Etiqueta: inteligencia

  • La inteligencia no siempre es un placer

    La inteligencia no siempre es un placer

    La inteligencia no siempre es un placer

    Hace algunos días hice una suerte de experimento social en Twitter por medio de una encuesta que preguntaba si el usuario se consideraba más inteligente que la media. El resultado fue un poco curioso ya que el 72% de los votantes dieron una respuesta afirmativa. Si le pregunto a la gente si se considera parte de una minoría estadística «más inteligente», entonces lo sensato es que sólo una minoría contestara la pregunta de forma afirmativa. De lo contrario resultaría que muchos de ellos estarían sobreestimando su inteligencia y muchos de ellos se estarían considerando más inteligentes de lo que en realidad son.

    Un amigo me preguntó: ¿pero qué tal si la gente que usa Twitter tuviera un cociente intelectual más alto que el promedio? Entonces reformulé la pregunta y le pregunté a la gente si se consideraba más inteligente que «la media de los usuarios en Twitter». Las cosas no cambiaron mucho, ya que el 62% se seguía considerando más inteligente que la media. 

    La inteligencia parece ser un bien muy preciado, y por eso tal vez muchas personas se jacten de tener una inteligencia superior. ¿Pero por qué es muy preciada? Ciertamente, la inteligencia racional (le llamo así para separarla de los nuevos conceptos de inteligencia creados en las últimas décadas) pueden predecir, hasta cierto punto, el desempeño profesional de las personas o el tipo de empleos que podrían llegar a adquirir.

    Pero tal vez sea preciado porque quien se asume inteligente piense que su opinión tiene un mayor valor, es una excusa para subestimar a quienes no piensan como él, o porque piensa que, de alguna u otra forma, está más predispuesto al éxito que las demás personas, o simplemente porque quisiera ser reconocida como tal, porque se asume que al inteligente se le reconoce socialmente. Pero la verdad es que tener una inteligencia, digamos, superior, es algo más complejo, y no deja de ser una anomalía. 

    Yo sé que a mí me funciona bien la cabeza más que nada porque en los tests que me han hecho al respecto he sacado puntajes bastante altos o porque en los exámenes de admisión que están hechos para ello generalmente me va bien (eso no significa que sienta que soy competente en todos los ámbitos ni que lo sea). Pero que me funcione bien la cabeza no siempre ha operado en mi favor a lo largo de mi vida. Eso se convierte también en una mayor exigencia escolar por parte de padres y maestros (más cuando alguien como yo nunca estuvo en el cuadro de honor) y también el hecho de percibir cosas que muchas veces la gente no ve no siempre suele ser algo grato. Tengo amigos que son muy inteligentes, a algunos de ellos los considero más inteligentes que yo, y dentro de esos círculos los trastornos de ansiedad, depresión, e incluso crisis existenciales tienen una frecuencia bastante más alta que dentro del promedio. No es la norma, pero sí llega a ser algo relativamente común. Mucha gente parece más disfrutar tu condición que tú mismo. 

    Si bien la inteligencia es un don, en la práctica no es algo que te vaya a dar la felicidad o el éxito por sí sola. Tampoco va a hacer que siempre tengas la razón ni que, bajo tu supuesto de poseer una inteligencia aparentemente superior, tus argumentos siempre vayan a ser superiores a los de los otros por el simple hecho de ser inteligente; si crees eso más bien deberías cuestionarte tu inteligencia misma. Es cierto que quien tiene más inteligencia tiene mayor capacidad de ver o interpretar muchas cosas, pero eso no implica que se tenga la razón todo el tiempo. De hecho, mucha gente inteligente usa sus dotes para reforzar sus dogmas o sus falsas creencias. 

    La inteligencia ha sido muy idealizada, muchas veces se le representa con símbolos como la cabellera estrafalaria de Albert Einstein o la mente de Isaac Newton, pero ser inteligente no te convertirá en automático en uno de ellos; de hecho, lo más probable es que no llegues a ser un ícono como lo fueron ellos porque muchas otras circunstancias juegan para que esto ocurra. El estadounidense con el IQ más alto está muy lejos de ser un genio reconocido y nuestra sociedad más bien suele tener problemas para reconocer aquellos que tienen una mente destacada.

    La inteligencia es más bien algo anómalo, que está fuera de lo común, y estar «fuera de lo común» no siempre es algo muy grato para el individuo ya que la sociedad suele ser más bien benévola con aquello que le parece común y familiar. Eso puede acarrear muchos problemas: cuestionar lo que todos dan por sentado no siempre genera la mejor recepción por parte de la sociedad (menos en la escuela o en lugares con un sistema de valores rígidos). Sentirse raro, extraño o que «no encajas» es algo a lo que se le relaciona a aquellos que suelen tener una inteligencia superior, y se habla de ello con cierto romanticismo, pero no es lo mismo que vivirlo o padecerlo.

    La inteligencia suele reconocerse (y cuando ocurre) ya algo tarde. En la infancia no se suele reconocer a quien es muy inteligente por parte de sus pares, a diferencia de quienes son buenos para el deporte o tienen un carisma natural. De hecho, en algunos casos se le aísla. Es, tal vez, hasta la edad adulta, cuando el individuo se comienza a desempeñar profesionalmente o académicamente, cuando obtiene alguna suerte de reconocimiento.  

    La inteligencia es un privilegio, no un mérito, y siempre me gusta resaltar esto porque el individuo no puede pretender ninguna superioridad moral con base en algún privilegio. La inteligencia es más bien algo dado y en ese sentido el individuo más bien tiene una responsabilidad, porque lo que pueda hacer con ella puede llegar a tener un mayor impacto. La inteligencia tampoco garantiza la intelectualidad ni la sabiduría como muchos asumen ni una es parte de la otra: se puede ser inteligente e ignorante al mismo tiempo sin ningún problema. La inteligencia no se tiene que manifestar en las cuestiones intelectuales o culturales, también se puede manifestar en la técnica o en otro tipo de habilidades. La parte intelectual, como cualquier habilidad, se tiene que trabajar, y con mucho esfuerzo y sacrificio, aunque se pueda tener una mayor habilidad para ello. 

    Por eso pensar que los inteligentes están en la gloria es un error, no siempre es así. Incluso, algunos de los «genios» reconocidos, no suelen pasarla tan bien porque hasta tenemos la costumbre de idealizar su sufrimiento. No toda la gente inteligente pasa por estos problemas ni se enfrenta a diversos trastornos, pero estoy seguro que a más de una persona dotada le ha pasado por la cabeza que habría sido mejor tener una vida común, sobre todo a aquella que le ha tocado enfrentar las dificultades que he mencionado anteriormente. Al cabo, basta con tener una inteligencia promedio para poder aspirar a una vida feliz y plena.

  • Los listos sí van al cielo

    Los listos sí van al cielo

    Los listos sí van al cielo

    El ser humano no es unidimensional.

    Es decir, podemos decir que un hombre es feo, pero no sólo es feo, también puede ser inteligente, fuerte, o antisocial. 

    Algunas de estas características pueden ser cambiadas del todo, otras sólo pueden ser cambiadas parcialmente, mientras que hay otras que están completamente determinadas y no se pueden modificar.

    El bienestar del individuo y su supervivencia dependen del papel que dichas características jueguen en un entorno dado, y cómo dicho individuo pueda jugar con ellas.

    Por ejemplo: un hombre que no es atractivo físicamente (aunque los gustos, se diga, se rompen en géneros, el ser humano tiende a considerar bello aquello que es simétrico) sabe que si llega a un bar, las mujeres (u hombres, si es homosexual) no se van a derretir por él ni mucho menos. Pero tal vez aquel hombre sea muy inteligente o sea muy bueno para entablar conversaciones y por medio de esos atributos logre conquistar a una mujer que le atraiga mucho.  

    Y decimos que el entorno importa mucho. Tal vez dicho hombre esté dentro de un grupo de personas que tienen gustos e intereses muy diferentes a los de él y aunque intente usar «su labia» terminará aburriendo a los demás.

    Lo mismo pasa con aquello que determina quienes sobreviven, quienes llegan a formar parte de las élites, quienes tienen una vida más provechosa o quienes quedan rezagados: La supervivencia del más apto. 

    En la antigüedad, la fuerza y la habilidad física era muy importante. Una persona débil (aunque fuera inteligente) no tenía muchas esperanzas de sobrevivir, ya sea porque era menos apto para cazar o recolectar comida o porque era uno de los primeros que sucumbía ante el ataque de una tribu rival. Esto también puede explicar en parte la supremacía del hombre a lo largo de la historia. La mujer, al ser más débil físicamente, tenía entonces un rol secundario.

    Actualmente, en la sociedad de la información, la fuerza y la habilidad física sirve para ser un atleta de élite y poco más. Tan sólo se requiere que mantenga una vida saludable (que haga ejercicio y se alimente bien). La fuerza tiene poca correlación con el bienestar y la prosperidad. En cambio, la inteligencia es determinante. Esto también explica que la mujer tenga un rol cada vez más activo dentro de la sociedad y que la brecha sea menor en aquellos sectores de la sociedad donde se usa la mente producir que en aquellos donde se usa la fuerza. 

    Pero aquí viene un problema: La inteligencia no es una característica muy maleable (está determinado, en parte, por la genética). Las personas que tengan fortuna en adquirir una inteligencia superior tendrán más posibilidades de tener una mejor calidad de vida. Aunque en la actualidad se hable mucho de la inteligencia emocional y de las inteligencias múltiples (que no dejan de ser importantes), lo cierto es que a mayor cociente intelectual hay mayores posibilidades de obtener un ingreso mayor, como podemos ver en esta gráfica:

    También hay una correlación directa entre la puntuación que los alumnos obtienen en el SAT (el examen que se aplica en Estados Unidos para entrar a la universidad) y el ingreso que tendrán. El SAT, el GRE, o el CENEVAL son básicamente exámenes para medir la inteligencia, de tal forma que se da prioridad a quienes son más inteligentes sobre quienes no lo son:

    Entre los especialistas hay discrepancias sobre si el cociente intelectual se puede modificar por medio de entrenamiento. Algunos dicen que sí, pero que hay un techo. También es cierto que la alimentación y educación a edad temprana influye. Es decir, las personas menos inteligentes pueden acortar la brecha con respecto a quienes son más inteligentes pero muy difícilmente podrán alcanzarlos. Las personas menos inteligentes tienen que hacer un mayor esfuerzo no sólo para tratar de no quedarse rezagados en el IQ sino para poder hacer las tareas que hacen las personas más inteligentes, con lo cual quedan en desventaja.

    ¿Cuál es el problema de esto?

    Que la tecnología y la inteligencia artificial están comenzando a sustituir los puestos de trabajo, y como la inteligencia artificial crece «de abajo para arriba» (su inteligencia va creciendo con el paso del tiempo), entonces irá sustituyendo primero aquellos puestos de trabajo que suelen ser hechos por personas menos inteligentes, como los puestos operativos.

    Ciertamente, en una sociedad inequitativa los puestos de trabajo no sólo tienen que ver con la inteligencia sino con la falta de oportunidades y con la poca movilidad social, pero pensemos en una sociedad relativamente equitativa donde los puestos corresponden al mérito y a las capacidades, tal y como suele ocurrir en algunos países desarrollados. 

    Los empleos que se crearán en sustitución de los primeros (si es que se alcanzan a reemplazar todos) serán más complejos porque requerirán una inteligencia mayor. Se requerirá que el individuo tenga más conocimientos en ciencias exactas (matemáticas, lógicas) y una mayor comprensión del lenguaje, lo que le requiere sí o sí, un mayor grado de inteligencia. Las personas menos inteligentes terminarían rezagadas o desempleadas. No cualquier persona puede programar o modificar las máquinas que harán automáticamente las labores que ésta haría manualmente.

    Es cierto que el cociente intelectual a nivel mundial se ha incrementado 20 puntos en los últimos años. Podría argumentarse que cuando «el futuro nos alcance» vamos a ser más inteligentes. Pero lo que han demostrado estos estudios es que el incremento ha ocurrido más bien en los países en desarrollo como China o India. Al parecer, cuando alcancemos un nivel de desarrollo en el que todas las personas estén bien nutridas y tengan un decente nivel de educación, el cociente intelectual tenderá a estancarse. 

    ¿Y cuando eso suceda, podrán absolutamente todos los individuos tener la capacidad cognitiva para ser ingenieros o desempeñarse en profesiones de alta demanda intelectual? ¿Podrá el ser humano, como producto de la evolución, lograr incrementar su cociente intelectual al punto en que practicamente todas las personas puedan desempeñar puestos que hasta ahora son para los «cerebritos»?

    Si eso no sucede, las personas que no son inteligentes estarán en muy serios aprietos. La inteligencia artificial ya está a la vuelta de la esquina. Los expertos en el tema pronostican que a mediados del siglo la inteligencia artificial empatará o incluso superará a la inteligencia del ser humano (sí, si eres millennial, vivirás para contarlo). Está tan próximo que cada vez más expertos hablan del tema y de los riesgos que esto conlleva (que la AI supere nuestra inteligencia conlleva muchos riesgos, en tanto que podría llegar a dominar a nuestra especie).  

    Y ciertamente, esto podría no ser justo. La biología no nos dota con las mismas capacidades a todos los individuos y es un tanto complicado que quienes sean poco inteligentes puedan «inclinar la balanza» con otro de sus rasgos en tanto que los otros rasgos que son y serán requeridos (como la capacidad para socializar) son más maleables y pueden trabajarse más que la propia inteligencia, por lo que pueden ser trabajados por quienes son más inteligentes para perpetuar su superioridad sobre quienes no lo son.

    Termino como empecé, diciendo que el hombre no es unidimensional, sino multidimensional. Pero el contexto importa, y el contexto se está inclinando mucho a favor de la inteligencia. 

  • Soy más inteligente que tú

    Soy más inteligente que tú

    Soy más inteligente que tú
    Fuente: Cultura colectiva

    Hace tiempo estaba atendiendo una clase y quienes la integrábamos estábamos platicando de temas diversos. En eso, uno de quienes estaban ahí presumió su cociente intelectual. Yo soy 132, decía (se refería a su cociente, no al contingente que se formó antes las elecciones del 2012). Lo curioso era que se esforzaba por hacerse pasar como inteligente, había que desquitar ese 132. No era ninguna persona exitosa o destacable, sin más no recuerdo era una suerte de freelancer. Evidentemente no era un tonto y su cerebro no le funcionaba mal, pero esa arrogancia era incómoda: «soy inteligente y haré cualquier cosa por recalcarlo, aunque tenga que opinar sobre temas que desconozco».

    Aunque ha habido largas discusiones en torno a este tema, sabemos que el cociente intelectual es determinado en gran medida por factores hereditarios. Es decir, quien nace con un bajo o alto IQ en realidad ya no puede aumentarlo de forma considerable. Entonces se entiende que la inteligencia racional (que es lo que intenta medir este puntaje) tiene muy poco que ver con el mérito y sí mucho con un accidente hereditario. Pero a pesar de esto, muchos insisten en presumir algo por lo que no trabajaron, que les fue dado.

    What is your IQ I have no idea. People who boast about their IQ are losers (¿Cuál es su IQ? No tengo idea. La gente que presume su IQ es perdedora) – Stephen Hawking

    De hecho, apelando al mérito, la exigencia debería ser mayor sobre quienes tienen un cociente intelectual más alto. Si se supone que tienen una mente privilegiada, entonces se esperaría que su desempeño fuera mejor: elaborar un cálculo avanzado o programar un sistema complejo debería ser menos meritorio para una persona con un IQ alto que aquel que no lo tiene porque para la última persona lograr aquello requirió de un mayor esfuerzo.

    Es muy cierto que la sociedad debe de tener la facultad de detectar a las personas superdotadas porque con su gran potencial pueden convertirse en esos agentes que logren transformaciones: son los nuevos físicos, los nuevos empresarios o artistas. Ciertamente, en algunos casos, su condición sobresaliente suele ser un arma de doble filo para, por ejemplo, socializar dentro de una sociedad cuyo IQ es más bajo que el suyo, o también para poderse adaptar a una estructura que no contempla a quienes tienen una inteligencia sobresaliente. Pero al final, la inteligencia es más un privilegio que un mérito. 

    Luego, tenemos que agregar que el Cociente Intelectual mide sólo un tipo de inteligencia (racional) y que no lo hace necesariamente bien. La inteligencia en realidad está determinada por muchos factores que son difíciles de medir en un conjunto. Howard Gardner rebatió los tests de cociente intelectual al proponer la teoría de las inteligencias múltiples, que afirma que no existe solamente un tipo de inteligencia, sino que son varios y muy diversos entre sí. Después vino el concepto de inteligencia emocional popularizado por Daniel Goleman (éste sí con un alto contenido meritocrático en el sentido de que cualquier persona puede modificarla con la práctica). Por ejemplo, una persona con un alto IQ y una inteligencia emocional muy baja podría convertirse no en un físico prominente sino en un delincuente.

    Entonces, con todo esto, tendríamos que preguntarnos qué es realmente la inteligencia. Y como punto de partida podemos ver que tenemos algo mucho más complejo que su definición tradicional y arcaica. Pero si sumamos todos estos componentes: que son muchos los tipos de inteligencia, y que dentro de éstos hay una inteligencia emocional, entonces podemos encontrar una mayor fuerte correlación entre inteligencia y éxito. Y aunque no todos los rasgos de la inteligencia pueden ser modificables, hay otros que sí, y así el individuo puede hacer algo más por desarrollarla. Tal vez no tenga tanto margen de maniobra en cuanto a la inteligencia lógico matemática, pero sí puede desarrollar su inteligencia interpersonal y la inteligencia emocional. Tal vez una persona con un IQ relativamente bajo pueda no llegar a ser nunca un gran matemático estrella o un filósofo de talla mundial, pero podría desempeñarse muy bien en áreas donde la empatía con otras personas y las habilidades sociales son necesarias si desarrolla su inteligencia interpersonal. 

    Presumir el IQ es presumir sólo uno de los tantos rasgos que la inteligencia tiene. No significa que debamos despreciar la inteligencia racional. Tal y como comenté, es importante que la sociedad sea capaz de detectar a quienes tienen un IQ sobresaliente por lo que pueden aportar. Pero también hay que dejar de pensar que la inteligencia es sólo eso, que la inteligencia son rankings de las personas más inteligentes del mundo seleccionadas de forma arbitraria y sin un test real de por medio.

    Al final, el juicio que hagamos sobre las demás personas no debe recaer en su inteligencia, sino en lo que puede aportar como individuo a la sociedad y que está determinado en gran medida por su inteligencia en el amplio sentido de la palabra (entendiendo que hay varias y que hay un componente emocional). Las competencias para ver quien tiene el IQ más alto son absurdas, más cuando en muchas ocasiones no se termina viendo reflejado en el desempeño del individuo. 

  • El hombre y la desaceleración evolutiva

    El hombre y la desaceleración evolutiva

    Leía un libro bueno, llamado «El Mono Desnudo» de Desmond Morris, y fue interesante para mí ver un estudio del ser humano desde el punto de vista zoológico (que ya había leído antes puntos de vista filosóficos, antropológicos y psicológicos). A mí se me hace evidente que el hombre es pariente del mono y otros primates (vean a un chimpancé y no podrán negar el evidente parentesco con los humanos), que provienen de un mismo ancestro en común. El hombre, al no ser tan fuerte como algunas especies, o tan rápido como otras, desarrolló la inteligencia con el fin de preservar su especie. Gracias a ella, aprendió a usar materiales como piedras, e incluso a crear sus propias armas, para atacar a las otras especies y poder alimentarse. La supremacía ha sido tal, que el hombre tiene el monopolio del poder en la tierra, e incluso si por su voluntad fuera, podría acabar con la mayoría de las especies sin demasiado esfuerzo.

    El hombre y la desaceleración evolutiva

    Somos lo que somos gracias a la forma en que hemos evolucionado. Pero en realidad, el avance humano ha rebasado por completo a su proceso evolutivo (lo cual hace que nos consideremos algo totalmente aparte de las demás especies), al punto en que poseemos rasgos que ya no nos sirven en la actualidad, e incluso varios de nuestros conflictos y problemas como humanos tienen que ver con esa disparidad entre nuestro avance como especie, y nuestro proceso evolutivo. Por ejemplo, el nivel de estrés y ansiedad que se viven en las ciudades grandes tienen que ver con el hecho de que el hombre todavía no se adapta desde ese punto de vista a la forma de vida en un aglomerado completamente diferente de los campos y los espacios donde se dedicaba a la caza.

    El hombre, al haber dominado a todas las especies, parecería ya no estar tan necesitado de otros cambios evolutivos, aunque los científicos hacen predicciones a futuro de como sería el ser humano. Pero en la vida actual, veo incluso como el humano, ni por iniciativa propia, busca continuar dicha evolución. Podemos hablar de la fuerza física, antes determinante para su supervivencia. Una especie corporalmente débil tenía más posibilidades de sucumbir ante su posible presa o ante otras especies. Ahora una persona débil físicamente y con sobrepeso, puede ser el director de una transnacional con influencia sobre varios gobiernos. La fuerza ya no supone tanta ventaja y queda limitada a la estética, al deporte, y en algunas ocasiones, al mantener un cuerpo saludable (para lo cual no es mandatorio que se trate de un cuerpo muy fuerte).

    La inteligencia (racional y emocional) es la que determina sobre todo, quien es el hombre más fuerte, ayudada menormente (sobre todo en el caso de las mujeres) de la belleza. Pero debido a que la diferencia entre el humano y el animal es demasiado grande, no hay tanta necesidad de ejercitarla. Peor aún, ahora los humanos competimos contra nosotros mismos, para eso se crearon jerarquías sociales, y por lo tanto hay recitencias para el desarrollo de la inteligencia humana, lo cual lo vemos, en la educación pública de países como México. Es decir, no sólo procuraré ser el más inteligente para sobresalir de los demás, sino que procuraré que los demás también sean más débiles que yo.

    Nuestro proceso evolutivo no ha terminado, ni se ha estancado, debido a que todavía no llega a las necesidades del ser humano del Siglo XXI, pero parece que el hombre está pidiendo una desaceleración evolutiva. «Ya no tenemos que ser tan fuertes, y no todos pueden ser más inteligentes».

    Aún así somos una especie vulnerable y en otra circunstancia podríamos sucumbir antes que otras especies. Por ejemplo, después de una guerra nuclear, el hombre podría extinguirse, mientras que algunas especies pequeñas, virus, bacterias y demás organismos microscópicos podríamos seguir vivos. También nuestra arrogancia podría terminar siendo un defecto evolutivo, la depredación de nuestro entorno, y la aniquilación de otras especies, podría, paradójicamente, acabar con nosotros mismos.

  • Mira ¡Un cerdo volador!

    Mira ¡Un cerdo volador!

    Mira ¡Un cerdo volador!

    ¿Por qué la gente tiene la costumbre de creerse lo que ve? Tal vez los mecanismos para evitar eso, y a la vez evitar caer en el otro extremo (la paranoia), tienen que ver con el poseer cierto nivel de inteligencia y cierto sentido común creado a través de la experiencia.

    -Odio a Televisa, es una empresa manipuladora y enajenante-, -¿Sabías que Azcárraga es de los Iluminati? ¿Qué donde lo supe? ¿Cuál es mi fuente? ¡Un amigo lo puso en Facebook!-.

    Tener un buen juicio lleva práctica, y voluntad para tenerlo. La gran mayoría de las personas que se creen cualquier cosa, en realidad no quisieran creerse cualquier cosa, simplemente no son conscientes de su exacerbada credulidad.

    En pocos lados te persuadirán a desarrollar tu juicio. Tus padres tal vez (en dado caso que lo tengan) alguno de tus maestros, y muy poca gente más. Muchos otros no están interesados en que lo desarrolles, así que estás sólo, y tendrás que hacerlo por ti mismo. No sólo por esa razón. Una persona que pretenda e insista en desarrollar tu juicio, posiblemente terminará creando cierta dependencia intelectual, porque el te dirá que es bueno, que es malo, que es verdadero, que es falso, de acuerdo a sus creencias, a su proceso y no al tuyo. Pero eso no será culpa de ellos, por el contrario, si tu capacidad de juicio es alta, sus sinceras enseñanzas te serán muy útiles, porque las sabrás sintetizar. Si no, a lo sumo, serás una versión barata del intelecto de la otra persona.

    La capacidad del juicio es infinito, hasta el que tiene el juicio más desarrollado, se puede equivocar. Somos simples mortales.

    Al tener un juicio razonable, podemos reírnos de ciertas críticas. Alguno me dice derechista, neoliberal de closet, y algún otro me reduce a seguidor de López Obrador. A algunas personas les molestarían esas comparaciones, a mí me dan risa, porque me demuestran la poca capacidad de análisis, donde al no poder analizar correctamente mi forma de pensamiento, lo tienen que relacionar con algún estereotipo. Tan mal lo hacen, que los juicios son demasiado contradictorios entre sí. Y rápido se topan con sus limitaciones intelectuales, que sólo les queda el recurso del insulto.

    A pocos les gusta tener un criterio propio, como les da flojera, terminan siendo dogmáticos, porque es más fácil, porque tienen que seguir reglas e ideas preestablecidas. Los dogmáticos son menos interesantes, es más aburrido debatir con ellos, porque es más fácil recurrir al origen del dogma, al libro económico, científico, religioso, parapsicológico.

    Peor la gente que ni siquiera conoce el dogma que sigue. En realidad su criterio se reduce a una mezcla de ideas tomadas de diversos lugares, contradictorias entre sí (pero el individuo no puede ver su contradicción), muchas veces falsas y cuyo origen no ha sido discriminado por parte del individuo. Le otorga prácticamente al mismo valor, una idea pronunciada por un filósofo, una idea impresa en una revista, o una idea posteada en Facebook con faltas de ortografía.

    Una persona sin juicio propio, sin capacidad de analizar y sintetizar (tan limitado que llama pretencioso al que sí lo sabe hacer) podrá titubear cuando le dicen que hay un cerdo volador en el cielo.

    Si uno voltea al cielo para ver un cerdo volador, es por tres razones:

    1. Tiene alucinaciones mentales
    2. Persona cuyo criterio está ausente
    3. Fue a un concierto de Pink Floyd
  • Del ostracismo social al rebaño

    Del ostracismo social al rebaño

    ¿Qué hubiera pasado si Einstein hubiera decidido ser como el individuo común? Posiblemente no hubiera logrado contribuir a la ciencia como lo hizo, es más, ni siquiera sabríamos quien es el tal Albert Einstein.

    Del ostracismo social al rebaño

    En este mundo siempre existen personas las cuales tienen un difícil proceso de adaptación a la sociedad. Algunas de ellas tienen este tipo de complicaciones porque son por ejemplo, inteligentes (y me centro en la inteligencia racional). Me comentaban que el «exceso de inteligencia» no dejaba de ser una anormalidad, y es cierto. Eso te hace ser «diferente» de la masa, la gente no te entiende, te ve raro (en especial en la infancia y la juventud).

    La inteligencia se ve como una virtud, pero muchas veces (y más en países atrasados) no se valora la capacidad de los inteligentes. Muchos de estos pasan por malos momentos, en algún momento pueden tener problemas de adaptación escolar, o bien crisis existenciales de las cuales los ciudadanos comunes no se preocupan. Las personas superdotadas o que tienen talentos extraordinarios, muchas veces tienen que lidiar con más cosas de lo que lo hace una persona normal, ya que no viven en un mundo, digamos, hecho para ellos.

    Es natural que el éxito de una persona superdotada tiene que ver con el poder superar estos problemas. Con adquirir al menos hasta cierto punto las habilidades sociales del individuo común para en ese terreno poder hacer uso de la ventaja que representa su capacidad intelectual sobre los demás. Pero es muy diferente tratar de adaptarse a la vida del individuo común, que negar su condición y aparentar ser, un individuo común.

    A pesar de su virtud, no a muchos les es fácil aceptar esa condición y al final del día tiran por la borda ese don que tienen en aras de sentirse parte de algo. Tristemente he visto casos de personas así, por ejemplo una que tenía un don especial para la pintura, lo cual dejó casi en su totalidad, y terminó dedicándose a seducir a hombres en fiestas para sentirse aceptada. Naturalmente la seducción era genital y su «inteligencia» no jugaba ningún papel en este arte. Se esmeraba tanto en ser una persona común que hacía lo que estaba bien hacer en sus círculos sociales. Su inteligencia le atrajo problemas en parte de su infancia y juventud, pero nunca supo sacar provecho de ella, la terminó negando.

    Creo yo que tener un don implica tener una responsabilidad. Aquel que es inteligente tiene más capacidad de contribuir a su entorno.  El negar su condición es negar la oportunidad de contribuir. Este tipo de personas deben de ser guiadas efectivamente en sus primeros años de vida para que logren una óptima adaptación en la sociedad, porque una vida en el ostracismo social no les será muy útil. Pero tampoco es bueno el otro extremo donde aquella persona con tal de encajar en la sociedad busca eliminar sus «características diferentes».

  • El mito de la religión, la inteligencia y el desarrollo

    El mito de la religión, la inteligencia y el desarrolloExisten personas que afirman que por más religiosa sea una persona, menos inteligente es, y también que por ende los países desarrollados es donde se practican menos las religiones. Es cierto, existen estudios donde llegaron a la conclusión de que los agnósticos y los ateos tienen un mayor cociente intelectual que los religiosos, y es cierto viendo incluso la información desglosada en un mapa, que en los países más desarrollados la gente es menos apegada a la religión. Pero estos datos podrían prestarse para malas interpretaciones, y como lo hacen los «antirreligiosos» mostrar estas estadísticas como un absoluto cuando no lo es así. Por ejemplo, la diferencia en el cociente intelectual es algo relativo. Mucha gente apegada a la religión (no toda) que suele ser conservadora y de derecha, dicen, que cuando eran niños mostraban una menor capacidad intelectual lo cual hizo que cuando crecieran buscaran el sentido de seguridad y de conservar las tradiciones, ante su dificultad para poder ver «más allá». Por este instinto de seguridad y de la preservación que es subsanado por corrientes derechistas esta gente suele apegarse más a una religión. Tal vez ahí encontramos por qué entre los religiosos existe un menor cociente intelectual (leve diferencia) que entre los no practicantes.

    Pero eso no quiere decir de ninguna forma que la gente que practique una religión sea ignorante, por el contrario, mucha de la gente destacada en diferentes ámbitos profesa una religión. Incluso muchas de las personas que construyeron el mundo sobre los que estamos parados profesaban una religión como Nicolás Copérnico, Gregor Mendel, Francesco Maria Grimaldi, Galileo Galilei (que a pesar de ser condenado por la Iglesia era cristiano católico), René Descartes, Lavoisier, Louis Pasteur entre muchos otros. Incluso muchos Premios Nobel han sido católicos o protestantes. Incluso yo he conocido muchas personas religiosas bastante inteligentes y destacadas. Simplemente lo que pasa es que la gente menos inteligente busca algo que le proporcione más seguridad, y arroparse en una religión es una de ellas. Pero muchas personas no buscan las religiones por esas razones, sino para safistacer una trascendencia espiritual.

    También es cierto, que en los países más desarrollados se practican menos las religiones. Pero no es que las religiones en si estén generando «atraso» en los países. Si bien es cierto que en siglos pasados si lo hicieron en las épocas de la Inquisición o en el México donde el alto clero dominaba, en la actualidad esto prácticamente no sucede. Josue Ferrer explica este fenómeno, y no es que el despojarse de las religiones provoque el desarrollo de un país, más bien es lo contrario, en un país desarrollado existen menos motivos por los cuales adherirse a una religión. En un país donde se viven condiciones de pobreza, injusticia social, o donde la economía no garantiza una seguridad personal la gente busca a las religiones como un mecanismo de supervivencia; en cambio en un país donde está garantizada la seguridad económica la gente tiene menos motivos por buscar una religión y por lo tanto existe un mayor grado de agnosticismo y ateísmo.

    El hecho de que las religiones ya no influyan directamente en el desarrollo de una nación (para mal), es porque los fieles se han alejado a cierto grado del dogmatismo que las instituciones religiosas han querido implementar. E incluso la propia Iglesia se presenta como «menos dogmática y anacrónica» que en decadas o siglos pasados. Ahora ese conservadurismo rancio y retrógrada, ese compuesto por señoras que queman libros de texto gratuito o hacen marchas en contra de los homosexuales o del condón, se ha convertido en un sector marginal. La mayoría de los mexicanos son católicos, pero estoy seguro que la mayoría no eligirán su voto en el 2012 porque la Iglesia les dijo por quien votar. La sociedad de hoy ha empezado a hacer la distinción entre religión e Iglesia. Y no es que quiera condenar directamente a la Iglesia, pero esta es una institución conformada por humanos, que al ser representante de una religión a nivel global ostenta poder, y en cualquier institución, el poder es el poder y sabemos para que lo utilizamos los seres humanos. Por lo tanto la Iglesia es una institución perfectible, no libre de corrupción e intereses ajenos a los principios que dicen defender.

    Pero el que alguien practique una religión no lo hace más tonto, estúpido, ni mucho menos se convierte en un agente para que su nación retroceda o se estanque. Las religiones no son malas, por el contrario, a muchas personas les sirve como una forma de trascendencia espiritual y es un aliciente para mantener una psique sana (aunque a mi juicio no es la única opción). El problema más bien son las instituciones, pero si desaparecemos a la Iglesia, surgirán otras instituciones que suplan esa función, dada la necesidad de cierta gente de arroparse a un sistema dogmático rígido. Pero lo digo, estas personas, que centran su vida en un dogma, que no requiere de racionalización, forman parte de un sector cada vez más marginal, pero religiosos siguen habiendo muchos, y a mi parecer, la religiosidad siempre existirá.

  • Ideologías Radicales

    Hace poco tiempo se dió como ya algunos de ustedes saben, un atentado en el ITESM Campus Estado de México. Contrario a lo que uno pudiera suponer (que fue un atentado perpetrado por el narcotráfico o algo parecido), el ataque fue promovido por un organismo internacional anarquista llamado ITS (Individualidades tendiendo a lo salvaje), un grupo radical que está en contra del desarrollo industrial y tecnológico que tiene presencia en Europa y países como Chile. Este grupo condena el desarrollo de la tecnología puesto que se experimenta en animales salvajes, y además culpan al desarrollo económico de provocar desastres naturales e incluso terremotos. Este grupo tiene afinidad con Theodore Kaczynski, (conocido como Unabomber).

    Este hecho, aunado con lo que ocurrió en Oslo y en otros lugares del planeta me hace reflexionar sobre los grupos radicales, ya sean anarquistas, comunistas, islamistas, radicales ecológicos, neonazis, ultraderechistas, izquierdistas radicales etc. Muchas de esas ideologías han dominado territorios a través de la historia con resultados muy desastrosos para la humanidad. Veamos por ejemplo, la URSS de Stalin o la Alemania de Hitler. Esas ideologías se caracterizan por ser extremas en su fundamento filosófico (nosotros estamos bien, ustedes están mal), están cerradas al debate y a la autocrítica. A veces los motivos que mueven a dichas ideologías pueden ser válidos, pero en ocasiones pueden ser destructivos y degradantes desde su concepción.

    Tomemos el caso de la ITS, lo que los mueve tal vez sea válido, que se trate a los animales de una manera tan cruel, que a veces sea cierto que el progreso económico termina por provocar «daños colaterales», a cualquiera le preocuparía. Pero su ideología empieza a tambalearse cuando niegan todo el progreso económico y científico, como si lo ideal para el ser humano fuera quedarse en el primitivismo. Terminan por contradecirse al provocar muertos y heridos al tratar de luchar por su causa. Su ideal es destruír a aquellos que se contrapongan con su modelo de mundo utópico, en el cual en muchos casos dicen luchar p0r la paz y la armonía. Uno de los lemas que reflejan ese radicalismo ese el comunista «Patria, Socialismo o Muerte».

    A pesar de que los defectos de dichas ideologías están a la vista de muchos, los promotores de estas suelen ser personas muy inteligentes, por ejemplo, Theodore Kaczynski resolviò un problema matemàtico que sus profesores de Michigan no supieron resolver en años. Pero asi como son inteligentes, son seres muy intestables. En su infancia, Kaczynski fue sometido a una prueba de estrés de la CIA que consistía en un ataque psicológico prolongado y estresante por parte de un mandado anónimo (el famoso MK-ULTRA) lo cual lo volvió una persona muy inestable emocionalmente. Estas personas también suelen ser antisociales, pero muchas veces logran ser grandes líderes a pesar de ello, tienen un gran poder de convocatoria, lo cual explica la fácil propagación de sus ideologías.

    Este tipo de personas vivieron infancias difíciles. Claro que no podemos generalizar y pensar que las personas con infancias conflictivas van a terminar siendo terroristas o radicales, algunos logran canalizar bien esos conflictos internos para transformarlos en algo positivo. Pero muchas otras personas no lo logran y terminan proyectando sus frustraciones en formas de pensamiento destructivas bajo la  apariencia de buscar algún tipo de justicia o recompensa. Las ideologías radicales son esa rabia y coraje traducidas en un modelo filosófico de interpretar la vida.

    Es curioso porque este efecto provoca una destrucción en cadena, ellos destruyen a otros y estos otros terminan siendo susceptibles a convertirse en personas destructoras. Seguramente las personas que encabezaron el MK-ULTRA no eran personas con un particular equilibrio emocional, más bien sus desequilibrios justificaban los experimentos que hacían con otras personas, lo que a su vez afectó a gente cómo Kaczynski para llevar a cabo sus atentados, y a su vez puede ser que la gente víctima de este terrorista pudo haber sido afectada y terminen mostrando conductas destructivas y antisociales.

    Muchos atribuyen a la pobreza y a la injusticia social este tipo de conductas. Pero podemos ver que en los países más desarrollados también existe gente con ideas radicales y antisociales. De hecho muchas de estas personas recibieron una buena educación (algunos terminaron la universidad o algún posgrado). Más bien hay que buscar en otro lado el germen que provoca el surgimiento de células radicales y destructivas. Todo empieza más bien desde casa, desde el seno familiar. Creo que los gobiernos deberían empezar a poner más atención a esos sectores para evitar el surgimiento de más personas con ideas destructivas.