Etiqueta: idiosincrasia

  • Los porteros putos

    Los porteros putos

    Según se dice, ese grito ahora tan famoso donde se les dice «putos» a los porteros del equipo rival, surgió dentro de la Barra 51 del Atlas. Esta barra no se caracteriza por está compuesta de porristas familiares o personas con una alta civilidad. Los aficionados de los otros equipos se dieron cuenta del impacto que tenía ese grito. Tener a todo el estadio en un trance mientras corean la letra «e» alzando las manos a media altura para pronunciar la palabra «puto» en el momento exacto en que el portero despeja el balón (aunque no recuerdo haber visto una pifia de algún portero derivada de esta presión, más ahora que ya están tan acostumbrados).

    titi

    Este grito ha de tener algo así como una década, y hablando de mundiales, recuerdo haberlo escuchado desde Alemania 2006. Ahora que Brasil está un poco más cerca (y es algo más barato) y que los mexicanos han abarrotado los estadios todavía más que en otras ediciones, este grito ha traspasado fronteras. Tal vez México no tenga indicadores para presumir, es más, ni la selección misma es algo que podamos presumir con mucho orgullo, pero el grito hizo lo que muchas cosas que hemos querido que hagan no lo han hecho, llamar la atención del globo terráqueo.

    Mucha gente se molestó por la postura de la FIFA donde quería sancionar a la selección por ese grito (afirman que es un grito homofóbico cuando las siguientes sedes de las Copas del Mundo criminalizan la homosexualidad), y es cierto que esas no son cosas que se puedan controlar. Incluso se puede poner en tela de juicio su carácter homofóbico. Si bien la palabra «puto» se ha utilizado muchas veces para discriminar a los homosexuales, es un término tan ambiguo (que en realidad se refiere a «prostitutos» que incluso homosexuales lo han llegado a usar. Incluso dudo que la mayoría de los aficionados que gritan esa palabra, piensen en que el portero al que le gritan es homosexual o le quieran imprimir esa etiqueta.

    Lo que si veo en ese grito, que no es algo que me orgullezca, si no lo contrario, es un dejo de machismo aunado a ese México bronco y poco civilizado. A ese mexicano típico del sistema rígido, vertical y contradictorio, ese mexicano «muy hombre» y reacio a la sensibilidad. Ese «puto» podrá parecer un grito ingenuo, pero en realidad contiene violencia verbal, y al final es una agresión verbal cuyo contenido habla mucho de nosotros y no para bien.

    Es cierto que no es como que la FIFA o cualquier organismo competente deba de controlar este tipo de manifestaciones, pero sí debería ser motivo de reflexión porque es una expresión de nuestra cultura.

    La imagen donde los niños holandeses les desean buena suerte a México, es, sin querer, una especie de enseñanza e invitación a la civilidad (no es que los aficionados holandeses sean la expresión más civilizada de afición) y el escenario dentro de un salón de clases es confrontativo porque gran parte de este mal, de estos vicios culturales, tienen que ver con la educación.

    Por lo tanto en la asociación civil que participo, ya hicimos una especie de respuesta, para precisamente mostrar que los mexicanos no necesariamente tenemos que usar ese tipo de expresiones para apoyar a algún equipo.

    DSC00238

     

  • No es la economía, estúpido

    No es la economía, estúpido

    Mucha gente se pregunta ¿Por qué México no sale adelante? o al menos como debería. Alguna vez comenté que los mexicanos somos un poco fatalistas en nuestra percepción sobre lo que ocurre en el país, donde en todo momento, la frase preferida del mexicano es: -La situación está difícil-, ya sea en momentos de crisis o prosperidad. Pero también es cierto que desde hace mucho tiempo el país no ha tenido un despegue importante e históricamente siempre nos hemos quedado «a medias», en un país que no puede ser comparado con Bolivia, Ecuador o Nicaragua; pero tampoco con Estados Unidos o Noruega.

    No es la economía, estúpido

    ¡No es la economía, estúpido!, México ha transitado por varios regímenes económicos a través de su historia, y siempre se busca aquí la respuesta a todos los males, que la intervención del estado echó todo a perder, que fue el neoliberalismo, el despilfarro, una macroeconomía sana que no se refleja en la microeconomía, dicen. El problema es que se sigue buscando la respuesta, tal cual tecnócrata, en términos puramente económicos, y dentro de este análisis a veces parecen quedar los factores sociales a un lado.

    El cómo se conforman las estructuras sociales en el país, me parece que tiene que ver con nuestros rasgos culturales e idiosincrasia heredada de nuestros ancestros. Curioso es, cómo en cualquier régimen económico, pareciera emularse ese sistema vertical, donde existía una nobleza y un monarca. Así lo fue en esa época cuando el gobierno creó todas esas instituciones para procurar el bienestar de la población, la relación gobierno-gobernado fue totalmente vertical, tal cual monarquía. El presidente típico del ese PRI parecía ser algo así como un rey, un monarca con algunos rasgos de déspota, los cotos de poder eran verticales y rígidos. Ahora en tiempos donde se promueve la propiedad privada y el libre mercado, esta idiosincrasia se adapta a esa realidad. Los líderes sindicales la hacen de monarcas, los gobernadores son unos pequeños déspotas, y algunas empresas privadas que más que acercarse al libre mercado se acercan a las prácticas monopólicas pareciendo emular la nobleza, o rey absoluto del mundo incluso.

    Los progresos que se han visto frente a este problema no sólo tienen que ver con lo económico, más bien tienen que ver con lo cultural. En un mundo globalizado donde el mexicano empieza asimilar otros sistemas de pensamiento, sobre todo aquellos que percibe que funcionan bien. Esta apertura es benéfica porque el mexicano podrá entender aquellos rasgos de otros pueblos que funcionan, tropicalizarlos, adaptarlos, y a la vez mantener aquellos rasgos propios que si funcionan. Más que cartillas morales como afirmaba algún candidato (porque un cambio cultural debería ser promovido y no impuesto), la comparación con otros tipos de cultura para hacer un análisis de lo que funciona y lo que no, nos podría ayudar a ir mejorando esos rasgos que en algún momento significaron un lastre.

    En este siglo XXI se habla mucho de reformas económicas, las cuales se pueden discutir, pero se sigue pensando en que la economía es la solución a todos los problemas, que una reforma fiscal por sí sola cambiará el destino de nuestra sociedad. Algo así como si le diéramos dinero a una persona que arrastra problemas fuertes de autoestima en toda su vida para que lo invierta y de esta forma se haga exitoso y querido por todos.

    Insisto yo en que el desapego de la cultura ancestral del tlatoani, del régimen rígido, paternalista, podrá traernos muchos beneficios, naturalmente el cambio solo puede ser gradual y este consiste en modificar la forma en que se educa a la gente, lo cual se puede hacer solo con las nuevas generaciones, y no con las viejas que ya tienen un patrón de comportamiento establecido.

  • Las cacareadas reformas estructurales

    Las cacareadas reformas estructurales

    Las cacareadas reformas estructuralesSe venden las reformas estructurales de una manera, empezando por el nombre, al asumir que algo es estructural se trata de decir como si fuera un cambio radical (aunque no lo dicen así porque la palabra radicalismo está más asociado a la izquierda), de esta manera se venden como la panacea del desarrollo, agregando que «urgen» y que son las «reformas que México necesita». En lo particular yo no estoy en contra de las reformas, algunos de los planteamientos son acertados y otros a mi gusto se tendrían que revisar, porque si estas se quieren aplicar como «recetas» caeríamos en un error, y tenemos que ver que se apliquen de alguna forma que beneficien a todos y no a unos cuantos. Ciertamente muchas leyes ya están obsoletas en México, por ejemplo las leyes laborales que fueron creadas para una realidad que no existe ya, ahora se plantea acertadamente la flexibilización, y es que en una sociedad que cada vez se acerca más al conocimiento, se necesita más flexibilidad. Igual así no estoy de acuerdo con aquellas partes que podrían perjudicar a los empleados.

    Con la reforma energética yo siempre me he pronunciado por una liberalización (o privatización) parcial de Pemex, donde el estado siga teniendo su control, algo así como con Petrobras. Si no funciona, tan fácil como volver a nacionalizar. En la reforma fiscal se habla de reducir el ISR para aumentar la competitividad de las empresas, no se me hace mal, y de una vez que eliminen el IETU; pero primero habría que integrar a estos dos sectores que hacen que la recaudación en México sea muy mala, las corporaciones mexicanas que no pagan impuestos y gozan de privilegios fiscales y el sector informal. El problema con las reformas no es que sean malas, en general no lo son, sino que siguen siendo recetas, y la experiencia que hemos tenido con «las recetas» en Latinoamérica no ha sido muy buena. Por esto se entiende el crecimiento de China o Brasil y el estancamiento de México, porque estos países no han aplicado recetas, sino que las reformas se han aplicado a la realidad en la que viven.

    Tampoco creo que sean la panacea del desarrollo, como si cambiar algunas leyes solamente fueran a disparar a nuestra nación hacia el dicho desarrollo. Con las reformas en tiempo de Salinas (que fueron todavía más estructurales) hubo alguna mejoría sí, pero nada más. Tampoco hay que esperar demasiado con las que se proponen. Creo que el desarrollo de México debe de venir desde abajo y la clave para mí es la educación, ¿de qué sirven las reformas si muchos mexicanos no van a estar preparados para competir?. Es totalmente necesaria una reestructuración completa de la educación, porque lamentablemente esta parece ser mala a propósito (pa que los jodidos sigan siendo jodidos). Si no logramos cambiar nuestra cultura, no habrá reforma que se encargue de hacer el trabajo. Y voy a poner el ejemplo con las elecciones (pareciera no venir al caso pero sí), donde vemos que un país eminentemente corrupto pesa más que cualquier reforma al proceso electoral:

    Las elecciones en México son unas de las más vigiladas y blindadas en el mundo (por todas esas experiencias que hemos tenido en las últimas décadas), se han hecho reformas para «protegerlas más», pero ¿qué pasa?, que nuestra cultura corruptil, acentuada en el PRI hace que aún con esto puedan robarse la Presidencia de la República, y si no pueden hacerlo en las urnas, entonces lo harán por medio de la compra de votos, y si luego se sanciona esta práctica, buscarán otra y así consecutivamente. Igual las reformas cambiarán el escenario donde se juega, pero las intenciones son las mismas, y para cambiar esta cultura, no hay de otra más que reformar totalmente la educación.

    Simplemente, el cambio está en las nuevas generaciones, y si no las educamos, las preparamos, más países seguirán comiéndonos el mandado.

     

  • El problema cultural mexicano

    El problema cultural mexicano

    El problema cultural mexicanoAfirmaciones como «hay una élite en el poder que domina el país», «la mayoría de los políticos son corruptos» entre otras, en realidad no son falsas, pero pierden perspectiva cuando se le agrega «el pueblo es bueno». Pareciera que en México dichas élites, empresarios, políticos y gentes de poder son algo así como aliens, extraterrestres, personas que pertenecen a otra realidad, que nada tiene que ver con nosotros; y esto en realidad es una falacia. Mucha gente cree que extirpando estos cánceres ya la hicimos. Pero es como si el doctor nos quitara los lunares cancerígenos y no se diera cuenta de que hay una metastasis en todo el cuerpo. Y uno no se pone a pensar, esos políticos corruptos, esos empresarios que juegan con los hilos del poder, alguna vez fueron ciudadanos como nosotros, e incluso siguen siendo ciudadanos, no han perdido dicha característica.

    Ahora por ejemplo se habla de la posible llegada de Enrique Peña Nieto al poder, muchos han mostrado cierto repudio e indignación, y hasta cierto punto lo entiendo viendo parte de la historia del PRI e incluso viendo como se desempeñan algunos priístas en la actualidad. La gente se manifiesta e incluso busca organizar marchas y lo hace por iniciativa propia. Y está bien, están en todo el derecho a manifestarse y creo que es algo mejor que quedarse en casa y quejarse en las comidas. Pero creo que a veces no entendemos que el problema, el hecho de que en nuestro país emerjan políticos de dudosa reputación no es algo ajeno a nosotros, y no quiero herir susceptibilidades, pero los políticos que tenemos son representativos de nuestra sociedad. Dicen ¿por qué la mayoría de los políticos se corrompen?. No es que «ellos» sean los malos y «nosotros» los buenos, es el hecho de que nuestra idiosincrasia nos orilla a comportarnos de cierta manera ante distintas circunstancias. Los políticos son mexicanos que comparten la misma cultura, pero ante un escenario donde se poseé más poder, ese «mexicano supuestamente bueno» termina sucumbiendo ante las tentaciones. Pareciera que asumimos que los ciudadanos al entrar en política son adoctrinados o les lavan el cerebro para que aprendan a robar. Es falso, los políticos son ciudadanos que se comportan de acuerdo al escenario en el que se mueven.

    Entonces tenemos que entender que si tenemos políticos de tan mala calidad contendiendo a la presidencia, es porque no hemos resuelto nuestros defectos culturales que no nos permiten avanzar. Ellos representan nuestra realidad como pueblo, podemos pensar que son ajenos en el sentido que no trabajan para el pueblo, pero culturalmente es lo diametralmente opuesto, ellos tienen las mismas raíces culturales que el pueblo porque no dejan ser parte de él. El problema es que los ciudadanos quieren deslindarse de este problema y todo se lo adjudican a los políticos. Por ejemplo, cuando ocurrió en la FIL sobre lo de la «pifia» de Peña Nieto (y lo digo porque al yo ser lector, tengo la autoridad moral para hacer crítica al respecto), se criticó el hecho de que el candidato no supiera mencionar tres libros, y confundió autores (ya decían que ayer Peña le había mandado condolencias a la familia de Enrique Krauze), y es cierto, es malo que un candidato no tenga el hábito de leer porque la perspectiva sobre muchos temas que influyen en el quehacer político es más reducida e igual habla de una mediocridad intelectual indeseable en alguien que quiere dirigir el país. Pero muchas de las personas que criticaron este hecho en redes sociales a Peña Nieto era gente que no lee un miserable libro en su vida. Algunas personas incluso tuvieron el despacho de buscar títulos de libros que nunca leyeron en Internet para criticar al candidato.

    Es decir, yo no puedo perdonar a un candidato por tener tal defecto, pero yo como ciudadano si tengo el derecho de tener dichos defectos y a la vez criticar de los mismos defectos que poseo a los funcionarios públicos. Igual cuando se les preguntó a Peña Nieto y a Josefina Vázquez Mota sobre el salario mínimo y el costo de varios productos. Naturalmente el desconocimiento de estos es preocupante, pero me pregunto si los ciudadanos conocen ya no digamos esa información (que tal vez por su posición no les es necesario conocerla), sino información básica que tienen que conocer para desempeñarse ya sea como ciudadanos o como profesionales. O por ejemplo cuando a Obrador se le criticó por no saber hablar inglés (esto sumado a las críticas que le llovieron a Peña Nieto por mostrar un muy bajo nivel de inglés en una conferencia y el hecho de que Josefina posteriormente declarara que no sabe hablarlo), mucha gente que hizo esta crítica no sabía tampoco hablar inglés, y más estando en un ámbito donde si dicho ciudadano se quiere desarrollar es imperativo aprender el idioma. Para los políticos en realidad no lo es tanto, un ejemplo es Nicolas Sarkozy, expresidente de Francia, y quien tuvo las riendas de la Unión Europea junto con Angela Merkel, no sabe hablar nada de inglés, y como decía el mismo AMLO «para eso tenemos traductores».

    Criticamos a los políticos como si fueran algo ajenos a nosotros, los despreciamos, pero a la vez exigimos que sean mejores que nosotros (que contrariedad), no les perdonamos ni un desmayo, ni un lapsus. Ah pero nosotros como ciudadanos si tenemos todo el derecho de hacerlo, tenemos el derecho de saltarnos las instituciones, de cometer actos de corrupción (al cabo como no tenemos mucho poder, no se notan), lo peor de todo, es que exigimos un cambio a los políticos, pero la mayoría de los ciudadanos no hace nada por lograr un cambio positivo en una sociedad. Todos esos críticos ahora de Peña Nieto, antes de López Obrador, y tal vez de Vázquez Mota y otros más les pregunto ¿hacen algo para mejorar su entorno?. El problema es que como es más fácil criticar que proponer o crear cosas nuevas, hacemos lo primero y les delegamos lo segundo, si, a esos políticos que luego tachamos de corruptos. Y estas personas, que se limitan a criticar a quien les venga la gana en las redes sociales (y hablo de personas de todos colores y preferencias políticas) ya creen que están haciendo activismo.

    Mientras no empecemos por arreglar la casa, las cosas en el país van a seguir igual, no van a mejorar. El ciudadano mexicano común todavía no se da cuenta que tiene más poder del que cree tener, pero no quiere asumirlo. Cree que con trabajar ocho horas diarias y pagar la parte proporcional de su sueldo al SAT (tramitología que hace la empresa que lo contrató) ya cumplió. Y sinceramente este tipo de personas están en un grave error. El hecho de ser ciudadano te obliga moralmente a involucrarte activamente en el quehacer público, si pensaban que la democracia consistía en votar cada 3 años por «el menos peor» creo que entonces estamos cayendo en un grave error, porque al no buscar mejorar como personas, como ciudadanos y por lo tanto incidir para lograr una mejor cultura, estaremos condenados a quejarnos cada 3 o 6 años y preguntarnos por qué tenemos este tipo de políticos.

  • Los Diez Mandamientos a la mexicana.

    México dizque es un país muy católico, a la hora de hacer las entrevistas con los especialistas para el libro que planeo lanzar, un familiólogo y terapeuta mío me dijo que los mexicanos en la cuestión de la religión, parecemos niños de 15 años, nos quedamos en la catequesis. Y es que de esta manera entiendo en parte por qué el país está como está, a pesar de que los religiosos han tratado de inculcar valores. Y yo no me considero religioso, pero quien ejerce una religión, o una creencia filosófica, debe de conocerla muy bien para evitar eso que llamamos «doble moral». Aprovechando la coyuntura del aniversario de la aparición de La Virgen de Guadalupe en el cerro del Tepeyac, analizaré como estamos los mexicanos en relación a los 10 mandamientos que más del 80% de la población se jacta de seguir.

    1.- Amarás a Dios sobre todas las cosas.

    No se si una muestra de querer por ejemplo a mi papá, es pedirle a mis 29 años que me mantenga, me de para la gasolina, me compre un auto, ropa, me pague mis salidas. Y esto lo digo porque el mexicano quiere que Dios le haga todo, la gente se para al templo para «pedir, pedir y pedir». Una forma muy curiosa de amor.

    2.- No tomarás el nombre de Dios en vano.

    La gente no lo toma mucho porque ve a Dios como un símbolo sagrado y está bien. Cuando alguien me jura algo por Dios (cosa muy rara) le suelo creer, es de las pocas veces en que no me fallan. En este punto no tengo queja alguna.

    3.- Santificarás las fiestas.

    No se si el ir a misa los domingos y confesarse, esté bien, mientras de lunes a sábado me dedique a criticar con mala saña a los demás, a robar, a acostarme con la vecina casada, a ir al DF para que mi novia que salió embarazada pueda abortar.

    4.- Honrarás a tu padre y a tu madre.

    Aquí tenemos que ver a quien tomamos como padre. Muchos creen tácitamente que honrar a Felipe Calderón y decir que ha tenido una excelente gestión que no se vean los 60,000 muertitos ni Elba Esther Gordillo, o que alabar al mesías endiosado López Obrador y luchar contra sus detractores, o arrodillarme ante un copete acicalado por una gaviota es honrar a su padre y a su madre. Si los criticamos, según ellos, estamos faltando contra este mandamiento.

    5.- No matarás.

    Un pais «tan católico» y con 60,000 muertos provocados por el narco, los cárteles y la lucha del gobierno contra ellos, sumándole los otros cometidos por delito común, como que no está cumpliendo muy bien con este mandamiento.

    6.- No cometerás actos impuros.

    Aquí es donde entra la moral, gente que se dice ser católica con amantes, gente promiscua que se acuesta con otra por una apuesta (yo he conocido casos de esos), padrecitos que se divierten demasiado con los niños, mujeres que «abren las piernas» porque de otra forma los hombres no los pelan entre un largo etcétera, pero eso si, a todos esos los ves en misa los domingos.

    7.- No robarás.

    No, aquí si que excomulguen al país entero. El robo es pan de nuestro cada día, desde los pequeños hurtos, hasta los impuestos que no se declaran, las tranzas, los fraudes electorales, hasta el robo de conciencias. Aquí hay robo de todo. Y regreso a lo mismo, muchos de esos van a misa, o incluso tienen sus santitos.

    8.- No dirás falso testimonio, ni mentirás.

    Jajajaja. Aquí si ni como hacerle. Creo que todos los mexicanos tendríamos que hacer un viacrucis, nos tumben a latigazos, nos hagan cargar no solo una cruz, también piedras y nos pongan una corona de espinas eléctrica. Si la historia mexicana es una mentira, ¿como podemos esperar a que seamos fieles a este mandamiento?

    9.- No consentirás pensamientos ni deseos impuros.

    Igual católicamente puedo ser un ignorante, pero este mandamiento se me hace muy parecido al sexto, solo que este consiste en desear algo, que en el otro mandamiento se pone en la práctica. ¿Por qué no mejor consolidar estos dos mandamientos en uno?. No explico aquí nada, porque aplica el mismo argumento que el sexto.

    10.- No desearás las cosas ajenas.

    Como buenos materialistas y clase media «aspiracional» siempre vemos lo que trae el otro y lo envidiamos. Y para parecernos a el nos endeudamos y luego andamos chillando porque las cuentas no nos cuadran. A eso le sumamos que los mexicanos nos encanta ponerle el pie al que triunfa o al que destaca, aquí si, que decreten pecado mortal automático en la constitución.

    Ya no sigo más, y si alguien se sintió atacado, nunca fue mi intención de hacer mella de los preceptos de la Iglesia, más bien lo hago de aquellos que practican una doble moral cotidianamente. Y el que esté libre de culpa, que arroje la primera piedra. Y para ser sinceros, yo tampoco soy tan perfecto como para arrojarla, que si bien no soy religioso, la gran mayoría de los mandamientos son simple lógica moral universal pura.

  • México me recuerda a España

    A veces los logros en el deporte no son el fiel reflejo de lo que está pasando en algún país como algunos piensan. Por alguna razón la idiosincrasia en lo deportivo puede ser diferente a lo social o a lo cultural. El que tu país sea campeón no necesariamente significa que esté atravesando por un buen momento, incluso puede ser lo opuesto. Es aquí donde México me recuerda a España. Hagamos un resumen, los ibéricos ganaron la Eurocopa en el 2008, en el 2010 se coronaron campeones del mundo, y solo estamos hablando de futbol porque también se han logrado destacar en otras disciplinas. En ese lapso de tiempo la economía española la ha pasado realmente mal, el paro ha aumentado, la inconformidad también, muchos acamparon en diversas ciudades para manifestarse mientras el Barcelona ganaba su cuarta Copa de Campeones ante el Manchester United. ¿Qué resolvió el triunfo deportivo?, les doy la respuesta: Nada.

    En México está sucediendo algo parecido, la situación política del país es lamentable, vivimos una involución democrática con el regreso inminente del PRI, el PAN ha malgobernado en sexenio y medio, y el PRD solo ha sido una sombra. Resultado, más de 40,000 muertos, un país que se sume en la violencia, que no logra recuperar todos los empleos perdidos en el 2008. Y mientras eso pasa, el éxito en lo deportivo llega, claro, no al nivel que lo lograron los españoles, pero el mexicano puede estar contento porque la selección mayor ganó la Copa Oro a su acérrimo rival Estados Unidos, y ahora logra el Campeonato Mundial Sub 17 en su propio territorio.

    Lógicamente, como siempre sucede (y no solo en México) el gobierno usa aquellas glorias para tapar el sol con un dedo y hacer como que no pasa nada en el país. Felipe Calderón se atreve a decir que esta victoria traerá un cambio en el pensamiento y forma de vivir de los millones de mexicanos que fueron testigos del campeonato en el Mundial. Discrepo totalmente, no creo que la cultura nociva arraigada en un país se pueda modificar exponiendo a millones de personas ante un televisor viendo como la selección gana. El mexicano común podrá terminar motivado, pero poco a poco esa chispa se irá apagando conforme regrese a la rutina. ¿Acaso los niveles de competitividad o el Producto Interno Bruto crecieron cuando en el 2005 la selección fue campeona?. Los números y las estadísticas nos dicen lo contrario.

    Nuestros gobernantes saben que la sociedad sacia sus necesidades por medio de espectáculos como el futbol o algunos otros deportes (por ejemplo, los juegos olímpicos), por eso siempre después de cada triunfo viene la llamada del Presidente en turno (Salinas en el mundial del 94, Zedillo en el 98, Fox en el 2002 y así) y luego la invitación a Los Pinos para reconocer a los atletas. Como si estos éxitos representaran un avance en el desarrollo del país. El mandatario busca verse bien, y busca parecer ser el lider moral de aquellos que han triunfado, pero está equivocado, su trabajo es otro, el trabajo del Presidente es velar por la situación del país.

    Después del éxito, seguimos teniendo los mismos problemas, seguirán apareciendo narcomantas, narcofosas, problemas de diversa índole; frustraciones que son más grandes que el «puto» que el aficionado le grita al portero adversario o el recién estrenado Fuaaa que entonan cientos de miles de aficionados que apoyan al tri. Lo peor de todo es que ni siquiera los triunfos reflejan un buen manejo del futbol a nivel federativo donde están coludidos muchos intereses. Más bien se logran los triunfos a pesar de ellos, pero ellos son los que se terminan colgando las medallas.

    Para que el país avance se necesita de una fuerza mucho más fuerte que de un triunfo de la selección, esa fuerza debe emanar de la sociedad y no de la demagogia de un presidente que con su palabrería pretende mover el rumbo de la nación. Mientras la sociedad no se disponga a cambiar el país seguirá igual. De nada sirve festejar el triunfo de una selección si la sociedad no se sacrifica. El esfuerzo no solo es emotivo, es racional y mediante el uso de la razón es como podemos llegar a tomar cartas en el asunto para ser un mejor país.

    No mi estimado, lo que usted vió el pasado domingo en el Azteca, no significa que México ya esté avanzando. Es simplemente el logro de 21 jóvenes mexicanos y su cuerpo técnico, nada más. Se equivoca Felipe Calderón cuando dice que México no volverá a ser el mismo. Yo lo veo igualito.

     

  • El Infierno

    Calificación: 4 de 5.

    El Infierno es la 3era película de Luis Estrada donde critica (desde la izquierda) problemas actuales (o pasados), de el país. El primero fué La Ley de Herodes, donde la crítica iba enfocada al PRI autoritario; la segunda fué Un Mundo Maravilloso donde criticaba al gobierno panista y las políticas neoliberales. En esta tercera, la crítica va hacia la problemática que vive nuestro país actualmente con el narcotráfico, y donde Luis Estrada aprovecha la coyuntura de los festejos del Bicentenario para explicarnos como es que se vive el problema del narcotráfico en el país.

    ¿De que trata la película?. Damian Alcazar en el papel del «Benny» Benjamín García, cruza la frontera a los Estados Unidos, de donde 20 años más tarde es deportado y regresa a México. Pero se encuentra con un país muy diferente al que dejó. En su natal San Miguel, las cosas ya no son como antes, la violencia y el narcotráfico ha invadido el estilo de vida de sus habitantes y ha corrompido a la sociedad. Al llegar, «Benny» descubre que han matado a su hermano (el cual se involucró con el narcotráfico) y al intentar descubrir quien y como lo habían matado, poco a poco se va involucrando en las redes del narcotráfico que tienen amarrado al pueblo de San Miguel.

    En la película podemos conocer a diferentes personajes muy peculiares que nos encargan de representar lo mejor posible la problemática del narcotráfico que se vive sobre todo en el norte del país. «Benny» se involucra con el narcotráfico gracias a el Cochiloco, un amigo de hace muchos años que ha terminado bien parado en el negocio del narcotráfico, a Don José, el capo y jefe de toda una red de narcotraficantes, a la cuñada con la cual Benny sostiene una relación y a su sobrino el diablito, un joven de 14 años que comienza a ser arrastrado por las tentaciones del narco.

    La película tiene un alto dosis de humor, pero también es muy cruda. No por nada la RTC la clasificó con la letra «C». Tiene contenido sexual, violencia explícita, mutilaciones, asesinatos y todo lo necesario para tratar de representar lo que sucede en nuestro país. Los efectos especiales de la película son bastante aceptables (muy buenos diría yo tomando que es una película nacional) los cuales logran cumplir su cometido al mostrarnos la crueldad con la que el narcotráfico trabaja.

    La película nos deja con una imagen muy agria de nuestro país, más cuando no hablamos de una película propositiva, sino más bien de una película muy crítica que se encarga sin piedad de desmenuzar (a veces de una forma exagerada) la realidad que estamos viviendo en muchos sectores de nuestro país. La película toca el tema de la corrupción, de la violencia, de los asesinatos, hasta de como a veces la religión y el gobierno está inmiscuído en los problemas del narcotráfico. También nos enseña como operan los narcotraficantes desde adentro. Uno se ríe al ver cuando Don José le dice a Benny los puntos que hay que tomar en cuenta si se quiere ingresar en este mundo: Honestidad, honradez y discresión. Pero vemos que en el narcotráfico el crimen no paga, y si capos como Don José pierden la vida de uno de sus hijos por el error o la negligencia de alguno de sus militantes, el no tendrá piedad en matarle a uno de sus hijos.

    A diferencia de las otras dos películas, la critica no va tanto contra el gobierno (pocas veces se toca el tema de la lucha de Calderón contra el narcotráfico). Sino más bien contra el narcotráfico mismo, contra las autoridades y la misma sociedad que se corrompe por las tentaciones del narco. La película dura 149 minutos (más de dos horas), pero la extensión de la película vale la pena. En ningún momento se vuelve tediosa o aburrida.

    El Infierno es una película altamente recomendable para aquellos que quieran conocer más a fondo lo que sucede con el narcotráfico en nuestro país, los invito a que la vean.

  • La mentalidad alemana

    Alemania ha sido un país muy golpeado por la historia. Alemania más que ningun otro país podría justificar varios resentimientos que llegaron a raíz del Tratado de Versalles y de la caída del Tercer Reich en la Segunda Guerra Mundial. Los alemanes perdieron territorio en esas dos guerras mundiales e incluso fueron invadidos por Estados Unidos y la Unión Soviética, lo que hizo que al final se tuviera que construír un vergonzoso Muro de Berín que cayó hasta casi entrada la década de los 90’s. Pero a pesar de su historia y de sus heridas, Alemania es un pueblo que no se rinde, que siempre dá lo máximo de sí, y que no se deja llevar por sus «traumas del pasado».

    Ahora justo en el mundial, al tiempo que escribo este artículo, Alemania le ganaba 4-0 a Australia en la fase de grupos. Para muchos es un marcador normal, pero para mí habla mucho de esa mentalidad ganadora que caracteriza al pueblo alemán. Hasta el día de hoy, las otras potencias como Inglaterra, Francia y Argentina, han jugado a medio gas conformándose con empates (en los dos primeros casos) y con un triunfo en el caso de Argentina donde si bien Messi lució y se hartó de fallar, se salvaron del empate frente a Nigeria. Pero los Alemanes se decidieron a jugar con esa garra y frialdad que les caracteriza, no solo como equipo de futbol, sino como pueblo, y sacaron una goleada de 4-0 frente a una Australia que ni las manos se atrevió a meter.

    Jugadores como Muller, Podolski, Cacau y Klose demostraron su capacidad y tenacidad a la hora de marcar los goles. De hecho Miroslav Klose se coloca a solo 4 goles de igualar a Ronaldo como el jugador con más anotaciones en todos los mundiales, y curiosamente Klose nunca ha tenido los reflectores encima otros jugadores que vienen a este mundial, como Cristiano Ronaldo, Kaka, Iniesta, Rooney y otras estrellas que nunca se lograrán acercar al número de goles que el jugador teutón ha anotado. Y lo mismo pasa con la selección alemana, siempre se dice que ya esta vieja, que no tiene jugadores de peso, o en el caso de este mundial, que tiene varias estrellas lesionadas. Siempre hay una razón para dejar a Alemania fuera de los equipos favoritos para llevarse el título. Pero a diferencia de otros países que sí son nombrados como favoritos (sobre todo el caso de Argentina), han llegado al menos a cuartos de final desde México 86. De hecho en los últimos dos mundiales llegaron a ser finalistas (en Japón y Corea 2002), y semifinalistas (en Alemania 2006), además de haber quedado como finalistas de la última Eurocopa celebrada hace dos años donde sucumbieron con España.

    ¿Que hace que los alemanes, si, esos alemanes a quienes no muchos consideran, siempre lleguen a los primeros lugares de las justas mundialistas?: Su mentalidad. Los alemanes no tendran los talentos futbolísticos que tienen otros equipos, pero siempre, desde el primer partido salen a morirse en la cancha como si estuvieran disputando una final. Así lo hicieron esta vez contra Australia, y los terminaron humillando. Y es que esa actitud que caracteriza a alemania es el equivalente a tener en el campo a un jugador nº 12, que en este caso no es el aficionado, más bien es su actitud.

    Como pueblo, podemos hablar igual de Alemania, parece no tener el peso que tiene Estados Unidos o Japón, pero siempre está ahí destacando, haciendo ruido, mostrándose como guerreros infranqueables ante todos los sucesos que ocurren en el globo terraqueo. Lo son tanto que, más que ningún otro país, han logrado cerrar esas fuertes heridas de muerte que recibieron en la guerra mundiales, a diferencia de otros países como México que nunca ha logrado superar sus problemas del pasado, a pesar de ser heridas mínimas si se comparara con lo que ha sufrido Alemania en la historia mundial. Incluso han superado sus propios prejuicios racistas y gente tanto negra como judía se ha logrado integrar con éxito a la sociedad alemania, y los que los repudian (los skinheads y neonazis) son una mínima minoría.

    Ojalá y los mexicanos aprendiéramos un poco más de la actitud alemana y jugaramos nuestro rol de mexicanos como si de finales se tratase, no solo en el futbol, sino en nuestro trabajo, en la política, en la vida diaria. Apuesto a que si tomáramos aunque fuera un poco de esa exitosa idiosincrasia alemana nuestro país sería algo mejor. No por nada las empresas alemanas que laboran en México, son empresas que saben respetar el marco legal, y empresas que les dan un muy buen trato a sus empleados, ellos mismos lo dicen. Ojalá tomemos un poco de conciencia y aprendamos del caso alemán. Seríamos un pueblo mucho más unido, más justo, y sobre todo, más ganador.