Etiqueta: López Obrador

  • Y de pronto, todos se convencieron de que AMLO era bueno

    Y de pronto, todos se convencieron de que AMLO era bueno

    Y de pronto, todos se convencieron de que AMLO era bueno
    Foto: Jabaz

    Padece de una profunda ceguera quien ignore que parte del poder político y hasta económico de México está comenzando a ser atraído hacia el astro llamado MORENA. Dicen que si no puedes con tu enemigo te le unas, y parece que eso es lo que muchos están dispuestos a hacer. Cálculo político, le llaman.

    Posiblemente Germán Martínez tenga razón en su polémica columna, al hacerse la pregunta de que si el miedo a la presidencia de López Obrador tiene más que ver con el pánico a perder los privilegios para cosechar dinero al amparo del poder. Dudo mucho que la mayoría de los políticos esté más preocupada por los peligros que López Obrador pudiera representar para el país que los que representa para sus intereses, y la muestra es la súbita conversión de varios de ellos. Cambian el discurso no porque «se hayan dado cuenta que tenían una idea errónea de AMLO» (es más, tal vez algunos de ellos ni pensaban que el tabasqueño fuese un «peligro para México») sino porque quieren mantener sus privilegios intactos o, al menos, mantener algunos de ellos. 

    Cambian su discurso porque López Obrador les ha abierto la puerta, porque tanto ellos como AMLO han encontrado un punto de coincidencia. Los políticos «bendecidos» cambian su discurso para mantener sus privilegios políticos y AMLO los acepta porque le es rentable como estrategia electoral y política de cara a las elecciones que vienen: los suyos verán las nuevas «contrataciones» con recelo pero no le retirarán su voto (e incluso harán contorsiones intelectuales para justificarlo), los demás verán a un AMLO más pragmático y con una mayor capacidad de negociar, lo cual le ayuda a reducir sus negativos. 

    Que varios políticos teman que AMLO llegue para que pierdan sus intereses no implica que el gobierno de AMLO vaya a navegar en la honestidad y ni siquiera que vaya a combatir la corrupción. Es algo iluso pensar eso, más con los movimientos que ha está haciendo últimamente. AMLO no parece que vaya a combatir el sistema, lo único que va a cambiar son las personas que van a vivir de él. Es decir, con su triunfo habrá un cambio de élites mayor que el que generaría un triunfo del «Frente por México» por razones más que obvias (aunque conforme pasa el tiempo, parece que el tamaño de ese cambio será más pequeño). Por eso le temen, porque muchos de los políticos actuales perderán sus privilegios y serán reemplazados por otros, no porque AMLO vaya a terminar con el sistema que garantiza dichos privilegios. Mientras no haya un cambio institucional de fondo, esto seguirá sucediendo en menor o mayor medida independientemente de quienes estén ahí.

    Y cuando hablamos de cambios institucionales, López Obrador no propone nada. Basta con su bondad y su honestidad para que «todo se contagie». 

    Las nuevas «adquisiciones» de López Obrador decidieron que hacer campaña contra el tabasqueño y esperar a que no gane podría ser menos rentable a unirse a su proyecto con el fin de preservar sus intereses políticos. Esto ocurrió por varias razones: porque dentro de su partido no les iba a tocar «tajada», porque más bien va de salida, o porque nadie más estaba en condiciones de hacerle una oferta como la que les ofreció el tabasqueño. Varios de ellos quieren mantener su cuota de poder y quieren seguir vigentes dentro del mundo de la política. 

    Dicho todo esto, lo más que parece ofrecer AMLO es un cambio parcial y cosmético con relación a los integrantes de la clase política, no uno estructural que resuelva los vicios de fondo. Por el contrario, pareciera que es él el que concentraría la mayor cantidad de poder y que los demás; para mantener sus privilegios, le rendirán pleitesía. No se tratará de ser corrupto o no, sino de alinearse a la figura del tabasqueño. Si se corrompen, ya habrá forma de justificarlos. Al final del día se trata de seguir haciendo la misma política y de reproducir los mismos vicios pero con algunas otras personas (y las que saltaron a su barco).

    Porque si todos ellos fueron capaces de decir que era un «peligro para México» para poder mantener sus intereses, también son capaces de cambiar su discurso para mantenerlos, aunque López Obrador fuera un «peligro para México».

  • Imaginando a AMLO en Los Pinos

    Imaginando a AMLO en Los Pinos

    Imaginando a AMLO en Los Pinos
    Foto: Eneyas de Troya / Flickr

    Es probable que cuando busques la palabra México en Google en 2019, en la descripción aparezca «Presidente: Andrés Manuel López Obrador».

    Como lo he señalado en este espacio (desde hace algunos años inclusive) vaticino que él será el próximo Presidente de la República. Ciertamente no hay nada seguro, cualquier cosa puede pasar, pero pareciera que todo se está configurando para que así sea. 

    El día de ayer, Roberto Gil Zuarth, el senador panista (ahora rebelde del PAN), escribió un artículo interesante en el que hace un buen análisis del panorama electoral pero que se vuelve más interesante si lo leemos entre líneas. Pareciera que el senador ya imaginó a López Obrador en Los Pinos, y aunque delineó algunas sugerencias para hacerle frente, parece notarse cierta resignación al punto en que al final del artículo propone ponerle una agenda al «probable presidente» en la mesa.

    Conforme el tiempo pasa, la sensación de que el Peje triunfará crece. 

    Como habrán visto en este espacio, he sido crítico con muchas de las decisiones de López Obrador. Sin embargo, esas decisiones han resultado acertadas desde una perspectiva de estrategia electoral. Las alianzas con el PES, con Alfonso Romo, Esteban Moctezuma (TV Azteca), el suegro de Azcárraga, el nombramiento de Tatiana Clouthier como coordinadora de campaña, la incorporación de panistas, la alianza con Elba Esther, la inclusión de actores o futbolistas, son decisiones, a mi parecer, bastante acertadas desde una perspectiva electoral.

    Parece que López Obrador ha entendido que las estructuras de relaciones personales y políticas son importantes. Uno de los rasgos que diferencian a los seres humanos de los animales y que explican por qué nuestra especie ha llegado a dominar el planeta tierra es que tienen una gran capacidad de crear relaciones personales de largo alcance. El PRI ganaba, sobre todo, por ello: por sus estructuras que incluían el voto duro y por sus relaciones políticas y su capacidad de llegar a acuerdos con otras facciones. Mientras que el PRI no se encuentra en las mejores condiciones actualmente por su falta de legitimidad, AMLO sabe que es su oportunidad de tejer relaciones y alianzas que coadyuven en un triunfo electoral aunque eso implique que AMLO tenga que ceder (algo que antes era impensable). Mientras el PRI tiene su legitimidad por los suelos y Anaya intentó hacer lo propio con la configuración del frente, pero conformado por partidos divididos o pequeños, AMLO toma todo lo que puede tomar para crear una estructura importante de cara a las elecciones. 

    Si no puedes con el enemigo, únetele. Si no puedes con la mafia del poder, hazte de una porción de esta para que la restante pierda fuerza. Tal vez sus seguidores no vean con buenos ojos varios de estos movimientos (algunos otros incluso harán malabares intelectuales para justificarlos) pero al final lo seguirán prefiriendo por mucho a Ricardo Anaya y José Antonio Meade.

    López Obrador está logrando atraer a parte del poder político y económico a su movimiento. Ese efecto es muy poderoso porque también tiene un impacto mediático, más en un escenario electoral donde quien gana suele ser quien parece que va a ganar. 

    Ciertamente, con estas decisiones, López Obrador podría perder algo de capital político a largo plazo. Su imagen como la alternativa a la «política tradicional» tenía como base, en parte, su renuencia a negociar y pactar con «los malos». Pero en realidad eso no importa porque Andrés Manuel sabe que esta es su última oportunidad para llegar a Los Pinos y es necesario poner toda la carne en el asador.  

    Esta faceta más pragmática le ha podido valer muchas críticas, pero también ha reducido un poco, a mi parecer, el miedo que genera en varios sectores. Al menos parece haber convencido a alguno que otro dentro del círculo rojo (líderes de opinión) de que igual no es tan malo o tan riesgoso. Algunos de los mismos que lo critican por algunas de estas alianzas advierten también un cambio en López Obrador, uno menos berrincudo y necio, y más dispuesto a dialogar; uno menos dogmático y más pragmático. Incluso los errores que ha cometido López Obrador parece que le terminaron redituando beneficios (como aquello de la amnistía) ya que AMLO se ha convertido en el tema de conversación principal en un momento donde sus adversarios están urgidos de construir una narrativa creíble. Si antes López Obrador se quejaba de los medios que no le daban cobertura, ahora él es el que lleva la agenda, el que está a la vanguardia, el que hace ruido. Todos hablan del Peje y de sus videos chuscos, pocos hablan de Meade y su nuevo «giro de campaña» donde busca aparentar ser más conciliador. Tampoco son muchos los que hablan de su propuesta para combatir la corrupción.

    Pero Meade no logra convencer a los líderes de opinión. No es que AMLO haya convencido a todos, tan solo ha reducido su imagen negativa en algunos de ellos. Pero tal vez eso le sea suficiente.

    Posiblemente hagan bien quienes se imaginen a López Obrador en Los Pinos y se planteen escenarios en caso de que esto suceda, como aquellos que guardan (guardamos) un cierto escepticismo sobre su postura económica. Si bien su triunfo no es seguro, sí es bastante probable. Me parece acertada la propuesta de Gil Zuarth de plantearle una agenda, incluso podrían llegar a acuerdos donde, en caso de que AMLO gane, él respete esta agenda a cambio de otras concesiones que consideren no impliquen un riesgo (dando por sentado que AMLO llegará con una minoría en las cámaras). Podrían contrastar esa agenda con la suya desde la campaña (acierta Zuarth cuando dice que una de las mejores estrategias electorales contra AMLO es presentar una agenda sólida y contrastarla con la del tabasqueño en vez de insistir en que es un peligro y que México se convertirá en Venezuela). 

    Aunque sea por sugerencia de sus coordinadores de campaña o sus asesores políticos, el hecho de que AMLO tenga la capacidad de llegar a acuerdos con otras fuerzas muestra que tendría la capacidad de hacer lo mismo siendo presidente. Sus alianzas también dejan entrever, aunque sea un poco, que la idea de la «mafia en el poder» es más bien algo retórico o demagógico, que al final podría estar más dispuesto a «hacer política» y a conceder con el fin de lograr ciertos objetivos de lo que muchos pensábamos, si bien su carácter necio y reacio nadie se lo quita. 

    Hacer el ejercicio no nos haría daño: imaginar escenarios de cómo sería una eventual presidencia de López Obrador. Las otras fuerzas políticas no harían mal en imaginar cuál sería su postura ante esos escenarios y tampoco haríamos mal los ciudadanos en hacer lo mismo: ¿qué es lo que haremos en caso de que se presenten ciertas situaciones? 

    Si bien tengo escepticismo sobre la presidencia de López Obrador y hay propuestas que me preocupan y considero un tanto riesgosas así como algunos de los rasgos del personaje, no creo que México se convierta en una «dictadura venezolana» ni creo que ocurra una catástrofe histórica. Creo que la evolución que ya ha mostrado la participación ciudadana seguirá su curso y eso López Obrador tendrá que saberlo (a diferencia del gobierno de Peña Nieto quien nunca lo entendió). Andrés Manuel tendrá, en caso de ganar, a un conglomerado ciudadano todavía más fuerte y organizado que ya no podrá subestimar ni ningunear.  

    Lo cierto es que la posibilidad de triunfo de López Obrador es más probable que nunca (incluso me atrevería a decir que más que en 2006 cuando tenía una ventaja mayor en las encuestas, dado el contexto actual). Tal vez, imaginarlo en la silla presidencial no sea, al final del día, tan mala idea. 

  • López Obrador, o cómo aferrarse a un espejismo de esperanza

    López Obrador, o cómo aferrarse a un espejismo de esperanza

    López Obrador, o cómo aferrarse a un espejismo de esperanza
    Foto: Fox, Los Simpson

    A López Obrador le dijeron que tenía que recorrerse al centro para ganar voto útil, pero no se si entendió mal el mensaje porque más que hacer eso parece que está adoptando los vicios de la clase política tradicional, esa que llama la mafia en el poder, para poder llegar a como dé lugar a Los Pinos. Vicios que sus seguidores criticaban en los otros pero que ahora callan cuando se trata de su líder.

    Me explico. En estos últimos días hemos visto nombramientos y postulaciones de actores, futbolistas de la peor calaña (Cuauhtémoc Blanco), ex priistas, ex panistas que ya fueron “perdonados”. Coincide que hasta hace muy poco estos personajes se expresaban pésimamente de López Obrador. Lilly Téllez incluso se ruborizaba ante la presencia de Peña Nieto, pero ahora, súbitamente, habla de AMLO como si fuera la única esperanza de cambio.

    Gaby Cuevas, ahora ex panista, se había unido al intento de desafuero contra López Obrador cuando él era jefa de gobierno; algunos seguidores del tabasqueño la llamaban “delegata”. Ahora, al no haber encontrado hueso en el PAN, decide moverse a MORENA. De un día para otro se volvió porrista de AMLO.

    AMLO se da el lujo de ser pragmático, y en parte porque sus seguidores no le van a reprochar nada. No importa si antes criticaban a las televisoras con vehemencia y ahora su líder tiene de aliada a TV Azteca. No importa que muchos de los suyos tengan una aversión al libre mercado mientras él incluye a Alfonso Romo en su equipo o tiene como cercano a Carlos Slim. No importa que se haya aliado con el PES. No importa la presencia de Bartlett, el arquitecto del fraude de 1988.

    Siendo realistas, no parece haber algo que indique que AMLO vaya a ser muy diferente del común denominador del político mexicano. Ante la desesperación por la situación política muchos se aferran a la figura del candidato de Macuspana esperando ver una suerte de cambio y también se aferran al discurso maniqueo de su líder porque, gracias a éste, ellos creen sentirse representados por alguien que, dicen, irrumpirá dentro de la arena política para construir un México más justo.

    A pesar de las evidencias de que Rusia ha intentado intervenir en cualquier elección en Occidente, sus seguidores y AMLO mismo se burlan de la posibilidad de que el régimen de Putin lo haga en favor de AMLO. Si bien es cierto que los opositores han sacado de contexto esta posibilidad con propósitos electorales (casi como si Putin fuera el poder detrás de AMLO), los suyos se han dado a la tarea de linchar a quienes simplemente advierten de esta posibilidad y le piden a AMLO que tenga cuidado, tal y como ha ocurrido con León Krauze, quien ha recibido en Twitter varios ataques con un aroma antisemita, incluido John Ackerman, quien es columnista en RT Noticias (el brazo propagandístico del régimen de Putin).

    López Obrador es el favorito en estas elecciones porque se ha convertido en el único recurso del cual agarrarse para soñar con un cambio. Aunque, de forma paradójica, sea quien más representa ese rancio paradigma paternalista donde el individuo espera que su líder le resuelva todos sus problemas. Por eso AMLO se ha vuelto inmune a la crítica, porque para muchos es difícil aceptar que él es parte de la decadencia política que vive nuestro país, aceptarlo es destruir cualquier forma de esperanza de «cambio verdadero, prefieren el engaño a terminar de aceptar que los ciudadanos hemos sido dejados a la deriva y que nosotros deberíamos comenzar a construir ese cambio». El Peje se ha vuelto una suerte de Homero Simpson boxeador, a quien golpearán una y otra vez hasta el cansancio para que el, con un solo empujón, termine saliendo victorioso.

    Y sus seguidores no lo van a cuestionar. Les será más fácil retorcer la realidad, dirán que cualquier crítica (este artículo incluido) contra AMLO es parte de una agenda política macabra. Incluso podrán sugerir que somos priistas (lo cual es casi ofensivo) o que somos seguidores del infame Ricardo Alemán. Y aunque yo no creo que AMLO vaya a convertir a México en Venezuela como algunos siguieren, si creo que es heredero de las más rancias formas de hacer política del PRI, al igual que su visión económica obsoleta.

    Y mi intención no es convencerlos de no votar por AMLO. Ante las pésimas ofertas que hay comprendo que para muchos esa opción sea razonable (incluso si se le ve en su justa medida) y lo respeto. Lo que sugiero es que lo bajen de ese pedestal en el cual no merece estar.

  • Amlodipino, el remedio contra la guerra sucia

    Amlodipino, el remedio contra la guerra sucia

    Amlodipino, el remedio contra la guerra sucia

    Apuesto que dentro del equipo de campaña de José Antonio Meade se encuentran nerviosos y bastante preocupados. No sólo no saben cómo hacer que «Pepe» levante, sino que tampoco entienden por qué López Obrador no ha caído ni un punto porcentual después de tanto ataque. Ellos apostaban  a que con una buena dosis de guerra sucia López Obrador fuera perdiendo terreno: por eso hicieron un circo mediático con el caso de Eva Cadena, por eso compararon una y otra vez a López Obrador con Maduro cuando los venezolanos eran reprimidos en las calles y había un terrible desabasto de productos básicos. Así, una y otra vez, y no pasó nada. 

    Creo yo que no están entendiendo. 

    2006 era una época muy diferente: López Obrador, quien todavía no era tan conocido fuera de la Ciudad de México, tenía que preocuparse por construir una narrativa para posicionarse ante el electorado. Su arrogancia y la ansiedad de ver que su margen de superioridad se reducía lo hizo cometer varios errores. La campaña del PAN aprovechó la coyuntura (los propios errores de AMLO) para construir una propia narrativa del tabasqueño que le quitaron votos, así acuñaron la frase «un peligro para México» que doce años después sigue resonando. López Obrador perdió por varias razones (independientemente de la discusión de si dichas elecciones se apegaron a la legalidad) y una de ellas fue la guerra sucia.

    Pero 2018 no es 2006. López Obrador no tiene que construir una narrativa porque ya todo mundo lo conoce, con sus virtudes y sus defectos. López Obrador tiene a sus incondicionales y también tienen a aquellos que le tienen miedo. La suma de estos dos grupos representa la mayoría de la población, pero sobra una minoría, la que se la está pensando en darle una oportunidad a López Obrador. dicha minoría podrá ser pequeña, tal vez de una sola cifra, pero es la que podría decidir si AMLO gana o no.  

    Pero no se trata de una minoría que no lo conozca; por el contrario, ya tiene un concepto hecho del tabasqueño, y su indecisión es producto de dicho concepto sumado al panorama político y electoral (por ejemplo, su postura frente al partido en el gobierno, entre muchas otras cosas). Si el PRI quisiera ganar la presidencia (además de que tendrá que levantar la candidatura de Meade, algo que cada día que pasa se antoja más difícil) tendría que evitar que dicha minoría vote por López Obrador. Aquí viene el principal problema: es muy probable que esa minoría tenga un pésimo concepto del propio PRI, y esto es muy importante decirlo.

    Parece que el PRI va a apostar por una «guerra frontal» en contra del tabasqueño. Creo yo que algo así sería un error, más si se hace en la misma tesitura que hemos visto durante los últimos meses. Lo sabemos por las declaraciones de su asesor de campaña J.J. Rendón, quien en una revista afirmó que hará «todo lo que esté a su alcance dentro de la ley para evitar que López Obrador gane». Esa es casi una declaración abierta de guerra, y posiblemente sea una estupidez porque esto implica que su campaña está enseñando sus cartas. 

    ¿Qué reacción ya están provocando en sus adversarios? Una postura defensiva, no sólo de los seguidores de AMLO (quienes se prepararán para recibir los embates) sino incluso de varios de sus críticos. Si ya declararon la guerra, entonces cualquier cosa que parezca guerra sucia será guerra sucia. El gran ejemplo fueron las pintas en Venezuela, los tuiteros les ganaron la batalla con sus bromas; lo mismo ocurre al tratar de tejer nexos de la campaña de López Obrador con Rusia: si bien, es cierto que el régimen de Putin podría llegar a influir a favor de la campaña de AMLO, la forma en que los priístas intentan amplificar y tergiversar el mensaje es lo suficientemente irrisorio como para que la gente siquiera lo considere. 

    La forma tan torpe y predecible en que intentan aprovechar los errores de López Obrador o en que sacan de contexto información publicada por medios nacionales e internacionales se vuelve muy irrisoria y hasta cómica. En vez de amplificar un hecho que puede afectar a López Obrador terminan, sin querer, por atenuarlo. Basta escuchar los discursos de Ochoa Reza, no sólo suena poco creíble y acartonado, sino que también despliega una gran dosis de cinismo.

    El PRI no tiene legitimidad ante un gran sector de la población (incluyendo esa importante masa de indecisos) y cualquier mensaje que tenga la etiqueta del PRI será descartado por ellos. Esto es un problema porque la guerra sucia, que aspira a ser muy predecible (insistir en los nexos con Venezuela y en el peligro que representa para la economía), podría generar el efecto adverso: si un partido tan «nefasto» como el PRI se le lanza a la yugular a López Obrador entonces algo bueno ha de haber, seguramente pensará más de uno. 

    Otro problema con la guerra sucia frontal es que refleja desesperación, y la deseperación no vende. Por el contrario, refleja que la oferta que tiene quien lanza dicha guerra sucia es más bien pobre. Es un síntoma de debilidad, y si una lección podemos aprender de diversas campañas es que los electores suelen verse más motivados a darle su voto a quien se ve fuerte. 

    https://www.youtube.com/watch?v=bnGKo3m9RDw

    Eso no es todo, en la campaña de López Obrador saben que en el PRI están desesperados y han empezado a jugar con ello. La estrategia del tabasqueño es muy buena, no sólo porque busca reducir esa mala impresión que genera dentro de esos sectores a los que todavía puede convencer, sino porque demuestra que es él quien marca la pauta, quien es el rival más fuerte y quien se encuentra seguro «allá arriba» mostrando a los otros como quienes se encuentran desesperados revueltos en un severo conflicto. 

    La campaña de López Obrador utiliza eso que siempre está muy presente en el ethos mexicano: la comedia. AMLO se ríe hasta de sí mismo y, después de encontrar un medicamento llamado Amlodipino (que coincide no sólo con las siglas del tabasqueño sino con Los Pinos, al lugar donde aspira llegar), le responde a Peña Nieto de una forma burlona y cómica sin llegar a faltarle al respeto. Así, AMLO muestra que es quien tiene el control de las cosas, puede reírse, puede tomarse todo a la ligera; los otros son los que están desesperados, los que están ansiosos. 

    https://www.youtube.com/watch?v=Xk3tQoq1xqI

    ¿Cómo podría el PRI evitar que López Obrador gane? Tendría que llevar a cabo una estrategia quirúrgica y muy focalizada (eso fue lo que le dio la victoria a Donald Trump, una estrategia muy bien dirigida en redes sociales) y buscar que López Obrador caiga en desesperación para que cometa errores. Pero los priístas cometieron un primer error al poner en evidencia que diseñarán una campaña de guerra sucia para evitar que López Obrador llegue al poder. Peor aún, siguen sin entender que los «voceros» de estas campañas, llámese Ochoa Reza y similares» tienen muy poca credibilidad como para que el mensaje genere impacto alguno.

    Si los errores de AMLO le dieron el triunfo al PRI en 2012, los priístas podrían regresarle el favor con sus propios errores. 

  • López Obrador, la mejor campaña hasta el momento

    López Obrador, la mejor campaña hasta el momento

    López Obrador, la mejor campaña hasta el momento
    Foto: Eje central

    Cuando se juntan los términos «López Obrador» y «campaña política», el primer argumento que sale a flote es el que dice que AMLO tiene una gran capacidad para autoboicotearse y perder elecciones. Dirían muchos que el Peje es la antítesis de lo que una campaña ganadora debería de ser. Pero hasta el momento ha ocurrido lo opuesto. Al día de hoy, López Obrador y su equipo han desarrollado la mejor campaña. Me explico:

    Uno de los primeros aciertos de López ha sido marcar la agenda, no sólo porque es el candidato a vencer o porque es el más conocido, sino porque marca la pauta: Obrador fue el primero (y el único hasta el momento) en presentar su gabinete, y si bien no todos los nombramientos fueron del gusto de todos, si logró, creo, su propósito principal que era reducir el miedo y el recelo a su figura dentro de los sectores empresariales. Había que dar certeza y, aunque su movimiento fue un tanto apresurado, de lo que se habló fue de ello, que dentro de los asuntos económicos López Obrador estaba enviando un mensaje de que habría responsabilidad. 

    Cierto que AMLO ha cometido algunos errores, como la declaración de la amnistía a los delincuentes relacionados con el narco, la cual me parece absurda pero que también, como parte de esta dinámica electoral, fue sacada de contexto. Pero lamentablemente para su adversarios, ese fue un error que no aprovecharon ni capitalizaron bien, y cuando se quisieron subir al «tren del mame» ya era demasiado tarde. 

    López Obrador ha estado activo en redes sociales, sobre todo en Youtube. Su documental, dirigido por Epigmenio Ibarra y Verónica Velasco, así como los videos que ha estado publicando, buscan contrarrestar esa imagen de autoritario y rijoso que pesa sobre gran parte de la población. Estos contenidos no están dirigidos especialmente a «los suyos», sino a aquellos que todavía no deciden su voto y que, producto de su indignación con el gobierno actual, podrían pensar en darle el beneficio de la duda. 

    En dicho documental, López Obrador intenta mostrar parte de su vida íntima al público, abre las puertas de su casa donde come con su familia y nos presume que le da permiso a su hijo Jesús Ernesto de irle al América. Aquí es donde AMLO se siente cómodo ya que no se percibe algún acartonamiento, se muestra genuino ante las cámaras, es su zona de confort. 

    Los videos de Youtube donde aparece liberando tortugas, donde se corta el pelo o donde le canta las mañanitas a su esposa son un ejemplo de ello. López Obrador no es el primer candidato que se muestra cortándose el pelo, pero su perfil le ayuda mucho, y le ayuda porque en esos escenarios se siente cómodo y puede mostrarse tal como es; algo que podrán agradecer muchos dentro de un mundo lleno de políticos acartonados y falsos. 

    El video con su esposa, por ejemplo, se percibe genuino porque no está editado ni se ve ensayado. En algún momento los videos sobreproducidos con música de fondo dejaron de tener impacto ya que ese formato se ha usado en exceso. En un contexto de redes sociales y de videos grabados con el celular, un formato así parece más auténtico. El video de López Obrador no contiene toda esa parsimonia que los videos de los candidatos o presidentes con su esposa presentan. 

    https://www.youtube.com/watch?v=dk2h3SLcnTM

    No es casualidad que, de acuerdo a Roy Campos de Consulta Mitofsky, los videos de López Obrador sean los más recordados. Se habla (para bien o para mal) mucho más del spot de «ya sabes quien» que de los spots de Anaya, y sobre todo, los de Meade. Tan sólo el famoso spot de Movimiento Naranja de Movimiento Ciudadano (quienes por cierto, tienen un muy buen equipo de comunicación, del que debería echar mano Ricardo Anaya) ha superado a los de López Obrador. 

    La alianza que tejió con el PES a muchos nos parece aberrante: la izquierda nacionalista con el conservadurismo rancio. Pero estratégicamente es un acierto. Ciertamente, la decisión molestó a algunos de sus seguidores, sobre todo quienes son más progresistas (sobre todo porque AMLO ha dado visos de ser una persona conservadora), pero dichos seguidores votarán por él de todos modos (sobre todo si las opciones son Meade, Anaya o Margarita, quienes no aportan nada distinto sobre el tema). Posteriormente, en un mitín, López Obrador accedió para que una persona del colectivo LGBT se subiera al estrado, se parara al lado de él portando la bandera del arcoiris, con lo cual atenuó las críticas. Mientras que la alianza no le quitará votos, sí ganará los que el PES pueda aportar. Un 1% o 2% no sólo son muy bienvenidos, pueden determinar la elección. 

    Además, hay otras maniobras que yo en lo personal aborrezco y que le he criticado duramente porque me parecen populistas y demagogas, pero de que funcionan, funcionan. Me refiero a aquellas puestas en escena donde aprovecha la religiosidad de los mexicanos mostrándose como si fuera un cura de pueblo y donde utiliza varios símbolos religiosos (MORENA = morenita de Guadalupe).

    Esta elección no será como la del 2006 ni la del 2012, sobre todo para López Obrador. La guerra sucia sobre su figura seguramente tendrá un impacto menor sobre en las elecciones pasadas. Al haber contendido en varias elecciones, ya no hay nada nuevo que se pueda mostrar sobre este personaje. Ya se ha repetido hasta el hastío que convertirá a México en Venezuela, que él es el nuevo Hugo Chávez, que es un dictador y que va a crear una profunda crisis económica. Los ataques que ha recibido en los últimos meses le han hecho «lo que el viendo a Juárez» y parece que la estrategia de la oposición, sobre todo la del PRI, será un ataque abierto. Basta escuchar a su asesor político J.J. Rendón quien dice que hará todo lo posible para que AMLO no sea Presidente.

    Una guerra abierta, donde el elector vea por todos lados videos y declaraciones sobre el peligro que es México, podría resultar contraproducente, y con mayor razón si quienes pronuncian esas declaraciones son otros actores políticos. Si la intención es desprestigiar a AMLO tendrán que utilizar estrategias muy focalizadas y bien pensadas. La declaración abierta de guerra que han hecho es, a mi manera de ver, un error. Porque la gente tiene en un muy mal concepto a la clase política, y si ellos son los que están haciendo una campaña tan negativa y agresiva, es probable que se detengan en seco y se pregunten que si la nefasta clase es tan agresiva es porque «chanza igual algo bueno debe de tener». 

    López Obrador ya es una figura conocida, no hay narrativa qué crear sobre él ni historia que contar, ya todos la conocen. Las comparaciones y los ataques le harán más bien poco e incluso podrá jugar con ellas a su favor. 

    Una muestra de ello fueron las pintas que los priístas mandaron a hacer en Venezuela con la ayuda de un grupo opositor al régimen de ese país, donde supuestamente López Obrador es apoyado por el PSUV (el partido oficialista), los priístas, los bots y aledaños propagaron la noticia en redes de forma muy articulada. Los usuarios se dieron cuenta en el instante que se trataba de una estrategia de descalificación y se mofaron de ella por medio de varios memes graciosos:

    Una guerra sucia frontal también se puede percibir como un acto de desesperación y puede terminar fortaleciendo al candidato al que se ataca. La tarea que tiene López Obrador (y que hasta el momento está haciendo) es tratar de alejarse del personaje que de él quieren crear sus opositores. Si reiteran que es Chávez o que es muy intolerante, pero López Obrador aparece como bohemio y calmado tal cual lo hace en sus videos, se percibirá una disonancia entre lo que es y lo que dicen que, sobre todo en aquellos que van a votar por primera vez o no recuerdan tanto lo que ha sucedido en elecciones pasadas. Si López Obrador se esmera en crear y acrecentar esa disonancia, se habrá ganado el voto útil suficiente para garantizar su triunfo.

    Podemos pensar muchas cosas de López Obrador, pero lo cierto es que está haciendo una buena campaña y que si sus opositores siguen «haciendo lo de siempre» y cometiendo los mismos errores, le habrán puesto la silla presidencial en bandeja de plata. 

  • ¿Convertirá López Obrador a México en Venezuela?

    ¿Convertirá López Obrador a México en Venezuela?

    ¿Convertirá López Obrador a México en Venezuela?

    A la fecha no conozco una asociación de un político con un país que no es el suyo que sea más fuerte que la de López Obrador y Venezuela, posiblemente ni la de Chávez y Cuba. Desde la campaña del 2006 se ha hablado que AMLO convertiría a México en ese país; y ahora, ante la fuerte (y predecible) crisis que sufren nuestros hermanos venezolanos, la insistencia va in crescendo (aunque en ciertas ocasiones también cansa).

    Por eso me he dado a la tarea de contestar esta compleja pregunta. No me molestaré en dar una respuesta categórica, un sí o un no. La idea es que con las argumentaciones que haga, ustedes puedan terminar de contestar esta pregunta.

    Y no puedo dar una respuesta categórica porque juzgar cómo gobernará un mandatario es como juzgar el futuro que tendrá un joven tomando como referencia el desempeño escolar en la preparatoria: te puedes dar una idea, pero también te puedes llevar muchas sorpresas. No sin ignorar que es más complejo analizar a AMLO que a una boleta de calificaciones. 

    Existen paralelismos, sí, entre López Obrador y lo que representa y el régimen venezolano. No sólo por que ambos se presentaron como una izquierda nacionalista anclada en el pasado, sino porque algunos cercanos a López Obrador tales como la Secretaria General de MORENA Yeidckol Polevnsky, John Ackerman y Héctor Díaz Polanco han apoyado explícitamente al régimen venezolano. Tanto López Obrador como Hugo Chávez se presentaron como líderes carismáticos y redentores del pueblo oprimido. Ambos han sido capaces de polarizar a la sociedad, ambos han creado un enemigo en común, ambos pugnan por una mayor intervención estatal en la economía e insisten en la soberanía como condición necesaria para el desarrollo del país. 

    De la misma forma, ninguno de los dos han sido respetuosos de la institucionalidad y han jugado con las instituciones, bajo el argumento tramposo de la justicia y la bondad del pueblo (a diferencia de regímenes como el PRI que lo hacen de forma cínica), para lograr avanzar en su ambición de poder. No hace falta recordar el penoso bochorno de Juanito y Clara Brugada

    Pero también existen discrepancias. Por ejemplo, López Obrador (a diferencia del gobierno venezolano) propone reducir el gasto público (reduciendo la corrupción). Otros de sus cercanos (como Alfonso Romo, entre otros líderes y empresarios) son más bien promotores de una economía de mercado, o de un sistema económico al menos más parecido al que existe actualmente que al venezolano. También, como referencia, podemos tomar el paso de López Obrador por la Ciudad de México, que más bien tuvo poco de parecido con el régimen de Hugo Chávez (obviando las diferencias que implica gobernar la Ciudad de México y un país entero). 

    Es difícil decir si un presidente gobernará como aquel otro porque el contexto importa muchísimo.

    También, a diferencia de Chávez, quien vendió a Estados Unidos y al «imperialismo» como los enemigos de la patria, la crítica que ha hecho AMLO a Estados Unidos es más bien escueta, ni siquiera se ha terminado de pronunciar firmemente contra Trump e incluso ha visitado Estados Unidos (sin mucho éxito) como parte de una estrategia diplomática. El «enemigo» de AMLO no es externo sino interno (la mafia del poder), y si bien, AMLO y Chávez utilizan el término neoliberalismo de forma denostativa, el concepto que tienen de esa palabra no es necesariamente igual, en tanto AMLO lo entiende como los deficientes procesos de privatización que convirtieron monopolios públicos en monopolios privados

    Aunque todas fueran coincidencias, es difícil decir si un presidente gobernará como aquel otro porque el contexto importa muchísimo. Incluso si comparamos a Venezuela con sus aliados tales como Ecuador y Bolivia, podemos encontrar diferencias entre los distintos regímenes. 

    Y no sólo eso. Importan mucho las decisiones que se vayan tomando a lo largo del tiempo, y las cuales irán determinando el rumbo del país. Venezuela no sólo es producto de un régimen económico condenado al fracaso, sino también de la suma de muchas decisiones que se han tomado, de muchas eventualidades que han ocurrido, de entornos que tienen que ver hasta con la geopolítica que ubica a México y a Venezuela en contextos muy diferentes. 

    Los recursos naturales son, valga la redundancia, el recurso idóneo para sostener una dictadura. Dichos recursos están comenzando a escasear en México. 

    Si bien, la realidad actual de México se parece a la de Venezuela antes de Hugo Chávez (en medio de un gobierno muy corrupto y desacreditado), también es cierto que el gobierno chavista gozó de una gran abundancia de recursos naturales para sostener su régimen populista, y también es cierto que Chávez, a diferencia de López Obrador, fue un militar que llevó a cabo un golpe de Estado frustrado y por el cual fue encarcelado. Los recursos naturales son, valga la redundancia, el recurso idóneo para sostener una dictadura. Cuando un régimen obtiene recursos por este medio y no por medio de los impuestos, tiene menos incentivos para sostener un régimen democrático que rinda cuentas. 

    Mientras que Venezuela encontró en el oro negro una buena fuente para sostener un régimen autoritario, en México se busca, ante la escasez de petróleo, buscar otras alternativas de ingreso como aumentar los impuestos y ampliar la cobertura (no es que hayan querido ser buena onda con nosotros al hacer mucho más fácil el pago de los impuestos en los últimos años), lo cual deja patente, como ocurre en Cantarell, que los recursos petroleros de México se están agotando y que es necesaria la inversión privada para extraer el petróleo desde aguas someras. 

    Quitarle la autonomía al Banco Central es una condición necesaria para implementar un «gobierno chavista». El problema es que si López Obrador quisiera aspirar a eso (en dado caso que tuviera la intención, lo cual ignoramos), se encontraría con que no tiene los suficientes votos en el congreso. AMLO tendría que ostentar un nivel de aprobación al cual ningún presidente se ha acercado desde hace más de 30 años para arrasar en las elecciones intermedias y que así su partido gane las curules suficientes. 

    AMLO se expresa bien de Fidel Castro, pero también lo hace de Franklin Roosevelt, a quien menciona constantemente en sus discursos.

    El discurso de AMLO suele ser muy ambiguo. Mientras que los opositores más férreos están muy preocupados por lo que podría ser la «venezolización de México», muchos de los más radicales titubean al considerar que López Obrador se está «haciendo muy a la derecha» al aliarse con hombres de negocios, algunos de los cuales han sido cercanos a Carlos Salinas.

    López Obrador no apoya públicamente al régimen de Venezuela ni tampoco lo condena, aunque dice que sí se han h echo algunas cosas bien al tiempo que ha criticado que Maduro se haga de prisioneros políticos y considera que Leopoldo López debe ser liberado. AMLO se expresa bien de Fidel Castro, pero también lo hace de Franklin Roosevelt, a quien menciona constantemente en sus discursos. Habla del socialista Cárdenas, pero también del demócrata (frustrado) Francisco I Madero. Lo mismo ocurre con su propuesta de desarrollo, mientras que en algunos ámbitos aspira a la intervención estatal, también habla de la participación de la iniciativa privada.

    Cuando veo en una misma mesa a López Obrador sentado junto con empresarios junto con simpatizantes venezolanos, lo que recuerdo más bien son esas puestas en escena de los regímenes priístas en un alarde de pragmatismo intentando amalgamar a todos los sectores para ganar legitimidad y mantenerse como partido hegemónico. Más que ver a Chávez, veo a un López Obrador más parecido al PRI de entre los años 50 y principios de los  80 con la diferencia del carisma del líder que sostiene un discurso populista, y unas instituciones (como referí al Banco de México) que no le permitirían establecer del todo un régimen como el de aquellos años.

    Yo, como muchos, tengo mucho escepticismo por este líder que mueve a las masas y algunas propuestas suyas me parecen muy preocupantes; también veo con mucho recelo su mesianismo e intolerancia. Que pueda no parecerse a Chávez no significa que no puedan existir riesgos (los cuales también son difíciles de predecir), ni que pueda a meter al país en un serio problema sin haberse parecido nunca a Venezuela. Pero creo que aventurarse a comparar a su eventual gobierno con el de Chávez y Maduro es una aseveración muy precipitada, y en muchos casos, emitida desde la parcialidad. Es válido alertar sobre las similitudes (el mesianismo, el nacionalismo), pero también hay que hablar de diferencias y contextos. 

    Los humanos somos muy complejos para hacer pronósticos sobre nosotros mismos. Más complejo es hacerlos tomando en cuenta la ambigüedad de un discurso ambiguo dentro de contextos externos y  relaciones de poder en las cuales se sostiene este tan interesante pero odiado arte de hacer política.

  • ¿Y dónde está el fraude?

    ¿Y dónde está el fraude?

    ¿Y dónde está el fraude?

    Por más cerrados sean los resultados de una elección, más posibilidades existen de que uno de los actores se muestre inconforme. Primero, porque evidentemente por menor sea la diferencia es más fácil llevar a cabo un fraude o una ilegalidad que modifique los resultados; y segundo, porque quien se encuentra abajo tiene la esperanza de encontrar irregularidades para darle vuelta a la tortilla. No sólo es común en México, podíamos recurrir a la polémica elección entre George W Bush y Al Gore en el 2000

    Pero ese no es tanto el propósito de López Obrador. Las elecciones del Estado de México no eran un fin para él, sino un medio.

    Yo he dicho en este espacio que las elecciones del Estado de México deberían de anularse. Se trató de una elección de Estado que distorsiona de forma flagrante a la democracia representativa electoral porque muchos, sobre todo aquellos que votaron por el ganador, no votaron de forma libre. Muchos de ellos fueron coaccionados, en los mismos spots el candidato del PRI amenazó que los programas sociales desaparecerían si su partido no ganaba. También se rebasaron los topes de campaña y se inhibió el voto con mensajes en plena veda electoral. Por su parte, López Obrador utilizó la candidatura de Delfina para promocionar su imagen, lo cual también es ilegal.

    Pero más que anular los comicios, me parece que López Obrador busca construir una narrativa donde intenta reforzar esta idea de que la «mafia del poder» está conspirando contra él. Evidentemente tener la arcas del Estado de México no era nada desdeñable, pero también era evidente que AMLO ya tenía una hoja de ruta en caso de que perdiera. Bastaba con que Delfina no quedara muy abajo de Del Mazo, para que en conjunto de todas las tropelías cometidas por los priístas, pudieran armar un discurso donde AMLO se asumiera como víctima de la mafia que le hace fraudes. 

    Ahora el señalamiento es que el fraude se encuentra en el conteo de votos. Sin prueba alguna, López Obrador criticó el conteo rápido, muchos de los suyos lo tomaron como si fuera prueba del fraude porque discrepaba de las actas que el PREP llevaba computadas. Algunos sospecharon porque dicho conteo rápido estaba hecha sobre la base del 70% de las actas, aunque los resultados que arrojó tomaban en cuenta ese detalle. Muchos denunciaron esa discrepancia, pero conforme avanzó el PREP, éste le dió la razón al conteo rápido. 

    Muchos dudaron del PREP y trataron de encontrar inconsistencias, ejercicio que en realidad es muy válido y tal vez hasta necesario dado los antecedentes del PRI: compararon actas, buscaron irregularidades, buscaron que las sumas cuadraran, pero más allá de algunos detalles no hubo nada que indicara un fraude cibernético. Algunos encontraron que las sumas en realidad no cuadraban, pero lo que había ocurrido era que el PRI había sido el único partido que había ido en coalición y que debían sumarse todos los partidos (es muy entendible, no todos son expertos con los números ni todos están familiarizados con la estadística). El profesor del CIDE, Javier Aparicio, hizo el ejercicio por sí mismo para demostrar que no había inconsistencias y que los resultados sí correspondían. La ciencia dura y exacta había hablado.

    También les recomiendo leer este otro artículo de Javier Aparicio que escribió a propósito de las elecciones 2012 para entender mejor el funcionamiento del conteo y las razones por las que aparecen los errores que muchos ven. 

    Aún así, Javier Aparicio recibió insultos:

    Otra «prueba del fraude» fue lo ocurrido en la casilla 966, cuya imagen se replicó una y otra vez por las redes sociales, donde aparentemente le habían sumado los votos de MORENA al PRI. Esos es lo que pareciera que ocurrió a simple vista:

    En realidad se trató de un error humano donde en el acta los votos de MORENA se colocaron en la casilla de arriba (de Nueva Alianza y que era parte de la coalición de Alfredo del Mazo), error que se corregirá en el conteo distrital. Con todo y eso, el acta tiene la firma del representante de MORENA:

    También apareció un video donde aparentemente se estaban contando mal los votos. Pero la gente no se preguntó por qué en el conteo, donde están los representantes de todos los partidos, nadie dijo nada. Aparentemente quien contaba las boletas lo hacía de una forma flagrante, se saltaba del 40 al 50 y luego al 80, enfrente de todos los representantes. El video resultó estar editado.

    https://www.youtube.com/watch?v=Keyn6bm77dA

    La realidad es que no se ha mostrado al momento ningún tipo de fraude en el conteo. Si lo hubiera, tendría que demostrarse en el cómputo distrital y en las instancias asignadas para ello. El escepticismo de la gente es evidente y en cierta medida se entiende tomando en cuenta que el PRI podría hacer todo lo posible por retener el Estado de México. Que el PRI buscara alterar de alguna forma el proceso podría haber sido considerado como una posibilidad.

    Pero las sospechas y los antecedentes no son probatorios por sí mismos. Si se quiere exhibir un fraude se debe usar el rigor a la hora de mostrar las pruebas. Es irresponsable por parte de un candidato afirmar de forma categórica que ha existido un fraude cuando no se han presentado las pruebas que lo evidencian, o peor aún, ni un indicio (como sí ocurrió en Coahuila). Peor aún es hacerlo con suposiciones como «mostraron el conteo rápido para distraer y confundir a la gente». 

    La impugnación del EdoMex tiene que apuntar más al proceso que al resultado: la lógica no puede ser voto por voto, sino despensa por despensa – Carlos Bravo.

    Muchos de quienes insistimos en explicar esto recibimos críticas, nos dijeron por qué «nos indignamos con el fraude cometido en Coahuila» donde hay más razones para sospechar en tanto el PREP se detuvo inesperadamente y no lo hicimos con el del Estado de México. Nos acusan, falsamente, de avalar «el fraude del Estado de México» cuando en realidad lo que dijimos que lo que no se ha mostrado es un fraude en el proceso de conteo de votos, pero no ignoramos de ninguna forma todas las ilegalidades cometidas, en su mayoría por el PRI, en toda la campaña y que incluyó robo de urnas e inhibición del voto. Tampoco negamos nunca que ésta se haya tratado de una elección de Estado donde el gobierno de Peña Nieto envió a sus miembros de gabinete a hacer campaña. 

    Yo he insistido en que esta elección debería anularse porque lo sucedido es una gran falta de respeto al Estado de derecho. Pero también quiero alertar de una manipulación discursiva de López Obrador, quien busca crear una narrativa para fortalecerse hacia el 2018. López Obrador no aparenta estar muy indignado en sus videos, posiblemente ni siquiera se encuentre de malas. El triunfo no era un fin, era sólo un medio para sus aspiraciones a la presidencia. Por eso ya había creado estrategias en el escenario donde su partido (o sea, él) no ganara la elección, escenario que seguramente considero como bastante probable, para así aprovecharlas en su afán de ganar la presidencia en 2018.

    Cierto, la cancha no fue pareja y el PRI cometió irregularidades, pero ¿por qué ni siquiera el partido de AMLO o sus cercanos que lo representan en las cámaras han buscado legislar para acabar con esas tropelías? Lo que les interesa no es construir instituciones fuertes, sino llevar a su candidato a la presidencia a como dé lugar. 

    López Obrador está interesado en crear la percepción de que un gran fraude se ha orquestado en su contra. Por más sean los que sospechan de la «manipulación del PREP, de las actas, y similares», mejor para él, para sí convencer de que es víctima de la mafia del poder, del PRIAN, de aquellos que tienen a México sumido en la inseguridad y en la corrupción (lo cual no es falso). AMLO quiere fortalecer el discurso maniqueo donde él es el bueno y todos los demás son los malos.

    Porque el maniqueísmo mueve montañas, aunque no siempre gana elecciones.  

  • AMLO, y cómo analizar a los políticos de forma objetiva. O tratar, al menos

    AMLO, y cómo analizar a los políticos de forma objetiva. O tratar, al menos

    AMLO, y cómo analizar a los políticos de forma objetiva. O tratar, al menos

    Algo que he repetido hasta el cansancio es que hay una campaña que tiene como fin evitar que López Obrador llegue a la presidencia.

    En realidad no se trata solamente una sola campaña sino varias, llevadas a cabo por distintos actores y que buscan distintos fines. Existen quienes, desde la clase política, pretenden que no llegue AMLO porque su llegada puede implicar cierta irrupción dentro de la estructura política (lo cual puede comprometer sus intereses).  Por otro lado, existen quienes tienen la sincera preocupación de que el tabasqueño pueda significar un riesgo para el país, o hay quienes tienen las dos motivaciones al mismo tiempo y buscan a través de redes sociales, columnas o spots, alertar sobre la llegada del tabasqueño al poder. Estas campañas se irán intensificando conforme se acerque el día de la elección del siguiente año. 

    Dada la existencia de estas dos corrientes, algunos consideran que la diferenciación es una tarea difícil. Esto pasa cuando se hacen juicios a los periodistas, opinadores o intelectuales opuestos a López Obrador. Los más férreos opositores pueden creer que los de la primera campaña (los que tienen un interés) forman parte de la segunda (los que tienen una genuina preocupación), mientras que con sus fieles seguidores ocurre lo contrario, e incluso de forma más determinante: cualquiera que se oponga o critique a López Obrador es parte de una conspiración de la «mafia del poder». 

    En un ambiente deliberadamente polarizado tanto por AMLO como por sus decractores, los actores aspiran a que los individuos tomen una de esas dos posiciones mencionadas, y que desde estas emitan un juicio (predecible por definición). Entendiendo que lo opositores y los simpatizantes ya lo son y difícilmente cambiarán de opinión, buscan que los independientes (quienes determinarán el resultado de la elección) tomen una de ambas posturas.

    Es decir, quieren evitar que los individuos analicen y tomen posturas «desde fuera» (porque las pasiones provocan que los individuos tomen posturas más determinantes e irracionales que si lo hacen por medio de la razón), y eso es lo que trataré de hacer por medio de este artículo. 

    La campaña más visible es la primera, la de los partidos o políticos tradicionales que no quieren que López Obrador llegue a la presidencia porque temen que con su llegada, los intereses y los acuerdos pactados puedan romperse (porque con la llegada de AMLO se pactarían otros donde muchos de ellos ya no formarían parte). Desde esta campaña es donde se han publicado los videos de Eva Cadena y se ha insistido en la supuesta relación de López Obrador con Javier Duarte, o ahora, con Elba Esther Gordillo.

    Los opositores difunden y promueven insistentemente los contenidos donde se intenta exhibir a López Obrador, mientras que los simpatizantes insisten en frenarlos y aseveran que es irresponsable compartirlos porque buscan, dicen, manipular a la población. En realidad, las dos partes buscan manipular asumiendo que el individuo es tonto y carece de criterio propio.

    Los primeros promueven esos contenidos asumiendo que los consumidores son ingenuos y se la van a tragar toda, y que van a creer todo aquello que sea mentira. Los segundos no sólo temen la ingenuidad (y así, que crean sólo lo que es manipulado), sino que por medio del buen juicio puedan discernir aquello que es verdad de entre lo que es «manipulado o premeditado» y que afecte a la imagen de su candidato, en este caso de López Obrador. 

    Como buen ejemplo de lo que digo, veamos el siguiente video:

    https://www.youtube.com/watch?v=C-ECqw56Jr4

    ¿Es José Cardenas parte de la campaña mediática partidista en contra de Obrador y es un pasquín pagado o es un periodista que, desde sus posturas políticas personales o desinteresadas, detesta a López Obrador? En realidad esa respuesta no la sé, en parte porque no conozco mucho a este periodista (aunque de lo poco que le conozco siempre lo recuerdo como un individuo que siempre ha sido beligerante con el tabasqueño).

    Pero responder esa pregunta no importa tanto para lo que quiero ilustrar. Lo que sí es evidente es que José Cárdenas fue muy parcial en su entrevista e intentó exhibir a López Obrador como el epítome de la corrupción. Los seguidores de López Obrador recomiendan no propagar esa entrevista porque es un acto de manipulación; pero a pesar del evidente sesgo, yo no estoy de acuerdo con esa petición, hacerlo sería asumir que el individuo es necesariamente tonto y que carece de criterio propio. 

    José Cárdenas le dice a López Obrador: ¿Estás manchado de huevo o estás manchado de corrupción? Esta pregunta por sí misma exhibe la tesitura con la que se conducirá la entrevista. Cárdenas insistirá en que López Obrador es corrupto, dirá algunas verdades, medias verdades y otras que son mentiras. 

    En la entrevista el espectador tiene dos tareas: comprender la subjetividad del entrevistador, pero a la vez, entender que esa subjetividad no necesariamente anula la validez de todo aquello que se expone en la entrevista. Bajo este entendido, sería tonto decir: «me he dado cuenta que José Cárdenas es parcial, voy a dejar de ver el video o voy a ignorar todo lo que contiene porque es un acto de manipulación», afirmar eso sería un acto de pereza mental, o incluso, una muestra de la inseguridad que el sujeto tiene sobre su propia capacidad intelectual para hacer razonamientos propios.

    A pesar de que el entrevistador está evidentemente sesgado y que su postura no sólo está sesgada, sino que lo está deliberadamente (ya sea por cuestiones personales o por un interés), hay mucha «tela de donde cortar» para poder hacer un análisis del tabasqueño.

    Por ejemplo, la reacción de López Obrador ante un entrevistador no es algo «manipulado» en tanto que se trata de su reacción natural ante un contexto dado. Así como se les dice a las mujeres que analicen el comportamiento que su prometido tiene con su madre porque éste es un reflejo del comportamiento que tendrá con ella en el matrimonio, también la reacción de los políticos ante determinados contextos cuando están en campaña son reflejo de las reacciones que tendrán y las relaciones con diversos actores. Así, la reacción de Peña Nieto en un contexto adverso, cuando se escondió en un baño para evitar a los alumnos que lo cuestionaron, fue muy ejemplar para mostrar la relación que tiene, en la práctica, con la prensa opositora y con quien no simpatiza con él: Peña Nieto se esconde, no da entrevistas, no sale a escenarios donde el público no está controlado, y de una manera silenciosa lleva a cabo actos de censura selectivas para que pasen desapercibidas (como ocurrió con Ferriz de Con y posteriormente con Carmen Aristegui).

    De la misma forma, el comportamiento que López Obrador tiene con los entrevistadores, con quienes lo cuestionan y con quienes no tanto (porque hasta con éstos resbala) habla mucho de la forma en que podría gobernar. 

    En la entrevista con José Cárdenas, López Obrador exhibe rasgos autoritarios. El candidato tiene el derecho a discrepar con la actitud del entrevistador e incluso hacerle notar su postura parcial, pero lo que importan son los «cómos»: Por ejemplo, que López Obrador le exija hacer buen periodismo (quien debería hacer esa exigencia es el público y no el político), y que al final con un tono casi amenazante y déspota le diga «serénate, serénate».

    De igual forma, podemos ver a un López Obrador que exhibe un ego desmedido al exhibirse como determinadamente honesto («Hay aves que cruzan el pantano y no se manchan, mi plumaje es de esos»), como poseedor de la razón y la verdad. De igual forma, ante la incapacidad de elaborar argumentos en el instante recurre a clichés gastados (la mafia del poder, soy peje pero no lagarto, la moronga azul de la monarquía -para referirse al PAN-), cuya repetición ad nauseam ha generado un efecto en sus más fervientes seguidores, quienes repiten las mismas frases para elaborar sus argumentaciones. Insisto en que la reacción per sé no es manipulada porque muchos de estos rasgos se repiten en la reciente entrevista que tuvo con Carmen Aristegui, quien lo abordó desde un postura más objetiva (donde AMLO le sugirió, entre broma y no tanto, que no se pusiera al servicio de Miguel Ángel Yunes, su adversario), y donde de la misma forma exhibió (incluso con mayor insistencia) este tipo de rasgos y características exhibidas con José Cárdenas. 

    Que un elemento sea negro no significa que su opuesto sea blanco. Que lo que él llama «mafia del poder» (esa clase política, que tampoco está muy lejos de poder considerarse mafia) se sirva a sí misma, no implica que AMLO servirá a sus ciudadanos. Que esa misma mafia pretenda evitar que AMLO llegue no implica que López Obrador sea bueno. Esos ejercicios maniqueos son una trampa mental producto de la pereza intelectual. Si el individuo quiere hacer un juicio certero (o lo más aproximado a ello) tiene que analizar a los elementos de forma aislada y separarlos de aquello con lo que busca oponerse. De la misma forma, en vez de negarse a ver «contenidos manipulados» o a hacer juicios a priori al momento de notar el sesgo, deberá aprender a «leer entre líneas» y entender el contexto, para que de acuerdo a éste pueda hacer un juicio objetivo. 

    Posiblemente mis lectores no lleguen a la misma conclusión que a la que yo llego. Posiblemente en donde yo vea autoritarismo ellos vean determinación, o donde yo veo un ego desmedido ellos vean ideales. Se vale y todos tenemos derecho a hacer nuestra propia interpretación, pero lo que tenemos que evitar es que las pasiones desmedidas y nuestras posturas eviten que pensemos y ejercemos el uso de nuestra razón.