Etiqueta: grito de independencia

  • Un grito de independencia desolado

    Un grito de independencia desolado

    Enrique Peña Nieto dio su primer Grito de Independencia. El panorama no era alentador. El conflicto con la CNTE puso en riesgo la celebración del grito, aunque afortunadamente los maestros decidieron desalojar ante el ultimatum del gobierno, que si bien el desalojo no estuvo exento de violencia, no pasó lo que muchos temimos que pudiera pasar. Un cada vez más creciente sector de la sociedad se pronunció en contra de Peña Nieto, sobre todo por el tema de las reformas que despertó discrepancias en sectores disimiles entre sí.

    Un grito de independencia desolado

    El resultado de todo concuerda con lo que ha sido el gobierno de Peña Nieto. El Grito de Independencia fue uno de los más desolados de la historia moderna de México. Personalmente no recuerdo ni a Felipe Calderón, ni a Vicente Fox, ni a Zedillo, ni a Carlos Salinas, en un evento tan desolado, donde ni siquiera las cámaras y el audio pudieron ocultar lo acontecido.

    El primer signo de desolación tuvo que ver con la forma en que Peña Nieto dio el grito. Este se dio de una forma muy desangelada. Tal vez algunos puedan comentar que debido a la operación de la tiroides no puede alzar tanto la voz (comentario que supongo mas hasta ahora no he escuchado), pero el lenguaje corporal (tan practicado por los priístas) delató la falta de pasión. Parecía seguir un guión, un teleprompter, como tanto se le ha criticado.

    El segundo tuvo que ver con los abucheos que recibió. En cada «viva» se escuchaba un abucheo cortado deliberadamente por el audio. Al ser un abucheo más prolongado que un «viva». El audio se cortaba después del «viva» para disimularlo. Fue demasiado notorio como para pensar que fue emitido por una pequeña minoría. Además de que los «viva» apenas se escuchaban, al contrario del grito de Felipe Calderón en el 2007 (que también fue criticado por el tema electoral) donde se escucharon muchos «viva» enjundiosos.

    El tercero tuvo que ver con la censura de los medios. Además de cortar el audio, como acabo de mencionar, nunca se pasó una toma completa del Zócalo, con lo cual uno puede suponer que ni siquiera se llenó.

    El cuarto tiene que ver con los acarreados. Inclusive en las tomas «oficiales» pudimos ver gente de escasos recursos con propaganda de Enrique Peña Nieto. En especial aquellos pertenecientes a Tultitlán Estado de México que cargaban unos globos con ellos. Posiblemente fueron minoría, pero su ausencia hubiera hecho más notoria la desolación que se vivió ahí hoy.

    Esta desolación es el reflejo fiel de la Presidencia de Enrique Peña Nieto. Criticado por varios sectores de la sociedad que van desde la derecha a la izquierda. Y quien precisamente no ha logrado erigirse como el representante de los Mexicanos, y el cual ha utilizado a las clases bajas en su beneficio, ha despreciado a la clase media, y sólo ha representado a cierto grupo de la clase alta del país. Peña Nieto se está quedando sólo. A pocos meses se apagó la expectativa final que generalmente despiertan los presidentes del PRI al inicio.

    Habrá que preguntarse cual será el «as» bajo la manga de Peña Nieto. Las reformas que impulsó no alcanzan para esperar un efecto positivo palpable al corto y al mediano plazo más que el sentir una posible leve mejora de la economía debido al déficit del 1.5% que propuso para poder hacer más inversión pública. La sensación de «eficacia» que quiso transmitir se ha apagado y parece dar muestras de que no él y su equipo no saben como tener al país bajo control, lo que puede despertar cierto temor.

    No todo se puede con desplantes mediáticos y anuncios de «sí se puede» bien elaborados. La presentación de la Reforma Hacendaria «con sentido social» lleno de aplausos, halagos y presuntos reconocimientos de lo que se hizo mal, no ayudo a evitar la lluvia de críticas, sobre todo de una sociedad media que ya no toma a la televisión oficial como medios primordiales para informarse.

    Habrá que ver que pasa, pero su gobierno ha empezado con el pie izquierdo. Y más conviene no sólo a él, sino a todo el país, que se retome el rumbo y denote un amor a México que estuvo ausente en el Grito de Independencia.

    Y para muestra basta un botón. Vean primero el grito de Felipe Calderón, cuestionado. Y el de Peña Nieto. Es de notar quien muestra algo de pasión y a quien literalmente le vale madre el país:

  • Un grito de la independencia diferente

    Un grito de la independencia diferente

    ¡Viva México! ¿Viva qué?. Empezando porque los «héroes que nos dieron patria» a veces son más mitología que figuras heroicas.

    Un grito de la independencia diferente

    Para muchos mexicanos existían los suficientes motivos para no dar el grito de la clásica manera, y es que para muchos este grito no vale tanto la pena, porque a pesar de que lo que se festeja es la independencia, esta palabra pareciera no ser tan trascendental en la vida pública del país. No recuerdo en la historia de nuestro país que en varias plazas, al mismo tiempo, se utilizara al grito para repudiar al presidente electo y a su partido que entrarán al poder en diciembre. Y debe de haber una razón de peso para que estas manifestaciones se hayan llevado a cabo. Hay muchas y las conocemos.

    Gritos como ¡Viva México sin PRI! al tiempo que el Presidente o Gobernador daba el grito, ¡Fraude, Fraude!, y otros gritos más se hicieron sentir en las diversas plazas.  Las televisoras por supuesto, hicieron lo posible para que no salieran en la transmisión estos gritos que fueron mayoría. Posiblemente en el caso del grito en el Zócalo, pusieron un audio grabado, a sabiendas de que desde hace semanas se había orquestado este grito. Aún así, no pudieron tapar todo, al Presidente Felipe Calderón lo apuntaron con varios rayos láser. En el caso de la Ciudad de México, la plancha del Zócalo ni siquiera se llenó, y gran parte de los que asistieron, lo hicieron para manifestarse en contra de lo sucedido en las pasadas elecciones.

    Felipe Calderón había invitado a Enrique Peña Nieto al grito, pero este último declino alegando «un pozole con su familia en privado». Sabemos que las razones fueron otras, y aquí me pregunto si Peña Nieto será el primer Presidente de la República que no irá a dar los gritos de independencia, al menos en el Zócalo. El Presidente Electo es el que llegará al poder con una mayor animadversión, posiblemente en la historia de México. Como decía Javier Solórzano, las acusaciones que ciñen sobre él, sobre como llegó a la presidencia quedarán ahí para siempre. Es decir, como una mancha de esas que no se quitan, la huella de la compra de las elecciones quedará en la historia.

    Hace unos días hablé sobre como el movimiento #YoSoy132 mostraba signos de deterioro. Pero independientemente del rumbo que pueda tomar este movimiento, la chispa ha quedado encendida. Algo así como el #15M de España o el #OcuppyWallStreet de Estados Unidos. Estos movimientos comenzaron muy fuertes y se fueron apagando debido al cansancio. Pero cuando hubo alguna razón para manifestarse, el ambiente se volvió a cimbrar. Como en el caso de España, donde el presidente Mariano Rajoy, decidió aumentar el IVA, lo cual hizo que centenas de miles de personas salieran a las calles. Ahora con la coyuntura del grito, muchos mexicanos que parecían dormidos volvieron a despertar, y esta dinámica podría ser un dolor de cabeza para Peña Nieto y el PRI, dado que una mala decisión que tome dentro de su presidencia podría desatar una manifestación sin precedentes.

    Este ambiente podrá ser positivo. Porque tal vez orillará al PRI a gobernar bien, aunque eso implique desprenderse de algunos intereses (se habla de que podría venir una bonanza económica para México y el PRI podría aprovechar esa coyuntura). Aunque también se corre el riesgo de que se tomen decisiones cortoplacistas para generar un clima de progreso, que tenga como consecuencia serios estragos a largo plazo (como el ex presidente ahora mentor de Peña Nieto). Seguramente los medios de comunicación mainstream se enfocarán en hablar de lo bien que está gobernando Peña Nieto, aunque con la caída de su reputación, posiblemente su voz ya no tenga tanto impacto como antes.

     

  • ¿Independencia?

    Pasó el 16 de septiembre, día en que hace 201 años Miguel Hidalgo y Costilla lanzara el grito de Independencia contra el mal gobierno presidido por José Bonaparte, impuesto por su hermano Napoleón, clamando su filiación al depuesto rey de España, Fernando VII, y que culminara con la separación de México del reino español el 27 de septiembre de 1821.

    Desde que Porfirio Díaz institucionalizara el 15 de este mes, día en que cumplía años, se celebra el “Día del Grito”, fecha que simboliza el inicio de la lucha por la democracia, por la autonomía; y que algunos muralistas mexicanos representan rompiendo las cadenas de la esclavitud, en una clara alegoría a la obtención de la libertad.

    Pero realmente ¿cuál libertad es la que festejamos hoy? ¿En verdad podemos presumir que la tenemos, que gozamos de ella? ¿Cómo podríamos afirmar que somos libres cuando no podemos caminar por el centro de la ciudad cualquier tarde de domingo sin el temor de que en algún momento se pueda desatar una balacera y ser víctimas del fuego cruzado; o ser sujetos de extorsión o del cobro de piso, como sucede en varios –muchos– estados mexicanos?

    ¿Cuál Independencia entonces celebramos el jueves y viernes pasados, si estamos en las garras de la delincuencia organizada, en manos de políticos corruptos e incompetentes, que ya sea por la primera condición o la segunda no hacen bien su trabajo? Los acontecimientos previos a las fiestas patrias dieron amplia evidencia de esto. ¿Qué es lo que pasa con nuestra clase política cuando una diputada presenta una iniciativa que ni siquiera ha leído y lo exhibe en la primera entrevista que da?

    Algo definitivamente debe de estar mal cuando asesinan brutalmente a una jovencita de 16 años, y la procuradora del estado aprovecha para hacer declaraciones frescas, diciendo que las muchachitas de ahora se maravillan con hombres que le faltan el respeto a la autoridad y que portan pistola y mucho dinero, dando de alguna forma a entender que se involucraba con delincuentes. Lo anterior sin tener una sola prueba, y con tan mal tino que –como me lo hizo ver una amiga– en la declaración que dio luego del arresto de los violadores y asesinos de Andrea, explicó que ésta se encontraba huyendo de ellos cuando la atraparon, lo que confirma entonces que no le gustaba estar con ese tipo de hombres. Incluso cuando poco tiempo después ultimaron a un agente del Ministerio Público en Manzanillo, nadie hizo preguntas acerca de su vida privada. Nadie encontró relevante el investigar si salía con mujeres ricas o mayores que él, o si había habido una desintegración familiar que hubiese motivado dicho crimen.

    Lo anterior es tan sólo un desafortunado ejemplo reciente de los prejuicios de los que está lleno el funcionariado en Colima, derivado de una mala capacitación, que contribuye a la culpabilización de la víctima y a diseminar un desprecio que perjudica a la población más vulnerable del estado. Las y los funcionarios y representantes populares se encuentran llenos de prejuicios, estigmas y estereotipos que les limita la visión para desempeñar su trabajo de forma objetiva. Lejos del discurso democrático e incluyente, las acciones pueden definirles como altamente maniqueístas, donde funcionan a través de filiaciones partidistas de “si no estás conmigo, estás en mi contra”, viendo enemigos donde tan sólo hay opiniones divergentes, indispensables para que pueda existir la democracia. Bien afirmaba Michel Foucalt que donde quiera que hubiera poder habría resistencia, y que si no la veíamos, era porque no nos estábamos fijando bien.

    Difícilmente podemos considerarnos mexicanas o mexicanos cuando nos vemos obligados a mostrarnos como priistas, panistas, perredistas o de cualquier otro partido, y luchamos por que el otro no triunfe, pues valoramos nuestro éxito en relación al fracaso de los demás. En los tiempos de la Independencia luchábamos contra un enemigo común: la tiranía que se imponía desde un país invasor. Todas y todos éramos principalmente mexicanas y mexicanos.

    Después de la Revolución, pasando el maximato, se hicieron campañas cuya intención era acentuar nuestra mexicanidad y unirnos en la raza mestiza, para poder trabajar como una unidad en pro de un país que dio paso al milagro mexicano, etapa que terminó poco después de la masacre en el 68 que evidenció a México como un país intolerante que mataba a su juventud, a su futuro.

    Actualmente nos dividimos y subdividimos en sectores, clases, partidos, religiones, y orientaciones sexuales; peleándonos mientras vivimos una segunda Revolución generada por la delincuencia organizada, donde se está disputando el poder y amenazando la democracia de México, según lo ha manifestado nuestro propio Presidente, sin que esto nos anime a dejar las viejas rencillas y desconfianzas que de alguna forma facilitaron que llegáramos a esto.

    Es bastante triste que a 201 años de nuestra Independencia y a casi 101 años de nuestra Revolución, no hayamos podido avanzar aún y sigamos bañándonos en sangre sin que se vea una luz al final del túnel. Si la violencia en la que estamos sumergidos no nos anima a prepararnos más, a dejar de lado las diferencias ficticias para reconocernos en nuestra mexicanidad y unirnos para rescatar a nuestro país del terrorismo impuesto por quienes supieron capitalizar nuestros errores, entonces no podemos gritar un “¡Viva México!” sincero, cuando éste en realidad se nos está muriendo.

  • El Grito

    Grito de IndependenciaEn Twitter aparecía como trend topic #gritosmexicanos en alusión al Grito de Independencia que se llevara acabo en el Zócalo. Muchos hablaban de los peculiares gritos mexicanos que tiene que ver con nuestra cultura e idiosincrasia: Por ejemplo, gritos como «el gaaaaas», «Ay Jalisco no te rajes», «Goya Goya», «puuuuuto (al portero del equipo contrario», el novedoso «fuaaaaa», o algunos proponían algunos importados como el de Laura Bozo: «Que pase el desgraciado». Lo cierto es que el verdadero grito lo dará como siempre el Presidente de la República, Felipe Calderón. Nada más que ahora no habrán malogrados festejos del bicentenario ni nada por el estilo. Será un grito como el de cualquier año.

    O quizá no tanto. Estuvo apunto de tener que ser movido de lugar porque el SME no se quería retirar de la plancha del Zócalo, por lo que el gobierno tuvo que negociar. Y no solo eso, un sector de la población por medio de las redes sociales convocó a no asistir al grito para dejar al Presidente solo, como una forma de repudio a su gestión. Aunque claro, con todo y el clima de inseguridad y todo lo que le rodea, seguramente millones de mexicanos asistirán al Zócalo y a sus sucursales estatales a dar el famoso grito. Aunque muchos no sepan lo que signifique, aunque su valor histórico esté en tela de juicio.

    Como todo país, México necesita tener algun mecanismo para apelar ese sentimiento de nacionalismo, y el grito es uno de esos mecanismos (además, claro está, la selección mexicana y el excesivo respeto cuasireligioso por los símbolos patrios).  Pero es curioso nuestro nacionalismo, porque la mayoría de los mexicanos percibimos que México está mal, le encontramos los defectos por todos lados, no sentimos algo por lo que estar orgullosos como sociedad (ese orgullo se limita a los recursos naturales y tradiciones), nuestra historia, siendo sinceros no nos da mucho orgullo, porque nunca fuimos una potencia mundial o algún país que influenciara de alguna forma al mundo, más bien fuimos receptores de otras culturas más fuertes que la nuestra.

    Pero claro que teníamos rasgos culturales de los cuales sentirnos orgullosos, pero los desechamos en pos del progreso, un progreso no basado en nuestras raíces, sino en otras culturas que asimilamos como más avanzadas. En cambio el vecino del norte, Estados Unidos, sin una base cultural sólida, pero con una idea y camino claro a seguir, comenzó a construír un sentimiento de nacionalismo, que los ha hecho fuertes como sociedad. Fué una mezcla de varias culturas (eran originarios de varias partes de Europa), pero decidieron empezar desde cero. Al grado que dentro de ese nacionalismo caben diferentes razas, y nacionalidades.

    A ellos, su nacionalismo les da orgullo, a nosotros no tanto, porque asociamos a México con un centenar de problemas. A pesar de que algunos estudios digan que México es uno de los países más felices, el mexicano siente que por su condición, le tocó sufrir, batallarle, el mexicano se siente víctima: Víctima de su historia, de sus gobernantes, de la injusticia, de la inseguridad, de la violencia. El norteamericano en cambio no lo ve así, ellos ven su país como una tierra de oportunidades, son el «self made man«, a pesar de que caigan en el otro extremo de no reconocer cuando los gobernantes los engañan, o cuando las grandes corporaciones se infiltran en el gobierno para imponer su agenda de acuerdo a sus intereses en detrimento del pueblo.

    Por eso al mexicano no le queda más que arroparse en lo simbólico. Su país no le puede dar lo que quiere, pero los símbolos que lo representan le dan un cobijo para no sentirse desolado. La sociedad mexicana puede ser imperfecta, corrupta, injusta, pero el simbolismo que representa el grito o los símbolos patrios son a prueba de todo aquellos males. Por un decirlo, México es como aquella persona que ha tenido una vida traumática, difícil, pero ostenta de un buen apellido el cual maquilla todos sus males. Pero para que México progrese, se deberá enfrentar consigo mismo, así como esa persona, deberá aceptar y asimilar sus defectos históricos y perdonarse todos sus errores. México es un país traumado, y en este caso, el grito no es de independencia, porque en realidad no somos independientes del todo (somos más dependientes de nuestras propias ataduras que de las situaciones externas) más bien el grito es de frustración y de dolor.

  • El Mito y el Grito de la Independencia

    A Felipe Calderón y a todos sus antecesores se les olvidó gritar «Viva Fernando VII» en todos los 15 de Septiembre para conmemorar el aniversario de la Independencia de México.

    La historia la escriben los ganadores, y tanto en México, como en casi todos los países del mundo, la historia se cuenta y se enseña de una forma heróica y mitológica, para despertar ese nacionalismo que a veces se tambalea cuando las cosas no van muy bien en sus respectivos países. Al mexicano común, al verse desesperado por la corrupción y pobreza que hay en su país, lo exhortan a recordar a los heroes de la patria como Hidalgo, Juárez, Morelos, Cárdenas, y los famosos e inexistentes niños heroes.

    En México, la historia de la independencia está llena de mitos y exageraciones que si las tomáramos en cuenta, no habría por qué festejar el grito de la Independencia cada 15 de Septiembre. Pero la historia oficial y las circunstancias post-independentistas así lo quisieron, y a fín de cuentas, los que ganaron, lograron escribirla como se les vino en gana.

    Primero. Cuando Hidalgo dió el grito, si bien su lucha se tornó en la guerra de la independencia, no la buscaba realmente, tan es así que gritó: ¡¡Viva Fernando VII!!. La guerra no vino de abajo, sino que los criollos (hijos de españoles nacidos en México), querían los mismos derechos que los españoles.

    La independencia se dá en el 27 de Septiembre de 1821, producto de los combates lidereados en gran parte por Guerrero e Iturbide. El problema fué que a la historia oficial no le convenía que Iturbide se quedara con el crédito de la independencia porque era conservador (que fueron a fin de cuentas los perdedores en la batalla contra los liberales), entonces la consumación, si bien se le reconoce a Iturbide, se le deja en segundo término.

    Y hasta aquí todavía no logramos desmitificar totalmente el mito del grito de Independencia. Muchos se preguntan por qué el grito se acostumbra dar en la noche del 15 de Septiembre y no el 16, como debería de ser. Resulta que esa tradición de dar el grito todos los años, comenzó con Porfirio Díaz, y el mandatario había nacido el 15 de Septiembre de 1830. Entonces había que festejar la pachanga de alguna forma, y el decidió que el grito se diera en la noche de ese día, si, por su cumpleaños.

    Muchos mexicanos que van a dar el grito, (en su mayoría en plan patrioti-parrandero-peda) no conocen lo que hay detrás de él. Porque la historia oficial nos ha vendido el grito como el ácto simbólico, cuando en realidad no era un grito de independencia. Más bien era el grito por los derechos de cierto sector social, que casualmente se transformó en el grito de la independencia nada más. Pero la fecha de la independencia se deberia haber festejado el 27 de Septiembre de 1821; lo malo es que como el grito no sería de noche, entonces ya no habría pretextos para salir de parranda con los amigos.