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  • El trágico futuro del PRI

    El trágico futuro del PRI

    El trágico futuro del PRI

    Después de las declaraciones que diera Ricardo Anaya en su participación en la Reunión Plenaria de Consejos Consultivos 2018 de Citibanamex y que se interpretaron como un posible pacto entre el PRI y el Frente, el panista tuvo que salir a afirmar que no haría ningún pacto cupular y en el PRI respondieron con virulencia. Javier Lozano dijo que no podría pactarse el voto útil con «un inútil» al que tachó casi de criminal, Peña y Meade también respondieron que no harían pacto alguno con Ricardo Anaya.

    Aunque desde la izquierda lopezobradorista se ha empezado a utilizar el discurso del PRIAN (porque saben que si ligan de forma exitosa a Anaya con esta idea reducirán aún más sus pocas posibilidades de rebasar a AMLO) en realidad esta alianza, al parecer, no ha pasado de ser algo más que una sugerencia de algunos empresarios que no quieren a López Obrador (que evidentemente saben más de negocios que de cálculos políticos) y que buscan hojas de ruta para evitar que el tabasqueño llegue a la presidencia.

    Que estos grupos empresariales harán su trabajo para evitar el triunfo de AMLO no es un secreto. Las declaraciones de López Obrador, aunque muy imprudentes y con cierto tufo autoritario, no dejan de tener algo de verdad (y técnicamente tienen derecho a reunirse y a tomar una postura en tanto respeten la ley electoral). Muchos analistas concuerdan en que esa reunión se dio, esa reunión en la que algunos empresarios le piden a Anaya bajarle la intención a sus ataques virulentos a Peña (lo que, a mi parecer, sería otro error estratégico ya que el panista debería posicionarse como un adversario del PRI) a la vez que algunos voceros dentro de las campañas de José Antonio Meade y Margarita Zavala han confirmado que los empresarios les han pedido que les cedan votos a Anaya.

    https://www.youtube.com/watch?v=NMvJ_0CreHk

    Pero el juego del PRI es otro muy diferente, ellos están buscando su supervivencia.

    Muchos interpretan el golpeteo que desde la campaña de Meade le están orquestando a López Obrador (incluyendo la supuesta serie sobre Populismo) como una estrategia orquestada del «PRIAN» y la derecha para tumbarlo. En realidad, lo que buscan en el PRI es parar esa hemorragia de priístas que se están pasando a MORENA o de aquellos que piensan votar por López Obrador ya que necesitan que José Antonio Meade pueda agarrar el mayor porcentaje posible en la elección. 

    El PRI necesita, para sobrevivir, que gane el máximo número de escaños posibles en las cámaras y por menos votos sean los que Meade gane (aunque la cantidad pueda diferir en los votos para presidente y legislativos), menos votos serán los que el PRI obtenga para ganar escaños. A sabiendas de que perderán la presidencia y tres estados que gobiernan (Jalisco, Oaxaca y Chiapas, que aunque oficialmente sea del Partido Verde es el PRI quien realmente gobierna ahí) no les queda de otra que mantener lo que se pueda en el Poder Legislativo. En ese sentido, es para ellos un contrasentido que Meade «decline por Anaya» ya que eso afectará de alguna u otra forma el número de escaños a los que pueden aspirar.

    En los mítines, a pesar de sus semblantes cabizbajos, simulan que se encuentran fuertes, que no se van a rajar, que no van a declinar con «el corrupto de Anaya». Intentarán generar la percepción de que son competitivos para rascar el mayor número de votos posible. Harán como que están compitiendo por la grande y que «esto todavía no se acaba». 

    Ellos entendieron que están fuera de la contienda y que su papel es otro, la encuesta de Reforma se los dejó muy claro, por eso removieron a Enrique Ochoa Reza (quitando muchos de los hilos que Peña Nieto tenía sobre la campaña) para colocar a René Juárez (quien tiene un mayor conocimiento de las estructuras). Un pacto con el Frente sólo podría darse a nivel estructuras e incluso eso sería riesgoso, un pacto más abierto o una coalición sería casi un suicidio para el PRI que busca mantenerse vivo. 

  • Hola. Soy del PRI y me avergüenzo de mi partido

    Hola. Soy del PRI y me avergüenzo de mi partido

    Hola. Soy del PRI y me avergüenzo de mi partido

    Algo me llama mucho la atención del sitio web de José Antonio Meade: en el portal principal no aparece el logotipo del PRI. De hecho, no se le menciona ni una sola vez de no ser por el video introductorio donde sí aparece pero en un muy segundo plano. También llama la atención que los colores de la campaña buscan evocar lo más mínimo posible al partido. Se usan muchos colores y los tonos verde y rojo han sido modificados lo suficiente como para que recuerde lo menos posible al PRI. 

    Todo esto contrasta con la imagen de los otros candidatos. El logotipo de campaña de Ricardo Anaya contiene los colores de los partidos que conforman el Frente, López Obrador usa el rojo de MORENA en tanto que Margarita, sin siquiera ser parte de ese partido, utiliza los colores del PAN para atraer al voto panista.

    No es casualidad que la campaña de Meade rehuya a los colores de su partido, ni es casualidad que eso se haya vuelto una constante dentro de muchas de las campañas políticas de varios candidatos del PRI desde 2015. Incluso, en 2012, los estrategas de Peña Nieto (que varios son los mismos que los de la campaña de Meade, como la estratega digital Alejandra Lagunes) se abstuvieron de usar los colores del PRI en su sitio web y optaron por otras tonalidades. Pero aún así eso era sólo en la página web (por medio del cual tendrían contacto con los millennials que veían con mucho escepticismo al partido) porque los mítines estaban plagados de la imagen del PRI y muchas de las campañas de gobernadores o alcaldes estaban homologados. Muchos recordamos las camisas de campaña que parecían sacadas de Fórmula Uno presumiendo a su partido y a todos sus candidatos. 

    Ahora, incluso dentro de la campaña, buscan «ocultar al PRI» lo más posible. Las vestimentas y la utilería «orgullosamente priísta» ya no existe. Meade no porta el logotipo de su partido sino una camisa que solo contiene el logotipo de su campaña (que parece sacado de un promocional de Doritos). 

    Los estrategas lo saben, la imagen del PRI es un lastre. 

    Por eso es que dentro de las campañas buscan vender a «candidatos ciudadanos», por eso su candidato es el menos priísta de todos, incluso los propios priístas como Aurelio Nuño y Enrique Ochoa Reza resaltan que Meade ha trabajado en distintos gobiernos y nunca que es «uno de los suyos». 

    Pero ¿entonces por qué siguen siendo priístas? ¿Por qué, si perteneces a un partido del cual te sientes orgulloso lo ocultas e intentas que la gente te relacione lo menos posible con tu partido?

    La respuesta corta sería el poder: porque intuyen que ocultando su piel y sus orígenes pueden acceder o mantener el poder y sus intereses (aunque, por lo visto, puede que no alcance) ya que su partido es despreciado por la mayoría de los mexicanos y porque la gente asocia a la marca PRI con la corrupción.

    Entonces ¿por qué son priístas? Si no concuerdan con la imagen que la gente tiene de su partido y creen que es errónea ¿por qué no hacen algo por defenderla y, en vez de eso, se avergüenzan públicamente de ella? 

    Pienso yo, que esta es una estrategia suicida a largo plazo ¿por qué?

    Porque la identidad de una organización es lo que la mantiene sólida y cohesionada. Básicamente eso es lo que ha hecho fuerte al PRI a través del tiempo. A pesar de lo que dijeran allá afuera de su partido, ellos seguían mostrándose «orgullosamente priístas», como si fueran parte de una organización selecta, como un privilegio formar parte de.

    Al ocultar su identidad la están destruyendo poco a poco, porque incluso le están diciendo a la militancia que hay razones de peso para avergonzarse de su propio partido y al mismo tiempo le están dando la razón a todos sus críticos: «ustedes repitieron el mantra de que el PRI era un cáncer y ahora nosotros les damos la razón». El concepto del orgullo priísta comienza a consumirse hasta desaparecer.

    Y cuando la identidad desaparece, ya no hay nada que mantenga cohesionada a la institución. Sus miembros entonces actuarán por interés propio y en el momento en que convenga más saltar a otro barco (cosa que está comenzando a suceder) lo harán.  

    Los priístas se mantienen aferrados a las (escasas) posibilidades de un candidato al cual se le ha desvinculado lo más posible de su partido, como tratando de perder lo menos posible. Para ello han cedido en el discurso, le han dado la iniciativa a sus críticos y han dejado que ellos definan al partido (cuyo propósito es más bien su extinción). 

    Tiene razón Enrique Krauze cuando dice que el PRI pidió otra oportunidad y terminó traicionando al pueblo. Después de esta es muy difícil que el pueblo vuelva a confiar en ellos. El PRI parece tener fecha de caducidad y, al parecer, en el mismo PRI lo saben.

  • ¿Y si el PRI prefiere a López Obrador?

    ¿Y si el PRI prefiere a López Obrador?

    ¿Y si el PRI prefiere a López Obrador?

    Advertencia: lo que voy a decir es una suposición mía, una sospecha, incluso le puedes llamar «teoría de la conspiración». No aporto datos sólidos como para hacer un veredicto categórico por lo cual el argumento que esgrimiré en este artículo no se debería ver como eso, sino como una sospecha o una posibilidad. 

    Se nos decía que el primer objetivo del PRI era tumbar a Ricardo Anaya para que, una vez desfondado el panista, el PRI acapararía todo el voto anti AMLO, y así, obtener el triunfo tan anhelado.

    Pero las encuestas y los análisis que se han hecho parecen decir otra cosa: primero, que en los careos entre dos candidatos, López Obrador le ganaría de calle a José Antonio Meade; segundo, que, como lo revela Parametría, la campaña de desprestigio en contra de Ricardo Anaya ha detenido su crecimiento, pero José Antonio Meade sigue cayendo, en tanto que López Obrador sigue muy cómodo allá arriba en primer lugar, incluso parece crecer más. 

    Una amiga me comentó la siguiente hipótesis: habría que hacer como que todo el «sistema corrupto» del PRI y del gobierno se lanzara contra Anaya de tal forma que ello terminara victimizándolo. Bastaría con que la PGR no la consigne. Pero esa apuesta se me hace demasiado arriesgada, tanto, que de momento ya se detuvo el crecimiento positivo que el queretano llevaba acumulando.

    Yo tengo otra hipótesis (esa sospecha mía) y es que al PRI le convendría más que gane López Obrador. ¿Cuáles son mis argumentos?

    Que Anaya es un tipo, a mi parecer, muy impredecible. Pregúntenle a los calderonistas, a Gustavo Madero, a todo mundo. Si los priístas algo quieren es que no se les persiga cuando dejen el poder y no se sienten seguros con Anaya. El candidato del frente ha lanzado un discurso muy estridente contra la corrupción del PRI al punto en que aseguró que metería a Peña Nieto a la cárcel si se le comprueban actos de corrupción. En cambio, AMLO ha dicho una y otra vez que no perseguirá a nadie e incluso habla de perdón y de amnistías.  

    Que dado el comportamiento en las encuestas, el golpeteo contra Anaya deja de tener sentido ya que también está afectando a la candidatura de José Antonio Meade al relacionársele con el uso de las instituciones como la PGR, pero aún así la guerra sucia sigue. Parecería como si en el PRI asumieran dicho desgaste, y si así fuera, entonces el objetivo no sería, necesariamente, que su candidato gane, con todo lo que eso implica. 

    Que López Obrador está más dispuesto a pactar y negociar (como queda evidencia son sus «nuevas adquisiciones») con el fin de que ahora sí llegue a Los Pinos. Sabe el tabasqueño que enfrenta su última oportunidad y está haciendo todo lo posible (incluso ir contra sus principios) para llegar al poder. 

    Que el manejo que López Obrador ha recibido en medios es muy complaciente y es el que ha recibido más menciones positivas, lo cual contrasta con el trato que ha recibido Ricardo Anaya:

     

    Y, por último, que muchos priístas se están yendo hacia MORENA como si nada pasara. Un claro ejemplo de ello es Claudia Delgadillo, quien fue nombrada como la coordinadora de campaña de José Antonio Meade en Jalisco, y quien el día mismo del nombramiento renunció y se pasó hacia las filas del partido de López Obrador.  

    En las siguientes semanas, sobre todo cuando la campaña empiece, veremos las verdaderas intenciones de quienes juegan en la arena electoral. Lo cierto es que, con el pasar del tiempo, López Obrador sigue fortaleciéndose. 

  • El PRI: cuando los corruptos fueron contra la corrupción

    El PRI: cuando los corruptos fueron contra la corrupción

    El PRI: cuando los corruptos fueron contra la corrupción

    ¿Son ciertas las acusaciones que caen sobre Ricardo Anaya? No lo sé, existen posibilidades de que así sea porque todo lo revelado pareciera reflejar, a mi parecer, algo turbio. En caso de que las acusaciones fueran verdaderas, a Anaya tendría que caerle el peso de la ley con todo lo que ello implica. 

    Pero en este artículo no quiero hacer crítica de Ricardo Anaya, ya habrá tiempo de hacerlo, sino del PRI:

    El PRI está desesperado porque su candidato parece no levantar y necesita a como dé lugar quitarle el segundo lugar al candidato del PAN para poder tener aspiraciones en esta contienda electoral. Algunos dirán que, como sea, qué bueno que se exhiban las supuestas tropelías del candidato queretano, pero la forma en que esto se hace incluso puede hablar más mal del PRI que de Ricardo Anaya. 

    ¿Por qué?

    Porque el PRI está utilizando a instituciones como la PGR con propósitos políticos. Al estar en el gobierno, ve fácil usar el aparato del Estado compuesto por instituciones débiles a su servicio. Básicamente, está corrompiendo a las instituciones en beneficio de sus intereses. Así de paradójico e incluso cínico suena:

    El PRI está corrompiendo para denunciar la supuesta corrupción de un opositor suyo.

    Pareciera, a simple vista, que ahora la PGR sí le está echando ganas, cosa que no sucedió ni con Odebrecht, ni con la casa blanca, ni con OHL, ni con la Estafa Maestra, ni con los desvíos en los que está involucrada Rosario Robles. Y es que en México las instituciones nunca tocan a los hombres de poder a menos que se trate de una venganza, un ataque, o la presencia de algún político muy corrupto que termine por afectar los intereses de los otros (como el caso de los ex gobernadores). 

    Nadie habla del uso despiadado que el PRI está haciendo de las instituciones, ni López Obrador, ya que sabe que le será mucho más cómodo tener a José Antonio Meade como rival que a Ricardo Anaya y por tanto le conviene hacer leña del árbol caído. Tampoco lo hace así el calderonismo (Margarita, Felipe Calderón y similares) quienes tienen una fuerte rencilla con el candidato panista. Si bien no es criticable que critiquen a Anaya (más si las acusaciones llegaran a ser ciertas), sí es muy criticable que «hagan mutis» con respecto a la corrupción de las instituciones con propósitos electorales. Aquí no hay discurso de fortalecimiento de las instituciones ni nada parecido ya que importan más los intereses políticos y de poder. 

    Estas semanas serán muy importantes y podrán definir el transcurso de la campaña electoral. Las siguientes preguntas vienen a la mente ¿Caerá Anaya en las encuestas? ¿Terminará fortaleciéndose más bien? Dependerá mucho, a mi parecer, de la estrategia que utilice el panista, ya que puede insistir en que el PRI es un partido tan corrupto que utiliza a las instituciones con fines políticos en vez de que estas se encarguen de combatir la corrupción, que por cierto, ha sido una constante en el gobierno de Peña Nieto.

    La estrategia del PRI es muy evidente: destruyamos a Ricardo Anaya con ayuda de las instituciones que están bajo nuestro control para después hacer lo propio con López Obrador. Aunque la verdad es que el tabasqueño será un hueso todavía más difícil de roer. En los careos que han hecho las encuestadoras, Meade se encuentra en franca desventaja contra AMLO, cosa que no ocurre en el careo de Ricardo Anaya contra AMLO, ya que si este último las lleva de ganar, Anaya se muestra competitivo. 

    Además, Anaya es un político que está buscando construir una narrativa, por lo cual los golpes a su persona pueden afectarle más; López Obrador no, ya que todo el mundo lo conoce y ya se hizo una idea de él. De hecho, ha logrado bajar un poco sus negativos gracias a la ira de la gente con el gobierno actual y también a que en esta campaña se ha mostrado menos beligerante.  

    Si López Obrador ya es el candidato favorito para ganar las elecciones, con un eventual descalabro de Anaya, las posibilidades de AMLO aumentarán todavía más; ya que parece ser que entre la ira de los mexicanos contra el PRI contra el miedo hacia López Obrador, terminará, muy probablemente, por imponerse la primera. 

    Además, si Anaya no utiliza este ataque en su favor mostrando al PRI como el partido corrupto que es, que utiliza a las instituciones para corromper y beneficiar sus intereses, AMLO bien podría hacerlo, ya que este tipo de ataques, donde algunos medios de comunicación están inmiscuidos, refuerzan su tesis de la mafia en el poder. 

    Como decía, estamos en uno de los puntos más álgidos de la campaña, ya que lo que pase en estos días configurará el escenario bajo el cual se desarrollará ahora sí la campaña oficial. Dependerá mucho del manejo que Ricardo Anaya le de a las acusaciones que se vierten en su contra.

    ¿Y las instituciones? Bien gracias. Trabajando para el beneficio de unos pocos, en vez de que trabajen en beneficio de todos los mexicanos.  

  • Meade y la cámara de eco del PRI

    Meade y la cámara de eco del PRI

    Meade y la cámara de eco del PRI

    Cuando se habla de los «cuartos de guerra» donde se organizan y operan las campañas electorales, hay quienes piensan que quienes lo integran suelen ser las personas más especializadas, técnicas y objetivas quienes están desarrollando estrategias maquiavélicas con el fin de posicionar a su candidato y hacer que gane las elecciones. Como si se tratara de algo muy sofisticado.

    En realidad, eso es tan sólo una verdad a medias (o tal vez menos que eso). En la práctica, las pasiones, las filias y las fobias suelen afectar las decisiones que se toman allá dentro. 

    Esa es una de las razones por las que se suelen contratar asesores extranjeros: al no tener alguna simpatía partidista, pueden desarrollar estrategias o dar asesorías desde una perspectiva más objetiva, aunque a veces ello no es suficiente ya que siempre tienen que lidiar con los coordinadores de campaña o con el propio candidato

    Una de las razones por las cuales la campaña de José Antonio Meade no levanta es esa: yo ya venía advirtiendo que dentro del PRI viven en una burbuja, en una «cámara de eco» donde todos se aplauden, donde todos se dicen a sí mismos lo grandes, lo fuertes y lo reformadores que son: así, es imposible analizar, de forma objetiva, el contexto en el cual se desarrollan las campañas y, por tanto, no se puede esperar que desde ese punto se tomen buenas decisiones.

    Los estrategas suelen mandar a hacer costosos estudios de percepción donde se evalúan, entre muchas otras cosas, las fortalezas y las debilidades del candidato y cómo es que, a partir de estas, se puede construir una narrativa con el fin de posicionarlo de tal forma que obtenga la mayor cantidad de votos. Se suelen hacer estudios cuantitativos (en campo) y cualitativos (cámara Gesell). Que a Meade lo hayan querido vender como ciudadano, que López Obrador se ría de sí mismo o que Ricardo Anaya presuma hablar tres idiomas es producto de ello, de un muy meticuloso análisis de su perfil y del contexto en el que se encuentran. Hay que resaltar las cualidades y tratar de disimular los defectos lo más posible.

    Pero lo que arrojen los estudios no es garantía de nada si quienes son parte de la campaña insisten en vivir en una realidad alterna y son incapaces de empatizar con el electorado. Con toda seguridad, esos estudios arrojaron que la marca PRI está muy devaluada y se ha convertido en un lastre; lo saben, pero son incapaces de empatizar con ello. 

    Por eso es que la construcción de la figura de José Antonio Meade como ciudadano se ve tan artificial y sobreactuada, a pesar de que ciertamente Meade es más decente e íntegro que la mayoría de los políticos priístas. Saben que la mayoría de la gente detesta a su partido, pero no entienden que la mayoría de la gente detesta a su partido. No es lo mismo.

    Por eso creen que presentarlo como ciudadano y decirle que a le diga a los líderes sindicales que lo «hagan suyo» para ganarse a las estructuras no será un problema (parece que no logró ninguna de las dos cosas), por eso es que Ochoa Reza cree, ingenuamente, que su discurso tiene un efecto positivo y que a nadie le parecerá cínico ni mentiroso. 

    Las posibilidades de triunfo de José Antonio Meade son cada vez menores, y lo seguirán siendo en tanto no abran sus mentes obtusas y no dejen del lado esos delirios de grandeza en los cuales creen ser el «partido fuerte». 

  • Amlodipino, el remedio contra la guerra sucia

    Amlodipino, el remedio contra la guerra sucia

    Amlodipino, el remedio contra la guerra sucia

    Apuesto que dentro del equipo de campaña de José Antonio Meade se encuentran nerviosos y bastante preocupados. No sólo no saben cómo hacer que «Pepe» levante, sino que tampoco entienden por qué López Obrador no ha caído ni un punto porcentual después de tanto ataque. Ellos apostaban  a que con una buena dosis de guerra sucia López Obrador fuera perdiendo terreno: por eso hicieron un circo mediático con el caso de Eva Cadena, por eso compararon una y otra vez a López Obrador con Maduro cuando los venezolanos eran reprimidos en las calles y había un terrible desabasto de productos básicos. Así, una y otra vez, y no pasó nada. 

    Creo yo que no están entendiendo. 

    2006 era una época muy diferente: López Obrador, quien todavía no era tan conocido fuera de la Ciudad de México, tenía que preocuparse por construir una narrativa para posicionarse ante el electorado. Su arrogancia y la ansiedad de ver que su margen de superioridad se reducía lo hizo cometer varios errores. La campaña del PAN aprovechó la coyuntura (los propios errores de AMLO) para construir una propia narrativa del tabasqueño que le quitaron votos, así acuñaron la frase «un peligro para México» que doce años después sigue resonando. López Obrador perdió por varias razones (independientemente de la discusión de si dichas elecciones se apegaron a la legalidad) y una de ellas fue la guerra sucia.

    Pero 2018 no es 2006. López Obrador no tiene que construir una narrativa porque ya todo mundo lo conoce, con sus virtudes y sus defectos. López Obrador tiene a sus incondicionales y también tienen a aquellos que le tienen miedo. La suma de estos dos grupos representa la mayoría de la población, pero sobra una minoría, la que se la está pensando en darle una oportunidad a López Obrador. dicha minoría podrá ser pequeña, tal vez de una sola cifra, pero es la que podría decidir si AMLO gana o no.  

    Pero no se trata de una minoría que no lo conozca; por el contrario, ya tiene un concepto hecho del tabasqueño, y su indecisión es producto de dicho concepto sumado al panorama político y electoral (por ejemplo, su postura frente al partido en el gobierno, entre muchas otras cosas). Si el PRI quisiera ganar la presidencia (además de que tendrá que levantar la candidatura de Meade, algo que cada día que pasa se antoja más difícil) tendría que evitar que dicha minoría vote por López Obrador. Aquí viene el principal problema: es muy probable que esa minoría tenga un pésimo concepto del propio PRI, y esto es muy importante decirlo.

    Parece que el PRI va a apostar por una «guerra frontal» en contra del tabasqueño. Creo yo que algo así sería un error, más si se hace en la misma tesitura que hemos visto durante los últimos meses. Lo sabemos por las declaraciones de su asesor de campaña J.J. Rendón, quien en una revista afirmó que hará «todo lo que esté a su alcance dentro de la ley para evitar que López Obrador gane». Esa es casi una declaración abierta de guerra, y posiblemente sea una estupidez porque esto implica que su campaña está enseñando sus cartas. 

    ¿Qué reacción ya están provocando en sus adversarios? Una postura defensiva, no sólo de los seguidores de AMLO (quienes se prepararán para recibir los embates) sino incluso de varios de sus críticos. Si ya declararon la guerra, entonces cualquier cosa que parezca guerra sucia será guerra sucia. El gran ejemplo fueron las pintas en Venezuela, los tuiteros les ganaron la batalla con sus bromas; lo mismo ocurre al tratar de tejer nexos de la campaña de López Obrador con Rusia: si bien, es cierto que el régimen de Putin podría llegar a influir a favor de la campaña de AMLO, la forma en que los priístas intentan amplificar y tergiversar el mensaje es lo suficientemente irrisorio como para que la gente siquiera lo considere. 

    La forma tan torpe y predecible en que intentan aprovechar los errores de López Obrador o en que sacan de contexto información publicada por medios nacionales e internacionales se vuelve muy irrisoria y hasta cómica. En vez de amplificar un hecho que puede afectar a López Obrador terminan, sin querer, por atenuarlo. Basta escuchar los discursos de Ochoa Reza, no sólo suena poco creíble y acartonado, sino que también despliega una gran dosis de cinismo.

    El PRI no tiene legitimidad ante un gran sector de la población (incluyendo esa importante masa de indecisos) y cualquier mensaje que tenga la etiqueta del PRI será descartado por ellos. Esto es un problema porque la guerra sucia, que aspira a ser muy predecible (insistir en los nexos con Venezuela y en el peligro que representa para la economía), podría generar el efecto adverso: si un partido tan «nefasto» como el PRI se le lanza a la yugular a López Obrador entonces algo bueno ha de haber, seguramente pensará más de uno. 

    Otro problema con la guerra sucia frontal es que refleja desesperación, y la deseperación no vende. Por el contrario, refleja que la oferta que tiene quien lanza dicha guerra sucia es más bien pobre. Es un síntoma de debilidad, y si una lección podemos aprender de diversas campañas es que los electores suelen verse más motivados a darle su voto a quien se ve fuerte. 

    https://www.youtube.com/watch?v=bnGKo3m9RDw

    Eso no es todo, en la campaña de López Obrador saben que en el PRI están desesperados y han empezado a jugar con ello. La estrategia del tabasqueño es muy buena, no sólo porque busca reducir esa mala impresión que genera dentro de esos sectores a los que todavía puede convencer, sino porque demuestra que es él quien marca la pauta, quien es el rival más fuerte y quien se encuentra seguro «allá arriba» mostrando a los otros como quienes se encuentran desesperados revueltos en un severo conflicto. 

    La campaña de López Obrador utiliza eso que siempre está muy presente en el ethos mexicano: la comedia. AMLO se ríe hasta de sí mismo y, después de encontrar un medicamento llamado Amlodipino (que coincide no sólo con las siglas del tabasqueño sino con Los Pinos, al lugar donde aspira llegar), le responde a Peña Nieto de una forma burlona y cómica sin llegar a faltarle al respeto. Así, AMLO muestra que es quien tiene el control de las cosas, puede reírse, puede tomarse todo a la ligera; los otros son los que están desesperados, los que están ansiosos. 

    https://www.youtube.com/watch?v=Xk3tQoq1xqI

    ¿Cómo podría el PRI evitar que López Obrador gane? Tendría que llevar a cabo una estrategia quirúrgica y muy focalizada (eso fue lo que le dio la victoria a Donald Trump, una estrategia muy bien dirigida en redes sociales) y buscar que López Obrador caiga en desesperación para que cometa errores. Pero los priístas cometieron un primer error al poner en evidencia que diseñarán una campaña de guerra sucia para evitar que López Obrador llegue al poder. Peor aún, siguen sin entender que los «voceros» de estas campañas, llámese Ochoa Reza y similares» tienen muy poca credibilidad como para que el mensaje genere impacto alguno.

    Si los errores de AMLO le dieron el triunfo al PRI en 2012, los priístas podrían regresarle el favor con sus propios errores. 

  • Lo que debes saber sobre el Estado de México y el futuro del PRI

    Lo que debes saber sobre el Estado de México y el futuro del PRI

    Lo que debes saber sobre el Estado de México y el futuro del PRI

    Si fuera priísta yo estaría muy preocupado. Porque aunque en los consejos y reuniones del partido sienten que son fuertes y lo pueden todo, la realidad, este 4 de junio, podría caer como un balde de agua fría, muy fría. -Sí, más que los baldes del Ice Bucket Challenge-.

    Empiezo diciendo que el Estado de México ha sido y es muy importante para el PRI. Esa entidad es casi como si se tratara de su centro de operaciones, porque tanto el voto duro que ahí ostenta como el presupuesto al que tiene acceso ahí, ha permitido que el partido se siga manteniendo como uno de los más importantes de México.

    Por esa razón esta entidad no ha visto la alternancia, porque el PRI tiene un gran poder ahí y ha procurado mantenerlo a costa de lo que sea.

    Pero este año, el PRI podría perder el Estado de México.

    Y las consecuencias que podría tener esto para el PRI podrían ser desastrosas. Podría tratarse casi de su acabose. 

    A corto plazo porque confirmaría lo que ya es casi un hecho, que perderán la presidencia en 2018. No tener disponibles todos los recursos -económicos y humanos- de los que siempre han echado mano será determinante en la elección del año que viene.

    A mediano y a largo plazo porque sumar al descrédito que el partido tiene, el hecho de que perderán las regiones más pobladas y donde se concentra la mayor parte de los recursos económicos -Además del Estado de México seguramente perderán Jalisco, y quien sabe si vuelvan a recuperar Nuevo León-, podría quitarles tal cantidad de poder de tal forma que nunca recuperen la fuerza que hasta hace poco ostentaban.

    No sin olvidar el envejecimiento del voto duro del PRI y de lo cual he hablado con insistencia

    Pero entremos en materia. ¿Por qué el PRI puede perder el Estado de México? La encuesta que lanzó Reforma es muy ilustrativa. 

    Según Reforma, el candidato del PRI, Alfredo del Mazo lleva un punto de ventaja, lo cual se considera un empate técnico. Esto es así, mientras que en 2011, Eruviel Ávila le ganaba por más de 40 puntos al perredista Alejandro Encinas. En 2011 no había nada más que PRI en el Estado de México, ahora la situación es diferente.  

    Fuente: Grupo Reforma.

    Mi pronóstico es que la elección terminará siendo de dos, entre Alfredo del Mazo y Delfina Gómez. Pienso que Josefina Vázquez Mota terminará -una vez más- desinflándose. Y si la elección es de dos, entonces la derrota para el PRI podría ser casi inminente. Es decir, el PRI necesita un escenario donde tanto Delfina y Josefina se mantengan competitivas hasta el final para que ellas dos se dividan el voto opositor como ocurre actualmente.

    Y esto ocurre la mayoría de las veces, tomemos como referencia las elecciones presidenciales donde la contienda siempre termina siendo de dos, mientras que el tercero termina relegándose. En 2000, la contienda fue entre Vicente Fox y Francisco Labastida, relegando a Cuauhtémoc Cárdenas a un tercer lugar. En 2006 fue entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador, relegando a Roberto Madrazo, y en 2012, la propia Josefina Vázquez Mota terminó desfondándose pare dejar la contienda entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador. 

    Pero, ¿qué pasaría en ese escenario? Grupo Reforma se molestó en preguntar a la gente cómo votaría si la elección fuera entre dos y no entre tres. En todos los escenarios donde aparece Alfredo del Mazo, el PRI saldría derrotado de forma contundente:

    Fuente: Grupo Reforma

    Peor aún. En el propio Estado de México, el PRI tiene más negativos que cualquier otro partido, así como su candidato quien también tiene más negativos que Josefina Vázquez Mota y Delfina Gómez Álvarez.

    El PRI va en primer lugar -empate técnico- según la encuesta de Reforma, pero todos los otros datos hacen pensar que tendrán una tarea muy difícil. El hartazgo hacia el partido tricolor ya permeó el estado que era intocable, el cual daban por sentado en todas las elecciones. El desgaste de la imagen del partido, aunado a la pérdida progresiva del voto duro debido al cambio generacional puede quitarle al partido tricolor el Estado de México. 

    Y si eso pasa, el PRI podría caer y no recuperarse nunca más. Lecciones como las de Italia y Grecia -países también acostumbrados al patrimonialismo- donde los partidos hegemónicos prácticamente desaparecieron son muestra de que el PRI ni es invencible ni existirá para siempre. 

    Para terminar, les invito a consultar todo el estudio de Reforma para que saquen sus propias conclusiones

  • El cumple del PRI, y sus 88 años de vida

    El cumple del PRI, y sus 88 años de vida

    ¡Feliz 88 aniversario PRI!
    Foto: PRI Tamaulipas

    El PRI cumplió 88 años y los priístas lo festejaron con bombo y platillo. Es que no cualquier partido político puede darse el lujo de cumplir 88 años de vida. 

    A juzgar por lo visto en lo que Peña Nieto y demás redes sociales del PRI publicaron, fue como una fiesta en familia, porque vaya, el PRI, más que ningún otro partido en México, ha creado un sólido sentimiento de pertenencia entre los que lo conforman. Para los priístas, serlo es un privilegio, son parte de algo.

    Ahí, en las celebraciones, hay júbilo, hay un sentimiento de triunfo y confianza que a veces cae en la arrogancia. Se recuerdan como el partido que básicamente construyó a México, a sus instituciones, que insertó al país en la globalización. Se consideran un partido de avanzada, el más progresista. Peña Nieto, con un porcentaje de aprobación que oscila entre el 6% y el 12%, se atreve a lanzarse en contra de la oposición y despreciarla casi como inferiores, recuerda que el PAN está rancio y que AMLO representa un retroceso. 

    Mientras Javier Duarte sigue desaparecido, mientras Humberto Moreira está protegido, mientras la BBC escribe un reportaje de una cantidad millonaria que «extravió el gobierno mexicano», mientras que 9 de cada 10 mexicanos no sienten simpatía por su presidente, mientras «los grandes» recuerdan las devaluaciones producto de los gobiernos de Salinas y López Portillo, mientras pasa todo eso, en el PRI hablan de la gran contribución que ha hecho su partido a México:

    El ambiente que se vive dentro de los festejos del PRI es uno muy diferente al que se vive allá afuera. La familia del PRI es una cosa, México es otra diametralmente opuesta.

    Pero ¿tienen razón en sus argumentos? ¿El PRI sí es un partido del cual estar tan orgulloso?

    Entre esa etapa de la historia de nuestro país que inició con Lázaro Cárdenas y terminó con López Mateos, podríamos hablar de mantadarios que de alguna u otra forma llegaron a hacer bien su trabajo y quienes construyeron esas instituciones de las que tanto se congratulan (como el IMSS o el ISSSTE), aquellos que formaron parte de ese milagro mexicano. Naturalmente se trataba de regímenes patrimonalistas y corporativistas, una condición que muchos países transitan como punto intermedio de la dictadura o la monarquía a la democracia, pero que como etapas intermedias o de transición funcionaban. Ese milagro económico, con su consecuente desarrollo social, debió traer a una clase media que formara la suficiente masa crítica para que impulsaran esos cambios que se necesitaban para democratizar al país. 

    Cuando ese modelo que tan bien había funcionado se empezó a agotar. esa clase media sí llegó, los jóvenes universitarios se concentraron para exigir cambios, pero ese movimiento terminó en una represión estudiantil. La transición no se dio, los gobiernos del PRI absorbieron y contuvieron a intelectuales y activistas, y así, la evitaron. Las estructuras corporativas del PRI se mantuvieron dentro de un contexto que ya exigía otras formas de organización, y entonces llegó la desgracia. Porque ya ni siquiera servían a un modelo que anteriormente habían funcionado, sino que terminaron funcionando para ellos mismos y a sus propios intereses. Ahí están los líderes charros que se enriquecieron gracias a sindicatos y organizaciones corporativistas como la CTM, la CROC, y la CNOP.

    El PRI de ahora, el que se jacta de ser el nuevo PRI, es ese que ya no funciona, el de los desastres de Echeverría y López Portillo, el de las devaluaciones, el de Peña Nieto, uno de los peores presidentes de la historia moderna, ese PRI heredero de la transición que nunca se dio en los años 60 y los años 70. Los que se congratulan de las aportaciones de su partido, como Enrique Ochoa Reza, no son ya ni siquiera parte del PRI de hace medio siglo que llegó, con sus muchos defectos, a construir cierto orden institucional que permitió a México un desarrollo continuo durante poco más de dos décadas. 

    Se congratulan de la firma del TLC bajo el gobierno de Salinas, el cual en mayor o menor medida -porque la implementación no fue la más óptima- se puede considerar un acierto. Pero ignoran el daño que el mismo mandatario y sus cercanos hicieron al país. Perfilan a Peña Nieto como «el gran reformador», atribución que hacen solamente los priístas, pero olvidan que esas mismas reformas fueron bloqueadas por el propio PRI cuando el PAN las propuso, y que varias de éstas no sólo no están implementadas de la mejor forma, sino que en algunos casos no están exentas de corrupción.

    En sus 80 años, el PRI nos invita a ver un México alternativo, uno que para muchos de nosotros no existe y no empata con la realidad. 

    El júbilo que se vive en el CEN del PRI por sus 88 años contrasta mucho con lo que vive una persona que va a trabajar 6 días a la semana para llevar comida a su casa. Contrasta mucho con lo que ve el joven preocupado por su futuro. Contrasta mucho con quienes se enteran en los medios diariamente de nuevos casos de corrupción o impunidad. Contrasta mucho con aquel hombre que está agobiado porque como no tiene palancas -o no quiere tenerlas-, la burocracia para él es muy lenta y no puede resolver sus problemas.

    Pero tampoco empata con la realidad propia del PRI, porque a pesar del ambiente excesivamente positivo, están en riesgo de perder el Estado de México, estado gracias al cual mantienen una sólida base de votantes duros y acceso a un gran presupuesto útil para las elecciones. Porque a pesar de que presumen sus bases y estructuras, el voto duro está diluyéndose poco a poco debido al cambio generacional, y -no sobra decirlo- a los pésimos gobiernos que no han logrado mantener contentas a todas sus bases. 

    El PRI cumplió 88 años. Todos ellos están muy felices. Yo no estaría feliz, ni aunque fuera priísta. La realidad, incluso para ellos mismos, no es muy prometedora.