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  • Ricos contra pobres

    Ricos contra pobres

    México es un país que ha vivido a lo largo de su historia una fuerte dominación de las élites sobre las mayorías. En realidad no sólo ha sido en México, es algo que se ha vivido en todo el mundo, nada más que existen países que superaron la dominación absoluta antes que otros, estos países son los que tienen una sociedad más democratizada.

    Ricos contra pobres

    Debido a que en México nos hemos tardado (incluso no lo hemos superado por completo), tenemos implantada la falaz creencia de pensar que todos los pobres son buenos y todos los ricos son malos. La Iglesia ha considerado a la pobreza una virtud, “Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de los Cielos” (Lc 6, 20), los medios de comunicación de alguna forma lo han hecho patente como en las telenovelas donde la protagonista es la humilde y la malvada es la ricachona, incluso políticos como López Obrador utilizan a conveniencia esta falacia para creerse su redentor «por el bien de todos primero los pobres».

    Pero no, la pobreza no es una virtud, es una condición donde por razones exógenas y/o endógenas, al individuo le tocó estar hasta la base del escalafón social lo que significa un menor número de recursos y una magra calidad de vida en comparación con sus semejantes. También sería una falacia afirmar que el pobre es pobre porque quiere, pero de alguna manera le tocó estar dentro de los más débiles y menos capaces, porque él no tiene la capacidad, o bien, el ambiente donde creció no es proclive para que se pueda desarrollar. Desde este punto de vista yo no veo de donde pueda ser una virtud la pobreza.

    Es absurdo afirmar que los pobres son buenos. La bondad a veces tiene más bien poco con la posición social. Esa falacia se creyó porque en tiempos pasados una muy pequeña élite cuyos integrantes se contaban con los dedos de la mano reprimían a las mayorías. Esa aseveración hoy en día es muy relativa, no es que no existan personas hasta arriba que les interese mantener a los pobres donde están, pero ni todos los ricos son así, ni todos los pobres son buenos.

    Televisa y Slim pueden evadir impuestos y buscar beneficiarse a costa de los demás, igual que un pobre (eufemísticamente mal llamado humilde) puede llegar a violar o matar en un barrio bajo, o una persona como tú puede llegar a sobornar, a dar mordidas o a discriminar. Sí, en la actualidad hay quienes no quieren que las cosas cambien, gente que vive ostentosamente de los impuestos de la gente, empresarios corruptos al amparo del gobierno. Pero también hay mucha gente rica que se hizo así gracias a su esfuerzo y que aprovechó las oportunidades que tuvo para hacerlo.

    Vamos a ser realistas. Es utópico pensar que algún día todos llegaremos a estar en condiciones iguales. Las pocas veces que alguna sociedad estuvo cerca de lograr eso, lo tuvo que hacer por medio de regímenes sanguinarios y opresivos donde al final, quienes comandaban dichas naciones se enriquecían, mientras que todos los demás vivían igual… de mal. ¿Por qué? Porque va en contra de la naturaleza del ser humano. El ser humano se mueve por medio de incentivos, no de dogmas.

    ¿Se puede reducir la desigualdad? ¡Claro que sí! Esto es, brindando oportunidades a los individuos para que se desarrollen y pueda haber movilidad social, donde un pobre por medio de esfuerzo, tenga la capacidad de salir de su condición. Se puede lograr con una sociedad preparada, educada y leída. Pero pensar en reprimir el esfuerzo y la innovación quitándoles el derecho a quienes se han hecho ricos de esta forma pensando que de esta forma se va a acabar con la desigualdad es estar en el error. El emprendedurismo no sólo implica ingresos para el emprendedor, significa también generación de empleos, además de que esto hace más grande la cadena productiva creando un ambiente donde más personas pueden emprender.

    La desigualdad en México tiene que ver más con los agentes monopólicos, porque los que detentan el poder desean mantener el orden de las cosas, los gobernantes, los que se alían con el gobierno para enriquecerse y no tener que competir para innovar. Aquellos que por ellos creen formar parte de la nobleza y educan a sus hijos bajo los mismos parámetros. Cierto que el impacto causado por el mal actuar de un rico será mucho mayor al de un pobre, porque el primero tiene más influencia, pero desde un punto de vista moral, es igual de reprobable.

    Ser rico o pobre no es bueno o malo, la rectitud es lo que hace la diferencia entre un ser humano valioso y otro detestable. Tratar de catalogar la integridad del ser humano de acuerdo a sus posesiones es una falacia aprovechada por muchos demagogos, que dicen defender a los pobres, pero que al final del día, y como lo ha mostrado la historia, sólo los utilizan para volverse ricos.

  • ¿Es malo ser rico en México?.

    Imagínense a un joven que llamaremos Mario. Acaba de salir de la universidad, pone un pequeño negocio de zapatos, empieza a buscar fabricantes de calzado, viaja de Guadalajara a León para buscarlos y hacer negocios con ellos. Mario implementa exitosas estrategias de mercadotecnia y publicidad en su negocio, va tejiendo sus redes sociales, se preocupa por mejorar la calidad de su producto, y ¡vualá!: Mario se vuelve un empresario rico y exitoso. Gracias a su riqueza, se empieza a codear con los sectores ricos de la sociedad, las mujeres se empiezan a fijar en él (porque Mario como no era una persona agraciada físicamente, no tenía éxito con las mujeres), empieza a agarrar reputación y fama (a la vez también genera envidias, porque estamos en México), y por lo tanto Mario, se acaba de convertir en una de las personas más exitosas de Guadalajara.

    Aquí es donde me pregunto: ¿De todo lo que he narrado, donde está haciendo Mario algo malo?. Mario se ha ganado la riqueza y el éxito, como premio a su esfuerzo y a su ingenio. Personas como Mario son las menos culpables de que en el país existan pobres. Pero seguramente habrán sectores que no estén contentos con qué personas como Mario existan. Se le empezará a buscar «canas en el pelaje» para poder aseverar que construyó su riqueza de una forma ilegal, y una buena noticia para sus denostadores, podrán encontrar una, porque tal vez Mario, como cualquier persona en México, pudo haber cometido algún «pecadillo» en su trayectoria empresarial.

    En este blog he criticado a Carlos Slim, pero más que criticar el hecho de que sea rico, he criticado algunas de las formas en que ha generado parte de su riqueza (en especial Telmex), porque a la vez, a pesar de lo anterior, también hay que aceptar que es un talentoso hombre de negocios (aunque no me da mucho orgullo eso de que sea el más rico del mundo, porque pues no ha inventado ni diseñado nada nuevo, como si lo ha hecho Bill Gates). Me he lanzado también contra Emilio Azcárraga y Salinas Pliego, pero no critico su riqueza, no hay nada de malo para mí en que sean ricos. Más bien me voy contra la pésima calidad de sus contenidos televisivos, y de como han tratado de formar un poder de facto que a veces tiende a ser más grande que el gobierno. Y de muchos ricos en general, no critico su riqueza, critico que a pesar de tener la fortuna de ser millonarios, evadan impuestos, quieran sustituír al gobierno, quieran aprovecharse de los trabajadores, etc…

    Si querido lector, tienes la oportunidad de leer»Amos de México» de Jorge Zepeda Patterson. Te darás cuenta de que los millonarios son también gente común y corriente igual que nosotros, con sus virtudes y sus defectos; nada más que al ser más ricos e influyentes, sus virtudes son mas visibles ante la sociedad y sus defectos también son más visibles y perjudiciales. Porque todo lo que hacen, es lo que hace un mexicano común y corriente. Así como el mexicano común suele pasarse los altos, y pedir facturas de cualquier color para pagar el menor número de impuestos, los ricos también lo hacen. La mayoría de los ricos tienen esa misma idiosincrasia que tenemos los mexicanos clasemedieros.

    Creo que si es sano criticar los malos hábitos que tienen algunos millonarios en México y darles un jalón de orejas. Pero hay sectores de la sociedad (sobre todo de la izquierda retrógrada) que ven a un rico, y lo primero que hacen es buscarle todos los defectos y no reconocer que también han llegado hacia donde están por su esfuerzo e ingenio, y reconocer lo que han aportado a la sociedad: Productos de calidad, plusvalía, generación de empleos, etc…

    En México tenemos esa mala costumbre de no dejar avanzar al que destaca. Hay que ponerle piedras en el camino para que no llegue arriba. Y no se trata de eso, más bien hay que aprender a admirarlos, y también señalarles sus errores, pero exclusivamente sus errores. Porque el ser rico en sí, no es ningún error, es una virtud (bueno, al menos en la mayoría de los casos, porque tendríamos que excluír de esta lista a los millonarios narcotraficantes o a los lavadores de dinero). Y yo creo que así como hay ricos que no le hacen mucho bien al país, también hay muchos millonarios en México que son un ejemplo a seguir, por su ingenio, su iniciativa, y que han sobresalido no solo en nuestro país, sino a nivel global con sus grandes empresas.

    Yo siempre he defendido que el estado corrija las imperfecciones del mercado. Es decir, que el estado permita que los empresarios con su iniciativa saquen adelante al país, pero que evite los efectos secundarios que pueda traer consigo (como una inequitativa distribución de la riqueza). Por eso estoy a favor de que se cobren impuestos y de que exista un estado de bienestar para que todos puedan tener una vida digna, en la que todos pongamos algún porcentaje de nuestro esfuerzo al beneficio de la sociedad.

    Lo que se debe evitar no es que haya ricos, sino que existan cotos de poder que perjudiquen a la sociedad. Urge abrir a México a la competencia en todos los sectores (tanto públicos como privados) para que las reglas del juego sean iguales para todos. Urge acabar con el oligopolio televisivo, urge abrir el sector telefónico y de redes al 100%, urge hacer una reforma fiscal donde se logre que todos paguen. Pero no, no se trata de acabar con los ricos.

  • Relato de la riqueza y la pobreza africana.

    Estaba en una cita con un cliente, con el cual estamos pensando en lanzar un nuevo proyecto. Mi cliente (o más bien socio) es africano, y si bien no les puedo contar en lo que consiste el proyecto (por razones obvias), si les puedo decir algunas cosas que me estuvo contando con su acento inglés afrancesado. El me mostró algunas fotos de como viven los hijos de los ministros y dueños de las riquezas en algunos países africanos. Las fotos me impresionaron porque los hijos de los grandes capitalistas africanos son más snobistas que los ricos mexicanos, por poner un ejemplo: Necesitan estar aparentando su riqueza con sus relojes, sus cadenas, sus joyas y su ropa de última marca, algo así como los raperos norteamericanos, pero con un mejor gusto. Y claro no pueden faltar las chavas con las cuales tienen relaciones sexuales, los yates, y los antros donde solo se puede entrar por invitación.

    El snobismo cae a tal grado, que si un artista como Ricky Martin va a tocar a algún país africano o a algún país donde se encuentren alguno de estos African Junior’s, estos últimos le pagarán a ese artista para que mencione su nombre en el concierto. Es tal el grado de querer llamar la atención de parte de estos hijos de millonarios que hacen lo imposible por mostrar su gran nivel de vida. ¿Y que dirán sus papás al verlos derrochando todo su dinero? Sentirán orgullo, porque los ministros y ricos de África compiten por mostrar quien tiene más riquezas y por lo mismo derrochan todo el dinero en sus hijos, están orgullosos de darles todo para que tengan una vida lo más placentera posible. ¿Mas Rolex, más metesaca con mujeres, más yates?, más motivos para que los padres se sientan más orgullosos.

    Es tan contrastante lo que viven los ricos africanos con el pueblo, que solo necesitan salir en su auto lujoso de su casa para ver la miseria que rodea al pueblo. Sus mansiones son tan grandes y lujosas, mucho más que lo que se vé en un país en México, son como ghettos privados en donde se ocultan de la realidad africana. Ellos son unos pocos afortunados en medio de millones de personas que no saben si el siguiente día van a comer. Esto hizo que formulara la siguiente pregunta. ¿Oye, y porqué la gente no se rebela contra ellos?. Me dice, ellos no se rebelan porque le temen al «Black Magic» (magia negra) y al vudú, no secuestran a los ricos porque creen que serán castigados por las fuerzas superiores, ¿y como no van a tener miedo, si en países donde hay todo tipo de enfermedades y malformaciones, y que entre la población se piensa que estos son atribuídos al castigo divino?. En Africa no hay una clase media que cuestione la riqueza como lo hay en México, la mayoría de los países todavía no son democráticos y los que si lo son, no tienen todavía las condiciones para formar un pueblo capaz de decidir por sí mismo.

    En resumen, los ricos en África, son muy pocos, pero en promedio son más ricos, que el rico promedio de México. Pueden llevar una vida tan placentera como las que llevan los millonarios mexicanos como Carlos Slim. Ya sean ministros, dueños del petroleo o de los diamantes. Aprovechan las condiciones miserables de su pueblo quien se quedará quieto a la hora de ir a buscar la fortuna, la mayoría no los juzgaran y muchos de ellos ni siquiera saben que existen.

    Creo que el caso de África nos debe de poner a reflexionar y a ser agradecidos. Porque a pesar de todas las carencias de nuestro país, podemos ver que tenemos muchas cosas valiosas que ellos no tienen. A pesar de todo se tiene una mejor distribución de riqueza si se compara con los países africanos; a pesar de tener un duopolio televisivo, hay medios independientes donde expresarse; tenemos seguridad social; tenemos más oportunidades de salir adelante. Es cierto, falta muchísimo por mejorar en nuestro país, pero tambien hay que aceptar que no estamos en el peor de los escenarios, porque tenemos a mi consideración, las herramientas para salir adelante que los pueblos africanos no tienen. Si los mexicanos nos lo proponemos, podemos hacer de este país, un gran país, claro, falta que todos actúen y se responsabilizen en el papel que a cada uno le toca y claro, ojalá algún día estos pueblos africanos logren despertar como pueblos.

  • La desigualdad vista desde un automóvil.

    Rich people are getting richer, poor people are getting poorer.

    Les voy a contar un poco sobre mi recorrido en automovil que tuve el martes pasado en Guadalajara: Tomo avenida Patria, sorprendido de todos los cambios que ha habido en su entorno, una parte está llena de nuevos rascacielos de entre 20 y 40 pisos, todos son departamentos de lujo que cuestan millones de dolares. Sigo avanzando por Patria, cruzo el bosque de los Colomos y doblo en Américas, ahí también se ve una transformación total, más rascacielos nuevos, esta vez de oficinas, sigo en Américas y luego doy vuelta en López Mateos, un paso a desnivel nuevo para los automovilistas que convierte en algunos puntos a la avenida en un viaducto (aunque sin solucionar por completo el problema del tráfico), y cuando salgo del largo tunel que pasa por debajo de la Glorieta Minerva veo una enorme mole en construcción que ya se ve imponente, y que al parecer será un hotel que rondará entre los 45 y 50 pisos de altura. En ese punto cruza Lázaro Cárdenas donde tengo que dar vuelta, me doy cuenta de que esa avenida es muy caótica, ¿por que razón?, porque se está construyendo un puente atirantado que busca hacer de Lázaro Cárdenas una vía rápida.

    Hasta ese punto la impresión es de modernidad, ¿que no que México está mal?, ¿no que hay crisis?. Si yo veo rascacielos nuevos en todos lados, oficinas, viaductos, una enorme cantidad de tráfico que da a entender que cada vez más gente puede adquirir automóviles, nuevos desarrollos comerciales, centros nuevos de entretenimiento y espectáculos, estadios e inmuebles nuevos para albergar los Juegos Panamericanos o para hospedar a las chivas, equipo que alista su partido de inauguración en el nuevo inmueble contra el Manchester United. Mientras voy pensando en eso, en el cruce de López Mateos y Lázaro Cárdenas se para un indigente enfrente de mí, se avienta a mi automovil para lavarme el vidrio frontal, en eso le pito y le hago una seña con la mano para indicarle que no quiero su servicio. El indigente se va de mi automovil enojado e indignado, a pesar de que seguramente recibe tratos que en verdad son humillantes por otro tipo de automovilistas.

    Ahí es donde empiezo a notar un poco la incoherencia entre todo el enorme desarrollo que había visto y la realidad de ese pobre indigente. Me sigo de largo en mi automovil sobre Lázaro Cárdenas y el panorama empieza a cambiar poco a poco. Entro a la zona industrial donde empiezo ver otra realidad, gente de escasos recursos, muchos indigentes y gente pobre en las esquinas, camiones abarrotados de gente de bajo poder adquisitivo que nunca podrán aspirar a tener un departamento u oficina en esos edificios lujosos y espaciosos, que por cierto ya cada vez están más lejos de la zona en que me encuentro. Me sigo derecho por todo Lázaro Cárdenas y doy vuelta en la carretera hacia el aeropuerto. La realidad es otra, están los cinturones de miseria a la vista, la avenida tiene arbustos a los lados (que habían sido colocados para que en la cumbre del 2004, los presidentes de los países visitantes no se percataran de la pobreza extrema que hay en Guadalajara). Pero también notaba que al igual que en la zona moderna, las cosas habían crecido. Los cinturones de miseria ya son mucho más grande de lo que era antes, hay mas casas atiborradas entre calles empolvadas sin asfalto y en muchos casos sin los servicios básicos.

    Esa Guadalajara no tenía nada que ver con la otra, era como si de dos mundos paralelos y contradictorios se tratase (o bien de dos países totalmente distintos). Seguramente mucha gente de ahí no conoce la otra Guadalajara que me había impresionado tanto por su modernidad, o si la conocían era porque habían conseguido algun trabajo temporal en alguna construcción de algun rascacielos o de alguna avenida. Mientras manejaba meditaba sobre aquella contradicción, entre la modernidad creciente y la pobreza que también crecía, como si no fueran opuestas entre sí, mas bien se como si se complementaran o bien como si una necesitara alimentarse de la otra para crecer.

    Ahí termina el recorrido, el camino de regreso no lo narro porque sería la misma historia, pero a la inversa. Y yo solo me quedo meditando acerca de la desigualdad percibida desde un automovil, desigualdad que se repite entre personas, ciudades, estados, naciones o continentes, pero que parece ser que es inherente al ser humano y que siempre va a existir.