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  • Bartlett. Cuando se caiga el sistema y se vaya la luz

    Bartlett. Cuando se caiga el sistema y se vaya la luz

    Barlett. Cuando se caiga el sistema y se vaya la luz

    El fraude del 1988 fue uno de los primeros recuerdos (si no es que el primer recuerdo) de la política mexicana en mi vida. En ese entonces tenía 5 años y mi madre tenía pegada una calcomanía de Clouthier en su Brasilia. Carlos Salinas de Gortari era el malo, el de los ratas, el del PRI. Me acuerdo que acompañé a mis papás a votar, pero eso era de gente grande y estaba muy chico para votar y, a ciencia cierta, no sabía muy bien qué era un voto. Después, los tíos hablaron de cómo el PRI se había robado los votos y se me quedó esa idea de que eran unos rateros (aunque luego aprendí que no sólo los del PRI lo eran).

    Es bastante curioso y paradójico que, quienes atacaron con más fuerza y ahínco al PRI en este sexenio, son los que están relativizando más el nombramiento de Manuel Bartlett como director de la CFE (curiosamente las mismas siglas tenía el Consejo Federal Electoral que presidía cuando «se cayó el sistema»). Entre los fervientes seguidores de López Obrador tejen argumentos que van desde el «Sí, en ese entonces se equivocó, pero hoy está luchando por la soberanía energética» o hasta el que dice que «la caída del sistema es un mito». 

    Es curioso porque ellos decían que con «el PRI ni a la esquina». Es curioso porque ellos dijeron votar en contra de la corrupción y hacen mutis ante un personaje tan corrupto como Bartlett. Pero es más curioso aún que siendo ellos quienes más han hablado de fraudes electorales, sean ellos quienes relativicen y a veces hasta glorifiquen al oscuro personaje que se encargó de orquestar el fraude que permitió a Salinas (el innombrable y némesis de la izquierda) llegar al poder. Algunos tienen el descaro de decir que cuando llegue a presidir la CFE van a ser muy críticos pero que mientras van a chiflar y aplaudir,  que hay que darle el beneficio de la duda a alguien que no dejó ni de lejos una buena impresión a su paso por la gobernatura de Puebla.  

    La indignación ante tal nombramiento vino más bien de los detractores de AMLO y tan solo de unos muy pocos que, de alguna forma, simpatizan con él. Algunos incluso han tomado una postura beligerante ante quienes cuestionan tal nombramiento: «acepten que perdieron», «su tiempo ya se acabó», «AMLO va a gobernar aunque no les guste». 

    Cierto es que AMLO no es el primer Presidente en nombrar innombrables, lo mismo se puede decir de Peña Nieto, de Calderón o de Fox. El problema es el simbolismo y el mensaje que se envía por el personaje del que se trata. Bartlett es la antítesis del discurso de AMLO o, más bien, de la idealista interpretación que muchos han hecho del discurso de AMLO. Ante el antipriísmo, un priísta de cepa dura; ante la oposición al fraude, el político que orquestó el fraude más importante de la historia moderna de México. Incluso, ante unos medios de comunicación tradicionales que no les abrían espacios, fuertes ataques e intentos de censura en las redes sociales.

    Parece que el PRI solo puede ser sujeto de críticas cuando se le ubica en la derecha política y no en la izquierda. Una izquierda priísta que carga con los mismos vicios que su par derechista: con la trampa, con la corrupción y con el fraude.

    Habrá que preguntarse si esta postura más bien sumisa y complaciente es la que les veremos en estos seis años (incluidos algunos académicos o personas que presumieron formar parte de las filas del activismo): una postura donde al líder no se le cuestiona, donde cualquier crítica conlleva a fuerzas una mala intención no sólo de atacar al líder, sino también a los intereses de la nación. No solo es una postura anti-intelectual, también es una postura peligrosa donde la disensión será apaciguada no sólo por el gobierno sino por unos simpatizantes que se sumarán a las descalificaciones en las redes sociales y espacios similares. 

    Porque les es más fácil reinterpretar la realidad con el fin de que esa «luz de esperanza» no se apague (esa luz que se puede ir con una sencilla caída del sistema en la CFE), con su ingenua creencia de que basta la voluntad de un líder para que el país cambie. Estoy seguro que no todos los que votaron por AMLO lo hicieron pensando en ello, yo conozco muchos que no y que son capaces de sostener una postura crítica. Pero sí hay muchos otros que, siguiendo la tradición vertical y corporativa de nuestro país (aunque sea de forma inconsciente) siguen creyendo que basta la voluntad de un líder, que la voluntad de los ciudadanos, de las leyes, de la democracia o la institucionalidad, no importa tanto. 

  • Bartlett, el de la caída del sistema, está mejor con López Obrador

    Manuel Bartlett, el de la caída del sistema, está mejor con López ObradorDe verdad que no entiendo, no cabe en mi cabeza. Nuestra política es tan peculiar que se puede ser heroe o villano como Manuel Bartlett, si ese mismo que según el inconsciente colectivo fue el que hizo que el sistema se cayera (y se callara) para que el PRI pudiera cometer un descomunal fraude en 1988, ese mismo fue el que salvó al país (junto con el panista Javier Corral) de la infame Ley Televisa. Pero parece que al «Peje», el político que ha sufrido no se cuantos fraudes en su niño (dice que el primero lo sufrió cuando jugaba a las escondidillas cuando era niño y el último en las elecciones del 2006) le ha dado el Síndrome de Estocolmo o quien sabe que padecimiento, porque el mismo ha invitado a Bartlett para que se postule como candidato uninominal (menos mal que no es «pluri») al senado por Puebla.

    De verdad no entiendo. Muchos criticaron en el 2006 la cercanía de AMLO con Camacho Solís, quien fuera cercano a Salinas, y los pejistas argumentaban que Camacho se peleó con el innombrable dado que este decidió que su gallo sería Colosio (y finalmente Zedillo). Pero con Bartlett no hay algún argumento para justificar esa invitación. ¿Acaso con el tiempo Bartlett se hizo más bueno? ¿O este asunto de la República Amorosa donde AMLO funge como osito cariñosito supremo implica que debe de haber una reconciliación «total» con sus enemigos? ¿Ahora que falta?, no se, tal vez hasta le de una embajada a Felipe Calderón en Timbuktú para que este esté lejos del acecho de cualquier venganza del narcotráfico.

    El PRD y López Obrador han querido, igual que los otros dos partidos grandes (PAN y PRI), meter como plurinominales a esos políticos que tienen problemas con la ley para que estén protegidos con el fuero (claro que el PRI es el más descarado en esto). Y con todo esto me pregunto ¿dónde quedaron los principios?, bueno, si es que alguna vez los han tenido o si nuestros politicos conocen esa palabra. Y si quieren díganme que López Obrador es el rayito de esperanza que necesita México, simplemente está hecho de la misma sustancia negra de la que están hechos los políticos de nuestro país. Porque invitar a Bartlett, el orquestador (o al menos el que se encargó de mover la palanca) del fraude de 1988 es una muestra de que si algo falta en la «cabecita legítima» son principios, no lo entiendo, ¿dónde está la justificación?

    Lamentablemente así es la política, es un círculo vicioso. No solo se niegan a hacer efectivas las peticiones de los ciudadanos, sino que tienen el descaro de colgarse de aquello que los ciudadanos no quieren que exista (como los plurinominales) para hacer sus fechorías. La política mexicana decepciona más y más y el problema es que nadie hace nada. Creo que se necesitará una hecatombe, sufrir una dictadura ferrea (para ver si así aprendemos a defendernos) o no sé para que la política deje de ser el chiquero que es actualmente. Esa política tan sucia que permite que personas como AMLO inviten a su otrora enemigos a los que no podían ver, a formar parte de su selecto grupito. ¡Por favor, y que no me venga con el cuento de que es un «compló»!