con bajar la App, vincular una tarjeta de débito o crédito, y solicitar el coche por medio de ésta (que llegará más rápido que un taxi de sitio), Un automóvil privado pasará por ti, el chofer te dará una botella de agua gratis, y al llegar al destino sabrás cuanto debes de pagar (el costo se determina mediante el tiempo y la distancia recorrida medida por un gps, lo cual cancela cualquier posibilidad de que el conductor pueda cobrar de más). Al final, la App te pedirá calificar al conductor. Si tuviste mal trato, éste taxista recibirá malas calificaciones que podrán derivar en la pérdida de su empleo (en caso de que sea reincidente). Entonces todos los conductores procurarán darte un muy buen servicio.

    El costo depende del tipo del automóvil, pero en el caso de la opción más económica, el Uber X, el costo podrá llegar a ser menor que un taxi que cobra a precio estándar, y siendo éste el más económico el servicio sigue siendo mucho mejor que el de un taxi normal.

    Los taxistas naturalmente no quieren perder sus privilegios. Creen que el gobierno se debe de encargar de defender «sus derechos», pero en realidad un gobierno debe de velar por los ciudadanos, y la realidad es que los ciudadanos prefieren Uber a un taxi; la realidad es que prefieren viajar seguros y cómodos a viajar temiendo que el taxi sea pirata, sean asaltados, o les cobren de más.

    Pero entiende Cerebro, los taxistas tienen familias, tienen bocas que alimentar, el gobierno debe de protegerlos – Mi estimado Don Síndico Prisciliano, el gobierno no debe de proteger a quienes no sólo no pueden, sino a quienes no están dispuestos a competir o a ofrecer un mejor servicio. Yo como emprendedor, debo satisfacer las necesidades de mis clientes; si no lo hago, me muero de hambre y a mí nadie me salva. ¿Por qué el gobierno debe de salvaguardar los intereses de unos taxistas que no quieren mejorar y no el mío?

    El Gobierno (pongo los casos del Distrito Federal y Jalisco, pero aplica para muchos lugares) trata de ponerse del lado de los taxistas, porque significan votos y porque son cotos de interés donde los gobernantes tienen metidas las manos. Los taxistas quieren mostrarse como víctimas de la malévola empresa cuando ellos quieren seguir ofreciendo un servicio mediocre:

    -Vengo aquí a defender a ustedes nobles taxistas de la malévola empresa imperialista de Uber que atenta contra los intereses del pueblo (no mencionar que la mayoría del «pueblo» prefiere Uber). Nuestro gobierno se preocupa por la gente honesta y trabajadora como ustedes (no hablar de los taxis piratas, ni los que cobran de más, ni los que ofrecen un pésimo servicio) y nosotros nos la vamos a rajar por el pueblo, por esos nobles conductores que forman parte ya de la historia de nuestra ciudad, que han movido a la sociedad (procurar derramar una falsa lágrima y hacer énfasis en el párrafo final, recordar que hay elecciones en junio). Si ustedes confían en nosotros, los defenderemos (es decir, si votan por nosotros, defenderemos sus intereses de los intereses de todos los ciudadanos)

    Posiblemente los taxis tal y como los conocemos hoy están destinados a morir, tal vez falte mucho tiempo para que ocurra, pero creo que el proceso se ha iniciado. En algunos casos los taxistas han logrado correr a Uber como sucedió en el caso de España, pero este tipo de resistencia no será definitivo. Esta transición tardará tiempo porque Uber solamente es usado por personas que poseen un smartphone de media o alta gama, pero el primer paso está dado.

    Uber

    En mi caso, he dejado de utilizar taxis tanto en mi ciudad (Guadalajara) como en el Distrito Federal. Uber viene bien, no tanto por la competencia frente a los taxis, sino porque en algún momento desincentivará el uso de automóviles privados y se podrá complementar con otro tipo de transportes alternativos (como la bicicleta por ejemplo), incluso su apuesta es en un futuro usar automóviles que se conduzcan solos (tecnología ya en fases avanzadas de desarrollo). Uber ha empezado a romper paradigmas en el caso del transporte, y posiblemente en algún tiempo, la forma en que nos movemos sea diferente a la actual.

    Por cierto ¿Quieres probarlo? Baja la App en iOS, Android o Windows Phone y Cerebro te regala $150 pesos para que lo pruebes. Solamente tienes que ingresar el siguiente código: p49lp 

     

  • Los taxis 2.0

    Los taxis 2.0

    Un ejemplo de esos casos donde la innovación del individuo pone a temblar los intereses de aquellos que se niegan a cambiar.

    Los servicios de taxi que he usado constantemente son los de Guadalajara (mi cuidad) y los de México D.F. Los he tomado en otras ciudades muy esporádicamente y el servicio en general es igual. Hay algunas ligeras variaciones, por ejemplo, en Guadalajara los taxis son un poco más caros que en la Ciudad de México. Pero coinciden en que los gremios son una mafia y están sostenidos por intereses clientelares (no es de sorprender que muchos voten por el partido que gobierna la ciudad o el estado).

    Taxi 2.0

    El servicio entre cada taxista puede ser muy diferente, los hay honrados, existen quienes buscan sacarle el mayor dinero posible al cliente, los que son serios, los que tienen un mayor expertise en política que en manejar automóviles, los hay cafres, los hay habilidosos al volante. Algunos agregan aroma al automóvil (lo cual no siempre es agradable) a otros les puede oler la boca lo que se soluciona parcialmente al abrir la ventana, los hay de todo tipo; pero haciendo un promedio, el servicio no es muy bueno, aunque eso sí, en muchos casos son eficientes para trasladarte a tu destino en el menor tiempo. El modelo de servicio no ha cambiado en lo absoluto desde que nací, lo único que cambian son las flotillas.

    Luego llegan los nuevos modelos de transporte privados que vienen a tratar de revolucionar éste tipo de transporte. Mi amiga Fernanda me había pasado un código de promoción de Uber, un servicio ya extendido en varias ciudades del mundo, y me dispuse a usarlo. Agarre mi smartphone para solicitar el servicio y en 5 minutos el automóvil ya estaba en mi casa (así de rápido), el automóvil era más lujoso y estaba mejor cuidado que el de los taxistas comunes y corrientes. Me ofreció una botella de agua (incluida en el servicio) y me preguntó si quería que se prendiera el aire acondicionado o bajáramos las ventanas. Además el taxista sabía gracias a la aplicación, el destino al que quería llegar.

    La experiencia fue totalmente diferente, aunque el chofer no tenía la habilidad al volante que tienen los taxistas (lo cual no es necesariamente malo porque dicha habilidad muchas veces la adquieren y la aplican rompiendo las reglas viales)  y también me dio la sensación de que se le dificultaba orientarse un poco más. A pocos kilómetros de llegar al destino tomó mal una avenida lo cual alargó el trayecto (si no fuera por mi código de promoción, se hubiera visto reflejado en el costo), pero a pesar de ello, siempre fue muy amable y me pidió desde el celular que evaluara el servicio (le di 4 de 5 estrellas).

    Me sentí mucho más en confianza que en un taxi tradicional, el viaje fue mucho más cómodo y sabía de antemano que el precio iba a ser justo, porque este está determinado por la distancia medida vía GPS, y no por los caprichos del taxista o el taxímetro que puede ser manipulado. Debido a que usé un cupón el viaje fue gratuito. El costo es ligeramente superior a los taxis tradicionales (excepto cuando estos últimos te quieren ver la cara) pero si tomamos en cuenta la diferencia de calidad en el servicio, pareciera ser inclusive barato para lo que se ofrece. Por ejemplo, un taxi normal generalmente me cobra $120 pesos para llevarme desde mi casa a la Central Camionera, mientras en Uber, el costo oscila entre los $125 y $157 pesos (dependiendo del tráfico y otros factores). La diferencia no es mucha.

    Los taxis son una de las industrias más reguladas en el mundo, prácticamente no tienen (o tenían) competencia. Por eso no es de sorprender que se manifiesten para que el Gobierno del Distrito Federal prohiba el servicio (caso que se ha repetido en otras ciudades como Londres). El problema es que los taxistas tan poco se preocuparon por mejorar su servicio, que ahora que ya tienen competencia se ven en serios aprietos. No sé hasta que punto el servicio privado de taxis les quitará clientela a los tradicionales, pero con el paso del tiempo, éstos últimos tendrán que acostumbrarse a ofrecer un mejor servicio.