Etiqueta: Margarita Zavala

  • El primer debate. El análisis que no te mochará la mano

    El primer debate. El análisis que no te mochará la mano

    El primer debate. El análisis que no te mochará la mano

    Ya tuvimos el primer debate a la presidencia y me quedo con sentimientos muy encontrados. Por un lado, el ejercicio mejoró mucho, es el mayor avance que hemos tenido desde 1994 (cuando se organizó el primer debate que ganaría el Jefe Diego) aunque creo que hay cosas que pueden irse ajustando, como la cuestión de los tiempos que a veces no permitían a los candidatos formular sus argumentos. Me gustaron los moderadores, en especial Denisse Maerker. Fueron igualmente incisivos con todos y no mostraron sesgo alguno. Aquí todo muy bien.

    Pero por otro lado, si bien el formato mejoró, lo que no mejoraron fueron los candidatos que tan solo mostraron la mediocridad de la política mexicana. A unos les fue mejor que a otros, pero ninguno se mostró sólido, todos evadieron respuestas, casi nadie presentó propuestas a fondo y sí vimos muchos ataques (casi todos a AMLO) y hasta bromas de mal gusto. A continuación haré mi análisis de cada candidato del peor al mejor, no de acuerdo a mis preferencias sino a su desempeño en el debate como estrategia. Comenzaré con el Bronco como alguien aparte y no lo colocaré dentro del ranking porque jugó un papel un tanto diferente:

    El Bronco

    Jaime Rodríguez Calderón se encargó de la parte cómica del debate. Comenzó reprendiendo al moderador Sergio Sarmiento e hizo reír a más de un televidente con ocurrencias típicas de un norteño machista conservador chapado a la antigua. Cuando le preguntaron si ha mentido dijo que sí, también dijo que él proponía «mocharle la mano» a los criminales (e insistió que no lo decía en broma) y que creía en la familia porque se había casado tres veces. No veo que la presencia del Bronco le haya afectado a López Obrador, por el contrario, su presencia dejó los ataques que AMLO recibió en segundo plano. Acaparó los reflectores a pesar de que su presencia es irrelevante dentro de la contienda. 

    4to lugar. Margarita Zavala

    Margarita, Margarita. La candidata del PAN es una pena. Tuvieron que pasar varios minutos para que comenzara a hablar porque no utilizó su derecho de réplica. Vimos lo mismo de siempre, no sabe hablar, no sabe hilar argumentos. Ninguno de los candidatos le hizo caso; es más, le respondieron más al Bronco quien mostró más iniciativa y más elocuencia. Los ataques que le hizo a Ricardo Anaya y a López Obrador, si es que se les puede llamar ataques, ni siquiera los rasparon. Margarita fue la candidata ausente, estuvo ahí pero no estuvo ahí, pasó inadvertida y dudo que alguien se vaya a acordar de sus intervenciones. Al final, creo que al PAN le convino postular a Ricardo Anaya, ya que Margarita, si bien en algún momento tenía más preferencias que el queretano, seguramente iba a caer en las encuestas porque es una mujer que no sabe transmitir sus ideas, que se ve torpe e improvisada. De hecho, se notó que no se preparó bien cuando la cuestionaron por su postura sobre el matrimonio igualitario. Titubeó ante un tema que ella sabía de antemano que le preguntarían.

    3ro lugar, José Antonio Meade

    Si pudiéramos hablar del perdedor del debate (partiendo de que ni Margarita ni el Bronco tienen posibilidad alguna de ganar) ese es José Antonio Meade, ya que no logró mostrarse como un candidato convincente y además se vio excesivamente acartonado. Perdió porque el PRI es un gran lastre que lo arrincona y no le da margen de maniobra. Es difícil atacar a AMLO por sus «cuestionables incorporaciones» o a Anaya por las acusaciones en su contra cuando eres abanderado por el partido más corrupto del país y a quien la mayoría absoluta de los mexicanos detesta. 

    Lo más preocupante, no sé si se dieron cuenta, es que José Antonio Meade ha comenzado a incorporar esa oratoria y juego de manos priísta, lo cual es un suicidio cuando el partido al que representas se convierte en una carga. Pero no solo eso, Meade aburre, es poco elocuente, pareciera, como dijeron muchos tuiteros, que estuviera repitiendo los spots de su campaña. Y peor aún, durante todo el debate Meade se presentó varias veces (yo soy José Antonio Meade), ese es un error garrafal ya que si te asumes como un candidato competitivo, lo peor que puedes hacer es presentarte porque ya todos te conocen. Meade es un buen burócrata pero es un pésimo candidato. Tristemente aquí es cuando Meade deja de ser competitivo y deja solos a Anaya y López Obrador como los candidatos que tienen posibilidades de llegar a la presidencia.

    2do lugar: Andrés Manuel López Obrador

    Al verlo debatir entendí porqué estaba ayudando a su hijo Jesús Ernesto a completar su álbum Panini del mundial en vez de estarse preparando para el debate: porque él iba a aguantar, iba a sortear los embates, a dar largas y evadir cuestionamientos para conservar su ventaja. Ya sabía sobre qué lo iban a cuestionar porque son los mismos temas por los que lo han cuestionado durante mucho tiempo. Algunos dirán que tuvo una pésima intervención, y ciertamente no es bueno debatiendo y ciertamente en más de una ocasión exhibieron las inconsistencias de las propuestas de López Obrador así como algunas incongruencias (tarea que llevó a cabo Ricardo Anaya ya que José Antonio Meade en general lanzó cuestionamientos más bien acartonados que no tuvieron afectación alguna). Pero su tarea no era ganar el debate, ni lo necesitaba, fue a «nadar de muertito» (al igual que Peña Nieto en 2012) y si bien recibió algunos raspones, no recibió algún golpe que pudiera afectar las tendencias en la intención de voto. Además, los ataques constantes hicieron que todo se volviera a centrar en él de tal forma que se adueñó por momentos del debate sin tener que hacer absolutamente nada. 

    Lo más importante fue que nunca lo sacaron de sus casillas. Si bien fue notorio que lo hicieron sentir incómodo en más de una ocasión (lo que se vio en las tomas abiertas y al final cuando «se fue sin despedirse») nunca se descarriló, se mostró centrado, aunque sí dio visos de que con una estrategia certera sí podrían afectarlo en los debates venideros. Decía que López Obrador tenía que perder el debate y que se generara un consenso hacia esta idea para poder restarle algunos puntos. Eso no pasó y López Obrador se puede ir tranquilo a dormir. Pronostico que no habrá alguna afectación considerable en las tendencias de voto y seguirá con su cómodo primer lugar (con todo y que Anaya pudiera llegar a subir).

    Es importante que AMLO se prepare más para el siguiente debate porque si Anaya es incisivo sí lo puede meter en aprietos. AMLO no se enojó, pero no estuvo lejos de eso. También fue notorio que AMLO despreció a los demás candidatos y se percibió arrogante; eso puede llegar a ser capitalizado por Ricardo Anaya al exhibirlo como autoritario en los debates que vienen. 

    1er lugar: Ricardo Anaya

    A mi parecer, Ricardo Anaya fue el ganador del debate y hay un consenso en ello, aunque creo que no fue un triunfo muy contundente. Anaya se mostró elocuente, se apoyó muy bien en material visual para presentar sus propuestas y para contradecir a López Obrador y a José Antonio Meade a quien le dio su estocada final. Es un acierto que Anaya no haya concentrado todas sus energías en el tabasqueño y también invirtiera un tiempo en el ex Secretario de Hacienda ya que así evitó cualquier percepción de que estaba alineado con Meade y  con el PRI; tenía que evitar a como dé lugar atacar en sintonía ya que se corría el riesgo de fortalecer el discurso del PRIAN de López Obrador. Haber atacado a Meade consolidó lo que era ya casi definitivo, que el priísta quedaría condenado al tercer lugar. No tenía que haber usado todas sus energías contra López Obrador porque faltan dos debates. 

    Pero cuando digo que no fue un triunfo contundente lo digo porque al final no terminó de presentarse como una alternativa sólida. Anaya se mostró como un personaje con potencial pero que no termina por consolidarse. Su logro principal es que gracias a este debate Anaya se consolidará como el rival de López Obrador y ya podrá concentrar sus energías en el tabasqueño, pero si bien este debate pueda darle algunos puntos, seguirá estando muy por debajo de AMLO. Cierto, si Anaya hubiera tenido un mal debate habríamos podido casi apagar las luces y nombrar al nuevo presidente (AMLO) por anticipado, pero se logró mantener en la lucha y consolidarse como el segundo lugar. Pero Anaya le hace falta constituirse como un candidato creíble que pueda posicionarse en un entorno donde el hartazgo hacia el gobierno actual y hacia el sistema son la regla en esta elección. Me queda la sensación de que Ricardo Anaya pudo hacer algo más y no lo hizo, y esas cosas pueden terminar siendo definitorias.

    Anaya, creo yo, tiene la posibilidad de sacar a López Obrador en sus casillas en debates venideros. AMLO se abrumó ante los ataques que recibió en este debate. Si se utiliza la estrategia correcta, Anaya puede desesperarlo. Por eso es que tiene que trabajar en una estrategia que vaya en ese sentido si es que quiere tener alguna posibilidad de ganarle la presidencia. 

    Conclusión

    Tuvimos un debate con un muy buen formato y pésimos candidatos que no están al nivel de lo que este país necesita. Pronostico que Anaya tendrá un ligero ascenso en las tendencias, Meade se estancará o incluso bajará cediéndole por completo el segundo lugar a Ricardo Anaya. López Obrador mantendrá su puntaje en un cómodo primer lugar, el Bronco podría acaparar algunos puntos (tal vez de indecisos e incluso de José Antonio Meade) y Margarita verá un descenso en sus preferencias. Veamos como reaccionan las encuestas y las tendencias y veamos también las estrategias postdebate que los candidatos vayan a utilizar para capitalizar lo más posible lo que ocurrió en este debate.

  • ¿Y quién rayos gana el debate?

    ¿Y quién rayos gana el debate?

    ¿Y quién rayos gana el debate?

    ¿Quién gana un debate? La respuesta es muy compleja ya que depende mucho de percepciones subjetivas que están, en su mayor parte, condicionadas por los sesgos cognitivos de los simpatizantes u opositores de tal o cual candidato. Sólo se puede decir que un candidato ganó un debate cuando hay un consenso mayoritario sobre ello. como ocurrió en 1994 cuando el Jefe Diego subió como 12 puntos o en 2000 con el triunfo de Vicente Fox. Cabe recordar que posteriormente, sobre todo en 2012, fue bastante más difícil determinar quien ganó cada debate. Se decía que Josefina había ganado el segundo debate pero eso jamás se trasladó a las intenciones de voto.

    Un mismo escenario puede estar sujeto a distintas interpretaciones. Por poner un ejemplo, si los candidatos atacan a López Obrador mostrando que varias de sus propuestas no tienen mucho sustento, quienes se oponen a AMLO dirán que quien ganó fue aquel candidato que lo puso más en aprietos (que coincidentemente casi siempre será el candidato con el cual simpatizan y no el otro, del cual dirán «sí, le dijo varias verdades, pero es del PRI y eso lo hace incongruente»). Pero los simpatizantes de AMLO dirán que su candidato ganó porque todos lo atacaron y nadie logró alterarlo ya que AMLO dijo cosas graciosas. 

    Ya vimos un ejemplo de ello en el debate que López Obrador sostuvo con varios analistas de Milenio. Los opositores dijeron que fue una pésima intervención del tabasqueño por sus declaraciones sobre la sociedad civil y por haber afirmado que los derechos de las minorías sexuales deberían someterse a consulta, mientras que sus simpatizantes lo que recuerdan es que los analistas nunca sacaron al candidato de sus casillas y este se mantuvo sereno y risueño todo el tiempo.

    Por eso es que siempre, al final del debate, todos los candidatos se declaran ganadores. Los partidos buscan a como dé lugar crear la percepción de que fue su candidato quien ganó y celebran con bombo y platillo. Tal vez nos podamos dar una idea de quien ganó con las evaluaciones de los analistas y expertos, pero ellos no están exentos de cualquier sesgo. Podríamos ver la afectación que tuvo un debate en las encuestas pero existe la posibilidad de que una alteración en las tendencias no se deba al debate sino alguna otra razón.

    Sólo se puede decir que un candidato ganó un debate cuando hay un consenso mayoritario dentro de la población, lo cual no ocurre en la mayoría de las ocasiones. Quienes quieran afectar a López Obrador deberán aspirar a eso, a generar un consenso generalizado de que lo han derrotado, de lo contrario, aunque crean que haya ganado, todos seguirán alimentando sus sesgos cognitivos y las encuestas seguirán su curso.

  • Margarita Zavala quiere ser la esposa de Calderón

    Margarita Zavala quiere ser la esposa de Calderón

    Margarita Zavala quiere ser la esposa de Calderón

    Puede que el impulso de más de alguna persona que haya leído el título de mi artículo lo orille a pensar que soy una persona misógina, que cree que la mujer debe de estar al servicio del hombre. Nada más falso, lo que ocurre es que en realidad este título refleja mucho de lo que la campaña de Margarita es, pero sobre todo, lo que ella y su equipo quieren que sea. La imagen de la campaña de Margarita es sorprendentemente parecida a la de Felipe Calderón y su catálogo de propuestas está muy vinculada al ideario calderonista. Margarita intenta posicionarse como una suerte de extensión de lo que fue la presidencia de su marido porque sabe y asume que esa es la forma en que puede ganar más puntos y porque el proyecto calderonista es un proyecto más bien compartido hasta en la alcoba donde Felipe tiene la mayor parte de la iniciativa.

    Margarita es más conservadora y a la vez más rebelde que su marido, quien es más pragmático, metódico y hasta autoritario. En su libro lo deja claro: de niña vivió en una familia donde la religión y la moral tenían un peso muy importante. Dentro de la época de la revolución hippie y de la libertad sin restricciones, Margarita vivió en una familia muy estricta que le restringía severamente los programas de televisión que podía ver; pero también tenía, ahí muy oculto, una vena un tanto rebelde con algunas preocupaciones que podrían encajar en la izquierda (como su preocupación por la desigualdad y los derechos humanos), aunque esa rebeldía era lo suficientemente edulcorada y tímida que nunca incomodó demasiado en su vida. Margarita intenta compaginar el feminismo (ella se dice feminista) con sus creencias conservadoras: defiende los derechos de la mujer pero luego dijo que el papel que le correspondía como Primera Dama era «quedarse calladita».  

    Margarita es una «especie rara» porque pareceria ser una mujer más bien tradicional (algo a la antigüita) dentro de la política en un país donde las mujeres «tradicionales» no acostumbran a involucrarse en ella. Guarda muy poco en común con su tocaya inglesa Margaret Thatcher, también conservadora en sus creencias, pero con una actitud demasiado opuesta: mientras que la trayectoria de quien fuera Primer Ministro del Reino Unido narra la vida de una mujer que se forjó a sí misma en un mundo político dominado por el hombre, la de Margarita es más bien modesta y sobria. Thatcher era muy elocuente e imponente. Margarita inspira más bien timidez y se muestra bastante torpe al hablar. 

    Tampoco podemos hacer una analogía con los Clinton. Hillary siempre ha mostrado cierta autonomía con respecto de su marido. Los electores estadounidenses no veían en Hillary una simple extensión del gobierno de su esposo Bill, veían un proyecto propio. Eso no ocurre con Margarita quien no sólo no intenta mostrar cierta independencia con respecto de su marido, sino que parece empecinada en fortalecer el vínculo porque, de esta forma, podrían atraer los votos de los simpatizantes de Felipe Calderón a su causa, como si se tratara de una reelección de Felipe con el «toque sensible» de su mujer. Por eso es que, a pesar de que Margarita es mujer, su candidatura no parece abonar mucho a la causa de su género: aquella mujer independiente que tiene un ideario propio y que se rebela ante los paradigmas sociales heredados de una sociedad históricamente patriarcal.

    Ricardo Anaya le arrebató (haiga sido como haiga sido) la posibilidad de contender por el PAN, lo cual no anuló su carrera por la presidencia (después de conseguir, contra marea y corriente y en medio de algunos cuestionamientos, las firmas necesarias) pero sí anuló la posibilidad de ser presidenta ya que, al no contar con ninguna estructura partidista que la soporte, y al ver que el voto de centro y centro derecha ya estaba repartido entre Anaya y Meade, podrá aspirar a más bien a muy poco.

    Dicen los analistas que su presencia terminaría beneficiando a López Obrador ya que sólo conseguirá pulverizar  más el voto de la derecha. Algunos sugieren que en un momento dado se decantaría por Meade, a quien conoce bien ya que trabajó en el gobierno de su marido. Su postura, por tanto, va en consonancia con el comportamiento de Felipe en Twitter, quien está preocupado en dividir sus garrotazos contra Anaya y López Obrador, las dos némesis electorales del ex mandatario, mientras que con Meade tiene un trato un poco diferente, más caluroso. Hace como que critica al PRI porque el contexto de las elecciones casi la obliga a ello pero con Meade, el candidato, es muy cuidadosa, como previendo algo.

    Si es prácticamente imposible que Margarita gane ¿entonces cuál es el objetivo de su candidatura? ¿Esperara una suerte de milagro? ¿O sabe de antemano que su derrota está garantizada y buscará jugar cierto papel intentando modificar el equilibrio de la campaña a un escenario más deseable (descartemos de antemano a López Obrador y Ricardo Anaya)? ¿Será una suerte de ansia vengativa de su marido al ver a AMLO y a Anaya derrotados, aunque los números digan que la candidatura de Margarita bien podría empeorar las cosas? ¿O querrán utilizar la candidatura para dotarle de cierta fuerza al calderonismo, ya sea para recuperar al PAN o para crear una corriente independiente? 

    Gracias a la candidatura de Margarita, el calderonismo estará representado en la boleta aspirando a acaparar los votos de la gente que siente nostalgia por el régimen de Felipe Calderón, que no son pocos, pero que están lejos de ser los suficientes como para crear una candidatura competitiva. Con el tiempo veremos por cuál estrategia se decanta Margarita si es que tiene alguna, y también veremos cómo su presencia modifica la correlación de fuerzas dentro de estas elecciones.  

  • La transa de los independientes

    La transa de los independientes

    Hace pocos años, la sociedad civil presionó para que el INE permitiera la participación de los candidatos independientes en la contienda. Lo lograron de forma parcial, ya que el INE a cambio pide requisitos casi inalcanzables. Con excepción de Pedro Kumamoto y su movimiento esta nueva figura no ha sido el revulsivo que se esperaba que fuera y se ha convertido en un escaparate para quienes tienen estructuras o están acostumbrados a hacer trampa: los políticos de cajón.

    De los cinco contendientes principales tres hicieron trampa y dos no. Estos últimos fueron Pedro Ferriz y Marichuy y quedaron muy lejos del número de firmas que el INE les requería; los otros tres, Margarita Zavala, Armando Ríos Piter y El Bronco sí hicieron trampa. Sólo Margarita Zavala logró el registro porque las firmas válidas le alcanzaron para obtener el registro. Pero aún así, las otras que dijo conseguir, que representan casi la mitad del total, eran inválidas. Varias eran fotocopias, estaban duplicadas o tenían inconsistencias:

    Es cierto que en la recolección de firmas pueden aparecer algunas inconsistencias o algunos errores, pero para eso podemos referirnos a los casos de Pedro Kumamoto y Manuel Clouthier quienes, de todas las firmas que obtuvieron, el 90% fueron válidas. Cuando las inconsistencias y los errores son tan amplios es que hubo dolo. 

    Mucho ya se venía hablando de que los aspirantes a candidatos estaban haciendo trampa por el extraño comportamiento del seguimiento que el INE hacía de la recolección de firmas, el cual era inconsistente, no sólo por el comportamiento a través del tiempo, sino por la extraña relación que había entre las firmas conseguidas y los representantes registrados. 

    Margarita estará en la boleta, pero llegará con la marca de la trampa. ¿Cómo podrá señalar la corrupción de Anaya si ella fue corrupta a la hora de conseguir las firmas del INE? ¿Cómo podrá increpar a López Obrador con el discurso del fraude si básicamente ella buscó engañar al sistema para estar en la boleta? El caso de Armando Ríos Piter, el experredista que se presentó como candidato antisistema, fue el más grosero de todos, no sólo porque fue el que simuló más (usando documentos apócrifos) sino porque las firmas válidas no representan siquiera el 20% del total. Básicamente se trata de políticos de carrera abusando del sistema desde fuera. 

    Ciertamente, los requisitos para aparecer en la boleta son demasiado estrictos y no permiten a ciudadanos que no tengan estructuras políticas fuertes acceder a participar en las elecciones; pero eso no es justificación alguna para hacer trampa, máxime cuando se trata de los políticos que son parte del sistema y que decidieron, por conveniencia, contender como candidatos independientes. 

    Este acto vergonzoso y bochornoso es tan sólo el ejemplo de la degradación de una clase política que ensucia y empantana el ejercicio del poder en todas sus manifestaciones, incluyendo los recursos para que los ciudadanos tengan la posibilidad de acceder a las candidaturas. Y aunque hubo ciudadanos, como Edgar Portillo, que también hicieron trampa, casi todos los que lo hicieron fueron políticos de sistema. Ni Ferriz de Con ni Marichuy ni muchos otros decidieron engañar al sistema y se fueron por lo legal, ellos perdieron.

    Con este tipo de actos, la clase política sólo refuerza el paradigma de que en México si la quieres hacer te tienes que ir por el camino chueco y que apegarse a la ley es cosa de ingenuos. Este bochorno es lamentable y vergonzoso. 

    Actualización: les comparto la respuesta de la campaña de Margarita Zavala a las acusaciones. LEER AQUÍ. 

  • ¿Anaya o AMLO? He ahí el dilema de Margarita y su esposo

    ¿Anaya o AMLO? He ahí el dilema de Margarita y su esposo

    ¿Anaya o AMLO? He ahí el dilema de Margarita y su esposo

    La encuesta de Reforma confirma las tendencias electorales que habíamos visto estos últimos días: Anaya sube como la espuma, pero se encuentra todavía algo lejano a AMLO quien, si bien ya no sube mucho, sigue mostrando una tendencia a la alza (muestra de que la guerra sucia empleada contra él hasta el momento no le ha hecho ni lo que el viento a Juárez), en tanto que Meade se ha ido desfondando. La diferencia entre Anaya y AMLO es de 8 puntos (aunque sube a 10 si se hace el ejercicio sin los indecisos).

    AMLO va en primer lugar
    Fuente: Periódico Reforma

    Anaya parece estar captando el voto útil que los demás dejan a su paso, por ejemplo, el de José Antonio Meade (dada su caída) y el de Margarita (en gran medida porque no ha tenido la exposición mediática). Ricardo Anaya parece que ya no le podrá rascar mucho de ahí (el remanente de Meade con seguridad estará compuesto por su voto duro) y Margarita tiene ya muy pocos puntos porcentuales. Más bien tendrá que enfocar su mira a los indecisos que son el 22% (lo que no implica que todos ellos vayan a votar).

    López Obrador es el gran favorito pero todavía no tiene la victoria asegurada. 

    De acuerdo a los careos entre dos candidatos, Meade no tendría nada que hacer contra AMLO ya que el voto anti PRI es más grande que el voto anti AMLO: la diferencia es abismal, de 33 puntos, en tanto que entre Anaya y AMLO, la ventaja de este último es de 11 puntos, todavía muy considerable, pero para nada definitivo. La lectura que puedo hacer aquí es que sólo Anaya podría competirle a López Obrador y que Meade tendría que hacer un milagro para subirse a la contienda. 

    Fuente: Periódico Reforma

    Uno de los factores que podrían decidir la contienda se llama Margarita Zavala. Su porcentaje actualmente es pírrico, pero ha caído en gran medida porque casi no tiene presencia en medios (lo mismo ha ocurrido con el Bronco). La presencia de Margarita en la boleta no es una buena noticia para Anaya ya que podría llegar a rascarle algunos puntos y definir todo en favor de López Obrador.

    El problema también reside en el dilema que el calderonismo tiene y que podría ser definitorio. Evidentemente, el plan A de Calderón es Margarita Zavala; si no funciona, el plan B sería José Antonio Meade, quien ocupó varios cargos de alto nivel dentro de su gobierno. Pero es muy probable que Meade ya no vaya a despegar, entonces tendrían que decidir si inclinarse por Anaya o por López Obrador, lo cual suena inverosímil.

    Basta ver la cuenta de Twiter de Felipe Calderón y ver sus referencias hacia estos dos candidatos para entender que una alianza con cualquiera de ellos es algo impensable. ¿Apoyar al traidor, a quien operó para que mi señora esposa no fuera candidata, o apoyar al que me acusó de fraude y me llamó espurio? La presencia de Margarita en la boleta sólo podría llegar a beneficiarle a Anaya en el primer caso, pero será un lastre no sólo en el improbable segundo caso, sino en un escenario donde decidan no tomar postura alguna y mantener una postura neutra, ya que la simple presencia de Margarita en la boleta puede llegar a rebatarle algunos votos al candidato del PAN.

    A pesar de que sea algo improbable, Calderón tiene algunos incentivos para tomar cualquiera de las dos posturas: tiene una mayor afinidad ideológica con Ricardo Anaya en tanto que piensa que una eventual presidencia de AMLO puede ser nociva para el país, pero a la vez, si ganara AMLO, Calderón podría recuperar al PAN. 

    La presencia de Margarita en los debates también puede resultar un lastre para Ricardo Anaya ya que con toda seguridad le reclamará el hecho de haberse ungido como candidato de forma antidemocrática y pasando por encima de mucha gente. El conflicto entre Anaya y Calderón tomó tintes personales y ese encono puede que se manifieste dentro de los debates: Anaya podría verse privado de los votos de los más duros simpatizantes del calderonismo.

    Anaya parece estar logrando lo que necesitaba, desfondar a Meade para enfocar sus pilas en López Obrador. Lo más probable es que la distancia entre Anaya y AMLO se volverá más estrecha (y que no necesariamente obedece, como dicen algunos simpatizantes del tabasqueño, a generar la percepción de que AMLO es alcanzable para luego cometerle un fraude) como suele ocurrir en estos escenarios. Anaya podría llegar a replicar lo que Calderón hizo en el 2006 o lo que el PAN hizo con Peña en 2012, donde las cúpulas del PRI y el PAN pactanron en beneficio del principal contrincante de AMLO, El problema que tiene Anaya son las divisiones que ha causado dentro de su partido así como los enemigos que se ha ganado fuera de este ya que, como nos ha mostrado al experiencia, quien logra generar unidad hacia su figura, suele tener muchas posibilidades de ganar. Esa es la razón de las alianzas que ha tejido López Obrador y que muchos de nosotros podrían parecernos cuestionables ya que no todos los aliados son figuras presentables. 

    Es paradójico, pero es posible que se de el caso donde López Obrador gane con «ayuda» de Felipe Calderón si decide (cosa bastante probable) no apoyar a Ricardo Anaya por las rencillas entre ambos. 

  • Mi historia. El libro de Margarita Zavala y su ambición presidencial

    Mi historia. El libro de Margarita Zavala y su ambición presidencial

    Mi historia. El libro de Margarita Zavala y su ambición presidencial

    Cuando puedo leer un libro de más de 200 hojas en una sola sentada (en una mañana en este caso) lo hago por dos razones: porque el autor escribió un libro de lectura fácil, o porque el libro es lo suficiente malo como para no pararte en seco varias veces y razonar lo que quiso decir el autor. La obra de Margarita Zavala tiene un poco de lo primero y un mucho de lo segundo. Vamos pues, a analizar su libro:

    Como todos sabemos, Margarita Zavala aspira a ser la candidata del PAN a la Presidencia de la República. Ella, junto con Ricardo Anaya, ya se han involucrando en una suerte de contienda interna, y seguramente de entre ellos dos saldrá el candidato o la candidata del PAN.  

    Pensando en sus aspiraciones, Margarita decidió escribir un libro donde no habla de sus propuestas sino de su persona: Margarita «se presenta en sociedad» para que todos la conozcamos, para que empaticemos con ella y conozcamos ese «lado humano» de una ex primera dama que quiere tomar las riendas de este país. 

    ¿Lo logra? A mi juicio, no. 

    Margarita Zavala no logra establecer eso que llaman rapport, o al menos yo no logré sentir empatía alguna con su texto. Si algo he criticado de Margarita Zavala es su falta de pasión; me parece una persona muy mediana que no destaca, que parece no ser muy brillante y que no defiende sus convicciones con ahínco. Eso queda muy patente en cada una de las letras que componen su libro «Mi Historia». Incluso el mismo título de su libro, predecible y obvio, habla mucho de su contenido.

    No sé si a ustedes les ocurrió como a mí cuando iba en la primaria o secundaria: en algún momento el maestro me pidió que escribiera una especie de ensayo sobre la historia de nuestra vida. Naturalmente a esa edad mis habilidades literarias eran poco menos que nulas y para eso (ante mi natural incapacidad de expresar mis sentimientos con respecto a mi historia) recorría muchos lugares comunes, obviedades y anécdotas:

    Por ejemplo, solía escribir algo así: «Mi papá siempre iba a trabajar temprano, mi mamá nos llevaba a la escuela y en la tarde me pedía que hiciera la tarea. Tenía dos perritos y en la tarde jugaba con ellos». Algo así es el libro de Margarita Zavala, relata su vida como si se tratara de un ensayo de secundaria y no de alguien que quiere contender por la Presidencia de la República. Sólo hasta que habla de su trabajo en el PAN y su rol en favor de las mujeres, se llega a sentir un poco (poco y nada más) de esa pasión, de esa convicción que uno esperaría de un político al cual le quiere dar su voto.

    En su libro, Margarita pocas veces toma partido sobre algún tema más allá de aquellos que son universales (el Estado de derecho, el combate a la corrupción y la legalidad). Cuando intenta abordar algún tema que pueda generar polémica se resbala, lo cual inclusive afecta a la redacción de tal manera que uno puede no entender muy bien qué quiso decir (aunque también habría que criticar al editor porque también llegué a encontrar a algunos errores de ortografía como pronombres propios que no tenían acento):

    «Mi preocupación es que les hemos ido restando densidad al tema al convertir todo en cuestión de derechos humanos; es decir, les quitamos peso cuando, por ejemplo, catalogamos como derecho humano fumar marihuana. Si los derechos humanos pierden peso específico, su violación pierde transcendencia.»

    Eso no solamente ocurre en su libro, basta con observar algunas de sus entrevistas:

    https://www.youtube.com/watch?v=ahm155JECRI

    Margarita Zavala puede presumir haber tenido un bisabuelo que conoció a Benito Juárez, y a un abuelo que apoyó a Juan Andreu Almazán, el cual perdió las elecciones contra el general Manuel Ávila Camacho con un sonado fraude; y quien, por apoyar a Almazán, fue acusado hasta de simpatizar con el nazismo. La sangre política corre por las venas de Margarita Zavala, originaria de una familia materna cristera; pero a la hora de mostrar sus convicciones pareciera ser más bien una «mujer chapada a la antigua» que no hace ruido ni llama la atención.

    Margarita Zavala tiene problemas para brillar con luz propia, y tal vez con excepción de su involucramiento en temas relacionados con los derechos de la mujer, casi todo su andamiaje político ha estado íntimamente ligado al de Felipe Calderón.

    «Beijing marcó mi vida también en otros aspectos; en lo cultural, por ejemplo. En un principio quería que mi primer hijo fuera hombre, lo cual es una auténtica tontería: queremos que sea varón para que se llame como su papá o para que cuide a la hermana más chica. En cambio, volví de ahí con ganas de que fuera mujer; me divertía llevarme a mí misma la contraria.» 

    Si Margarita tiene algún rasgo que la diferencie de Felipe Calderón es su sentido de justicia social. Margarita trabajó dentro de organizaciones civiles (católicas) ayudando a la víctimas de las explosiones de San Juanico y el terremoto de 1985. Su activismo dentro de estas organizaciones que le hizo adoptar este sentido de justicia (heredado del activismo propio de la madre) propició que en la Escuela Libre de Derecho (de donde conoció a su esposo) se burlaran de ella y le dijeran que estaba «a la izquierda» del salón. Ella era la única que abordaba el tema de la justicia social en el aula.

    Aunque se trata de una persona evidentemente conservadora, es posible advertir algunos rasgos en ella que pueden ser más identificados con la izquierda, como su molestia con la desigualdad, su preocupación por los derechos humanos y los de la mujer (los cuales, ciertamente, desde una postura bastante más edulcorada y vaga que los líderes de izquierda). Ahí terminan las diferencias con su marido.

    Como mujer conservadora (lo cual no es una incongruencia al ser parte de un partido conservador como el PAN) tiene una relación estrecha con la religión. Margarita es una mujer profundamente religiosa (me atrevo a decir que bastante más que su marido). Nació en una familia tradicional donde en Semana Santa estaba prohibido ver televisión y salir con los amigos, donde las películas que veían en el cine eran «Los Diez Mandamientos» y «Ben Hur» (las cuales, dice, vieron más de diez veces), y sólo tenían permitido ver ciertas caricaturas como «Don Gato y su Pandilla» (aprobadas a los ojos de los padres). En el libro deja patente esa relación con la religión. Por ejemplo, ella narra que acudía a misa por el estrés que le causaban las acusaciones de López Obrador a su hermano Juan Ignacio y su empresa Hildebrando. No faltaba el padre o el pastor que le diera su bendición. 

    La corriente política conservadora no está casada necesariamente con la idea de la «mujer seria y reservada». Un ejemplo es Margaret Thatcher. Se simpatice o no con la ex primer ministro del Reino Unido, todos coinciden en que fue una política confrontativa que se formó desde abajo y que se paraba en Westminster a pelearse por las cosas en que ella creía. Margarita tiene el mismo nombre, pero no sólo no es confrontativa, sino que también, de vez en cuando, muestra rasgos de sumisión:

    «Decidí no dar entrevistas a ningún medio de comunicación, entre otras cosas porque el equipo de Comunicación determinó que debía quedarme muy calladita. En eso no se equivocaron, pienso que fue lo más sano; podía ocasionar más problemas que beneficios con un perfil muy público».

    Margarita no muestra en su libro algún sentido de autocrítica hacia ella misma (que dijera que tal vez fue mejor idea meter a sus hijos a otras escuelas fue lo más cercano a alguna forma de autocrítica) ni al gobierno de su esposo. No sólo se no se distancia de su marido en algunos temas para mostrar autonomía, sino que gasta algunas páginas para defender la gestión de Felipe Calderón y deslindarlo de algunas acusaciones (como la tragedia de la Guardería ABC). Incluso su crítica hacia el PAN (de la poca que hay) va en ese sentido: Nosotros, los calderonistas, representamos al PAN verdadero, las otras facciones representan una desviación de los preceptos originales del PAN.

     «La pobreza, por ejemplo: de repente se actualizan las estadísticas y ocurre que hay un millón de pobres más y te cuestionas por qué, si hiciste lo correcto, si impulsaste las políticas públicas necesarias, si cumpliste con esto o con lo otro o si fue únicamente por la crisis mundial.»

    Si Margarita quería convencernos de su profunda fe religiosa, posiblemente lo haya logrado. Si Margarita quería vendernos la idea de que es «buena», tal vez haya convencido a algún despistado, pero en política como en las relaciones sentimentales los niños buenos suelen perder. 

    Dudo que Margarita logre, con este libro, convencer a los independientes (masa cada vez más grande y que posiblemente determine el resultado de las elecciones del año que viene). Tan sólo, y en el mejor de los casos, logrará reafirmar la postura de los más férreos calderonistas.

    Ante un panorama político mundial turbulento (del cual México no está exento), y sobre todo, ante una sociedad mexicana que está harta de la corrupción, de la impunidad y de la inseguridad, una figura como la de Margarita Zavala, que se muestra endeble, titubeante, que no tiene dotes de liderazgo, que no tiene ninguna trayectoria destacable, y que tampoco tiene grandes capacidades intelectuales como para compensar la ausencia de carisma o personalidad, resultará muy poco rentable. En este sentido, su rival, Ricardo Anaya, quien tampoco es alguien carismático que muestre algún signo real de ruptura ante lo que México está viviendo, sería una mejor elección dentro un PAN que cada vez escasea más de líderes. 

    Para terminar y para que no se malinterprete lo que he dicho (mis argumentos son conclusiones de una obra), mi crítica a Margarita no tiene que ver con su género. De hecho, si algo me gustaría mucho es ver a una mujer en Los Pinos. Una mujer que defienda a capa y espada sus convicciones, determinante, y que se la raje para el país. Por el contrario, ver a una mujer cuyo proyecto estará muy influenciado por su marido y que es incapaz de brillar con luz propia, no ayuda mucho a la causa. 

    Ella es Margarita, ella quiere ser presidenta y este es su libro. No sólo no logró cabalmente su propósito de abrirse sinceramente, sino que reforzó la percepción (sobre todo los rasgos negativos) que yo tenía de ella. 

  • Margarita Zavala no podría ganar la Presidencia en 2018

    Margarita Zavala no podría ganar la Presidencia en 2018

    Lo primero que pensé, es que si el PAN postula a Margarita, significa que éste partido tardará mucho en regresar a los Pinos (aunque Margarita no ha afirmado hasta el momento en que escribo si va por el PAN). Pensé en que los panistas (al menos los que la apoyan) no habían aprendido su lección aunque tampoco es como que dentro de ese partido haya de donde escoger. No me cae mal Margarita Zavala, cumplió bien su papel de Primera Dama, ayudó de alguna forma a atemperar el mal humor de su esposo Felipe Calderón y creo que es una persona íntegra aunque no concuerde en todo su credo.

    Margarita Zavala no puede ganar la Presidencia en 2018

    El problema para Margarita es que debido a las circunstancias, su perfil no es el adecuado en un panorama donde se necesita a alguien que logre obtener el suficiente voto útil que será necesario para derrotar al PRI (el partido natural a vencer), que recordemos, que aún con todo el descrédito, y las casas blancas y demás historias, conservó mayoría en el Congreso. Margarita Zavala es esposa de Felipe Calderón, y yo no me imagino a un izquierdista votando por ella para quitar al PRI, cuando el PAN sufre también una pérdida de reputación ante el electorado, y aunque termine sin ir por ese partido, la figura de su esposo (que la fortalece frente a los panistas pero la debilita ante los demàs) pesará.

    Vimos a Margarita Zavala y a Josefina Vázquez Mota viajar para apoyar a los candidatos de su partido. El efecto que hizo su presencia en las elecciones fue poco más que nulo y eso es algo a tomar en cuenta. La figura de Margarita reafirmará la elección de los votantes que simpatizan de alguna manera con el PAN (igual que Josefina) pero es difícil que pueda trascender más allá.

    Las elecciones pasadas nos dejaron muchas lecciones. Las figuras que lograron «quitarle el poder al PRI» (no sólo fue el PRI el castigado, el PAN también lo fue) fueron aquellas que pudieron hacerse con el voto útil y el de los indecisos. Enrique Alfaro y el Bronco son un gran ejemplo de ello, el independiente del distrito 10 Pedro Kumamoto, lo hizo captando al voto conservador al tiempo que lo hacía también con el electorado progresista. Manuel Clouthier hizo lo mismo (él tendría bastantes más posibilidades). Es difícil que Margarita, una figura tradicional, pueda hacer algo igual; sobre todo porque la imagen de Felipe Calderón ante una considerable porción de la izquierda cuyos votos podrían ser necesarios es mala.

    Margarita sólo podría ganar en un escenario donde el PRI se derrumbe y quede ella frente al otro destapado, Andrés Manuel y se repita la historia del 2006 donde Calderón no ganó por sus méritos sino por el temor que despertaba el tabasqueño; pero eso es muy difícil que suceda. La figura del candidato independiente hará que otros levanten la mano, seguramente tendremos en la terna al menos a un candidato independiente (aunque éste la pueda tener más difícil porque no es lo mismo el voto urbano que el rural y porque necesita estructuras a nivel nacional para conseguir el registro), y no digamos otros partidos como Movimiento Ciudadano que teniendo en sus filas a Marcelo Ebrard o Enrique Alfaro, podría postular a un candidato que se vuelva competitivo.

    Margarita podrá ser muchas cosas y sus afines me podrán hacer una lista de virtudes y buenas intenciones. El problema es que como figura, Margarita es muy mediana (al igual que lo fue Vázquez Mota) y en las circunstancias actuales dudo mucho que funcione.

    Lástima Margarita… Zavala. Y viendo el video del destape, concluyo que le hace falta prepararse mucho, si es que quiere ser una candidata de verdad.

    PD: Y si dije que tampoco Aristegui no podría serlo, no es porque mis afirmaciones tengan algún sentido misógino, por el contrario, me encantaría ver a una mujer presidiendo este país.