El hombre es un animal político, todos los hombres tenemos una ideología política, y de hecho los que no saben de política también la tienen pero no son conscientes de ella. Lleven al más ignorante una de esas encuestas que tienen el fin de conocer la ideología política de cualquier persona y verán que aunque la desconozca, podrán determinar su ideología. No importa que no conozca ya no términos como «capitalismo», «comunismo», «socialdemocracia»; sino los clásicos conceptos de izquierda y derecha, y van a ver como obtienen un resultado. Porque la ideología política está determinada en base a creencias, paradigmas, percepción del mundo, etc. Que el conocimiento sobre temas políticos y económicos puedan refinar tu posición política es otra cosa.
Yo me he considerado una persona afín a la socialdemocracia. Como mucha de la gente que comulga con mi posición política, algún día estuvimos más a la izquierda (aunque yo no caí en las garras del comunismo, si al principio sentí una fuerte aversión al capitalismo, sobre todo por la influencia de Erich Fromm) y luego nos moderamos. Seguimos pensando en la igualdad y la justicia social, pero nos dimos cuenta que para eso no era lo más prudente abolir el mercado, sino por el contrario, servirse de él. El fin es el mismo, los medios cambian, porque cuando uno crece, sin perder de vista sus ideales como fin, debe de ser más pragmático al buscarlos.
Yo estoy consciente el por qué terminé siendo afín a esa ideología. Yo me eduque en una escuela del Opus Dei donde era muy patente la doble moral, donde tener un arete o el pelo largo era motivo suficiente para ser suspendido de la escuela, mientras que el golpear a un compañero o abusar de otros («Bullying» como ahora se le conoce) no necesariamente era motivo para ser suspendido de la escuela. Repudié el conservadurismo por eso. Si dicen que el liberalismo en algunos casos implica el que el hombre construya su «escala de valores a su antojo», al menos se lo que me puedo esperar de ellos, porque muestran su verdadera cara. En cambio el conservador, es hipócrita (no todos, pero en México la mayoría lo son) y muchas veces por su disfraz «doblemoralino» te traen desagradables sorpresas, a veces actos más desdeñables que los de los liberales. También en mis años de primaria fui una persona de pocos amigos, era excluido y en muchos casos era víctima de abusos por parte de otros niños. Pero resulta que yo era el más castigado por intentar defenderme. Por eso me hice más consciente sobre los problemas de las minorías excluídas, porque entiendo lo que sufren al ser excluídos (ya sea por su condición económica, por su condición física o su preferencia sexual).
Fue una introducción larga al tema que quiero tocar, pero creo era necesario decirlo (porque seguramente sintieron que lo escrito no tenía nada que ver con el título). Cuando hablo de mediocridad política, es porque en mis años en que he sido políticamente activo (intelectualmente hablando), he visto que en México las personas tienden a encasillarte en las pocas opciones políticas que existen en el país. Es decir, si critico la guerra del narco de Felipe Calderón, soy fiel seguidor de Obrador, si por otra parte, critico a este último, soy un personaje de derecha que se la pasa pegado frente al televisor viendo el programa Tercer Grado. Si digo algo bueno de Peña Nieto (que en realidad no hay muchas cosas buenas que decir de él) entonces la cosa se pone peor. Es curioso, parece que mientras detestamos a nuestros partidos políticos, muchos encasillan a otras personas necesariamente en las opciones que se nos dan, por un simple comentario.
Eso a mi, me habla de una mediocridad profunda y un desconocimiento de la política del mexicano, porque no conocen más allá de lo que ven y no se molestan en investigar. Algunos incluso creen saber mucho de política, pero caen en el mismo juego simplista de etiquetar a las personas bajo los mismos parámetros y con pocos argumentos o motivos para poderlo hacer. Parece ser, y tal vez eso creo que es porque vivimos en un régimen paternalista por 70 años, que no se cree que uno puede tener un criterio independiente, como si tuviera que estar enajenado necesariamente por los medios de comunicación como Televisa, o por el populismo de Andrés Manuel. Se me hace una forma muy simplista de ver las cosas. Luego, es entendible porque primero hablas bien de un político y cuando luego decides hablar mal, la gente se decepciona. Que parece que más que escuchar opiniones y crítica, esperan que les digas lo que quieran escuchar.
Y estoy hablando de clases medias y altas (que son los que tienen acceso a Internet), porque son los que tienen las condiciones para pensar por si mismos (dado que la gente pobre se tiene que preocupar por saber que va a comer al siguiente día) y las capacidades para tener una cultura política. Algunos no la quieren conocer porque la detestan, posición algo estúpida, porque la política necesariamente influye en la vida de las personas. Yo puedo decir que detesto a la gran mayoría de los políticos y a los partidos en general porque no me representan (no solo porque ninguno comulga con mi ideología, sino porque se han alejado de la ciudadanía), pero no por eso la política deja de ser interesante para mí.
Creo que en México necesitamos tener más cultura política. Los políticos que van a contender por la presidencia en el 2012 son el fiel reflejo de la mediocridad política del mexicano. Un Peña Nieto que aparte de ser una persona sumamente ignorante, no tiene las tablas, y ni siquiera se le ve una ideologia definida; una Vázquez Mota que no ha hecho prácticamente nada en su no muy larga trayectoria, pero que «es mujer»; y un López Obrador con dotes de mesianismo (que el que se haya moderado no significa que lo deje de tener) como si se tratara de la nueva llegada de Jesucristo. Y al no estar preparados, los políticos hacen lo que quieren, porque los ciudadanos no saben ni lo que quieren ni como lo quieren.
México vive una democracia incipiente, imperfecta por decirlo de alguna manera. Muchos nos creímos la novela de que con la transición democrática ya todo iba a cambiar, nuestros ingresos iban a aumentar, iba a haber más seguridad, los políticos se iban a comportar mejor, pero algo falló. Todo el inconsciente colectivo que venía arrastrando la nación terminó por boicotear la transición. Los mexicanos debíamos sacar del inconsciente ciertas conductas y reaprenderlas para adaptarlas a un marco democrático y no lo hicimos. Todas las mañas y los malos hábitos siguen, tal vez el escenario sea diferente, pero el fondo es el mismo: Mexicanos que esperan que el gobierno les resuelva la vida, políticos que hacen lo que quieren porque la ciudadanía no los vigila, gobiernos corruptos, sindicatos, monopolios. Nada de eso ha desaparecido.
“La izquierda es vieja como el hombre. También la derecha. El hombre tiene una cara conservadora y tiene una de cambio; es parte de la condición humana. El hombre va a vivir con esa contradicción. La cara conservadora, que tienen sus razones muy serias, porque no se puede vivir cambiando todos los días, cuando se hace crónica y cerrilmente cerrada, deja de ser conservadora y se hace reaccionaria. La cara de izquierda, cuando es tremendamente radical, se hace infantil”.
No recuerdo si fue con Díaz Ordaz o Echeverría, pero cada vez que hacían alguna obra, sacaban un slogan que decía «haz patria» (de ahí, la famosa frase de «haz patria, mata a un chilango») como una forma de presumir ante el pópulo la construcción de nuevos proyectos que estaba realizando el Gobierno Federal (La versión despectiva fué acuñada en Sonora según lo que pude encontrar en Internet). Era a todas luces una forma de demagogia para que tu ciudadano te dieras cuenta de que el gobierno si estaba trabajando por tu bienestar, no importa si esas obras fueran a ser eficientes o no.
La política antes del fenómeno del Internet y las redes sociales, era una práctica que se desenvolvía como algo aparte de los ciudadanos. Estos percibían los resultados (muchas veces maquillados) de los políticos en la práctica y en base a eso los evaluaban, no había una retroalimentación entre la ciudadanía y los políticos. El papel del ciudadano se limitaba a recibir información unidireccional sobre lo que nuestros servidores públicos realizaban (por medio de la televisión, la radio y los medios tradicionales), no existía interacción entre el ciudadano y el político. Y no quiero decir que con esto ahora dicha interacción sea plena, pero no podemos negar que gracias a Internet esta se ha fomentado más de lo que se hacía antes.
Después de ver todo esto de la adopción gay, del cardenal diciendo que amaizaron a los jueces de la suprema corte, de los neoliberales, de los comunistas y de todas las corrientes ideológicas que existen en nuestro planeta. He llegado a la conclusión de que todo es como un péndulo y en ello he basado mi teoría.
La izquierda en México es necesaria, como lo es en todos los países. Pero creo que en nuestro caso, la izquierda es un tanto débil. No tiene el suficiente peso como en otros países. La derecha en México es representada por el PAN y por un sector del PRI (por ej, Peña Nieto), la izquierda es representada por otro sector del PRI menos poderoso (ahí podría entrar Beatríz Paredes) y por el PRD. En México desde hace varias décadas ha gobernado la derecha, y creo, a mi punto de vista que es necesario un cambio de rumbo en el país. Vemos como en Europa, las dos posiciones siempre se alternan la presidencia.