Etiqueta: desigualdad

  • La victoria de Trump, la desigualdad, y las clases medias

    La victoria de Trump, la desigualdad, y las clases medias

    La victoria de Trump, la desigualdad, y las clases medias

    Razones por las que Donald Trump es el Presidente Electo de los Estados Unidos son muchas. He visto a muchos «opinadores» y usuarios de Twitter, convertidos en politólogos de la noche a la mañana, arrinconar la discusión a un tema meramente ideológico. Los de derecha le echan culpa a las políticas progre, y los de izquierda al neoliberalismo. Tal vez ambas corrientes tengan algo de responsabilidad (no toda, ni en su conjunto). El problema, más bien, es uno muy complejo, y tiene muchas variables que van desde el nativismo hasta la creación de una narrativa tramposa de un país que dice Trump, está en el borde del desastre.

    Pero hoy quiero hablar de una variable que me preocupa mucho y que nos debería ocupar. Es el tema de la desigualdad y el estancamiento de las clases medias.

    Algunos economistas ortodoxos dicen que no nos debemos de preocupar por la desigualdad, que sólo importa el crecimiento. La realidad es que cuando esa desigualdad empequeñece a la clase media, la democracia corre el riesgo de deteriorarse.

    Desde una perspectiva política, una nación muy desigual, incapaz de crear una clase media, se verá imposibilitada de coexistir en un régimen democrático. De hecho, la historia ha demostrado cómo los países como Estados Unidos y Alemania se democratizaron en tanto sus clases medias empezaron a crecer.

    Entonces sabemos que la clase media es condición necesaria para la existencia de un régimen democrático. Las clases medias son las que suelen hacer los cambios en la sociedad, las élites no lo harán porque naturalmente desean mantener el status quo y sus privilegios, mientras que los pobres tienen que pensar como sobrevivir, además que por su escasa educación son fácilmente manipulables.

    Si ocurre lo contrario, cuando las clases medias se vuelven estrechas, el resultado es el opuesto. Las clases medias, amenazadas y sin un futuro promisorio, tienen más posibilidades de buscar refugio en un líder carismático que se enfrenta a un sistema que ya no funciona, o no les funciona; y entonces, la democracia se deteriora. Ésto es lo que pasó en Alemania del siglo pasado quien sufrió severamente los estragos de la crisis del 29 y que derivó en el ascenso de Hitler, y ésto es lo que pasó con Donald Trump -aclaro que no estoy sugiriendo que los rasgos fascistas de Trump tengan los alcances de Hitler-.

    Varios países desarrollados, entre ellos Estados Unidos, han visto sus clases medias estancadas, sin posibilidades de crecimiento, al tiempo que la distribución de la riqueza se acentúa. Las clases medias, frustradas, al ver que los partidos políticos cercanos al centro ya no funcionan, corren el riesgo de radicalizarse.

    Esto es lo que está pasando con las clases medias en Estados Unidos:

    Pew Research Center
    Pew Research Center

    El ingreso de las clases medias en Estados Unidos está disminuyendo, esta tendencia, como muestran las gráficas del estudio que llevó a cabo Pew Research Center, afecta tanto a la clase media alta como la media baja.

    ¿Y por quién votaron aquellos que afirman que antes les iba mejor? Sí, por Donald Trump.

    Votantes de Donald Trump
    The New York Times

    Según las encuestas de salida que The New York Times cabo el día de la elección, el 78% de las personas cuya situación financiera está peor que antes. En Estados Unidos los más pobres (y que siempre han sido pobres) suelen votar por los demócratas porque son quienes más promueven políticas asistencialistas. Pero aquellos, de clase media, que vieron como sus ingresos se reducían, votaron por Donald Trump.

    Y ésta no es una historia nueva. Una Alemania empobrecida por la crisis de 1929 llevó al poder a Adolfo Hitler.

    Éste es un tema que debe de ocupar a los líderes mundiales y todos los que están involucrados en el tema. Es una discusión que debe ir más allá de ideologías económicas y de pensamientos políticos.

    Y lo es porque el futuro amenaza con estrechar cada vez más a las clases medias.

    Como avances tecnológicos que sustituyen empleos, la concentración de la riqueza en las élites, e incluso la insostenibilidad de las pensiones.

    Muchos estadounidenses que han visto reducir sus ingresos – varios de los cuales viven en la zona denominada Rust Belt–  son empleados poco cualificados. Las empresas que les daban empleo se fueron a México o a otros países, y dada su poca cualificación no pudieron acomodarse en otro empleo, o al menos, no pudieron obtener el mismo ingreso. Pero esa es sólo una historia parcial, y es en la que ha hecho énfasis Donald Trump.

    La otra parte tiene que ver con la evolución natural del ser humano de la era industrial a la del conocimiento. Muchos empleos que requieren poca cualificación están siendo reemplazados por robots o por inteligencia artificial -muchos de estos votantes de Donald Trump no perdieron su trabajo por la culpa de un mexicano, sino de un microchip-. De hecho, en un futuro no tan lejano, la inteligencia artificial hará el trabajo que hasta ahora hace la mayoría de los seres humanos. Ante este oscuro panorama, Elon Musk sugiere que el gobierno pague a todos los individuos un ingreso porque habrán pocos empleos para los seres humanos, y considera que las alternativas son pocas.

    Culpar al neoliberalismo u optar por recetas económicas ortodoxas no servirá de mucho ante un panorama tan complejo al cual nos estamos enfrentando. Tampoco podemos dar por sentada nuestra estabilidad política. Ya hemos aprendido que ésta sí se puede romper, y este rompimiento puede ocurrir si no logramos ser autocríticos e ignoramos la señales que el deterioramiento de los sistemas que nosotros creamos emiten.

    Apenas ha empezado el siglo XXI. Se vienen transformaciones importantes. La pregunta es ¿estaremos a la altura de nosotros mismos?

  • La remodelación del Estadio Azteca y la desigualdad social

    La remodelación del Estadio Azteca y la desigualdad social

    Solo he asistido al Estadio Azteca en dos ocasiones. La primera fue hace ya 20 años a un partido entre Atlante y Monterrey, justo en esa grada que ya no existe; la segunda vez fue a un concierto de U2 a nivel cancha. Las dos veces que entré al coloso recordé por qué le dicen coloso. El Azteca es una cosa inmensa, pareciera que las tribunas fueran infinitas, el mole de concreto es intimidante. Son muy pocos los estadios en el mundo que pueden hacer sentir la misma experiencia. Pero no sólo es su dimensión colosal, es su arquitectura -que para aquellos tiempos era algo majestuoso- , y sobre todo, su historia. El Azteca, junto con el Maracaná, son los únicos estadios que pueden presumir albergar dos finales de copas del mundo.

    La remodelación del Estadio Azteca y la desigualdad social

    Lamentablemente, el estado actual del coloso dista mucho de ser esa maravilla que fue desde su concepción. Como se puede apreciar en la foto, el estadio ha dejado de ser fotogénico y ha sido víctima de la voracidad y la improvisación. Pero el tema de este artículo no son los cambios en sí, sino lo que reflejan, incluso lo que reflejan de nuestra sociedad.

    Donde antes hubo simetría perfecta, tal como fue concebido por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, ahora hay un fuerte desequilibrio. Exceso de publicidad en las gradas, pero sobre todo, un invasivo techo que sustituye a las tribunas originales en conjunto con un muro, como si se tratara de un pequeño estadio o un centro comercial dentro de otro estado más grande.

    A diferencia de las tendencias que se pueden observar en los estadios que se construyen en el mundo, concebidos para que el aficionado, independiente de su clase social, pueda observar un espectáculo cómodamente, las nuevas remodelaciones del Estadio Azteca logran lo contrario, quitan espacios a muchos aficionados para dárselos a unos pocos que tienen mucho dinero como para pagar una zona VIP. Ésto en un estadio donde ya había numerosos palcos y restaurantes.

    El «nuevo» Estadio Azteca es una perfecta copia de las estructuras sociales en México. En la tribuna baja caben muy pocos, pero son quienes gozan de la mejor vista y pagan mucho por ella. Además, reciben servicios de primer nivel, restaurantes y meseros quienes llevan la comida al asiento donde se encuentren. La tribuna alta es mucho más grande, y ahí van confinados quienes no pueden pagar tanto dinero. Incluso en la parte más baja de la grada alta se habilitaron otra serie de palcos, para así «subir» aún más a la prole.

    Estadio Azteca 1986

    Si bien, en todos los estadios del mundo los aficionados están distribuidos de acuerdo al dinero que están dispuestos a pagar, siendo las partes más cercanas a la cancha las más caras, cualquier persona tiene la posibilidad de acceder a cualquier grada. Es decir, una persona de clase popular en México puede ahorrar un dinerito para ver a su equipo lo más cerca posible. Puede ahorrar el «chupe» del fin de semana y pagar 500 en lugar de 200 o 100 pesos. En Europa, a otros niveles, y con un poder adquisitivo más alto pueden hacer lo mismo, o pueden ahorrar dinero para comprar un bono que les de acceso a una grada con buena vista durante todo el año. Con la «remodelación» del Azteca no pasa eso, puesto que muchos de esos espacios han sido «privatizados». Son menos los que pueden acceder a las mejores zonas, y para ello tienen que pagar más.

    Ni las gradas bajas del Santiago Bernabeu, ni las del Camp Nou, ni el Old Trafford, ni menos Wembley, están invadidas por zonas exclusivas que han dejado de ser plateas. Los asientos «exclusivos» tan sólo se limitan a una pequeña porción de las gradas al centro de la platea baja, donde muchas veces acuden invitados especiales o directivos del club. En esos estadios, todos los aficionados cuentan. En el Azteca si no eres un empresario prominente, hijo de un político, o estás bien parado, posiblemente te tendrás que conformar con la grada alta, porque abajo, cada vez hay menos lugares.

    Lo que le han hecho al Azteca es un atentado, no sólo visual, sino social. Ahora que se habla mucho de la posibilidad de que México albergue junto con Estados Unidos y Canadá el Mundial del 2026, me pregunto si un estadio tan excluyente e improvisado, y menos agraciado visualmente como ahora lo es el Azteca, podría hablar bien de nuestro país. No me quiero imaginar la final de un mundial donde en la transmisión, más allá de la cancha, se vea un muro gris, tras del cual, se encuentren las élites y los políticos «prominentes».

  • #ImpuestoalaherenciaYa, ¿Qué tan conveniente es para combatir la desigualdad?

    #ImpuestoalaherenciaYa, ¿Qué tan conveniente es para combatir la desigualdad?

    Ayer me topé en el sitio de Animal Político con una iniciativa llamada . Lo primero que me vino a la mante fue el libro de El Capital en el Siglo XXI de Thomas Piketty; esta obra tan aplaudida y criticada a la vez pero que puso el tema de la desigualdad en la mesa, y donde propone un impuesto a la herencia para evitar que el problema siga creciendo.

    #ImpuestoalaherenciaYa, ¿Qué tan conveniente es para combatir la desigualdad?

    Yo no soy muy fan de castigar al capital con impuestos, más cuando estos desincentivan la inversión. Pero cuando leí esta iniciativa, confieso que me hizo algo de sentido, al menos en un principio.

    Tiene más sentido que cobrarle más ISR a las empresas porque esto último incide de forma negativa a su productividad afectando sus recursos; y una herencia es, una herencia. Además, por el contrario, si se gravaran las herencias habría más incentivos para poner ese dinero a trabajar y a invertir. No sólo eso, también incentivaría a los millonarios a usar parte de sus recursos en actividades filantrópicas.

    La idea de esta propuesta es gravar hasta con un 20% a aquellos que tengan un herencia mayor a quienes posean más de un millón de dólares. Este tipo de impuesto se aplica en muchos países tales como Japón (con una tasa hasta del 55%), Corea del Sur (hasta el 50%), Estados Unidos (hasta el 40%) y Chile (hasta el 25%), entre algunos otros.

    Algunos dirán que este tipo de medidas son un atentado a los ricos quienes han trabajado con base en su esfuerzo (amén que algunos de los países que ponen como ejemplo diariamente tienen este tipo de impuesto), que se trata de envidia. Pero la verdad debe decirse, y es que México no es un mercado dinámico, libre y competitivo.

    De hecho, la mayoría de los millonarios acumularon sus recursos gracias a compadrazgos y contactos con el gobierno. No, no obtuve esa información por medio de una una fuente como Proceso o La Jornada. La revista The Economist, en su medición anual, coloca a México como el sexto lugar mundial de millonarios hechos gracias al capitalismo de amigos «crony capitalism«. Y básicamente el 80% de los billonarios de México, según esa fuente, han amasado sus fortunas de esa forma:

    Capitalismo de amigos

    Generalmente, este tipo de acaudalados son más proclives a procrear hijos quienes tienen un modo de vida irresponsable y prepotente. Quienes tienen privilegios y echan mano de ellos para obtener riquezas suelen ser más arrogantes que los empresarios que amasaron su fortuna empezando desde abajo. Son esos mismos que se brincan las leyes, y tienen influencias para no ser castigados cuando cometen un delito.

    Y gran parte de nuestras élites son así. Porque en México todavía no tenemos un mercado libre y competitivo donde las fortunas se hagan con base en la innovación, el talento y el esfuerzo.

    Algo que yo sugeriría encarecidamente, es que los impuestos que se recaudaran se invirtieran en educación, ciencia y tecnología (i+D), de tal forma que de esta forma se crearan las condiciones para que en nuestro país puedan surgir nuevos empresarios e individuos talentosos que puedan desarrollar un mercado más dinámico.

    Pero a partir de aquí viene el problema (o el lado oscuro de esta propuesta). Para que esto suceda necesitaríamos un Estado de derecho sólido y mecanismos de transparencia aceptables para asegurarnos que estos impuestos están siendo utilizados de la mejor forma.

    Pero eso no existe todavía en nuestro país. Entonces una propuesta así podría alimentar aún más el círculo vicioso en vez de acabar con él. Es decir, podría crear una economía aún más inequitativa.

    ¿Cómo? Imaginemos que se grave la herencia de los más acaudalados. Y digamos que esos recursos se utilizan para, campañas políticas y programas asistencialistas que más que ayudar a la gente, la atrofian. Digamos que parte de ese dinero se asigna a los estados y algunos gobernadores lo utilizan para hacerse más ricos. Porque vaya, a pesar de todas las iniciativas de la sociedad civil o de las cámaras empresariales, tenemos gobernadores que tienen una riqueza inexplicable como Humberto Moreira, Javier Duarte, Cesar Duarte, y demás, quienes no han sido castigados, y muy posiblemente no lo serán.

    Es decir, hablamos de recaudar dinero de herencias, algunas de ellas producto de un sistema viciado, para entregárselo al mismo sistema viciado directamente. El remedio puede salir peor que la medicina.

    Entonces creo que para implementar una iniciativa así, necesitaríamos mecanismos de rendición de cuentas más sólidos. Tendríamos que asegurarnos que esos impuestos van a parar donde deben de parar. Porque en México el problema no sólo trata de recaudar poco, sino de la forma en que se usa ese dinero. Cuando uno sale a la calle y ve que sus impuestos no están trabajando como deberían, los incentivos para pagar los propios se reducen.

    Se trata, creo yo, de fortalecer nuestras instituciones. Así más gente pagaría sus impuestos (al ver que estos están trabajando), y una iniciativa como #ImpuestoalaherenciaYA sería más viable. No sólo eso, con instituciones más sólidas, tendríamos menos ricos hechos gracias a los compadrazgos con el gobierno y más emprendedores.

    No subestimo esta iniciativa, creo que tiene varios puntos loables. Pero creo que el combate a la desigualdad no reside en cobrar o dejar de cobrar un impuesto, sino en combatir un problema estructural y multidimensional como el que tenemos en México. Si no modificamos las estructuras, la desigualdad tan pronunciada siempre prevalecerá.

    #ImpuestoalaherenciaYa

  • Chínguele más, o el mito del mexicano flojo

    Chínguele más, o el mito del mexicano flojo

    Después del polémico infomercial gubernamental que se aventaron Andrea Legarreta y Raúl Araiza, las críticas no han dejado de llover. Ciertamente, el diagnóstico en lo general que hicieron de la devaluación del dólar (leyendo el teleprompter) no fue del todo desacertado: No erran al decir que nuestra moneda se ha depreciado mayormente por razones externas a nuestro país. El problema a mi parecer no fue el diagnóstico, sino el énfasis que le dieron, donde menospreciaron los efectos negativos y encumbraron los positivos hasta el exceso con el fin de que el Gobierno saliera bien parado. Eso molestó a la sociedad, agregando a ésto el hecho de que era de notarse que no tenían el mínimo dominio del tema.

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    Lo más penoso fue la reacción de Raúl Araiza a la hora que lo entrevistaron para que diera su punto de vista sobre las críticas. Y no, la intención de este artículo no es hablar de chismes de lavadero, sino que más bien pretendo tratar de explicar ciertos mitos y paradigmas, aprovechando esta circunstancia. El «chínguele más» de Raúl Araiza, como respuesta a los cuestionamientos de la persona que lo entrevistaba, refleja mucho de esos paradigmas que tenemos dentro de nuestra sociedad. Es decir, Raúl Araiza asume que el tiene más dinero que los demás, porque básicamente, los demás son flojos. Su «diagnóstico» no sólo es errado, es insensible. El problema es que en así piensan muchos, y algunos de ellos son tomadores de decisiones que influyen en la vida política del país.

    https://www.youtube.com/watch?v=UYGFu64b4BM

    Para desmentir éste argumento en lo general, voy a traer a colación la siguiente tabla. Aquí podrás ver el número de horas diarias que trabajan los habitantes de los países miembros de la OCDE, conformado casi exclusivamente por países desarrollados, y al cual nosotros logramos entrar porque en tiempos de Salinas se creyó que nuestro país iba directo al desarrollo. ¿Qué logras deducir de esa gráfica?

    Tabla

    La respuesta es obvia. En México le «chingamos más» que en todos los países desarrollados. Nuestro país no está necesariamente atrasado porque esté conformado por «habitantes güevones», lo está por muchos problemas estructurales producto de malas decisiones que se han tomado a través de la historia, por paradigmas culturales (que pueden ser causa o efecto de dichos problemas estructurales), por un mayor índice de corrupción, impunidad, baja productividad, atraso tecnológico, rezago educativo, la dependencia a los rescursos naturales como el petróleo. En resumen, se trata de un problema multidimensional que no puede reducirse al mito del mexicano durmiendo en un nopal.

    Es cierto que en México hay mucha gente mediocre, pero eso no es privativo de alguna clase social. Tan lo es el pobre que duerme en una hamaca, como lo es el junior que dilapida los recursos de su papá en fiestas, mujeres y drogas.

    Si bien, tenemos que considerar que el esfuerzo es una virtud muy importante si se quiere trascender en la vida, también tenemos que admitir que no es el único factor. En su libro «Outliers«, el sociólogo canadiense Malcolm Gladwell, pone entredicho el arquetipo del self made man estadounidense, el cual presupone que sólo con base en esfuerzo y tenacidad, los norteamericanos de éxito han construido su propia vida y han emergido desde abajo para crear un capital importante y sobre todo, un nombre.

    Si bien, una constante en la biografía de estos personajes es el esfuerzo (Bill Gates, Steve Jobs), a éste se tuvieron que sumar varios hechos circunstanciales para que lo pudieran lograr. Por ejemplo, los recursos que tuvieron a la mano (buena educación, personas clave que conocieron de forma fortuita). Incluso Bill Gates tuvo la fortuna de nacer en 1955, ni muy viejo para comenzar su vida productiva cuando las tecnologías de la información todavía no irrumpían, ni muy joven como para insertarse en la vida laboral cuando dichas tecnologías ya tenían la suficiente madurez. Curiosamente tanto él, como Steve Jobs, y demás entrepreneurs que construyeron las empresas de software más importantes tienen casi la misma edad. El timing fue importante.

    Bill Gates también tuvo la fortuna de asistir a Lakeside, una escuela privada en Seattle que tenía su propia computadora de nueva generación (cuando las demás escuelas, tenían ordenadores arcaicos de tarjetas donde era mucho más lento y difícil programar) donde pudo practicar por horas. Sin esa circunstancia, muy posiblemente no habríamos escuchado de Bill Gates.

    Ahora regreso a México. Muy posiblemente en casa de tus papás tienen o tuvieron una señora del aseo viviendo en tu casa como mínimo 5 días a la semana. Su vida consiste en estar en tu casa limpiando toda tu mugre durante 8 horas al día. Mientras tú tomas pastillas multivitanímicas para no dormirte mientras estás pegado a la pantalla, o mientras conduces para ir a visitar a un cliente porque sientes que no tienes la suficiente energía, una señora del aseo hace trabajo físico durante tu misma jornada laboral, cuando mínimo. Ella no tiene motivación alguna para «ascender» y trabaja porque tiene que hacerlo; su trabajo es monótono, rutinario, aburrido, y sobre todo es muy cansado. Te reto a que intentes hacer una jornada de limpieza en tu casa, lavando y trapeando todas las recámaras, cocines 3 veces y laves la ropa.

    ¿Quieres que sea sincero? Posiblemente muchos no podríamos ni física ni mentalmente con un trabajo así. Así que por el esfuerzo no va. Realmente, si hablamos de desgaste, una muchacha «sí le chinga».

    Si conversas con la muchacha, si analizas la ortografía y la redacción que ella tiene, y te platica de sus aspiraciones, verás que la diferencia entre ella y tú muy posiblemente no radique en la cantidad de esfuerzo invertido, sino tanto en las oportunidades como en los paradigmas que ella tiene debido a la educación que ha recibido y a los condicionamientos culturales propios de su clase social.

    Sí, me ha tocado ver a señoras del aseo flojas, pero igualmente me ha tocado ver a personas en una posición acomodada que son igual de flojas, y se permiten vivir en la opulencia. Naturalmente una persona floja tiene más posibilidades de descender en el escalafón social, mientras que una persona que se esfuerza tiene más posibilidades de ascender en él. Pero ahora vamos a ver estas dos gráficas:

    Esta tabla trata sobre la movilidad social en México:

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    Y estas dos, nos hablan de la movilidad social de nuestro país comparada con otros países:

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    Fuente: (Fundación ESRU)

    Empezaré explicando la primera: en los valores de la izquierda aparece el índice socioeconómico del hogar de origen de una persona (es decir, el hogar de sus padres) que está dividido en quintiles (que es la mejor manera que existe en la actualidad para explicar la desigualdad, por encima del tan usado coeficiente de GINI), y en los valores superiores aparece el índice socioeconómico actual de dichas personas.

    Tan sólo la mitad de la gente que se ubica en el nivel más bajo, logra subir a otro quintil y la mayoría sólo sube uno. De igual forma, los que crecen dentro del quintil superior (los más ricos), se mantienen ahí, y si caen, generalmente lo hacen sólo al quintil inmediato inferior. La movilidad social en nuestro país es baja, sobre todo cuando hablamos de los extremos: Los pobres no tienen los recursos suficientes para poder prosperar, mientras que varios de los más ricos lo siguen siendo porque parte nuestras élites se alimentan de condiciones monopólicas (tanto en el sector público como privado) más que de un entorno altamente competitivo. En cambio la clase media, que suele no tener tantos privilegios, pero a la vez tiene recursos suficientes como para competir, puede moverse de forma más fácil de un escalón a otro (aunque aún así, la movilidad sigue siendo rígida). Y sabe que si no quiere quedarse rezagada «le tiene que chingar».

    La segunda y tercera gráfica las coloqué para poner los resultados de la primera en contexto, donde se muestra que en México tenemos una menor movilidad social que en otros países donde más de la mitad logra dejar de pertenecer a la base de la pirámide social. Mientras que la mayoría de las élites en nuestro país conservan su posición (59%), en Estados Unidos menos de la mitad la conserva. El dinamismo empresarial y un mercado abierto hace que exista un gran número de actores que suben y bajan dentro de la pirámide social, mientras que los pobres al estar mejor preparados, tienen mayores posibilidades para ascender.

    Si los pobres, son pobres porque quieren ¿Por qué en algunos países tienen mayores posibilidades de ascender? Porque más bien se trata de un fenómeno estructural y multidimensional, y no se trata tanto de «cuanto le chingamos».

    Raúl Araiza asume que la mayoría de las personas ganan mucho menos que él porque no le chingan. Pero las estadísticas nos arrojan lo contrario, en México «se le chinga más» a la vez que se tienen menos posibilidades de ascender o descender en el escalafón social. Seguramente Raúl Araiza se ha esforzado para llegar a donde está, pero también seguramente tuvo circunstancias favorables a la mano, que muchos otros no tuvieron, y que aprovechó para lograr trascender (aunque tendríamos que referirnos al término económico, porque no creo que como actor, artista o conductor tenga algún talento relevante).

    Muchos siguen viendo el problema de la pobreza (o incluso suelen generalizar con aquellas personas que pertenecen a quintiles más bajos que el suyo) como algo relacionado con la flojera y no como consecuencia de los paradigmas (tanto de las personas bien acomodadas, como clasemedieros y pobres) y diversos problemas estructurales enraizados en nuestro país.

    No se trata de promover una lucha de clases, ni de satanizar a los ricos (que ciertamente crean empleos) ni glorificar a los pobres. Se trata de generar consciencia para tratar de resolver nuestros problemas con base en hechos y no con base en mitos o tabúes.

    Tenemos que pensar en mejorar la calidad de la educación de nuestro país, tenemos que pensar en acabar con los privilegios, los de la clase política (como el Partido Verde, gracias al cual Raúl Araiza ha ganado dinero por el concepto de spots ilegales), los de los monopolios privados (como los de la Televisa que también le da chamba), y los públicos (Pemex, CFE y esos que tanto alaban los de la izquierda nacionalista mexicana) para después pensar sí, en una división de clases (que naturalmente sería más tenue) basada más en el mérito y el esfuerzo, y menos en privilegios o paradigmas.

    Y no Araiza, no fueron los de «izquierda elevada» los que se molestaron, ni fueron tres idiotas. Fueron muchos, demasiados diría yo.

  • México es un delicioso pastel que pueden comerse unos pocos

    México es un delicioso pastel que pueden comerse unos pocos

    Cada cierto tiempo en México algunos medios y opinólogos nos alertan sobre el peligro del populismo. Lo hacen incesantemente. El primer nombre que viene a la cabeza es el de López Obrador, y tal vez en mucho menor medida, el de «El Bronco».

    México es un delicioso pastel que pueden comerse unos pocos

    Existen videos realizados por estos medios que explican las características del populista, y de alguna forma aciertan en su crítica. Su discurso es maniqueo, dividen al país entre el pueblo bueno el cual siempre tiene la razón (y con tener la razón me refiero a que cómo el líder no se equivoca, y el pueblo cree ciegamente en él, entonces el pueblo no se equivoca) y los bandidos, los empresarios, los imperialistas, la mafia en el poder.

    Pero quienes hacen esas críticas suelen olvidar una cosa: Las causas por las cuales surge el populista.

    En realidad no es que las olviden, es que muchas veces son parte del problema y prefieren ignorarlas. Una televisora coludida con el gobierno puede hablar en su noticiero sobre como México podría desmoronarse si «el populista» llega al poder, cuando en realidad esa dinámica donde dicha empresa recibe favores del gobierno a cambio de concesiones, está destruyendo el país.

    Ni la Venezuela antes de Chávez, ni la Cuba antes de Castro, ni la Bolivia antes de Evo eran ejemplos de democracias funcionales. En realidad eran países muy injustos donde algunos pocos capitalistas estaban coludidos con el aparato gubernamental, lo que se traduce en mayores beneficios para ellos en perjuicio de la población, se enriquecen a costa de los demás y generan un país más desigual. Es decir, un juego de suma cero, cuando en un mercado libre, el juego no es de suma cero, sino que ambos ganan.

    Y ese es el estado actual de México. El México de hoy se parece mucho a la «Venezuela antes de Chávez».

    A la fecha, empresas como Televisa siguen ejerciendo poder sobre la clase política para beneficiarse. A la fecha, a las empresas que crecieron al cobijo del gobierno no se les ha hecho participar en un esquema de libre mercado. Las élites son las mismas, no cambian, y eso es sintomático de la concentración de poder en la parte más alta de la pirámide.

    No es casualidad que en México existan 50 millones de pobres coexistiendo con algunos de los empresarios más ricos del planeta.

    Es fácil para demagogos como López Obrador etiquetar a esa clase beneficiada como la «mafia en el poder». De hecho dicha etiqueta no es del todo errónea, porque es un pequeño grupo que posee la mayor parte del poder del país, como si se tratara, sí, de una pequeña mafia.

    El problema está en que personas como AMLO usan dicha circunstancia para crear un discurso maniqueo de buenos contra malos y erigirse como líderes espirituales; peor aún, aseguran que el culpable es el mercado, el neoliberalismo; y entonces pugnan por una mayor intervención del Estado en la economía y en la vida cotidiana. Pero en realidad es todo lo contrario. A esa dicha concentración de poder se les debería de quitar los privilegios que tienen con el gobierno y hacerlos competir justamente en un mercado libre, donde sea la calidad de los productos y servicios, y no de las relaciones que tienen con el Presidente, o con los diputados que ellos mismos han colocado en las cámaras (telebancada), los que determinen su éxito.

    En realidad, una mayor intervención del Estado propiciará a la larga la aparición de más «Televisas» y «Carlos Slim». Democracias disfuncionales e inequitativa como las de México y Rusia han sido antecedidas por una fuerte intervención del Estado en la economía. Ahora tanto México como Rusia presumen de tener magnates poco innovadores y sí muy hábiles políticamente para saber jugar con la ley a su antojo.

    Entonces para evitar la llegada de un «populista» como muchos temen, primero se debería modificar este orden donde unos pocos concentran la riqueza del país por su cercanía con el poder. Si no se hace, será cuestión de tiempo para que uno arribe al poder.

    Los partidos políticos no tienen intención alguna de hacer algo. México es un delicioso pastel que pueden comerse unos pocos, y los partidos entonces prefieren comer un pedazo grande en vez de crear las condiciones para que toda la población pueda aspirar a comer una rebanada del pastel.

    Al final tenemos un país muy dividido donde algunos de los políticos prefieren alinearse con «la mafia» mientras otros se preocupan más por alinearse al demagogo, sin que queden muchos que puedan, desde un postura objetiva, luchar por un México más justo por medio de un Estado de derecho que funcione para todos y no líderes demagogos que la violen porque la consideran injusta, en vez de legislar para hacer reformas a ésta y exigir su cumplimiento.

    Dentro de ese punto medio y objetivo podemos vislumbrar a algunos académicos, intelectuales u opinólogos, pero los políticos ubicados ahí son muy escasos.

    Entonces llegamos a la conclusión de que antes de alertar sobre los populistas, deberíamos alertar sobre lo que ya está pasando y arreglarlo. Porque de lo contrario no tendremos siquiera la autoridad moral de emitir dichas alertas.

  • 10 cosas que tienes que saber sobre la desigualdad social

    10 cosas que tienes que saber sobre la desigualdad social

    A veces es bueno escribir las cosas que me vienen a la cabeza en puntos, porque creo que con este tipo de artículos Google te posiciona mejor en su buscador uno logra ser más conciso con sus ideas, y pues en la mañana estaba haciendo un profundo análisis con mi cerebro sobre la desigualdad social, así que quise aprovechar:

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    1.- No, no es un secreto que los ricos sean más ricos y que la desigualdad esté aumentando. En 2016 el 1% más rico tendrá más que el resto de la población mundial. Las 80 personas más ricas del mundo tienen el mismo dinero que tres mil quinientos millones de pobres. Algunos consideran que es muy injusto, otros dicen que mientras los pobres sean cada vez menos pobres está bien.

    2.- El ser humano siempre tenderá a la desigualdad, es parte de su naturaleza. Hay que ser sinceros, a los seres humanos nos gusta destacar sobre los demás, nos gusta tener más y más (no necesariamente cosas materiales). En un mundo donde todos tuviéramos exactamente lo mismo nos aburriríamos. No sólo eso, ese concepto de justicia sería injusta, porque una persona fuerte tendría lo mismo que una débil, una persona trabajadora obtendría lo mismo que una persona floja. No habría incentivos para progresar y la sociedad se estancaría.

    3.- Pero a la vez, también es parte de la naturaleza que el ser humano repudie fuertes niveles de desigualdad cuando a éste le toca estar ya no en la base de la pirámide, sino fuera del primer decil cuyas riquezas aumentan constantemente mientras las suyas (escasas) aumentan raquíticamente. Esto se hace más notorio cuando los individuos son más conscientes de la existencia de dicho decil y por lo tanto de la desigualdad.

    4.- Creo yo que la desigualdad es buena cuando esta está dada por el mérito y no por los privilegios. Quien se esfuerza más y quien innova más, debería tener más, quien lo hace menos, quien es más débil de carácter debería de tener menos. Pero la realidad nos indica que no es tan así (a pesar de que así nos lo han querido vender). Muchos empresarios y políticos con base en el poder que obtienen con su crecimiento en la pirámide social, se enriquecen impunemente, más por actos corruptos que por inventiva. Podemos hablar de un dócil Bill Gates o Steve Jobs a quienes se les aplaude por su innovación, pero por otros lares hay otros (que tienden a ser muy vistos también en países emergentes) no necesariamente tan reconocidos y aplaudidos que no tienen con qué para ser presentados en la portada de una revista como ejemplo.

    5.- Los seres humanos no somos iguales, esa es una de las falacias más repetidas en la historia. Podemos procurar ser iguales ante la ley, procurar tener los mismo derechos y está bien. Pero en la práctica somos diferentes e irrepetibles. Por eso hay unos mejores que otros, unos son más carismáticos, otros más inteligentes que otros, otros más sociables que otros. Quienes destaquen en más variables (o cuyas variables sean más aptas en cierto entorno) destacarán más, y eso no es injusto, es algo completamente natural, es parte de la naturaleza.

    6.- Pero también es cierto que los seres humanos creamos instituciones y leyes para procurar que esas naturales diferencias no terminen lacerando el tejido social. Porque los individuos aunque seamos diferentes y unos seamos más capaces que otros, somos seres sociales y necesitamos vivir en comunidad para lograr satisfacer nuestras necesidades individuales. Entonces se procuran que los resultados obtenidos debido a esas naturales diferencias se hagan dentro de un marco legal y ético.

    7.- ¿Entonces eres mejor que la muchacha de tu casa y mereces más que ella? Naturalmente tienes más herramientas que ella, pero no necesariamente tienes más méritos que ella. Tu muy posiblemente creciste en un entorno más favorable, tuviste mejor educación (posiblemente pagada del bolsillo de tus padres) y eso tal vez podría ser calificado de injusto, aunque ya sé que piensas que tu vida ha sido muy injusta y tal vez tengas razón, nada más es cuestión de enfoques.

    8.- Acabar con la desigualdad es una utopía, cierta cantidad de desigualdad es necesaria para el progreso. El hombre inventa porque quiere destacar y quiere sobresalir, porque quiere ser alguien, porque quiere subir en la pirámide social. Pero a la vez cuando hay demasiada desigualdad, tenderán a ser más pocos los que se beneficien de dicho progreso, lo que implica encontrar un punto de equilibrio.

    9.- Propuestas para acabar (o reducir) la desigualdad han existido muchas, la mayoría de ellas han fracasado, otras incluso han sido inhumanas. Incluso, Thomas Piketty en su revolucionario libro «El Capital en el Siglo XXI» afirma que una de las más grandes razones por la cuales la desigualdad disminuyó en el siglo pasado, fue porque durante las guerras mundiales muchos perdieron sus grandes patrimonios, por lo cual muchos rentistas desaparecieron y la gente entendió que tendría que ganarse la vida trabajando y no heredando.

    10.- Porque ya lo decía George Orwell en su «Rebelión en la Granja», que todos somos iguales, pero unos somos más iguales que otros.

  • Ricos contra pobres

    Ricos contra pobres

    México es un país que ha vivido a lo largo de su historia una fuerte dominación de las élites sobre las mayorías. En realidad no sólo ha sido en México, es algo que se ha vivido en todo el mundo, nada más que existen países que superaron la dominación absoluta antes que otros, estos países son los que tienen una sociedad más democratizada.

    Ricos contra pobres

    Debido a que en México nos hemos tardado (incluso no lo hemos superado por completo), tenemos implantada la falaz creencia de pensar que todos los pobres son buenos y todos los ricos son malos. La Iglesia ha considerado a la pobreza una virtud, “Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de los Cielos” (Lc 6, 20), los medios de comunicación de alguna forma lo han hecho patente como en las telenovelas donde la protagonista es la humilde y la malvada es la ricachona, incluso políticos como López Obrador utilizan a conveniencia esta falacia para creerse su redentor «por el bien de todos primero los pobres».

    Pero no, la pobreza no es una virtud, es una condición donde por razones exógenas y/o endógenas, al individuo le tocó estar hasta la base del escalafón social lo que significa un menor número de recursos y una magra calidad de vida en comparación con sus semejantes. También sería una falacia afirmar que el pobre es pobre porque quiere, pero de alguna manera le tocó estar dentro de los más débiles y menos capaces, porque él no tiene la capacidad, o bien, el ambiente donde creció no es proclive para que se pueda desarrollar. Desde este punto de vista yo no veo de donde pueda ser una virtud la pobreza.

    Es absurdo afirmar que los pobres son buenos. La bondad a veces tiene más bien poco con la posición social. Esa falacia se creyó porque en tiempos pasados una muy pequeña élite cuyos integrantes se contaban con los dedos de la mano reprimían a las mayorías. Esa aseveración hoy en día es muy relativa, no es que no existan personas hasta arriba que les interese mantener a los pobres donde están, pero ni todos los ricos son así, ni todos los pobres son buenos.

    Televisa y Slim pueden evadir impuestos y buscar beneficiarse a costa de los demás, igual que un pobre (eufemísticamente mal llamado humilde) puede llegar a violar o matar en un barrio bajo, o una persona como tú puede llegar a sobornar, a dar mordidas o a discriminar. Sí, en la actualidad hay quienes no quieren que las cosas cambien, gente que vive ostentosamente de los impuestos de la gente, empresarios corruptos al amparo del gobierno. Pero también hay mucha gente rica que se hizo así gracias a su esfuerzo y que aprovechó las oportunidades que tuvo para hacerlo.

    Vamos a ser realistas. Es utópico pensar que algún día todos llegaremos a estar en condiciones iguales. Las pocas veces que alguna sociedad estuvo cerca de lograr eso, lo tuvo que hacer por medio de regímenes sanguinarios y opresivos donde al final, quienes comandaban dichas naciones se enriquecían, mientras que todos los demás vivían igual… de mal. ¿Por qué? Porque va en contra de la naturaleza del ser humano. El ser humano se mueve por medio de incentivos, no de dogmas.

    ¿Se puede reducir la desigualdad? ¡Claro que sí! Esto es, brindando oportunidades a los individuos para que se desarrollen y pueda haber movilidad social, donde un pobre por medio de esfuerzo, tenga la capacidad de salir de su condición. Se puede lograr con una sociedad preparada, educada y leída. Pero pensar en reprimir el esfuerzo y la innovación quitándoles el derecho a quienes se han hecho ricos de esta forma pensando que de esta forma se va a acabar con la desigualdad es estar en el error. El emprendedurismo no sólo implica ingresos para el emprendedor, significa también generación de empleos, además de que esto hace más grande la cadena productiva creando un ambiente donde más personas pueden emprender.

    La desigualdad en México tiene que ver más con los agentes monopólicos, porque los que detentan el poder desean mantener el orden de las cosas, los gobernantes, los que se alían con el gobierno para enriquecerse y no tener que competir para innovar. Aquellos que por ellos creen formar parte de la nobleza y educan a sus hijos bajo los mismos parámetros. Cierto que el impacto causado por el mal actuar de un rico será mucho mayor al de un pobre, porque el primero tiene más influencia, pero desde un punto de vista moral, es igual de reprobable.

    Ser rico o pobre no es bueno o malo, la rectitud es lo que hace la diferencia entre un ser humano valioso y otro detestable. Tratar de catalogar la integridad del ser humano de acuerdo a sus posesiones es una falacia aprovechada por muchos demagogos, que dicen defender a los pobres, pero que al final del día, y como lo ha mostrado la historia, sólo los utilizan para volverse ricos.

  • La particular desigualdad de México

    La particular desigualdad de México

    Ayer subí a lo más alto del Fraccionamiento Bugambilias en la ciudad de Guadalajara, aquí hay un centro comercial que tiene algunos restaurantes y bares donde se puede observar toda la ciudad desde lo alto, lo cual aproveché para tomar fotografías. Naturalmente a primera vista, uno ve toda esa «gran mole interminable» que es esta ciudad, pero cuando tomé el objetivo con zoom potente y lo coloqué en la cámara, me empecé a percatar de las particularidades de esta ciudad y la primera que vino la atención son los profundos contrastes que hay, y que se repiten en casi todas las ciudades de México.

    La particular desigualdad de México

    En la imagen que tomé, se puede apreciar como una residencia domina el horizonte tapizado por cinturones de miseria, como si se tratara de un castillo que se impone sobre sus gobernados, dando la impresión de que se quiere mostrar quien tiene el poder, y quien se tiene que someter a él. Ciertamente la composición de esa fotografía causa esa impresión. Pero aún cuando se trata de un efecto óptico, nos dice mucho, y entra la reflexión del por qué las cosas son así. Por qué hay unas pocas residencias ostentosas, y hay muchas casitas que apenas se sostienen con sus débiles estructuras de ladrillo.

    Vivo en un país en que el gobierno, en parte, ha perpetuado cierto orden social. No se trata tanto de la economía del mercado o del satanizado «neoliberalismo», que ciertamente es poco eficiente para lograr una buena distribución de la riqueza, pero que vaya, el gobierno se ha encargado de hacer aún más profundo este fenómeno que no se ve a este grado en los países más «neoliberales». Muchas de las empresas que ahora criticamos por su condición monopólica, lo fueron gracias a su relación con el gobierno. Azcárraga podría estar en aprietos porque la televisión abierta no tiene mucho futuro en México. Podría pensar en diversificar, y en parte lo hace, pero su escenario óptimo no sería a través de una economía de mercado, sino por medio de la intervención estatal, de un estado, de un gobierno, cuyo Presidente fue colocado por dicha televisora en la silla presidencial.

    Se dice que las ideologías políticas oscilan entre la libertad y la igualdad. Se dice que se requiere sacrificar un poco de uno para obtener un tanto más de otro. Pero en el caso de México tenemos un país donde no hay mucha libertad, y tampoco hay igualdad. Con la intención del gobierno de censurar Internet y los canales de la oposición, podrán hacer más «negocios» a sus anchas, enriqueciendo a empresarios que en un escenario de competencia perfecta tendrían que hacer lo que no saben o quieren hacer: Innovar.

    En México hay millones de negocios, pero gran parte de ellos tienen la función de mera supervivencia para sus dueños. Hay muy poca innovación y desarrollo. Las tortillerías, taquerías, puestos, están condenadas a ser lo mismo. El panadero se la raja todos los días para llevar algo de comer a su casa (aunque sea el propio pan que produzca), se levanta a los albores de la mañana y termina ya entrada la noche. Pero no tiene ni la información ni el conocimiento para hacer que su negocio trascienda a otro nivel. Ciertamente para lograr autorrealizarse con un negocio muchas veces hay que romper con los estándares y los paradigmas que nos rodean. Pero la verdad es que tampoco se han creado los canales para acelerar la movilidad social de tal forma que los que están abajo puedan subir arriba más fácilmente. De hecho parece que el sistema está creado para mantener este Status Quo.

    Muy posiblemente el dueño de la casa que domina el horizonte obtuvo sus recursos honradamente a base de esfuerzo y mérito. Mucha gente acomodada se conduce honradamente. No se trata tanto de usar el falaz argumento de que los ricos son malos y los pobres son buenos. Pero entre las clases opulentas sí hay algunos que acaparan mucho, a costa de muchos. Aquellos que sobornan a los gobernantes para que les den «el contrato», aquellos que tratan de incidir en la política para dirigirla a su favor, aquellos que gastan más recursos y dinero en lobbying (cabildeo) que en invertir en Investigación y Desarrollo y no con la especie de asistencialismo para ricos con el que se han manejado.

    Se trata de romper paradigmas, de buscar un estado que cree las condiciones para que los emprendedores puedan desarrollarse. Que la gente pobre tenga acceso a una mejor educación y que tenga más herramientas para salir adelante. Es un esfuerzo que requiere sacrificio y desapego, pero si pagamos el costo que implica asumirlo, en un futuro nos podría ir muy bien.