Etiqueta: López Obrador

  • AMLO vs Peña Nieto, el contraste

    AMLO vs Peña Nieto, el contraste

    AMLO vs Peña Nieto, el contraste

    La presidencia ha cambiado de forma radical en tan solo unos días. La mayoría de los mexicanos, ante un estado de las cosas del cual estaba muy inconforme y harto, querían un cambio radical, un giro de 180 grados.

    AMLO ya se los dio, al menos en lo simbólico que es lo único que el actual presidente puede ofrecer, porque lo otro, en caso de que llegue, va a tardar más en llegar. En los símbolos, en las formas y en la narrativa, el cambio es muy palpable.

    Pasamos de un presidente ausente, que no salía de espacios muy controlados (nunca salió ante un público abierto más que en las dos primeras ceremonias del Grito de la Independencia), que daba pocas entrevistas y que parecía esconderse en un refugio desde el cual gobernar, a uno muy presente (tal vez en exceso) que se rodea de la gente, del pueblo, que da discursos largos, que da conferencias mañaneras.

    Pasamos de un presidente muy odiado, que se fue siendo aprobado por menos del 25% de la población, a uno que llega con índices de aprobación cerca del 70%. Peña Nieto no se atrevía a salir a la calle porque sabía que no era querido. López Obrador, en cambio, toma vuelos comerciales confiado, excesivamente, en que el pueblo lo va a cuidar. Mientras que Peña Nieto se cuidaba del pueblo, AMLO dice deberse al pueblo.

    También vemos un contraste entre el derrochamiento y la ostentación de Peña Nieto y su familia: de ropa fina, de tatuadores de Hollywood que iban a Los Pinos a hacerles un tatuaje bien pinche a las hijas a uno que abre las puertas de Los Pinos para que la prole pueda entrar al cuarto donde habitaba Paulina Peña. Vemos, al menos en lo simbólico, el cambio de una presidencia ensimismada a una que se dice que no se pertenece ya, porque pertenece al pueblo.

    El ambiente que se percibe afuera es muy diferente. Hasta hace pocos días, había una suerte consenso de hartazgo y casi hasta de encono hacia lo político. Ahora el sentimiento predominante en un gran sector de la población es la esperanza y la algarabía, otro sector vive dentro de la incertidumbre (por una parte le gusta el cambio, pero también guarda cierto recelo y escepticismo) y otro, más pequeño, pero significante, que tiene miedo de forma abierta. En pocos días, la dinámica social en torno a lo político ha cambiado de forma drástica.

    Pero, al final, AMLO sabe que lo simbólico sirve para darle legitimidad y margen de tiempo para mostrar resultados tangibles, porque serán esos resultados con los que la historia haga el juicio sobre él.

    Pero en tanto, la oposición (política y civil) deberá buscar apelar también a lo simbólico. De lo contrario, se encontrará en franca desventaja ante este alud llamado López Obrador.

  • La foto de AMLO y Maduro

    La foto de AMLO y Maduro

    En las redes, la imagen de AMLO con Nicolás Maduro ha generado mucho escándalo. «¿Cómo puede apoyar a un dictador?», «¡Prueba inequívoca de que México se va a convertir en Venezuela!». «¡Ahí está la prueba! ¿Ves? ¡Te lo dije!»

    La imagen de AMLO con Maduro en realidad dice muy poco, no explica casi nada y no es un argumento para decir que México se va a convertir en Venezuela. AMLO también se tomó fotografías con Ivanka Trump y Mike Pence.

    El gobierno de AMLO lo invitó porque su concepción de las relaciones exteriores consiste en «el respeto, la no intervención y la autodeterminación de los pueblos». No coincido mucho con esa visión porque yo creo que sí se debe tomar una postura ante las dictaduras (de izquierda y de derecha), pero es la concepción que el Presidente López Obrador y el gobierno entrante tienen de la diplomacia. Eso, más que una alianza de facto, explica mucho de por qué Maduro fue invitado y de por qué, AMLO se tomó la foto (así como lo hizo con Ivanka, Pence y otros mandatario de otros países).

    Muchos otros presidentes no vinieron porque estaban en el G-20 y varios de ellos mandaron representantes. En todo caso, parece ser que fue Maduro quien quiso venir para llegar a Venezuela y decir que tiene en México a un aliado, más en estos tiempos en que necesita agarrar legitimidad porque su gobierno se está tambaleando, pero de momento no parece haber una relación muy cercana. Incluso, hay un video donde AMLO y Maduro se saludan, AMLO es cordial con él y no más, no denotó un trato preferencial ni cercanía o alguna forma de fraternidad.

    No sé si en el futuro AMLO y Maduro se alíen o no, pero querer hacer inferencias con base en una fotografía (práctica, que por cierto, ha sido muy común en los propios seguidores de AMLO) va a llevar necesariamente a conclusiones erróneas. Al menos, por el momento, me parece que el gobierno de AMLO no buscará en el corto plazo desligarse de su relación con Estados Unidos, a la cual le ha tomado mucha importancia. Su comitiva liderada por Jesús Seade participó en la negociación del TLCAN (ahora llamado T-Mec, nombre que fue votado por los usuarios de Twitter en la cuenta de López Obrador). Ya veremos cómo evoluciona su gobierno y se ve en la tentación de aliarse con esas fuerzas bolivarianas (que están en decadencia, por cierto) o termina, como todos los gobiernos, más bien cercano a los EEUU.

  • AMLO ¿Responsabilidad o crisis económica?

    AMLO ¿Responsabilidad o crisis económica?

    AMLO ¿Responsabilidad o crisis económica?
    Flickr / Presidencia de la República.

    Carlos Urzúa, el secretario de Hacienda en el gobierno de AMLO, es una de las personas que nos dejan respirar cierta tranquilidad porque su apuesta es manejar la economía de una forma responsable. Él es un economista preparado y sensato en medio de un gobierno donde la ocurrencia y la excesiva improvisación afloran.

    El problema es que parece haber una discrepancia entre el conservadurismo fiscal de Carlos Urzúa y todas las «promesas» que se votaron en la segunda consulta que incluyen becas, pensiones, refinerías, trenes. Es imposible llevar a cabo todo lo que se votó en la consulta porque el país no tiene la capacidad económica para ello.

    AMLO tendrá de dos sopas: escuchar a Carlos Urzúa y resignarse a que muchos de los programas y proyectos no se van a llevar a cabo, o bien, prescindir de Carlos Urzúa, al igual que hiciera López Portillo con su Secretario de Gobernación Jesús Reyes Heroles, lo cual puede hacer con un tronar de dedos. Despedir a un Secretario es de lo más fácil, a lo largo del tiempo, los presidentes ponen y quitan miembros de su gabinete de acuerdo al contexto político. 

    AMLO piensa ingenuamente que, al acabar con la corrupción, habrá dinero para todo ello. Cree que todo ese dinero que hasta ahora se roban bastará para financiar todo aquello que AMLO ha prometido y que «el pueblo» ha votado. El problema, además de un mal cálculo de las cuentas, es que la corrupción no va a desaparecer solo con la voluntad del presidente, de hecho no lo pudo hacer cuando fue Jefe de Gobierno (recordemos a Bejarano o a Imaz). Peor aún, la confianza de los mercados para invertir se está deteriorando con las decisiones que el Gobierno Electo ya ha tomado, por lo cual el crecimiento sería todavía menor al pronosticado. 

    ¿Ser responsable en lo económico o quedar bien con sus bases que son las que le dan legitimidad a su gobierno? Apuntar a lo primero podría terminar debilitando su gobierno, sobre todo en las elecciones intermedias cuando muchos de sus fieles, decepcionados porque su gobierno no esté haciendo mucho de lo que «el pueblo» decidió, opten por otra opción. La mejor forma para que AMLO retenga la mayoría en las cámaras es que se vea que «sí está haciendo las cosas» que se vea como avanza el Tren Maya o cómo los estudiantes reciben becas o los adultos mayores pensiones. Apuntar a lo segundo podría implicar una crisis económica. Y, a mi juicio, me parece un poco más probable que AMLO se vaya por la segunda opción que por la primera.

  • Improvisación sobre una presidencia en MX menor

    Improvisación sobre una presidencia en MX menor

    ¿Les soy honesto? Me ha sido difícil seguirle el hilo a López Obrador en estos últimos días.

    Nos lo ha dejado muy difícil a quienes queremos interpretar qué es lo que quiere en realidad. AMLO últimamente ha estado enviando mensajes muy vagos y tan contradictorios que ponen los pelos de punta a más de uno.

    AMLO primero nos decía que se iba a lanzar contra los ex presidentes corruptos, luego prometió la amnistía. Ya como Presidente Electo nos dijo (incluso el mismo día) que sometería a consulta la persecución a dichos ex presidentes corruptos para luego decirle a Carmen Aristegui que no se debe perseguir a los de arriba porque eso significa conspirar contra la estabilidad del país. 

    Nos dijo que regresaría el ejército a sus cuarteles pero después nos dijo que siempre no, que se dio cuenta «cómo estaba la cosa realmente» e incluso dio un paso adelante a la estrategia que ya había seguido Calderón y Peña Nieto. 

    Todo esto sucede mientras los mercados se comportan de forma errática producto de decisiones polémicas suyas o de declaraciones de sus cercanos que luego él sale a desmentir (como el asunto de las comisiones de los bancos). Además, las señales de ambigüedad que AMLO envía no abonan mucho a la causa porque lo único que hacen es generar más incertidumbre.

    Preocupa también su desdén a la eficiencia en favor de la postura ideológica. Por ejemplo, que no quieran a nadie del ITAM en Banxico por la «ideología» de esta institución, sin importar si alguien de ahí pueda tener las credenciales. Tal vez pueda ser cierto que esa institución haya estado sobrerrepresentada y que se quiera dar un cambio de giro a la forma en que opere el Banco de México, es válido. Pero de ahí negar a priori la entrada a cualquier candidato tan solo por su universidad de origen solo refleja el desdén hacia el mérito. 

    Y podemos percatarnos del mismo patrón si hablamos de la postura de sus correligionarios en el Congreso hacia las afores o el mismo asunto del aeropuerto de Texcoco. AMLO siempre ha mostrado un desdén hacia la tecnocracia, pero eso no implica que decisiones tan serias deban de ser tomadas desde la ocurrencia y la improvisación. Que su gobierno apueste a ser más de izquierda no implica que propongan cualquier cosa, sino que quienes estén encargados de los asuntos de economía y políticas públicas sepan lo que están haciendo.

    Yo nunca he pensado (y no pienso) que AMLO vaya a ser un Hugo Chávez mexicano. Mi temor siempre ha tenido que ver con el hecho de que su gestión se vuelva ingobernable producto de la excesiva improvisación, la impulsividad, la ausencia de sentido común cuando se trata de asuntos técnicos o económicos o la desorganización. 

    Y vaya que AMLO está dándole mucha cuerda a mi temor.

    Uno podría haber pensado que esas ambigüedades irían menguando después de la campaña, que ya se iría tomando las cosas en serio conforme se aproximara el día en que reciba la investidura presidencial. Pero parece que está ocurriendo más bien lo contrario, conforme se acerca el día, menos certidumbre genera y amenaza con agravar el problema cuando ya se siente en la silla presidencial.

    Una presidencia basada en la improvisación y en la ocurrencia no es cualquier cosa. así como todos los caminos llevan a Roma, todos pueden llevar a una crisis política y económica, y no es necesario tomar la «ruta de Chávez», la ruta de la improvisación y la ocurrencia también te permite llegar ahí en un corto lapso. Un gobierno así puede traer consecuencias nefastas para el país ya que si algo deberían tener muy en claro es que deben conocer bien el arte que implica controlar todas las variables económicas, políticas o sociales. A veces basta un mal movimiento para que sus consecuencias sean percibidas por toda la población. Si hasta los más estudiosos y los más reconocidos llegan a fallar, ¿qué podemos esperar de políticas públicas que no fueron producto de investigación o rigor alguno? 

    Y estoy de acuerdo con AMLO en que ya no puede haber tantos privilegios al amparo del Estado ni tantos enriquecidos gracias a estos vicios. Pero el problema no es lo que quiera, sino cómo lo quiere hacer. El camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones. 

  • La segunda consulta, maldita consulta

    La segunda consulta, maldita consulta

    La segunda consulta, maldita consulta

    No sé cuál de mis dos sentimientos es el que se está expresando con más fuerza: si la molestia o la profunda preocupación.

    Lo sé es que, al ver el contenido de la boleta de la segunda consulta que se llevará a cabo este 24 y 25 de noviembre, no puedo sentir algo mejor que eso.

    No puedo sentir algo mejor que eso ante este cinismo y el descaro. Y tampoco puedo sentir algo mejor que eso si así es que se va a gobernar, a través de consultas a modo.

    Uno esperaría que mejoraran el diseño de la consulta a raíz de todos los errores metodológicos y de ejecución de la primera. Pero eso no ocurrió. Por el contrario, la boleta da a entender que el diseño de ésta será todavía peor al de la primera, sin ignorar el hecho de que los organizadores van a ser los mismos. 

    En la primera consulta, aunque con un sesgo claro, al menos se ponían los pros y los contras de las opciones que se estaban votando. Aquí no ocurre porque en la boleta solo se habla de los beneficios de los proyectos que se van a votar. Esto va completamente contra la naturaleza de lo que una consulta ciudadana debería de ser, con lo cual lo único que está haciendo es pervertir este mecanismo de participación ciudadana. 

    Peor aún, el anverso de la boleta, que en este caso se ha convertido en propaganda para votar a favor de todas las propuestas, colocan información falsa y engañosa, como afirmar que el Tren Maya no va a tener impacto medioambiental alguno ¿de verdad? Naturalmente, ya sabemos qué resultados van a ganar porque la consulta está diseñada específicamente para ello. Tanto, que el Tren Maya ya tiene fecha de inicio de construcción (y ni siquiera parecen existir estudios técnicos para ello).

    Otro problema que me preocupa es que López Obrador pretenda legitimar y diluir la responsabilidad de sus decisiones por medio de una consulta simulada cuyos resultados ya conoce de antemano. ¿Crisis? Ustedes legitimaron mis decisiones. Si gana el sí en todas las propuestas y AMLO se aferra a «hacer valer la voz del pueblo» entonces estaremos en serios aprietos porque no sé cómo se podría costear la implementación de todos estos programas sociales, proyectos y obras al mismo tiempo, o tendrán que ser de tan baja calidad que hasta el socavón podría ser considerado una obra de ingeniería avanzada comparado con las obras del sexenio que viene. Naturalmente, estos inconvenientes no aparecen en la boleta. 

    ¿Por qué se va a consultar todo? Bueno, porque López Obrador dice que «nuestros adversarios, los conservadores, me están convocando a que yo consulte y pregunte sobre todo«, porque lo critican por usar la consulta para lo que los conviene. López Obrador está usando esta herramienta también para polarizar más a la sociedad y crear un conflicto entre el pueblo bueno y los pirrurris-fifís-mafia-del-poder: nosotros los buenos contra ustedes los malos.

    Esta consulta es una burla, sobre todo al «pueblo bueno» que dice representar, porque le hace sentir que está participando cuando en realidad no va a tener voz alguna en el gobierno de López Obrador: él los hará sentir como si ellos fueran parte de las decisiones y de la historia de la cuarta transformación cuando en realidad serán ignorados por su gobierno. Es como cuando le desconectabas a tu hermanito el control del Nintendo para que sintiera que estaba jugando, pero en realidad no estaba jugando.

    Dicho esto, los de las clases acomodadas, los empresarios (excepto los cercanos y los convocados por él mismo que, dicho sea de paso, son los más impresentables y los que más críticas recibían por parte de los suyos), los medios de comunicación, las organizaciones civiles que no tengan una relación estrecha con MORENA, los columnistas, los técnicos, los especialistas, todos serán ignorados y amalgamados dentro del concepto de «fifí» o de «conservadores». También ignorará a los suyos, pero hará como que les hace caso para que se pongan de su lado. Al final será su voluntad la que decida y nada más. 

    Porque, al parecer, es un gobierno que buscará venganza y no justicia. Se palpa en el aire e incluso dentro de sus cercanos y sus más fervientes simpatizantes y allegados que muestran cierto tufo de superioridad moral. Y gobernar con la venganza suele ser algo muy peligroso. 

  • Abrazos, no petardos

    Abrazos, no petardos

    Abrazos, no petardos

    La visión que tiene López Obrador sobre la política tiene que ver mucho (si no es que prácticamente todo) con su percepción de la realidad. Los humanos somos seres subjetivos: es decir, solo podemos percibir la realidad objetiva (aquella que es independiente de nuestra percepción) de forma subjetiva, y es por ello que hemos creado herramientas que nos sirven para acceder de mejor forma y más aproximada a la realidad objetiva: el método científico es una de ellas. AMLO, como todos, percibe la política (que como tal no es una realidad objetiva como tal, sino una construcción intersubjetiva, ya que requiere de la percepción y el consenso de los seres humanos para su existencia) de forma subjetiva y la interpreta de acuerdo con la forma en que percibe el mundo. 

    La historia de vida de López Obrador (y de cualquier ser humano), su temperamento, el contexto en el que creció y muchos otros factores determinan la forma en que percibe el ejercicio político. Es, por lo tanto, natural que intente imprimir su visión subjetiva de las cosas a la hora de querer hacer política. Es imposible desentenderse de esa dinámica. 

    Pero a la hora de hacer política, es indispensable empatar aquellas «pulsiones personales» con la técnica. Su visión personal y subjetiva le dirá de qué punto a qué punto debe de desplazarse pero no cómo es que debe de hacerlo. Aquí es donde la técnica, las disciplinas y el conocimiento entran al quite. Pero, al parecer, AMLO las está ignorando.

    El trabajo de López Obrador en estos días tiene que ver con su visión personal, los manotazos en la mesa van en este sentido. Con el aeropuerto quiso dar un golpe de autoridad como para decir que los empresarios (o al menos los empresarios que no son cercanos a él) ya no van a poder abusar de su relación con el poder y que desde ahora ambas entidades (Estado y capital) operarán de forma completamente separada. Con la amenaza de eliminar ciertas comisiones que los bancos cobran (porque no es un secreto que dichas comisiones son muy altas y los bancos hacen su agosto en nuestro país) parece que apelaron a un mensaje parecido. 

    Pero los «cómos» han sido los grandes ausentes en su ejercicio de poder que ya ejerce como líder de una bancada legislativa mayoritaria. Poco se detuvo López Obrador a analizar las implicaciones económicas y técnicas de la cancelación del aeropuerto. Hizo caso omiso a los numerosos estudios y observaciones sobre los cuales hizo una descalificación a priori. Lo que importaba para él era dar el mensaje, no las consecuencias que éste podía  tener. Pero incluso parece que ni se detuvo en sopesar lo político, porque si bien AMLO ha llegado al poder con un alto bono de capital político, también es cierto que ha gastado un tanto de ése de forma bastante torpe. 

    Con el asunto de los bancos ocurrió igual. No es reprobable que se proponga restringir las altas comisiones que los bancos cobran a sus clientes (en muchos casos, el doble que en su país de origen) y es entendible que por esa propuesta los bancos vean alguna afectación sobre el valor en la bolsa. Pero tendría que ser una propuesta clara, que partiera del conocimiento del funcionamiento de los propios bancos para saber hasta donde restringir o acotar dichas comisiones de tal forma que tal medida, que busca evitar este tipo de abusos, no afecte con la dinámica del mercado. Pero eso no ocurrió, la propuesta de su bancada se hizo al aire: no solo los bancos, sino el mercado reaccionaron muy mal, y ante lo que ya era muy evidente tuvo que recular. También ignoró que era rotundamente imprudente lanzar esta propuesta justo en medio de la polémica suscitada por la cancelación del aeropuerto de Texcoco.

    AMLO está generando mucha incertidumbre, y no tiene tanto que ver con una postura radical, sino con una que atiende solamente lo subjetivo e ignora las herramientas para poder empatar eso que es subjetivo con la realidad, con aquello que se puede medir o comprobar. Dicen que el camino al infierno está tapizado de buenas intenciones, y generalmente ocurre que ese tapiz tan solo contiene buenas intenciones que se han convertido en caprichos, desorden e improvisación.

    Ante un gobierno así, es natural que se guarde una profunda incertidumbre, no solo con relación a los intereses de «los de arriba», sino con relación a la estabilidad económica y política. Sí, eso nos afecta a todos, incluso al «pueblo bueno». 

  • No te has dado cuenta quién manda aquí

    No te has dado cuenta quién manda aquí

    No te has dado cuenta quién manda aquí

    No importa si se ha cancelado un aeropuerto, si se perdió una oportunidad de desarrollo. López Obrador le dio a los mexicanos lo que la mayoría de ellos pedían: un golpe de autoridad. 

    López Obrador lo sabe, no es tonto. 

    Eso es lo que muchos no han entendido. Muchos siguen insistiendo en lo mismo, le dan vueltas, intentan entender al tabasqueño desde la perspectiva equivocada. 

    Dentro de los gobiernos mediocres como los de Peña, Calderón o Fox, donde si bien se mantuvo cierta estabilidad económica (del disfrute más bien de las clases medias y altas) poco se logró para paliar las otras demandas: aquellas relacionadas con la injusticia y dentro de las cuales se amalgaman no solo la desigualdad, sino la corrupción y la viciosa relación entre el poder político y el poder económico. De hecho, separar ambos poderes sí es un imperativo, le concedo la razón a AMLO. Lo cuestionable son las formas. 

    A muchos nos parece absurdo y contradictorio, pero en lo político, la maniobra de AMLO no es necesariamente absurda. Porque no importan tanto las formas. Los que nos estamos quejando por la metodología de la consulta y la simulación somos los de siempre, y no somos todos. Tal vez seamos más bien una minoría.

    López Obrador no les está hablando a todos, les está hablando a quienes tiene que hablarle, a esa masa que lo apoya, masa suficiente para mantenerse en el poder con cierta legitimidad. Y eso es lo que muchos no terminan de entender.

    Si AMLO se hubiera desdicho de su promesa de cancelar el NAICM, habría quedado mal con quienes necesitaba quedar bien. Tal vez incluso él sepa eso, que la cancelación podría no haber sido la opción más conveniente en términos económicos o de desarrollo. Pero si hubiera priorizado ello, tal vez habría perdido más legitimidad que la que pudo haber perdido con su manotazo. Muchos analistas no lo entienden porque viven en una burbuja en donde dentro de sus círculos sociales todos piensan que AMLO se dio un disparo en el pie. 

    Muchos de los analistas todavía no terminan de entender en qué época del mundo vivimos, en uno donde hay una fuerte crisis de representatividad y donde la gente está votando cada vez más por líderes más bien duros y políticamente incorrectos. Parece que no han entendido el mensaje. 

    Los demás actores pensaron que podían seguir viviendo en la justa medianía manteniendo el orden de las cosas: políticos, empresarios, algunos opinadores y hasta dizque intelectuales. Creían que no importaba la alta concentración de riqueza, la cantidad de corrupción existente, no se dieron cuenta que su sistema comenzaba a gotear (algo parecido a lo que le pasó a la izquierda brasileña con sus propias particularidades) y que la clase política se mantenía inerme.

    Ante ello, un líder que llegue y de un manotazo de autoridad es aplaudible por muchos. Es tiempo para el demagogo en una época donde los técnicos, los especialistas y los del dinero se vieron rebasados por la realidad. Es tiempo para el que se muestra como diferente, para el que se «atreve a decir las cosas», para el que no se guarda sus pensamientos, para el que se le percibe directo y sin pretensiones. La gente no quiere a alguien con un doctorado, sino con una gran cantidad de voluntad para cambiar las cosas (aunque eso no garantice que los resultados no sean nefastos).

    Parece que están juzgando a López Obrador desde una arena que, con su llegada, acaba de colapsar. 

    Por eso dio su manotazo. El mensaje es claro: a partir de ahora las cosas van a ser distintas.

    Y eso era lo que muchos querían escuchar, por eso muchos votaron por López Obrador. 

    Y por eso yo lo dije en este espacio desde hace años, se veía venir, era el candidato natural a la Presidencia. Muchos no me creyeron.

  • La consulta: La farsa que nos Riobóo la voz a los ciudadanos

    La consulta: La farsa que nos Riobóo la voz a los ciudadanos

    La consulta: La farsa que nos Riobóo la voz a los ciudadanos
    Foto: Agencia EL UNIVERSAL/Luis Cortés

    López Obrador nos presenta a la democracia participativa, la vende como si fuera una suerte de evolución de la democracia mexicana y como si la democracia representativa (donde se vota por representantes que toman decisiones nuestro nombre) se tratara de un modelo más obsoleto de democracia; como si el hecho de «consultar» implicara transitar a una forma más justa y sofisticada.

    Nos dice que las consultas van a ser el pan de cada día: todo se va a consultar, el aeropuerto, los derechos de las minorías, todo; el pueblo es el que decide y el que manda. No es la primera vez que AMLO pretende romper con las formas de la política actual, ya lo había hecho con esas tómbolas inspiradas en la democracia de la Grecia Antigua. 

    En su puesta en escena, el Presidente Electo nos pinta un escenario idílico donde la gente parece tener más injerencia en lo público que antes, que puede acceder al servicio público o incluso a la educación no por mérito sino por sorteo. Pero todo esto es una ilusión, y el propio López Obrador lo sabe. 

    Es una ilusión porque las consultas, propias de la democracia participativa, deben de estar diseñadas y ejecutadas de tal forma que estas se lleven a cabo dentro de una condición de equidad que en este caso no existe y por muchas razones. Primero, porque no estuvo diseñada para que cualquier persona que estuviera interesada en el tema participara, sino para incentivar la participación de aquellos que iban a votar de una forma que convenía a los intereses del gobierno entrante. Segundo, porque los dos proyectos no fueron votados en una condición de equidad: hablamos de una obra como la de Texcoco que ya es conocida por todos, que ya tiene estudios, de la cual ya se conocen muchas de sus ventajas y desventajas contra la propuesta de Santa Lucía que no tiene proyecto ejecutivo siquiera y que no es más que una idea. Tercero: porque la boleta, sobre todo en el anverso, mostró un sesgo en favor de Santa Lucía, donde varias de sus desventajas eran «posibles» en tanto que las de Texcoco eran más bien categóricas. Cuarto: porque no habían filtros para garantizar la limpieza de la consulta; porque muchas personas pudieron votar más de una vez, porque lo podían hacer con la credencial vencida, porque la tinta no era indeleble, porque en algunos casos los organizadores los inducían a votar por la opción de Santa Lucía. Quinto: porque los resultados de la consulta difieren rotundamente de las encuestas que se realizaron y que arrojaban en su gran mayoría que la gente prefería Texcoco. La discrepancia fue de más de 30 puntos. 

    No se le puede llamar democracia participativa a un ejercicio donde deliberadamente el gobierno induce a votar de una u otra forma. Para que una democracia participativa funcione, el gobierno debe tomar una postura neutral en el ejercicio y el árbitro debe de ser autónomo. Ninguna de esas dos cosas ocurrieron.

    La democracia participativa, bien realizada, puede funcionar en algunos casos específicos, sobre todo en aquellos que los ciudadanos conozcan el asunto que van a votar o sea posible informarles de buena forma sobre aquello que se va a votar para que tengan los elementos suficientes como para tomar una decisión bien pensada, pero no se trata siquiera de una evolución sino más bien de un complemento a la democracia representativa. Aún así, pueden ocurrir casos en los que, a pesar del buen diseño del instrumento, la consulta termine siendo inconveniente, ya sea porque los individuos no tienen la información suficiente para votar (debido a la complejidad de aquello que se somete a votación), porque el votante prioriza sus afinidades políticas sobre la información que debería valorar a la hora de votar o porque la forma en que se socializó aquello que se va a votar fue deficiente. El Brexit es un ejemplo de lo que puede ocurrir cuando se somete algo a consulta cuando lo que está en juego tiene implicaciones muy complejas. 

    Pero a pesar de todos estos inconvenientes, AMLO ya nos prometió que va a someter a consulta cualquier cosa y que éstas van a ser una constante en su gobierno. Por eso más que nada preocupa la pésima ejecución de la consulta actual. Porque el mensaje que ha enviado es que pretende hacerlas con la intención de diluir su responsabilidad sobre las decisiones que tome: el pueblo así lo quiso y por tanto es responsable, no me miren a mí. 

    Si algo puedo decir a favor de la consulta, es que logró socializar y poner dentro de la discusión pública el tema del aeropuerto. Esta logró que se crearan mesas de debate, que la gente investigara, indagara, buscara información de especialistas, de ingenieros, arquitectos, ambientalistas. Vaya, la gente sabe mucho más del aeropuerto y sus implicaciones que lo que hubiera sabido si la consulta no se hubiera llevado a cabo. Tal vez es por esto que hay cuestiones que sí se podrían someter a consulta, pero no todo se puede someter a consulta y mucho menos el gobierno puede estar diluyendo responsabilidades. 

    Es un engaño pretender que fue el pueblo quien eligió cuando diseñas las consulta de tal forma que los resultados coincidan con tu decisión. La gente que fue a votar no tuvo la culpa del resultado, no podemos cuestionar al pueblo cuando va a votar en una situación de inequidad. El único responsable de lo sucedido (tanto por la decisión del aeropuerto como por la farsa que ha resultado esta consulta) es el gobierno de AMLO.