Etiqueta: Mediocridad

  • La mediocridad de las élites mexicanas

    La mediocridad de las élites mexicanas

    En una sociedad siempre hay élites. No importa que la distribución de la riqueza sea muy buena, es más, hasta en los países comunistas (todos los habidos y por haber) hay élites. Es algo natural en el ser humano, y por lo tanto no debería ser indeseable que estas existan. Lo que sí se puede criticar es el modo en que son élites. Y es que estas al estar arriba del escalafón social, tienen mucha influencia sobre los que están abajo. Por eso una sociedad con mejores élites tenderá a ser mejor que una que no lo es.

    La mediocridad de las élites mexicanas

    ¡Y las élites en México son mediocres!

    Una cosa es tener dinero, vivir muy bien, tener recursos de sobra, y otra cosa es la arrogancia y falta de humildad. El comportamiento de las élites mexicanas refleja en cierta medida la forma en que están organizadas las estructuras sociales y económicas. No se puede generalizar, cierto. Pero la forma en que muchas de estas élites generan su riqueza (lejana al precepto de libre mercado y libre competencia) explica un poco por qué las élites en México tienden a ser como son. Pareciera que las élites en México no están bien educadas. Estudian en las «mejores escuelas» pero muchos de ellos no leen. En muchos de los casos, los padres en vez de enseñar a los hijos la cultura del trabajo, permiten que vivan como juniors, con los mejores coches, las mejores botellas de vino.

    El Mirreynato

    El video del Instituto Cumbres, una de las escuelas más caras del país, es una muestra de la forma en que las élites se ven. Donde el exceso del derroche es totalmente visible, mientras que el trabajo y el esfuerzo quedan a un lado. El desdén por las otras clases sociales, el racismo y el clasismo, tienden a ser común denominador. En realidad no están tan bien educados, en muchos casos no leen, y están más preocupados por el derroche que por prepararse y estudiar para poder ser emprendedores en un futuro. Muchos de ellos critican a los pobres por vivir en la ignorancia, pero muchos no saben mencionar cuales son los 3 libros que más han influenciado su vida (esto un ejercicio que se hizo en la IBERO alusivo al tropezón del Presidente).

    Ser rico no es malo, lo malo es ser mediocre a pesar de tener todos los recursos a la mano para no serlo.

    No se les puede criticar por ser ricos, sobre todo si sus padres han obtenido sus recursos honestamente a base de esfuerzo (que no siempre es el caso), pero sí se podría esperar que debido a su posición social, tengan una buena educación, deseen emprender, y hacer algo por mejorar el país. No importa que manejen su Porsche, o que vivan en una gran residencia, pero que se les enseñe a ser productivos y no sean parásitos de los recursos de sus padres (que en algunos casos provienen, sí, de los recursos públicos que nosotros financiamos).

    Aquí no se encierran en el garage para inventar cosas, aquí derrochan lo que estas primeras personas han inventado.

    Al estar en una posición privilegiada, tienen mayor posibilidad de hacer un cambio por el país. Algunos (los menos) aprovechan esa posición para hacer buenas cosas por la sociedad, muchos otros no lo hacen. El problema es que su mediocridad termina influyendo. Aquellos que viven en la élite terminan siendo no tan admirados como Bill Gates o Steve Jobs que hicieron su fortuna a base de esfuerzo e inventiva, y más bien son conocidos por su forma extravagante y derrochadora de comportarse, donde le dan más importancia al apellido que al esfuerzo.

    No, no son todos. Hay muchos «ricachones» en México que son un ejemplo, pero son los menos, no son muchos. El mirreynato es también producto del México vertical en el que hemos vivido, en donde muchos de ellos viven en una burbuja tan grande que no han visitado el centro de su ciudad (conozco casos en la Ciudad de México, y vaya que su centro es muy bonito). Si los de clase media debemos considerarnos «muy privilegiados» porque estamos en el 10% de la personas con más riquezas en el mundo, las élites al menos deberían ser conscientes de su posición.

  • Leal afición mexicana futbolera conformista

    Leal afición mexicana futbolera conformista

    Ya he mencionado que los tres pilares del nacionalismo mal entendido son: 1.- Dar el grito sin saber qué significa, 2.- La retórica de «Pemex es de todos los mexicanos» y 3.- Gritar apasionadamente los goles de la selección nacional. Dentro de éste último, vi ayer algo preocupante. Me dispuse a ver un rato el partido de ayer, el cual se ganó por dos aisladas genialidades a Panamá dentro de un partido terrible y vergonzoso. Lo más penoso no fue eso, sino el papel que jugó la afición dentro de ese partido.

    Leal afición mexicana futbolera conformista

    Un partido de futbol puede reflejar muchas cosas, en parte la idiosincrasia de una nación, y es por eso que un tema que parecía ser no muy relevante como un mal partido de dos mediocres equipos de la Concacaf toma importancia, por lo que ello dice.

    Resulta que la selección mexicana le estaba ganando en el Estadio Azteca uno a cero a la escuadra panameña. Recalco, jugando en casa, jugando pésimo, contra un equipo débil como Panamá, y estos últimos poniendo en jaque a la selección nacional. En esas circunstancias, el público comenzó a corear el cielito lindo como muestra de su gran alegría por el triunfo momentáneo que por unos minutos se escapó.

    ¿Celebrar algo vergonzoso? ¿Conformarse con tan poquito, con una selección compuesta por jugadores sin compromiso y respladada por directivos corruptos y mediocres? ¿Gritar ¡Si se puede! después de que el débil conjunto de Panamá empata el partido en un terreno antes infernal, con una selección que pide a gritos estar eliminada humillantemente?

    Sí, parece que nos conformamos con poco. No es la primera vez, hace tres años, los «aficionados» festejaron en la Minerva un amargo empate ante la selección de Sudáfrica en la Copa del Mundo. De esta forma, parece que los directivos podrán estar satisfechos con el hecho de que la selección pase al mundial (por la cuestión de los patrocinios y los movimientos de capital) aunque sea de una manera aberrante.

    Esta mentalidad mediocre y vergonzosa en parte, es la que tiene a la nación como está. Gente que no exige mucho a los políticos mientras los tengan contentos con despensas o desplantes mediáticos. Gente que no es ambiciosa en su trabajo y apunta a poco. Que el resultado de cualquier mínimo esfuerzo, implica un gran festejo. Que no hay deseos de superación. Gente que se molestará si las políticas gubernamentales reducen el 5% de su ingreso para luego aplaudirles más de los que criticaron cuando este después aumente un 1%.

    Una cosa es apoyar a un equipo, y otra cosa es ser conformista. Ese conformismo es el que da todo un gran terreno fértil a los directivos y políticos para sembrar la corrupción debido a que la gente exige poquito. Tan penoso fue el papel de la afición que hasta los mismos comentaristas de TV Azteca lo señalaron.

    Antes de hacer profundos análisis filosóficos, desde perspectivas empíricas y/o positivistas sobre qué alineación debe usar México en su siguiente partido, se debe hacer una profunda reflexión sobre el por qué el mexicano se conforma con tan poquito. Que al final del día esto último afecta mucho más en la calidad de vida que lo primero.

  • La estafa, la mediocridad y el camino fácil

    La estafa, la mediocridad y el camino fácil

    Soy amigable, Me intereso por la gente, no suelo verlos con signo de pesos $$$ y 9 de cada 10 veces, termino siendo amigos con los alumnos que tengo (como los veo varias veces)  Jorge Ascencio (tomado de su blog personal)

    Jorge Ascencio, la estafa, la mediocridad y el camino fácil

    Hoy tuve de esas conversaciones conmigo mismo sobre las carreras universitarias (de donde salen temas para este blog), y en ese mismo momento un amigo mío sube a su cuenta de Facebook un video que me  cayó como anillo al dedo. Fue una doble sensación, me reía mucho, pero a la vez me daba ese sentimiento de coraje. Me explico, Jorge Ascencio es un jóven de Monterrey que se dedica a la fotografía, aunque en su página como fotógrafo (tiene varias páginas) solo tiene una fotografía de su trabajo (una) y más de 100 fotografías de presuntos testimonios que habían quedado contentos con el curso. En un video subido a Youtube, parece no mostrar muchos conocimientos sobre fotografía cuando trata de explicar como quitar «esos brillitos» provocados por el sol. Aún así cobra un curso de fotografía por 6 horas, a $5,900 pesos.

    Pero lo que más me llamó la atención fue un video donde dice vender un curso en Photoshop (que aparece en la parte de abajo). Este video es una muestra de la mediocridad y la búsqueda del dinero fácil, de la aversión al esfuerzo y a la preparación. Afirma él que la carrera de diseño gráfico es un absurdo e innecesario; que es una forma incorrecta de aprender porque diseñar «no es algo del otro mundo»; que el 80% de lo que le enseñan a uno en la universidad, no sirve para nada. El afirma que con un curso de 6 horas de Photoshop, el alumno podrá aprender a diseñar con la calidad de los diseños que se utilizan en las revistas. Lo peor de todo es que las diapositivas que muestra en el video tienen un diseño terrible, precisamente de alguien que no ha tocado el Photoshop en su vida.

    El video es pésimo, esta persona naturalmente no sabe hablar, redundea, se traba mucho, y yo sé que no es necesario que lo sepa hacer para dar un curso ¿o más bien sí? pero lo peor es hacerlo cuando no lo haces bien, y filmar desde tu recámara. Bajo este ambiente afirma que ha dado más de mil cursos, que tiene una gran reputación y que todos sus clientes están satisfechos ¿tú le crees? ¡Yo tampoco!

    No sé si alguien le haya comentado a este joven que el diseño gráfico tiene fundamentos y esos solo te los da el estudio. Es cierto que muchos de los conocimientos los aprendes fuera de la universidad (es mi caso), pero también es cierto que la universidad te da los fundamentos de la actividad que vas a realizar. Jorge Ascencio dice que las matemáticas que estudió en su carrera de ingeniería fueron inútiles y que en la práctica no eran necesarias. Pero si ven su talante y tomamos en cuenta que lleva 8 años «haciéndola de fotógrafo profesional» me pregunto si alguna vez ejerció su carrera.

    El diseño de sus páginas web es terrible. Alguien con conocimientos en Photoshop y casi nada de desarrollo web puede crear un sitio bastante más decente que el que tiene él. ¿Tú pagarías un curso de Photoshop a alguien que tiene su página tan impresentable? De su estrategia de ventas mejor ni hablamos, para el basta con tomarse fotos en Europa (lo cual presume en todos sus sitios) para afirmar que conoce técnicas europeas de fotografía. No hay ni una sola fotografía tomada por él. En su canal de Youtube ha deshabilitado los comentarios y la opción de votar el video por naturales razones.

    Gracias a gente como esta, debido a la ingenuidad de varios clientes (que no saben que es un producto de calidad y que no lo es) se termina malbaratando sectores económicos de servicios, como el de diseño gráfico precisamente, perjudicando a aquellas personas profesionales que buscan imprimir calidad en su trabajo. Además que este tipo de trabajos terminará perjudicando a los clientes. Este tipo de «emprendedores» fomentan la cultura de la mediocridad, buscan dinero sin ningún esfuerzo, desdeñan la preparación académica, el nutrirse de información y conocimiento. Reprobable que exista gente así.

    Y por cierto, no conozco al tal Jorge Ascencio. Simplemente me molestó mucho ver que existan este tipo de personas, cuando amigos míos en diseño gráfico, profesionales, sufren porque los clientes no valoran su trabajo, lo cual se percibe en sus ingresos. A continuación les dejo el video, júzguenlo ustedes:

  • Exaltación a la mediocridad

    Exaltación a la mediocridad

    En las elecciones pasadas, tenía una conversación interna. Me decía, sé que hay mexicanos, muchos, con grandes dotes para salir adelante y ¿Dónde están?. Veía a los entonces candidatos y me preguntaba como es que no tenemos algo mucho mejor que eso, los observaba y parecían ser ciudadanos comunes, mediocres, y no mucho más que eso. Incluso décadas atrás en la época del autoritarismo veíamos que muchos presidentes en su vida buscaron aparte del hueso, adquirir conocimiento y habilidades, eran ávidos lectores, estudiosos, ¿Qué está pasando? Esto no ocurre solo a nivel política, ocurre a nivel social totalmente.

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    De alguna manera, esta es una continuación de mi artículo, La Mediocracia Mexicana, pero con un matiz un tanto diferente.

    Oda a la mediocridad. El número de lectores en México bajó de 56% a 46% en México, paradójicamente en una época donde las nuevas tecnologías nos permiten adquirir a costos más bajos (o incluso gratis) libros electrónicos que pueden ser consumidas en una PC o en una tablet. La gente en búsqueda de lo fácil, de lo cortoplacista. Muchos conocidos míos buscan emprender en aquello que sea fácil y deje mucho dinero aunque sea en el corto plazo. Abundan las empresas piramidales y ofertas que te prometen mucho dinero sin hacer casi nada (claro que casi nunca cumplen). Pareciera que la gente quiere sobrevivir y no quiere esforzarse. La gente está perdiendo la cultura del esfuerzo, de la visión a largo plazo, sin pensar en que ello trae más satisfacciones que lo primero.

    Muchos me dirán -Cerebro, no mames, en mi trabajo me hacen quedar tarde y salgo a veces a las 10 de la noche-. No se trata de lo cuantitativo, se trata de lo cualitativo. A esas personas que «trabajan de más» habría que preguntarles que tan bien administran su trabajo, o si se quedan porque «tienen que cumplir». Eso no es esfuerzo, eso es masoquismo. En mi Facebook hay una campaña fuerte en contra de los lunes, cuentan cuantos días faltan para que sea viernes. Lo entiendo en quienes tienen un trabajo que no les gusta (y solo lo entiendo cuando es por necesidad y no por mediocridad), pero muchos dicen estar contentos con su trabajo, hacen lo que decían que querían hacer y están esperando el maldito viernes (y si se combina con la quincena, mejor).

    Cuando uno en la vida tiene una visión a largo plazo, cuando quiere algo, termina disfrutando su trabajo. Sí, a veces es cansado y demandante, pero esas fiestas y «saliditas» de los viernes y sábados terminan siendo lo que deberían ser: Un espacio para descansar (y sí, las salidas al bar o a bailar son una forma de descansar también) y atender otros asuntos, pero terminan siendo lo que son, una «evasión de la realidad que implica la tortura laboral».

    Parece que mucha gente no quiere progresar, la mass media premia la cultura de la mediocridad, programas de televisión con contenido mediocre que no implica el más mínimo esfuerzo mental, no leer mucho porque es de nerds, no interesarse de temas como las ciencias (naturales, sociales, astronomía bla bla) y sí aspirar a tener una vida mundana de la inmediatez. Como ese trabajo de horas extras, este espíritu mediocre provoca más desgaste en el ser humano, ve al trabajo como una tortura, su desempeño es mediocre, y como es mediocre le requiere más horas de su tiempo para sacarlo adelante.

    Que un político no sepa leer y no sepa el nombre de una de las instituciones encargadas de procurar una de sus «promesas más importantes», diga literalmente que Benito Juárez esté vivo y sea cuarentón, que no sepa siquiera hacer bien las cuentas de su presupuesto como candidato y tarde 15 años en terminar su carrera universitaria, todo eso es reflejo de la cultura de la mediocridad. Curioso que lleguen aquellos que parece nunca aspiraron a ser mejores.

    El hombre mediocre y autómata es el más promovido en la sociedad actual. Difícil es poder separarse de toda esta dinámica estandarizadora de hombres masa. Y no es fácil porque requiere esfuerzo entenderlo y separarse de ella.

     

     

  • Dejen de quejarse, ternuritas

    Dejen de quejarse, ternuritas

    Dejen de quejarse, ternuritas

    La palabra «ternuritas» ha sido utilizada muchas veces por las plumas priístas para criticar al movimiento #YoSoy132 y todos estos movimientos que no les gustan, porque sabemos de antemano que a muchos les interesa tener una sociedad sumisa, aletargada, conformista. Ricardo Alemán la utilizó, Sergio Sarmiento quien presume ser libertario, de repente se despoja de su ropaje libertariano para escribir en favor del régimen entrante (y es que no se puede ser libertario y priísta al mismo tiempo). Muchos se quejan de los movimientos sociales y los sentencian antes de que se definan siquiera. Estas personas quejumbrosas, que gritan -pónganse a trabajar-, por omisión están dejando de contribuir a la sociedad y están contribuyendo a no solo dejar las cosas como están, sino a la regresión. Que debe haber críticas a los movimientos, ¡por supuesto!, pero por eso mismo uno en lugar de quejarse debería ponerse a ayudar. Afirman algunos que están usando a los jóvenes, pero en caso de que fuera así, no dejan estos de creer que están buscando algo bueno por el país, hay una intención fidedigna en cambiar las cosas. Estas personas que se quejan, con mayor razón deberían ayudar a dichos jóvenes, su experiencia podría ayudar a refinar el movimiento y ayudarlos a llevarlo por un mejor cauce.

    Estarse quejando de las cosas en la sobremesa es muy mexicano, y los motivos de las quejas son las mismas, quesque Salinas y sus crisis, quesque AMLO y sus berrinches, quesque Calderón y sus 60,000 muertos. Salir a la calle y buscar un cambio es loable, puede funcionar, puede que no, pero para que sea lo primero, si estos jóvenes que no solo arremeten contra Peña Nieto (con toda razón) sino que critican el monopolio de los medios entre otras cosas, son apoyados por más gente, gente con experiencia, el éxito será más seguro. ¿Qué Morena quiere meter mano, que el PRI, que X o Y? pues en lugar de quejarse y criticar mejor pónganse a colaborar caray, porque digo, si esto termina influyendo en la historia, preferiría saber que fui de los que trató ser parte de ella, y no de los que se estuvieron quejando. Yo aquí mismo he hecho alguna crítica constructiva a este movimiento, mostrando alguna discrepancia en la forma de concebir algunas cosas, pero mi intención no ha sido desvirtuarlo, sino totalmente lo contrario, buscar contribuir de alguna manera.

    Estas ternuritas quejumbrosas no solo las vemos aquí. Hablando de las olimpiadas, veo que también hay muchas y me molestan, en serio me molestan. Un clavadista tiene una ejecución algo deficiente, no alcanza medalla y ahí van todos -Mediocre, por eso México está como está-, yo reto a estas ternuritas a que se suban a un trampolín y se echen un clavado de triple giro. Peor aún, he escuchado a algunas «ternuritas» criticar a varios deportistas por obtener la medalla de plata y no la de oro. Cierto que a veces la mentalidad juega y nos boicotea, pero al menos en los deportistas veo una firme intención de ir derribando poco a poco esos complejos. Caray, ver a los mexicanos competir de tú a tú con los chinos, deportistas que tienen que sufrir literalmente y a veces inhumanamente para llegar a las olimpiadas tal cual robot.

    La gente siquiera se da cuenta que el problema de la falta de competitividad deportiva ni siquiera reside en los atletas, sino en todo el sistema, que por cierto, con todo y «directivos» han habido progresos en el deporte, basta ver las medallas que ganábamos en los años 80 y 90 comparadas con las que ganamos en el nuevo milenio; hasta los directivos lo hacen ya «un poco menos peor». Pero para muchos ellos tienen la culpa de no traerse tantas medallas, si un atleta fracasa, entonces todos lo condenan. Pero eso sí, no toman en cuenta que también los atletas estadounidenses, chinos, surcoreanos, todos llegan a fracasar. Caray, estos deportistas creo que nos ponen un ejemplo de lo que deberíamos ser los mexicanos, y todavía un mexicano ternurita postrado en su sillón, con la cerveza en su panza y rascándose varias partes del cuerpo a la vez, sintoniza Televisa y se mofa de los atletas mexicanos porque no ganan tantas medallas como lo hacen los chinos ¡por favor!. No falta el ternurita que grite a los atletas (que ni lo escuchan porque los ve por la tele) -¡No gasten mis impuestos en las olimpiadas y mejor pónganse a trabajar!.

    Ternuritas también los que se burlan de que Peña Nieto es un ignorante (la afirmación, falsa no es) dado que no sabe mencionar tres libros, y estos tampoco se molestan siquiera en leer un libro por año. No tienen autoridad moral para criticar. Creen que como él va a ser Presidente, tiene la obligación de prepararse, pero ellos no, ellos si pueden ser mediocres, echar la flojera y dejar de prepararse. Luego los que se quejan de AMLO por su acento y ellos ni siquiera saben hablar español, o los que critican a López Dóriga por su infame «Juay de Rito» pero eso sí, nunca han tomado un solo curso de inglés. ¡Dejen de quejarse, ternuritas!.

    Dejen de quejarse, y si me quejo es porque tengo autoridad moral para hacerlo. Critiquen, pero hagan, colaboren, dejen de ponerle el pie a aquellos que sobresalen, dejen esa mentalidad mediocre y tonta. ¡Basta ternuritas!.

  • La mediocracia mexicana

    La mediocracia mexicana

    La mediocracia mexicana«Mediocracia» no es un término estrictamente correcto, pero describe bien lo que José Ingenieros en su libro «El Hombre Mediocre» quiso decir, algo así, como el gobierno de los mediocres. Y es que si este término fuera correcto, entonces seríamos una mediocracia y no una democracia. Mediocracia sería algo diametralmente opuesto a la meritocracia (forma de gobierno que se basa en el mérito). Y es que en una democracia plena podríamos pensar que los que ocupan los cargos públicos son los mejores o algo parecido a ellos, los capacitados para tener un puesto. ¿Creen que en México es así? Yo tampoco. Y es que la mediocracia mexicana es algo digno de analizar.

    Primero, los puestos públicos son algo así como una forma de hacer negocio sin tener que producir nada, el esfuerzo único que tiene que hacer el candidato es lograr llegar a él, pero una vez ahí, solo busca cumplir con lo mínimo. Lo peor es que muchas de las personas que aspiran a estos puestos no están preparados para tomar el puesto, de pronto vemos a un médico (que nunca en su vida ha dado clases) en un puesto educativo, a un licenciado X en alguna secretaría de cultura. Es la realidad, los puestos públicos son vistos como una forma para enriquecerse a costa del erario, y estos puestos son atractivos porque implica más ingresos con un menor esfuerzo que trabajar en el sector privado. Y es que el sueldo solo se justificaría si el «servidor» pública tiene una vocación de servicio, de hacer algo por la sociedad o el país. En México esto es la excepción y no la regla.

    Quien llega a competir por puestos más fuertes (diputaciones, senadurías o hasta presidencias) no es necesariamente el mejor, o al menos el que tiene una mayor vocación de servicio; es aquel que sabe «como moverse» en el pantanoso mundo de la política. Y no es que sea malo «moverse», de hecho es necesario, pero esto debe de estar supeditado a las capacidades y los deseos de servir de aquella persona. Veamos los candidatos presidenciales, ¿ustedes creen que esos tres adefecios de los cuales tuvimos que votar por uno, son lo mejor que puede ofrecer el país?, la verdad que no, incluso dentro de los tres partidos había gente mucho más valiosa y preparada.

    Navegamos ahora un poco a la iniciativa privada, ciertamente aquí es más difícil mantener un estándar de mediocridad, porque bajo esta, la competencia tanto nacional e internacional te «termina comiendo»; pero aún así, en las grandes empresas se repite un poco el patrón. Los millonarios mexicanos no son aquellos que han innovado más, ni necesariamente son los que ofrecen los mejores productos; son aquellos que saben jugar con el poder, con los intereses, quienes incluso legislan sin que les competa; son aquellos que están por encima del poder político, son aquellos que saben como ser «cabrones». Y por eso se explican las prácticas monopólicas que existen en México. Ellos son una extensión de la política, al punto que medios de comunicación son los que colocan presidentes jugando con las instituciones incipientemente democráticas.

    La mediocracia es una de las razones de más peso por las cuales México no avanza. Cuando esto cambie por una cultura del servicio, de la sana competencia, seguramente veremos otro país. Y es que la vocación de servicio podría ser mucho mejor; digo, en Suecia, los diputados duermen en departamentos y se lavan su propia ropa. Mientras aquí si alguien habla de reducir sueldos de los «servidores» públicos lo tachan de populista aunque esto ocurra en países como Francia, Uruguay o Brasil (y no lo digo necesariamente por AMLO y sus cuentas que no cuadran). A la hora que se deje de premiar la mediocridad y la cultura del mínimo esfuerzo, seguramente veremos un país mejor.

     

  • El mexicano y su mediocridad política

    El hombre es un animal político, todos los hombres tenemos una ideología política, y de hecho los que no saben de política también la tienen pero no son conscientes de ella. Lleven al más ignorante una de esas encuestas que tienen el fin de conocer la ideología política de cualquier persona y verán que aunque la desconozca, podrán determinar su ideología. No importa que no conozca ya no términos como «capitalismo», «comunismo», «socialdemocracia»; sino los clásicos conceptos de izquierda y derecha, y van a ver como obtienen un resultado. Porque la ideología política está determinada en base a creencias, paradigmas, percepción del mundo, etc. Que el conocimiento sobre temas políticos y económicos puedan refinar tu posición política es otra cosa.

    Yo me he considerado una persona afín a la socialdemocracia. Como mucha de la gente que comulga con mi posición política, algún día estuvimos más a la izquierda (aunque yo no caí en las garras del comunismo, si al principio sentí una fuerte aversión al capitalismo, sobre todo por la influencia de Erich Fromm) y luego nos moderamos. Seguimos pensando en la igualdad y la justicia social, pero nos dimos cuenta que para eso no era lo más prudente abolir el mercado, sino por el contrario, servirse de él. El fin es el mismo, los medios cambian, porque cuando uno crece, sin perder de vista sus ideales como fin, debe de ser más pragmático al buscarlos.

    Yo estoy consciente el por qué terminé siendo afín a esa ideología. Yo me eduque en una escuela del Opus Dei donde era muy patente la doble moral, donde tener un arete o el pelo largo era motivo suficiente para ser suspendido de la escuela, mientras que el golpear a un compañero o abusar de otros («Bullying» como ahora se le conoce) no necesariamente era motivo para ser suspendido de la escuela. Repudié el conservadurismo por eso. Si dicen que el liberalismo en algunos casos implica el que el hombre construya su «escala de valores a su antojo», al menos se lo que me puedo esperar de ellos, porque muestran su verdadera cara. En cambio el conservador, es hipócrita (no todos, pero en México la mayoría lo son) y muchas veces por su disfraz «doblemoralino» te traen desagradables sorpresas, a veces actos más desdeñables que los de los liberales. También en mis años de primaria fui una persona de pocos amigos, era excluido y en muchos casos era víctima de abusos por parte de otros niños. Pero resulta que yo era el más castigado por intentar defenderme. Por eso me hice más consciente sobre los problemas de las minorías excluídas, porque entiendo lo que sufren al ser excluídos (ya sea por su condición económica, por su condición física o su preferencia sexual).

    Fue una introducción larga al tema que quiero tocar, pero creo era necesario decirlo (porque seguramente sintieron que lo escrito no tenía nada que ver con el título). Cuando hablo de mediocridad política, es porque en mis años en que he sido políticamente activo (intelectualmente hablando), he visto que en México las personas tienden a encasillarte en las pocas opciones políticas que existen en el país. Es decir, si critico la guerra del narco de Felipe Calderón, soy fiel seguidor de Obrador, si por otra parte, critico a este último, soy un personaje de derecha que se la pasa pegado frente al televisor viendo el programa Tercer Grado. Si digo algo bueno de Peña Nieto (que en realidad no hay muchas cosas buenas que decir de él) entonces la cosa se pone peor. Es curioso, parece que mientras detestamos a nuestros partidos políticos, muchos encasillan a otras personas necesariamente en las opciones que se nos dan, por un simple comentario.

    Eso a mi, me habla de una mediocridad profunda y un desconocimiento de la política del mexicano, porque no conocen más allá de lo que ven y no se molestan en investigar. Algunos incluso creen saber mucho de política, pero caen en el mismo juego simplista de etiquetar a las personas bajo los mismos parámetros y con pocos argumentos o motivos para poderlo hacer. Parece ser, y tal vez eso creo que es porque vivimos en un régimen paternalista por 70 años, que no se cree que uno puede tener un criterio independiente, como si tuviera que estar enajenado necesariamente por los medios de comunicación como Televisa, o por el populismo de Andrés Manuel. Se me hace una forma muy simplista de ver las cosas. Luego, es entendible porque primero hablas bien de un político y cuando luego decides hablar mal, la gente se decepciona. Que parece que más que escuchar opiniones y crítica, esperan que les digas lo que quieran escuchar.

    Y estoy hablando de clases medias y altas (que son los que tienen acceso a Internet), porque son los que tienen las condiciones para pensar por si mismos (dado que la gente pobre se tiene que preocupar por saber que va a comer al siguiente día) y las capacidades para tener una cultura política. Algunos no la quieren conocer porque la detestan, posición algo estúpida, porque la política necesariamente influye en la vida de las personas. Yo puedo decir que detesto a la gran mayoría de los políticos y a los partidos en general porque no me representan (no solo porque ninguno comulga con mi ideología, sino porque se han alejado de la ciudadanía), pero no por eso la política deja de ser interesante para mí.

    Creo que en México necesitamos tener más cultura política. Los políticos que van a contender por la presidencia en el 2012 son el fiel reflejo de la mediocridad política del mexicano. Un Peña Nieto que aparte de ser una persona sumamente ignorante, no tiene las tablas, y ni siquiera se le ve una ideologia definida; una Vázquez Mota que no ha hecho prácticamente nada en su no muy larga trayectoria, pero que «es mujer»; y un López Obrador con dotes de mesianismo (que el que se haya moderado no significa que lo deje de tener) como si se tratara de la nueva llegada de Jesucristo. Y al no estar preparados, los políticos hacen lo que quieren, porque los ciudadanos no saben ni lo que quieren ni como lo quieren.

  • Festejando lo ridículo

    No puede ser, no, no me cabe en la cabeza, no lo asimilo. Pero es verdad, y ahora si Cerebro no va a tener piedad en criticar. Pero ¿como es posible carajo?, no lo puedo entender. Ahora resulta que tanto en el Angel de la Independencia como en la Minerva en Guadalajara, cientos de aficionados fueron a festejar el amargo empate contra Sudáfrica. ¿Festejar que?, ¿un empate?, ¿un partido que se debía haber ganado?, ¿un partido que nos deja con un pie fuera del mundial?. Caray, es que no lo puedo entender, no puedo comprender tanta mediocridad.

    A ver, es que México tuvo un pésimo partido que no se acerca nada a lo que mostró con Italia, es más ni siquiera con Inglaterra. Es cierto que México dominó en el primer tiempo, pero a partir de que les metieron el gol, los sudafricanos,  si, los débiles sudafricanos les pusieron un baile y hasta el árbitro les perdonó un penal. Si, luego llegó el gol de México y la selección se recompuso, pero en un contragolpe, los débiles bafana bafana se quedaron a un milímetro de meternos un gol que pegó en un poste. Si, nos salvamos gracias al poste y al árbitro (que supuestamente iba a conspirar contra nosotros). ¿Eso es lo que festejan?.

    Yo no me opuse a que Felipe Calderón viajara a Sudáfrica, pero es hora de que ya regrese. Ya no tanto por lo de la guardería ABC o por las huelgas de Cananea, no, es que parece que hay una plaga que parece ser más peligrosa que la influenza, y es la plaga de la mediocridad que está azotando las principales ciudades de México y parece que se necesitan tomar medidas urgentes. No se, tal vez hay que poner en cuarentena a estos tipos que se les ocurre festejar partidos que deberían quedar para el olvido. Me recuerdan a Lagrimita en su programa de Vamos a Jugar cuando decía ¡Perdiiiimos!. Perdonen, pero es que no lo entiendo y me da coraje, me da coraje que haya gente que sea tan conformista. Y si se conforman con un juego de futbol, ¿con que no se conformarán con las cosas que realmente importan en este país?, ¿festejarán también la corrupción, la desigualdad, las injusticias, a los políticos mediocres?.

    Creo que hay gente que ya no solo sabe diferenciar entre lo que es un espectáculo o una religión, sino que ya no tiene la capacidad de diferenciar entre lo que es un éxito y lo que es un fracaso. Y creo que eso ya es un problema grave, esto nos habla de que algo en la sociedad no está bien, no es normal para que me entiendan porque no tiene ninguna lógica, no tiene razón de ser.

    También he visto como algunos medios son tan condescendientes con un partido que se jugó mal. En mediotiempo, pusieron en el encabezado «Nos salvamos al 89, milagro verde». ¿Que milagro hizo México o que?, más bien se salvó de una hecatombe que hubiera significado la eliminación temprana del mundial. También por otro lado han habido críticas muy duras de quienes ponen en entredicho el futuro de la selección en el mundial como José Ramón Fernández y sus compañeros comentaristas de ESPN quienes no han tenido ninguna piedad con la selección mexicana, y quienes afirmaron inclusive que los sudafricanos merecían ganar.

    Espero no volver a ver a aficionados festejando derrotas o empates amargosos porque soy capaz de ir con mi carro a la minerva y… pitarles con el claxon.