Etiqueta: selección mexicana

  • La insoportable levedad de imaginarse cosas chingonas

    La insoportable levedad de imaginarse cosas chingonas

    La insoportable levedad de imaginarse cosas chingonas

    La frase de «imaginemos cosas chingonas» se convirtió en el lema del aficionado mexicano en el Mundial de Rusia 2018, así como en 1998 fue el «sí se puede» y en 2014 el «no era penal». Esa fue la frase que marcó a los aficionados que vieron un desempeño un tanto mediocre de su selección en el mundial.

    La frase se originó de una entrevista del Chicharito con el comentarista deportivo David Faitelson quien le dijo que México no está para campeón del mundo. El Chicharito reviró diciendo que por qué no podíamos ser la «Grecia de le Eurocopa» o el «Leicester City». El video comenzó a rolar en las redes como si se tratara de un discurso motivacional: el «imaginemos cosas chingonas» traslapó por un momento la psique del aficionado quien comenzó a usar la frase para aludir a una supuesta actitud positiva.

    El tiempo le daría la razón a David Faitelson, cuyo único error fue asegurar que Alemania tenía asegurado el grupo. A pesar de un partido inicial esperanzador donde la selección venció a Alemania y que incluso a mí me generó algunas ilusiones (donde se combinó un muy buen partido de la selección con un mal partido de la escuadra teutona), México tuvo un desempeño más bien mediocre donde no pudo ni siquiera meter las manos con Suecia y Brasil.

    Por alguna razón, los mexicanos estamos muy acostumbrados a recurrir a frases, clichés, e incluso a música motivacional como bandera para tratar de salir adelante. Cuestionar su uso o su contenido significa, para muchos, una actitud negativa hacia la vida: soñar es positivo, despertarse del sueño es algo negativo. La crítica se confunde con el pesimismo porque muchos no desean ser despertados de su letargo, de su ilusión que tiene como vigencia el día en el cual se van a topar con la realidad: déjenos soñar mientras dure. 

    Así me ocurrió cuando aseguré que México tenía muy escasas posibilidades de pasar los cuartos de final; dijeron que era muy pesimista, que estaba transmitiendo pesimismo, que qué estaba pasando con mi «actitud hacia la vida». La realidad es que había pocos elementos para asegurar que México llegaría a tales instancias e incluso los pronósticos más serios del mundo coincidían con el pronóstico que hacíamos muchos. 

    Nos gusta «imaginarnos cosas chingonas» porque es muy fácil, no requiere nada de esfuerzo ni sacrificio. Basta cerrar los ojos y visualizar a los jugadores festejando por su pase a semifinales. Es sano que el individuo tenga sueños o que se imagine un futuro promisorio y tal vez hasta cierto punto sea una condición casi a priori al trabajo que debemos desempeñar para que eso suceda, pero otra cosa es quedarse empotrado en esos sueños como si el mero hecho de soñar fuera transformador. 

    Tal vez esa sea una de las razones por las cuales los aficionados mexicanos sean de los que más llenan estadios en los mundiales (a pesar de la lejanía del país sede), los que hacen más ruido y algarabía. Pero en realidad no parece haber una correlación tan clara entre la candidez del aficionado y el desempeño de la selección que vaya más allá de la motivación que el jugador pueda tener en el momento. En 2010, los franceses le dieron la espalda a su selección por su mediocre desempeño (en el cual fue vencido por nuestra selección dos a cero) pero a partir de ahí comenzaron a crecer hasta al punto de llegar a la final de la Eurocopa y ganar el Mundial que acaba de pasar. México, entretanto, con su afición siempre jubilosa e incondicional, se mantiene estancado en la medianía.

    El mexicano se postró en su eterna esperanza. Francia, en cambio, diseñó una estrategia metódica y bien planificada aprovechando la inmigración de africanos a su nación. No es que no hayan soñado, tuvo que haber algo de ilusión y sueños que antecedieron la construcción de la estrategia, pero supieron pasar del sueño a la acción antes de estancarse en su letargo. 

    El mero hecho de soñar no es transformador, soñar sirve como una suerte de agente motivador para realizar una acción ya que el individuo puede imaginarse logrando la meta a la que quiere llegar y de esa forma se motiva a llevar a cabo dicha acción. Menos un aficionado puede acusar a otro de «no soñar tanto» dado que sus acciones ni siquiera influyen en el desempeño de su amada selección y se reducen tan sólo a un sentimiento emocional: si es improbable ver a mi selección en las alturas, mejor «imaginemos cosas chingonas». 

    Si no hay una estrategia o un método de por medio, el sueño se vuelve inocuo porque tan sólo termina motivando a soñar más en vez de tomar acción. Así es como llega el aficionado mexicano cada cuatro años a soñar, ni siquiera exige, ante el desencanto, a la Federación o a los hombres de pantalón que diseñen mejores estrategias o que limpien las instituciones del futbol de corrupción, el sueño se esfuma y se esfuma todo, el interés inclusive. 

    Tal vez hace falta pintarse menos la cara color esperanza y sentarse más veces en un escritorio para comenzar a planificar una estrategia o un método. Tal vez a nosotros los mexicanos nos hace falta más aprender a postergar el «sentimiento bonito» y trabajar en aquello que es aburrido y requiere sacrificio para obtener mejores resultados (independientemente si se trata de futbol o de lo que sea). 

    https://www.youtube.com/watch?v=y2PeG9OLL9A

  • México, de la histeria a la historia

    México, de la histeria a la historia

    México, de la histeria a la historia
    Foto: EFE

    A diferencia de lo que piensan algunas personas, yo sí creo que un triunfo como éste es benéfico para la sociedad e incluso para la autoestima nacional. Es importante por varias razones: porque la selección es uno de los pocos elementos que crea una cierta cohesión y orgullo patriótico, y porque en un país donde las malas noticias y la frustración son la constante, una victoria de este tamaño, y que debe ser considerada la victoria más importante de México en la historia de los mundiales, ayuda, aunque sea de forma temporal, a mantener cierta fe, cierta esperanza en su país.

    Las élites políticas de los países lo saben, por eso es que se suele edulcorar la historia nacional de tal forma que los ciudadanos puedan forjar una identidad de la que se sientan orgullosos: los padres fundadores en Estados Unidos, los héroes de la Patria en México, por poner un ejemplo. Las selecciones nacionales fungen para los habitantes de su país como una extensión de esa identidad. Por eso es que los mundiales generan una gran expectación. Los aficionados asisten a las gradas con elementos típicos de su nación: los mexicanos acuden con sus sombreros o sus máscaras de lucha libre, los alemanes con sus cánticos que se pueden remontar hasta la Prusia de hace dos siglos. 

    La narrativa de México en los mundiales es la de un país entrón, que le echa ganas, que no se raja (como diría Octavio Paz) pero que en el momento más importante le flaquea las piernas. El aficionado relaciona dicha narrativa con lo que ve en su país: una nación de gente brava y trabajadora, pero que es incapaz de organizarse, que en los momentos importantes no logra trascender y se queda en la orilla. Por eso se dice que México tiene todos los recursos para ser un país de primer mundo y nada más no lo logra.

    La victoria sabe muy bien por eso, porque rompe de forma contundente con una narrativa mediocre con la que se suele representar a la selección, y de la que se dice, es reflejo de lo que ocurre en nuestro país (independientemente de qué tan certero pueda ser este argumento). Sabe muy bien porque México venció a una selección caracterizada por su disciplina, trabajo en equipo y mentalidad ganadora, precisamente los valores de los que se dice, México carece, tanto como selección como en el ámbito cultural. Haberle ganado a una selección de tales proporciones hace sentir al mexicano muy orgulloso; pero lo más importante, le hace sentir que tiene menos limitaciones de las que creía tener. La victoria es de tales proporciones que casi nadie la pronosticó, y quienes lo hicieron, lo hicieron como consecuencia de un acto de fe ciega más que del análisis de las selecciones y de su historial.

    También sabe bien porque la selección venía muy cuestionada, tanto por su desempeño futbolístico, por las decisiones del técnico, así como por el comportamiento de los jugadores (a quienes se les criticó por contratar escorts). En realidad, los analistas y la mayoría de la afición, tenían pocas expectativas. Algunos se daban con que México no fuera goleado. 

    Festejar esta victoria es muy válido. Sí, técnicamente los artífices de la victoria son los jugadores y el cuerpo técnico y no nosotros, pero una selección va a representar toda una cultura ante el mundo, ante los demás países, ante la prensa. Si no se concibiera a las selecciones nacionales como representantes de naciones, de culturas, de sistemas de creencias, la Copa del Mundo no tendría razón alguna de existir. El Mundial es un escaparate donde los jugadores van a representar a sus países y todo lo que ello significa. 

    Esta victoria es, hasta el día de hoy, la más importante para México en la historia de los mundiales. México nunca había vencido a una potencia de élite en un mundial ni había vencido a Alemania. Hace dos mundiales venció a Francia, pero esa selección venía bastante desdibujada que incluso se había clasificado injustamente. Hoy se enfrentó a una Alemania que tiene una selección de élite, que era (y tal vez sigue siendo), junto con Brasil, una de las favoritas para ganar la Copa del Mundo.

    Festejar este triunfo, producto de un gol de «El Chucky» Lozano, de un primer tiempo donde le dio un baile a los alemanes y de un segundo donde defendieron con sudor y cansancio la ventaja, es completamente válido. Decir que se trata de una distracción «de lo que más importa» es un absurdo. Cualquier persona sabe la real dimensión que tiene este triunfo y nadie en su sano juicio pensaría que un triunfo de estas magnitudes acabará con los problemas de nuestro país. Termino como comencé: es muy sano festejar en medio de un México que habla de corrupción, inseguridad e impunidad, y es sano recordar que México es más que eso.  

  • Rotaciones de mentalidad

    Rotaciones de mentalidad

    Rotaciones de mentalidad

    Me llama la atención que en un país donde reina la pasividad y donde la participación ciudadana, aunque creciente, todavía es muy minoritaria, algunos (pseudo)aficionados vayan a recibir al entrenador Juan Carlos Osorio y a la selección mexicana para insultarlos y mentarles la madre. 

    Que están encabronados por el escandaloso fracaso y por las famosas rotaciones que tanto molestan a muchos. He escuchado la palabra «rotaciones» más veces que la palabra corrupción últimamente y eso que no soy un aficionado de hueso colorado ni mucho menos.

    Pero vamos a poner las cosas en contexto:

    La Copa de Oro, un negocio que es lo suficiente lucrativo como para realizarse cada dos años en vez de cuatro como todos los torneos continentales porque básicamente los mexicanos llenan los estadios para ver a su selección (por eso se procura que siempre llegue a la final) y los ingresos son en dólares, es un torneo donde participan selecciones menores que no tienen mucho peso. Ninguna de las selecciones, ni México, ni Estados Unidos ni Costa Rica, son selecciones de élite ni mucho menos. Rara vez podemos colocar a alguna de ellas entre las diez mejores selecciones del mundo. No es un torneo atractivo y ni debería de serlo porque además de esas 3 selecciones que son «las mejorcitas», las demás suelen ser de ínfima calidad. Es un torneo donde ir y ganar el título es cumplir un trámite.

    Luego, la selección mexicana fue con una selección B porque llevó a la principal a la Copa Confederaciones donde tuvo un desempeño regular. Cuando llevas una selección B a un torneo, por más sea de la Concacaf, sabes que el desempeño no será el mismo que el que una selección A te puede dar. Recuerdo que hace varios años, en esa misma copa, la selección mexicana goleó 5-0 a Estados Unidos que llevó a una selección B caminando y sin despeinarse. Cuando los equipos llevan a selecciones alternativas (con excepción de Alemania, claro) el desempeño siempre es menor.

     México lleva a esa selección B y pierde contra Jamaica, lo cual ciertamente no deja de ser un resultado bastante malo (tampoco históricamente malo como algunos dicen), y entonces se desata la indignación.

    Una derrota en un torneo que no tiene importancia alguna con una selección B contra otra selección irrelevante como es Jamaica es suficiente incentivo para ir al aeropuerto y gritarle al entrenador Juan Carlos Osorio: «pendejo, vas a chingar a tu madre, estamos hartos de tus putas rotaciones».

    https://www.youtube.com/watch?v=HTu6nkDHjgo

     ¿De verdad, no tienen una vida propia?

    Es cierto, que aunque el futbol es un espectáculo (que es lo que debe de ser y nada más), el aficionado tiene derecho a criticar y exigir a su selección o equipo predilecto. Pero insultar y agredir (cosa que ya no es válida) a un entrenador por perder con una selección alternativa una copa a quien nadie le importa más que a los hombres de pantalón es algo demasiado penoso.

    Más triste, es que ni para el futbol muchos de estos aficionados tienen el criterio para exigir y criticar. No me quiero imaginar cuando se trata de cosas que sí importan como la vida pública y política del país. Piensan que, con correr a un entrenador, ¡sorpresa! la selección va a trascender. Los medios de comunicación les han metido a la cabeza a los aficionados que la selección tiene el mejor equipo de la historia, que tenemos unos jugadorazos, que hay muchos de ellos en Europa y quién sabe qué más.

    La realidad es que de los que juegan en Europa, ningún jugador es de élite, cosa que sí puede presumir la selección de Chile y ya no se diga Argentina y Brasil. Los únicos jugadores de élite que la selección ha tenido son Hugo Sánchez y Rafael Márquez cuando estuvo en el Barcelona. Todos los que juegan en Europa juegan con equipos medianos, o si llegan a jugar en equipos grandes (como Chicharito en Real Madrid) no son titulares indiscutibles. No son malos, tienen calidad, pero no se encuentran entre los mejores jugadores del mundo. 

    Pero los aficionados, como los que fueron a mentar madres al aeropuerto, creen que tenemos una selección de primer nivel con un pésimo entrenador, creen que basta con traer a Bielsa o al entrenador de las Chivas para construir una selección que haga historia. No entienden que México no tiene una selección ganadora porque toda la estructura que sostiene al futbol está viciada, y que para empezar, dicha estructura tiene que ser reformada desde abajo y una vez hecho esto, se debe crear un plan a largo plazo (sí, hay que esperar). Pero eso se oye más difícil porque implica construir, sugerir y aportar. Pedir una cabeza es muy fácil, inmediato y comodino.

    Y me podrán preguntar qué es lo que tiene de relevante este tema. Mucho, porque si la gente no puede tener el criterio suficiente para pedir que se mejore la calidad de un espectáculo, menos lo va a tener para exigir a sus gobernantes; peor aún, para involucrarse en temas sociales y políticos.

    Este tipo de eventos nos muestran donde estamos parados como país y como sociedad. 

  • ¿Quién es el «Piojo» Herrera?

    ¿Quién es el «Piojo» Herrera?

    Estábamos en las vísperas del Mundial de Estados Unidos 94, y yo tenía mi álbum de estampas. En una había un jugador un poco regordete con una melena rubia que se desplazaba sobre un rostro no muy agraciado, era un hombre fornido; y le preguntaba a mi papá por qué ese hombre no había ido al Mundial. Mi padre me comentó que se había vuelto loco y fue separado del plantel porque había perdido la cabeza cuando jugaba con el Atlante:  El «Piojo» Herrera había agredido a un aficionado que lo estaba provocando.

    ¿Quién es el "piojo" Herrera?

    Dicen que las primeras impresiones jamás se olvidan, y yo me quedé con esa impresión de él, de un jugador (ahora técnico) incapaz de controlar sus impulsos. La historia reciente me lo confirma.

    Miguel Herrera puede parecer simpático, puede ser visto como luchón, como aguerrido, pero es un individuo desequilibrado. Basta ver sus festejos en el campeonato del América a quien dirigía, o los propios en el Mundial de Futbol donde tuvo un desempeño aceptable, pero cuyo mérito fue el haber logrado sacar a la Selección Mexicana del basurero.

    Quienes se desempeñan como figuras públicas dentro del deporte tienen una responsabilidad para con quienes los admiran. Generalmente los deportistas, por su naturaleza, son quienes se erigen como héroes de forma constante. Por eso es que se espera que lleven vida más o menos íntegra y congruente. Son el «ejemplo» de muchos niños y nuevas generaciones que los ven en la televisión o en el estadio. Y más se espera que quien dirige a un equipo, quien es el cerebro, el estratega, el mentor, posea una honorabilidad ejemplar. Miguel Herrera no la tiene.

    Una de sus cualidades es la de ser motivador, como estratega debe de tener algunas, pero como ejemplo a seguir tiene más bien pocas. No sé que tan buen ejemplo a seguir sea un entrenador que pierde los estribos, sea por euforia o sea por coraje. Un entrenador que no teme en hacer el ridículo abrazándose en el suelo con los entrenadores o gritando como un niño pequeño que festeja el gol del primer campeonato de su eterno equipo. Un entrenador satisfecho con los múltiples ingresos que le generan los varios comerciales que realiza, y no se diga del atropello contra las instituciones del cual formó parte, al apoyar ilegalmente al Partido Verde dentro de la veda electoral.

    Las agencias de publicidad lo contratan en el supuesto de que se trata de un héroe nacional, el ejemplo a seguir, quien sacó a la Selección Mexicana del hoyo cuando los hombres de pantalón largo veían como los millonarios ingresos publicitarios estaban a punto de perderse ante la muy probable eliminación de la selección y por lo cual decidieron contratarlo. Los méritos no se le dejan de reconocer, pero una persona ejemplar no es, una persona que viola la vida institucional del país a cambio de una cantidad monetaria, como la que recibió para apoyar a los verdes no puede ser considerada ejemplar.

    Dicen que en éste mundo se necesitan «locos», gente que rompa paradigmas. Pero eso no implica ser un desequilibrado mental que agreda aficionados, que grite como niño, o viole la ley. No, eso no es un ejemplo a seguir.

    Ahora le toca pagar los platos rotos. Con su fracaso en la Copa América (que cabe decir, la Federación Mexicana de Futbol, por intereses económicos decidió llevar a la selección B para disputar la Copa de Oro) le han recordado su «puntada» de apoyar al Partido Verde. Hasta el ex Presidente Felipe Calderón se ha subido al «tren del mame».

  • No era penal

    No era penal

    Los mexicanos somos muy curiosos, tendemos mucho a burlarnos de las tragedias. Ese repentino meme de «no era penal» es claro ejemplo de ello. A esto habría que sumarle todos los videos creados para mentarles la madre a los holandeses, especialmente a Arjen Robben que se ha vuelto el segundo individuo más odiado del país. A los mexicanos nos dolió mucho la eliminación de la selección por la forma en que ocurrió (en los últimos minutos cuando ya se sentíamos en cuartos de final y con un penal un tanto dudoso), pero también tiene que ver con no saber perder, porque a los tricolores les perdonaron un penal en el primer tiempo, cosa que nunca se recuerda.

    No era penal

    Si esa es una constante en la sociedad es un poco preocupante porque quienes vimos y pusimos atención al partido, observamos que al final la selección que venía jugando bien, terminó entregando el partido. Pero la crítica ha quedado en segundo plano y más bien esto se ha tratado de buscar culpables. Es un juego sí, pero en un maldito simple juego se puede reflejar nuestra idiosincrasia.

    Si hubiera ocurrido al revés. Que Rafael Márquez se hubiera tirado un clavado en el área grande en el último minuto con el partido 1-1 por una falta que Robben no cometió, entonces no se estaría hablando del «No era penal», sino de la «picardía» mexicana. El hecho se hubiera minimizado, y no sabría si los holandeses hubieran creado su meme «Het was «penalty». Y tampoco sé si Márquez sería vilipendiado en las conversaciones de las calles de Amsterdam.

    Con este meme se hace crítica de una injusticia (existente tal vez, pero donde el árbitro fue injusto para ambos lados), aunque la realidad es que en nuestro país tenemos muchas razones para hacer millones de memes parecidos, debido a que muchos mexicanos pierden o perdemos, por lo que muchos otros hacen en su vida diaria. Temas que tienen que ver con la corrupción y la injusticia.

    Si comparáramos a México con Holanda como países, la frase sería más absurda, porque los Países Bajos ( en realidad Holanda a Países Bajos es como Jalisco a México) nos ganan en prácticamente todos los indicadores, y no sólo esos que son difíciles de modificar en el corto plazo, sino esos que sí pueden ser modificables en el corto plazo.

    Tal vez nos falta más autocrítica. Es que perder con la frente en alto varias veces es ya no perder con la frente en alto, y la gente está ávida de logros y emociones, aunque sea por parte de su selección de futbol. Y quienes vimos y pusimos atención a ese juego, insisto, México perdió porque se le aparecieron los fantasmas al final y lo boicotearon, el incidente final sólo fue un accesorio más del juego que como iba, parecía que de todos modos ganarían los holandeses aunque fuera en tiempos extras.

    Hay temas trascendentales como el hecho de que hoy se vota la Reforma de Telecomunicaciones, y a pesar de que a la propuesta final se le eliminó algunos elementos relacionados con la censura, sigue siendo en parte preocupante, y beneficia totalmente a Televisa y sólo se pone en su lugar al monopolio de Carlos Slim. El problema es que si esa reforma se aprueba en este preocupante escenario (el más probable), no servirá de nada inventarnos una frase tal cual «no era penal».

    Pero eso no quita mérito al ingenio que de pronto tenemos los mexicanos como para hacer y deshacer lo que se quiera con una frase

     

  • El futbol, el Papa y la simulación gubernamental

    El futbol, el Papa y la simulación gubernamental

    ¿Hay algo de malo en disfrutar de un partido de futbol? No lo creo. ¿Habrá algo de malo en sentir júbilo por la visita del Papa a México? Tampoco lo creo. Entonces ¿No tendrá algo de malo que el gobierno actual intente mejorar su imagen en base a lo que más apasiona a los mexicanos que es la visita del Papa a México y que a éste le regale una playera de la Selección Nacional como el símbolo de lo mexicano? La respuesta seguramente la tendrán en sus cabezas.

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    Enrique Peña Nieto no es posiblemente alguien que se pueda considerar ejemplar de las enseñanzas de la doctrina católica. A pesar de que alguno que otro obispo perdido  de la Iglesia Católica como Robles Ortega hacen aseveraciones como «La pasión que usted ha manifestado por servir a México, es la misma pasión que nos mueve desde nuestra identidad de pastores”, Peña con un historial de infidelidades aceptado por el mismo, busca tratar de elevar aunque sea un poco, sus magros números de popularidad, invitando al Papa Francisco a México. Un Papa que por cierto, parecería representar en muchos casos lo diametralmente opuesto de lo que Peña Nieto representa (empezando por la austeridad) -Si no puedo mover a México, al menos puedo mover al Papa-.

    Pero hay que ir más allá. El futbol es algo que apasiona a los mexicanos. No, no importa que la selección actual no prometa mucho y que haya calificado injustamente al mundial. Al final es un acto de fe de los seguidores depositado en su selección con alguna esperanza de que logren trascender: -El futbol es sorpresivo-. -los nuestros se crecen ante los grandes-. Por eso el pomposo abanderamiento de la Selección Nacional la semana pasada donde les pidió a los seleccionados que trajeran la Copa del Mundo (algo sumamente imposible inclusive estadísticamente hablando con el 0.1%).

    Por eso en su visita al Vaticano, Peña Nieto le regala al Papa Francisco un jersey de la Selección Mexicana (junto con una Virgen de Guadalupe con tez caucásica) y aprovecha para invitarlo a México. El Gobierno de Peña es incapaz de crear políticas públicas que coadyuven en sucesos y personas que puedan levantar el orgullo nacional, entonces utiliza los simbolismos conocidos hasta el hartazgo como el jersey del representativo nacional de futbol. Peña Nieto es incapaz de enderezar al país, mejorar la economía y cumplir sus promesas electorales, pero puede hacer algo más fácil, traer al Papa Francisco.

    Estos actos, estos simbolismos, son parte de una cultura de la simulación, donde se trata de vender un hermoso y atractivo empaque que cubre a un sumamente deficiente producto. El problema es que el gobierno de Peña Nieto parece empecinado a simular cada vez más para hacer frente a los problemas cada vez más graves. Si la guerra contra la inseguridad no funciona, preferirá tomarse una selfie con Rambo a diseñar políticas públicas más eficientes. Si los índices de educación caen, entonces ¿Invitará al Profesor Jirafales a Los Pinos? O a la misma Carmen Salinas, nombrada embajadora por parte del SNTE.

    Parece que no se han dado cuenta que su cultura de la simulación ya no funciona tan bien como antes. Y esa apuesta podría hacer que en un no muy largo plazo, más que retener el poder, tengan que hacerse a un lado.

  • Cuando Peña se pone la verde

    Cuando Peña se pone la verde

    Es entendible que el Presidente invite a los niños trikis a Los Pinos para reconocerlos, es entendible todavía que el Presidente se comunique con aquel que ha ganado una medalla de oro en las Olimpiadas, o bien, a una selección que ha hecho un logro importante en un Mundial de Futbol. Hasta cierto punto estos actos se pueden entender como una forma de cohesión social con el fin de enaltecer el patriotismo poniendo como ejemplo a personas que tienen éxito y logran trascender. Claro que luego habrá que preguntarnos que tanto los que están en el gobierno, siguen el ejemplo que quieren inculcar.

    Cuando Peña se pone la verde

    Pero de ahí a la solemnidad con la que se quiso abanderar a la Selección Mexicana que participará en el Mundial, hay un trecho. No es tanto el qué (me imagino que no somos el único país donde se hace eso) sino el como. Giovanni Dos Santos al lado de Osorio Chong, Oribe Peralta al lado de Peña Nieto. Gran parte del gabinete presente en una muy solemne y pomposa despedida a una Selección Mexicana cuya constante ha sido la mediocridad, que va muy de acorde con los mediocres (en el mejor de los casos) resultados del gobierno.

    La escena irrita, porque la molestia de los ciudadanos para con su gobierno es mucha, debido a que no dan resultados, y debido a que con actos mediáticos tratan de tapar la realidad. Irrita porque en vez de ver respuestas concretas a las preguntas de Alfonso Cuarón, contrataron a Kevin Spacey para que Peña y su gabinete se tomaran una selfie. Irrita porque deberían estar muy preocupados buscando soluciones ante un estado de las cosas que ni con las reformas prometidas han logrado apaciguar. Irrita porque éste gobierno ha ignorado olímpicamente a los ciudadanos, pero pretenden acercarse artificialmente a ella con algo que algunos se sienten identificados, el futbol.

    Peña Nieto con una impecable dicción, sabiendo jugar con los tonos de voz, pero sin lograr ocultar el hecho de que las palabras no salen de él, con una mirada perdida y falsa, exaltó a una selección sin los merecimientos para estar en una Copa del Mundo por lo mostrado en las eliminatorias. No sólo eso, utilizó la misma corbata que los seleccionados portaran como para dar el mensaje de que es parte del equipo (no me imagino a Peña jugando de medio, pero tal vez hasta Oribe Peralta podría desempeñarse mejor que algunos de los miembros de su gabinete que han quedado a deber) . Al final se tomó una selfie, que de acorde a las formas de este Gobierno, se hizo con una cámara profesional y no con un celular.

    Tal vez la escena no hubiera sido tan molesta si se hubiera tratado de un Presidente con mayor legitimidad y credibilidad, o tal vez no hubiera sido tan molesta si se estuviera abanderando a una selección ganadora, con fuertes posibilidades de hacer historia y avanzar a las finales. Y posiblemente no lo hubiera sido si el acto no hubiera sido tan solemne, como si se tratara de un tema de importancia nacional para el Gobierno (puede que posiblemnente sí lo sea si tomamos en cuenta que la aprobación de las leyes secundarias de las Reformas irán empalmadas con las fechas en que la Selección Mexicana juega).

    Pareciera que los gobernantes no han entendido que la sociedad ya no es la de hace veinte años, y por eso siguen haciendo espectáculos mediáticos como siempre los han hecho. Los mexicanos, sobre todo la clase media, somos más analíticos y exigentes (aunque falta muchísimo) y nos importan más los resultados que el show, que el circo, que el pan y circo.

    Y lo resalto, el futbol al final es un espectáculo, donde sí, equipos representan a sus naciones, y donde los aficionados festejan a los suyos. Pero recordémoslo, es un espectáculo.

    Y México no va a ganar la Copa del Mundo como asegura Peña Nieto que sucederá, y si la selección pierde no pasará nada, ni se modificarán los niveles de aprobación del Presidente.

  • Reflexiones sobre la calificación de México al mundial

    Reflexiones sobre la calificación de México al mundial

    Hoy en mi Fan Page de Facebook, subí una ilustración polémica donde doy a entender que México le ganó a Nueva Zelanda en futbol, pero que los neozelandeses nos ganan en temas mucho más trascendentales. Inesperadamente esta ilustración se viralizó al grado de que hasta el momento en que escribo este artículo, ha llegado a los ojos de 200,000 personas. Los comentarios sobre dicha ilustración fueron muy variados, a favor, en contra, algunos que tal vez no comprendieron bien el motivo de dicha ilustración y creyeron que traté de decir que -es malo apoyar a la Selección- lo cual es erróneo. Pero al final del día se generó debate, que es lo que me interesa.

    Reflexiones sobre la calificación de México al mundial

    Con esta ilustración, con un tono sí, un poco sarcástico, traté de hacer hincapié en el hecho de que no podemos darle prioridad a un deporte sobre las cosas que realmente importan en un país que tiene muchos problemas, los cuales incluso se ven reflejados en la Selección Mexicana (desde directiva, poderes fácticos, jugadores). De alguna forma también lo hice para señalar el conformismo que existe entre la afición, y que de alguna manera refleja nuestra cultura. Me sorprende que parezca que una eliminatoria vergonzosa, producto de las malas decisiones, de los intereses económicos, de la actitud de los jugadores, se olvide con un sólo partido cuyo éxito no se debe a la planeación o a un cambio en las estructuras, sino a una decisión improvisada (entiendo que fue así por la premura del tiempo) que igual salió bien, pudo salir mal (traer al «Piojo» Herrera y a la base del América).

    ¿Es malo apoyar a la Selección? ¿Es malo irle a un equipo? Por supuesto que no. Así como puedo gustar del cine o de la música, otros pueden gustar del futbol. A mí, aunque no demasiado, me gusta. El problema viene cuando esto es un pretexto para evadirse de los problemas que tiene nuestro país. Que siendo objetivos, tiene muchos y hay que ver los indicadores y las estadísticas para constatarlo. Y no es producto de la casualidad que la Reforma Hacendaria haya sido aprobada en la Cámara de Diputados en el momento que se jugaba el partido entre México y Panamá hace pocas semanas.

    Países como Alemania e Inglaterra son muy futboleros, sus aficionados son muy apasionados, como nosotros. Pero hay dos diferencias:

    1.- Ellos no dejan de prestar atención a los temas que importan por ver futbol. Los alemanes pueden ir todas las semanas a ver su equipo en la liga, en la copa, en la Champions League, saberse todas las alineaciones, pero no por ello dejan de estar al tanto de lo que sucede en su país. El futbol no los distrae de las cosas que importan.

    2.- Son exigentes. Exigen que sus equipos tengan un muy buen nivel, sobre todo sus selecciones. Yo no recuerdo haber visto a los ingleses cantar de alegría, por un decir, en un partido en que Letonia o San Marino los esté humillando en Wembley (como sucedió en el partido México contra Honduras en el Estadio Azteca).

    Está bien que la gente vea futbol, que lo siga y se apasione, pero nunca debe de ser pretexto para usarlo como evasión de lo que realmente importa. Y menos debe conformarse con poco, con una selección producto de intereses mezquinos. Tan fácil es como si uno va a ver a un pianista y éste toca mal, uno lo deja de ir a ver. Igual el futbol, es un espectáculo donde el aficionado debería exigir más, donde esa «lealtad» debería estar condicionada al compromiso de quienes integran, ya sea directa o indirectamente la selección.

    Tratar de tener una actitud positiva, ser alegre, no significa evadir los problemas, no significa disfrutar de un triunfo so pretexto de ignorar los problemas que nos rodean. Una persona positiva asume los problemas (por más fuertes que sean, como es el caso de nuestro país) y le sirven incluso como motivantes para tratar de hacer algo por esta nación. Y para cambiar tenemos que aceptar la realidad de nuestro país por más fuerte que sea. Más de un país, que creo que tiene todo para ser un país fuerte y grande.