Etiqueta: Elecciones 2018

  • ¿Por qué el debate de hoy no cambiará mucho las cosas?

    ¿Por qué el debate de hoy no cambiará mucho las cosas?

    ¿Por qué el debate de hoy no cambiará mucho las cosas?

    En mi opinión, para que Anaya llegara con posibilidades de ganar la presidencia debía haber llegado a este tercer debate con menos de 10 puntos de desventaja promedio en encuestas con respecto del puntero.

    La idea era que hiciera un muy buen debate, que reafirmara que es el segundo lugar de la contienda y que se está acercando a AMLO. Actualmente todavía hay personas que no han decidido su voto porque están esperando a ver si es Anaya o Meade el que estará en condiciones de competirle a AMLO. Un muy buen debate sumado a ese voto que todavía está indeciso (que puede ser parte del «voto oculto») podría acercarlo de forma considerable a AMLO y reducir la ventaja de tal forma que, aunque las encuestas le dieran todavía ventaja a AMLO, pudiera ocurrir que, debido a que las encuestas no son exactas, terminara ganando la presidencia. Si las encuestadoras del cierre de campaña le dieran a AMLO una ventaja sobre Anaya de 4 o 6 puntos, cabría la posibilidad que Anaya en realidad terminara ganando. En ese escenario el «voto oculto» (si es que existiera en favor de Anaya) podría hacer su papel.

    Pero la realidad es muy distinta. Primero, porque la distancia entre Anaya y AMLO no es menor a 10 puntos. Según Oráculus es de 22 puntos en promedio. Segundo, porque los priístas están bien necios y pretenden quitarle el segundo lugar con base en una campaña de desprestigio. Tercero, la campaña de Anaya ha sido bastante mala y se nota una profunda descoordinación entre todos sus integrantes. 

    El PRI, o ya asumió la derrota y prefiere que gane AMLO (muy plausible), o no está haciendo bien sus cálculos. En la primera embestida hacia Anaya antes del inicio de la campaña, lograron detener su crecimiento, pero no fue Meade el que captó lo que perdió Anaya, fue AMLO. ¿Por qué ahora intentar tumbar a Anaya esperando que todo el voto se concentre en Meade si el voto anti PRI es más grande que el voto anti AMLO como lo reflejan todos los estudios demoscópicos?

    En ese estado, el voto antipejista (que dudo que unido le alcanzara) estará completamente dividido. La gente que todavía no decide no sabrá siquiera por quién debe de votar.

    El PRI aspira (o eso dicen) a que Meade se refrende como segundo lugar para que los antipejistas se decidan por él y ocurran muchas combinaciones (muchas de ellas, improbables) para alzarse con la victoria. Estamos a 18 días de las elecciones y la gente sigue pensando, acertadamente, que Anaya va en segundo lugar ¿Cómo le dices a la gente que Meade en realidad va en segundo si la única referencia que tendrán para saberlo son las encuestas del cierre de campaña que salen días después del debate casi al cierre de la campaña? Lo peor para la estrategia del PRI es que este jueves comienza el mundial por lo cual lo que ocurra en las elecciones tendrá menos impacto. ¡Y así el PRI quiere quitarle a AMLO más de una decena de puntos de ventaja!

    Es posible que lo más interesante del video sea el pleito entre Meade y Anaya y no la lucha por la presidencia. Los priístas no sólo quieren quitarle a Anaya el segundo lugar, tienen la intención de destruirlo. 

    AMLO debe estar muy agradecido con el PRI, gracias a ellos va a ser presidente.

  • La banalización de MORENA

    La banalización de MORENA

    La banalización de MORENA
    Foto: Milenio

    En el pasado, si había un movimiento que podía presumir cierta congruencia ideológica, ese era el de López Obrador. El PAN y, sobre todo, el PRI, mientras tanto, estaban invadidos por el pragmatismo excesivo que los fue convirtiendo en cascarones ideológicos. López Obrador presumía un discurso ideológico consistente (estuviéramos o no de acuerdo con él). Por esa razón varios de los intelectuales más importantes en ese momento se aliaron a su movimiento.

    Con MORENA, un partido exclusivamente de él, uno esperaría una extensión y una consolidación de ello: un partido moralmente diferente a los demás, que hace las cosas distintas, pero no es así.

    Dentro de su partido vemos muchas de las prácticas y mañas existentes en los otros. En MORENA también vemos políticos trepadores, chapulines que quieren su hueso y no tanto líderes sociales que luchan por la justicia social. La forma de hacer política en este partido naciente que presume como sus ejes rectores «no robar, no mentir y no traicionar» es básicamente la misma forma de hacer política tradicional.

    Algunos me argumentarán que en MORENA no hay pruebas de «saqueos como los del PRI y el PAN», que eso lo hace un partido honorable, aunque la realidad es que MORENA nunca ha estado en el poder y por lo tanto tenemos pocas referencias para poder hacer una comparación justa con los otros partidos. Pero lo que me llama la atención son las figuras que están postuladas por este partido y que representan lo opuesto a lo que MORENA dice defender. Dejemos del lado a los miembros con posturas políticas tan disimiles como Manuel Espino o Paco Ignacio Taibo II; concentrémonos aquellas figuras impresentables que buscan una alcaldía o una gobernatura, perfiles que en tiempos anteriores eran criticados de forma implacable por muchos de los simpatizantes de López Obrador.

    No me cabe en la cabeza cómo es que un personaje como el Pato Zambrano puede estar postulado por un partido que dice que «hará historia», que se asume como la «cuarta transformación del país». El ex integrante de Big Brother amenazó con «romperle su madre» al candidato de Nueva Alianza por la alcaldía de Monterrey:

    https://www.youtube.com/watch?v=bn7qqA3F92o

    No es la primera vez que el Pato Zambrano hace un papelón de estos en un debate, de hecho es una práctica recurrente de este candidato del cual circulan muchos videos en Youtube donde insulta y pelea a distintos personajes. ¿Por qué un partido que asume tener una calidad moral muy alta y que dice destacar sobre los demás partidos se da el lujo de tener este tipo de personajes?

    Cuauhtémoc Blanco es otra muestra de la banalización ideológica de MORENA. El Cuau es uno de los mejores futbolistas que ha dado el balompié mexicano, pero todos sabemos que su calidad como futbolista tiene poca relación con su calidad como persona, ya que solía insultar y agredir a futbolistas o a periodistas. En el debate que se llevó a cabo en Morelos, el candidato de MORENA a la gobernatura de esa entidad volvió a mostrar quién es realmente. 

    El futbolista, quien aparece constantemente en mítines con Andrés Manuel López Obrador, es recordado no sólo por sus goles, sino por burlarse de los árbitros, hacer festejos polémicos y por agredir por la espalda a David Faitelson. Como político Cuauhtémoc Blanco es sumamente ineficiente e ignorante.

    https://www.youtube.com/watch?v=EwaBVheQ5Bk

    ¿Qué puedo esperar diferente de un partido que ya ha comenzado a adoptar todos los vicios de la clase política, que también incluye a personajes del espectáculo y personajes de dudosa calidad dentro de su partido? Por su naturaleza de partido de izquierda (ahora aliado con el partido más ultraderechista del país), uno puede entender que dentro de esta organización haya algún radical o hasta algún porro (como Gerardo Fernández Noroña). Pero de lo que se está llenando MORENA es de trepadores, de gente que quiere mantener su hueso.

    ¿Y de verdad podemos pensar que el gobierno de AMLO va a regenerar México con las mismas prácticas y los mismos vicios?

    El tiempo es sabio. 

  • Las virtudes y los defectos de los candidatos

    Las virtudes y los defectos de los candidatos

    Las virtudes y los defectos de los candidatos
    Foto: Noticieros Televisa

    Andrés Manuel López Obrador

    Virtudes:

    • Es una persona muy tenaz y perseverante. Contender en tres campañas electorales y recorrer todos los municipios del país no es cualquier cosa.
    • Es, simplemente, el líder político más importante de todo el país. 
    • Tiene vocación y sensibilidad social. Conoce más que nadie al «México de abajo». 
    • Tiene amplia experiencia política. Es el único de los candidatos que ya ha gobernado y su gestión en la Ciudad de México en general es bien vista.
    • Nunca se ha enriquecido ilegalmente de la política. Ciertamente puede ser criticable que viva, en parte, de los recursos de su partido (que a su vez es del erario) pero ello no implica ilegalidad alguna. 
    • Es el único que ha hecho un diagnóstico del país que toca fibras sensibles y que la mayoría de los políticos no se atreven o no quieren tocar (desigualdad, empresarios que se enriquecen al amparo del poder, entre otros más).

    Defectos:

    • Es una figura con un discurso mesiánico que tiende a polarizar la discusión.
    • Tiene tintes autoritarios, suele denostar a quienes no piensan como él y a hacer juicios de valor moral sobre quienes disienten (aunque no tengan un interés particular).
    • Tiene poca confianza en sociedad civil como agente de cambio. Le disgusta la idea de que en su gestión habrá contrapesos fuera de su control.
    • Suele ser una persona necia, poco dispuesta a confrontar su ideario y sus propuestas.
    • Su propuesta es obsoleta y prácticamente no ha cambiado desde hace algunas décadas (al menos desde finales del siglo XX).
    • No es una persona ávida de aprender y prepararse constantemente más allá de su experiencia en la calle.

     

    Ricardo Anaya

    Virtudes:

    • Es una persona muy inteligente y de mente aguda.
    • Es una persona que le gusta aprender, mantenerse actualizado y absorber la mayor cantidad de conocimiento posible.
    • Se prepara de la mejor forma para afrontar los escenarios que se le pongan enfrente. Se caracteriza porque antes de los debates analiza bien el escenario y hasta las tomas de cámara. Es muy meticuloso.
    • Tiene una retórica muy envidiable. Anaya es uno de los candidatos con mejor oratoria que hemos visto en los últimos tiempos.
    • A pesar de su juventud y su corta trayectoria, ha sabido moverse para llegar a la punta de la pirámide política (lo cual, por sus formas, puede verse como un defecto, pero también es una virtud).

    Defectos:

    • Es ambicioso en exceso. 
    • Es una persona poco confiable ya que ha traicionado a muchas personas que le tendieron la mano para lograr sus objetivos. Su trayectoria tiene puntos cuestionables. 
    • Es una persona que tiene poca capacidad para conectar y empatizar con la gente.
    • Parece estar falto de convicciones e ideales, por eso es que no ha logrado construir una narrativa convincente.
    • Nunca ha ejercido un cargo público por elección popular. 

     

    José Antonio Meade

    Virtudes:

    • Es una persona íntegra que nunca se ha enriquecido a través de su trayectoria política.
    • Es inteligente y tiene una amplia preparación académica.
    • Tiene amplia experiencia en el terreno económico y de relaciones internacionales. 
    • Es una persona conciliadora, abierta a dialogar.

    Defectos:

    • Si bien no es corrupto, no es una persona que levante la mano para evitar o denunciar los actos de corrupción de los otros. 
    • Tiene experiencia como burócrata, pero no como político.
    • Estar abanderado por el PRI y estar rodeado por personajes impresentables siempre va a ser un defecto.
    • Nunca ha ejercido un cargo público por elección popular. 

    Nota al pie: no incluyo al Bronco porque ese es de broma.

     

  • Anaya, el candidato antisistema

    Anaya, el candidato antisistema

    Anaya, el candidato antisistema

    Si hay un candidato antisistema en estas elecciones, uno que vaya en contra de los intereses del corrupto gobierno de Enrique Peña Nieto, ese es Ricardo Anaya.

    No, el principal opositor de Peña en estas elecciones no es López Obrador, es Anaya.

    No es antisistema porque no se haya beneficiado del sistema mismo ni porque haya sido parte de éste. Tampoco lo es porque su honestidad destaque frente a la corrupción del político promedio. Anaya lo es porque el peñismo vio en él a una figura muy poco confiable: su historial de traiciones dentro de su partido no le habría garantizado de ninguna manera inmunidad (impunidad) a Peña y a los suyos. Ello explica por qué desde el año pasado hicieron lo posible por debilitar a Ricardo Anaya.

    En la campaña, Anaya remató y dijo que si ganaba metería a Peña a la cárcel. Esa propuesta tal vez sea, junto con la del ingreso básico universal, una de las pocas que recordamos del candidato.

    El problema es que los priístas suelen ser rencorosos. Los que los hemos llegado a conocer sabemos que se caracterizan por tener la piel bastante delgada, y rara vez perdonan ese tipo de amenazas. 

    La campaña del PRI contra Ricardo Anaya es real, no es una ficción ni es una oscura estrategia. En el primer ataque de este año utilizaron a la PGR de forma facciosa, en el segundo utilizaron a los medios de comunicación como Televisa y TV Azteca y similares para propagar con impecable sincronía un video sin fuente de origen con unas presuntas declaraciones:

    ¿Es Anaya culpable de lo que se le acusa? ¿Són mentiras? ¿Son verdades a medias? No lo sé. No me parece que Ricardo Anaya sea una persona muy confiable y honesta. Pero, independientemente de la veracidad que las acusaciones puedan tener, queda claro que el gobierno de Peña Nieto está interviniendo de forma flagrante en las elecciones para destruir a Anaya, ya no solo para evitar que llegue a la presidencia (cosa que a estas alturas ya es bastante improbable) sino para destruir su carrera y su fama.

    Es evidente que Peña Nieto prefiere a López Obrador en la silla presidencial que al frentista. El discurso conciliador de AMLO incluía un guiño al gobierno de Peña Nieto que básicamente consistía en no tomar venganza a cambio de que el de Atlacomulco no le «echara montón».

    Y así lo vemos. Muchos esperaban que al cierre de la campaña todo el aparato volcara contra López Obrador y eso no está sucediendo. Los únicos que lo intentaron hacer fueron las cúpulas empresariales (ahora ya apaciguadas después de una reunión que AMLO tuvo con el Consejo Mexicano de Negocios) quienes recibieron de Peña Nieto un portazo en la cara cuando le pidieron que Meade declinara por Ricardo Anaya. 

    Lo único que vemos en contra de AMLO en estos momentos son algunos spots donde se intenta señalar que él es incapaz de gobernar este país, pero nada más. Incluso el tema de Nestora Salgado ha ido quedando en el olvido. Este cierre de campaña está resultando muy tranquilo para López Obrador quien simplemente se está administrando para lo que se antoja inevitable.

    Dentro de la campaña de Anaya han comenzado a sugerir que Peña Nieto y López Obrador ya pactaron. No sé si eso esté ocurriendo, no tengo elementos para afirmarlo pero sí se pueden ver algunos indicios de que eso podría estar ocurriendo como las votaciones en conjunto que PRI y MORENA han realizado en ambas cámaras o las polémicas declaraciones de Yeidckol. Lo cierto es que muchas de las cúpulas de poder de nuestro país ya se están alineando con el que muy probablemente será nuestro próximo presidente.  

    El discurso antisistema de Ricardo Anaya difícilmente va a pegar porque, de acuerdo a los estudios demoscópicos que se han publicado, es al que se le considera más mentiroso. Lo cierto es que al día de hoy, quien representa la principal oposición al gobierno actual no es López Obrador, sino Ricardo Anaya. Pero el mote de antisistema no es necesariamente un halago. 

  • Anaya ya no tiene nada que contarnos

    Anaya ya no tiene nada que contarnos

    Anaya no tiene nada que contarnos

    La campaña de Ricardo Anaya no despega. 

    Y no lo hace cuando falta menos de un mes para el día de las elecciones. De hecho se percibe cierta desesperación dentro de su equipo de campaña.

    La comentocracia comienza a hablar cada vez menos de él y cada vez más de lo que podría ser la presidencia de López Obrador. Todos hablan sobre los probables miembros del gabinete, de su relación con los empresarios. Todo gira en torno a López Obrador porque muchos ya se han hecho a la idea. 

    Cuando a Anaya le preguntan por las encuestas, cambia el tema y dicen que ellos van a ganar. Sabe que lo que ellas reflejan no es nada grato y no tiene nada que decir sobre el tema. No sólo por el hecho de que López Obrador se antoja como inalcanzable, sino porque Anaya ha comenzado a rezagarse al punto en que podría perder el segundo lugar que le había permitido crear el discurso de que la competencia era entre él y López Obrador. Es más, ni siquiera logró acaparar votos de la declinación de Margarita Zavala. 

    A Anaya no le va bien solamente porque el contexto le beneficia a López Obrador, sino porque su estrategia de campaña es pésima.

    ¿Alguien de ustedes me puede decir quién es Anaya o qué es lo que quiere? ¿Podrían definirlo? Se darán cuenta que esa tarea es muy complicada.

    Y ese es un gran problema porque toda campaña debe de comenzar con una narrativa, una que apele a las emociones del electorado y con la cual un sector de este se identifique y vea ahí plasmados sus valores y anhelos. La narrativa es como una matriz de donde se desprende todo, de donde se desprenden sus acciones y sus propuestas de campaña. Las propuestas pueden ser muy buenas pero si no forman parte de una narrativa convincente no van a decir nada, se vuelven estériles. Imaginemos que nos dan las siguientes instrucciones:

    Encienda el dispositivo, una vez que está prendido presione el botón frontal dos veces y así usted logrará acceder a la configuración. 

    Si solo atendemos a ese párrafo y no conocemos lo demás, vamos a entrar en una profunda confusión. No sabemos a qué tipo de dispositivo se refiere y menos sabremos cual es el objetivo de esas instrucciones. Si yo te digo que esa instrucción tiene el fin de restaurar el software de un teléfono móvil, entonces todo cobra sentido. Algo parecido es lo que la narrativa hace. No podemos pensar en las instrucciones (propuestas de campaña) si no conocemos cuál es su función y de qué producto se trata (narrativa).

    Y como no tiene narrativa, lo único que percibimos en Ricardo Anaya es una candidatura estéril y sin rumbo. Sin narrativa no funciona todo lo demás. Ricardo Anaya pretende ser todo: buen esposo, buen padre, rockero, motociclista, conferencista de TED, CEO, académico, políglota, pero al final no es nada, su candidatura no tiene sustancia, por eso no pega ni despega. 

    La narrativa también funciona como hilo conductor de la campaña, y como esta no existe dentro de la campaña, entonces vemos que ni siquiera hay una buena coordinación. Vemos relanzamientos de campaña precipitados donde pretenden presentar a Ricardo Anaya como pacificador porque los estudios de campo decían que la población está preocupada por la inseguridad (en parte producto de las fallidas estrategias de los dos últimos gobiernos) y porque ese tema no es el fuerte de AMLO, pero no suena creíble, se percibe muy artificial.

    Esta improvisación, al no tener un hilo conductor, también explica que se haya creado la percepción de que «le está copiando a AMLO». Anaya se ha mostrado como un candidato antisistema, pero al no tener una identidad propia termina pareciendo una «versión chafa» del otro. Lo peor es que algunas de las propuestas y acciones del queretano parecen una calca de las del tabasqueño. No sé quién le dijo que era una buena idea hacer conferencias mañaneras como López Obrador o que plagiara la frase «más becarios menos sicarios» utilizando nombres de futbolistas.

    Anaya es prácticamente inexistente dentro de las redes sociales. A pesar de ser el candidato más tecnológico y sofisticado, la campaña de López Obrador, a través Tatiana Clouthier y el proyecto «Abre más los ojos«, le han comido el mandado. El candidato el Frente se limita a presentar una y otra vez el mismo Powerpoint de siempre, a decirnos que Netflix le comió el mandado a Blockbuster y a contarnos su experiencia dentro de la Amazon Store.

    En la campaña de Anaya no han entendido el voto del hartazgo más allá de los estudios demoscópicos. Pensaron que proponer una versión antisistema light, uno más moderado, cosmético y sin riesgos, iba a traerles votos. Pero la gente está enojada, y cuando está enojada tenderán a irse con la propuesta más disruptiva, y esa no es la de Ricardo Anaya. Él se quedó varado en el medio, entre tratando ser antisistema y ser la opción que genera certidumbre. 

    Anaya quiso ser todo y no fue nada. Creyó que bastaba con debatir bien. Creyó, erróneamente que si hablaba de datos o métodos iba a levantar. Cometió el error que suelen cometer muchas veces los demócratas en Estados Unidos: ser muy racional, cerebral y apelar de forma recurrente a datos y estadísticas sin que ello se traduzca en emociones. A López Obrador le bastó utilizar recursos «chuscos» como el de la cartera o el de «Ricky Riquín Canayín» para condenar su discurso a la irrelevancia. Anaya le había dicho a AMLO que le faltaba mucho mundo, una frase que, bien utilizada, hubiera podido jugar en contra de López Obrador, pero no sólo no supieron crear una estrategia en torno a ella, sino que fue opacada por las ocurrencias de AMLO.

    Y todo eso por no haber logrado crear una narrativa. A menos de 30 días de la elección muchos ni siquiera sabemos quién es Ricardo Anaya. Por eso tiene que hacer mítines en espacios cerrados con su Powerpoint de siempre mientras que AMLO, quien se ha encarnado en una figura mesiánica que promete atacar la desigualdad y la corrupción, presume casi a diario mítines abarrotados. 

    Me atrevo a decir que la campaña de Ricardo Anaya es una de las peores que he visto en mucho tiempo. No sólo por el hecho de ser mala, sino porque no lograron impulsar a un candidato que, a mi parecer, tenía potencial para algo más. 

  • Una orden de arroz cocido para Ricky

    Una orden de arroz cocido para Ricky

    Una orden de arroz cocido para Ricky

    Al igual que yo, Ricky no simpatiza con AMLO; pero yo, a diferencia de Ricky Incredulín, acepto la realidad y no me dejo invadir por mi sesgo cognitivo. Ricky está tratando de cuadrar los números porque no da razón a lo que sucede en las encuestas: AMLO sube y sube como la espuma. Que si los indecisos, que la tasa de rechazo, que el voto oculto, Ricky trata de encontrar algún recoveco para mantener sus esperanzas.

    Ricky Incredulín: – Oye Álvaro, pero Roy Campos dijo que las encuestas no son un oráculo que predicen la victoria.

    Yo: – Es cierto, una encuesta por sí misma no te puede asegurar que alguien puede ganar porque las tendencias pueden cambiar y porque las encuestas muestran una tendencia aproximada de las preferencias al día de hoy, pueden tener errores. Pero si ves el panorama completo te darás cuenta de que la victoria de AMLO está, si no completamente definida, sí muy muy cercana.

    Ricky Incredulín: – ¿Cómo el panorama completo?

    Ricky me pregunta mientras analiza ansiosamente una y otra vez las gráficas. Piensa erróneamente que todas las barras de indecisos o tasa de rechazo se van a ir con Anaya, sin percatarse de que muchos de ellos ni siquiera van a salir a votar y que es probable que la tendencia en ese voto no difiera mucho del que sí lo declara. 

    Yo: – Sí.  No sólo es la encuesta, es también la tendencia donde López Obrador sigue subiendo mientras que Ricardo Anaya y José Antonio Meade están estancados. Esperaría que la elección se cerrara conforme se acercara la elección y eso no está sucediendo. Y no sólo es eso, es que Anaya tiene una pésima campaña, no tiene una narrativa, no conecta. Incluso ya varios panistas como Juan Ignacio Zavala y Roberto Gil Zuarth dicen que este arroz ya se coció, que «ya valió madres». Se trata de analizar la campaña en su conjunto mi estimado. Estamos en una elección donde la gente grita cambio y venganza contra el gobierno actual. 

    Ricky Incredulín: – Pero seguramente tendrán un as bajo la manga.

    Yo: – Recapitulemos Ricky. Qué no se ha dicho ya de AMLO, que si nos va a convertir en Venezuela, que varias de sus propuestas son absurdas (y lo son), que si el aeropuerto, que se peleó con algunos empresarios y míralo, sigue subiendo. Está casi igual que Trump, quien dijo que podía matar a alguien en la Quinta Avenida y aún asi no caer en la encuestas. Si tuvieran un as bajo la manga ya la hubieran sacado. Yo no sé realmente qué se tendría que hacer a estas alturas. Incluso, ni se si sería buena idea que a Meade se le ocurriera declinar a favor de Anaya (lo cual dudo muchísimo que suceda), en una de esas Anaya pierde muchos de esos votos de quienes quieren castigar al PRI pero no quieren votar por AMLO. Tal vez prefieran lo primero a lo segundo.

    Ricky Incredulín: – Pero ve, Anaya es rebueno para los debates. Al Beltrones se lo puso como camote. ¡Esperate al tercer debate!

    Yo: – Sí, lo recuerdo, pero ya van dos debates y Ricardo Anaya no ha capitalizado nada. No conecta y trata de ser muy racional cuando la gente vota más por emociones y en una elección donde los sentimientos están a flor de piel. Anaya no ha construido una narrativa, en cambio AMLO, con todo y sus propuestas mafufas, sí lo ha logrado. Además, los golpes que sufrió del PRI le quitaron mucha credibilidad ante un sector del electorado.

    Ricky Incredulín: – Pero no te dejes engañar. O sea, las encuestas usan muestras de 1200 entrevistados, son bien poquitos y no representan a todos los votentes ¡a mí no me encuestaron!

    Yo: – Me temo, mi estimado Ricky, que no tienes muchos conocimientos sobre muestreo. Te recomiendo este libro de estadística para Dummies donde podrás darte cuenta que así se hacen todos los estudios. Se sacan muestreos representativos del universo y, con base al número de entrevistados, se obtiene un margen de error que en general está cerca del 3%. O sea, que el resultado puede variar 3 puntos arriba o abajo de la realidad. Es natural que en un país de más de cien millones de habitantes donde las casas encuestadoras no suelen entrevistar a más de dos mil personas nunca te hayan entrevistado. 

    Ricky Incredulín: – Pero están cuchareadas. Una vez un cuate me dijo que en la encuesta del Reforma en la Ciudad de México entrevistaron solo en las delegaciones que coincidentemente en la mayoría AMLO tenía fuerza. No fueron a la Benito Juárez donde están los pirrurris. ¿Ves? Están manipuladas. Ya te sabes como son los pejezombies paranoicos.

    Yo: – Pero entonces no te comportes como «pejezombie paranoico» diciendo que todas las encuestas están compradas. No sólo hay que advertir que todas esas encuestas son verificadas por el INE sino que lo que mencionas de las delegaciones no es algo que se haga a propósito para «manipular». Se seleccionan aleatoriamente porque como son 1200 encuestas repartidas en todo el país, no alcanza para encuestar en todas. De la misma forma es muy posible que lo opuesto haya pasado en otros lugares de la República.

    Ricky se pone muy ansioso y nervioso, me dan ganas de darle un abrazo porque hasta ahora se acaba de dar cuenta de la realidad, una que no le gusta ni a él ni a mí, pero que yo ya había anticipado desde hace mucho tiempo.

    Ricky Incredulín: – ¿Entonces ya ganó?

    Yo: – No me atrevería a afirmarlo categóricamente. Falta un mes y puede llegar a pasar algo que cambie las tendencias, pero la verdad se me antoja muy difícil que suceda. Incluso, toma en cuenta que ya va a empezar el Mundial y la gente se va a distraer un poco de las elecciones con lo cual las estrategias de campaña van a tener menos impacto. 

    Ricky Incredulín: – ¡No puede ser!

    Yo: – Ánimo Ricky, nosotros como sociedad civil vamos a ser un contrapeso ante su régimen. Ánimo que el mundo no se acaba, no llores. Vamos por algo de comer, ¿qué quieres?

    Ricky Incredulín: -¡Ya sé! Una torta y un Frutsi,

    Yo: – ¿Queeee?

    Ricky Incredulín: – Estaba bromeando, vamos mejor al McDonalds antes de que AMLO lo cancele. 

  • La batalla contra López Obrador: los límites de los empresarios

    La batalla contra López Obrador: los límites de los empresarios

    La batalla contra López Obrador: los límites de los empresarios

    Ante un triunfo de AMLO que pareciera percibirse cada vez más inminente, varios empresarios salieron, de alguna u otra forma, a externar su preocupación. Algunos lo han hecho usando su derecho a la libertad de expresión, otros han jugado en el límite entre ésta y la coacción del voto.

    Me parece que todos los empresarios deben tener el derecho a manifestar su postura a favor o en contra de un candidato, de decir que simpatizo con este candidato o que aquél otro no me gusta. Creo yo que eso es muy sano para nuestra incipiente democracia porque le da más información al elector, quien puede decidir libremente e interpretar, desde su criterio, lo que los empresarios dicen. En este sentido, preocupados por la figura de AMLO, han salido José Ramón Elizondo de Vasconia y José Antonio Fernández Carvajal de FEMSA con una postura respetuosa hacia el electorado. No veo mal que el INE no permita a los empresarios hacer proselitismo mediante recursos económicos ya que estarían en ventaja frente a los ciudadanos u organizaciones que no tienen recursos para hacer lo mismo y lo cual puede distorsionar el concepto democrático que todos somos iguales ante la ley, pero creo que sí deberían poder expresar su postura libremente por medio de videos o comunicados (en la actualidad el INE no les permite mostrar simpatía por algún candidato). De hecho, con esas restricciones estarían en desventaja ante el empresario Alfonso Romo quien ha estado apoyando a López Obrador entre las élites empresariales por ser uno de sus coordinadores.

    Pero si hablamos de Germán Larrea de Grupo México o, más aún, de Alberto Bailleres, la historia es diferente. Bailleres ordenó una junta obligatoria en Perisur para comunicarles a sus empleados que no voten por López Obrador y les infundió miedo (casi diciéndoles que con la llegada del tabasqueño sus empleos podrían estar en riesgo). Este tipo de medidas son las que navegan entre la libertad de expresión y la coacción del voto. Pero no solo eso, también es una falta de respeto a sus empleados:

    Al sugerirles como votar, el patrón asume de forma tácita que sus empleados no tienen capacidad de decidir por sí mismos. Aunque no se les pida, al menos por lo que sabemos, que comprueben que votaron por otro candidato, esa «libertad de expresión» se convierte en chantaje. Es válido que los empresarios expresen su sentir a sus empleados, pero no que les pidan realizar una u otra acción.

    Pero lo peor del caso para los empresarios como Bailleres y Larrea es que este tipo de medidas les terminarán siendo contraproducentes. Si AMLO algo ha sabido hacer es decidir con quién pelearse y con quién no. El tabasqueño consiente a Ricardo Salinas Pliego y a Emilio Azcárraga por el poder mediático que las televisoras tienen, pero ni Bailleres ni Larrea lo tienen, ya que no pueden usar recursos económicos, porque la mayoría de los mexicanos no los conocen, y de quienes los conocen, no todos los respetan. Ellos tan sólo pueden tratar de influir dentro de su plantilla de trabajo en un país donde las todas grandes empresas emplean a poco más del 20% de los trabajadores mexicanos y, en una elección donde la ventaja de AMLO es contundente, sus esfuerzos se tornarán insignificantes.

    Les terminan siendo contraproducentes porque estas posturas, aunadas a un López Obrador que genera incertidumbre en materia económica y que se muestra confrontativo, se han reflejado negativamente en el valor de las acciones de sus empresas. Estas posturas también podrían afectarles negativamente en materia de imagen pública y, de la misma forma, llegar peleados a un régimen donde el presidente se caracterizará por su confrontación no les dejará nada bueno, ni a ellos ni al país.

    También es cierto que la élite empresarial de nuestro país no goza de la mejor reputación ya que muchos la relacionan con bajos sueldos y un clima laboral que suele ser inferior a las empresas transnacionales que se instalan en nuestro país. A las élites y cámaras empresariales, tal vez con la excepción de la Coparmex que sí tiene un sentido más social (proponiendo un salario mínimo más alto u organizando iniciativas para fortalecer la democracia y/o combatir la corrupción), les falta una mejor comunicación y empatía con la población, con la «gente de a pie». Pareciera que son parte de una burbuja, de un «mexiquito» que se encuentra aislada del «mexicote». 

    Básicamente, así refuerzan las condiciones para que un régimen de corte populista se pueda instalar en nuestro país. 

    Otra duda razonable es qué tanto estos empresarios están preocupados realmente por el «populismo» (que seguramente existen) y qué tanto están preocupados por perder sus privilegios (que seguramente también existen). No es un secreto que algunos empresarios tienen amplios beneficios gracias al compadrazgo con los gobernantes y políticos en turno. Tan no es un secreto que The Economist señala que son más los billonarios mexicanos beneficiarios de un capitalismo de cuates (crony capitalism) que los beneficiarios de su talento y esfuerzo dentro de un régimen de libre mercado. 

    Su animadversión hacia López Obrador bien la podrían aprovechar para crear un pacto con la sociedad en vez de pedirles de forma insistente a sus empleados que voten de tal forma. ¿Cómo puedes persuadir a una sociedad con la cual no te has puesto en contacto más allá de los estudios de mercado o el departamento de recursos humanos?  ¿Por qué no deciden comprometerse a llevar, en conjunto con las cámaras empresariales, acciones para combatir la pobreza y las estructuras que crean una fuerte desigualdad que vaya más allá de la generación de empleos? ¿Por qué no se comprometen a combatir la corrupción por medio de códigos de ética dentro de las cámaras donde se sancione o señale a las empresas que se benefician de ella? ¿Por qué no pactan para darles una mejor calidad de vida a sus empleados? ¿Por qué no implementan, en la medida de lo posible y de sus capacidades, las mejores prácticas de las empresas de otras latitudes? 

    Lo que digan algunos empresarios en realidad no calará mucho en la sociedad porque, a mi parecer, varios de ellos no se han esforzado lo suficiente en llegar a ella y establecer canales de comunicación. Esta coyuntura podría aprovecharse para crear una clase empresarial más eficiente y más social. La confrontación de López Obrador es absolutamente reprobable, pero crear una batalla frontal contra su probable régimen antes de que llegue al poder podría hacer hasta riesgoso ya que, mal que bien, ellos generan una gran cantidad de empleos en México y son necesarios en la vida económica del país. 

  • La etapa de la negación

    La etapa de la negación

    La etapa de la negación

    Es cierto que no se puede asegurar de forma categórica que López Obrador ha ganado la elección. En el mes que falta para el día de la elección pueden llegar a ocurrir eventos que modifiquen las intenciones de las encuestas: una revelación muy oscura y turbia del candidato (o sea, un as bajo la manga), una estrategia electoral muy inteligente (que raye en la genialidad) o algo parecido.

    Pero lo cierto es que las posibilidades de que AMLO gane son muy altas. Oráculus (el agregador de encuestas) dice que si hoy fueran las elecciones, López Obrador tendría el 92% de ganar. Si lo comparamos con futbol (aprovechando que tenemos al Mundial a la vuelta de la esquina) es más probable que ninguna de las potencias (Alemania, Francia, Brasil, Portugal, Inglaterra, Argentina, España y Bélgica) gane el Mundial, o que México llegue a semifinales (de acuerdo con las predicciones de UBS) a que López Obrador pierda las elecciones (con las tendencias del día de hoy, aclaro). 

    Las encuestas no se han movido mucho en los últimos tres meses, solo hemos visto un ligero incremento en favor de AMLO, mientras que Anaya después de un crecimiento se ha estancado y Meade se mantiene en tercer lugar; casi pareciera que están congeladas. También hemos visto que a pesar de que varios indecisos ya han comenzado a definir su voto (tomando a Oráculus de nuevo), éstos son menos que hace dos meses y no se han convertido automáticamente en votos en contra de AMLO. Ni siquiera la declinación de Margarita Zavala ayudó a cerrar la brecha. Es casi imposible que las tendencias cambien si en este mes no se da algún evento que implique un quiebre o ruptura.

    Y también es cierto que la respuesta de «no respondió o no sabe» no sólo está compuesta por indecisos, sino por gente que no va a ir a votar o que no le interesa. 

    Ante esta situación, muchas personas que no simpatizan con López Obrador se encuentran en una etapa de negación. Tratan de interpretar la realidad de tal forma que sea más cómoda emocionalmente (es decir, que mantengan una considerable esperanza de que López Obrador no vaya a ganar).

    Y esto es, hasta cierto punto, normal. Cuando se trata de política los individuos no somos completamente racionales, más bien mantenemos un sesgo donde tratamos de favorecer información que nos haga sentir bien y minimizamos aquella información que nos hace sentir mal. Así como muchos lopezobradoristas relativizan los errores y cuestionamientos de su candidato, también varios antilopezobradoristas ponen a las encuestas en tela de juicio porque no les agrada el resultado. Recordemos cuando López Obrador y sus seguidores decían que las encuestas estaban cuchareadas en 2006 porque se espantaron al ver como la brecha se cerraba.

    Este sesgo de confirmación no distingue siquiera preparación y educación. La gente más docta también es muy proclive en caer en este tipo de sesgos cognitivos. 

    Muchos dicen que las encuestas son falaces porque la muestra es de 1,200 cuestionarios cuando este tipo de muestra es más bien completamente normal y suele ser más la norma que la excepción. Para ello, tenemos que hablar del margen de error.

    El margen de error de las encuestas está determinado por el número de cuestionarios. Si el tamaño es de 1,200, el margen de error es de +/-3%. Esto quiere decir que si AMLO tiene 40 puntos, significa que la realidad se encuentra en un rango de 37 o 43 (tomando el caso de que el instrumento y la muestra estén bien diseñados). La relación entre el margen de error y el número de encuestas no es lineal, es exponencial. Si una casa encuestadora decide hacer 2,200 encuestas para que tenga mayor validez, se encontrará con que el margen de error es de +/-2% (solo disminuyó un punto). Tendría que hacer más de 6,000 encuestas para llegar al 1% aproximadamente, mientras que para llegar al cero absoluto tendría que encuestar a absolutamente todos los electores que van a votar. 

    Por ejemplo, tomando la encuesta de Reforma que salió el día de hoy que muestra que AMLO tiene más de 20 puntos sobre Ricardo Anaya, muchos aludieron a encuestas pasadas para afirmar que Reforma «siempre se equivoca» como en esta imagen:

    Si analizamos estrictamente todas estas gráficas nos daremos cuenta que en realidad la única que valida el argumento de que Reforma se equivocó fue en el 2000, error mucho menor del que algunos esperan. Coahuila no se puede tomar como referencia ya que ahí el PRI orquestó un fraude electoral, pero vayámonos con la encuesta de 2006 y la del Estado de México:

    Cuando una encuesta muestra una diferencia que se encuentra dentro del margen de error (es decir que es menor a este) se dice que hay un empate técnico. Este es el caso de de estas dos encuestas. En Estado de México le daba ventaja a Delfina, pero la victoria de Del Mazo quedó casi en los bordes del margen de error. La discrepancia fue de 4% cuando el margen de error fue del 3%. Reforma se equivocó por ¡1%! E incluso, dado que la diferencia que pronosticó era menor al margen, podemos decir que la encuesta de Reforma contemplaba la posibilidad de triunfo de Alfredo del Mazo.

    En 2006 ni siquiera hay error alguno ya que le dio a AMLO una ventaja de 2% (que es un empate técnico por estar dentro del margen de error) cuando Calderón ganó por menos del 1% cuando el margen de error oscilaba por el 3%.

    En la encuesta de Reforma que se acaba de presentar estamos hablando de más de 20 puntos de ventaja.

    ¿Esto significa que Reforma es infalible? No, aunque en 2012 fue una de las encuestas más certeras. Yo pienso que la diferencia es algo menor de la que muestra Reforma y creo que está más cercana a los 16 puntos de diferencia que muestra Oráculus. También debemos tomar en cuenta qué tan bien está diseñado el instrumento, la muestra, y el efecto de la tasa de rechazo (que podría tener una incidencia). Las encuestas se pueden llegar a equivocar, pero la realidad es que la gran mayoría de las encuestas muestran una misma tendencia, lo cual se refleja en el ejercicio de Oráculus, y que dice que López Obrador tiene una ventaja considerable  Yo prefiero usar los agregadores como referencia más que las encuestas por sí mismas, porque creo que, al final, al promediar, logran atenuar las discrepancias que estas puedan tener. 

    En redes me he encontrado con afirmaciones que dicen que la encuesta está pagada, que hay «algo chueco». Algunos (con mucha curiosidad pero sin el suficiente conocimiento en materia de investigación cuantitativa, porque vaya, no es su profesión) dicen que está manipulada porque en la CDMX se levantaron encuestas en delegaciones donde AMLO puede tener mayor ventaja, aunque en realidad estas se seleccionan de forma aleatoria. 

    Algunos también argumentan que entre sus amigos «casi nadie» va a votar por López Obrador,  que fueron a una conferencia de negocios y ahí muchos simpatizaban por Meade. Peor aún, algunos vieron un sondeo en Twitter y lo tomaron como argumento para decir que «el tabasqueño ya perdió y que todo es una manipulación de las encuestadoras». Pero los círculos cercanos no son siquiera representativos del universo. En 2012 nadie en mis redes quería a Peña Nieto y ganó porque el voto estaba en otros sectores con los cuales casi no tengo contacto. 

    Otro argumento es que las encuestas se equivocaron en el Brexit y en la elección de Estados Unidos:

    En el caso de Brexit, las encuestas se equivocaron más bien por pocos puntos. La mayoría de ellas daban el triunfo al «remain» por dos o cuatro puntos. Ni una lo hizo por más de 10 puntos de ventaja. 

    En el caso de Estados Unidos todas le dieron el triunfo a Clinton, pero la diferencia fue de 4 a 6 puntos al cierre. Y de hecho, Hillary ganó por 2 puntos tomando el voto popular (recordemos que en Estados Unidos las elecciones se definen por los votos de los superdelegados de los estados). El error de las encuestadoras fue de muy pocos puntos y el beneficiario fue el que representó el discurso sistema, al igual que en el Brexit. En el caso de México, el que tiene un discurso antisistémico es López Obrador. 

    Acá estamos hablando de que Oráculus, el agregador de encuestas más conocido de esta elección, le da al momento 16% de ventaja a López Obrador al día de hoy. Hablamos de que las tendencias no se han movido mucho en los últimos meses a pesar de la guerra sucia, del pleito de AMLO con los empresarios y los debates donde el tabasqueño no muestra sus mejores tablas. Hablamos de que la campaña del PRI contra Anaya afectó de forma considerables las posibilidades del panista y que las rencillas siguen, por lo cual se antoja complicado en extremo que todo el voto de ambos se concentre en un solo candidato. 

    Esto no se acaba hasta que se acaba, en una elección todo puede pasar. Lo que reflejan las encuestas actualmente es lo que ocurriría si la elección fuera el día de hoy, y eso significa que no se puede descartar alguna variación en el mes que falta. Pero por lo que comenté anteriormente, la realidad es que por más se acerca la elección las posibilidades de que López Obrador crecen cada vez más ya que, a pesar de todas las estrategias que se han utilizado para tratar de bajar el tabasqueño, este sigue muy cómodo allá arriba y se antoja cada vez más difícil que ocurra algo que represente una ruptura.

    Digamos que estamos el minuto 30 del segundo tiempo y el Atlético MORENA le va ganando 3-0 al Racing del Frente al cual ha superado ampliamente en la cancha. Sí, se han dado casos en que un equipo remonta ese marcador, pero eso ha ocurrido muy pocas veces. En muchas ocasiones, con un marcador así, algunos prefieren ir abandonando el estadio para no tener que lidiar con el tráfico de regreso a casa. 

    Y tal vez esta realidad no les (nos) guste a muchos. Pero habrá un momento en que se tengan que enfrentar a ella, ya que será importante conocerla para poder llevar a cabo de mejor manera su voto. Por ejemplo, en dado caso de que se acerque cada vez más la elección y no veamos variaciones, tal vez será más prudente preguntarse si López Obrador puede obtener mayoría en el congreso o no y votar en consecuencia.