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  • Javier Duarte y la muerte del PRI

    Javier Duarte y la muerte del PRI

    Javier Duarte y la muerte del PRI
    Foto: Yahir Ceballos / Proceso

    Ayer no dormí de buena gana. La noticia de que el gobierno de Javier Duarte, acusado por el Gobernador de Veracruz, Miguel Angel Yunes, aplicara quimioterapias falsas a niños con cáncer me indignó, me dejó asombrado. ¿Cómo un ser humano es capaz de hacer eso y quedar impune? ¿Por qué en pleno Siglo XXI un gobernador es capaz de cometer semejante aberración que podemos considerar como una suerte de genocidio? Traté de responder esas preguntas en mi cabeza y luego me pregunté si el entorno tiene algo que ver, si las formas de organización humanas, dadas sus características, pueden hacer que la gente se comporte de tal forma.

    Los seres humanos somos naturalmente imperfectos. Hasta en la organización más loable pueden surgir manzanas podridas, y por otro lado, pueden existir buenas personas dentro de la organización más viciada. Pero la forma en que una institución está compuesta sí es capaz de influir en la forma en que los individuos se comportan. No sólo porque la estructura de una organización atrae a cierto tipo de perfiles, sino por la forma en que ésta opera y se desenvuelve, la escala de valores y las normas -escritas y no escritas- que sus miembros deben seguir.

    Entonces, tomando como referencia a un PRI ideológicamente ambiguo -su doctrina se limita a asumirse como herederos de la Revolución- que no ha superado su carácter patrimonialista, vertical, y de lealtades a un sistema que se rige por intereses y no por principios, puedo entender que dentro del partido puedan surgir personajes innombrables como Javier Duarte. No es que fuera imposible que una figura aberrante de grandes proporciones surgiera dentro de otro partido -sobre todo porque los otros no son ajenos a la descomposición de la clase política-, pero las características que el PRI tiene hacen que esto ocurra de una forma más fácil. 

    Y de aquí me viene otra cuestión, la de si el PRI -un partido donde abunda la corrupción y la ausencia de principios- va a morir, desaparecer, o quedar condenado a la irrelevancia. Mi respuesta es que sí, al menos uno de estos escenarios eventualmente ocurrirá. La voces que en Twitter esperan la «muerte del PRI» por lo ocurrido con Javier Duarte -más todo lo que ha ocurrido con el gobierno actual- podrían verse complacidas. 

    Es cierto, hemos matado muchas veces al PRI, pero si uno analiza el contexto actual con el de los anteriores, se dará cuenta que éste es de alguna forma diferente a el de aquellas otras ocasiones. Otras veces se pensó que ocurriría porque después de 70 años, había salido del poder, y eso lo condenaría a su extinción. Pero hagamos un poco de memoria. 

    El PRI surgió como una «institucionalización de la Revolución Mexicana» -lo cual se me hace contradictorio, porque una revolución busca romper con el estado de las cosas y con las instituciones- y fundado por Plutarco Elías Calles. Su carácter patrimonialista, vertical y asistencialista ha existido desde ese entonces, pero como afirma Francis Fukuyama, no era algo necesariamente malo si lo vemos como una suerte de transición a la democracia -países como Estados Unidos también fueron patrimonialistas antes de consolidar su régimen democrático-, dado que ese patrimonialismo daba mayor movilidad social a quienes menos tenían -El México de ese entonces fue más igualitario que el de Porfirio Díaz-.

    Así, México tuvo algunos gobiernos bajo el PRI, que a pesar de esa condición, pueden considerarse como buenos,  y dentro de los cuales el país mostró altos niveles de crecimiento: desde el socialista Lázaro Cárdenas hasta el capitalista Miguel Alemán y después terminar con el de López Mateos.

    Pero entendiendo este régimen patrimonialista como una transición, entonces tenía que superar su condición para transitar a una democracia. La matanza del 68 fue la primera manifestación de una fricción entre el régimen patrimonialista y la sociedad mexicana que se haría cada vez más grande. Pero en vez de transitar hacia la democracia el PRI resistió y siguió siendo ese partido de favores políticos que se mantuvo primero gracias a la perpetuación del régimen, y luego, ya en un panorama más democrático -el de la nación, no del partido- gracias al voto duro, como una gran reminiscencia de ese patrimonialismo. 

    ¿Por qué vaticino la muerte del PRI? Porque esa fricción entre el partido y la sociedad actual se ha vuelto tan grande que la realidad del partido ya no corresponde con la realidad del México actual, El PRI no sólo no ha superado su condición, sino que se ha corrompido más que nunca. Y a esto, hay que agregar que su voto duro, bajo el cual se seguía sosteniendo hasta hace poco, está envejeciendo.

    Si el PRI regresó en 2012 fue por una combinación de factores: el desencanto con el PAN, el miedo a López Obrador, y el voto duro que todavía ostentaban. El voto duro del PRI es cada vez más pequeño, y el desencanto de la gente con éste partido es mucho mayor que la que había con el PAN hace cuatro años -los encuestadores, dice Leo Zuckermann, dicen que la popularidad de Peña Nieto es de menos del 10% y también que el PAN y MORENA ya son más populares que el PRI-, con lo cual podemos concluir de antemano que el PRI perderá las siguientes elecciones para muy posiblemente no retornar al poder nunca más.  

    Si a todos nos choca la forma en que el PRI busca comunicarse con el pueblo, esa parsimonia y ese «autoaplauso», si odiamos ver a los twitteros priístas repetir lo que les dicen desde arriba que digan, si nos sentimos insultados, es por esa misma razón. Porque los tricolores quieren comunicarse con una sociedad que ya no existe; una sociedad que ciertamente, le falta madurar mucho todavía, pero que ya no creció con el «lo que usted diga, señor Presidente» y que ve tan lejana e irrelevante a «aquella Revolución que les hizo justicia». 

    Eso que los hizo fuertes en el pasado, es lo que los está condenando. Esa fuerza del partido, que a la vez se traduce en una gran sordera; esa lealtad con los suyos que a la vez se traduce en una deslealtad hacia sus gobernados; ese régimen vertical del cual cada vez menos personas quieren ser parte. 

    Como los casos de Grecia e Italia nos han enseñado, los partidos hegemónicos también pueden volverse irrelevantes e incluso desaparecer. El PRI está muriendo y necesita quimioterapia, pero parece ser que, al igual que el ex Gobernador de Veracruz emanado de su partido con los niños con cáncer, se está tratando con agua destilada. Parece que «no entienden que no entienden» y eso los está llevando a una lenta -o ya no tan lenta- extinción.

  • El PRI se renueva, el PRI ya cambió

    El PRI se renueva, el PRI ya cambió

    El PRI se renueva, el PRI ya cambió
    Fotover

    Hace algunos años como candidato, Enrique Peña Nieto explicaba como el PRI era un partido renovado lleno de jóvenes que contrastaban con ese «viejo PRI». Ahí, en el programa Tercer Grado, mencionó nombres como Javier Duarte, César Duarte y Roberto Borge. El nombre de Javier Duarte en esa lista de la «camada de priístas jóvenes» no era gratuito. El veracruzano tuvo un papel importante en el triunfo electoral de Peña Nieto, no sólo porque Duarte fue quien destapó a Peña, como comenta Raymundo Riva Palacio en una de sus columnas, sino por las carretadas de dinero que Javier Duarte «transfirió» a la campaña de Peña Nieto.

    Hoy, Javier Duarte, junto con alguno que otro gobernador ejemplo de juventud para Peña Nieto, es candidato a pisar la cárcel.

    En el PRI parece que se dieron cuenta de la escasez de legitimidad que su partido y el Presidente de la República emanado de éste tienen, saben que el 2018 está cerca, y por lo tanto saben que tendrán que hacer algunos sacrificios (sacrificar a algunos de los suyos) para poder recobrar cierta legitimidad.

    Están ansiosos de que cuando aparezcan los encabezados de «Javier Duarte en prisión» en las primeras planas, gocen una eventual subida en las encuestas y mediciones de popularidad.

    Tener al frente del PRI a un miembro joven como Enrique Ochoa Reza no es casualidad, había que inspirar frescura en un partido tan opaco. Una persona que hable directo y de frente, que se muestre jovial y dinámico -aunque el movimiento de manos no deja de recordar a la clásica oratoria priísta-. Con él al frente, quieren mostrar que son un partido renovado.

    Por eso, es que con Enrique Ochoa Reza, se habían decidido a liderar el combate en contra de la corrupción invitando a los demás partidos a hacer lo mismo con sus propias «fichitas». Ciertamente, todos los partidos, el PRI, PAN, Morena, Movimiento Ciudadano o PRD tienen gente impresentable dentro de sus filas, y cierto es que la postura de los partidos con respecto a ellos no es firme, sino más bien complaciente.

    El PRI condicionó a los demás partidos, lo cual desde un punto de vista pragmático es algo bueno. Los otros partidos tendrían que hacer lo propio si quieren desligarse de la imagen corrupta que gran parte de la sociedad tiene del PRI y de ellos. Si el PAN no hace lo propio con el Gobernador de Sonora, Guillermo Padrés, por poner un ejemplo, y lo cual implica desafiliarlo del partido, el mensaje que le darán a la sociedad es uno muy malo: -Hasta el PRI nos rebasó en materia de corrupción-, eso no es cualquier cosa.

    https://www.youtube.com/watch?v=NdsStc-BWf0

    Pero el problema es el siguiente y trata de una falta de autoridad moral. ¿Qué tanto se le puede creer al PRI cuando el propio Presidente de la República está envuelto en casos de corrupción y conflictos de interés? ¿Qué tanto se puede creer que dejar caer la justicia sobre Javier Duarte es símbolo inequívoco de la renovación del PRI cuando éste desvió dinero del Estado de Veracruz para apoyar a Enrique Peña Nieto?. El mismo Ochoa Reza había negado su simpatía y afiliación priísta cuando quiso pertenecer al consejo general del IFE, siendo que estaba afiliado a este partido desde 1991.

    Naturalmente no son pocos quienes esperan ver con muchas ansias a Javier Duarte en prisión, ni son pocos los que quieren que se haga justicia. Pero no hay que engañarnos, esto no se trata de una renovación del PRI sino de una estrategia con motivos electorales. De hecho, es selectiva, porque toca a Javier Duarte por ejemplo, pero no hace lo mismo con Humberto Moreira. Es la justicia quien debe de castigar a quienes infringen la ley y no el PRI, su presidente o Peña Nieto, porque caerían en los mismos arrebatos autoritarios de Donald Trump.

    En realidad el PRI sigue siendo el mismo de siempre, y el arte de la simulación es una de las cosas que más caracterizan a este partido. Estamos pues, en otra puesta en escena, de esas que tanto gusta ejecutar al partido triculor.

  • La #Ley3de3, y la Patria va después – PRI (PVEM y Peje)

    La #Ley3de3, y la Patria va después – PRI (PVEM y Peje)

    La Patria va después.

    Bueno, si es que «le va a tocar su turno algún día», tal vez la Patria no va a ir nunca.

    La #Ley 3 de 3, y la Patria va después - PRI (PVEM y Peje)

    ¿Sabes lo que han hecho los priístas, los del Partido Verde y los de Morena? Le han escupido a los ciudadanos en la cara. Los han insultado, los han ninguneado.

    Para el PRI y el Partido Verde, la razón es clara, quieren seguir robando. No quieren que se transparente sus bienes para que no veamos como es que se vuelven ricos a costa de nosotros. Para MORENA, la razón es completamente diferente pero de igual forma es reprobable. López Obrador, dice, es una estrategia de la mafia del poder, es un compló. Para el tabasqueño, la propia ciudadanía (porque no sólo la Coparmex estuvo involucrada en la campaña, sino muchas otras organizaciones de distintas formas y sabores y simpatías políticas, think tanks, y sobre todo cuidadanos) es parte de la mafia del poder. Dice López que lo que se necesita es cambiar de régimen, donde él sea el jefe absoluto y el rayo de esperanza. Para López, él es el único agente de cambio, no los ciudadanos.

    He escuchado a algunos priístas decir: – No te quejes, al final de cuentas hubo un avance, se aprobó la ley anticorrupción, no le busques tres pies al gato, ponte a trabajar, el cambio está uno mismo.

    Peor aún, algunos dicen que los ciudadanos estamos desinformados, que «nos dejamos llevar» por lo que vemos en las redes sociales. Que nos informemos y busquemos «fuentes fidedignas y contrastemos». Seguramente Juan Pardinas (director del IMCO), la Coparmex, todos los ciudadanos, de izquierda, de derecha, todas las ONG’s involucradas, todos estamos desinformados. Todos nos pusimos de acuerdo para engañarnos. Y muestra patente de que estamos en el error, es que Gamboa Patrón subió un tweet. Porque pues en el PRI, lo que dicen sus líderes siempre es la verdad y se debe aplaudir:

    Naturalmente, Gamboa subió la foto de la votación general de la Ley Anticorrupción, pero no subió ésta. Porque pues el diablo está en los detalles:

    El otro argumento que he escuchado a muchos y que se contradice con el primero, porque básicamente se acepta la negativa a que los políticos transparenten sus recursos, es que con esa ley se podría poner en riesgo su integridad. Los amantes de lo ajeno, dicen, podrían valerse de esa información para robarlos, secuestrarlos y quitarles todos sus bienes. Aunque la #Ley3de3 no obligaba a los políticos a proporcionar direcciones, ni números de cuenta. Y pues cualquier persona asume que un político tiene bienes. No es como que le vayan a hacer el trabajo a los delincuentes.

    Me imagino que defender los colores del PRI en un día así no ha de ser fácil. O hay que estar a favor de la corrupción y la opacidad, o hay que poner al partido como prioridad antes que al país y los ciudadanos, o hay que autosugestionarse hasta perder el contacto con la realidad, o bien, los menos, serán críticos con su partido y esperarán que cambien de parecer. Lo que hicieron el PRI, el PVEM y Morena, tiene dimensiones históricas.

    Y las tiene porque la ciudadanía organizada se quedó cerca de pasar una ley para acotar la corrupción dentro de la política. El PRI, PVEM, y el Peje (al PT ni lo menciono por irrelevante) se encargaron de lapidar esta propuesta. No, no es perfecta, ni va a resolver todos los problemas del país por sí sola, pero era un paso muy importante en un país como México que se encuentra hasta la posición 95 en el ranking del Indice de Percepción de la Corrupción. Sí, hay países africanos como Liberia, Tunez, Zambia y Marruecos, que son menos corruptos que nuestro país.

    Estos partidos le privaron a la ciudadanía de un gran logro histórico y la traicionaron, porque pues la ciudadanía les importa un bledo y sólo se importan a ellos mismos. Ojalá nos acordemos de esto en el 2018.

    Los integrantes del PRI, desde quienes ostentan rangos altos hasta los que desde abajo buscan saltar en el organigrama, aplauden sigilosamente. Pocos cuestionan, otros inventan excusas. De dientes para afuera dicen que están en contra de la corrupción y que hay que meter a los corruptos al bote. La verdad es que no les importa. – Méndigos «ciudadanos», se oponen a todo lo que hacemos, malditos chairos; no entienden que queremos que el país progrese, no valoran nuestras reformas:

    Esta es una ley que se aprobó. Ellos también fueron muy ocurrentes. ¿Querían eso? Nosotros estamos haciendo un país más justo, más equitativo y más igualitario – Emilio Gamboa Patrón.

    Los simpatizantes de López Obrador la tienen más sencilla. Pueden justificarse moralmente un poco más. Que su líder es impoluto, y como dijo que la #Ley3de3 era una treta de la mafia del poder, entonces había que rechazarla. No sé si se han dado cuenta pero López Obrador siempre termina haciéndole el trabajo sucio al PRI. La presencia de López Obrador en la arena política ha beneficiado al PRI muchas veces.

    Por lo pronto, la Coparmex ya salió a la calle, es la primera vez que se manifiestan en la vía pública en toda su historia. El gobierno amagará con responder como mejor sabe, con auditorías, los de la Coparmex lo saben y posiblemente el gobierno va a tratar de vengarse castigando a los empresarios. También están exigiendo, cínicamente, la #Ley3de3 a todas las empresas que tengan relación alguna con el gobierno como si Bill Gates tuviera que presentar su 3 de 3 cuando Microsoft surta de software a las dependencias gubernamentales. Sí, esos mismos que solaparon a Peña Nieto cuando se vio involucrado en un claro conflicto de intereses con Grupo Higa.

    Lo peor es que salgan a defenderse con esta cara, como lo trató de hacer Pablo Escudero del PVEM, quien fue quien redactó la ley mocha, ante un frustrado Juan Pardinas al ver como los políticos pateaban la iniciativa ciudadana:

    https://www.youtube.com/watch?v=iNhIzmuAcxU

    Nos vemos en el 2018.

  • Las elecciones 2016, el inicio del fin de la vieja política

    Las elecciones 2016, el inicio del fin de la vieja política

    Los resultados de hoy no son cualquier cosa:

    Las elecciones 2016, el inicio del fin de la vieja política

    Como lo mencioné en el artículo pasado, el PRI viene viviendo un lento proceso de extinción donde sus bases están envejeciendo y haciéndose más estrechas. Mi pronóstico fue conservador y lo hice con base en la única información que había disponible a la mano, las encuestas (parece que algunas de ellas se terminaron vendiendo al mejor postor).

    Pero el resultado fue más contundente.

    A pesar de que recuperaron Oaxaca y Sinaloa, perdieron por goleada. Perdieron Tamaulipas, Quintana Roo, Aguascalientes, Durango, pero sobre todo, perdieron Veracruz y Chihuahua, gobernados por déspotas que comparten el mismo apellido Duarte.

    Los resultados son importantes y quizá hasta históricos, porque el PRI hoy ha perdido fuerza dentro del territorio nacional, una fuerza que posiblemente jamás volverá a recuperar.

    A pesar de las encuestas compradas, de los acarreos de votos, de la guerra sucia, de los mensajes de texto incitando a la gente a no salir a votar, a pesar de todo eso, el PRI se llevó una dura lección el día de hoy.

    Me acuerdo muy bien cuando regresaron a Los Pinos, se sentían dueños del mundo, mostraban una arrogancia tal, que se ensimismaron, se metieron en su propio mundo paralelo y ahí están las consecuencias: Su modelo está caducando, y no bastaron ni 4 años desde aquel día que ganaron, para que su dura realidad quedara exhibida.

    Con el tiempo, sus bases se harán más chicas, su «divide y vencerás» funcionará cada vez menos.

    Entonces al PRI le quedará de dos sopas: se renueva, pero de verdad, y sí, eso incluye pedirle perdón a la sociedad por todos los agravios históricos; o muere.

    El PAN sin hacer mucho ganó y recuperó varios estados. Y digo sin hacer mucho porque los albiazules ganaron más por lo que dejó de hacer el PRI que por lo que hicieron ellos mismos. Los panistas simplemente aprovecharon la coyuntura, por eso es que no se deben engañar y creer en la «ilusión facilona» de que el partido ya es fuerte otra vez. Sigue siendo un partido dividido y fracturado.

    Morena por su parte, aunque no le alcanzó para ganar gobernatura alguna (más que en la Asamblea Constituyente de CDMX), comienza a tomar fuerza y ha hecho sonar la alarma de alerta en el PRD que podría dejar de ser el partido más importante de las izquierdas. Los priístas creen que en el 2018 podría ser entre ellos y Morena (López Obrador), con los resultados de hoy podemos poner ese argumento en tela de juicio. El PRI podría no ser siquiera uno de los dos actores principales.

    La lección que hoy recibe el PRI es contundente. Será cuestión de ellos si tienen la humildad para recibirla y actuar en consecuencia.

    Al mismo tiempo, es un día importante para México. La forma vieja de hacer política, con estructuras, acarreados y guerra sucia, recibió un golpe duro, muy duro.

    Hoy es un día histórico.

  • La lenta pero evidente extinción del PRI, explicada con peras y manzanas

    La lenta pero evidente extinción del PRI, explicada con peras y manzanas

    Bueno, no lo explicaré con peras y manzanas, pero sí con datos duros:

    Cuando tuve la oportunidad de ver o asistir a un mitin del PRI, algo me llamó la atención, y fue la cantidad de personas de la tercera edad que ahí había. Muy orgullosos con su gorra del PRI, su camisa, su torta (o la comida que dieran). Y es que en sus estructuras abunda la gente mayor y los jóvenes son los menos.

    La lenta pero evidente extinción del PRI, explicada con peras y manzanas

    Pronto van a fallecer producto de su edad, y a veces parece que en el PRI no se quieren percatar de ello.

    Y no lo hacen porque ya ni siquiera se molestan en hacer el esfuerzo por atraer a los votantes independientes. Me refiero a esos votantes que «con el PRI ni a la esquina» porque para tratar de hacerlo, no podrían seguir operando bajo ese modelo arcaico de partido-familia que no fomenta la rendición de cuentas (ni dentro ni fuera del partido) y que se percibe como corrupto, opaco, y lejano de la ciudadanía.

    El PRI está dependiendo de sus bases que cada vez son más pequeñas. Porque insisto, muchas son personas mayores que en algunos años ya no nos acompañarán en este hermoso y todavía verde planeta tierra.

    Siempre se ha hablado que la transición a la democracia (al fin, no muy bien lograda) haría desaparecer al PRI. Se pensó que después de la victoria de Fox en el 2000, el PRI desaparecería. No fue así, gracias a la lealtad dentro del partido y a sus estructuras pudieron mantenerse a flote.

    Pero lo que sí ha venido sucediendo es un proceso con un impacto más a largo plazo, de cambio generacional, y que está matando al partido lentamente. Este proceso tiene décadas, desde antes de la victoria de Salinas por medio de un fraude electoral, y quien fuera el último en «ganar» con mayoría absoluta.

    Estos son los resultados que han obtenido los candidatos a la Presidencia del PRI, independientemente si ganaron o no:

    • 1982: Miguel de la Madrid (70.99%)
    • 1988: Carlos Salinas (50.36%)
    • 1994: Ernesto Zedillo (48.69%)
    • 2000: Francisco Labastida (36.11%)
    • 2006: Roberto Madrazo (22.26%)
    • 2012: Enrique Peña Nieto (38.21%)

    Podemos observar que Peña Nieto, aunque ganó la elección del 2012, apenas obtuvo un mayor porcentaje que Francisco Labastida en 2000 quien perdiera con Vicente Fox. Peña Nieto fue ayudado también por el voto útil de quienes vieron que Josefina Vázquez Mota se desinflaba, y lo consideraban menos peligroso que López Obrador. Un escenario así (sumando los negativos producto de la presidencia de Peña) muy posiblemente no se vuelva a presentar para el PRI en 2018.

    El objetivo de la campaña de Peña era que ningún candidato se hiciera fuerte para ganar con sus bases y «ese poquito más». Y por eso es que parte de la estrategia del gobierno actual ha sido debilitar a los partidos de oposición (que además su debilitamiento también ha obedecido a errores propios) para dividir el voto, porque ante una base que se hace más estrecha, al PRI ya no le alcanza para hacer mayorías.

    Esta estrategia (a excepción de Aguascalientes e Hidalgo donde tienen una ventaja considerable) de dividir el voto (con la presencia de otros partidos o candidatos independientes) ha sido la constante en las elecciones estatales de este mes de Junio. Esperan ganar con sus bases mientras que los demás candidatos se reparten el voto independiente.

    Ciertamente otros partidos tienen porcentajes similares, pero éstos no dependen se su voto duro ni sus bases para ganar.

    Pero vámonos a los datos duros. Voy a traer una de esas gráficas muy contundentes y demoledoras de un estudio que Parametría levantó el año pasado. Obsérvala bien.

    Porcentaje de la población que simpatiza con el PRI

    grafia

    La conclusión es demoledora. A menor edad, menor posibilidad de que un individuo simpatice con el PRI.

    Cada 10 años, el PRI pierde algo así como el 5% de simpatizantes con respecto al total de la población. Pareciera no ser un número muy grande, pero lo es poniéndolo en contexto. Por ejemplo: suponiendo que las elecciones estatales de este fin de semana se llevaran a cabo dentro de 6 años (una pérdida de poco más del 2.5%), el PRI aseguraría su derrota en Veracruz (donde todavía puede ganar); y estados como Oaxaca y Durango donde ya está casi cantada su victoria estarían en riesgo de perderse. En vez de perder en 2 estados como seguramente sucederá este domingo (más Veracruz que se tambalea), perderían 3 o 4, o más.  Si están en juego 12 estados en esta elección, pasado un sexenio, cuando ya se habrían llevado a cabo elecciones dentro de todos los estados, podrían perder aún más, los suficientes como para perder mucha fuerza.

    En 10 años la situación sería bastante peor. Para ese entonces, de seguir la tendencia, el color rojo podría perder la mayoría absoluta (más de la mitad) de los estados que gobierna. Peor todavía sería que alguno de los otros partidos (que dependen más de su voto útil), recobrara legitimidad, que surgieran otros con más aceptación, o candidatos independientes (que ya les arrebataron el estado de Nuevo León), lo cual haría más pronunciado este efecto. El PRI actualmente puede apostar al «divide y vencerás» porque los otros partidos también cargan con una fuerte crisis de legitimidad.

    Pero este análisis hasta ahora lo hemos estado haciendo tomando en cuenta que el ingreso y el nivel educativo de la población no se incrementará en los próximos años y se mantendrá estable.

    Entonces aquí va otra mala noticia para el PRI. Su voto depende de las personas menos educadas y con menos ingresos:

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    A mayor educación, es menos probable que un individuo vote por el PRI.

    A pesar de que nos quejamos del nivel educativo de nuestro país que ciertamente es malo, lo cierto es que cada vez más personas tienen acceso a mejor educación como lo muestra esta gráfica, que aunque no está muy actualizada, sirve de mucho para entender el contexto:

    ind_ed8

    Si observas la gráfica pasada, verás hay una gran brecha entre secundaria y preparatoria. Cuando un alumno pasa a preparatoria, las posibilidades que tiene de votar por el PRI disminuyen drásticamente. La mayoría (relativa) de los estudiantes en el 2005 llegaron a estudiar secundaria completa. Cuando esa mayoría relativa se empiece a concentrar en la educación media superior y superior, el PRI se podrá ver afectado.

    Y si analizas la última (donde se muestra claramente que son cada vez más mexicanos con mayor nivel de educación) entenderás el impacto que la educación tiene en contra de los intereses del PRI.

    Naturalmente esta gráfica tiene cierta correlación con la primera. Los jóvenes votan menos por el PRI, en parte porque tienen una mayor educación, lo cual significa que las nuevas generaciones, los que están estudiando actualmente, van a simpatizar todavía menos con ese partido.

    Y hay una tercera variable, el ingreso de cada persona.

    Por menos dinero gane una persona, más probabilidades tiene de votar por el PRI.

    Si bien, el aumento del ingreso no es muy grande, no debemos sacarlo de la ecuación porque importa mucho:

    graf3

    Es paradójico, pero técnicamente al PRI no le conviene que México crezca. Me explico:

    El nivel de desarrollo del país es inversamente proporcional al tamaño de las estructuras del PRI.

    Ciertamente, si dentro de un gobierno priísta se diera un fuerte crecimiento o un progreso social tal que fuera palpable, el PRI podría ganar más adeptos. Pero en tanto esos adeptos son más educados, son más volátiles. Un gobierno posterior que decepcione haría que esos adeptos le den la espalda, tal y como sucede con los otros partidos.

    En cambio,  la mayoría de los votantes del PRI, cuya gran mayoría son pobres y poco educados, siempre son leales al partido. No importa que el Presidente de la República sea partícipe de un conflicto de interés, que un gobernador tenga algún nexo con el narcotráfico o que la economía no vaya muy bien. Mientras el PRI «les trabaje a ellos» su voto estará garantizado.

    Habría que añadir otras variables que no habíamos tomado en cuenta para efectos de este análisis y que podrían acelerar más el proceso. Por ejemplo, el acceso a Internet, la penetración de banda ancha, y que cada vez un mayor número de mexicanos tiene acceso a más medios de información. En un escenario así, es más difícil crear individuos leales y dependientes del partido.

    Habiendo explicado esto, vemos como el panorama para el PRI no es nada alentador.

    Lo peor es que parecen no actuar en consecuencia, siguen apostando a su bases, y parecen haberse resignado al no tratar de hacer un gran esfuerzo para convencer a los votantes independientes. Su estructura partido-familia donde lo que está dentro del PRI es la ley y lo que está fuera no, no ayuda mucho al partido. Por más intensa sea su cerrazón, por más fuerte sea su resistencia al cambio, y por más grande sea su necedad de no combatir todos los vicios dentro del partido, más rápido se llevará a cabo este proceso.

    Claro que en muchos años todo puede pasar, pueden aparecer nuevas variables en el juego, que el tablero geopolítico internacional cambie y eso afecte a nuestro país, o de plano que irrumpa intempestivamente. Pero el proceso ahí está, existe, y las noticias para los tricolores, y para quien aspiran hacer una carrera ahí, no son nada alentadoras.

  • ¿Por qué la gente simpatiza con el PRI?

    ¿Por qué la gente simpatiza con el PRI?

    Tal vez te habrás preguntado por qué a pesar de que el gobierno actual emanado del PRI tiene un nivel de popularidad sumamente bajo (producto de actos de corrupción, conflictos de interés y demás), sigue manteniéndose fuerte como partido; o por qué mucha gente sigue simpatizando con el Revolucionario Institucional a pesar de todo. Posiblemente la primer respuesta que venga a tu mente es que tienen mucho poder, que quienes entran ahí lo hacen por puro interés y porque quieren robar. De hecho es posible que creas que todo priísta es corrupto por definición y mala persona.

    ¿Por qué la gente simpatiza con el PRI?

    Pero en realidad esa es una forma muy simplista y superficial de ver las cosas. En realidad el PRI es un partido muy peculiar con una forma de ser y una estructura también muy peculiar que sabe más que ningún otro partido satisfacer las necesidades de sus miembros (incluidas necesidades básicas como el sentimiento de pertenencia).

    Una vez que entiendas esto, tu concepto del PRI no va a cambiar mucho (porque lo que ves afuera son los resultados inobjetables de su esencia como partido), pero posiblemente entiendas más a sus integrantes, pienses dos veces antes de emitir un juicio categórico, tales como «vendido» o «ratero»; y veas que no todos ellos son así, ni todos están involucrados en actos de corrupción.

    Naturalmente yo no soy priísta y el concepto que tengo de ese partido está demasiado lejos de ser bueno. Sin embargo, he convivido de cerca con ese partido (manteniéndome siempre al margen) y he logrado entender un poco más por qué el PRI es como es, y por qué funciona tan bien. Tengo amigos queridos dentro del PRI, he asistido a mítines, cierres de campaña, conferencias, etcétera. De alguna manera logré conocer al «monstruo» por dentro.

    Habrá cosas que no narraré por cuestiones de ética profesional (tampoco es que tenga algo escandaloso que contar), pero sí puedo dar un panorama general y, con base en mi experiencia, hablar de lo que es ese partido.

    Antes de hablar de personas que entran por interés, por chamba o para hacer negocio (que las hay), tenemos que hablar del sentido de la pertenencia. Eso es algo que en el PRI se ha trabajado mucho más que los otros partidos y lo cual se ha desarrollado desde la formación del partido para darle un cauce institucional a la Revolución Mexicana (lo cual de la misma forma ha agrandado sus vicios).

    A diferencia de los otros partidos que se quiebran ante sus malos gobiernos (ahí están el PAN y PRD), el PRI puede permanecer relativamente intacto. Mientras haya acceso a presupuesto y poder, todo está bien.

    Pensar que el priísta lo es porque quiere robar o beneficiarse, es un argumento muy simplista. El sentido de pertenencia explica mejor por qué el PRI es fuerte.

    Todos los seres humanos tenemos la necesidad de pertenecer a algo. Quienes profesan una religión no siempre están ahí estrictamente porque se convencieron firmemente de su credo religioso y entonces buscaron grupos afines con quienes lo compartieran. Muchas veces la ecuación es inversa, la gente profesa una religión por sentirse parte de, y luego entonces, adopta el credo. La mayoría de los que crecimos en familias que profesaban una religión, la adoptamos de esa forma. Porque era la religión que profesaba nuestro círculo más cercano (nuestros padres), y luego entonces, por medio de ellos, adoptamos el credo. Nos hicimos religiosos porque nuestro padres, que nos quisieron mucho, nos dijeron que ese era el camino.

    De igual forma, aficionados pueden simpatizar con un equipo con un escaso palmarés como el Atlas o un equipo sin aspiración alguna de España, no por las glorias (escasas) que le puede traer su equipo, sino porque los simpatizantes son parte de una cultura, de un grupo cohesivo, porque pertenecen a algo, a una cultura con símbolos propios. Los aficionados del Atlas, por ejemplo, festejarán en raras ocasiones éxitos de su equipo, pero se sienten muy orgullosos de formar parte de.

    El sentido de pertenencia dentro del PRI

    Algo similar pasa con el PRI. El PRI es como una especie de familia, es un club selecto al cual es un orgullo pertenecer. De hecho es su esencia y es su modus operandi. Quien es priísta es parte de un grupo selecto, el cual a cambio le pide disciplina, y en cierta medida, sumisión (aunque dentro de las élites del partido, las desavenencias, que pueden permanecer lo más ocultas posible al público, son más comunes de lo que se cree).

    Desde las bases hasta las cúpulas, ser priísta es un privilegio. El simpatizante de base gana trato preferencial en programas gubernamentales y despensas, quien se encuentra en la cúpula gana influencia y poder. Desde la torta y el refresco hasta los contratos o los puestos de poder, esos, y muchos otros, son los beneficios de esa membresía «VIP» que se obtiene al estar en el partido.

    Cuando fui a los mítines y dejé mis prejuicios al lado, empecé a entender un poco más la esencia del PRI. Lo primero que vi no son «psicópatas hambrientos de poder» como podrías suponer, sino un ambiente de camaradería (más sólido y patente que el que he observado en otros partidos).

    El modelo PRI funciona tan bien, que no sólo los partidos de oposición han emulado algunas de sus características, sino también partidos de otros países de América Latina.

    A pesar de ser un partido jerárquico, las diferencias se difuminan dentro de un mitín. Los candidatos van vestidos con unas camisas más parecidas a un traje de Fórmula Uno con su nombre y los nombres de los candidatos superiores a él; aunque esa camisa es lo suficientemente casual como para que el candidato pueda colocarse al nivel de «su gente», abrazarla, platicar con ella, y por supuesto, pedirle su voto (el cual está casi dado por sentado debido a que la gente está ahí por ser parte de).

    Para alguien que piensa en términos de democracia y discusión de ideas, esto puede ser un tanto frustrante. No se trata de ir a hablar de ideas y proyectos, sino como «el PRI trabaja para ti, tú que eres priísta». Algunos candidatos con ideas frescas que adquirieron desde fuera del partido, tendrán que acordarse necesariamente de su gente y entrar en esta dinámica. Se trata de hablar del club, del orgullo de pertenecer al partido, de los colores. Entonces en este punto verás que tiene un poco más sentido aquella mayor de edad orgullosa de votar por el PRI, porque éste tiene los colores de la bandera nacional.

    priístas en un mitín

    El PRI es peculiar porque no es un partido de ideas, su ideología siempre ha sido muy ambigua y lo único que permanece constante es que se asumen como herederos de la Revolución Mexicana. Critican al socialismo, al neoliberalismo, al populismo demagogo, al tiempo que han coqueteado muy de cerca tanto con el neoliberalismo (Salinas), como con el populismo y el socialismo (desde Lázaro Cárdenas hasta Echeverría y López Portillo). El PRI es un partido pragmático cuyo credo se adapta a las circunstancias, lo que lo hace más fuerte que los otros partidos porque básicamente la discusión de ideas no es su fuerte, sino el club, el ser parte del PRI.

    En un partido político común, los simpatizantes primero tienen un orden de valores, y luego entonces buscan pertenecer a ese partido que represente ese orden. Con el PRI, los simpatizantes primero son priístas, y luego adoptan el orden de valores propio del partido.

    Entendido esto, podrás entender que los que están ahí, no están necesariamente por conveniencia o porque quieren robar o ganar contratos. Muchos están ahí por ser parte de. De hecho conozco priístas (de muchas edades) quienes nunca han formado parte de un acto ilegal o de corrupción, porque no están ahí necesariamente por el «contrato» por el poder o el dinero, sino por el mero hecho de pertenecer a una familia. Es decir, no se suman al PRI para ser parte de actos de corrupción, sino para pertenecer a un club muy unido, con sus simbolismos, rituales y valores muy propios.

    El problema del PRI no son tanto sus personas, sino su estructura. Este modelo de «partido-club» (así fue concebido desde su creación) es lo que ha hecho que el PRI sea lo que es, un partido opaco, donde varios de sus miembros, sobre todo en las altas esferas del poder, están involucrados con actos de corrupción cuando menos.

    Al no tener alguna ideología o convicción sólida que prevalezca sobre el sentimiento de pertenencia, sus miembros pueden ser más proclives a ser parte de actos de corrupción. Primero, porque no están actuando en contra de doctrina propia o escala de valores alguno (aunque exista en el papel), y segundo, porque las posibilidades de que el partido cierre filas ante ellos es más fácil que en cualquier otro. Primero son los colores, y luego es el país, aunque algunos de ellos quieran con sinceridad a México. Es decir, muchos de ellos quieren a México, desde el PRI, con todo lo que eso implica.

    Es completamente normal que los humanos, como parte de un sesgo cognitivo natural, tendamos a inclinar nuestro juicio a favor de aquello a lo que pertenecemos. Pero este sesgo dentro del PRI es más notorio que en otros partidos (excepto Morena, liderado por el ex priísta López Obrador)  porque no hay doctrina ni orden de ideas con las cuales confrontar los juicios. Para muchos priístas, ser parte del partido será más importante que reconocer un acto de corrupción dentro de éste y denunciarlo; en otros partidos en cambio, un acto de corrupción puede causar una desbandada masiva.

    La familia del PRI

    El sentimiento de pertenencia puede ser fuerte al grado de que algunos de sus integrantes pueden caer en actitudes maniqueas (donde todo es blanco o negro). sus símbolos son sagrados, de igual forma sus rituales y sus formas. Una cosa es estar dentro del PRI, y otra cosa es estar fuera del PRI.

    Ser parte del PRI es algo que es «para siempre». Los panistas, por ejemplo, pueden dejar el barco cuando sienten que la doctrina del partido se ha desviado, porque es la ideología la que mantiene la cohesión dentro del partido más que la pertenencia. En el PAN están los empresarios y los religiosos, porque básicamente un partido de derecha se amolda a sus intereses. En el PRI están todos, porque la ideología y la forma de pensamiento no importa, al menos no tanto como la pertenencia a ese algo. No es raro ver a algún empresario, una persona con inclinaciones socialistas, o un ex anarquista defendiendo lo mismo. El empresario será útil cuando al PRI le convenga virar a la derecha porque así lo indica su «olfato de poder», el socialista cuando lo más conveninente sea «arrinconarse en la izquierda».

    Dentro del PRI pueden cambiar de ideas de acuerdo al escenario político. Peña Nieto, por ejemplo, puede estar en contra del matrimonio igualitario, y luego mostrarse a favor, pero no por convicción, sino para arrebatarle el discurso a la izquierda, o quedar bien con la ONU, organismo con quien su relación (véase GIEI) parecía deteriorarse.

    Eso le da más margen de maniobra al PRI. PAN y PRD tienen que conformarse con defender (aunque sin faltar a la verdad, tampoco lo hacen siempre) aquello que está alineado a sus principios ideológicos. En el PRI están más preocupados por pertenecer, y aspirar a que ese club sea quien esté a cargo de los hilos que conducen a este país, no importa como, porque el fin justifica los medios.

    Y el fin justificará más los medios, cuando sabes que puedes dar casi por sentado, que tus simpatizantes cerrarán filas contigo.

  • Cómo el PRI y el Partido Verde tumbaron la #Ley3de3

    Cómo el PRI y el Partido Verde tumbaron la #Ley3de3

    Este es un hecho que debería de quedar grabado en la historia, y los culpables deberían recibir un duro escarmiento por parte de la sociedad.

    Pero eso no va a suceder por varias razones.

    De entre quienes apoyaron la iniciativa #Ley3de3, (esto incluye a quienes fueron a firmar o quienes desde la comodidad del sofá, firmaron peticiones en change.org), muy, pero muy pocos, votaron por el PRI y simpatizan con ese partido.

    Cómo el PRI y el Partido Verde tumbaron la #Ley3de3

    El voto duro del PRI ni siquiera se enteró de la ley. Varios de ellos no tienen acceso a Internet, y quienes sí lo tienen (que son más de lo que puedes imaginar) no están al pendiente de estos temas, ni sus círculos sociales dentro de las redes están al pendiente de estos temas, por lo cual, la difusión que se hizo de esta campaña en redes, o pasó desapercibida, o de plano no se mostró en sus redes de Facebook.

    Por eso el PRI es poderoso, porque su voto duro está ubicado en aquellos sectores (muchos de ellos vulnerables) que están desconectados de asuntos sociales.

    Y quienes no están «desconectados», forman parte de ese partido en su mayoría, y la capacidad que tiene el PRI para que sus miembros cierren filas (lo que los hace fuertes frente a los otros partidos) inhibe a estos últimos para que sean críticos con este tipo de decisiones.

    Sí, tú y yo estamos muy indignados. Pero nosotros de todos modos no íbamos a votar por ellos.

    Su postura ante la #Ley3de3 con el absurdo argumento de que «causaría una cacería de brujas» tiene sentido. Al PRI no le conviene que esa ley pase. Al PAN y al PRD sí, no porque no sean corruptos, sino porque estos partidos van en declive tal, que es preferible que se acoten ciertas prácticas de corrupción, a cambio de poder decirle a sus electores que ellos promovieron esta ley «anticorrupción» y se legitimen ante ellos.

    Y básicamente la tumbaron al dar la opción al servidor público si hace pública o no su declaración patrimonial. Es como preguntarle a un delincuente si quiere estar en la cárcel o quiere seguir siendo libre. Y esto lo hacen a pesar de la presión de todos los sectores de la sociedad, empresariales, religiosos, activistas de izquierda, etc. (aquí una lista de los senadores que rechazaron la ley)

    Porque los votantes que comúnmente votan por el PAN (clase alta y media) y PRD (clase media) sí están mucho más enterados de lo que lo está el voto duro del PRI. Igual están enterados los votantes independientes (voto útil) que son cada vez más. Que estos partidos hubieran aprobado esta ley, podría ser una razón para darles el beneficio de la duda, básicamente porque se podrían diferenciar más del PRI.

    PRI tumba #Ley3de3

    La conclusión es muy fácil. El PRI tumbó la #Ley3de3 porque afecta a los intereses de sus miembros, muchos de los cuales hicieron su patrimonio ilegalmente y tienen cola que les pisen. No dudo que haya entre sus miembros quienes ganaron su patrimonio solamente con el esfuerzo de su trabajo, pero hay muchos que no, y muchos de ellos ocupan posiciones clave en el gobierno mexicano.

    El PRI y el PVEM ignoraron de forma contundente a la sociedad, y es que como mencioné, bajo la lógica política, electoralmente no están en la necesidad de hacerlo. Por eso es que no recibirán castigo alguno. Apostarán al olvido, moverán sus estructuras, y tratarán (desde todos los flancos) de fragmentar el voto opositor para tratar de ganar las elecciones en el 2018.

    Este tipo de decisiones son un insulto a México, país que actualmente sufre de grandes problemas gracias a la corrupción.

    Esto me parece más grave, que por ejemplo, el «hackeo» que presuntamente le hicieron a Movimiento Ciudadano, quienes subieron a Amazon (a la nube, no para ponerlo en venta) un documento con el padrón electoral. Si bien no fue un acto con dolo (al menos, eso parece), en lugar de aceptar su responsabilidad y admitir que se puso en riesgo nuestra información debido a un monumental descuido, prefirieron inventar teorías absurdas que fueron desmentidas por el propio Amazon.

    Y es que muchos del PRI y el Partido Verde piden incluso que se le quite el registro al partido de MC por el acto (que sí merece una severa multa económica), cuando el PVEM sigue siendo un partido a pesar de todo. Quienes se beneficiaron de la corrupción necesaria para hacer que el PVEM no perdieran su registro, no tendrían razón alguna para hacer públicos sus patrimonios, derivados del dinero que obtienen los partidos políticos para su manutención, y que nosotros pagamos con nuestros impuestos.

    Dejamos pasar una gran oportunidad, una posibilidad de que los ciudadanos podamos rendir cuenta a nuestros políticos. Los responsables ahí están, son los mismos que están en el poder ejecutivo, son los mismos que han mandado a sus intelectuales orgánicos para desacreditar (sin éxito) al GIEI, relacionándolos de forma directa con gente como López Obrador (que seguramente la de ser más poderoso que la propia KGB como para hacer que el gobierno de Estados Unidos sugiera al nuestro seguir las recomendaciones de este grupo interdisciplinario).

    El PRI le sigue siendo mucho daño a México, y para muestra, apreté un botón.

    Por cierto, en change.org ya puedes firmar para pedir que se lleve a cabo una sesión extraordinaria y la ley no se caiga.

  • Elecciones 2018, primera llamada

    Elecciones 2018, primera llamada

    No sé si ya te diste cuenta, pero la disputa por las elecciones ya comenzó. Pasadas las elecciones del 2015, las piezas del juego se están comenzando a mover en el tablero; el poder comienza a sufrir algunos ajustes estructurales porque en el 2018 van a pasar muchas cosas. En ese año seguramente habrá un rompimiento del estado de las cosas que estamos viviendo actualmente.

    Elecciones 2018, primera llamada

    Ya tenemos un candidato, López Obrador. Tenemos otras figuras a quienes ya «están candidateando» como El Bronco. Nuestro querido Presidente ya está empezando a mover las piezas dentro del gobierno en aras de las elecciones. Bastará algún tiempo (posiblemente menos de un año) para que veamos mejor como va la cosa; pero el 2015 con el auge de las candidaturas independientes modificó el escenario para las elecciones venideras.

    Hay dos cosas que casi son un hecho: 1) López Obrador en la boleta, y 2) el PRI no repite. La primera la damos por sentada porque López Obrador buscará en su tercer intento llegar al poder, ya está haciendo campaña (por lo cual debería de perder el registro su partido) y él mismo ya ha declarado que va por la grande. Hasta aquí no hay ningún secreto.

    La segunda cosa tiene que ver con la pésima gestión del gobierno actual. Naturalmente Peña Nieto es uno de los peores presidentes del México moderno y el margen de maniobra que tiene es bastante poco como para poder dar un golpe de timón. Ya son demasiados tropiezos en su gobierno de tal forma que tendría que hacer algo heroico para poder quedar «tablas» en cuanto a la percepción de su Gobierno.

    Si en las elecciones pasadas al PRI no le fue tan mal fue porque muchos de los inconformes no salieron a votar y las estructuras (cada vez más rebeldes, que ni siquiera llenaron el Zócalo el día del grito) le alcanzaron para obtener mayoría relativa en el congreso. Eso no va a pasar en 2018, menos cuando el PRI no tiene una figura que siquiera tenga el arrastre que tuvo Peña Nieto en 2012. ¿Videgaray, Osorio Chong? ¡Ja!.

    Posiblemente el PRI termine negociando indirectamente con alguna otra fuerza de tal forma que sus intereses no se vean tan trastocados al irse del poder. Posiblemente ni a eso aspire. Todo lo que ganaron en 2012 (triunfo que de alguna forma los llenó de soberbia, y ahí están las consecuencias) se irá en el 2018.

    El PAN y el PRD no pueden aspirar a contender solos. Estos partidos están lo suficientemente desprestigiados. ¿Margarita Zavala? Los afines a Felipe Calderón la querrán, pero electoralmente la percibo como un perfil parecido a Vázquez Mota, no tiene arrastre, se presenta como mojigata. El PRD podría hacer la tontería de lanzar a Miguel Mancera, a quien le ha llovido críticas (en 2018 el PRD podría perder al DF). Posiblemente estos dos partidos vayan juntos (con toda la incongruencia ideológica que eso representa), posiblemente el PRD al final vaya con MORENA. Solos no ganan.

    Los dos principales contendientes de la batalla en la arena electoral serán a mi parecer Andrés Manuel y algún candidato independiente. ¿Por qué? Porque son los únicos dos que pueden aprovechar el descontento de la población. Ni PRI ni PAN ni PRD pueden asumir ese papel porque son vistos como parte del problema.

    Por eso no sorprende que López Obrador arremeta contra los independientes. El Peje ganaría si las elecciones se llevaran a cabo hoy, pero un independiente que cargue la bandera de la oposición al sistema y al mismo tiempo sepa recorrerse un poco más al centro será una amenaza para las aspiraciones del tabasqueño. El Bronco ha vendido un perfil así, Juan Ramón de la Fuente también podría desempeñar ese papel aunque no tiene el recorrido mediático que ya tiene el regiomontano. Jorge Castañeda podría postularse debido a que siempre ha cargado con la bandera de los candidatos independientes, pero meto que no tiene la frescura de los primeros dos.

    La estrategia de López Obrador es vincular a los candidatos independientes, sea quien sea, con lo que él llama «la mafia del poder» para restarles impacto. De hecho ya lo está haciendo.

    López afirma que detrás del Bronco está Salinas, y que cualquier otro que se postule (véase De la Fuente) es por un complot orquestado por la mafia del poder. Insistirá reiteradamente que los independientes no lo son y en realidad son más de lo mismo.

    Saber quien será el candidato del PRI, del PAN y/o del PRD podrá dar curiosidad y poco más. Es muy posible que por primera vez ninguno de los partidos grandes logre ganar. Ni creo que aspiren siquiera al triunfo dividiendo votos, sobre todo si el puntero es un candidato independiente, por que éste es el que tendría más capacidad de apropiarse del voto útil.

    Si el candidato independiente es endeble (o si se postula más de uno, de tal forma que se anulen entre sí), López Obrador estaría en ventaja. Incluso posiblemente alguno de los partidos podría declinar a favor de uno de los candidatos independientes si este escenario se da (lo contrario sería inviable).

    Faltan 3 años, muchas cosas pueden cambiar, pero mi lectura en el 2015 es esa, quienes se subirán al ring serán López Obrador y algún candidato independiente. Los demás partidos quedarán a la expectativa de quedarse con algo, de no perder muchas curules (o ganar algunas más en caso de los partidos chicos) y tal vez de llegar a algún acuerdo con quien podría ser el próximo Presidente de la República.