Etiqueta: El Bronco

  • Análisis del segundo debatín chafín

    Análisis del segundo debatín chafín

    Análisis del segundo debatín chafín

    ¿Cómo poder reseñar un debate tan aburrido, tan deplorable y tan decepcionante como el que tuvimos? No fue el formato, no fueron los moderadores (aunque creo que Yuridia no estuvo a la altura), fueron los candidatos. Estimados, tenemos unos candidatos deplorables y no entiendo como algunos se dan el lujo de perder amigos y hasta familiares por defenderlos. 

    ¿Quién ganó el debate? Es una pregunta muy debatible y compleja de responder, pero lo que sí estoy seguro es que el gran perdedor es México.

    Vamos al grano. Lo primero que tengo que decir es que ninguno aportó gran cosa en materia de política exterior. Es un tema demasiado importante dada la coyuntura de nuestro país (con el TLCAN en plena negociación) y ninguno estuvo a la altura, ni siquiera Meade quien tiene experiencia como canciller. Fue terrible, puros lugares comunes, puras palabras al aire. Puras acusaciones, peleas dignas de un patio de primaria. ¡Vaya! Un circo terrible.

    López Obrador

    A mi parecer López Obrador fue el ganador. No porque sea bueno debatiendo, no porque tenga las mejores propuestas. Simplemente porque tenía que ir a conservar su ventaja, y todo parece ser que así va a ser. Me preocupa que el candidato de MORENA no sepa ni un ápice de política exterior, es un ignorante del tema, no sabe absolutamente nada y ni su larga experiencia como político lo ha motivado a aprender algo. También preocupa su escasa agilidad mental, la cual se nota incluso cuando intenta hacer chistes. Básicamente me preocupa que quien será, casi con toda seguridad, nuestro próximo presidente, tenga carencias en cuestiones tan elementales. Me preocupa que recursos como ese de «Ricky Riquín Canayín» le funcionen y le aplaudan por eso. Son patéticos pero funcionan.

    A López Obrador le fue bien por dos cosas: primero, porque sus contrincantes desperdiciaron muchas oportunidades para noquearlo; y segundo, porque AMLO se mostró más despierto y sonriente en el debate, cosa importante después de haber sido criticado por, supuestamente, tener problemas de salud. A pesar de que Anaya logró hacerlo enojar alguna vez, AMLO enrareció el debate con sus ocurrencias y eso hizo que muchas de las críticas quedaran fuera de foco. El recurso de la cartera le funcionó muy bien, así logró esquivar lo que hubiera sido un golpe de Anaya quien se regresó frustrado a su lugar. 

    A pesar de su torpeza al hablar y su ignorancia en temas puntuales, AMLO mueve sentimientos y lo hace muy bien cuando está de buenas. 

    Ricardo Anaya

    Sí, fue el que debatió mejor, el que llegó más preparado, quien llevó más libros, apuntes y láminas. Pero en un debate presidencial no siempre gana el que debate mejor sino quien rentabiliza el debate a su favor y Anaya no lo logró. 

    Ricardo Anaya tenía que ir a buscar el voto blando de Andrés Manuel, ese voto que ganó en los últimos meses y que no está compuesto por incondicionales. Para eso tenía que lograr tres cosas: 1) Presentarse como antisistema, 2) Asestarle golpes contundentes a AMLO y 3) Crecer por méritos propios:

    Anaya sólo logró lo primero. Mantuvo una crítica con el gobierno actual y eso estuvo bien. De hecho, al principio creí que, aprovechando la ignorancia de López Obrador en materia de política exterior, Anaya se comería a López Obrador, pero no ocurrió, lo cual nos lleva al segundo punto: 

    Anaya no logró noquear a AMLO, lo logró hacer enojar una vez pero nunca lo tumbó. En algunos casos los golpes fueron poco certeros y López Obrador logró darles la vuelta con sus chistes o en alguna ocasión con uno que otro argumento. Ricardo Anaya mintió en ocasiones cuando hizo algunas de sus acusaciones y llegó a ser exhibido por ello. 

    El panista tampoco logró crecer por sus propios méritos. Yo había dicho anteriormente que debajo de su elaborada retórica no hay mucha sustancia y eso quedó, a mi parecer, muy evidente en este debate. ¿Por qué quiere ser Anaya presidente? ¿Como sería su gobierno? ¿Con quienes trabajará? ¿Cómo piensa Anaya? No respondió esas preguntas y su persona sigue generando incertidumbre. Pero aún para él. A pesar de ser elocuente, no inspira confianza. Su lenguaje corporal tiene rasgos esquizoides, su sonrisa y sus expresiones de la cara son muy falsas.

    Si he dicho que con una eventual presidencia de López Obrador podría haber algunos riesgos, no podría decir lo opuesto de Anaya. Al no resolver todos estos dilemas, veo muy difícil que logre alcanzar a AMLO en las encuestas.

    José Antonio Meade

    El candidato del PRI mejoró bastante. Se vio más elocuente y supo hilar argumentos de mejor forma. Se veía que venía entrenando y su mejora ya se palpaba en los últimos programas a los que lo invitaban a participar. Pero creo que no fue suficiente, sobre todo porque no logra o no quiere desligarse del corrupto gobierno de Peña Nieto y porque ya es demasiado tarde. La idea de que la elección es entre Anaya y López Obrador ya quedó impregnada en la cabeza de la mayoría de los electores. 

    Lo que sí podría criticar de Meade es que, a pesar de haber sido canciller, no mostró muchas tablas ni un gran conocimiento en el tema. En ese sentido, también desperdició una oportunidad. Concuerdo con quienes dicen que es el mejor candidato (el problema es el partido que lo postula) pero nunca logró exhibir del todo su amplio conocimiento sobre el tema. Veo muy difícil que logre salir del tercer lugar en donde está estancado. 

    El Bronco

    Una vergüenza. No puedo decir más. 

    Conclusión

    El debate no va a mover muchas cosas. En las encuestas que ya han sido publicadas y que preguntan quién fue el ganador del debate Anaya aparece en un primer lugar, pero apenas por encima de AMLO. Anaya tenía que generar la percepción de que su triunfo fue contundente (cosa que había logrado en el primer debate) para rentabilizarlo con una estrategia posdebate. Lamentablemente no lo logró, se quedó a medias cuando tenía que dar el estirón para alcanzar el voto blando de AMLO, ese que vale doble.

    No sé si este arroz ya se coció pero creo que el resultado de este infame debate pone a López Obrador cada vez más cerca de la presidencia. Lo único rescatable fue el formato. Por lo demás, los mexicanos deberíamos reflexionar y preguntarnos por qué es que tenemos candidatos tan mediocres. 

    Esta es nuestra realidad y el debate (si es que se puede llamar así) nos lo recordó, y esos son los candidatos que van a estar en la boleta. 

  • El primer debate. El análisis que no te mochará la mano

    El primer debate. El análisis que no te mochará la mano

    El primer debate. El análisis que no te mochará la mano

    Ya tuvimos el primer debate a la presidencia y me quedo con sentimientos muy encontrados. Por un lado, el ejercicio mejoró mucho, es el mayor avance que hemos tenido desde 1994 (cuando se organizó el primer debate que ganaría el Jefe Diego) aunque creo que hay cosas que pueden irse ajustando, como la cuestión de los tiempos que a veces no permitían a los candidatos formular sus argumentos. Me gustaron los moderadores, en especial Denisse Maerker. Fueron igualmente incisivos con todos y no mostraron sesgo alguno. Aquí todo muy bien.

    Pero por otro lado, si bien el formato mejoró, lo que no mejoraron fueron los candidatos que tan solo mostraron la mediocridad de la política mexicana. A unos les fue mejor que a otros, pero ninguno se mostró sólido, todos evadieron respuestas, casi nadie presentó propuestas a fondo y sí vimos muchos ataques (casi todos a AMLO) y hasta bromas de mal gusto. A continuación haré mi análisis de cada candidato del peor al mejor, no de acuerdo a mis preferencias sino a su desempeño en el debate como estrategia. Comenzaré con el Bronco como alguien aparte y no lo colocaré dentro del ranking porque jugó un papel un tanto diferente:

    El Bronco

    Jaime Rodríguez Calderón se encargó de la parte cómica del debate. Comenzó reprendiendo al moderador Sergio Sarmiento e hizo reír a más de un televidente con ocurrencias típicas de un norteño machista conservador chapado a la antigua. Cuando le preguntaron si ha mentido dijo que sí, también dijo que él proponía «mocharle la mano» a los criminales (e insistió que no lo decía en broma) y que creía en la familia porque se había casado tres veces. No veo que la presencia del Bronco le haya afectado a López Obrador, por el contrario, su presencia dejó los ataques que AMLO recibió en segundo plano. Acaparó los reflectores a pesar de que su presencia es irrelevante dentro de la contienda. 

    4to lugar. Margarita Zavala

    Margarita, Margarita. La candidata del PAN es una pena. Tuvieron que pasar varios minutos para que comenzara a hablar porque no utilizó su derecho de réplica. Vimos lo mismo de siempre, no sabe hablar, no sabe hilar argumentos. Ninguno de los candidatos le hizo caso; es más, le respondieron más al Bronco quien mostró más iniciativa y más elocuencia. Los ataques que le hizo a Ricardo Anaya y a López Obrador, si es que se les puede llamar ataques, ni siquiera los rasparon. Margarita fue la candidata ausente, estuvo ahí pero no estuvo ahí, pasó inadvertida y dudo que alguien se vaya a acordar de sus intervenciones. Al final, creo que al PAN le convino postular a Ricardo Anaya, ya que Margarita, si bien en algún momento tenía más preferencias que el queretano, seguramente iba a caer en las encuestas porque es una mujer que no sabe transmitir sus ideas, que se ve torpe e improvisada. De hecho, se notó que no se preparó bien cuando la cuestionaron por su postura sobre el matrimonio igualitario. Titubeó ante un tema que ella sabía de antemano que le preguntarían.

    3ro lugar, José Antonio Meade

    Si pudiéramos hablar del perdedor del debate (partiendo de que ni Margarita ni el Bronco tienen posibilidad alguna de ganar) ese es José Antonio Meade, ya que no logró mostrarse como un candidato convincente y además se vio excesivamente acartonado. Perdió porque el PRI es un gran lastre que lo arrincona y no le da margen de maniobra. Es difícil atacar a AMLO por sus «cuestionables incorporaciones» o a Anaya por las acusaciones en su contra cuando eres abanderado por el partido más corrupto del país y a quien la mayoría absoluta de los mexicanos detesta. 

    Lo más preocupante, no sé si se dieron cuenta, es que José Antonio Meade ha comenzado a incorporar esa oratoria y juego de manos priísta, lo cual es un suicidio cuando el partido al que representas se convierte en una carga. Pero no solo eso, Meade aburre, es poco elocuente, pareciera, como dijeron muchos tuiteros, que estuviera repitiendo los spots de su campaña. Y peor aún, durante todo el debate Meade se presentó varias veces (yo soy José Antonio Meade), ese es un error garrafal ya que si te asumes como un candidato competitivo, lo peor que puedes hacer es presentarte porque ya todos te conocen. Meade es un buen burócrata pero es un pésimo candidato. Tristemente aquí es cuando Meade deja de ser competitivo y deja solos a Anaya y López Obrador como los candidatos que tienen posibilidades de llegar a la presidencia.

    2do lugar: Andrés Manuel López Obrador

    Al verlo debatir entendí porqué estaba ayudando a su hijo Jesús Ernesto a completar su álbum Panini del mundial en vez de estarse preparando para el debate: porque él iba a aguantar, iba a sortear los embates, a dar largas y evadir cuestionamientos para conservar su ventaja. Ya sabía sobre qué lo iban a cuestionar porque son los mismos temas por los que lo han cuestionado durante mucho tiempo. Algunos dirán que tuvo una pésima intervención, y ciertamente no es bueno debatiendo y ciertamente en más de una ocasión exhibieron las inconsistencias de las propuestas de López Obrador así como algunas incongruencias (tarea que llevó a cabo Ricardo Anaya ya que José Antonio Meade en general lanzó cuestionamientos más bien acartonados que no tuvieron afectación alguna). Pero su tarea no era ganar el debate, ni lo necesitaba, fue a «nadar de muertito» (al igual que Peña Nieto en 2012) y si bien recibió algunos raspones, no recibió algún golpe que pudiera afectar las tendencias en la intención de voto. Además, los ataques constantes hicieron que todo se volviera a centrar en él de tal forma que se adueñó por momentos del debate sin tener que hacer absolutamente nada. 

    Lo más importante fue que nunca lo sacaron de sus casillas. Si bien fue notorio que lo hicieron sentir incómodo en más de una ocasión (lo que se vio en las tomas abiertas y al final cuando «se fue sin despedirse») nunca se descarriló, se mostró centrado, aunque sí dio visos de que con una estrategia certera sí podrían afectarlo en los debates venideros. Decía que López Obrador tenía que perder el debate y que se generara un consenso hacia esta idea para poder restarle algunos puntos. Eso no pasó y López Obrador se puede ir tranquilo a dormir. Pronostico que no habrá alguna afectación considerable en las tendencias de voto y seguirá con su cómodo primer lugar (con todo y que Anaya pudiera llegar a subir).

    Es importante que AMLO se prepare más para el siguiente debate porque si Anaya es incisivo sí lo puede meter en aprietos. AMLO no se enojó, pero no estuvo lejos de eso. También fue notorio que AMLO despreció a los demás candidatos y se percibió arrogante; eso puede llegar a ser capitalizado por Ricardo Anaya al exhibirlo como autoritario en los debates que vienen. 

    1er lugar: Ricardo Anaya

    A mi parecer, Ricardo Anaya fue el ganador del debate y hay un consenso en ello, aunque creo que no fue un triunfo muy contundente. Anaya se mostró elocuente, se apoyó muy bien en material visual para presentar sus propuestas y para contradecir a López Obrador y a José Antonio Meade a quien le dio su estocada final. Es un acierto que Anaya no haya concentrado todas sus energías en el tabasqueño y también invirtiera un tiempo en el ex Secretario de Hacienda ya que así evitó cualquier percepción de que estaba alineado con Meade y  con el PRI; tenía que evitar a como dé lugar atacar en sintonía ya que se corría el riesgo de fortalecer el discurso del PRIAN de López Obrador. Haber atacado a Meade consolidó lo que era ya casi definitivo, que el priísta quedaría condenado al tercer lugar. No tenía que haber usado todas sus energías contra López Obrador porque faltan dos debates. 

    Pero cuando digo que no fue un triunfo contundente lo digo porque al final no terminó de presentarse como una alternativa sólida. Anaya se mostró como un personaje con potencial pero que no termina por consolidarse. Su logro principal es que gracias a este debate Anaya se consolidará como el rival de López Obrador y ya podrá concentrar sus energías en el tabasqueño, pero si bien este debate pueda darle algunos puntos, seguirá estando muy por debajo de AMLO. Cierto, si Anaya hubiera tenido un mal debate habríamos podido casi apagar las luces y nombrar al nuevo presidente (AMLO) por anticipado, pero se logró mantener en la lucha y consolidarse como el segundo lugar. Pero Anaya le hace falta constituirse como un candidato creíble que pueda posicionarse en un entorno donde el hartazgo hacia el gobierno actual y hacia el sistema son la regla en esta elección. Me queda la sensación de que Ricardo Anaya pudo hacer algo más y no lo hizo, y esas cosas pueden terminar siendo definitorias.

    Anaya, creo yo, tiene la posibilidad de sacar a López Obrador en sus casillas en debates venideros. AMLO se abrumó ante los ataques que recibió en este debate. Si se utiliza la estrategia correcta, Anaya puede desesperarlo. Por eso es que tiene que trabajar en una estrategia que vaya en ese sentido si es que quiere tener alguna posibilidad de ganarle la presidencia. 

    Conclusión

    Tuvimos un debate con un muy buen formato y pésimos candidatos que no están al nivel de lo que este país necesita. Pronostico que Anaya tendrá un ligero ascenso en las tendencias, Meade se estancará o incluso bajará cediéndole por completo el segundo lugar a Ricardo Anaya. López Obrador mantendrá su puntaje en un cómodo primer lugar, el Bronco podría acaparar algunos puntos (tal vez de indecisos e incluso de José Antonio Meade) y Margarita verá un descenso en sus preferencias. Veamos como reaccionan las encuestas y las tendencias y veamos también las estrategias postdebate que los candidatos vayan a utilizar para capitalizar lo más posible lo que ocurrió en este debate.

  • ¿Y quién rayos gana el debate?

    ¿Y quién rayos gana el debate?

    ¿Y quién rayos gana el debate?

    ¿Quién gana un debate? La respuesta es muy compleja ya que depende mucho de percepciones subjetivas que están, en su mayor parte, condicionadas por los sesgos cognitivos de los simpatizantes u opositores de tal o cual candidato. Sólo se puede decir que un candidato ganó un debate cuando hay un consenso mayoritario sobre ello. como ocurrió en 1994 cuando el Jefe Diego subió como 12 puntos o en 2000 con el triunfo de Vicente Fox. Cabe recordar que posteriormente, sobre todo en 2012, fue bastante más difícil determinar quien ganó cada debate. Se decía que Josefina había ganado el segundo debate pero eso jamás se trasladó a las intenciones de voto.

    Un mismo escenario puede estar sujeto a distintas interpretaciones. Por poner un ejemplo, si los candidatos atacan a López Obrador mostrando que varias de sus propuestas no tienen mucho sustento, quienes se oponen a AMLO dirán que quien ganó fue aquel candidato que lo puso más en aprietos (que coincidentemente casi siempre será el candidato con el cual simpatizan y no el otro, del cual dirán «sí, le dijo varias verdades, pero es del PRI y eso lo hace incongruente»). Pero los simpatizantes de AMLO dirán que su candidato ganó porque todos lo atacaron y nadie logró alterarlo ya que AMLO dijo cosas graciosas. 

    Ya vimos un ejemplo de ello en el debate que López Obrador sostuvo con varios analistas de Milenio. Los opositores dijeron que fue una pésima intervención del tabasqueño por sus declaraciones sobre la sociedad civil y por haber afirmado que los derechos de las minorías sexuales deberían someterse a consulta, mientras que sus simpatizantes lo que recuerdan es que los analistas nunca sacaron al candidato de sus casillas y este se mantuvo sereno y risueño todo el tiempo.

    Por eso es que siempre, al final del debate, todos los candidatos se declaran ganadores. Los partidos buscan a como dé lugar crear la percepción de que fue su candidato quien ganó y celebran con bombo y platillo. Tal vez nos podamos dar una idea de quien ganó con las evaluaciones de los analistas y expertos, pero ellos no están exentos de cualquier sesgo. Podríamos ver la afectación que tuvo un debate en las encuestas pero existe la posibilidad de que una alteración en las tendencias no se deba al debate sino alguna otra razón.

    Sólo se puede decir que un candidato ganó un debate cuando hay un consenso mayoritario dentro de la población, lo cual no ocurre en la mayoría de las ocasiones. Quienes quieran afectar a López Obrador deberán aspirar a eso, a generar un consenso generalizado de que lo han derrotado, de lo contrario, aunque crean que haya ganado, todos seguirán alimentando sus sesgos cognitivos y las encuestas seguirán su curso.

  • El Bronco es bien chingón

    El Bronco es bien chingón

    El Bronco es bien chingón

    Hace dos años tuve la oportunidad de asistir a un encuentro de independientes organizado dentro de la FIL y que conducía Leo Zuckermann. Ahí estaban personajes como Manuel Clouthier, Pedro Kumamoto, Jorge Castañeda y, por supuesto, El Bronco. Las distancias intelectuales entre quienes se presentaban en ese encuentro eran muy grandes, pero a grandes luces, el que se encontraba en mayor desventaja era Jaime Rodríguez.

    Pero El Bronco no sólo era el más ignorante, también era el que más ovaciones se llevaba. Mientras los otros candidatos debatían sobre el papel de los candidatos independientes, que consideraban más bien un complemento que ayudaría a reformar, de alguna u otra forma, el sistema partidista, el Bronco vociferaba y decía «mueran los partidos, desaparézcanlos». Los estudiantes de la Universidad de Guadalajara le seguían el juego con júbilo y le aplaudían. Era El Bronco el que hacía el show y el debate intelectual quedaba en segundo plano.

    El Bronco es un showman. Es el único de los candidatos que se presenta con su mote porque es un personaje, no una persona, no un político, tampoco un candidato ciudadano. El Bronco se parece mucho al arquetipo del mexicano macho y por eso es que llama la atención. Él es de los que, como decía Octavio Paz, «no se rajan», de los que aguantan vara, los de «pecho pa’lante», que son misóginos, malhablados, vulgares, ignorantes, que no soportan a las personas que consideran débiles, entre ellos las personas con otra preferencia sexual porque son «poco hombres». 

    No es casualidad que haya comenzado su campaña presidencial diciendo que «los trabajadores sí, los güevones no», con la finalidad de atacar al izquierdista López Obrador al hacer referencia al clientelismo (aunque militó casi toda su vida en un partido tradicionalmente clientelar como el PRI). Él está con los mexicanos ganones, con los que le chingan, con los fuertes, con los valientes, con los que tienen güevos, con los que no lloran. Los que reciben algún recurso del gobierno son parias, son una escoria social. 

    El Bronco es aquel mexicano que, sin importar como, logra lo que se propone. La moral para él es un árbol que da moras. Cuando se refiere a los chingones no se refiere necesariamente a los que producto de su esfuerzo, espíritu ético y humano, ascienden en la pirámide social, sino los que lo hacen a como dé lugar, para quienes las consideraciones éticas son más bien un estorbo. Por eso es que El Bronco puede, sin ningún problema, hacer trampa para llegar a la boleta, porque importan los qué, no los cómo. 

    El Bronco es un pragmático visceral (aunque esta definición pueda sonar un tanto contradictoria), se mueve para donde le conviene. Puede arremeter contra el PRI en la elección de Nuevo León y hablar de persecuciones para, una vez que ha obtenido el triunfo, congratularse vía telefónica con el Presidente de la República. Apenas salió del PRI (por conveniencia política) y se autonombró independiente y ciudadano tan sólo por el hecho de no pertenecer legalmente a un partido desde hace pocos meses. Califica a un político de autoritario para después intentar vetar a Sergio Sarmiento del debate simplemente porque una vez le escribió una columna crítica, e incluso su pragmatismo visceral va más allá, porque no sabemos si en realidad esto es parte de la puesta en escena. 

    El Bronco sabe que no tiene posibilidad alguna de ganar la presidencia. Obtener tres o más puntos porcentuales ya sería sorpresa. Pero no está ahí para ello, él tiene una consigna y es golpear al primer lugar, a López Obrador. Ese «los trabajadores sí, los güevones no» parecería tener la intención de polarizar el ambiente y, de alguna manera, estigmatizar a López Obrador y a sus seguidores. Aunque sinceramente no sé si sea una estrategia acertada ya que si bien lograría despertar el júbilo de aquel sector adverso a Andrés Manuel, no modificaría la intención de voto de quienes votarían por el candidato, además de que en un entorno donde López Obrador está acaparando los votos producto del hartazgo con el gobierno y el sistema, veo difícil que alguien de quien ya es dominio público que llegó a la boleta con trampa y con los juegos sucios del tribunal, pueda hacer dudar a los que «piensan en votar por AMLO» ya que se le percibe como una «estrategia del sistema». 

    El Bronco puede ser todo, puede ser independiente o puede ponerse al servicio del que sea porque no tiene ideología, no tiene creencias ni principios, pero lo vulgar, lo corriente y lo macho nadie se lo va a quitar, esa es la esencia de su persona y de su personaje. Es probable que hable de una «chichi» a que hable de alguna política pública. 

    Porque ese arquetipo le gusta a muchos mexicanos o, al menos, les hace gracia.  

  • El Bronco y Televisa – La gente nunca cambia

    El Bronco y Televisa – La gente nunca cambia

    Televisa pretende lavarse la cara. Televisa pretende dejar atrás a todos aquellos iconos que la representaron durante el régimen septuagenario (o los que se mancharon las manos con el actual) del cual tomaron un papel activo. Se deshicieron de Chabelo, de López Dóriga, se dice que tiene sus días contados, a Laura Bozzo le retiraron su programa, otros «se fueron» voluntariamente como Chespirito que descansa en paz, al igual que Jacobo Zabludowsky. Rumores o hechos, lo cierto es que Televisa pretende lavarse la cara, porque el rating está cayendo, y muchas empresas ya no ven tan buenos ojos anunciarse dentro de la televisión abierta.

    El Bronco y Televisa - La gente nunca cambia

    Pero cuando vemos como han tratado la información con respecto a la masacre en el Penal de Topo Chico, entendemos que la gente nunca cambia, que el cambio que quiere hacer Televisa es sólo un cambio de fachada.

    El actuar de Jaime Rodríguez «El Bronco» en torno a dicha masacre es claramente criticable (aunque ni siquiera se puede considerar responsable de la masacre en el penal); el mandatario neoleonés tardó más de 7 horas en informar a la población y demostró poco oficio ante una tragedia de tal magnitud. Pero la forma en que Televisa (que supuestamente no recibe un sólo peso del gobierno actual) trató la información parece tener la intención de minar la imagen del Gobernador quien es aspirante a la silla presidencial en 2018:

    Cuando no le pagas a Televisa...Queridas Televisa y comparsas: Entiendo que tengan que vivir de algo, pero si eligen que su negocio sea extorsionar gobiernos, les recomiendo ser menos obvias.Dejo aquí evidencia de cómo trataron un tema similar en un gobierno priista y otro que no lo es. ¡Agradezco su share!

    Posted by Glen V. Zambrano on Saturday, February 13, 2016

    Lo que me pregunto es, sí a esta altura de la vida, los reportajes difamatorios sobre pedido, tendrán la misma eficacia que tenían en años anteriores. La reputación de la televisora ha venido a pique, en gran parte, por la información sesgada a favor o en contra de algún político; la herida de "hicieron a Peña Nieto Presidente" sigue abierta.

    Posiblemente el Bronco pueda encontrar la manera de victimizarse y convertir este ataque en su contra en una fortaleza. Podría presentarse como el Bronco que ataca de frente "a los poderes fácticos que velan por su interés". De hecho, el Gobernador ha tratado de narrar su versión de los hechos por medio de capsulas que muestran al penal donde hace poco murieron casi 49 reclusos como si fuera un penal de fantasía. A pesar de ser independiente y no estar bajo la bandera de partido alguno, su larga estancia en el PRI, le ha dado al Bronco el oficio y colmillo necesario para jugar con los ataques de los medios de comunicación, aunque su respuesta llegue a ser igual de falaz:

    Reportaje Penal del Topo ChicoBuen dia Raza, quiero compartirles este reportaje que se realizó dentro del penal del topo chico un par de días después de la situación tan lamentable que se dio. Hoy este gobierno tiene el control total del penal, se trasladaron 233 internos a otros penales de la república, se disminuyó la sobrepoblación y los internos que estan aquí tienen ya mejores condiciones. haremos que el penal funcione como debe de ser. a jalar que se ocupa.

    Posted by Jaime Rodriguez Calderon on Sunday, February 14, 2016

    Pero a pesar de su pasado priísta y partidista, el Bronco por su naturaleza de ahora independiente, tiene en su contra a los medios de comunicación abrazados al oficialismo. No se puede esperar que Televisa cambie cuando la misma televisora nació y fue concebida para ser parte de un régimen gubernamental, y no para competir en un esquema de libre mercado.

    Seguramente la cara de Televisa en las próximas elecciones será esta, una televisora que le de más cobertura a ciertos candidatos sobre otros. Naturalmente un "Bronco" que pretenda desde la presidencia llevar la misma línea de no usar los medios de comunicación tradicionales (aunque siendo Presidente tendría que recurrir a ellos en cierta medida) podría ser un mal negocio para la televisora que no sólo sesga la información para malinformar a sus televidentes sobre los acontecimientos políticos, sino que tiene gente que trabaja para ellos (telebancada) desde el congreso.

    No se engañen, Televisa sigue siendo la misma hasta que la televisión abierta deje de ser negocio (algo que eventualmente ocurrirá).

  • El candidato independiente visto como un tlatoani

    El candidato independiente visto como un tlatoani

    Entré a la sala ubicada en la Expo Guadalajara, donde en el marco de la FIL se llevaría a cabo una charla entre los antes candidatos independientes, y que conduciría Leo Zuckerman.

    No sé si estaba en una conferencia o en un estadio, pero había mucha emoción entre quienes asistieron a esta mesa. El público, que abarrotó el auditorio, recibió a los «independientes» casi como si fueran rockstars.

    El candidato independiente, visto como un tlatoani

    Cuando alguien mencionaba la palabra independiente, la gente aplaudía; cuando se trataba de palabras como «partidos», «PRI» o «Peña Nieto» los abucheos no se hacían esperar. No importaba si los argumentos expuestos por parte de los independientes eran válidos o eran sólo simplemente palabras al aire.

    Era patente la molestia del público con la clase política, de alguna forma los asistentes (y yo creo que la mayoría de los ciudadanos comunes interesados en política) han depositado su fe ciega en los independientes y aquí es donde yo freno el carro:

    Jorge Castañeda (quien trató de contender sin éxito como independiente por la presidencia en 2006), Jaime Rodríguez «El Bronco» (ex Priísta que llegó como independiente al gobierno de Nuevo León contra todos los pronósticos), Manuel Clouthier (hijo del «Maquío» quien ganó un escaño en el senado como independiente), Pedro Kumamoto (Diputado Local por el distrito 10 de Zapopan que llegó sin el apoyo de los partidos), y Alfonso Martínez (alcalde de Morelia quien llegó por la misma vía). Todos ellos son independientes, pero son figuras muy diferentes entre sí. No se pueden poner en un mismo saco.

    Jorge Castañeda es un académico, canciller hijo de canciller, con toda una vida tanto en la educación como en la política. El Bronco militó varias décadas en el PRI, y al no poder contender por ese partido, decidió salir y hacerlo por cuenta propia. Clouthier, un ex panista, hijo de los principales bastiones del PAN (cuando este partido tenía dignidad). Kumamoto es un joven que todavía vive en casa de sus papás, sin experiencia política alguna, pero con muchas ilusiones y ganas de hacer las cosas bien. Y Alfonso Martínez cuya trayectoria no conozco a fondo, pero que también surgió del PAN.

    Sus historias son muy diferentes. Su honorabilidad también. Depositar toda la fe en ellos es un error.

    Las candidaturas independientes son muy necesarias. De hecho, en un México donde existen partidos políticos viciados, son no sólo un recurso alterno que tiene el elector, sino un incentivo para que los partidos políticos se renueven.

    Pero son necesarios. Todo país democrático está compuesto de éstos. Las candidaturas independientes son simplemente un complemento, otro agente en la arena que estimula más la competencia.

    A pesar de la insistencia de algunos panelistas (como Jorge Castañeda y Pedro Kumamoto) de no ver a los candidatos independientes como la panacea, el público mostraba una gran admiración hacia ellos, como si se tratara de los cuatro fantásticos. Pero no lo son.

    El Bronco

    La diferencia intelectual entre Jorge Castañeda y El Bronco es abismal. Al primero le sobra cultura y conocimientos (aunque a veces no se esté de acuerdo con algunos de ellos), El Bronco, me parece más bien una persona relativamente ignorante, pero que sabe como ganarse a las masas. Algo así como un Fox con una pizca de López Obrador.

    Pero la mayoría de los asistentes no se daba cuenta de su demagogia. El Bronco repetía constantemente que los partidos políticos eran totalmente innecesarios y que había que borrarlos del mapa (una afirmación irresponsable): Todos aplaudían y algunos se ponían de pie. El neoleonés arremetía contra los medios de comunicación, decía lo que la gente quería escuchar: confrontación, promesas, pero casi ninguna idea congruente.

    Hasta Pedro Kumamoto (a quien dobla en edad) terminó exhibiendo sin querer al neoleonés. Mientras Kumamoto reconoce el handicap inherente a su juventud y por lo cual trata de prepararse y asesorarse, El Bronco hace gala de su larga experiencia en el PRI. Basta con vociferar «arriba los independientes, mueran los partidos o los medios de comunicación» para hacer explotar al público en júbilo.

    Afortunadamente para El Bronco, éste tiene la ventaja de suceder al clan de los Medina. Basta con hacer caer algunas cabezas y gobernar de forma un tanto decente como para poder erigirse como «El cambio» que México necesita, y que los neoleoneses lo presuman. ¿Les suena?

    Y aquí es donde quiero dejar en claro que no todos los independientes son iguales, que un independiente también puede gobernar mal y se puede corromper. Están hechos de la misma materia que cualquier ser humano.

    Imaginemos que el líder de alguna iglesia evangélica sumamente conservadora lance su candidatura como gobernador independiente y al llegar al poder prohiba los besos en público o lleve a cabo una cruzada en contra de los homosexuales.

    O bien, que una figura que tiene relación con el narcotráfico use ese medio (aprovechando su fama en algún Estado) para buscar una gobernatura.

    La figura de los independientes cae bien, porque mientras los partidos están viciados y atados a un sinnúmero de intereses, los independientes no lo están y «necesitan más de la ciudadanía» para llegar al poder (lo cual los compromete más con ésta). Entonces cuando se vuelven una competencia real, los partidos llegan a la conclusión de que necesitan renovarse; posiblemente limpien sus filas y logren una mejor comunicación con los ciudadanos.

    Los partidos a su vez ofrecen una plataforma ideológica y en ese sentido representan, o deberían de respresentar, a una fracción de los ciudadanos. Un empresario, una madre de familia tradicional, un activista gay o un maestro debería poder simpatizar con un partido político que le sea afín a su forma de pensamiento.

    Un político partidista podrá tener el respaldo en las cámaras que el independiente posiblemente no tendrá. Por esto es que al final del día, los partidos son necesarios; lo que necesitamos es que se renueven, y en el caso de no poder hacerlo, que sean reemplazados por otros.

    México necesita una reflexión más profunda que júbilos ante frases ensayadas y repetidas hasta el cansancio. Si concebimos al independiente como tlatoani, estaremos cayendo en el mismo error histórico en el cual hemos caído siempre y poco después nos preguntaremos por qué las cosas no han funcionado como esperábamos.

    Porque al final es un trabajo de todos. No sólo de los políticos. Tuyo y mío también.

  • Elecciones 2018, primera llamada

    Elecciones 2018, primera llamada

    No sé si ya te diste cuenta, pero la disputa por las elecciones ya comenzó. Pasadas las elecciones del 2015, las piezas del juego se están comenzando a mover en el tablero; el poder comienza a sufrir algunos ajustes estructurales porque en el 2018 van a pasar muchas cosas. En ese año seguramente habrá un rompimiento del estado de las cosas que estamos viviendo actualmente.

    Elecciones 2018, primera llamada

    Ya tenemos un candidato, López Obrador. Tenemos otras figuras a quienes ya «están candidateando» como El Bronco. Nuestro querido Presidente ya está empezando a mover las piezas dentro del gobierno en aras de las elecciones. Bastará algún tiempo (posiblemente menos de un año) para que veamos mejor como va la cosa; pero el 2015 con el auge de las candidaturas independientes modificó el escenario para las elecciones venideras.

    Hay dos cosas que casi son un hecho: 1) López Obrador en la boleta, y 2) el PRI no repite. La primera la damos por sentada porque López Obrador buscará en su tercer intento llegar al poder, ya está haciendo campaña (por lo cual debería de perder el registro su partido) y él mismo ya ha declarado que va por la grande. Hasta aquí no hay ningún secreto.

    La segunda cosa tiene que ver con la pésima gestión del gobierno actual. Naturalmente Peña Nieto es uno de los peores presidentes del México moderno y el margen de maniobra que tiene es bastante poco como para poder dar un golpe de timón. Ya son demasiados tropiezos en su gobierno de tal forma que tendría que hacer algo heroico para poder quedar «tablas» en cuanto a la percepción de su Gobierno.

    Si en las elecciones pasadas al PRI no le fue tan mal fue porque muchos de los inconformes no salieron a votar y las estructuras (cada vez más rebeldes, que ni siquiera llenaron el Zócalo el día del grito) le alcanzaron para obtener mayoría relativa en el congreso. Eso no va a pasar en 2018, menos cuando el PRI no tiene una figura que siquiera tenga el arrastre que tuvo Peña Nieto en 2012. ¿Videgaray, Osorio Chong? ¡Ja!.

    Posiblemente el PRI termine negociando indirectamente con alguna otra fuerza de tal forma que sus intereses no se vean tan trastocados al irse del poder. Posiblemente ni a eso aspire. Todo lo que ganaron en 2012 (triunfo que de alguna forma los llenó de soberbia, y ahí están las consecuencias) se irá en el 2018.

    El PAN y el PRD no pueden aspirar a contender solos. Estos partidos están lo suficientemente desprestigiados. ¿Margarita Zavala? Los afines a Felipe Calderón la querrán, pero electoralmente la percibo como un perfil parecido a Vázquez Mota, no tiene arrastre, se presenta como mojigata. El PRD podría hacer la tontería de lanzar a Miguel Mancera, a quien le ha llovido críticas (en 2018 el PRD podría perder al DF). Posiblemente estos dos partidos vayan juntos (con toda la incongruencia ideológica que eso representa), posiblemente el PRD al final vaya con MORENA. Solos no ganan.

    Los dos principales contendientes de la batalla en la arena electoral serán a mi parecer Andrés Manuel y algún candidato independiente. ¿Por qué? Porque son los únicos dos que pueden aprovechar el descontento de la población. Ni PRI ni PAN ni PRD pueden asumir ese papel porque son vistos como parte del problema.

    Por eso no sorprende que López Obrador arremeta contra los independientes. El Peje ganaría si las elecciones se llevaran a cabo hoy, pero un independiente que cargue la bandera de la oposición al sistema y al mismo tiempo sepa recorrerse un poco más al centro será una amenaza para las aspiraciones del tabasqueño. El Bronco ha vendido un perfil así, Juan Ramón de la Fuente también podría desempeñar ese papel aunque no tiene el recorrido mediático que ya tiene el regiomontano. Jorge Castañeda podría postularse debido a que siempre ha cargado con la bandera de los candidatos independientes, pero meto que no tiene la frescura de los primeros dos.

    La estrategia de López Obrador es vincular a los candidatos independientes, sea quien sea, con lo que él llama «la mafia del poder» para restarles impacto. De hecho ya lo está haciendo.

    López afirma que detrás del Bronco está Salinas, y que cualquier otro que se postule (véase De la Fuente) es por un complot orquestado por la mafia del poder. Insistirá reiteradamente que los independientes no lo son y en realidad son más de lo mismo.

    Saber quien será el candidato del PRI, del PAN y/o del PRD podrá dar curiosidad y poco más. Es muy posible que por primera vez ninguno de los partidos grandes logre ganar. Ni creo que aspiren siquiera al triunfo dividiendo votos, sobre todo si el puntero es un candidato independiente, por que éste es el que tendría más capacidad de apropiarse del voto útil.

    Si el candidato independiente es endeble (o si se postula más de uno, de tal forma que se anulen entre sí), López Obrador estaría en ventaja. Incluso posiblemente alguno de los partidos podría declinar a favor de uno de los candidatos independientes si este escenario se da (lo contrario sería inviable).

    Faltan 3 años, muchas cosas pueden cambiar, pero mi lectura en el 2015 es esa, quienes se subirán al ring serán López Obrador y algún candidato independiente. Los demás partidos quedarán a la expectativa de quedarse con algo, de no perder muchas curules (o ganar algunas más en caso de los partidos chicos) y tal vez de llegar a algún acuerdo con quien podría ser el próximo Presidente de la República.