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  • ¿Qué sentirías si violaran a tu hija?

    ¿Qué sentirías si violaran a tu hija?

    En su libro, «Mate: Become the Man Women Want», el psicólogo evolucionista Geoffrey Miller menciona que el mayor miedo de una mujer es llegar ser víctima de un abuso por parte de un hombre. Varias de las características que una mujer busca en un hombre cuando se trata de buscar una pareja van en este sentido. Por ejemplo, un hombre que la hace reír y se ríe de sí mismo es atractivo para ella, porque eso muestra que no tiene algún trastorno psicológico grave, y por lo tanto, el riesgo para ella es muy bajo.

    ¿Qué sentirías si violaran a tu hija?

    A veces a nosotros los hombres nos es difícil entender por qué es tan grande ese miedo. Para ellas, un hombre tratando de flirtear es como si se nos acercara un negro fornido de más de dos metros cuya fuerza es mayúscula; saben que físicamente se encuentran en desventaja, por lo tanto tienen que asegurarse que el hombre sea emocionalmente estable para que dicha fortaleza no represente un riesgo para ellas y puedan involucrarse en una relación con aquel. Gran parte de este trabajo mental que hace la mujer se desarrolla a nivel inconsciente, pero tiene sentido.

    Y a ello hay que agregar que ser víctima de una violación no sólo tiene que ver con la agresión física, también tenemos que hablar de la humillación que para ellas implica ser violada o abusada. Las consecuencias psicológicas para ellas son desastrosas, una violación puede arruinar su vida, puede implicar que ya no vuelvan a tener relaciones sexuales en su vida como consecuencia del trama, y además pueden ser víctimas de críticas injustas. No es poco común que después de ser víctimas de un abuso, reciban insultos como «te lo buscaste por puta», «tú lo provocaste por la forma en que ibas vestida». En México, una mujer tiene que pensar dos veces para hacer una denuncia en las redes sociales porque son proclives a recibir insultos de personas trastornadas. Incluso pueden recibir burlas de aquellos que se supone deberían de velar por sus derechos, como le sucedió a Andrea Noel, quien tuvo que regresar a Estados Unidos, después de ser víctima de un abuso en la Condesa.

    Está tan normalizada la violencia hacia la mujer en nuestro país, que un grupo musical puede realizar un video donde el intérprete incinera a una mujer después de que esta lo ha engañado, y luego no entender que fue la parte «que causó desagrado»:

    Gerardo Ortiz se defiende diciendo que ama a las mujeres tras el escándalo que rodea a su más reciente video musical. http://uni.vi/1058t1

    Posted by Primer Impacto on Wednesday, March 30, 2016

    Después de entender todo eso (o al menos intentarlo), después de tratar de entender el impacto físico y psicológico que significa para una mujer ser violada (no es lo mismo leer la opinión de un experto en un libro que sentirlo), entonces puedo tratar de dimensionar el grado de sufrimiento que padece Daphne y toda su familia, les han clavado una estaca. Ella, víctima de una violación por parte de "Los Porkys", una banda "criminal" de mirreyes, jóvenes hijos de empresarios y políticos influyentes de Veracruz cercanos al gobernador Jarvier Duarte, no va a volver a vivir igual. Según palabras de su padre, ella tiene ganas de morirse, no puede recibir contacto físico (abrazos, caricias, apapachos), toda la familia está resquebrajada víctima de los impulsos sexuales de personas con escasos valores y principios.

    Me siento triste por que me siento sola, sé que no es así pero así lo siento, muchos de mis ‘amigos’ y muchos de mis ‘conocidos’ dudaron y me juzgaron (antes de que salieran los videos)  ... Si he tomado, si he salido de fiesta, si he usado faldas cortas, como la gran mayoría, por no decir que todas las niñas de mi edad, ¿por eso me van a juzgar?, ¿por eso me lo merecía?, ¿por eso pasó lo que pasó?, ¿por andar de noche con mis amigas?

    No es coincidencia esa relación entre gobiernos autoritarios y mujeres abusadas. No es coincidencia que este tipo de casos se dispare en esta entidad gobernada por un déspota. No sólo es el caso de Los Porkys, otra mujer fue violada por hijos de gente influyente, entre ellos, el hijo del director de la Secretaría de Desarrollo Agropecuario, Forestal, Pesca y Alimentación (Sedarpa), y quienes grabaron el acto. Gente bien parada que busca mover sus influencias en las altas esferas para que sus hijos no pisen la cárcel. Ahí donde está el gobernador déspota que presume de dientes para afuera que se hará justicia, como ahí están también demagogos autoritarios en diversas latitudes del mundo como Donald Trump hablando despectivamente de las mujeres.

    Esta cultura del mirrey, de las élites podridas y echadas a perder, hijos de políticos o empresarios cercanos a la clase política, aforados de facto, que están en una posición social privilegiada lo suficiente como para no ser castigados por sus actos. Esos mismos que mandan a sus güaruras a golpear a quien se les atravesó en la calle, esos mismos que levantan a quienes les incomodan. Esos hijos muy mal educados, en familias de mucho dinero y poder, pero escasas de valores. Violadores y enfermos sexuales que se dicen "gente bien" y aparecen en revistas de la élite porque llevan su camisa desabotonada, su reloj de marca y manejan auto de lujo.

    Porkys

    Y a pesar de todo esto que he explicado, hay quienes se atreven a decir que la culpa es de las mujeres, que "ella los provocó con su vestimenta", que si fuera "más decente", eso no le ocurriría, como si los hombres fueran animales víctimas de sus propios instintos. Si una mujer hace una denuncia es una "feminazi", si una mujer es violada, ella es la "puta". No basta que a la mujer se le haya hecho realidad su más grande pesadilla, hay que "rematarla", señalarla y humillarla.

    Basta ver el video del padre de Daphne para entender el coraje, el dolor y la desolación que siente al ver sufrir a su hija. El padre, Javier Fernández, fue lo suficientemente compasivo como para no denunciarlos penalmente mientras los hijos se alejaran de ella, le pidieran disculpas y aceptaran iniciar terapia psicológica (como se muestra en el video, pensó en matarlos). A pesar de sus promesas, los padres de los violadores no cumplieron y Javier Fernández los ha demandado, no sin antes encontrar un montón de trabas, presuntamente gracias a la posición privilegiada de los padres de los violadores, y un vendaval de críticas hacia Daphne en redes:

    Es aterrorizante y muy deprimente para mi el hecho de que ahora digan que es "político", que "nos dieron dinero", que estamos "extorsionando"...   yo no quería quedar expuesta como paso ahorita, yo no quería ser juzgada o señalada por la sociedad, yo lo único que quería era un porque?

    Si eres padre, o fueras padre ¿qué sentirías si violaran a tu hija? ¿Cuál sería tu reacción? ¿Qué sentirías al verla destrozada, encerrada en su cuarto, sin ganas de vivir? ¿Acaso te gustaría que dijeran que tu hija se lo buscó por la ropa que llevaba o porque se fue "de peda" a un antro? Aunque las respuestas parecen muy obvias, para muchos no los son, como aquellas personas que siguen creyendo que una mujer es un objeto a su disposición.

    https://www.youtube.com/watch?v=4YwQtY4H_T8

     

  • Ser mujer

    Ser mujer

    Si celebramos un «Día Internacional de la Mujer», es porque todavía no hemos logrado aspirar a esa equidad de género donde ser mujer no implique una desventaja. Porque todavía se necesita insistir y recordar su aspiración a vivir como iguales en este mundo. Este día no es para felicitar ni mandar flores, es para reconocer su noble causa.

    Ser mujer

    En la mayor parte de nuestra historia, la mujer ha sido puesta a disposición del hombre. La mujer se encargaba de cuidar a los niños mientras el hombre salía por el pan. Esta dinámica en algún momento pudo haber tenido sentido, el hombre es más fuerte físicamente, y tenía que hacer uso de su fuerza para alimentar a la familia. Ahora ese rol de la mujer «que se queda en casa» es un sinsentido desde esa perspectiva cuando lo que importa es el intelecto y no la fuerza física. No critico a aquellas mujeres que decidan quedarse por decisión propia, más bien pongo en tela de juicio esos roles que todavía están preestablecidos como «lo que debe o debería de ser» o «lo que está bien visto».

    Basta ir al centro histórico de cualquier ciudad del país, las calles están llenas de nombres masculinos. Hasta hace algunas décadas, muy pocas mujeres tenían relevancia a pesar de ser demográficamente mayoría, y quienes la llegaron a tener, la obtuvieron gracias a su constante lucha para rebelarse con ese «concepto de mujer» a las que estaban llamadas a ser (Sor Juana Ines de la Cruz por ejemplo). Pero todavía en estos años siguen existiendo diversas formas de discriminación, que van desde perder un empleo por un embarazo hasta el feminicidio.  Todavía en estos años parece que para muchos, una violación sexual es producto del atuendo de la mujer y no de los desórdenes mentales del violador: – Ella lo provocó porque tenía pantalones ajustados.

    No me explico como en el siglo XXI la mujer no pueda manejar un automóvil, no pueda salir sin permiso de su casa y tenga que portar velo para no «cometer un delito» como si fuera un objeto o un accesorio, tal como ocurre en algunos países árabes. Más aberrante es que ésto se considere un asunto de moral, cuando se trata más bien de un asunto de poder. Todavía en este siglo, incluso en Occidente, se es más exigente moralmente con la mujer y tiene mayor riesgo de perder su honor: Si quien tuvo relaciones sexuales fue el hombre, entonces es un chingón; si fue una mujer, entonces es una puta.

    Y ahí cuidado si una mujer agarra un juguete de hombres o dice que de grande quiere ser Presidente o empresaria. – Mejor tú ponte a jugar té con tus muñecas mijita. – Y efectivamente, para muchos todavía está mal visto que una mujer le muestre sus sentimientos a un hombre y ésta tenga que esperar a que él lo haga. Peor aún, que la esposa sobresalga profesionalmente y el marido no lo haga tanto. El marido se sentirá humillado y señalado, porque se supone, él debería de ser el «hombre de la casa», el que manda, el cabrón, el que tiene «güevos».

    Cuando hablamos del Día Internacional de la Mujer, no hablamos de un pretexto para felicitarlas, sino de una buena razón para reconocer su continua lucha en un mundo que a través de la historia las ha puesto en desventaja. Hablamos de un día para recordar que ellas merecen igual que los hombres, la oportunidad de desarrollar su plan de vida.

    Porque un hombre que es hombre, se debe de pone de pie, y aplaudir a todas las mujeres que han luchado inalcanzablemente, a pesar de los obstáculos, a pesar de ellos mismos, y a pesar de todo.

  • El absurdo de Miss Universo

    El absurdo de Miss Universo

    Miss Colombia seguramente se encontrará muy triste, por algunos minutos había acariciado la gloria. El conductor del programa no leyó bien la tarjeta y pidió disculpas, pero el daño estaba hecho.

    El absurdo de Miss Universo

    Pero la belleza es un accidente.

    Así como lo digo, la belleza en su mayor parte viene dada por la configuración de los genes. Una menor parte, sí, viene dada por el cuidado que haga la persona de su cuerpo. Pero si la genética no ha sido complaciente con ella, no hay nada que se pueda hacer.

    En este sentido, concursos como los de Miss Universo premian a la genética, a una casualidad. Las participantes llevan regímenes de alimentación y ejercicio estrictos, pero estos lo llevan todas y de alguna forma todas cumple dicho régimen a cabalidad. Basta ver sus cuerpos para llegar a la conclusión de que todas se han tenido que alimentar bien.

    Entonces lo que queda es el carisma y sobre todo, la belleza. El carisma no es algo que se pueda poner a concurso, éste está dado por un sinfín de procesos que la mujer ha tenido que vivir durante su vida, y en cierta forma (sobre todo lo que toca a su temperamento) de nuevo, por los genes. Está esa otra parte donde a las mujeres se les enseña a tener porte y a saber caminar en la pista (o a disimular su falta de carisma con una artificial sonrisa), tal vez esto es lo único que se podría considerar digno de concurso, pero es tan sólo una pequeña parte.

    Se premia a la mujer como un objeto digno de ser calificado, se le califica con base en sus atributos físicos. Un concurso de este tipo no se podría equiparar, por ejemplo, con otro donde se premie al mejor pintor; porque en el caso de Miss Universo, la mujer no es el pintor sino el cuadro; y el cuadro no tiene mérito alguno, no se pintó sólo aunque a la mujer se le puede agradecer haber cuidado su figura y haber hecho lo propio con su rutina, como si hubiéramos agradecido al cuadro por conservar en buen estado su lienzo para que el pintor plasmara ahí la obra. Pero la corona no se le entrega a los genes, o a Dios. Se le entrega a la obra.

    Y con todo el respeto, una mujer no es un objeto.

    Al ver la escena donde le retiran la corona a la colombiana que creyó ser la ganadora por unos pocos minutos, pienso en los méritos. ¿Cuál es el mérito de una Miss Universo? La colombiana o la filipina quien terminó siendo, a la postre, la ganadora, llegaron ahí en gran medida por un accidente genético.

    No sólo eso, una Miss Universo no podría considerarse la persona más bella del planeta porque para entrar a este tipo de concursos, ella eligió entrar al medio para competir, dejando del lado a un sin número de mujeres que podrían considerarse más hermosas que no tuvieron interés en participar y ni siquiera se les vino a la mente hacerlo alguna vez.

    Después, las participantes son premiadas como resultado de las calificaciones de un jurado, quien las evalúa con base en un juicio subjetivo. Es decir, el jurado no representa la media de la opinión de los seres humanos que viven en la tierra; si levantáramos una encuesta global, posiblemente arrojaría un resultado diferente a la deliberación del jurado. Luego tendríamos que agregar que el concepto de belleza es diferente en las distintas culturas.

    Entonces, por ejemplo, sentirnos orgullosos al ver a Ximena Navarrete (con el respeto que merece ella) ser coronada es casi un absurdo. No estamos premiando mérito alguno, sino más bien un accidente genético. Sí, Ximena se preparó, hizo los regímenes que había que hacer, participó en eliminatorias, pero en ese sentido, todas las concursantes llegan en las mismas condiciones. Es como decir que Guadalajara (de donde es oriunda ella) puede ostentar superioridad sobre las demás ciudades porque se considera cotidianamente que la ciudad tapatía tiene a las mujeres más bonitas. Pero «Guadalajara» ni como ciudad, ni como sociedad, ni como resultado de sus políticas públicas o procesos de desarrollo o innovación obtuvo ese «reconocimiento», sino más bien fue resultado de varios accidentes, tanto genéticos, geográficos, como históricos.

    Entonces llegamos a la conclusión de que Miss Universo no es un concurso que tenga que ver con el mérito en su mayor parte, sino con un accidente.

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    Y entonces considerar a Miss Universo como el concurso más importante para premiar a una mujer, es asumir la postura sumisa histórica de la mujer. Porque ese premio consta de hacer juicios de valor con base a una accidente y no a un mérito. Se premia a la mujer como un agente pasivo (objeto) y no como un agente activo (iniciativa propia).

    Luego entonces, las mujeres ganadoras siguen cumpliendo su papel de objeto. Con su belleza «decoran» eventos importantes donde pululan las élites económicas de las naciones y aparecen dentro de la propaganda mediática. Aunque cierto, no son inexistentes los casos donde deciden dar un paso allá y aprovechan su visibilidad mediática para realizar actividades por iniciativa propia.

    El premio más importante para la mujer debería ser alguno donde se premie su iniciativa propia, donde se reconozcan sus méritos. Cierto, los hombres admiramos la belleza de las mujeres, pero eso no es algo que se debiera someter a un concurso, sobre todo porque al final, los juicios que hagamos de la belleza de una mujer son subjetivos, por más estereotipos que los medios nos pretendan imponer.

    Las mujeres que deberían de ser reconocidas son aquellas que logran destacar y hacerse un espacio. Aquellas que brillan por su valía, por su esfuerzo, y no por su configuración genética. Una mujer no debería de presumirse como objeto de un concurso o de algún tipo de propaganda (visita a México, nuestras playas, nuestras mujeres), y menos se les debería de exigir un estándar casi inalcanzable de belleza, como si ésta fuera más importante que todos sus demás atributos, provocando en la sociedad un sin fin de mujeres anoréxicas y bulímicas.

    Porque al final del día, una mujer es mucho más que una cara bonita y un «cuerpo bien dotado».

  • Las edecanes y la cosificación de la mujer

    Las edecanes y la cosificación de la mujer

    Si existe algo que está tan normalizado en nuestra sociedad mexicana y debería de ser algo reprobable es el uso de edecanes para vender productos y servicios.

    Las edecanes y la cosificación de la mujer

    Camino por el tercer piso de la Gran Plaza y una mujer con un conjunto azul pegado a su cuerpo intenta persuadirme para que adquiera un Paquete Telcel. De forma muy discreta pero ensayada intenta sin éxito que me detenga para convencerme de las bondades de dicho paquete, una artificial sonrisa y una pose un tanto atrevida es su estrategia de ventas. No funciona conmigo en parte porque a mí no me gusta que me interrumpan para venderme algo.

    Ese mismo día voy a la gasolinera y una mujer con un atuendo muy atrevido y de mal gusto (el cual tapa poco más que el pezón de sus voluptuosos senos), intenta venderme un aditivo para mi automóvil. Es de notar que no la capacitaron bien para explicar los beneficios de ese producto, pero el cuerpo lo puede todo y básicamente lo que hizo esa dama es colocar sus senos a la altura de la ventana de mi automóvil como si ellos hablaran por ella. Lamentablemente no tuvo suerte, porque yo no acostumbro a comprar los aditivos para mi coche en una gasolinera.

    Primero habría que llegar a la conclusión de que casi ningún hombre saldrá con la mujer en cuestión a cambio de comprar el producto, menos tendrá una aventura sexual. Básicamente ese tipo de estrategia consiste en atraer sexualmente al hombre de tal forma que éste preste mayor atención a la edecán y se deje convencer de una forma más fácil. Es casi como una forma light de prostitución, lo suficientemente discreta para que sea considerada como aceptable socialmente.

    Estas empresas utilizan a las mujeres como un objeto para excitar a los hombres a cierto grado que puedan lograr persuadirlos para que adquieran sus productos o servicios.

    Y a pesar de todo, es algo que se considera normal o aceptable en varios sectores de la sociedad.

    Basta con ir a eventos que conglomeran muchas edecanes, como la Expo Ferretera en Guadalajara, donde su cuerpo resaltado con las prendas ajustadas atraen la mirada de los hombres. De hecho el éxito de este tipo de exposiciones no sólo consiste en los productos, sino en las propias edecanes. – Juan, no sólo me interesa buscar que equipos venden para la construcción, también hay unas edecanes bien sabrosas ¡ándale, vamos!

    Es curioso que en la sociedad mexicana donde muchos se dan golpes de pecho ante temas como los gays haciendo énfasis en los «valores morales» se considere normal el uso de edecanes con prendas muy ajustadas y escotes que muestran la mitad del seno para atraer a los clientes con el fin de que, por medio de sus instintos sexuales, se les invite a adquirir un producto o servicio.  En realidad esa distinción hecha «con base en los valores morales» no tiene el fin de distinguir entre lo que atente a la integridad humana o no, como argumentan; sino más bien entre lo que es la regla y la excepción, entre lo que se conoce y lo que no ¿Qué atenta más a nuestra integridad? ¿el uso de la mujer como objeto sexual para vender algo, o la preferencia sexual de un individuo? La respuesta es obvia.

    En nuestra sociedad hemos acostumbrado a cosificar a la mujer, incluso en la propaganda se les muestra como objetos de venta «nuestras playas, nuestras mujeres». A las mujeres históricamente se les ha exigido un mayor número de normas morales que a los hombres, y a pesar de que ese rasgo machista mexicano ha ido menguando con el tiempo gracias a la apertura, la globalización y el crecimiento de nuestra sociedad; las mujeres todavía tienen sueldos más bajos por el hecho de ser mujeres y su presencia en altos puestos directivos y de poder sigue siendo minoritaria. En pleno Siglo XXI, muchos siguen pensando que las mujeres deben de quedarse en casa, o bien que no pueden aspirar más que a edecanes de alguna exposición de productos concurrida.

  • Soltera a los 30 años

    Soltera a los 30 años

    Cuando una amiga, conocida o pariente lamenta cumplir 30 años porque llegará soltera a esa edad, pienso una cosa…

    Soltera a los 30 años

    Y es que como sociedad nos hemos condicionado a jugar ciertos roles que en este siglo, no tienen sentido alguno.

    Cuando escucho a una mujer decir eso, siento que el fin único de su vida es casarse y procrear hijos. Y es que a muchas las han educado así. En ciertos colegios conservadores a las niñas les dan clase de cocina pensando en que tienen que hacer de cenar para el marido.

    – Es que quiero cocinar para «Él». – Pero a «Él» puede que le valga madre. El hombre tiene un plan de vida, y el plan de vida de la mujer es «Él», como espectadora. Sí, en muchos casos sigue sucediendo.

    Todos estos condicionamientos hacen que una mujer se sienta frustrada por llegar soltera a los 30 años: – Voy a vestir santos, voy a quedar como solterona.

    Y seguramente la tía, con una gran sonrisa y un tono bromista-sarcástico, le preguntará que pa’ cuando el bodorrio. Seguramente la pobre mujer se va a quedar frustrada. Sentirá que la señalan, que algo habrá hecho mal para llegar a esa edad, ¡En esas condiciones! Las hermanas ya se casaron y ella no.

    ¿Pero saben?, esas «quedadas» están colaborando más con la sociedad de lo que imaginan. Primero, porque en este mundo ya no cabemos tantos, ya no es lo ideal que todos los seres humanos se reproduzcan, tenemos que ser más selectivos. Incluso nuestra evolución como especie va en ese sentido: Familias nucleares más pequeñas, más solteras y solteros. ¡Están colaborando con la supervivencia de nuestra especie!

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    Una mujer soltera (no es que trate de idealizar la soltería, ni mucho menos demeritar a la institución del matrimonio que siempre será importante dentro de una sociedad) tiene todo un abanico de opciones por delante. Puede hacer su plan de vida, puede invertir en un negocio, estudiar una maestría…

    Y muy posiblemente después conozca a un hombre con el cual comparta proyectos de vida, o se respeten los propios, y así puedan formar una familia. Una donde la mujer no se someta al hombre,  más bien una relación colaborativa, donde los dos pongan de su parte, donde se dividan los gastos, donde uno pague la colegiatura de los niños y otro el alquiler; donde los dos convivan con los hijos, se dividan las tareas domésticas.

    O posiblemente decida vivir el resto de sus días soltera. Hay quienes están tan avocadas a su profesión que no tienen el tiempo para procrear hijos, y es totalmente válido.

    Y encontrar al amor de su vida no es una obligación, y ni siquiera ello necesariamente habla sobre su persona, o incluso su atractivo (físico y psicológico). Hay mujeres que tuvieron hombres en la fila de espera y no han encontrado a la pareja ideal; hay quienes nunca tuvieron suerte con los hombres, y en algún momento, de buenas a primeras, llegó la pareja con la que han vivido siempre felices (y me consta).

    Dicen que a los 30 años a las mujeres les queda poco tiempo de fertilidad (algo así como 10 años, dependiendo del caso). Pero vaya, ¿En pleno siglo XXI piensa alguien en procrear 10 hijos? La familia es la base de la sociedad, y en estos tiempos, se necesitarían demasiados recursos para poder mantener a tanto retoño y lograr que sean emocionalmente estables. Educar a tanto chamaco puede provocar angustias mucho mayores a la que le provoca a una mujer pensar por qué no se ha casado a los 30.

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    ¿Y por qué algunos insisten en medir la dignidad de la mujer con base en el estado civil? ¿Qué no tienen valor más allá de ser «la señora de la casa»? Esas ideas trasnochadas, obsoletas, a las que se supone, la civilización occidental ya superó, son las que angustian a las mujeres.

    Van a las bodas de las amigas y se preguntan por qué siguen solteras. La maldita presión social. Y tal vez a esas ni siquiera les importe, pero ella se hizo a la idea. Se verá el espejo ¿Serán los kilitos de más? ¿Será esa arruga?

    – Es que mira amiga, tú eres muy inteligente y estudiosa. Los hombres le temen a las mujeres inteligentes, lo vi en un artículo que subieron al «feis», así que tú siéntete orgullosa.

    Y ahí está esa tía, ahí esta observando para esperar de forma precisa y pragmática el momento en que le pueda lanzar la pregunta inquisidora a la mujer. La tía se casó a los 18 años:

    Es decir, desde los 18 años, ella esperó en casa a que llegara al marido. Si salió de viaje fuera del país fue para acompañar al marido a viajes de trabajo. En esos 12 años extra tú has hecho muchas cosas, viajaste con amigas, tienes algún proyecto en puerta, has hecho cosas interesantes. Has conocido varios hombres, te has dado el tiempo de buscar bien a tu pareja (que ciertamente no ha llegado) y no te has casado porque «tenías que casarte».

    Y no culpo a tu tía, no la culpes, así se estilaba antes. Por alguna razón las cosas eran así, pero la especie evoluciona. La mujer ha ganado más derechos, ha adquirido más protagonismo, y en esa dinámica, angustiarse por esos 30 años cumplidos «solteramente» es casi un contrasentido.

    Si te cuestiona la tía, deja de estar pensando en lo que van a decir los demás, ¿Porque sabes? Si algo tienen en común aquellas personas que hicieron algo de su vida, es que en algún momento muchas personas las señalaron. Eso ocurre mucho con quienes tratan de trascender. En cambio, quienes vegetaron durante toda su vida y se sometieron a los cánones impuestos, nunca fueron criticados… hasta que los demás se dieron cuenta que no ha hecho nada con su vida.

    Muchos hombres sabemos que nuestra fortaleza dentro de una familia no debería estar dada por la debilidad de la mujer, sino por la capacidad del hombre para ser fuerte respetando su fortaleza de su pareja.

    Porque no importa que llegues a los 30 años en plena soltería, eso de ninguna manera atentará contra tu dignidad, ni contra tu grandeza.

     

  • Cómo hacer que te quieran y no morir en el intento

    Cómo hacer que te quieran y no morir en el intento

    La semana pasada tuve una experiencia, por decirlo así, en el Tinder. Fue algo que me tomé muy a la ligera, como un juego, como una forma de buscar alguna mujer en otros círculos distintos al mío. Hace un mes había usado la aplicación y me había aburrido un poco, le decidí dar oportunidad otra vez, ese mismo día hice tres matches con otras mujeres (que es cuando coincide que tanto tú como la otra persona le han dicho a la aplicación que se interesan mutuamente aprobando una fotografía). De esas tres a una no le respondí, otra persona no me respondió y sí logré establecer una conversación con la tercera. Por principios no daré el nombre real de la mujer (la llamaré María) y no describiré rasgos que la puedan delatar porque mi intención no es exhibir públicamente a nadie.

    Cómo hacer que te quieran y no morir en el intento

    Comencé a conversar con María en el chat que tiene Tinder. En pocos minutos nos pasamos a Whatsapp debido a la deficiencia del chat de la aplicación, lo que implicó que ella me diera el teléfono. Me sorprendió un poco que me pasara su número telefónico tan rápido cuando ni siquiera habíamos conversado bien, pensé que podría ser una mujer desinhibida, o bien que de verdad el chat de Tinder es tan malo (que podría pensar que es a propósito para que los interesados den el siguiente paso y así no gasten tantos recursos de sus servidores). Empezó la conversación, fue algo que yo me tomé muy a la ligera, no es que presuma ser un «don Juan», para nada, ni siquiera soy muy hábil en el tema femenino; pero le he perdido el miedo a las «citas a ciegas» y tal vez en los últimos años haya adquirido cierta seguridad personal como para ver en esta dinámica algo meramente cotidiano.

    Al principio María me parecía un tanto interesante. Le gustaba leer, parecía ser una mujer inteligente (siento decir que la ignorancia es una razón de peso para que considere a una mujer como no atractiva), a juzgar por las fotos era una mujer un tanto gordita con bonita cara. Hablamos de varios temas y cuando comenzó a hablar de películas, pensé en invitarla al cine. Es cierto, es una regla no escrita no invitar a una mujer al cine por primera vez, pero fue algo sumamente espontáneo, tanto que ni me di cuenta que la había invitado cuando al mismo tiempo ella denotó algo de nerviosismo; lo cual asumí como normal, porque es algo que a mí me ha pasado. A pesar de ello, ella aceptó y nos veríamos el día siguiente.

    Ligando en el Tinder

    El desencanto llegó precisamente ese día antes de verla. La busqué por Whatsapp para recorrer una hora la cita dado que me agendaron una cita de trabajo. A partir de ahí se empezó a mostrar sumamente nerviosa e insegura. En repetidas ocasiones me dijo que se sentía nerviosa, yo le decía que no se preocupara que no pasaba nada. Me preguntó cuantas veces «había ligado» en Tinder, ella asumiendo que tenía experiencia dado que me sentía muy tranquilo y ella no. Me contó brevemente sus experiencias en Tinder (me las relató como un fracaso) y me preguntó por qué ella era «la afortunada» (no sé si se pueda considerar afortunado alguien que apenas vas a conocer y casi no tienes idea de como es) y para redondear, se ofreció a pagar los boletos del cine. Todo eso en conjunto me friqueó. No es que sea necesariamente malo que una mujer sea sincera y te diga que se encuentra algo nerviosa, o que te pregunte en son de broma por qué es la afortunada, tampoco que ofrezca pagar las entradas como un detalle, el problema es el contexto que se deja entrever con todos estos eventos. A partir de ahí perdí casi cualquier atisbo de ilusión y asistí por educación y esperando con una mínima ilusión, valga la redundancia, que el concepto que me había formado de ella fuera erróneo.

    Llegué al centro comercial que elegimos por mutuo acuerdo y la busqué en el establecimiento acordado. La mujer era más gordita de lo que pensaba (que no necesariamente tiene que ser un problema, alguna vez he llegado a desfallecer por una mujer con sobrepeso), y su cara, a pesar de que tenía bonitos ojos y en general era un tanto bonita, no la percibía como atractiva, concordaba con la idea que me hice de ella, no era un prejuicio mío. Cuando caminé con ella me sentía incómodo, no era una mujer que me hiciera sentir orgulloso; por el contrario, pasó por mi mente huir de ahí, esconderme, pero soy lo suficientemente respetuoso como para no hacer eso, traté de ser cortés, platicamos un rato, pero la incomodidad seguía ahí y nunca se fue. No era su sobrepeso, no era su aspecto físico, era, la inseguridad que irradiaba.

    Y yo soy lo suficiente malo para fingir que me la estoy pasando, que a pesar de que fui amable, ella se dio cuenta de mi desinterés y entonces percibí una decepción progresiva de su parte.

    No puedes usar a otra persona para que «llene» tus vacíos. Son pocas las personas que desarrollan una infancia perfecta, la mayoría de los mortales tenemos cierto tipo de complejos mentales (o traumas) y en varias ocasiones buscamos que sean otras personas las que llenen el vacío que estos problemas dejan, que si el papá fue de esta forma, que si la madre no ponía mucha atención, que si teníamos problemas en la escuela. Pero muchas personas aprenden a sobrellevar esos problemas y a pesar de ellos, logran tener una vida sana y estable. Es totalmente notorio que María tiene un gran vacío que necesita ser llenado, lo peor para ella, es que después de cada fracaso (tomando en cuenta sus historias previas que narró) alimenta más esos rasgos y malas estrategias que la hacen fracasar.

    Inseguridad personal

    María muy posiblemente sea una muy buena persona, posiblemente sea una persona interesante; pero la realidad es que en las relaciones sentimentales, quienes tienen más éxito son las personas más fuertes y aptas y no quienes intentan aparentar ser buenas personas. Conmigo se exhibió como una persona insegura y dejó de ser atractiva. Posiblemente si la hubiera conocido en otro contexto donde ella no se exhibiera como insegura, como «amiga de alguna amiga» y no en plan de ligue en una fiesta por un ejemplo, podría haber llegado a otra conclusión, – ¡Ah, esta María tiene buena conversación o es inteligente o sus ojos son bonitos!, pero no, el contexto es que nos conocimos en un ejercicio donde conocemos varias personas hasta dar con la indicada para formar una relación sentimental, esa era la dinámica, y a mis ojos, perdió.

    Cuando dicen (de forma errónea) que a las mujeres hay que maltratarlas, tiene que ver más bien con que las personas seguras de sí mismas, que se dan su espacio y se respetan son mucho más atractivas que las personas que usan todas sus energías en buscar la aprobación de la otra persona. Simples leyes biológicas.

    Sentí a María urgida de formar una relación para llenar esos vacíos y me dejó de interesar, las personas que denotan eso dejan de ser atractivas y tienen constantes problemas para encontrar pareja. En algún momento eso me ha llegado a pasar, no puedo verlo desde una perspectiva egoísta e improvisada dado que yo alguna vez en mi vida tuve el problema de María y me preguntaba por qué no era interesante para las mujeres y tenía pocas amigas. Tal vez se me hizo familiar el problema de María porque se parecía un poco a mi «yo» de hace unos años, y al «yo» que muchas personas (posiblemente la mayoría) llegan a ser alguna vez en su vida.

    Ambos sexos (en lo ideal) buscamos una pareja con quienes tengamos cosas en común, con quienes podamos compartir proyectos y nos complementemos, de quienes nos sintamos orgullosos. María debería de saber que si con esa autoestima baja logra involucrarse en una relación sentimental, se va a decepcionar completamente; posiblemente más que «llenar esos vacíos» padezca más la relación, y estos vacíos se hagan más grandes. María debería ocuparse más en ella antes de pensar en buscar alguien que la quiera. Si fuera así, no se sentiría forzada a quedar bien con quien pretende salir.

    Al final salimos del cine, la acompañé al lugar donde se había quedado y nos despedimos con un beso cuyo mensaje era que nunca nos volveríamos a ver y en ese momento terminaba todo (aunque en mi caso, la historia había terminado mucho antes).

  • El automóvil como herramienta de ligue y de conquista

    El automóvil como herramienta de ligue y de conquista

    Una ciudad desarrollada no es en la que los pobres pueden moverse en carro, sino una en la que incluso los ricos utilizan el transporte público. – Enrique Peñalosa

    El automóvil como herramienta de ligue y de conquista

    Sí, lo sé. Tú, que has ahorrado muchas quincenas para pagar el enganche. Dejaste de ir a algunas fiestas, querías ir a Europa pero no era prioritario para ti. Te sientes solo, no tienes muchas herramientas para conquistar a las mujeres, eres algo torpe y no eres una persona muy interesante. Tú, que crees que el coche te puede cambiar, ese automóvil automático equipado con bocinas con sonido retumbante para que escuches de forma nítida cada instrumento de las composiciones musicales de Arjona. Porque un pobre diablo en un gran coche es un gran chingón.

    Ya te imaginaste manejando en las «placenteras calles del Distrito Federal» (como lo muestran los comerciales y no la realidad) con tus Ray-Ban y tu camisa de florecitas peinando las avenidas de La Condesa pensando en que las mujeres se subirán a tu lujoso automóvil. Ya te viste siendo aceptado por los círculos sociales quienes no te bajaban de pendejo o perdedor (o que al menos tú suponías). -El coche me transformará de Luisito a Don Luis.

    Pero las mujeres, oh sí, todas van a venir a ti. Harán una larga fila que rodeará el Parque México porque ahora tú eres exitoso. Si tienes ese coche es porque Luis, es Don Luis, porque te has convertido en una persona muy importante, capaz, independiente (aunque lo estaciones en casa de tu mamá), aunque sabemos que eres el mismo tipo de siempre. Cuando te subas a tu automóvil y se escuche el ronroneo del motor cuando pises el acelerador, sentirás una falsa sensación de seguridad. Esa seguridad que no te dio ni tus terapias con el psicólogo ni los consejos de tus padres sobre como puedes aprender a quererte a ti mismo.

    Como eres una persona un tanto insegura y con no muchos gustos propios, sintonizarás en ese sistema Dolby Surround 3d THX certificado por George Lucas las 40 Principales, que se escuchen las canciones que estén de moda, para que te sumerjas en la masa. ¿Paradójico no? Quieres destacar sobre los demás con tu lujoso automóvil pero no te atreves a tener gustos propios. ¿Me rechazarán si Rachmaninov suena en mi automóvil? ¡Por favor, si ni te gusta la música clásica! Tus gustos no son muy refinados que digamos.

    Mientras tú piensas en conquistar con un auto para hacer parecer a los demás que perteneces a una clase social, el CEO Español o el gerente de banco estadounidense se suben al metro para ir a su lugar de trabajo. Pero tú sigues empecinado en tu objetivo, te imaginaste platicando con una mujer en tu automóvil: -Oh baby, bla bla bla; como si con un automóvil, tu labia y tu capacidad discursiva fueran a tener la posibilidad de tener una súbita evolución. Te imaginaste besándote con ella, con el automóvil como herramienta de preámbulo para una noche erótica.

    Te tengo dos noticias, una buena y una mala. ¿Cuál quieres primero? ¿La buena? La buena es que algunas mujeres podrán caer ante la tentación, sobre todo aquellas que como tú, creen que un coche es una muestra palpable de una subida en el escalón de las jerarquías sociales. La mala, es que es una pretensión, y las pretensiones en algún momento quedan expuestas. La mala también es que seguirás siendo el mismo tipo de siempre, ese tipo del cual no te enorgullecías de ser. Y lamento decirte amigo, que en algún momento, la caca va a flotar.

    Sí, las mujeres quieren estar con hombres que les puedan dar algo, que tengan un futuro, que aspiren a algo. Es algo completamente natural. Pobre de la mujer que decida estar con un bueno para nada (como tú, aunque tengas coche). Pero para hacer eso se necesita algo más que ahorrar dinero para comprar una máquina. A más bananera y atrasada sea una nación, más necesidad tendrán los ciudadanos de comprarse un coche como símbolo de status.

    Con esos doscientos mil pesos extra que pagaste por tener un automóvil de lujo, pudiste haber pagado una maestría, pudiste haberte ido de viaje por el mundo, te hubieras podido convertir en una persona interesante (sin desearlo directamente). Seguro tu experiencia por Italia, Austria, Budapest o Kuala Lumpur abonará a tu labia para atraer mujeres. Seguramente tu maestría o tus estudios te habrán hecho alguien más culto. Pero preferiste usar la fórmula tan gastada y previsible, alimentada por los comerciales de television de las empresas automotrices tan falsas como sugerir que se puede conducir sin tráfico en el Distrito Federal. En lugar de transformarte de tonto a listo, pasaste de ser un tonto, a un tonto con cohe.

    Pobre de ti.

  • ¿Por qué insultas a las mujeres?

    ¿Por qué insultas a las mujeres?

    Pleno Siglo XXI. Sí, y algunos se preguntarán que como le hacen para poder twittear con una piedra y un palo: ¿Cómo no se rompe la pantalla? ¿Cómo su mama les permite usar Twitter y no les dan unos cinturonazos para que aprendan?

    ¿Por qué insultas a las mujeres?

    Caray, es que tantas décadas, siglos de lucha, tanto supuesto progreso y hay gente que sigue pensando estupideces. Posiblemente tengan un IQ muy bajo, posiblemente sus mamás los dejaron caer sin querer cuando eran chiquitos, o tal vez estén ardidos. Tal vez este tipo de personas no tengan éxito con las mujeres y por eso las denostan. Posiblemente las mujeres los ven como unos estúpidos, buenos para nada, inservibles. Pero no es culpa de las mujeres, es culpa de ellos, porque ellos decidieron ser perdedores.

    Seguramente lo más cerca que han estado de una mujer es una revista pornográfica. Seguramente su mejor acto sexual durante toda su vida será esa vez que se masturbaron con una revista Playboy, para después llegar con sus (pocos, muy pocos) amigos a hacer chistes de las mujeres: -Es que Cerebro entiende, todas las mujeres son iguales. -Sí, te entiendo Misogilio Manuelo, todas son iguales por naturaleza; rehuirán de gente tan perdedora y asquerosa como tú. Es uno de los mecanismos que busca procurar la supervivencia de la especie.

    No, no es culpa de ellas, ellas hicieron su lucha, se ganaron su derecho al voto, lograron participar cada vez más en puestos más importantes, comenzaron a destacar en la política. Que haya parias como tú no es su culpa. Que si tú la violaste (porque no encontraste ninguna otra forma para que una mujer se te acercara) no es culpa de su ropa, es solamente tu culpa. Que estés retrasado evolutivamente es solamente tu culpa, eres un ser asqueroso.

    Es fácil crear una personalidad ficticia en Twitter, es fácil crear un nick interesante con un ávatar atractivo para crear misterio, para hacerte el importante. Pero yo sé que detrás de la pantalla que controla a ese usuario que emite insultos y críticas ante el sexo opuesto, existes tú, un obeso, feo, sin personalidad, ignorante, con halitosis (o sea, que te apesta la boca bien feo) cuyo único hobbie es consumir y consumir porno, y cuando tratas de meditar sobre la red de trata de personas (que dudo tengas capacidad de hacer eso) llegarás a la conclusión de que ellas tuvieron la culpa por tratar de verse bonitas y provocativas.

    Porque ustedes me dan asco, ojalá sean cada vez menos. Bola de prejuiciosos y perdedores. PERDEDORES así con mayúsculas. Toma un espejo, mira lo que hay ahí, trata de aguantar 10 segundos sin soltar el vómito y durante ese lapso de tiempo te darás la verdadera razón por la que eres así,

    ¡Perdedor!. Fuera de aquí.