Etiqueta: Elecciones 2018

  • ¿Por qué López Obrador será Presidente en el 2018?

    ¿Por qué López Obrador será Presidente en el 2018?

    Las figuras populistas emergen en el momento en que las instituciones se han resquebrajado; cuando quienes supuestamente deberían tener la cordura lo pierden todo, las propuestas sin fundamento empiezan a volverse atractivas como estrategia contestataria antes quienes se han denigrado.

    López Obrador 2018

    Por ahí del 2007 o 2008 ya pensaba que Peña Nieto podría ser el próximo presidente de México, y lamentablemente así fue. Ante el descrédito del PAN, una figura que dependiera del voto duro era factible, no importa si lo que menos tiene son dotes de estadista o si no está preparado, populismo mediático al fin y al cabo. Lo lamentable es que junto con el pronóstico de su llegada, también se ha cumplido el pronóstico de muchas cosas que temíamos de su gobierno (sólo falta la crisis económica para que dicho pronóstico sea redondo).

    Así como hice el pronóstico a 4 años de su llegada, ahora pronostico que Andrés Manuel López Obrador será el Presidente en el 2018. ¿Por qué?

    Andrés Manuel tiene todo a su favor. Algunos dirán que ha perdido fuerza, y al menos eso parece ser porque para la Reforma Energética no tuvo la convocatoria que se esperaba. Pero Andrés Manuel también de alguna forma ha elegido mantener un perfil bajo y eso le conviene. Le conviene porque será menos sujeto a críticas, porque las críticas hacia sus decisiones y comportamiento quedarán más en el pasado, porque sólo necesita surgir en el momento indicado y ahora se ha preocupado más por construir su organización (MORENA) tan democrática como una… tómbola.

    No es un secreto que el escenario actual en México tiene similitudes con el de Venezuela antes de Hugo Chávez. El descrédito es total, la situación es cada vez más insostenible, el Presidente dentro de escándalos de corrupción; una oposición cómplice que critica por encimita pero que no hace nada por lo cual se hacen corresponsables por omisión. Exceptuando al panista Javier Corral, no hemos visto figuras que puedan fungir como oposición, y la mayoría de los mexicanos no ven en los partidos políticos una esperanza ante la difícil situación en la que se vive.

    López Obrador no hace mucho ruido, incluso algunos afirman que su postura es algo tibia. Pero su movimiento poco a poco ha ido creciendo y dentro de los partidos actuales es el único que me atrevo a decir, logra fungir como oposición frente al gobierno.

    Hace 6 años nadie pensaba que López Obrador podría ser competitivo en las elecciones del 2012, incluso poco después tuvo el atrevimiento de formar parte de un episodio vergonzoso en las elecciones intermedias del 2009 cuando traicionó a Juanito, un peculiar personaje al que utilizó para buscar quedarse con la delegación Iztapalapa. A pesar de todo ello, AMLO logró surgir de la nada y llevarse el segundo lugar en la contienda.

    Ahora con un perfil más bajo (posiblemente a propósito) donde se limita a criticar al gobierno actual y a decir obviedades sobre éste, parece hacer lo justo para no hacer el suficiente ruido que se traduzcan en críticas en su contra, pero lo suficiente como para no quedar en el olvido.

    López Obrador tiene muchos defectos y muchos señalamientos en su contra, pero tiene la ventaja de poder presentarse como un hombre limpio sin huella de corrupción (o aparentarlo, al menos). El Peje puede ser calificado de populista, de bloquear Reforma, de emitir propuestas sin fundamento que de ser aplicadas al pie de la letra sumirían a México en una crisis, y de dividir a México en 2006 (créditos compartidos con Felipe Calderón), pero difícilmente se le pueden encontrar actos de corrupción como los de Grupo Higa (algunos hablan de supuestas casas en La Toscana). Posiblemente porque el gusto de López Obrador por el dinero es inversamente proporcional al gusto por el poder, o al menos, el gusto de ser adorado y seguido por las masas.

    En momentos de crisis, el individuo busca a un líder que pueda ayudarle a cambiar su realidad, y más en el México tradicionalmente paternalista. López Obrador cuadra bien en el perfil, sin importar si sus propuestas puedan ser contraproducentes. Pero a estas alturas de deseperanza, una figura como la de él en un país donde viendo la situación política actual ya no hay tanto que perder, podría obtener el voto útil necesario que haga la diferencia, en tanto comienza a consolidar el voto duro con MORENA.

    Porque si con el PRI no se pudo, hay que buscar al otro PRI, pero que sigue siendo PRI (en su esencia) pero con otras siglas y con un tufo carismático. Para algunos AMLO sería el nuevo Chávez, para otros no, y creen que su discurso contestatario es más bien una estrategia política, para que cuando llegue al poder tome una posición moderada (algo así como Lula). A AMLO le conocemos las dos facetas, el que fue Jefe de Gobierno en el Distrito Federal donde no entregó malos resultados, y el otro que manda al diablo a las instituciones (que al final del día se han mandado solas), que es necio, que no cambia de opinión, y que comete actos dudables justificados en una falsa y maniquea superioridad moral que es dada por un considerable número de seguidores que lo justifica sin importar si para ello deban alterar la realidad y traten a quienes no piensan como ellos como algo más que el enemigo.

    La posiblidad está, ese es mi pronóstico, aunque no simpatice mucho con la idea de tener a alguien como López Obrador en el poder. Y López Obrador puede recobrar fuerza en la coyuntura de un desencanto mundial que hace surgir en Europa a la izquierda dura, como el «Podemos» de España, la victoria de Syriza en Grecia; o la creciente ultraderecha en Francia, Suecia y otros países del orbe.

  • El Peje se quiere salir con la suya

    El Peje se quiere salir con la suya

    AMLO quiere emular a Lula da Silva, incluso en la campaña trató de hacerlo al traerse a Luis Costa Bonino a asesorarlo (quien hizo la campaña del ex mandatario brasileño, y quien presuntamente creó eso de la «República Amorosa»). Ahora trata de hacerlo no en efectividad política ni en logros. Sino más bien que como Lula da Silva, AMLO quiere que la tercera sea la vencida.

    El Peje se quiere salir con la suya

    En las elecciones pasadas, López Obrador no salió tan mal parado como en el 2006, más porque es más gente la que cree que Peña ganó con trampa esta vez, que la que creyó que Calderón lo hizo de esa forma en el 2006. Dentro de lo que cabe (porque no se pueden esperar grandes dosis de pragmatismo del conde de Macuspana), AMLO ha sido más prudente y se ha ido con más cuidado pensando en que buscará ganar el 2018.  Mientras yo pienso que López Obrador debería darle paso a las nuevas generaciones, el piensa en llegar al poder como sea, no importa si la historia le termina dando más importancia que a algunos presidentes sin que el lo haya sido.

    La idea fue sencilla, capitalizar el descontento social a su favor y trasladarlo al nuevo partido MORENA que quiere llevar a cabo, y lo cual no será un problema ya que con el número de seguidores que tiene ya cumple con todos los requisitos. Para evitar sumar negativos derivados tanto de las críticas como de los errores que pudiera cometer, AMLO ha escapado de los reflectores y se ha concentrado únicamente en formar su partido y dar alguna que otra declaración «muy de vez en cuando». López Obrador no cometió los errores del 2006, no hubo plantones, decidió impugnar por la vía legal, el fallo no le fue favorable, mostró su desacuerdo y consideró que las elecciones fueron fraudulentas. Ahí acabó todo. AMLO parece quedar mejor posicionado que lo que quedó después del conflicto post electoral del 2006.

    AMLO sigue concentrado en eso de que él es el personaje más honesto del mundo, y afirma que su partido no va a ser como los demás (naturalmente va a engrosar la ya deteriorada partidocracia), pero dentro de MORENA ya han existido problemas, tanto de organización como de diferencias. Al saber que no puede aspirar a una tercera candidatura del PRD naturalmente se lleva todo su capital consigo, lo cual seguramente postergará la llegada de la izquierda al poder por la fragmentación que esto va a causar.

    Podrían haber ventajas en el 2018 que ahora no tuvo. Si el PRI de Peña no hace las cosas bien tendría las cosas a su favor, tendría menos negativos dado que el 2006 ya se vería muy lejos. El pero es que no va a ser el único candidato de las izquierdas y todos esos votos que pudieran llevar a esta corriente política al poder se van a dividir. Esto haría que el PRI tenga más posibilidades de reelegirse, porque sinceramente veo muy difícil que el PAN pueda aspirar a regresar al poder en el 2018.

    López Obrador con su ambición no solo logró que el PRI regresara «haiga sido como haiga sido» al poder. Sino que también podría propiciar su regreso hegemónico. Para él no existen medias tintas y al menos en campaña desconoce el término «pragmatismo». Bien su liderazgo lo podría usar para promover la llegada de la izquierda, pero el solo se entiende a sí mismo por izquierda, cree ser el representante absoluto de ella y el se ha encargado de postergar su llegada, al asumir que no existe más izquierda que él.

  • AMLO y el futuro de la izquierda

    AMLO y el futuro de la izquierda

    AMLO nunca dejará de aspirar a ser Presidente hasta el último día de su vida. Su deseo es legítimo pero a veces parece volverse insano. Ahora ni siquiera tuvimos que esperar tres años para saber su intención, solo pasaron dos meses después de las elecciones para que anunciara (aunque sea de forma tácita) que va por el 2018. Su deseo de poder lo orilló a cometer errores graves en el 2006 y ese mismo deseo lo ha orillado a mostrarse como más mesurado.

    AMLO y el futuro de la izquierda

    Resulta que López Obrador decide abandonar al «Movimiento Progresista» integrado por el PRD, PT y Movimiento Ciudadano, para formar un nuevo partido usando las bases de Morena. No sé como se llamará ese nuevo partido, pero si sé que cumple los requisitos para formarlo. El IFE dice que para formar un partido se deben de tener al menos tres mil miembros en al menos 20 entidades, y la cifra no debe de ser menor al 0.26% del padrón electoral. Es decir, no necesita más de 100 mil integrantes. Morena reúne todo esto, por lo cual, el tabasqueño podrá formar su nuevo partido y así desligarse del Movimiento Progresista.

    En el mitin de López Obrador, podemos ver a un personaje más mesurado que en el 2006, ahora no habrá bloqueos, manifestaciones, y tratarán de buscar ser una oposición más cívica de lo que fue en el 2006. Parece que a AMLO le quedó un poco de eso de la república amorosa. Sus acciones, al menos las que ha dado a conocer, no afectarán a terceros. López Obrador habla de crear tribunales populares electorales en los estados y hacer un boicot en contra de las televisoras. También buscará transmitir sus ideas mediante cartas y volanteos.

    La decisión de López Obrador A Priori al menos a mi parecer, fracturará más las izquierdas. El PRD perderá mucho capital ante su partida, y a la vez López Obrador no contará con todas las estructuras del Movimiento Progresista. Para quienes pensamos en que Marcelo Ebrard podría ser una buena opción para el 2018, esto podría representar un obstáculo. Creíamos que iba a suceder pero no tan pronto. y es que parece que López Obrador no va a descansar hasta verse en la silla presidencial. Creo que ha encontrado un área de oportunidad (si pensamos que en el 2018 el Movimiento Progresista no lo postulará). López Obrador redujo sus negativos, y parece buscar seguirlos reduciendo al tratar de no generar una imagen de radical. También el descontento actual de la gente con el sistema político le da puntos.

    A pesar de lo que puede perder al ya no estar con el PRD. El hecho de que los asuntos por lo que se le critica todavía (bloque en Reforma, Juanito) quedarán ya más atrás, algo que pasó hace más de 10 años, le harían pensar en atraer votantes de centro como hasta cierto grado logró obtener en las pasadas elecciones. Tan solo tendría que aspirar a que el PRI no haga un muy buen gobierno y el descontento siga. El problema será el PRD y es donde puede venir la fractura. Si el PRD postula a Marcelo Ebrard y AMLO termina siendo candidato de su partido (porque el partido será de él y nadie más), estaremos en un dilema. Veo difícil que el PAN pueda ser un serio contendiente en el 2018, pero esa fractura podría ser aprovechada por el PRI.

    Lo ideal para apuntalar a la izquierda hubiera sido que López Obrador permaneciera en el Movimiento Progresista dejando contender a las nuevas generaciones, pero sabemos que eso es algo imposible de pensar. La fractura iba a venir sí o sí. No sabemos como esto afecte al PRD. Ebrard y compañía tendrán que mostrar más liderazgo. Tienen la ventaja de que ya no serán relacionados con López Obrador, y en caso de que el tabasqueño tome una decisión polémica como lo hizo varias veces en el sexenio pasado, esta ya no afectará al PRD.

    Esta separación de López Obrador tal vez sea estratégica, pero posiblemente se deba a diferencias con las otras tribus de su partido. Si bien ninguna de las dos partes estuvo de acuerdo con el fallo de la TEPJF, López Obrador optó por desconocer a Peña Nieto, mientras que en el PRD decidieron acatarlo de todas formas y optar por la vía de la institucionalidad. Es entendible la postura de ambas partes, ya que los nuevos gobernadores del PRD se verían perjudicados si trabajan desconociendo completamente al PRI.

    El tiempo nos dirá que efecto tiene esta polémica decisión de López Obrador. Pero en lo particular creo que no es sano tener a tantos partidos de izquierda (serán cuatro) donde los partidos se canibalizan entre sí. A la vez es la oportunidad para que el PRD aspire a ser una izquierda «moderna» de la mano de Ebrard o Mancera. Pero a la vez dentro del gobierno de Peña Nieto, ambas posiciones serán necesarias, más porque una no tiene que ver nada con la otra.