Etiqueta: mirreyes

  • Es México güey, capta

    Es México güey, capta

    Es México güey, capta

    Desde que la tecnología avanzó hasta el punto donde cualquier individuo podía cargar con un dispositivo que incluye una cámara y que puede mandar los contenidos videograbados a Internet, los ciudadanos se dieron cuenta que tenían un arma o herramienta que los podía ayudar a hacer esa justicia que el Estado era incapaz de impartir.

    Estas nuevas tecnologías que han irrumpido, han «remoldeado» a nuestra sociedad, y han cambiado, aunque sea un poco, las reglas del juego. Primero, porque logran exponer casos, hechos y sucesos que antes quedaban en el anonimato; y segundo, porque la sensación de privacidad cuando una persona decide cometer una fechoría se ha reducido. No son tanto las cámaras que el gobierno instala en las principales vialidades, sino que cualquier individuo puede estar grabando para que el infractor sea captado infraganti. Eso puede hacer la diferencia entre salirse con la suya o, ir a la cárcel o sufrir de «desprestigio social».

    El #LordAudi es el claro ejemplo del papel que juegan las tecnologías y cómo estas llegan a rebasar al gobierno que debería de cumplir un mejor papel. Los ciudadanos se encargan de hacer el papel de investigadores para que el Gobierno simplemente (y si está dispuesto) ejecuta la sentencia. Esto es algo bueno y malo a la vez. Bueno, por la actitud proactiva de varios ciudadanos, y malo, porque es el trabajo que les toca a hacer a nuestros gobernantes.

    Sin un smartphone o un GoPro, #LordAudi se hubiera salido con la suya y el caso seguramente hubiera quedado impune. Ahora parece que las autoridades están tomando cartas en el asunto, y se habla de que este joven mirrey podría pisar la cárcel (o bien, pagar una fianza nada económica). Su «papi» podría ser un personaje influyente, pero la opinión pública, que se contrapone por cantidad, puede orillar al gobierno a hacer valer la ley.

    https://www.youtube.com/watch?v=cL0SPZKGMuM

    Las autoridades brillaron por su ausencia, #LordAudi iba manejando en un carril confinado para ciclistas, al tiempo que «molestaba» con su lujoso auto al ciclista de enfrente. El ciclista, al ver su medio de transporte atropellado, pidió ayuda a un policía bancario (ante la ausencia de cualquier persona que representara a las autoridades) mal preparado, que fue amedrentado y golpeado por el «mirrey caguengue» quien pidió que llamara a su papá, para que después no pudiera evitar su huida.

    Varios economistas y «opinólogos de Twitter» se atrincheran en las derechas y las izquierdas para asegurar que los países más exitosos son los que tienen «menos gobierno» o «más gobierno». Sacan sus frases y argumentos de Friedman, Hayek, Keynes o Krugman que encontraron en Wikipedia para clamar por el fin del gobierno o el aumento de su tamaño. Pero la intervención del gobierno en la economía no es la única variable entre los países que triunfan y los que no. México no es un país excesivamente intervencionista (aún comparándolo con algunos países europeos) y es muy ineficiente.

    El caso de #LordAudi es un pequeño compendio de cómo funcionan las instituciones en México. Debido a varias razones, algunas de ellas con orígenes históricos (como las diferencias raciales y de clase, o la herencia de un sistema de gobierno ineficaz, sometido a la aristocracia, como el de la Corona de España), nuestro gobierno es sumamente rentista y clientelar. Las autoridades, en muchas ocasiones, trabajan para el beneficio de unos pocos; de aquellos que están cercanos y comprometidos, de aquellos que tienen poder y dinero. De aquí, y no del «libre mercado» surgen las élites de nuestro país. Aquellos políticos y empresarios prominentes con privilegios son los que educan a sus hijos para sentirse que viven por encima de la sociedad, como nuestro estimado #LordAudi.

    Ese «Es México güey, capta», lo dice todo. Un México donde se sobreentiende que las instituciones no funcionan, y que dependiendo de la posición social, la fortuna y la cantidad de poder amasada, es la capacidad que uno tiene para brincarse al gobierno para satisfacer sus propias necesidades.

    Luego tenemos a un gobierno poco acostumbrado a la rendición de cuentas (por las mismas razones), débil, y que no puede hacer valer la ley. Un gobierno atrapado entre el deseo de las élites y que sólo actúa bajo la presión de la ciudadanía cuando ésta es tal que una respuesta negativa del primero puede tener un impacto negativo que repercuta tanto en su legitimidad como en los resultados de las elecciones venideras. La vocación de servicio por parte de nuestras autoridades brilla por su ausencia.

    #LordAudi es como funciona México, la única buena noticia dentro de este caso, es que al menos algunos ciudadanos están dispuestos a tener un papel más activo. Pero si bien, es deseable ver a los ciudadanos cada vez más involucrados y que reprueban públicamente este tipo de comportamientos, es tarea del gobierno impartir justicia, trabajar para todos, y no sólo para unos cuantos.

     

  • México, país de mirreyes y no de emprendedores

    México, país de mirreyes y no de emprendedores

    En todos los países existen élites (hasta en el más igualitario) y en cierta forma, más que indeseables, son necesarias. Existen seres humanos más fuertes y capaces que otros; es parte de la naturaleza de nuestra especie. Pero las élites al estar en la parte más alta de la sociedad, tienen una mayor responsabilidad para con ella. Sí, son privilegiados, y por ese hecho es que se espera más de ellos. Pero en México no pasa eso, las élites viven aisladas, viven un un mundo propio, aislados del resto de la sociedad de la cual sólo se sirven.

    México, país de mirreyes y no de emprendedores

    A Bill Gates, a Steve Jobs y a Mark Zuckerberg se les percibe como líderes. Pregúntale a los americanos cuales son los líderes de Estados Unidos en este momento y algunos mencionarán sus nombres. Sin ser perfectos y necesariamente puros, los americanos se benefician de la mayoría de sus élites (no por eso, no existen algunos prietitos en el arroz, ni por eso tampoco existen quienes buscan enriquecerse desmedidamente) por el simple hecho de que ascendieron fruto de su esfuerzo y su inventiva.

    Mientras el próximo nuevo empresario está en su garage, o está en un sucio cuarto planeando una nueva idea; en México, los mirreyes están gastando toda la fortuna de sus papás en darse una vida. Educados en el Colegio Miraflores, o en el Instituto Cumbres, escuelas de «vocación religiosa», se sienten herederos de lo que hicieron otros, más que pensar en forjar su propio camino. Los nuevos mirreyes están muy lejos de ser parte de la nueva camada empresarial global a quienes tratan de imitar mediocremente (porque no saben trabajar), y están muy cerca de el Orgullo y Prejuicio de Jane Austen, aunque ni Elizabeth, ni siquiera Darcy, llegaban a ser tan pedantes como nuestros jovencitos privilegiados, que preocupan más del vestir, de las marcas, que de las nuevas ideas y de los nuevos proyectos.

    En México todavía no somos muchos los que hablamos en término de start ups (más visto en una clase media con mayor responsabilidad social) y en nuestro país faltan muchos ricos que lo sean gracias a su emprendedurismo. Muchos buscan irse por el camino fácil de la política (algunos ni siquiera se corrompen en el transcurso, sino que inician ya corrompidos y con la convicción de que van a hacer negocio y no a servir, y ya lo están antes de afiliarse al Partido Verde), o piensan más en términos de herencia; mientras que emprender es como un «juego secundario», como la «gasonilera» de Javi Noble .

    Los mirreyes no son el futuro del país, son el pasado, son aquello que los países desarrollados han dejado atrás. Más proclives al rentismo, a la misoginia, a la petulencia, a la discriminación y a la falta de sensibilidad. Más parte de ese mundo que culminó en la belle epoque y que fue destruido con las guerras mundiales, donde los hijos de los rentistas se dieron cuenta de que se tenían que poner a trabajar. Si bien, nuestra fallida Revolución Mexicana podría haber tenido efectos similares (frente al rentismo en épocas del porfiriato), sólo consolidó a nuevos potestados que se sirvieron de los demás para continuar con la tradición rentista: Políticos, empresarios al servicio de los políticos, empresas que crecieron gracias al cobijo del gobierno y al sometimiento ante éste, y no gracias al libre mercado. Al menos los empresarios de esa época de alguna manera se tuvieron que poner a trabajar, sus herederos ni siquiera hacen eso.

    México está podrido porque sus élites lo están. Porque sus élites se han acostumbrado a servirse de la sociedad en vez de dirigirla. Ellos ya perdieron esa posibilidad, y tal vez habrá que depositar la esperanza en las clases medias de donde ciudadanos busquen surgir para posteriormente reemplazarlos, aprovechando la cultura del mundo global, que en este aspecto, es mucho más benévola que la nuestra.

    Y los mirreyes se esmeraron en buscar grabar el video de graduación del Colegio Cumbres con la misma cámara que rodaron House of Cards. Pero se les olvidó que para que el producto quede igual, hace falta edición, fotografía, y sobre todo, actores profesionales y no jovencitos misóginos petulantes:

     

  • La mediocridad de las élites mexicanas

    La mediocridad de las élites mexicanas

    En una sociedad siempre hay élites. No importa que la distribución de la riqueza sea muy buena, es más, hasta en los países comunistas (todos los habidos y por haber) hay élites. Es algo natural en el ser humano, y por lo tanto no debería ser indeseable que estas existan. Lo que sí se puede criticar es el modo en que son élites. Y es que estas al estar arriba del escalafón social, tienen mucha influencia sobre los que están abajo. Por eso una sociedad con mejores élites tenderá a ser mejor que una que no lo es.

    La mediocridad de las élites mexicanas

    ¡Y las élites en México son mediocres!

    Una cosa es tener dinero, vivir muy bien, tener recursos de sobra, y otra cosa es la arrogancia y falta de humildad. El comportamiento de las élites mexicanas refleja en cierta medida la forma en que están organizadas las estructuras sociales y económicas. No se puede generalizar, cierto. Pero la forma en que muchas de estas élites generan su riqueza (lejana al precepto de libre mercado y libre competencia) explica un poco por qué las élites en México tienden a ser como son. Pareciera que las élites en México no están bien educadas. Estudian en las «mejores escuelas» pero muchos de ellos no leen. En muchos de los casos, los padres en vez de enseñar a los hijos la cultura del trabajo, permiten que vivan como juniors, con los mejores coches, las mejores botellas de vino.

    El Mirreynato

    El video del Instituto Cumbres, una de las escuelas más caras del país, es una muestra de la forma en que las élites se ven. Donde el exceso del derroche es totalmente visible, mientras que el trabajo y el esfuerzo quedan a un lado. El desdén por las otras clases sociales, el racismo y el clasismo, tienden a ser común denominador. En realidad no están tan bien educados, en muchos casos no leen, y están más preocupados por el derroche que por prepararse y estudiar para poder ser emprendedores en un futuro. Muchos de ellos critican a los pobres por vivir en la ignorancia, pero muchos no saben mencionar cuales son los 3 libros que más han influenciado su vida (esto un ejercicio que se hizo en la IBERO alusivo al tropezón del Presidente).

    Ser rico no es malo, lo malo es ser mediocre a pesar de tener todos los recursos a la mano para no serlo.

    No se les puede criticar por ser ricos, sobre todo si sus padres han obtenido sus recursos honestamente a base de esfuerzo (que no siempre es el caso), pero sí se podría esperar que debido a su posición social, tengan una buena educación, deseen emprender, y hacer algo por mejorar el país. No importa que manejen su Porsche, o que vivan en una gran residencia, pero que se les enseñe a ser productivos y no sean parásitos de los recursos de sus padres (que en algunos casos provienen, sí, de los recursos públicos que nosotros financiamos).

    Aquí no se encierran en el garage para inventar cosas, aquí derrochan lo que estas primeras personas han inventado.

    Al estar en una posición privilegiada, tienen mayor posibilidad de hacer un cambio por el país. Algunos (los menos) aprovechan esa posición para hacer buenas cosas por la sociedad, muchos otros no lo hacen. El problema es que su mediocridad termina influyendo. Aquellos que viven en la élite terminan siendo no tan admirados como Bill Gates o Steve Jobs que hicieron su fortuna a base de esfuerzo e inventiva, y más bien son conocidos por su forma extravagante y derrochadora de comportarse, donde le dan más importancia al apellido que al esfuerzo.

    No, no son todos. Hay muchos «ricachones» en México que son un ejemplo, pero son los menos, no son muchos. El mirreynato es también producto del México vertical en el que hemos vivido, en donde muchos de ellos viven en una burbuja tan grande que no han visitado el centro de su ciudad (conozco casos en la Ciudad de México, y vaya que su centro es muy bonito). Si los de clase media debemos considerarnos «muy privilegiados» porque estamos en el 10% de la personas con más riquezas en el mundo, las élites al menos deberían ser conscientes de su posición.

  • Mirreyes en Irán

    Mirreyes en Irán

    -Mi Papaloy, viajé a París, a Inglaterra, a todo el mundo con el dinero de mi papi. Pero Irán es como una Disneylandia para mí. Lo que se me hizo raro es que todas las lobukis tuvieran velo.

    Mirreyes en Irán

    Hace unos días platicaba con mi amiga Patricia sobre el patriarcado y la dominación del hombre sobre la mujer. Ella es especialista en temas de equidad de género, y me comentó puntos de vista interesantes que yo nunca había contemplado. En las comunidades donde el patriarcado es más fuerte, los hombres suelen ser excesivamente varoniles, es algo prohibido mostrar sus sentimientos porque es visto como un síntoma de debilidad (aunque técnicamente en muchos casos no es así), el orgullo y el poder son algo que los varones deben de buscar, deben adquirir un honor (aunque Schopenhauer decía que el honor no se adquiere, sino es algo que ya se tiene y que se puede perder; por el contrario de la fama, que se adquiere), por eso, lo femenino y por ende, lo considerado débil, se desprecia; y más si hablamos de un joven que muestra sus sentimientos o ya no digamos un homosexual que rompe totalmente con el esquema patriarcal.

    Yo alguna vez conté que estuve en una escuela del Opus Dei, y las prácticas patriarcales se notaban. Por ejemplo, los «abusones» no eran muy castigados por los maestros, a menos de que la agresión fuera muy fuerte (golpes fuertes por un ejemplo), los que sufrían el Bullying terminaban siendo más mal vistos porque reflejaban, debilidad. Es curioso que en una institución ultraconservadora, te aplicaban una sanción más fuerte por contarle a tu amigo de sexto de primaria que los papás tenían relaciones sexuales para tener hijos, que por insultar y denigrar a un compañero. El puro hecho, de que la institución fuera de puros hombres, explica mucho las cosas. Explica una visión anticuada de la humanidad que ya no funciona y no debería funcionar. El hombre aprende a ver a las mujeres como objetos. En esta escuela era más constante la pornografía que en una escuela mixta. En una escuela como esta, un hombre se atrevía a gritarle a una mujer en la parada del camión «dame tu falopio» (tomando en cuenta que nos estaban enseñando los órganos genitales de las mujeres), la mujer salió más «cabrona» y al jovencito de 13 años le rompió la nariz y lo dejó ensangrentado.

    Los llamados mirreyes son un ejemplo de ese patriarcado. Ese modelo de joven machista, vestido a la moda de una forma en que resalte su masculinidad, aquel que trata de basar su orgullo en las conquistas amorosas (sexuales y/o genitales) y las posesiones materiales. En México tienen como ejemplo a seguir a Luis Miguel y a Roberto Palazuelos (eso dicen). Buscan verse bien, cuerpos fuertes, atractivos, lentes oscuros, ropa de moda, camisas desabrochadas a la espera de conquistar y seducir mujeres o «lobukis» como estos les llaman. Y es curioso porque revisando unas fotos de Iran, sociedad patriarca por excelencia, me doy cuenta de que los hombres no llevan túnicas ni vestimentas tradicionales, no, están más occidentalizados de lo que creemos, veo a un joven iraní, que por el influjo de la globalización ha occidentalizado su vestimenta; veo a un joven iraní y veo a un mirrey. Fornidos, camisas ajustadas, lentes negros, pantalones de mezclilla ajustados, peinado muy bien delineado, y si tienen barba, con mayor razón. Mientras aquí esa combinación es una de tantas, allá pareciera que hasta es igual de obligatorio que el velo en las mujeres.

    Las mujeres no parecen tan «agachadas» como uno podría pensar, pero sus vestimentas también nos hablan de una sociedad patriarcal. Patricia me decía que uno de los rasgos de las mujeres en una sociedad de este tipo, es que debe verse «muy bien» (y lo recalco), debe sonreír con mesura y ser «prudente» al hablar. Las iraníes están también occidentalizadas, sus velos incluso son «fashion», pero su vestimenta pareciera que debe de ser impecable, deben de verse atractivas (claro que por la represión que viven, no pueden enseñar ni «chichi» ni «pompi»). Parece que en Irán las mujeres viven para los hombres, se visten para ellos (y no es que aquí no pase esto último, es que allá es más marcado).

    Esta imagen contrasta con la que se vive en algunos países como Estados Unidos y varios países de Europa, donde si bien también existen las modas (de ahí las copian los mirreyes iraníes) y una amalgama de opciones para vestir, la gente viste de una forma más relajada, más casual, menos pretenciosa; y donde comentaba, este tipo de vestimenta tipo «mirrey» es solo una de varias que se encuentran en la calle, o se ven más bien en algunos tipos de lugares como los antros. En países donde el machismo prevalece, esa vestimenta se convierte en la casual, donde el hombre debe presumir su virilidad, su orgullo, su poder, su puesto en la sociedad.

    Y vaya que los iraníes a pesar de haber sido incluídos en el «eje del mal» por George W Bush, están muy occidentalizados, pero las modas están supeditadas al régimen patriarcal en el que viven, se visten como occidentales pero pueden tener muchas mujeres. Caray, creo que mi escuela del Opus Dei se queda chiquita ante eso.