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  • Me duele la gente, me duele mi país

    Me duele la gente, me duele mi país

    me duele la gente, me duele México1) Todos dicen creer en la democracia, pero no muchos la ejercen en su vida diaria, lo que menos abunda en la gente es el sentido de la tolerancia hacia aquellos que piensan diferente. Resulta ahora que todos los partidos son autoritarios, pero los ciudadanos somos bien democratototeees.

    2) Manifestar el repudio en contra de un candidato y lo que representa no es intolerancia, se le llama libertad de expresión; y es que todo tenemos el absoluto derecho a manifestar que algún candidato (en este caso presidente electo) es un peligro para la nación, ¿y nos podemos equivocar?, claro. Intolerante sería si insultara y degradara a aquellos que apoyan a dicho candidato; para eso hay formas más civilizadas para disentir con ellos, como el debate de ideas, mostrar nuestros puntos de vista (aunque estos sean contundentes) sin agredir al contrario y limitarse a atacar las ideas.

    3) Yo voté por López Obrador, pero aún así reconozco muchos de sus errores y soy muy crítico con el personaje. En el siglo XXI no se puede pensar en ser totalmente leales a un partido o político, menos en una época en la cual la cultura política se ha degradado y la cual está en crisis en nuestro país. La historia nos ha enseñado que no siempre los buenos son tan buenos, o los malos tan malos (aunque en este caso si le atinamos con más frecuencia).

    4) Me recalcitra cuando gente afín a Peña (no generalizo porque muchos así no son) cuando habla de mi posición política se refiere a mí como «ustedes», por tener ideas diferentes ya me discriminaron cuando yo nunca he criticado a la persona que se refiere a mí con esa polarizante palabra. No niego que muchos del «otro bando» (para usar su término) también hagan lo mismo. Digo, así si se va a dividir México.

    5) Muy triste es, que las diferencias políticas terminen por lastimar amistades, nuestra democracia es tan incipiente que todavía supeditamos una amistad a cuestiones políticas, incluso cuando le hemos demostrado a esas amistades nuestro genuino sentimiento de muchas otras formas. Lamento el hecho de que la gente crea que las amistades dependan de las ideologías, y que cuando disentimos, crean que estamos agrediendo a ellos.

    6) Un partido político o ideología no es un equipo de futbol, cada quien tenemos una ideología adquirida por nuestra experiencia de vida y bajo la cual creemos que el país la sociedad pueden progresar, si nos va bien, les va bien también a la gente con posturas diferentes, si nos va mal, a todos nos «carga el payaso» sin excepción.

    7) Esta partidización (futbolera) de, los partidos, hace que la gente generalice y artibuya los defectos visibles de una partido a todas las personas afines a él, como si «todos» los priístas fueron corruptos, como si «todos» los panistas fueran mochos, o como si «todos» los perredistas fueran revoltosos. Así, se contribuye más a dividir y a polarizar este país. Y lo que no se dan cuenta es que los partidos y su forma de comportarse son un claro reflejo de lo que es la sociedad.

    8) Me dicen antipriísta, se equivocan, no puedo estar completamente en contra de un partido por el punto anterior (a menos que fuera un partido totalitario, no sé, el partido nazi, pero eso en México no existe), yo no soy antipriísta, cuando hablo mal del PRI no meto en el saco a «toda» la gente  de ese partido, critico a lo visible, al PRI de Peña, al PRI que va a llegar al poder. Y no dudo que dentro de ese nido de «fichitas» del PRI copetudo exista alguna gente bienintencionada.

    9) La gente le echa la culpa de las desgracias a los demás por haber votado por el otro candidato, tomo literalmente lo que pusieron en el muro de Facebook de una forma totalmente destructiva y despectiva de la gente del partido tricolor:  Eso es lo peor, la gente tiene toooodo el derecho de estar pendeja, lástima que nos llevan entre las patas. =( . Me pregunto si alguna vez le habrán preguntado a esa gente por qué votó por Enrique Peña Nieto.

    10) En resumen, México no es un país democrático, porque no sabe ejercer la democracia, me duele la gente, me duele mi país. Y sé que la llegada de un candidato con rasgos autoritarios, y con una tremenda ignorancia como Peña Nieto, es representativo de la sociedad, y no solo de los que lo apoyan, también representa a muchos que lo detestan.

     

  • México, olla de presión express a punto de explotar

    México, olla de presión express a punto de explotar

    México, olla de presión express a punto de explotarParece que esto va a explotar, ya la presión acumulada es inmensa, posiblemente nos tardamos 2 años para hacer ese 1810-1910-2010, pero se ve venir. Nunca en la historia de nuestro país (por más que los medios mainstream o «copetestream» lo quieran minimizar), se habían llevado a cabo tantas marchas, ya no en contra de un gobierno en turno, sino de un candidato y de los intereses que lo rodean, porque dichas marchas no son solo contra él, sino contra los medios de comunicación parciales (más bien vendidos, porque un medio tendría el derecho de opinar desde su perspectiva) como lo que protestan los manifestantes de la #MarchaYoSoy132.

    México no va aguantar otro gobierno autoritario y eso nos queda claro. Esta presión se viene acumulando creo desde tiempos de Fox cuando la gente vio frustradas las intenciones de cambio y se acumularon en el 2006 después de un tanteado fraude electoral en contra de Andrés Manuel López Obrador lo cual causó la polarización de la sociedad, y la muerte de «la esperanza» para algunos; los afines a AMLO advirtieron de un «complot» y de «una mafia en el poder». Después de un gobierno mediocre (tanto en lo económico como en lo social) de Felipe Calderón, se empezó a respirar más tensión en la sociedad, y se empezó a acumular más con la candidatura de Peña Nieto, la cual olía (y cada ves huele más) a ese México rancio y autoritario. Ahora ese sentimiento de una élite, de unos medios de comunicación y unos grupos políticos que quieren imponer no son percibidos por los «pejefans» más radicales, sino por ya un sector considerable de la sociedad con diferentes ideologías y estratos sociales.

    Las manifestaciones en la Ibero, las marchas #AntiPeñaNieto y #MarchaYoSoy132, son como esas humarolas que empiezan a salir de una olla que en cualquier momento podría explotar si no se toman las debidas precauciones. Estas marchas no solo están tomando un alcance nacional, sino que medios internacionales como El País entre otros, quienes dieron cobertura al #15M y al #OcuppyWallStreet, están centrando sus miradas en México. Saben que lo que se vive en México es algo que no se veía desde el 68, y curiosamente las fechas coinciden. En 1968 se llevaron a cabo manifestaciones en gran parte del mundo, aunque solo en México esta fue aniquilada con una asesina represión por parte de Gustavo Díaz Ordaz. Ahora también estas manifestaciones están ligadas al inconformismo mundial que hemos visto en tiempos recientes. Y es que si bien el problema en México es la oposición rotunda de la población a la implementación de un gobierno autoritario, estas manifestaciones también están influenciadas por lo que se vive en el mundo, porque el hartazgo y desgaste de la política es un problema global, y no solo nacional.

    Las marchas han sido pacíficas. Pero pienso y medito sobre la reacción que tendría la gente si como se piensa, el PRI de Peña Nieto implementara un gobierno autoritario (más con los notables destellos que nos han mostrado). Posiblemente el gobierno priista tratará de crear un ambiente donde se perciba cierto progreso, pero el PRI ha usado tantas artimañas que a muchos les será difícil de creer, y solo será necesario que cojeén una vez del pie para que la olla de presión se desate. Esto no es «solo culpa del PRI o de Peña quien no ha llegado siquiera al poder», es un desgaste social y político que venimos arrastrando y de la cual como sociedad somos parte y por ende no nos exhime del problema. Esta problemática la vemos en todos los partidos, quienes se han deteriorado y han dejado del lado sus convicciones ideológicas. Ciertamente las manifestaciones han sido «antipeña» porque el miedo al PRI añejo es mayor, pero debería ser un repudio contra toda la clase política y también un momento de reflexión para pensar que estamos haciendo mal como sociedad.

    Siempre la vía pacífica es la mejor, pero no hay que descartar algún enfrentamiento violento en el futuro, como respuesta a una posición del gobierno también violenta. Lo peor de la sociedad podría salir (y me refiero a la sociedad incluyendo desde los ciudadanos, hasta las élites y las esferas políticas), y hasta un punto podría ser necesario como si fuera una catarsis, como un humano que se desploma moralmente a tal grado que sabe que no le queda de otra más que salir adelante y se pone en acción. Ciertamente en la política hay gente bienintencionada (la excepción, no la regla), yo conozco personalmente gente con principios, ideales, con convicciones y congruentes hasta dentro del PRI, pero todo esto malo que vemos es un cáncer que padece la sociedad a todos los niveles, y hace falta una sacudida, ya no podemos seguir más así, ¡ya no carajo!. Y si es necesario un movimiento brusco, ni modo, que venga.

  • Una lenta y continua decepción de la política mexicana.

    Una lenta y continua decepción de la política mexicanaCuando era un niño, el Gobernador del Estado de Jalisco era Cosio Vidaurri, del PRI. Y aquel en su tiempo pidió licencia por las explosiones en el alcantarillado en Guadalajara que dejó cientos de muertos, por lo cual el Presidente Innombrable del República de ese entonces, Carlos Salinas lo envió como embajador a Guatemala como una forma de protegerlo porque muchas de las acusaciones apuntaban hacia él. En ese tiempo yo iba al club deportivo Atlas Colomos (del mismo equipo de futbol que se acaba de salvar del descenso) y ahí siempre me cortaban el pelo. Habían dos peluqueros y a veces uno no corría con la suerte de encontrar a uno desocupado, y fue así, el «cliente» que estaba siendo atendido por mi peluquero favorito era Cosio Vidaurri, cuando era gobernador. Yo nada más lo ví y le grité «eres un pinche ratero» (el tipo no tuvo más que sacar una carcajada). Esa curiosa anécdota me la recordaron mis padres, mis tíos y todos mis parientes y hasta la fecha lo hacen.

    En ese tiempo me enseñaron a odiar al PRI, y tal vez habían argumentos de peso, mis familiares sufrieron las crisis provocadas por Echeverría y López Portillo. La que si recuerdo fue la de 1994, que ciertamente a nosotros como familia no nos afectó tanto porque mi papá conservó su trabajo (luego a raíz de esta la empresa donde trabajaba quebraría pero se había anticipado y había cambiado de empleo), pero muchos familiares se vieron en serios aprietos. Las cosas no volvieron a ser igual, en las navidades ya no me regalaban juguetes «todos mis tíos» tan solo lo hacían mis padrinos. Tenía 12 años, pero era lo suficiente para ver la angustia en la gente, aprendí lo que era una devaluación, y también lo «ratero» que había sido Carlos Salinas. Después de terminar su gestión era clásico inventar chistes de Carlos Salinas, en los consultorios se pegaban hojas impresas haciendo chistes del expresidente, algo así como un antecedente con lo que ahora se hace con los candidatos en las redes sociales.

    En ese entonces yo era panista, porque era «el partido del cambio». Creía inocentemente que eran los buenos, los incorruptibles, los honestos. Claro,  a los 14 años todavía no sabía si era alguien de derecha o de izquierda, había escuchado alguna vez la definición en alguna clase en la secundaria pero nada más. En 1994 se dio la «alternancia» en Jalisco, llegó Alberto Cárdenas del PAN, lo cual trajo la primera emoción y marcó un antecedente de lo que jamás sucedería a nivel nacional; a pesar de su conservadurismo (al grado de prohibir las minifaldas en recintos públicos) había hecho un buen papel (y tal vez el único de los gobernadores panistas que hemos tenido), con esos antecedentes y con todos los comentarios positivos que hacían mis parientes de León, donde el gobernador era Vicente Fox, pensamos que el guanajuatense iba a encarnar el verdadero cambio. Ya tenía edad para votar, y todos mis votos iban a ser PAN. Cuando se dieron a conocer los resultados preliminares de las encuestadoras (que marcaban una diferencia suficiente para no tener que esperar a que el PREP lo ratificara) me llené de emoción, festejé como tal como un aficionado al futbol festeja cuando su equipo hace un logro importante. Al siguiente día, en la preparatoria, no dejé de echar carrilla a una amiga con afiliación priísta, le hacía la «V» de la victoria para molestarla, y me burlaba de su Zedillo (de quien años después, tuve que aceptarlo como el mejor Presidente desde López Mateos).

    Cuando empezó a ejercer la presidencia, comenzaron poco a poco a llegar las decepciones, después de más de un año de gestión, mis amigos y yo comentábamos que el gobierno de Fox en realidad no parecía tan bueno, no tanto como nos lo había pintado. Ciertamente los indicadores económicos en su gobierno fueron positivos (por el contrario de lo que ha sucedido con Calderón), pero no se palpaba ese cambio, nuestros ingresos no crecían, y lo peor es que la estructura heredada del PRI ahí seguía y Fox no hacía nada para al menos provocarle algún raspón. Fox se convirtió en el payaso presidencial. Y al tiempo que Fox Gobernaba, en Jalisco el Gobernador Rámirez Acuña comenzó a ejercer la mano dura contra la población, deteniendo a varias personas en una «rave» en Tlajomulco, y también encarcelando a varios altermundistas en la Cumbre celebrada en Guadalajara en 2004, donde muchos afirman por lo que vieron que los «revoltosos que destruyeron los locales en el centro» fueron enviados por el gobierno para desacreditar la manifestación. Lo cual provocó la indignación (entre otros temas) de parte de la sociedad tapatía que vieron en las organizaciones civiles una forma de hacer contrapeso.

    El PAN se estaba desgastando y cada vez parecía menos al PAN que nos habían vendido, ese partido humanista, subsidiario y solidario. El PAN dejó de ser «mi partido» en el 2006, y terminé inclinado por una especie de «agnosticismo político». Fue la última vez que les di mi voto, dentro de una difícil decisión, era Calderón o López Obrador, y después de pensarlo mucho me incliné por el primero. Esa sería la última vez que le daría mi voto al PAN. Pero el partido había caído de mi gracia, por la forma en que llevó la campaña (la guerra sucia) y porque terminó siendo utilizado y prostituído por los poderes de facto; y también por el PRI que legitimó la elección del 2006 porque ellos en ese entonces ya tenían su «proyecto» para el 2012 (dado que tenían perdidas las elecciones del 2006). El PAN no solo no acabó con los regímenes priístas, sino que Carlos Salinas vive tranquilo en México a pesar de todo el daño que le infringió al país, y Calderón para ganar las elecciones pactó con Elba Esther Gordillo, poniendo en un lugar crítico a la educación con tal de que el michoacano llegara a la presidencia.

    El PRD es una cuestión diferente. No puedo hablar de decepciones porque no han llegado a la Presidencia, pero si puedo decir que si bien han hecho una buena gestión en la Ciudad de México (sobre todo con Marcelo Ebrard), les cuesta trabajo desligarse de su pasado priísta, además de que López Obrador manejó muy mal la etapa postelectoral bloqueando Reforma (lo que perjudicó a muchos comercios) y después jugando con las instituciones a las que mandó al diablo, con la situación bochornosa de Juanito y Clara Brugada. Parece ser que una izquierda moderna socialdemócrata empieza a surgir en México, gente como el mismo Ebrard, el Jalisciense Enrique Alfaro o el mismo Mancera muestran una izquierda renovada, muy diferente a esa izquierda chapada a la antigua representada por Obrador. Lamentablemente tendremos que esperar al menos algún sexenio más para que puedan estar dentro de las ligas mayores.

    El PRD aprendió la lección en el 2009, y a pesar de que la elección de candidato no fue la mejor (decidieron parecer más demócratas que usar el sentido común con eso de la encuesta), se percibe como un partido que si bien tiene sus fuertes diferencias se ha mostrado unidos, y dentro de la izquierda suenan nombres importantes, no así el PAN, quien lamentablemente sufrirá una humillante derrota en el 2012 (perderán la Presidencia y uno de sus grandes bastiones: Jalisco).

    El escenario político se ve decepcionante. Pareciera que ninguno de los candidatos tiene la «talla» y es por eso que muchos hemos terminado decepcionándonos de la política mexicana. Es cierto que hay políticos valiosos y capaces, pero son la excepción y no la regla. A veces los encuentras más bien a nivel municipal o a nivel estatal. Incluso por ejemplo, en Jalisco existe gente del mismo PRI que parece valer la pena, no así cuando subes los escalones. El PAN en cambio, en mi estado está atrapado por las corrientes más conservadoras, y están inclinados más hacia la derecha que el PAN federal; una de las razones por las cuales han perdido peso, porque Guadalajara ya no es una ciudad tan conservadora, y los votantes del centro empiezan a ser cada vez más importantes.

    Muchos temen la llegada de Peña Nieto, pero es el simple reflejo de una realidad que vivimos y de la sociedad mexicana, mientras esta no cambie, posiblemente el panorama político seguirá siendo igual, e incluso podríamos correr el riesgo de una regresion ante 12 años donde el trabajo del PAN dejó que desear, donde se limitó a mantener una macroeconomía sana e implementar algunos programas sociales como Oportunidades o el Seguro Popular, pero tampoco logró mostrar un país próspero, y lamentablemente todo esto pesará en las elecciones.

    En mi vida diaria comienzo a entender por qué la política mexicana es como es, y se refleja un problema cultural, un problema que se debe resolver más de fondo y que para lo que no son suficientes las «reformas estructurales».

  • Todo en México es malo, malo, malo

    Todo en México es maloLa crítica (mientras esté acompañada de una segunda fase propositiva o al menos ayude a alimentarla) es buena para el desarrollo de un país o una nación. Sin la crítica ni cuenta nos daríamos de los problemas que tenemos. No se puede proponer sin haber criticado antes, porque entonces la «propuesta» no tendría razón de ser. Cuando escribo en este blog, y hago crítica (que es a lo que me dedico porque digamos, construir desde un blog es algo cercano a lo imposible y para eso realizo otras actividades) siempre espero que los lectores tomen lo que creen cierto y los inspire a hacer un cambio. Si critico a la política o a la sociedad, esperaría que se den cuenta de los problemas que tenemos y por ende exista un motor que haga que mis lectores se lanzen a contribuir para que las cosas cambien, aunque sea desde su trinchera sin hacer obras magmánimas.

    Pero a veces parece que los mexicanos nos ahogamos en la crítica, como si a alguien le dijeran que está pasado de peso y en lugar de ir con un nutriólogo, se encerrara a su cuarto a deprimirse. Y el problema es que dicha crítica no se asimila, no se procesa y entonces terminamos siendo tan pesimistas (ante la ausencia de propuesta alguna) que vemos todo más malo de lo que es. Ciertamente México tiene muchos problemas, no podemos evadir la realidad. Ayer un colombiano me escribió en la Fan Page de Facebook y me dijo que mi blog le gustaba porque los problemas que yo le relato se parecen a los que viven en su país. México tiene muchos problemas como muchos otros países lo tienen. Generalmente nos comparamos con quienes están mejor que nosotros (Estados Unidos, Canadá, Japón, Suecia) y no está mal tomarlos como referencia de que si se puede crecer, el problema es que creemos que somos un país en desgracia, al cual «todo» le sale mal. Y eso creo que nos ha sumergido en una especie de depresión colectiva, que a su vez hace que se generen más problemas ante la pasividad que tomamos, como si todo fuera resultado de las circunstancias.

    Frases como la de «como México no hay dos» que siempre se usa en forma peyorativa, es un claro ejemplo de este pesimismo. Y es curioso que nos sintamos tan desgraciados en diversos temas: Empleo, economía, etc. cuando estamos en realidad arriba de media tabla si hacemos un comparativo con todos los países del mundo. Y claramente no habría que conformarnos, sino aspirar a estar lo más arriba posible de esas tablas, pero sería mejor si lo viéramos como algo positivo, como un reto por el que vamos a trabajar, más que buscar quitarnos una carga de encima. Somos un país mediano con sus problemas, con cierta influencia global (cosa que muchos países latinoamerican0s no tienen), ciertamente la vida política de nuestro país no es la mejor y le falta avanzar mucho, pero esa vida política es un cruel pero real reflejo de la sociedad a la que todos pertenecemos. Si estamos tan preocupados que con la llegada de Peña Nieto regrese la dictadura del PRI, que con Vázquez Mota haya más violencia y otros 60,000 muertitos, o que López Obrador se vuelva loco al sentarse en la silla presidencial, es porque ellos, los candidatos, nunca dejaron de ser mexicanos y ciudadanos, son representativos del pueblo. Y naturalmente se refleja en ellos una idiosincrasia pesimista (además de que llevan a cabo las prácticas comunes de nuestra sociedad como la corrupción, nepotismo), lo cual se refleja en sus políticas públicas.

    Creo que más que preocuparnos por quien va a llegar, deberíamos preocuparnos por no ser tan fatalistas y buscar construir. Tenemos la equivocada idea de que los políticos deben hacer nuestro trabajo, y lo peor, ese tipo de paternalismo se ve reflejado en ellos. Por ejemplo, Felipe Calderón les dijo a las compañías extranjeras a que les ayudara a generar empleos, o a Estados Unidos para que les ayude con la cruzada contra el narcotráfico. Pero falta sentirnos más independientes y más capaces. Si vemos ese México malo, muy malo, es porque nosotros no hemos hecho nada para cambiar la realidad, que a su vez es una percepción distorsionada. Porque si las cosas estuvieran realmente mal, tu no estarías leyendo este artículo.

  • El México Cínico

    México CínicoCuando la miseria de terceros en más grande que la propia- piensa Calderón- se vive en la riqueza… “Podríamos estar más jodidos” parece ser el argumento más reciente del gobierno calderonista:

    “Se están viniendo cada vez más empresas especializadas a nuestro país, no tanto porque los salarios sean muy bajos, que ciertamente habrá que mejorarlos, pero en China, por ejemplo, son infinitamente más bajos, o en India… porque, además de la cercanía con EUA, hay una gran calidad de nuestros ingenieros”, expresó Felipe Calderón Hinojosa durante una gira por el estado de Aguascalientes…

    Con el abandono de los conservadores mexicanos la caída del imperio de Maximiliano se aceleró y, como era de esperarse, las fuerzas juaristas triunfaron; con esto los sueños de conquista sobre tierras mexicanas de Napoleón III se vinieron abajo y su principal objetivo, frenar el acelerado crecimiento de los Estados Unidos en América, se destrozó. No eran erróneas las especulaciones francesas sobre los planes de los autoproclamados americanos, pues la mirada de los Estados Unidos se fijó, nuevamente, en México, ya no con las viejas manías del capitalismo europeo pues los yanquis ya habían evolucionado sus ideales expansionistas a las nuevas políticas mundiales; de esta manera ya no era el territorio lo que giraba en las cabezas de los dirigentes estadounidenses; era someter al vecino sureño a su mercado lo que buscaban; EUA  necesitaba de México sus recursos naturales para poder transformarlos en productos que serían comercializados tanto en su marcado interno como exportados a otros países; entre ellos México. De esta manera las materias primas serían extraídas de suelo mexicano y exportadas a Estados Unidos, allá serían transformadas en productos y luego vendidas, a un precio mayor que el de la importación de recursos “puros”, a México…

    “No tengo duda-decía el general Grant- que con la construcción de ferrocarriles podríamos adquirir de México esos productos, que, en vez de tenerlos de países antidemocráticos, esclavistas y de excesivos impuestos aduanales, los tendríamos de un país republicano cuyos derechos de exportación son menores- ¿a qué precio?- ya no el de nuestro dinero sino al de nuestros productos ( maquinaria, herramienta, artefactos ), que remitiremos a cambio de frutos”.

    -“Manuel González y su Gobierno en México” de Salvador Quevedo y Zubieta.

    Con la llegada de Porfirio Díaz a la presidencia, y con la “paz” que trajeron sus administraciones, se abrieron las puertas a los sectores inversionistas yanquis; no tuvieron problemas en aplastar a una burguesía naciente:

    “Para poder explotar a la clase campesina  e impedir el crecimiento de la burguesía nacional, los imperialistas trataron de conservar el carácter agrícola de México. La producción de enormes cantidades de materia prima por los capitalistas extranjeros los convierte en ricos hacendados: organizan plantaciones, concesiones forestales, mineras y petroleras, todo lo cual requiere amplias concesiones agrícolas…”

    -“Historia de las Revoluciones Mexicanas” de Andrés Volsky.

    Favorecieron, a la conquista económica extranjera, las reformas, aprobadas durante el Porfiriato, en las que se permitía la compra de territorios a partículares; incluyendo los tesoros naturales que pudieran existir en ella…

     …

    Las referencias históricas, que pudieran parecer en un principio un tanto fuera de lugar,  relatan cómo ocurrió, a grandes rasgos, la penetración económica extranjera durante el gobierno de Porfirio Díaz y, de la misma manera, cómo México se convirtió en una nación dependiente que básicamente cumple la función de una mina, entonces, regresando a las palabras del “mandatario” nacional, si las empresas vienen a México no es por “la calidad de nuestros ingenieros” (que no niego que exista) es porque de México obtienen las materias primas que utilizan para la fabricación de sus productos que, posteriormente, son exportados a un precio mayor que al que los importados; un claro ejemplo es el petróleo; de suelos mexicanos PEMEX extrae el crudo, el cual es exportado a Estados Unidos para refinarse y luego importado desde ese país para comercializarse como gasolina u otros derivados… Para las potencias comerciales no es conveniente que México desarrolle la tecnología necesaria para realizar los procesos industriales completos, pues, bajo las lógicas neoliberales que rigen nuestra actualidad, un país con recursos debe de mantenerse como proveedor y nada más,  la negativa  de nuestros representantes políticos ante la inversión en tecnología nacional y su positiva hacia la participación de la iniciativa privada en la vida nacional parten de ese principio.

    Gracias a la era Neoliberal, y la idea de “todo para el patrón”, el desempleo se disparó y los salarios se volvieron  risibles; algo más de 57 pesos diarios:

    • Entre 1977 y 2006 el salario perdió 75% de su valor.
    • Entre 1982 y 2008 el costo de la canasta alimenticia recomendable se incremento 4.35 veces más que los salarios.
    • El deterioro acumulado de los trabajadores entre 1982 y 2008 es más de 82%
    • Bajo el gobierno de Calderón, tan sólo entre diciembre de 2006 y mayo del 2010, la pérdida del poder adquisitivo fue del 47.1%. En ese lapso la canasta alimenticia recomendable aumentó 93%; el salario mínimo sólo aumento 17%.
    • Un obrero tendría que trabajar 21 horas y 50 minutos para obtener la canasta alimenticia recomendable.
    • Según datos de la INEGI 5 millones 422 mil 647 trabajadores ganan el salario mínimo o menos.
    • Como todos lo salarios tienen como referencia el salario mínimo; la mayoría son bajos.
    • Más del 60%, según la INEGI, de  la clase productiva mexicana labura en el subempleo (sin seguro ni prestaciones).
    • Datos de la INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía) y de Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la UNAM.

    Calderón nos dice que, comparados con China, no estamos tan mal, pero ¿y qué con el resto del mundo?

    Salarios mínimos en:

    • Francia e Inglaterra: 1 024 pesos diarios.
    • Japón: 790 pesos diarios
    • Estados Unidos: 825 pesos diarios
    • Brasil: 122 pesos diarios
    • México: 60 pesos diarios

    La desfachatez y la hipocresía con la que habla el que representa al ejecutivo es insultante, pero más aun es pararse a defender los “logros“ de los gobiernos panistas y/o priístas  que, como se ha demostrado, han sido beneficiosas sólo para un grupo selecto de empresarios y privilegiados;  aletargar a la industria mexicana y congelar salarios han sido “cuchillas” que han clavado los  políticos derechistas desde fines del siglo XX hasta la actualidad… POR EL BIEN DE MÉXICO… NO MÁS PRI… NI PAN.

  • México necesita líderes cívicos

    Leía un artículo sobre la visita de Enrique Krauze en la FIL, donde compartió cámaras con el poeta Javier Sicilia en la presentación de su libro «Redentores» (el cual llevo dos semanas leyendo y está bastante bueno). Y el escritor hacía énfasis en que se necesitaban líderes cívicos, que no fueran en busca del poder, como los redentores que Krauze menciona en su libro. Concuerdo con el en que México necesita líderes cívicos, líderes que no estén involucrados en la política como lo ha hecho Javier Sicilia que a pesar de los intentos de acercamientos de personajes como López Obrador o del SME, ha procurado que su movimiento no se infecte políticamente. Es notable que Krauze y Sicilia tienen algunas diferencias en la percepción de la política, para empezar Krauze defiende parcialmente la guerra del narcotráfico (aunque hace énfasis en que algunas de las estrategias fueron incorrectas) y Sicilia es opuesta a ella.

    El trabajo que ha hecho Sicilia para transmitir su mensaje de paz ha sido árduo, ha recorrido toda la República, ha hablado dos veces con Felipe Calderón (donde Sicilia se ha topado con un muro inquebrantable) y ha sufrido asesinatos de gente cercana a él, como es el caso de Nepomuseno, aunándole la muerte de su hijo que fue el motivo para que el poeta dejara de escribir y se inclinara al activismo. Pero Sicilia no es un hombre hambriento de poder, quiere cambiar las cosas desde la civilidad, es un lider que mueve masas, pero no las manipula, no les ofrece algo a cambio, más que el concientizarlos sobre la situación de inseguridad que está viviendo el país.

    Es cierto, que los líderes cívicos necesitan tener cierta relación con el gobierno y saber manejar sus hilos de poder, mientras estos no sean penetrados por ellos. Así lo ha hecho Sicilia al reunirse con el Presidente en el Castillo de Chapultepec. Es cierto que los líderes cívicos, al darle completamente la espalda al gobierno, pierden influencia. Los líderes necesitan de él, pero para eso es necesario contar con el apoyo de su gente para poder incidir en las decisiones gubernamentales. Croe que solo de esta forma, se puede lograr una mayor cercanía entre el gobierno y el pueblo. Si los gobernantes no están dispuestos a acercarse, entonces el pueblo lo debe de hacer, y lo debe de exigir. Los líderes cívicos no solo deben estar representados en una sola persona, también pueden estar representados por ONG’s, organizaciones civiles, y redes ciudadanas, las cuales tienen la ventaja (que muchas veces el gobierno no tienen) de estudiar e informarse bien sobre las causas que defienden.

    A diferencia del «redentor», el lider cívico no se alimenta de una sociedad paternalista, por el contrario, reúne a gente que tenga una visión en común y quiera cambiar diversas situaciones que viva una sociedad conflictuada. El lider cívico no debe de formar solamente seguidores, más bien debe generar más líderes. Gente autónoma que trabaje por las mismas causas y que no dependan de un ente paterno para trabajar. En México hemos conocido muchos redentores, López Portillo, Echeverría, Vicente Fox, López Obrador, Peña Nieto, los cuales han enarbolado temas justicieros pero que al final lo que más les ha interesado es el poder. La ambición de un líder cívico (que no podemos negar su ambición como condición natural del ser humano) debe de ser el saberse agente de un cambio en pro de la sociedad y no una persona que ha acumulado poder y ha sido elevado en un altar, he ahí la pequeña gran diferencia entre esas dos figuras.

    Una de las tantas claves en el progreso del país es cambiar de los líderes paternalistas a los líderes cívicos. Y también, hago énfasis, en que la sociedad debería cambiar y asimilar dicho cambio como tal. No como alguien que les proveera beneficios, sino como un agente que los movera a que ellos busquen los cambios por ellos mismos.

     

  • México para … ¿Los Traumados?

    Escrito por Alquedrez.

    Así como lo señaló Octavio paz en “El Laberinto de la soledad” o, para los que no lo hemos leído, RIUS en “500 años Fregados pero Cristianos”  el mexicano promedio es astuto, abusivo, taimado, irresponsable, envidioso, mentiroso, vividor, valemadrista y desconfiado, y esto no es de extrañarse de un pueblo con un pasado tan doloroso como lo es el mexicano;  un pueblo que se deriva de las violaciones masivas de indígenas por parte de los “soldados” (que en realidad era la escoria española salida de las cárceles de ese entonces), un  pueblo cuyo pasado prehispánico fue quemado por monjes que sostenían que aquellos escritos y aquellas civilizaciones eran del diablo; ¿cómo puede ser diferente nuestra sociedad actual cuando los héroes que iniciaron la insurrección social que derivaría en la independencia de México fueron asesinados o fusilados en algún momento, la mayoría siendo acusados de traición a la patria?, ¿qué se puede esperar de los que ayer  fuimos arrebatados de la mitad de  su territorio por una nación más pequeña, pero infinitamente más organizada llamada Estados Unidos de América?, ¿cómo pedirle más a un país que a pesar de   haberse defendido ferozmente de las invasiones francesas al final terminaría siendo vendido por los que se dijeron y se dicen sus representantes?, sería injusto ser estricto con la patria cuya revolución giró alrededor de los intereses estadounidenses y que se tornó en un baño de sangre lleno de traiciones resultando en una constitución que hoy en día es letra muerta y en un partido que lejos de sostener los pocos ideales que dejó aquella revuelta se preocupa por intereses propios y de unos pocos millonarios (muchos de ellos extranjeros),  sin embargo…dejando de lado todo lo anterior ¿Cómo desear algo más de los que viven aferrados a la Historia?, ¿por qué tener la esperanza de un futuro mejor cuando los mexicanos no podemos dejar de mirar el pasado?…

    “¡Malditos españoles!” grita el niño, no en  náhuatl, sino en la misma lengua que trajeron aquellos invasores objeto de su odio.

    “¡Españoles hijos de puta!” grita todo un pueblo que coexiste en un espacio geográfico, que al fin de cuentas es herencia directa el periodo colonial.

    “Ojalá nunca hubieran llegado” suspiran algunos dirigiéndose a la iglesia para la misa de 8.

    Todos en este mundo somos el producto de una gigantesca ecuación llamada circunstancia, ecuación que puede ser alterada de una manera inesperada por cualquier evento que a simple vista sería completamente insignificante; quién sabe que hubiera pasado si el barco en  el que viajaba Hernán Cortez se hubiera retrasado 2 días, o si no hubiera conocido a la Malinche, es interesante ponerse a pensar como estaríamos ahora  si aquella oveja que cuidaba el joven Benito Juárez no hubiera escapado y por lo tanto no hubiera tenido que irse para evitar los regaños de su tío Bernandino (suponiendo que ese mito sea verdad).

    Los mexicanos al fin y al cabo también somos resultado de eventos específicos que si no hubieran ocurrido exactamente como lo hicieron no estaríamos aquí; probablemente no existiría este intento de artículo ni tampoco usted lo estaría leyendo. Por lo tanto resulta tonto lamentarnos de un pasado que no se puede cambiar, y  mucho menos si uno está feliz con su existencia…

    Se dice mucho de los mexicanos, se dice que somos todo lo descrito al principio de este texto (astutos, abusivos, taimados, irresponsables, envidiosos, mentirosos, vividores, valemadristas y desconfiados) y es por todo eso que somos propensos a que nos roben, a que no hagan fraudes (no sólo electorales), en fin, a que abusen de nosotros; es doloroso decirlo pero somos un pueblo desorganizado y miedoso, necesitamos que alguien este enfrente de nosotros para poder sentirnos medio seguros; necesitamos que un peje o  un Cuauhtémoc  se suban a un pódium para que, en medio de multitudes  enormes podamos gritar lo que opinamos de los ya 11 años de PAN o los 70 años del PRI en el gobierno. Esto puede ser peligroso si esa figura heroica algún día se desvanece, ya sea por esperar demasiado de él o por esperar algo de él, como sucedió con Fox en el 2000; ¿qué pasó con la gente que confiaba en aquella promesa de cambio?, al parecer la mayoría sólo se perdió entre otras multitudes, o en los peores casos sólo siguieron en la misma.

    Un país como México es ideal para que los Salinas de Gortari del mundo vengan apostando a nuestra pasividad, pero más aún a nuestra poca preparación para hablar no como multitudes, sino como individuos.

    De esta forma hoy por hoy nuestro reto como nación, antes que preocuparse por todo el alboroto politiquero, es superar los traumas que nos ha dejado la Historia; tal vez tengamos una excusa para ser como somos, pero eso no significa en ningún momento que debamos seguir así… Si bien dijo Jorge Santayana que «Quienes no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo», es igual de cierto que sólo los que puedan superar el pasado tendrán un futuro:

    Somos el resultado de la violación de mujeres indígenas por parte de dizque soldados españoles, de la misma manera que en nuestra Historia hay una etapa llamada colonia en la que hubo esclavitud y discriminación  hacia los que se consideraban inferiores según su color de piel, nuestra independencia fue ideada  por algunos y firmada por otros muy diferentes (a los que poco les importaba el bienestar de los habitantes de la nueva nación)  y los que nos muestran como héroes fueron asesinados y fusilados, irónicamente  por delitos contra la patria,  nuestro territorio fue violado por una nación en ese entonces más pequeña pero mucho mejor organizada, se defendió heroicamente el país contra la invasión francesa  aunque décadas después un general traidor que se convirtió en dictador pusiera a la venta nuestros recursos y territorio, nuestra revolución se convirtió en un charco de sangre y una serie de traiciones y, al igual que nuestra independencia, fue iniciado por algunos y firmada por otros muy diferentes (a los que poco les importaba el bienestar del país y de sus habitantes), el resultado de aquella revuelta fue un constitución, con los pocos ideales que sobrevivieron,  y que hoy en día es letra muerta, además de un montón de generales corruptos que después crearían el PRN y que hoy en día es el PRI, que es culpable de asesinatos y matanzas; hoy en día hay crisis en seguridad, en economía y en la política, gracias a un pelele con título de presidente…ese es nuestro pasado y un poco de nuestro presente y no tenemos por qué bajar la cabeza al contarlo, somos lo que somos gracias a todo lo que pasó y no podemos hacer nada, aunque lo que seremos…está en nuestras manos.

    La pregunta crucial aquí es; ¿somos capaces de superar nuestros traumas históricos (y personales) para darle un giro a nuestro país o simplemente hay que esperar a que el próximo mesías llegue?

  • ¿Independencia?

    Pasó el 16 de septiembre, día en que hace 201 años Miguel Hidalgo y Costilla lanzara el grito de Independencia contra el mal gobierno presidido por José Bonaparte, impuesto por su hermano Napoleón, clamando su filiación al depuesto rey de España, Fernando VII, y que culminara con la separación de México del reino español el 27 de septiembre de 1821.

    Desde que Porfirio Díaz institucionalizara el 15 de este mes, día en que cumplía años, se celebra el “Día del Grito”, fecha que simboliza el inicio de la lucha por la democracia, por la autonomía; y que algunos muralistas mexicanos representan rompiendo las cadenas de la esclavitud, en una clara alegoría a la obtención de la libertad.

    Pero realmente ¿cuál libertad es la que festejamos hoy? ¿En verdad podemos presumir que la tenemos, que gozamos de ella? ¿Cómo podríamos afirmar que somos libres cuando no podemos caminar por el centro de la ciudad cualquier tarde de domingo sin el temor de que en algún momento se pueda desatar una balacera y ser víctimas del fuego cruzado; o ser sujetos de extorsión o del cobro de piso, como sucede en varios –muchos– estados mexicanos?

    ¿Cuál Independencia entonces celebramos el jueves y viernes pasados, si estamos en las garras de la delincuencia organizada, en manos de políticos corruptos e incompetentes, que ya sea por la primera condición o la segunda no hacen bien su trabajo? Los acontecimientos previos a las fiestas patrias dieron amplia evidencia de esto. ¿Qué es lo que pasa con nuestra clase política cuando una diputada presenta una iniciativa que ni siquiera ha leído y lo exhibe en la primera entrevista que da?

    Algo definitivamente debe de estar mal cuando asesinan brutalmente a una jovencita de 16 años, y la procuradora del estado aprovecha para hacer declaraciones frescas, diciendo que las muchachitas de ahora se maravillan con hombres que le faltan el respeto a la autoridad y que portan pistola y mucho dinero, dando de alguna forma a entender que se involucraba con delincuentes. Lo anterior sin tener una sola prueba, y con tan mal tino que –como me lo hizo ver una amiga– en la declaración que dio luego del arresto de los violadores y asesinos de Andrea, explicó que ésta se encontraba huyendo de ellos cuando la atraparon, lo que confirma entonces que no le gustaba estar con ese tipo de hombres. Incluso cuando poco tiempo después ultimaron a un agente del Ministerio Público en Manzanillo, nadie hizo preguntas acerca de su vida privada. Nadie encontró relevante el investigar si salía con mujeres ricas o mayores que él, o si había habido una desintegración familiar que hubiese motivado dicho crimen.

    Lo anterior es tan sólo un desafortunado ejemplo reciente de los prejuicios de los que está lleno el funcionariado en Colima, derivado de una mala capacitación, que contribuye a la culpabilización de la víctima y a diseminar un desprecio que perjudica a la población más vulnerable del estado. Las y los funcionarios y representantes populares se encuentran llenos de prejuicios, estigmas y estereotipos que les limita la visión para desempeñar su trabajo de forma objetiva. Lejos del discurso democrático e incluyente, las acciones pueden definirles como altamente maniqueístas, donde funcionan a través de filiaciones partidistas de “si no estás conmigo, estás en mi contra”, viendo enemigos donde tan sólo hay opiniones divergentes, indispensables para que pueda existir la democracia. Bien afirmaba Michel Foucalt que donde quiera que hubiera poder habría resistencia, y que si no la veíamos, era porque no nos estábamos fijando bien.

    Difícilmente podemos considerarnos mexicanas o mexicanos cuando nos vemos obligados a mostrarnos como priistas, panistas, perredistas o de cualquier otro partido, y luchamos por que el otro no triunfe, pues valoramos nuestro éxito en relación al fracaso de los demás. En los tiempos de la Independencia luchábamos contra un enemigo común: la tiranía que se imponía desde un país invasor. Todas y todos éramos principalmente mexicanas y mexicanos.

    Después de la Revolución, pasando el maximato, se hicieron campañas cuya intención era acentuar nuestra mexicanidad y unirnos en la raza mestiza, para poder trabajar como una unidad en pro de un país que dio paso al milagro mexicano, etapa que terminó poco después de la masacre en el 68 que evidenció a México como un país intolerante que mataba a su juventud, a su futuro.

    Actualmente nos dividimos y subdividimos en sectores, clases, partidos, religiones, y orientaciones sexuales; peleándonos mientras vivimos una segunda Revolución generada por la delincuencia organizada, donde se está disputando el poder y amenazando la democracia de México, según lo ha manifestado nuestro propio Presidente, sin que esto nos anime a dejar las viejas rencillas y desconfianzas que de alguna forma facilitaron que llegáramos a esto.

    Es bastante triste que a 201 años de nuestra Independencia y a casi 101 años de nuestra Revolución, no hayamos podido avanzar aún y sigamos bañándonos en sangre sin que se vea una luz al final del túnel. Si la violencia en la que estamos sumergidos no nos anima a prepararnos más, a dejar de lado las diferencias ficticias para reconocernos en nuestra mexicanidad y unirnos para rescatar a nuestro país del terrorismo impuesto por quienes supieron capitalizar nuestros errores, entonces no podemos gritar un “¡Viva México!” sincero, cuando éste en realidad se nos está muriendo.